CON TECHO Y SIN HOGAR

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1 CAMPAÑA DE LAS PERSONAS SIN HOGAR CON TECHO Y SIN HOGAR CON TECHO Y SIN HOGAR Efectos de la vivienda precaria en la vida de las personas de Barcelona. Una mención especial a las familias con hijos GOBIERNO DE ESPAÑA MINISTERIO DE SANIDAD, POLÍTICA SOCIAL E IGUALDAD SECRETARÍA DE ESTADO DE POLÍTICA SOCIAL Y CONSUMO DIRECCIÓN GENERAL DE POLÍTICA SOCIAL DE LAS FAMILIAS Y LA INFANCIA ISBN MARTA PLUJÀ I CALDERON Cáritas

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4 CAMPAÑA DE LAS PERSONAS SIN HOGAR CON TECHO Y SIN HOGAR Efectos de la vivienda precaria en la vida de las personas de Barcelona. Una mención especial a las familias con hijos MARTA PLUJÀ I CALDERON Cáritas

5 Colección Estudios e Investigaciones Redacción y coordinación: Marta Plujà i Calderon Departamento de Gestión y Análisis Social Área de Programas y Servicios Cáritas Diocesana de Barcelona Corrección: Lourdes Ortiz Floriach Departamento de Comunicación Cáritas Diocesana de Barcelona Fotografías: Marta Plujà i Calderon Lourdes Ortiz Floriach Junio, 2011 Cáritas Española Editores Embajadores, Madrid Teléf.: ISBN: Depósito legal: M Preimpresión e impresión: Gráficas Arias Montano, S. A Móstoles (Madrid) Impreso en España/Printed in Spain

6 Agradecimientos Equipos territoriales de las diócesis de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Terrassa. Equipo del Área de Programas y Equipamientos. Equipo del Programa de Salud Mental. Equipo de la Fundació de l Habitatge Social. A las «Marquesas» de Cáritas, trabajadoras sociales jubiladas, especialmente a M. Gemma Bonet, Teresa Casanovas, Roser Coromina, Assumpta Fernández, Montserrat Garcia, Montserrat Plans y Antònia Sans. Personas atendidas en: Centro «La Mercè», El Talleret, Espai d Orientació Laboral d Alexandre Galí, Baobab, Curso del hogar de Santa Coloma de Gramenet, Curso de electricidad de Badalona. Abdoulaye, Carmen, Carmen J., Elsa, Eva, Fabiana, Fadiha, Josep, Montserrat y Nadia, por la valentía de abrir su corazón y explicar sus vivencias a quien las quiera conocer. Imma Boj, directora del Museu d Història de la Immigració de Catalunya, y Cristina Aguiriano, responsable de la Biblioteca del MHIC. Maria Fèlix Roncero Escudero, Archivo del Patronat Municipal de l Habitatge de Barcelona. Mercè Tatjer i Mir, geógrafa (UB). Jaume V. Aroca, periodista. 5

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8 Índice PRESENTACIÓN NOTA METODOLÓGICA INTRODUCCIÓN Capítulo 1: Definición y conceptualización Qué es un techo? Qué es un hogar? Formas de vivir en las viviendas que nunca serán hogares Compartir la vivienda «vivir de patrona» Vivir en una habitación Estar en acogida Barraquismo Camas calientes o pisos patera Vivir de okupa Situación de sin techo Capítulo 2: Dimensión histórica de los techos que no son hogares

9 Con techo y sin hogar 1. Una historia que se repite Testigos pioneros Cambios en la arquitectura y el urbanismo Capítulo 3: Dimensión económica. Recursos en tiempos de crisis Alternativa a la pensión Un negocio Fuente extra de ingresos Capítulo 4: Dimensión social. Características de las personas que viven en techos que no son hogares Perfiles Los perfiles en datos Capítulo 5: Efectos de una vivienda precaria sobre la vida de las personas El papel crucial del empadronamiento Convivir con gente desconocida Vivir hacinados Perder la memoria a trocitos Situación de sin techo, un caso extremo Capítulo 6: Efectos sobre la salud. Vivir en precario perjudica (y mucho) la salud Capítulo 7: El impacto en la vida de menores y adolescentes. Una huella indeleble Falta de espacio vital para el crecimiento Dinámicas inadecuadas Falta de seguridad El síndrome de los padres invisibles Movilidad constante

10 Índice 6. La fragilidad de la salud de menores y adolescentes Capítulo 8: Un fenómeno con nombre propio Carmen y Eva: Vivir la crisis en carne propia Elsa: obligada por las circunstancias Abdoulaye: el viaje sin retorno Josep y Montserrat: marcados por la esquizofrenia Capítulo 9: Qué hace Cáritas Barcelona? Respuestas en el ámbito de la vivienda La Fundación Privada Foment de l Habitatge Social (FHS) La experiencia de los pisos compartidos Un piso para cada necesidad familiar (y personal) Pisos para familias monomarentales Pisos para personas solas (jóvenes y adultas) en situación de exclusión social Unidades de convivencia para personas mayores El camino de la dignidad Testimonios de un cambio Nadando a contracorriente El amor imposible La huida de Fabiana Dignidad en la vejez Capítulo 10: Propuestas Líneas de acción de Cáritas Barcelona Centros abiertos para menores y adolescentes Refuerzo educativo y apoyo a la escolarización Centros de apoyo materno-infantil Espacios de guarda Fomento del deporte

11 Con techo y sin hogar 1.6. Pisos unifamiliares y pisos compartidos para distintos perfiles familiares Pedimos «a quien corresponda» Demandas legales Demandas políticas REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

12 Presentación Desde los diferentes puntos de atención de Cáritas Diocesana de Barcelona, se constata cómo la vivienda, según su nivel de precariedad, marca el bienestar de las personas y puede llegar a condicionar su calidad de vida en el futuro. En el caso de las familias que atendemos, sólo un 54% dispone de hogar, ya sea un piso alquilado para ellas solas o un piso de propiedad. El resto no tienen más alternativa que vivir en habitaciones realquiladas, acogidas en casa de otras personas, residir en un centro de Cáritas o de otra entidad, o malvivir en la calle. El informe se centra en estas situaciones en que no se dispone de un hogar. Y pone un énfasis especial en los efectos en los niños que se encuentran privados de un espacio digno donde estar con los padres, jugar y hacer los deberes. En el ámbito específico de la vivienda, Cáritas hace un esfuerzo constante para ayudar a las familias más vulnerables. Tomando como referencia un enfoque de prevención, se intenta frenar la precariedad a la que están expuestas, a través de proyectos como los pisos compartidos, los espacios de ayuda mutua, los centros abiertos para niños o el refuerzo educativo. 11

13 Con techo y sin hogar Al mismo tiempo, no podemos dejar de valorar los esfuerzos de las familias que se encuentran en esta situación de exclusión residencial. Se ven abocadas a ello por falta de trabajo, de un permiso de residencia o por la insuficiencia de ingresos económicos. Alquilar un piso les resulta imposible, pero confían en que esta situación será sólo provisional. Desgraciadamente, no siempre es así y el sufrimiento de vivir, por obligación, con personas desconocidas o de residir bajo techos que no son hogares se alarga de manera indefinida. El informe que sigue, pues, se suma a todas las acciones que Cáritas Diocesana de Barcelona desarrolla para contrarrestar la exclusión residencial, reivindicando que todo el mundo tiene que tener derecho a un hogar digno. Y se enmarca, también, en la campaña de la Unión Europea Ninguna persona sin hogar, que ha empezado este año con el objetivo principal de que, en Europa, no haya nadie durmiendo en la calle en Jordi Roglá de Leuw Director Cáritas Diocesana de Barcelona 12

14 Nota metodológica La elaboración de este informe se ha hecho a partir tanto de un análisis cuantitativo como de uno cualitativo. Para el primero se ha utilizado la base de datos sociales propia de Cáritas Diocesana de Barcelona. Es una base de datos que cuenta con más de registros activos de personas atendidas por la institución y que ha permitido cuantificar el alcance de la realidad que queríamos explicar. Para el análisis cualitativo hemos recurrido como en cualquier investigación a la revisión de fuentes documentales primarias, concretadas en informes sociales extraídos de la base de datos propia. También de fuentes documentales secundarias, es decir, otros estudios e informes que han abordado el tema en diferentes momentos históricos u otros temas que pueden tener relación con el que ahora nos ocupa. Sin duda, la parte más interesante, por lo que puede tener de única, es la elaborada a partir de los grupos de discusión, organizados tanto con personal técnico de la institución (trabajadoras sociales, educadores sociales, psicólogas, técnicas de los Programas de Infancia e Inclusión, trabajadoras sociales jubiladas) como con grupos de 13

15 Con techo y sin hogar personas atendidas por los servicios que Cáritas Diocesana de Barcelona tiene en las tres diócesis barcelonesas. Por último, otro capítulo muy importante, por lo que tiene de testimonio narrado en primera persona, es el realizado a partir de entrevistas personales y en profundidad a personas afectadas por las condiciones de vida que describimos en este informe. Ellas son las verdaderas protagonistas, si bien involuntarias, de lo que aquí se explica. No ha sido un trabajo fácil. Es mucha la información recogida, de una gran riqueza documental, y poner cada cosa en su lugar ha sido en algunos momentos muy laborioso, sobre todo porque a menudo tocaba entrar en el terreno emocional y esto siempre es delicado. Pero creemos que el resultado ha sido un trabajo muy rico y aclaratorio de las condiciones de vida de las personas que no tienen un techo digno para vivir y que han tenido que recurrir a la ayuda de Cáritas para allanar el camino que las tiene que llevar a una vida en dignidad. Con este informe que os presentamos queremos contribuir, una vez más, a hacer visible una realidad que a menudo está escondida y, a veces, nos cuesta mirar frente a frente. Forma parte de nuestra cotidianidad, pero es dura y difícil de tratar. Una vez más, haciendo honor a uno de los ejes estratégicos de la Acción de Cáritas, como es el de la sensibilización y la denuncia, queremos acercarnos y acercaros a una realidad, la de las personas que viven en techos que no son (ni de lejos) hogares, para, entre todos, intentar cambiarla. 14

16 Introducción De todos es sabido el interés que despierta el tema de la vivienda en Cáritas. Lo demuestran los diversos estudios 1 que lo han tratado desde diferentes puntos de vista. Por eso, todavía queremos añadir otro, uno muy especial, porque pretende profundizar sobre una situación que hacía muchos años que no se daba con tanta fuerza desde el final de los años cincuenta, si bien siempre ha existido más o menos: el hecho de compartir vivienda, ya sea entre familiares o conocidos, estar acogido o bien vivir en habitaciones. Si es tan especial para nuestra institución poder tratar ampliamente este tema es porque detrás de estas situaciones hay personas, familias que sufren sus inconvenientes y, también, disfrutan de sus virtudes (aunque sean pocas). En este informe hemos intentado averiguar qué se esconde detrás de estas situaciones, y sobre todo cómo las viven las familias que las padecen. 1 Informe de Cáritas Diocesana de Barcelona sobre Vivienda: L habitatge digne per a tothom, encara una utopia (1992). Estudios: Habitatge: Luxe o necessitat? (2003); L Habitatge, un factor d exclusió social (2007). 15

17 Con techo y sin hogar Lo hemos titulado Con techo y sin hogar. Y no es un título gratuito. La mayoría de las personas que hablan con voz propia en estas páginas no tienen un hogar, por mucho que tengan un techo. Un hogar como también redescubriréis con la lectura tiene que ver con el techo, pero además es el espacio que proporciona intimidad, protección, donde se guardan los recuerdos y se fabrican los sueños y los proyectos y, también, es donde se guardan los bienes personales, sean muchos o pocos. Y, por supuesto, los techos que tienen estas familias, estas personas, están muy lejos de siquiera asemejarse a un hogar... Bien es verdad que hay muchos estudios hechos sobre la vivienda, y en algunos se habla, de paso, del fenómeno de las habitaciones que se alquilan o los pisos que se comparten y otras formas precarias de tenencia, pero no hemos encontrado demasiados que se adentren en los efectos que estas maneras de vivir tienen sobre las personas: su salud, sus relaciones, la construcción familiar. Y esto es justamente lo que más nos ha interesado. En estas páginas encontraréis una parte de la historia que ya conocéis, la de los abuelos y los padres de muchos de nosotros, que vivieron en habitaciones o compartieron piso, al llegar a las ciudades industriales buscando una vida mejor. También la de los que ya vivían en Catalunya, propietarios de pisos o inquilinos que encontraron en el alquiler de una habitación la manera de completar los sueldos exiguos que se cobraban por muchas horas de trabajo duro en las fábricas, sobre todo las textiles. Es una historia que se repite en momentos como el actual, en el cual la crisis económica global y globalizada sacude con fuerza las economías familiares, y que tiene como una de las primeras consecuencias la precarización de la vivienda. Por eso, también encontraréis las historias de vida de algunas de las personas sus vivencias y sus deseos, que ahora, en el siglo xxi, tienen que volver a utilizar esta forma de tenencia porque no pueden acceder a una vivienda propia (ni de alquiler ni de compra). 16

18 Introducción Cómo les afecta? Tiene repercusiones sobre su salud? Y sobre la de sus hijos e hijas? Cómo lo viven? Qué futuro las espera? En este informe también hemos intentado dar respuesta a estas preguntas y a otras que nos han ido surgiendo a lo largo de las múltiples entrevistas realizadas. No hemos podido responderlas todas, claro está, pero al ponerlas sobre la mesa ya está hecho el primer paso: abrir el debate y un espacio de reflexión. Esperamos que no sea en vano. 17

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20 Capítulo 1 Definición y conceptualización

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22 1. QUÉ ES UN TECHO? Partimos de la tesis de que cualquier techo sólo permite guarecerse, pero no es un hogar entendido en su sentido más amplio de pertenencia, seguridad, integración, etc. Para empezar cabe definir qué es un hogar y establecer la diferencia con aquello que se entiende por techo. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), techo es: Parte superior de un edificio, que lo cubre y cierra, o de cualquiera de las estancias que lo componen. Es decir, un lugar donde estar a cubierto de las inclemencias del tiempo, básicamente. En ningún caso se le puede dar al techo el significado pleno de un hogar, el lugar donde ser persona con todo su sentido. De este modo, se pueden distinguir diferentes grados de precariedad y exclusión residencial, como veremos. Desde los casos más extremos de vivir literalmente en la calle o vivir en albergues o refugios de servicios sociales a compartir vivienda o vivir en una vivienda masificada. Estas formas de vivir a cubierto son formas que la Federación Europea de Asociaciones Nacionales que 21

23 Con techo y sin hogar 2 Trabajan con Sin Hogar (FEANTSA) órgano financiado por la Comisión Europea describe como sin hogar, y sobre esta convención se trabaja a nivel europeo en políticas sociales. 2. QUÉ ES UN HOGAR? Según el Diccionario de la RAE, hogar es la casa o domicilio. Familia, grupo de personas emparentadas que viven juntas. La Organización de Naciones Unidas, en las Encuestas de Consumo de Alimentos y de Hogares (UNSD-1987) 3, recomienda, para la realización de censos de población, la utilización de un concepto de hogar basado en las disposiciones adoptadas por las personas, individual o colectivamente, para satisfacer sus necesidades de alimentos u otros artículos esenciales para vivir. El Instituto Nacional de Estadística español, en la realización de encuestas, describe: Identificación de la vivienda y hogar: Se considera que forma un hogar la persona o grupo de personas que residen habitualmente en la vivienda familiar y comparten alimentos u otros bienes con cargo en un mismo presupuesto. Si en la vivienda viven dos o más grupos humanos con presupuestos diferenciados, cada uno de ellos forma un hogar y hay que realizar el ENTE a todos. Atendiendo a estas definiciones, se adivina que el hogar se define por las personas y no por el techo que las guarece. En la Campaña de las Personas Sin Hogar 2008 de la Confederación de Cáritas Española figuraba ya una aproximación bastante afi- 2 FEANTSA: 3 ONU-Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Estadística. Manual de Encuestas sobre hogares. Estudios de Métodos, Serie F Nº 31, Nueva York, Encuesta Nacional de Salud (ENTE 2006). 22

24 Definición y conceptualización nada de lo que nuestra institución entiende por hogar: Se trata de crecer en el sentimiento de hogar, como sentido y vivencia donde encuentro el calor, porque pertenezco, me siento protegido, puedo crecer si lo quiero, puedo aprender, compartir, soñar, jugar; porque si me falta alimento o vivienda, este calor comunidad me envuelve, me apoya y me sirve de plataforma para volver a empezar. Tengo hogar porque a mi alrededor encuentro redes de apoyo, me relaciono, establezco vínculos y los establecen todos aquellos que me rodean. Por su parte, FEANTSA define a la persona sin hogar como aquella persona que no puede acceder o bien conservar a un alojamiento adecuado, adaptado a su situación personal, permanente y que le proporcione un marco estable de convivencia, ya sea por falta de recursos, ya sea por dificultades personales o sociales, para llevar una vida autónoma. Así, HOGAR es un espacio donde ser persona, donde vivir con calidad de vida, con dignidad. El hogar es donde se tienen los medios de subsistencia (salud, alimentación, procrear, descansar del trabajo); de protección (espacio vital, entorno social, sistemas sanitarios y de seguros, familia); de afecto (autoestima, relaciones familiares y de amistad, vida privada, intimidad); de comprensión (tanto en el ámbito educativo como en el político); de creación (emocional, pero también de las habilidades sociales y personales); de recreo (para las actividades de ocio y de intimidad); de identidad (personal, social, religiosa); y de libertad (igualdad de derechos, elección y discrepancia). Además, el hogar también es un derecho universal. La Declaración Universal de los Derechos Humanos conjuga en su articulado varios derechos que proporcionan la efectiva realización de la tenencia de un hogar, tomando, como concepto, una visión no restringida al ámbito económico. También la Constitución española establece que la vivienda es un derecho al cual tiene que poder acceder toda la población es- 23

25 Con techo y sin hogar pañola (art. 47) y la extranjera (art. 13), que se tienen que atender los problemas específicos de los ciudadanos durante la tercera edad (art. 50) y que las comunidades autónomas pueden asumir competencias al respecto (art ). Artículo 12 Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques. Artículo Los extranjeros disfrutarán en España de las libertades públicas que garantiza el título presente en los términos que establezcan los tratados y la ley. Artículo 25 Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y especialmente la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; también tiene derecho a los seguros en caso de paro, enfermedad, invalidez, viudedad, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes a su voluntad. Artículo 47 Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. 24

26 Definición y conceptualización Artículo 50 Los poderes públicos garantizarán la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad, mediante pensiones adecuadas y actualizadas periódicamente. Con independencia de las obligaciones familiares, promoverán el bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán los problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio. Se entiende, así, que la vivienda es un derecho básico para todo el mundo, sea cual sea su situación administrativa y que acceder a una vivienda digna debería hacerse en igualdad de condiciones. En cambio, como ya se decía en el Documento de Bases Legales del Consenso sobre las Migraciones en Catalunya 4, el derecho a la vivienda dentro de la Constitución española se regula como un principio rector de la política social y económica, por lo tanto, no es un derecho directamente exigible. Al final, los derechos sociales que proporcionan la existencia de hogar empiezan a plasmarse cuando se tiene un acceso real a la vivienda, pero no se consolidan sólo así. Además, es necesario incidir en la ubicación de la propia vivienda, de su entorno, en el sostenimiento de la situación laboral, del acceso a la educación y la salud; al facilitar la creación de redes sociales, de nacimiento de vínculos, de vías solidarias en el ejercicio de la ciudadanía. No hay un concepto más transversal que el de HOGAR. Este espacio requiere, en primer lugar, de un lugar físico, que en nuestra sociedad es la VIVIENDA: Un mecanismo esencial en el proceso de integración social de cada persona, pero para que este principio se cumpla de manera precisa hace falta que reúna determinadas características físicas, de equipamientos, de instalaciones, de coste económico y de integración sociourbanísitica 5. 4 Documento de bases legales. Consenso Social sobre Migraciones en Catalunya. Barcelona, marzo de Informe sobre la inclusión social en España. Fundación Foessa. Cáritas Española,

27 Con techo y sin hogar HOGAR Donde tengo mi espacio, mi intimidad. Donde nadie puede entrar arbitrariamente. Que puedo trasladar de lugar, sin renunciar a mi identidad. Donde me pueden acoger si ya no puedo vivir en la que había sido mía. Formado por mis bienes (pocos o muchos, o casi ninguno). Por mis sueños y mis proyectos. Por aquello que comparto o el recuerdo de aquello que compartí. Mi barrio. Mi vecindario, los amigos. Los compañeros del parque, de banco o de juegos. RED ALIMENTACIÓN VESTIDO OCIO RESPETO DERECHOS FORMACIÓN TRABAJO CURARSE LLORAR AFECTOS SALUD AUTONOMÍA SEGURIDAD 3. FORMAS DE VIVIR EN LAS VIVIENDAS QUE NUNCA SERÁN HOGARES La vivienda, por sí sola, no garantiza la integración, es más, en determinadas circunstancias puede ser un desencadenante de la exclusión social. Las condiciones físicas, la accesibilidad y el contexto pueden determinar y de hecho determinan que se convierta o no en hogar. Es en este sentido que FEANTSA clasifica en quince categorías aquellas situaciones que convierten a las personas en sin hogar, en la mayoría de los casos a pesar de tener un techo 6 : 6 Esta clasificación se llama ETHOS (siglas que responden a la denominación inglesa de TIPOLOGÍA EUROPEA DE SIN HOGAR Y EXCLUSIÓN RE- SIDENCIAL) y permite recoger de manera desagregada las diferentes situaciones con las que se puede encontrar una persona con problemáticas relacionadas con el mal alojamiento. 26

