UNIVERSIDAD NACIONAL DE LANUS

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1 UNIVERSIDAD NACIONAL DE LANUS Departamento de Planificación y Políticas Públicas Licenciatura en Seguridad Ciudadana Trabajo Final de Licenciatura: ANALISIS DE LA INTERVENCION Y CONFORMACION DE LA POLICIA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA EN EL PERIODO 2005/2009 MONGIA EMILIO ALBERTO Lanús, Agosto 2014

2 Dedicada A mi querida madre Gloria Argentina 2

3 Agradecimientos Quisiera agradecer en primer lugar a Beatriz Verdier por el amor y disposición que tuvo hacia mí y por la paciencia de soportar eternas horas de ostracismo durante mis estudios. También agradezco a dos amigos en particular, Germán Montenegro y Marcelo Saín por su amistad, apoyo y dedicación. 3

4 Índice Dedicatoria... 2 Pagina Agradecimientos Introducción Capítulo 1. La seguridad pública como nuevo paradigma de seguridad? o retrocesos y avances de un mismo dispositivo en constante cambio Capítulo 2. La seguridad como política pública Capítulo 3.La seguridad ciudadana como garante necesario de una seguridad publica democrática Capítulo 4. Modelos Policiales Autogobierno de las agencias policiales y de seguridad Capítulo 5. El agotamiento de un modelo conservador y controvertido. Etapas de desarrollo de la Policía Aeronáutica Nacional 5.1. Primera etapa Segunda etapa

5 5.3. Tercera etapa.. 76 Capítulo 6. Intervención y sustitución de la Policía Aeronáutica Nacional por la Policía de Seguridad Aeroportuaria 6.1. Primer intento de intervención La creación de Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Intervención normalizadora La institucionalización de una nueva formación policial. La creación del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria Conclusiones Bibliografía Anexos Disposición Creación del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria Material periodístico

6 Introducción Estar protegido no es un estado natural. Es una situación construida, porque la inseguridad no es un imponderable que adviene de manera más o menos accidental, sino una dimensión consustancial a la coexistencia de los individuos en una sociedad moderna. Esta coexistencia con el prójimo es sin duda una oportunidad, aunque más no sea porque es necesaria para formar una sociedad. Pero, pese a todos lo que celebran ingenuamente los méritos de la sociedad civil, es también una amenaza, si al menos no hay una mano invisible para armonizar a priori los intereses, los deseos o la voluntad de poder de los individuos 1 Es necesario que tengamos presente antes de iniciar el tema que nos ocupa y a los fines de una estricta honestidad académica, que el autor de este trabajo fue parte del equipo de la Intervención de la Policía de Seguridad Aeroportuaria en su primera etapa 2005/2009. En esta investigación examinaremos el direccionamiento de un nuevo modelo policial en la República Argentina. Observaremos el proceso de creación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria analizando su desarrollo y las circunstancias en las cuales este aconteció, como así también la ruptura del mismo con un modelo policial tradicional y controvertido. Abordaremos el periodo de la Intervención como la frontera que determina un antes y un después histórico institucional. En este recorrido intentaremos construir el escenario contextual en el cual fue creada la Policía Aeronáutica Nacional, como situación anterior al nuevo modelo. Para alcanzar un análisis teórico- 1 Castel, R. (2004). La Inseguridad Social, Que es estar protegido?.bs As: Manantial.. 6

7 conceptual razonable, la metodología que emplearemos será del tipo cualitativa. En la descripción de los cambios y transformaciones que implicó el pasaje de un modelo tradicional a un modelo policial nuevo de seguridad aeroportuaria es en donde debemos poner nuestra atención. Para situarnos en la importancia institucional del nuevo modelo policial, es necesario que nos detengamos en el estado del arte previo al surgimiento del mismo. En la Argentina desde tiempos inmemoriales, he inclusive con el inicio del periodo democrático de 1983, las agencias policiales y de seguridad funcionaron como los principales dispositivos disciplinantes de la sociedad. Estas instituciones cumplían su servicio de policía de acuerdo a una jerarquización castrense inculcada desde las Fuerzas Armadas. Con esta impronta se fueron formando los postulantes a suboficiales y oficiales de estas agencias policiales y de seguridad. Había una tendencia mucho más militarizada, evidenciada a través de sus prácticas, en la Prefectura Nacional y Gendarmería Nacional. Se las consideraban, después de las propias Fuerzas Armadas, las agencias mas apegadas a la doctrina militar. Esta lógica fue aplicada, quizás en menor medida, al resto de las agencias policiales y de seguridad. Las Fuerzas Armadas direccionaban como instituciones rectoras en materia policial a pesar de su falta de idoneidad en el tema. Como hemos mencionado con anterioridad, el inicio del periodo democrático, muy lejos de corregir esta tendencia, la agravó aún más. Los sucesivos gobiernos, por diferentes causas, delegaron en las mismas agencias policiales y de seguridad la construcción de sus perfiles institucionales. Como autoras de sus propias doctrinas, el resultado evidente no fue otro que una marcada autogestión institucional. La indiferencia política de las autoridades elegidas por el voto popular y los oportunismos coyunturales en materia de seguridad pública, han derivado en una multiplicidad de consecuencias vigentes hasta nuestros días. En el 7

8 trascurso del presente trabajo intentaremos desarrollar cada una de estas circunstancias. 8

9 Capitulo 1 LA SEGURIDAD PUBLICA COMO NUEVO PARADIGMA DE SEGURIDAD?, O RETROCESOS Y AVANCES DE UN MISMO DISPOSITIVO EN CONSTANTE CAMBIO Es pertinente que establezcamos un marco conceptual que nos permita interpretar que entendemos por paradigma y cambio de paradigma. La identidad de uno y otro están en constante tensión, sus similitudes y diferencias se encriptan detrás de una multiplicidad de prácticas nuevas y antiguas. Estas prácticas se acoplan y desacoplan en relación a un espacio/tiempo determinado pudiendo ser algunas de las causas que dan origen a esta constante transformación.ambicionamos descifrar estas incógnitas desde el análisis y la reflexión académica con el fin de aproximarnos a su verdadera identidad.las limitaciones de algunos términos en relación con el tema en estudio podrían instalar connotaciones no deseadas y contrarias a nuestros principios conceptuales. Esta aclaración nos parece apropiada debido a las dudas y alcances que el tema tracciona. Este pensamiento debe ser rector de las sucesivas reflexiones que el tema nos otorgue. Como lo plasman Juan Besse y Cristian Varela en el prologo de Sociedad, Estado y seguridad : Los actores sociales y políticos, vinculados a la acción del Estado, de la sociedad civil o del mercado, hacen uso de estos términos, los transforman, los modifican, les otorgan nuevos sentidos. A veces los enriquecen y otras los degradan. Los conceptos, entonces, son el resultado de prácticas específicas que constituyen las ciencias y las disciplinas y otorgan significación a las palabras. Al mismo 9

10 tiempo, al ser producidos, circular y ser apropiados por otras prácticas, los conceptos colaboran en la configuración de lo que habitualmente se conoce como realidad, (Varela & Besse, 2010). Creemos en la importancia de arribar y definir conceptos, pero también ponemos una mirada exhaustiva en no caer en teorizaciones relativizantes y exageradas en el afán de aproximarnos a una definición correcta. Es acertado que conservemos una tendencia hacia soluciones ideales, no solamente en la búsqueda que nos ocupa, sino para cualquier otra problemática.pero esta actitud es virtuosa en la medida que no nos paralice en ese ideal. Este nos debe aportar un dinamismo tendiente a mejorar las prácticas de caras a un mejor abordaje de la problemática cotidiana. Anclarnos en la abstracción total del ideal en la búsqueda de las teorizaciones más adecuadas, termina frustrando cualquier intento de visualización fáctica, quitándole pretensión positivista en el ajuste de la realidad dentro de un marco previo. En el desarrollo de este trabajo vamos a ir despejando dudas, definiendo y precisando cual es nuestra posición respecto de estos dilemas. En concordancia con estas afirmaciones, sería ilusorio que plasmemos una definición concluyente, en tal caso y solamente a los fines de introducirnos en el tema, podríamos decir en principio, que un paradigma lo construimos desde un conjunto de creencias, ideas y valores. Estos nos condicionan en la manera de reconocer a la realidad y en la forma en que le respondemos. Más allá de sus críticas, aceptamos estas creencias, y pensamientos. En cuanto al cambio de paradigma, este lo debemos entender como la modificación en la manera en que una determinada sociedad configura y concibe la realidad. En otras palabras, cuando nos referimos a un paradigma o al cambio del mismo, a grandes rasgos, en el primero de los casos lo entenderíamos como una práctica social establecida, 10

11 y en el segundo, a la modificación de esa práctica establecida por otra que la reemplaza o modifica en forma parcial o total. En el primero de los casos podríamos decir que lo instituido es el resultado de la naturalización de estas prácticas, y en el segundo, que hay una revisión de estas prácticas instituidas, que al analizarlas las desnaturalizamos permitiendo los cambios parciales o totales que la dinámica social demande. El Estado, la familia, la policía, etc. en tanto instituciones y tal como se las conoce en la actualidad, tienen características que pueden parecer naturales, como si siempre hubieran sido así. Sin embargo, si se utilizan herramientas propias del análisis social, se puede desnaturalizar la imagen que se tiene acerca de ellas e indagar por qué las sociedades se organizan de determinada manera, así como el rol que cumplen las instituciones en este proceso (Vazquez, 2010). Siguiendo esta línea de pensamiento, no es suficiente argumento decir que algo sea así porque si, o en su defecto, que es así porque siempre lo hemos hecho de una determinada manera. Es lógico que formas y conductas sociales establecidas estén naturalizadas, pero esa naturalidad es engañosa y está construida por los mismos sujetos que la practican. Si entendemos cómo funcionan estos instrumentos, Por qué le seguimos otorgando valores a las cosas en sí mismas?, y sin analizarlas demasiado tendemos a decir que las cosas son como son? ejemplo de ello y con una vigencia más que importante son las siguientes frases: las cosas de hombres, la familia, las cosas de mujeres, lo femenino, lo masculino, como dios manda las buenas costumbres etc. No deberíamos relativizar toda institución o practica social sin argumentos sólidos. Lo que si tenemos que hacer es revisarlas 11

12 para entenderlas y en consecuencia encontrar respuestas que nos despejen estas dudas. Algunas de estas incógnitas las podemos develar si pensamos a estas prácticas, instituciones y conductas, como situaciones anteriores al sujeto. Parafraseando a la autora podemos entender que los valores, modos, pensamientos y acciones son anteriores a los mismos. Estos están presentes en cada acto que realizamos por medio del habitus y operan como limite regulador de las prácticas humanas. Es obvio que sea así, las cosas en muchos casos ya existen antes de que entremos en sociedad. Desde nuestra niñez vamos internalizando situaciones y formando valores que asimilamos con poca o ninguna resistencia hasta que sin demasiada conciencia de este proceso, les otorgamos una determinada entidad. Con esta formación de base los tomamos, los reproducimos, los modificamos y multiplicamos, pero al mismo tiempo los naturalizamos, les asignamos un determinado valor y nos sometemos a ellos. Apelamos a las reflexiones de Eva Vázquez para sostener estos pensamientos: El concepto en cuestión refiere a las prácticas que se interiorizan y se practican, las cuales producen y reproducen la sociedad. La reproducción de las practicas ayuda a mantener un determinado orden social y a presentarlo como natural, (Vazquez, 2010, pág. 30). Siguiendo las reflexiones que la autora recupera de Pierre Bourdieu, mas adelante las retomaremos en relación a la idea de habitus como otro instrumento significativo y necesario de las instituciones. En la Argentina durante los últimos periodos de gobiernos dictatoriales, e incluso en plena democracia, los temas relacionados con la seguridad 12

13 pública eran exclusivos de las agencias policiales y de seguridad. Fue tan cierta en esos tiempos esta tendencia, que si tomáramos en forma aleatoria, por ejemplo, al personal de la salud y al personal policial o de seguridad, podríamos sostener que así como un medico diagnostica la enfermedad que el paciente tiene, establece el camino a seguir para solucionar o disminuir su afección, del mismo modo y con similar legitimación, el personal policial y de seguridad diagnosticaba el tipo de enfermedad y recetaba el camino a seguir para solucionar o disminuir lo que a su criterio era la inseguridad. En la dinámica social todo cambia o se transforma, y en virtud de ello las instituciones no son ajenas a estos cambios o transformaciones en donde la legitimación tiene un rol fundamental en este proceso. Las instituciones pueden funcionar como tales, en la medida que las personas confíen en ellas. Su existencia efectiva perdura en el tiempo según el grado de confianza internalizado en las personas. En otras palabras, podríamos decir que la legitimación es proporcional a la confianza adquirida por nosotros en relación a una institución determinada. A medida que pasa el tiempo, las instituciones pueden ser cuestionadas. Si los mecanismos que las legitiman no son los suficientes convincentes, las instituciones sufren transformaciones y aun pueden desaparecer (Vazquez, 2010). A pesar de estas cavilaciones, en ese espacio temporal, había una obstinada disposición en creer y naturalizar a las fuerzas armadas e incluso a los organismos de inteligencia como instituciones idóneas en los temas de seguridad. Estas creencias que si bien se fueron erosionando, aún mantienen su inercia, trataremos de sintetizarlas en la siguiente proposición: El efecto cascada de la jerarquización institucional castrense. Este torrente institucional, haciendo un recorte histórico, tiene su nacimiento más próximo 13

14 en las fuerzas armadas desde donde discurre su doctrina jerárquica. Esta corriente baja y se escurre formando escalones e instancias estamentales que hoy se encuentran formalmente por fuera de la orgánica institucional, pero no por ello son menos eficientes a la hora de influenciar en las distintas agencias estatales. Estas últimas, en algún momento estuvieron formalmente a sus órdenes y hoy siguen manteniendo algunos vínculos, símbolos y prácticas en común. Reflexionando en esta cascada institucional tomaremos a modo de ejemplo el uniforme como uno de los tantos dispositivos de esta corriente. En los primeros años a partir de 1983, los símbolos y ornamentos del mismo, seguían transfiriendo una connotación socialmente determinada. Estas prácticas eran habituales y sus resultados significativos. Los efectos de la sola ostentación del uniforme fueron suficientes para subjetivar al poder político. Esta condición logró por si misma convencer al gobierno más allá de su impronta ideológica. EL interlocutor de ese uniforme lograba en la mayoría de los casos el aval de las autoridades políticas en materia de seguridad pública. Hera lógico para la época, aceptar que si la función de las Fuerzas Armadas tenían que ver con la Defensa Nacional, los temas de seguridad interna eran asignaturas menores y más fáciles de resolver para ellas. Esta reflexión fue coherente a pesar de la devaluación institucional que sufrió la estructura militar en 1982 con la guerra de Malvinas.Se entendía la cuestión de la seguridad interior como un tema de menor importancia comparado con la Defensa Nacional. Estamos convencidos que había una suerte de lógica en donde si las Fuerzas Armadas sabían de guerras, como no van a saber de conflictos de seguridad interna. Las instituciones policiales y de seguridad, siguiendo esta dinámica, tenían en sus prácticas imbricados estos conceptos castrenses derivados de un paradigma de seguridad nacional basado en la 14

15 idea de un enemigo subversivo de carácter interno ajeno al ser nacional el cual había que eliminar. Con estos fundamentos las distintas agencias policiales y de seguridad internalizaron los procedimientos empleados en el llamado Proceso de Reorganización Nacional en donde las Fuerzas Armadas bajo pretexto de neutralizar la pugna existente entre dos fuerzas justificaron sus atrocidades. Es oportuno que plasmemos una entrevista periodística hecha a una autoridad militar con anterioridad al comienzo democrático para entender por medio de su propio discurso el grado de naturalización del pensamiento hegemónico de la época. Esto también nos brinda algún testimonio del porqué señalamos al efecto cascada de la jerarquización institucional castrense como uno de los grandes responsables de las practicas instituidas en las agencias policiales y de seguridad. La entrevista la hemos recuperado de los discursos del brigadier general, jefe en ese momento de la Fuerza Aérea Argentina, Omar Domingo Rubén Graffigna. Entrevista realizada el 10 de agosto de 1980 por un periodista de la revista Esquiú en Buenos Aires: Cuál es su evaluación global de las críticas formuladas últimamente, desde diversos sectores, a la marcha del proceso? El brigadier responde: Sigo atentamente las manifestaciones que desde diversos sectores se vierten sobre la marcha del Proceso de Reorganización Nacional. Por lo general provienen de tres grupos claramente identificados. Uno de ellos, felizmente minoritario, incluye a quienes disimulada, pero persistentemente, pretenden 15

