LISTA DE ENCABEZAMIENTOS DE MATERIA PARA LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS

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1 LISTA DE ENCABEZAMIENTOS DE MATERIA PARA LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS Segunda edición revisada MINISTERIO DE CULTURA Dirección General del Libro y Bibliotecas

2 Ministerio de Cultura Dirección General del Libro y Bibliotecas Plaza del Rey, Madrid ISBN: Depósito legal: M NIPO: NIPO: (publicación electrónica) Imprime: Imprenta Ministerio de Cultura Printed in Spain

3 PRESENTACIÓN El Centro de Coordinación Bibliotecaria de la Dirección General del Libro y Bibliotecas tiene el propósito de ir publicando los instrumentos de trabajo imprescindibles para la buena gestión de una biblioteca. Dentro de este propósito general ocupan un primer lugar los que tienen un valor técnico normativo y favorecen la homogeneización de los catálogos. A las Reglas de Catalogación, publicadas el año pasado, sigue esta Lista de Encabezamientos de materia para Bibliotecas Públicas que, en cierto modo, es el complemento de aquéllas para la redacción del catálogo en la biblioteca pública. Desde que la benemérita Lista de Encabezamientos de Materia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas se agotó, hace ya cerca de veinte años, los bibliotecarios en general y los de bibliotecas públicas, en particular, han sentido la necesidad de contar con un instrumento de trabajo de esta naturaleza, necesidad que no han podido ver satisfecha hasta este momento. Es de esperar que el esfuerzo de la Comisión que ha elaborado esta Lista se vea recompensado por el mejor reconocimiento que se les puede tributar: el uso constante y las observaciones oportunas. La Dirección General del Libro y Bibliotecas se complace en ofrecer esta publicación a todos los profesionales y espera, gracias al esfuerzo de todos, ir completando la redacción de las distintas normas que permitan un proceso bibliográfico y bibliotecario homogéneo y coherente. JUAN MANUEL VELASCO RAMI Director General del Libro y Bibliotecas

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5 INTRODUCCIÓN Desde que la biblioteca pública ha tomado como propia la misión de proporcionar a toda la comunidad a la que sirve la información que ésta necesita para el ejercicio de todas sus responsabilidades (personales, profesionales, sociales y políticas) el catálogo alfabético de materias parece tener asegurado un largo futuro. La mejor confirmación de este futuro se halla en la abundante bibliografía especializada que se ocupa de este asunto. En los Estados Unidos, un siglo después de que Charles A. Cutter publicase en 1876 sus Rules for a Dictionary Catalog (que suelen citarse por su 4 ed.: Washington: Government Printing Office, 1904) aparecía la obra de Loys Mai chan (Library of Congress Subject Headings. Littleton, (Colo.): Libraries Unlimited, 1978) como código fundamental de reglas para utilizar los Subject Headings de la Biblioteca del Congreso. Detrás quedaban obras tan importantes como las de David Judson Haykin (Subject Headings: A Practical Guide. Washington: Government Printing Office, 1951; reimpr. New York: Gordon Press, 1978) y Julia Pettee (Subject Headings: The History and Theory of the AlphabÉtical Subject Approach. New York: H. W. Wilson, 1947). Y, como instrumentos de trabajo en todas las bibliotecas norteamericanas y en muchas otras del mundo, dos grandes listas: la ya citada de la Biblioteca del Congreso de Washington (cuya 9. a ed. en 2v. es de 1980 con suplemento de 1982 y puestas al día y correcciones frecuentes) y la de Sears (Sears, Minnie Earl: Sears List of Subject Headings. 12 th. ed. New York: H. W. Wilson, 1982) cuya última edición aquí citada no ha dejado de servirse de la lista de la biblioteca más grande del mundo. Precisamente estas dos listas han servido de base a las dos más importantes en lengua española: Lista de encabezamientos de materias para bibliotecas por Carmen Rovira y Jorge Aguayo (Washington: Unión Panamericana, v. y dos suplementos, en 1969 y 1970, respectivamente) y Sears: Lista de encabezamientos de materia (trad. y ad. Carmen Rovira, de la 12. a ed. inglesa ed. Barbara M. Westby. New York: H. W. Wilson, 1984). La primera, que recoge la experiencia de un grupo de grandes bibliotecas hispanoamericanas, se confiesa deudora de la lista de la Biblioteca del Congreso de la que directa o indirectamente depende; la segunda es una traducción inteligentemente adaptada por quien, figurando en estas dos grandes obras, es nuestra primera especialista en lengua española en este asunto. 7