28 Definición y conceptualización SITUACIONES DE EXcluSIÓN RESIDENCIAL Sin hogar (Roofless) 1. Vivir en un espacio público (sin domicilio). 2. Pernoctar en un albergue, forzado a pasar las horas diurnas en un espacio público. Sin vivienda (Houseless) 3. Estas en centros de servicios o refugios (hostales para sin techo, albergues para mujeres, etc.). 4. Vivir en alojamientos temporales: pagados por la municipalidad, alojamientos interinos (esperando asesoramiento), unidades de vivienda de transición (a corto plazo), etc. 5. Vivir en alojamientos temporales reservados a inmigrantes (solicitantes de asilo, repatriados, etc.). 6. Vivir en instituciones: prisiones, centros de atención sanitaria, hospitales que han de dejar en un tiempo definido sin tener adonde ir Vivir en alojamientos de apoyo (sin contrato legal de alquiler). Vivienda insegura 8. Notificación legal de abandono de la vivienda. 9. Vivir temporalmente con familiares o amigos de forma involuntaria. 10. Vivir bajo la amenaza de violencia por parte de la familia o de la pareja. 11. Vivir en una vivienda sin título legal (subarriendo). Vivienda inadecuada 12. Vivir en una estructura temporal o barraca. 13. Vivir en un cámping/caravana. 14. Vivir en una vivienda no apropiada según la legislación estatal. 15. Vivienda masificada (de acuerdo con la legislación estatal). En este informe hablaremos de varias situaciones que tienen en común la existencia de un techo, pero que se da en condiciones muy precarias. Para hacerlo, hemos de tener en cuenta, de entrada, qué se considera una vivienda adecuada. Por un lado, tiene que estar en condiciones de habitabilidad. Es decir: hace falta que disponga de 27

29 Con techo y sin hogar los permisos pertinentes para poderla habitar (no puede ser un local comercial, ni un trastero, ni estar en ruinas...). Por otro, hay que adecuar la ocupación a la capacidad, teniendo en cuenta los índices de hacinamiento, que se calculan comparando la superficie de la vivienda con las personas que viven de manera habitual. En Catalunya, la Generalitat establece como mínimo 10 metros cuadrados por persona para obtener la cédula de habitabilidad. Así, superar la media de 6 metros cuadrados por persona se considera hacinamiento crítico, y si se está entre los 6 y los 10 metros cuadrados, es una situación de hacinamiento moderado. Decimos esto porque algunas de las formas de tenencia de la vivienda de las que iremos hablando podrían ser dignas en determinadas circunstancias (porque quizás tienen cédula de habitabilidad o se encuentran en condiciones óptimas), pero, en cambio, están fuertemente sobreocupadas. A continuación presentamos diferentes situaciones respecto a la vivienda que nunca serán un hogar: 3.1. Compartir la vivienda compartir* 1 tr. Repartir, dividir, distribuir algo en partes. 2 tr. Participar en algo. (*) Diccionario de la RAE Consiste en la decisión de disfrutar de una misma vivienda tomada por varias personas o familias para repartir los gastos y obtener el beneficio de la ayuda mutua. Igual que el realquiler, no se trata de una decisión plenamente libre, porque obedece a una situación económica precaria, si bien sí que es querida y elegida. 28

30 Definición y conceptualización La principal diferencia entre esta forma de tenencia y el realquiler de habitaciones es que la primera se da en igualdad de condiciones entre las diferentes personas o familias que están bajo el mismo techo. Se reparten los gastos proporcionalmente y con la convivencia y las colaboraciones cotidianas se acaban estableciendo relaciones de ayuda mutua. Como decíamos en la introducción de este informe, la historia se repite, y actualmente esta forma de tenencia vuelve a estar en auge después de un tiempo en el cual parecía que se había dejado de lado. Esta ha sido una fórmula utilizada tradicionalmente sobre todo por estudiantes y personas separadas que no pueden afrontar económicamente el mantenimiento de un piso en propiedad o de alquiler y que con la actual crisis está tomando nuevas formas: hay propietarios que no pueden hacer frente al pago de la hipoteca e inquilinos que, habiéndose quedado sin trabajo, tienen que buscar la manera de compartir los gastos, familias que habían seguido el proceso normal de emancipación y que por problemas económicos tienen que recular Vivir de patrona Históricamente, vivir de patrona era alojarse en una casa donde, por un precio convenido, también se podía comer. Se trataba de casas de particulares (normalmente de viudas) que con este servicio obtenían un sobresueldo. Más tarde, muchas se reconvirtieron en las pensiones que conocemos actualmente. Fue muy popular durante los años cincuenta y sesenta, con las grandes oleadas migratorias interiores. Para los inmigrantes, era la forma más común de establecerse durante los primeros meses o años de llegada. Era, por decirlo de alguna manera, el punto de observación de la nueva sociedad que se utilizaba hasta encontrar el propio lugar. 29

31 Con techo y sin hogar De hecho, actualmente se da prácticamente en los mismos parámetros. Las pensiones (no ya el hecho de vivir de patrona ) son un recurso de primera llegada al menos lo han sido durante los años en que los flujos migratorios eran muy numerosos. Y todavía lo son para casos de gran necesidad, sobre todo cuando hay descendencia, mientras no se encuentra otra forma de vivienda más apropiada. Es evidente que una pensión no podrá ser nunca un hogar, en primer lugar porque no es un espacio propio, pero puede llegar a ser mucho más digno que otras residencias. Ahora bien, la experiencia nos dice que las pensiones a las que económicamente pueden recurrir las personas que atendemos a menudo son lugares sórdidos, mal equipados, sobreocupados y que difícilmente pasarían las inspecciones pertinentes Vivir en una habitación realquilar* 1 tr. Dicho del arrendatario de un piso, local o habitación: Alquilarlo a otra persona. 2 tr. Tomar en alquiler un piso o un local de una persona que no es la dueña, sino que es, a su vez, arrendataria. subarrendar* 1 tr. Dar o tomar en arriendo algo, no de su dueño ni de su administrador, sino de otro arrendatario de ello. (*) Diccionario de la RAE. El realquiler significa pagar por una parte como si se tratara de un todo. Es decir, alquilar una habitación y determinados servicios (baño, cocina, lavadora...) para utilizarlos como si se tratara de una vivienda completa. 30

32 Definición y conceptualización La relación que se establece entre el inquilino y el propietario (legal o no) está marcada por un orden jerárquico de poder del segundo hacia el primero. En su forma legalmente contemplada en la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, debe haber un contrato escrito y la vivienda tiene que tener unas dimensiones apropiadas. Ley 29/1994, De Arrendamientos Urbanos, de 24 de noviembre (LAU) Artículo 8. Cesión del contrato y subarriendo 2. La vivienda arrendada sólo se podrá subarrendar de forma parcial y previo consentimiento escrito del arrendador. El subarriendo se regirá por aquello que se dispone en el presente Título para el arrendamiento cuando la parte de la finca subarrendada se destine a la finalidad indicada en el artículo 2.1. De no darse esta condición, se regirá por aquello que se pacte entre las partes. El derecho del subarrendatario se extinguirá, en todo caso, cuando lo haga el del arrendatario que subarrendó. El precio del subarriendo no podrá exceder, en ningún caso, del que corresponda al arrendamiento. Ahora bien, el REALQUILER DE HABITACIONES del cual hablaremos en este informe se da en condiciones diversas, a menudo al margen de la legislación. Por lo tanto, normalmente no hay ningún contrato escrito que regule las condiciones de uso y de precio, ya sea porque el propietario a veces no está enterado; porque a menudo las viviendas no tienen cédula de habitabilidad; porque tanto el arrendador como el propietario son plenamente conscientes de que vivirán más personas aparte de quienes tienen alquilada la vivienda; porque se han comprado los pisos para alquilar las habitaciones, o bien, como pasa últimamente, porque es el propietario de un piso quien alquila una habitación de su casa para poder hacer frente al pago de la hipoteca. 31

33 Con techo y sin hogar Este fenómeno va ligado fundamentalmente a un contexto económico de crisis, de carencia de vivienda de alquiler y a las diversas oleadas migratorias a lo largo de los siglos xx y xxi. Y casi siempre es el único recurso que les queda a las personas sin permiso de residencia y que tienen que subsistir gracias a la economía sumergida. En ciertos casos, los precios no incluyen el uso de los servicios (cocina, baño, electrodomésticos), en otros, va todo incluido; a veces se paga un tanto por persona, en otras ocasiones el precio se establece por habitación... No hay normas, las reglas del juego las marca la persona que figura como propietaria de la vivienda (aunque no lo sea). Esta decisión de subarrendar no suele ser libre ni voluntaria, sino forzada por las circunstancias, principalmente debido a una economía precaria y de una carencia total de red familiar y social. Esto, en cuanto a quien paga por un techo. La otra cara de este fenómeno la protagoniza quien pone en realquiler su vivienda, ya sea de propiedad o alquilada. En este lado se encuentran las personas o familias que a raíz de la crisis económica no pueden hacer frente al pago de su vivienda y ven en el realquiler una puerta de salida. Y también las que han convertido el subarriendo en una fuente de negocio (y explotación), como veremos a lo largo de este Informe Estar en acogida acoger* 1 t1 tr. Dicho de una persona: Admitir en su casa o compañía a alguien. 2 tr. Servir de refugio o albergue a alguien. 3 tr. Admitir, aceptar, aprobar. (*) Diccionario de la RAE. 32

34 Definición y conceptualización Consiste en dar alojamiento de forma gratuita y totalmente altruista a personas que tienen necesidad, bien porque no tienen recursos económicos, la situación administrativa resuelta o por razones humanitarias. Esta modalidad se detecta principalmente en dos colectivos. Por un lado, el subsahariano. Por el otro, y a raíz de la crisis económica, se da entre los hijos que ya se habían independizado pero que vuelven a casa de los padres, porque se han quedado en paro y no pueden hacer frente al coste de la vivienda en solitario. También debido a la crisis está pasando con familias enteras. Se trata de un recurso concebido como provisional y que establece vínculos de dependencia entre quien lo recibe y quien lo da. Lo que podría ser una forma de solidaridad se puede llegar a vivir como un fracaso personal y ser fuente de conflictos de convivencia. La crisis también está haciendo desaparecer esta modalidad, porque donde antes había generosidad, ahora hay precariedad económica y cada vez más se pide dinero a cambio de la estancia, convirtiendo la acogida en habitación realquilada Barraquismo barraca* 1 f. Caseta o albergue construido toscamente y con materiales ligeros. (*) Diccionario de la RAE. Estas autoconstrucciones levantadas en suelo que no es propio no tienen ningún tipo de relación arrendataria con quien tiene la propiedad. Las barracas no tienen una estructura sólida ni cimientos, están hechas con materiales de escombros, maderas, latas, cartones, 33

35 Con techo y sin hogar plásticos, lonas, trozos de uralita... No tienen servicios propios ni comunitarios: ni agua corriente ni electricidad ni alcantarillado. Tuvieron un momento de auge en mitad del siglo pasado y ahora vuelven no con tanta fuerza con características nuevas, como los barrios de caravanas en descampados o las construcciones precarias en fábricas abandonadas. Este fenómeno tiene una presencia mayoritaria de personas de etnia gitana, pero también hay inmigrantes indocumentados. El fenómeno de la autoconstrucción se da de una forma no tan precaria como el barraquismo. Se trata de casas que, si bien tuvieron su origen en forma de barraca, han ido mejorando con el paso de los años y a medida que sus propietarios han conseguido un mayor poder adquisitivo. Pero a pesar de que puedan tener un aspecto correcto, muchas no disponen de alcantarillado y las instalaciones de luz y agua seguramente no obtendrían los permisos reglamentarios Camas calientes o pisos patera cama* 1 1 f. Conjunto formado generalmente por una armazón de madera o metal con jergón o colchón, almohada, sábanas y otras ropas, destinado a que las personas se acuesten en él. caliente** Con una fuerte actividad. patera* 1 f. Embarcación pequeña, de fondo plano, sin quilla. (*) Diccionario de la RAE. (**) Diccionario de la Enciclopèdia Catalana. 34

36 Definición y conceptualización A pesar de que en estos momentos no se da con tanta frecuencia como unos años atrás, todavía sigue existiendo el fenómeno de alquilar colchones o sofás a turnos, por horas. Seguramente, esta es la máxima expresión de cómo una necesidad vital ha derivado en explotación (infra)humana. Las administraciones locales están haciendo verdaderos esfuerzos para erradicar esta forma de explotación, controlando la localización de los pisos patera, es decir, aquellas viviendas donde es evidente la sobreocupación y, también, priorizando el control de las cédulas de habitabilidad Vivir de okupa En nuestro país, el movimiento okupa está formado por simpatizantes, activistas, residentes y usuarios de las actividades sociales y culturales que organizan los centros autogestionados, y tienen una función social mucho más importante que la de ser edificios residenciales 7. Este movimiento que se da internacionalmente no sólo centra sus reclamaciones y demandas en la escasez y el acceso a la vivienda, sino que también critica las políticas macroeconómicas, la gestión política de la vivienda y de los espacios culturales. Pero más allá del movimiento social tradicional, está surgiendo una nueva forma de okupación no tan filosófica y mucho más de raíz económica. 7 Dónde están las llaves? El movimiento okupa. Estudio coordinado por Ramón Adell Argilés i Miguel Martínez López. Los Libros de la Catarata. Madrid,

37 Con techo y sin hogar Algunos sectores de población con muy pocos o nulos recursos económicos están aprovechando las redes que les proporciona el movimiento okupa para poder disfrutar, temporalmente, de vivienda gratuita Situación de sin techo Se trata del eslabón de la escalera más precario de todas las modalidades de tenencia de vivienda, sencillamente porque no tiene. Una persona en situación de sin techo es la que vive en la calle, ya sea las veinticuatro horas o sólo durante el día porque por la noche utiliza la red de albergues para dormir. Estas personas están obligadas a buscar cobijo en portales, cajeros, bocas de metro... Además, también tienen que recurrir a otros servicios públicos o privados para comer o vestirse. No tienen prácticamente ninguna pertenencia y las pocas que tienen les acompañan allá donde van o las dejan en la consigna de entidades sociales. Estas personas, al ocupar las posiciones sociales más desfavorables, están social e individualmente expuestas a adoptar estilos de vida con más riesgo para la salud que las personas que tienen mejores condiciones. Además, a pesar de sufrir un índice de enfermedades superior a la media, tienen graves dificultades para recibir y seguir tratamientos médicos. También sufren más si cabe que otro colectivo los efectos de la inseguridad. Según el estudio dirigido por Pedro Cabrera Quién duerme en la calle? 8, cerca del 50% de las personas que viven en la calle en Barcelona dicen que han sido víctimas de algún delito mientras pernoctaban en la calle, siendo los más habituales los robos y las agresiones. 8 Pedro Cabrera, M. José Rubio i Jaume Blasco, Quién duerme en la calle? Una investigación social y ciudadana sobre las personas sin techo. Fundación Caixa Catalunya, Barcelona,

38 Definición y conceptualización Así, las personas en situación de sin techo son las que mejor representan el antagonismo al hecho de tener un hogar, que, como hemos visto del proporciona seguridad, calor, protección y estatus, entre otros. Cualquiera de estas formas de infravivienda revela un perfil social caracterizado por un nivel de paro elevado, contrapuesto a un bajo nivel de estudios y, también, por una proporción muy alta de personas extranjeras. Todos estos factores de vulnerabilidad dificultan la movilidad hacia otras formas de vivienda más apropiadas y de más calidad. Ahora bien, como estamos inmersos en una profunda crisis económica, también se encuentran en esta tesitura personas que en una situación normal no se encontrarían así. Personas que, a pesar de contar con unos ingresos fijos, no pueden afrontar el pago de su vivienda, bien porque compartían los gastos y ahora los tienen que afrontar en solitario como sería en los casos de separaciones o divorcios, o bien el de aquellas familias que tienen algún o más de uno miembro de la familia que se ha quedado en el paro y han visto disminuir los ingresos. En Europa (UE-15) hay 18 millones de personas afectadas por la exclusión residencial, de las cuales, 2,5 millones serían sin techo (personas que duermen en la calle o en albergues de emergencia de estancia limitada). En España, se calcula que la población sin hogar estaría entre las y las personas. En Catalunya, estarían alrededor de personas. En la provincia de Barcelona se cuentan entre y 8.000: Barcelonès: Vallès Oriental y Occidental: 645. Alt Penedès: 588. Maresme: 547. Fuente: Síndic de Greuges de Catalunya. estudio extraordinario El fenómeno sin hogar en Catalunya: personas, administraciones, entidades

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40 Capítulo 2 Dimensión histórica de los techos que no son hogares

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42 1. UNA HISTORIA QUE SE REPITE Se hace difícil describir la realidad vivida en términos de vivienda en todo el territorio de nuestras diócesis, porque la documentación escrita habla sobre todo de Barcelona ciudad. Pero es posible extrapolar la información al resto de las grandes ciudades de las diócesis de Sant Feliu y Terrassa, sobre todo de esta última, puesto que las condiciones económicas de Sabadell, Terrassa o Granollers son también las de grandes ciudades industrialmente desarrolladas. Podemos, pues, establecer el paralelismo con una Barcelona que empieza a crecer como capital catalana y donde se concentra el grueso de la inmigración. Esto es así porque tanto entonces como ahora se cree que en una gran urbe será más fácil encontrar medios de subsistencia, a pesar de que la experiencia nos demuestra que suele ser más fácil salir adelante en núcleos más pequeños. Por lo tanto, la similitud entre la situación que se vivió en Catalunya en las décadas de los años veinte a los sesenta con la actual es innegable. Los fenómenos de precariedad habitacional se repiten ligados a las oleadas de inmigración (primero interior tanto del campo catalán como del resto de España, y actualmente de 41

43 Con techo y sin hogar otros países) y a la precariedad económica de los residentes y de los recién llegados. También hay que tener presente que entonces no había tradición entre las administraciones públicas de construir vivienda social y que ahora no se tiene una percepción real de la dimensión de esta necesidad. Por lo tanto, la vivienda social que se construye siempre está por debajo de las necesidades reales y una parte de demandantes no puede acceder (rentas más bajas, personas en situación irregular). En los años veinte del siglo pasado la financiación de la poca obra social que se construía iba a cargo de las cajas de ahorros y las compañías de seguros, las únicas entidades que se podían permitir inversiones de larga duración. Como refleja el libro del Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona Barcelona. Les cases barates (PMH. Barcelona, 1999), el Informe de política de vivienda de 1920, sitúa los primeros bloques de viviendas baratas en Sants, Les Corts, Gràcia, Sant Martí o Sant Andreu, todas zonas que coronan la ciudad por el exterior. En los años treinta, la forma de tenencia mayoritaria era el alquiler, y como está documentado en varios estudios, se trataba de alquileres mensuales de precio muy elevado para la capacidad económica de las clases populares de la época 9. Estas mismas fuentes cifran entre un 20% y un 25% del jornal de los obreros no cualificados el precio que se pedía por el alquiler de la vivienda, especialmente en Barcelona 10. Por eso, ya en aquella época se empezó a practicar el realquiler de habitaciones, como medida puramente economicista. Pero la 9 José Luis Oyón, Barcelona 1930: un atlas social. Edicions de la UPC (Arquitectura). Barcelona, N. Rider, Anarquisme i lluita popular: la vaga dels lloguers de Revista L Avenç, núm. 89,

44 Dimensión histórica de los techos que no son hogares fórmula se decantó más como casas de huéspedes las actuales pensiones. Según el estudio de José Luis Oyón citado, es, además, un fenómeno sobre todo femenino, básicamente porque son las mujeres las que soportan una economía más precaria: Más de un tercio de los hogares que declaran huéspedes o realquilados están encabezados por mujeres solas, mayoritariamente viudas. Por otro lado, también revela que los hogares con realquilados donde el cabeza de familia es aragonés o andaluz triplican los hogares donde el cabeza de familia es catalán. Atendiendo al censo de 1930 que contabiliza las familias que viven bajo un mismo techo, la cohabitación en la ciudad de Barcelona sube al 9%, un porcentaje que se eleva al 17,4% si se tiene en cuenta la realidad de la muestra realizada por el estudio citado. Así, en este aspecto también se mantiene el paralelismo con la época actual, en la cual el fenómeno del realquiler de habitaciones se mantiene en los márgenes de la ilegalidad. Según datos del Instituto de Estadística de Catalunya (Idescat), en 2007 había un porcentaje del 1,5% de hogares con dos núcleos o más, cerca de personas. Teniendo en cuenta que el porcentaje de realquiler constatado por nuestra institución es del 34% en una base de precisamente personas (datos de 2009), no parece osada esta afirmación. El estudio sobre 1930 puso sobre la mesa el hecho de que más del 42% de las familias de clase obrera cohabitaban con otras familias, ya fueran de la propia saga familiar o no tuvieran parentesco, y se trataba mayoritariamente de familias aragonesas, andaluzas y murcianas venidas con la oleada migratoria. En aquel momento las casas de huéspedes y el realquiler se concentraban en Ciutat Vella, sobre todo en la parte baja de La Rambla (Santa Mònica), el Raval y Poble Sec. Mientras que contra- 43

45 Con techo y sin hogar riamente a lo que pasa hoy, la zona del Eixample queda al margen. Entonces el Eixample mantenía su estatus burgués y acomodado. En los años treinta del siglo pasado, las situaciones de hacinamiento se daban sobre todo en Can Tunis, Les Corts-Collblanc, Can Baró y Poblenou, con tasas iguales o superiores al 50% a la media de la ciudad. Pero si hay un hecho diferencial de aquella época con la actual es el barraquismo, un fenómeno que se irá reproduciendo durante las primeras décadas del siglo xx, durante la posguerra y hasta los años cincuenta y sesenta. Los núcleos de barracas estaban formados por familias recién llegadas de las zonas rurales de Catalunya y especialmente del resto de España que por sus bajos ingresos no podían acceder a un alquiler del Eixample ni de Ciutat Vella o los núcleos del extrarradio. Así, se situaron en las zonas de las periferias urbanas. En Barcelona, se encontraban en Montjuïc-Can Tunis, Can Baró, Nou Barris y Poblenou-Barceloneta. Es cierto que actualmente hay algún núcleo de barracas disperso, pero es muy puntual, puesto que con las Olimpiadas de 1992 este fenómeno parece haberse erradicado. El fenómeno que hoy se da es el barraquismo vertical, caracterizado por los pisos patera (que ya hemos explicado en el capítulo segundo). Los núcleos de barracas no tenían ninguna condición higiénica y las administraciones públicas no hicieron ninguna actuación para llevarles servicios hasta muy entrada la década de los sesenta. Las primeras casas baratas surgieron durante la dictadura de Primo de Rivera, y atendiendo a razones muy diferentes de las que se esgrimían en la Europa de la época, más alejadas de la modernidad y más cercanas al control y la seguridad. La República tampo- 44

