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Transcripción

1 $i;. ; u ;;;; :., la mitad casi, aún es mu;y elevado; y luego, esas íns. tala.cioues complicadas y costosas junto á la boca ~e los pozos, las máquinas de vapor, la~ calderas, sm contar los kilómetros de cables, que sale tan caro con servar, todo eso es bárbaro y se traga tiempo y dine ro. Hace falta otra cosa; algo más práctico, simplg y directo. 1 Ah 1 yo bien sé en qué sentido debo bus car; pero tal investigación parece una locura, no. me atrevo á decir á nadie la obra que he emprendido, pues ni yo mismo puedo explicarla con la debida cla. ridad. 1 Sí, habría que suprimir la máqwna do vapor, la caldera, que es el intermediario molesto entre la bulla extraída y la clcctrici<lad producida. Habría, on una palabra, que transformar directamente la energía calorífica del carbón,~n energía eléctrica, sin pasar por la energía mecánica. Cómo? N o lo sé todav la. Si lo supiera, el nuevo problema. estaba resuelto. Pero en él trabajo y espero vencer. Entonces ya vería US ted, ya vería usted, la electricidad no costaría casi nada, podríamos darla á todos, esparcirla, hacer do ella el victorioso agente del bienestar universal. Se entusiasmaba, se crecla, con ademanes apasionados, él, tan mudo, tan reflexivo generalmente. -Llegará el día en que la electricidad será de tocio el mundo, como el agua del río, el viento del ciclo. Habrá que darla, prodigarla. Circulará en los pueblos como sangre de la vida social. En cada casa ba~tar;\ dar una vuelta á simples llaves para que haya con profusión fuerza, calor, luz, como ahora hay agua Y de noche se encenderá otro sol que apague las es trellas. Suprimirá el invierno, hará nac.er el eterno estio recalentando el viejo mundo, suhit>ndo hasta las mismas nubes á derretir la nie e. Por eso no estoy muy orgulloso con lo hecho, qué es muy poco, com parado con lo que falla. Y concluyó con aire de tranquilo desdén: -Ni aun puedo poner por obra prácticamente mis hornos eléctricos para la fundición del hierro. Sigu~n siendo hornos de laboratorio, de <'Xperimcnto. La. clec tricidad aún es muy cara para que pueda emplearse con provecho; no ha de costar más que el agua y el aire. Cuando pueda darle atn madida, mi bocnos,_ 145 "-"' transformaran la metalurgia. Y bien conozco el (mico canuno y he vuelt.o al trabajo... La fiesta nocturna fué maravillosa. VolV1eron los ba1 )es y los cánticos en los talleres ilumma.dos, donde todo el pueblo celebraba. la boda. Lo que brillaba en la alegria de todos era el trabajo emancipa.do, hon roso, sano, alegre; la. núseria Ve.Qcida,la fortuna pú blica que iba s1enrlo de todos y la esperanza de un porvenir que reahzará el sueño fraternal de. una sociedad solidana y libre. El amor haría el mtlagro; y ej amor se aclamaba al conducir á Nanet y á túsa á su casa nupcial.. Por este tiempo, el amor causó también una revolución en la burgues!a de Boo.uclair; y sopló la tem pestad en el hogar de los pactficos Mazelle loa renús tas, los honrados perezosos. Su hija Luic;a siempre los habla sorprendido y tj:astornado con su ~rácter tan diferente del suyo, activa, emprendedora, siempre atareada. Sus padres, que ponían la fel!cidad ~n. no hac...er nada, no se explicaban aquella ag~tación mub~ Era hija única, iba á tener una ~ran fortuna en sól1 das rentas del Estado, no era locura el no encerrarse en su rincón de paz al a.bngo de los disgustos de la vida? Ell~ se contentaban con au dicha egolsta, flin ventanas á la desgracia ajena, muy honrados, ~uy afectuosos muy compasivos para consigo mismos smo para con 1 los demás, adorándose, cuidindose, mimán dose como tiernos y fieles esposos. Por qué á s11 bija le mtercsaba el men<ligo que pa.."aba, las idena que cambiaban el mundo, los sucesos que turbaban la callo? Todo la importaba; apasionada, temhlo~osa, daba un poco de su existencia á todos. Por el Ollsmo contraste la adoraban más sus padres, estupefactos. Y acabó de trastornarlos con un arranque de pasión que ellos, descuidados, creyeron simples &monos, pero que so agravó ha..!!ta ol punto de hacerl.es tomer el fi!l del mundo. Luisa Mazdle, que seguía siendo muy &ml ga de Ntsa. Delavcau, la veía á m.en~do en casa de los Boisgelin desde quo éstos estaban msta.lados e~ la Crécherie. Alli había encontrado otra vez á LucianO Bonnaire su antiguo camarada cuando ella ae esca ' Xraóajo-Tomo ll-10

2 ~ 146..;;:.1 pa.bn 1 jugar c'on Io9 pilletes de la ~lje'. A:rnli'o'S' ir'a'll de la partida cuando la famosa aventura del barco de Luciano, que navegaba solo, y también cuando se trataba de saltar las paredes. Pero ahora Luciano era un guapo mozo de veintitrés ar1os, y ella tenía veinte. Si él no hacía barquichuelos que navegaban l!olos, había llegado á ser, guiado por Lucas, un obrera mecánico muy inteligente, de mucha. inventiva, destinado á prestar grand~ servicios á la. Crécherie, donde ya se ocupaba etl montar máq'uina.s. NG era un señorito; tenía cierto orgullo en continuar siendo obrero, ~m o su padre, á quien veneraba. En la pasión q11e inspiraba /J. Luisa, entraba por algo el espíritu que la conducia á contrariar l :ts ideas burguesas, á no hacer lo <pie solían los de su clase. La antigua amistad pronto fuá p~ión, irritada con los obstáculos. El, impresionado por el cariño, también la queria ya profundamente. Pero era más prudente, no quería chocar con nadie; y pensando que era dem.a siado fina, demasiado rica para él. Sólo decía que, de perderla, jamás se ca..~ría. Pero ella enlo<:(uecía sin más que suponer que no les dejaran casarse, y hablaba de dejar fortuna y todo para irse con él. S('is meses duró la lucha. En casa de Luciano, este matrimonio, quo debía halagarles, se veía con sorda desconfianza. Bonna.ilre hubiera pref(')iido para Luciarto la hija de un compañero. Los tiempos habían cambiado, ya no er& motivo de vanidad ver á su hijo asocnder en la escala social, del brn.zo de una joven de la burguesía agonizante. Pronto el provecho sería para el burgu6s, si adquitía sangre roja, salud y fuerza en alianzas con el pueblo. Babia ril1as on casa d<j Bonnaire con este motivo, pues su mujer, la terrible PPlos, por orgullo hubiera consentido, pero á condición d J hacerse ella también señora, con hermosos vestidos y alhajas. Nada de la evolución que se realizaha en torno de ella había podido cambiar su afán de dominar y a:pa.ronta.r; ~guia con su carácter detesla hle, á pooar de la holgura asegurada con que ahora vivían., y culpa.ba. á su marido porque no b:lbla hecho fortuna, como el sef\or Ma.r.elle, por.-j:emplo, mozo L:.>Lo quu no tmllljah.l J.4uja mucho J;iemDo. ~ll:l hu ~- U?,..;:$ hiera q'uerido ~cir &olnl>reroe, da.ne tono en ptl8eb, g?zando de la nqnez:a. Al oir á Luciano declarar que, Sl s& casaba con Lmsa ng entraría en su casa ni un cuarto de los MazeUe, acabó de perder la cabeza y se declaró contra un enlace que no le daba provecho. Para qué casarse con a<{\rella joven tan menuda nada boruta, tan particular, si no era. por su din'ero? Sería el.colmo de tantas cosas raras y molestas como estaba Vlendo hacia to.nto tiempo. Un.a tarde?ubo una explicación borrascou entre la Pelos, BonilAlro y su hijo Luciane en pmsencia del ~o Lunot, que aún vivía, oon ~ de setenta añoa. F:né después de comer, en el reducido comedor, limpto Y alegre, cuya. ventana daba aj verdor del jardín. Había. flores en la me.c;a, siempre abundantes. El tfo Lunot, que ahora tenía tabaoo á discreción acababa de encender la pip&, cuando, á los postres,' torció el gesto la Pelos/ se enfadó por cualquier cosa. por et gusto de refiir, según costumbre. ' - De modo-dijo á Luciano,-<ftle es eo~ hecha te has de casar con esa señorita? Hoy te be visto co~ E-lla, delante de la. ca.sa de Boisgelin. Si me qujsieras algo, Y~ la habrías dejado, pues sabes que ni á. tu padre. m á. nú nos gusta el taj matrimonio. l.ueta.no,.b~e~ hijo, eyitaba las diecueionee, que además, eran 1nuules. Se ''olvió hacia Bonnairo. -P~ro-respondió sencillamente 1 -ereo que mi pa.dr está dispuesto á consentir.. Pué esto para la ~elos como un latiguo, que le htzo descargar la funa sobre su marido.. - ~ómo es eso? Con que das tu con~ntimiento 8111 avls'lrme? N o hace quince di as que te parecía mal esa boda_? Das vuelt.as como una Teleta?. Tra.n~lamcnte, le respondió Bonnaire:. -Ilub1era prefe~do que el muchacho hubiese escogjdo ~tra. Pero tiene cerca. de veinticuatro año 1, '! no <pllero, en asuntos del corazón, imponerle mi vo luntad. Sab~ cómo.pienso; hará lo que mojor le est~ -r Muy ~1en 1-gntó la P<'los.-Pronto to ooníonnas; te crees hbre y ac.1.bas siempre por decir amén de t o~o. Va á hace~ veinte anos quo estás aquí con el I!C'nor LHcas 1 ~plt< s quo nn p ~ n s a r.omn tr~ 1 qtte io

3 ~las~ hubiera debido empezar a:poderándose ae los insbi:f mentoa de trabajo, sin aceptar el dinero de los burgueses; pero esto no quita que sigas al s~ño r Lucas, y á estas horas puede que te parezca b10n lo que habéis hecho juntos. Y continuó procurando herirle en lo vivo. Muchas veces l había irritado, tratando de ponerle en contradicción consigo mismo. Pero ahora se contentó con encogerse de hombros. -Ciertamente lo que hemos hecho juntos está bien. Puedo sentir todavía que no haya seguido mis ideas; pero tú eres la última. que debes quojartg, pues no sabemos lo que es la miseria; somos dichosos ningún hacendado do esos con que sueñas está como nosotros. No cedió ella. -Te agradecería q'ue me explic.ara.s todo lo qile pa n aqui nunca he comprendido palabra. Si tú eres fpliz, mejor para ti; yo no lo soy. La fclic.ida.d consil! te en tener mucho dinero, retirarse y no hacer nada. Con todos esos líos de reparto de beneficios, a.lmace nes con rebaja, bonos y cajas, nunca tendré cien mil francos mios, en mi bolsillo, para gastarlos á mi an tojo, en cosas que me agraden. 1 Soy desgraciada, SOY. desgraciada 1 Exageraba, por molestarle rero era cierto c 'Uc no se habla aclimatado á la Crécherie; sufría con un atavismo de mujer coqueta y castiza cuyos instintos contrariaba la solidaridad comunista. Buena ama de S'l casa., limpia y activa, tenia. un carácter ddostable,. testaruda, limitada., y su easa seguía siendo un infierno. Bonnaire, ~in cont~nerse, elijo: r -1 Estás loca te haces y nos hn.ee! desgr:tciadosl ' Sollozó ella; su hijo, á quien tanto disgustaban la los reyertas, tuvo qua besarla., a.sogurá.ndole qne la queria, que la respetaba; pero ella, encarnizada, pro siguió, ruelta á su marido: - An~a, pregun~ á mi padre lo qile picn~ do vues tra fábnc.a por acciones y de esa famosa justicia y ventura que va.n á salvar el mundo 1 Es un antiguo q,br~xo, JlO le acusarás de decir tont.erfa.a como una ~ Ul ~~j.cr; tiene aetenla anos. debea creer en eü bu~ui J'UlClO... Y ~olviéndose al tío Lu.not, que ehupa.ba el tubo d~ au p1pa. con beatitud infantil, dijo: - N? es verdad, padre, que son idiotas con todas s'us artimañas para prescindir de los patronos, y que ellos son los que han de salir perdiendo? El anciano, pasmado, la miró, autes de responder con voz opaca: -Claro que sf. L ~s Ragú y los Qurignon, 1 ah, erclll camaradas e~ otro tiempo 1 Hubo el señor Miguel, que lile llevaba cmco años. Yo entró en la fábrica en tiem po del señor Jerónimo, su padre. Pero antes de esoa dos, había habido un señor Bias con el ~ual traba jaron mi ~dre Jua.n Ra~ú y mi' a.budo Pedro Ragú... Pedro Ragu.Y Blas Qungnon eran dos C<Jmpañerosa dos obrero~ tirad.ores que go.lpca.ba.n en el mismo yun, ~e. Y.ah1 tené1s: los Qungnon son patronos archi n.ullonar~os y los Ragú siguen siendo uno:; pobres mancas. S1ernpro se vuelve á lo mismo las cusa.s ho pue~en cambiar, y ha.y que creer que 'ost.áu bien as!. D1v~~a. un po0o en su somnolencia de reli coja; muy VleJa y ohr1da.da, que escapó por milagro del matadero coruún. Muchas veces no ie acordaba. de los sucesos de la víspera. -Pero, tio Lu~10t-dijo BollDairc,-justa.menle las co aas están caml.nando mucho. El señor Jcrúnimo ha tnuerto y ha devuelto todo lo que l~ quedaba. da S\l fortuna. - Cómo que ha devuelto? -:-SI, ha devuelto á los compañeros la riqueza que d(.:b1a. á su esfuerzo, á su largo su!rimient.o. Ac.uér dese ust~d, ya ha.oo mucho tiempo. El anciano escarbaba en su memoria.. -1 Ah, bueno, bueno, ya me acuerdo; aquella histo ~'la. tan extraüa 1 1 Pues bueno 1 si ha de' uelto es un 1mbéci11 Dijo esto con claro deljprecio, pues nunca había sotlado má.s que con ha.ccr fo1 tuna, como los Qw ignon, Y ser amo, seiior ocioso, y divertirse. No había pasado de ahf, como toda la generación de viejos esclavos explo~<tdos y despeado~ ~~ se,resi nab.an con S\.!S g

4 ... _ loo...;f 1...,_ qu. l6lo aentian -JlO haber ned.do ítx'ploledoo res. La Poloe toltó una ea.roajada insultante. -1 Ya lo ves, mi padre no es tan bestia eomo vosotros, no pide pera.a &1 olmo 1 FA dinero ea el dinero; y cuando se tiene dinero s~ es el a.m,o, Y.. no b.a}j más. Bonnaire volvió á encogerse de homl>ros, mientras Lucia.no, silencioso, miraba por la ventana lgs rosa los floridos del jardín. Para. qué discutir? Era ello el pasado testarudo. Moriría en el paraíso comunista, en el seno de la Yentura fraternal, negándolo, echando de menos el tiempo de negra miseria en que esperaba i eoonomiza.r diez c~toa para correr á comp ra.ri& llllll cinta. Babette Bourron entró en aquel iniia.nte alegre como siempre, encantada 6in cesar en la nueva situ.a,. ción. Gracias á su optimismo sonriente, había ayudado á salvar á su marido, BoUlTOn el Himple, de la aima en que había caído Ra.gú. Siempre había con fiado en el porvenir,segura en que todo se arreglaría; si faltaba pan, se lo figuraba caldo del cielo. Aquella Crécherie era un paraíso que se realizaija. Su cara de muñeca, fresca aún, bajo un trapo atado como quiera, brilla.ba con la alegría. de haber curado á su marido de la bebida, y de tener dos hidos hem1osos que pronto casaría., en una c.a.sa. propia, hermosa y alcgrg como la de loa ricos. - Conque está decidido? Se ca.sa. Luciano con Luí &a Mazelle? - Quién le ha dicho á, UJted eso?-p,reeunló J Pelos de mal ta.lante. -Puea Josin.a.. La. señora. Fromcnt, á qui~n encolt tré esta. mañana. La Pelos se puso bl.a.nca de cólera contenida. En su irritación contra la Crécherie, lo principal era su_ odio á J osina; nunca había perdonado á «aquella per didru>, su unión co.n Luca.s, la suerte de ser la. mujer de.l héroe. 1 Y decir que algún día aquella mi!)crable cna~ura se moria de hambre arrojada á la calle por Ragu, por su hermano 1 Ahora se creía humilla.da. por eua, c.ua.ndo ~ enccntra.b~ ((Otl sombroro,~. como u,na ~ ~tium. Y esta ilicitj. ajon.a ora lo '!U(' dln auh<..a a.c~plt ta.r1a. -Josina-«ijo con tono brutal,--en vez de ocupar. ~ en matrimonios que no La importan, baria mc]oj en procurar que &e olvidara el suyo, que se celehr6 la semana de los tres jueves. Y además, ya me faa. tidian todos, conque dcjadm.e en paz. Salió, dando un gran portazo, dejándolos en eilen~ cio embarazoso. Da.Letto se echó á reir a.costumbr~ da á los modales de su amiga., á quien disculpa.b~ A Luciano se le s..jtaron las lag~. pues era s~ vida lo que se discutía entre tanto mal humor. Pero IU padre le apretó la mano como prometiéndolo arreglar w cosas. Mas á. él también l$ entristecí& vez que la!ehcidad, aun e.ub.-e la pa.z y la jtuticia, ~ta,. ha á merced de lls querell.a.s del hogar. Si Luci.ano esperaba que al fin sus padres consenil tirfan, Luisa encontraba. en los suyos mayor rosis~ cia.. Por lo mi~o que la adoraban, no cedían, luc.ha.n,. do Sin ásperas dj.s JUtas, con La inercia bonachona, i ver si La cansaban. En vano ella. hacia en casa. mucho rujdo y mil exu avagancias. Ellos, sonrientes, fingían no comprender, y la ha.rta.ban de golosinas y rega.. los. Amenazó con ponerse mala. Vmo Nova.rre, dijo quo de tales enfermedades no entendía él, que e.llf no había más medicina que casar á la chica. Loa Ma. zelle resoh'ierou cvnsul tar con sus amigos. Le3 pa.recía lo que Luisa queria hacer, una abdicación de ~ clase, y era nat;ural que intervinieran loa personajes; las autoridades. Una tarde invitaron á. Cha.telard, ~ Gourier, á Gawne y á Ma.rle á que vinieran i tomar una taza de tó Gll KU jardiu, temp.l.o d la ~reza, ent tre rosa.s. -Haremos lo <fue noa diian-dijo M.uellc.-si.bezl n~ q'ue O()j)Olros Y. D.Adl9 podj'4 cribc&nloa. _fq y_a e.stoy como tonto. -Y. yo-"-dijo su s.eflora.-- Eslo no 65 T)vir 1. fi d l'al.e para mi enfermedad. Llegaron pnruero á la cita. el subprefecto y el al cal de. Seguian siendo insope..rables, parecla haherloa ;unido má.s la muerle do la hermosa Leonor. Duran" ~~neo a.ño:s ~ habían c~dauo inváj.ida, clarada en u.na

5 ' :butaca por una parálisis en las piernas; el amigo f1el, cuando el esposo faltaba, le supll.a velándola, le yendo lo que ella quería. Leonor munó en brazos d~ Chatelard, de rcpeutc, Wla tarde que la ayudaba á toma.r una taza de tila mientras Gourier fujna.ua fuera. Cuando éste entró, lloraron juntos. Ahora apenas se separaban, en los ocios que la adnúnislración de la ciudad les dejaba. Gourier había seguido el ejemplo de Chatclard; sólo administraba teórícamcn le. La evo lución nadie la detendría. EJ alcalde,sin embargo, admitía con trabajo tan amable filosofía. Se había recon ciliado con su hijo Aquiles, que babia tenido de Azu lina una niña deliciosa, Leonia, de ojos azules como 11u madre, ojos de infu1ilo cielo azul; y ahora., casadera ya, cerca. de los veinte años, había seducido al abuelo, que se babia resignado á. abrir la puerta al matrimonio irregular. Era duro, decía, para un alcalde, magistrado civil del matrimonio, a(:cpta.r on su casa á La pareja revolucionaria casada. á lli luz de las estrellas, una uoche caliente en que olíb. bien la tierra Gourier, influido por Chatelard y reconciliado con los suyos, ya no miraba con tan malos ojos á la Créchc1io. le1 magistrado y el cura se hicieron e::;perar, y los Ma. zelle, impacientes, empezaron á explicarse con los otros; debían resignarse ant.& el capricho irra~ional de su bija? -Ya comprende usted, seüor svlprdcclo-dijo Mazelle inquieto, pero dándose tono,-aparte de uueitro disgusto personal, hay que cout.ar con el dcploralle efecto social, con la responsabilidad. \amos al abismo. 'Ei>taban á la somb1.1., tcmpl:lda, pufumada por 1 O aa.s tr-epadoras ante una mesa con alcgh~ mantel de colores, cargada de pastelillos; y Chatclard,siempre correcto y de buen aspecto á pesar de la edad, sonrió con iron[a discreta. -{En el abismo ya estamos, señor :fltazolle. No se inquiete usted por el Gobierno ni por la Administración, ni por la. buena sociedad; todo eso sólo existe ya en apariencia. Gouri'!r sigue siendo alcalde, yo subpre fecto; pero como detrás no hay verdadero Estado, somos fantasmas. Este paso llevan los ricos y podero-;os, pues la. nueva organización del trabajo lus va q_ui - 1M -" tando poder y forj.u,na. No hay á quion do!ender: ellos mismos, por un vértigo, ayudan á. la. revolución. No resista usted; entréguese. Le gustaban estas bromas, que aterraban á los últimos burgueses en 13eauclair. Pero decía la verdad, burla burlando. En París se realizaban muy graves acontecimientos; el viejo edificio caía piedra á piedra, y dejaba el sitio á. una constitución transitoria que anunciaba la ciudad futura de justicia y de paz. ~ntcnto, viéndose olvidado en un rincón de> provincia, allí pensaba morir tranquilo con 1u régimen, con aire sonriente de filósofo y hombre de mundo. Loa Mazclle palidecieron. Ella, arrcllanada en su butaca, tn1raba á los pasteles; el marido exclamó: - Cree usted verdaderamcute que tan amenazados estamos? Sé que se habla d~ reducir la renta. -La renta so suprinúrá ante::; do veinte ru1os, 6 so irá reduciendo progresivamente hasta desposeer á loa rentistas. El proyecto está. en estudio. La señora.mazelle suspiró, como si entregara el alma. - Oh 1 nosotros ya habremos muerto, no veremos e :;as infamias. Pero cogerán á nueslra. pobre hija, ra ~ón de mis para obligarla á cas~use bien. Chatcla.rd, implacable, a.!ladió: -Pero si ya no habrá matrimonios ventajosos, pu. s que la herencia va á desa.p.arecer. Es cosa resuelta casi. Cada fatnilia, en adclan te~ tendrá. que labrarse su propia dicha. Que se case Lui.:;a con un burgués ó con un obrero, su capital será el mismo; el amor, si tien ;,n la suerte do amarse; la. o.ct.iyidad en el trabajo, si saben no ser perezosos. Callaron; se oyó el ruido de las alas de una curuca que revoloteaba entre los rosales. -Entonces-preguntó Ma.zelle anonada.do,- es ese el consejo que usted nos da? Según usl:eu, podemos aceptar por yerno á. ese Lucia.no Donnaire? -Dios mio, ya. lo creo. La tierra. no dejará de se gui r dando vuel las en pa..z por eso. 'i si los chicos se adoran, están ustedes seguros de ha<:er á dos seres felices á lo menos. Gourier nada h11.bb. dicho todavia. No estaba á gua-

6 to zanjando tal c'uoolión, que le recordaba lo que 113- hía pa.sado en su casa. Peco se le escapó decir 2 --& verdad, más vale casarlos. Cuando los padres no Jos ca.sa.n, se escapan y se ca.sa.n solo~.,oh 1 1 en ~ tiempos vivimos l Alzaba los braz~ al cielo; sólo el ascendiente de Chatelard le impedía caer en negra melancolía. Su antigua afición á. las obreras jovencitas le producía ah<r ra una vejez atontada; se dormia á cada instante, En todas partes, en la mesa, en medio de un.a. couversa.ción, en paseo. Y concluyó con rure resignado <l~ antiguo patrono terrible, vencido por los hechg>s: -En fin, q'u6 quieren ustedes? Después de nosotros, el diluvio, como dicen muchos de los nuestns. Ya no somo nadie. Llegó en esto Ga.u..me, muy retrasado. Se le hab1an hinchado laa piemas; andaba con trabajo, con ayuda de un bastón. Iba á cwnplir setenta años, y espcrala au retiro con la repugnancia secreta de aquella justi cia. humana que habla aplicado durante tantos aflos ll.teniéndose á la letra. de la ley eslricta, como un sacerdoto que ya no cree, pero se atiene al texto. Pero en su hogar, el drama de amor y de traición había continuado terco, implacable. Despucs de la muerte de eu mujer, que so había suicidado A su vista coni& a.a.ndo su culpa, h.a.bía consumado el dosaslre su hija Lucila., casada con ol capitán Jollivet, á quien hizo sue matara un amante antes de huir con él. Era una aventura terrible; la hija coquela y sensual reproduciendo la traición de la madre, acorral,tndo A su marido en un duelo especie de &sesin.ato. El capitán, lla, mado por una carta anónima, había sorprqndido en lla rante delito á w mujer medio desnud& en bruoll de un mocetón; que le habia arrojado un cuchillo para. rerur.sobre el terreno. Según otros, el capjtán habii\ b'uscado la. muerle, no se ha.bía. defendido, por horrot da la vida, llena para él de am.argw aa y ver üenzas. Ha.cfa tiompo que ae le veía. como aniquilado. Ya no disouua, no lucllaba, dejaba triunfar á la paz y al trabajo, comprendiendo sin duda que ya no servía la espada. Gaume se encontró solo on esta horrible tor menta; ~ hjja había hu,ldo i lilólo le queda,b.a.u Jli!io. ;... ltl!5 ;...::J ;Andrés, de diedséis altos, delicado y afuctuoso, tri& t. herencia de la trágica pareja, que el pobre abuelg cuidaba con inquieta ternura. Ya bastaba; el desuno vengador que castigaba algún antiguo ctimen i norado, no debí.a enc.arniza.rse más. Y so preguntaba á qué porvenir de verdadera justicia y de amor fiel consa- graría Á aquel joveu para, que a~ raza renovada fu~e dichosa al fin. Enterado de la. consulta, exclamó en seguida 1 -Cásenlos ustedes, cásenlos ustedes; si tanto se quie ren, que se atreven á luchar con sus fa.rnilias y á saltar sobre todos los obstáculos. Sóle el a.m.or decide d~i la dicha. Sinti~ aquella confesión que le arrancaba. l.a. l.lllarj g'u.ra de au vit:a. entera, pues ya ae estaba. muriendo, f monttan s;\4 rí&ida actitud, au rostro austero. A.ñ. gjó: -No esperen ustedes al señor cura; acabo de en C:.ontrarle y me ha dicho que le disculpara. Corría A. la. igleeia á buscar los Santos óleos para. poner la. ex treuuumción á. la...eñora Jollivet, nna anciana, tia de rni yerno, la. cual acaba de entrar en la agonia. El po bre Marle pierde con ella. una de aus últimas penit~tts, y so le oa.lan las lágrimas. -1 B.h 1 Jo único de bueno que hay en todo esto es el barrer á los ~uras-dijo Gourier, que seguía siendo clcrófobo.-la república seria todavía nuestra s.i ellos no nos la hubiesen querido quitar. Empujaron. al pueblo á derribarlo todo y hacerse el amo. -Pvbro cura-repitió con lástima Chatelard;-me da l en a en su igl()sia vacía; y hace usted bien, se.iiora, en mandarle ramos de flores para l.a. Virgen. Cal1nron otra vez; pasó la sombra t.ráiica del ia terdot.e entre el olor de rosas y el claro sol. Con JA.!onor había perdido la. feligresa más fiel, más que J ida. La señora Mazclle no creía, en el fondo : pedla i la religión un certificado de buenas ideas burguesas. Sabía el cura su destino, le encontrarían muerto anlo el altar, bajo los escombros de la bóveda de su iglesia que amenazaba ruina y que no podia reparar por falla de dinero. Ni en la alcald1a, ni en la subprefccl\!rq habi~ fopdo paft't t.a.1 <40~ De lo~ fiolea había

7 ~loo... obtenido con trabajo una suma irrisoria. Ahora., ro. signado, esperaba la caida, celebrando el culto como si no pensara en la amenaza que tenia sobre la cabeza. Su iglesia se quedaba sola, su Dios parecía monr un poco cada día, y moriría con él cuando la vieja casa divina. se abriera por todas partes y le pulverizara bajo el peso del gran crucifijo pegado á la pared. Tendría la misma tumba en la tierra, á donde vut:lve todo. La señora Mazelle estaba muy trastornada por sus disgustos personales, para pensar en lo que sería del cura. Si no se resolvía aquéllo, tenúa caor mala de veras, ella que babia gozado con delicia de su oufol.' medad sin nombre que embellecía su e.ristenc1a.. Se levantó para servir el té que humeaba en la clara porcelana, mientras un rayo de sol doraba los pastelillos sobre los platos de cristal. Y movía ella la OO. beza, como convencida. -Digan lo que quieran ustedes, amigos mío.;, esa rnatrimgiúo es el fin del mundo y no puedo decidirme. -Esperaremos más-elijo :rtl.azcllo,-agota.remos la pa ciencia de Luisa. Marido y mujer quedaron pasmados al ver á L\l.Ísa en pie delante de ellos á la entrada del cenador, entre las rosas llenas de sol. La creían en su cuarto, en ~u silla larga padeciendo del mal sin nombre que e;olo el marido amado podía curar, según Novane. DcLió de creer que se estaba decidiendo su suet te, y ponién dose un peinador de florecillas rojas, atándose el pdo como quiera, se presentó. Estaba encantadora, vibrrul te de pasión, con su cara menuda en que brilla.lan los ojos un poco oblícuos, llenos de alegre luz, aun con la pena. Habia oído las últill.uls palabras de ous padres. - Pero, mamá 1 Pero, papá 1 Qué estáis diciendo?. Creéis que se trata de un capricho do chiquilla?... \.a os lo he clicho, quiero que Luciano sea mi marido, Y.. lo será. l\1azelle, medio vencido por la. brusca aparición, lu chó todavía. ~Pero, hija desgraciada, piénsalo bien; nuestra for. Jf5-.; 189 ~ fun'a: q'ue M debfaa heredar, ya está oomprometida, y un día te verás sin dinero. -Comprtmde la situación-insistió la madre.-con nuestro dinero, aún comprometido, podrás hacer to davía un matrimonio razonable. Luisa entonces con vehemencia alegre y soberbia, gritó:.. - Vuestro dinero me 1m porta un plto 1 Podé1s guar darlo. Si me lo diérais, Luciano ya no me querría. Dinero; pero para qué? para <f?é si rv~ el dinero? Para,quererse? No. Para ser fehz? Lue1ano me ganará el pan; y yo misma si hace falta. Será un gusto. Hablaba con tal fuerza de juventud y de esperanza, q'tle los Mazelle, temiendo por su razón~ quisieron calmarla cediendo. Además, no podían MSlStir más; que rian sobre todo estar tranquilos. Los convidados, be hiendo el té sonreían, comprendiendo que el libre amor de aquella ~apazucla los barría como briznas de paja. Habla que otorgar lo que no se podfa impedir. X concluyó Cbatelard, amable y apenas burlón: -Gourier tiene razón; nosotros hemos acabado; los hijos dan la ley.. El matrimonio de Luciano Bonnaire y de LUlsa Ma zelle se efectuó un mes más tarde. Chatelard, para divertirse él decidió á Gourisr á dar un baile en la alcaldía en honor de los Mazelle. Le pareció divertido hacer bailar á la burguesía de Boouclair en esta boda que era un símbolo del advenimiento del pueblo. Se bailarla sobre las rufnas de la autoridad, pues ya el alcalde no era más 'que un lazo paternal entre los diversos grupos sociales en la casa de todos. Hubo lujo al adornar la. sala, músicas y cánticos, como en la boda de Na.net y Nisa. Y hubo también aclama ciones al presentarse los novios, Luciano, ~n sóli_do y fuerte, con sus camaradas de la Créchene; ~msa tan apasionada y distinguida, seguida de ~a sociedad cuya presencia hablan deseado los padres con;to pro testa suprema. Pero el gran mundo fué sumergtdo por la ola popular, conquistado. poco á poco por la e.legrla que robosaba, y tamb1én de allí re~ltaron much09 matrimonios entro las dos cla!et diferentes. De ~vo t,riunfuba. ol amor, el amor omnipownte qtle i11

8 -tb& ~ flama al universo vivo y le lleva 8, s'u deal1no f~lh~. Y florecía doquiera la juventud; más y más allan zas, parejas que parecían S<'paradas. por mundos, mar chaban hacia la ciudad futura umuas por el etefl:lo deseo. A su vez, el antiguo comercio de Bea~clru r, próximo á desaparecer, clió sus hijos y sus hijas ~ los obreros de la Cr6c.herie y á los aldeanos de Com bettes. Augusto Laboque so casó con M.art.A Bourron y Eulalia Laboque con Arsen.io LenCant. Hacía al~unos años que los Laboque ya no ~uchab an. ~D!ID tieron primero que su tienda fuese simple depósito de la Crécherie. Y después la cerraron, y Lucas le ~.aseguró una especie de reli ro con un empleo?e Vlgllan cía. VieJOS ya, vi, fan aislados, amargados, ~mra ndo con 1n1edo aquel mundo, que no tenía su pasión de lucro 6Íno otras alegrías. Sus hijos so casa.ron á su gusto, sin más que el escondido disgusto de sus padres. La.t bodas tucron el mismo dia., en Combett.es, que era ya. un gran arrabal de B~uclair, alegr:e y rico.. La ceremonia se celebró cuando la recolece1ón, el último día, cuando los haoos enormes se leva.nta.ban en la inmensa llanura dorada. Ya Feuill.at había casado A. su hijo León con Eu cenia, hija de Yvonnot. Ahora, muy a.ncia.no, era eomo el patriarca de est.a Sociedad agrícola que él había aoña.do. &te simple colono primero, duro y rapa~ CO mo todos lo! de su clase, llegó á amar {le vejtu la tierra donde hablan sido expl o tado~ slu ascendienres. Y Tió al fin realizada su ambición, las tierras reunidas, fecundas abundantes, camino de la conquista total de la llan{u.a inmensa do la Rurru~.fl.a. Con Lenfant é 'ivon not form..a.b& Wla e&peae do consojo de los Q.DCia.nos consultado para todo. También para relcbrar estas bodas hubo 'Una gran fies~ la fiesta de Comb()ttes paai hco, rico, triunfan te. Se iha A. beber por la. fraternidad del aldeano -y del obrero industrial, Mtes puesto uno frente é. otro. Se brindaría también por la desaparición del bárbaro comercio; y qué mejor o~ión que la del día on que laa castas enemigas so unlan en felices matrimonios. Fué al aire libre, cerca. del lngar, en un ancho camro donde ~ extendfa.n f.ld lnmnm simótriras, r omo uo et;.:;r 1&19 ~ mt t~m'plo gigantemo, los altos b.ates, color &J. ero bajo el claro sol. Al S:nfinito, hasta el lejano ponzonte, se prolongaba la columnata de hace! y mis haces mostrando la fecundidad inagotable de la tierra. Allf se cantó, se bailó, entre el buen olor del tri o madu ro, en medio de la inmen,sa llanura fértll qu~ ya daba pan para todos, reconciliados. Lo~ Laboque trajeron A. todo el antiguo oomorcio no Beauclair, los Bourron, á toda. la Crécherie. Los Lenfant, estaban en su casa. Si los Lahoque no e8taban contentos, los demits sí, y b. alegria la trajo BabetU!I Bourron que triunfaba con su eterno buen humor, anun ciando la dicha. Al o.parccer los novios, hubo también aclamaciones; todo el pueblo se alegraba porque representaban aqu~ lla hermandad, aquella abundancia. en cuyo seno iba. 4 pulular un pueblo libre, unido, sin o.dio Y. ~in hambre. Aquel dia se arreglaron otros matnmoruoe, como en las bodas do Luciano Bonnaire y de Luis.."l. M1Zelle. La ooil.ora Mitaine, guajxl todavía con sus sesenta y onco, besó á Olimpia. Lenf-ant diciendo quo deseaba llamarla su hija, pues su Evaristo le habla confesado que la ~adoraba. Diez años hacía que se le bahía muer to su marido y bab[a dojn.do la pmaderla, fundida con la Créeherie como casi todo el comercio al pormenor. Vivía con su Evarislo, muy o rgu ll o~a de que Lucns!es hubiese confiado la dirección de las bregaderas eléctricas de donde salía ahora en al,u ndnncia un pan ligero y bl:mco para todo el put>blo Mientras Evari ~ to l>esaba también á Olimpia., roja de placer, por T1a de esponsales, la.mitaine reconoció en una vi('j.ecita fiara y negra sentada. junto á 'U.Il haz, á su antigua vecina la. señora Gacheux, la carnicera. Se sentó junto i ella. - No es asf?-le dijo alegre,-todo e!5to debe a.cabar en bodas, pues toda. esta gente menuda en otro tiempo jugaban juntol'. Pero la Dacheux s<'guía muda y sombría. Ella tiujl bién habla perdido á su marido, muerto i consecuen cia de un golpe torpo de la. cuchilla. que le hnhla cor tado la lllju10 derecha. Seg\m C'ierta.~ gentes, no había ido torpeza,.sino que el carnicero se ba~f a cort.adn b. mano A ~ropósj to en un lwoo~o do fl\no~ cól')f~ ~

9 ~ íoo ~ a.nt~ q'ue firmar la cesión de su tienda A: \la Crecheri~ Los últimos sucesos, la idea de que la santa carne, la carne de los ricos, iba á. ponerse al alcance de todos, en la mesa de los más pobres, fueron parte sin duda á trastornar el concepto del orden social del hombrachón tiránico, violento y reaccionario, hasta. el punto de volverle loco. Y habla muerto de una gangrena mal ouidada, dejando á su viuda a~rrada, con los últimos juramentos con que la abrumó en la agonía. - Y su Juliana de usted?-preguntó la.mit.a.ine.--11 La he encontrado el otro día; está. magnífica. Tuvo la otra que responder: -Allí está bailando, la vigilo. Juliana, en efecto, bailaba en brazos de '011 buen mozo, guapo, Luis Fauchard, hijo del obrero arran cador. Fuerte, blanca, radiante de sahid, se esponjaba feliz en el abrazo apasionado del mocetón vigoroso, d~ rostro suave, uno do los mejores herreros <U, la Crécherie. - Conque otro matrimonio?, -1 Oh, no, no l~xclamó la Da.cheux temblando --"' cómo dice usrod eso? Bien conocía. usted las idea.a de mi marido; saldría de la sepultura si yo casara á. 81l hija. con ese obrero, hijo de esos pobres diabl<>;s, del esa Melania que se pasaba la. vida pidiendo al fi&do carne para un puchero, y á quien él a.rrojó tantas v& ces de la.,tienda porque no pagaba. Siguió contando sus tormentos y en voz baja y temo blorosa. Su marido se le aparecía de noche; bast.a muerto la. imponía su autoridad despótica., la reñla y. zarandeaba con diabólicas a.tnenazas. Ni viu.di. encqntraba!ud. poco d-e paz la pamlad.a viejecita. -si casara A Juliana contra su gusto, vendría f.o. das las noc.hea á. inj'urianne y á. pegarme. Lloraba., y la Mitaine le dió ánimos, a.seg'urándole que para C'Urarse de pesadillas, lo mejor era hacer feliz á la gente. Por azar, Mela.nia la quejumbrosa se había acercado con paso injeciso. Ya no padecla la atroz miseria de antaño. Ocupaba una de las casitas claras de la Cr6cherie eon Fauchard, que aca baba de dejar todo trabajo, inválido, aton lado. Vivía " ~llos 6U herma.no Fortllnato, de cu.a.r nta I cinco...,. Hll ~ a.ños apenas, y cuy? trabajo de bruto, maq'uinal, urj. forme, desde los qwnce a.ños en el Abismo había he ~o de él un viejo antes de tiempo, medio sordo y Clego. Por todo lo oual, á pesar del bienestar presente, segu.ía. ella 9Uejándose por causa de aquellos dos desgracjados, ejemplo y lección de las vergüenzas y d<> lores del sal.ano, legado á las generaciones nuevas..-?no ha. visto usted á nú rente?-proguntó A 1a M1 ta:ine.-los he perdido entre el barullo... 1 Ah 1 aqu.f están. Se vió pasar, cogidos del brazo, con paso tembloroso, á los dos cuñados, Fauchard hecho una ruina, como 'Un a~ci~o del tra~jo ~es.honrado y doloroso; Fortunato, amqmlado tamb1én, 1mbédl. Y pasaban en tre la multitud vigorosa, que rebosaba vida nueva es J> ranza, por medio ~e los haces bien olientes en ' que ~ amontonaba el trigo. de todo un pueblo; ib-.n en paz pa~do su decrepitud, sin comprender, sin res. ponder á l os saludos. -illéjelos tomar el sol, eso les oonviene-fl.tladió ~ Mit.ane.- Y au hijo de usted? E.s fuerte alegre?.:-10bl ya lo creo; Lws está muy sano.'ahora los lújos no se parecen á los padres. Mire usted cómo baila 1 Nunca conocerá el frío y el hambre. La. pa.nad~ra, a.j..m.a. buena, procuró y consiguió am"& glar allí mtsmo el otro matrimonio, haciendo enten derse á las dos madres. La pobre Be!lora. Dac.heu.x dijo al fin: - Dio.s.miol bueno, consiento; á condición de qu 6 no me dejen sola. Yo nunc..a he dicho no á naclie todo era él. Pero si todo~ andan en ello, prom~tan defenderme y hagan lo que quieran. Al saber aquello Luis y Juliana abrazaron á l.ls buenas mujeres entre risas y l ágri~a.s. Y entre tanta alegría, íué una alegria nueva. La Mitaine recordó los tiempos e~ <I:Ue Evaristo ofrecía tortas en la panadería á Ohmp1a Leníant. Recordó también á Luis Fau chard jugando con Juliana cuando niños. Y habló de los Laboque, los Baurron, los Lenfant, los Yvonnot qua ahora se casaban, y ya. jugaban juntos df' Pf'flUef1.uelot mientras lo.s J2o<i.d.res se desgarraban luchando, XrabtJjo-Tomo ll-1.1