6 No es de extrañar que, hallándose en los Estados Unidos la cuna de la moderna biblioteca pública, se hayan sentado allí las bases del principal y más sencillo medio de recuperación de la información contenida en una biblioteca de carácter general que son los encabezamientos de materia. Pero no es el único país que se ha ocupado de publicar listas o de redactar reglas. La biblioteconomía italiana, ya desde G. Fumagalli, introductor de las Reglas de Cutter en 1887, ha dedicado excelentes estudios históricos y teóricos a nuestra materia, entre los que vale citar el de C. Revelli (II catálogo per soggetti. Roma: Bizzarri, 1970) y el de A. Serrai (Del catalogo alfabetico per soggetti. Semantica del rapporto indicale. Roma: Bulzoni, 1979) y, entre otras, la importante lista titulada Soggettario per i cataloghi delle biblioteche italiane (Firenze; Centro Nazionale per il Catalogo Unico, Supl. 1977), muy utilizado en importantes bibliotecas españolas. En este ámbito, hemos de citar también, por su influencia, las Norme per il Catalogo degli stampati della Biblioteca Vaticana publicadas en 1935 en su primera edición y traducidas al español en Francia, que en 1966 publicó (París: Hachette) su Liste de vedettes matière de Biblio con los encabezamientos utilizados en la confección de la bibliografía en curso a la que se alude en el título de la Lista, no ha sido madrugadora en su preocupación por esta forma de catalogación. Pero recientemente el interés se ha suscitado y, si bien la Biblioteca Pública de Información del Centro Pompidou echó mano para la confección de su catálogo por materias del Répertoire de vedettes-matière de la Universidad Laval de Québec, considerado como la única lista importante en lengua francesa, tanto esta biblioteca como la Nacional han comenzado (desde 1976 y 1982, respectivamente) la publicación de sus encabezamientos con los que se formará una Liste encyclopédique française de vedettes-matières cuyas reglas de uso han dado lugar a un proyecto de norma (Z ) difundido en Mientras tanto, aparecen listas (Martine Blanc-Montmayeur y Françoise Danset, Choix de vedettes matières à l intention des bibliothèques. París: Cercle de la librairie, 1984) basadas todavía en la norma vigente (Z ), y estudios como los de Alain Gleyze (Pour une méthode d indéxation alphabétique de matières. Villeurbanne: ENSB, 1983) y, sobre todo, Nöe Richter (Grammaire de l indéxation alfabétique. Le Mans: Bibliothèque de la l université du Maine, 1984). En la República Federal de Alemania existe una base de normalización al aceptar la bibliografía comercial Verzeichnis Lieferbarer Bücher los encabezamientos utilizados por la Deutsche Bibliothek de Frankfurt (v. Kelm, Barbara y Schulze, Christa: Regeln für die Ansetzung un Verwendung der Schlagwörter... Frankfurt, Deutsche Bibliothek, 1979) Schlagwortkatalog «Erlanger Regelwerk» 4. a ed. rev. Munich, 1977). Por iniciativa de la Bayerische Staatsbibliothek de Munich y de la Deutsche Bibliothek de Frankfurt se creó en 1980 una Comisión dentro del Deutsche Bibliotheksinstitut (DBI) cuyo resultado final deberían ser unas reglas de encabezamientos de materia (Regeln für dem Schlagwort-Katalog, más exactamente) que habrían de ponerse en práctica por la Deutsche Bibliothek a partir de Un esbozo de estas Reglas apareció ya en febrero de Entre los estudios de introducción baste con citar el de Agnes Stählin (con la colaboración de Roswitha Poll y comisionadas por la Biblioteca Universitaria 8

7 de Erlangen-Nürnberg) al que hemos aludido hace poco y el de Heinrich Roloff (Lehrbuch der Sachkatalogisierung. 5. a ed. München: Saur, 1978). Gran Bretaña, destacada en los últimos tiempos por sus estudios en este campo (Coates, E. J.: Subject Catalogues. Headings and Structure. London: L. A., 1960) ha abierto las puertas al futuro con el PRECIS (Preserved Context Indexing System) utilizado por la British Library en la bibliografía nacional británica (V. Wellisch, Hans H.: The PRECIS index system. New York: Wilson, 1974 y Austin, Derek: PRECIS, A manual of concept analysis... London: The Council ofthe BNB, 1974). Sería ingenuo creer que en España y, sobre todo, en lengua española no se ha hecho nada. Baste con nombrar una vez más a Carmen Rovira y aludir a su fundamental estudio. Los epígrafes en el catálogo diccionario (2. a ed. rev. Washington: Unión Panamericana, 1966) al que nos remitimos para información acerca de todo lo realizado, sobre todo en lengua española, hasta la fecha de su edición. Posteriormente, Carmen Rovira ha publicado, además de la ya citada traducción y adaptación de la 12. a edición de la lista de Sears, Encabezamientos de materia en español. Pautas y principios. (Bogotá ICFES, En Méjico, donde Gloria Escamilla González ha dirigido la publicación de la Lista de encabezamientos de materia, elaborada en el Departamento de Catalogación de la Biblioteca Nacional de México (2. a ed. México: UNAM, 1978), Blanca María Castañón Moreno había publicado su obra Los encabezamientos de materia (México: Colegio de Bibliotecología y Archivología, 1974). Pero en España, en los últimos treinta años, no hemos contado más que con algunas alusiones en la obra de M. Luisa Poves Bárcena, El catálogo diccionario: normas para su redacción. (Madrid; Dirección General de Archivos y Bibliotecas, 1970; edición abreviada, Madrid: ANABAD, 1979) y con una lista de una biblioteca (Encabezamientos de materias para bibliotecas. Madrid; CSIC, Biblioteca General, 1965). En todo caso, el bibliotecario español, cuando no ha tenido que sentirse fedatario de instrumentos de trabajo extranjeros, ha tenido que utilizar medios que o bien eran adaptación de listas norteamericanas o bien, en el mejor de los casos, eran el reflejo de la estructura bibliográfica de una determinada biblioteca. De hecho, la Biblioteca Nacional ha construido su archivo de encabezamientos acudiendo sobre todo a la lista de la Biblioteca del Congreso y al Soggettario florentino. De este archivo se ha nutrido nuestra bibliografía nacional y Bibliografía Española ha sido el recurso del que con mayor frecuencia han echado mano nuestros bibliotecarios para resolver el problema de su catálogo alfabético de materias. No carecía de sentido, pues, intentar redactar una lista/código para los bibliotecarios españoles que sirviera de lenguaje fundamental de recuperación de la información y de instrumento básico para la redacción del catálogo alfabético de materias (generalmente mezclado con el de autores y el de títulos para formar el catálogo diccionario) en las bibliotecas españolas. El pensamiento iba dirigido a las bibliotecas públicas y además españolas. Si por fortuna esta obra alcanzase a servir para más, miel sobre hojuelas. Con esta idea, se formó una primera comisión a fines de 1975, que se reunió con una cierta asiduidad durante los años 1976 y 1977, cuyos trabajos se vie- 9

