POESÍA HISPÁNICA ACTUAL ANTOLOGIA III

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1 POESÍA HISPÁNICA ACTUAL ANTOLOGIA III Selección, Tomás Yerro Barañáin (Navarra), octubre de 2012

2 FRANCISCO DE QUEVEDO ( ) Desde la torre Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos. Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan, o fecundan mis asuntos; y en músicos callados contrapuntos al sueño de la vida hablan despiertos. Las grandes almas que la muerte ausenta, de injurias de los años, vengadora, libra, oh gran don Iosef!, docta la emprenta. En fuga irrevocable huye la hora; pero aquélla el mejor cálculo cuenta que en la lección y estudios nos mejora. JORGE LUIS BORGES ( ) Un lector Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído. No habré sido un filólogo, no habré inquirido las declinaciones, los modos, la laboriosa mutación de las letras,] la de que se endurece en te,

3 la equivalencia de la ge y de la ka, pero a lo largo de mis años he profesado la pasión del lenguaje. Mis noches están llenas de Virgilio; haber sabido y haber olvidado el latín es una posesión, porque el olvido es una de las formas de la memoria, su vago sótano, la otra cara secreta de la moneda. Cuando en mis ojos se borraron las vanas apariencias queridas, los rostros y la página, me di al estudio del lenguaje de hierro que usaron mis mayores para cantar espadas y soledades, y ahora, a través de siete siglos, desde la Última Thule, tu voz me llega, Snorri Sturluson. El joven, ante el libro, se impone una disciplina precisa y lo hace en pos de un conocimiento preciso; a mis años, toda empresa es una aventura que linda con la noche. No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte, no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd; la tarea que emprendo es ilimitada y ha de acompañarme hasta el fin, no menos misteriosa que el universo y que yo, el aprendiz. MIGUEL D'ORS (1946) Lágrima que yo he visto brotar de tu silencio y de tus quince años y que cayó en la tarde con un algo de hoja desprendida de un mayo... Yo no sé de qué pena, de qué esperanza rota, de qué nombre venía, ni si era tu primera lágrima de mujer o la última de niña.

4 Yo pasé junto a ti como pasaba el viento y el rumor de las olas. Nunca sabré tu nombre. Nunca sabré el pasado de esa lágrima sola. Ni tú sabrás tampoco que una tristeza tuya cruzó una vez mi vida... La noche será corta. Mañana volverás a ser una sonrisa. Pero quiero decirte que esa lágrima tuya, cayendo inconsolable de tus años -tan dulces, tan amargos, tan quince-, desbarató la tarde; que la playa y el verde de las enredaderas y julio y sus gaviotas se ensombrecieron cuando, a solas con el mar, lloraste porque todo, porque nada, por cosas. JUAN BONILLA (1966) Cordura de Dios que quitas el pecado del mundo Padre nuestro que estás en paradero desconocido, líbranos de Ti. No nos llenes el tiempo con tu ausencia. Tú utilizaste el fuego del infierno para encender el sol de nuestra infancia. No nos des certidumbre de tus ojos después de que los nuestros ya no puedan mirar la rosa negra de la vida. Oh cordura de Dios que catas el pecado del mundo,

5 dispendia tu bondad con los cobardes, los que te encuentran en cualquier fenómeno de meteorología, los que imponen tu Nombre en leyes y oraciones. Confórmate con ser un huésped de nuestra infancia rota en mil pedazos. Vacíanos de Ti, regresa a tus orígenes a aquella inmensa noche de tormenta en la que el miedo de unos monos te inventara. CARLOS EDMUNDO DE ORY ( ) Fonemoramas Si canto soy un cantueso Si leo soy un león Si emano soy una mano Si amo soy un amasijo Si lucho soy un serrucho Si como soy como soy Si río soy un río de risa Si duermo enfermo de dormir Si fumo me fumo hasta el humo Si hablo me escucha el diablo Si miento invento una verdad Si me hundo me Carlos Edmundo GIOCONDA BELLI (1948) De noche, la esposa aclara No. No tengo las piernas de la Cindy Crawford. No me he pasado la vida en pasarelas,