46 Dimensión histórica de los techos que no son hogares co aportó novedades en la urbanización de barrios obreros, a pesar de que sí que introdujeron mejoras sociales en cuanto a los equipamientos. De hecho, no fue hasta finales de los años cuarenta cuando se empezaron a construir algunas casas sociales y bloques de protección oficial (Eduard Aunós, Bon Pastor, Ramon Albó). En los años cincuenta, las únicas promociones de vivienda pública que se hacían eran las destinadas a realojar a las familias de barraquistas, pero siempre eran insuficientes respecto a la demanda. Los primeros realojados serían los habitantes del Polvorí, Montjuïc y Bon Pastor 11. Más tarde, la intención de Cerdà al diseñar el Plan del Eixample (1959) fue romper los monopolios de propiedad del suelo y evitar la especulación con los alquileres, en un intento por seguir la tendencia europea de dar prioridad a la construcción de viviendas para las clases trabajadoras, e incorporando nuevos conceptos en cuanto a la organización del espacio y el urbanismo. Esta visión chocó de pleno con la mentalidad burguesa de la ciudad, que no veía con buenos ojos la creación de vivienda específica para los trabajadores 12. Y, de hecho, el sueño de Cerdà no se ha podido hacer realidad hasta ahora. La necesidad de vivienda obligó a fragmentar los pisos del Eixample, pero de este modo hizo brotar el negocio inmobiliario basado en la especulación primero del suelo y después inmobiliario y alimentado por las necesidades de las capas más humildes de la población. Negocio que se ha mantenido y aumentado hasta nuestros días. 11 Barcelona. Les cases barates. Patronat Municipal de l Habitatge de Barcelona. Barcelona, Miquel Domingo i Ferran Segarra, Les cases barates i el paper de l habitatge popular en l urbanisme contemporani, a Barcelona. Les cases barates. Patronat Municipal de l Habitatge de Barcelona. Barcelona,

47 Con techo y sin hogar 2. TESTIGOS PIONEROS Es esencial en un trabajo como este ir a buscar testigos a la fuente más cercana: las profesionales del trabajo social que fueron pioneras en los barrios más desfavorecidos de nuestras ciudades. Las trabajadoras sociales de Cáritas fueron las primeras en adentrarse en el Chino, el Somorrostro, en Pomar, Sant Roc, Tres Rosas o Sant Cosme, por poner algunos ejemplos. Y fueron pioneras en el trabajo comunitario que llevaría al nacimiento de las asociaciones de vecinos y, con ellas, las primeras mejoras de unos barrios más que pobres. Teresa Casanovas, trabajadora social, habla de la situación en la Barcelona de los años sesenta: Yo en aquellos momentos, entre el 64 y el 65, empecé a trabajar en el Barrio Chino. El problema del realquiler era más que evidente... Tengo la sensación de que la mayoría de las personas que vivían allí no estaban empadronadas, pero entonces las escuelas estaban más abiertas y no pedían certificados de empadronamiento para que a los niños se les pudiera escolarizar. Había un problema de hambre. A los niños se les enviaba a los comedores del Auxilio Social con una fiambrera a buscar la comida para toda la familia. Había niños que robaban comida para poderla llevar a su casa... La situación estaba marcada por un mercado laboral muy exiguo, basado principalmente en la construcción. Muchas de estas personas eran inmigradas del sur y del centro de España. Las mujeres normalmente hacían limpieza y no estaban demasiado bien tratadas... Iban a casas donde había dinero y se las trataba casi como si fueran esclavas... También había mucha gente trabajando en fábricas, modistas y confeccionistas a domicilio, en el mercado del Born y en el puerto, y de cobradores y conductores del tranvía. Había muchos trabajos a domicilio de doblar papel, de pintar figuritas, etc. Había mujeres que se dedicaban a la limpieza y otras a la prostitución... Era una salida económica, pero muy dura... Recuerdo que el comisario de policía de la comisaría de la calle García Morato [actual Avin- 46

48 Dimensión histórica de los techos que no son hogares guda de les Drassanes] era el propietario de la pensión Estrella, que aceptaba alquilar habitaciones por horas. Había muchas [pensiones] controladas por policías y que, además, se dedicaban al realquiler. En la calle García Morato había muchos pisos cerrados y tapiados donde muchas familias se instalaron de okupas. Cogían la luz de las farolas de la calle y subían el agua que cogían en las fuentes con cubos y cuerdas por los balcones y ventanas. Había tantos problemas, en aquel momento, y tan pocos recursos que la imaginación era la mejor herramienta del trabajo social. En aquella época fue muy importante el trabajo comunitario. Llama la atención como, ya con anterioridad a la fecha que explica Teresa Casanovas, hay constancia de sobre ocupaciones en pensiones del casco antiguo de la ciudad. El periodista Jaume V. Aroca y la directora del Museo de Historia de la Inmigración de Catalunya, Imma Boj, transcriben en su blog digital el informe de un funcionario de la policía que acude a una pensión de la calle Conde de Asalto, 40 de Barcelona [actual Nou de la Rambla] por una denuncia de hacinamiento. Por gentileza de estos dos blogueros transcribimos aquí parte del informe policial que da cuenta de las condiciones de vida de aquellas familias: Expediente 465: Conde del Asalto, 40 (2) Así, en las distintas habitaciones residen las personas que se indican: 4 personas que pagan 12 pesetas. Esta habitación es de aproximadamente DOS METROS de larga, por UN METRO [la mayúscula es del original] de ancha, en ella viven 3 personas que pagan 42 pesetas a la semana (matrimonio e hijo de diez años). 2 personas, 15 pesetas diarias. 2 personas, 18 pesetas diarias. 3 personas, 15 pesetas diarias, guisan y duermen en ella. 2 personas que pagan 8 pesetas, carece de ventana y no tiene otra ventilación que la puerta de entrada. 47

49 Con techo y sin hogar 4 personas, 14 pesetas diarias. 3 personas, 13 pesetas. 3 personas, 15 pesetas. 5 personas, 15 pesetas diarias, guisan dentro y no tienen otra luz que una ventana pequeña a patio interior. 3 personas, 12 pesetas, guisan, luz a patio interior. Estas en el piso segundo. En el tercero existen las siguientes habitaciones: 3 personas, 11 pesetas, guisan en la habitación. Esta es un cuarto de desahogo, habilitado para habitación, sus dimensiones son las justas para una cama individual, que está rozando a la pared por los cuatro costados y en la que vive un matrimonio 8 pesetas diarias, carece de ventana. En las mismas condiciones que la anterior, pagan 8 pesetas, viven dos y carece de ventana. 4 personas, 11 pesetas. 5 personas, 13 pesetas. 4 personas, 13 pesetas, con una ventana pequeña. 3 personas, 15 pesetas. Otro cuarto de desahogo en el que viven tres personas, pagan 8 pesetas, naturalmente sin ventana. 5 personas, 15 pesetas. 4 personas, 15 pesetas. 3 personas, 15 pesetas, guisan en la habitación. 4 personas, 15 pesetas, guisan en la habitación. ( ) Algunas de las personas que no caben en sus habitaciones duermen en los pasillos. 12 de junio de

50 Dimensión histórica de los techos que no son hogares Como bien dicen estos blogueros, un pequeño cálculo permite hacerse a la idea del negocio que suponían para sus propietarios estas pensiones semiclandestinas: En el momento de la inspección vivían 76 personas en 23 habitaciones que cada día pagaban 326 pesetas que, si se mantenía la ocupación, cada mes suponían pesetas (58,78 ). Una fortuna en aquella época, cuando el salario medio de un trabajador en Barcelona rondaba las pesetas (6 ). Igual que pasa hoy, también eran más caras las habitaciones donde había niños y niñas. A pesar de la denuncia de 1954, la pensión ilegal parece que no cerró, porque Aroca y Boj referencian otra inspección del mismo edificio durante los años setenta, y hasta es probable que no haga demasiado tiempo que haya dejado de funcionar quizás como piso patera, puesto que en el bloque: Durante nuestra visita, en una de las habitaciones del piso, encontramos el carné de un estudiante marroquí, dicen. Esta misma historia se va repitiendo, con diferentes protagonistas, pero siempre de clases muy humildes, a lo largo de la historia reciente de nuestras ciudades y de nuestros pueblos. Assumpta Fernández, también trabajadora social de Cáritas, nos habla de otro perfil de la exclusión residencial: los abuelos perceptores del FAS 13 y los núcleos de población de etnia gitana y los barraquistas, en su caso de los años ochenta en el Baix Llobregat: 13 FAS (Fondo de Asistencia Social): Pensión asistencial que se pagaba por vejez o por enfermedad a aquellas personas que no habían cotizado nunca y que, por lo tanto, no tenían derecho a ninguna pensión. Hoy es una pensión residual, sustituida por las diferentes prestaciones sociales no contributivas. 49

51 Con techo y sin hogar En mi caso, como siempre trabajé con personas mayores, no tengo casos de realquiler, en todo caso iban a pensiones. En Sant Vicenç dels Horts había un barrio colgado en la montaña donde vivían la mayoría de los abuelos del FAS que atendíamos, era sobre el año 85. Viladecans era un pueblo tranquilo, sólo había un barrio de gitanos con casas de autoconstrucción. Pero además de los barrios gitanos, también había autoconstrucción de personas venidas del sur, de Andalucía, de Murcia, de Extremadura... A partir de los años setenta empezaron a hacer casas de protección oficial y se empezaron a erradicar estas formas tan precarias de vivienda. Montserrat Garcia, trabajadora social de Cáritas, escribía en el número 111 de los Cuadernos de Orientación Familiar del Instituto Católico de Estudios Sociales de Barcelona (septiembre de 1988) sobre el desahucio, otro aspecto relacionado con la vivienda precaria y la pobreza de las familias: Los datos publicados en el n.º 11 de Noticias de Cáritas, que tienen su fuente en el Juzgado Decano de Distrito de Barcelona, nos dan una cifra escalofriante de desahucios. Son datos del mes de enero a septiembre de En este periodo de nueve meses ha habido desahucios en Barcelona. Para dar más fuerza a esta cifra podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que un total de personas contando cuatro miembros por familia se han quedado en la calle; mejor dicho, han sido sacadas de su casa o han sido arrancadas y dejadas con los muebles y todas sus pertenencias en medio de la calle. (...) Estas son las alternativas que ellos mismos buscan y que esperan que resuelvan su situación: a) Otro pisito, primero en el mismo barrio. Después en otro barrio. b) Alguien que los acoja: familia, amigos, conocidos. c) Regreso al pueblo. d) Ir a vivir a una pensión. 50

52 Dimensión histórica de los techos que no son hogares (...) Ir a vivir a una pensión representa que todo el espacio del que dispondrán será una habitación donde habrá, según el precio, dos camas, una silla y un armario pequeño (que no está siempre). En esta habitación deberán cocinar, comer, lavar platos y sábanas, colgar la ropa, dormir, y cuando haya un enfermo también tendrán que quedarse aquí. Fuera, un pasillo con las puertas de las otras habitaciones. Montserrat Plans, otra trabajadora social de Cáritas, nos habla todavía de la época en que trabajaba en los barrios de Vilapicina y del Turó de la Peira, entre los años 1998 y 2006, una época mucho más reciente: Un número muy significativo de las familias que atendí eran procedentes de Ecuador y de Bolivia, a pesar de que también atendí a familias catalanas. El perfil profesional de las personas adultas atendidas era muy variado, no recuerdo que atendiera a profesionales liberales ni graduados superiores, el nivel de estudios era bajo y pocos tenían estudios superiores y si los tenían no podían ejercer en Catalunya. La mayoría de familias que atendí vivían realquiladas en pisos que tenían alquilados personas de sus mismos países y muchas veces yo misma sentía vergüenza por el trato vejatorio e inhumano que recibían de sus compatriotas. Los mismos inmigrantes alquilaban habitaciones, bajos de escalera y azoteas a compatriotas suyos y les cobraban cantidades importantes, está claro, todo fuera de toda ley. Atendí a muchas mujeres jóvenes que habían emigrado para trabajar en el servicio doméstico y habían dejado al marido y a los hijos e hijas en el país de origen. El reagrupamiento fue muy difícil porque la mujer había asimilado con facilidad el talante de la mujer catalana. El resto de la familia al llegar venía con el patrón familiar del país de origen y tuvieron que cambiar los roles familiares y esto fue muy difícil y provocó muchas rupturas. Roser Coromina fue, también, trabajadora social de Cáritas. Durante las décadas de los ochenta y noventa desarrolló su tarea en Montcada. Nos habla de las personas, sobre todo inmigrantes inte- 51

53 Con techo y sin hogar riores, que vivían en los barrios de Can Sant Joan y de Font Pudenta, dos emplazamientos en la montaña, con casas de autoconstrucción hechas encima de lo que habían sido barracas (con la red eléctrica peligrosa, y las cañerías y bajantes de agua, muy sencillos): Las personas que atendíamos eran mujeres, los maridos de las cuales trabajaban en la construcción y se habían quedado en el paro o habían tenido el marido emigrado y volvía con graves problemas y a jóvenes con muy poca formación. Sufrían sobre todo problemas respiratorios, causados seguramente por la contaminación de la fábrica de cemento y de la de pinturas, puesto que vivían muy cerca y entonces no se tenía nada en cuenta. Y problemas del sistema óseo. También había mucho alcoholismo. Durante el tiempo que estuve en Sant Boi, hacia los noventa, sí que recuerdo que pude entrar en una especie de nave, que al final tenía un baño y la lavadora, en la que había como unos boxes, separados por cortinas, y en cada uno vivía una familia... De entre todas las personas que atendí, me acuerdo de un chico que había acabado la escuela sin saber leer. Estuvo en prisión... Desde Cáritas le ofrecimos la posibilidad de hacer un curso especial de formación en Flor de Maig, en Cerdanyola y aceptó. Muy a menudo tenía que ir a pie, porque no tenía dinero para el autobús, y vivía lejos, pero lo aprovechó al máximo, tanto que se lo quedó la propia institución como jardinero. Fue la demostración de que no se puede etiquetar a nadie, porque todo el mundo nos puede sorprender con los recursos que tiene. La enseñanza, la sanidad y la vivienda son imprescindibles y hay que mantenerlos aunque la familia no tenga recursos económicos propios. 3. CAMBIOS EN LA ARQUITECTURA Y EL URBANISMO La arquitectura y el urbanismo se han ido adaptando, tanto en el mercado privado como en el público, a la demanda y a las necesidades de la población. Hemos visto como en el Eixample, por ejemplo, los grandes pisos de la burguesía se fueron dividiendo para dar respuesta a la 52

54 Dimensión histórica de los techos que no son hogares demanda del momento. De igual manera, las promociones públicas de vivienda social también se han hecho según la población que los tenía que habitar: tanto en cuanto a costumbres como a número de personas de la unidad familiar. Así, el espacio habitable y el número de habitaciones han ido variando en función del momento, pasando de grandes superficies y tres y cuatro habitaciones, a superficies más reducidas con una o dos habitaciones. Y no hay que olvidar en este punto la gran influencia que ha tenido el precio del suelo, que a menudo ha mandado más que las necesidades familiares. Si ponemos el ejemplo de los pisos que el Patronato Municipal de la Vivienda (PMH) de Barcelona ha ido construyendo a lo largo de 50 años, podemos ver claramente cómo los usos y la organización familiar han configurado un parque diferenciado de viviendas desde los bloques de plantas formales ( organizaciones en las cuales el comedor salón ocupa una posición central en torno a la cual se organizan el resto de dependencias ) al tipo de planta funcional (que organiza la vivienda más en dependencia con el programa de actividades y a las relaciones que se establecen entre ellas, de forma que se establecen zonas muy diferentes, como por ejemplo la zona de noche formada por dormitorios y baño, y la zona de día, formada por sala comedor y cocina ) 14. La superficie pasó de los 45 m 2 para los pisos de dos dormitorios y de 60 m 2 para los de tres en los años veinte, a los 90 y 100 m 2 de los años setenta y ochenta. Es curiosa, en este sentido, la declaración de intenciones del arquitecto del PMH Josep Soteras, quien en la Memoria del año 1958 introducía la siguiente reflexión en el Informe de la composición social deseable para el núcleo Montbau en Horta 15 : 14 Jordi Oliveras, Formes d habitatge en l experiència del PMH, en De les cases barates als grans polígons. El Patronat Municipal de l Habitatge de Barcelona entre 1929 i PMH. Barcelona, Opus cit. en idem. 53

55 Con techo y sin hogar Respecto a la superficie que puede asignarse a las viviendas, se ha dicho que la casa es hogar, santuario, escuela, taller y albergue, que debe aumentarse el amor al hogar, facilitando que en él se viva con intensidad y evitando que el espacio vital de la familia sufra con una vivienda reducida y de dimensiones mínimas. (...) Será norma de prudente política social la de que, en caso de duda, se procure la mayor superficie para las viviendas. 54

56 Capítulo 3 Dimensión económica. Recursos en tiempos de crisis

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58 La modalidad mayoritaria de tenencia y uso de la vivienda en la Catalunya también en España de finales del siglo xx y principios del xxi es la de la propiedad. Este hecho condiciona, y mucho, la situación de precariedad en que se encuentra la población de rentas medianas y bajas, en cuanto a la calidad de la vivienda 16. En este contexto, la vivienda social podría evitar el empeoramiento de las condiciones de habitabilidad de muchas familias y, también, ayudar a mejorarlas a muchas otras. Pero de vivienda social se hace poca y la que hay es insuficiente. Además, gran parte de la vivienda de protección oficial que se ha puesto en el mercado hasta ahora responde a esta misma lógica imperante de la propiedad, dejando al margen a muchas familias con verdadera necesidad. Tal como pasa en la mayor parte de Europa, la opción más factible pasa por el alquiler y la creación de un parque de viviendas sociales de alquiler. Y la nueva Ley de la Vivienda de Catalunya pretende incentivar esta opción facilitando ayudas, marcando un 16 Carme Trilla, Condicions d allotjament de la població catalana. Una aproximació quantitativa. Artículo complementario al trabajo Estudi de l habitatge a Catalunya. Departament de Política Territorial i Obres Públiques. Barcelona,

59 Con techo y sin hogar mínimo del 15% de viviendas de alquiler destinadas a políticas sociales y creando la figura de las viviendas de inserción 17. Ahora bien, es una ley que apenas se está empezando a desplegar, sobre todo teniendo en cuenta que el actual momento de crisis repercute de forma decisiva en las políticas económicas del país. En esta situación, el acceso a la vivienda es muy difícil para muchas personas y familias que se encuentran al límite, económicamente hablando. Son personas y familias sin ingresos o ingresos mínimos procedentes de trabajos muy precarios dentro del mercado de la economía sumergida, porque no tienen autorización de trabajo o que cobran pensiones exiguas, sobre todo personas mayores. Este contexto que hemos aceptado en denominar de crisis también se define por que los mecanismos creados para satisfacer las necesidades de vivienda de la población no tienen capacidad para resolverlas de manera adecuada. Hay que encontrar alternativas, aunque no siempre rompan con la incapacidad estructural de algunos sectores para acceder al mercado residencial que configura la lógica interna del problema 18. Así, para reducir el esfuerzo económico que supone el pago de la hipoteca y en algunas ocasiones también del alquiler, se recorre básicamente a dos sistemas. Uno es que los jóvenes compartan alquiler sin que haya un núcleo familiar. Este sistema también lo utilizan algunas personas mayores que viven solas y quieren acompañamiento. El otro sistema, más utilizado por las unidades nucleares, es el alquiler de habitaciones de la vivienda alquilada o comprada. Y, como hemos visto anteriormente, a ninguna de las dos modalidades se les puede dar la concepción de hogar. 17 Ley18/2007, del 28 de diciembre, del derecho a la vivienda. Generalitat de Catalunya (DOGC ). 18 Luis Cortés Alcalá, La crisis de la vivienda. Revista Documentación Social, núm

60 Dimensión económica. Recursos en tiempos de crisis Como decimos, hay muy poca oferta de alquiler, y la que hay en el mercado libre es prácticamente inaccesible para estas personas, porque es muy cara (en Barcelona, entre 855 y euros/mes) 19 y además se piden unos requisitos inabarcables: nóminas, entradas abusivas, depósitos de 3 y 4 meses, avales... La oferta de alquiler social todavía es más exigua y totalmente fuera del alcance de las personas inmigradas y sin papeles. Entre los años 1991 y 2007 se acabaron en España viviendas, pero sólo el 14,5% de estas ( ) tuvo algún tipo de protección. El endeudamiento familiar equivalía, en julio de 2008, al 78,3% del PIB, según el Banco de España. Informe Foessa En este contexto podemos destacar tres situaciones muy diferenciadas: 1. ALTERNATIVA A LA PENSIÓN Para una persona, pero sobre todo para una familia, recurrir a tener que vivir en una pensión sólo puede ser una medida temporal. Normalmente recurren a este tipo de alojamiento algunas pocas personas que acaban de llegar a nuestro país y que utilizan este recurso mientras no encuentran otro más definitivo. Suelen ser caras e impersonales. Decididamente, una pensión no podrá ser nunca un hogar. 19 Informe de la Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona sobre el mercado de alquileres. Octubre,

61 Con techo y sin hogar Por eso, y dado que muchas de estas personas/familias de las que hablamos no disponen de unos ingresos fijos ni abundantes, cambian las pensiones por otras formas de compartir, principalmente el realquiler de habitaciones, una opción mucho más económica, a pesar de que tampoco será nunca un hogar. En el fondo, las habitaciones de realquiler tienen un parecido con las habitaciones de una pensión: cada habitación es una unidad familiar y se complementa con servicios comunes (cocina, baño ). Y en los dos casos hay muy poca relación de vecindad. Las personas que habían optado por comprar, en un momento en el que los precios eran relativamente asequibles y el nivel de paro era bajo (sobre todo en la construcción), se encontraron con que las hipotecas subieron y el trabajo se acabó, así que se han quedado con un piso que no pueden pagar, corriendo el riesgo de quedarse en la calle si no encuentran una alternativa. En esta situación de clara dependencia residencial se encuentran la gran mayoría de jóvenes de entre 26 y 35 años en Catalunya y España, puesto que la disponibilidad de dos salarios ha acontecido una condición sin la cual resulta muy arriesgado emprender un proyecto de vida familiar UN NEGOCIO Llegué en enero para ver si puedo mejorar y salir adelante con la familia. Pero cuando uno está acá se encuentra con la cruda realidad: que una persona que también es inmigrante de repente, porque tiene el papel para poder alquilar el piso, lo quieren a uno tiranizar y ponerle a uno tantas condiciones que así, quizás, se le olvida de dónde ha venido. Carlos (Honduras). Usuario de Cáritas. 20 Pau Marí-Klose, Emancipació i risc de pobresa: imatges contra-fractuals. Primer Congreso Internacional Joventud y Sociedad. Girona, junio