8 ron interrumpidos por causas que no son de este lugar. De ella formaban parte, entre otros, algunos bibliotecarios que posteriormente, por distintos motivos, no habían de hallarse presentes. Vale la pena recordar aquí los nombres de Carmen Amaniel, de Felicidad Buendía, de Milagros del Corral y de Carlos Rodríguez-Jouliá, quienes no podrían incorporarse de nuevo a los trabajos. Efectivamente, a partir de 1981 quedó establecida una nueva Comisión formada por los siguientes bibliotecarios: Presidente: Manuel Carrión Gútiez Vocales: Pilar Benedito Castellote M. a Dolores del Castillo Cuervo-Arango Josefina Delgado Abad Isabel Fonseca Ruiz M. a Carmen Lázaro Corthay David Torra Ferrer Éste ha sido el grupo a cuyos componentes, en la medida en que han participado en los trabajos, hay que agradecer la redacción de esta Lista. Las ideas básicas que han orientado su trabajo han sido las siguientes: 1. Conseguir una lista de encabezamientos de materia al servicio de la normalización y eficacia de las bibliotecas públicas españolas. 2. Obtener una lista española y al mismo tiempo universal, al prescindir de traducir o adaptar una lista extranjera de encabezamientos o la de una biblioteca determinada. 3. Partir de la idea de un esquema ideal de colección para biblioteca pública de nuestro tiempo que quiera ser reflejo fiel de la cultura actual. Con ello se conseguía también tratar las líneas rectoras para las adquisiciones de la misma. El esquema creímos verlo en el Unesco Thesaurus. A structured list of descriptora for indexing and retrieving literature in the fields of education, science, social science, culture and comunication. París: Unesco, 1977 (compilado por Jean Aitchisin y traducido en 1984 al español por Jean Viet). 4. Considerar el Thesaurus no más que como entramado básico para la redacción de los encabezamientos. Posteriormente, los encabezamientos escogidos han sido verificados en el fichero de encabezamientos de materia de la Biblioteca Nacional, para recibir lo que podemos llamar la confirmación bibliográfica, es decir, el convencimiento de que se trata de encabezamientos que la producción bibliográfica española ha obligado ya a utilizar. 5. Por último se ha procedido a relacionar los encabezamientos entre sí y a comprobar la existencia de un cierto rigor en la aplicación de normas que conviertan esta Lista en un lenguaje documentado «controlado». Haciendo oídos sordos a las necesidades de nuestras bibliotecas, esta obra podría haber esperado a ser perfecta, es decir, haber sido aplazada hasta nunca jamás. Pero hemos preferido atender la llamada de los bibliotecarios y abrir 10

9 un camino largo de recorrer. Sólo la experiencia de todos los que utilicen esta herramienta permitirá ir corrigiendo sus errores y rellenando sus lagunas. La realización del proyecto SABINA debe hacer accesible a todos el fichero de autoridades que se utilice para los encabezamientos de materia tanto de libros nacionales como extranjeros. Pero, en última instancia, es cada bibliotecario el que tiene que ajustar la biblioteca a las necesidades informativas de la comunidad a la que sirve. La Comisión 11

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11 NORMAS PARA EL USO DE ESTA LISTA DE ENCABEZAMIENTOS 1. Finalidad. La biblioteca para todos ha traído como consecuencia la necesidad de responder a las demandas de información del conjunto de los ciudadanos, usuarios en potencia de la biblioteca pública. Estas demandas suelen concretarse más que en la búsqueda de información sobre un campo determinado del saber lo cual supondría un conocimiento del campo más amplio en el que sistemáticamente se inscribe el primero, en la búsqueda de información sobre un campo determinado de la realidad susceptible de ser objeto del conocimiento y por consiguiente «materia» de un documento en el que se transmite ese conocimiento. La biblioteca pública, como medio social de información, debe, pues, disponer de un medio capaz de mediar en esta búsqueda y de llevar al encuentro de la información anhelada al lector que busca información sobre una materia o que, sencillamente, sólo conoce de un libro que busca la materia de que trata. Este medio, si prescindimos del contacto directo con el libro en los estantes o con el bibliotecario, es el más sencillo y menos formalizado de la biblioteca y se llama catálogo alfabético de materias. De su fusión o no con los catálogos alfabéticos de autores y de títulos depende el que pase a formar parte de un catálogo general llamado catálogo diccionario. El catálogo alfabético de materias no es más que un conjunto de asientos bibliográficos para cuya ordenación se ha tenido en cuenta un punto de acceso que no abre las puertas a la descripción del libro, sino a su contenido, y que se llama encabezamiento de materia. Éste es un término tomado del lenguaje usual que trata de condensar sintéticamente la materia de un libro, entendiendo por materia, no el mensaje, la información o el discurso que forman el contenido de un libro, sino el asunto o tema sobre el que versa dicho discurso. Claro está que toda la ancha realidad, incluida la mental, puede ser objeto o asunto de discurso. De donde se sigue que, siendo «Botánica» un discurso o tratado sobre las plantas, puede a su vez ser objeto de un discurso o tratado sobre la historia de esta disciplina. Por hallarse los encabezamientos constituidos por términos del lenguaje usual, se plantean una serie de problemas semánticos y sintácticos, ya que, por un lado, hay términos con distinto significado (homonimia) o términos distintos para el mismo significado (sinonimia) además de evolucionar semánticamente y aparecer de continuo otros nuevos necesarios para nombrar nuevas realidades, 13