6 desfiles de modas, tostada bajo las luces de los fotógrafos. Mis piernas son anchas ya llegando a la cadera, y a pesar de mis múltiples intentos por ponerme trajes aeróbicos y tirarme en el suelo a sudar, no logro que pierdan esa tendencia a ensancharse, como pilares que necesitaran jugoso sustento. No. No tengo la cintura de la Cindy Crawford ni ese vientre perfecto, liso y ligeramente cóncavo, con el ombligo deslumbrante en el centro. Alguna vez lo tuve. Alguna vez presumí de esa región de mi anatomía. Fue antes de que naciera Camilo, antes de que el decidiera apresurarse a nacer y decidiera entrar al mundo de pie; antes de que la cesárea me dejara cicatriz. No. No tengo los brazos de la Cindy Crawford tostados, torneados, cada músculo fortalecido con el ejercicio indicado, las pesas delicadamente balanceadas. Mis brazos delgados no han desarrollado más musculatura que la necesaria para marcar estas teclas, cargar a mis hijos, cepillarme el pelo, gesticular discutiendo sobre el futuro, abrazar a los amigos. No. No tengo los pechos de la Cindy Crawford, anchos, redondos, copa B o C. Los míos nunca han sido muy lucidores en los escotes, aún cuando mi madre me aseguraba -madre al finque los pechos, así separados, eran los pechos griegos de la Venus de Milo. Ah! Y la cara, la cara de la Cindy Crawford, ni se diga. Ese lunar en la comisura de la boca, las facciones tan en orden, los ojos grandes, el arco de las cejas, la nariz delicada. Mi cara, por la costumbre, ha terminado por gustarme: los ojos de elefante, la nariz con sus ventanas de par en par, la boca respetable, después de todo sensual. Se salva el conjunto con la ayuda del pelo. En este departamento sí puedo aventajar a la Cindy Crawford. No sé si esto pueda servirte de consuelo.

7 Por último y como la más pesada evidencia, no tengo el trasero de la Cindy Crawford: pequeño, redondo, cada mitad exquisitamente delineada. El mío es tenazmente grande, ancho, ánfora o tinaja, usted escoja. No hay manera de ocultarlo y lo más que puedo es no tenerle vergüenza, sacarle provecho para leer cómodamente sentada o ser escritora. Pero decime: Cuántas veces has tenido a la Cindy Crawford a tus pies? Cuántas veces te ha ofrecido, como yo, ternura en la mañana, besos en la nuca mientras dormís, cosquillas, risas, el sorbete en la cama, un poema de pronto, la idea para una ventura, las premoniciones? Qué experiencias te podría contar la Cindy Crawford que, remotamente, pudieran compararse con las mías, qué revoluciones, conspiraciones, hechos históricos, tiene ella en su haber? Modestia aparte: Será su cuerpo tan perfecto capaz de los desaforos del mío, brioso, gentil, conocedor de noches sin mañana, de mañanas sin noche, sabio explorador de todos los rincones de tu geografía? Pensalo bien. Evaluá lo que te ofrezco. Cerrá esa revista y vení a la cama. MARIA VICTORIA ATENCIA (1931) Sazón Ya está todo en sazón. Me siento hecha, me conozco mujer y clavo al suelo profunda la raíz, y tiendo en vuelo la rama, cierta en ti, de su cosecha. Cómo crece la rama y qué derecha! Todo es hoy en mi tronco un solo anhelo de vivir y vivir: tender al cielo,