16 continuar vendiendo la ideología marxista, mediante la prédica e infiltración de la sociedad argentina, exacerbando rebeldía y provocando falsos enfrentamientos. Con respecto a este grupo y a la posibilidad de nuevas maniobras de agresión, les recuerdo la derrota que sufriera la subversión marxista en el campo militar y, si esto no es suficiente disuasivo, les aseguro que sabremos combatirlos adecuadamente ante el menor intento de resurgimiento. Sabemos que el enemigo sigue existiendo y vive alentando desde afuera; pero también sabemos velar las armas que la patria nos ha confiado. En un segundo grupo coloco a los voceros de la partidocracia. Estos señores procuran que todo cuanto sucedió en la Argentina previo a marzo de 1976, y cuya responsabilidad no pueden eludir, quede en la impunidad y en el olvido, y aún pretenden absurdas reivindicaciones. Es difícil comprender como se puede olvidar que unos desde el abuso y la discrecionalidad del poder y otros desde la complicidad de las alianzas, llevaron al país al borde de la disolución y a un estado de caos sin precedentes. Como parecieran no advertir que han sido definitivamente superados por el tiempo y los acontecimientos, es necesario señalarles, una vez más, su falta de recato. Se escucha también la expresión de quienes entienden adecuadamente la hora decisiva que vive el país y construyen eficazmente a servir a la cusa nacional; que no la limitan a este Proceso de Reorganización Nacional sino que la remontan a los albores de nuestra historia, donde están los principios en que el proceso se nutre [ ], (Fuerza Aerea Argentina, 1981). 16

17 La recurrencia al tema no es un descuido literario, sino más bien un instrumento que nos permite visualizar en toda su dimensión las palabras vertidas por este alto jefe militar desde donde podemos contextualizar cual era el clima político de ese periodo. Es asombroso que apreciemos desde nuestra actualidad política, con el grado de naturalidad que el interlocutor expresa su propia ideología y la del llamado Proceso de Reorganización Nacional. Esto nos da indicios del disciplinamiento social existente en la época, sus efectos anestesiantes y el miedo generalizado que le producía a la ciudadanía.este discurso que pretendía ser diplomático, direccionado desde una de las tres fuerzas armadas menos representativa del Proceso de Reorganización Nacional, la Fuerza Aérea, no consiguió simular su verdadero objetivo, el paradigma de seguridad nacional. El planteo que Pilar Calveiro hace es sencillo y esclarecedor dejando al descubierto la verdadera esencia de sus metodologías. La autora lo sintetiza en pocas palabras: La metodología no fue detener el enfrentamiento sino usar una violencia mayor desatada desde el Estado. Gran parte de la sociedad quedo inmóvil, expectante, entendiendo a medias de que se trataba pero sin atinar a reaccionar, aterrada (Calveiro, 2006). En este paradigma predominaban el orden público y el disciplinamiento social producto del traslado de las prácticas castrenses al ámbito social como eje principal de las agencias policiales y de seguridad antes que el control del delito. Con esta reflexión bien podríamos parafrasear a Pierre Bourbieu en cuanto se refiere al habitus como una combinación de ideas, pareceres y predicamentos coexistentes en la sociedad que llegan a ser parte sustancial del individuo como resultado del proceso de socialización. 17

18 Estas creencias tienen a nuestro criterio dos momentos, el diseño e impulso inicial de las mismas, y su reproducción y repetición social. En un primer momento el diseño de estas creencias se van produciendo e impulsando fuertemente desde un aparato estatal que disciplina socialmente creando en simultáneo estereotipos determinados. En un segundo momento, estos estereotipos que van ingresando en clave de sentido común más allá de su aceptación, se van reproduciendo hacia el interior de nuestra sociedad en donde se reafirman por medio de la repetición de sus prácticas. El sentido común es la manera que encuentra un grupo de personas para comprender el mundo que comparten, otorgándole un significado a la diversidad de experiencias en las que están inmersas, de acuerdo con algún orden, (Vazquez, 2010). Tenemos que pensarlas a estas relaciones como a sistemas que se van complejizando cada vez mas como resultado de la falta de algún contrapeso lo suficientemente importante que desaliente la construcción de un imaginario colectivo configurado desde su génesis por acciones ilegitimas desde un aparato estatal concomitante con la ilegalidad. La funcionalidad selectiva de este Estado ha diseñado un paradigma de seguridad pública funcional a conceptos neoliberales que en estricta verdad iremos revisando para poder visualizar si es correcto llamarlo de ese modo en relación a las medidas neoliberales que pondera,o si bien deberíamos llamarlo según Juan S. Pegoraro paradigma de inseguridad. Este concepto lo retomaremos en un segundo momento con especial atención, pero en virtud de ello, es necesario que primero recuperemos la importancia del habitus, para luego poder interpretar en toda su magnitud el paradigma de inseguridad al cual el autor hace referencia. 18

19 En las reflexiones de Vásquez hemos encontramos explicaciones que nos han llevado comprensión sobre las interrelaciones de algunos conceptos tales como, la internalización y naturalización de las prácticas sociales, las instituciones y el sentido común. Sus teorizaciones nos fueron guiando, a modo de tutor hasta llegar al habitus, que si bien este concepto es de Pierre Bourdieu, en palabras de Vásquez podemos evaluar y entender razonablemente la anestesia que ha padecido gran parte de la sociedad en el último periodo militar: El habitus actualiza el pasado, del cual es producto. Quienes actúan habitus no son conscientes de estar realizando esta operación, no lo hacen de manera intencional. Tales practicas repetitivas forman parte del sentido común, son lo que permite a los hombres habitar las instituciones y mantenerlas en actividad, reviviendo el sentido que se encuentra depositado en ellas.la razón por las que las personas de un mismo grupo o clase social comparten un mismo habitus radica en la semejanza de sus condiciones de su existencia (Vazquez, 2010). Otra consecuencia del controvertido y mal llamado paradigma de seguridad nacional fue su influencia en la delegación que el poder político ha hecho de la seguridad pública a las agencias policiales más allá del discurso oficial. A este error le debemos sumar otro: se delegó también y se confió en ellas mismas el diseño de la organización y doctrina de sus bases funcionales, lo cual fue y sigue siendo en gran medida otra falta de responsabilidad por parte de las autoridades políticas y una asignatura pendiente y a resolver para con la sociedad. Con este tipo de medidas se han ponderado y se ponderan simultáneamente tanto sus prácticas como así también su 19

20 autogobierno. Si este tipo de acciones por parte de la autoridad política son o no derivaciones de ineficiencia intelectual o de la connivencia con prácticas que rosarían la ilegalidad, no lo podemos afirmar categóricamente; ni tampoco suponer que estas variables son las únicas responsables de todos los males. Pero si alcanzan estas reflexiones para generarnos dudas y sospechas de ilegalidades o delitos, y su importancia es de tal envergadura que ameritaría un tratamiento exclusivo y aparte. El trabajo en cuestión no lo centralizaremos en la ilegalidad o no de las acciones en sí mismas, más bien las tomaremos y trataremos fugazmente a los efectos de que nos focalicemos especialmente en la inercia que emana este paradigma. No por ello desconocemos el flagelo que provocan las prácticas ilegales, máxime cuando las mismas son ejecutadas por entidades del Estado, en tal sentido los argentinos tenemos una vasta memoria institucional al respecto. Con esta investigación proponemos una mirada desde las influencias y consecuencias de las nuevas y viejas ideas que han contribuido en la construcción de los modelos policiales imperantes. Creemos que estas ideas y conceptos se fueron alternando entre la sistematización y la aleatoriedad. Uno de nuestros objetivos es que revisemos algunos principios básicos de la modernidad, del viejo paradigma de seguridad nacional y del cambio o transformación de este paradigma de seguridad hasta la actualidad.este interés lo sustanciamos en algunos indicios que nos señalan que la construcción del nuevo paradigma de seguridad, no sería tan nueva como se piensa. Su estructura estaría formada por algunos principios básicos destacados tanto en la modernidad como así también de un controvertido y viejo paradigma de seguridad que llamaremos tradicional, al solo efecto de su clasificación. Creemos que esto es así mas allá que ello sume o no valor positivo/negativo a su influencia sobre la construcción del nuevo paradigma de seguridad. Imaginarnos estas influencias imbricadas con ideas y 20

21 conceptos nuevos, que a manera de laboratorio, con sus desaciertos y avances, de alguna manera nos ponen alerta sobre estas relaciones y sus consecuencias. Nuestras afirmaciones pueden ser relativas en cuanto a su intensidad y a como las mismas se vinculan y afectan entre sí. El resultado de estas reflexiones no es absoluto y deja la posibilidad de ampliar y aumentar el tema, pero lo que no se puede relativizar, es la influencia a nuestro criterio real, de estas entidades, con consecuencias efectivas en el también mal llamado nuevo paradigma. Negar esta circunstancia carece de sentido, salvo que esta misma negación nos motorice a una constante revisión de la problemática en estudio. Como soporte de nuestras reflexiones y en concordancia con la valoración que hace Amadeus Recasens de esta problemática, nos suscribimos a los conceptos que el autor revela en las siguientes conclusiones: Hasta aquí, algunas reflexiones a modo de introducción del debate sobre los instrumentos para el análisis de la seguridad, que tratan simplemente de subrayar que algo está cambiando en la percepción de la seguridad y que el investigador debe estar atento a estas transformaciones, pero, al mismo tiempo, debe saber valorar qué hay de cierto en la jungla de nuevas ideas y conceptos que nos invaden, para saber si nos encontramos verdaderamente ante un cambio de paradigma que convertirá en obsoleto todo el pasado, o bien si estamos, más modestamente, ante un paso más en la historia, que no nos convierte en excepcionales ni únicos, sino en herederos de un pasado cuyas consecuencias hay que asumir y gestionar tan bien como seamos capaces. Si es así, esto no convierte en 21

22 menos heroico ni brillante nuestro esfuerzo, (Recasens i Brunet A., 2001, pág. 6). En la Argentina a partir de 1983 con la llegada de la democracia, jamás se propuso un debate gubernamental de las funciones que deberían desarrollar las agencias policiales. Se dejo hacer y se hizo poco o nada respecto a estos temas, quizás por tener una democracia muy joven y con un imaginario social que amenazaba y paralizaba al recordar cualquier tema relacionado o referido especialmente a la última dictadura militar de los años 1976/1983. Este último periodo forma parte de una memoria institucional signada por recurrentes gobiernos de factos. Durante las últimas décadas, particularmente a partir de la instauración democrática en 1983, en nuestro país primó el desgobierno sobre las instituciones dedicadas a la administración del sistema penal y en particular, sobre las fuerzas policiales. En numerosas ocasiones, desde el poder político se les garantizó a las agencias policiales la posibilidad de que se autogobernarán en torno de los criterios de mano dura y de que se organizaran sobre la base de un circuito financiado extrainstitucional resultante casi siempre de la participación de sectores claves de esas fuerzas en una extendida red de actividades delictivas que iban desde el juego clandestino y la prostitución, hasta el robo calificado y el narcotráfico. Como contrapartida, el poder político espero ingenuamente que la corporación policial le garantizara una labor eficiente en la preservación de márgenes aceptables de seguridad y tranquilidad 22

23 ciudadana frente a los delitos de menor porte, (Saín M. F., 2002). Estamos totalmente de acuerdo en la impericia que el autor señala en cuanto delegar el diseño de las políticas de seguridad, como así también sus responsabilidades en las agencias policiales.de igual modo nos hemos inclinado a justificar esta falencia en reflexiones anteriores relacionadas con el mal llamado paradigma de seguridad nacional, pero en donde nos surgen dudas y por lo cual no compartimos las justificaciones del autor, es en la ingenuidad del poder político al esperar que la institución policial devolviera una labor eficiente e impoluta. Mas bien, y sin demasiado análisis va de suyo que los resultados fueron esperadamente insuficientes y casi podríamos decir concomitantes con la ilegalidad. Pensamos que esta era la tendencia a pesar de un discurso formal que lo desmentía categóricamente. Aún en democracia las prácticas instaladas en las distintas agencias policiales seguían vigentes, estaban naturalizadas. Para hablar de seguridad pública y privada se tenía que usar uniforme, o más específicamente era suficiente haber pasado por alguna institución castrense o similar para tener competencia en el tema. Esta condición ya la hemos plasmado con anterioridad y la recurrencia al tema del uniforme nos es casual, la señalamos nuevamente porque siendo una subjetivación habitual para la época, era a su vez novedosa en comparación con otras disciplinas o profesiones en donde la idoneidad y la certificación formal de las mismas, (el titulo o diploma), eran y son necesariamente coincidentes. El uniforme rompía con estas coincidencias elementales, era como si sus ornamentos en sí mismos y sus jerarquías fueran trascendentes y místicos en materia de seguridad pública. Ahora bien lo opuesto a estas reflexiones es que un medico mas allá de su especialización lo relacionamos con la salud, así 23

24 como a un arquitecto con el diseño de un edificio más allá de su simbología comunicacional. Lo analíticamente correcto sería, haciendo analogía con las profesiones anteriormente mencionadas, que los encargados de formular, diseñar y dirigir estas cuestiones estén dentro de la órbita del poder político civil. Sin embargo muchas de estas prácticas, en líneas generales, se mantuvieron hasta nuestros días como herencia de la dictadura y por medio de un paradigma de seguridad nacional, que no amerita llamarse de este modo y que más adelante develaremos el porqué de nuestra afirmación. En democracia con menor virulencia e injerencia, las practicas castrenses en las distintas agencias policiales y de seguridad fueron internalizadas por medio de lo que señalamos como efecto cascada de la jerarquización institucional castrense siendo este instrumento el responsable de la naturalización de las distintas agencias policiales y de seguridad como encargadas, entre otras cosas, del diseño de las políticas públicas de seguridad, de sus doctrinas, de sus funciones y de su autogobierno. Este paradigma tradicional de seguridad tenía de base impedir la infracción a la ley por la ley misma sin necesidad de analizar el porqué se infringía esta ley. Se repelían las consecuencias sin investigar la complejidad de las causas.se aislaba al que delinquía aumentando cada vez más la población carcelaria. Había una preocupación formal de recuperar e incluir socialmente al sujeto que infringía determinadas reglas. Esta formalidad no avanzaba mas allá de lo protocolar, no había una recuperación efectiva del sujeto dentro del penal, ni una integración social suficiente al momento de su liberación.este paradigma de seguridad parecía desde su discurso formal y penal coincidente con el modelo que David Garland a llamado welfarismo penal basado en la especialización del soporte penal y la recuperación del sujeto que ha delinquido. Pero en sus prácticas quedaba evidenciado y expuesto el verdadero sentido de este paradigma en cuanto a su colisión con 24

25 los principios básicos de este modelo. El welfarismo penal a grandes rasgos por medio de distintas disciplinas pretendía asistir a los sujetos que el sistema social hubiera desfavorecido y fueran alcanzados por el dispositivo penal, para luego integrarlos a la sociedad. Ahora bien, muy lejos de ser reduccionistas, tenemos que observar que los resultados finales arrojados entre este modelo penal y este paradigma de seguridad, a pesar de poseer principios básicos en franca colisión, revelaban demasiadas coincidencias. Abrimos algunos interrogante en las causas de estas coincidencias a saber: si este paradigma contribuyó o no a esmerilar en sus prácticas el sentido que tenía el modelo welfariano?, si el colapso de este modelo se debe a defectos que se desprenden del modelo en sí mismo?, si fueron ambas cosas?, o si fue utilizado en forma de maquillaje discursivo por este paradigma de seguridad para ocultar su verdadera impronta. En tal sentido los aportes de Juan S. Pegoraro sostienen: Una de las primeras consecuencias de la contrarrevolución neoconservadora fue la reestructuración de la forma estado y su relación con la sociedad, (quiero decir con el orden social), y por lo tanto un cambio sustancial del modelo de Welfare State, (Pegoraro, 1997). Creemos en las afirmaciones de este autor, pero más allá de nuestras reflexiones y las de Pegoraro, en relación a las similitudes y diferencias entre el modelo de David Garland y el paradigma tradicional, el remedio para resolver la problemática de la seguridad, era sustancialmente el encierro, la separación del otro peligroso, y no la importancia de su integración social efectiva como sujeto. Las cárceles eran más bien un instrumento de venganza y ahilamiento en donde el delincuente debe pagar por su falta. No había una preocupación real por su integración, con lo cual el sujeto era estigmatizado y seguía penando aún después de haber logrado su libertad. 25