62 Dimensión económica. Recursos en tiempos de crisis Sabemos, por lo que nos han ido explicando las personas atendidas por los servicios de Cáritas y por los propios profesionales que trabajan en el territorio, que hay redes dedicadas al realquiler de viviendas que funcionan en todo el territorio. Se trata de personas o grupos que compran o alquilan viviendas con la única función de destinarlos al realquiler de habitaciones. Normalmente funcionan por el boca-oreja, pero también utilizan otros canales, como algunas páginas web o anuncios en publicaciones muy locales. Es difícil seguirles la pista, porque a menudo mezclan el realquiler legal con el que funciona al margen de la legalidad. 3. FUENTE EXTRA DE INGRESOS Con todo, lo más frecuente es encontrar personas/familias que, no pudiendo afrontar el pago del alquiler o de la hipoteca por diferentes circunstancias, se ven obligadas a recurrir a alquilar una habitación de su propia vivienda como fuente de ingresos complementaria. En raras ocasiones se practica para obtener ingresos extra sin ser del todo necesario. Se trata, principalmente, de familias en las cuales trabajaban los dos miembros y uno se ha quedado en paro, o bien que tenían ingresos muy inestables y que con la crisis se han quedado sin ellos, o bien otras situaciones como separaciones, divorcios o emancipaciones. En cualquier caso, no funciona como negocio, sino que se trata de una necesidad, una vía de salida para resolver una situación económica muy precaria. Pero las repercusiones de este contexto habitacional van más allá de la forma de tenencia y convivencia por las que optan las 61

63 Con techo y sin hogar personas y las familias, también repercute en el diseño del conjunto del territorio. Los barrios se van habitando por grupos de población en función de los precios que pueden pagar. Cosa que comporta efectos segregadores que pueden acabar creando guetos. Así, las zonas de los cascos antiguos, con edificaciones más antiguas, y las periferias, a menudo con bloques de protección oficial a precios más reducidos, dibujan una circunferencia concéntrica con la población más humilde, ya sea del país o recién llegada. En este sentido, hay que tener en cuenta la presión que el hacinamiento causa sobre los servicios públicos y comunitarios de los barrios. Y también los efectos desestabilizadores que provoca la sustitución de las redes tradicionales por nuevas redes de determinadas nacionalidades, que vienen a fomentar prejuicios que pueden derivar en actitudes xenófobas. 62

64 Capítulo 4 Dimensión social. Características de las personas que viven en techos que no son hogares

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66 Hay una gran bolsa de pobreza escondida a nuestros ojos, son miles las personas que se encuentran viviendo de realquiler en pisos sobreocupados que si se encontraran sin este agujero donde vivir estarían en la calle y, entonces sí, nos daríamos cuenta. El gran reto es hasta cuándo podemos hacer contención. Son miles de personas que se encuentran viviendo así.... Josep M. Bandera. Trabajador Social Hemos visto que el concepto de hogar, además de cumplir unas mínimas condiciones de habitabilidad y de seguridad, está fuertemente vinculado a las necesidades vitales y de desarrollo de la persona. Así pues, las repercusiones de la carencia de vivienda o de la vivienda precaria tienen diferentes grados de incidencia en función de quien las sufre. No es igual una persona sola o una pareja sin hijos que una familia con descendencia. Cuando hay hijos, se opta mayoritariamente por la seguridad de una vivienda de alquiler o propiedad, aunque las dificultades económicas para conseguirlo y mantenerlo se multipliquen. 65

67 Con techo y sin hogar A pesar de esto, hay que destacar que un 21% de las familias con hijos atendidas por Cáritas en 2009 tienen que vivir en habitaciones (compartiendo vivienda). Y que una quinta parte de las familias con hijos sufra esta precariedad hará que la factura social que se deberá pagar de aquí a veinte o treinta años sea enorme. Las familias con criaturas pequeñas intentan que vivir en una habitación sea una medida provisional y luchan para acceder a un piso en el que vivir solos como unidad familiar y construir un hogar. Pero la precariedad hace que esta situación se alargue en el tiempo más allá de su voluntad. Además de la vivienda como espacio de vivencia y convivencia, hay que ver el conglomerado que forman los barrios de nuestros pueblos y ciudades, en cuanto a la incidencia que tienen en el desarrollo personal. Cuesta mucho cambiar la inercia social de los barrios. Como ya hemos apuntado, a menudo los barrios desfavorecidos resultan ser aquellos que ya tenían una población vulnerable en origen. Y suelen sufrir situaciones de fuerte desigualdad: gran concentración de paro, eventualidad, baja cualificación laboral y formativa, etc., que se traducen en un índice elevado de pobreza relativa y absoluta. Además, son barrios en los que la actuación de las administraciones, a pesar del esfuerzo, es todavía insuficiente, y los ciclos marginales de su población se cronifican: jóvenes con fracaso escolar, paro de larga duración, desestructuración familiar... En definitiva, los barrios vulnerables (distressed urban areas) son zonas donde se concentra el desfavorecimiento en las ciudades y se dificulta el desarrollo económico mientras se debilita la 66

68 Dimensión social. Caracteristicas de las personas que viven cohesión social. Y precisamente este es el entorno de las personas y las familias protagonistas de este informe 21. «En España: Se estima que entre un 15% y un 20% de la población de los municipios de más de habitantes vive en barrios desfavorecidos: entre 4 y 5 millones de los 25 millones que viven en ellos. Los cascos históricos acogen a medio millón de habitantes que tienen como característica una población envejecida e importantes carencias en servicios a las viviendas. El alquiler es mayoritario. Las áreas urbanas centrales albergan más de medio millón de habitantes alojados en viviendas posteriores a También se concentran grandes tasas de paro y de fracaso escolar. Las promociones de viviendas unitarias alojan a cerca de un millón de habitantes. En las áreas periféricas también viven cerca de un millón de habitantes en viviendas construidas en los últimos 50 años. Es mayoritaria la propiedad. En todas estas zonas se da una alta tasa de paro, de eventualidad y baja cualificación laboral y de población sin estudios. Félix Arias Goytre, Ciudades para un futuro más sostenible. (2000). 1 PERFILES Los factores de riesgo de exclusión, si se alargan en el tiempo, pueden tener consecuencias muy graves al incrementar el nivel de sufrimiento personal, las dificultades de relación en el seno de 21 Félix Arias Goytre, Ciudades para un futuro más sostenible. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid; Universidad Politécnica de Madrid; Ministerio de Vivienda (Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio),

69 Con techo y sin hogar las familias y su entorno próximo, pero también a nivel social, haciendo crecer el grado de conflictividad y poniendo en peligro la cohesión y la convivencia. relacionamos algunos de los más importantes, desde el punto de vista de Cáritas: Económicos: Carencia de ingresos económicos o ingresos que no pueden hacer frente a los gastos cotidianos de la vivienda o suministros. Por eso recurren a entidades sociales, bancos de alimentos, etc. Esta situación les genera una espiral de deudas muy difícil de romper y que los puede llevar a la exclusión social. Vivienda: Carencia de vivienda o vivienda cada vez más precaria. Va en aumento el impago, que es un atajo de la hipoteca al alquiler, del alquiler al realquiler de habitaciones o a volver a casa de los padres o de los hijos. Aumento del mercado sumergido de la vivienda. Personas que van de ciudad en ciudad cambiando de domicilio, generando una problemática específica derivada de la itinerancia (empadronamiento, escolarización, servicios sanitarios...). Salud: Enfermedades físicas que se agravan, somatizaciones. Salud mental que se deteriora y aumento/cronificación de las adicciones. Relacional: Soledad, carencia de apoyo familiar y social, aislamiento y desvinculación social, debilitación de la red social. Crece el individualismo. 68

70 Dimensión social. Caracteristicas de las personas que viven Conflictos relacionales con la pareja, con los hijos, la vecindad. Roturas familiares: familias inmigradas en que se va un miembro, descendientes que vuelven a casa de los padres, madres que van de internas al servicio doméstico dejando los hijos e hijas con familiares, padres con dependencia que vuelven a casa de los hijos... Dilema del regreso y la angustia de decidir. Desesperanza y salidas desesperadas, perpetración de pequeños delitos (hurtos, agresiones). Carencia de perspectiva de mejora, situación de pura supervivencia que comporta el deterioro de la calidad de vida. Dependencia de los servicios sociales y aumento de las personas que van de entidad en entidad. Trabajo y formación: Aumento de la economía sumergida y aceptación de trabajos por debajo del sueldo estipulado en los convenios colectivos. Reducción de las horas de trabajo en los cangurajes, el servicio doméstico... Largo tiempo en el paro que deriva en desmotivación, carencia de habilidades sociales y laborales. Los niños, adolescentes y jóvenes pierden la motivación por el estudio y decrece la ilusión y la voluntad para esforzarse en nada. Personas que encadenan cursos sin posibilidad de una salida laboral. Personas que se quedan en el paro con más de 50 años y se quedan, también, sin perspectivas de futuro. El paro de larga duración repercutirá en una disminución de la cuantía de las pensiones al jubilarse y, por lo tanto, aumentará el número de personas que sólo podrán cobrar una pensión no contributiva (PNC). 69

71 Con techo y sin hogar Derechos sociales y ciudadanía: Lentitud en la aplicación de la Ley de la Dependencia y en el cobro de prestaciones sociales. Carencia de derechos sociales (situación documental nuevamente irregular). Divergencia en la aplicación del derecho al empadronamiento en los diferentes municipios que afecta sobre todo a las personas inmigradas y a las que están en situación de sin techo. Dentro del conglomerado que forman los barrios, se hace difícil definir un solo perfil de persona que se encuentre en esta situación de precariedad en la vivienda. Hay tantos casos como personas y familias. Lo que sí intentaremos es distinguir las características que tienen en común diferentes colectivos, más allá de las particularidades individuales. Por colectivos: Entre el colectivo propiamente sin techo encontramos según lo que se desprende del último recuento hecho a la ciudad de Barcelona 22 hombres que llevan 2 o 3 años en la calle, mayoritariamente de nacionalidad española a pesar de que un 21% se encuentra en situación administrativa irregular, con enfermedades orgánicas y mentales sin tratar, adicciones, sin ingresos o con ingresos mínimos. Según este estudio, se encuentran repartidos, especialmente, entre los barrios del Eixample y Ciutat Vella. A pesar de que el fenómeno de camas calientes ya no es tan frecuente porque hay muy poca población inmigrante recién lle- 22 Pedro Cabrera, M. José Rubio i Jaume Blasco, Quién duerme en la calle? Una investigación social y ciudadana sobre las personas sin techo. Fundación Caixa Catalunya. Barcelona,

72 Dimensión social. Caracteristicas de las personas que viven gada, todavía hay una parte de extranjeros indocumentados que tienen que acogerse a este régimen de tenencia, sobre todo subsaharianos. Estos colectivos también optan por la okupación, en un porcentaje igualmente residual. Estos pisos se encuentran mayoritariamente en los cascos antiguos de los pueblos y ciudades, donde hay una concentración elevada de pisos viejos, en malas condiciones de habitabilidad y pendientes de reformas. En general, viven en habitaciones de realquiler personas extranjeras en situación irregular, que no son recién llegadas (llevan entre uno y tres años en nuestro país), normalmente hombres solos, pero ahora también hay muchas madres solas con hijos e hijas. Son, sobre todo, de procedencia latinoamericana. Últimamente, sobre todo debido a la crisis económica, también hay personas españolas en esta situación. Normalmente, por las características urbanísticas que requiere, este fenómeno se da en barrios de construcción relativamente reciente. Entre el colectivo africano (principalmente de subsaharianos) predomina la acogida, a pesar de que con la crisis económica se les presiona para que hagan aportaciones económicas al grupo. Ahora también se da este modelo con familias españolas que circunstancialmente se encuentran en situación de necesidad (jóvenes que no se pueden emancipar a pesar de que trabajan y siguen en casa de los padres; hijos que habían creado su nido, pero que con el paro tienen que volver al de los padres; personas ancianas que tienen que vivir en casa de los hijos porque no tienen plaza en residencias públicas y no pueden pagar una privada...). Las familias magrebíes optan mayoritariamente por alquilar un piso propio o, en caso de necesidad, por compartir vivienda con la familia extensa. Los barrios de más alta densidad de población de esta procedencia son, también, los barrios viejos. 71

73 Con techo y sin hogar 2. LOS PERFILES EN DATOS Como la acción social de Cáritas se desarrolla en las diócesis de Barcelona (Barcelona ciudad, L Hospitalet, Cornellà, Sant Adrià, Badalona, Santa Coloma de Gramenet y todo el Maresme hasta Mataró), Sant Feliu de Llobregat (Baix Llobregat, Garraf, Alt Penedès y una parte de la Anoia, el Bages y el Vallès Occidental) y Terrassa (Vallès Oriental y una parte del Vallès Occidental), se detectan diferencias según el territorio, y también porque Barcelona ciudad tiene entidad propia, como capital catalana, a la hora de determinar perfiles en cuestiones de vivienda. 72

74 Dimensión social. Caracteristicas de las personas que viven De las personas atendidas por Cáritas en 2009, el 34% del total vive en habitaciones de realquiler. Cifra que sube hasta el 97% en el caso de las personas nuevas. Centrándonos en este colectivo de personas que viven en habitaciones de realquiler, presentamos a continuación algunas de las características: El 21% son parejas con hijos. El 31% está en situación administrativa irregular. Provienen, sobre todo, de América Central y del Sur (35%). El 47% no tiene ingresos. Respecto a la situación laboral, el índice de paro es elevadísimo en las tres diócesis, acercándose al 60%. En cambio, la población que trabaja ronda el 20%. La mitad trabaja de forma regularizada y la otra mitad lo hace en la economía sumergida. En conclusión, podemos decir que cuando hay hijos, ya se trate en el seno de una familia nuclear o monomarental, la tendencia es la de buscar el máximo bienestar de las criaturas y, siempre que es posible, se opta por el alquiler. Pero cuando esto no es posible, hay que atribuirlo a la precariedad económica, ligada a la carencia de trabajo, la extrema precariedad laboral o a una situación administrativa irregular. También hay que destacar que Barcelona y su área metropolitana siguen siendo los puntos de llegada de la inmigración, aunque ya no de una manera tan destacada como años atrás. 73

75 Esto hace que las situaciones más duras se den en esta diócesis. Se concentra en mayor medida tanto el mercado negro de trabajo como el mercado negro de la vivienda El realquiler crece 6 puntos en las personas atendidas por primera vez 31% 42% Nuevas Total % 36% 11% 17% 10 14% 13% 0 Alquiler Realquiler Propiedad Proyecto/ Institución

76 Capítulo 5 Efectos de una vivienda precaria sobre la vida de las personas

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78 Tener que cambiar constantemente de piso y de barrio, y hasta de pueblo, o no contar con unos criterios unificados sobre el empadronamiento, por ejemplo, no sólo suponen trabas en la vida cotidiana, sino que pueden ser la frontera entre escolarizar a los hijos y recibir atención médica ordinaria o quedar fuera. Hay que considerar, además, que estar solo, vivir en la calle o tener la familia a miles de kilómetros son factores estresantes. Pero también lo son no tener trabajo, no tener dinero, compartir piso con personas extrañas o no estar seguro de con quién dejas a tus hijos cuando estás solo y tienes que salir a buscar trabajo. Todas estas situaciones no sólo pueden repercutir directamente en la salud mental, sino que también pueden acabar produciendo enfermedades orgánicas, por ejemplo por una malnutrición o por no dormir bien. No es la primera vez que hablamos de ello. En el año 2007, en Navidad, Cáritas Diocesana de Barcelona hizo público el informe Vidas rotas. Pobreza y salud precaria: Una visión desde Cáritas 23, en el cual ya 23 Anna Jolonch, Vidas rotas. Pobreza y Salud precaria: Una visión desde Cáritas. Cáritas Diocesana de Barcelona

79 Con techo y sin hogar se ponía sobre la mesa cómo la precariedad económica afecta directamente al estado de salud de las personas y cómo el acceso a la salud es otro de los factores de exclusión social. Por eso, en este capítulo intentaremos, a través de la voz de los y de las profesionales de Cáritas, ver cuáles son los factores con las consecuencias más importantes para intentar ponerles remedio. 1. EL PAPEL CRUCIAL DEL EMPADRONAMIENTO padrón* 1 m. Nómina de los vecinos o moradores de un pueblo. (*) Diccionario de la RAE. El debate sobre el empadronamiento de los extranjeros se ha reabierto recientemente debido a la voluntad de algunos ayuntamientos de nuestro país de no empadronar a aquellas personas inmigradas que no tengan residencia legal, una posición que la Abogacía del Estado se ha encargado de reconducir en un breve comunicado en el cual dice de forma clara que el empadronamiento se tiene que realizar a todo el mundo, tenga o no papeles, y que con el pasaporte basta 24. Así, cualquier persona que viva en el país debería poder estar empadronada. Pero esto no se da, aunque ya exista el derecho. 24 Comunicado Conclusiones de la Abogacía del Estado sobre la petición del Ayuntamiento de Vic. Ministerio de Justicia. 20 de enero de

80 Efectos de una vivienda precaria sobre la vida de las personas Más allá de posicionamientos políticos, una decisión como esta puede conllevar una vulneración de los derechos fundamentales de las personas (no sólo de las inmigradas), puesto que estamos en un país donde tanto el derecho a la sanidad como a la educación y a los servicios sociales son universales. El único requisito es contar con residencia (legal o no) en el territorio. Y la forma de poder demostrar que se vive aquí es el empadronamiento. No estar empadronado puede comportar que los hijos no tengan plaza en la escuela o que no se garantice la atención sanitaria más allá de las urgencias (no se puede tener un médico de familia, ni un seguimiento especializado, ni el descuento en los medicamentos) o que no se pueda disfrutar de una prestación social. Por eso, cualquier persona que viva en el país tendría que poder estar empadronada. Pero este hecho no se da, a pesar de que el derecho existe. Los ayuntamientos, órganos encargados de formalizar el empadronamiento, no tienen unas normas uniformes para realizar el trámite. Unos tienen una lista para personas sin domicilio, otros no aceptan más de un determinado número de personas por dirección, todavía hay otros que piden un tiempo mínimo de residencia para poder disfrutar de los derechos, por citar algunas limitaciones impuestas por los entes municipales. La arbitrariedad en la aplicación de este trámite administrativo da origen a múltiples perversiones que afectan de lleno a la vida de las personas que no disponen de una vivienda propia, sino que viven de formas precarias. De este modo, estar o no empadronado puede marcar la diferencia entre la verdadera integración o la exclusión social. Además, algunos municipios han atribuido al empadronamiento la existencia de pisos patera. Y esto no es exactamente así. 79

81 Con techo y sin hogar Como vemos en este informe, demasiadas veces las personas tienen que recurrir a empadronarse donde sea, donde las dejen, para poder tener los beneficios de este estatus administrativo. Así, el control de ocupación de las viviendas no tiene que pasar sólo por el empadronamiento, puesto que puede dar una visión sesgada de la realidad. Pero es que al otro lado de la balanza encontramos que el empadronamiento también es una herramienta importante para los propios ayuntamientos. Saber el número exacto de personas que viven en el municipio puede ser la puerta de entrada de más dinero para destinar a infraestructuras y servicios, después de que haya estallado la burbuja inmobiliaria principal fuente de ingresos de los ayuntamientos durante muchos años. Esto que algunos ayuntamientos viven como una barrera, hay que verlo como una oportunidad para conseguir mayor transparencia y mejor gestión en la aplicación de las políticas municipales. Con el empadronamiento, también se da el caso de que, como muchas ayudas se conceden según los ingresos de todas las personas que viven en el mismo domicilio (unidad de convivencia), muchas personas no dejan que los realquilados se empadronen por miedo a perder las prestaciones. Al mismo tiempo, las que no se pueden empadronar no pueden acceder a ninguna ayuda. También está el factor miedo que lleva a no empadronarse: como puede venir la guardia urbana al domicilio para controlar que realmente se vive allí y puede pedir la documentación, se opta por no empadronarse. Montserrat Garcia. Trabajadora social. Las Cáritas parroquiales a veces tienen que facilitar el empadronamiento, sin ser un servicio abierto; igual que los recursos de larga estancia de la diocesana. [Las personas] a veces tienen que pagar para poderse empadronar [en el piso donde viven]. Miquel Aiguadé. Trabajador social. 80

82 Efectos de una vivienda precaria sobre la vida de las personas Nació un niño de una pareja y no lo dejaron empadronar en su casa porque ya había diez personas, y lo tuvimos que empadronar en el Xiprer. Ahora se empadronan donde pueden para poder tener la tarjeta sanitaria... El Ayuntamiento de Granollers no tiene una dirección donde empadronar a las personas que no tienen domicilio.... Mercè Relats. Trabajadora social. Otro factor clave es la movilidad. Cuando hay niños de por medio, es muy mala. Nos hemos encontrado casos de que en un año se han cambiado cuatro veces de piso y el niño cuatro veces de escuela... En Barcelona, como se pueden empadronar sin dirección, no tienen demasiados problemas de acceso a la escuela. Y una vez han entrado en la escuela, nadie comprueba si han cambiado de domicilio. Sara Jané. Trabajadora social. 2. CONVIVIR CON GENTE DESCONOCIDA La convivencia, por sí misma, puede ser una fuente de conflictos. Pensamos en los matrimonios, las familias, los estudiantes universitarios que comparten piso mientras hacen la carrera... Todas las formas de convivencia tienen sus particularidades y sus altibajos. Pero la diferencia con las situaciones que planteamos en este informe la marca la voluntad: las parejas, las familias y los pisos de estudiantes son formas de compartir queridas, elegidas; en cambio, vivir en una habitación realquilada, compartir piso con compatriotas o estar en la calle son la única opción posible, por lo tanto son una necesidad. Las familias (matrimonio e hijos) tienen una distribución jerárquica de roles, pero mantienen una relación de confianza que iguala los derechos de sus miembros. Las familias que comparten con otras familias tienen que mantener este esquema interno, 81