10 '"""~ 16~ -::i Se habló de más bodas, de que eran. y'a pro;_nctidos Sebastián Bourron y Agata Fa.uc.h.ard, N1colás Yvonnot y Zoa Bonnaire.... El amor soberano extendía sm cesar la reco~c1 1 1a ción acababa. de fundir todas las cla.ses. FJ hab1a fe QuncÍ.a.do la llanura, él ha.cía estallar los árboles con los frutos, ha.bia. cubierto los surcos con tal a.b~dan. cia. de tri o, crue los haces extondían hasta el bonzonte el templo de la paz. fbll.il sus al~s en ~1 pol~nte olor de esta fertilidad, p~idfa á ln.s n'upcjas fehcc& que h..arían pulular generaciones más libres y más jus ta.s. y hasta La. noche, á la luz de la.s estrellas, duró la tiesta., triunfando el amor; junta.ndo los corazonel!, entre los bailf}s y los cánticos <ID aquel pueblo gozoso que iba A la unidad y fl. la harmonía futuras. Pero en esta fraternidad invasora~ había ~ honi bre, un ascendient~ el xna.estro fundidor. Mo~f.ain, que 'ql1edaba en pie, aparte, mudo y salvaje, s.m poder, sin querer comprender. Segu.ia eien.do como uno d~ los Vukanos p-rehistóricos, en su agujero de rocas, J~ll~O al horno alto que tenia que vigilar; y ahora. Vl\'1:1 wlo como solitario, deseoso de separarse d~l tiemp?, rota toda relación con las gener~ones nn.cl.entes.. í.a cuando su hija Azul:ina habf.a. pa.rti~o para 1r ~ VlVIr el sucfio de amor con Aquiles G<>uner, el prín~ pe encantado de sus noches azules, habí~ él sentido. que los tiempos nuevo~ le quita.ba.n lo mejor de s( m1smo. De.s més otra aventura sentinrenflal le ha.bfa Uev~do á su hijo el mocetón, el buen gigante vigoroeo, Pc~.t na, que de repente tse h.ahia. enamorado de. La hl.ja de Caffiaux el tabernero Honorin.a., una morerulla btz ca y lista. Primero.se ~abia negado con. viole.ncia. á consentir en tal matnmomo, porque desprec.i.a.ba á. aque Ua gente de conducta sospechosa, farrulia de envenenadores, los du.a.les le devolvieron su desdén mostrando vanidosa rep~nancia de casar á su hija con. \m obrero. Pero Ca.ftiaux c.e<lió primero, hábil y flexible <'..amo siempre. Tenía un buen empleo como jefe ~" vigilancia de los Almacenl's Generales de la Créchene, dejaba ya la.taberna., y se olvidaba lo pasado y ~n gia gran devoción á las idpas nuevas Tim'Úa J>efJU dic.a1~ ne~.r~ndo-:e ~St:\rwlo e.l m~ tri m,,nio. F.ntoACf'~ = 1ü~ ~ Petit-Da, ap.a.siona.do, babia. prescindido de s'll pndrtj. Una terrible reyerta había. seguido á la completa ruptura de ambos. Y desde entonces, el maestro fundidor, emparedado en su roca., sólo vivía, solo ha,.blaba para dirigir f3'u ll.orno alto, como fiero ~pectro inmóyjl de las edades m:u.erta.s. Allo.s y años pasaron sin <(tl.e el viejo Morfain pa:. reciese siq'uior.a envejecer. Era siempre el vencedor del fu~go, el coloso da la enorme cabeza. tostada, de na,. riz aguileña, ojos con llatn.a!, entre mejillas que pa; recían arrasadas por la la.'va.; la boca en tortura,,que ya no 89,abría; co~orv ll.ba. el rojo leonado do quemad'u.ra,. Nada de o hwnano parecía que había de inl!presionarle ya., en el fondo de la sociedad implacable en que se había encerrado, cua,ndo llegó á. 6a. ber que S'U hija y SU rujo pa-ctabm con los otros, lolil d-e rn.atí.rula. Azulina. ha.bia tenido de Aquilea una niña delicio~m., Leonia, que crecía graciosa y amable. Petit-Da había llegado A tenor con Honorina un muchacho fuerte y encantador, Ra.imundo, inteligente hombreci llo que pronto podría. ca.s.a.rse ta.m.bién; pero el abu&~ lo no se dejaba ablandar, rechazaba á. los niños. Eran oosas, para él, que pasaban en otro mundo; no le con" m.ovfan. En cambio, hundidas sus afecciones humanas; la especie de pasión paternal que siempre bahía $en" tido por &1 horno ajto, parecía c.recor. Ve.í.a en él :un hijo gigante, el monstruo rugienfe de un perpotuo incendio cuyas digostionm de llamas c'uida.ba él noche y día, hora por hora. Lo& menores d "sarregloe, ctlando 1M aa.ngría.s brillal:>an menos, l~ Uonaba.n de a.ng'tl.stia; pasaba noclles en claro vigilando la a toberas; &e sac.ri.ticaba como un en~tmorado f'n medio de las brasas que su piel ya no temía. Luc.u pensó en darle el retiro por su mucha edad, pero no se atre"rió, al verle rebelarse temblando; y el héroe del trabajo penoso <fug tenía el orgullo de haber gn.stado y quemado los músculos en su faena obscura de COJlquistador del fu4>go, no sulrió entoncos aquel dolor IBin consuelo. Pero la hora. del retiro iba ~ sonar por sf misma., por la. inevitable evolución del progreso, 1 liu.c.aa, compa~vo, por bondad, esper6. ~ Morfn..in se h&.hia vtsto amenfll' ll d~. a~n;\ <ttl~

11 s ; lb4 ~ 1ol'dan b'ti9c8.l)a inventos para reemplazar el lio~o alfo, tan lento y pesado, con baterías lige~as y ráptd~ d~ hornos eléotrioos. Le trastornaba la tdea de que podía.n a.pa a.r y derribar el coloso que ardía duran~ &e~ y ooho añes. Tuvo not:icia., alarmado, del P~ mer progreso de Jordán al quemar el carbón al. ~alit' de la. min.a., y B1l.JX> también que llevaba la. electricidad á la Crécherie por cables, sin.perder nada. Pero como el precio de fábrica seg.w:a s1endo muy. alto, no ~e ~ó esta inútil victoria.. Durante otros diez años los nuevos fra.casoe de Jordán le habían alegrado, con oc?l ta ironía, convencido de que el fuego ae def.endcna, no se deja.ria ja.m.as venoer por aquella po~en~1a, trueno misterioso cuyo reláinj>~o n'q veía. s1qu1era. De seaba la derrota del amo -y de sus aparato~; mas, de rep~noo, la amenaza se.hace grave, ae dice quo Jordán ha enoontrado el medio de transfor~ la: ener gía, calorífica del carbón en. energl~ ~léctrica mn ~ sar por la mocánica, es docir, supmruendo la máqw na. de vapor, cara :y molesta. El proble~a. es~a re. auelto el precio de fábrica. de la eloctnc1dad 1ba á bajar '1.a mitad, y se podri~ emplear úti~ente en )a tundición del mineral de hierro.. Ya. funcwna.ban aparatos de producción, se instalaba la primera bat.erla de hornos 41léctricos, y Morfa.in, d~~rado, ron~a alrededor de su horno a.ito, con &re ~o y ob~tina do como s:i qui!iera. defenderlo. Sin embargo LuCM no dió inmediatamente orden O.e a.pa ar el horno lllto, queriendo ha.oor a.n~oo e"xpe" rimentos concluyentes con La. batería. Por sets meses ambas fundiciones funcionaron á. la par; dfas mur malos para Morfa.in, que ya veía condenado al quon do monstruo que guardaba. Todos le abandonaban, ya nadie aubía á verlo; toda la. curiosidad e~.para lqs horno~ eléctricos, que ocupaban tan pooo Sitio y que trabajaban tan bien, se deoía, y tan pronto. EJ, lleno de ira, no había querido bajar á ver aquellos inve~tos, que llamaba oon deidén juguete buenos para mf'los. Cabía destronar el antiguo método, el fuego libre Y. claro que había dado al hombre el imperio del mundo? A él se volterfa, á los hornos giv"lltes cuya hohuel"f\ ll&b!~ ardido dura.nt.. ~ los, t;in ap..,al"rf'l jamú. \:: do~ ~ 1G5...;, ele s'u &alt>dad, con lo.s pooo3 hozu.b.rt ; <16 su oua.~.w.enciosos como él, se contenta.ha. oon mirar desde lo a,lto el cobertizo bajo el c;ual funcionaban loa hornoe eléctricos, feliz todavía. cuando de no.che incen diaba el horizonte con ~1.1$ grandes coladas brillantes. P.ero llegó el d1a. que Lucaa condenó el horno -u to, ya, onerosa. Se resolvió dejarle apagarse para derri barlo despu~ de la. última san ría. Prevenido Morfa.in, no reilpondió na.da., impasible, con liu fu de bron<?o que n.a.da decla de laa borraj~ de_ su a.l.ma.. Se tem.1ó ~quella. hermosa calma. Azulina subió á. Ter á. au pa w e con su hij.a. Leo~, '3 Petit-Da a.cudió con Raim'Undo. Un inbtante, como a.ntaño, la familia. se vió reunida en su cueva. de rocas; el padre igante entre la hija. toda azul, por lo.s a.rules ojo~. y el hijo, ~l buen coloso, ya. ganado por los alientos del mañana, y ahora ha.bia a.de~ la nieta de su.aye hermosura, el nieto do inteligencia. vi;a. en quien se encarn.aba La generación Jl.Ueva, obrera activa ~ ventura. El ~uelo se dejó bosar 1 acariciar; no rec.b.azó ál los ruños. como solía.. Aunque se babia. jurado no verlos nunca.; se dejó ahora. venoor, a.cariciar. Pero no ~cvolvia las caricia.s, con airo de estar ya fuora del tiempo, cu.aj héroe de épocas deaa.pa.recidas en el cual toda hu. man.ida<.l estaba muerta.. Era un día de otoño obscu, ro y frío en el breve crepúscujo cuyo velo de crespón caía' del cielo descolorido envolviendo la negra tierra. Se leva.ntq; no rompjó sq et.er;no tilencio ~ gu.e para decu 1, -1 V amos 1.Me eospera.n; toda ví.a. ha y una sangría. Era la última.; todos le sigweron al b.s>rno alto. Lot hombres de la cuadrilla a.lli estaban sumidos en la. sombra, esperando, y vino La ta.en.a habitual;.el ~ pelón hundido en el tapón de tierra refra.ctana; la piquera ensanchada.; luego la ola tumultuosa dej metal eu fusión, arroyo de fue o oorriendo á lo La.rgo d.q las regueras llenando los moldes de oharca.s oncendi, da.s. Olra vez todavía, de a.q-o.e.l surco, de aquel c.arn. po de fuego brotaron chispas como mies~ chi~pas llz1lles de ligereza delica.da, cohetes d:e oro do gr~~ trutileza., todo un florecer do azulejos entre. esptg:\.9 ~ c o. Una da.rida<l dee.l.u.ml>mdota., ea Ql UljLf '~\"'

12 - lit ; p\\'tdajo, Tistió de sol el horno al~o, las con_sttucci(}n~ cerc.&n.&s~ l~ t&jados de Bea.uc.Wr á lo lej?b, ~ h()ot rizonte inmenso. Después todo se apagó, remó la no. Che profunda era el fin el horno alto había! muerto,, Morfain, ~o había ~ta.do mirando sin decir una palabra, no se movió; quedó en la. sombra como una. dq ~quell.as roas que otra. nz ontolvía. la noche. --Padre-dijo ca.rin.osa Az:u.lina,-.a.hora _que aquí ya no hay que h&c.er, ha.y que ba~r con no1 0t,ros.,Ha~ (n.ucho tiempo tu cuarto está. dispuesto. -;' 1?i Petit-Da diio 1 su Tez: ' w-padro ahora te toca descansar, y también en mi Ca.sa tien~s tu habitación. Te repartir~, te darás W\ p<>oo á cada. uno de tus hijos. Pero el viejo m.aeslro tundidor no respo~día. Uu suspiro, al fin, le lovantó el p~o COI). un rwdo dol<>ro&a, y dijo: ' -Está bien; yo bajaré, iré.á ver, marcháos:, Pasaron q'uinoe d.ias ry no se pudo come mr que Morfain dejara el horno alto. Se iba. enfriando lenta. mente, y a.sistia él á su a.gonía. Quedó allí el último.. Palpaba el horno todas la.s noches, por ai no estaba knuerto del todo. Mientras sintió un poco de calor, ~ Teló obstinado oomo 4. 'Ull amigo, cuyos restos aólo se abandonaron A la nada. P&ro llegaron los que iban 11 demolerlo. Y una manana se vió á. Morfain en suprema aepa.ración desgarra.do.ra, deja~ su. agujero de r<>ca.s y. bajar 6. la Créc.hene para u directamonte, oon paso firmo de gran a.nciano vencido, al vasto cober tizo de Tidriera.s ba.jo el ~ual íuncion.a.b& la. batoría ~ b.ornos eléctrico!. Alli estaban JuliA.n y Lucal con PeWt-Da, encarga. dos por ellos de dirigir la fundición, con ayuda. de ~u hijo Ra.im'Undo-Da, buen obrero electricista.. Jordi.n ai.empr. eata..ba presente para dirigir la mar k:ha, d.esaando petfecciona.r el nuovo método que tan toa &!los le ha.b í.a. costado. - Ah. nú querido Morfain-excla.mó oontento ;-al fin es usted razonable 1 Impasible, la cara de color de fundición vieja, ~1 héroe ee contentó con decir: ~1, ~o.r: 1or<Un.i he <:(l!erido l'!)r ~\\ w,áqq,ij~ e-< Hff -= L1lcas, algo alarmado, le observó, pue!!l halfe. 1-t~r;o R'Ue le vigil.ara.n, porque supo que se le había sonprendido inclinado sobre el tragante del horno alw. aún lleno de brasas, como dispuesto á arrojarse A aquel horrible infierno. Un obrero de su. cu.a.drilla le babia salvado de esta muerte, último don de su carne vieja al monstruo; todo lo que quedaba de su esqueleto co- cido y recocido cien veoes, como si su gloria hubicua. sido ac.a.bar por el fuego, ta.n am,a.do Y. servido ~ ;mente durante medio siglo. -Bien pa.rece, bravo Morfain, el ser dur:ioso 6: JJU edad-dijo Luca.s sin separar la vista de él.-.mire '-18 ted esos juguetes. La batería de los diez hornos estaba en fila; diez cubos d? ladrillo rojo, de dos metros de altura por un metro cmcuenta de ancho. Y sólo se veía por encima 1~ armadura de los potentes electrodos de espesos ci lindros de carbón, á la cual venían á junta.rse los cables conductores de la electricidad. t.a operación era muy sencilla. Un tornillo sin fin que obedecía á un botón ha.d.a. el servicio de los diez hornos, oonducia. el mineral y lo echaba en cada. uno de ellos. Un s&o gundo botón esta.blecia la corriente, el aroo 1 cuya ex: t~aordinaria temperatura de dos mil grados podía tundir doscientos kilogramos de metal en cinco minulos 1 y bastl.ba dar v~elta á un tercer botón para que la puerta de platino que cerraba cada horno se levan tase, y para que una especie de andén ó plaza móvil. cubierto de fina arena, ~ pusiera en marcha, reci blando los diez lingotes de doscientos kilogramos ~e sacaba en seguida. al aire para enfriarlos. - Qué tal, bravo.morfain?-preguntó Jordán., al& ere oomo un niño.- Qué dice usted de esto? Y le explicó el trabajo producido. Aquellos ju u&j tes, á doscientos kilos de fundición cada uno, cada cinco minutos, llegaban todos juntos á un total de dos cient.as cuarenta toneladas por día, haciéndolos trabajar sólo llie~ horas. Era un rendinúento prodigioso; sobre todo 51 so pensaba que el antiguo horno alto ardiendo dia y noche, no llegaba. á la tercera parte. Así que los hornos eléctricos funciona.ban ra.m vez m..aa Q.~ t~s 4 ~.trp b.or.asj I M g,so º~taba le.'\ ~.ill':l-

13 -168 ~ dida.j, en poder apagarlos y encenderlos según se necesitase, para obtener al instante la cantidad deseada de materia primera. Y <[Ué facilidad, qué limpieza, qué sencillez 1 Casi no había polvo; loa electrodos daban ellos mismos el carbono necesario pa.ra la carburación del mineral. Sólo se esca.pa.b.a.n. gases, 1 las escoria.s eran tan poco abundantes, que desaparecían sin trabajo limpiando todos los días. No más coloso bárbaro cuya buena digestión causaba tantas inquietudos no más órganos múltiples, molestoi, de que habla habido que rodearlo, má.quin.a. ~opladora, continua ~orricn te de aire y tanla.s otras oo.sa.s. Ya no halía vienlro amenazado de atascarse ó de enfriarse. Y a no se hablaba de demolerlo todo por una tob<~ra que fu.ncionase mal. Y luego, todo un ejército en pequeño. Los cargadores atentos junto al tragante, los (whlidoros golpeando el tapón quemado por la.s llamas de las sangrías; ya, no estaban todos ellos siempre alerta, suceiliendo el relevo de día al relevo de noche. En quinco metros de largo por cinco de ancho, la batería de los hornos eléctncos, con su acera móvil, cabía holgadamente eu el gran cobertizo) alegre y brillante. Y tres wños hubieran basta.do para ponerlo todo en marcha; uno en el botón dol tornillo sin fin, otro en el botón de los electrodos, otro en el de la plaza ó acera móvil. - Qué dice usted de esto, querido Morfain? Qué dice usted de esto?-repetf.a Jordán triwlíante. El anciano, sin una palabra, inmóvil, seguia miran do. Caia la noche, la obscuridad invadia el cobertizo y la. batería funcionaba con regularidad mecánica y suave. Fríos, obscuros, los diez hornos parecían dormir mientras la.s carretillas de mineral, movidas por el tornillo sin fin, se desocupaban una á. una. Cada cinco minutos las puertas de platino se abrían, el blanco brillo de las diez coladas iluminaba el eipacio, las du~z barras de fundición en que florecían los azulejos, entro espigas de oro, caminaban llevadas por la especio de :J.cera móvil, con lenta marcha continua. A la largl\ resultaba extraordinario el espectáculo do estas ilwai naciones repentinas, como rítmicas, rcgulues. Petit-Da, e&ll&do b.a.sta entonces, ~o dar a.l un"" - lou ~ explioaciones. Señaló el cable grueso que, bajando de L.i.s armaduras, traía la corriente. -'Mira, pa.dro; la electricidad llega por a..w, y tiene tal fuerza, que si se romp e.ra.n loa hilos todo salt.a.ría como si cayera un rayo. ~uca3, que ya no t.enúa, viendo A. Morfain t&n tra.n <p.ulo, se echó á reir. -No diga usted eso, va usted á. a.susta.r á 1& gente. No saltana nada; el peligro seria sólo para el lmprudente que to.ca.ra loli hilos. ~ ~~~ el cabls es sól.ldo. - Ah 1 eso sí-a!ia.dió Petit-Da;-buonoa puñm harían falta para romperlo. Morta.in, <pie scguia impasible, se había a.oercado; no tenia más quo levantar las manos para alcaruar el Cél.bl?. Allí estuvo iwnóvü algunos segundos toda. vla, enjulo el rostro en que na.d.a. so lela. Pero súl.h t.a.m~nte, brillaron su.s ojos de tal manera, que Lucas volvló á a.la..rmarse, temiendo una catástrofe. - Eso C!ces? Buenos puños?-dijo.mocl.ain Lablando al fin.- V amos á. verlo, hijo mio 1 '. Y antes que hubiera tiempo para impedírselo co gtó el -~le entro sus manos endurecidas por el' fue go, s~ine antes á tenazas de hierro. Y lo retorció, Jo rompió. ~n un esfuerzo sobrehumano, como un gigant~ 1mta.do rompería el bramante de un juguete.,y nno el rayo; los hilos so habían tocado una chispa fo~dahlo había. saltado deslumbrado~. Todo el coooruzo quedó en tiniolj.a.s, sólo 66 oyó en la ob!cund.ad la calda do uu cuerpo grande; el corpulento B.Dc.t~o &e desploma.oo de u.n golpe, como un& encina dombada; hubo que correr á. buscar linternas. Jordán Y Lu~, lrastorn~dos, sólo pudieron comprobar la mu6rte, Iruenlr~. Potit D& gnta.ba y lloraba. Tendido de espa.l~, el Vli!J~ maestro tundidor no paroc.ía ha bo~ iuindo, colos<;>. mta.cto de la antigua fundición á qwin ya no mortificaría m.á.9 el fue o. Arclla la ropa Y hubo que apagarla. No había querido sobrevivir al tnont.truo ama.do, aquel horno alto a.utiguo del que ya era ol último devoto. Con él acababa la lucha primera el hombre doma dor del Cueeo~ oonguia~do lo snewa3. en.corvtt Jo bi ' 1

14 ~ 1,.. ~ jo la. voluntad a. 1&,penosa. ta.en&, haciendo o'tg'ul~ IUlla nobl~za d~ largo trabajo abrumador de la hu manidad en marcha para la felicidad tutura. N o había q'uerido eaher nada. siquiera del bien que trafa.n loa nuevos tiempos. Caía como héroe fiero y tenaz de la antigua servidumbre. Vulcano encadenad~ en su fra gua, enemigo ciego de todo lo que le libertaba, po, niendo S'U gloria en su sujeción, creyendo que era degeneración disminuir algún d1a el sufrimiento y el estuerzo. La tuerza de la. edad nueva, el rayo que él había venido Á negar, A AAU,Ho,r 1 le b,a,bfa p.ni~lad,o; li do rm.f.a. ~g'l.lnos B,fios después hubo e.ún tre! matrimonio~. para acabar de mezclar las clases, de estrechar los lazos en aq'o.el reducido pueblo fraternal y pacifico. El hijo mayor de Lucas y Josina, Ililario Froment, \m robusto mozo de veintiséis años ya, se casó con Colette, graciosa rubia, menuda, de dieciocho, bija. do Nanet y de Nisa. La sangre de los Delavea:u quedó como aplacada en la sangre de los Froment y de _1a pobre Josin.a, un día. recogida en el umbral del Abismo muerta. de hambre. Después Teresa. Froment, ter cer' vástago, alta, hermosa, alegre, á los diecisieto añ?.s, se casó con Raimundo, que le llevaba dos años, el hijo de Petit-Da y de Honorina. La. sangro de Fromcnt so un.ia á la de Morlain, los obreros épicos, y á la. del vencido Caffiaux. Y Leonia., hija de Aquil~ Gouricr y de A.tulina, de ninte aüos, se casó con un hijo do Bonna.ire, Severino, de su edad, el hermano menor de Luciano. La agonizante purguosía ~ unía al pue. blo, á los rudos tr.a.baja.dons resignados d~ la.s. edadei muertaa, y también á los obroros revolu,aona,nos, ca. )Uino de em.anci parse. También hubo grandes fiest.a.s. La desoc.ndencia íeli:& ele Luca.s y de Josina iba á fructificar, pulular, Jl.1U dando á :Poblar la ciudad nueva. Vencla. el amor; alegre~ joven, conducía. á todos, parejas, familias, pueblo entero, á. la final harmonía. Cada nuevo matrimonio era una ca.. ta nueva entre 'f\.wplea J llel'adqfa:s k 9JA Q.e ~-~ O'U.~ ~Rbiibr~,1Q ~ l'l.l ~ Invadir y borra.r el viejo Bea.uolair. FJ antiguo ~ 1rio leproso, de casucw inm:undi.s, quedaba. arrasa.. no; en su lugar anchas via.s con árboles y facha~ Jimeñ.as. Estaba amenazado hasta el barrio burgués; se abrían call~ nuevas, se ensanchaban y camhiaba.n. de destino los antiguos edificios, la Subprefectura, LJ ~Udiencia, la Cárcel. Sólo la vetu.stfsim.a. iglesia agrietada, duarteada, seguía en medio de una plazoleta d~ sierta, que parecía campo de zarzm y ortigas. Los an tiguos ca..seronos solariegos, la.s casas pegadas unas ~ ot.ra.s, dejaban el puesto á vivienda..s de m.á.s berma.n dad, más sanas, esparcidas por el inmenso jardín quo venía á ser todo el pueblo. Agu.a,s cprri~;ntos Y. viva, luz ~a.n alegría á todas ellas. La ciudad estaba tund.ada; grande y m 'u y gloriosa ciudad, cuyas avenidas llenas de 101 seguían prolon gándose y ya rebosaban ~obre loa caqlj>os. ve:cinoa,dq lp. fértil R~fla,. Pasa.roh diez al'ios más, y el amor había U.nido A' las parejas; ol amor vonccdor y fecundo hizo nacer '1 ~r en cad.a bogar nuevos hijos, que traían el po.rvemr. Con cada generación nueva ee difundiría y remaría en el mundo un pooo más de verdad de just,ic~ y de paz. ~ Lu~, _de sese~ta y cin_co a.ñoa ya., á. medida. que &e hacia VIeJO, sent1ase dolllllla.do por la pasión creciente de los niños. Ahora que el edificador de ciudados, el creador de un pueblo, que en él había. veía COM truirse la ciudad soüada, preocupábase sobre todo cou las eneraciones en germen, iba b.:l.cia los niüos les de~caba sus horas todas, pensando que eran el 'por vemr. Eran ellos, eran los hijos de sus hijos, y eran mejor aún, los hijos de ésloi, los quo debían ser un día un pueblo inteligente y sabio, en el cual se reali 1.~1" toda. la. equidad l bojldad ~ Ql b~la ~c11dc.,.

15 ~ 17la... No es posible tehaoor los hombres ~duros, cuando han vivido oon las creencia3 y los hábltos con que el atavismo los encadena. Pero puede obra.rse sobre los, niños, librándolos de las falsa3 ideas,. ayudándoles ~ crooer y á progresar, según la. evolución natural que en si propios llevan. Y él lo veía claro, ca.da genera,. ción debe ser así, un pa3o adelói.ilte, cada ~a. de ellas orea. más certidumbre mas paz y mayor felicidad.. Solía. decir sonriendo true los niñoo eran los conqulst.adores má.s fu,ertes y loa más victoriosos de su pueblo en m.a.rcb.a... En las la.rga.s visitas matutinas que L'Uc.as continua ba haciendo á su obra, dos veces P?r semana, consa. graba lo mejor de su alm;a. y de su tiem >Q ~ las escue las, y también A. los asilos maternales~ e~ donde es ta.ban recogidos los más pequeños. Ordinana~n~ comenzaba por ellos a.ntes de ir á los Wleres Y.á. los almacenes, gozando al contemplar toda. aquella infa.n cia riente y sana, desde que el so~ salia.. Como.cada semana cambiaba los días de S1l ws~16n anunauora., no se le esperaba, presentá.base de improviso entre aquella gentecilla bulliciosa,donde todos le adoraban, como á un abuelo muy alegre y muy bueno. un martea, Lucas, resuelto á visitar A. s~~ querid~s hijoo como él los lla.ma.bia á todos, se dingía ha.cla las ~scuelas á la.s ocho de una mafiana deliciosa ~ primavera. El sol ca.1a como lluvia de oro por entre los nuevos verdores, y él oa.min.a.l.>,a, á. paso breve p<>~ delante de la oa.sa. de los Boisgelln. SUS&D.A, <p1e le babia vi&~o c.ru.za.r, ~ adelantaba wta la puerta del ja.rdin. - Ohl anúgo mío; hága.me usted el favor.de on trar un momento. Esle pobre hombre ha terudo u.n nuevo acceso, y estoy muy inquiota.... Se refarie. á. Boisgelw, su marido. Durante algan tle~ po habia intentado trabajar, nada á gust~ oon su oc10 aidad, en medio de aquella colmena a.ctj va y rwdosa con el trabajo de todos. La pereza acababa por serle demasiado pesada; la caza y el caballo no aran sufí ciente:s para llenar sus días. Así Lucas, á rue os de Susana A fin de contribuir á la transformación es~ ra.da. ~ h&ljía cpnfla.do una es~ de i.ne~cción) u.u~ ~ tar~ Cie vigilancia ~e los Almacenes Generales. Pero el hombre, que jamás había hecho nada con sus manos, el ocioso de nacimiento, no disponía de su voluntad, no p~día.acomodarse á una regla, á un método. Pronto Bo1sgeli~ pudo ~dvertir que era. incapaz de te ner una ocu mc16n :seguida. Su cerebro huia sus miem bros n? obedecían, la somnolencia. y el 'abatimiento le. dolll!naban. Sufría con exceso á ca. usa de esta bornble lmi_k>ooncia., y poco á poco recala en el vacío de Sb existencia antigua, con sus días ociosos pasa dos todos en la misma inutilidad. Pero como no tenía ya.el aturdimiento ~el. placer y del lujo, sintióse in vadido ~r un aburnnuento sombrío, inmenso, sin ce Rar crech nte, del cual nada podia sacarle. Y al fin o.r:ababa por envejecer así en el estupor, en el aturdí rmento de la.a cosas imprevistas, extraordinarias qup á su alrc>dedor pasaban, como si hubiera caído en otro planeta. - Tit\ne acaso crisis violentas?-preguntó Lucas ~ Susana. -1 Oh 1 no-respondió ésta..-está eencillarnente muy sombrío, muy preocupado, y estoy inquieta porque la locura vuelve á apoderarse de él. En. efecto, la razón de Boisgelin parecía haberse ob!r curectdo á co.nsecuenc~ de ]a vida que llevaba á tr~ vés de esta oudad activa y trabajadora, De la mafiana á. la noche se le tropezaba, cual si fuei'ii. el fantasma de 1~ ~reza, pálido, despavorido, errante por las CA lles anunadas, por las escuela., con trn.s murmullos por los talleres ruidosos, obligado á apartarse á ca.d~ pgso, oon la amenaza de verse sumergido y arrastrado No ~ había aclimatado, se habfa como deshecho e~ medio do aquel mundo nuevo, y su locura le llevó poco " poco, Tiéndose él mismo que no trabajaba á creer que era el amo, el rey, y que aquel puebl era un pueblo de esclavos, ocupados sólo en trabajar segün 41 quería, Y. en amontonar in.c.alcujn.bles rique Ya.s, de las que d1sponía á voluntad para su propio placer.. Al derrumbarse la antigua sociedad la idea del cap1taj, en él,. había resis~do. firme á 'pesar de t?do, Y. él seguía s1endo el capttahata loco, el ca.pita,. hsta djos, 'lu<' ~se<'dor dq todo~ lqs ('.apitalea dt la

16 ..., i /4 ~ tierra había reducido a. tod'<5s los liom'dres 8Cr rus escla;os solo, los miser:a.bles obreros de su, felicidad egoísta.. Luoas encontró 'á Boisgelin en el umbral de la casa, vestido ya con la corrección de siempre.. A pes":r de su.s sesenta, seguia. siendo el homl>re de rure v~m doso, el rostro af~itado, y con su monóc';lio. U~car mente su mirada vacilante, sus labios flo ós, lacws; revelaban su deca.irru to interior. Bastón en mano; y un sombrero luciente ligera.mente inclinado sobre la oreja., se disponía á salir. - Cómo 1 1 En pie ya., y de ~eo l~xclamó LU: cas, afectando el mejor humor. -Es indispensable, amigo mío~espon<fió Boisgelin después de un rato, e:m.miná.ndole con desconfianza...:..todos me engañan; cómo quiere usted que duerma tra.n~o con los millones que á dia.rio me :produ~ mi dínero, y crue me ga.na ese mundo de obreros~ No tengo m.á.a remedio que enterarme, que ver cómo marchan las cosas, á fin de evitar la filtración de miles de francos por hora.. Susana hizo A Lu~ un.a sefi,a de deseeperaciófu Luego intervino'. -Yo le a.consejaba que no sall~ hoy~ A. q'ué Wn.ta.t molestias? Pero t!u marido le imp!u!o Bilencio. -No me pi"'ocu.pa. ta.n ~lo el dinero de hoy, sino t..amhién todo ese dinero amontonado, esos milea de millones que loa millone1 cotidianos a.umen tan toda.s las noches. Acabo por no da.rm.e cuenta de mí mismo, por no saber cómo vivir en medio de esta fortuna. colosal. EB neoosario q;u.e yo la coloque, no es verdad? que la dirija., que la vigile, para. impedir qu~ M me rooo demasiado. 1 Oh 1 es este un trabajo de que no tenéis la meji.or idea, y qne me haoo desgraciado, sí 1 desgra.cia.do, m.á.s desgraciado que los po~ bres 6Ín hogar y sin pan. Su voz comenzó á remblar de dolor; un dolor in" deeible: trnesa.s lágrirruuj rodaron por sus mejillas. In s~ piraba lástima, y Luoas, que sulría á caus~ de él, por QO.II.S,Íd~ra.rle una ~.aomalf" en la oi udad t.rabaj~rlorilj -.do a.c: ijentia.oo, sin e'mbru'go, IOorunovido ha.sfa el fondo dei corazón. - Vamos! Bien puede usted descansar un día-repuso.-opino como su mujer; en lugar de usted, yo no saldrfa., me entre~ndría -m J;P.irar cómo florecen 133 z:os.as de mi jardín. Boisgelin le exa.m.inó de nuevo c'on desconfianza. Luego, como si cediese á la. necesidad de ha.~r una confidencia á 'tl,n íntimo, al cua,l se atrevía A confiarse,.-no, no, es indispensable q'u.e yo salga.. Lo qu~ me molesta más.aún que la. inspección de mis obreros Y la buena adrn.irúetra.ción de mi fortu.na es no sa her dónde oolocarla. 1 ~ináoa miles y m.úes de mi llones 1 Acaban por estorbar, no hay salas para ellos bas!ante gran_des. Por eso se me ha ocurrido la idea de 1r á ve: ~~ enc'uen tro un. agujer? bastante profundo. Pero n? dlg. t.s nada. á nadie, nad1e debe sospecharlo. Y nuentras Lu~, frio, aterrado, miraba á Susana oo~pletamente pál1da, q'ue contenía las lágrimas, Boisgehn, aprovechá.~dose de su. inmovilidad, pudo pasar e~tre ellos y h'tur. Con paso rápido, alcanzó la a\"enhla llena de sol y desapareció. Lu.ca,s quería correr tras él y traerlo á. la fuerza. -~ aseguro á 'Usted, amiga mía, q'ue hace mal en dejarle correr así, á. su antojo, libre. No puedo tropezarle en todas partes, rodando de u;n lado para. otro. alrededor ~e la..s escuelas, por los t.a.lleres y los al~ m.a.cenes, sm temor de q'u,e ocurra. algu,na desgracia. 1 alguna dolorosa catástrofe. Tiempo ~c!a. qu.e ~en ia, esta. preocupación, pero sólo la Oca.sJ.ón le habla daclo el valor nece~ario para declarárselo ~ Susana. Nada le producía mayor pooa 9Ue e~ cspectu.culo de aquf11 anciano loco, vuelto á la lnfancja, que pa.sooba iu locura de pereza y de lujo por entre su pequeño pueblo en maraha.. Cuando IQ tropezaba, como. una última. protesta del pasado 1~ tte~u1a. con la v1sta y experimentaba cierta inqui;tud. p.or cnua~ de aquel desequilibrado, fantasma errnnt~ de la socje~dad muerta. Pero ~usa.na ~f) esforzab~ por tranquilizarle. -Es mofenstvo, ~e lo JUro. Yo tiemblo J>6r &1, por!ttlb L:t.Y. mom nlnfl en qno }Q VM tan lilnml>rú>, ~

17 ~ 11u -o& huserable, con todo.es/3 dinero ~ ~ alir'ut!:ia, Cflie temiendo estoy que sienta. la neoestdad de aca.ba.r. P& ro cómo tener valor para encerrarle? Sólo es. feliz tu~ra sería una crueldad inútil, toda vez que Jamás dirige' la. palabra á nadie. Salvaje y timido, C?mo un niño que no quiere ir á la. sc:uela y hace novillos. Las lágrimas, que á. duras penas contenía, come.n J,a.ron A caer. - Ah 1 desgraciado, he sufrido mucho por s'u cau $a pero jamás me había. producido el dolor que ahora. Luego, al saber que Luca.s se.dirigía hacia la~ escuelas, quiso acompañarle. Tamb1én los años habían pasado para ella; 1 tenía sesenta y ocho 1 Pero.se conservaba sana, ágil, sintiendo siemp~ la necesidad dlf interesarse por los demás, y de dedicarse á las buen.~ obras. DeS'de que vivía en el Asilo, desde que su hi)o Pablo, casado ya, padre de vario.s. bij~s, ~~ la necesitaba se había creado una farruha, amplificada, haciénd~e institutriz, m.aestra de solfeo y de canto en la. clase primera., la de los pequeñuelos. Ayu,d~b~ld esto á vivir feliz y era. su encanto despertar la muslci\ en aquellas al~ puras, en que cantaba la. inf~c~a.. Era. 'Una buena música, y por otra parte, no ambicio naba. enseñarles demasiado; sólo quería inspirarles el canto coim algo natural, como en Jos pája.:os d~ los bosques, como en las criaturas todas que VlV~ libres y alegres. Y babia obtenido resultados mara~losos; en su clase reinaba la alegría sonora de la pajarera; y la juventud que brotaba de sus manos llenaba todas las otras clases, los talleres, la ciudad entera, de un júbilo constante y de gorjeos. -Pero hoy no le toca á. usted I!U cul's'o-la. hizo notar Lucas. -Lo sé sólo quiero aprovechar el recreo para ha eer que mis angelitos repitan un coro. Después tenemos que tomar algun.as resoluciones, con Sceurette Y. Josina. Las tres se habían hecho grandes amigas,. insepa rabies. Sreurette conservaba la dirección del As1lo C~"D tral, en el cual cuidaba de toda aquella gente me nuda, los nif\es de pec.bo y los que apenas comenza l,)ajl á andar. En CWlOt.e á Jo inl\, rliri :ía el Íll!iOI 117 = ~'st\ira y de economía doméstica, haciendo de tor1a9 las nifias que pasaban por las escuelas, buenas es- posas, buenas madres, capaces de dirigir una casa. Además, entre las tres, formaban una especie de conse jo, encargado de discutir las cuestiones grav~ relar tivas á la mujer, en la ciudad nueva. Lucas y Susana. habfan seguido la avenida y en traron en 1a amplia plaza, donde estaba la Ca11a Comunal rodeada de praderaa, muy verdes, adornada~ con arbustos y macizos 11enos de flores. Ya no era aquel el lnodestísimo edificio de los primero~ años; se ha,. bfa construido 'llll verdadero palacio, con amplia fachada policroma, cuyos lienzos, decorados y azulejos de colores,!e harm.onizaban con el hierro visible pa. ra- el recreo de la vista. Grandes sala!! de reunión, de juegos y de espectáculos, perrnitian al pueblo estar n.ih como en su propia casa, fraternizando en frecuentes fiestas con los placeres de las que se interrumpían lotj.dfas de trabajo. Convenia que, fuera de la vida. de familia, llevada P.<!r cada cual á su manera, se a.rent:uase, lo tn.ás pos1ble, la existencia pública co rn:ú.n, en la que todos vivían de todos, realizando así poco á poco la harmonía soñada. Y be ahf por qué si las casitas eran modesta.s, la Casa Comunal brill~ ba por su lujo, con toda. la amplitud y toda la belleza de la morada soborana del pueblo rey. Tendia á conventirse en una ciudad dentro de la ciud:1d, de tal inanera aumentaba., según las neoesidades crecientes. Detrás, a.ñadíanse edificios de Bibliorecas, Laboratorios, Salas de cursos y de conferencias, gue procuraban fj todos la instrucción libre, las investigaciones, los experimentos, la. difusión do las verdades conquistadas. Hnbía. también patios y cobertizos para los ejercicio& físicos, sin contar 'Una admirable instalación d~ ba ~os gratuitos, pila..q, piscinas, llenas de agua fresca y pura, del agua corriente tomada en las vertientes de los Montea Bleuses, ~a que por su abundancia inagotable, mantenía la. limpieza, la salud y la continua alegría de la. gran ciudad naciente. Las Escuelas, eobre todo, 8e habían convertido en un mundo ~'Specia.l1 ~ ~tojloois ocupa.ba varias construccionos (lrabajo-tomo U-1~

18 ~ 1'18 ~ e! a:rcmae la.1 lado de la Casa Comunal, ; causa. de lo~ mil.l.a.res de niños _que. lt>~g~fan. sus cursos. Para. w el Ulacinamiento perjudicial Slempre, se habian ~eado numerosas divis-iones., calda 'O:na de las c?a. les tenían su pabellón, cuyos lados nuraban. á los. Ja.rffi En. aqu.ello como una ciudn.d de la. mfancla y; den-e~ juventud, desde los pequeñuelos en sus cunas, hasta lo~ mozalbetes, y las muchacha! que seguf:m 1 di después de haber pasado por l.as cm e apren 4 za.je, tnst... c-- ~ clases en las cuales se les daba tnemnre una ~" ~ón y una educación íntegra!~. - Oh!-dijo Lucas sonriendo~-yo comienzo por el ~cipio, paso si6mpre, en pnm~r ~ugar, por entr& pris ~gos que alln maman. -Está bien-re8pondió S\l,sa.na. alegrándose A su vez. ~Entraré oon usted. En a.qu61 pabellón, el primero A, la derecha, en medio de las rosab del ja.rdin, Sreurette se destacalnt en tre 'Un oontenar de cunas y entre otras tantas pequefias sillab de ruedas. Vigilaba. además los pabellones próximos pero siempre volvia. á ésoo, en el cual _es ta.ban la.~ tres nietas y un ni~to de Lu~, á qme1_1 adoraba. Convencidos ljuc.as y Josina. de cuán be~ef1: ciosa era esta educación P.ara la ciudad!. daban el ejet'(l: plo, haciendo qu.e loa hijos de sus hijos f?:esen ~du. cañ.os, desde ~:U.S prim.er~s pasos, con los hijos de lo!j demás. d s... ~... tt Precisamont:e J osina es faba a.lli, cerca e re IJ.,l o;; e; Ni una. ni o~ eran ya jóvenes, la prinwra _tenía <:.m euenta y ot:fuo años, la ~~da. sesenta cmco. Per~ l~ina conservaba su graaa dulce, su. finura, real~a da por sus cabellos admirables, cuyo tinte dorado fino sólo había palidecido; mient~ Sreurette, como ocu rre á lab jóvenes poco agr.a.c1ada.s, fléj:~s, morenasj no parecia envejecer; con la eda.d ad~nó Wl encan to de juventud persiswnte, de bondad activa.. Susana era lliempre la mayor de todas, oon sus sesenta Y ocho afioa, hermoseada también por la edad, sin más b~ lleza que su dulzura afectuosa, su severa razón sua viz,a.da. por la. indulgencia. Las tres rodearon A Lu~ como tres almas fieles, una de ellas la esp?sa am1n~ ~. 1,;t.s otras d08, las am)gas flev-o~ I ap.&iilqn&d~ -.. 1'~ ~ Cuando entró Lucas en compe.ñw. de Susana.; 1om n~ sostenía sobre su.s rodillas un pequeñuelo de d.._)s o.nos apenas, p.l qu e Sreu.re~ examinaba la Jnano de,recha. -.Qué tiene mi Olivcrio?.-preguntó con inquietud.!- Se ha lastimado?._oliverio Fr?m~nt era s'tl, último nieto, hijo de su lhjo mayor Hilarlo FromenfJ y de Colette, bija de Na net y de Nisa. Todos los matrimonios que se habían oelebrado, daban entonces sus frutos inundando los Asilos maternales y las Escuelas con 'una ola sin O& sa.r creciente de cabezas rubias y moren&l!l, que form~a la gente pe~eila en disposición siempre de ic. hacia adelante., -!Eh!-dijo Sreu.rett'e,-un mmple rasguti.o produclao sm duda por una. tabla de la silla. V amos, 1 ya esta tura.dol El niti.o había dado n.n ligero grito y después se babia echado á reir. Entonces una. niña de cuatro años " quien habían dejado más allá libre se a.oorcó ~ loa brazos abiertos para cogerle y ll~vársele. - Quieres estarte quieta, :MarietAI-gritó Josina eon temor.- No se convierte ~í en mufieca. á un he!\ P.lanito J '"~riefa protestaba diciendo que ella era formal. ~ Josma, como buena abuela, tranquilizada, miraba ~ ~ucas, y lo~ den sonreia.n felices al ver á su gente Cilla ta.n feliz, merced á su cariño. Susana luego les acercaba otra.s dos. rubias, Elena y Berta, dos ge~las k:le cuatro años, metas suyas t.a.m:bién. Eran de la ~ gun~ hija P~ulina, que se había casado con An~ Joll1vet, ~ qmen el abuelo, el presid&nte Gaume, había. recog1~o, después de la. desaparición de Lucila y de la. trágica muerte del ~pi tán. Lu.ca.s y J osina, ha. hia:n ~o tres de su.s CUleo hijos: Hilario, Teresa ~ Paulina.; loa otros dos, Carlos y_ Julio, aún no se ll.a.bian ca.sa.do. -:.Y estos pimpollos, no se a<:merda. usted de ellos t ~]<> alegremenoo Susana.. Las dos «emela.s, Elena y Berta, se habían lanzad? al cuello de LUC<l.S, á quien a.doraba.n; Marieta t.am. lyén $e lan?aba hacia él trep.tndo P;Or la.s piomas, mi~