8 erguida en vertical, como la flecha que se lanza a la nube. Tan erguida que tu voz se ha aprendido la destreza de abrirla sonriente y florecida. Me remueve tu voz. Por ella siento que la rama combada se endereza y el fruto de mi voz se crece al viento. ÁNGEL GONZÁLEZ ( ) Muerte en el olvido Yo sé que existo porque tu me imaginas. Soy alto porque tu me crees alto, y limpio porque tú me miras con buenos ojos, con mirada limpia. Tu pensamiento me hace inteligente, y en tu sencilla ternura, yo soy también sencillo y bondadoso. Pero si tú me olvidas quedaré muerto sin que nadie lo sepa. Verán viva mi carne, pero será otro hombre -oscuro, torpe, malo- el que la habita... Me basta así Si yo fuera Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti; lo probaría (a la manera de los panaderos cuando prueban el pan, es decir: con la boca), y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea tu mismo olor, y tu manera

9 de sonreír, y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente, y de besarnos sin hacernos daño -de esto sí estoy seguro: pongo tanta atención cuando te beso; entonces, si yo fuese Dios, podría repetirte y repetirte, siempre la misma y siempre diferente, sin cansarme jamás del juego idéntico, sin desdeñar tampoco la que fuiste por la que ibas a ser dentro de nada; ya no sé si me explico, pero quiero aclarar que si yo fuese Dios, haría lo posible por ser Ángel González para quererte tal como te quiero, para aguardar con calma a que te crees tú misma cada día, a que sorprendas todas las mañanas la luz recién nacida con tu propia luz, y corras la cortina impalpable que separa el sueño de la vida, resucitándome con tu palabra, Lázaro alegre, yo, mojado todavía de sombras y pereza, sorprendido y absorto en la contemplación de todo aquello que, en unión de mí mismo, recuperas y salvas, mueves, dejas abandonado cuando -luego- callas... (Escucho tu silencio. Oigo constelaciones: existes. Creo en ti. Eres. Me basta. CRISTINA PERI ROSSI (1941)

10 Historia de un amor Para que yo pudiera amarte los españoles tuvieron que conquistar América y mis abuelos huir de Génova en un barco de carga. Para que yo pudiera amarte Marx tuvo que escribir El capital y Neruda la Oda a Leningrado. Para que yo pudiera amarte en España hubo una guerra civil y Lorca murió asesinado después de haber viajado a Nueva York. Para que yo pudiera amarte Virginia Woolf tuvo que escribir Orlando y Charles Darwin viajar al Río de la Plata. Para que yo pudiera amarte Catulo se enamoró de Lesbia y Romeo, de Julieta, Ingrid Bergman filmó Stromboli y Pasolini, Los cien días de Saló. Para que yo pudiera amarte, Lluís Llach tuvo que cantar El segadors y Milva, los poemas de Bertolt Brecht. Para que yo pudiera amarte alguien tuvo que plantar un cerezo en la tapia de tu casa y Garibaldi pelear en Montevideo. Para que yo pudiera amarte las crisálidas se hicieron mariposas y los generales tomaron el poder. Para que yo pudiera amarte tuve que huir en barco de la ciudad donde nací y tú combatir a Franco. Para que nos amáramos, al fin, ocurrieron todas las cosas de este mundo

11 y desde que no nos amamos sólo existe un gran desorden. LUIS ALBERTO DE CUENCA (1950) El desayuno Me gustas cuando dices tonterías, cuando metes la pata, cuando mientes, cuando te vas de compras con tu madre y llego tarde al cine por tu culpa. Me gustas más cuando es mi cumpleaños y me cubres de besos y de tartas, o cuando eres feliz y se te nota, o cuando eres genial con una frase que lo resume todo, o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno), o cuando me perdonas un olvido. Pero aún me gustas más, tanto que casi no puedo resistir lo que me gustas, cuando, llena de vida, te despiertas y lo primero que haces es decirme: «Tengo un hambre feroz esta mañana. Voy a empezar contigo el desayuno». Bebétela Dile cosas bonitas a tu novia: «Tienes un cuerpo de reloj de arena y un alma de película de Hawks.» Díselo muy bajito, con tus labios pegados a su oreja, sin que nadie pueda escuchar lo que le estás diciendo (a saber, que sus piernas son cohetes dirigidos al centro de la tierra, o que sus senos son la madriguera de un cangrejo de mar, o que su espalda es plata viva). Y cuando se lo crea y comience a licuarse entre tus brazos, no dudes ni un segundo: bébetela. ÁNGEL GARCÍA LÓPEZ