26 Podríamos decir que este mal llamado paradigma de seguridad ha fracasado, pero no es así. Si analizamos el recorrido hecho hasta aquí, fácilmente comprenderemos que en realidad este paradigma debería llamarse paradigma de inseguridad y que su despliegue ha sido históricamente más que exitoso como instrumento necesario del pensamiento neoliberal. En realidad ha fracasado o por lo menos a sido fuertemente desgastado, el paradigma de seguridad como instrumento de un Estado benefactor.creemos en la importancia de esta diferenciación ya que generalmente cuando hablamos del paradigma de seguridad hay una tendencia a confundirlo con el paradigma de inseguridad desordenando sus semánticas y connotaciones. Uno de los ejes rectores que direccionamos en este trabajo son los conceptos de Juan S. Pegoraro en donde relaciona al paradigma de seguridad como instrumento del Estado benefactor en tensión con el paradigma de inseguridad como un instrumento del pensamiento neoliberal. En primera instancia consideramos suficientes los fundamentos hasta aquí plasmados como justificantes de los efectos que producen ambos paradigmas, pero los conceptos de este autor los vamos a ampliar a medida que progresemos en esta investigación. Retomando el fracaso o no de estos paradigmas, creemos que ahora queda claro, como hemos dicho con anterioridad, que el fallo ha sido del paradigma de seguridad frente a la virulencia del paradigma de inseguridad. Este autor señala y compartimos su idea, que este último fue exitoso desde el pensamiento neoliberal en donde algunos segmentos sociales fueron sacrificados en nombre del bien común. Con la utilización y vaciamiento de esta frase, de alguna manera se ha pretendido y pretende justificar todavía hoy, este tipo de prácticas. Sus efectos son contradictorios con la fundamentación que justifica la existencia del Estado mismo. Más allá de una variedad significativa de conceptos en torno a las funciones del Estado, el mismo, en sus bases conceptuales vela por la integridad de las personas, y 26

27 es garante del goce efectivo de oportunidades y derechos de la totalidad de sus ciudadanos. En esta línea de pensamiento, el paradigma de inseguridad, para llamarlo con propiedad, es el instrumento funcional que permite a un Estado selectivo focalizar estas garantías en un determinado segmento social excluyendo al resto. Al desvirtuar la verdadera función del Estado, la otra parte de la sociedad queda con pocas opciones, o se adapta a él con lo cual obtiene algunas prerrogativas mínimas, o ingresa al segmento vulnerable, o es excluida del sistema ingresando al dispositivo de encierro penal. Sin duda hay una conexión concomitante entre algunos principios básicos del tradicional paradigma nacional de seguridad del último periodo dictatorial con el paradigma de inseguridad y el pensamiento neoliberal; o quizás son las mismas herramientas llamadas de formas diferentes, pero que responden a un mismo sistema. Sin embargo, en virtud de una coherencia analítica no podemos sostener hasta donde los mismos han afectado al modelo de David Garland en nuestra región, pero sí que ellos han tenido alguna influencia sobre él y que el welfarismo penal ha fracasado en nuestro país: Pues desde sus inicios se ha mostrado incapaz de cumplir con sus objetivos: las cárceles y sus poblaciones crecieron cada vez más. De todos modos el fundamento correccionalista persiste, aunque muy debilitado. Lo que prevalece, más bien, es un consenso en torno al fracaso de las cárceles a la hora de reintegrar socialmente a los condenados. (Rangugni, 2010) La configuración de la seguridad pública como hemos visto ha sufrido y sufre hasta nuestros días reformas, avances y retrocesos. Algunos de estos avances van en sintonía con un Estado de Derecho Democrático y otros a 27

28 nuestro criterio no tanto, aunque más allá de sus verdaderas estrategias, estos últimos, también conforman y son parte del andamiaje formal de nuestro sistema democrático. Esta particularidad estratégica creemos que funciona en forma paralela y subterránea, trataremos de fundamentar nuestra posición a medida que desarrollamos estos conceptos. Pero sin duda, los avances, retrocesos y reformas, con aceptaciones y rechazos, en gran medida son consecuentes con nuestro sistema democrático. Por supuesto que estos avances no fueron ni serán lineales, y creemos que esta falta de constancia no es caprichosa ni al azar, todo lo contrario, deriva en parte de esas estrategias de corte neoliberal, paralelas y subterráneas que invisibilizan y disimulan sus verdaderos objetivos y también como hemos señalado con anterioridad, son consecuentes de algunas influencias heredadas de la modernidad. Por tal motivo nos inclinamos a pensar que la resolución de los problemas de seguridad en un sentido amplio, están anclados entre estas tendencias circunstanciales. En la forma que contrarrestemos los efectos negativos del neoliberalismo y en la eficacia de cómo nos hagamos cargo de algunos principios básicos heredados desde la modernidad, creemos que reside la estrategia necesaria que nos direccione hacia una verdadera política pública de seguridad. En un primer avance podríamos decir que esta tendencia neoliberal, cumple formalmente con los requisitos democráticos. Analizando un poco más, nos sorprende como sus planificaciones que hablan de seguridad jurídica y economía, mercado y eficiencia, privatización y mejoras laborales, en realidad se alinean y persiguen otro interés; la mayor acumulación de capital, en donde las personas son una variable más de ajuste para alcanzar su objetivo. Así y todo, las asimilamos casi automáticamente como desconexas con nuestra integridad física y síquica La prueba de ello la podemos visualizar en el siguiente ejemplo: Si un pequeño delincuente nos arrebata un 28

29 celular o un grupo de pibes roban un supermercado, nos aterramos y pedimos más seguridad, como si se tratara de algo mágico. Ahora, si un contador realiza una estafa millonaria y en consecuencia cierran fábricas y la gente queda sin trabajo y pasan a engrosar las huestes de desocupados, esta circunstancia nos parece desconexa con la seguridad y menos importante que el caso anterior mencionado. El daño que produce, este último ejemplo es exponencialmente mayor que el primero, sus efectos derivan en más pobreza y frustraciones, esmerilando los proyectos de los sistemas de relaciones humanas dependientes de un trabajo. Es poco serio decir que estas frustraciones necesariamente nos conducen al delito, pero como fruto de proyectos destruidos nos condicionan necesariamente a que busquemos un punto de fuga que equilibre esta situación. Este punto de fuga no es para todos el mismo, creemos que nadie estaría en desacuerdo en que una familia, o grupo de personas que se han estructurado socialmente desde y con la mayoría de los recursos básicos satisfechos, las alternativas para conseguir un nuevo trabajo serán mayores gracias a esta condición. La contención económica y emocional que adquieren y necesitan mientras están desocupadas, es más eficiente en este último caso que en una familia o grupo de personas en estado de vulnerabilidad social. Retomando los dos casos, el del contador y el del pequeño delincuente, vemos que la relación entre uno y otro es paradójica. Esta paradoja deberíamos entenderla desde los efectos de inmediatez que produce un caso en comparación con el otro. En el primero de ellos, quizás como sus resultados son más progresivos en el tiempo y espacio, sus acciones quedan opacadas momentáneamente en relación a la espectacularidad de un robo a mano armada seguido de algún daño físico. Si a esta inmediatez le sumamos un tratamiento mediático en donde nos repiten constantemente el mismo 29

30 episodio, mostrándonos los daños causados en el momento del asalto, esta inmediatez es exacerbada a tal punto que adquiere ribetes cinematográficos. Sin embargo los delitos de guante blanco que pretenden estar disociados para el pensamiento neoliberal de la seguridad pública, no son inocentes y construyen instrumentos que funcionan indirectamente sobre las vidas de todos nosotros socavando nuestra seguridad en forma subterránea y paralela. Estos instrumentos subterráneos conforman a su vez un dispositivo que también funciona de forma paralela al pensamiento neoliberal formal y que parafraseando a Juan S. Pegoraro, es llamado el paradigma de inseguridad. Ahora bien, cuando nos hemos referido a instrumentos que contrarresten los efectos de esta tendencia, estamos hablado de la asociación necesaria entre un Estado benefactor y su modelo consecuente, el paradigma de seguridad.este instrumento está conformado por sistemas de relaciones sociales complejas que funcionan a modo de dique de contención impidiendo o en su defecto disminuyendo el avance de la impronta neoliberal en la forma del paradigma de inseguridad al cual se refiere Juan S Pegoraro. Desde estas reflexiones concluimos necesariamente en que la responsabilidad del diseño y despliegue efectivo de este paradigma responde a una estrategia determinada de la agenda neoliberal. Esta tensión, entre ambos paradigmas, provoca avances y retrocesos en la construcción de un camino más justo y equitativo para el pleno desarrollo de nuestra cotidianidad. Creemos que no es correcto referirnos a este dispositivo como cambio de paradigma, en cuanto el mismo está en un constante cambio. Sería más apropiado desde nuestro análisis, hablar de transformación, variación, modificación, adecuación etc. El término cambio, sin ninguna referencia específica al cuanto de este cambio, pareciera que está más potenciado 30

31 por una connotación binaria que por su raíz epistemológica. La idea de blanco o negro, de sí o no, son conceptos disyuntivos que no permiten reconocer que en el paradigma de seguridad se acoplan y desacoplan muchos principio básicos que no siempre son coincidentes entre sí. Estos los conservamos o desechamos en su totalidad o parcialmente según el grado de legitimación que una sociedad determinada les otorga. Debemos recordar también y tener presente que este paradigma en su construcción se nutre, entre otros, de principios preventivos en materia de seguridad pública ya existentes en la modernidad. La nueva prevención se sustenta en ideas que son propias de las formas de vida y de gobierno que cobraron forma a principios del siglo XIX. Una evidencia de esto lo constituye la similitud que existe entre los principios sobre los que se basan los modelos de policías comunitarias y aquellos que dieron forma a instituciones como la policía londinense durante el 1800, (Varela, 2010). Cuando hablamos de las convergencias del mal llamado nuevo paradigma con algunos principios de la modernidad nos estamos refiriendo por ejemplo, al ya imperante sistema de convivencia en donde los ciudadanos podían ejercer equitativamente sus libertades respetando simultáneamente las libertades de sus conciudadanos. A modo de otro ejemplo de referencia, también son claras las coincidencias en lo que atañe a las responsabilidades del Estado y sus agencias en la distribución de los insumos necesarios para que todos los ciudadanos de una sociedad poseamos igualdad de condiciones para poder alcanzar determinados resultados tendientes a mejorar nuestra calidad de vida. Además, otra coincidencia significativa es que la responsabilidad del Estado no quedaba y no queda agotada 31

32 únicamente en la distribución de los insumos necesarios; la misma se extendía y se extiende más allá en el caso de que algún segmento social haya quedado por fuera de este sistema. El Estado moderno está en constante procura de la integración del segmento que ha quedado excluido del sistema. Con las reflexiones que hemos realizado hasta aquí podemos sostener en palabras de Varela que: Vale decir que en la modernidad se tuvo siempre conciencia de que la calidad de la vida es un ingrediente necesario para el respeto de las leyes. No se puede esperar que se comporte como ciudadano quien no es tratado como tal, (Varela, 2010). Más allá de algunas dudas en relación a las similitudes y diferencias, sus efectos posteriores son los que verdaderamente nos preocupan y ocupan. En este sentido pareciera que arrastramos una especie de pecado original que persiste y tiene consecuencias hasta nuestros días. Este concepto queda claro cuando Bauman plantea a esta situación como un incumplimiento residual de la modernidad en la resolución de los problemas sociales, (Bauman, 1993). Desde estas reflexiones no nos quedan dudas que hay mucho por hacer para compensar y equilibrar el déficit al cual el autor hace referencia. Siguiendo esta línea de pensamiento interpretamos que así como la inercia de este incumplimiento está vigente en gran medida hasta nuestros días, también arrastramos la recurrente tendencia de base preventiva y la idea de centralizar las responsabilidades en los Estados y sus agencias. Es oportuno señalar que con la llegada del Estado de bienestar hemos logrado el ámbito ideal para impulsar exponencialmente el concepto de 32

33 mejora de la calidad de vida por medio de las instituciones públicas. Su aplicación en nuestro país toma pleno desarrollo con el peronismo. Los principales postulados de este movimiento fueron mejorar los sistemas de salud, educación, las condiciones laborales y de vida de las clases trabajadoras, así como la reducción de las diferencias entre las distintas clases sociales producto del mercado, entre algunos de sus principios. Un ejemplo que ha marcado este rumbo lo encontramos en los discursos del 18 de febrero de 1952, en donde el Presidente Juan Domingo Perón hacia público su rechazo a conductas consumistas; respecto de este discurso el economista Fernando Del Corro decía: Sus planteos sobre el ahorro y la austeridad lograron cambios culturales importantes y permitieron al país avanzar en su desarrollo económico y social al punto de que la ex Caja Nacional de Ahorro Postal llegó a manejar enormes recursos que sirvieron para financiar el desarrollo de muchos miles de pequeñas y medianas empresas, (Del Corro, 2014). Cuando nos referimos al Estado de bienestar tenemos que tener presente la utilización engañosa que se ha hecho en muchas oportunidades en nombre de este enunciado. En el periodo peronista el Estado de bienestar desplegó su legitima esencia. Es necesaria esta aclaración ya que con este enunciado se lo ha utilizado como instrumento de engaño y de control económico por las naciones más poderosas desvirtuando el sentido de inclusión social que este Estado de bienestar poseía en sí mismo. Del Corro dice: La idea del Estado de bienestar difundida por el informe Beveridge ( el seguro social y sus servicios conexos) 33

34 elaborado en 1942 por el economista bengalí Henry William Beveridge fue llevada al paroxismo en los países más desarrollados del planeta, en particular en los Estados Unidos de América y en la Unión Europea. De hecho la propuesta de Beveridge implicaba el bienestar de las poblaciones de los países que tenían la posibilidad de extraer grandes plusvalías a expensas de otras naciones por aquellos controlados comercial y/o financieramente. La versión tergiversada del Estado de bienestar ocultó, por otra parte, las ideas de un gran economista argentino, nacido en la actual Bélgica, que según el inglés John Maynard Keynes fue grande entre los grandes y que se llamo Jean Silvio Gesell, (Del Corro, 2014). Retomando a Bauman en relación a la modernidad, no hay que perder de vista que en este tiempo/espacio el monopolio de la seguridad pública era exclusivo del Estado. Con esta centralidad, el Estado, funcionaba como garantía de igualdad ante la ley de todos sus ciudadanos. La funcionalidad del Estado moderno, aunque virtuosa desde la idea de pasificación social, fue capitalizada oportunamente por el mal llamado paradigma de seguridad nacional, cambiando su esencia a favor de sus tácticas y operaciones. El concepto de exclusividad de la seguridad pública desde el Estado moderno fueron algunos de los pretextos formales que justificaron la exclusión de cualquier organismo por fuera del Estado por más competencia o idoneidad que tuviere en el tema. Los efectos de este paradigma que llamaremos de aquí en mas paradigma de inseguridad, están vigentes hasta nuestros días y sus derivaciones han costado y cuestan un gran esfuerzo seguir desmantelando. En estricta 34

35 verdad este paradigma sabemos que responde a una planificación neoconservadora emergente a fines de los setenta. El mismo es la contracara de una filosofía política que tenia de base la construcción de una sociedad más justa desde el Estado y en consecuencia más segura para todos. No hay un ataque frontal y visible en principio, de esta contrarrevolución neoconservadora, sino un cambio paulatino, pero sistemático de las reglas de juego en cuanto a las relaciones del mercado, el trabajo y el Estado. Sigue desde el discurso formal el modelo de Welfare State, pero sus cambios son más que significativos.como dice Juan S. Pegoraro: [ ] se va articulando como proyecto de modelo de la contrarrevolución neoconservadora a partir de los 70, es un nuevo paradigma que rige, en paralelo, al modelo de sociedad neoliberal de mercado: El paradigma de la inseguridad. Este cambio implica nuevos mecanismos de control social [ ], (Pegoraro, 1997). Este proceso ha comenzado con la llegada de la democracia en la región a partir de 1990, y en nuestro país más precisamente en En sus primeros momentos el desmantelamiento de la centralidad extrema y su exclusividad en materia de seguridad pública por parte de la burocracia estatal, fue insipiente, pero luego, en forma intermitente empezaron a emerger algunas ideas en relación a la prevención del delito por fuera del protocolo penal del momento. Estábamos comenzando a poner la mirada en las causas del delito y la solución desde la prevención, pero con la participación de entidades civiles, municipios e instituciones estatales ajenas a la órbita penal. 35

36 Con menos fuerza, pero con la misma importancia comenzamos a valorar la opinión de la gente común en materia de seguridad/inseguridad. Esto fue así como resultado de la visibilidad alcanzada por la problemática. Comenzaron las interrelaciones de los barrios que mas sufrían el flagelo de la inseguridad por la urgencia de encontrar alguna alternativa al infortunio que padecían. Desde estas relaciones intercambiaron situaciones y se involucraron cada vez más en la dinámica de la seguridad/inseguridad. Esta impronta fue la que articuló en la vinculación de barrios, sociedades de fomento, clubes barriales, foros de seguridad y municipios en busca de soluciones. Estas relaciones que ya no solamente involucraban a sectores populares, sino también a diferentes segmentos sociales potenciaron distintas propuestas; muchas de ellas integradoras y coadyuvantes con la idea de inclusión social, desde lo educacional, cultural, laboral, económico, etc. Desde estas reflexiones podemos ver como se unificaba la ciudadanía desde soluciones estructurales, que indudablemente llevarían tiempo y mucho trabajo, imposibles de obtener desde conceptos facilistas y mediáticos. También hubo otras propuestas disyuntivas y reduccionistas que han multiplicado aun más la inseguridad, la exclusión y la división de clases construyendo una marcada diferenciación entre ciudadanos. Dentro de esta dinámica participativa y ciudadana emergieron algunos instrumentos propios del paradigma de inseguridad. Podemos señalar a las leyes Blumberg como uno de ellos. Estas leyes son de conocimiento público, pero de todos modos es oportuno que hagamos un poco de memoria. El nombre de las mismas se debe a que su principal impulsor fue un empresario textil de Buenos Aires, Juan Carlos Blumberg, cuyo hijo Alex fue secuestrado y asesinado en abril del año Las leyes , y la del 2004 tipificaban, entre otras cosas, en 50 años la pena máxima de prisión por la sumatoria de delitos gravísimos. 36