19 ~ 1Hó ~ tras que el mismo Oliverio, el el?cruit!n, extenafa. s~u. tn.anecitas curadas, gritando frenético porque el abuelito le pusiera sobre las espaldas. Lucas, sofocado por 1~ caricias, bromeaba. -Está bien, amiga mía; no faltaba más f{ue tnes~ usted á buscar á Mauricio, su ruiseñor, como usted dioo. Así serian cinco á comerme. 1 Dio~ mío 1 1 qué va á ser de mi cuando sean á docenas 1 Y colocando en tierra á la gemela y!.marieta, la niña de carne de rosa.., de ojos puros, cogió un instn.nto á Oliverio y lo ti;ó al alto, lo que hizo á ós~ lanzar gritos de júbilo. Despuós, colocándole de nuevo en su silla, dijo: --,.V a.mo.!l, es preciso ser formales, no es posible E>.~tar siempre j~ando, es necesario que piense en otros. Guiado por Sceurette, ~guido de Josina y de Susana dió una vuelta por las salas. Era un encanto es qulsito de ver aquella casa de la primer infancia, con sus paredes blancas, sus cuna.s blancm, su gen t.ccilla de blanco; toda esta blancura tan alegre en pleno sol; cuyos rayos penetrab-an por las altas ventanas.. T~ bién allí corría el agua, sentíase la frescura cnstahna. se oía su murmullo, como erl arroyos claros conse~a.sen por todas partes la limpicra. exagerada qne se advertia en los mb mod~tos utensilios. Senta.ha esto muy bien con el candor y la. salud. Si Al vcce"lt salían de la cuna. gritos, la. mayoría. do el.las sólo s~ oia la cháchara agradable, las risas argentinas de los niños que eonía.n, Hena.ndo las sala! con sus con_tf. nuo~ revolotoos. ~s juguc~, otro m1mdo pequeno mudo, vivían en todas partos, su vida natural Y cómica!h'l.b{a. mun.ooos, muñecas, caballos de madera; coches. Eran propiedad de todo~, de los niños como de las nia.a~. Unas y otros vivían confundidos en un~ sola familia, _pensando juntos desde que empez~ban á hablar, como hermanas y hermanos, como ma.nd?s y mujeres, que debían toner hasta la muerte una existencia comó.n. \ A menudo, Lucas se detcnfa y exclamaba: - Oh 1 1 qué hermosa nii\a.l 1 Qué niñ.o má.s prccio~o 1 Y se equ:i voca.ba y se reia al vpr que el m;qch~clút:o ~.r~ Ma niüa, ó bien al contrario, ~ ' ~1 Cómol-dijo. det.oniéndose a.u.t6 p.a& cuna,- hay, ah1 ~os gemelos? 1 Qué niñ.os m.áa hermoeoe, l qué p&r6cldos en su belleza. tan atractiva 1-1 No, señor, no 1-ex:c.lamaba Sreurette.-El uno a ~ niña. á quien el pequeñuelo de l& cuna vecina ha. venido á visitar. En cuanto pueden juntarse, encon tramos á veoes tres ó cuatro unos en brazos de otros. Y todos se alegraban ante aquella hermosa cosecha de. ~e?to y ~e amor en germen. Su.sana, que en UD, pnncj.plo ha.bta revelado los más serios temores has ~ la r~pugnancia más viva hacia la educación' y la mstr;tccló~ en común de los dos sexos, sentl.a.se a.ho x:a. tlia.ravillada por los ad.mirabl&-3 resultados obtenidos. Aquellos niñ.os y aquellas niñas á quienes a.n~ tes se consentía estar juntos hasta la edad de siete ú' o~ho años, pero á Cfi.Uenes más tarde se separaba y aislaba, levantando entre ellos :un muro infranqueable, crecían luego ignorándose los unos á los otros y llegaban á ser extraños. enemigos brutales cuando ~~ nia la noche de bodas, cuando la mujer 10e echaba. en bra.z~s del hombre. Los cerebros dejaban de aer de La. Illlsma raz~, el misterio exasperaba el deseo sexual, el macho hacta la rueda, ante la hipócrita reserva de la ~~mbra,?andose así la batalla de dos criaturas hoiitlles, de 1deas dilerontes, de intereses opuestos. y ~ahora, alli en las. parejas _jóvenes, Susana podía com probar.la. P.az f~liz conqw.stad.a., una fusión I1l.As intima de mtehgencu. y de sentimiento La razón el buen acuerdo, la fraternidad en el amor.' Pero lo que sobre todo le sorprendf.a. en Las Escuelas mismas, era.n los buenos efectos ~e la mezcla.de los sexos, que despertaba una especie de emu.la.c1ón nueva, suscitando en los muchachos la dulzura, en las niñas la decisión_. prepa.:á.~dolo~ por una penetración más íntima, por un oonocldllento libre y plono, para. una. fu&ón completa hasta no ser más que un solo espíritu, un sér sol~ en ~l bog:u domés;tico. La e.xpe.rieucia esta.be. hceh~, no se ~g1stra.ba ru u,n caso da la e.xcita.ción sexual ~ telllld.a; en cambio el nivel moral so levant.aba, I!D.endo ;na~avilloso ver aquellos muchachos y aquellas rflas, :.nclmarse por si solos hacia los estudios que ebian sed~ Iná.s útiles, gr:uias á la. StóUl li~~~

20 1M2~ ((TM ' roda escolar te conoedta pam trabajar á r.n.t cuato en Yista de la.s neoosida.des del porvenir. Susana decia graciosamente: -Los desp<>sorios se h.a.cen desde la euna, y así ~e suprime el divorcio, porque se conocen unos á otros demasiado para proceder de ligero. Vamos, amigo Lucas, comienza el recreo, y qujero que usted oiga cant~ mis discípulos. Sceurette se quedaba con su gentecita, porque ya era la hora del baño, mientras que J osina. tenía qua Tolverse hacia su taller de costma,donde las niñas preferían pasar el recreo embelesadas en aprender ~ haccr vestidos para sus muñecas. Sólo Lucas seguía ál Susana á lo largo de la galería abierta., con la cual comunicaban las cinco clases. Aquellas clases ba.lían llt'ga.do á sor un mundo apat-~ \e. Fué necesario subdividirlas, construir locélles máa a.mplios,.aumentar además las dependencias, los gim n~sios, los lalleres de aprendizaje, los jardines, á los cuales Jos niños salían libremente cada dos horas. Des pués de a.jgunos tanteos, se había logrado fijar el procedi. miento do educación y de instrucción, y aquella. en. señanza libre, que hacía atractivo el estudio, res_pgta.ndo la persona.jid.ad del discípulo. pidiéndole sólo el esfuerzo de que es capaz para. las lecciones prefetid:.u:~; elegid.a.s sin presión ooa.ctiva, dala resultados ex.colcn tes, aument.al)a de afio en año la. ciudad con una generación nueva, cada. vez mejor dispuesta. para la. verdarl y para la justicia. Tal era el único modo bueno d~ a.celerar el porvenir, de hacer brotar los hombres en cargados de rea.jizar el mafia.na, libres de los dogmas engafiosos, formados en las realiuades necesarias, con quiitados por los hechos científicos demostrados, ~ conjunto de loa cuales constituye la oerlidumbre in.: quebrantable. Ahora. nada parecía menos lógico ni me nos provechoso, que someter toda una clase á la f&. rula de un ma.estro, esforzándose por imponer an fe person.-'\l A unos cincuenta escalare~, con cerebros y, sensibilidades diferentes. Parecia perfectamente natuml limitarse á despertar en esos escola.r~s el deseo de aprender, y luego dirigir1qs e-n sus investig:lciones y {1~yon~er lu facylt.ade~ indb;dnn.l$8 qu9 en. cada cu!'l,_ t8:j... ~ ma.nitleston. Las cinco c1ased se hab!an asi eony'el" tido en terreno de expenmeutación, en donde lo~ m~ ños, de una manera graduada, reoorrian el campo d4 los oonocimientos hwna.nos, no para tragárseloa con gula sin digerir nada, sino para despertar en cad& ~o, Bl contacto C?n. los mismos, w propia ener fa Ultele~tual, para ~lmilárselos según w personal coi& pronsl~n. sobre.todo para decidir la especi.a.l.id.a.d nw deteriiuilada hacta la eual se entfa. at.ra!do. Ja.rnis la fr~ d~ que allí se estaba para. aprender á aprender habm ~ud? tan oxacta. Era algo así como desenredar cerebros tiernos, la elección de cada niño en la inm.enaida.d del saber, la manera más lógioa. de utilizar más tarde todo ~u esfuerzo, ~oda. la inteligencia y energía. ~ ello gracias al atractivo del estudio, á. la libertad a.na. Y fecw1da, á las continuas distracciones recrea ÜVa3 do goce y de fuerza. COn C{U~ Se interru,mpf&!l las horas de trabajo.. Ttdavfa tuviw:ou, Luca.s y Susana, que ebporar un ms~nte á que las <:1ases terminason. Desde la galería c~b1erta,_ que reconta.n lonta.m.cnte, podian dirigir ~ OJeau.l.a los s:.uo_ucs, en los cuales cada niño tení 4 JlU wc~ y su s1lla. Se habían suprimido la.3 mesll:f Y los ba.ncos seguidos, dándoles así la impresión de ec~ cada. Wlo dueilo de log suyos. Y qué espectáculo mait agradable el de aquellas niílas y aquellos mu# chachos, mezclados l>in orden en sus puestos 1 1 Qué atención m,á5 ~pasion.ada prestaban á la. palabra del rofesor, en }Ho c.n~ ellos AJ)a.sando do un lado ~ otro, conver~d.o acerca de su lección, suscitando " conlra.diccwnes 1 Como!lo había ni castig01 ni vece~ P!t JJUOS, todo~ ualw.n por sa.tisfec.ha. su neoe.sid.a.d DA aenoo de glona en aquella lucha sobre quién demostraría. b~cr comprendido mejor. El profesor cedia. cou hecuencl& la palabra á aquellos que parecían m.b en terados del asunto, y de esta manera los cursos re. vestían un mterés que la U.iscusión constantemente reo ~>;ov~~ Con el au'illio de los meuios mb diversos, el fin umco que se perseguía. era. el de los cstuwos ani mados, arrancándoles de la letra muerta de los libros para darles la vida. de las cosas, la pasión de la.a ideas. Y Jlacfa,. el pla.c.cr, Q). plac~;. da aprend~r, 4t

21 - UH- ~r. y las cinco ~ d.etiarrolla.ban el conjunto ~ loe conocimientos humanos, como o1 drama muv1do lj real del vasto mundo, que todos dtiliemos oonocer, 8.1 queremos obrar en él y ser en él felices. Un alegre clamoreo se produjo; el recreo al fin llegaba. Cada dos horas veíanse los jardines in vad1dos; y era de ver el animado twnulto de la salida de lruj clases, aquella ola de mucha.chos y de niñas que en tn si fraternizaban como buenos amigos 1 Por toda.li partes se les veía formando grupos; los juegos se or ea.nizaba.n sin distinción de sexo; algunos preferían conversar alegremente, otros se traslada.ban á los gim nasios 6 á los talleres de apreudi~aje. 01an~e IÜas muy francas, muy puras. Sólo un juego había caído en desuso, no se jugaba ya al Illli.r.do y mujer, porquq todos ellos eran simplemente corupa.ücros. Habla tiem po para eso en 1~ vida., ya quo no so sep~ralan en adelante 1 iiieguian Juntos para conocerse mejor y quererse más. Un muchacho de nueve años, muy hermoso, muy, fuerre, se aoorcó á Lu(AlS y se a.irojó en su~ lna.zos, gritando: - Buenos días, abuelo 1!Era Mauricio, el hijo de Teresa Frmuent, qu(} se habla casado con un.morfain, Ra.imundo, hijo de Petit-Da, el igante, y de Honorina Ca.ífiaux.. - Ah!-dijo Susana con júbilo, -es le es mi ruiseflor... vaya 1 Estáis dispuestos? Hijos míos, vamos á repetir nu.eetro coro, tan bonilo, aquí sobre el césped, ent~ estos &randes castaños. Toda una banda la rodeaba. Con otros veinte, esta ba.n allí dos muchachas y una niña. á. quien Lucas besó. }.ftlis Boisgelin, de once a.ños, era hijo de PaLio Boisgelin y de Anlonieta Bonnaire, el matrimonio da amor triunfante, priiuer anuncio do la próxima fusión de las clases. Feliciano Bonnairo, de catorce años, cm hijo de ~verino Bonnaire y de Leonia, la hija de Aquí les Gouner y de Azulina, la pareja cariñosa. y liurt) que habla florecido entre las rocas salvajes y balsárni cas de los Montes Bleuses. Germana Yvonnot, de die ciséis años, era la nieta de Augusto Laboque y de Marta Bourron, la hija de su hijo Adolfo y Zoa Bonnaire, hermosa niña morena y 60Il.rienf8, an la cual ae )unta ban y harmomzaba.n la eang"' fraternal, tanto tiempo en lucha, del obrero, del a.ldeano y del comerciante. en pequeño. Luca.s divertíase en desenredar la co~plica. da madeja de estas alianzas, de estos cruzamientos continuos, y se reconocia con facilidad en medio de aquellas cabezas i.nf.a.n tiles, sintiéndose como transpor ta.do, en aquella vegetación sin límites, fecunda en ma tlimonios que poblaljan su ciudad. -Va. usted á oírlos-dijo Susana.-Es un himno al sol n.acien te, un saludo de la infancia al astro que v.a á madurar las mieses. Sobro el cóspcd, en medio de los grandes castaños, se hablan reunido unos cincuenta niños. Y el canto se elevaba, muy fresco, muy puro y muy alegre. Todo se reducía, sin gran conciencia musica.l, á una simple serie de cantos alternados, ejecutados, por una niña y un niño, á. los que el coro acomp.añ.a.ba. Pero era tan viva la alegría, tan lleno el sentimiento de una fe sencilla en el astro de bondad y de luz, que sus voces delgaditas, un poco agrias, llegaba.n á tener encanto y ternura. El niño Ma.uricio Morfain, que contestaba á la. niña Germana Yvonnot, tenía, en efecto, como Susana decla, una voz de ángel, de un timbre cri\>ta lino, que so elevaba al tono agudo, con sonidos deli ciosos de flauta. Después venía el revoloteo del coro, como el rumor de pá.jaros ocultos r piando entre la.:; ramas. Nada más dive1 tido que mrlcs. Lucas reía, como abuelo contento y bondadoso, y M,auricio, radiante, corría. á echarse en sus brazo:i. -Y ea verdad, muchacho, 1 can ta.s como un ru.isuñor de los bosques 1 Y he ahí una co~a. cx.celcnt.e, por ~ ya verás, en tu vida, podrás cantar en la.s horas de descanso, y esto te servirá pa.ra animarte. No se ha de llorar nunca, es preciso cantar siempre. -1 He ahí lo que constantemente les <Lgo-ex.clantó Su.sa.n.a con su intrepidez a.fectuosa..-es necesario que todos canten; yo les enseño á. cantar para que canten Q.qui, en Ja escuela, y más adcla.noo en los talleres, y luego toda. su vida.. Un pueblo que canta, es un pueblo sano y contento. 'Fila le animaba; no ponía aspereza alguna ni VA

22 :2 nltiad (le mngtúl g~ro en MI ~Mnu, dahclo Je o.quella manera tfll8 leccicmes en los jardines, oon la ambición única de provocar en aquellas tiernas almas el buen h'tliilor del oa.nto fratoo'n.a.i y abrirlas t la bew lleza, sin nuhes, de la harmonia. Según decía ella, la ciudad ~liz, el día de la justicia. Y. d~ la. paz, cantar~ toda. bajo el sol. - Vamlos, queridos míos, otra. ve-z y con ~da.do ll<o os apresuréis, tememos tiempo. A. Y el canto se elevó de n'tl.evo. Pero hacia el fin.o.l del trozo se produjo una interrupción. Detrás de los castaños, en un macizo de arbustos, apareció un hombre.que volvía la os.pa.ld:a y, quería ocultarse. Pero Luca.s le ha.bfa reconocido : era Boisgelín, y a"<perim.entó gran sorpresa. cuando le vió inclinarse escru ta.r oon sus oj08 por entre las hierbas, como si 'buscru;o algún escondrijo, un agujero ignorado. Luego creyó OOIU' prender: el pob1 e hombre debía, en su locura, de andar en b'usca del rincón oculto, donde poder am.ontonu sus ricruezas incalculables, para que no se las robasen. Con frecuencia. se le encontraba así temblando de miedo, sin saber en el fondo de ~é abismo en~rrar la. fortuna excesiva, el peso de la cual le aplastaba. Lucas sintió entonces un est.remecimiento de l.ú.stima., sobre todo cuando vió á los niños temerosos, ante la poco tranquilizadora aparición, como un han tio de alegres pin.zonqs á <tujenes el vuelo agitad_o d~ u.n ave nocturna. dispersa. Susa.na., un tanto pálida, repitió en al!.a voz: -1 Con cuidad el l con cuidado 1 1 qu~ridos m,íos J ~ tonad la frase final con todo vuestro corazón. Boi~gelfn, desconfiado, huraño, había desaparecido colllo una sombra negra entre los arbustos floridos. Des pués que los niños, tranquilos, saludaron al sol sobenmo.oon."l;ll último gi"í:t~ de alegria, Lucas y Susana les fehcltaron, les hicieron volver á sus juegos, Una vez solos, los dos se dirigieron ha.cia. los ta.ll 1' res d~ aprendizaje, al otro lado del ja.rdm. - Le ha visto usted?-dijo ella muy bajo, después de un rato.- Ah 1 1 desgraciado 1 qué inquieta me tiene t :X ~omo L'U~ ma.nif~we pesa.r por no h~~t ~-._ Wlzado! Doifigélfn PfU"a condu<i.dt) 4 tsu caaa, excla. lnó II?Jla. de nuevo 1 -No hubiera ido don usted. HabríA sido precleo l1.1 c.ha.r un escánd.alo. Le repito que mi único temor e: q'u.o 'to encontrenws cualquier d.fa destrozado en el ~n do.le algún boyo. :Volvieron é. gu.a.rdar silencio y llegaron á los fa. ll~res de ~prendizaj~. Muchos alumnos venían o.lli á pasar luna parte del tiempo de recreo, cepilla.n~o ~ dera limando hierro, cosiendo () bordando, IDientru otro~ dueños de un terreno pró.rimo, se ocupaban en cav~ en sembrar 6 escardar. Encontraron á Josina M ~ salón, en ol dual funcionaban unas al lado d~ otras, las máq'u.inas de coser, los telb:i"es de hacer punto y tejidos, dirigidos por niños y mña.s; po:que t.a.m1o l>ién al dejar la Escuela los sexos segu.ían Juntos, la vida común contin.uaba, pruticipa.ndo de iguales tra bajos, y los placeres, deberes y?erechos, igual que habían participado de iguales es~dios. Oiapse illí cánticos, una emulación alegre ammaba aquel taller de B,prendizaje. - Oye usted? cantan-dijo Susana dominada de nu~ YO por la alegrfa.-y <4Ultará.n siempre, son pájaros canoros. Josina enseñaba á 'Una muchacha. alta de dieciséis ll.ños Clementina Bourron, cómo era preciso manejar Una 'mácruin.a d.e coser para conseguir un punto d~ bordado. Y olra muihacha más pequeña., de nueve a.ños, Alina Boi1Sgel1n, espora.ba que la enseñase de qué ma. Mra se asentaba á mano una costura. Clementina, que era la. hija de Sebastiá.n. Bo'urron y de Agueda. Fauc.b.a.rd, tenía por abuelo materno áj F'aucbard el sa ca.dor y por abuslo paterno á.b ouz:~on el pudelad~r. A.li.n.a, la hermana menor de L'uíw, hija. de Pablo Bolsgillin y de Antonieta BonnaireJ ~ rió c.a.riñosa, cuanflo vió a\ a:li abuela Susana, que la adoraba. - Ah 1 2a.bes, abuelita, to<hvia no soy capaz de asen ta.r estas costuras, pero ya las hago muy derechas. 'No es verdad, amiga Josina? Susana la. besó, después miró cómo Josin.a asentaba Un remale d.o costura á guisa de modelo. EJ propio Luca.s s~ interosaha con aquellos trabajos menudos

23 _... 18! :.::.11 oonvencido de q'lle na.do. hay que sea indiferente, ~ la vida feliz es obra del empleo feliz de Las horas, del eer utilizado por entero, mediante el empleo 1e toda.c sus energías físicas é intelectuales, en vivir lógica Y. normalmente toda la vida. Y habiéndose unido á ellos Sreurette cuando dejaba. á Josin.a y á Susana para dirigil"sse á la. fábrica, encontróse 'Un instante en el jardín florido con las tres mujeres, las tros almás apa monadas y devotas que tan poderosamente le ayuda ban á realtzar su sueño de benda.d y de justicia. Conversaron aún, á la sombra, distribuyéndose U.. tarea, examinando las situaciones que debían tonw.r~ Eie. Si su pequeño m'wldo avanzaba. oon tanta gallal'o día., sin demasi.1..dos tropiezos, dando 'una cosecha tan hermosa de buenos resultados, era gracias al princi. pio de los educadores, de los maestros, según el cua.l; no hay pasiones m:a.la s en el sér humano. Sólo hay; energías, porque las pasiones son todas fuerzas ad mirabloo, y únicamente se trataba de utilizarlas para la felicidad de los iuili viduos y de la comunidad. E: que el deseo, condenado por las religiones, el de:.co, que reglas de ascetismo se han esforzado por destruir. oomo una mala bestia, el deseo batido, aplastado, «m el hombre y en la mujer, victorioso á pesar de todo. M la Uam:a viva del muj1do, la pala.n.ca que impuloa loa astros, la vida en maroha. cuya. desaparición cx. tinguia el sol, invadiendo de nuevo la tierra con Ia.s hela.~ tinieblas de La nada.. N o hay concupiscentes, ~o. hay sino corazones de fuego que sueilan con lo in timto, en el placer del a.m,or. N.o hay hombte colérico, h?~re avaro, hombre mentiroso, glotón, perezoso, en Vldio~o, orgulloso, sólo hay homlres en quienes.n.q se ha sabido dirigir sus fuerzas interiores, las energia.s desarreglad.a.s, las necesidades de acción, de lur cba, de victo~a. Con un avaro, se hace un sér prudent~, econórruco. Con un exaltado, un envidioso, un orgulloso, se ~ un h.éroe, que se dará todo él por un poco de glona. Mutilar en el hombre una pasión es como si le cortase un miembro; no está. ya com~ pleto, se ha. hecho de él un enfermo, se le ha quitado algo de su sangre, de su potencia. Maravilla es que l., humanidad ha.ya podido vivir ba.jo esas religion""c: -- lh~ ~ q'uo hace tanto tiempo se empeñan en ma. tn.ortífer~ t ar al hombro en el hombre, querien~o llevarlo ~:v eía 'Ull dios de la crueldad y de la. mentira, cuyo remo no se asentará sino sobre polvo humano. En la escuela, en los talleres de aprendiz.aje, "! des de los primeros pasos ya, des~~ los puenl~s JUegoe de los Asilos maternales, se utihzan las paswnes pa,. cientes de la niñez, en vez de 11uprim;irla.'3. Si. los.perezosos eran cuidados com!o enfermos ~ q111enes se trataba de desp<)rtar la emula.~ión y la voh:~.ntad, ha ciéndoles dedicarse á los estud1os por ellos hbremente olegidos, comprendidos y querido~, se empleaba la. fuer za de los violen tos en lo~ trabajos más duros; se oh tenia do los avn.ros el provc<fuo de la lógica y del método, y do los envidiosos,. de.los?,rgujl?sos, benefi 4 cios admirables de vasta mtehgenci.a., triunfant~ en las ta.rea.'3 menos cómodas. Lo quo una moral de res tricción hipócrita ha llan);ldo los más bajos _instintos del hombre convertirse así en el foco ardiente de donde la vida tomaba. su. llama inextinguible. Todas 1M fuerzas vivas en sus puestos, toda la creación ~ regulaba según su orden soberano, y llevaba, rebo.san do la corriente de los seres, y conducla. á la. hurnarudad ha~ia la ciudad feliz. En lugar de la imbécil represe~ta. ción del pecado original, del hombro malo á <{Wen un Dios ilógico castiga y debo salvar á cada paso, entre la a.m.~n:~a do un infierno infantil, y la promesa de un parn.jso engañoso, sólo hahr~ la evol~c.ión natural de una especie de se~ supenores, senmllam.ente en lucha contra las fuerzas de La naturaleza, á lm que vencerán, á lar que sometcrá,n para. su feli<?~d, el día. en quo habiendo da.do ñn á su guerra fratricada.; vivan como hermanos omnipotentes, d~pués do h.abet; conquistado la verdad, La justicia y la paz. -Est..í. muy bien-dijo Luca.s, luego que hubo r& partido el trabajo del dia. con Josina, Sreu.rctte y Su~ sana.-váynnse, amigas mías, qa.e su buena voluntad haga. el resto... La3 tres le rodca.ban, como la oma.nc1pa.c16n m1sma de la. :'l.fectuost\ solidaridad de amor universal que. el genio difundió entre los hombres. Se habían cog1do de la., mano' y_ Jlonre!ll!l 11M, viojaa ya, con sus ca

24 ... uo =t oollos hlalleos, m'u'y amables, muy b"ellas aún <*m ü:n belleza: extraordina!i~. de infinita bondad. Y ~u.ando él la3 dejaba, para dingn"se. á la f~brica, ellas le siguieron largo ü~mpo con OJOS canñosos. En J..: fábnca, los ta.jleres se h:tbfan am'pliado más; en l!ledio de la. sana alegría del sol, del aire libre que lo~ Inundaban. Por todas partes las aguas frescas, comentes, lavaban las losas de cemento, arrastrando hasta el polvo; de suerte que, la casa del 'trabajo antes tan, n~ra, tan fangosa, tan mal oliento, roju.cía ~ora limpia por todas partes. Bajo los enormes techgs de cristales, cabía c~rse dentro de una ciudad de orden, d~ placer. Y de nqueza.. Las máquinas venfan á hacer ya ~s1 to~a la labor. Movidas por la electricidad, so ~rb~, a~eadas, como un ejército de obreros dó <:lles, mfa.tiga.bles, estabm1 sin cesar dispuestas á reabzar BU esfuerzo. Si al fin sus brazos de metal aca. b~an por gastarse, se les reemplazaba sencillamentei é 1gno~an el dolor que, en parte, ademá.s hablan &'llp~do e~ el hombre. Era, en suma, aquella. 1~ ~áquma a.rntga, no la de los comienzos, competen~ ~a que ag~avab_a el hambre de,l obrero haciendo ba Jar el ~no~ smo la máquina libertadora, convertid~ en el útil uruversal que trabaja por el hombre míen tras ést? descansa. No había allí, alrededor d~ aquellas sólidas ~~b.:tjadoras, má.s que conductores, vigi Lantes, cuya umca tarea consistía en manejar la palan. ca con que se la. pone en marcha, y en cuidar de 'que funcionaron b1en los mecamsmos. La jornada nq pasaba de cu.a.tro horas, y ja.rna,a ningún obrero ej~ ~taba una taroa durante m,ás de dos, pues le substitu~ un oompañero, y él pasaba á otro trabajo, ar~ te mdustria.l, cultura. ó función pública.. Como el em. Pl6? general.de la. fuerza eléctrica suprime casi el antiguo estrép to ~e llenaba 10i3 ta.ile.res, se animaban es.tos con el cántico a.e los trabajadores el canto ale~ ~e. traían de las escuelas, com.o W..a florescencia h oruosa que embellecía su vida. entera. y nquell~ ombres que cantaban alrededor de aquellas máquinas ~ suaves Y tan fuertes * su silencio, en el brillq e sus acen?s! de sus cob~, ex:presab;m ej pla, s:.er d~l trabajo JUsto, glorioso y salvador. ~Hit~ {,"u~, al p:a:sa:r por ~l taller de los nomos ele pu delar, se detuvo un mom~to para. hablar con 'Un robusto joven de unos vein~ año.s, que tenía. á su ex ~usivo ca.~o la dirección de uno de los hornos. -Muy b1en; Adolfo, esto marcha.; está usted satisfecho? -Sin clu,'da, señot L'ucas. Term'ino mi tarea d~ dos horas y la bola está; en sazón para ser retirada del horno. Adolfo era el hijo fle Augusto La.boq'Ue y de Marfa Bourron. Pero, no tenia oomo en otro tiempo su abuelo materno, el pudela.dor Bourron, hoy retirado,que ha cer la terrible opera.ción del braceaje!, con la bola de!netal ~n fusión, hec~ ascuas, auxiliado por ol espe tón,. ente las llamas. Tal operación se bacía rnoc.ánicamente, y hasta. por un sistema. ingenioso salia la Lola. brillantb se <'.argaba en ei carrillo que la ~ondu cía. bajo el r{ arb1lo cinglador, sin necesidad de la in tervención del obrero. Adolfo añadió con satisfacción: -Va usted á ver; la calidad es su~rior, y este t~bajo, es tan sencillo 1 Había bajado RIDa palanca, se desenganchó algo, se Qbrió IO.Ila puerla que dejó desliz~rse hasta el carrillo la bola, semejante á un astro que alumbrara el horizonte con un reguero luminoso. Y él siempre eonrientl&, la fren~ fresca, sin una gota. de sudor, los músculos flexibles y finos, como hombre á quien la fatiga excesiva no ha deformado. El carrillo había ido ya. á descargar su. peso bajo el martillo. cinglador d~ modelo reciente, movido por la electricidad, y que también ejecutaba. toda la tarea sin que el herrero en cargado de conducirla tuviera que romperse los b~zos volviendo y revolviendo el mazo en todos s~ntido~. El movimiento era tan fácil, tan sencillo, que venia á ser como una música ~ acompaiiaba al buen humor de los obreros. -Me maroho~ñadió Adolto, des 111és de babel'llt la. vado las manos.-neresito terminar nn mod~l o de me &a que me interesa mucho, y me voy dos horas 4 loa talleres de car;>inberla. f.jl efecto, era e:aj"p.inwro A la 'f"o~ ~e P.Udea.dor;

25 ~- HJ ~ pues ha.bfa aprendido varios oficios, c()'mb {odos lo«jóvenes de su edad, á fin de n~ em.brutoc.erse. en una especialidad exclusiva. El trabajo, con la vane?ad y; la renovación constante, JSO convertía en u.na distracción, en un placer. - Qué usted se divierta 1-1~ dijo sencillamente L'u cas, alegre en su gozo. Pero donde Lucas pasaba varios minutos fehce! en las mañanas de -v-isita, era en el departamento de ho~nos de crisoles. Cuán lejos se encontraba del anti guo infi~rno, de os hornos de crisoles del Abismo,. con sus }J()zos ar' ientoo grmiendo com? volcanes, do donde los miseralf.es obreros, en med1o de una re- verberación como, o inoendio, d~bían retirar con 8U3 brazos cien libras rl.(} metal en tu.sión 1 En lugar de la saja negra, llena je polvo, inm'u.nda, extendfase am plia galería por <.uyas grandes vidrieras penct.raba el sol, pavimentada con anchas losas, entre las cuales se a.brieron las baterías de hornos simétricos. El empleo de la electricidad, los manrenía tríos, silenciosos, cla. ros,limpios. Y allí también las máqujnaa hacían toda la tarea, bajaban los crisol~, los elevaban, en bras~, los volcaban en los moldes, bajo la simple vigilancla do los obreros conductores. Ta.mbién mujeres estaban allí dedicadas á la distribu.ción de tuerza eléctrica, por que se había advertido en ellas mayor cuidad~ "! exac, tilud Ea.ra el manejo de los aparatos de prec1s16n. - Qué tal, Laura-preguntó Lucas,-no está uste~ cansada? - Oh, no, tc~or Lucas, esto rno dlvicrto 1 Cómo quiere que me callse por da- : vu,elta.s á. est& volante ta.n pequeño? El obrero Hip6lito Mataine, de veintitrés afios ~o cumplidos, se había aproximado. Era hijo de Evans to Mataine y de Olimpia Lenfant, y so decía que era novio de Laura. Fauc.hard. 1 -Señor Lucas-dijo,-si usted quiero ver fundir lin gotea, estamos preparados. 1 Puesta en marcha, la máq'uina, con su facihdad fran quila., fl~a los crisoles inc.'uldescenbes y los vertía en 1ae :ingoteras, que un mecanismo acercaba por tur,o. io4 cinco minutos, miemp:a.ct lo; obreros mira.b&n; la opera.r..ión quedaba perfect.a.mente despachada, y el horno en disposición de recibir una nueva carga. - Y eso es todo 1-decla Laura riendo con su graciosa risa.-cuando pienso en las terribles htstona.s con que mi pobre abuelo Fa.uchard ha mecido m1 infancia... Jamás tenía la cabeza Cinne, y contaba cosa. que hadan temblar, aoerca su anbguo oficio de arra.n cador; no parecía sino que había pasado toda su vida en el fuego, con el vientre y los miembros comtdos p()r las ll~rna.s. Todos los viejos nos consideran ahora muy felices. -Es cierto. Los abuelos han sufrido mucho. Y 4 eso se debe que 1~ nietos tengan una vida mejor. Es preciso que trabajéis y que os améis los wws. á los otros; la vida. aún será mejor para vue::stros WJOi y vuestras hijas. Y Luc,ru, continuó su visita, y A. donde quiera que se dirigía, en los diferentes talleres, en el del mod& lado de acero, en el de la. gran forja, en el de los g1andes y pequeño~ hornos, encontraba la misma lun pieza saludable, la misma alegria encantadora, el mtsrno trabajo fácil y divertido, gracias á la diversidad de w tareas y al auxjlio soberano do las má.quwas. El obrero, que ya no era besba de carga aplast.aja, despreciada, se convertía en reflexivo é intehgeute, para siompre libre y glorioso. Cuando Lucas termmó su paseo matutj.no, por el taller de los larmnadores, al lado de loa hornos de pudelar, do tú vose de nuevo para hablar amigablemente con un muchacho de unos veintiséis a.ñoa, AleJandro FeUlllat, que a. la sa~ón lle g<tbl.. --Sí, sellor Luca.s, vengo de Combettes, donde ayu do t mi padre. Teníamos que acabar de sembrar una tierra y he estado al.h dos horag. Ahora voy á trabajar aquí otrrus dos horas, porque hay un peilido de railea urgente. Era el hijo de León Feuillat y de Eugenia Yvon not. Muchacho de imagtnactón VJva, ae ent.reteuia, d~ s pué& de sus cua.lro horas regla.mentanu de trallajo, en hacer dibujos de a.dorno p.;,t.c-4 lo:~ t.a.j.leres dej ajj.a ten l.a.u e.

26 FJlóit í~ _...; Se había puesto ya. é. la obra, vigilando un gran luego de laminadores que oonstru.ía los railes. Luca:s, benévolo, feliz, miraba. Desde que se empleaba la fuer ca eléctrica., el estrépito terrible de los laminadore~ bahía desaparecido, funcionaban con una suavidad pastosa, produciendo tan sólo el ruido argentind dcl rail ~ saltaba, al juntarse á lofl otr~ raíles que se estaban enfriando. Era p.quello la hermosa producción incesa.noo de las épocas de paz, raíles y más raíles, para que todas 1M fron~ras se franqueasen, y para que los pueblos, cada vez más junto~, formaran un solo pueblo, sobre la tierra cruzada de c.a.minos; grandes n-avíos de adero, no los abominables buques de guerra, que llevan la devastación y la muerte, sino 1~ buques de la solidaridad, de la fraternidad, ca.mhia.n do los productos de los continentes, multiplicando la riqueza de la familia. humana para conseguir la abun dancia. Los puenoos que facilitan también las comujl.i.. ca.ciones, las vigas y las armaduras metálicas para los innumerables monumentos que los ciudadanos J:'C{'On ciliad(is necesitaban para la vida pública., las Casas Comunales, las Bibliotecas, l<m~ Museos, los Asilos de protección y de refu io, los Alma.oenes generales in :mensos, los depósitos y los graneros ea.pa.oos de con tener la vida y el alim.enlt o de las naciones federadas.,y por fin, las in.numera.bles m;á.qu.ina.s, quo en todu partes y para. 'toda clase de trabajos reemplazaban i los brazos del hombre, hls que trabajaban en los talleres, las que sin cesar rodaban por las calles, por las olas y por los aires. Y Lucas sent(ase satisfecho, aleere, ante todo aquel hierro, hecho ~ci.fico, aquel met<ll de conquista, del cual la. humanidad durante tanto tiempo no había sacado rn;á...:; que espadas, k~ su.s lu. chas sangrientas, con el cual m'ás tarde fa hecho cañones y granadas, en las épocas de su.s últimas ~ nioerlas, y con el que construía su ca.sa de fraternidad de justicia., de felicidad, después que la. paz había sid~ ~nquistada. Antes de volverse, l.juca.s qaiso dar una última ojea: da. á la batorla de los hornos eléctricos, que había. suhs titufdo al horno alto de Morfain. La bateria funcionaba ll:t.io el techo de vidrio, inundada por los rayos d<>l isj ti; - r&ol. Cada cinco ínin'at09 el mecanismo ca.rga.ba. lów hornos, después que la. acera móvil se lleva.ba los diez lingotes, dllyas llamas pa.lidecian bajo la clara luz del astro. Había a.llf también dos muc.h.achas vigilando los aparatos eléctricos, ds veinte a.ño& cada una. Una d~ ~las rubia, de un rubio delicioso, era Claudina., hija de Lucia.no Bonnaire y ~ Luisa Mazelle, y la otra. de herm.os()s ca.bell<m~ negros, era Celina, hija. de AI senio Lenfant y de E'ubilia Laboqne. Atentas á esta. bjecer é interlil.mpir la corrien~, sólo pudieron sonreir á Luca.s. Pero vino un descanso y se adelantaron, al ver todo un grupo de niños que se detenía con m,a.n... fiesta onriosidad á la entrada del cobertizo. - Buenos día.s, M.auricio 11 Buenos dia.s, Luisi ro 1 Bl164 nos dias, querida A.lina.l Ha.n terminado Las CÜI.seSi gue venís á vernos? Consentían, en efecto, A. los escolares, i manera d. recreo, recorrer lihrementb la. fábrica., con la idea d~ que se fa.miliarizasen con el trabajo, y <lb paao adqui riesen las primer.ab nociones de l.u cosas. Lu~ á quien alegró ver á su nieto M.anri~ hilo que todo el grupo entrase. Y respondió á todaa w prcgunta.s; explicó el mecajlismo de los hornos, y hasta. hizo qile funcionaran los a.paratos pe..ra que vieran los niños cómo bastaba. qu& C.l&udina ó Celina ~ \rieran una palanca para fundir el m.etal y haoerlo Mlir en chorro deslumbrador. -1 Oh 1 yo ya sabía. eso, ya. lo habla listo-di~ Mauricio, dándose aire de hombrecillo, i quien ~ nueve afios ha.bfan enseñado muchas eosas.-mi abuelo Morlain, una. vez, me lo enseñó todo. Pero abuelo Froment, dime, ea verdad que antes había hornos a.l tos como montañas, y que era preciso estar quemá.n dose el cuerpo día y noche para sacar de ellos algo~, Todos se echaron A reir, y Cla.udirut. respondió 1 -Es muy cierto. El abuelo Bonnaire me lo ha. con tado muchas veces, y tú, mi querid() Ma.uricio, deb& ría.s conocer la. historia., pues tu bisabuelo, el ra.n Morfaín, como todavía &e le llama, ha. sido el último héroe que ha luchado con el tuego. Vivía allá arriba; en un agujero entre las rocas; jarn.á.s bajaba al pueblo; tenia r ue cuid:lr todo ~1 af'lo de 811 horno gi&a.d.