12 y, por otro lado, no siempre los términos son tan simples que dejen de tener necesidad de relacionar entre sí sus distintos elementos. Los encabezamientos de materia necesitan, pues, una codificación, un «control» para poder servir de instrumentos adecuados en el «diálogo informativo» y convertirse en un lenguaje documentario. Los resultados de esta codificación suelen presentarse en forma de lista de encabezamientos acompañada de un conjunto de reglas como las presentes. Con este «código» en las manos, el bibliotecario puede hacer dos cosas fundamentales: preparar el catálogo alfabético de materias, utilizando tanto los encabezamientos como las posibilidades aquí contenidas, y tener un verdadero léxico para mantener el diálogo informativo con el usuario. Es el resultado de un trabajo que con ser la forma más elemental del análisis de un documento, es también la forma más fundamental. Y que da pie a la tarea de más responsabilidad comunicadora del bibliotecario en su misión de ajustar la información contenida en su biblioteca a las necesidades y urgencias de sus lectores. Para ello, el bibliotecario tiene que ser capaz de lo siguiente: identificar el trozo de realidad del que «habla» un libro, representarlo mentalmente en un concepto, darle nombre y posibilidades de comunicación por medio de un término, dar la forma debida a ese término, adjudicárselo a un asiento bibliográfico y ordenar adecuadamente el conjunto de todos los asuntos de los que «hablan» sus libros. No es tarea fácil y está por encima de la habilidad catalogadora. Para identificar con seguridad «trozos» de realidad concreta, hay que tener en la cabeza toda la realidad susceptible de ser objeto de discurso dentro de un libro o de un folleto. Sería ingenuo pensar que esta Lista ofrece todas las soluciones, pero sería suicida creer que, desde ahora, puede prescindirse de ella. Sobre su pauta pueden construirse otras generales con mayor número de encabezamientos y un número indefinido para materias especiales que no llegarían a ser todavía un «thesaurus». Por muchas razones, ya que, a pesar de coincidir en algunos aspectos, los descriptores son menos complejos que los encabezamientos y por ello se multiplican más, son más abundantes a la hora de describir un mismo contenido, tienen mayor movilidad entre sí (sin que hayan de ocupar un puesto tan prefijado de antemano) y necesitan una sintaxis más rica para su enlace; los descriptores pertenecen a un lenguaje más especializado y técnico que los encabezamientos; aunque los encabezamientos ofrecen algunas posibilidades de síntesis o de postcoordinación, los descriptores pertenecen a un lenguaje más postcoordinado y, por consiguiente, con mayores posibilidades para el análisis documental en profundidad; por fin, en el caso de los descriptores tienen mayor importancia la sistematización o conexión interrelacional del conjunto. 2. Principios básicos. Ya desde Cutter, la redacción de una Lista como la nuestra y, por consiguiente, la asignación de encabezamientos de materia, se apoya en una serie de reglas básicas o principios generales algunos inmutables y otros variables cuyo conocimiento es imprescindible al catalogador, ya que le dan a conocer el alcance de la lista que utiliza y le orientan para realizar con acierto las distintas posibilidades que se le ofrecen. 14

13 2.1. Principio de especificidad. El encabezamiento debe servir para designar una materia determinada y sólo ella y además debe ser precisamente aquella de la que trata el documento. Está claro que el ideal de lo específico se consigue cuando un término sólo puede designar a un solo ser, como es el caso de todos los nombres propios. De donde se sigue que los documentos cuyo asunto sea designable con un nombre propio son los de más fácil catalogación por materias. Precisamente por eso la Lista no contiene ningún nombre propio (a excepción de los utilizados como modelos en los apéndices) ni de persona, ni de entidad, ni de animales, ni de lugar. Pero tampoco contiene nombres comunes de cosas concretas enumerables en series uniformes. Basta pensar en los infinitos términos originados por la taxonomía en las distintas ciencias de la naturaleza (nombres de seres pertenecientes a los tres reinos: mineral, vegetal y animal) muchos de los cuales tienen su correspondiente en el lenguaje vulgar. Precisamente una y otra clase de nombres constituyen el grueso del contenido de los diccionarios enciclopédicos. A ellos y a los especializados, así como a los manuales más acreditados hay que acudir en estos casos. Muchas veces, el bibliotecario recibirá el aviso con la fórmula Pueden usarse además los nombres... que se utiliza no sólo en los casos ya citados, sino también en el de las enfermedades, órganos y huesos, objetos artificiales como máquinas, herramientas, etc. Bastará sencillamente con acudir al índice alfabético de la CDU en su edición abreviada (la aparición de la 4. a es inminente) para que, dada la naturaleza eminentemente enumerativa de este sistema de clasificación, los encabezamientos que contiene esta Lista se conviertan en unos La especificidad influye además en la elección del elemento inicial del encabezamiento en los casos en que se plantee el problema por tratarse de un encabezamiento compuesto, ya que, en el caso de encabezamiento + subencabezamiento no deberá ser aquél menos específico que éste. Pero a lo que se opone radicalmente la especificidad es a la sistematización y no tanto, como veremos, al uso de términos más universales, justificados, en ciertos casos. Puede estar justificado alguna vez, por tener pocos libros sobre este tema, catalogar un libro que trata de Manzanos bajo Arboles frutales; lo que nunca estará justificado es catalogarlo bajo Arboles frutales-manzanos Principio de síntesis. La asignación del encabezamiento de materia es el resultado de un proceso mental de síntesis en cuya virtud no sólo se procura reducir el contenido de un documento a muy pocos (preferiblemente a uno) asuntos o materias, sino que se intenta obtener la expresión del mismo con un término de la máxima simplicidad. La mayor o menor dificultad para conseguir todo esto depende fundamentalmente de dos condiciones: que el documento por razón de su contenido y no desde el punto de vista formal tenga carácter monográfico y que la materia de esta monografía no supere un cierto grado de complejidad. Así que los encabezamientos de materia no tienen útil aplicación en la catalogación de poligrafías y publicaciones periódicas. Y la dificultad, a veces la imposibilidad, de conseguir una síntesis perfecta justifica el procedimiento de acudir a más de un encabezamiento de materia para la descripción del contenido de un documento. A veces no quedará más remedio que renunciar a la síntesis perfecta y dejar perder parte del contenido. 15