12 (1935) La selva Justo donde la casa, el hormigón que gira levantándose, las piedras y el ladrillo obediente, estuvo, no hace mucho, la selva. En otro tiempo Nada recuerda ahora la feria del vivir.las hierbas altas de antaño. Tanto trébol. Los niños que corrían descubriendo la flor. La bella historia del nido. Aquellos árboles. Alguien sembró su rayo, la fiereza exultante que el dorso es de la savia. El hierro se erige en el lugar. Los albañiles elevan la argamasa. Inician torres de cemento durísimo. El escombro se posesiona del verdor. Asfixia con su polvo los animales libres de la tierra que, un día no lejano, procrearan su estirpe. Ahora es el triunfo del bodegón sobre la gracia viva del vegetal. Todo engaña, recuérdalo. Es efímero. Tanto espejo que finge sus plurales azogues. En el lavabo cruzan cigüeñas, estorninos gigantes, con un cesto de frutas en la voz. Corren grifos. Hermosas cataratas y cisternas. Fúnebres melodías en el agua que brota. Aquí yacen, podridos, el mundo liliput de los insectos, las hormigas menores. Tantos seres de estatura inferior, hoy calcinados bajo el jardín. Detrás de los visillos se iluminan estancias, otras flores ingenuas que están como enterradas en el cuadro. Sin aire y sin perfume. Cadáveres que el óleo

13 representó. Todo es así. Recuérdalo: figuras que se borran. Espejismos. Adobes. No. No hay nada que nos duela si no es la carne misma la que sufre. Alguien desconocido, cada tarde, se entrena pensando cómo herir. Nació, a nuestro pesar, la arquitectura donde el ramaje puso su hermoso pie silvestre. Trazó las alambradas de la verja, los bancos del zaguán. Toda esta flora que suplantó lo vivo de aquello que aquí fue. Nada recuerda ahora la bella floración, los minaretes pulcros del enebro. La lluvia de los tímidos sauces. Ahora, qué hacer, son ya los signos de la grandeza. El tiempo, cada río, lleva su historia al mar. Todo fenece, cambia como un rostro. Se viste ahora la selva con la tibia casulla que decora y maltrata la presunción. Abdican de su trono las ramas. Los gorriones se aman en la acera. Se persiguen el vuelo sin encontrar más sol que las cenizas de la luz. Justo el lugar. Aquí, donde la casa ésta que, sin deber, pienso es hermosa. Donde amanecen vidrios y mosaicos, la herramienta que brilla, estuvo el polen. Recuérdalo. no era como subir a una montaña? El ojo iba trazando su ascensión. Crecía el fresno su abundancia, su violenta conquista. Y el roble alzaba intacto su tronco, lo que el pájaro pudo traer desde la sierra. El pico ya salobre de azul que era mar.tallos de nieve. Olvido y herbazales. Nuevo aroma

14 que hoy grita en pebeteros de cristal. Otros sándalos. Maderas donde el disco del sol decanta el turbio oro. Hoy, ya fauna distinta, el hombre mira con dolor el paisaje que vio feliz. Oye llover como trinar. Costumbre ya del duelo. Que todo es un museo, preparado con sed de lastimar. Pero nosotros resistiremos. Haremos la pupila un viejo arcón de plata. Y siempre será selva nuestra memoria. LUIS GARCIA MONTERO (1958) El insomnio de Jovellanos Porque sé que los sueños se corrompen, he dejado los sueños. El mar sigue moviéndose en la orilla. Castillo de Bellver, 1 de abril de Pasan las estaciones como huellas sin rumbo, la luz inútil del invierno, los veranos inútiles. Pasa también mi sombra, se sucede por el castillo solitario, como la huella negra que los años y el viento han dejado en los muros. Estaciones, recuerdos de mi vida, viene el mar y nos borra. El mar sigue moviéndose en la noche, cuando es sólo murmullo repetido, una intuición lejana que se encierra en los ojos y esconde en el silencio de mi celda todas las cosas juntas, la cobardía, el sueño, la nostalgia, lo que vuelve a la orilla después de los naufragios. Al filo de la luz, cuando amanece,