83 Con techo y sin hogar pero al mismo tiempo tienen que establecer otro rol paralelo con las personas con quienes conviven, que a menudo resulta difícil porque no se da esa relación de confianza entre los diferentes núcleos, creando tensiones. Muchas veces, esta desconfianza se lleva al límite, por ejemplo, cerrando con candado la habitación porque se teme por los objetos personales y, a veces, también, por la integridad física. Muchas de las personas que han aportado su voz a este informe han expresado la violencia de sentir que alguien ha entrado en su habitación, sin echar nada en falta, pero sintiendo cómo se ha violado su intimidad. Otro caso que hay que mencionar es el de las embarazadas, que a menudo tienen que convivir con hombres que no tienen ni la formación ni la sensibilidad para entender sus necesidades específicas. Por otro lado, la vida cotidiana también genera tensiones que derivan en conflictos a veces graves : la limpieza, la utilización de los servicios comunes (cocina y baño, nevera, lavadora...), las relaciones personales entre miembros de las diferentes unidades de convivencia (simpatías o antipatías personales), diferentes formas de comunicarse o las diferencias culturales. A todo esto hay que añadir la gran movilidad que se da, sobre todo para buscar precios más asequibles, pero también debido a los problemas de convivencia. Es un pescado que se muerde la cola: la mala convivencia obliga a la movilidad y la movilidad, al no permitir establecer relaciones duraderas, crea conflictos y más movilidad. A pesar de todo, no siempre las relaciones derivan en problemas de convivencia. También hay personas que saben encontrar la parte positiva de las situaciones malas y crean redes de apoyo mutuo que les hacen la vida algo más fácil: comparten gastos o servicios o se ayudan con los hijos, por ejemplo. 82

84 Efectos de una vivienda precaria sobre la vida de las personas Hay mucha movilidad. Lo que prima es el precio, así que todo gira en torno a la economía y repercute, evidentemente, en las relaciones que se establecen, en la escolarización de los niños y, también, en la atención sanitaria. El sentimiento de cómo lo viven queda más al margen. Dolores Ibáñez. Educadora social. Vivo con mi esposa y mi bebé, que llora y mete bulla. Los vecinos creían que le pegaba y les dije, bajen y vean... En el piso somos cinco contando a mi bebé. Una señora y otro inquilino más. La señora lo tiene alquilado. Voy para tres años aquí. Me falta una oferta. Luis (Ecuador). Usuario de Cáritas. Entrar en un piso de estos es una lotería, porque no sabes con quién tendrás que convivir. Y también por la precariedad económica, porque si no puedes pagar te echan. A veces tienen que convivir con gente que es alcohólica o drogadicta. Sílvia Sancho. Trabajadora social. 3. VIVIR HACINADOS He llegado a un piso en el que vivíamos 17 personas. He estado viviendo allí casi dos años y medio. Tenían que pasar por mi habitación para ir al baño. Había otro baño, pero el mío lo tenía que compartir. Era un piso alquilado por una boliviana a un español. Nos cobraban 300 o 370 euros, en principio con gastos incluidos, pero después salió que el butano era aparte.... Juan Carlos (Bolivia). Usuario de Cáritas. Una de las situaciones que más incidencia tiene en la vida de las personas que no pueden disponer de una vivienda propia es el 83

85 Con techo y sin hogar hacinamiento. La carencia de espacio puede provocar problemas de salubridad (falta de limpieza y mantenimiento de los edificios, viviendas que no disponen de la cédula de habitabilidad, bajos, balcones, habitaciones de contadores, trasteros...). Y también hay otras consecuencias más de tipo social, cuando se agravan problemas en estado latente: alcoholismo, discusiones, maltratos, conflictos de rol... que conducen a situaciones límite difíciles de gestionar. Además, el urbanismo y la arquitectura son muy diferentes en los países de origen de las personas inmigradas. Normalmente están acostumbrados a espacios más grandes o con más terreno para correr. Esto hace que vivir aquí todavía sea más difícil. Yo he entrado a hurtadillas en alguno [piso de realquiler]. He podido ver colchones apilados en el pasillo, en el comedor, puertas con candados. En la habitación de esta familia había una cama de matrimonio, un mueble de cajones, una tele enorme y una litera con tres camas. Esto en una habitación de dos o tres metros cuadrados. La sensación de amontonamiento era enorme: pilas de ropa encima de la cama, en un rincón, cajas, bolsas, comida en los cajones... Es muy difícil el tema de la limpieza, más allá de cada habitación. Anna Falcón. Trabajadora social. Cuanta más gente hay alquilada en un piso, más problemas de convivencia se dan, no sólo en el propio piso, sino también con la comunidad. Maria Fernández. Trabajadora social. Estamos en un estado de nerviosismo en que entre familiares se disparan las situaciones de agresividad... Tener una situación económica que te lleva a vivir así genera este estado de frustración, de angustia. Amèlia de Juan. Trabajadora social. 84

86 Efectos de una vivienda precaria sobre la vida de las personas El consumo de alcohol acaba en conflictos entre ellos y con el resto de personas con quienes comparten piso. A menudo hay peleas que acaban en violencia. Isabel Aleixandre. Trabajadora social. Hay muchos suramericanos que estaban en una habitación, ahora han reagrupado y siguen en la misma habitación, pero ahora son cuatro. Esto pasa mucho. Mercè Relats. Trabajadora social Cuando el marido bebe, es horrible. Beben bastante. Entonces es cuando vienen los malos tratos. En algún caso, en habitaciones realquiladas, nos hemos encontrado que cuando el marido llega muy bebido, pega a la mujer y luego la deja encerrada y sin poder llamar por teléfono siquiera. Y cuando nota que en el Baobab la mujer encuentra refuerzo, no la deja venir. Hemos tenido que acabar denunciando. Pasas mucha angustia... Porque además a ver cómo lo gestionas para que el marido no se dé cuenta y acabe siendo peor.... Antonia Cubero. Coordinadora del Servicio de Ayuda a Domicilio. 4. PERDER LA MEMORIA A TROCITOS Familia de Honduras. Pareja y una hija de 3 años. Hace dos años que llegaron. Siempre han vivido en habitaciones de realquiler: [El marido] Cuando vinimos un primo nos tenía una habitación creo que el propietario era de Ecuador... Siempre mudándonos de habitación en habitación porque la gente está medio trastornada... Enseguida le salen con cualquier cosa a uno y una vez tuvimos que salir huyendo de la habitación porque a uno lo quieren pegar. Y uno no puede decirle nada a nadie.... [La mujer:] Al mes recién pasado nos fuimos a vivir con un pakistaní y cuando eran las doce de la noche, nosotros estábamos en la habitación acostados, y llamando a la puerta decía: Quiero que se me vayan ya, que se larguen ya de mi piso ahora mismo. Nosotros habíamos pagado el mes y quería que nos fuéramos para meter a otra gente... Yo le dije: Mañana hablo con usted, hoy no. Y ya a la mañana siguiente, cuando quise hablar con él, él no quiso saber nada, sólo dijo Lárguense de aquí. Nerivaldo y Karla. Participantes en un curso de trabajo doméstico. 85

87 Con techo y sin hogar Ya hemos dicho que una de las principales características de esta forma de vivir es la movilidad, sobre todo por causas económicas, pero también huyendo de los problemas de convivencia. Así, las personas y las familias van cambiando de habitación buscando precios más adecuados a su capacidad adquisitiva, pero también un entorno más adecuado, sobre todo cuando hay descendencia. Es evidente que en este periplo cuantas menos pertenencias se tengan, más rápido se puede hacer la mudanza. Y tener pocos objetos personales también es la única manera de poder disfrutar de más espacio. Pero esto hace que el lugar donde se vive sea cada vez más impersonal, más alejado de lo que denominamos UN HOGAR. Por otro lado, esta movilidad forzada hace que muchos de los objetos personales se vayan quedando por el camino. Algunas familias explican que han tenido que salir en plena noche del piso porque les han echado sin poder coger sus cosas y sin tener dónde ir. Otros quisieron hacer dos viajes en la mudanza y, en el segundo, ya había otras personas ocupando su lugar. 5. SITUACIÓN DE SIN TECHO, UN CASO EXTREMO Estar en la calle lo hace todo mucho más complicado. He visto personas que están en la calle que son capaces de tener un orden impresionante: un amigo me guarda la ropa aquí, voy a comer allá... El esfuerzo es considerable. Vas con sueño, porque de buena mañana ya tienes que rondar... Todo es mucho más pesado. Anna Falcón. Trabajadora social. En el último peldaño de esta cadena de vulnerabilidad y exclusión encontramos a las personas que viven en situación de sin techo, es decir, las que se ven forzadas a malvivir en la calle. 86

88 Efectos de una vivienda precaria sobre la vida de las personas Son personas que han perdido su red familiar y social. También, personas en situación irregular, que no son recién llegadas (llevan entre un año y dos en el país), que han ido malviviendo de entidades, ONG, ahora aquí, ahora allá... Ahora, a raíz de la crisis, se ha detectado que hay un perfil de personas que han perdido el trabajo, que podrían renovar el permiso, pero que no pueden por la situación laboral. Muchas priorizan seguir enviando dinero a la familia que se ha quedado en el país de origen antes que dedicarlo a su propio techo. Para estas personas la vida cotidiana puede resultar muy complicada. Desde cosas tan básicas como comer, ir al lavabo, lavarse o cambiarse de ropa hasta otras también habituales como guardar las pertenencias (ropa, enseres de higiene personal, libros, etc.) o ir al médico comportan grandes dificultades. 87

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90 Capítulo 6 Efectos sobre la salud. Vivir en precario perjudica (y mucho) la salud

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92 Lo que más nos cuesta es la parte médica. La parte burocrática, bueno, con poco está hecho. Pero en la parte médica nos estamos dando cuenta de que tienen enfermedades que se alargan mucho, no sabíamos por qué y al final, cuando interviene la trabajadora familiar, se da cuenta de que el médico y el usuario no se están entendiendo. Antonia Cubero. Coordinadora del Servicio de Ayuda a Domicilio Por eso, tan importante como que el médico acierte con el diagnóstico y el tratamiento es que la persona lo entienda y pueda seguirlo correctamente. Y este punto para personas que viven en condiciones de gran precariedad y que parten de unos códigos culturales y hasta de unos idiomas muy diferentes de los nuestros todavía es más difícil de conseguir. Cosas tan sencillas como llegar a la hora a una cita médica, reprogramar una prueba, entender un diagnóstico o un tratamiento pueden ser decisivas para que la persona consiga mejorar su estado de salud. 91

93 Con techo y sin hogar En este sentido es muy importante el papel de una figura de nueva implantación como es la mediadora sanitaria o, en el caso de Cáritas, el de las trabajadoras familiares que hacen el acompañamiento a las familias a domicilio, y que tienen entre sus funciones el seguimiento médico. Yo me encuentro con mucha gente que ha enfermado, y yo sólo veo la posibilidad de que sean somatizaciones: obesidad, diabetes, piedras en la vesícula.... Alex Pérez. Trabajador social. Se hace patente que estas formas de vivir en precario tienen repercusiones sobre la salud de las personas que las sufren. Sólo hay que tener en cuenta, por ejemplo, la relación directa que se establece entre el hacinamiento y el índice de mortalidad. José Luis Oyón establecía ya, en su estudio Barcelona 1930: un atlas social 25, que en aquella época vivir más de ocho personas en una vivienda suponía un índice de mortalidad del 6,02%, cuando el índice para una ocupación de una a tres personas en el mismo espacio era del 4,28%, es decir, casi aumentaba en dos puntos. A través de la experiencia de Cáritas, detectamos que hay una relación directa entre el índice de ocupación de una vivienda y determinadas enfermedades relacionadas con la higiene y la salubridad, la humedad y la carencia de ventilación, como la tuberculosis y otras enfermedades respiratorias, como el asma o la bronquitis, o infecciones causadas por el contacto con chinches, pulgas, escarabajos o ratas. Y otras más relacionadas con los hábitos alimentarios: problemas de estómago, desajustes intestinales, problemas en el crecimiento, carencia de vitaminas y proteínas, sobrepeso y obesidad. Problemas que, a la vez, pueden ser los causantes de otros males, como los trastornos músculo esqueléticos, la hipertensión o la diabetes. 25 Opus cit. 92

94 Efectos sobre la salud. Vivir en precario perjudica (y mucho) la salud Por no hablar de las personas que ya tienen alguna enfermedad y a las que les es muy complicado seguir el régimen de visitas médicas o el tratamiento. Enfermedad Titulados superiores y/o directivos Trabajadores no cualificados Hipertensión 14% 23% Infarto 1% 1% Otras dolencias del corazón 3% 5% Varices 11% 19% Artrosis, artritis o reumatismo 14% 27% Dolor de espalda crónico (cervical) 18% 25% Dolor de espalda crónico (lumbar) 18% 26% Asma 3% 5% Bronquitis crónica 2% 6% Diabetes 3% 8% Úlcera de estómago o duodeno 2% 4% Colesterol alto 12% 14% Depresión, ansiedad y otros trastornos mentales 9% 16% Migraña o dolor de cabeza frecuente 12% 16% Osteoporosis 4% 5% Anemia 4% 5% Fuente: Encuesta Nacional de Salud Ministerio de Sanidad y Salud. 93

95 Con techo y sin hogar Ya hemos expuesto repetidamente el hecho de que la pobreza es un factor de riesgo muy importante para la salud. Aquí lo hemos querido ilustrar con una gráfica que muestra una diferencia media de casi cinco puntos entre los índices de las clases más bien posicionadas respecto a las clases con profesiones peor remuneradas, una distancia bastante importante para darse cuenta de la magnitud de las consecuencias. Si los efectos son tan importantes cuando se tiene un techo, no nos podemos ni imaginar cómo afecta vivir en la calle, a la intemperie, durmiendo en el suelo, pasando el día sentados en un banco y teniendo que andar de una punta a la otra de la ciudad para comer, vestirse o dormir en un albergue. Un estudio reciente publicado por la Fundación Bofill 26, y elaborado a partir de una encuesta realizada a una muestra de más de 600 personas (de un total aproximado de 1.800), establece que apenas una cuarta parte de las personas en situación de sin hogar no presentaba ninguna enfermedad crónica, principalmente en el caso de las mujeres. Las enfermedades más frecuentes descritas en este estudio son, por orden de importancia: las músculo esqueléticas, seguidas por las cardiovasculares, en tercer lugar las enfermedades mentales y, en último lugar, los trastornos derivados de las toxicomanías. En esta población también hay que destacar un elevado número de accidentes, que les provoca a menudo limitaciones en actividades cotidianas. A todo esto hay que añadir que, por su naturaleza, cuesta mucho que estas personas sigan un régimen de visitas médicas o un tratamiento con regularidad. Pero no hay que atribuirlo sólo a su 26 Joan Uribe y Sara Alonso, Les persones en situació de sense llar a Barcelona: perfils, estat de salut i atenció sanitària. Fundació Bofill. Barcelona,

96 Efectos sobre la salud. Vivir en precario perjudica (y mucho) la salud forma de vivir, sino también a una red sanitaria que no se adapta a sus necesidades, cosa que provoca desigualdad en el acceso a los servicios sanitarios. Ahora bien, si hay un tipo de trastornos que pueden ser representativos en las personas que viven en techos que no son hogar, estos son los trastornos mentales 27. El bloqueo emocional está, y el trabajo para poder desbloquear estas situaciones es muy largo y muy duro. No es venir-demanda-gestión y fuera. Hay una gran inversión de horas para darles el apoyo personal que necesitan. Cáritas hace mucho, pero no puede hacer todo lo que se necesita. Josep M. Bandera. Trabajador social. Por un lado, hay que recordar la gran presión a la cual están sometidas estas personas, por el hecho de no tener ingresos pero sí gastos fijos (pagar la habitación, enviar dinero al país, la alimentación, etc.), por la necesidad de velar por unos hijos que tienen condiciones inadecuadas para su desarrollo, por el miedo de convivir con personas extrañas... En la mayoría de casos están sometidas a unos factores de riesgo inespecíficos, los familiares: monomarentalidad, desavenencias conyugales, hacinamiento, uso de drogas, trastornos mentales sin tratar... Y, también, a otros factores de riesgo relacionados 27 Los ministros de Sanidad de la Unión Europea reunidos en la Conferencia Ministerial de la OMS para la Salud Mental, celebrada en Helsinki en enero de 2005, reconocieron en un Manifiesto el hecho de que la salud mental y el bienestar mental son fundamentales para la calidad y la productividad de las personas, las familias, la comunidad y las naciones, permitiéndoles el desarrollo de una vida plena y ser ciudadanos activos y creativos. Así mismo, reconocieron que la promoción de la salud mental, y la prevención, el tratamiento, el cuidado y la rehabilitación de los problemas de salud mental son una prioridad para la OMS y sus Estados miembros. 95

97 Con techo y sin hogar con la comunidad: exclusión y disgregación sociales, escolaridad inadecuada o interrumpida, carencia de solidaridad social, etc 28. Combinados, estos factores son una bomba para la salud mental, sobre todo cuando se viven con la desesperanza de que nada ni nadie los podrá superar o cambiar 29. El equipo de psicólogas del Programa de Salud Mental (PSM) de Cáritas nos advierte de que vivir en estas situaciones no tiene por qué generar, por sí solo, ninguna enfermedad mental, pero sí que es un factor estresante que puede llevar a depresiones y somatizaciones diversas. Es decir, que vivir en condiciones de infravivienda ayuda a desencadenar patologías relacionadas, sobre todo, con el estrés y la angustia, dependiendo de las personas. No se puede decir esto es causa de, pero sí que toda aquella dolencia que te puedas imaginar se potencia: bebe más, pega más, grita más... Tú llegas a tu casa y te relajas, ellos llegan a casa y entran en tensión. Es insalubre a nivel físico y mental. Lourdes Mantilla. Psicóloga. En este sentido, es muy importante todo el trabajo de acompañamiento y asesoramiento para contener y elaborar situaciones para que no lleguen a degenerar en enfermedades de muy difícil tratamiento. Además, como recuerda el doctor Jorge L. Tizón, una red social activa, una conciencia de solidaridad y camaradería, unas metas sociales compartidas por las cuales luchar pueden tener más trascendencia para la salud pública que legiones de médicos, sanitaristas y planes sanitarios Jorge L. Tizón, Salud mental, ciudades y urbanismo: 1. Sobre psicosomática y psicodinámica de la vida urbana. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, vol. XXVI, núm Idem. 30 M. G. Marmot and R. G. Wilkinson, Social determinants of health. Oxford University Press. New York, En Jorge L. Tizón, Salud mental, ciudades y urbanismo: 1. Sobre psicosomática y psicodinámica de la vida urbana. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, vol. XXVI, núm

98 Efectos sobre la salud. Vivir en precario perjudica (y mucho) la salud En cuanto a las personas en situación de sin techo, las que sufren la morbilidad 31 mental son las que más se medican de este colectivo cuando lo hace, puesto que la mayoría sufre trastornos mentales severos y patologías duales (toxicomanías y patologías mentales). Conviene no olvidar que su principal preocupación es la violencia a la cual se ven sometidas (robos, palizas) de una manera casi impune. Y vivir bajo esta amenaza puede evolucionar en algún tipo de trastorno mental o empeorar el ya existente. En este apartado que dedicamos a la salud mental, hay que hacer una mención especial al colectivo de personas extranjeras, puesto que gran parte de la población que se atiende desde Cáritas en situación de gran precariedad habitacional, como hemos visto, es de procedencia extranjera, y como tal es más vulnerable a sufrir trastornos. Tienen un perfil que las hace especialmente candidatas a sufrir el llamado síndrome de Ulises 32. Según el doctor Joseba Atxotegi inventor del concepto hay una relación directa e inequívoca entre el grado de estrés límite que viven los inmigrantes y la aparición de síntomas psicopatológicos. Así, el síndrome de Ulises se caracteriza, por un lado, porque la persona sufre unos determinados estresores o lutos y, por la otra, porque aparecen un amplio conjunto de síntomas psíquicos y somáticos que se enmarcan en el área de la salud mental. 31 Según el Diccionario del Enciclopèdia Catalana, morbilidad es tanto el estado de enfermedad como la cantidad de personas de un grupo o de una población que están afectadas por una cierta enfermedad. (N. de R.). 32 Descrito por primera vez como tal por el doctor Joseba Atxotegi, director del Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a inmigrantes y refugiados del Hospital Sant Pere Claver en Joseba Atxotegi, El Síndrome de Ulises. El síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple. Conferencia dirigida al ateneo Hika. Bilbao,

99 Con techo y sin hogar Se entiende por estrés el desequilibrio entre las demandas del entorno y la capacidad de cada individuo para dar respuesta; y por luto, el proceso de adaptación y reorganización de cada persona a la pérdida de algo que le es significativo. De este modo, se puede decir que el luto es un estrés intenso y que perdura en el tiempo. Según el estudio de Atxotegi, hay siete lutos: la familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y los riesgos para la integridad física. Son lutos que se dan en mayor o menor grado en cualquier proceso migratorio, pero que se viven de distinta forma según las condiciones sean las adecuadas o extremas. El síndrome de Ulises se daría en la situación más extrema: cuando se deja atrás la familia, sobre todo cuando hay criaturas pequeñas y familiares mayores o enfermos, y no hay la posibilidad de volver ni siquiera para visitarlos o de poder ayudarlos. Es evidente, pues, que las personas atendidas por Cáritas que son protagonistas de este informe son candidatas, desgraciadamente, a sufrir este síndrome debido a múltiples factores: soledad, al dejar a la fuerza a la familia y a los amigos en el país de origen. El fracaso del proyecto migratorio, que en soledad es mucho peor. La lucha por la supervivencia, e incluso por la alimentación. También la vivienda la infravivienda es un estresor muy importante. Y, por último, el miedo vivido durante el viaje migratorio (pateras, bajos de camiones, controles aduaneros...), pero también la que genera vivir constantemente al margen de la legalidad. Un miedo que sobre todo en niños impide reaccionar ante estresores futuros. 98