14 Es probable que esta imposibilidad de síntesis en las obras literarias, cuyo contenido se halla tan estrechamente ligado al discurso (el asunto de un poema es el poema mismo) a la que se añade la importancia del autor en estos casos, haga desaconsejable la utilización de encabezamientos de materia para las obras literarias o de creación mejor identificadas por su autor o por su título que de cualquier otra manera Principio de uso. Los encabezamientos de materia deben acomodarse al fin para el que se utilizan: aplicarse a unos determinados fondos, ayudar a unos usuarios concretos, formar un catálogo llamado catálogo alfabético de materias. En nuestro caso, implica tener en cuenta la naturaleza de los fondos de la biblioteca pública, las necesidades del usuario de los mismos y la finalidad del catálogo alfabético de materias. Un principio tan descaradamente relativista y pragmático rompe toda idea de perfección y de aplicar a rajatabla principios casi filosóficos en la asignación de encabezamientos de materia. Los encabezamientos de materia de esta Lista han sido redactados para una biblioteca pública española de carácter general y de tipo medio. En ella, prescindiendo de ejemplares duplicados, de la literatura infantil y de la literatura de creación, los fondos no superan por lo general los títulos; a ella acuden usuarios que no son especialistas, que buscan lectura o bien información sobre puntos concretos y no materiales de arranque para una investigación. Por eso estos encabezamientos están pensados para macrodocumentos con predominio de los de tema genérico. En nuestra Lista los encabezamientos se detienen en un grado de especificidad poco profundo, abundan poco los subencabezamientos (más necesarios cuando la materia es más compuesta), hay pocos casos de inversión de los elementos de un término así como de términos compuestos y se han aceptado con generosidad nombres de disciplinas (Geología, Mineralogía, etc.) como encabezamientos de materia, a sabiendas de que no se trata en tales casos de verdaderos encabezamientos de materia, pero conscientes de que este tipo de encabezamientos es necesario para bibliotecas públicas en las que los estudiantes constituyen el 90% de los usuarios. Por este motivo, se cae en la sistematización en todos los casos en que se utilice el subencabezamiento Historia (en el que se sigue un criterio cronológico) y en los casos a los que sirve de modelo Lengua española. Por lo que se refiere al vocabulario se ha utilizado un conjunto de términos a mitad de camino entre el uso vulgar y el uso especializado. Y es que la abundancia de medios de comunicación ha divulgado gran cantidad de términos que en otro tiempo habrían sido considerados como estrictamente para especialistas Principio lingüístico. Los encabezamientos se redactarán en español (cuando exista un término aceptado en nuestro idiomas), en el lenguaje usual (que no tiene que ser necesariamente el «vulgar») y en el orden natural del idioma (prevalencia del nombre sobre el adjetivo como elemento inicial). Los casos de inversión señalados por la coma (,) que sigue al primer elemento deben limitarse al máximo y se justifican cuando el elemento inicial es demasiado ge- 16

15 nérico y se prevé que la búsqueda se hará por otro elemento más específico (en muchos casos un apellido) Principio de uniformidad. Cada materia debe tener siempre el mismo encabezamiento. Por consiguiente debe escogerse (basándose en razones de uso y de idioma) entre varios posibles (sinonimia) y debe distinguirse por medio de determinantes entre paréntesis en el caso de que un encabezamiento sirva para varias materias (homonimia) Principio de economía. Debe limitarse al máximo el número de encabezamientos para un mismo documento. Esto supone no acudir con asiduidad a los encabezamientos dobles o a los compuestos con «y» (que solucionan fácilmente el problema de las materias que se solapan), pero evitando al mismo tiempo el peligro de caer en los encabezamientos excesivamente genéricos. Mientras que en la biblioteca especializada el análisis de las materias y la multiplicidad de encabezamientos puede ser hasta recomendable, en el caso de la biblioteca pública no debiera pasarse de tres encabezamientos para un mismo documento. Cuando un libro trate demasiados temas o un tema contemplado desde muchos puntos de vista o un tema demasiado complejo, no habrá más remedio que acudir a un encabezamiento más genérico, aunque otros más específicos, que podrían ser utilizados en el caso de no ser tantos, se encuentren o puedan encontrarse en la Lista. 3. Formas del encabezamiento 3.1. Encabezamientos con una sola palabra. Es la forma ideal de encabezamiento y se trata de ordinario de un nombre, ya que los adjetivos sólo son usados como encabezamientos cuando han sido sustantivados por el uso, y otras formas gramaticales sólo pueden ser usadas cuando son sustantivadas por el hecho de constituirse formalmente en asunto de un estudio. En el caso de los nombres propios, la forma que ha de adoptar el encabezamiento se rige por lo establecido para ellos (sean de persona, de entidad o de lugar) en las vigentes Reglas de Catalogación. I. Monografías y publicaciones seriadas (Madrid: Dirección General del Libro y Bibliotecas, 1984). En cuanto al uso de nombres comunes no presentan mayor problema que el del uso del singular o del plural. No es fácil establecer una regla segura por el hecho de que todo concepto universal, aun en su forma singular, se refiere a muchos individuos. P.e., tanto se refiere a muchos Hombre como Hombres, Caballo (o el Caballo) como Caballos, así que la regla más socorrida y práctica viene a ser el uso y a veces la simple eufonía. Con todo diremos que aquí hemos procurado utilizar la forma plural para los nombres concretos, es decir, que indican realidades sustantivas, y que al mismo tiempo se refieren a una pluralidad de individuos (Barcos, Peces...) así como para las materias que no pueden expresarse en singular (Derechos políticos y civiles, Países comunistas... mientras que se reservaría el singular para los nombres abstractos (Libertad, Calor...) y para los concretos que no designan directamente una pluralidad de individuos (Trigo, Oro...). 17