27 p..; ioo - ~. et mónatruo; la8 ruinas del ouaj 't"en aún, en 1a la.dera de la montaña, epmo una torre que recuerda tiempos a.ntiguos. Ma.uricio, con los ojos abiertos, admirado, escucha. ba con el interés apasionado de un niño á quien se le relata algún prodigioso cuento de ba.da.<j. - Oh 1 Lo sé, lo sé. Mi abuelo Morf.ain nos ha dicho todo eso de su padre y del horno alto como 'UnA montall.a.. Pero yo creía que inventaba todo eso para entretenernos, ~rque inventa otru cosas c:uan<lo quiere ha.cernos reu. Es que son verdad? -Claro, son verdad-continuó Cla;u.dina..-Ha.bía en lo alto obreros qua cargaban el horno vertiendo en él carretadas de mineral y de carbón, y ~ajo otros obre ros que cuidaban consta.ntem~nte de que ~ monstn1o no tuviera una. indigestión, lo cual impedirla <p1e la operación saliese bien. --Y~adió á su vez Celina, la otra joyen,-eso du raba tne\e ú ocho a!los. Durante esos siete 6 ocho años el monstruo ardía, entre llamas,siempre como un crc1. ~r, sin que se pudiera. dejarle enfriar ni un momento pues seria. esto una. pérdida muy grande; seria preci~~ a.brirle el vientre, limpiarlo, reoonst.ruirlo casi de nuevo.. -Ahora-aftad.ió todavía Claudina,---querido Mauri c1o, ya comprenderás por qué el gran Ma.rf.ain, tu bisa. buelo, tenía neoesid.a.d de no dejar ese fuego de sie~ 6 de ocho años era su tarea., esto sin contar con que, cada cinco. horas, era pre~iso ab~r á golpes con el es petón la p1quera para va.c, ar el cnsol de metal fundido, un verdadero arroyo de llamas, el calor del cual os tostaba como un pato en el asador. De pronto, los tres niños, estupeb.ctoe hasta entonoeb, se echaron á reir á carcajadas. 1 Oh 1 el pato asado; 1 el gran Morfain que se tostaba como un pato 1 - Pues menuda ~roma. seria trabajar en aquel tiem po 1 1 V cuán tu fatigas costaría 1-diJo Ludovioo Bois c~lin.. -No cabe du~-con~stó su hermana Alina;-yo pr& fiero haber osado m.áa tarde; 1 ta.n divertido tia bajar hoyl te~.mauricle 8e ub{& V1lelto.i püoj)f serio, y COD -1Q7 ~ aire reflexivo, rumiaba. en sus adentros aquellas cwsu increíbles que le contaban. Por fin, dijo: -De todos modos, bitm fuerte debió de haber sido el padre del abuelo, y si hoy a.nda mejor la cosa, con siste, tal vez, en los muchos tra.ba.jos <{\16 ha.brá.n p& sa.do en otros tiempos. A Luca.s, que hasta s..quel instante se había con tentado con e.scuchar y sonreír, le encantó tan buen pensamiento, y cogiendo á M.auricio lo levantó en alto y besándole en ambos carrillos, dijo: -1 Tienes razón, pillastre 1 Es lo mismo que ai tü ahora trabajas con toda tu alma; tus tataranietos && rán todavía.más felices por ti. Y lo estás viendo; ya no nos uamos como IJi fuéramos patoa. Dió una orden, y la batería de los hornos eléctricos funcionó de nuevo. Claudina y Celina., con un simple, ademán, producían é interrumpia.n la corriente. Loa hornos quedaban cargados, la fusión se verificaba, JI la plaza móvil reci<bía é iba llevándose las diez barras de candente metal. Los niños quisieron, ellos solos, poner la maquinaria en movimiento, y 1 qué alegria! aquel trabajo tan fácil, después del cuento, legendario ya, de los trabajos de Morfain, que parecían ser los de algún dolorido gigante pena.ndo e,n p.n mundo de_. aparecido. Pero surgió una aparición, y los escolares que esta. han do pabeo huyeron asustados. Lucas vió otra vez á Boisgelin en pie, junto á una. puerta. del cobertizo, fiscalizando y vigilando el trabajo con 1a mirada euspioa.z y airada del amo, siempre intranquilo y tem&. roso de que sus hombres le roben. En esta misma for. m.a se le solfa encontrar á. menudo en cualquier parle de la fábrica, desesperado por no poder inspeccion~ i 1m tiempo toda aquella inmensidad; cada YCZ m~ loco con la idea de los núllones que perdía diaria. menle, y sin conseguir jamás o.quilat.ar por sí mismo la larca de aqu.t:l pueblo, q~ le ga.u.a.ba miles de m.i llones. Aquello era dam.a.s.iada gente; él b.o podía verlos 4 todos, y sentfa que sucumbía en esta buena. administración de su desmentida. fortun&, cuyo peso le ago.. Piaba com.o &i el cielo ~ le desnlotn.as9 eobl'q la Wf

28 IWr 111 lilfólll hu.. T&n &scom'j>'il.esto estaba, ta.n exhausto por haber recorrido inútilmente los talleres de los trabajadores é1, que jamás había. hooho cosa alauna con sus ma: nos, que Lucas, movido por gran compasión, quiso esta v~ alcanzarle para procurar sosegarle y llevarlq tran~1lamente á casa. Pero Boisgelin estaba sobre avi S?; <ii:ó un salto atrás y á la carrera desapareció ~ direcc1ón á los grandes a.lma.oenes. Lucas, terminado el paseo de la ma!'i.a.na, volvió ~ ltu casa.. Desde que su ciudad se iba ensanchando sin término, no podia visitarla. toda, y paseaba por sus numerosos barrios tan sólo á man<!ra de creador en reposo y feliz al ver su creación multiplicarse por sí sola é invadir ~so á paso toda aquella llanura. Por la tarde, y no Slll haber vuelto á echar un vistazo á' los Almacenes Generales, entró, al obscurecer, en casa. de los Jordán á pasar una hora. En. el salón pequeño con. salida al Parque, encontró á Sceurctto con Her~ melline y Marle, on tanto que Jordán, tendido sobrq Un. canapé y envuelto en una manta soñaba s._aún oos tumb re, contemplando en el horizonte la puesta. del S? l. Hacia. poco que el amable doctor N ovarro había &Ido arrebatado en horas por la muerte en medio de ~ _rosaa de su jardín y con el solo so~timiento de no V1VU lo bastante para preienciar la realización d~ tantas cosas hermosas, de las que en un principio no estaba del todo convencido. Sreu.rett.e por lo tanto no recibía más que al maestro y al cu~ y eso de ~ rde en tarde, c'ua.ndo ambos, arrancados por antiquísima costumbre, venf.a.n A reunirse á su casa. Hermclline eon sus seoonta aflos y jubilado concluía. la. vida e~ J ' o estado de horrible amargura y ~ecicnte encono con tra. todo ~o que á su vista corría. Ha.sta había llegado ' encontrar tibio en sus ideas al cura, que le llevaba Qllco Bií.os. y ~e se encerraba en una tristeza dign2l Y en un silencio cada vez m.ás altivo mieutra.s mis veia <fl;le se va.ciaba su iglesia y que se' moría su Dios. Preetsament~, al sentirse Lucas junto á. la amable, callada Y pacien_te Sceurette, el maestro acababa d~ vol_ver á sus. an?g'uas acusaciones de republicano sec. ta.rio Y a.utonta.no, y la tomaba con el sacerdote. -~, Ut ~~ 1 YA g;u.o digo lo m.i&mo gu.e usted#..., , ayúdeme. Ha. llegado el fin del mundo, oon eeoa nlfítoa en 'qfa.e se <m.ltivan la.8 pasiones que nosotros; los educadores, teníamos por misión aplastar en ot.roe tiempos. Cómo quieren que el Estado tenga ciud& danos disciplinadog, educados, para servirle, cuando en ellos se da rienda suelta á la individualidad anárqui c.a.? Si nosotros, que somos hombres de método y rar zón, nq &a.lva.mo~ á la Repú.blie a., li& perdió para aiem. pre. Empeñado en &a.lva.r á. la República, de los <rae él llrun.aba. socia.li~t.as y anarquistas, se había pe.sa.do al oa.mpo reaccionario, y unido con el s.l.cerdote, en ~ odio hacia todo lo que se ema.ncipab.a. sin su ayuda y fuera. de su estrecha fórmula. de testarudo jacobino. :Y prosiguió con mayor vehemencia: ~Ya se lo digo, cura; van á arrasar la iglesia, si ustedes no la. defienden. ~ cierto que su religión ja,. mas ha sido la mía, pero he reconocido siempre que 'Una religión era necesaria. par2. el pueblo, y que el ca,. tolicismo era. una ad.mir-.l.ble máquina de gobernar. Obrad, pues; henos a.q'ui con vosotros, y después ya nos en tenderemos, cuando juntos hayamos vuelto á conquistar las almas y los cuerpos. El abate M.a.rle, al principio, no hizo m.á.s que ~ ver la cabeza; ya ni contestaba ni se incomodaba, y por último, dijo con su lenta voz: -Yo cumplo con mi deber; cada mañana estoy Al pie del altar, aunque vea vacía mi iglesia, é imploro un milagro de la bondad de Dios. FJ. lo h.a.rá. &eg u ramente, si es que lo juzga necesario. :Esto acabó de exasperar al maestro. -Déjese de ~en tos; tienen ustedes que ayudar 4 nuestro Dios, y obra.r de otro modo es una. cobardia. Sceurette, sonriente y llena de indulgencia para. con esos, que sorían los voo~dos ~ m,añana, creyó que debía intervenir. -Si todavía estuviese con nosotros el buen doctor, os suplicaría que hicieseis porque vuestro acuerdo no llegase hasta tal punto, ya que, entendiéndoos, se em peoran vuestras disensiones. Me afligen ustedes, ami gos mios, y hubiese sido muy feliz si hubiese podi \'lo. "ljii. qu,e no OOJlvert.iro&..4 g.uestr~ ideas, oíros cl

29 -2'0--. menos reconocer ante la erpemencia algo del inmento bten que han producido en este pa1s. Los dos hablan conservado gran def<'rencia para con eaa mujer, tan dulce, tan santa., y su presencia en aquel pequeño salón, en el foco de la nueva ciudad, ev1denria.ba el amistoso ascendiente que Sreurette ejercían sobre ellos. Habían llf'gado hasta tolerar en aquel sitio la proximidad de Lucas, el adversario victorioso que, por otra parte y oon toda discreción, evitaba moslrarsfl triunfante ante aquella violenta y dolorosa agonía del viejo mwldo. Tampoco intervino esta vez, al oir á Hennclline negar con furor todo lo que él habla creado, porque todo le había sal1do bien. Aq uello era la postrer sublevación del principio de aulort<la.d contra la liberación natural y social del hombre; era la tiranía bajo su otra forma, el Estado omnipotente junto á la omni >otente Iglesia, que ambos se habían disputado los pueblos, reservándose, por supuesto, coajigarse y unirse para volverlos á conquistar el d1a en que los viesen á punto de eximirse de la. servidumbre, tanto civil como religwsa.. -1 Ah 1-exclamó de nuevo Herrnelline.-Si usted se da por vencido, es que ya llegó el fin, y, como usted, no tendré más que cajia.r y morir en mi rincón. Otra vez el sacerdote movió la cabeza, sin salir de B'U doloroso silencio. Sin embargo, una última. vez, declaró: -Dioa no puede ser vencido; y Dios es quien debe obrar. Lentamente la noche se extendía sobre el Parque ; el pequeño sajón iba quedando sumido en creciente eombra; nadie habló más, y en aquella habitación ~ aintió como un gran escalofrío, salido, sin duda, del melancólico pasado. El pnceptor se levantó para despedirse, y como también se levantaae el sacerdote, Sreurette quiso ponerles directamente en la mano La can tidad que á cada uno de sus visitantes daba para los pobres. Pero él rechazó ~ta Hmosna, que venía acep tando desde hacía más de cuarenta años, y con voz lenta y baja, dijo: -No, gracias, señorita; guarde ese dinero, yo no!a.bría qué hacer de él~ pues ya no hay pobre"\, Foó4~Wii rahl Qaé dicha pe.ra Lucas... Ya M hay pobresl Ya no m.ás pobres, ya no más hambrientos en ~ Bea.uclair, que él había conocido tan obscuro, tan nuserable, con su maldecida población de trabajadores, que se morían de neoeshiad. Iban, pues, á sanarse todas aquellas horribles llagas, hijas del salariado; iban al fin á desapareet:r con la rrúseria, el crimen y la ignorrúnia? Había bastado con que el trabajo fuese organizado según los principios de la justic1a para que ya se notase más acertada repartición de la riqueza? Y cuando el tralajo fuese honra, salud y alegria, una nueva humanidad hecha de paz y fraternidad, al fin, poblaría la ciudad dichosa 'l Jordá.n, sobre el canapé, envuelto en su manta. no babia hecho un movimiento, y seguía errando por los espacios infinitos en que vagaba, y se perdían sus miradas. Cuando Marle y Hermeline hubieron marchado, se despertó al fin. Y sin perder con la vista. la puesta del astro, cuya paulatina desaparición parecta observar con apasionado interés, dijo como en un sueño: -Cada vez que veo ponerse el sol, me siento sobl'e cogido por infímta tristeza. y cruel inquietud. Si a.ca. so ya no vuelve, si de nuevo no anw..necc para la negra y helada tierra, 1 qué terrible muerte para todo lo que es vid.a.l El es el pa.dre, él es el fecw1dan te, el engendrador, sin el cual se secarían ó se pudrirían los gérmenes. En él también debemos colocar nuestra esperanza de alivio y venidera dicha; pues si él no nos ayuda, la vida concluiría por agotarse. Luca.s se sonreía, y sabía que Jordán, á pesar de su edad avanzada., de unos setenta y cinco, que pronto cumpliría, se dedicaba, desde hacla varios años, á estudiar el árduo problema de apresar el calor solar y almacenarlo en amplios depósitos, desde los cuales loa iría dist.ribuyendo luego como la única, la grande, la eterna y viviente fuerza. El tiempo había de lleglll' en que faltaría el ca.rbón en el fondo de las minas, y entonces, de dónde se sacarla la energía necesa- ria, el torrente de electricidad, imprescindible ya par ra la existencia? Debido á sus primeros descubrimientos, había conseguido dar la fuerza eléctrica casi de balde. Pero, qué triwúo líi lo raba convertir Gl.al

30 I!H~~ en motor Universal; si sa.ca.ba. de él dire<-tamente a~ lla potencia calorífica., que yace lenta y donnida. en el carbón, y si llegaba á emplear el astro como único fecundador, como padre mismo de la. i.nmortal vida. 1 Ya no le quedaba más que esb!l último descubrimiento por realizar, y después su ob-ra. habría terminado r, él ya podría morirse. -Dio se apure usted---'uijo Lucas alegrem'cnto;-d sol saldrá mañana, y acabará usted de arrebatarle el fuego sa rado, la. divina lla,m.a. trabajadora, incallila ble y eterna creadora. Sceurette, intranqui la por caus.1. del viantocillo de la tarde, cuyo fresco entraba. por la ve.nta.ua, preguntó su hermano : - N o sien tes frío? Quieres q'ue cierre? Pero él dijo que no con el gesto, y sólo dejó que se le levantara la manta. hasta la barba. Parecía no \Í vir más que de milagro, únicamente porque quería vi vir y había. aplazado la muerto para la. noche de ~:>u último dia de trabajo, noche triunfal, en que, concluída la labor y en pie la,obra, podría dormir, al fin, oon ol buen sueño del pbroro leal y satisfecho. Su hermana. redoblaba con él las precauciones; prolongando con cuidados exquisitos aquella eristencla, y proporcionándole todav1a. diariamente las dos horas de energía física. é intelectual, de las que él, á fuerza de m6- todo, utili1:aba mb cada. minuto de una ~era. maravillosa. Y aquel sér enclenque, muy viejo, y medio muerto, á quien la. menor corriente de aire podia destruir, terminaba su tarea de conquistar y gobernar el mundo, simplemente, como un obrero testa.r.1do que no se aviene con soltar el traljajo. -Vivirá nsted cien. año$-dijo LuCcl.S con &U afectuosa risa. A su vez, Jordá.n, se alegró. -N o cabe duda, si es q UC> cien años me son neoesarios. De nuevo reinó 'un profundo silencio en aquel p& queño salón, tan tiernamente intimo. Ese lento y tero plado crepúsculo que se iba extendiendo por el Parque, cuyos caminos desaparecían envueltos en crocien te eopilira, todo aqu.euo er, d~,u.<:ti.o,sq. Todavía, c.oruo ~a... eu 'Un lllletio, se percibía. a.lg'un& claridad que tenue. mente rasaba los macizos y loa cuadros de hierba, en tanto que en azulada lontananza., los grandes,á! boles se desva.necian cual visiones temblorosas y li geras. Era la hora. de los enamorados, y el Parque de la Crécherie les ofrecfa entrada. franca.; así es que, tan pronto como acudía la tarde, acudían ellos después del trabaj.o y de los cotidianos queh.a.ceres. Nadie se pr& ocupaba de las errantes parejas, de las &ombra.s ent.rolazadas, que poco á poco se fundían y desaparecían por el denso follaje. Quedaban entregados á la guardia y amistosa Yigilancia de los viejos robles, con la. seguridad de que el libre amor les h.a.rfa ser buenos y castos, como futuros esposos que er.a.n, cuyas cari cias habían de ser indisolubles, si es que mutuament.b habían sido deseajos y queridos. Para siempre amar, no hay cosa mejor que conocer cómo y por qué se ama.. Los que se han escogido á sabiendas y con consentimiento, ya no se separan. Y en tanto, por la sombría hierba y las obscuras avenidas, las parejas vagaban, y cual lentas ap.uiciones, poblaban el crecie~te misterio de las tinieblas y se extendían sobre la ti& rra. maternal, y como palpitante en medio de los úe& C03 aromas de la primavera.. Llogaron más parejas. Luca.s reconoeió i algunas muchachas y muchachos que había visto por la. mañana en los tallerea. N o eran Adolfo Laboque y Germana Yvonnot, aquellab dos sombras errantes, tan e!trechamente unida8, que iban como en un vuelo sobre la.a puntas de las hierbas? Aquellos otros dos, que ap~ yaban la cabe.ta en la. cabc-za, mezclando las cabelleras, no eran Aleja.ndro Feuillat y Clementina Bourron, cogidos por el talle como en eterno lazo? Y Lucas sintió una emoción más dulce cuando creyó ~ conocer á dos de los suyos, á su Carlos, que osuechab& contra su pecho á la. morena. Celina. Lenfant; y á su hijo Julio, ouyo cuello enla.za.ba la rubia Cla~ dina Bonnaire. Eran los men ~ajoros de la nueva pn ma.vera. Las últimas parej:l.s nacidas al amor, la an torcha de la. vida qoo la.s generaciones se pasaban de p;wjno ~n mano. ~!..aban tod vía on el CASto úmlblqr

31 ... ~;...J de las priineru pa.labras, que ba.lbuoeabau entre ae,. ricia.s inocentes. Sus corazones, ignorantes, se busc~ han, acercándose; un beso furtivo era dulzura que h< taba para abrirles el cielo... Pero pro~to la lla.rrut so- berana la necesidad del hijo, los ururia, los confu.l diria, Para que otros obreros. de amor ~aciesen úe ellos. Y seguia.n llegando parejas y parejas; el Parque se poblaba de todos los enamorados de la ciudad fe liz; era la deliciosa velada de un buen dia de tralajo; sobre el césped, por la ospesu.ra., como soñad.os; llt-nos de misterio y perfume, sólo ae oia ol leve rwdo de las risas y los besos. En aquel momento, delante del salón so detuvo llna sombra. Era Susana, alarmada., que buscaba á. Locas pa.ra decirle sus temores. Boisgelin no habfa vuelto, y esta tardanza le atormentaba. Nunca había tarcla do tanto; ya era noche cerrada. -Tenía usted razón; hice mal en a.bandonarle A: su locura. 1 Desgraciado viejo infantil! Lucas temiendo también, la hizo volver A casa. -Puede volver de un momento á otro, y lo mej<jf es que esté U8ted alh. Yo voy á b.a.oer registrar le!i alrededores, y ya le llevaré noticias. ' F.n seguida atravesó el Parque con otros dos hompbros, para empezar á buscar por la p~rte de los talleres. Pero apenas ha.bfa andado tres.clentos pasoa, se encontró junto al pequeño Lago, ~a)o l o~ sa.uce8, en un rincón de paraíso, cuando un ligero gnto de terror que salió de próximo follaje, le detuvo bruscamente. Y vió salir de la. espesura una pareja asustada de ena. morados, en la que creyó reconocer i su hijo Julio l á la rubia Claudina Bonnaire. - Qué pa.aa? Qué tenéis?-les gritó. ' No respondieron; huían ligeros como Jlen.doa. ~or 'Un Tiento de terror, cual av~ en celo cuy~ ca.nctas turba algún mal encuentro. Después, para ver qué pa sa.ba, penetró Lucas en el soto por el estre~ho sen dero que lo atravesaba, y él trun.bién lanzó un grito, pero de espanto. Había chocado casi contn. un cut;r po, colgado de una rama que interceptaba el aendcro con au negra tna.ü. A la mor~cin& cla.rid~d dcl ciol~ ~~- ~onae ya apa.redan eatreuas, había reconoeido á Mo1S elin. - Ah, desgraciado, /cobre viejo chocho!-murmuró, como Susana conmoví o, desesperado ante aquel ~r~ JDa atroz, que tanta pena iba á oau.sar á su amtga.. Al punto, ayudado por sus dos hombres, descolgó al ahorcado y lo tendió en el suelo. Pero el cuerpo ya estaba frío. F.J suicidio debla haber ocurrido en las primeras horas de la tarde, muy poco después de la carrera lo~ del desgraciado á través de la fábri~ Notó :U p~e d<.>l árbol un gran agujero y comprendió que Botsgchn ha.bf.a debido de empeñarse primero en cava.r con las!llanos, con las ui\a.s, para ocultar y enterrar alli la >rodigiosa fortuna que le ganaba su pueblo de traba Jadores, toda la ciudad afanada, y que no. podía. ~d ministrar por si mismo ni aun colocar en nmgún sttio. En seguida, sin duda., sin esperanza de hacer el agu joro bastante grande, temiendo no poder ocultar el colosal montón de su tesoro, había resuelto morir all(, bajo el monstruoso conflicto de nn capital tan gran de que su IJUl.Sa t. aplastaba. Su locura llegaba! esta muerte trágica, no pudiendo vivir en la.ciudad nueva de justo trabajo. En la tibia noche nuj?c~al, el Parqu~ ae llenaba de un ligero contacto de canc1as, del cuchicheo de vocea amorosas. Para no espantar á las parejas, cuyas sombras ligeras se deslizaban entro lo!! árboles en tomo de él, LuCM envió á sus dos hombres á buscar unas pari buel.as á la Crécherie, encargándoles no decir nada i nadie. Cuando volvieron y rué acostado el cuerpo bajo las cortinillas de tela gris, el triste séquito se puso en marcha, por los senderos más obscuros p~ no ser vistos. La horrible muerte pasó muda., auf!ltda en tinieblas, t. través del delicioso despertar pnm~ veral que temblaba con la nueva vida. Doquiera pa ~:ecian nacer enamorados, surgta.n á la vuelta de cada c.'\lle de árboles, en cada. mata, en el pulular de los g rmenes que levi.iltahan la tierra en un espumo. Ln perfume de flor embalsamaba el aire! las manos se buscaban, los labio se unfan con el tmpercepuble J1lldo d~l hotón q'\1& se ah~. Y era. et torrt>nte de loe

32 ~~... Sérés ensanchados con Wla ola. nueva, 1a muerte veu~ cida sin cesar, el mañana brotando siemprn, para más verdad, más justicia, más ventura.. Susana es~raba delante de la puqrta de la casa, llena de angustia, queriendo atravesar con los ojos las tiniebl~. Al ver ~~ parihuela comprendió y dejó escapar un sordo que Jido. Lucas la enteró en pocas palabras de tod<>. Y ella, al evocar toda aquella exisfmlcia del hombre inútil, vacía, envenenada "'! envenenadora, que tanto la había hecho sufrir, repitió una voz más: - Ah, desgraciado, pobre viejo infantil! Hubo otras catástrofes en la. ruina fatal de la vi-eja sociedad podrida., condenada á desaparecer, pero la de más resonancia fué, al mes s~ente, el hundimiento do la techumbre de la. antigua iglesia de San Vicente, en una clara mañana de sol, cuando el cura Marle estaba en el a.lta.r diciendo misa para los gorrionca, que revoloteaban á través de la nave desierta. Mucho tiempo hacía que el cura no ignoraba que el día menos pensado la iglooia eo le ve.ndrla encima. Era del siglc\ diez y sei~, muy ostropearla., sutil, elegante, agrietada por todaa pa.rtee. Pero loe tejados, annadu.ras medio comidas ya, cedfan y nada se había hecho por falta de fondos. El Estado, agobiado por la deuda, abandonaba esta iglesia de un rincón olvi dado. Beauclair!e negaba. á contribuir, pues el alcal do no quería. nada con los curas. De modo que Marle, reducido á sus propios recui'ios, se pu3o en. campa.ña. personalmente. Pero fu& en vano; los fieles ya. eran muy pocos, el celo religioso se enfriaba.. Mientraa vivió Leonor menos mal; pero la señora Ma.zolle, último recurso, era poco generosa y su ft'rvor declinaba. Per~ dió más tarde esta última feligrem., y sólo quedaban algunas mujeres del puoblo, muy pobres, cuya miseria se empeñaba en esperar una. vida mejor. Y cuando ya no hu~o pobres no quedó nadie en la iglosia, y el cura Vlvía en la. soledad, en el abandono definitivo en qu~ los hombres dejaba.n á su Dios de error y de misena. Marle sintió entonces que un mundo moría. en torno «e él. Sus complacencias no habían podíuo salvar á la!alaz burjuesfa, roída por la iniquidad. Se refq ~ '4.fi -a gi6 enfoncee en la letrn ootrkta del dogma; para n& conceder nada á las verdades de la ciencia., que iban al supremo asalto vencedor del secular edificio católico. La ciencia había. abierto brecha, desaparecía el dogma, el reino de Dios volvía! la. tierra en nombre de la justicia triunfante. Una religión nueva, la del hombre con~iente al fin, libre y duedo de BU destino, barría las antiguas IIÚ!tologías, los simb<>lismos en que se habían extra.vütdo las ansiedades de su larga lucha contra la Naturaleza. Después de los templos de las antiguas idolatrías, la iglesia católica desaparecía á su vez, hoy que un pueblo de hermanos ~onia su dicha cierta en la. única fuerza viva., su solldari dad, sin necesitar de 'todo un sistema político de pen~ y recompensas. El confesionario y la santa mesa estaban desiertos, la nave sin fieles, y el saoordote, al decir misa cada d1a, veía crecer las grietas de las paredes y oía más estallidos en la techumbre. El templo se desmigajaba sin ceaa.r en un trabajo oculto oo destrucción, de ruina próxima., y Marle notaba los menores ruidos precursores. Ya que no había podido traer albafúles, ni para las reparaciones ur ente61, dejaba al trabajo de la muerte seguir su curso, llegar al fin nahual do todo, y seguía diciendo misa, esperando, héroo do la fe, solo, con su Dios a.ba.ndorul.do, bajo el techo que crugfa sobre el altar. Una ma.fiana notó una. inmensa. grieta. nue-v-a, producida aquella noche en la bóveda de la nave. Y seo guro del hwldimiento esperado hacía. meses, rino ain embargo á celebrar la última misa con sus más ricas ve.~tiduras sacerdotales. Muy alto, muy fuerte, con su nariz a.guiil.eíí.a, aún.se mantenía tieso y firme á pesar de sus muchos años. Nadie le ayudaba á misa. Iba, venía, decía las palabras sacramentales, hacía los adcmane~ consagrados, como si una apretada mnl titud le viese dócil á su voz. Sobre las losas yacían la..~ sillas rotas, solitarias, Sl'nl(>j:tnt(ls á esas sillas de jardín negras de moho, olvidadas por el invierno bajo la lluvia. Brotaban hif>rbas al pie de las columnas que se cubrían de musgo. Todos los vientos soplaban por los vidrios rotos, mientra.s la puerta principal, merli'l d~quirirdl\ también, dejrb'l. libre la entradl\ 4

33 lot animal ea dé la vecindad. P6ro quien en traba. triunfante aquel dfa era el sol, era. la vida, que tomaba. posesión de estu ruinas trtlgjca.s donde revoloteaban los pájaros, y las balluecas germinaban hasta en los mantos de las antiguas ~mágenes. Dominando el altar, un gran Cristo de madera pintada y dorada reinaba todavía., estiraba el cuerpo débitl y dolorido de aju~ticiado, salpicado de sangre negra cuya.b gota! resbalaban como lágrimas. Dura.nte el Evangelio oyó un estallido más fuerte; polvo y pedazos de yeso cayeron sobre el altar. Des p~~. al Ofertorio, el ruido volvióse desgarrador, IÍ m~tramente seco; pa.reció que 61 edificio oscilaba algunos segundos a.ntea de aplastarse. Entonces el sa cerdote, reuniendo las últim.a.s fuerzas de au fe. al alzar, puso toda el alma en suplicar á Dios que hlci& ra el milagro, cuyo resplandor gloooso y salvador él esperaba hacía tanto tiempo. S) Dios quería, el templo iba 1 volver 1 su juventud vigorosa.; los fuertes larea sostendrían la nave indeetructible. Los a.lballi les no hacían falta, bastaba la Orn.u.ipot.encia divina.; renacería un magn fioo santuario, con capillas de oro, vidrieras de púrpura, maderas maravillosas, márrno les brillantes, mientl"lls un pueblo de fieles arrod.i Hados eanta.na el cántico de la resurrección, entre millare!'l de cirios, al resonar de laa campanas echada. al vuelo. 1 Oh Dios de soberanía. y do eternidad, reconstituid con un ademán vuestra casa auguat.a,!ólo ves podéis volver á levantarla, llenarla de vuestros adorados reconquistados, si no queréis!or aniquilado Vos mismo bajo su.a e!'lcombros 1 Y en el momento '\n que el sacerdote levantaba el cáliz, no fué el mila gro pedido lo que se produjo; fué 61 aniquilamiento. En pie estaba., ambos bra.zos levantado! en aoberbio ademin de creencia heróka, provocando á au soberano Señor á morir con él; se ha.bía llegado al fin del culto: Se abrió la bóveda como al golpe del rayo, se hund16 el techado en un torbellino de cascote con el rugido espantoso de un trueno. SacudiJo, ~sciló el campanario, se desmoronó á su vez, acabando de ~lastar la nave y a.rraslra.ndo o1 resto de léa paredes qu~dll narla bt~jo ej cl;tro ft.oi máa <('le un mon ~Joli04 ton enorme de escombros, en el eual ne ~ encontr6 siquj.era el cuerpo de Marle, eomo si el polvo del alta.r aplastado!'le hubiera comido su carne y bebido au sangre. Y tampoco se encontró nada del gran Cristo do madera pintado y dorado, hecho polvo también. Una religión má.s había. muerto; el último sacerdote diciendo la última misa en la última iglesia.. Durante algunos días se vió al vrojo Hermeline, el antiguo profesor, que vagaba alrededor de los es ccmbroe, hablando en voz alta como hacen los muy viejos cuando una idea fija les aco11a. No se dislin guían bion sus palabras; pa..recia seguir discutiendo, echan do en cara al pobre cur.a el no haber obten1do de su DiO!'! el m.ilagro necesario. Después, una mañana, se le encontró muerto en su leche. Más tarde, limpio aquello de escombros, ea formó alli un jardín de hermosos árboles, callea sombdaa l través de embalsamad~ paredes. También a ll! vin1~ ron amadores como ibllll en las noches placentera. al Parque de la Créchene. La Ciudad feliz seguta enea.nchándose, los nif.os crectan, formaban nuevas parejas de amantes, cuyos besos en la sombra scmtjra.ban otros niflos para las cont.inu~ cosechas tuturrus. Deg. pués del día alegre de trabajo, de cada mata sub1a.n ro!as abiertas, y en este jardín religioso, donde dormía el polvo de una. reltgión do miscna y de muerte, creda ahora la alegría. hwnana., l~ 1"ida fi,w)litu.lle tebotando. Diez afi.os todavi& ne<'..esitó la ciudad para quedar fundada y organizarse dentro de la JUSli 1a y la paz. Y al fin de eso~ años, un 20 de Junio, vtapera de una de las fiestas mayores d\}1 Trabajo, que se celebraban cada lnmestre, en la.a cu.atro estacion<.'8, Bono..ure tll yo un encu~nlro. :I'rahajo-Tomo ll-1'

34 (11110& : 10 ;..:a, Pr6:rlmo 1 los 85 a!los, Bonnake era el patrial'clt, el héroe del trabajo. ConservA.base erguido, alto Y fuerte, y con su ca.beza. firme de espesos cabello~ bl~eos, muy despierto, sano.y. alegre.. El revo~uc1onano de otros tiempos, el colecbvj.sta. teónco á qmen h~ía aplacado la dicha cumplida de sus camarad~, v1vía ahora en la recompensa. ~o ~ gran es~erzo, la con quista de la armonia. sohdana;, en mec?-o. de la cual; veía crecer felizmente á sus ruetos y b1zruetos. Repre sentaba uno de los últimos obreros sobrevivientes de la gran lucha, ano de los combatientes de aqu~lla reorganización del trabajo, que había.!ra.f~o cons1go \ln justo reparto de la riqueza, al prop1o tiempo qu~ devolvía al trabaja.dor su nobleza., su personalidad Ji. bre de hombre y de ciudadano. Y cubierto de año~ Y de gloria, mostrá.baj!ie orgullo.so ~e haber a.ru:dado, mm CPd á su numerosa descendencia., á la fus1ón de las clases enemigas de ser todavia útill, por su belleza Y su bondad de j~fe de familia, en el crepúsculo de au erisooncia.. á La citada tarde al declinar el día, Bonarre pase base en la. entrada do la.s gargantas de Brias. Sin más apoyo que un bastón, acostumbraba á dar largos paseos á pie, por el gus~o de contemplar nuevamente f'-1 paisaje, evocando antiguos recue:rdos. Había llegado pre.cisamente al punto del cammo en. que. antes so hallaba la puerta del Abismo, desa~arecido hempo ha. También existía enton~cs, sobre el Mumna, un puente de madera., del cual no existía. ni ra.str?, por h~er sido cubierto el torrente en tma extens1ón de eten metros para que pasase ~ ámplio ~<bou.levard». 1 Cuán tgs cambios habían ocurndo 1 Qmén seria capaz de reconocer la antigua. entrada fangosa y negra de la fábrica maldita, en aquel sitio, en el recodo de aquella avenida tan tranquila y aerenn., flanqueada de alegres casas? Y á punto que se detenía un momc_nto, luciendo su gran estatura, su gran bglleza. do ancmno dichoso, tuyo la viva sorpresa de ve.r, ca.ído sobro. un banco, A otro viejo que pa.reda minado por la zmseria., con el vestido andrajoso, ajada la. cara., el pelo en desorden, flaco el cuerpo l ~~ido ior tilda~ 1M fiebrte 4~vo.r&doru. ila!mlll'!lít --- Un pobre!~xclam6 en voz alta, lleno de asol\iol bro. Era, en efecto, un pobre, y haefa ya muchos a.i'ios que Bonna.ire no encontraba. ninguno. Aquel, á la verdad, no era del pais á todas luces. Con los zapatos y los vestidos blancos de polvo, debió haber caído allí, agotado por la fatiga, á la entrada de la. ciudad, después de caminar días y días. A sus pies veíanse el palo y el zurrón vacío, que sus manos cansadas no habían podido sostener por más tiempo. Con aire fa.tiga.do y la vista errante, milfaba á &u alrededor como hombre perdido que no sabe dónde se halla. Profundamente apiadado, Bonnaire dió un paso adelante. -Buen amigo, puedo senrilfle 611 algo?... Es t.á lated sin fuerzas y, al parecer, en un grave apuro. Y como el pobre no respondie!e, la. m.i.tada capan tada errante de un lado al otro del horizonte: - Tiene usted hambre? Necesita m too una. buena cama? Le guiaré á usted y aquí encontrará. ayuda y socorro. Por fin, el a.n<ia.no miserable, de!lroz.a.d&, se decidió, balbuceando en voz baja., como quien habla eonsi.go mismo.: -Beauclair,. Beauclak, es esto Bea.uclAir efectivamente? -Sin duda, Bea.uclairr; está usted en Beauelair, de fijo-declaró sonri~ndo el antiguo maestro pudclador, Mas al ver que el pobre da.ba señales eada vez m& yores de una inquieta sorpresa, llena. de dudaa, com prendió al fin lo que ocurría. -Conoció usted el Beauclair do otros tiempos y quid: ha.c.& mucho que no viene usted por aquí. -Si, más de cincuenta años-respondió el descon cido con voz sorda. Bonnaire lanzó una carca.ja.da. -Entonces no me maravilla. que le eueste 1 u.st~ reconocer el sitio. Ha. cambiado algo... Mire usted. De aqu{ mismo ha dt-saparecido la fábrica del Abismo, y allá. abajo, todo el Beauclair viejo, el C.'l.Serio miserable, se ha de rribado; y ya. ve usted, ha nacido una ciudad nueva, conti11ua.ndo el ParquP. rle la rrt-

35 pa~,.aa tberie, que ha mvadide con sus verdores la villa antigua, convirtiéndose en un jardín inmenso en que lf\.3 casitas blancas sonríen entre los árboles... Natur:"l mente, ha.ee falta reflexionar un poco antes de orlen tarse. El pobre había seguido estas explicacion<"5 volvicn do los ojos á los sitios que el anciano, movido de dul ce- alegría, te designa.ba con la mano. Pero nuevamente movió la cabeza, resistiéndose á creer en la verdad de lo que rro le decfa.. -No, no me convenzo, osto no es Boaucl:lir... Aht están, efectivamente los dos promontorina de loe mon tes Bleuses, entre los cuales se abre la ~Mganta de Bría.a, y también veo, á lo lejos, el llano de la Ruma. fla. Pero no queda má.s. Estes jardines y est~ casas ton de otro país, de un país rico y encantador, que m~ es desconocido... Habré de reanudar la marcha, pues eej,!uramente he equivocado el camino. Hir;o un es!ueno pa.ra levanta.rse del banco, reeo ~endo el palo y el zurrón, y al propio tico,mpo, ama miradas 80 fijaron por prim~r:t vez en el amable y afectuoso anciano. Hasta entonces h:1-hfa permanecido como replegado, mirando va~amcnt.e, hablándose á media voz. Y de pronto, á la. prilffiera ojpada que echó sobre Bonnaire, enmudeció, pareció estrem<'cerse, con gran prisa para. alejarse. Tal vez había reconocido la persona., yr~. que no reeonoeía. el lugar? Y Bonnn.ire se sinti'ó tan impr<lsionado con la llamarada 51'lbit.a qne vino á. iluminar aquella. eara desfigurada., cubierta de pelo, quo la examinó con mayor atl'>nción. Dónds hahfa visto él aquellos ojos ela.roa incendiados por sal vajo violencia. en ciertos momentos? Bruscamente el recuerdo ae lo dospcrtó y tembló á su vez;, rrúontra.s que el pasa.do entero ~Yiv1a. ~ el grito qae salió de 111s labios: - R<'gú 1 Crefa.sele muerto cincuenta afiol ha. No ft;6 acaso f'l suyo aquel cuerpo tan mutilado, hecho añicos que te halló en el fondo del abismo de lo:i montes Blcuses ~~ di& siguiente de la fuga., después de cometido el erimon. 1 Y vivía., vivta. a.ún, Di011 unto 1 1 Hcapa.rocf&, l,,.ti\ rotwr«rl~'m e; tr~.rdlman'- c.:t1 Jnlletf~ ~ne 'lll"f p;.r;: u~ (fa 4el eepujoro cl~pum ele ta.ntat Goa:w eomo k,bf&!l ocurndo, tr4a MnS~~o la so rd.a &1\i uatia de J.o (\le 1\l. Ce<iJ:era ed otro tiempo y ele lo que au~d6rla e11 el por verurl - Ra ú, Rag'd 1 l. eres tú en efecto? Otra Yez tenía el ba.stó.a en la mano, el zu.rr6st i la espa.lda; ~ro. ya que lo bab(a. reconocido á qué wnducfa el se wr adelanto? No cabía. que hubiese equi Yocado el camino. -scy ~o iin duda, a.rnieo Bonnaire; y puesto que todavía V1Ves, aunque me llevas <liez años también puedo vi vk yo, verdad e3 que muy esl.l'op~ado, casi mcompleto. l' luego, con au tono burlón de siempre; '-Pero, me. dá.s tu pa.la.bra de que esto es &tecti.-ao men~e Beaucl<Ur, todo ese jardín magnífico, coa sus P!e~wsa.s c~as? He llegado, pues, a.1 término de mi Vl&Je y no me queda más que buscar una posada rm que me dejen dormir en un rincón de cuadra.. Por ~é volvería.? Qué proyectos se agitaban en aquel ~raneo... tras aquella cara torturada por mu ebos.a.no~ de.vida.vagabunda y relajada? c.tda yez ~ás mqu eto, mva.d1do por el temor, Bonnaire ae lo figuraba ya turbando la fiesta del día siguiente con algún escándalo.. No se atrevi~ á preguntarle, por de pronto. Pero qwso tenerle bajo su mira lleno tambi?n ~e piedad, toca.dg en QJ. cor~uón al 'wrle Gn tal IWsena.. -Aqui no hay posa.d;ts... pero vendrá., á mi casa.. Comerá.s á tu gusto y do.rmírás en una cama..limpia.. Lu~ o, hablazemos, me dirás lo que desea y, si ~ pos1ble, te ayudaré para que quede6 aal.ia!eeho Ra ú siguió brome&ndo. ' -1 Lo que yo doseo 1 Nada, no es eosa qae importe ~ volu_ntad de un viejo men<ligo, mqdio valetud.ma. no. Qwero v9lveros á ver, echar Ele paso una ojeada al lugar donae na.of. Me atormentaba esa idea y no hubiese muerto tranquilo de no volver á pasearme un poco por estos sitioa... No te pa.reco? Eso á todo el mun.do le está ~ermit.ido. i..tio si uen ~i(1..u.d~ librej loa eanunos? e-sin dud~

36 ,_!í ;..;;.; r...)le puje, pmi. 111 ma.rch.a. 1 Oh, hace nn pufiado de aboe 1 Cua.ndo no ee tieaen buenas piernas y se e& reoe de dinero, M!l viaja. despacio. Pero, esi y todo, se llega, pue!to que estoy aquí... Y no ha. y más; v~ mos á tu casa, puesto que me ofreces hospitalidad co J!lO buen eompafiero. Caía la noche, y los dos a.ncianoa pudreron atrav~ Al' lentamente el nuevo Beauclair sin que nadie lea Tie&e. Ra ú seguía asombrado, lanzando miradas á. d recha é uquiterda., desconociendo todos los sitios por donde pasaban. En fin, cuando Bon.naiire se detuvo ante una de las casa más bonitas, bajo un bosquete de hermosos árboles, exhaló un grito, en que reapa.re ci6 su alma de antes: -J Has hecho fortuna., te has convertido en burgués 1 El antiguo maestro pudelador se echó á reir. -Nada de eso; ni he sido ni soy más que un obrero. Lo que hay de cierto es que todos hemos hecho for tuna, que todos somos burgueses. Ragú &Onrió i.!rónica.mente, como si se tranquilizara tu temor lleno de envidia. -Un obrero no puede ser burgués, y mientras WiO trabaja es que no ha. hecho fortuna. -Bueno, bueno... ya hablaremos y te explicaré eso.., Ahora entra. A la sazón, Bonnaire estaba solo en aquella casa, que era la de su nieta Claudia, casada con Carlos Fro ment. Mucho tiempo antes había. muerto el viejo Lu not, y su hija, la. hermana de Ragú, la terrible P6-1os, había. fallecido también el año anterior, tras un riña Qerrible en que, como ella decia., ae le habfa revuelto la sangre. Cuando Ragú supo esta doble pérdida, que en su casa faltaban para siempre su hermana y su padre, tan sólo hizo un gesto, da.ndo á. entender que lo esperaba así, á causa de la. avanzada edad do a.qué lloa. Tras medio ~lo de ausencia, no hay motivo p:na aaombrarse de no encontrar á las cn(.{.s. -Aquí estamos en casa de mi niela Claudia hija de mi primogénito Luciano que se casó con 'Luisa Mazelle, la hija de los rentistas de quienes debes a.cor darte. A su vez, Claudia se ha casado con Carlos Fr~ n1cnt, hijo del dueño de la CrécheM. Procusa.menle ,. a.caban de ltl&rcha.r para. dejar en POl'meriflll, en caa de una tía, á su chiqui1la Alicia, una rapaza de ocho a~os, y no estará;n. de regreso hasta m,a.fiana ~r la noche. Luego, alegremente, concluyó aaí: -Hace pocos meses que los chicos me han tomado A su cargo, para Jnimarme... La caaa es nueetra; come y bebe, y después te conduciré á tu a.lcoba.. MI,. ña.na, cuando aea de di.a., ya veremoa. Ra.gú le había escuchado c0-mo aturdido. Aquello nom?res, aquellos matrimonios, las tres generacionea destilando rápidamente, kj ll6ilaban de confusión. No había manera de comprender, de orientarne en medio de aquellos sucesos desconocidos, de aquellos matrimo nios y nacimientos. Sin hablar palabra, comió ávidamente carne, fiambre y bulas, sentado á. la mesa... 1, a.l?unda.nte, en la sala luminosa que una lámpara el~ tnca inundaba con viva claridad. La sensación de bien estar, de comodidad de que se sentía rodeado, debía pesar gravemente sobre sus espaldas de viejo vagabundo; pues parecía más aviejado, más acabado aún, mientras que, la ca.ra pegada casi al plato, devoraba mirando á través toda aquella dicha que no le pertenecía. Los prorundos odios acwnulados, la fiebre de venganza impotente, el sueño, ya. irroo.lizable, de triunfar al fin aobre el desastre de los demáa, exhalábanse de su mismo ~ lencio, del aplaua.mi.ento que le producían las entre vistas riquezas. Y mientras comía de aquel modo, Sonnaire, nuevamente inquieto de vede tan sombrío, t.m sospechoso, ae preguntaba mercod á qué desconocidas aventuras había podido i.r rodando dllra.ul.e medio aiglo, asombrado también de que hubiese podido sobreviví!' á. ta.nla miseria. -::- De dóude vienes ahora?--acabó po1 preguntarle. - Oh 1 de todas parte~ respondió Ra ú con un eeto ~e abrazaba to<lo el horilonte. - Habrá-3 visto, pues, muchos países, gente3 y co aas?. - Oh, sll En Fr:mcia, Alemania, Inglaterra y Aménca, he paseado IIlli cu,erpo de un extremo á. otro del JllUUdO. Y antes de irse á dormir, encendida la. pipa, conto

37 - ztaa grandn t'ufo. IU er11tencia eje obrero nflma~ll, loo bim~miu cunlra el trabajo, ~~oau y YICUtdo Conti nuaba 1U~r1do el fruto dn.fla.do d~l...-ua,;.,ldo, el jor~l:l l~ro quto suena COD la destrucción del patrono ta.n &ÓIO por orupar ej a~tio de éste y aplastar. á su vez. á sus camaradas. No vela ma.s felicidad que la de ohtcner una cr&ll fortuna y comérsela con la alegria de haber sa.bado explotar la núseria de loa pobrce. Y Yiolento en lu palabras, atmque cobarde aiempro &nte el amo, trabajador mmoraj, borracho incapaz de Wl trabajo se cuido, habla ido rodando de tajier en taller, de comar ca en comarca, expulsado de todas partes, marchfm do.e él mismo cuando le daba la ventolera imbécil. Nunca habla podido ahor1&r un céntimo; en todas p u tee tué su huésped la miaeria.; cada. ai\o que pasaba le trala un descngai\o más. Y cuando Uf!gó la vej<'z, fué milagroso, efectivamente, que no muriese de ba.mbro 1 de abandono, al pie de un hito. Basta cerca de los ee~nta ataos trabajó, obteniendo menudas labores. Lu.! go ae refugió, cayó en un hospila.l, de donde tuvo al fin que salir para dar en otro. Hacía. quince años que se empeñaba fin vivir a.ai, sin saber bien cómo, á mera d de las circunstancias. Ahora. mendtg:lba, hallando por loe caminos el pedazo de pan y el montón de paja quo le eran necesarios. Nada babia cambiado en él, ni la rabia aorda, ni el feroz apetito de conv~rtirse en patrono '1 de cozar. -Pero-replicó Bonnaire conteniendo el cúmulo de pr~ untu que pugnaban por aalirlll á los labioe,-todoa eaos países que has atravesado deben ealar en plena revolución. Ya eé yo que aquí hemoa ido de prisa, qcl) lee hemos tomado la ddaut~ra.; poro por todas pa.rt.e1 le progr<;&a, no ea verd.td? -Si, aí-respondió Ragú con au t.ono burlón,-ea l cha, se procura rehacer la suciedad, lo cual no 100 ha. tmpf!dido morirme de hambre. En Alemania, en Inglaterra, en Améri.c.a sobre lo do, habla presenciado huelgas y sublevaciones t.cni bies. En todos los pa.&t's que ha.bia rocorr1do á la ven tura de sus odios y de su pereza., \'ió dcsa.rroll~ auooso» trágjcoi. Derrumbábauee los ulliiii08 imperios OCU pando au lu &r nueva.a repúbticaa, y la.s fedoracioacfi - ll?... 4e loe pueblos veetnot empozaban bonat lu trodro teru. Era como un dfl"hielo de prtrn.avera.. cuando _lu nievee M tundsn y dt~p.a.rcoen, ponit>ndo &1 des~ub1ec to la tierra fecundada ~n que brotan las eenulla.a 1 florecen en poco tiempo, al amor del sol triunfante. La humanidad entera ballába.se en l'feclo, en plena. evolu eión, ocupada, al fin, en 'fundar la ciudad dichosa. Pero él, m~ obrero, vicioso, e~rno dvscontento, t.íul 16lo b:lbía reco~ido aulrimientos do tala. catá.atrofes, en las ~e so quf jaba de recibir ~olpe.a ain haber lo~rt. do ocn:nón de uqucar, siquiera las bodc~a.s de un rh:o, para beber una vez en su vida todo cuanto le vinierol en gana. Ahora, vicjc> vag: bwtdo, vi jo mcndi~o, so le importaba un a.rilite la ciudad dü justicia y de paz, que uo le devolvería su juventud, ni la da.rfa un palado con t~sclavoa en que pudiora acabar au, ida entre l>la ceres, como lo:» tnona.jcas de que habl~u las bistonas. Y burlába.se ama.rgamcnt.o del es tr1pidu i 'ncro humano que se tomaba tajes fatigas para prop. rar, ~ los bizuie toa del siglo venidero, Wla ca a nlgl) máa limpia qu.<j loa hombres de hoy sólo en e uoii o~ dd 1 u tan. -Duraute mucho tiempo ha bastado ese auefto pa.ra BOr felices-dijo Uonmüro tranquila.mente.-pero lo qu;:, tú dices no es cierto; la. c.a.sa ~t.á ya casi reconstru1da, hermosa, sana, ajc ;re. Maftana. te la ensoñaré 1 ve.ru ai no ~ausa ya go:z:o el ha.bil:trla. Le indicó entonces,que, al día. si~uie.nte, podrfa asiatir una de las cuatro fie~tas del trabajo, que b.adud dcsborda.r la ale~da. ~n Beauclair á la ent.rada de ca.:ja \lllllación. Cada una de ellas distin :uiaae por futej(l» particula.rn, basado& en las c o ndic ione~ de la.slacaúu ruiema. La del día s i ~ui e n le, fiesta de verano, adonli baso con todas las flores y frutos da la tittrra, de!oborda.ndo en una prodi~h.j s a abundancia de riquezas an& das, en un e~tplendor soberano du horizeutea y de foielo en que llameaba el poderoso eol da Julio. Ragú había vuelto caer en su svmbria inquietad, en el sordo temor de hallar al fin roa.liu1tlo en Be&u clair, el an~guo sueño de la folicid.uj social. Seria re~rncnte cterlo q~e, tras haber ~i;: jado por tanto p&l~s que, en medio de luchas doloroaas prcp:uibase á clar á laz la sociedad futura, ib t ~coaln.rla.