37 Estas leyes están centradas principalmente en el encierro como solución al delito, no hay una mirada que priorice el análisis de las causas que producen y reproducen el delito y su posible solución o atenuación desde propuestas integradoras. Debemos asumir que los conceptos derivados de las interrelaciones sociales descriptas hasta aquí entre la prevención y a la idea de participación ciudadana son insuficientes y ameritan un análisis mucho más extenso. Pero en relación al direccionamiento de este trabajo, las reflexiones que hemos expuesto son suficientes para visualizar las influencias de estos conceptos en la transformación del paradigma de seguridad. Un instrumento novedoso que indirectamente aportó al desmantelamiento del paradigma de inseguridad fueron las agencias privadas de seguridad, aunque en principio las mismas estaban integradas mayoritariamente por personal retirado de agencias policiales, de seguridad y militares en retiro y hasta en actividad. Luego, los distintos ejes políticos aplicados por los gobiernos de turno, fueron desalentando estas prácticas de tipo castrense. Esto significó una apertura laboral nueva para cualquier ciudadano común que cumpliera con los requisitos necesarios. La llegada de las agencias de seguridad privada fueron, quizás sin haberlo tenido demasiado en cuenta, un vector que comenzó a desmitificar la tendencia en donde los temas de seguridad estaban vedados al ciudadano común. Es obvio que la articulación necesaria que hubo y hay con los organismos públicos y estas agencias, contribuyen a la nueva prevención. El aporte que hacen estas agencias con la desmitificación de la seguridad acompañó y sigue acompañando en la desmantelación de algunas prácticas del paradigma de inseguridad que aún hoy siguen resistiéndose a su revisión. Ahora bien, estos aportes por su carácter simbólico no dejan de ser beneficios colaterales que en gran medida se encuentra dentro de la categoría del azar. Las agencias no han tenido 37

38 verdadera conciencia de los beneficios que han aportado, quizás porque sus funciones más visibles en áreas netamente públicas estaban muy acotadas. Tendríamos que revisar hasta donde y de qué manera podemos optimizar sus servicios a favor de todos y que esos beneficios no sean casuales, o de quienes la han contratado exclusivamente. Hablar de seguridad privada merece un capítulo aparte y el sentido de nuestra investigación no contempla tal esfuerzo. Para que sigamos reflexionando en relación al paradigma de inseguridad, y de su desmantelamiento en conexión con las agencias policiales y de seguridad, nos tenemos que ocupar fuertemente de temas que generalmente han sido tratados mediáticamente y en forma espasmódica como ser, las modificaciones a las doctrinas policiales, el gobierno civil de las policías, las policías municipales, las reformas, etc. Son temas que debemos debatirlos más allá de cualquier impronta electoral. Su aplicación, recorrido y resultados ameritan que tengamos una constante revisión tendiente a corregir el direccionamiento de estas unidades de análisis. Si entendemos al paradigma de inseguridad como a un dispositivo en movimiento, es lógico que las medidas que actúen de contrapeso a sus efectos, las revisemos y actualicemos. Estas unidades de análisis conforman, entre otras, los componentes necesarios de una estructura de Estado que podamos regular eficientemente desde un enfoque de seguridad ciudadana. En este contexto normativo e institucional, cada Estado regula el difícil equilibrio existente entre las libertades y las limitaciones para los ciudadanos. El eventual quiebre de ese equilibrio como consecuencia del uso desproporcionado, o no acorde con los intereses generales de la colectividad, del 38

39 poder policial, produce una distorsión que vulnera y cercena el concepto mismo de policía, (Saín M. F., 2002). Lo importante de este discreto recorrido entre el paradigma de seguridad entendido como dispositivo del Estado de bienestar, y el paradigma de inseguridad como un dispositivo del pensamiento neoliberal, es la observabilidad del fenómeno. A través del mismo podemos comprender la fuerza resultante del choque ideológico, esto nos permite diseñar estrategias tendientes a modificar, mantener y volver a modificar la configuración de un determinado paradigma. Ahora bien, desde estas reflexiones y a los fines de este estudio llamaremos a este dispositivo nuevo paradigma de seguridad, pero como hemos visto, esta proposición es figurativa e incorrecta. Nos queda claro que la misma no representa suficientemente toda la complejidad que este dispositivo posee y tracciona. 39

40 Capítulo 2 LA SEGURIDAD COMO POLITICA PÚBLICA Para aproximarnos a la idea de política pública que pretendemos, debemos construirla considerando los distintos actores sociales responsables y necesarios para su formulación y puesta en práctica. Es sustancial que arribemos a una definición lo suficientemente representativa en su uso y significado. En tal sentido pensamos que el tema nos otorga una gran diversidad de reflexiones. Es imprescindible que visualicemos cuales son las instituciones adecuadas que puedan configurar fácticamente estas reflexiones. Disponemos de una amplia diversidad de agencias públicas que integran el Estado nacional, provincial y municipal. Estos organismos los debemos optimizar a través de un profesionalismo adecuado de caras a la resolución de una determinada problemática. No podemos esperar que una institución pública esté preparada para responder a cualquier demanda más allá de su complejidad. Si pensamos de este modo, tendremos que resignarnos a soluciones momentáneas circunstanciales y utópicas. Este último razonamiento es relevante ya que a la ausencia de profesionalismo es bastante habitual responderle, cada vez con más frecuencia, con la vocación del servicio. Si bien esta última condición la valoramos y debería ser un estado esencial en las cuestiones públicas, con ello solo no alcanza. Creemos que la complejidad social ha alcanzado niveles que exigen de la especialización una constante para reducir determinados conflictos. 40

41 En las organizaciones sociales hay una tendencia hacia la involucración y profesionalismo como posibles soluciones de los temas de orden público. Este convencimiento en tanto involucración, profesionalismo y servicio a favor de todos los integrantes de una sociedad, debería ser una condición institucional base de cualquier burocracia estatal. Los Estados, deben estar en una continua capacitación tendiente a la resolución o en su defecto, a la atenuación de los conflictos sociales emergentes.debemos considerar, cuando pensamos en políticas públicas, que estos conflictos son inherentes a una determinada sociedad. Los mismos son derivaciones consecuentes de sus prácticas sociales, por lo cual las capacidades de las agencias competentes que intervengan en estos conflictos, deben poseer virtudes suficientes para poder aplicar procedimientos, normas, y métodos en línea con una multiplicidad de conflictos que requieren distintas disciplinas para su tratamiento. Por último, pero igual de importante, el entrecruzamiento de información de las instituciones estatal entre sí y con las distintas organizaciones sociales que tratan el tema, es clave para que podamos abordar la problemática a tratar. Estas consideraciones, más un presupuesto apropiado son herramientas fundamentales. Si coordinamos las mismas adecuadamente podemos optimizar los esfuerzos en la producción de una política pública alcanzando excelentes resultados. Las articulaciones que hace la autoridad política de estos recursos según las necesidades de atenuación o resolución de un conflicto en particular, las podríamos entender conceptualmente como una política pública. Los gobiernos son simplemente ordenadores responsables de agencias estatales con el propósito de direccionar herramientas competentes que traducidas en políticas públicas tiendan a solucionar los problemas que 41

42 acogen a los ciudadanos en un tiempo y espacio particular con el fin de un goce efectivo de sus derechos. Las políticas públicas son un conjunto de objetivos, decisiones y acciones que lleva a cabo un gobierno para solucionar los problemas que en un momento determinado los ciudadanos y el propio gobierno consideran prioritarios, (Tamayo Saéz, 1997). Cuando pensamos en políticas públicas hay que considerar el método comparado. Con esta práctica podemos visualizar virtudes, coincidencias, diferencias y debilidades entre una y otra política según el tiempo, espacio y enfoque elegido. En consecuencia y si hacemos una síntesis apresurada del método comparado, podríamos decir que siguen vigentes las prácticas de pruebas y errores como aporte significativo en la búsqueda de la política pública más adecuada. Las comparación ha sido la principal fuente de conocimientos y ratificación de juicios y evaluaciones, (Pablo Bulcourf, 2008). En esta búsqueda, comparación y construcción de una política pública es imperioso que exploremos la variedad de corrientes teóricas, tanto foráneas como propias.poseemos una vasta memoria en lo relativo a la aplicación con éxito de algunas políticas públicas en otras latitudes.las mismas las hemos importado y reproducido sin demasiados análisis, con resultados contradictorios para nuestra región, empeorando aún más situaciones que deberíamos haber revertido. Tenemos que apelar a la memoria y reconocer desde donde se nutren tanto los programas políticos como las modernizaciones ideológicas. Dicho de otra manera, las teorizaciones no son univocas y las tenemos que examinar exhaustivamente antes y durante su aplicación. Si sostenemos un verdadero razonamiento alrededor de estos conceptos nos daremos cuenta que los mismos podrían no ser mejores que 42

43 los propios, que su naturalización podría responder a intereses foráneos, o sustentarse únicamente en el hecho de estar internalizados en nosotros con anterioridad a un acontecimiento determinado, con lo cual lo naturalizamos sin percatarnos de este proceso. Esta forma de poder se va instituyendo sutilmente a tal punto, que en esta sistematización no percibimos la magnitud de este acto aunque el mismo sea común y cotidiano, (Butler, 2001). La línea de pensamiento que sujeta la autora nos brinda una herramienta más a la hora de analizar este tipo de conceptualizaciones. Es importante considerarla porque quizás nos debele que detrás de estos lineamientos conceptuales se escondan intereses contradictorios con nuestras autonomías regionales, no teniendo nada que ver el azar o la falta de pericia. Ahora bien, aceptemos que no todo lo extranjero es dañino a nuestros intereses y sin que neguemos la importancia que podrían tener algunos de estos conceptos en la construcción de nuestras políticas públicas, es sustancial que consideremos también las experiencias de un vasto abanico de pensadores regionales. Las vertebraciones conceptuales que fuimos tejiendo han sido procesadas por lideres y pensadores de América Latina, dando cuenta de que en las tradiciones de las clases subalternas no solo existen sentimientos o intuiciones, sino herramientas de fundamentación capaces de cuestionar muchos de los supuestos que guían los saberes predominantes en la política y en las ciencias sociales, (Argumedo, 2009). 43

44 Capítulo 3 LA SEGURIDAD CIUDADANA COMO GARANTE DE UNA SEGURIDAD PUBLICA DEMOCRATICA Para que podamos abordar un tema tan complejo como la seguridad pública debemos visualizar las relaciones constitutivas que conforman esta conjunción hacia su interior. Desde este análisis es necesario que desagreguemos y clasifiquemos sus componentes a los efectos de obtener resultados que nos den una visión lo menos sesgada posible en cuanto a la idea de seguridad pública. A tal fin exploraremos algunas dimensiones sustanciadas en pensamientos armónicos con la idea de seguridad pública desde la inclusión social. También indagaremos otros conceptos más alejados de este eje valorativo. Cuando surge el tema de la seguridad pública pareciera que algún imaginario social nos interpela a realizar un recorte espontaneo y a la vez selectivo de la realidad. Con esta tendencia construimos a la seguridad como a un dispositivo bipolar derivado exclusivamente del ámbito policial institucional y de sectores que delinquen debido a su inadaptación social. Promocionamos una visión disyuntiva de la realidad, es una cosa, o la otra, y la excepción a la regla es cuando ambas son consideradas en igualdad de responsabilidades. Hacemos un recorte fácil y cómodo de la problemática, en otras palabras es como dos caras de una misma moneda. En contraposición a este pensamiento sesgado debemos entender que: 44

45 La seguridad pública, entonces, desbordaría la tradicional concepción policial de la seguridad, la cual limita el concepto al accionar de la policía en materia de prevención y, especialmente, persecución de ciertos delitos, (Recasens i Brunet A., 2007). La ceguera del pensamiento disyuntivo nos dificulta visualizar a estos episodios como colaterales y consecuentes con la inercia que generan estructuras criminales mayores. Tampoco las autoridades políticas y con poder de decisión, analizan seriamente a las sociedades y sus relaciones como generadoras de situaciones que son coincidentes, similares o diferentes entre sí, produciendo necesariamente conflictos inherentes al tipo de sociedad. Esto que parece tan simple nos cuesta asimilarlo como parte significativa de la complejidad social. Si a estas reflexiones le sumamos falta de pericia, desinterés y hasta desidias por parte de algunas agencias del Estado, las derivaciones son resultados anunciados. Repetimos conceptos tales como que las instituciones están en un constante cambio y nos cuesta ver la sumatoria de esas instituciones y sus cambios en sociedad. Parafraseando a Esther Díaz, hay una tensión entre el imaginario social y el individual. Cuando el imaginario se libera de las individualidades, cobra forma propia. Y por una especie de astucia del dispositivo se convierte en un proceso sin sujeto. Adquiere independencia respecto de los sujetos. Tiene una dinámica propia. Actúa en todas las instancias sociales, puesto que todas esas instancias se producen en alguna institución, (Díaz, 1996). El termino seguridad al ser polisémico tracciona una diversidad de cargas valorativas que complejiza su clasificación. De este modo corremos el riesgo 45

46 de confundir el significado medular que el termino tiene para nosotros quedando atomizado por conceptos reduccionistas. Por tal razón nos planteamos este dilema desde un principio rector, la seguridad ciudadana. El concepto de seguridad ciudadana debemos entenderlo desde la idea de sujeto, ciudadano, persona o habitante, integrado y con sus necesidades indispensables satisfechas para poder vivir en sociedad. Los términos sujeto, habitante, persona, ciudadano, o equivalentes, debemos considerarlos a los efectos de poder identificar a los individuos receptores de la seguridad pública, tratando de acotar subjetividades que determinen categorías entre sí. Como nos hemos referido anteriormente, hay una intención de aproximarnos a conceptos suficientemente representativos en relación al tema en estudio. Por tal motivo va de suyo que internalicemos a la seguridad pública y sus consecuencias dentro de un marco adecuado, la seguridad ciudadana. Este es un derecho irrenunciable de las personas que nos interpela a participar desde nosotros, para nosotros y nuestra comunidad. Es así, claramente por ser las personas el sustrato que da cuerpo a este concepto. Esta mirada excede el principio del mantenimiento del orden público como eje de los poderes estatales. La seguridad ciudadana está enmarcada en un ejercicio democrático que tiene como sostén el encausamiento de las crisis sociales derivadas de las relaciones entre personas que integran una sociedad determinada. La problemática que nos ocupa debemos analizarla prestando atención a valores tales como la igualdad, la libertad y la protección de todos los miembros de una comunidad. Parafraseando a Victoria Rangugni, en términos generales, la noción de seguridad ciudadana está asociada a un valor, a un propósito deseable que aunque inalcanzable en su totalidad, 46

47 podría reducir la incertidumbre, la desprotección, la inseguridad, las amenazas, etc., (Rangugni, 2010). La elección de los autores y los conceptos que van surgiendo, responden a una mirada crítica en relación a los temas de seguridad. Esta estimación la sustentamos a través del rechazo a esa ilusión generalizada que entiende a la seguridad e inseguridad como un bien o un mal que arriban a nuestra sociedad como entidades independientes, que irrumpen en las prácticas sociales habituales para cuidar de ellas, degradarlas o mejorarlas según el caso. Esta idea ni siquiera merece que la identifiquemos como falaz. Si damos crédito a especulaciones de este tipo, de alguna manera también les estamos otorgando algún grado de veracidad a sus reflexiones. Y si aceptamos la desvinculación entre sociedad, seguridad e inseguridad, dándoles entidades independientes y a su vez negando la tensión lógica entre ellas, imprimiremos en tal caso un impulso adicional que seguramente va a ser capitalizado por pensadores que argumentan un enfoque reduccionista del tema en donde justifican que desbastemos a la inseguridad a cualquier costo, o que obtengamos seguridad a como dé lugar. En ambos casos habría una disociación entre la génesis de estos dispositivos y este pensamiento reduccionista. La solución a ese dilema es simple para estos pensadores; declararían inmediatamente que los creadores y responsables de la inseguridad o falta de seguridad son lo no incluidos, y la solución a este flagelo sería la penalización de los sujetos que el sistema no incluyó. Por supuesto que esta reflexión estaría configurada y disimulada detrás de un discurso moderador que baya articulando sutilmente sobre el segmento en cuestión. La ansiedad por alcanzar seguridad tiende a avasallar otros derechos y valores. 47