16 3.2. Encabezamientos de nombre + adjetivo. Es una forma consustancial del idioma para especificar a un nombre y, por consiguiente, a una materia. Es una forma eficaz de encabezar y al mismo tiempo puede ser una trampa. Un libro que trate de las Fiestas madrileñas no puede encabezarse por Fiestas madrileñas, sino por Madrid-Fiestas, mientras que otro que trate de España y su pintura puede no tener que encabezarse por Pintura-España, sino por Pintura española si el tema es la pintura hecha por españoles y no la pintura existente en España. Resolver el problema con acierto supone muy a menudo conocer el idioma con el que se trabaja, la materia de que se trata y las técnicas de catalogación por materias. Intervienen el grado de acuñación del término compuesto, su elocuencia, su capacidad descriptiva. Calzadas romanas no puede ser de otra manera, mientras que Carreteras palentinas de apariencia semejante tiene que ser Carreteras-Palencia. En general la forma nombre + adjetivo está siempre justificada cuando no puede ser cambiada por la forma encabezamiento + subencabezamiento sin que cambie el sentido. En todo caso debe evitarse la acumulación de adjetivos, aunque acaso no pueda evitarse cuando se trata de expresar las variedades y estilos artísticos: Pintura barroca española Encabezamientos de nombre + complemento. A veces es el medio de lograr términos que designan un solo concepto y consiguientemente una sola materia: Máquinas de vapor, Aviones de reacción, Aceite de oliva... En este mismo grupo hay que situar la expresión de cualquier materia cuando se quiere indicar formalmente su condición de asunto en la literatura o en el arte: Madrid en la poesía, Niños en la pintura Encabezamientos de nombre + nombre. Muchas veces se trata de una simple acumulación verbal para cubrir adecuadamente una determinada materia, sobre todo en el caso de cuasi-sinónimos muy unidos: Ritos y ceremonias, Usos y costumbres, Emociones y sentimientos..., pero la fórmula sirve también para mucho más: para expresar los asuntos en que varias materias se entrecruzan o solapan, creando un campo en el que no es posible estudiar (y, por consiguiente, buscar) la una sin la otra: Arte y Literatura, Padres e hijos, Educación y empleo Encabezamientos de frase. Se utilizan únicamente en los casos en los que una frase hecha (a menudo en otros idiomas) es la mejor forma de designar una materia específica: Donación «inter vivos», «Res nullius», Seguro a todo riesgo... Este tipo de encabezamientos no suele ser necesario en el grado de especificidad que ha de alcanzar la catalogación por materias en la biblioteca pública Encabezamiento + Subencabezamiento. Es prácticamente el único caso de sintaxis propia en la asignación de encabezamientos: El del término que resultaría demasiado difuso por lo extenso de su enunciación o cuyo primer elemento es demasiado genérico. El resultado práctico de utilizar subencabezamientos es conseguir la entrada por un término más específico, evitando la excesiva acumulación de los mismos términos genéricos. Al mismo tiempo se consigue la especificación de una materia. El mayor o menor uso de subencabezamientos en una biblioteca depende de la abundancia de sus fondos y de su 18