38 ~ eui eeta.bledda y-. eu. aquel pueblo, el suyo, del qne tuvo que huir una noche de locura. lic.micida.? Aquel.Ja dicha tan furiosamente buscada en todas partes, se había creado allí, durante su at~.sencia, y su regreso servíale tan eólo para. comprobar la felicidad de los demá~, en el mismo momento oo. que él ya. no podía contar con goce alguno. Y cuando ionnaire se levantó para conducirlo á la alcoba, llll& alcoba blanca cen tra.n lecho bla.noo que olía. bien, le ~ui~ OOn p:lso tardo, sufriendo con aquella. hospi Wid.ad tall amplia. tan fraternal, en medio de su feli z deaaho o. -Que duermas bien... hasta. mafi.a.na. -Si, hasta mañana, si durante la. n.oche no se noa ea.e encima este maldito mnndo. Sin embargo, i Bon.n.llre, que se acostó igualmente, le costó algo dormirse. Ti.l.n.Lién él atormentábaae qu~ riendo averiguar cuáles podrían ser la.s intenciones de Ragú. V arias veces había resistido al deaeo de preguntarle francamente, por temor de provocar una ex: plicaci.ón peligrosa. No era. prefelible reservarse y proceder luego según aconsejaran las cücunstancias? TGmia una esceua atroz, que aquel miserable bagabun do, loco por la. miseria. y el desastre, venido exprt;.l!a. mente para armar escándalo, insultase á Lucaa, insultase á Josina., repitiendo quizá su crimen. Aaf que se prometía. no abandonarle ni un solo msta.n.te al día siguiente, paseá.nuole por doqurera para estar seguro de que no iba. solo á parte al"una. Por otra. parte, en esa idea de enseñarle todas las cosa.s iba envuelta una dis creta táctica, la. esperanza de sobrecogerlo con el eapectáculo de tanta riqueza, de ta..uto poder a.dqurid~, hasta hacerle sentir la inutjll<la.d. d~ la rabia y de la. slibleva.ción de uno sólo. Así que conociera 'bien lo existente, no se atrevería, y su. derrota sería defirutiva. Y al cabo, Bonnaire, se duruúó, rcsu~to á. enia.blar aquella última. lucha, por la armouía, la paz y el runor de todos. A las seis de la mañana &igu.iente, sonó ya el pasacalle de la banda de trompetas, anu..nciador de la fiesta del trabajo de Bea.ucla.ir. El sol estaba. ya alto, a,s. tro de alegria. y de fuerza en un cielo de Junio a<wu. ra.ble, de un azul intenso. Comenzaron á. abrirse las ventana,s, ~ cruzarse tsaludoj entn lo ~rbolet d~ una aua ' otr&j y ~~e~~tf.ue ~ 11i -"4 cómo el ~ populu ~az!: ciudad nueva.. llenaba de a.legri&, IIllenlraa la di. de l!u! trompetas aeguía aonand?, ha.ciendo ~ aurg eeen, de jardín en jardín, los gntos de los nmos Y l.a.s risas de las parejaa de enamorados. Bonna.ire, que se vistió deprisa! halló ya. ' Ragú n pie, bien lava.do en el baño prón.mo y vestido con un traje limpio que la. noche a.ntenor había quedado ~ au alcance sobre una silla.. Un.a. vez repoaa.do, ~~u habfa vuelto á. ser sa.rcll.atico, resueltamen~ de~do i burlarse de todo á no conceder ni el mái mínuno progreso. Al ver ~trar á iu huésped,.soltó la. risita Jnaligna, su risa insultante.:j deapreciativa.. - Dí tú que a.rm.a.n poco estruendo esos brutos con sus trompetas 1 1 Bien fru;tidiarán á los vecinos que no gusten despertar sobresaltados 1 Acaso tenéis lodos loa días esta música en vuestro cuartel? El viejo maestro pudelador prefería. verlo w, y aon rió dulcemente. -No, no. Eg tan sólo b. diana alegre de los diu de tiesta.. Los demás días se puede dormir la ma.ña.nada en un delicioso silencio. P~ro cuando la. vida es buena, todo el mundo se leya.nt.a. temprano, y sólo los enfer JDOS suiren el di~gusto de permanecer en la cama.. Luego, con bondadosa. solicitud : - Has dormido bil.!n?,has eucontra.do todo lo,qut te hacía falta? Todavía. trató R;;.gú de molestar: - Oh 1 yo duermo bien en cnalqui&r parte. Hace años que me ven o acostando en los pajarea, que valen tanto como la mejor cama del mundo... Es como todos esos inventos, eaas pilas de baños, esoa gr.üos de agua fria. y c:iliente, esos calentador-ea eléc tricos que funcionan con sólo oprimir U.1l botón cos.u todas de gran servicio ~in duda, cuando hay' pri_a; pero en otro caso, pre!enhle es lavéu'io en el río y a. lentar~e en una buena. estufa. de las antiguas. Y Vlen~o que s~ huéiped no contestaba., concluy~: -Tené1s demasia.da. a ua en las CMab deben de aer húmedas. ' 1 Q~é blasfemia 1 1 Decir aquello de las aguas corricn tes, btenhechor~, tan puras, tan!~a c ru~, qu.e coust\tuira

39 ... aaa..'i(jj la salud, la tuerza. la alegrla de Beaur.lair, euyu eallee 1 ja.l"hnea ba.t'la.ban con et.ema juventud 1 -El arua es nuestra amiga, el hw buena de DU~& tro destino feliz--dtjo simplemente Bonnait-e.-La verás hrota.r de todas partes y fecundar la eiudad... Vaya, vamos ante todo á desayunarnos, luego sa.ldl'qdloa por ah f. Aquel primer desayuno fué delicioso, en el eomedor inundado de lu3, invadido por el sol de Lovante. So- bre el mantel blan<piísimo, había leche, huevos, fru. tu, con un pan hermoso, tan dorado, tan b1en oliente,!'j& se D.divinllba haber sido amasado y cocido por má quinas perfectas, por un pueblo feliz. Y el a.nciang buésped prod i~aba ' au mi<jera.ble convidado las atun ciones más delicadas, una especie do tierna hospitalidad, heróica y simple, que parecfa esparcir en el aire tranquilo Wla dulzura, una bondad infinitas. Mientru comlan, siguieron h<ábljndo. Como el día anterior, Bonnaire no creyó prudeoto hacer preguntas directas. Sin embargo, dábase cu(;llla. exacta de que Ragú, como todos los crimirwles, volvía al silio donde había eometido ol crimen, devorado por la invencible necesidad de v~r, do saber. Vwía aún Josiua? Qué hacía? T Lucas. salvado de la muerte, la habta reco. ido á 5U lado? Qué había aido, en fin, de uno J otro? Se uramenle, todas estas curioaidades ardorosas brillaban en el llamear de los ojos del v~jo vagabundo. Pero como no héwía alusión á ellas, guardando su S'l creto, Bonnaire hubo de conl~ntarae ~on poner en ej~ cuci~n el plan convenido la Tispera, la exa.l!.ación do la ciudad nueva, y la lonficación de BU prosperidad y de au poder. Y sin nombrar 1iquiera. á Lucu, so p1uo r. explicar la. ra.ndeza de au obra. -Para que te ha a.s car~~. a.rni~o mio, es preciso i Ue te di a dónde ngs hallarnos, antes que te pa.liée per Beauclair. Ahora tocamoa el t.dunfo, la eflorca cencia completa del movimiento que á penas ai se ini ciaba cuando marchaste. Y tomó la evolución en su comienzo, la fábrica de la Crécherie fwlda.da sobre la asociación del sapita.l, el trabajo y la. inteligencia, dh iclida en acc10nes, con reparto 4e beneficios. D~oubrió iu lu~ contra la Fo-9~... otra f~brica, el Abismo, la forma birlja.ra d&l sala~ado, á la c\1.3.1 venció al fin, reemplazándola, eonqws tando poco á poco el viejo Beauclair miserable con la oleada victoriosa de las casitas blancas, ta.n alegres Y dichosas. Luego contó cómo, por imita.ción, por ncce sidad, las demás íábricas de las cercanfm habían venido á fwldirso en la asociación primera; cómo ee habfa.n creado fatalmente otros grupos, el grupo del ve~lido, el de las habitaciones, sindicándose poco 6. poco todos los oficios del mismo género, acercándos~ unas á otras todas laa especies, todas las familias, uniéndose i!ndefinidamente. Entonces, 1& doble eoop& ración de la producción y del consumo habían decidldo la victoria., y al reorganizuse el trabajo con este plan va.susimo, esta aylicación práctica de la t olidarida.d hu mana, había hecho surgir la sociedad nueva.. Trabar jáhase sólo cuatro horas, en tra.bajoa libremente ea cogidos, quo podian n.riar siempre para que no ~ diesell. su atréwtivo, pues cada obrero poseía variot o5dos, que le permitían pasar de un grupo á otro. E tes oficios Q3t:ilian lógicamente oncaden.adoa, como la el!truclura misma del nuevo orden aocira.l, el trabajo r<>r,ulador, única. ley de la vida.. La.s máquinas, a.nt.es enemigas, habíanse con v-ertido en dóciles eaclata., en cargadas de los grandes esfuerzos. A los cua.renta años IJ~ consideraba < "\lo el mclividuo h::tbía pagado IU «leuda de trabajo á la ciudad, y trabajaba en &delante por puro placer. Y mientras que la cooperativa de produ~ ción hacía nacer de esta suerte la. sociedad de juabcia y de paz, basada en el trabajo cons&d.tido por todos, la cooperativa. de eonswno habla hecho dcuparecer el eornercio, rneda inutil, consumidora de energía y de alegria. El labrador daba o.l obrero eu trigo, y recibía el hierro y la.s herramienta.. V arios Alma.oonct ene ralea Cf>ntralizaban loa productos y los dlstribwan di rectamente, segú.n las nccesidndcs. Ahorrábanse de este modo millones y millonet, pues to que ni el ágio ni el robo dlslraian nada en al cambio. Simplificaba la existencia toda., tendtase á la completa desaparición del nwne.ra.no, el cierre de los Tri bunalet 1 de laa prü-.ionea, pua'sto que, por el int.rée riva.do, Do orjj~ l" cu. atiftl'~ J.a_nz:a.o<.lo

40 ... tl'l ~ bnos hombres contra otros con.la locura del fraude del robo y de la muerte violenta. Qué razón habí~ de tener ya el crimen, dado que no existían pobres, ni desheredados, y la paz fraternal afill'id.á.base cada día más entre los ciudadanos, convencidos al fin de ~e la felicidad de cada cual se componía de la feli Cidad de todos? Inmensa paz reinaba; la contribución d~ sangre había desaparecido como todas las contribu c10nes. N o más consumos, no más tributos de ningún género, no más prohibiciones : libertad completa de la producc.ión y de los cambi'()s. Y, sobre todo, después ~e quedaron suprimidos le>s parásitos, los &mpleados mnumerables, funcrona.rios, magistrados, gent:oo de euar. tel 6 de iglesia, que antes chupaban la vida del cuerpo social, habíase producido una enorme riqueza., un amon tonamiento ta.n pro~oso de bienes que, de año en ~o., los graneros, ya msllfreientea, crugía.n bajo el peso Sle~pre ma.yor ~e la fortuna públka. -Está muy b1en todo eso-mterrumpió Ragú.-Pe'ro no importa.. El verdadero placer está en no hacer nada; Y si seguís trabajando, no sois señores. No hay quien D?e t'laque de aquí... Además, de un modo 6 de otro, mempre resuj ta que os pagan; es siempre el salariado Y bétc aquf convertid~, tú que ped1as la entera desaparidón del capital. Bonnaire Boltó BU fi.sa francamente alegre. -Verdad ee, han acabado {>?r convertirme. Crofa en la necesidad de una. revoluclón brusca, de un golpe de mano. que nos hubi~ hecho dueño8 del poder, eon la poses16n del suelo y de todos los instrumentos del trabajo. Pero no hay manera de :resistirr á la fuerza de la ex~eriencia. Haoo ya muchos años que veo aquí la co~qmsta segura de esa juslicia social, do esta. dicha fraternal cuyo suefto me atormentaba. Ahora he adquirido paciencia; he tenido la debilidad de' contentarme con.la c~mquista. de hoy, en la oorroza que ~ngo de la VIctona de mañana... Te concedo sr que aún qu ed. a ~~e h o por hacer; que nuestra libertad ' ' y nuestra )UStioa. no son totales; que el capital y el salariad? debe~ desaparecer por compl to; que el pagto so etal se lilbrará. de toda forma de autoridad y el indi Jiduo eerá Jibl'Q en la humanidad libre. Noeotro1 obr~ ~~~ ~os sencillamente de mme!'3. que los hljo1 de nuestros metos realroen esa. ciudad de la justicia y la libertad plenas. Terminó, en ton ces, explicando los métodos de instrucción y educadón, las casas c"q.nas, las escuelas, los talleres de aprendizaje, el despertar del hombre en.el niño, aceptando y cultiwa.ndo todas las energías pasionales, desarrollándose juntos los nmos y la.s ni fias, anudando más estrechamente el lado de la paref~ amorosa, de que debería depender la fuerza de la e1udad. En eso estaba. el porvenk cada. vez más libertador, en esas parejas del ma.ña.na, que crecían para é!,. con la vohmta.d y la inteliigencia de las faenas demslvas. Cada generación, más libre, más capaz de equidad y.de bondad, traía su piedra á la obra final. Y m1entras tanto la riqueza incalculable de la ciudad irfa aumentando sin cesar, ya que la. supresión de la herencia, conseguida casi por completo, no permitía que se formasen grandes forimlas individuales escandalosas y desmoralizadoras, logrando asf, po~o á poco, que el prodigi'oso fruto del trabaje de todos, pert~neciese desde lu~o á todos. L~ rentas, los grandes hb.ros caían se tamb1 n á pedazos; y los rentistas, los oc1.osos que vi'vlan del trabajo ajeno ó del propio reumdo, atesorado egoístamente, formaban una especie próxima á desaparecer. Todos los ciudadanos eran igualmente ricos, puesto que la ciudad, repleta de trabajo común, libre de trabas, preservada del derroche y del robo, e.monton&ba riquezas sin cuento, cuya pronucción seguramente habría. que moderar al fin. Los goces que en otro tiempo estaban reservados i una minoría pri'vilegia.d~ los manjares exquisitos, las flores, los atavíos brillantes y encantadores que embellecen la vida, eran ahora. lujos asequibles á todoe. #i en el hogar doméatico remaba una gran sencillez, contentándose cada cual co:a la dicha de su casa los edificios públicos desbordaban de suntuosidad ~xtraordinaria, capaces para albergar muchedumbres num&osas, tan cómodos y atractivos que eran, &n verrlad corno los palacios del pueblo, los lugares de delecu;ción en que aperecía vivir. Eran Museos, Bibliotecas, Teatros, Baftoa, 1ue ot, cliv~~d~, limplc. ptrticot Cf\~

41 ... ru.- daban acceso l salas de reunión, de ens ~iia.n&a mút1ia de conferencias que la ciudad entera frecuenl&ba en las horas de descanso. Y los establecimientos benéficos abundaban también: HospitaJes aislados para eada enfermedad; Hospicios en que los impedid~s Y los ancianos en traban liliremente; refu~ios especialmente para las madres y los niños donde mgresaban las mujeres en cinta desdo los meses mayores del embarazo y permanecían después de dar 11. luz! ~llas y los recién nacidos hasta su completo reatablectltrue.nto. Así se.~ petia y afirmaba en la ciudad nueva el culto d~l ruño y de la madre; la. madre, fuente de la etern..a VIda.; el niño, mensajero vi-ctorioso del porvenir. -Ahora-terminó gozosamente Bonna.ilro,-puesto que has cenclufdo de almorzar, vamos á. ver las cosas bg nitas nuel!!tro Beaucla.ir roodificado y glorificado, en todo el e;plendor de la fiesta.. No te perdona.ré ni uno aolo de los sitios interesante.. Ragú, decidido á. no dejarse venoer encogfase de antemano de hombro-, repitilando la.s palabras que ereia decisivas. -Como quieras; pero conste que no s?iw se~ore~ que IE'guía siendo \IDOS pobr66 diablos Bl conh.nuáu trabajando. El trabajo es vuestro amo y no habé1s pa aado de la categoría de un pueblo de escla:vos. A la puerta esperaba un pequeño carruaje eléctrleo de dos asientos. Los había, semejantes á. aquél, á la di!posición de todo el mundo. El antiguo maestro pu dela.dor que, no obstante su avanzada eda~, habí.a conservado la vista íirrme y el pulao ~<'guro, hi%o sub1r á IU compafiero y se insta..l~ él para guüu. - No irás á estropearme más de lo que estoy, eoa eeta máquina, eh' -No, no tengas miedo. La electricidad me _eonoce, Hace años que nos llevamos en bura.1. comp1.ñ1a. Decla esto con tono devoto y enl.ernectdo, como si hablase de una d.idln.idad nueva, de un poder bienhecho.r de quien la ciudad derivase lo mejor de.u prospen dad y de su al~gria. -La encontrarás en todas partes, cn.nde y aob$rana energia, sin la que no bulieran pod.jdo cwnplirse muchoa pro"resos ráp1doj. Es ra la ÚOJCa iuer~ guo ~... ~ ;..;..,. a1imenta nuestras máquinab; y no sólo funciona. en los talleres comunes, sino que va á domidlio y mu~ ve los artefactos privados; es la trabajadora domes~ cada de que todo el mundo usa para las má.s ínfimas labores, con sólo dar vuelta. ú oprim.i!r un botón. Se da.vuelta. á una llave y nos ilu.millla; se da á. otra y nos caj1enta. En todas partes, en el campo, M la ciudad, tanto en la calle como en el fondo de la.s habitaci~>nes más modestas, está presente, trabaja en silencio en v~z nuestra, es la naturaleza domada, el rayo hecho stcrvo, del que depende nuestra felilcidad. Ha sido preciso fabricarla en cantidades incalculables, disponer de ella. como ~el aire, gratuitamente, por el placer de resp1rarlo, sm ~mor al derroche, ~a cual fuere el gasto loco que de él hagamos. Y á. lo que parece, todavía no hay bastante ; el antiguo duef\o de la Cr6cherie dice que todavía trata de darnos más,! fin de que podamos encender durante la noche, sobre Beauclair. un astro que reemplace el sol y haga brillar entre noaotros los resplandores de un dfa eterno. Refasc de todo corazón, con la esperanza de ba.rre.r para siempre las tinieblas, mientras el caltilajito se deslizaba por las amplias avenidas, con marcha rápida y dulce. Su proyecto era de ir hasta Combettes an tes de recorrer la ciudad, mostrando en primer término. á su camarada la magnífica. posesión que había camb1ado la Ruma.ña. en un paraíso de fertilidad y de delicias.. AqueUa mañana de. ~esta lo animaba todo J los cammos.tenían una buuijcios& alegría bajo el sol herm<>5o y triunfador. Otros ca.rruajitos, en infinito nú mero, los recorrían y de ellos salla.n cantos y risa.s Tam~ién pa.saban muchas gentes á pie, de laa al~ próximas, la mayor parte en grupoa, chicos y chicas endomingados que, al pasar, sal u daban gozoa:tmen te al ~ciano, al as~ndie nte cabeza de familia. 1 Y qu6 cultivos tan admirables se extendían á. ambo ladoa del camino, extensos campos de trigo cuyo término no se veía, mares de trigo de un verde intenso, pod.er<;>so 1 En!'e.z de las antiguas partijas de tierra, <livi did~ avan~1osamente en trozos pequeños, de una in ten dad ética d auelo m&j nutrido y mal cultiva.do, Xrabejo-Tomo II-15

42 ~~~ el llano en.tero fonnalm u.n sulo é inmenso campo, abandonado, labrado, por manos asociadas y ricas y en el que la solidaridad de los hombres, ya. reconciliados, habían provocado una fecundidad formidable, co 6ech,a., gigantescas para un pueblo equi tativo y fraternal. Cuando la tierra no era. buena, ~ la rehacía, dándole, por procedimientos químicos, las cualidades,que le fa.l taban. La calentaban, la abrigaban y mediante eultirvos intensos, recogfa.nse dos cose'chas, Ic (Umbres y frutas en todas las estaciones. Gracias á las máquinas, ahorrába.se el esfuerzo humano y leguas de terreno laborable llenába.d$e como por encanto do mieses. Pensába$e Sutcluso, cm mandar á 1M nubes, dirigirlas á la voluntad, merced á extensas corrientes eléctricas, de manera que, desde luego, se obtuviesen los días de lluvia 6 de sol conforme á. las necesidades de la agri.cultura. Después de haber conquistado la tierra; el hombre liba á conquistar el cielo, ometienj do á los astros. En los dia.s de tiesta solemne, 1ilmpiaría. el cielo azul, dándole un azul más ámpli'o é inten ~o, y brillaría lilbre el sol, como una lámpara. suspen dida en el techo de un salón ilnmenso. Y desde luego, ya aquel día, para aquella fiesta dal Trabajo, á la en tra,da del estío, el sol llameaba con esplendidez des lumbra.nte á lo largo de los caminos cuya alegre blan cura serpenteaba entre la.s sábanas ondulantes de los altos trigos verdes que se perdfan en el horizonte. -Ya ves, amigo mío-añadió Bonna.irc, con un gesto ~e abrazaba todo el ámbito de la llanura---sil tenemos pan. Es el pan para todos, e! pan. á. que se adquiere derecho con solo nacer. - Oáis también. de eo,me.r 6. loa q'ue no trabajan? preguntó Ragú. -Claro que si... Pero sólo los enfermos y los imr~ Clidoe no trabajan. Ttlmcndo salud, se aburre uno de estar parado. 1 Atravesaba entonces el carruajito por entro los huer tos; y era una delicia contemplar aquellas fllas in ter ;minables de cerezos, llenos de frutos rojos. Hubiérase dicho que eran árboles encantados, cuyos racimos ju~aban y reían al sol. Les ajbaricoques aun no estaban ma ~Qa_ loa ~an za.uot l p_~ra.l.c1 fio dol1l;wan bajo el ~~~&S f>h~ ae BU carg~ TCI"Üe aún. Era un& prodigalida.<l nfft~ ordinaria, con la. que había pa.ra da.r postre á todo Wl pueblo hasta la próxima pri!lllavera. -El pan para todos no es mu~a. eomida.-dijo 1\a ü irónkamen~. - Oh l-replieó Bonn~ bromeando igualm'en~, a.fia.l ~mos algo de postres. Ya ves, no será. por falta de fruta:.: Llegaron á las Comhettes. La aldea. miserable había <lesa.par()cido y entro la vegetación elovában.se blan. ea.s casitas, á lo largo del Grand-Jean, el arroyuelo i:n fecto de antes, ahora canalizado, portador de agua pu" ra., una de las causas de la fertilidad que por tod~ partes rodeaba. Ya no era el antiguo campo abando n a.do, sucio y.miserable, en que los aldea.noil vegetaban aiglos ha, con la te.rca limitación de la rutina y el odio. El espíritu de verdad y de libertad había pasa,.; do por allí, habíase CUinplido una. evolución hacia la ciencia y la armonia, iluminando las inteligencias, reconcilimdo loa corazones, trayendo consigo la 1alud; la riqueza, la alegrla.. Desdo quo tod<hj habían contenido en asociarse, había.se fundado la dicha de cada cual1 ti nunca se bahía cumplido más victorioaamente una ex perienci:a más decisiva; la lección de las cosas reía ed.' Combettes, con sus casas aisladas, de la.s que aalía ~ perfume de familias felices, de risas y de canciones. - Te acuerdas do la antigua Combettes?-preguntó Cle nuevo Bonnaire,-las casu cb~ ruinosas entre el fa.n co y el estiércol, los labradores de mirada fiera, que "e quejaban de morirso de ha.mhre? M:i.ra lo que han ~onseguido. Pero en su envidia enhaje, Ra~ no quería dejarse tonvencer, esperando descubrir á pesar de todo, ea alguna parte la desgracia., aquella maldición de tra 6 bajo que, por largo atavismo de esclavo, perduraba eñ u sangre de perezoso, de asalariado remachado en s~ ~ en a. -Si trabajan, no pueden ser felices-repitió obsti rtad:lmente.-su felicidad es enga!losa; el bien supr~ Jno conaiste en no hacer nada.. :X él, que hablaba mal de los cura.s antaño, o.tiadió1,....n() di~ ol uttc.l~o que Ql t.rabfjo ~ ~ ~

43 ,..~~ ltgo, la &egra&\clón ~~ bombre? Lo que Tan al paraíso, QC'jan de trabajar. A la roelta, pa..mron por delante de la Goerda.che, uno de los jardines públicos de la ciudad nueva., ~en~ siem~re de madres Jóvenes y de una. nube de chlqm llos JUguetones. El amplio edificio, a1m. m&yor que antes, seguía sirviendo de luga.r de detcanso. á.1<13 recién: paridas, que allí agu.a.rdaba.n á PJU rostablccmuento com pleto, entre las flores y los grandes árb.oles. Era ~ pooesión magnifica., uno de aquellos antiguos palac1os que el pueblo había. heredado legílima.mente, donde al fin se encontraba como en casa propia, on natural so beranfa. Animábanse las praderas ron macirzo1 llenos de perfumes y las alamedas profundas perdíanse bajo la elevada bóveda de ramas, deliciosamente sombrías Y. silenciosa.a. Y en a,quella.s majestuosas calles de árboles; por donde en otro tiempo corrían las partidas de caza. las madre, vestidu con tre.je11 claros, hacían rodar aua.',.emente cochecitos dq niño, 6 reían con los pequeñuelos. - Quó me importa-dijo todavía Ra ú,-un lujo y un placer de que &e aprov~ha todo el mundo? Desde el momento que no ea pa.re. mi 10lo, ya ~ parece tan bueno. Pero el ca.rrua.jito lleg'ufa. marchando, 1 Tolviendo ~ entrar en el n.oevo Boo.ocla.ir. El aspecto general de la. ciudad reconstruida. era propiamente el de un. in menso ja.rdín, en que las easa.s se ha.bían esparc1do, naturalmen te ~ entre la. vegetación, eomo necesitadas de aire y vida libres. En vez de estrecha.rse unas con otras, «omo en 1M époc.as de tiranía. 1 de terror, las euas parecían haberse dispersado buscando ma~r paz, más salud ventu.ro.a.. Loa aola.res, puestos en COJ mún, nada ~tahan, exoondiéndom de un promonto rio al otro dg los Montes Bleusea. A. qué conducía &1 amontonamic'nto, si el llano daba mucho de sí? Aca 10 es mucho para una familia disfrutar unos miles de metroa cuando h&y tantos territorios ci~habitados en el mundq? Cada uno había. escogido au lote, y lueeo edificado A au gusto. Nada de alineación amplias avenidas que cortaban los jardines para facilitar la.s eomunicadon~ y en medio de loe árboles, laa casluj, i capricho dt ca.cla. funilia. Unic~to advertiue t... ~~ o.;;iij todas, por muy diferentes que fuesen au orl~nta.el611. y au distribución, cierta fiaonom.f& com.úu, un &re a.cen 4 tuado de limpieza y de alegría.. Especialmente, ad~rná. banse todas con cuarzos y azulejos de eol~.res Yl;vos; tejas esmaltadas~ caballetes, marcos, entrepanos, fri~os, cornisas, en que el azul de la correhuela, el amarijlll) de los dientes de león, el rojo de las a.ma.pol3:1, seme ja.ban grandes ramilletes floridos entre los macu:os ver des do loe árbolea. Nada. más alegremente encalltadort sentfaao a.lli la rena.ci<'nle florescencia de la estética po pular, algo de esa belleza á que el pueblo tiene dere. ho y quo su genio lilría desenvolvien do, en cosecha de obr...s mae-stras. Luego, &n las plazas, en las en.crucij::tdas, el~:tvábanse los monumentos públicot, ialmensas construcciones en que el hierro y el acero triud.faba.n en a.rm~ duras atrevidas. La. ma.gnincencia compcn íase de 16Ill:l llez, de lógica adaptación á los usos de 1a3 ~osas, inteligente grandeza en la elección de los ma.tena.les y de la decoración. El pueblo entero debía en.con~ra~ a!li como en su casa. propia; los Museos, las Bibhotecas, los Teatros, los Bru1oa, los Laboratorios, 1a.s Sal&S de re unión y 'de diversion,es, no eran más quo casas comun.es, abiertab á todos los ciudadanos y en las que so Vl,.a libre fraternalmente, la vida social. Comenzaban, en bo~ejo, ensayos de pórticos, trozos do aveni~a.cu.. bierlos de cristales que so pensaba calentar en tnvter no, para hacer posible la circulación G6moda ea los di-. de grandes lluvias 6 frloa. Ahora Ragú daba ya, á pesa.r enyo, muestras de sorpresa; y Bonna.ire, vi.én.dole &bsolut.a.m.ento desori~ tado, se echó á reir. - Ah 1 No es cosa. fácil reconocer los antiguos si ti os... N os hallamos en la. antigua. plaza. de la Alcald1a, ya te acordarás, aquella plaza cuadrada. de la que partían las cuatro grandes calles de Bria.s, de Formerics, de Saint-Cron y de Magnolles. Sólo que como el e~ ficio da la a.lcaldia se venía. abajo de puro viejo, lo hemos demolido, así como la escuela. primitiva. ell. que tantos chiquillos se embrutecieron bajo el poder do la palmeta. Y aquí tienes, en vez de aquello, una serie do grandes pabellones, loa La.boralorioa de qufmi P.'\ y de tisi~ 6Il ~o tien~ ~nt y}~ lll1m wdoj ~ de

44 ~-!!'!!!~ Wi~ para &atu.<ua.r, para h:aoor experl.mi&nlo~ eb&n.. do creen haber inventado algo útiil. á la comunidad. La.s cuatro calles ~ han tra.nsformadg demoliendo e& suchas, plantando árboles; y sólo han. quedado laji an. tigua.s easu burguesas en que 1~ enlaces de fa.millia. han venido á in,stalar nuestros descendientes, á. lo~ hij~ de aquellos pobres m.a.ricas 'd.e antes..con esto, Ra.t{ú acabó de orientarse en aquel viejo 1 hermoso barno de Beaucl~, el manos transformado; naturalmente. Fu6 prec.i.so, iíll embargo, que Bon na.ire siguiese aenal.á.ndole al pasar las transformacio. nes decisirvas, debid~ á. la victoria de la sociedad nue va. Habíase conservado la sub-prefectura, añadiéndole dos alas para instalar una. biblioteca.. Ig~men.te, el 1uzga.do se había convettído en Mu;;eo, la Cárcel nueva, con sus celdas, se pudo convertir, sin grandes gastos, en una ca.sa de baños, en. qu.e abundaba. el agua que eurgía. de las fuentes. El jardín, plantado en los terre nos de la. iglesia que se derrumbó, t.enfa ya hermosos sitios sombríos alrededor del pequeño lago abierto en el sitio mismo de la antigua. cripta. subterránea. A medida que tendían á desapa.reoor las diversas auloiidadl!s, a.dministrativ~ y represivas, los edificios volvfan al pueblo, quien disponía de ellos para, su bienestar Y. alegría. Pero al desandar lo &n.dado el cochecillo, subicnuo una avenida a.mpl.ia y hermosa, Ragú ae d<.:sorientó pueva.mente. - Dónde estamos a.llora? ' --En la antigua calle de Bría..s--reapondió Bonnaire. --su aepecto ha cambiado mucho, en efecto. Como el comercio al por menor ha desaparecido completamente las tiendas se han cerrado un:\ por una y las ca<;as viejas han acabado por ser demolidas, dejando su sitio á las construcciones n uevas, tan risueiias entre las espineras y las lilas. Y allí, á. la derecha, hemos tapado el Clouque, alcantarilla venenosa iobn~ la que ahora pru a la. ala medo. de esta avenida. Siguió evoeando la estrecha y negra calle de Brfas con su piso silempre enlanga.do, su continuo pataleo de rebañ(. Arrastraba. allí su fatiga el trabajo lívido 7, ~r~d9 _j l!jlt vagaban.o.r la p,~e ~1 bwll... l>re 1 la prostitu,ción; las amas de cal U pobre; NJodl rrian alli tienda por tienda, afanosas, en demanda <18 mezquina venta al fiado. Allí reinaban los Laboqu~ ~brando su diezmo de los compradores; allí Ca.ff:iau.snvenenaba á los obreros con su alcohol indtatria.l 1J el carnicero Da.cheux vigilaba au carne, la. ca~e aa.1 grada, alimento de los r:iicos, mientras C{Ub la h~oaa panadera, la buena señora.mata.ine, era la únka. q~ cerraba los ojos ií desaparecían de s~ escaparate un pan ó aos los dfa. J en quo á los pilla.elos de la calla le apretaba el hambre. Pero ahora el suelo estaba lim~ pío de tanta suciedad y de tanto sufrimien.to; un ~W-~ plo libertador había arrebatado las üoendajs, en que I pobreza de todos se agravaba con las ganancia3 del comercio, rueda inútil, devorador de riqueza y de fuer za. Desfilaba ante ellos la avenida, en,sanchada, 11a.1 neada, inund:tda ~r el sol, sólo con casas de traba~ jadores felices, ~tras que la 'muchedumbre reía y cantaba, en a.gu.ella. ~le~de.ntg maflana de fiesta triun fal. -Pero entonce~:x:clamó Ragú,--si por aquf ~ curre el Clouque bajo esos taludes llenos t..; biorbaw el antiguo Beauclai!r estaría allá abajo, en el sitio dq ese parque nuevo, en que sq ven, m~o ocy)ta por ~ fu'boleda. blancas fachadas? Estaba ~ fin sorprendido. Era en, efecto el antiguq BeauclaJr, el montón sórdido de casuchas levant.ad.u en medio de un pantano naus.mbundo, con las ca.lle:j &in sol, sílll ventilación, apestadas por un arroyo cen~ traj. En aquellos nidos de m.iseria y de enfermedadett a.montonábase el desdi?hado pueblo traba~ador, agon.iz~do d~e mucllos s1glos a.trá.s, bajo la terrible ini qmdad soc1al. Acordába.se especialmente de la calle de!83 Tres Lu.na.9, la más obscura, la máb estrecha, la má ~nm:unda de todas. Y hé aquí que una. bocanada de JUsticia y de. venganza había purificado b. cloac&, II.ITU trando consjgo aquellos abominables escombros, sem.. brando en su lugar árboles, arbustos, habit.uiqnes en ~e la salud y!a a.le~ría. h.a ~ían ermina.do. Nada qu& dab~ de la a.ntigua Ignom1rua, d~ aquel presidio <fwt destilaba su veneno á. cielo abierto como una úlcera $!9 1rsí.i ~~eia.di ~ ~qert&\ 4t ~ ~~Q.ruL ~a 11

45 ... m...o~ Juaticla. habfa ruelto A La vida; 1 también eraa rilu 1 can toe Jo que salía de las caaas, llenando las a.mpliaa YW nuevas, henchidas de una juventud bulliciosa.. Divertiase Bonnaire con el asombro de Ragú, pa eeá.ndolo lentamente por Ja.s calles nuevas de aquella dichosa ciudad del trabajo, todavía más bella en aquel día de descanso y de fiesta. en que todas las casas ha llábanse empavesadas, ha.ciendo rostallar á innpulscj del ligero viento matutino, banderolas de vivos colores, á la vez que adornaban las puertas y las ventana& telas llamativas.. Loe umbrales estaban cubiertos de rosu, nacidas en los extensos campos próximos, que la ciu dad entera se podía a.dorna.r con ellas como una mujer el dia de au boda. Por todas partes resonaban músi cas; coros de muchachas y muchachos que se espar cían en grudes ondas sonoras; voces puras de ni ña.s subían muy alto, perdiéndose en el aol, y el lím pido, el alegre sol también se unía. á la fiesta, t<>ndiendo inmensas bandas de oro de amplitud infinita bajo la bóveda suntuosa del cielo transparente, de una apa rienda sedosa hermosamente azul. La población entera comenzaba á echar86 á la calle, vestida de colores claros, adornada con telas preciosas, que antes eran de puro lujo y ahora estaban á dispos1ción de todos. Modas nuevas, muy sencillas y magnííicas á la vez, prestaban singular encanto á las mujeres. Desde que la moneda babia ido desapareciendo lentamente, re eervábase el oro para las alhajas; y todas las niñas recibían al nacer collares, brazaletes y sorti1as, como los chiquillos de antaño recibían juguetes. Ya no t& nia.n valor esas joyas, convertido el oro lleilcillament..e en belleza; de igual modo que bien pronto, los hornos eléctricos producirían diamantes y piedras prociosas ea cantidad incalculable: sacos de rubíes, de esmeraldas, de zafiros, con los que habría bastante para cubrir A todas las mujeres. La.a novias que pasaban cogidn.s del brazo de $US novios, mostraban el ca.bollo cuajado d.e estrellas vivientes. Y sin cesar pasaban parejas, prometidos del amor Hbre, esposos de veinte años que se habían escogido mútuamente y que jamás se septv rarian~ matrimonios e.n.vejecidoa en el afecto, con lu f!ll!ifm... ma.n08 más estrechamente enla.zadas! meclida. qae Lraas ourrían los &ños. ~ Dónde van ahora todos esos?-preguntó Rag11. -Se visitan mútua.mente-respondió Bonoaire,-invitándose para la gran comida de esta noche, á la cual asistir~n. Muchos no van. á. ningún lado, len á tomar el sol, Tiven al aire libre las horas de descanso porque están alegres y &e encuentran como en su propia casa. en estas fraternales ca.lles hermosas, AdemAs, hoy, hay por doquiera diversiones y juegoa, naturalmente gra tuitos, porque la entrada en todos los establecimientos públicos es li1bre. Esas turbas de niii.os que ves, van á los circos, mientras qu.e otros grupos de gente a.cude i\ las reuniones, los espectáculos teatrales ó 3. los conciertos... Los teatros se destinan á formar parte de la initrucción y la educación sociales. Pero bruscamente, á tiempo que pasa.ba ante 'Ull:>. casa cuyos habitantes iban á. salir, detuvo el cochocillo. - Quieres nr una de nuestras cuas nuevas?... Precisamente estamos en la de mi nieto FeliCJ.a.llo, y pueato que aún está a.h.1 él, nos recibirá. Feliciano era hijo de Se, e:ino Bonnaire, casado eon Lui~ hija de Azulina y de Aqw.le:t Gourier. A au vez, Feliciano habfa..se casado quince dia.s antet con Elena Jollivet, hija de Andrés Jollivet y de Paulilu Froment. Pero cuando Bonnaire quiso explicar á Rw g? esta geoeolog!a, hizo éste un gesto como de qu~ n p1erde la cabe~a co!l una complica.ción tal de enlaces. El nuevo matnmoil)() era encant.a.dsr, ella. muy joven. de una adorable belleza rubia, él, igualmente rubio, ~to y fue~e. Su casa, en que no podia haber todavía mfios, respjiraba amor, con eu.s habitaciones cla.raa ale gres., su mueblaje n~vo de una elegancia sencilla. Áquel dia, además, h.a.llába.se cubierta, como las callea, de l'<!sas; porque pa.rec.ia que aobre Bea.uclair habfa.tl llo Vlio rosas, que se veían por tod..u parles hasta en los.tejados. Visitaron la casa entera ale 'rem nte y volvleron á la habitación que servía de taller UJU gr~. sala cuadrada en que había un motor e.lé~trico. Fehc1ano, que era por vocación tornero de metales aparte 1~ ~ ó Cu..llro oficios ~ue e~cía á ~ Yez{

46 t1.112jim1 preferla fraliajar ea SU' casa; y lo mimo les ocurrfa á muchos camaradas de tm edad, eef'lalá.ndose en aqu.e lla generación nueva. un movimiento en el sentido del trabajo á domicilio, libre, amo de fabricación, con in dependencia de los grandes talleres sociales, bases ne cosarias, hasta entoncea, de la. ciwlad. Para esos obreros indmduales, la. fuerza. eléctrica serv!a. á. maravilla.. La tenían en su ca.sa. CQID.O el a ua de las fuentes. Sig nificaba esto el trabajo cómodo, qu,e ae puede realizar en el hoear propio, con limpieza y a.in fatiga.; y cada. casa trocábase en u,n taller de familia, ep un lazo más que agrupaba las energías en el hogar: e trabuja.dm: enteramente lib~ en la cinldad libr&. -Hasta la noche, hijos mios-dijo Bo.n)l,aire deapi. diéndose.- Venis á comer con nosotros? -No, abuelo, imposible por hoy. Vamos á casa de la a.b-uela Morf~n. Pero á. los post:cs a,soma.remos por allí. Ragú subió de nuevo al carruajito sin desplegar lo! labios. Había visitado la casa sin hablar nada., detoniéndose un instanto frente al motor eléctrico. Y totla.v-ía. legró sobreponerse á la. emoción quo acababa. de sobrecogerle, ante el espectáculo de ta.nta. comodiuad 1. tanta dicha. ma.nllfiesta. -Convengamos en. que esas casas donde en la IDGjor habitaci'ón hay u.na máquina, no son casas de bur guescs ricos y feli-ces... Concedo que vuestros obreros están mejor alojados, tienen más agradable vida des do quo ha desaparecido la. miseria. Poro no dejan de ser obreros mercenarios condenados al trabajo. En otros tiempos, había, á lo monos, algunas grnles felices, los privilegiados que holgaban siempre, y todo vuestro pro greso consiste en que ~ pu,eblo entero.,& om.brutez~ en la esclavitud com.ún. Bonnaire se en.cogió &e hombros ante aquel rito desolado de un devoto de la. ~za, cuyo culto se <101 rrumbaba. -Entendámon os, amigo mío, qué es lo que tú lla. mas esclavitud? Sil respirar, comer, dormir, vivir, en fin, es esclavitud, la. hay en el trabajo. Puesto que vi ves, preciso es que trabajes, porque no podrías virvir ~ hor!} Ein tra.baia.r u P9ro y:~ habl~~>mo~ (\o ~oj >1.4 llora Yolva.mo' A ca.sa para. almerza.r; 1 luego ~tr'el tendremos la t.a.rdq visitando los taller~ 1 Loa llolid6r' een~. _, t u Tenninado el almuerzo, continuaron, en c ec o, 8 excursión, á. pie, como quien da un. paseo. Atra.vesli' ron la f~brica entera., con su3 talleres bañados por el sol en los que el aco.ro y loa cobres de las nuevas IUÍ. ~ inas relucían como joyas. Y ~quel ~ habían v~ nido los trabajadores, en bandos de cj:icos Y mue~ cha.s, á adoru.a.r l a.s máquinas. con gulmaldal de ramaje y rosas. No eran también ellas de la.úost~? Puesto que ésta se celebraba. en honor del trabajo; había que festejar t.a.mhién á aquellas poderosas obre ras, tan suaves, tan dóciles, que aliviaban la. t.a.rea. de lo.s hombres y de los animales. Aquellas rosas con que adornaban las prtnsas, los martillos enormes, la.s garlopas gigantescas, los gra.tldes tornos, los grandes laminadores decían cu..áa acliivo se había hecho el trabajo, cómo' había. ~legu.do á convertirse en ~ie.neslar del cuerpo y g~ del ospiritu. Sonaban canciones, se formaban rondas, y CA medio de risas se organiza. ha. Wl.a. danza que poco á. poco se corrla. de taller en taller y acababa de lra.n.sform.ar toda la tihrica en un inmenso lugar de regocijo. Impasible todavía, Ragú se paseaba. levantando la vida. hacia. 133 altas vidrieras inundadas de sol; con templaba el pavimento y las paredes, de claridad bri liante, y se interesaba. por las m.á.qu.in.a.s, muchas de las cuales 1~ eran desconocidas, colosos formados por complica.dos sistemas de ruedas, capaces de desempe ~ar las anti uas faenas human~, las m,..s rudas como las ~ delicadas. Las había dotadas do pierna..s, bra zos, p1es y manos, para. andar, para abrazar, para e. trec.bn.r y manosear el mew, con dedos tl~.ribles, á iles y fuertes. Le llamaron, sobro todo, la atencjón. los nuevos hornos de pudelar, aquellos hornos dondo el.braceo se ha.cía. med.n.icamen!.o. Er& posiule que sa.hera flsí da bola.., complelamen~ preparada pan. Lr al martillo cingla.dor? Y la. electricidad, qua hacia ro dar los puentes, q';le sacudia. los monstruosos pilones, que mov~a los lanunn.dores capaces de cubrir de rieles t' rl.l\ ll\ t.ierr~ 1 ~ toja ~artes 10 ItOU>.ba. 1 pr,_