100 Capítulo 7 El impacto en la vida de menores y adolescentes. Una huella indeleble

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102 En la formación de la personalidad, los tres primeros años de vida son esenciales. Vivir en estas condiciones tan adversas puede comportar muchos problemas que arrastrarán a lo largo de toda la vida: carencia de control de impulsos, agresividad, dificultades de relación, dificultad de separación de la madre... No se puede decir que todo sea culpa de vivir en una habitación, pero condiciona mucho. Montse Torres. Psicóloga. La vida es muy dura aquí, y más si tienes un niño, porque tienes que velar mucho más por él, tienes que aguantar cosas, no es de color de rosa vivir aquí con un niño... Tenemos muchos problemas porque no tienes dónde apoyarte, quién lo cuide, vivir cómodamente.... Daniela (Bolivia). Usuaria de Cáritas. Ya conoce mi niño la puerta... Empieza a mirar a la puerta... Lo pones al coche y se piensa que vas a salir y empieza a brincotear y a pedir.... Andrea (Bolivia). Usuaria de Cáritas. Hasta ahora hemos hablado de las consecuencias que tiene o puede tener vivir en techos que no son hogares en las personas adultas. Son situaciones difíciles, que una persona adulta puede digerir con dificultad, pero con mucha voluntad. 101

103 Con techo y sin hogar No pasa lo mismo en los niños o los adolescentes. Por un lado, por la edad, no tienen la capacidad de entender las diferentes situaciones que se les plantean y, por la otra, aquello que vivan en la infancia seguramente les acompañará el resto de su vida. Por eso es tan importante velar por su bienestar y su seguridad. Por este motivo son una prioridad para Cáritas. Los padres a menudo son plenamente conscientes de este impacto, y sufren también por esta causa. Pero en otras ocasiones, por la sobrecarga que soportan, les pasa desapercibido o lo consideran un mal menor, según el momento. 1. FALTA DE ESPACIO VITAL PARA EL CRECIMIENTO Tener que vivir en espacios tan reducidos impide un adecuado desarrollo psicomotriz. A menudo los bebés no pueden ni gatear. Pero, además, como no tienen un espacio propio ni siquiera para el juego, lo tienen que compartir con los adultos. Así, muchas veces los niños se tienen que quedar en el cochecito o en la cuna, sin poderse mover. Frecuentemente, las familias tienen que estar en la calle la mayor parte del día porque no les permiten quedarse en la habitación si el bebé llora o para que no haga ruido cuando juega. Esta carencia de espacio también conlleva hábitos poco recomendables, como compartir el dormitorio con los adultos. En el caso de adolescentes, no tienen un espacio diferenciado donde hacer los deberes o empezar a trabajar sus parcelas de intimidad, cosa que les lleva a hacer los deberes encima de la cama o en el suelo, a ir flojos en la escuela, a avergonzarse por tener que ir siempre a casa de los amigos y no poder traer a nadie a casa o a hacer mucha vida en la calle. 102

104 El impacto en la vida de menores y adolescentes. Una huella indeleble En general, estas situaciones dificultan el aprendizaje de pequeños y adolescentes. No tienen un espacio donde estudiar o hacer los deberes, no disponen de ordenador y, si no están acostumbrados a utilizar otros recursos como las bibliotecas o los centros abiertos, tienen muchas dificultades para seguir el ritmo normal de la escuela o el instituto. Por ejemplo, tuve una mujer portuguesa, con documentación comunitaria, que se había marchado de su país de origen porque su pareja la maltrataba y que me explicaba lo que era compartir con hombres... Venía con sus dos niños, una niña de 5 años y un chiquillo de y me decía: Tú no sabes lo que es ir al lavabo. Cada vez que la niña tiene que ir al lavabo, yo tengo que limpiarlo, porque es.... Y por un momento te lo imaginas... Te imaginas la película a medida que te lo explican.... Mercè Relats. Trabajadora social. 2. DINÁMICAS INADECUADAS Vivir en espacios tan reducidos implica, también, que los adultos y los niños interactúen de formas poco adecuadas. Los más pequeños están sobreexpuestos a dinámicas de la vida adulta para las cuales todavía no están preparados, no son lo bastante maduros. Ya hemos mencionado el hecho de compartir dormitorio, pero muchas veces estos niños se ven obligados a compartir la cama con sus padres, y, además, a menudo los más pequeños están presentes mientras los padres mantienen relaciones sexuales; o presencian las discusiones y peleas de los adultos, ya sean entre la pareja o con las otras personas del piso. Todas ellas, situaciones que escapan a su comprensión, y, tampoco tienen el espacio donde poderlas hacer comprensibles, ni siquiera donde expresarlas. 103

105 Con techo y sin hogar Son críos que no tienen espacio propio. Muchos matrimonios duermen con los hijos, los bebés en la cuna (si cabe) y los de 2 o 3 años entre los padres. Àgueda Fernández. Trabajadora social. La situación de los niños es muy preocupante. Recuerdo un caso de una familia en la cual era la mujer la que trabajaba y el hombre se tenía que quedar al cargo de un bebé. Como al hombre le daba vergüenza que lo vieran con el cochecito por el parque, no salía de casa en todo el día, y vivían en una habitación realquilada, claro... En qué condiciones vivía aquel bebé? Casi en una prisión... Y no nos planteamos ya si tiene o no tiene ventana.... Fina Contreras. Trabajadora social. Crean unas dinámicas familiares que cuesta mucho romper. Por ejemplo, cuando pasan de una habitación a un piso de la Fundación, no pueden dormir separados. Tenemos muchos problemas para que entiendan que cada persona necesita su espacio. Tenemos una familia ahora mismo que no hay manera, y la niña ya tiene 9 años. Está en una camita al lado, pero en la misma habitación que los padres. Antonia Cubero. Coordinadora del Servicio de Ayuda a Domicilio 3. FALTA DE SEGURIDAD Vivir con tan poco espacio vital puede suponer un aumento de la irritabilidad y la agresividad, y también suele implicar un aumento en el consumo de alcohol. Todo ello puede arrojar a las personas a relacionarse a través de la violencia. Y, por eso, es habitual que haya muchas disputas, peleas y discusiones en los pisos sobreocupados y en las comunidades que los acogen y que, como consecuencia de esto, haya repetidas visitas de la Guardia Urbana o de la policía en los domicilios. 104

106 El impacto en la vida de menores y adolescentes. Una huella indeleble Los niños viven estas situaciones con un elevado grado de estrés y angustia y, al mismo tiempo, aprenden esta forma de relación como la habitual. Es probable que este sea su patrón y que lo repitan en su vida adulta. A veces las madres tienen que salir a trabajar o a buscar trabajo y se ven obligadas a dejar a los hijos solos o bajo la supervisión de otras personas del piso. Esto provoca en los niños miedo y angustia porque se quedan bajo la tutela de personas con las cuales no tienen establecidos los vínculos de confianza necesarios y a menudo, también, un profundo sentimiento de soledad y abandono. Hemos hablado de la seguridad en términos de convivencia, de relación entre personas, pero también conviene que nos refiramos al peligro de accidentes que comporta vivir en estas viviendas con poco o nulo mantenimiento: ventanas que no cierran o cierran mal, enchufes que no están protegidos, redes eléctricas antiguas, etc. Representan peligros reales para los más pequeños, sobre todo porque pasan muchas horas a solas, sin la supervisión de los adultos o con una supervisión insuficiente. A veces hay mujeres que acaban exponiendo a sus hijos a situaciones de riesgo sin ningún tipo de voluntad de que esto sea así, y siendo conscientes de ello. Los dejan solos... Pueden ser niños de 3 y 4 años, que se quedan solos porque la madre tiene que ir a hacer un domicilio y le ocupará 2 o 3 horas. O niños de 6 o 7 años que se quedan al cargo de un bebé. Marta Sanchís. Psicopedagoga. 4. EL SÍNDROME DE LOS PADRES INVISIBLES Los padres y las madres de estos niños y adolescentes pasan muchas horas fuera de casa buscando trabajo o trabajando en horarios imposibles, lo cual les obliga a dejar a los hijos solos en casa o a llevárselos arriba y abajo. 105

107 Con techo y sin hogar Muchas veces, cuando la relación con el resto de residentes del piso que comparten no es demasiado buena o es inexistente, dejan a los hijos normalmente bebés o menores de 3 años cerrados con llave en la habitación, con el peligro que esto conlleva. Otras veces, cuando son mayores, les dan la llave y les adjudican una libertad que les va grande por la edad que tienen. Sobre todo en el caso de adolescentes, esta libertad prematura les suele llevar a comportamientos adultos a deshora: organizar fiestas en la habitación, consumo de alcohol y otras drogas, vida de calle... En realidad, no es un problema que afecte sólo a estos jóvenes, sino que se trata de un modelo ampliamente extendido en la sociedad actual. Es lo que el sociólogo Javier Elzo 33 denomina familia nominal, la que ha dimitido de educar y que se calcula en más del 40% en España. Son familias en las cuales falla el control y la educación familiar. Pero también podríamos estar de acuerdo en el hecho de que seguramente no todos los padres de estos jóvenes han dimitido como padres, más bien, a la mayoría las circunstancias les han obligado a dimitir. A los más pequeños, los convierte en adultos en la infancia, a menudo teniéndose que ocupar de otros hermanos más pequeños, y les obliga a sustituir el juego de rol por el rol en sí mismo. Hemos detectado, también, niños que se quedan solos o que cuidan de hermanos más pequeños porque la madre o los padres trabajan todo el día. Las otras personase que hay en el piso no sabemos si se pueden hacer cargo.... Cristina Cobo. Trabajadora social. 33 Javier Elzo, Factores relevantes en la violencia de menores, hoy. Ponencia en la mesa redonda Contexto Social y Perspectivas de Futuro en los Trastornos del Comportamiento de Menores. Dentro del Tercer Congreso Internacional Multidisciplinar sobre Trastornos del Comportamiento en Niños y Adolescentes. Guadalajara,

108 El impacto en la vida de menores y adolescentes. Una huella indeleble 5. MOVILIDAD CONSTANTE El hecho de la movilidad ya lo hemos explicado, pero en el caso de los niños y de los adolescentes tiene otro marco de incidencia: en estas edades, la identificación con el grupo y la interacción con los semblantes es más decisiva. Sobre todo en los adolescentes, la pertenencia al grupo es su signo identitario. Por lo tanto, cambiar constantemente de grupo puede generar conflictos con la familia y de personalidad. Además, la adolescencia es una etapa en que es muy difícil elaborar muchas pérdidas, contando, además, que muchos de estos adolescentes han venido de fuera con los padres o han sido reagrupados y ya traen un bagaje en este sentido. En los niños, el cambio continuado de escuela puede provocar, también, dificultades cognitivas y de relación, derivando, por ejemplo, en aislamiento o problemas de socialización. 6. LA FRAGILIDAD DE LA SALUD DE MENORES Y ADOLESCENTES En el caso de los niños, viviendo así hay una serie de cosas que no se pueden garantizar. Por ejemplo, una cierta tranquilidad a la hora de dormir. La gente llega tarde, gritando, el niño se despierta, se echa a llorar y acaba generando un estado de inquietud general, no sólo entre madre e hijo (porque la madre se tensa, le grita y en vez de calmarlo, lo excita más). Carme Manich. Psicóloga. Esto lo comentan los niños en los centros. Hay niños que no descansan. Te dicen: Hoy no he dormido. Tenía miedo. Me he despertado. Y le preguntas: Por qué tenías miedo?. Y te responde: Es que mi madre chillaba. Marta Sanchís. Psicopedagoga. 107

109 Con techo y sin hogar Hay que tener presente que los tiempos infantiles no tienen nada que ver con los adultos. Tres o cuatro meses de un niño equivalen a más de siete años de una persona adulta. Es muy probable que algunas patologías adquiridas en la infancia se conviertan en crónicas. Hablamos, por ejemplo, de algunas afecciones respiratorias, como la bronquitis o el asma, y algunas de piel, que pueden tener su origen en viviendas mal ventiladas y con deficientes condiciones higiénicas. Otras patologías quizás desaparecerán, pero mientras están no dejan de poner en evidencia su fragilidad. Hay que pensar que la mayoría de trastornos que sufren estas criaturas tienen que ver con el campo emocional, cosa que los hace imprevisibles. También hablamos de trastornos relacionados con el sueño: no pueden conciliar el sueño, lo interrumpen varias veces durante la noche de forma repentina, tienen pesadillas, insomnio... Como consecuencia de ello tienen dolores de cabeza, falta de concentración, dificultades cognitivas (pérdida de memoria, disminución de los reflejos, etc.), así como varios síntomas, como miedo, angustia, enuresis, encopresis, irritabilidad y hasta depresión. Y todos acaban repercutiendo en su relación con el entorno, sobre todo en la escuela y en el ámbito familiar, a la vez que repercutirá en cómo afrontarán como adultos su futuro en la sociedad. Por último, hay que valorar, tanto en el caso de las personas adultas como en los niños, los adolescentes y los jóvenes, que si bien hay muchos factores que repercuten en su salud que son difíciles de controlar porque son internos (la resiliencia, las competencias personales, las habilidades sociales...), hay otros externos, en cambio, que pueden mitigar el sufrimiento y mejorar su calidad de vida: facilitar el acceso a una vivienda digna, garantizar la atención sanitaria y de servicios sociales, implementar medidas de conciliación, etc. 108

110 El impacto en la vida de menores y adolescentes. Una huella indeleble El coste tanto sanitario como social y económico que generará para nuestra sociedad tener un grueso tan importante de población en estado de desesperación, fragilidad y precariedad es difícil de predecir. Pero, actualmente, los servicios sociales y los centros de salud mental para adultos y menores ya han notado un aumento de la demanda de atención. 109

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112 Capítulo 8 Un fenómeno con nombre propio

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114 En este capítulo presentamos una serie de casos explicados con voz propia. Todas son personas que reciben ayuda desde Cáritas y que han querido participar en este informe para denunciar una manera de vivir que no les parece justa. Son personas que, solas o en familia, viven en habitaciones después de pasar por un largo y difícil camino de llegada. Otras han nacido aquí, pero, por las circunstancias personales, también tienen que vivir con una gran precariedad. Pero todas estas personas tienen la esperanza puesta en tener un piso donde vivir con tranquilidad, ellas y sus familias, a su aire, sin tener que dar explicaciones, sin someterse a normas ajenas, sin depender de la ayuda social. No tendría que ser un deseo imposible, pero, de momento, todavía parece lejano. 1. CARMEN Y EVA: VIVIR LA CRISIS EN CARNE PROPIA Carmen es una mujer de 54 años, madre de siete hijos, separada desde hace más de diez años, y que desde entonces ha hecho lo 113

115 Con techo y sin hogar imposible para sacar adelante a la familia sola, a pesar de que no lo ha tenido fácil. En el año 98 me separé y tuve la desgracia de que en 2000 a uno de mis hijos lo atropelló un coche y lo mató. Esto es una de las cosas que... Tú mueres con él. Ha hecho ahora diez años, y es como si hubiera pasado ayer.... Su ex marido era un ludópata que, a pesar de recibir tratamiento en Bellvitge una buena temporada, acabó llevando a la familia a la ruina: Mi piso lo tuve que vender porque mi ex marido le firmó dos avales [a una de sus hijas] y como que no pagaba me querían embargar. Cuando me separé, el piso era mío, pero como ella no pagaba lo tuve que vender. Lo vendí el 18 de febrero de 2000, recuerda con toda precisión. A Carmen le cambió la vida cuando la tuvieron que operar por segunda vez de una enfermedad que le impidió seguir trabajando. Era carnicera, encargada de mostrador, y la operaron de una 114

116 Un fenómeno con nombre propio tendinitis del hombro izquierdo, primero, y del otro, después. Esta segunda operación no fue del todo bien y quedó incapacitada. Lo único que le dije a la doctora es que si ella veía que no me quedaría bien, no me lo tocara, porque yo tenía que seguir trabajando. Y me dijo que no sufriera, que quedaría perfecta. Y no quedé perfecta. Me dejó inútil. Después de esto, se quedó sin trabajo: Ahora me encuentro sin poder trabajar y con una paga de 399 euros. Pero todo esto después de que estás de baja, que te dicen que trabajarás, y de encontrarme con un despido... Con la familia de la carnicería me llevaba muy bien y me despidieron, después de 12 años, porque yo no podía volver a trabajar. Yo enseñé a la persona que entró en mi lugar... Y tuve que denunciar a la empresa. Después de presentar todos los papeles, todavía estoy esperando si tengo la incapacidad total o no la tengo. Ya debe de hacer más de 3 años. Tengo reconocida una incapacidad del 55%. Se quedó en la calle, sola, sin trabajo y tuvo que ir a vivir de alquiler. Y la angustia y la tristeza fueron afectando su salud, que ha quedado muy resentida: Después empezó el corazón [ha tenido dos anginas de pecho en poco tiempo], la espalda [pinzamiento, hernia discal y artrosis] que no me puedo mover, no puedo coger ni una bolsa. La semana pasada me tuve que quedar en la cama toda la semana... Fui de urgencias, pero viendo lo que yo tomo no quisieron darme nada. Pero también se ha resentido su salud mental. Se ha convertido en una persona muy depresiva, que tiene que tomar muchos medicamentos contra la tristeza y la angustia. Estaba en tratamiento psicológico, pero ya le han dado el alta, a pesar de que tiene que seguir tomando medicación. A su lado está Eva, una de las nueras de Carmen que ahora tiene que vivir bajo el mismo techo. Su historia no es demasiado mejor que la de su suegra, pero es joven y la perspectiva es algo más positiva. 115

117 Con techo y sin hogar Eva es vigilante de seguridad y su marido trabajaba en la construcción. En tiempo de bonanza, se compraron un piso, un ático sin ascensor, que podían pagar porque los dos tenían un buen sueldo. Pero con la subida de los tipos de interés del año 2008, la cuota se les quedó en más de euros mensuales, y ya empezaron a ir bastante ajustados. Entonces, Carmen les ayudaba con lo que podía... El año pasado, cuando el Euribor bajó, la cuota les quedó todavía en euros. Después, vino el accidente de él: Está muy mal, dice Carmen. Y Eva añade: Se rompió los dos talones y en uno no tiene ningún hueso, todo son placas y clavos. La suegra apunta: Tiene 36 años, tres hijos y está pagando una hipoteca. Al día siguiente él iba a una entrevista de trabajo... Por eso no cobra nada.... Carmen continúa: Esto fue en agosto y hasta hace tres semanas, que es cuando ha venido aquí a casa, ha estado en el hospital. Porque una de las heridas se le infectó... Hemos pasado lo que nadie sabe... Su piso es un ático sin ascensor, por eso le dije que se viniera aquí. Y yo, con lo que cobro, no me llega..., pero que tenía que hacer?. Carmen se siente culpable de este accidente, porque pasó un día en que ella se encontraba mal y lo llamó pidiendo ayuda. La fatalidad hizo que el chico se dejara las llaves y cayera cuando quería entrar saltando por la casa de al lado. La madre se siente responsable y no se lo puede perdonar... A Eva también la despidieron del trabajo: Tuve que coger la baja para estar con mi marido y el 19 de noviembre de 2009 me despidieron. Y ahora cobro el paro. Son 700 euros y pico y pago de hipoteca.... Como el piso de estos dos jóvenes tiene el aval de los padres de Eva, Carmen les ha ido dando su paga para que no les embarguen, por eso ella debe dos meses de su alquiler. 116

118 Un fenómeno con nombre propio Por si fuera poco, Eva y su marido intentaron sacar algún dinero de un piso que hace meses que no pueden utilizar, pero que les acarrea gastos, poniéndolo en alquiler, pero no les pagan, tampoco. Y la señora a quien se lo he alquilado realquila las habitaciones de mi piso, explica. Mientras hablamos, Eva va y viene porque ayuda a otra de las nueras de Carmen que está a punto de marchar hacia el hospital para dar a luz al segundo de sus hijos. También viven en la casa, porque tampoco tienen trabajo. Son tres y ahora serán cuatro, en total 10 personas viviendo bajo el mismo techo, una planta baja de dos habitaciones, cocina, baño y salón-comedor. Eso sí, con un gran patio que cuando hace buen tiempo hace de válvula de escape. Carmen se emociona y llora: Ya ves que he pasado muchas, pero, como he podido trabajar, he ido saliendo adelante. Pero ahora, como veo que no valgo nada, estoy acobardada. Para romper un poco la tensión, Eva sigue con su historia: Así que él empiece a andar mínimamente, ya volveré a trabajar, pero ahora no puedo. Soy vigilante de seguridad y, por suerte, de eso sí que hay trabajo. Pero son 12 horas de trabajo y no puedo dejarlo tantas horas... Cuando lo operaron, el primer mes iba a trabajar de día y por la noche al hospital, pero después tuve que coger la baja porque no podía más y me despidieron. Tengo tres hijos de 9, 8 y 6 años. Al marido de Eva le han reconocido una incapacidad permanente, pero, como no tiene todos los años cotizados que hacen falta, no puede cobrarla. Han pedido una Renta Mínima de Inserción, pero tardará unos meses en resolverse. Pero no comemos, no pasa nada..., comenta Eva, sarcástica. En esta situación, Carmen y su familia no tienen más remedio que aceptar la ayuda que las vecinas, voluntarias de la parroquia 117

119 Con techo y sin hogar de Santa Coloma de Gramenet, les ofrecen. Precisamente fue la vecina de al lado quién les habló de Cáritas y quien las dirigió a la asistenta social para buscar una salida al túnel. Esto les ha dado un poco de esperanza. 2. ELSA: OBLIGADA POR LAS CIRCUNSTANCIAS Elsa es de un pueblecito de la región de Guayaquil, en Ecuador, que se llama Manta. Es hija de una familia pobre que vivía en una zona pobre y sin expectativas de poder mejorar. Así que, con desagrado de todos, incluso de ella misma, decidió cruzar el Atlántico y venir a buscar una vida mejor para ella y todos los suyos. 118