15 busco en el mar y el mar es una espada y de mis ojos salen los barcos que han nacido de mis noches. Unos van hacia España, reino de las hogueras y las supersticiones, pasado sin futuro que duele todavía en manos del presente. El invierno es el tiempo de la meditación. Otros barcos navegan a las costas de Francia, allí donde los sueños se corrompen como una flor pisada, donde la libertad fue la rosa de todos los patíbulos y la fruta más bella se hizo amarga en la boca.el verano es el tiempo de la meditación. Y el mar sigue moviéndose. Yo busco un tiempo mío entre dos olas, ese mundo flexible de la orilla, que retiene los pasos un momento, nada más que un momento, entre la realidad y sus fronteras. Lo sé, meditaciones tristes de cautivo... no sabría negarlo. Prisionero y enfermo, derrotado, lloro la ausencia de mi patria, de mis pocos amigos, de todo lo que amaba el corazón. En el mismo horizonte del que surgen los días y la luz que acaricia los pinos y calienta mi celda, surgen también la noche y los naufragios. Mis días y mis noches son el tiempo de la meditación. Porque sé que los sueños se corrompen he dejado los sueños, pero cierro los ojos y el mar sigue moviéndose y con él mi deseo y puedo imaginarme mi libertad, las costas del Cantábrico, los pasos que se alargan en la playa

16 o la conversación de dos amigos. Allí, rozadas por el agua, escribiré mis huellas en la arena. Van a durar muy poco, ya lo sé, nada más que un momento. El mar nos cubrirá, pero han de ser las huellas de un hombre más feliz en un país más libre. ANTONIO COLINAS (1946) Giacomo Casanova acepta el cargo de bibliotecario que le ofrece, en bohemia, el conde Waldstein Il vostro passo di velluto E il vostro sguardo di vergine violata (Dino Campana) Escuchadme, Señor, tengo los miembros tristes. Con la Revolución Francesa van muriendo mis escasos amigos. Miradme, he recorrido los países del mundo, las cárceles del mundo, los lechos, los jardines, los mares, los conventos, y he visto que no aceptan mi buena voluntad. Fui abad entre los muros de Roma y era hermoso ser soldado en las noches ardientes de Corfú. A veces he sonado un poco el violín y vos sabéis, Señor, cómo trema Venecia con la música y arden las islas y las cúpulas. Escuchadme, Señor, de Madrid a Moscú he viajado en vano, me persiguen los lobos del Santo Oficio, llevo un huracán de lenguas detrás de mi persona, de lenguas venenosas. Y yo sólo deseo salvar mi claridad, sonreír a la luz de cada nuevo día, mostrar mi firme horror a todo lo que muere. Señor, aquí me quedo en vuestra biblioteca, traduzco a Homero, escribo de mis días de entonces, sueño con los serallos azules de Estambul.