47 -- ~..., de aquella e~tricidad aobera.na; había aeaba.do po~ ser la misma sangre de la fábrica, circulando de un ~ tremo á otro de los talleres, dando vida á todas lu oora.s, convertida en la. úd.ioa. fu.enb!l de movimienlo~ de calor y de luz. -Sin duda.-demó oooceder Ragú,--8to etsl!. muy bien; es muy limpio y muy grande; Tale mucho más que nuestr~ sucioa agujero de otros tiempos, en los cuales estábamos como cerdos en dornajo. Cierto que se han realizado progreaos; la lástima es que no se haya podido encontrar todavía la manera de dar cien mil franco.s de renta. á cada. ciudadano. -Los tenemos, tenemos esos cien mil francos de. renta~o.ntestó alegremente Bonnaire.-Ven á. verlo. Y lo llevó á loa almacenes generales. Eran inmenms granju, inmensoe graneros, immensas aala.s de 1-eser va, donde se aglomeraba toda la producción, toda la riqueza de la ciudad. Ds año en año había habido necesidad de agrandarlos; ya no se sabía dónde colocar la.a cosechas hasta se había aminorado la producción de objetos fabricados pa.ra que no se produjera una aglomeración exceswa. En n inguna parte se comptt;n d1a mejor la incalculable fortuna de que era capaz un pueblo, cuando desaparecían los intermediarios, los ladronea y los ociosos. Ú\ nación entera tra.b:1jando; con su jornada de cuatro horas diarias, amontonala una riqueza tan prodigiosa, que á todos los habitanlt s lea sobraban toda clase de bienes, sathfac.ían todos lús deseos 1 desconocían deadq e.n.t.onoois la. envidia., e! odio 1 el crimen. -Hé &qui nuestras rentas-replicó Bonhaire.--Cada uno de nosotros puede sacar de aquí sin llevar cuenta. Crees que esto no representa para cada uno cien mil francoa de vida felia? Cierto que todos somos igualmen te ricos, y eso, tú lo has dicho, á ti te aminoraría el placer, porque no aprecias la fo rtuna más que cuunuo la sazona la miseria de los demás. Pero nuestro sistema ofrece en cambio, una ventaja, y es que no se corre el riesgo de que le roben á. uno ó le asesinen cualquior noche en la es~a de una calle. Indicó t.a.mlnén que empezaba 6. n otarso un moyi JQ.i'nto fll.era. de loa almacenes gen 'ra!etl;, ~ b.io ~,.a élirecto & productor i productor, que vcnj:l sobre iodo de los pequeños talleres de familia, de laj!j máquin~ á domicilio. Los grandes talleres, los grandes o.lma.cc ~s t ociales, acabarían quizá por desaparecer un día y su desaparición constituiría un. nuevo paso ha..cia la libertad, hacia el Í!Ildividuo soberanamente libre en la hu p: anidad libre. Rag~ le escuchaba trastornado poco A poco por a.qu~ lla fehcidad conquistada., que hubiera querido noga.r todavía. Y no sabiendo cómo ()Culta.r el trastorno de ~u inteligencia, exclamó - De modo que tú á estas hora.s eres anarquista 1 Esta vez Bonna.ire demostró ruidosamente au fllegría. - Oh, mi buen amigo 1 Era colectivista y me has reprochado el que no lo fuera ya. Ahora me haces anarquista... La verdad es que ya no somos zuda desde el.dfa en que se ha re&lizado el ensueño común do fehctdad, de v~rdad y de justicia... Y ahora que ~e. acuerdo, ven A. ver algo m,á.s pa.ra. acaha.r nuestra VlSlla, Le. llevó tras tos almacenes genernlea, justamente al p1e de la rampa de lo3 Montes Bleusca al sitio d?nde L~ge había instalado antaño sus h~moa ru d1mentan<>t! de. alfarero, en un cercado de piedras,. c~s, una espec1e de barraca de artesano libertario que nvía fuera de las costumbre& y de las lo es H~ se elevaba allí todo un vasto edir;,_ 1 0 "'"" fyáb.. Y abl d. a"~;... nca con- 81 er ~ e cerámica, de la cual s.a.lfan 10! ladrillos Y. las te)as e~majt.adu, la.s mil decoraciones de coloree VlVO! que adornaban la ci dad t r -- bía decidido á!o.? ~ll er~. ~ e se h.l.- tancias amistosas ~~ disclpulos, cediendo t lu insce.r n;t poco. de c;id~f :i: c~~~~o e: 1~!.':,&~ mlsena. Al fin, puesto quo en el ueblo fj vamente la alegría., también iba él pá d orec!a aue sueño dc 1 ar brotar d po or roa.hz r S1J 1 ll e su mano las «lerra tla.a b a.:na; l:t~n las e~tg~ de oro, los azulejos, y ~' 'i ~ac~:d:.tf~~.;;~ ~a ~:n;: i_~d~:.. t~~f.":o~~ lot -"a.ba.jdo~a li~o ~ Oludnd, la ciudad Jelia r eenol>lecid t: dt

48 ~ ~ls- 8U8 grue~o ' dedos de obrero g~mial, había lalldo 1 clila:> t!ndose, la belle.za, un arte admirable que verua del pueblo y volvía al pueblo; toda la fuerza 1 toda la gracia primitivas. No había renq,nciado á los objetos más humildes, la simple arcilla, la vajilla de cocina y de mesa, las marmiw, las tarteras, los cántaros, los platos, de forma y de color<.'s excelen~, mezclando 11 la_, necesidades ínfimas de la vulgar vida cotidiana el encanto glorioso del arte. Pero de rulo en año, había ampliando su producción; dotando de frisos soberbios á los edificios públicos, poblando de está.tua.s preciosas los paseos, levanla.ndo en la.s plazas fuentes como gran des ramos de flores de donde fluía el agua de los rrm n antiales con frescura de ewrna juventud. Y bs pléya des de artistas que hab[a hecho á tu imagen entre laa nuevas generaciones producían ahora con extraordinaria abundancia, podlan rute y beller.a hasta on los vasos d~ que las amas de ca.sa. ee se,rvían para guarda.r _, dulce y las conservas. Precisamente Lange estaba allí, en el umbral de la fábrica, en lo más alto de la escalinata. Aunque tcn!a cerca de setenta y cinco años, se con.scrve.ba robusto su cuerpo de chapa.rro macizo bajo aquella cabeza cua drada y rústica, envuelta por e.nma.raiiados cabellos Y. barba, hoy de un blanco de nillve. Pero de tnu ojo9 vivos salía ahora en claras eonrieas la in1inita. bonda.d; oculta bajo la ruda corloza. Una bandada. de niños ju guetones le rodeaba., compuost.as de chic~ y niñas que so empujaban UJ'l..OIS á. otros oon las manos tendidas hacia adelante, mientras que ~1 procedía ' una. distribución de menudos regalos, según acostuml>ra.ba. á haoerlo todo1 lo6 dia.s do fiesta.. Les repartía Mí, i manera de jngu&; tes, muñecaa de a.rcilla, modelados con aólo unos cuan.~ tos mo'rimtcntos del dedo pulgar, pintados y cocidos de cualquier manera, pero de una gracia deliciosa y algu noil cómicamente cnc.mtadores. Representaban loa asun tes más &encillos del mundo, las ocupa.ciln "a de todos lo9 ta.s, los actos menudos y los goces fueitivoa de cada hora; nií5.os llorando 6 riendo, nifias arro lando la casa; obreros trabajando; la vid~ en fin, en continua J, Dlaravilloea flora Óll. tt;ynno-t TiJ.UOJ bijoa anfo8, ao p it4ia, )W '-=' ~H:I lirá para louos... Toma, rubita mía, para ti esta n~rt& que se está poniendo las medw... Toma tú, grand U llón, para ti esto galopín que vuelve de la escuela... Toma tú, m()rcnillo, para ti! este herrero, con su mar tillo. Y gritaba y reía contentísimo ed. medio de 1os ni sus hombrectllos y mu aos felices que se di~putaban jercit.as, como llamaba á. su..s excelentes figurm. -r.alt, tened cuidado 1 No hay que rom~ r los... Colocadlos en vuestro cuarto; así lcndréit d~l. nt.e de los ojos líneas agradables y lindo! colores. Lue1o, cuan do 21cais grandes, os gu.sta.rá. lo bello y lo bueno, y vosotros mismos seréis muy hermosos y muy buenos. Era su teoría. El pueblo ncccsitab~ belleza parn ser sano y fraternal. Un pueblo satisíecho no podía ser más que un pueblo int6lig(lll.te y armonioso. Todo en él y en BU derredor debía recordarle la belleza. aobre todo los objetos de uso corriente, loe utensilios, los muebles, la casa entera. Y la. creencia en la euperiori dad del arte aristocrático era una imbecilidad; el arto m~ vasto, m.á.s conmovedor, no estaba ea la. nda ~msma? Cua.ndo la obra fuera ejecutada por todos se 1mpregna.ría de una emodqn, de una randeza i.ncom parables de la inmensidad de los eercs y de las coaaa. Por otra parte, aún ahora venía de todos s.alía de lu entrañas ~e la hum3.;il.ídad, puos la obra' inmorw, la. que desafiaba. á los fnglos, nac(a de la. multitud y resu mía una época y una civilización. Y siempre el arto florecía en el. pueblo, para ~mbellecerlo,. darle el por fume Y el bnllo tan necesanos á su edatenci.)., como el pan de cada día. -Aun. quedan este la.brador rocogie do su cos c:ba., esta. DlU)er lavando la ropa... Toma 1 Para ti r&:n dullona. 1 Ven 1 para ti, clúquitín... y se acabó.' ahora sed buenos, besos en mi nombre á ruostros papi..<j y ~testrasí tna.mm.. 1 Andad, andad, corderitos mio, po- 1 os J? ~s; la. nda es bella., la. vida. es bu 1 Ita u, lnmóvil, había escur.hado en sil ncio cad 'fe% tn~<j sorprendid&. Acabó por da.r riendo. JUB!b 1.. IU rnble rnofa. 16, _.,-Hol~ anarquista, ya no 11:\.bl s \io b r,.. ~ wna J üendf'?. ~.

49 tango voh16 con un movimiento brusco y le miró sin reconocerle. N o se enfadó, ae echó í. reir de nuevo. - Ah t me conoces tú, cnyo nombre no recuerdo ya... Es cierto, he querido haoer saltar la tienda. Lo gritaba uf por todas partes, i tod~ los vientos, lan za.ndo la maldición á la ciudad maldita, anunciándole la destrucción próxima por el hierro y el fuego. Has ta había resuelto aer yo mismo el just.iciero, queman do á Beauclair como con un rayo... Pero, qué quieres? Las cosas han ido por otro camino. Se ha hecho ya bastante justicia pa.ra desarmarme. La ciudad se ha puri&ado, se ha reediíica.do, y no puedo destruirla ahora que se realiza 611 ella todo lo que he querido, todo lo que be soñado... N o es cierto, Bonnure? La paz está hecha.. Y el anarquista de otros tiempos, tendió la mano al antiguo colectivista, con el cual había tenido tan fu. riosas cuesti>onea. -Nos hubiéramos comido, no es cierto, Bonn.ai re?... Estábamoe de a cuerdo acerca de la ciudad de libertad, de equidad y de concordia, á donde descába m08 llegar. Sólo que diferíamos en cuanto al camino que debfa.mos seguir, y loa que crefan que debfan tirar por la derecha hubiernn destrozado á los que pro tendían pasar por la izquierda... Ahora que hemos Uegado, seriamos demasiado brutos aij disputáramos todavía, no es cierto, Bonnlire?... la paz; est.á hecha.. Bonnaire, que había retenido entro las suyu la ma no del aharero, lj. estrechaba, la sacudía a.fectuoia mente. -Sí, af, La.nge, hacíamos mal en Do enbendemo'l; probablemente eso era. lo que nos impedja avanzar. O mb bien, todos teníamos razón, pueato que ahora estamos estrechándonoa las mallos, roconoctendo que en el fondo todos queríamos lo mismo. -Y-replicó La.nge,-si las cosas no marchan toda na como lo exigiria }:l justicia absoluta, si aun tie nen que ndir la plenitud de la libertad y la pi~ nitud del amor, hay que confia.r en estos.tlopines y en e&tu ehiq uillu pa.ra contilauiu' la obra y terminu... flf... la algón dfa... Ya lo ofs, nus pollitos Y mis corderi tos, amáos mucho 1 os unos á los otr?s. Se rt>produc!an los gntos y la.s n5a.s, cuando bru talmen te in tervin o do nuevo Rag'l. b 1 -ti tu Descalza, di, a.narq u1sla frustrado, a a hecho tu mujer?. Se llenaron do súbitas lágrimas los OJOS dp Lallge. Jlacfa ya cerca de veinte a.ños que la buena moza, recogida por bond::td en un camino, y que la. adoraba como una esclava, habla muerto en sus bra..zol,.-{~ tima do nn espantoso a.r.cidcnte, que.habla queda.rlo muy obscuro. El lo atribula. á la explos1ón de sus hor nos hablaba de la pumta de hierro l an z ad~ ce n \ iolen~ia y que habla ahí rto á la Oesc.uza Ufl agu ero en mitad del pt>cho. Pero la verdad era ct<>r ta mcnt~ otra. Ella le ayudaba e n sus exponmc.>ntns de. expll s1 Tos y debía df' haber ~1do herida y muert l lfi"l'nl:\ neamente, dur. n te lm; en~ayo!l hechos pua c.-ugar las famosas pequeñas manml1s, d e que él h a blaba t.ao complaciente y que debla depnsita..r en la Al ~tldt a en la Sub Prefectur:\, en el TrabunaJ, d n le qul ~rn quo babia una autoridad para Ut'~lrul r. Dur.Ultc mi' en teros, durante años, su cora..zón b:l.bla e ngradu. por e~ta pérdida tdigi a, y todavla hoy, en m ~~ho Ju ~lla dicha lograda, lloraba á aqu~lla aman te tan carifloea., que por la limo~na de un pedazo de pan 1 b..a..bla hecho para siempre t 1 regi(l presente de su b lleta.. Lange avanz(, rudamente ha. ia Ragu. -Er~ nn mah a.do. Por ttu Ó me revuelve~ el ooruón?.. Quit'!n eres? Oc d ndo vueh es? No a ~~ que mi mujer ha mut~:rto y quo todas l a.~ noch~ lod vía le pido perdón, aru.'i.:í.ndome de bn.berl matado? Si no me he conv<'rti io en un ma.j bornbre lo debo i au tierno recuerdo, puc t>ío)mpre la tengo pr t n le y es mi buena consejera... l'ero tó e~ un mah ado; no quiero reconocerte, n ü quiero saber tu nombro. 1 \' le, véte de entre nosotros 1 Estaba aoberbto de \ lcncia dolorom. Bajo la oor ten mal d esba..<~t.ada., el poota qu en otro ti mpn1 estallaba n fant.a.s la.a fc~ador do negra randr r

50 ~ 2~. ae babra enternecido, ccn el c )r~ón lleno de una bora~ dad temblorosa, inmensa ahora. - De modo que le has conocido?-precuntó Bo~ naire, inquieto.- Qui(n es? dimelo. -No quiero conocerle-repiltió Lange cc!l mas tuena. -No diré nada.; c ue se Taya., <JllO se Ta.ya en seguida... No sirve pua vivu entre nosotros. Y Bonnaire, pel'$uadido de que el a.lf~ro habla ter conocido A. su hombre, &e lo llovó sua.vement~, des~a~ evitar una explic.ación penosa. Ragú, sin insiatir en la disputa., 1 seguía en ai.lencio. 'fodo lo que l'('f&, lo que ola., le herí& al corazón, 1~ llenaba de un pesa.r amargo, de una envidia infinita. Y comcnzab~ á titu bear, ante a<{uella faliddad conquistada, do la cual no participaba ru puticiparia. jamás. PPro lo que a.cabó de trutomarle fu#) el espert.aculo do Beaudair, de ~t.a, po.r la nocb.&. En aquel prim«'r dia del nra.no ba.bfa prevalecido el uso de poner cacb familia su mesa delante de la ea.sa, comiondo fuera, en la..ca.lle, á. la vista. de los tra.juj.e)unks. Era como una comunión fra.tema.l de la. ciudad oo.tera.; 10 cortaba el pan y se bebía el vino públicam('nfe; las mesa acababan por aprorimarse, no haclan, m~ quo una mesa s >la y con vertia.nj á la auda.d c n inmonm sala. de (e.stln, donde el pueblo venia. á ser una. sola. y misma. familia. Desdo las siete, cuando aún respln.nd~cla. el eol, se di!pu...jeron lcus mcsa:s, adornada_, de rosa.s, de la llu m do ro~~ que om.balsa.maba.n! Bcaaclair deade p<>c la. mañana. Los manteles blan cos, las vaj11la_, pintad" s, la cristalería y la plata se encendían, con la pórpura. de poniente. Tendioodo A. deasa.pa.reror la. plata acuba.da; cada cual tenia w n..so de plata, como antes SJe ten'a un va30 de esta.no. Y Bonn:ure qui~o, absolutament, que Ra ú se sentara. A. su meea., á h mesa de su nieta Claudina., que se h3.bia casado con un hijo de Lucas, Carlos FromenL r-os traigo un comida.do-dijo sencillamente ain no~ brarlo.-es un forastero, un amigo Y todos contestaron a, ~sea bien venido. Bonnaire colocó á. Ragú! su lado. Pero h mesa or~ ~r~a i cu.c'\tro generaciones ae codea.baa alrededor de... ella. El abuelo, Bonnniro, vela. allf (1; an hijo ~uciafió y su nuera Luisa Ma.zolle, ambos con más de ~cuen ta años veía á su nieta Claudina y á su mando Car los Fro~ent, en la ma.d.w"ez, y vefa. á su bitni"la Ali cia, una chiquilla deliciosa do oc~o. años. Seguía t:c>d tma ~arentela complicad..1.. Y advntió que se hub1~r nocesttado una mesa giganlosca. ai los tres hijos re& tant<'s, Antonieta, Zoé y Severin.no, no hubi ran ido i comer á. otra:j mes~ vecinas, on ea_,.'l de sus hijo1 respectivos. BromMba ~rca. de este toma; decía qu! los postres 1{) acercarían de modo quo todo eetuvi& ran jtmtoe. Ragú miraba sobre todo á Luisa Mu llc, linda 1 viva todavía, con f>u fina cabo:z:a de cabra caprichosa. Debla sorprenderlo la actitud do cst.<l hija do burgu~ ates.siempre tan caj 'iíoan con u marido Luciano, hijo de obreros. Se inclinó hacia Bonnaire y Jo pre unt en voz baja: - De modo que lo~ Muelle han muerto? -SI, de esprult.o al perder su~ rentaa. Ln enorme baja de los, :llores, las cou\ c iones quo t.:r:lslom. r<:n el Gran ~1bro de la. Deuda, Munc do au pró Dma deetruc.aión, c.a.ycron obre ello como ot.roa tan tos rayos. El. ~arido so fuó 1 primero, mu rto, en 1 amor á la di\"lna. pereza., por la idea de qtl te.bdrf quo volve~ t\ poncrso á trabajar. La moim se ha arra.! trad~ alg~n ~empn, no curando siqoiora. u nf rm dn.d un~ana, no ntrcvi(n :loso ya f1 salir do e.ua, en la obstmad.a cerlidumbra do quo eo n._~sinab.tl. á la gente 4 la. vuelt.a de cad esquina desde 1 di que habían tocado á la ronta. Y por mb que su hij bi 0 para llevársela consigo, DWl qujeo 1 a.hme.n por otro ~ 56 la encontró por (m un df con 1 negra, henda. por l& poplogfa, con la. llai menda un pa.q~ct.e.de valo~ ya inútil... 1 Pobre nt.e~ So ~Ana.lldo compr ztder, ~ustatloa, anonad&doa aca ~ o. m1~do do haberse vuolto del ' Rlg'U monó la caber:a. No Benlla compa.:rión. Dos llnrgucsc~. pero 1 p fa tambi n (l r aqu&- mundo del cual se hallfa d lo qu b d rr o ro~ d ~ e. ser ha.bjt.abja. y de nuc" o 10 ;>U80 t.. Sriate do por ~ ~e ri r.reci Cl los uu.rar,

51 ~i.m~ por la abundancia y el lujo de la. me!a, que parecfall cosa natural y no osten tación de la vanidad. Toda.li las mujeres llevaban los mismos vestidos de día de fiesta, 1~ mismas sedas clara.s y encantadoras y en todm las cabelleras lucían laa mismas piedras preciosas, los rubíes, los zá.firos, lm esmeraldas. Las!lo res, las rosas soberbias eran a.ún más estimadas, más preciosas, má.s vivaa. Desde la. mitad de la comida, compuesta de manjares muy nncillos, muy delicados, tobre todo legumbres y fruta.s, eervidos an vajilla de plat&, resona.ba.n. ya can.ciones alegres, saludando la puesta del sol, despidiéndole hasta. la. rista, en la cer tidumbre de la felia: aurora próxima.. Y entonces se produjo un incidente delicioso. Todos los pájaros de la Yeeindad. currucaa, verderones, pinzones, simples go rriones, baja.ron á la mesa antes de ir á acostarse en tre la Yerdura sombría.. Llegaban de todas partea, YO l&ndo atrevidamente, posándose en los hombros de los oomensales, bajándose á picot:ea.r la_, migajas del man tel, aceptando golosinas de mano de los ni~cs y de la.s mujeres. Desde que Beauclair se había convertido en una ciudarl de concordia y de paz-no lo ignoraban ellos, -.no tenían ya nada que temer de loa buenos habitan tes; ni lazos, ni tiros; y se habían familiarizado, íor mando ahora parte de 1M (&111Íli.as. Así cada jardm ten ía tus huéspedes que á la hora de lu eomidaa va.ní&n i tomar su parte de e.limentación comúu. - Ah 1 1 Hé aqui á. nuestroe amiguitos l~xcla.rn6 Bon. naire.- Cómo pi.co!ran 1 BieD. conooen c 1le e~t di& de fiesta 1... Alicia, migales pan. Y Ragú, con la. frente &<>mbrla, lo! ojos tristes, yen tinuaha mirando á. los pájaros que baj.aban de todu partes, formando un torbellino de pluma.s ligeru, do ra.d&s por loa á.ltimos rayos de sol. Bajaban sin cesar de las ra.m.a.s de los árboles; algunos se m.a.rcbaba.n Yola.ndo y Yolvía.n. Los postres ae.-ieron animados por el 6Ínnúmero de palita.s que saltaban á.gilmen~ entre lu cerezas y entre las rosas. Nada todav(a desde por la mañana., en medio de la felkidad. y de loa e.plen dores visitados, le había dicho á Ragú, de manera. tan encantadora y tan cla.ra.. c.u.m "o"c a<lo r. di~h910 eca ~utl pueblo u~r;~'tlt~.. IPI4fi5~ St l~van tó de pronto dirigiéndotll! Bow.uúna : -Me abogo-dijo,-necesito moverme... Y, &dt1mru., quiero Yer aún, quiero verlo todo, tod.a.s las Illed:la, todos los comensales. Bonnaire comprendió perfectamente. No eran L ca.s y Josina los que quería ver, hacia. quien le lleyaba BU ardiente curiosidad desde su regreso? E insistieado en evita.r una uplicació~a decisiva, respondió aencillamente: -Eso es; voy ~ enscn.art.elo todo, vamot í. 4&r una vuelta á las mesas. La primera mesa que encontraron, ante la casa Y&~ cina, era la de los Morfai!n. La presidia Pctit-Da eod IJU mujer Honoria Caffiau:x, los dos con el pelo bla.dco; y allí estaban su hijo Raimundo, su mujer Tereu. Froment, así como su hijo menor, Maurkio Morfain, nn gran muchachote de diez y nueve afios ya. Después, en frente, se hallaba la descendencia de Azul'in.a, viuda de Aquiles Gourier y cuyos grandes ojos de Clelo conservaban su azul infinito ya cerca de los.,_ lenta. años. Pronto iba é. ser bisabuela, por su hija Leoma, casa.da con Severino Bonnaire y por BU nieto Feliciano, nacido de este matrimonio, 'que acababa de casarse con Helena, hija de Paulin'l Frornent y de Andrés 1ollivet. Todos estaban pre6entel, incluso estos dos úl timo~ que habían venido con su ruja. Se daba broma í. H.~ lena;. 60 proyectaba llamar Gregorio á su primer hljo; nuentraa que su bennana Berta, de diez y ocho afi.oa no cw1:plidos, se ro18.!1 ya con las ternezas que le 9ecfa Ra.unw1do, su pruno, prometiendo así eela pareja otro matrimonio de amor para máa tarde.!--a. U e~ad a de ~onnaire, que encontraba allí A: su pnmogémto Sevenno, fué aa.ludada con a.clamaciones ruidos~. Y Ragú, perdiéndose cada. vez más n el íaberintg de _aquellas a.lianua enmarañadas, se hizo pre sentar parlicula.rmenta á las d0s Froment, aent.adas i ' &Sta mesa, Teresa y Paulina, en camino ya do los cuarenta, siempre adorable~. de alegre y sana bermoaura. D espu~s, Azulina le recordó al antiguo alcalde Gourier, al antig?o sub-prc.>fecto Cbatelard; y quiso saber qu~ había Sldo de elloa. Habían acabado por exü'n!dti con pocos díu de diferen~ etl 1~ intiaudzul Cflli 1&

52 ~-~ ~rdida ~mlin de la bella Leonor habia...w.u l ~ tr6ch.&r &ún más. Gourier, que muri'ó antes, se acomodj... ba mal al nucto estado de eosas; elevaba. alganm 1'&eeS loa bruos al cielo como p3.trono A!ombrado de no 88rlo ya, hablando del pasado con melancolla de hom )re antiguo, hasta el punto de ech&r de menos las ceremonias del culto católico, la. primera. comunión y 1M procesioms, el incienso y las campanas, él que tanta carne de sacerdote había comido Qn ot.roa tiompos. Ch.ar telard, al contrario, se había dormido ga.la.ntamente en la piel del ana.rqui sta, que hab[a brotado poco á poco bajo su diplomática reserva, realizando au deetino tal como lo habla deseado, fe-lis, olvidado en medio de aquel Beauclair reconstruído y triunfal, deaapareciendo en si lencio con el régimen cuyo luto llevaba. con tal palidez, como sepultado él t.amhién en la. caída. fl&l últ.iano mi nisterio. Pero más noble y rná.s OOlla había s.ido la muerte del presidento Ga.u.me, cuyo recuerdo evocaba la preooncia. de su nieto Andrés y de aus biznietas Helena y Berta. Había. vivido h.a3ta. los noventa y doa e.ños sólo con torturlls. El día que se cerraron el Tribunal y la Cárcel se ha.bfa sentilo libre del peso de toda 11u existencla de juez. Un hombre que juzga i los hombres, que se tiene por la verdad in.!aliblo, por la justicia absoluta, á pesar de las posibles enler mcdades de la intel~encia y del coraz6!l, era cosa que le hacia t.embla.r, le producía escrúpulos excesi voa, remordimienlos espantosos, y le asaltaba el t.emor de habar s1do mal juez. En fin, la jusllci.a que e:jpera.ba, la que temía no ver, habla venido;!lo la justl'cia d~ un orden aoc1a.l ijucuo, que reina por la. espada con que defiende i unos cuantos espollildorea y hiere á la mul tltud Í'.Il.mensa. de las mise.ra.blea osclavos, a.ino la justicia de hombre hbre á hombre libre, que da 4 cada cual eu lote de felidja.d legitim-, aporta.ndg la verdad, la rrat.erruda.d y la paz. La JllD1lan.& de su muerte hizo llamar á un antiguo e.a.za.dor furtivo, con donado por él ha.cía tiempo á una dura peaa por ha ber matado á un gendarme que le había pe ado ~ sablazo; y se arrepintió púbhco..mentb, confesó en al!.a v0z las dudas que habían emponzoñ3.do su carrera, dijo á gritoe lo ~e huta entoncos había ocultado! 34%..-. loll ~ fiel Cód1go J.Qs errol"aaf '1 mentk~ el! U ley, todas esas a.rmaa de opresión y de odio aoeial~ todos esos terrenos corrompidos donde renaoíu 1M epidemias de robos y asesinatos...._do modo-replicó Ra.gú,-que ese m.a.t.rimonio' que se halla sentado á esta. mesa., eae Feliciano y esa Helena, en ouya casa n,os hemos detenido un instante esta mañana, son á la. vez n,ictos de los Froment, ~ los ltforfa.in, de los Jollivet y de loa Galllllé... Y todu esas tan res...enemigas no se cmvenenan u,naa A otra.s' en las venas por donde oorren ahora? -No señor-respondió tranqulj.am('n.tn Bonnaüe.-S.G han reconciliado, y ~ raza ha. adquirido mayor w lleza y más fuerza.. Una nueva amargura le aguardaba A Ragú en 1 mesa siguiente. Era la de Bourrón, su antiguo com~ nuo de holgazanería. y de borrachera, á quien d()inj. naba y pervertfa tan fácilmente. 1 Bou.rrón, felí.z, Bott.. rrón salvado, mientras él permanecía solo en au infiel"' no 1 Y Bourrón, á pesar de su avanzada. edad, triunfaba e?- efecto, a.l lado de su mujer Ba.bette, la elema muja nsu~n.a, cuya hermosa. esperanza iua.lterable, cuyo cielo obstinadamente azul, se ha.bí~ convertido en realida~ ain que ella se dignara siquiera extra.ñ.a.rlo. Acaso za.o era. natural? Eran felices porque se acababa s~mp.re por ser feliz. Y á su. a.lrededor la vida. prolifica no tenía ya límites. Primero,.Marta, su primogénita, se h.abia casado con Augusto Laboque, de quien hab!a. te.n.ido á AdoUo, el cual &e había. casc.ulo con Germana, hija do Zoa. Bou.n.a.ir~ y do Nkolás YvoD.Ilot. En seguida, Sebaslián, su hljo mayor, ae había casado con Agata 'fauchard, y de este matrimonio había nacido Cle.w~ tina, casada á su vez con Alejandro Feuillat, hijo ~ León Feuillat y de Eugenia Yvonnot. Ya dos niil.a.a n& do esw dos ra.ma.s representaban la cuarta ewr cida.~~ ración : Simona La.boque y Amolia Feuilli.i.t, una y otra de cinco a~o1. Y t..unbién estaba all!, gracias é. lól.b &Ü3A" zas, Luis Fa.ucha.rd, casado con Juliana Dacheux, do la cual había tenido á Laura, y Eva.ruto Mataine, ca.aado con Olimpia. Lenfant, de quien. había tenido 4 HipólitD, y, en fin, Ilipólito Mataíno, casado con Laura fa. chard, do qu,iejl htibí l tcxúd~ 8 f tncisco, un 'ajo-

53 tjiii 'i ut: U11rta I)(;UO IS.J1v;:,, l<a CUILI'ta gtmeraciojl ta.m'< bién por este la.do, dispuesta á crecer galla.rda.ments. En el Beauclair gozoso no se hubiera encontrado mesa más grande que ésta., alrededor de la cual se halla han todas las descendencias mezcladas de los Buurrón, los Laboque, los Bonnaire, los Y vonnot, los Fauchard, lo3 Feuillat, los Dacheux., los Lenfant y los Mataine. Bonnaire, que aun allí encontraba á una de las su yas, Zoa, daba detalles á Ra.gú sobre los que la muer te babia arrebatado. Fauchard y su mujer Natalia, él embotado, ella siempre enlerma, había desaparecijo de este mundo sin comprender, ocultando el pan que tenían i discreción por temor á que se lo robaran. Feuillat antes de morir había tenido la satisfacción de prescn. ciar el triunfo del vasto dominio de Combeltes, su obra. Lenfant é Yvonnot acababan de seguirle á esa tierra de hoy más, amada inteligentemente, virilmente fecun dada. Después, los Da.cheux., los Caffiaux y los Laboque, todo el antiguo comercio ahora suprimido. Ln. bella panadera, la buena señora Mat:11ne, había acabado tam bién por sucumbilr, cargada de años, de bondad y de belleza. Ragú ya no escuch.a.ha, no podía apartar la vista de Jos Bourrón. - Cuidado que se mantiene joven!-murmuró,- y eu Babette no abandona un momento su placentera risa! Se acordaba de sus antiguas aventuras, cuando el compinche se etern.ilzaba con él en casa de Jos Cal fiaux, declamando contra los patron os y volviendo A. casa oorracho perdido. Reco,daba. su propia larga vida de miseria, los cincuenta años perdidos rodando de taller en taller por el vasto mundo. Hoy la experiencia estaba hecha, el trabajo reorganizado, regenerado, había salvado á. su colega., meilio porclido ya, mientras que él volvía extenninado por el antiguo tra4 bajo de miseria. y de sufrimiento, el salario inícuo, envenenador y destructor. Y en aquel momento contempló un espectáculo encantador que acabó de 11& narle de angustia. Simun a Laboque, hija de Adolfo y ' 1 "' Bourrón, cogió de la mesa con sus manel ~taa rosa.a - 'l..; - ae.hoja.d&s y 1aa hi&o llover aobre la bl.m.ao& oa.be&a del bisabuelo, que eonref.a de contento. - Toma, abuelo Bourrón a.hl te va.n, a.hí te van más 1 Es para coronarte... 1 Toma 1 1 Toma 1 Las tienes en el pelo, en las oreja,.,, en la nariz, por todas p&r tes Felicidades, felicidades, abuelo Bourrón 1 Toda la mesa reía, aplaudía, aclamaba al antepar s.ado. Ragú huyó, a.rraslrando á Bonnaire. Temblaba, desfallecía.. Después, cuando se hub1eron separado un poco, exclamó bruscamente con voz sorda: -Escucha, á qué callarlo más tiempo? No he Tenido más que para verlos... Dónd& estáll? 1 Enséfi& melos 1 Hablaba de Luca.~ y Jo ina. Poro como Bonnaire, que había comprondido, tarda.se en conteatar, continuó: -Desde esta ma.llana me paseo, aparento illteresarme por todo, y, &n embargo, no pieruo más que en ello~; ejlos solo me preocupan, pues sólo ellos me han traído otra vez aquf, á través de tantas ratigas y tantos sufrím.i,entos... He sabido allá lejos que no le había matado. Viven los dos no es eao? Tien en muchoa hijos, son felices, se hallan en pleno triunfo, no es eso? Bonnair-e reflerionaba. Temiendo un escándalo ~ bia retrasado hasta entonces el illevita.ble encuentro. No le había resultado bien su táctica? No había llegado á infundir en Ragú una especie de!error u grado ante la grandeza de la obra realizada? la veía. ahora pasmado, tem!jloroso, con las manos demasjado blandas para un nuevo crimen. Y, con aja-e de serena honradez, respondió al fin : -Puesto que quieres verlos, amigo mío, te les yoy /1. en&eilar. Y, la verdad, verás gente feliz. La. mesa te Lucas se encontraba al lado de la. de loi BourrGn. Ocupaba él el cent.ro, teniendo á su derecha ' Jcsina y á su izquierda. á s~urette y Jordán. Allí estaba también Susana en fr~nte de Lucas, Nanet y Nisa, que bien pronto iban á sac almelos, se habían sentado cerca de ella, con los ojos son rientes bajo sa.s mechones rubios algo pálidos, co,no en los dfa.s ya lejo.nos en que no eran más que juguetes, corderitos rizadoe. Despuéa cst.:lba toda la. de&oondencia., rodeanrfrt

54 a. ~U~~&. Ililtllri; at primogwto ae..,. FrofDeiA!, h&bfa casado eon Coletbe, la hija de Nan&t y 'de ~ de la cual había tenido á Ma.ri6t&, de cerca. de quince afies; mientras que de Pablo Boisgelín y oo Alltonieta &nnaire nacía Ludovico, que pronto iba á hu.er veinbe. Mediaba prome.n. de unión entre Lndovico Y. Marieta.; eomfan al lado uno de otro, cuchicheando, divirtiéndose tiema.m.ente eon au sec.retillos. En s (Uida Tenia Julio, el último de loa Fro,rrumt, que se babia caaa.do con C&linA, la. hirja de Arsenío IAnfant y de Eulalia Laboque, y el matrimonio tenia un pi llastre de seis &tíoa, IUcardo, hermoso como un e.rca.urel, era la pasión 4e iu abuelo Lucai. Y tod:.~. la parentela ae uia, mesa &delant&: er:.~. la meaa donde se tundfan más e~ttrecll.ame nte las aangres enemigas, loe Froment, los Boisgelin, los Delaveau, rnezcla.dos Á la aa.ngre de loe Bonna.ire, los La.boque y loa Lenfa.nt, el trabajo manual, el comercio y la tierra,. toda la oo. munion social de donde hab!a salido la. Cludad nueva, el Beauclau de justicia. y de paz. En el momento en que Ragú se aproximaha., el ~ timo rayo del sol poniente ilwil.ílla.ba. gloriosamente la mesa, y loa ra.mos de rosas, las seda.s li~era.s y lu ca.belleras llenaa de diamantes de l.u mujeres brillaban en medio de a< 1.1&1 esplendor. Pero lo que sobra todo bacía adorable esta. despedida del astro era el apreiuram.iento de loa p á.j~os de laa cer~fas en bajar otra vez e.nlre loa conv1da.dos ad.l&s de l<iie á. dor mir á la.s ramas. Hubo tal revoloteo, con tal batir de a.laa que la mesa te cubrió de avecilllli, nube gi an ~s~ de palomas pequefula, tilias. Ma.uos ami as las oo ían, la.s acariciab~ y lu volvíall. á aolta.r. Y eata confianza de loa pardillos y de los pld,zones era cosa infinitamcnto tierna, ~l~bra.d.a. en el aire tranquilo de la tarde la al.i.anza desde enton.oo.s pact.aua entre los sena, la pu universal que reinaba ea,tre loa hombres, los animales y las co.aa. - Oh 1 abuelo Lu~xclamó Ricardo,-mira, &bu& la J osina tiene una curruca bebiondo en au vaso 1 Era cierto, y Luca.s, el fundador de la ciudad, se divittió y emocionó con ello. El a ua era de aquella tan fresca y lan pura. que él habfa recogido entro las - ~1:..., ~&,loa Montes Blbuaee y~' la cual~ efa haber nacido ~a o:ilu.d.a.d entera, ooa los jardines, J.as an.nidu 10:1 surtidores de tu fuentes. Cogió el vaso, lo elev b.&cia el sol de púrpura, diciendo 1 --Joftin.a., hay que beber, hay que beber i la u.lud de nuestra feliz mudad. Y cuando Josin.a., que con ttnuaha. aiend<> enamorada y tierna. bajo sw cabellos blancos, mojó rien.do loa lar bios, bebi:ó él también, a.ñ.a.dlendo : -- A la &oa.lud de nuestra ciudad cuya tiesta ~ bramos hoy!... Y que se ensanche siempre, quo c.re.z ca en libertad, en prosperidad r ~ belleza, 1 que conquiste toda la ~rra la. obra. de univeraal u. non!, 1 A la hu del soj que le e.mía eomo de un ni.mho ~ loria estaba soberbio de juventud, de fe, de gozo triunfal Sin orgullo ni énl.a.sis proclamaba aencill&m~ te su tehcidad al ver al fin su obra riva y aólid.a.. Era el Fundador, el Creador, el Padre, y todo aquel pueblo lleno de alegría., todo& a.qu.e.lloa convidados ' todas las mesa., donde ae festejaba, con el trabajo lu Cecund.idades del verano, eran au pueblo, aua amigoa; sus parientes, au ta.milia, prolongada illl e&sar 1 cada vez más traternal y próspera. Y una. a.clamación ~ gtó el voto de ardiente ternura que ele.-a.ba á au cin d.td, ascendió en el aire de la tarde, rodó de mesa ea mesa, hasta las lejanas avinida.s. fodoa ae hablan?ua&o to en pie y leva.nta.n,do & su vez al Vi!BO bebía.n.la salud de Luca.s y Jo:iina., La pa.reja de héroes, loe patriarcas del tra.ba.jo, ella, rescatada, purificada como esposa; él, redqlltor, que para. Qa.lvarla. había sal vado de la iniquidad y del sufrimiento i.l miserable mundo de los :.~.Salariados. Fué aquel un minuto de exa.lta.ción y de m.agnilicencia tm qua ~trillaron la gratitud apa.aionad.a da la irum D.3a multilud, la recom~ pcnsa d. tanta le Q.cti n~.~ ~ ia re.so de!ini ti vo tn la gloria y al amor. Entonces IU ú aint.ió tem.bla.r todos sus miembro,. anonadado y livido bajo el viento de apoteósis ~ pa.iaha. No ~udo soportar el brillo de belleza y de bondad que uradial>a de LuCoa:S y Josina. R_etrocedió, Y. vacila.bª h..~lta ~ p_u,nto de disponil't'q A hu1r cuaada