17 finalidad informativa. En una Lista como la presente, destinada a las bibliotecas públicas españolas, los subencabezamientos son poco abundantes, si prescindimos de los utilizados en los modelos ofrecidos en los apéndices. La Lista, a la hora de escoger los encabezamientos que figuran en ella, ha seguido principalmente el llamado criterio bibliográfico: se escogía en concreto el encabezamiento sobre el que se supone que existen publicaciones con posibilidades de estar en una biblioteca pública. De esta suerte, el bibliotecario se encontrará con Trigo y con Arroz, pero no con cebada, por poner un ejemplo. El mismo criterio ha sido seguido en cuanto a los subencabezamientos. Así que la Lista no evita el trabajo personal del bibliotecario en la confección de su catálogo por materias ni resuelve los problemas, por ejemplo, de un bibliotecario de biblioteca universitaria. Con todo, nos atrevemos a pedir a nuestros compañeros que no se desanimen, con estas dos aclaraciones: 1. Algunas veces, el criterio bibliográfico nos lleva a ofrecer algunos encabezamientos con subencabezamientos más o menos desarrollados, que pueden servir como modelos para casos análogos. Así Aceitunas, para otros productos agrícolas; Abogados, para otras profesiones (podríamos haber escogido Médicos por el criterio bibliográfico, pero en este caso se imponía el orden alfabético); Acero, para otros metales o aleaciones; Calor o Electricidad, para otras formas de energía física; Indios americanos, para otros pueblos; Lengua española, para otras lenguas; Pulmones, para otros órganos y aparatos; Tuberculosis, para otras enfermedades. De forma parecida, otras veces, los subencabezamientos utilizados para un encabezamiento genérico pueden valer para los encabezamientos más específicos comprendidos en su extensión, como ocurre con Alimentos, Animales, Arte, Enfermedades, Funcionarios, Máquinas, Plantas, etc. 2. La segunda aclaración es también un consejo: que aprendan a formar los subencabezamientos para formas de catalogación por materias más afinadas de las que se necesitan en la biblioteca pública. Para ello, además de tener en cuenta lo que se dice en esta parte doctrinal de la Lista, no deben dudar en acudir a las partes de los sistemas de clasificación en las que se desarrollan las facetas o, en el caso de la CDU, los auxiliares especiales. La necesaria limitación de estas líneas nos impide demostrarles cómo. 4. Los subencabezamientos. Como en el caso de los números auxiliares de la CDU podríamos hablar de subencabezamientos generales y subencabezamientos especiales atendiendo a la extensión de su posible aplicación. En realidad un subencabezamiento no puede ser tan especial que sólo sirva para un encabezamiento (Factor Rh, pero no Sangre-Factor Rh) ni tan genérico que no especifique nada (para un libro sobre la Vida de los animales salvajes, hay que usar Animales salvajes y no Animales salvajes-vida). Para que el bibliotecario pueda escapar de los falsos subencabezamientos, deberá comenzar por tener en cuenta dos cosas: que el subencabezamiento sea «elocuente», sirva para especificar la materia del encabezamiento, y que no se produzca en ningún caso subordinación sistemática. Pero sin el sueño de aplicar principios metafísicos en este campo: desde un punto de vista teórico, tanto valdría Automóviles-Ruedas como Ruedas de automóvil. 19

18 Respecto a los subencabezamientos conviene tener en cuenta las siguientes normas: a) Distinguimos cuatro clases de subencabezamientos: de materia, topográficos, cronológicos y formales. b) Cada subencabezamiento se une con el encabezamiento o con los subencabezamientos anteriores por medio de un guión (-). c) El orden obligatorio en que se consignan los subencabezamientos, en caso de concurrencia de varios, es el establecido en a). d) Sólo debe utilizarse un subencabezamiento de cada clase, menos si se trata del de forma (Cervantes, Miguel de - Personajes femeninos y no Cervantes, Miguel de - Personajes-Mujeres, Pulmones - Diagnóstico de las enfermedades y no Pulmones - Enfermedades-Diagnóstico) Subencabezamientos de materia. Suelen indicar cualidades, propiedades, acciones, etc. de una materia específica que no se estudia en toda su realidad. En todo caso deben ser siempre conceptos aplicables a muchas materias Subencabezamientos topográficos. Son nombres de lugar que sirven para especificar una materia. Los nombres de lugar pueden ser también encabezamientos y no es fácil determinar cuándo un nombre de lugar indica la materia de un documento y cuándo sirve solamente para especificar tal materia. Los intentos de dar reglas válidas han terminado por ser recomendaciones pragmáticas y solucionar el problema con el doble encabezamiento no parece la mejor de las soluciones. La solución habrá que buscarla acudiendo a los modelos para España y para Madrid que se dan en los apéndices. A este respecto, conviene tener presentes las siguientes observaciones: a) La redacción de los encabezamientos de nombres de lugar sigue las mismas reglas que la de los encabezamientos análogos para el catálogo alfabético de autores. b) El grado de especificación geográfica (país, región, ciudad, etc.) debe fijarlo cada bibliotecario en función de las necesidades de sus usuarios. c) En todo caso el encabezamiento o subencabezamiento se hará de forma directa (Bogotá y no Colombia-Bogotá: Barcelona y no Cataluña-Barcelona). d) Los adjetivos gentilicios prevalecerán en los casos en que tienen un valor distinto del puramente geográfico (Pintura española, pero Bibliotecas- España y no Bibliotecas españolas). e) Para determinar si el topónimo ha de ser encabezamiento o subencabezamiento se tendrá en cuenta que cuando se trate de asuntos de los que trata la historia, la geografía, la política y la sociografía el topónimo deberá utilizarse como encabezamiento (España-Política exterior; España-Política y Gobierno; España-Clima... La razón de esta regla generalmente aceptada puede ser, por un lado, que la connotación topográfica parece esencial al tema (hasta el punto de que puede hablarse de «política exterior española», «Gobierno español», etc., mientras que no es posible decir «mortalidad española») y, por otro, que el nombre geográfico es más específico que el común. 20