48 La prioridad que hoy adquiere la pretensión de seguridad opaca la importancia de otros valores indispensables para la vida democrática. Justamente, la idea de una seguridad democrática fija límites respecto a aquello que podrá hacerse y lo que no podrá llevarse adelante para obtener seguridad. Hay derechos que no deberían nunca ser vulnerados en nombre de la seguridad, aunque sea usual reconocer reclamos de seguridad en los que se pide resignar derechos fundamentales, como por ejemplo el derecho a la vida. (Rangugni, 2010). Ahora si bien hay muchas coincidencias entre seguridad pública y seguridad ciudadana, no es exactamente lo mismo. A grandes rasgos cuando nos referimos a lo público y especialmente en seguridad está bien que nos enfoquemos en las autoridades públicas y sus responsabilidades en mantener un estado de convivencia dentro del ejercicio de derechos y libertades. Marcelo Saín claramente define a la seguridad pública en un marco democrático de la siguiente forma: La situación política y social en la que las personas tienen legal y efectivamente garantizado el goce pleno de sus derechos considerados estos no solamente como principios u garantías formales, sino también prácticas sociales, a defender y ser protegidos en su vida, su libertad,a su integridad y bienestar personal, su honor, su propiedad, su igualdad de oportunidades y su efectiva participación en la organización política, económica y social, así como en su igualdad ante la ley y su independencia ante los poderes del Estado, y a obtener el pleno resguardo de la totalidad de los 48

49 derechos y garantías emanadas del Estado de derecho, (Saín M. F., 2002). Las garantías de estos derechos y libertades los encontramos en la seguridad ciudadana. Hay que enfatizar su carácter de garantía porque desde ese lugar podemos concretar el derecho del ciudadano a través de sus prácticas. En esta dimensión visualizamos si tales derechos y libertades se cristalizan o no. Si logramos una tendencia firme que solidifique los mismos, estaremos construyendo una seguridad pública democrática. La seguridad ciudadana supera a la seguridad pública, la encuadra y es rectora de ella. No se agota ni descansa en la delegación de la potestad otorgada a la instancia pública. Le suma valor democrático a la seguridad pública. La retoma y configura en seguridad pública democrática. Hay una ampliación del orden público hacia su ideal, la seguridad pública democrática. En este pasaje se encuentra la participación necesaria de las personas. Más allá de que interpelemos al andamiaje estatal en tal sentido, nos debemos involucrar en el mismo. La noción se seguridad ciudadana remite a un campo más amplio para la producción de seguridad, en la que los ciudadanos forman parte tanto de la definición como de la intervención respecto de los marcos de convivencia, la reducción de ciertos delitos y niveles de violencia percibidos como amenazantes de la vida de los individuos y de las comunidades, (Rangugni, 2010). 49

50 Capítulo 4 MODELOS POLICIALES Los modelos policiales tradicionales como así también, los llamados nuevos modelos, tenemos que pensarlos como instrumentos disciplinados y dependientes de una estructura superior. Estudiarlos aisladamente es como desagregar un engranaje vital de una compleja maquinaria y fundamentar la función que desarrolla el mismo aunque esté desconectado de su lógica como parte de este sistema. Aventurarnos a definir cuál es su función en estos términos, es poco menos que azarosa. Ahora bien, lo correcto cuando analizamos los funcionamientos de estos engranajes, es hacerlo desde la asistencia de otras piezas superiores y subalternas necesarias para que estos, y nos referimos específicamente a las agencias policiales, adquieran un determinado movimiento y no otro. En conjunto todas estas piezas conforman una compleja maquinaria que a su vez determina una resultante que no es casual y que responde al direccionamiento de una estructura superior rectora. Esta estructura es la que configura el diseño del modelo policial a seguir, la cual tracciona una determinada forma de control social. Estos instrumentos no son estáticos van cambiando así como cambia la sociedad en su conjunto, pero la inercia desde su creación se resiste a este cambio hasta nuestros días aunque la estructura superior que los direccione esté en un franco proceso de reforma. Tal como observamos, las formas de control social son dinámicas y se modifican con la transformación social. Eso permite hablar de viejas y nuevas formas de control, (Garibaldi, 2012). 50

51 Coincidimos con el autor, pero en parte, debido a que sin ninguna duda la transformación social sucede y los sistemas de control deberían también cambiar, pero el detalle que el autor, a nuestro criterio, debería resaltar, es que la verdadera relevancia está en que estos cambios no son automáticos, que requieren de mucho tiempo instalar y en simultaneo desinstalar los mecanismos de control que han sido diseñados por la estructura superior anterior. Este detalle que en lo teórico puede significar algunas palabras más, cuando lo vamos implementando por medio de las prácticas, toma su verdadera relevancia en forma de apoyos y resistencias. En esta dinámica de apoyos y resistencias conjugamos valores tales como la integridad física de las personas, sus proyectos, trabajos y familia, por nombrar solamente algunos. Es necesario señalar que cuando hablamos de estructuras superiores nos estamos refiriendo en este caso, a una ingeniería de pensamiento neoliberal. Los sistemas o conjuntos de engranajes representan no solo a las instituciones policiales y de seguridad, sino también al resto de las agencias del estado. Estas en principio van a seguir respondiendo al diseño burocrático administrativo que les dio originen. Los cambios que luego introduzcamos con el fin de desmantelar estos mecanismos, son resistidos por estas agencias. No necesariamente por ser cómplices de esta impronta neoliberal, sino tal vez por desconfianza a lo nuevo y a lo que no se conoce. Por tal motivo es importante que el modelo policial que implementemos sea coherente con un pensamiento integrador e inclusivo. Desde él debemos trabajar en conjunto con las demás agencias del estado en forma de red. Este razonamiento es posible si lo interpretamos desde un paradigma de seguridad que responda a un Estado de bienestar o benefactor. Esta problemática la hemos tratado particularmente en Un nuevo paradigma de seguridad?, o retrocesos y avances de un mismo dispositivo en constante 51

52 cambio en donde hemos tratado de dilucidar y despejar dudas respecto a estos temas y marcar, a su vez, el direccionamiento de esta investigación. Los modelos policiales tradicionales en su mayoría son consecuencias de lineamientos conservadores fundamentados en prácticas que devienen de una época oscura de la República Argentina y que son recurrentes hasta nuestros días. Estos modelos policiales en gran medida responden a derivaciones ideológicas y no exclusivamente a deficiencias idóneas en la materia. Que pensemos y agotemos las conclusiones desde el error humano o la falta de pericia, como principal consecuencia de los defectos de un modelo policial, es patológicamente inocente. Desde una visión más perspicaz, podríamos afirmar que son sospechosamente cómplices de conductas coincidentes con algunas prácticas controvertidas y en colisión con un Estado Democrático. Estas prácticas que si bien se fueron erosionando pero que aún mantienen su inercia, las trataremos de sintetizar en la siguiente proposición: el efecto cascada de la jerarquización institucional castrense. En tal sentido queremos recuperar el concepto de esta idea en done esta corriente institucional, si hacemos un recorte histórico, tiene su nacimiento más próximo en las fuerzas armadas desde donde discurre su doctrina jerárquica castrense. Esta desciende y se escurre en forma de cascada formando escalones e instancias estamentales que hoy son inorgánicas, pero no por ello menos eficientes a la hora de influenciar en las distintas agencias estatales que en algún momento estuvieron formalmente a sus órdenes y que hoy siguen manteniendo algunos vínculos, símbolos y prácticas en común. Esta corriente institucional pudo existir, producirse y reproducirse históricamente hasta nuestros días gracias a la constante tendencia delegativa de parte de las autoridades políticas. 52

53 Saín al respecto es muy claro: Del mismo modo en que la clase política argentina se despreocupó de los asuntos militares durante largas décadas y delegó a los uniformados las cuestiones de la defensa nacional y los militares al compás del apuntalamiento de la autonomía política de las Fuerzas Armadas, en la actualidad esa despreocupación se hace claramente visible frente a los temas de la seguridad pública y, en particular, frente a la necesidad de conducir el sistema de seguridad y la institución policial, (Saín M. F., 2002). Este ha sido un argumento válido, pero insuficiente para la creación efectiva de un modelo policial superador. Hizo falta quizás la sumatoria de otras circunstancias para que la problemática sea abordada: La actual complejidad de la sociedad, las nuevas demandas frente al problema, las cambiantes formas de criminalidad y la creciente interjurisdiccionalidad de muchos delitos hacen que el modelo policial tradicional no alcance como respuesta ante la nueva configuración del campo de seguridad, (Rangugni & Russo, 2010). Creemos en las afirmaciones que hacen estos autores respecto a la insuficiencia del modelo policial tradicional, pero también estamos convencidos que esa deficiencia esta cruzada por una ideología determinada que ha sido la responsable de las prácticas policiales, dejando al descubierto sus verdaderos intereses. El pueblo a pesar de un discurso conciliador y formal de parte de las autoridades políticas, desconfía de las mismas. Esto se debe quizás a que como destinatario de estas prácticas, ha comprendido 53

54 que las policías están más al servicio del poder, que al suyo. Desde estas reflexiones deberíamos construir un modelo policial nuevo que reúna sin ninguna duda un profesionalismo a la altura de una dinámica criminal en constante especialización. Pero no podemos dejar de resaltar exponencialmente, a pesar de su obviedad, que la primera esencia de este dispositivo de control social esta signada por un pensamiento ideológico determinado, y que desinstalar e instalar uno nuevo requiere de mucho esfuerzo. Entonces, vemos que el control de los medios de coerción física; de los recursos económicos; de los recursos de información en sentido amplio, incluso conocimientos científico-tecnológicos e ideológicos (mediante el cual el dominado asume como justa y natural la relación asimétrica de la que es parte, y por lo tanto, no la entiende ni cuestiona como dominación) es la forma en la que mecánicamente se perpetúa el sistema político económico. Sin importar ya si hablamos de feudalismo, capitalismo o el sistema de que se trate, las respuestas se adecuarán a la necesidad del momento y los saberes se normalizarán o se fundamentarán con las bayonetas, (Garibaldi, 2012). De estas reflexiones recuperamos principalmente el interés económico como el eje rector y mezquino que el neoliberalismo ejerce a través de estos instrumentos. Que construyamos un diseño de modelo policial en línea con una estructura superior incluyente significa que entendamos en primer lugar cual es la impronta ideológica que conforma esta estructura. Esto no significa que si esta estructura superior tiene determinada ideología en oposición al interés de las mayorías, sean aceptadas por estos últimos sin ofrecer 54

55 resistencia. En nuestro país creemos que conservamos todavía una memoria institucional importante en relación a estas luchas. Después de plantearnos estas consideraciones y entender cuál es el imaginario social que los argentinos tenemos como país, estaríamos en condiciones de adentrarnos en la complejidad de la construcción de un nuevo modelo policial representativo del sustrato formal que le da su sentido y que a nuestro criterio es el pueblo argentino Autogobierno de las agencias policiales y de seguridad Cuando analizamos temas inherentes a una sociedad nos encontramos con sus prácticas sociales, sus producciones y reproducciones, las tensiones entre el instituido y el instituyente, y las internalizaciones de los sujetos como algunos de los intercambios sociales posibles. Estos temas son complejos y algunas causas de su complejidad se encuentran en las consecuencias reales que estos intercambios traen necesariamente a las vidas de las personas. Este razonamiento es simple pero muy importante para que comprendamos determinadas conductas desconexas aparentemente del sistema social general, y que sin embargo están directa o indirectamente relacionadas con el. Ahora bien, desde un enfoque analítico nuestras conclusiones respecto a estos intercambios sociales no aportan nada nuevo, pero nos hacen recuperar los conceptos principales, los cuales aplicados hacia el interior de agencias policiales y de seguridad, desde el control de la actividad y el empleo del tiempo que dedican a ella, tal vez nos otorguen una idea de las doctrinas que se construyen hacia el interior de estas agencias. Haciendo analogía de estos intercambios, visualizamos además de sus producciones y reproducciones, sus posibles consecuencias hacia el exterior de estas instituciones. Foucault, en relación a estas prácticas, le confiere un papel significativo al control de la actividad y el tiempo que se emplea para lograr determinados resultados.hay una sistematización simultanea de la 55

56 acción, el tiempo y el espacio tendiente a configurar los procedimientos necesarios para alcanzar estos resultados. Las palabras del autor son esclarecedoras en tal sentido: El empleo del tiempo es una vieja herencia. Las comunidades monásticas sin duda habían sugerido un modelo estricto. Rápidamente se difundió. Sus tres grandes procedimientos establecer ritmos, obligar a ocupaciones determinadas, regular los ciclos de repetición- coincidieron muy pronto en los colegios, los talleres y los hospitales. A las nuevas disciplinas no les ha costado trabajo alojarse en el interior de los esquemas antiguos; las casas de educación y los establecimientos de asistencia prolongaban la vida y la regularidad de los conventos, de los que con frecuencia eran anexos, (Foucault, 2012). Estas agencias funcionan como pequeñas sociedades o barrios estancos. Sus prácticas producen y reproducen las conductas instituidas en su interior sin ningún instrumento externo que las regule. Estas conductas que luego van a formar parte de nuestra interacción ciudadana, fueron potenciadas en sus orígenes desde un sustancial aislamiento intelectual y espacial.el resultado de este formato estructural lo pondremos en práctica hacia el exterior de estas instituciones colisionando con los usos y costumbres socializados por la mayoría de las personas que integramos esta sociedad. El concepto que hemos utilizado no es algo de menor importancia si tenemos en cuenta que el nacimiento de las principales policías en nuestro país es de origen castrense. El instituido es muy potente y las posibilidades de que una fuerza instituyente nueva esmerile sus bases van a seguir siendo vagas en la medida que 56

57 sigamos permitiendo que estas agencias continúen con su aislamiento espacial y doctrinal. Esta tendencia dificulta la integración social y suma desconocimiento al tema. De esta forma, a su vez, vamos construyendo estereotipos en colisión con la estructura social general. Tenemos que revisar y trabajar fuertemente estas relaciones desde una programación institucional en sintonía con los tiempos y espacios de un Estado Democrático en donde el eje sea el ciudadano y no al revés. Como las instituciones son preexistentes al nacimiento de cada persona, los hombres las perciben como exteriores a ellos e independientes de su accionar.lo que fue creado en un momento histórico determinado sigue existiendo para las generaciones siguientes que heredan esas instituciones y las viven como ajenas. Se puede retomar el ejemplo de la comida. Para un occidental se presenta como una objetividad que cerca del mediodía deje sus actividades para almorzar. En la mayoría de los casos, esta persona se sienta y pone en la mesa un plato, cubiertos y alguna bebida. Esta experiencia está objetivada y se transmite de generación en generación. Sin embargo, como cualquier producto humano, las instituciones tienen su historia, que solo puede comprenderse en profundidad si se tiene en cuenta el contexto en el que estas surgieron, (Vazquez, 2010). Cuando nos referíamos a la potencia de lo instituido en relación a las prácticas de estas agencias y la urgencia de su revisión, estamos teniendo en cuenta los conceptos de esta autora. Pensamos que si la construcción de una determinada institución nos lleva mucho tiempo arraigarla, sin dudas la 57

58 desconstrucción de la misma nos llevará aun mas esfuerzo. Desde esta línea de pensamiento sostenemos que debemos implementar una programación institucional diseñada y planeada desde las autoridades políticas. Si no desandamos la tendencia delegativa en asuntos de seguridad pública, y no impulsamos intervenciones y modificaciones en las prácticas policiales tradicionales, las mismas serán entendidas como la única verdad posible. De esta forma las agencias policiales y de seguridad, según el caso, se transformaran en productoras y reproductoras exclusivas y excluyentes de su propia doctrina como verdad univoca e inmodificable al margen del proceso social general. Dicho de otra manera si no producimos un acercamiento real de las autoridades políticas competente que entiendan y regulen el instituido/instituyente desde un enfoque integrador, seguramente los resultados finales de estas agencias serán controvertidos con el contexto democrático social, transgiversando su eje principal, el servicio a la comunidad. Es preciso que señalemos que así como el autogobierno es nefasto para la sociedad y para las propias agencias policiales, la combinación con la ineficiencia de las autoridades políticas termina justificando la autogestión de estas agencias. En tal sentido y desde la experiencia de Saín en relación a la policía de la provincia de Buenos Aires dice: En consecuencia,la falta de control y gobierno civil sobre el sistema de seguridad y policial no se originó ni derivó exclusivamente de las resistencias interpuestas por los uniformados ni del apuntalamiento de la autonomía policial respecto de las autoridades políticas,sino también de la ineficiencia y la incapacidad gubernamental para ejercer sus 58