55 ~ Lucaa, quu M ha.bia fijado en 6l, M vol~ hada Bon. naare. -1 Ah 1 &migo mlo, faltaba ruttod á mi alegría, puea ha sido usted otro yo, el más valiente, el más fuerte obrero de la obra, y no deben ~tejarme sin feste~arle l usted también... y dígame, quién oo ~ anc1ano ~e está con usted? -Es un extranjero. - Un extranjero 1 1 Que te a.oorque, que pa.rta eon noaotros el pan de nuestra. cosecha y que b<!ba. el ~ de nuestras fuentes l Nuestra. ciudad es una. población de cordial acogida. y de paz para todos los bom.bres... J08ina, haz sitio, y usted, a.migo nueilro á qu1en no conocemos, acérquese, triént.eee entre mi mujer y yo, pues queremos honrar en ust8d á. todos Duestros ber- Jn&nos desconocidos de laa otras ciudades del mundo. Ragú, como sobrecogido por un espanto agrado, retrocedió otra vez. - Nol Nol No puedot - Por qué?-preguntó Lucas con dulzura.-si vi& ne usted de lejos, si está. usted cansano, encontrará aqui manos consoladoras y diipuesta.s para el socorro. No preguntamos su nombre ni su pasado. Entre nos otros todo está perdonado; iólo reina la fraternidad p&ra la dicha de cada uno puesta en la dicha. de to doa... Y dile tú t.a.mbitén, querida mujer, esta coaas, que aerá.n máa au.avea, mái convincentes en tus labioa, pueito que yo no consi o al pa.recw más que UWi tul e. Entonces habló Joaina. - Ea., a.mi o núo l Hé aqui vua.tro YMO; por que\ no ha d0 beber usted á nuestra. aalud y A. la auya 1 Viene de lojoa y ea usted nuestro hermmo; noa corn placerá enaancbar aún nuestra familia. Es costurnbr. ahora en Beaucla.ir los días de fiesta darso el ó&culo de paz que tolo 1 o borra... Tomo usted y beba, por el a.mor de todos 1 Pero Ra ú rotrocedió de nuevo, má.s t>hlido y ~ tembloro&o, herido por el terror del sacrilegio, - No! No! No puedo! En aquel momento Luca.s y Josina. sobpocbaron la rcb.d, recoaoci.ron a.l m.isorable que Tolvía para su ~~Km! frir.aún despu6s de haber arrastrado tanto tiempo att destino de pereza y de corrupción? Le miraron con oj_os de feliz b~ndad, por los cuales pasaba una gran tristeza compaswa.. Y Luca.s conclnyó sencillamente l -Váyase usted, pue5, como quiera, puesto que no puede ~r de nuestra familia á. la hora en que se _aoortan lll3 d.ista.ncim y se estrechan todrus las manos. Vea usted, vea usted cómo se confundea. todoa las m~as va.n á unirse á lu mesu y antes de m~cbos IIUDutos no habrá maa que una sola pan. toda. una ciudad de berma.nos. Era cierto. Los convfda.dos eomen.%aho á aproximarse i cada mesa parecía pone~ en marcha hacia la mesa próxima; poco á poco ~~e soldaban unu t. otra., como eucedía siempre al t.ermia:j.ar la. eomid& común ~lebrando la fiesta del Verano en una bella tarde de' Junio. 1 Se bahía hecho esto tan natural! Los niños tervi&.ll primero de mensajero, yendo de poetre en postre; des pués loe miembros de una fa.midia di1persos al a..za.r de lu alianzu, tendían á reunirse, á encoo.trar-.e cerca. nnos de otros. Cómo impedir que Severino Boanaire, en la mesa de 106 Morfa.in, Zoa Bonnaire, en la de loa Bourrón. y An ton.ieta. Bonnaire, en la de Lucas, ee sin ti~ran arrutradoe hacia la mesa paterna donde te b;v liaba eu hermano mayor, Lucia.no? Y los Froment, dise minados como el ~o en los surco1, Carlos en ca!& d~ los Bonna.ire, Teresa y Paulina en ca&a de los Morfain, cómo no había de ponf)rse en movimiento, llevando con aigo á los otros en el deeoo de eat.ar con el pa.dre, el fundador y el creador? Entonces se vi6 prodigioso ospee tá.culo; lu mesu andando, reuaiéndote, soldándose, acabando por no formar más que una millo& mesa 4 trllvés de la ciudad regoci ada. A lo largo do las avenidas., ante lu p~rt.a.s de lu ca.aa.s lleu.aa de alegr~ la comida común no sufría. ya i.ntorrupción, b Pascua de aquel pueblo fratern.a.l iba á. terminar bajo las eatreo llas, en una inmensa. comunión, tocándose codo con codq aobre el ffilsmo mantel, entro la.s ~mas rosas deshojadas. Toda la ciudad se convertía en una. banque~ gigante, la.s famihas se mezclaba.n, te confundían en una familia única, y el mismo soplo animaba todos lot pechos 1 el JIÚ$mo a.rnor hacía latir Jo coruon"ll

56 immztfll!!l Del gran cielo puro desce.udía una pa% deltclo!á, ~~ berana la e.rmonía de los mundos y de los hombres. Bo~aire no había intervenido para no perder de vista A Ragú, vhmdo realiza.rge en él la transforma.. ción que esperaba después de aquel día cuy~ sorpresas le hablan estremecid~ una. á una., basta este res plandeciente final que le aterrorizaba y le arrebata ba. Y lo sintió tan conmovido, tan vacilante, que le dió la mano. -Ven, andemos un poc(d, es tan sua~ el. ~re d.e la tarde... Dime : crees ahora en nuestra felli::1da.d? Y~ lo ves; se puede trabajar y tror feli~, pu~ ~a alegría, la sa.lud, la vida perfecta. están en el ~ba]o. Trabar jar es vivir, sencillamoo.te. Se ha aeoosit.a.do toda una religión de tmfrimiento y de muerte pa.ra. ~~~r del trabajo una maldición y para. colocar la felicidad do un pa.rafso en la eterna. pereza... El trabajo no Ci nuestro amo; es el soplo do numtro pecho, la sang~ de nuestras venas, nuestra. única. razón d~ amar, d~ procrear, de eer humanidad inmo~. Pero Ragú, derrotado, ya no dtscutia.; se halla.ba como deshecho por la fatiga., cansado hasta la muerte. -1 Oh 1 1 Déjame, déja.me 1... No StJY más que un C? barde; un nifi.o hubiera tenido más vtjor. Me desprec10 ' mí mismo. Y de«pués, en voz baja:. -Había venido para matarles a los do~... 1 Ah 1 1 Qué interminp.bl~ viaje 1 Caminos y más cammos, años an teros de ea.mina.ta sin dirección fija., i través de paises cle3c.onocidos con esta rabí!a única en el cora~ón, :.on este ó.nico d~ 1 volver á Beaucla.fr, encoatra.r '- ~e hombre y i esa mujer para hundirles.en la. ~me ~ cuchillo de que tan mal me ha.bía eerviuo 1... Y tú 11e hu distraído, he t.embla.do ante ellos, he retrocedido como un cobarde al verl<>:5 tan hermosoa, tan gra.nd~ tan radiantes 1 Bonnaire había. temblado ante esta conkqón. La vf pera dudaba del crimen, smtiendo el sombrío temblor que pasaba; A.hora., ante el desc-oncierto del mie~rnbl~,,e &podera.ba de él la piedad. -ven, l"611, pobre tér,,.~ í JDi c.ua ' clorn')ír ~!~Sta ll~t, l(l6&nft TerenlO.. ~ ~"j l:r{,l ~1 Dormir a.demá.s Gn tu ca.sa 1 1 Oh, no, no 1 Me TO'fi me Toy en seguida. -No puedes ma.rcharte i esta.! horaa estás dcma Biado cansado, demasiado débil... Por <P:té no te qued~ con nosotroa? Tú te sosegarás, cod,ocerás nuestra dicha. - Oh 1 1 N o,ne t 1 N ecem to marcharme en seguida, en seguida 1 El alfa.roro lo ha dicho muy bien: D.O estoy hecho para vh k con vosotroa. Y con el a.cento de un condenado p~ en tortura con ra.bia aorda, excle.rné l -Vnetttra dicha... No puedo verla: su.trirfa dem& liado. DeS<UI este momento no in.sijtió ya.bonna.ire, que comenzaba i l!llentir uaa incomowda.d, un horror i~ crelo. Se llevó en silencio á &u casa á Ra.gñ quinl eogi_ó de nuevo su rnrrón y su palo, sm quen')r 'esp<>rar e~ fin do la comida. No ae cambió n.i UB.a. sola. palabra, m un ademf>n para el ñltimo adiós. Y Bonruúre miró A aquel hombre, n.l vi&jo mibera.ble y a.niquilaño qu ee march.a..ba con paso vacila.nte, y que desapareció á lo lejos en la obsrurida.d de la noc.b.e que poco 4 poco ha.bla. ido cayendo. Pero Rngú no pudo Aha.ndon.a.r tan depris.l A &aa. elair en!resta. Subió lenta.mu1te por la. garganta de Brtu, a.seendió paso! pa3o, trabajosamente, Ul're lu rocas de los Mon ~ Bleuses. Ahora doouna.ba la. ciudad, 1 al..-olvense, la rió toda en.tma do a..na aola mírada. En el ciek>, de a.ru.l sombrto, de inmensa pute~ ee.ntellea.ban lu cetrella.lt. Y ba.jo aquella IUarida.d de la hermosa nocoo de juruo, la ciudad " e.xteadi&. ~ ~ejante á otro cielo, hormigueando t&mbita en &11& mnurnerables astr~ pequebos. Eran los millues mi liaros de 13.rnp&.lcU elóct.nea.. que au.ba.ba.n de en«ade1"86 i lo 1 a.rgo de la..s mema del testi.n., en medio del verde de los árboles Volvía á.-er a.quella.s me a~ts, Tolri i encontra.rlu, como dlbuja.da.s con t.ruos d& fuego 1"ictorioso1 de l.u tinieblu. Se prolon~n; acab&b~ por llenar el hon&onte. Y oía su.bit la.s risu y los cáa ticot; continu.ab& ~istic».do á la fiesta gigantesca d4 todo un pueblo eentado 4.,. me~it. ~ ~ ~o~ 1 ~ t.ernal tamilh.,

57 Aatiij... Anté est.e espectáculo quiso huit ma.a lejos; subió arriba 1 volvió á -..er la ciudad que resplandeda más añn, cuando se volvió de nuevo. Subió más arriba, subió sin cesar. Pero á medida que subía y se volvía, la ciudad parecía agrandarse tomando toda la llanura, con fundiéndose con el mismo cielo. Cada vez oia más distin tamente las risa! y los cánticos. La gran familia humana celebraba la alegría del trabajo, en la tierra. fecunda.. Y por última vez, se puso en marcha y anduvo mu eho tiempo, mucho tiempo, ha.s(.a que ~ perdió en lu tinieblas. Y pasaron mú &JWs todavia; y la muerte neocea ria, la buena obrera de la eterna vida, h1~o su traba. jo, 11e llevó uno á uno á los hombrea que ba.bia.n cumplido su tarea. Partió Bourrón primero, despué& su mujer Ba..bette, de buen humor basta el ó.ltimo &!' n to. Detráa Petit-Da, Azulina, de OJOS a.1mles de infi nito, de eterno cielo azul. Murió Lange concluyendo con el dedo pulgar el último monigote, una jovon graciosa de nes desnudos, & ~mejanza. de la Descalza. Nanet y NlM murieron jóven)s, d!.ndoso un beso. En fin, sucumbió Bonnaire, á lo hér~. en pte, como ent& rrado en el tra.gin del trabajo, un d1a que babia ido ~ loe t&lleres á -..er funcionar un ma.rtillo gigante, cada golpe del cual foi')aba una pi~a. Y de toda 1ru generación, de todos los íundadores 1 ereadoree en el Beauclair triunfal, sólo quedaban Lu eas y Jordán, amados, rodeados del cuidado aiecluoso de Joeina, de Soourelte y de Swsana, las tres de un.1 aa.lud y un ánimo milagroso, para su mucha ed.t.d; pa.recla que vivían sólo para ayudarles á ellqs, soste nerles hora por hora. Susana, desde que Lucat anja ba d.itictirnente inutilizadas laa ptem.a.e poco á poco, easl cla!'ado en una buta.ca,. vinta con él, partiendo -.. Joama La clu.lee &}.ori& d. Mt'Vir!f'. Lucu tenía r oc~enta ~os eum~lidoa,.una alegria. inalterable, fn t~hgente, srel?pre finne; 81 no tuera. por la.s malditu p1ernas que liban siendo de plomo, parecía un jol'en, como él decía en brolll.ij,. Tampoco Sceurette dejaba á ~~ hermano Jordán, aiempre clavado e.n su labora.tono donde a.h~ra dormfa., de donde no salía ya.. Ueva,; ba á ~~cas d1ez a!los; sus novont..a. ha.bíaa col\si)rvado la a.ctin~ad lenta y metódica. á que d.obía eu obra in mensa; sm cesar ee veía á punto de mozilr y no moría, Y era de tal lógica., de tal volunta.d razonada ea. el trabajo, que trabajaba todavía., CUAndo hada ya mue_ho tlcmpo los obreros do u. generación dormían ba 'o tierra. Con frecuencia había repetido su débil vocecill&'..._lo~ que m_ueren es porque quieren; no se muere uno nuentra.s tiene algo que hacer. Yo Slempre osloy muy mal, pero &Si y todo, llegaré á ser muy viejo y no mon.ré hasta e! dia que mi obra esté concluida... 1 Ya veré~s, ya veré!s! Veré venir la hora y os lo advertiré, quendoa míos, diciendo: Buenas nochej, acabé mi jor nada, voy á morir. Trabajaba pues, Jordán, siempre, porque 1egú.n él no había e.cabado su obra.. Vivia envuelto en mant.u todo lo bebía templado para no oo~pa.rse desean: sa.ba mucho, medio acostado on un c.ao.apf\, 'entre l.ls eecasa.s horas que pod1a. dedicarae á su.s investigacio ne8. P~ro dos ó tres horas con'\'úit..a.das así, 1e bastaban para tid;&jrna Larca, gr8.cla8 al métoúo. Sceurotte, muy cwd osa, intci'v'ellía coa abnegación a,b.; B?luta, como un otro yo á la l'ez enfermgra, secreta. na, ayudante de laboratorio, sin pennitir á nadie acercarse ~ IU oorynan~. Los días quo él tenia las manos demrunado débiles,. unpot.enl.os pll.nt. 1& aoción, ella eje cu ~a su pens~.mh:mto, y acababa por ser l~ prolon gac1ón de &U Vida. En la idea de Jordán, au obra. sólo estaría termina.~ da el. ~fa en. que pudiera da.r á la ciudad nuova Ja elcctncrdad bienhechora, sin medirla, á discreción, como el agua del río, como el aire libro. En sesenta a.ñoa habht becho mucho pn.ra liega.r á uta 1olución. rnmero Jl.Q b ~ UP,r\J'Q.ldO loj g:utoe de acarreo,. pot f.i4iai~tomo u-u

58 ,...258_. tnedio de cables. Despuós habla inventado el np!u'n.to que transformaba la energia calorífica del ~rlón, en energía eléctrica, y una vez cargados los dtnawos u~ rectamente h.ahfa hecho funcionar sus hornos t'lécha>cos, transf~rma.ndo la metalurgia y dando á la ciu dad en abund<tn.cia eleclriddad para todos los usos 110ciales y domesticas. Pero aún cost.a.ba ca.ra y la que ría de ba,lde. Tenúa. después, como posible, como cier to, que so agotaran las minas d~ cru.bón. Ac.Mo ante.<j de un siglo ol carbón fa.ltarfa., y esto seria la muerte del mundo actual de nu~tra in iuslria, de nuoatros medios de locomdción; - seria la humanidad, cor_no '.m gran cuerpo cuya sangre ya no circ.u.la.ra. yc1a l'?qul~ to cada tonelada que ardía.. Y débtl, fc.bnl, tosj.endo, con un pie en la ~pultura, le tortur;ilia. la catástrofe,que amenazaba. á las generaci un~'s futuras. So jur~ba no morir sin regalarles las olo.adn. do fuerza, La Vlda prodigada sin fin que sería su CÍT'ilización y IU íelíd dad. Y &e había 'puesto otra. voz a.l lra.b3jo, diez anos lla.cia. Naturalmente, p<>nsó primero C'n los sallos de agna. Era la fuerza ncv,;.uia primitiva, se cmplhba c?n buen éxito en los p:úses montru1osos. Por dosgrat:ta, los escasos arroyos de los Montes Bleusos no ten ían la energia ner.emria. Ad('más no era aqnt:lla. una fuerza regular, constante, n1 de la abundancia. qub 61 nece etta.ba. TambiPn se acordó de las m.:uem y de quo Qtros &a.b\os se babfan ocupado en eslo. AprO\'&ehó su" estud1os y ha~ta imagmó aparatos. Lo lejos ( ue ~ta ba Bcauclair del mar, no era hoy un obstáculo, pues la energla eléctrica se tra.srnilía ya., sin pl>rdid::ts, á grandes disianci.m. Pero otra idea le acosaba.) se apo acraba de él poco á poco, le tan.za.ba á ~ cnsuei)~ prodigioso, pensando hacer feliz al mun,do s1 la roa11 u.ba. Siempre Jordán, tan flaco y friol~: nto, h.a.bl.!\ tanido la paaión del ol. Le eguía e.n BU curso, le nura.ba ~o ncrse, con el miooo, cc,n el tcm.hlor de las tiniebla! Ln Y ajoras. Y por la ma.fla.na so levan taba, á veces, t.em prano, por el gusto de verlo renacer. Si se hubiera sumido en el mar sin apuocer jrunfla, gu6 poche sin íln, helada 'l mort.ll para la mfscri.l humanidad 1 Tcnla el culto del divino.rol, padre 44 nuestro mundo, creador y regulador que dcspuéi de haber sacado los seres del limo, les ha dado calor, le. ha hecho desarrollarse y exoonderse, les ha alimenta do con los frutos de la tierra en UD,a serie ine&lcuj&.. ble de siglos. Era la eterna fuente de vida, porque lo era de lul:, do c.alor y movimiento. Reinaba glorioso, bueno y j'll.'to, poderoeo rey, dios necesa.do, sin el cual todo moriría. Por qué no babia da a.ument.a.r esa sol sus benaf'ici.os? Dura.nte miles de &noa.bahía acumulado su calor ben~fico en los vcgqtalcs de que Tenía la hulla. Oculta mucho tiempo en ol.en.o do la tierra, había gua.rd.a.do para noaotros ei& calor a.enmu lado. A 1 sol ha.bfa que recurrir de nuevo. Si todas las tardes desaparecía, si había el triboo invierno, babia ~e pedirle una gran parte de su fuego para poder ea.. p(\rar su vuelta de cada mañana y pasar ain IU!dr lu estaciones frlab. Aaí, el problema era sencillo y for mida.ble. Había que dirigirse al sol, tomt1.rlo el calor y transtormarle con aparatos especiales conv-ertido en elc<:tricidad, de la que habría que con~rvar proviaionea enormes t:n depósitoa lmpcrmeabl C'a. Durante el estio, la recolección de los rayos de aol en trojea, ea. era.neros de abundancia ain fin. En 1aa nocha larg&at en el inri rno obscuro y helado, allí h&.brfa hu, calor 7 movimiento para bien de la humanidad. El.ueOo de Jordán había ocupado otros eerebroa; ae había tra.n~formado el calor solar en e~ctricidad ~ro en untid:tdes ín!imm. Jordán quería. todo aqueo llo en grande, útil, prá.ctico. Dur.mto ~oe es le rió haur conatrofr, en el aatiguo Puque de la Crkberie, aparatos extra!l.os á manera de torres, cuyo UIIO no podía ad.irinar. El U;l.da. decl&, á n adio confiaba su aecreto. Si h&cfa buan tiempo, en los ra.toa ea que 1e aenua toorte, llegaba con bu pasito de a.n. i:lno d bil y se ~ncerraba con BUS hombret <.:D. la nueva fábrie&.; y tenaz ~ peu.r de los fra.cuob, luchaba, &ca.ba.ba por conquist.ar el a.stro soberano, él, hormig;\ la.borio quien un rayo do sol Ull poco tuerto hubi ra mau.do. Nunca hubo mayor beroismo, mayor Yicto o~re laa fueuas naturi.lc51, ayer mortíferos rayos, hoy tlmplot,ntr iat oonqui,1adu -.1 ttnicil' a.t hombre. Y -~~ '

59 _2i) t'íó el problema; ej. sol se dejó corn 1in poco ae fue~ go. Se constru~ó una fábrica definitiva que d&ba. ' Beauclair electricidad para. todo un a.ft.o, á discreción de loa habitantes, romo las fuente. dahad. agua. Pero había un defecto; los inmell.sos depósijtos pcrd1a.n mucha tuerza.. Y había que con.sertar para el invilemo has tantes rayoa del sol ajma.cenado1 para eacender sobre el pueblo ctro sol duran.t.o las largas noches de Di ciembre. De numo Jordán Tolvió &l trabajo. BttScaba, luchaba, resuelto á vivjr basta venoor. Sus fuouaa declinaban; ya D. o podía. aa.lir, 1. tenia que mandar laa órdenes á la fábrica. Aai pa.aa.ra.n me~. Encerrado en su laboratorio, allí a.c.a.ba.ba au la.bor, a.ll1 querfa extinguirse el día en que esta labor estuvicee terminada. Y eso día llegó; había e;noontre.do el medio de erilar toda pérdidá., de ha.c.er los depósitos impermeables capa.ces de oon.serva.r mu.cho tie:~~ laa provisione~ de. tue~za eléctrica. Y ya no ~Yo que un desoo dec r adiós!u obra, abrazn.r A loa Juyo, y lue(o volver á entrar en la Ti.da un.wej."'al. Era Octubre; el IQl doraba todaf'í& w ho.'as eon '01l oro templado, claro, wa.&ve. Jordán co~1guió de Sreurette que ae le lleva.ria. por última Tez an una b lltaca A la fábrica donde se acababan de Í1lstala.r los nuevo& ~toa. DcRa.ba. comprobar 111 victoria, aqnel 1101 acum o 1 conae"a.do pa.ra. que Bea.uclair pudí ra esperar A la primavera. próxima.. Y en lu primeru bor&a de Qtl.A tude deliciosa, le lieta.ron ajli y pasó clútl horu 'risitan.dolo todo y regn:la.ndo la marcha de los apara toa. Este.ba la tá.briea en la!al da. de los Montea J3lo'll!tee, en la p&.r'1ll del a.n.tigu.o parque e:xpue«ta al m&- 4iodia, 1 que J& a.n.tes era, gracia.a al 10~ UD. para so 4e frutas l de fiorea. AlglliUl.i torrej do.mina).)an!os amplios edificio&, ~1llllhres inmen.aas de a.cero 1 de vidrio loa un1an, y D.aJia más ae Teía por tuera, pues los cablea pua.be.n bajo tierra. Jo rdá.n a.cabó u visita. baciéndoae parar 'Q,Il. wtante todavia en el patio central; desde el CUal paseó una. iuprem.a y wga mirada en toillo ~yo aobre aquel mundo nueto, eteraa fuento de Tida, OTt:oación suya, p:w.ón de au eriaten.cia entera. Se voh ió lw:ia Sooúrette, ~e ha.bia ~o puo á paao ~trm.. "' IRit&el. ea!pm r. eott:duefu ~01 holi!s't'm, ~ 21fi '"""' --F..a-dtjo aonrlendo,~ato 1e ha a.ca.bado y eatl muy ~ien; ahora p. puedo irme... Volvamoe' ~ casa., hermana mía. Estaba muy contento, radian~ por haber vi'sto su obra eomplct& y en pie, Ct1Al buen trabajador que al fin va á po4er descansar. Pero IU herma~, p ra pasearle un poco, b4.b!a hecho que se diera. un rodeo, y Jordán ae encon.lró de repent.o, al aa.lit do una call~ de árboles! delante d~l p&bellón de Lucu, inmorlli z~o ta.mb1én, no pudiendo ya aalir por <:all.ia de Ia.a p1ernu. Hacía algunos me5e8 CfOO DO hab(an podido verse los dos amigo&. Sa.bíi.Il uno de olro por aue qu. ri~as guardiana!, que iban 1 vellla.n como A.ngeles mensajeros. Todavía un deseo, el último de au eoruón animó al moribundo e»-lre el &u.avo tuelio quo empct:a.b~ á invadirle. - Oh, te lo ruego, h&rmma mi&, deten.me aquí, bajo este árbol, junto á esta hierba e.lta 1 - Tú sube en seguida., avisa A Lucaa. dile que pa.to y que estoy a.nte 8U puerta esperándole. Sceurette, eorprendida y algo tt.merou. de tuerte emo ción de la entrevista, vaciló Tlll instante. -Pero, amigo m1o, Lucas está como tú, no ~ ~ nea, cómo ha de bajn.r? 1ordán aonrió, &le re, como olía, re.aaimlldoa lo OJOS. -Le bajarán, herm.a.na mia pues yo Toy haeia él en mi butaca, 1>-.an puede él ven_ir ~cié\ nú en 1& fu )Y&. Y &ftadió enterneddo: -1 Se ~alá aquf tan bien 1 Con\ et saremoa por (l]tj. ma Tez:, noe diromo adiós... Cómo habíamos de ~ pararnotj para siempre ein ha.beruo abrazado? Sceurette ya no pudo negano; au.bió á casa de Lti cu. Tranquilo, aca..riciado por ol 101 ponielll.e, Jordán esperó. Pronto volvió su hermana allund:ándole la llegada do w ami o. Profunda emoción ae produjo cllando Lucas apareció i IU vez conducido también por dos hombres en au butaca.. A VILil%6 lentamcnto ontre el Terdor, eeguido de J os.i:nn y do Sus:ln&, quo Jllmca ló dejaban. Le colocaron 09rc~ de JordA,JI. la bu~c.as ae lo-

60 ... 2$2... eah&n, doa &mico pudi roo oo ~Cie y_ a.prctru~ laa manos. - Ah, mi &uen Jordá.n, eu.ánto 1M lo agradezco; cu!n de usted es esta idea de volver á vorn.o1 tod.a.via 1. decirnoe adiós 1 -Usted hubiera ido t mi c.a.m, mi queriuo LuCdS. Pues yo era quien paaa.ba y ostab& UJted ahí, &ra t.a.n eencillo reunhnot por últim3. Tez aobre etla. hierba., bajo uno 4e eatga irbolee queridos cuya. sombta. la,nto hemoe &l}l.l.do. El irbol era un gran tilo pla.te&do, Ull gigante soberbio, ya medi'o despojado de s~ hoj~. Pero el 101 le doraba toda.v"!:1, y un polvo de astro cala do ius ra ma.e en una lluvia. templada. La tarde era deliciosa, de una. pu inm~. de un 6Ilcanto infiníta.mcnte sua. l'e. Un rran ra.yo de sol ba!la.ba & los dos ancia.noa, nri~ntl'u las tres mujeret1, en pie det.ri3 de ellos, ~ recia.n oobijarlos con su solicitud. -1 Fíjese Wlted., amigo mio-a.ñadi-6 Jordá.n,-ha.ce tantos a!los que mezclamos nuestras V1das en faenas paralelas 1 Hemoe a.cabado por estar h.echos el uno dol otro. Me hubiera IrU.Lrc.ha.do con un remordimiento si no hubiera vuello á. disculparme por haber creído tan poco en su obra de uated, al prindpio, cuando usled vino A mí pidiéndome ayuda. pa.ra coast.n:úr la futura ciudad de juaiicia-. Eat.a.l>~ COllvencido de ~Q ~ria. UQ fra.ca.so. Lucu M echó 4 reir....si, aí, &m.igo mjo; lu lucw politfc~. económi ou y aodalea, no era.n. 1u fuerte... Sin duda, 1 ha ha bido entre los hombres tanta& a it.aciones vanu 1 Pero q11é, huí& de a.bstamerse du influir tn los hechos, dejar á la evolución cump&se por al misma, de8deftar el dcaeo de a.presun.r la. hora. de la eidadcipa."46n? Toda.& lu int~aa, \ v~a necesarias, todos los bajos recul'&oa de loa conductores de hombros ha.u podh.lo dijculp&.r'ie por las dobloj etapu que ' v~ce :; ~ h& cho adela.nt&r. Jordán le interrtl.inp ó con viven: -Tenía ll.ited ruón, amigo mío, y me lo ha probado ma nific.a.mente. Su lucha aqui ha adelantado, b.a c e-q.aio todo un lllwl.j.o 1 l\1 vq~ lo ha unndo u t~ ~ 2SJ... eién &Aos A la. In.hseria, el dolor hwnano y esta ciud,, & ~lueya, este Beaucla.ir regenerado, don.d~ florecen más J~tida y más. ventu.ra., cuenta. la.s exoole.d cia. do su mtsión, la glona benéfica de su obra... Ya lo ve usted, con toda. mi ra.zó~ y todo el corazón estoy con usted, Y no hub1era querido que nos separáramos 1Í11 repetirle <J:U& tne ha ga.nado pa..ra su causa y con qué ca.ri.tio cre CJente le he aegujdo tm. todo lo que acaba. de ~za..r. tan hum,n~ tau gra,nde... Muchas VeCQS ha. i,id,o uat~ mí ejemplo. Pero entonces tu.ó Luca.s quie.d. exclamó: - Oh, a.mi :o mio, no hablemos de ejemplo 1 Ua(ed es qtúen me lo ha. dado continuamente, el más a.lto,. el más magnífico... Acuérdese de m.ij cansancio, A V6o ce~, de mis desfallecimientos, y á usted siempre le he encontrado c,n pie, con más valor, con más fe en 11.~ ob r~ los?las en ~e todo lo crsia. pe.rdido... Su fuer za mvenc1ble ha Sldo no creer más que ell el trabajo ver en él la SJ.lud, la. única razón de obrar y de vivir.. Y B.BÍ su obra. ha. llegado & ser su corazón y su cerebro, la sangre de sus venas, el pen.;a.mienlo srompre en vela... 1 Qué monumento imperecedero, qué dón de es plendor y de dicha, va á dejar á los hombre91 La obra mía, el constructor de la ciudad, e! pastor de pueblo!j, sin la suya, no hubj era. podido realizarse y ~o ~Qrh~ nada todavía. Callaron; pasó un pájaro volmdo; el aol de oto1'1.o cala como una. lluvia de lajj ramas desnudas, con ma- yor suavidad según iba. muriendo la tarde. Natura! mente, Smuret~, inqu;i eta, cub.rió bien con la manf.4 las rodillas de Jordán, mienlr~ Josi.D,a y Susana. se inclinaban sobre L~caa, tejd,iendo qu~ i6 fatigara.. Pero Lucas prosiguió, -La ciencia ai ue siendo la. gra.o. revolucionaria 1 usted me lo decía principio; 1 cada. paso adelante dg nuestra eintoo.cia. ha venido á. probarme que t&nla usted ra.:gón. Este Beauclair feliz, no hubiera sido po-. :nble sin Ja energía aléctrica de que u.st~d Je dotó. Sólo la ciencia, la verdad, emancipará al hombro, más cada dfa, la hará dueño de su destino, soberano del mundo vencedor de las fuerzas naturale!l. ~~:_re6~nd.ió lordá,n~-j. ~(a~a lib%.~rá 11 l Qru~

61 !!!4!re, pues la verdad es en el fondo fra.teiaid:tci 1 ju. ticia...- y yo me Toy contento; a.ca.bo de visitar por Ql. tima nz nuestra fábrica. ; ahora. funciona.r4. como yo ~ería, para descanso y bien de todos. Continuó, dió explicaciones., instrucciones respecto de los nuevos a~uatos y au empleo futuro, como si dicta.ra A eu a.rrugo su última voluntad. Aquel era su test&mento. La electricidad ya ora como ál la. hubiera qu& rido. En todas partes se distribuía sin medirlos, la llu, el calor, el movimiento. Con dar ruelta.s A unos boto nes se iluminaba ~a casa., se calentaba, cocinaba., Y. las varias máquinas del oficio ó del UBO doméstico ae ponían ea marcha. Mecanismos ingeniosos sin fin ap& recían tcdos los dla.s pa.ra alivio del trabajo manual. La. inte~ cia ee erna..ncipa.ba, subía el nivel moral 4 inteloctu&l ; en vez de la ociosa pereza, el trabajo consciente y libre; el hombre, su rey, dedicado A sus ta.rea.e favoritas, después de a.lguna.e homs de faona común dedicadas A la Comu.nirlad social. Y hasta las pob1es bestias de ~a. se ve.ia.n libres de carros y pesos ab.nt ~ores, volviendo A sus prados y á. sus bosques. Las aplicaciones &ran innn.."llera.blca. Jord~ había In nntado lámparas de ta.l fuerza, que dos ó tres bastaban para iluminar una avenida. El sueil.o de ancendet de noche otro s.ó1 en Beauclair, iha á rea.lizante de aeguro. Se h.a.bian encontrado también admi:rablea esta. fas, inmensas, donde, grac!a.s á su sistoma perfeccionado de ~acción, crecian en todo tiempo floro&, le. gumbree, frutas. La ciudad estaba ahll.a de ellaa, se distnnu!an á ID.Anoe llenas; ya no babia invierno ni noche. Los transportes, la locomoeión, la simple circu lación por l.as ca.uea concurridu eran mucll.o mas tácilet (t'a.cia.s á. esta fuerza gratuita aplicada t una infinidad de vehiculoa, bickle~. cochecillot, carretaa, lrenea ele ~ rio. vagonea. ~e voy contento-repitió Jordán con serena al& cria.-he acabado mi tarea y veo la labor ba.sta.nte avanzada para dormirme en paz. Mañana. se descu-~ brlrá la navegación aérea; el hombre habra conquistado el espacio como habla conqu.i.stado los océanos. ~l~ P.Odr~ ~o.mu.nicm ~!la g~;t,retno á otro de ~ 285 ~ la tierra sin hilos ni c.a.bles. La pal~ra h'llimil& cual4 quier movimiento humano, darán la ruelt.a. al :Oundct co~ la rapidez del relámpago... Siempre será la eienci4, AIIl.lgo mío, la revolucionana invencible que emancipe á los pueblos con más paz y más verdad. Hace ya tiempo que habéis como borrado las fronteras eon VUC11 tros ferrocarriles que se prolongan sin cesar, cruu.a los. nos, horad:a.n las mont.&n.u, juatando todaa lu na.c10nes con las mallas cada ve.j m.ájt espesa.s y tra,. temales de esta inmensa red. Qu6 aerá cuando se ha.ble do _capita.l ~ capit.al, cuando el mismo ponsam.ie.d.to, en el m1smo mmuto, ocupe en Jos mismos intere:;ea A los distinto& continentes, cuando las barquillas de loa globoa viajen por el liilire ~pacio, patria común, 8.Íll tro~zar con adu&na.ji. El rure que respiramos todos, el espacio que es de todos. será. el c.a.mpo de a.rmonla ilimitada., donde la humanidad de mailana so reconcilie,. Por eso me ha visto usted aiompre tranquilo, seguro de la emancipación tína.l. En vano los hombres se devoraban estúpidamente, en SU! luc.w ciega8, y las rdi giones se ob5t.inaban en acumular errores, para seguir dominando; la ci :ncia seguía avanzando. Traía rnás luz, má.s írat.errüdad, más ventura cada dia.. Y por la fuerza irresistible de la verdad barrerá el p~do de tinieblas y de odios, acabará por liberta..r las inteligcnda.s, por juntar los corazones bajo el ra.o. ol benéfico, padre de todos. Se fatigaba; su Tot. lba siendo muy débil. Pero '-Wl concloyó, animándose: -.Ya lo ve usted, ~go mío, era yo tan rqvolud.o, nario como ~ted. -Lo ~. querido amigo-respondió Luca...s conmol"í do.-ha sido usted m.l ma.estro en todo; nunca le a radoceré ba.at:wto sus admirables lecciones de ener ia, de magnifica fe en ol trabajo y en el propóllito. Bajaba el 10l; como un ligero e&calob1o acababa daw pasar entro lu ra.zna del ran tilo, del cuaj ca.ia mh pálido el polvo de oro de ut.ro. La noche ae act:r caba un suave reposo invadía lentamente la hierba.. alta. Y l:u tres mujeres, en pie, muda.s y atentas, ya 1e in quietaban aun JU& les inspiraba respéto aquella (U_eroma clllre,:ista, ~ lu te;ú:1 iamó, I~ por la. l'mo-

62 ,_ ción. Intervinieron, auues~ ca.dno~aj, con ad~f\n." s maternales, no con palabra.s. Josma. y SoourettQ tapa.. ron también á Luca.s, que di) o: -No ten&o frío, 1 esta tan h~nnosa. la ta.rd61 Smurett.e se había. vuelto para mirar t.l aol que se ponía; Jordán tiguió a u m.ira.d<1.. -Sí. la noche llega.-a,twiió ;-el &<>1 puede ponerse; no& deja en n~tro11 depósitos su tuerza J>renhechora... Y esta vej, si 1e pone, quiero decir quij he andado toda mj tornada.. Voy ~ dormir... Adiós, ami eo mío.. -Adiós, ~o mio-repitió L~cas.-Pronto donru ró ye> también. Era el Clltimo a<liós, de conm.ovedoro t.ernura, de grandeza sencilla, ex.traordin uia. Uno y otro sabían quo no ee verían mas la última. mirada., las áltimas palabras. Y despu6s de, eesonta anos de 'i'. la misma obra común, se separaban para no reunirse más qu~t en la corriente de las generaciones, los hombrea de mañana cuya felicidad habían adelantado. -Adiós, amigo núo-d1jo otra vez Jor~án.- Na.da.do tristeza; la muerte es buena. y?eccsana. Se revl've en los de~ de ese modo 110 es 1nmorlal. A eilos aos habíamos co~ sagra.do ya, para. ellos hemos trabajado sólo, y en ellos renaccremoa oz.,..ulo ~1 de nucst.ra obra... AdióJ, a.migo mio. Y Luc~, una vez más repitió. -Adiós, amigo mio, todo lo quo quq<lo ao nosotro1 dirá cuánto hemos l.lnado y cuinto hemos esperado. Cada cual nace para. au tare&, l.& viua. no tiene otra razón, la. Naturaloz.a echa. al mundo un sér má.a cad.3. Tez que neceaita un obrero ma.i. Y CUuD.lo h:a cwnp!ldo su trabajo puede el obroro dcsca.naa.r. La Uerra le recoge para emplearle en otras cona... Adiós, amigo mío. S& inclinó, qu.erienuo abrazarle. Pero no pudo; las tres cariñosas mujeres tuviruon que ayudarl~s, avsle ncrles para que SQ eilrecharan por úlb.ma. vez. Los hizo esto rei:r como niños; admiraba. su alegría, su serenidad, en esta hora de la separa ión. ni recuerdos de días mejores, ni remordimientos; habían. cumplido su deber, toda. su labor humana. Aún menos temían; ~irii,.ban sin terror m:\~ ajlá d~ la. m.u.~i"uj! se_guro!. <W ' ~ z.,... la 1ra.n calma ~ '(1M lo1 buf!aoa obl'6l'08 so quedaba& do~dos. Fué el a.bruo ea.riñoso, m ay lógico; cua.nto a.l1ento les quedaba. lo pusieron ej!- aquel beso. -Adiós, mi buen 1ordán. -Adiós, nu buen Luca.a. Dcapuéoe, no hablaron mm. El ailtn :io so hizo pro fundo y tittgr:tdo. 1:.1 sol dcsnpa.r.ció dd cielo inme.p,so; detrl.j ~ la. 1 lue.1. lejll.ju), é in.jecim dol :...oriz.:onte. Sob:e el cra.n tilo, un. pájaro calló; las ramas aa aumerfl"ron en una aombra iuti.l mientru la hierba, y todo el p~rque cou sus alloa troncos, JUS calles. S(lj pradera entrnbiul en la paz delídosa d~ la noche. Entonces, ~ u.11a sctl.a de Sceurotte, los dos homhr~'a levantaron la but<tca de Jordán, le llevaron con marcha &u.ave y lenb. Lu~s, in.módj, había pedido coa un a.dom.ó.n que eo lo d jara Ull, instante más bajo el árbol. Y miraba A su aru.igo que se alejaba, allá abajo, por el fondo de la. gran calle de árboles, recta. Era larga, y la butaca poco Á poco iba disminuyendo. Hu bo an mom(;nto, en qu& volviéndose Jordán., cambiaron la últlllla. mirada., una aon.risa. n1edio borrada. por la distancj.a.. Aquello había acabado; Luca.s vió la butaca perderse, dooapa.rece.r, mienl.ra3 el parque entero se dorm!a en las tinieblaa. Al volver á n La.boratorio. Jordán a.e acostó, ta.n débil, tan menude> en su edarl avanzada que parecía reducido á. la esta.tura de un niflo; y tal como había. dkho, acabada su obra., se en lregó por fin a la mu.erle. Murió &1 dia siguiente con JDucha paz, sonriendo, en.tre los brazo do Smurelto.- Lucas Yivió cinco IUlos mis, aiornpre e.n su butaca. junto A la vent.an.1. de su cuarto, desdq dondo vela el p rogr~o de su ciudad. Una acma.na. d~pués de la muerto de Jordán, Somrelle 16 vino coa ellos, y ya ÍQ.(!ron tres á cuid:u do Luca.s. l!nlu».ces recogió la toberbia cosecha de aruor, qu~ L.Abta SómbtJ.do ~n torno auyo man03 u~aa.i. En. largaa hora. de foli.z oon.t.empla.ci~ Jl ante &u prós pera ciudad, Lucu veía el pasado red~rivo. Veí!l ej punto do partida, la leja.n..j. l ~cturu do un menudo libro. resumen de la doclrin.a de FGUJit,r, Recordaba. la n oche do insomnio de duda. y de fiebre. Los arranque~ gc!!jilet do r'oww 19 WíAA ia.,pi rt~.do.i ks ~a~loll~::'!