17 ANA ROSSETTI (1950) Chico Wrangler Dulce corazón mío de súbito asaltado. Todo por adorar más de lo permisible. Todo porque un cigarro se asienta en una boca y en sus jugosas sedas se humedece. Porque una camiseta incitante señala, de su pecho, el escudo durísimo, y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale. Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas, dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan. Se separan. AURORA LUQUE (1962) De la publicidad Reportaje de moda en Marrakech. Tres loin de l'innocence este perfume. Una fotografía retocada con acuarelas suaves. Si desea reparamos su piel. Esta revista cuenta familiares parábolas al fin: de cómo maquillar los sueños agresivos o cómo estilizar la derrota y el tedio. Perfumada de Armani la nada es altamente soportable. ALBERTO VEGA (1956) La chica del anuncio Bien podría comprar esas bragas que anuncia o tratar de encontrarla a través de su agencia, pero no, nada de eso,

18 tuve que enamorarme como un niño de su imán y diariamente mirarla de reojo por las calles más céntricas. Últimamente pienso que si cambia la chica de las vallas que nos venden su sonrisa no haré por encontrarla a través de su agencia: Compraré, por despecho, esas bragas que anuncia. EDGAR LEE MASTERS ( ) La Colina Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley, el abúlico, el de brazo fuerte, el payaso, el borrachín, el peleador? Todos, todos, están durmiendo en la colina Uno se fue en una fiebre, uno ardió en la mina, uno lo mataron en una riña, uno murió en la cárcel, uno cayó de un puente mientras trabajaba para su esposa e hijos. Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina. Dónde están Ella, Kate, Mag, Edith y Lizzie? la de corazón tierno, la ingenua, la ruidosa, la orgullosa, la feliz? Todas, todas, están durmiendo en la colina Una murió en un parto vergonzoso, una por un amor desgraciado, una a manos de un bruto en un burdel, una por el orgullo despedazado mientras buscaba un ideal, una, persiguiendo la vida en las lejanas Londres y París, fue traída a su pequeño espacio por Ella y Kate y Mag. Todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina. Dónde están el tío Isaac y la tía Emily y el viejo Towny Kinkaid y Sevigne Houghton y el alcalde Walker, que llegó a hablar con venerables hombres de la revolución? Todos, todos, están durmiendo en la colina. Les trajeron hijos muertos de la guerra, hijas aplastadas por la vida

19 y a sus hijos huérfanos, llorando. Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina. Dónde está el viejo violinista Jones que cantó la vida todos sus noventa años enfrentando la nieve a pecho desnudo, bebiendo, peleando, sin pensar ni en la mujer ni en la familia ni en el dinero ni en el amor ni en el cielo? Oídlo! Recuerda, balbuceante, el pescado frito de antaño; las carreras de caballos de otrora en el bosque de Clary; lo que Abe Lincoln dijo una vez en Springfield. JESÚS MAULEÓN (1936) Primer verano Ahora, padre, que amanece y rompe como un hachazo espléndido el verano sin ti, siento vacío el mundo, parado el aire tibio, encogida la luz que se derrama. Ven a las mieses, ven, para que lamentemos la ballueca, ven al olor a tierra y a mañana, ven a tocar la espiga y a respirar el polvo de los tuyos. Padre mío, que estás en la muerte, pronunciado sea tu nombre en la mañana de los pájaros, venga tu piel tostada de anciano al reino del sol, hágase al fin tu palabra sin voz en esta tierra que tanto has amado. Ven a las viñas, ven y ponte a edrar, vuelve a la ternura de los pámpanos, ven al cansancio, ven al trago de vino y a aquel sudor tan tuyo. Por esta ausencia tuya, hermana de la tierra, se abrasa mi recuerdo de ababoles, se desmaya de láginas, se eriza con lo agudo de los cardos, zarpa sobre las olas de las mieses, anuncia entre las cepas las ubres de dulzura, se retuerce de olivo de tu raza sin fondo. Por esta ausencia tuya mi voluntad madruga, pone las herramientas en tus manos:

20 te da una azada, layas, hoz, tijeras de podar (lo que murió no admite más heridas). Ven a las mieses, ven, pues fuiste segador de tanto abrazo. Ven a las cepas, ven, ven al aceite; vuelva tu poda lenta como un rito. Ven a la vida, ven, ven de la muerte. Ven a mi llanto, que el verano empieza.