19 f) Los términos que designan instituciones (universidades, bibliotecas, museos, etc.) se utilizan como subencabezamientos con los nombres de ciudad, pero como encabezamientos con subencabezamiento topográfico en los demás casos Subencabezamientos cronológicos. Especifican una materia al situarla en el tiempo. Cuando los términos cronológicos o con valor cronológico designan materias sin ninguna especificación (Edad Media) o equivalen a nombres propios (Renacimiento, nombres de acontecimientos, guerras y batallas, etc.) pueden ser usados como encabezamientos. En el caso de batallas, convendrá acudir a la inversión, sobre todo cuando la denominación incluye un topónimo (Bailén, Batalla de (1908)). Hay que estar atentos para evitar errores con nombres de persona que equivalen a períodos cronológicos (La España de Carlos V = España-Historia...). El grado de especificación en los términos cronológicos varía según las necesidades informativas de la biblioteca. En los apéndices se dan, a título de orientación, las principales denominaciones cronológicas de la historia de España y de las repúblicas hispanoamericanas. Como podrá observarse, la ordenación en estos casos es cronológica y no alfabética. Esto plantea algunos problemas a la hora de utilizar el tratamiento electrónico de datos en la confección de un catálogo alfabético de materias. Convendrá tenerlos en cuenta para buscar las soluciones adoptadas en otras partes. Por fin, conviene advertir que en esta Lista sólo se utilizan como subencabezamientos los términos cronológicos precedidos del subencabezamiento uniforme- Historia. Ello supone, en algunos casos, dejar de alcanzar un grado de especificación de la materia que no es necesario en una biblioteca pública (para una obra acerca de la Restauración de monumentos en Madrid en el siglo XIX, habremos de contentarnos con Madrid-Restauración de monumentos más que suficiente para la cantidad de documentos sobre el tema que tendrá la biblioteca) y en otros casos apelar a otra clase de recursos (Soria-Restos arqueológicos o Restos arqueológicos medievales, por Soria-Restos arqueológicos-edad Media); pero se consigue también evitar el uso indiscriminado de esta clase de subencabezamientos Subencabezamientos formales o de forma. No designan la materia propiamente dicha, pero tampoco necesariamente sólo su envoltura más externa o soporte, es decir, la «designación general del material». La forma se refiere sobre todo al discurso, a la configuración del discurso que trata una materia. Esta configuración va desde los aspectos más externos (Fotografías, Grabados...) hasta el mismo género literario (Novelas, Ensayos, Conferencias...) pasando por muchos grados intermedios y pudiendo llegar hasta un comienzo de valoración crítica (Publicaciones infantiles y juveniles; Manuales para aficionados...). En una biblioteca pública no conviene abusar de ellas, como suele ocurrir. Se recomienda utilizar las contenidas en el Apéndice. Naturalmente, las denominaciones de forma pueden ser también encabezamientos de materia (en singular en el caso de los géneros literarios), además de utilizarse en su valor formal como apoyo para otros subencabezamientos formales: Novela; Diccionarios; Bibliografías; Ensayos-Colecciones; Ensayos- Certámenes, etc.). 21

20 5. Materias y casos especiales 5.1. Subencabezamientos dobles. Aunque hemos dicho que no deben utilizarse dos subencabezamientos de la misma clase y aunque a veces puede evitarse el duplicarlos haciéndolo con el encabezamiento (Aleaciones de oro y plata: Oro- Aleaciones; Plata-Aleaciones), algunas veces se admite la duplicación: España- Relaciones-Francia; Vega Carpio, Félix Lope de-influencia Calderón de la Barca, Pedro (se haría un segundo encabezamiento por Calderón de la Barca, Pedro- Crítica e interpretación); Lengua española-diccionarios-lengua francesa Nombres étnicos. Se utilizan sólo para designar a los pueblos o naciones que no tienen territorio propio: Judíos, Gitanos, Arabes... Pero España- Historia, para Historia de los españoles. Asimismo el adjetivo gentilicio se conserva en Pintura española, Lengua española, Literatura española Lengua y literatura. Para designación de las distintas lenguas o idiomas, hemos adoptado el sistema de utilizar la palabra Lengua seguida del adjetivo correspondiente. Creemos que va mejor con el uso actual en España en los títulos de libros y en los nombres de entidades relacionadas con «el español». Este procedimiento afecta también a campos superiores a los de un idioma (Lenguas africanas-bibliografías y no Lenguas-África-Bibliografías Bibliografías para un estudio titulado Bibliografía de las lenguas de África) y para los nombres de dialectos (Dialecto aragonés; Dialecto leonés...), pero no para variedades lingüísticas más específicas (Dialecto leonés-bierzo). Dado que el procedimiento no es muy estrictamente aplicable a partes de la lengua (consonantes españolas = consonantes de la lengua española; ortografía española = ortografía de la lengua española), los subencabezamientos utilizados con el modelo Lengua española no evitan toda apariencia de sistematización. Un sistema equivalente se usa con Literatura (Literatura española; Literatura francesa...) y con sus formas (Literatura popular; Literatura religiosa...), las cuales, al combinarse con la primera no podrán evitar la duplicidad de adjetivos: Literatura popular española. Pero hay una diferencia sustancial respecto a la lengua y es que los géneros y subgéneros encabezan directamente: Novela española y no Literatura española-novela. La simple enunciación del encabezamiento basta para saber cómo resolver ciertos compromisos: Literatura francesa-autores españoles; Literatura argelina; Literatura argelina (árabe); Literatura argelina (francés). Como subencabezamiento para estudios de historia de la literatura se utiliza Historia y Crítica y en el caso de obras individuales, el nombre del autor con el título uniforme y el subencabezamiento Crítica e interpretación. Todo cuanto hemos dicho se refiere, claro está, a los estudios literarios. Las obras literarias de creación pueden también contener información sobre un asunto que justifique un encabezamiento de materia. Pero ya hemos dicho que, en principio, las obras literarias no son objeto de búsqueda en un catálogo alfabético de materias. Otros casos relacionados se resuelven en la entrada Literatura Tratados, convenciones, convenios, etc. Los encabezamientos redactados a base del término Tratados (que puede servir también de subencabezamiento) son encabezamientos propiamente dichos, es decir que se refieren a la 22

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