59 funciones de comando político institucional sobre la seguridad y la institución policial de manera competente (Saín M. F., 2002). Es necesario que auditemos las conductas desde la cotidianidad de estas agencias, siendo ineludible un lineamiento desde un gobierno político competente que conozca de políticas públicas de seguridad y desaliente en consecuencia cualquier intento de autogobierno policial. La soberanía política sobre estas agencias es una deuda pendiente con la sociedad. En estricta verdad Saín en su obra Seguridad, democracia y reforma del sistema policial en la Argentina, del año 2002, sugiere una batería de medidas en torno a la seguridad pública, entre ellas señala la creación del Ministerio de Seguridad. Esta medida se pudo cristalizar recién el 10 de diciembre del año 2010 por medio del decreto 1993/2010 de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. De alguna manera el tiempo transcurrido desde la sugerencia de este autor y el momento en el cual pudo crearse el Ministerio de Seguridad, (8 años después), nos marca alguna dificultad por parte de las autoridades políticas a la hora de intervenir en temas de seguridad pública. En este sentido le otorgamos especial atención a las reflexiones que Saín hace al respecto: Esta falta se debe, en primer lugar, al hecho de que en muchos sectores de izquierda todavía persisten traumas históricos asociados con las dictaduras y la represión policial. Para el progresismo, las instituciones policiales son sujetos de arbitrariedades y discriminación y no garantes de derechos y libertades de la ciudadanía, (Sain, 2010). 59

60 Desde la cúspide de la pirámide burocrática quizás haya un gobierno aparente de estas agencias, como lo hemos señalado, pero a medida que descendemos por la misma nos encontramos con la disminución representativa institucional y profesional de la autoridad política competente. En este espacio, la idoneidad, como la soberanía política, deberían ser posibles por medio de una agenda institucional determinada. Si no hay profesionalismo y voluntad política en el campo de la seguridad pública que nos muestre que tenemos y hacia dónde vamos, los resultados serán distorsionados en relación con nuestra realidad social. Desde esta ineficiencia no sería apresurado decir que elaboramos sistemáticamente conductas controvertidas en tensión con una vida en democracia. No debemos ser reduccionistas y fabricar injustamente conceptos que estigmaticen a estas agencias como al otro peligroso. En tal sentido es necesario que conozcamos sus prácticas, estudiarlas y adecuarlas a una sociedad en continuo cambio. Se odia lo que nos amenaza (Rotket, 2000), y aterroriza lo nuevo, lo inexplorado. Si la poca información que tenemos del otro es controvertida, ese otro se transforma en un peligro exacerbado a quien por las dudas ni intentamos entender y lo más conveniente es que nos alejemos. Este último pensamiento creemos que es el mayor déficit que estructura al progresismo a la hora de encarar temas de seguridad pública. A esta tendencia debemos sumarle el oportunismo político de algunos sectores que piensan a la inseguridad como consecuencia única de la pobreza y de la inclusión social, en donde pareciera que no podemos hacer nada hasta que esto se resuelva, o de lo contrario la alternativa es la represión policial como remedio de estos males. Mientras esperamos el 60

61 resultado de estos debates, quedamos estáticos y las prácticas policiales instituidas históricamente siguen su curso. 61

62 Capítulo 5 EL AGOTAMIENTO DE UN MODELO CONSERVADOR Y CONTROVERTIDO.ETAPAS DE DESARROLLO DE LA POLICIA AERONAUTICA NACIONAL Abordar objetivamente el agotamiento de este modelo institucional requiere fundamentalmente que respetemos los contextos en los cuales se fueron desarrollando determinados procesos. Nos referiremos a la Policía Nacional Aeronáutica usualmente llamada PAN la cual ha dependido desde sus orígenes de la Fuerza Aérea Argentina. Que problematicemos el tema en tal sentido significa clasificar su desarrollo en tres etapas diferentes Primera etapa En la primera de ellas visualizaremos en que tiempo/espacio se da origen a la institución como tal. La misma fue creada formalmente en febrero de 1977, apenas un año después del golpe militar del año 1976.Fue posible su constitución a través de la ley siendo su estructura la de una fuerza militarizada que ejercía funciones de policía y que dependía del Comando en Jefe de la Fuerza Aérea Argentina. En ese mismo año con la sanción de esta ley, se comenzó a conformar los cuadros que iban a integrar el escalafón de Policía Aeronáutica Nacional, que en adelante llamaremos PAN. Su primer director nacional fue un oficial superior de la Fuerza Aérea, Comodoro Ataliva Fernández. 62

63 EL personal de esta nueva institución, en sus comienzos estaba integrado por oficiales, suboficiales, supervisoras femeninas y soldados, condición que cambiaría con el tiempo. Para el ingreso, los oficiales PAN realizaban un curso de dos años en la Escuela de Aviación Militar de Córdoba. Los suboficiales PAN y supervisoras se formaban en el Centro de Instrucción Profesional de Aeronáutica, (CIPRA). Esta institución fue creada en 1960 por un decreto del Poder Ejecutivo Nacional. La formación de estos suboficiales duraba aproximadamente dos años. Este Instituto tenía la función de formar al personal subalterno en la especialización del Cuerpo de Apoyo Operativo y Técnico y del Cuerpo de apoyo logístico. En 1979, por una resolución del jefe de la Fuerza Aérea de ese entonces, Brigadier General Rubén Graffigna, el (CIPRA), pasaba a denominarse, Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Ezeiza. En Junio de 1991 es creada la Base Aérea Militar Ezeiza que tendrá su ubicación en la ex Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Ezeiza. Su tarea, en la actualidad, es formar a los aspirantes en las especialidades que se determinen en función de las necesidades de la Fuerza Aérea, por medio del Instituto de Formación Ezeiza, (IFE). Los oficiales de carrera de la Fuerza Aérea Argentina, (pilotos, cazadores y escalafón general), realizaban, en la misma Escuela Militar de Aviación de Córdoba, una formación más extensa que los oficiales PAN. Estos estudios se desenvolvían durante cuatro años, en donde egresaban como oficiales con el grado de alférez. En el caso de los suboficiales de carrera, en esta misma institución, tomaban un curso de tres años egresando con el grado de cabo con una especialización determinada. En el caso de los suboficiales de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Ezeiza, el curso duraba dos años y entre sus especializaciones estaba la especifica, PAN, entre otras. Reiteramos nuevamente que los suboficiales egresados de la Escuela de 63

64 Aviación Militar de Córdoba no salían con la especialidad PAN, mientras que los oficiales tenían la opción de adquirirla. En realidad esta opción era la última posibilidad de egresar como oficial. Creemos necesario destacar que en la Escuela Militar de Aviación de Córdoba, existía una formalidad aparente y protocolar que permitía, dentro de una multiplicidad de especializaciones, a cualquier estudiante aspirante a oficial o suboficial, poder elegir cualquiera de estas especialidades sin ninguna dificultad. Quisiéramos detenernos y hacer la salvedad, que el discurso en lo que respecta a la igualdad de elección libre del estudiantado, en lo que respecta a las especializaciones, era puramente declarativo.en sus prácticas las mismas, y en líneas generales, eran otorgadas según los estereotipos militares construidos por la institución castrense. Esta configuración no respondía necesariamente a conceptos académicos sino a ideales castrenses que se nutrían principalmente de prerrogativas de sangre. El caso que nos ocupa, la especialización PAN, no se encontraba por fuera de estos ideales castrenses. Es decir que bajo medias verdades y pretextos formalmente académicos o de necesidades operativas, el personal que no alcanzaba los estándares ideales para conformar los estamentos más elevados de la Fuerza Aérea era desestimado o desplazado hacia otros estamentos considerados inferiores. Según la distancia existente entre este personal y el ideal castrense ponderado, se le adjudicaba una determinada especialización. En esta escalera de jerarquizaciones la especialización PAN era la última referencia. Sin que desconozcamos a los suboficiales egresados de la Escuela Militar de Córdoba, el grueso de los suboficiales que integraban la PAN no provenía de esta institución educativa. La mayoría de ellos egresaban de la escuela de 64

65 suboficiales de Ezeiza, mientras que la oficialidad PAN sí provenía de la Escuela Militar de Córdoba. En ambos casos, oficiales y suboficiales PAN, eran considerados para el plantel de oficiales y suboficiales de carrera de la Fuerza Aérea un segmento militar inferior. El personal de la PAN estaba fuertemente estigmatizado por sus pares desde sus orígenes. Con el tiempo la PAN fue considerada por la mayoría del personal de la Fuerza Aérea un lugar de castigo y de menor prestigio, de tal modo que esta estigmatización fue instalándose y construyendo un dispositivo que simultáneamente disciplinaba tanto al personal de la Fuerza Aérea como al de la PAN. Esta condición a su vez hizo que la PAN pudiera aumenta su personal por medio de los empleados expulsado de la Fuerza Aérea a modo de castigo. Estas prácticas compensaron la falta de suboficiales, ya que a comienzos del primer periodo democrático hacia 1984 fue la última promoción de suboficiales con esta especialidad que egresó de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Ezeiza. En líneas generales la PAN se limitaba a las recomendaciones y sugerencias de la Organización de Aviación civil Internacional (OACI) para poder adecuarse a los estándares de seguridad relativos a la protección de la aviación civil contra interferencias ilícitas, tal como lo determina el Anexo 17 del Convenio sobre la Aviación Civil Internacional o Convenio de Chicago. Los conceptos vertidos son generales y su finalidad es que nos vayamos apropiando de una idea formal de las competencias y atribuciones que tenia este organismo como institución. La tarea de policiamiento que desarrollaba la PAN, era considerada de menor jerarquía a la vez que la dependencia de un órgano de gobierno civil, (OACI) debilitaba la definición militar cerrada. Las competencias de este 65

66 organismo internacional fueron ejercidas desde la normativa para la aviación civil. La PAN a pesar de haber sido un organismo satélite de una fuerza militar, tenía una apertura institucional mayor con este tipo de entidades. Hay recomendaciones de la OACI con competencia de tratados internacionales entre Estados. La PAN mas allá de las directivas emanadas por su comando militar, no podía desatender estos tratados. Este es un antecende en donde nos queda claro que atendía lineamientos dados por otra organización civil. Esta permeabilidad en la toma de decisiones también generó condiciones propicias para el pasaje a un gobierno político. Ahora bien, en estricta verdad, las funciones, jurisdiccionales y competencias de esta institución no es nuestro eje de estudio, sino más bien el modelo policial imperante que se fue construyendo a través de sus prácticas. El entusiasmo en dar visibilidad a este modelo no justifica que revisemos únicamente conceptos coincidentes con nuestras convicciones, sino también, tratar de incorporar otros que nos ayuden a pensar desde otras opciones el agotamiento de esta construcción institucional. Estamos convencidos que el aporte de esta investigación tiene que sustanciarse desde la honestidad intelectual como principio básico y cuestionar cualquier mesianismo ideológico o pensamiento único. En tal sentido, más allá de las diferencias ideológicas que pudiéramos tener con el Ingeniero Ricardo Adrian Runza 2 es coherente que plasmemos algunas de sus convicciones. El ex militar sostiene que en el golpe militar de 1976, la Armada a través de la Prefectura y el Ejército a través de Gendarmería poseían sus fuerzas de 2 El Ingeniero Ricardo Runza es Ingeniero Aeronáutico, Máster en Dirección de Empresas, Magíster en Defensa Nacional, Capitán retirado de la Fuerza Aérea Argentina. 66

67 seguridad y que la Fuerza Aérea encabezada por el Brigadier General Agosti vio la oportunidad para promocionar la creación de la Policía Aeronáutica Nacional. Según Runza la República Argentina consagró un modelo de seguridad único en el mundo en ese entonces, siendo el mentor de esta institución el Comodoro Luis M. Etchegoyen. El Ingeniero Runza afirma: La principal excusa que motivó su creación fue el atentado terrorista del 28 de agosto de 1975 que intentó destruir un avión C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina, mientras decolaba desde el aeródromo de la ciudad de San Miguel de Tucumán (Runza, 2014). Más allá de las coincidencias y diferencias del porqué se creó la PAN, es necesario que nos enfoquemos en el modelo policial; el resto del panorama cumple una función subsidiaria a los efectos de un mejor entendimiento del mismo. Para comprender la magnitud de este modelo tenemos que pensarlo desde una doctrina que en sus formalidades fue propia de una unidad policial, pero que en los hechos estuvo fuertemente disciplinada por la Fuerza Aérea. Así como esta institución funcionaba como satélite de la Fuerza Aérea, esta última, estaba subordinada al Ejército y a la Armada. Esta subordinación se sustentaba principalmente en el concepto de moderno/antiguo 3 que las tres armas ejercían en entre sí como condición rectora de conducción más allá de sus capacidades idóneas. Las tres fuerzas 3 Debe entenderse moderno/antiguo desde un concepto exclusivamente cronológico que respeta una sola variable, el orden en el cual se constituyeron las cosas como eje rector y universal, La idoneidad está subordinada a este concepto. 67

68 con esta impronta ideológica formaban lo que se ha llamado El proceso de reorganización nacional 4. La burocracia estatal, en ese periodo, estaba cruzada por jerarquías y prácticas castrenses derivadas de ese proceso. Estas creencias a modo de ejemplos procedimentales básicos eran sistematizadas y continuadas en otras instituciones. Fue habitual esta metodología a la hora de abordar cualquier agencia estatal, sea militar, policial, de seguridad, o civil. Esta corriente que se ha propagado desde las fuerzas armadas enquistándose en todas las agencias estatales, la hemos denominado efecto cascada de la jerarquización institucional castrense 5. El impacto de esta corriente fue tan enérgico que la concepción de Estado como estructura rectora fue trastocada profundamente. Las fuerzas armadas funcionaban, más allá de sus coincidencias estratégicas, como estados independientes ejerciendo sus propias soberanías. En sus críticas a la creación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria y refiriéndose a la herencia institucional que esta institución adquiere por medio de la PAN, Ricardo Runza, hizo a nuestro criterio, un análisis apresurado 6.En su afán de justificar un diagnostico determinista en donde no abría forma de remediar ciertas influencias anteriores, debela la responsabilidad que tenía y sigue teniendo, el efecto cascada de la jerarquización institucional castrense en la transformación del Estado. Estamos de acuerdo con el autor en las influencias que tienen estas prácticas castrenses sobre las distintas agencias estatales, pero creemos que las mismas no son irremediables. Seguramente tendremos que poner 4 Al respecto véase el capítulo 1 del presente trabajo. 5 Ibíd., capítulo 1 del presente trabajo. 6 Al respecto véasela: Nueva Policía de Seguridad Aeroportuaria: Continuidad o Cambio?, en 68

69 mucho esfuerzo en desmantelar prácticas y costumbres que han marcado sistemáticamente una determinada tendencia. En uno de sus párrafos el autor dice: En ese entonces, la Fuerza Aérea sostenía y justificaba la creación de la Policía Aeronáutica Nacional y este modelo de seguridad aeroportuaria en una concepción inapropiada del Estado, desde la cual el mismo es visto de manera excluyente desde el organismo componente. Para la Fuerza Aérea el Estado era la Fuerza Aérea. El Estado no era percibido como una organización superior que incluye a la Fuerza Aérea. Entonces desde esta perspectiva el poder de policía no se toma en valor a la institución Estado como un todo sino en la cabeza, en este caso, de uno de sus componentes, la Fuerza Aérea Argentina, (Runza, 2014). Sus orígenes son verdaderamente importantes, pero si pretendemos un panorama que nos entregue la trama completa de sus episodios, nos llevaría a un trabajo mucho más extenso y exclusivo. Como hemos mencionado anteriormente, sin ninguna duda reconocemos la influencia de esta corriente, pero la actitud necesaria frente a ella debería ser el cambio y no la parálisis institucional. Sostenemos que el concepto de cambio no tiene que ser entiendo como un simple deseo romántico. Es necesario que reflexionemos desde sus prácticas la idea de cambio como un instrumento de acción, que nos dé la posibilidad de transformar fácticamente una determinada realidad. En tal sentido y siguiendo esta línea de pensamiento, asistimos a las reflexiones que Saín hace al respecto: 69

70 La Intervención tuvo siempre presente que las reformas normativas y organizacionales constituían una condición necesaria de las reformas funcionales, pero ellas no eran suficiente para producirlas, ya que los cambios en los dispositivos normativos y organizacionales de las instituciones policiales no habilitaban ni garantizaban, por si mismo, las mudanzas en las rutinas institucionales y en los basamentos simbólicos de las mismas. Ello requería de intervenciones diversificadas, flexibles, graduales y persistentes en el tiempo a los efectos de instaurar y reproducir paulatinamente nuevas prácticas institucionales acorde a las nuevas formas de organización y funcionamiento policial que se pretendía instituir (Saín, 2011). Con la culminación de este primer momento investigativo hemos problematizado cuáles fueron los orígenes más cercanos, en qué circunstancias fueron construidos los mismos y algunas de las derivaciones que sus prácticas conllevaron Segunda etapa Con el advenimiento del periodo democrático de 1983 y a pesar de la culminación formal de la dictadura militar y el comienzo de un gobierno democrático, el modelo policial imperante en la PAN siguió manteniendo sus bases constitutivas y doctrinales. Unos años después, aproximadamente en 1986/87, en el contexto de una democracia demasiado joven, el primer presidente constitucional desde el golpe de 1976, Raúl Alfonsín, desactiva la Policía Nacional Aeronáutica y pone en su lugar a la Gendarmería Nacional. El personal de la PAN tuvo que retrotraerse a su institución madre La Fuerza 70