63 ~-~ huma.nas rehabiala.daa. oomo fuerza de la vid&; el tnfi bajo sacado de presidio, ennoblecido, avadable; n.uevo código aocial; la libertad y la ju.stic1a conquistad~ por la pa.z, juntando el capital, el trabajo, la iateli gencia. A F'ouriter debla. eu sayo de la Créeherie, la salud y la alegría de un nuevo pu lo. La religión de la humanidad, como el (' toltdsmo, a.ca~o t&rda.ría si los en con.solid&r&e; pero qué práctico, evolucioni ta, llegaba el colectivismo, y hasta el 11u.ello libertario de loe &na.rqttiliw. En. la. uocincióll, el capital paso á paso deja.ba. el puesto a.l trabajo y ~ la intejigent.ll Deeaparecía el comercio; poco A poco el dinero. A v&n za.ndo as.i, A partir de Fourier, la. ciudad nueva conqm taba i las sectas enemiga1, colootivistas y ha.ata a..nar. quititas, para unirlos á todos en un pueblo herma.no, trayendo el reino del cielo á la. tierra.. Era admirable el espectáculo de vi-ctoria qoo Lucas tenia siempre ante los ojos; la ciudad feliz cuyos tejados de colores vi vos, entre loa á.rboles, se dilataban &nte 811 ventana.. Despu6s del primer paso doloroso de la generación primera, imbuida por los antiguos errores, las cenern.ciones DU6vaa, educadas por escu& w talleres, aegu.fan la. marcha de modo fácil, gra.ci~ so, alcanzando los horizoatcs que te tu~ por qui méricoa. Gracias &1 continuo mudar, loa hijos y lo1 hijos de los hijos pa.recían tener otro coruón, otro cerebro; era fácil la. fraternidad, porque el bien p.ráco tico de ca.d.a cual, estaba en el de todos. No h.a.hia ooo mercio, que era robo; dinero crimin.a.l, a v&ricia; no había herencia., nadie zta.c!a oon el privilegio del ocio; no había d. gollinu en torno á loa teat:a.roonto1. Para qu~ aborrecerse, ed\idi:use, codiciar lo ajeno con tuer za ó dolo, si la fortuna públic.a era de todos, y cada cual n.ac1a_ vivía y morfa tan rico OOino el vec.mo? El crimen ya no te:ala rüón de.er, era eatópido, todo el aa.lvoje aparato de represión y ea.sti o te había hundí do por in ó ti1; gendarmes, tribunal ea, cj.rce.los. Había qu9 vivtr en medio de este pueblo, que i norab& la uerr&, y amaba el trabajo aolida1io, pira. ver que las pretendidas utopias de dicha unive111al ae haclan po~ti bles. Las pasioneli no sofoca.das, culli\'adn.a, 110 hacían Jirt\WcB, t.ner L:\1. IA dich::\ legílim.:\ n~a M ~!lec ~~vtfl'fotvfmj.ento de los cin~o eontidos, r del tentido det amcr, pues el hombre debía gozar, aatisftl.cer 1us deseos sin hipocresía, á la luz del sol. Todo esto era la religión de la vida, libre de dogmas. AsistíA Luca.s, 1obre todo, el triunfo dol tra.bo.jo ni vad~r, creador y regulador del mundo. Desde el pri roer d!a había querido la muerte del &a.laoo úníeo, de un nuevo rcpa.rto ID..U jubto. Pero qué CÜ!J eta.pu antes de llegar al 1uolio realizado 1 También, en eato, se parua de Fourier; la unióp., el ~ajo variado, corto, agradable, las serie~ de grupos. L& comunidad libertaria eeta.ba en germen en Fouricr, poea 1i ha.bra re chazado la revolución eocial, su csperann era c!eatrult la sociedad presente. En la Cróchcrie, el aalario, por grados h.a.bfa ido agonizando; había llegado i. satisfacer i los colectivistas con la circulación reglruneatada de los bon08 de t.ra.bajo. Sin embargo, el salario -.eguia siendo, atenuado, disfrazado, negándote i. morir. Sólo la comunida.d libertaria lo habla. destruido en la tl.ltima etapa, con la antigua quimera. de libertad y justicia totalee, de unidad y armo~ ya vivientes. No habla a.utorid.a.d; el nuevo pacto.acb.l ae fundaba en el trabajo n~rio, la. ley 1. el culto. Nadie iinpedia la expansión de cada. cual el ciudadano progresar La A 1m modo en su debe.r de tra.ba.jador; formaba parte de lo~ grupos que querfa, pasaba del eampo á la ít-1 brlca. 1!14"_gún!Ull facolta.d<'l y su deseo. N o habla lucha de clases, puc8 tólo había. una; todos eran igualtnent.e ricos, con la misma in.strncción r educación, ein diferencia alguha en traje, habitación y eostum bres. Era el trabajo rey, el sólo di05, de una nobleza IIIOberaJla, que había ~catado i la humanidad, y 1 ds.ba el Tigor, el a.mor y la. belloza. Sonreía gozoso Lucu, cuando un soplo de brisa m& tina.l le traía la.s carcajadn.s y lo cinticos, cuya sonora alt>grfa le mandaba la ciudad i. todas horas. 'Era el trabajo!a.cil, delicioso. Pocas horas a.l dfa, casi todo era vigilar, porque lu máqujnas nuevas babran lloeado f. lener piee y manos, como los esclavos antiguos Levantaban monta..aas, cogfan l<>i objetoa más delicados y ~ modelaban aon e&mero infinito. Andaban, ob&de- 9{an, 1:01'00 llnirnej. rán dolm, ~_ntl()m fin fa ti<t~

64 ~ ~16 ~ Por ellas, l hombre acah6ha por reconquistar la Na tu raleza. Era. un lujo, a.bunda.ncia prodigiosa de manufa.ctu. ras de las flores y frutos de la. tierra.. Cada ctudada.no vivía como un prindpe con algunru! horas de trabajo. 1 Ya. no había la servidu.ml>ro de las diez horas! Esta. reducción del trabajo material había hecho florecer los estudios de los!a.hios, 1~ obras de los artistas, abriendo el campo de la inteligencia. á todos. En los laboratorios, descubrimientos maratil.losos cada semana. El pentamicnto humano se bacía su >Qrior, porque el pueblo enooro estudiaba la verdad por m.étodoa exporimenta les; las ra.ndes intejjge:o.cia.t ya ~o era.n e:xcepcionell el genio era logión. Y n la quinuca transformaba la alimentación; aun ~e la tierra no hubiera producido ~ trigo, ni olivos, ni viflas, de los laboratorios habría salido has tante pan, aceite y Tino para abastecer la. ciudad en tera. En ftsica., en materia de electricidad sobre todo, 1~ intentos se uia..n enlanchando los limites de lo po t ibie; d&ban 1!. los hombres la omnipotencia de Jos dtoiet, sabiéndolo, 'riéndolo, pudiéndolo todo. Después el vuelo de los artiat.a..s, la belleza. mfla ámplia, flora ción mmensa., uniyersal, COn que todos podfan perfumarse J adornarse. N o había artefacto, por humilde que tuera, en que no intervi.nieso el arte en la forma, en el color, en la exp~ón L&n.ge, con su.s ladrillos osmal tado~ su..uarerla polícroma, había sido el prim& ro en embeltecer la vida cotidiana del pueblo y ahora vcnlan legiones dg a.rti~tm; lo era cada obrero; iba a.neja á oa..da oficio la ~lleza inn!lt&, gra.nde, lrimple de obra vivida, buscada, a.d.apt.ada á eu aerviaio propto. l odu 1M &rtes florocfa.n con la inspira.ción popul&r en l;~.s &.lmas; por las puiones ltbres, por el amor compartido. En (.'St,a di.tección univer1al la música era la Yoz. del pueblo foh&; y mú5lcos, hijos suyo&, en CGntra.ban p-ara él cantos sublimes cuya continua ar monta era como un baflo ideal en teatros, t.allel"f"$, caslls y calles. Edificaban :lrqultecloa, para el pueblo, palacios mmensos y soberbios, con la amplitud y la maj$stad una y variada. do la muchedumbre; con la r.do~bi. T~riedad ft. t4sqca de nlilte ~ iaditidualldf. d!'& que allí se rosumlllll. Los es~ujtore5 poll,j:ian de bronces, do má.rmole.s vi' ~ntes los jardmes y loa mu seos; l o~ pin t.ores adornél.bm las csoona.s d~ la vida ordinaria, Jos edifjcios públicos, las esta.ciones, los la ljr res. las bibliútoc.as, las nla.s de espcclá.culos, de es ludio y de recreo; y sobre todo ha.bfa escritores que cljban á este put-blo innumerable que loe lela, obras robustas, poderosas, de a.lionto, na.d ];u, del mismo puel>lo y escritas para él. El s~ruo, en que ~ a.cumula la (:norgla in lelectua.j de 1<13 gcner:tciones, se agrandaha E>n &quello humanidad mi., in~trufda y libre. JamAs había tenido lc"'ll esplcndur. No era la flor de estufa de una l1leraturs limitada, ari~t.ocrá.t1ca; brillal>a en plen& humanidad con poemas en que rebosab.1 la vida de tcdos, qu~ lodos hablan &'ludado. Y Lucas Ucno de sorenida.d: sin t~.mor en ej porr& llit, vela su ciudad seguir creciendo como persona tue~ t E' y benno~ de ju enlud eterna. Habla baja.do de las garganla.'l de Brill8, en~ Jos d o~ promontoi1 os de los Montes Bleuse~. y ahora lo Tadlan lap pra.der1~ de 1.1 Hwna.t'l& La.s tacbadaa blan CJU. eo el buen ti<'rnpo, rcln.n e.nl'"' pra.dos, s1n que ol humo mancb8.5(\ la pu.re~a del airo no babl1 el meneas, la electricidad reemph:...:a..ua la madera ' el carbón. E.1 gran cielo a..zul tendja IU tapa dt' seda u. ICra i.n..maculada. Por do<rlicra 8'Jr!a.n CAM.S, r..a.llet ru ll"1f innumerables, 83 rumor de much~ a.guu pe~tu 3 alegria. Un pueblo llbre, CeW. ín.te.ill.al, e~ toco de atracción. Los puoblecillot de lo!' a.lredodoret, &int Cron, F'ormerio~. Ma.&nolloe. ba.bf&l) eegui:do el e)om plo de &&uclrur, Era el contag-io uresistible de la djcilia; y no h&rf4 obst.ieulo para la tuon:a de la te: r1da.d realizada cuando loa hombros tu'rioran la.,;sión neta y decuíya de ella. Nunca ha habido IUU p una lucha humana, la lucha por la felicidad. y e9~ en t-.j fo ndo de toda religión y do lodo gobierno. El e olsmo es el esfuerzo indl,;du.al busu.ndo para sj J. d.lch~ p.os1ble; y por qu~ cada ciudadano no ha de poner su E>goísmo en tratar á los demu como hwm.a..nos. el d!a que se convenza de que la felicidad de cada cual ost.a on la. de t~os? Si los intere s ~s luchaban era por gue el pacto antti'lo lot oponht. uno3 á otro&. P~ro

65 ~~~ so pruella que &1 interés está. en la. unida.d, en la af4 monfa la paz eati hecha.. Si ol hombre hujjw~ra puesto en conquistar al mundo las fuerzas naturales, lodo anm de siglos y sigloe ga.stado en aangrc y lflgrimas, sería el rey do lo creado. No es cierto qu~ un puoblo que no lucha degenere. El ideal no tiene lmlit.es; siem prc tendrá mucho que conqui.slar lo dcsconoctdo. A cada necesidad satisfecha, sucederá otra, despertando hflroefi de la ciencia. y de la belleza.. Como el suoño, el deseo es infinito. Como se combatió por robar la rucha ajena, 50 luchará por awncnta.r la de todos. Y no habrá más que hmoes; y todo mo.o, al nacer, re Clbi:rá un regalo de bicnvonid&: la tierra. entera, el cielo sin!imites, e-1 sol paternal, fuente de la inmortal Vlda. Lucas contento frente á su. ciudad triunfant8, alri bu1a al amm todos aquellos prod.igioa. El amor ~e habfa sembrado y que ahora recogia en frutos ma gotablcs de bondad, de fraternidad. La mujer salrada, Josin.'l, devuelta á su puesto, lo había. hech~ todo. También la instrucción, la educación, nuevas, Juntan do los dos sexos y dándoles los mismos conocimien tos, los había llen1.d0 á ent nderso con un fin ya Úll;. co, amar mucho para ser muy amado. Lo que JUntaba en la escuela SQ a!irmaba. en el taller, con el &mor florecía. Los 'amigos de la niñez 8Jlll1Jltes en la ju ventud, formaban las pa.rojil3 siempre {~eles y j\lnt?a so llegaba á la vejez. Sin embargo, la libertad subsltlla; era lícito scpa.rnrso, sino aabfan en~ndor!e, y los hijos quroa.ban con un.o 6. con o~o, s<j«un ~.gueto: 6 bien loe acogía la comunidad a1 surgí~ djficultn.dea. El duelo aquel enlnl el hombro y la TUl!JOr tanto ti(}m po origen de &ma.rgul'as, ae ~oltía d(')ando á la mu jor libre, igual del hombro, &u compa.ilora. por ley del albedrío. Podfa no casarse, VIYÍr como un hombre, p~ro,! qué mu jlarse, negar el deseo, al;larse? Hace falta toda la vida. El orden natural, se restablecía pronto, la paz reconcillil.ba los sexos. Cuando dos ena morados, la carne en flor, so promouan en un hc~o, en la templada noche, 89gUI'Oii eliita..ban de ceder aólu ~ la pnllión. N a di~ pod!a v.wlene por la doto y no ca m bfan maquinaciones de las familim para.echar un hembra t la pa.r4da, penmddo en la ga.nanc1a. Era ol pleno amor depurad.o, aanea.do,, hecho ~r fumo, llama, el Coco de la ':d&. Extendido, gen ral; unive~&.l, nnd ndo de 1& pareja para pa:sar t. la. mév d.re, al padr-e, á los hijos, t. los po.ricn l<'e, á lo vccm~~, A loa conciudadn.no1,! la huid.rilidad ent.ora, en ona;. ead& vez m!s gmud&s en un mar de Rmor, acn~nhn por ból.flar a.l mundo. La dilcc ón era. como el.au-e vur~ que alimenta.ba todos l<>b pechot. La humarudad qut. librada al fl.n como los nstros, por la atracción, ln ley i justida., de solülariciad y do amo! yiaj(l.ff!p. 011 ad lartte dichosa.! lra\'ls del et.arno i:nltmto. -Mirad mimd-docía Lucas á. veces contonto, COM io por la' m~ana 1osina, Samrotto y SU3an r d ab JU butaca ante l.a ventana abiert& de par en pa.r,- 1 mirad 1 desde anoc.ho, m.aa árbole11 han florer(jo; besos y mu besos p&roee que echan i volar desde loa alero como pája.ros ca.ntore5... Allb. abajo, á derecha 6 b gu.ierda, el a.mor bnte las ala.s, al sol na n. w tres ~íiul tamlién y bromeaban BJilabl, por complacerle. -Sf, sf-dccfa Iosina,-por este lado, enclm de aqu Da casa de teja.b ar.ulcs mbrada.s de estrellas bla.n t.a3, pareoo que Li ml>la ol sol ID.nun do mn ha a.lo rfa dentro. Do ena.m.ora.doa debc,n de haber od b do est-'1. noche sus bodas. -Y mirad cnfrcnte-~ocfa Sreu.rcttc,--(n la facl & da brillante de cea otr& cam., do a.rul~jo adorn dos con rosu, como oclul.n lwnbro los criatal oomo un a..:tro que a.manoco. De guro, allí a.cnba de na.c r un nillo. -Y d quiera, sobre toda.s 1M morad, sobre 1!.1 pu hlo ~nt.cro-docfa SU-I\..1lla,.-lu n ros do ol, como espigas de oro se le antan en un campo f.ratornal d ferti i lad prodigiosa.. No es 1 paz de todos, cl amor do todos que cad;. dla brota. y ~ roe ge? LuCM w ola encantado. Ador ble rocompen a Je da.ba el amor, rodeandole on su anci id d ext.rem.a ~ ~ 1 florecimiento del GJ 'fio ent ro, de aquoll treji muje cuya p ncill emb 1 samab y hacl ro 2)Mdocer :QA ú.ltim cl.f El ms.yor fruto d 1 or, 'fl'a~ai~t-to o ll-1

66 el mis ~x~lsho, ro. para él. Tro'l mujerel le a.do11> han, le envolvían sin cesar en un culto de afección detot&, de solicitud y pequeños cuidados. Eran infi nitamente buenas, cariñosas, de ojos serenos que ins piraban en él el continuo apego A la vida. Sus manos suav~ le sostenían hasta el borde de la tumba. Y eran muy nejas, blancas del todo, ligeraa eomo alma.a, ya au~tas, como puras lla.m.a.a, activas y alegres, &r diendo een la eterna y juvenil pasión por el ra.n aneiano. :!5e(Uia 61 viviendo y ellas trunhién; eran su tuerza, su a.cción, su llnt.eligenejs, siempre a.llí; eana.a y firmes, 6. pesar do todo; yendo y viniendo, cuando é1 ya no ee movía; guardianas y amas de 1u cua, CGID pafteru que hablan alargado la exis cb. del anda.. no má~ allá de los regulares lhnitoa. Josina, i los setf'nta y ocho &1\oa, aun era la enamorada, la Eva. saltada un dla. de la culpa 1 del dolor. Muy m~nuda, como flttr soca. J. pálida, pero aun oon perfume, conservaba su gracia wtil, IU delicado encanto. Al sol ela.ro, BWl oa.belloll blancos, aún tenfa reflejos de oro, el oro soberano de la junntud. Y como siempre, Luc.a.s la adoraba., como en el día leja.no en que la había 8000rrido amando en olla al pueblo del dolor, A la mujer atormentada, haby!ndola eeco gido por mlut miserable, por máa dolorida, pan. tal var con ella, si la S&lvaba, i tod~ loe desheredado de eete mundo, sofoca.dos por la. vergftenza y el hambre. Hoy todavía besaba con devoción 111 m.an.o mutilad~ la herida del inicuo traba.jo. Por ella había emana pado i loe trabajadores; y con su amor hlcun.dado, había eternizado eu obra.. Y ella ta.mbil6n le adoraba eomo siempre, como el primer día, con a.rdor de_ cari ftosa gratitud, delicioso dón do todo un ltér, pa116d 1 deseo de lo infinito en el amor ooya lla.i'rul incntinr.u,1e la edad no había debilitado. Sreurette, de la edad de Luca.s, próxima i loa oehen ta y cinco, era la. má& a.ctiva., liempre en pie, ocup&d& el dla entoro. Hacía mucho tiempo que parecía no e.n vel'ecer; menudisim.a, disminuyenrio toda.vfa., poro em be lecida por la e.ma.ble vejez. Antes de color tan oba curo; tan delgada., nada a raciad.a., ahora ra ona fra. lton lloj~illa, ~ ratóu bl~co con ojo de \IAI - ~~ID 'AnW\o, en Ja ~rrlble crisis do au :1mor ' tucat, IN hermano Jordán la habla dicho que ae resig11arla,,que sa.cri!i<:arfa su pasión al bien aj~o. Y ae habla resignado, mis cada dia, au renunciamiento habla lloga.do eer una pura alegria, una fuerza do divino con tcnto. ~a amando á Lucas, e11 8\a hijos y en nietos, ayudando & Joain~ á cuidarlos. Le amaba oon a.mor mis profundo, libre de todo egoísmo, cuta. llama de fratern.idn.d y de afecto maternal. Como había cuidado & au herm.afto, con igual delicadeu. cai-4 daba &hora A. Lucu. Y en esto estaba. ahora 1u dicha; 1 on tentir cuiato la amaba él también y cumplir un liglo en eat.a amieta.d apuiona.da, tan dul~ como el amor. Susana, de ochenta y ocho a.fio1, era la mayor, la teria y la Tenerable. Pequeña., derecha todavia, cen aquel rostro amable euye encanto h.abíu sido en otro tiempo la bondad, la razón firme ~ ilt.tiulgente. Pero ya no andaba ape.a.a.s; sólo swt ojo piadosos habla.ball ae un anhelo de &faaarse 1iempre por los dem.u. Por lo común a..hor& permanecía sentada al la.do de Lucas, acompañándola, mientras lu otrn1 do1, aetivu, corrían de un 1 a.do & otro 5ÍJl ruido. Ella tambil!n le había amado tanto en las horu tristes de su ju, cntud un amor que la consolaba, la.r o tiempo nora.do por ella misma 1 Sin saberlo, & él se habla e~trcgado ca lera., soñando con ol héroo i quien hubiera querido alentar, ayudar con rru cariño; 1 el dfa. en que a u eo ~azón habla h&bl&jo, eetaba ya. en brazos de otn m\1 )er. amante; en su lugar sólo había ya sitio p3..ra una a.nug~. Y ora ella, lar os años, con dulzn.ra i.n..fia.ita; aererudad absoluta, en paz perfecta., l"..u la eomunióa do ca.rino y do pensamiento en que vi>fa con el hom bre que era ya cu hermano. Y e1t.1. amistad, lin d uda; oomo la de s~urett.e, era tan deli osa >orque ha.bia Jtacido del amor, dol fu6 o eterno. Luc.M, de tal 1uert.o, muy. nejo, muy gra.nde, de IUprema belleza a.ca.baba la nda. en el amor de tree mujeres, muy viejas, muy grandes, do suprema bell_eu.. El, con. su gra.n estatura, sia que IUI ochenta y t:tnco le hubj.esen encorvado, conúnua.ba aano, tuert&t firrn r.omo ~ ~~ ~ lu r.w. h4bf a

67 ~ r,s ~ torpecido como para clntarle allf, de~a.nte ~ su e~ ta.na, feli1 eepectador, e.hora. que su Ciudad estaba fun d&da. Sobre su frento, de forma. de torre, sus espe eoe cabellos de los cuales no faltaba uno se habían TUelto blancos, y eran una mdena abundante, m~e na blanca de un león viejo descansando. Alumbraba.; ~rlumaba, sus újtirnos días esta adoración de t!(uo lo rodeaban Josina., SO'u.r<;tte y Sm;<~na. Amándolas i to das oon el río ínm<'n~o d() s11 amor cm que todos los corazones podla.n bebor; á un~s y á otra.a amante Y. amigas las estrechaba en ~1 mmmo abrazo para c::rea.r JDás vida, más felicidad.. Mas, ap11.recieron sof1al~s. Como _Jord~, t1n. du_da.; cumplida su obra, Luca.s iba! monr. Le mvad1a c1er to auefig, un reposo b!en gan_ado, ~ya llegada espej rab& con plácida zererudad. V16 vc-rur la!d-uerte ~on tento; aa.bía que era nooosaria y suave, am nec~sttu 1~ mentida promesa del cielo pa.ra aceptarla con va!& roso coruón. El cielo, en addmt.e. est.a.b~ en la li~ rra donde toda la verdad y la. ju!'itici:a posibles reahzaban el ideal, toda la dicha humana. Cada sér era inmortal en laa gcn~racf.ones de él 11acidas el torrente de 81Tlor se aumentaba con todo amor y' rodaba por lo infinito a.s~gurando la eternidad i todos los que hn.bfan vivido, em:uio, procreado. Y Lne.."..3 sabía que podía morir, pero ~o ~accria. ron tihu:uncnte en Jos hombres cuya ex1st"ncta mejor y más dichosa babra deseado. Esta era la única corteza. de mis allá le daba una pu adrrurable tanto habla amado ' los otros tnnto bahía bocho por aliviar su11 penas, que era re:c.omponsa b~aüfica adormecerse tn ellos, a.prol"echaf\." é.l mismo de &U obra en el s&no de lu gen~ra.cionos ~da T'CZ más felices. Joe.ina, Sceurelte 1 Susana, nla.rma.das, néndole al& tnrprse, no qnisi43ron, sin embargo, estar tnstcs. To dae laa maflanll! 1iguicron a.bnendo las ventana. p3.ra que el sol bondadoso entrase hbremcnte; adomaba.n J perfumaban el cua.rto con flores, eon grnndes ra.mi lletee de un brillo y de un arom& que parecían la tn b.ncia. Y eomo la infancia la quoria tanto LucM le rode&ba.n ' oada momento de a logres baadada.a do ehipi.lj" l ~ujll-. ~ ~ ~ia 6 p)o,.d ggm ~flb eomo ofl'ol ~. maftan u. nor, J.a fürrl J la belleza ca loa aftos futuroe. y cuando t&ba &1M toda aquella cent. rntmuda, jugando entre careaja.du tlrededor de u buta-o&, Lucas lea sonreí.a eon ~r.. nura., seguía IU8 jucgoe muy 4Nltrotenido; encantado de ~tljarse abl, en lll.eldio de u,na nlecria tan pur& y do ~ nva esperanza. De _modo que, el dia en que debía venir la muertd; muy JUSf.a., muy buena., al ca.e.r el cropúsculo, las tfel llluje~s que la rolan acerca.rw en loa ejoa de cla.rld.&4 profunda del ancil.l.llo, invitaron á venir á lot bimi01 tus, los m.ís pequeños, aquollos cuya. vista traería por Ye.nir. Y estos trajeron coll3i:go á otros ca.ma..ra.d83 nw yores, los dcsceudientea de loa lra.bajador~a cuyo o~ fuerzo ~lidario habla fw1da.do un d.úl la Crécherie. F'ué admirable ospeclll.culo aquella estancia llena de aol, do nii\os y de ros~. lllientras el hérue, el viejo león do la. mclena. blanca. todavía atendía 6. sus jue-4 goa; con tiemn. alegría. Bien lo roconocia.n todos le llam.aba.n por su nombro, le pregunl.:1ban cosas. ' Un g~r ~o ma.u~bo do dieciocho año, Francisco, hijo de llipulilo Mat.aino y do Laura Fauchard lo miraba. á tra. yé de dos l~rim.as que procu nb cout ner. Luros lo U11D161. -Anda, von ~ darmo la IJUW.O, buen IJl0%0, mi que; tldo FriUlci.sco. Nada do t.dst.cza; ya Yes como nosotrog estamos contentos... Has do SQr un val'cnto 'tj has crecido más; seru w1 soberbio gallul cnu.moro..do.' ~. Do~ pué.~ acercaron doa mucbchos do quince año1 Amola, hi]a de Al ja.ndro n.tuihat y de Cleme.ntiu. Bourrón : y Simoll.lla hlj de AdoUo La.boque '1. de GQr; nlana Yvonnol :-1 Ah 1 vosotras t!is D.le rea, hgi~noeas nú;ij!, y t,e. n~~ mucha re.:z ó.n... V cniu, dej adme besar vue lra.t me)tlla. de pri:ru.avera y t.one4 aiewpre egda 1.. b.e.r PJosura, esa es la dicha. Lucao ya no roconoció nma que A loa auyoa cavo nflmeroo se rnultipli~ sin oosa:r. EstablUl allf dos do IUi tuetos, una nieta do diecioc.he Wlol Alicia hija ele Carlos Fron cut y de Cali.nn. Le.n.fa.nL Sólo 'hab1a lrafdo 4 los solteros, puetl loe nietos cuadoa, con aua ujer l ~d~ la fa.milja. hu.bierm hq.a d { ba'b,

68 IÍ. ~ b.ctón. Sonl'efa Luca, coa máe ternura Ya.mnndo jll!l t>.' Rie.m:iOl..&.licia.. -Alicia, mi ~i&, ya eres una mou. oaa&dera tseoge un muchacho &le re y sano como ~. 1 Ah 1 ya lo has hecho? Queréos mucho, tened hijos sanos y Cl.l.ecres romo vosotros... Y tú, arrogante Ricardo, té j\le vas á entrar de aprendiz en un taller de calzado, Y. que además tu pasión ea la músiu.. Trabaja y ea.nta. Ten enio. Pero en esta momento la oleada de los más pequefiuelos se echó sobre él. Eran cuatro, tres niños y una. niña, todos biznietoi que querían subír&ele á las ro dillas. Empezó oogioendo al mayor, de siote años, hijo de Mauricio Morlain y de Berta Jollivut; primo y prima, él hijo de Raimundo Morfain y de Teresa. Froment, í ella hija de Andrés Jollivct y de Paulina Froment. - Ah 1 1 mi chiquiun, mi Iol{;e, el nielo querido de rnis dos hijas, de Teresa, mi morena, y de mi rubia. P&ulina 1... Tus ojos eran loo de mi Paulina, y ahor& van sieado los do m.il Teresa 1 Y tu JJoca t.a.u fresca y eonriente es do mil Teresa 6 ea de mi Paulina.'?... Bé3A me con mucha fuerza, mi chiquitín, mi Jor"e, para acor da.rte de mí, mucho tiempo. Le tocó el turno A Gregor~o Bonnaire; más pcque!to Clo ciuco años apenas. Era hijo de Foliciano Bonnaire y de Elena Jollivet, el primero hijo do Scverino BuD. naire y de Leonia. Gourier, la segunda de And1és Jolli vet y de Paulina Froment. -J Un hombrecillo más de mf Paulina 1... Es ver Ciad, Gregorio mio, que abuelita Paulina es muy bueoa aiempre tiene entre las rna.n.o:. cosas ricas-... Y á mi, el abuelo viejo, me quieres? Ila.s de ser siempro Lucn niño y ta.n guapo, verdad, cuando te acuerdos de nú... Béaame, béiame con mucha fuerza. Y para acaba.r co~ió los dos úllimos, Clemente y Luz, hermano y hermana, á. 61 S<.lbre la rodilla doro cha., A ella sobre la izquierda.. Clemente tenia. cinco años, Luz dos. Eran hijos de Ludovico Boiegelín y de M.a.rieta Fromcnt. Pero aqu[ los 1ecucrdos se le, a.ota. ban en tropel pensando oo Ludovico, hijo de Pablo ~oisgelí~ Y. de Antonicta Bonnairo; y en Marieta, hi Ja de Jlilan.o From~t l de Col~tt. ciol.icio~4 1& Ai w;f784 1a mayor 4e N~et y d& Nis:l.. Loa Dole~aeu,. los Bo~ ~Un, los Bonnrux. meacladoa eon los Froment rena cna.n bajo aqu.ell&s frenles puras ~ ligeros cabellos ea bucles. -Venid,.-enid, Clemenlfn, Lucina., &mores mfos, Si eupiera.b todo lo que vu6l vo t encontrar todo lo que leo en el fondo de vw.stro ojos cla.ros... 'clomenun, tú eres ya. muy bueno y muy fuerte, 1 oh 1 ya lo 16 me lo ha dich~ el abuelito Hila.rio qua está. muy coní.uto oy~ndote 11empxe reir... Y tú, Luoina., tad. pequena qu ap~na.s hablas, ya eó que ores ~í y todo una mujercita Tali6Ilte, f.orque n.unca lloras y tiend~s ale res tua manitas al so... Tené1s que besarme también los dos adq.ó rad01 y he~osos hijos, lo mejor que vol i do{ar de xni. 1 toda nu fuerza y toda mi: osperanza f Se h».blan ~rc.a.do loa demás; hubiera querido w ner bratqf! bastante largos para cogerloa y abrazarlos A todoa oontra su corazón. A ellos confiaba el porvenir i. ~llos legaba su obra, ~mo á íucrza.s nuevaa que la nnrfan otra vez extendiéndola sin fin. Siempro h.abl& pe~o en los lliñoa, en las gcnera.ciones futuras ~ra tenu.ma.r la empresa de la d.i.ch.a. Y i ~quellos nl!toi queridos, nacidos do él que lo rodea.bad amoroaoe en la. P~ _serena do su última hora, 1 qué testa mento de JU~ti(.la, d~ vordad y do bouda.d les dejaba; con quó pasión hacta do ellos los cjecutort:e de su suedo, la hwnauidad caja día más libro y mil feliz 1-1 Andad, andad, mi queridos hijos 1 1 ~d muy ju.a tos y muy buenos l 1 Acord~os de wenue bcaado hoy todos, y a.madme siempre mucho y cunaos 1i.~mpre mucho los uno~ t loa otroal Un d.ia. aabróia lo que _hic. lnos, y haré1a lo que homos hecho, y vuestro hijos au vez ~eberán hacer lo que ha á.is 1 1 mucho trabajo, mucha nda, mucho amor Y ~n tanto, m.is querido hijo&, &nd..ad á ju ar, leucd mucha. aalud 1 mucha &1 1rla 1 1?-ina, Srewott.e y Susana quisieron ontoncea despedir á la bandada bull.icio...a por temor del estrépi to,,,endo á Lucas debihlarie poco á poco. Pero él; D.O lo cqp~ldtió, d a.ijª WJl~rlol! ccr <l~ ti, p_a;~

69 ~ 2SO io.s1 alejarse euavemoot6 entre el ruido alegre <U s'ua CQol e&jadaa. Y.. re&oj. nó que loa niños ba.ja.ra.n A ju ar al Jardfn b&jo au "Ventaaa. Lea oia, les veia; eata.ba contento. Y a el sol bajaba al horizonte, el gran sol del estío eon que resplandecía la ciudad entera. Llonaba de oro toda la estancia como de una gloria, y Lucas en este esplendor, en su butaca, calló mucho tiempo mirando ti inmen.so horizonte. Una pa.z profunda lle aba; Ioaina y s~urette, ca,; Dadas como él, habían venido fl apoyarse A. su derecha y A au izqui'erda, mientras Susana, sentada, parecfa aeguir el Irusmo auen.o y habló por fin L"U.cas con voz pd.usada que parecia hacerse poco á poco lejana. -Si; allí está nuestra ciudad, Beaucla.ir regenerado, resplandece en el aire puro, y sé que los pueblos Tecinos, Briaa, M.a nolies, Formerks, Sa.int-Cron, han tenido que seguirnos, a.tra.ídos por el ejemplo... Pero!nU allá de ese ancho horizonte, del otro lado de los Montes Bleuse~, y allá abajo, dotrá.s de la Rumaf1a; qué se h.a.ce en el a.ncho mundo, á dónde han u~ ado las provincias y las naciones, en la larga lucha; en la ánu.a y sangrienta marcha hacia la ciudad feliz. De nuevo calló lleno de mil idea.s. No ignoraba que la evolución 10 cumplía doquiera, pro.pagá.ndoso é. toda, horas con v&loddad a.cele.rada.. El movilmieuto des de los pueblos babia. ido conquistando w provincias, después la nación entera, dcspuéa las naciones vcci nas; y ya no había fronteras ni montañas ni océa.nos que no &e pudieran salvar; la emandpa.ciún vo1li.ba 4ie un continente á otro, barriendo los gobiernos y J.u religiones, uniendo las raza.a. Pero en esta l'ccons truccióu do la humanidad loa prooudimientos variaban mucho. Mientras Bea.uclair cambiaba por evolución, ra cia.s al ex~rimento de la a.socia.ción, en otras parles la revolu~.;1ón estallaba, la sangre corda entre meendios y mata.nms. No babia dos Estados ve(;ilnos q~.~.e hubiesen seguido ol mismo crunino; y por los mtls Ji. ferentes y aun cvnlnuios, iban todos los pueblos á encontrarse en la misma fraterual ciudad, la metrópoli / é íi"1 eonqulstada &1 tfn do la foderaci6d: human&. Y t\lou &6adió oomo aofla.ndo, con TOI máa d~hll 1 -J Ah 1 1 Sil qtlllñera wer, antes de a.blllcloaa.r mi ebra, hal5ta d ónde ha. llegado ya la gran tarea... dor Jniría mejor, llevaría. aún m..á5 certhumhre y esperanza. Nuevo ailencio. Como él, Josina., Sceuret~ y Susana.. muy vieju, muy buerul-', de &ra.n hermosura, e wo:.n ~fiando, mira.ndo A lo lojoa. Joaina comenzó: -He sabido mucw co~. un viaj(jro mé la.a ha contado... En una eran república, loi colect.i.visb.s se hicieron dueñoa dol poder. Dura.nttl años, cliaton bata. Uas políticas enc.a.rnizadas pa.ra a.podamr&f) de las cár m:u:s.s y del gobierno. N o consiguiéndolo le ;alru.en le, dieron un golpe de Estado, cuando tu, ieron fueua. 5egu.ros del apoyo del pueblo. D~sdo el dla. siguiente aplicaron todos au programa A. tuerza. do leyes y dgcrotos. Comenzó la e.xpropi.a.culn en masa; toda la ri quczll privada tué do ~ ua.ci.ón, todos los instrumentos del ~ralj:1jo volvie ;on á Jos trabaja.du1e.a. No hubo propietarios ni capitalistas ni palronoa; aólo reina.la el Estado, &eñ.or de lodo, á la yoz propietuio, capit.a. lista y patrono, distril..luyendo y r ;alantlo lu..,..ida ~ocial... PeJ o ostt.l sacudida inrncnsa., eat.as mmlificacio. nes brujcu y ra.dicrues, ~U~.lura.lmmtc, no pudieron producirso &in terribles perturb:l.cionc. Las clases no lit dt>jan desposeer a.si w aun de los bienes rolados; esp::mtosos motines estallaron pur Lod.afl parles. Hu.bo pro ~ietarius quo prefitie.rou hi.oorse matar en el wn.brli de su duminio. Otws destruyeron iub bion e3, inun daron las min.as, Ce4ilroza.ron los {erroca.lliles, destruyeron la.s fábricas y llül ma..nuia.clwu, y entre tanto; lqs capitalistas que~an aus valorea y a..rrojabo..n el oro al ma.r. Hubo quo sitiar ciortu cua.a ciudadtl enteras, tuvieron quo ser tomada.s por aslllto. Du.:-.t.n te a.lio11, reinó la h orrible uerra. ciril ee ensan:renta.ron lus calles, arru.sl.ral.la.n c.o.dáver~ }o ríos... Adamb, el Eat.aoo suberano, enconlr'aba toda su6r00 de clilicul tades para que el orden nuevo marchase ai.n tropbzu. La Lora de trabnjo t~ra la wúdau d~ \"n..lor, y los ca..mhios a he.c(&n por medio io bonos. Primoco De h:vjia

70 -.w~ ert&de eombión ~ eetadátie& ~ i.úpeeciona.bll la producción y repa.rtfa los pro.duetoe, 6. pro~ del trabajo de ca.d& eual. Luego, se había heeh() sentir la neoeeidad de otru oficinas de intervención, y una or gani.zación eomplicada pa.recía renacer poco i ~oeo, etn ba.ruande la marcha. administrativa de la socu~dad DA cfente. Se volvía. á regi.menta.rlo todo como en los cuarteles. Nunca en má.s rígido eo.ca.silla.do te ~(a noerrado á loa hombrea... Sin ombar o, la evelucj:óil ae cumplía., a.ún. aquello era un paso hmia la. justijcia.; honraba el trabajo, SG repartía la riqueza ca.da día. ~n má.s equidad. Al filnal estaba, fatalmente, la desapa.nct óa del safano del ca.pilta.l, la supresión del dinero y del comercio. me contaba que hoy ese &stado colectil'iata, trastornado con tantas catástrotes, regado con tanta sangre, entra en la pa.z y llega á la fraternal solidaridad de los pueblos libres y trabajadores. C&lló Josina l Tolvió á contemplar el horizonte. Lucaa dijo 1 -Sr ese es uno de loa caminos sangrientos, uno de lot qu~ yo no he. querido. Pero, ahora ya, qu~ i.mpor ta, si conducf~ '- la.aüstna unidad, 4 la Illlsm.a a.rmonla. Entonces fué Sceurette quien habló, con los ojos muy abiertos, como mirrando al a.ncho muado á travé do loo promontorios de los Montes Bleuses.. -Yo también he sabido una. histor1a. Testi~os m han contado cosas espantosas... En Wl vuto imperio Yecino, los a.narquista3 acabaron por hacer saltar la Tieja armuón 60cia.l á fuerza de bombas y de melra \la. El pueblo ha.bía sufrido tanto, que Be puio de IU parte y acabó la. destrucción barriendo. ha.ita. las Ultimas nrieaju dol mundo podrido; a.rdi ron lo5 pue bloe en la noehe 1a.r&o tiempo como teas, en medio 4e lo1 rugidos de los anti,euos verdugos de ollado1, quo no c ueria.n morir. Era. el diluvio de aa.ngre cuya ne cesidad fecunda habían anunciado los pro!et.aa de la auarquia. Después comenzaron loo tiempos ouevo1. Ya llf) se decia ' fta cada uno se~ún sus obra.&», aino 1 «á ea.dll uno ~ &UII necetidadqi.». i.l bombn tenia de r;,oebo ~ la nia., i 1& 14a.bita.ci6n, al ""tl<lq, al ~ ~ tkut.l.ne. Se M.bl.&a at:doqtooa.do, pm, todaa 1&1 n~u~ su, se habi&a ~do, 1 no- pullo" ua' ración hasta el día en que ya no hubo. lo mismo pa.ra todoij. La humanidad entera trabajado, 1& n.a.tura.lesa axplotaaa eon oiencia y método, habían de dar productos la ealculahles, una. fortun.& inmensa bu tan te pua. colmaz los apetitos de los puebloa decupla.dos.. Desaparecida la sociedad ladrona y parasitaria y eod. ella el dinero, fuente de todos loa c.rímcnos, Y la.a leye aalvajes de restricción y represión, tuettles d~ toda.s las iniquidades, la pa.z reinaría por la. com~ d.a.d libertaria, donde la dicha de ca.da. e~ COD.SJ.~ti ría en la. dicha de todos. Y no más autoridad de mn guna clase, ni leyes, ni gobierno. Si los a.rull'qui~t.u habían aceptado luch.a.r á sa.ngret y fuc et, la aangnen ta necesidad del pl'imer exterminio, era porque esta han ee uros de no poder destruir de raiz lo1 Ulti~uo atavismos monárquicos y religioaoa, aplastar para u~mpre i la autoridad en sus últimos gérr.nen~. s:l.n.o con el brutal cauterio de la llaga secula.r. Hab1a. que cortar de un golpe todo lo que a.ta.ba. con fu.ena. al pasado ug rror y despotismo. Toda política era. mala., un V'SlCAO, mercado, trampa., engaño para lo.i desherada.doa.. ~e pués h.a.bfa surgido el ensayo del t:leal, el hombr~ Ubre en la sociedad lilre, y la. anarquía ae b.abía. fundido. en la ~voluci ún cumunist.a., pues sólo era una ne ae1ón política y el método de derribar para t'qconstil':lir. Acep tada la asociación, loa rupoa hbre1 que Vlvia.n del cambio, siempre en circulación, como la aa.ug~; y en fin, el gra.n imperio en quo la a.narqufa. h.a~ fa tn~ía.do, ~ juntó á los deruáa pu bloa. en la. (eder~ci~a a.nn eru.l. Dejó de hablar Sc.uretto, wmóril, tn.anmsmad:l, &p? yado el cotlo ~ 61 Napaldo d~ la. butaca. Y Lucas.liJo con lentitud, coll l~n ua lo.rpe:. tier~. pro -Sí, 1 último día., on el wnbra.l doit L.a aletid.a., lo1 a.nuqui.sta.s, dc&pués de los co}ecti.nsw! tenían q~e junta.i"ie. con los dis~ipuloa ~e ~ ouner. SJ los ~inos eran diferentes, el hu a:- wa s1endo WlO. Se quedó pcnsatin y después WJO Lodavia; - Cuá.nt.a.s lá. rimaa, ~uántfl a..u.grt", qué de guerru J.bominablut P.Ua ooní \WIW' la '"a' frt.ttru~ <Jlle qu

71 23-1 rfan t.odoal Tanto si'loa de decüello fratriclcja, ~tiad6 116lo M trataba de Aher ai debía mo por la d reeha 6 por la it:quierda para llegar primero 1 Silenciosa wta entonces Swmn.a, sont.adg., mirando también más allá del holiloute, hllhló por fin con un frío temblor de compasión. - Ah, la última gueita, la última batalla! fueron tan terribles que los homl>rtjrs para aiemprc rompieron aus ospad3.s y sus cañonea... Era al principio de las erandes ~risis aociales qu~> ac.aha.ban de ronovar &1 IDUll clo; y me han contildo cosas espantosas, holllbrcs 4(Uct por poco so vuelven locos en medio da aquel choque supremo entre las naciones. En la crisis furiosa de l o ~ pueblos, preñada la socioda.d futura, moji..1. Europa se había arrojado sobre la otra media, y todos los continontes habían ido detr!s; chocaban las escuadras en los océanos para dominar el agua y la tierra. Ni w1a nnción quedaba fuera de la lucha., unas á otras oo habían artuatrado, ejórcitob mmenaos enlra.ban en Unea de batalla &rdiend~ de furor horodit.a.rio, resueltos A oplast.ars~ ~omo s1 por los campos vacíos y estériles hubicso, por cada dos hombres uno de sobra... Los dos cjén::il )ll inmellios de hernwl.os eneruigoa, 10 encontraban e.n el centro de Europa, sobro vastas llanuras, doudo millo.; net de seres podian degollar&e. Ocupo..udu le~ y leguas desplegaron lu tropas ~guid.as de otras de retuerzo: en tal torrente da howl.res, quo la batalla duro Wl mea. Cada uu4tvo dia ha.!jfa más c.arno humana para. ~ fue o de caflonoa y fusiles. No se le \ a.nt.ahau loa muer los. los montones formaban murallns dctras de la. 'nalea loa UUC\"OS te(:imi<mtol, iuagola.l.jles, venfan i ha ccl'96 míllar. La noche no suspendin el comba le; sa mata.oo en la aombra. Kl aol á cada aurora i.lwnbra.ba ~rmdes cha.roaa de sa.n~re. Un campo de rrul.lanza c:uyna unues borribl~. lva cadáveres, so aruontoua.bru1 ou bace& caja vvz mb altos. Por lodaa pa.rt &1 ra) o, de m1 :olpe, hac~n des.:lpiu'ocer ~uerpos de cjérdtoa enl& roa. L<Hi corulatientes no necesltalan alqujcra a.:er rao w verse; los ca!loneb lanzi.ban i much08 kilómelroa ranadas cuya explosión arrasaba hec!areas d terreno y ll.&fn;i lla. em~ncn.a.b ~a b~ lnnzaba bombas 6 inc ndiaban l?s pu~ile. al pasar. La eiencla habfn Inventado c:rplos1vos, m~q.wnas de muerte enpn s de llevarla l di tan s prodlgtoeu, do trbga.r bruscamente todo un pueblo, como en un temblor do tierra... Y qué mo truo a mi rla ~n la tlltima tarde de esta batalla 'grullesca.. Jamás. ~ ciav(a tamafto sacrificio habla humeado h&]o el etolo. MAR de un millón do hombres yaefan AJH, or los an c::bos campos deavut.n.do3, lo largo de los rlos, A tr~'"' do lns pra.derns, Se camina.ba horas y hor, Y ~.m pre so cnoontrabru1 más 1 mas Co\dávorca, con los OJOS abiertos vo if ra.ndo la locu.j1l humnnn, eon 1 bo en,., ~bitn al i"'~... Y fué la (})tima l at.a.lb, por ~o al cspnnto h 16 lo cora.ton~s o.l d perlar. de e t4 embriasu z horril>lo, y!116 umv 1 l ~rü.,mb de quo la guen yo. no era posibl. con la etencl om Jl ipot~nto eob rana erc:1dora de n y no de muerte. \' olvi6 ' enllar Sn & temblorou, lo eln.ros ojos radinntcs lwnmados por la paz futura.. Y Lu eon cluy6 co~ vo que y no rn má que un oplo d~bilr -SI, ln gucrr ha muerto e! la ctap up ma. el. D ~de el oi lo w no, lot lo- &o entre hermanos al l nnino d<:'l largo je, t.lul arduo, bul doloroso... He llenado al finnl de mi jol',mda; ya pu do donnir. No bltbló ma.s; al tlltimo mom nt.o fu6 eu v :J augugto. losina, Sre ttg y Susan no se movim; 83- pcrallan in tri~l ~ con tierno ron or, en la ~ lan oia tan tmncjlri:la tjt-gre llena do flores y de eol. Bajct la nntan la al gre hmd de niños ~fa. jug do, y 110 ohm los rilo d Jo1 pequenoa 1 lna mas de lo! mayore 1 r oojo del porte TMU. bu.. eando ma.e y mas n1 gr1 J! En o1 inmtnlo ciclo a.tul. el aol amigo brllla.b en el horizonte, ~undn.do r 'f ~adre cuya tuerta. cre.r.dorn 1 bomb dommaba; Y bt.)o el 4 re pjandor de u r yo! de lori, B ur.llú.r lriunf to SQ afanaba en su colman donde el trabajo re ;en&o rado ya, ora d1cha de todos por 1 j lo reparto de lot bienes de te mundo. Y m.as N.l de la Rumnih'\, al otro lado do lo' Mont nte s, l rederación pró~me d' loj 2u hlo, el puo.bjo á. co (ratcmsl, 1 llum.an

72 ,_~~ cnntl>jiendo al fin SU destino do V&'rdad, ~ pa.z y ee justic.m. Luca.s, eon la dltima mirada, abarcó la ciudad, ~~ horizonte, la tierra entera, donde la evolución, comenzada por él, se propagaba y concluía. L& obra esta.ba hecha, la ciudad estaba fundada. Y Lucas exptró, en tró en el torren~ dtt u,niveqal &mor, de eterna vida.

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