120 Un fenómeno con nombre propio Vino deslumbrada por las historias que contaban los compatriotas que volvían de vacaciones: Yo me vine porque hay gente de allí que se vuelven y comentan que aquí hay trabajo, que se vive mejor, y uno viene confiado que hay trabajo y no encuentra, no encuentra, explica. Llegó con 22 años y sin haber salido nunca antes de la protección de los padres. Y llegó a una ciudad con unas costumbres diferentes, con una lengua diferente y donde sólo la esperaba una parienta lejana de su padre a quien ni siquiera conocía y que le reclamó pagar la deuda del viaje: Llegué aquí y fui estafada por mi propia tía, bueno, es medio familia de mi padre... añade poniendo distancia. Ella tiene papeles... Me trajo y me dijo que me ayudaría a encontrar trabajo y luego ya me dijo que aquí no es como allí, que aquí hay que buscarse la vida. Y yo me perdía por todos los sitios porque no conocía nada... Nada más llegar me cogió el pasaporte y todos los papeles... Si yo los hubiera tenido ya no estaría aquí, me hubiera regresado. Para venir aquí hace falta mucho dinero y nosotros no teníamos ese dinero. Piden más de euros y mis padres... Somos pobres, no tenemos ese dinero y ella nos lo dejó... Mi padre me dio un poco de dinero para que viviera aquí, pero eran dólares y al cambio cuando me di cuenta ya no tenía nada... Y mi tía me tenía como la empleada de su casa. Lo tenía que hacer todo porque no encontraba trabajo, de alguna manera tenía que pagarle. Se encontró, de repente, forastera en tierra hostil y tuvo que superarse y salir adelante fuera como fuera. Pero también encontró gente que la ayudó, como el padre Joan Manuel de la Sagrada Familia y su comunidad, porque no le faltaron oportunidades para dedicarse a la prostitución, el nombre de un oficio que no pronuncia, pero que se intuye entre líneas: Yo soy mucho de fe y Dios estaba siempre pendiente, porque si no me hubiera cogido el camino que no es... Porque me ofrecía mucho lo de esas chicas que siempre andan por ahí, tú sabes? Ya mismo era capaz de llevarme 119

121 Con techo y sin hogar allí a trabajar para que le pagara su dinero. Me hacía todos los días la vida imposible. Continúa para explicar que en aquellos días enfermó, cogió una depresión que la hacía llorar siempre. Estaba y se sentía sola. Para superar esta soledad, iba a misa a la Sagrada Familia y empezó a hacer cursos de cocina, de catalán y de servicio doméstico en la Cáritas parroquial. Era una manera de encontrar compañía, pero al mismo tiempo de hacer algo útil, que le pudiera ayudar a encontrar un trabajo. Y fue allá donde conoció a su pareja, el padre de su hijo (nacido en 2003). El nacimiento de su hijo les abrió la puerta del arraigo y, por lo tanto, a la legalización de su situación. Tanto ella como su compañero no tenían papeles, así que sólo podían encontrar trabajos mal pagados y sin contrato: ella en el servicio doméstico y él en la construcción. De este modo, también, fue como conoció el sórdido mundo de las habitaciones de realquiler: De ahí que yo tuve a mi hijo y vino lo de los pisos, que no encontrábamos por ningún sitio y fuimos a vivir con un pakistaní. Nos alquilaba la habitación súper cara, ya no me acuerdo de a cómo era. Fue cuando mi niño nació. Estuve sola un añito... Aquí la soledad es muy fea... Y es raro, porque siendo de mi país vine a conocerlo aquí... Era de cerca de mi pueblo... Él tampoco tenía trabajo porque tampoco tenía papeles. Y cuando me quedé embarazada fui a ese piso de pakistaníes, en el Besòs. Vivíamos muchísima gente ahí, unos ocho hombres y nosotros. A mí me daba miedo quedarme sola, eran puro hombres... Cuando mi marido se iba, yo me encerraba en la habitación. Tuve a mi hijo y con mi hijo estuve ahí creo que seis meses, hasta que mi hijo se enfermó, porque vivíamos en una habitación 120

122 Un fenómeno con nombre propio que estaba oscura, había humedad. Mi hijo sufrió de bronquitis y me dijeron que era de la mucha humedad. Y de ahí salimos y nos fuimos a otro sitio, a Camp de l Arpa. Ahí a mi niño no lo dejaban salir afuera, tenía que estar todo el tiempo encerrado porque le hacía caer los adornos. Si yo lo sacaba era afuera a la calle. Hubo una etapa que quería andar con andador, pero tenía que estar encerrado. Había seis parejas en cuatro habitaciones. Para ir al baño teníamos que hacer hasta cola, para la cocina lo mismo... Había mucha gente! Sólo podíamos usar la lavadora una vez a la semana. Cuando nació el niño nos subieron el alquiler. Cuando íbamos a buscar habitación, piden 300, pero cuando ven al niño 350. Las condiciones de vida en los pisos de realquiler eran tan difíciles, sobre todo para el hijo de Elsa, que ha tenido muchos problemas de salud. Además de los respiratorios, también ha mostrado dificultades en el desarrollo motriz y del habla: Mi niño vivió como traumatizado. Cuando fue al cole tardó mucho en hablar. En P3 me dijeron que no estaba bastante desarrollado. Tuvo que ir a psicólogas.... Después de pasar por un par más de habitaciones realquiladas con experiencias igualmente dolorosas porque no aceptaban a su hijo, pudo conseguir, por medio de la trabajadora social, un piso de la Fundació Habitatge Social (FHS) de Cáritas para su familia: Para nosotros, poder estar en un piso solos fue... Nunca me he sacado la lotería, pero fue como un alivio. Porque de ver que, ni yo me acostumbraba... Cuando vas a alquilar la habitación te ponen muchos requisitos, que ya sabes que lo tienes que hacer, pero que te lo estén recordando a cada rato... Y le ponen la cara fea a tu hijo, y uno sin poder hacer nada... Yo lo que hacía era llorar, porque si decía algo me mandaban a la calle. Yo he tenido, como quien dice, 121

123 Con techo y sin hogar que aguantármelas todas. Y cuando me llamaron para decirme que había un piso, yo no me lo creía. Cuando yo fui a verlo... Mi hijo me decía: Mamá y esa casa nueva para quién es... Él se sentía LIBRE ahí! [subraya la palaba cuando la pronuncia]. Estamos súper agradecidos porque nos han ayudado mucho. A veces los milagros existen. Me han ayudado con ropa, con comida, con la ayuda para el alquiler... Hemos vivido allí casi tres años. La única condición era que nos lleváramos bien con la gente. Yo soy muy amiguera y todavía me llevo bien.... Y ahora las cosas han cambiado. Su compañero trabaja de conductor de toro para una empresa y ella trabaja seis horas al día en la limpieza del Metro de Barcelona. Su hijo que ya tiene seis años va a la escuela y empieza a adaptarse. Así que con su trabajadora social de referencia decidieron que ya podían dar el paso de alquilar un piso por su cuenta. Y han encontrado uno que pueden pagar, a pesar de que no está en demasiadas buenas condiciones: Ahora fuimos a buscar un piso. Estamos cerca del Fòrum. Pagamos 580 del alquiler, pero fuera de los suministros. Pero nosotros lo tenemos todo a corriente y este mes pasado el medidor está todo el rato dando vueltas y estamos asustados porque nos llegará una planilla... Cocinábamos, prendíamos los hornillos y se iba la luz; nos duchábamos, prendíamos el calentador, y se iba la luz... Ahora han ido a mirarlo y han dicho que ya mandarán un técnico... Además, los enchufes son muy antiguos y nada me funciona, tengo que ponerle otras clavijas... La luz no viene a nombre de nosotros, viene todo a nombre de ellos [se refiere a los dueños], y yo ni siquiera los conozco, sólo conozco a un administrador, y nos ha dicho que todos los pisos que dan están en esas mismas condiciones. Y yo quiero arreglarlo, porque si una vez queremos hacer algo nos piden recibos y no puedo hacer nada. Este piso por lo menos tiene ascensor. 122

124 Un fenómeno con nombre propio Al preguntarle si está arrepentida de haber venido, responde que no, porque sólo puede pensar en el bienestar de su hijo. El año pasado fue a su país a visitar a la familia. Y explica dolida que su madre sufre del corazón desde que vino a nuestro país. No se veían desde hacía ocho años y descubrió que aunque se añoraba y que aquí será siempre extranjera, allá no puede tener ninguna esperanza de futuro: Fue tan difícil! Yo tenía hasta vergüenza de llegar porque era todo diferente: a mis padres los encontré bastante más mayores, mis hermanos pequeños ya ni los conocía. Ya llevé a mi hijo de cinco años. Y yo ya no me quería volver, ni mi hijo tampoco, porque se sentía como libre. Allí vivimos en una finca con mucho espacio para correr... Pero allí, donde están mis padres, no tenemos NADA [lo dice remarcando mucho la palabra]. Además, todo es pagado, si vas a un colegio se tiene que pagar. Para trabajar en una casa de fija te pagan sólo 80 dólares. Allí no hay trabajo. Si hubiera, yo qué más quisiera que estar con mis padres y con mis hermanos, pero.... Elsa y su familia tienen que aprender a vivir separados de los suyos, encarando el futuro con la esperanza de que todo lo que está por venir será mejor que aquello que dejan atrás. 3. ABDOULAYE: EL VIAJE SIN RETORNO Abdoulaye llegó hace tres años procedente de Malí. Había salido de Nouadibou (Mauritania) en una patera con 56 chicos más, y llegó al puerto tinerfeño, exhausto y muerto de miedo, como todos sus compañeros de travesía. Desde entonces, no ha parado de ir arriba y abajo, malviviendo con trabajos de miseria, a veces sin cobrarlos. Ha vivido en decenas de pisos, dos días aquí, dos allá, casas okupas, de realquiler... Pero el orgullo africano no lo deja regresar, a pesar de que más de una vez ha pensado en ello. 123

125 Con techo y sin hogar Abdoulaye, que tiene 29 años, nació en un pequeño pueblo de la región de Tombuctú, Bori, a las puertas del desierto. La suya es una familia de comerciantes. Su padre se gana la vida comerciando con pieles, aluminio y otras cosas entre Mauritania, Senegal y Malí. Y su destino era seguir con la empresa y formar su propia familia: A los 19 años mi padre quería que trabajáramos juntos, pero yo no quería... En África no puedes trabajar con el padre, porque hay una barrera de respeto demasiado grande... Yo le dije que el trabajo ya lo haría yo.... Pero la televisión le mostró la promesa de otro mundo, un mundo sin pobreza, donde cualquiera puede tener cualquier cosa que desee y, desde entonces, empezó su sueño europeo: Lo ves en la tele. Buah! Piensas que te cambiará la vida. Piensas que una vez estés aquí, tendrás dinero, tendrás casa, tendrás coche... Que una vez estés aquí lo tendrás todo. En el año 2003 empecé a pensar en venir. Me hice un pasaporte y lo escondí para que mi padre no lo encontrara. Fui a la embajada de Francia para pedir un visado. Cumplía todos los requisitos. Pero me denegaron el permiso porque no tenía a nadie aquí. 124

126 Un fenómeno con nombre propio El padre se dio cuenta de que quería salir y se enfadó mucho. De 2003 a 2004 continué trabajando, hasta Veía la gente que salía hacia aquí con patera y decía que esto nunca lo haría, porque es muy peligroso, y no me creía que las pateras llegaran a España... A partir de febrero de 2006 empecé a pensar que podría intentarlo y en mayo tomé la decisión. Ahorré algún dinero para pagar la patera y tener para el viaje. Abdoulaye recuerda todos los episodios que se han ido sucediendo en su vida y es capaz de poner una fecha exacta, sin la ayuda de ninguna agenda ni dietario. Cogí la patera el 20 de junio de 2006 en Nouadibou. Estuvimos en el mar cuatro días en una lancha neumática, de plástico. Creo que éramos 57 personas en la barca. Yo nunca había ido en barca. Hacía mucho viento y muy frío. A uno de los capitanes lo conocia desde hacía más de diez años y me decía que no me preocupara. Me arrepentí en el mismo momento en que la cogí. Pasé mucho miedo. He visto y he sentido la muerte en mi piel... Vimos mucha gente muerta flotando en el mar... Sólo comíamos galletas y bebíamos agua. No tienes tranquilidad para comer. Sólo sufres por tu vida. Las primeras palabras que este joven conoció del español fueron Salvamento Marítimo. Y las recuerda con cierta amargura, porque si el viaje por mar había sido duro, el primer contacto con Europa resultó casi peor: Nos recibió la policía y Cruz Roja. De la comisaría te envían al Tribunal y te vuelven a preguntar por qué has venido, si tienes familiares... Y les dije que había venido para tener una vida, pero que no tengo familiares. En aquellos momentos, cuando llegas 125

127 Con techo y sin hogar como maliense, te repatrian. Como ya lo sabía, dije que era de Níger, el país más pobre de África. Allí la gente no tiene ni para comer. De allí me llevaron al centro de internamiento, el 27 de junio, hasta el día 27 de julio. Durante este tiempo vinieron agentes para preguntar. Tenía mucho miedo. Había pensado pedir asilo, pero la gente del campo me hizo cambiar de idea. El mismo 27 de julio me llamaron y nos llevaron en un autobús hasta el aeropuerto. Nos embarcaron hacia Fuerteventura a El Matorral. Allí sí que es horrible... Este campo yo creo que es para terneras o para corderos. No tiene puertas, tiene rejas. Si necesitas algo tienes que pedirlo a los policías y a veces no están. Sólo sales a la hora de comer, haciendo una fila y si no la haces bien hecha te pegan... Aquella gente no tiene sentimientos... La comida que te dan tampoco vale nada. Lo único que comía yo eran yogures y pan. El resto no me lo podía comer, ni lo conocía ni me gustaba. Una mañana nos llamaron y nos separaron. Yo, como era de Níger, estaba con dos de Gambia, seis de Senegal y uno de Mauritania. Al resto que eran de Malí los deportaron. Por suerte a mí no me descubrieron! Si me hubieran repatriado no estaría aquí, porque este viaje no lo volvería a hacer nunca más en la vida. A mi grupo nos pusieron en un avión y nos trajeron a Murcia (éramos 20) y 20 más a Madrid. Nos dejaron en el aeropuerto. Después vino un autobús a buscarnos. Eran unos africanos que ya llevan mucho tiempo aquí y que colaboran con la policía o con ONG. A partir de este momento, empieza un circuito inacabable por el submundo de la economía sumergida y el mercado negro de la vivienda. Empieza a ir de una ciudad a otra, de la mano de gente que va conociendo por el camino y que le prometen trabajo o le ofrecen cama un par de días. 126

128 Un fenómeno con nombre propio No siempre se trata de africanos como él, también conoce suramericanos y españoles que le echan una mano, pero él mismo lo dice, son tan pobres como yo, es decir, que poco pueden hacer para mejorar su situación. Ha trabajado repartiendo publicidad, en el campo, desmontando una fábrica para chatarra, de peón de la construcción: En octubre [2007] me salió un trabajo en el hotel Vela. Trabajé un mes y pico de peón de obra para un señor que desapareció y no nos pagó. Eso sí que me... Pensando que cobraría compré una tarjeta de transporte, hice gastos... Pero al no cobrar nada me quedé sin dinero... No podemos reclamar nada, porque no tenemos papeles.... Con estos trabajos y trabajitos, ha tenido que ir adaptando los alojamientos en función de unos ingresos casi siempre inexistentes o mínimos. La mayoría de las veces ha sido acogido en casa de amigos y conocidos; también ha vivido en dos casas okupas: En septiembre volví a venir a Barcelona. [Ha viajado mucho por Almería, Murcia, Pamplona, las Canarias...]. Conocí a un chico senegalés que vivía en una casa okupa, y me dijo que podía ir, a pesar de que las condiciones de vida eran difíciles porque no había luz y el agua se cogía de la calle. Pero prefiero esto que la calle. Prefiero volver a África que pasar una noche en la calle... Me quedé de septiembre a mayo de Los periodos en los que ha podido trabajar, Abdoulaye ha cambiado la acogida y la okupación por el realquiler de habitaciones, cosa que valora como toda una mejora: En la habitación tienes un lugar donde se está muy bien a la hora de dormir. Sabes que podrás dormir sin que nadie te moleste, que estarás tranquilo. En cambio, en la casa okupa, argh! Son muchas cosas... Hay mucha gente... Éramos seis en una especie de loft hecho por nosotros tirando las paredes. Cada cual tenía su colchón tirado en el suelo. Teníamos una tele con una batería y el agua la cogíamos en la fuente. Al principio teníamos miedo, porque cuando íbamos a buscar agua estaba la policía al lado, pero no nos decían nada. 127

129 Con techo y sin hogar Pero este joven maliense ha tenido, también, que ir de habitación en habitación. Y ha tenido que compartir piso con gente muy diversa: La primera habitación que cogí estaba en la calle Sant Pau, porque era de un señor que conocí aquí, Josep, es fotógrafo, trabaja para una ONG de aquí en Senegal. Pero sólo pasé un mes, porque el piso tenía tres habitaciones y en las otras dos había dos parejas que se drogaban. Eran gente que molestaba mucho, pero no se daban cuenta de que molestaba. Me busqué otro lugar y lo encontré en la Sagrada Familia. Era el piso de un señor de Uruguay que conocí en la biblioteca de la Sagrada Familia. Me ofreció la habitación, pero me dijo que antes tenía que conocer a su mujer... Desde el primer día yo veía que la mujer no estaba de acuerdo, pero como su marido sí lo veía bien... Dijo de acuerdo, pero al cabo de dos meses ya empezó a montar líos y un viernes, yo estaba en el polideportivo del Clot, me llamó y me dijo: Mira, tengo un familiar que tiene que venir a Barcelona y necesito la habitación, así que te tienes que marchar. Yo sabía que era mentira, pero tuve que irme ese mismo día. Fue porque la ayuda tardó un poco y la mujer desconfiaba... Ahora estoy en otro piso. Vivimos cuatro: una pareja en una habitación, un señor en otra y yo. Llevo sólo un mes. No puedo lavar con la lavadora porque tendría que pagar 300 euros para poderla usar... Lavo a mano. Sólo tengo derecho a ducharme una vez al día. Pago 250 euros. Con este ir y venir constante, Abdoulaye confiesa que no tiene nada, que no podría tener nada. Qué haría de las cosas si hoy duerme aquí y pasado mañana en la otra punta de la ciudad o del país? Ahora, que está en una habitación, tiene ropa porque la trabajadora social le ha dado tiques para ir a la Fundación Formación y Trabajo a comprar y de vez en cuando cocina, porque se le dan alimentos desde el almacén de Cáritas, si bien es muy difícil cocinar con lo que le dan. Y se lamenta: Qué se puede hacer con arroz y pasta, leche y galletas... No hay verduras ni fruta. Dan sardinas, y puedo preparar la pasta, pero cuando se me acaban

130 Un fenómeno con nombre propio Y a pesar de todo, a este joven todavía le quedan fuerzas y humor para aprender catalán y participar con los castellers de Gràcia: El día que yo pierda el optimismo sólo me quedará el regreso, así que mantengo la esperanza. 4. JOSEP Y MONTSERRAT: MARCADOS POR LA ESQUIZOFRENIA Josep y Montserrat nacieron en el barrio de Santa Eulàlia de L Hospitalet de Llobregat. Los dos tienen 62 años y esquizofrenia, un trastorno mental hereditario. Son autónomos, pero la enfermedad les limita mucho la vida cotidiana y necesitan de una supervisión constante. Actualmente, siguen tratamiento desde el servicio público de atención a las enfermedades mentales y tienen seguimiento social de Cáritas. Se medican los dos y hacen una vida que se acerca a lo que podríamos denominar normal. Además del seguimiento social, Cáritas les ha tramitado una ayuda para alimentos. 129

131 Con techo y sin hogar Montserrat es viuda y cobra unos 500 euros al mes por este concepto, pero no tiene reconocida la discapacidad. En cambio, Josep sí que la tiene reconocida y es pensionista. Cobra unos 800 euros. Hace unos cinco años que están juntos. Ahora viven en una habitación realquilada, por la cual pagan 370 euros. Por lo que explica, seguramente la enfermedad de Montserrat es hereditaria, porque su hija de 33 años también la sufre. Pero ella trabaja en un centro especial, tiene un piso de protección y está a punto de casarse con un chico que también es como ella, matiza la madre. Montserrat sintetiza perfectamente su situación cuando dice: La vida es fácil para quien la ve fácil, pero yo soy una persona que la ve un poco complicada, como tengo los brotes, a veces veo cosas que no son.... Josep, en cambio, parece que no se siente demasiado satisfecho con la vida que lleva y rehúye hablar demasiado. Hasta que conoció a Josep, Montserrat vivía con su hija en un piso de alquiler en el cual había vivido su familia. Parece que la madre de ella se casó en segundas nupcias y se fue con el segundo marido a otro piso. Y el padrastro, que tiene 75 años, vive solo y no quiere acogerlos en su casa: Yo le dije: Si quieres venimos a vivir contigo. Pero dijo: No, no. Tiene sus costumbres... Nosotros podemos hablar, pero demasiada comunicación no tenemos. Yo conocí a quien me hizo a mí [su padre biológico], este [el padre adoptivo] ya me cogió de mayor... Yo le digo papa [al padre adoptivo], pero no es aquella cosa de decir... Él también es raro. La madre de Josep todavía vive. Tiene 92 años y recibe asistencia domiciliaria a través de Cáritas. Y tampoco quiere saber nada de la pareja. Él había vivido de alquiler con una tía. Era una renta antigua y cuando se murió, lo echaron del piso. Así que, desde que son pareja, Josep y Montserrat han tenido que buscar un lugar donde vivir juntos, y con los exiguos ingresos 130

132 Un fenómeno con nombre propio que tienen, sólo han podido encontrar habitaciones de realquiler. Y ya hace más de cinco años. Al primer piso que fueron era alquilado por una señora ecuatoriana. Tenían una habitación muy pequeña en un segundo: No tenía mucha ventilación. Tenía una ventana que daba al patio de luces, pero en los bajos había un bar que tenía todo de cajas, basura y trastos en el patio. Y subían los escarabajos, explica Josep. Montserrat añade: Esto da igual, pero la ama no estaba a gusto. Nos decía: Aquí no podrá venir nadie. Y Josep todavía añade: A este piso que cogimos faltaba hacer la instalación eléctrica, el agua caliente y pintar. Estaba en malas condiciones. Y la mujer me dijo que me fuera a otro lugar que cuando estuviera acabado ya me avisaría para volver. Pero no me dijo nada. Después de esta experiencia, fueron al piso donde están actualmente. Tiene tres habitaciones y viven ellos dos, una pareja marroquí y la mujer que lo tiene alquilado, de origen boliviano, con su hija. Están mejor, porque la habitación es más grande, pero aun así las condiciones no son mucho mejores que en la otra: En la habitación tenemos una cama de matrimonio, un armario y dos cómodas. Para comer tenemos que estar sentados sobre la cama. Si sacara las cosas que tengo por aquí, la ropa tendida; quizás me cabría una mesa pequeña.... Se les ve contentos de estar juntos y de tener un lugar donde vivir, a pesar de que son conscientes de que no podrán quedarse para siempre. Ya saben que cuando la hija de la ama encuentre pareja y necesite la habitación los echarán. A pesar de todo, esta manera de vivir está muy lejos de ser digna para unas personas con su dependencia, por mucho que sean suficientemente autónomos como para hacerse la comida o tomarse la medicación. 131