71 Aéreas Argentina en donde oficiales y suboficiales PAN terminaron cumpliendo roles secundarios 7. Luego en 1990, ya en periodo menemista, y en gran medida respondiendo a los intereses de una impronta neoliberal, el entonces presidente Carlos Menen desactiva la Gendarmería e instala nuevamente a la Policía Nacional Aeronáutica. Sin pretender ser unívocos, creemos que el jefe del ejecutivo, en ese entonces, mantenía relaciones con la Fuerza Aérea sospechosamente estrechas. Nuestras reflexiones son coherentes con algunos episodios referidos a estas relaciones y que han tomado estado público 8. A partir de este momento, y no antes, la Fuerza Aérea aportó personal civil de inteligencia vinculados a diferentes especialidades y niveles académicos. El personal civil del organismo fue informado atreves de sus máximas autoridades militares, la urgente necesidad de contar con su profesionalismo para contribuir a la optimación de su fuerza policial satélite la PAN. Según estas autoridades, la Policía Nacional Aeronáutica reclamaba y esperaba a este personal con grandes expectativas. Este discurso fue tan eficiente en su subjetivación que el personal, más allá de sus competencias, confió y voluntariamente se alisto en dicha empresa. Ya en sus inicios, en contradicción con el discurso formal ensayado por las autoridades de la F.A., comenzaron a surgir viejas estigmatizaciones que parecían superadas pero que sin embargo, emergieron nuevamente. Sin que ahondemos en detalles innecesarios, a la principal estigmatización que debemos prestar atención, es la marcada desconfianza que la PAN tenia por el personal que la Fuerza Aérea le había consignado. La consecuencia de 7 Información suministrada en el edificio Cóndor, calle Comodoro Pedro Zannin 250, Comando de la Fuerza Aérea Argentina, Dirección de inteligencia, departamento de personal, 8 piso. 8 Al respecto véase las relaciones del Brigadier General retirado Andrés Antonietti y el presidente Carlos Menen, 71

72 esta desconfianza fue la sospecha de engaño que despertó en el personal civil de inteligencia en relación a los verdaderos motivos que la Fuerza Aérea había tenido al respecto. El personal civil, más allá de un discurso formal que lo desmentía categóricamente, se sintió engañado y expulsado de la Fuerza Aérea.No pudiendo procesar adecuadamente este infortunio, tuvo que lidiar con otro aun peor, el áspero recibimiento que la PAN se esforzó en brindarles 9.Esto a su vez logró reafirmar más que nunca en el imaginario del personal, que la PAN no era más que un dispositivo disciplinante. Recordemos que trascurrían los años 90, que el personal civil que se había ido de pase a la PAN seguía cobrando como personal de la F.A. sin mediar ley, disposición o ejercicio administrativo que regule estas prácticas de forma especial o particular. En los archivos de la F.A. este movimiento tuvo tratamiento de pase administrativo ordinario similar a cualquier otro efectuado dentro de la jurisdicción de la F.A. Estas prácticas colisionaban con los principios básicos de diferenciación entre la Defensa Nacional y la Seguridad Interior. Saín se refiere a esta contradicción de la siguiente manera: Como se dijo, la ya extinta Policía Aeronáutica Nacional (PAN) era responsable institucional de las labores de seguridad en la defensa aeroportuaria, pero constituía una dependencia policial de la Fuerza Aérea Argentina, esto es, 9 Entrevistas a personal civil de inteligencia de múltiples destinos (administrativos, técnicos y académicos), de la Fuerza Aérea Argentina, que voluntariamente se fueron de pase a la Policía Nacional Aeronáutica en los años 90. De este personal, muchos acompañaron a la Intervención, (decreto presidencial 145/2005), y en consecuencia integraron las filas de la nueva Policía de Seguridad Aeroportuaria. También, una parte importante del personal de la ex PAN, por no coincidir con la lógica institucional de la nueva policía, regresaron a la Fuerza Aérea. La información tratada en esta sección del trabajo, es producto de las entrevistas hechas al personal que integró la ex PAN e integra actualmente la PSA, y también el que regresó a la Fuerza Aérea. 72

73 de una institución militar particularmente entrenada y capacitada para servir de instrumento castrense de la defensa nacional en el espacio aéreo y no para dar cuenta de una labor claramente inscripta en la esfera de la seguridad pública, (Saín, 2011). Con estas bases conceptuales situémonos que en ese entonces ya existía la ley N de Defensa Nacional sancionada el 13 de Abril de 1988 y promulgada el 26 de Abril del mismo año. Esta ley en su artículo 2 señala la intervención de las fuerzas armadas en el caso de agresiones externas, y en su artículo 4 hace una diferenciación tajante entre defensa nacional y seguridad interior. Sin embargo, el personal de pase a la PAN, tomó un curso que pretendía formarlos policialmente. El mismo aunque desde lo formal ambicionaba una formación policial, no aportó ningún profesionalismo policial. Tras esta falencia, y suficientemente simulado se pretendía reeditar y apuntalar lealtades. Estas prácticas muy lejos de profesionalizar y unificar al personal militar y civil puso de manifiesto y aumentó sus mutuas desconfianzas. Por un lado el personal de inteligencia de pase dependía de la PAN a los efectos operativos únicamente. En segundo lugar su pertenencia administrativa seguía disciplinada al comando de la Fuerza Aérea. Y en tercer lugar, si sumamos el efecto operativo más el administrativo y a estos dos los articulamos con las prerrogativas que este personal aún mantenía con las jerarquías superiores de la F.A., comprenderemos fácilmente parte de la naturaleza de esta desconfianza 10. Estas desconfianzas mutas se materializaban en forma discrecional según las coincidencias y diferencias 10 Información suministrada por personal de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, edificio Cóndor, 8 pisos. Anteriormente, a esta dependencia se la conocía como Jefatura II de Inteligencia, en el periodo del gobierno del Presidente Néstor Kirchner adquirió la actual denominación. 73

74 que ambos sectores mantenían en el trascurso de sus prácticas hacia el interior de este organismo. Pero esto representa, en estricta verdad, parte de la naturaleza de la desconfianza. La otra parte importante está fundada en la dificultad que tenía el segmento originario PAN, en ocultar y seguir ejerciendo sus prácticas delictivas sin que el personal nuevo se percatara ello. Era necesario disciplinar al nuevo personal y en consecuencia tomaron la figura del agente de inteligencia vaciándole su contenido original. La figura del agente en su constitución es aplicable a un gran espectro de actividades sociales. Es un término polisémico sin dudas, pero el sentido de categoría policial que las autoridades de la PAN pretendieron darle respondía únicamente a la construcción de un dispositivo tendiente a dominar y presionar al personal procedente de la Jefatura II inteligencia de la F.A. Esta afirmación no es caprichosa y responden a las vivencias y afirmaciones del personal de ambas instituciones 11. La categoría de agente dentro de una estructura policial tradicional tiene entidad de jerarquía en sí misma, mientras que la del personal civil no. Si tomamos a la Policía Federal como ejemplo veremos que el agente es la última categoría de una escala que va desde ella en forma ascendente hasta su máxima jerarquía, el suboficial mayor. El concepto de agente civil de inteligencia no debemos asimilarlo como jerarquía. Es necesario que desalentemos cualquier intento de asimilar el término agente de inteligencia como sinónimo o similar de agente de policía.en el caso que nos ocupa, el agente civil de inteligencia, nos está indicando la pertenencia a un genero en particular. Que hayan tomado al termino agente desde estas reflexiones dándole en si mismo jerarquía no es un error inocente de parte de las 11 Información suministrada por Suboficial Mayor especialidad PAN.Actualmente presta servicios en el edificio Cóndor, Comando de la Fuerza Aérea. 74

75 autoridades de la PAN, sino una falacia pensada y sistematizada. Sin embargo el agente de inteligencia tiene jerarquías similares a los suboficiales y oficiales hacia el interior del término. Estos agentes están jerarquizados en personal civil superior y subalterno. Esta división responde al nivel académico y profesional de cada sujeto. En este sentido, las autoridades militares de la PAN tendrían que haberles dado tratamiento de personal subalterno o superior según corresponda 12. Este panorama tomado en perspectiva les complicaba su autonomía formal e informal, por lo tanto optaron por una interpretación sesgada pero más útil a sus intereses. En consecuencia fueron imponiendo la categoría de agente como jerarquía en sí misma. El imaginario policial jerárquico instalado en las agencias policiales tradicionales, más las presiones y las estigmatizaciones que las propias autoridades ejercían sobre el personal de inteligencia de la Jefatura II, terminaron por disciplinar a este personal casi en su totalidad 13. Con estas últimas reflexiones y cerrando este periodo, ya vamos percibiendo el ocaso anunciado de la Policía Nacional Aeroportuaria. 12 Información brindada por personal del Departamento de personal civil de inteligencia de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, edificio Cóndor, 8 piso. 13 Testimonios brindados por parte del personal que en los años noventa se alistó voluntariamente y paso de personal de inteligencia de la F.A. a agente de la PAN. Se realizó a partir del año 2005 una depuración importante del personal que integraba a esta institución. La responsabilidad de esta depuración fue exclusiva de la Intervención formal que el ejecutivo nacional materializo a través del decreto presidencial N 145/2005. La instrumentación de esta Intervención fue posible por medio de su responsable el Dr. Marcelo Saín. El personal seleccionado que acompañó a este nuevo modelo policial, a través de sus meritos profesionales como eje principal de promoción, terminaron ejerciendo como oficiales superiores de la PSA. Al respecto véase: Ministerio de Seguridad. Policía de Seguridad Aeroportuaria, Planificación en Seguridad Aeroportuaria, copilado por Salvador Julio Postiglioni. 75

76 5.3. Tercera etapa En este tercer y último momento exponemos los déficits institucionales de la PAN. Si señalamos que este conjunto de irregularidades no fueron develadas gracias a la espontaneidad de un erudito equipo de técnicos y políticos, no aportaríamos más que la verdad. Pero si con esta verdad construimos credibilidad, en ese caso simultáneamente estaríamos sumando valor a nuestras reflexiones. La problemática de esta institución ya era conocida por un amplio espectro del poder político. Esta actitud era coherente con la tendencia delegativa en materia de seguridad pública desde La falta de pericia en el rubro favoreció la continuidad de prácticas irregulares imbricadas en un amplio y diversificado sector político. Había una carencia alarmante de soberanía política de parte de las autoridades nacionales del sector. Esta herencia fue replicada en cada recambio presidencial correspondiente a este territorio institucional. La agencia pública que estamos estudiando, tenia tratamiento de coto de caza en donde personalidades encumbradas, como ser magistrados, políticos, militares y amigos del gobierno, a modo de mafias desenvolvían sus influencias. Las autoridades de la PAN terminaban, en principio, siendo cómplices de estas articulaciones para garantizar su supervivencia laboral. Luego concluían asociándose y suscribiéndose en esas actividades ilícitas. Este segmento estaba acostumbrado a usufructuar esta condición y se resistía a dejarla. Estas prácticas siguieron produciéndose y reproduciéndose en un periodo marcadamente neoliberal, en donde el Estado era considerado grande y obsoleto, si sus agencias se podían privatizar se les prestaba atención, de lo contrario se dejaban a la deriva, en consecuencia la autogestión era inevitable. La PAN como otras agencias públicas estaba 76

77 dentro de esta última categoría. La continuación de esta institucionalidad reflejada en sus prácticas fue una constante en los años noventa y una herencia que el progresismo no supo cómo manejar. Unas de sus causas podrían encontrarse según Saín en el siguiente razonamiento: Esta falta se debe, en primer lugar, al hecho de que en muchos sectores de izquierda todavía persisten traumas históricos asociados con las dictaduras y la represión policial. Para el progresismo, las instituciones policiales son sujetos de arbitrariedades y discriminación y no los garantes de derechos y libertades de la ciudadanía (Sain, 2010). Ahora bien, esta configuración institucional, las influencias subterráneas, mas la sumatoria de tantos desaciertos institucionales fue demasiado y su ocultamiento resultó inalcanzable. Así lo reflejaban las publicaciones de la época 14. Los efectos derivados de tantas fallas, omisiones y corrupciones en este último periodo llegaron a un grado de exposición tal que su atomización era más complicada y perjudicial que hacerse cargo de sus consecuencias. El pensamiento progresista del gobierno de Néstor Kirchner no podía pasar por alto tanta desprolijidad institucional. Su costo era muy alto, y su derivación lógica fue escuchar a los especialistas en estas áreas y solucionar 14 Las autoridades aduaneras españolas el día 17 de septiembre del 2004 hallan en el Aeropuerto Internacional de Barajas, cuatro valijas con 60 kilogramos de clorhidrato de cocaína despachada sin pasajeros. Las mismas fueron remitidas por la compañía aerocomercial Southern Winds. Esta empresa estaba fuertemente vinculada con la Secretaria de Transporte de la Nación, cuyo responsable era en ese entonces, el cuestionado Ricardo Jaime. Este caso toma notoriedad pública en febrero del 2005debido a la afinidad existente entre los directivos de esta compañía y la Secretaria de Transporte de la Nación. En este marco el gobierno en cabeza del Presidente Néstor Kirchner, resuelve intervenir la Policía Aeronáutica Nacional.Respondiendo a este acto, designa como interventor de la cartera al señor Jaime Garreta, (durante 45 días), el cual se desempeñaba como Secretario de Asuntos Militares del Ministerio de Defensa. La información volcada puede relevarse de la mayoría de los diarios de la época desde el día 13 al 18 de febrero del

78 un tema que se complicaba cada vez más y que requería de una intervención inmediata. Su primera medida fue a nuestro criterio reactiva desde lo mediático y coyuntural.para ello intervino a la PAN con autoridades del Ministerio de Defensa. Esta decisión no arrojó los resultados deseados y fue desestimada por el Presidente. Luego de escuchar a varios grupos de especialistas en la materia, plasmó por medio del decreto 145/2005 la transferencia de la PAN, desde la esfera del Ministerio de Defensa a la jurisdicción del Ministerio del Interior, (hoy año 2014, es el Ministerio de Seguridad) En este acto constituyó a la Policía de Seguridad Aeroportuaria dentro de la ley marco de Seguridad Interior. A través del mismo decreto, también ordenó, la intervención de la nueva institución y asignó su conducción a un funcionario civil en carácter de Director Nacional de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Por medio de otro decreto, el 147/2005 fue designado el interventor de esta institución, el Dr. Marcelo Saín. Esta medida institucional fue importante y novedosa por cuatro razones principales. La primera de ellas la podemos justificar desde la creación de una nueva institución policial dentro del marco de la ley de seguridad interior. La segunda, igual de importante, podemos encontrarla en la la conducción civil de la institución. Es decir la conducción superior y administrativa direccionada por un equipo de civiles especialistas en la materia, pero sin estado policial. La tercera la podemos sustentar desde la configuración de un modelo policial construido a partir de nuevos parámetros doctrinales, organizacionales y funcionales. La cuarta, que a nuestro criterio debería ser la razón más significativa, es la creación de la primera policía federal en democracia, la cual deberíamos ver como a un icono que da inicio a un nuevo periodo institucional. 78

79 Capítulo 6 INTERVENCION Y SUSTITUCION DE LA POLICIA ARERONAUTICA NACIONAL, POR LA POLICIA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA Hemos intentado hasta aquí delinear algunas de las características que dieron origen al nacimiento de la Policía Aeronáutica Nacional. Pusimos especial interés en visibilizar el porqué de su agotamiento como modelo institucional. En este itinerario hemos construido algunos conceptos que, a nuestro criterio, justificaron ampliamente la intervención formal de esta agencia estatal. Es de público conocimiento la mayoría de los acontecimientos que rodearon y respaldaron la sustitución de la PAN por la PSA y su Intervención en la persona del Dr. Marcelo Saín. En tal sentido iremos desmenuzando y analizando estos sucesos. No debemos pretender que este trabajo, como hemos mencionado con anterioridad, sea un documento de excelencia académica, pero sí que al mismo lo podamos caracterizar por su honestidad intelectual. En tal sentido es oportuno que señalemos, en estricta verdad, que hubo dos intervenciones gubernamentales en el año 2005 en el área aeronáutica policial Primer intento de intervención El gobierno como reflejo del escándalo mediático de la compañía aerocomercial Southern Winds 15 ensayó un primer intento de intervención. Fue convocado el señor Jaime Garreta como titular de esta primera 15 Ibíd., p