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134 Capítulo 9 Qué hace Cáritas Barcelona? Respuestas en el ámbito de la vivienda

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136 Un hogar en Cáritas es un lugar donde las personas encuentran un espacio donde ser y sentirse personas, donde vivir con calidad de vida, donde crear nuevas redes y vínculos. Proyecto Marco de Pisos Compartidos. Cáritas Diocesana de Barcelona. Noviembre Las respuestas de Cáritas en el ámbito de la Vivienda son muchas y muy variadas. Desde las ayudas económicas para mantenimiento y adecuación, pasando por el pago de suministros básicos (luz, agua, gas), alquileres de pisos y habitaciones e hipotecas, hasta el asesoramiento en casos de desahucio. En el año 2009 se dedicaron a estos conceptos más de euros, es decir, el 55% del total de los recursos que se destinaron a las ayudas económicas directas en Cáritas Diocesana de Barcelona. Pero este no es el único campo de intervención de Cáritas respecto a la Vivienda, sino sólo una pequeña parte. El grueso de la inversión en Vivienda se concreta en facilitar alojamiento digno a muchas personas que no pueden encontrarlo 135

137 Con techo y sin hogar en el mercado. Algunas por una situación puramente de precariedad económica, otras, porque tienen una situación personal y social que se lo impide. A día de hoy, Cáritas en el territorio diocesano de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Terrassa dispone de: 10 pisos compartidos para personas solas con 39 plazas. 13 pisos con capacidad para 38 madres y sus hijos e hijas. 8 unidades de convivencia para personas ancianas (30 plazas). Estos pisos tienen diferentes grados de temporalidad y de supervisión profesional en función de las necesidades de las personas que los ocupan, de acuerdo con su situación y grado de autonomía. También se dispone de 19 apartamentos tutelados para personas mayores con 24 plazas. 3 equipamientos residenciales para personas sin hogar, en los cuales hay cabida para 35 personas. 2 casas de acogida para mujeres y niños y niñas en situación de exclusión o víctimas de la violencia de género. Con capacidad para madres y su descendencia. Pronto se podrá disfrutar de los 11 nuevos pisos compartidos que hay en proyecto, que darán residencia a unas 50 personas. 1. LA FUNDACIÓN PRIVADA FOMENT DE L HABITATGE SOCIAL (FHS) Su misión es la lucha contra la exclusión social y especialmente la lucha contra la exclusión residencial, poniendo especial énfasis en la atención a la perspectiva de género y a la infancia. La FHS se creó el 23 de julio de 1990 promovida por Cáritas Diocesana de Barcelona. Y fue una realidad gracias a la aportación de 136

138 Qué hace Cáritas Barcelona. Respuestas en el ámbito de la vivienda Cáritas, pero también a algunas herencias y a la generosidad de algunos donantes. Su ámbito territorial preferente de actuación es el de las diócesis de Barcelona, Sant Feliu de Llobregat y Terrassa. Como órgano de gobierno tiene un Patronato formado por personas que provienen de varios campos profesionales, y para su nombramiento hace falta la conformidad del director de Cáritas Diocesana de Barcelona. Su misión es ofrecer viviendas dignas por un tiempo determinado a un precio muy por debajo del mercado, coordinando el proceso de inserción de las personas acogidas con trabajadores sociales de entidades vinculadas. Los casi veinte años de actividad han convertido la FHS en una entidad destinada al alquiler social de viviendas a personas en riesgo de exclusión social con la gestión de un parque de viviendas de 73 pisos (43 propios, 20 alquilados y 10 cedidos) y dos nuevas promociones de viviendas en Barcelona (la primera, de 19 viviendas, se ha acabado durante el último trimestre de 2010). Todos los pisos son de estancia temporal y requieren de un seguimiento social y un control tanto de la conservación de la vivienda como del pago. Ahora bien, el precio del alquiler siempre se establece en función de los ingresos de cada familia. Se trata de viviendas supervisadas, es decir, la Fundación hace un seguimiento permanente y los visita periódicamente, como mínimo cada tres meses, pero a menudo con más frecuencia. En algún caso, y sobre todo en las viviendas compartidas, se puede hablar de viviendas con apoyo, donde se combina la presencia más constante de los profesionales con el apoyo habitual de trabajadoras familiares que ayudan a la observancia de las pautas de convivencia. En cualquier caso, el seguimiento social es básico en este proceso integrador que tiene como eje vertebrador la vivienda. 137

139 Con techo y sin hogar La FHS dispone de viviendas en Barcelona, Badalona, Cerdanyola del Vallès, Cornellà de Llobregat, L Hospitalet de Llobregat, Molins de Rei, Sabadell, Sant Boi de Llobregat, Sant Feliu de Llobregat, Sant Vicenç dels Horts, Ripollet y Terrassa. De acuerdo con su misión fundacional, la Fundación atiende preferentemente a familias, teniendo una opción clara por aquellas con menores a su cargo, monomarentales o con problemáticas de salud graves, pero también a personas solas o con otros perfiles socioeconómicos que se encuentran desprotegidas debido a situaciones de exclusión social y/o residencial. El proyecto también pone especial atención a los nuevos colectivos de personas excluidas del mercado de la vivienda debido a las crisis económicas. Son personas que hasta hace poco tiempo no tenían problemas para mantener un piso y a las cuales les cuesta recibir los recursos necesarios de la Administración. De las personas que atendió la FHS durante 2009 principalmente derivadas desde Cáritas, la parte más importante (59%) provenía de situaciones de gran precariedad y hacinamiento, el 18% no tenía vivienda, el 13% procedía de desahucios y el 11% de una casa de acogida de Cáritas. El perfil de estos hogares responde mayoritariamente a familias (de dos, tres o cuatro miembros), a menudo con la mujer como cabeza de familia (41%), de origen extracomunitario (90%) y en situación administrativa irregular (58%) y, por lo tanto, que obtienen los ingresos de un trabajo muy precario o del mercado negro. 2. LA EXPERIENCIA DE LOS PISOS COMPARTIDOS La experiencia de Cáritas demuestra que cuando las personas disfrutan de un hogar, el camino hacia la recuperación de la dignidad se allana. Por eso, en este informe queremos destacar, entre 138

140 Qué hace Cáritas Barcelona. Respuestas en el ámbito de la vivienda todas las respuestas a la vivienda que da Cáritas, aquellas que suponen dar un verdadero hogar a las personas y a las familias: los pisos compartidos y las unidades de convivencia. Desde hace muchos años, Cáritas ha asumido el compromiso de ofrecer pisos de inclusión a las personas en situación de riesgo de exclusión residencial y de trabajar por su bienestar. Por eso, se llevan a cabo diferentes proyectos de pisos compartidos para personas solas o mujeres con hijos, que permitan estabilizar su situación personal y acceder en un futuro a una vivienda estable y propia. Este objetivo se quiere conseguir a través de una atención integral y de calidad, basada en el respeto, la dignidad y la autonomía personal, considerando el concepto de familia o grupo como ecosistema 34. Las personas y las mujeres con descendencia que conviven en un piso forman un conjunto de individuos en interacción constante. Cada cual aporta su bagaje personal y cultural, y de acuerdo con esto, se van definiendo las normas de funcionamiento y entente. Por lo tanto, es muy importante conocer la cultura (conjunto de creencias, valores y costumbres) de origen de las personas atendidas, para comprender sus acciones, valoraciones y comportamientos, y dar a conocer la cultura de quien las acoge. El puente de comunicación que se establece (en ambos sentidos) es el que favorece una verdadera convivencia en los pisos compartidos de Cáritas Un piso para cada necesidad familiar (y personal) Los pisos compartidos en Cáritas pretenden ofrecer un hogar temporal adaptado a las necesidades de las personas. Cada piso 34 J. Barudy, El dolor invisible de la infancia. Una lectura ecosistémica del maltrato infantil. Ed. Paidós Terapia Familiar

141 Con techo y sin hogar cuenta con el apoyo y las condiciones necesarias para atender con calidad y dignidad a todas las personas que viven en él Pisos para familias monomarentales Para Cáritas una de las principales preocupaciones es velar por el bienestar de la infancia. Y desde nuestros puntos de servicio se atienen muchas situaciones de madres solas con hijos a su cargo que viven en una pensión, en centros de acogida, en habitaciones realquiladas o en viviendas con condiciones precarias, como hemos visto. Para estas familias, la vivienda entendida como techo no es la única necesidad, tienen dificultades importantes para conciliar la vida laboral con la familiar, agravadas por el hecho de que disponen de unos recursos mínimos y porque tienen una escasa o débil red social o familiar que las apoye. Por este motivo, en los pisos compartidos de Cáritas se tratan estas dificultades para poder reconducir su trayectoria familiar, a través de compartir las responsabilidades familiares con otras madres en iguales condiciones, con una ayuda específica para la búsqueda laboral y de un piso definitivo. Es decir, además de un techo, se proporciona un hogar Pisos para personas solas (jóvenes y adultas) en situación de exclusión social Desde Cáritas también se atiene a hombres de más de 55 años que cobran pensiones no contributivas (PNC) o la Renta Mínima de Inserción (RMI); a mujeres solas con relaciones familiares precarias, que sufren situaciones de paro o enfermedad y con pocas posibilidades de insertarse en el mercado laboral; y a jóvenes que han finalizado su estancia en un Centro Residencial de Acción 140

142 Qué hace Cáritas Barcelona. Respuestas en el ámbito de la vivienda Educativa (CRAE) porque han llegado a la mayoría de edad, o que, sencillamente, se encuentran solos en nuestro país, sin ningún referente. Algunas, además, tienen dificultades para lograr una autonomía total, puesto que han perdido o roto muchas relaciones, son ex toxicómanas o sufren enfermedades crónicas como el sida. Son personas, por lo tanto, que se encuentran en una situación de aislamiento social importante, y la posibilidad de compartir un hogar favorece que empiecen a estabilizarse e iniciar un proceso de inserción social. Lo más importante en estos pisos es el trabajo de la relación interpersonal y la autonomía. Cuando es posible, a través de la inserción sociolaboral. Cuando esto no puede ser por ejemplo por problemas de salud con un buen seguimiento médico y sanitario. Hacer red es un primer paso para convertir un techo en un hogar Unidades de convivencia para personas mayores Después de los niños, el colectivo con una situación más preocupante por el índice de pobreza que soporta es el de las personas mayores, principalmente las que se encuentran solas, que no tienen familia o bien no tienen relación, y con pensiones mínimas. Para estas personas, Cáritas pone a disposición unas Unidades de Convivencia de larga estancia, donde como máximo entre tres y cinco personas comparten un hogar con apoyo profesional. Los abuelos residentes mantienen su autonomía, pero ganan en calidad de vida sobre todo por el apoyo y la ayuda mutua. Uno de los principales problemas de la vejez, la soledad, queda superado con la convivencia. 141

143 Con techo y sin hogar 2.2. El camino a la dignidad Los pisos que Cáritas Diocesana de Barcelona ofrece a personas con dificultades de acceso a la vivienda pueden ser de carácter temporal o de larga estancia. Desde un inicio, los profesionales junto con las personas trabajan para poder acceder a alternativas de vivienda más estables (viviendas compartidas en casos de mujeres u hombres solos o familias, viviendas tuteladas, unidades de convivencia, viviendas municipales en casos de personas mayores y pisos compartidos en formato de unidades de convivencia para familias monomarentales, personas sin hogar, etc.). Cada vez más la realidad nos demuestra que hay que generar pisos de larga estancia (definitiva) para determinados colectivos, puesto que esta tipología de vivienda facilita que las personas se establezcan. También les permite mantener su calidad de vida gracias a un apoyo profesional flexible y adaptado a las necesidades de la persona y del grupo de convivencia y a la generación de interdependencia y ayuda mutua. Todos estos pisos compartidos o unidades de convivencia tienen en común un objetivo general y ambicioso: DEVOLVER A LAS PER- SONAS QUE VIVIRÁN EN ELLOS LA DIGNIDAD DE UN HOGAR. 3. TESTIMONIOS DE UN CAMBIO Hemos conocido historias de personas y de familias que viven en unas condiciones de gran precariedad. Es justo que podamos, también, recoger el testigo del cambio que supone recuperar la dignidad por medio de los recursos que Cáritas ha podido ofrecer a algunas de estas familias y personas, si bien no a tantas como querríamos. 142

144 Qué hace Cáritas Barcelona. Respuestas en el ámbito de la vivienda 3.1. Nadando a contracorriente Fadiha es una marroquí de 43 años. Hace casi tres ya que llegó a nuestro país con dos hijos: una chica que ahora tiene 19 años y un chico que tiene 16. Pero entonces los dos eran menores. Vino huyendo de un país donde no veía ningún futuro ni para ella ni para su descendencia. Vengo de Marruecos. Antes vivía muy bien con mi marido, en un piso alquilado. Era un poco pequeño, pero estaba bien. Mi marido tuvo que dejar el trabajo, porque había problemas. Tuvimos que ir a casa de su madre, en Casablanca. Su casa era de tres plantas y vivía sola. Pero cuando fuimos, su otra hija también se vino a vivir con nosotros. Teníamos que vivir juntos. Trajo a su marido, a su hija y a dos hijos. Y el fin de semana venían más cuñados con sus hijos... Y yo lo tenía que hacer todo en la casa. Yo no podía aguantar allí, no podía... Me trataban mal a mí y a mi hija... Allí tienen una 143

145 Con techo y sin hogar mentalidad en que la mujer no tiene valor. A mi hijo lo trataban bien, pero a mi hija no. Le dijo a su marido que se tenían que marchar, que allí no podía aguantar más, pero él decidió hacer caso a su madre. Ella estaba decidida a venir a Barcelona fuera como fuera. Había estudiado dos años de Económicas y su mentalidad chocaba con la vida tradicionalmente patriarcal de Marruecos. Así que no vio ninguna otra salida. Les dijo que se iba a visitar a su familia que vivía en Rabat y de allí cogió un autobús hasta Tánger y de allí hacia Barcelona. Un cuñado de su hermana le dejó el dinero para los visados (6.000 euros) y les dejó vivir en su casa durante un tiempo, en Les Masies de Voltregà, cerca de Vic. Aguantó poco, era un pueblo pequeño y ella no conocía el idioma: Cada día salía a llamar a las puertas: Necesito trabajo, cocina, limpieza. Esto era todo lo que sabía de español. Pero no había nada, nada, nada.... A través de gente de su país que fue conociendo por el camino, volvió a Barcelona y se pudo quedar unas semanas en casa de otra chica marroquí, pero se tuvo que marchar porque la chica se fue de vacaciones a su país y no quiso dejarle la casa. El día que se fue, pasé la noche en la terraza del edificio. No lo he pasado muy mal, pero.... Por suerte era verano... Había hablado con Cruz Roja, pero no le daban hora hasta pasado el verano esto era en julio, pero viendo la situación, volvió y le consiguieron una habitación en una pensión: Fuimos a Cruz Roja y allí lloraba, mis hijos también lloraban... Dónde voy a ir con mis hijos... Me dieron una cita para después del verano, pero dónde iba a ir con mis hijos... Y me dieron una cita inmediatamente... Me trajeron un chico que hablaba francés y traducía... Me 144

146 Qué hace Cáritas Barcelona. Respuestas en el ámbito de la vivienda llevaron a una pensión, en Jaume I, y el chico de la pensión era sirio y hablaba árabe. Me ayudó mucho. También me dieron para comer en un restaurante para gente que no tiene dinero. Hemos pasado allí un mes. Después la asistenta me dijo que tenía que buscar una habitación, que me ayudaría a pagarla, pero no podía estar más en la pensión. La trabajadora social de Cruz Roja le dio direcciones para que buscara alguna habitación de realquiler en L Hospitalet o en Cornellà. Encontró una en L Hospitalet, por 300 euros, pero cuando fue con sus cosas y los dos hijos le dijeron que no. En la desesperación, sin hablar bien la lengua, consiguió que la acompañaran de nuevo a la pensión: El señor de la pensión estaba muy triste y me dejó dormir esa noche sin pagar. Al día siguiente tuve que volver a la asistenta y otra vez a buscar habitación... Encontré una mujer marroquí que alquilaba una habitación en un subsótano. Sin luz ni ventilación. Era un antiguo taller textil chino. Tenía mucha humedad... Mis hijos cada noche lloraban... Pagaba 300 euros más el butano. Había nuestra habitación, una cocina y un baño y otra habitación que querían alquilarla a un chico. Cuando supe que querían alquilarla a un chico y que este iba a venir con dos o tres chicos más, tuve miedo por mi hija... Pasé 15 días allí. Después de esta experiencia, encontró otro piso en Santa Coloma, pero era muy inseguro: Luego fui a una habitación en Santa Coloma, cerca del metro. Estuve seis meses. Primero estaba bien, había una pareja viviendo conmigo. Pero luego salían dos y entraban otros dos. Había cinco habitaciones, un baño, una cocina. Yo tenía una habitación muy bonita, grande, con tres camas y con un patio donde daba mucho el sol. Pero el problema era que los chicos que vivían en las otras habitaciones, menos el que vivía con su novia, que sí me respetaba, pero los demás no... El patio se comunicaba con otra casa que también era del mismo dueño 145

147 Con techo y sin hogar que la nuestra. Entraban por el patio chicos y chicas, por una escalera... Un día se peleaban por una chica. Lo grabé con el móvil y se lo conté a la asistenta social, porque no podía dormir. [Por lo que dice entre líneas, se entiende que se hacía alguna actividad poco clara con objetos robados. Explica que a menudo encontraba móviles y otros aparatos electrónicos en la cocina que no eran de nadie, y que oía hablar de manera misteriosa a los chicos...]. Yo tenía miedo. Después de aquello, y ya atendida por una trabajadora social de Cáritas, se le propuso compartir un piso que la institución tiene en Badalona para casos como el suyo. Desde entonces vive con sus dos hijos y con otra madre y su hija. Fadiha tiene una habitación para ella y su hija y otra para su hijo y ha convertido un armario en un pequeño estudio. Se disculpa por no tener la cocina del todo aseada porque ha tenido que ir al médico y no ha tenido tiempo. Tiene una tendinitis en el codo derecho: Me han puesto una infiltración en el codo. Tengo tendinitis... Ya sabes, tanto trabajar moviendo personas, limpiando, la plancha... Es un trabajo muy fuerte... Es la tercera vez que me infiltran. La primera vez estuve un poco mejor, pero la segunda no me hizo nada. Dentro de unos días me llamarán para hacer rehabilitación. Necesito que mis hijos me ayuden para ir a comprar, porque no puedo llevar peso. Sus hijos, a pesar de todo, no han perdido el contacto con su padre ni con su familia: Normalmente llamamos una vez al mes, pero es muy caro, no podemos llamar más. Él es muy bueno, pero su familia siempre piensa que estamos haciendo algo malo con mi hija. Él sabe que tenemos una asistenta que nos ayuda, pero el problema es que él no habla, se lo queda todo dentro... Yo sabía que tenía que venir con mis hijos... Podía haber pagado euros y venir sola, pero y mis hijos? Yo quería un futuro para ellos, no podía dejarlos allí. Él sabía todo esto, pero escuchaba demasiado a su familia

148 Qué hace Cáritas Barcelona. Respuestas en el ámbito de la vivienda He vivido dos años y medio sin ver a mi madre, a mi familia. Mi madre lloraba cada día por mí. Mi madre vive muy lejos, pero cuando va a casa de mi hermana, en Rabat, hablamos. [Se le llenan los ojos de lágrimas]. Somos tres chicas, ninguna trabaja. Están casadas. Una tiene una finca con una vaca, vende leche. Vive en el pueblo, un poco mejor. La que vive en Rabat no vive tan bien, porque es una ciudad muy cara. Ella, aquí, ha trabajado haciendo trabajillos en casas particulares por horas, y el trabajo que más le ha durado ha sido el cuidado de un abuelo, seis meses, hasta que entró en una residencia. Después estuvo seis meses más en casa de uno de los hijos de este abuelo, de sirvienta. Debieron de quedar contentos, porque los dos le han ofrecido hacerle un contrato cuando pueda tramitar la autorización de residencia por arraigo. Pero, aun así, se ha esforzado para aprender, ha hecho el curso de geriatría que organizan conjuntamente Cáritas y la Fundación San Juan de Dios y ahora está a punto de empezar un curso de mediadora sanitaria. Sus hijos son buenos estudiantes. Fadiha se llena de orgullo cuando habla de ellos, porque la chica estudia para auxiliar de enfermería y el chico hace un módulo de Formación Profesional de mecánica y quiere seguir estudiando e ir a la universidad para hacer Ingeniería de Motores. Fadiha acaba la conversación con la conclusión inevitable: Solamente necesito trabajo. Cuando encuentre un trabajo fijo voy a intentar alquilar un estudio pequeñito... Pero sin trabajo no se puede

149 Con techo y sin hogar 3.2. El amor imposible Nadia nació hace 35 años en la ciudad de Fez, en Marruecos. Es licenciada en Literatura Española, a pesar de que, antes de venir a nuestro país, trabajaba vendiendo apartamentos turísticos en Tánger para una empresa de Galicia. Se ganaba bien la vida y su familia tampoco es pobre, pero su sueño desde la adolescencia era venir a Europa. Tiene una tía que vive en Francia desde hace 40 años que le prometió estudios superiores, y no quería renunciar a ellos todavía no renuncia, a pesar de que ha tenido que ir modificando sus planes sobre la marcha. Nadia, que ya es madre de un hijo de un año y medio, es del todo consciente de su situación y sabe la responsabilidad que tiene: Llegué aquí como turista. Como trabajaba con esta empresa gallega no tuve problemas de visado. Trabajaba bien, ganaba bien, 148

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