80 Intervención, el cual se desempeñaba en, ese entonces, como Secretario de Asuntos Militares del Ministerio de Defensa. Tenemos que tener presente que la figura institucional de Secretario de Asuntos Militares, por la importancia de su gestión, en base a conocimientos amplios en la problemática militar, era y es nuclear para el Ministerio de Defensa. Esto es tan cierto que dentro del segmento político/militar, se lo consideraba homónimo de Viceministro de Defensa. Hacemos hincapié en este concepto para resaltar la importancia que le dio, en principio, el gobierno de turno al conflicto. Los ribetes mediáticos y coyunturales que el tema adquirió acotaron los tiempos resolutivos. Esta influencia traccionó medidas que apuntaron más a las formas que al fondo de la problemática. En armonía con este sesgo decisorio estructuraron la primera Intervención gubernamental. La misma inició sus funciones dentro de la propia jurisdicción ministerial y su recorrido finalizo a los 45 días. Su paso por la PAN fue tan insipiente y fugas que muy pocos integrantes de la institución se percataron de su existencia. El aporte hecho por la primera Intervención fue nulo a pesar de la voluntad política del gobierno en resolver la carencia institucional del sector. Con sus prácticas se utilizaron recursos humanos y administrativos que seguían siendo ineficaces y a la vez funcionales al delito. De este episodio debemos recuperar que la voluntad política es necesaria y vital para que un proyecto sea realizable, pero no es una herramienta concluyente en sí misma. Tenemos que sumarle un profesionalismo multidisciplinario especializado y un presupuesto a la altura de las circunstancias. 80

81 Parafraseando los conceptos de Saín: La voluntad política es importante y de hecho la decisión presidencial nos avala. Pero no se puede combatir al delito sin profesionalismo y con estructuras policiales pobres. Tenemos organizaciones criminales ricas que comen caviar y agencias policiales que trabajan por el café con leche. 16 Más tarde Saín y su equipo descubrirán que además de la decisión presidencial, es necesario también el acompañamiento del núcleo político más cercano al Jefe del Poder Ejecutivo. En la segunda etapa de este capítulo en la Creación de la Policía de Seguridad aeroportuaria y la Intervención normalizadora ampliaremos con algún ejemplo institucional que nos ilumine este concepto. El primer ejercicio administrativo derrochó tiempo, recursos, y demoró el desembarco de un equipo de trabajo especializado en la problemática. A pesar del déficit institucional del primer intento normalizador, es justo que reconozcamos su existencia. Legitimamos este acontecimiento como el primero que hizo el gobierno en esta materia. Aclaramos con la misma honestidad, que su duración y función fue corta e intrascendente. No perdamos de vista que hasta ese entonces y a pesar de estar intervenida formalmente por Garreta, la PAN era un destino más de la Fuerza Aérea Argentina. En consecuencia se encontraba dentro de la jurisdicción del Ministerio de Defensa. En sus prácticas el Interventor designado ejerció su función a través del entonces subdirector de la PAN, el Comodoro Rodolfo Centurión. Esta aclaración no es inocente y su finalidad es que visualicemos 16 Estos dichos eran frecuentes en las mesas de trabajo que Saín presidia. Las frases aquí vertidas sirvieron de punto de fuga a las frustraciones laborales del equipo de la Intervención. Los impedimentos burocráticos de parte del entonces Ministerio de Interior a cargo de Aníbal Fernández eran habituales. 81

82 la frecuente disociación o distancia que suele existir entre los conceptos discursivos y las practicas. En esta primera Intervención fue clara la ineficacia de la medida como solución en sí misma. Sus efectos fueron únicamente declamativos sin que sus principios puedan ser impresos en prácticas concretas y directas. Nuevamente la autoridad política, a pesar de la conflictividad del tema, facilitaba en este acto la autogestión castrense 17. El equipo de la segunda Intervención encabezada por Saín tenía presente esta cuestión: La intervención tuvo siempre presente que las reformas normativas y organizacionales constituían una condición necesaria de las reformas funcionales, pero ellas no eran suficientes para producirlas, ya que los cambios en los dispositivos normativos y organizacionales de las instituciones policiales no habilitaban ni garantizaban, por si mismo, las mudanzas en las rutinas institucionales y en los basamentos simbólicos de las mismas. Ello requería de intervenciones diversificadas, flexibles, graduales y persistentes en el tiempo a los efectos de instaurar y reproducir paulatinamente nuevas prácticas institucionales acorde a las nuevas formas de organización y funcionamiento policial que se pretendía instituir, (Saín, 2011). Es preciso que retomemos la cuestión de la Intervención en términos de dispositivos organizacionales, entre los que se contempla el dar cuenta 17 Al respecto véase: capítulo 4 del presente trabajo, Autogobierno de las agencias policiales y de seguridad, p

83 mediante informes de las gestiones a las autoridades políticas intervinientes. En este sentido no hubo un informe de gestión institucional de parte del Comodoro Centurión como subdirector de la PAN, hacia la autoridad política interviniente. Las autoridades políticas responsables del área tampoco le han pedido algún informe o instrumento administrativo tendiente a determinar sus responsabilidades. Daba la sensación que no había urgencia en muñirse de la información necesaria para el análisis de los hechos. Con este razonamiento no pretendemos ser inquisidores, pero dada la gravedad institucional, y a los fines de una investigación adecuada, el alejamiento de este militar debería haber sido inminente. El oficial superior en cuestión prestaba servicios en la misma agencia policial al momento de ser intervenida. Ocupaba un lugar de dirección y su competencia en la función era instituyente dentro de esta agencia policial. Aunque creamos de hecho que haya sido honesto y lícito en su recorrido profesional, no hay forma de que eluda sus responsabilidades. No ponderamos resultados concluyentes y menos de carácter disyuntivo, pero tenemos que admitir que al menos existió una falla analítica de parte de la cartera responsable del área 18. El oficial en cuestión fue el garante operacional de la Intervención abalado por el Secretario de Asuntos Militares de ese entonces. Es un dato significativo saber que el superior inmediato de Centurión había sido el Comodoro Horacio Giaschiachia. Este último militar superior estaba a cargo de la Policía Aeronáutica Nacional al momento del escándalo de Southern Winds 19. También es un dato significativo la intención del entonces Ministro de Defensa, José Pampuro, de poner al Brigadier Carlos Matiak como Interventor de la PAN. El Ministro luego de consultar con el Presidente Néstor Kirchner, dio marcha atrás con la medida. Más tarde fue 18 Ver en Anexos: Material periodístico. 19 Ibíd., p

84 confirmado como Interventor de la PAN, el Secretario de Asuntos Militares del Ministerio de Defensa, el señor Jaime Garreta. El Ministro fue contundente en sus palabras diciendo que Matiak cumplía funciones de asesoría. En principio esta iniciativa fue apoyada desde el gobierno, luego el Presidente Kirchner decidió optar por los conceptos de cambio propuestos por Saín en una segunda y definitiva Intervención.Las idas y vueltas entre el Ministerio de Defensa y la casa rosada fueron marcando de alguna manera la intencionalidad del Presidente en desandar las tendencias delegativas 20. Parafraseando a Saín, es importante que tengamos presente que la decisión de intervenir la PAN fue netamente presidencial y no ministerial. La decisión del Presidente fue tomada después de consultar por fuera de la estructura ministerial a varios grupos de intelectuales y académicos entre los que se encontraban Saín y Verbitsky del Cels 21. Más allá de la referencia al pie de página que avala sus palabras, el equipo de la Intervención conocía estos acontecimientos desde el primer día de trabajo. En este primer intento normalizador podemos reflexionar en cómo se produce la tensión entre los conceptos tradicionales instituidos y la fuerza instituyente de los nuevos. Los discursos presidenciales, desde sus comienzos, ponderaron la inclusión social y fueron críticos de la corrupción del sistema policial. Estos principios juntamente con la recuperación de los derechos humanos eran las banderas más visibles del gobierno. A pesar de estas obviedades creemos que había 20 Al respecto, véase: Anexos, Material Periodístico, Kirchner ordeno la intervención de la Policía Aeronáutica. 21 Declaraciones hechas por Marcelo Saín en Seminario Internacional, Políticas y Policía en América del Sur. Este seminario aconteció en la UMET a través del Núcleo de Estudios Sobre Gobierno y Seguridad alojado en esta Universidad. Día Las autoridades académicas firmantes de los certificados fueron: Máximo Emiliano Sozzo, Nicolás Trotta y Marcelo Fabián Saín. 84

85 en su entorno autoridades políticas que aparentemente no comprendían o no querían comprender estos lineamientos. Si reflexionamos en las idas y vueltas permanentes entre el Ministro Pampuro, el Presidente de la Nación, las autoridades militares y los grupos de académicos, intelectuales y especialistas, podemos ver cómo se desarrolló la lucha entre el instituido conservador y el instituyente de nuevas ideas. Ahora bien, que coincidamos en que la lucha entre lo tradicional y lo nuevo es algo normal y nada revelador, es un razonamiento esperado. Pero la resistencia que adquirió el instituido, en este caso en particular, si no fue conspirativa, por lo menos fue asombrosa. Tengamos presente que el impulso al cambio lo dio el Presidente como actor decisorio principal. De igual modo, como si esto fuera algo menor, la resistencia del instituido no cesó. La particularidad de esta resistencia fue que además de estar compuesta por la institución intervenida, tuvo una multiplicidad de frentes invisibles. Lo escandaloso de esto es que en lo invisible encontramos actores que supuestamente estaban en el instituyente formal. Queremos resaltar la siguiente reflexión: El pasaje constante de actores decisorios que van desde la luz institucional a la invisibilidad clandestina y desde ella nuevamente a la formalidad, conforman un enemigo poderoso para cualquier plan instituyente. Esta movilidad hacia el interior del aparato estatal es coincidente con los conceptos de, la caja negra de la política pública de Pierre Muller, (Muller, 2000). La denominación de caja negra responde al estudio de los diferentes estamentos del funcionariado público y sus equipos respecto de un determinado objetivo. Siguiendo esta línea de pensamiento, es posible 85

86 construir una idea aproximada del grado de aceptación que tienen los actores decisorios en relación a un determinado plan instituyente. Creemos que este último concepto, quizás obvio para muchos, no lo tenemos suficientemente en cuenta al momento de concretar las prácticas instituyentes Creación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Intervención normalizadora Nos proponemos narrar en esta etapa, el desarrollo de los principales aspectos de la segunda Intervención del gobierno del Presidente Néstor Kirchner en materia de Seguridad Aeroportuaria.Su recorrido y los procesos más significativos es el eje de nuestra narrativa.por intermedio de ella ambicionamos explicar de qué manera fue posible llevar a cabo la constitución de una nueva policía, La Policía de Seguridad Aeroportuaria. No es imprescindible que detallemos todos los decretos y resoluciones que intervinieron formalmente para que abordemos e interpretemos de qué manera se logró la Intervención, y la sustitución de la Policía Aeronáutica Nacional por la Policía de Seguridad Aeroportuaria 22. Pero si es obligatorio nombrar los principales ejercicios administrativos que nos ubiquen y nos den una idea mínima del marco jurídico. Esto debe ser así en la medida que nos sirva para sustraer una reflexión aproximada de cómo fueron los comienzos del cambio institucional y dentro de que marco jurídico fue posible. El Presidente de la Nación, Néstor Kirchner ( ) a través del Decreto 145 del año 2005, transfirió a la Policía Aeronáutica Nacional desde la cartera del Ministerio de Defensa a la órbita del entonces Ministerio del Interior. Esta medida administrativa no solamente constituyó formalmente a la 22 Para mayor información ver Documentos en. 86

87 Policía de Seguridad Aeroportuaria, sino que la instaló jurídicamente dentro del marco de la ley de seguridad interior, (ley ). El mismo Decreto contemplaba la Intervención de la nueva policía por un funcionario civil en reemplazo del tradicional director militar de la PAN. Hasta ese entonces la jefatura de policía aeronáutica era ejercida por un oficial superior de la Fuerza Aérea. Asimismo el Decreto 147/5 del Poder Ejecutivo Nacional nombra como Interventor de esta fuerza policial, al Dr. Saín. A partir de la Intervención formal que avalan los decretos plasmados, y luego de más de un año de espera, se sancionó la ley La misma regula la Seguridad Aeroportuaria desde una noción distinta. Esta ley tenía un principio fundamental, la organización de la Seguridad Aeronáutica a través de una institución policial pura. Históricamente estas actividades fueron ejercidas por agencias policiales militarizadas y dependientes formal o informalmente de una estructura militar superior 24. Con la nueva ley podemos observar una ruptura formal con la legislación tradicional aplicada hasta ese entonces. De este modo no solamente desde las prácticas institucionales se emprendió un alejamiento del modelo de policiamiento militar anterior. Con la ley se dio un marco jurídico en donde podemos ver forjados los lineamientos que avalaron las nuevas prácticas constituyentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. En efecto, la ley de Seguridad Aeroportuaria entre otras competencias, regula la actividad, nos dice quienes tienen la autoridad para llevarlas a cavo y direccionar cual es su objetivo. La actual normativa da cumplimiento efectivo y se armoniza con la ley de Seguridad Interior diferenciándose 23 Ver Boletín Oficial de la República Argentina, Bs. As., 22 de junio de Gendarmería Nacional agencia de seguridad que cumple funciones policiales, pero que es un desprendimiento del Ejercito. La policía Aeronáutica Nacional órgano militarizado que cumplía funciones policiales y dependía de la Fuerza Aérea. 87

88 claramente de la ley de Defensa Nacional. Esta última ley es firme y nos interpela explícitamente a tener permanentemente en cuenta la diferencia fundamental que separa a la Defensa Nacional de la Seguridad Interior 25. La resolución 1015 aprueba la estructura orgánica y funcional de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Del Decreto 836 del 2008 nace el régimen del personal policial. Por medio del Decreto 1190 del 2009 se dicta el régimen para el personal civil. Estos dos ejercicios administrativos son fundamentales. Los mismos enmarcan dos actividades que en esta nueva institución son marcadamente diferentes. La principal actividad del personal civil es el apoyo administrativo. La actividad de este personal es cubrir todos los estamentos administrativos de la institución. Esto significa, desde la mesa de entradas de la PSA hasta su pico máximo de responsabilidad, la conducción política y doctrinal de esta agencia policial. El objetivo de este lineamiento es permitir que el personal policial pueda abocarse exclusivamente a las actividades propias de su función sin interferencias ajenas que distorsionen su actividad. La Intervención de la PSA comenzó el 22 de febrero del 2005 y finalizo el 27 de abril del En este último año Saín renuncia como Interventor de la PSA abrumado por la indiferencia del gobierno respecto al cambio institucional. En este mismo año se designo al primer Director Nacional a través del Decreto 582/10 en la persona del Dr. Salvador Julio Postiglioni en donde hubo un marcado retroceso de la gestión en relación al periodo anterior. Estos son, a nuestro criterio, los ejercicios administrativos mínimos que necesitamos conocer para poder ver en qué marco jurídico fue posible la sustitución de la PAN por la PSA. 25 Ver Boletín Oficial de la República Argentina. Bs. As., 5 mayo de

89 La Intervención que se llevó adelante en sus orígenes a través de Marcelo Saín posibilitó el desembarco de un equipo multidisciplinario que inicio la apertura de un nuevo modelo policial. Los conceptos teóricos del nuevo modelo y su internalización fueron viables a través de su transferencia a las prácticas institucionales configuradas por este equipo de trabajo. El proceso que el mismo desplegó podemos interpretarlo adecuadamente, como una herramienta ideológica.pero desde su significado primario, en donde le asignamos valor a un conjunto de ideas fundamentales que dan origen a un proceso determinado. Este proceso fundacional, ha dado sustancia en sí mismo a la Intervención. El termino sustancia y su significado conceptual es fundamental para que podamos hablar de Intervención. Es en donde, a nuestro juicio, encontramos el pensamiento ideal y los dispositivos que nos permiten, desde las prácticas, instituir determinado modelo. Cuando más nos alejamos de estos principios básicos, mas distancia ponemos entre los conceptos y sus prácticas. Si esto ocurre, en consecuencia la Intervención no trascenderá más allá de un discurso meramente declarativo. Este ejercicio administrativo fue una herramienta importante por no haberse agotado en medidas puramente protocolares superando el umbral discursivo. Se pudo establecer desde la Intervención, los métodos, formas y objetivos de caras a una institucionalización determinada. Cuando hablamos de sustancia, no quedamos anclados exclusivamente en sus conceptos ideales. Los tenemos que considerar la materia primaria que les dio fuerza y movilidad fáctica a esta abstracción. Para lograr la acción deseada y el movimiento adecuado, hemos tomado otros dispositivos que también fueron parte de esta sustancia para avanzar hacia esa abstracción conceptual a modo de guía rectora. En esta dimensión 89

90 se encontraban principios de base que estaban muy lejos de cualquier improvisación coyuntural. En su conformación existían nuevos parámetros doctrinales, organizacionales y funcionales. Su conducción era llevada a cabo por un funcionario civil acompañado por un equipo de especialistas en seguridad pública. Este tipo de gerenciamiento fue el primero en su tipo como experiencia institucional en una fuerza federal en la Argentina. Su constitución no podía estar fuera de un marco democrático y de respeto a los derechos humanos por excelencia. Este direccionamiento fue el que nutrió al equipo de la Intervención, del cual ha formado parte el autor de este trabajo. Los principios de esta tutela fueron un estímulo constante para un equipo interdisciplinado formado por intelectuales, académicos, personal especializado, etc. A partir de estos principios es en donde debemos ver la importancia de la gestión de estas relaciones interdisciplinarias. El consenso hacia el interior del equipo de trabajo derivó en la creación de una variedad de dispositivos, tales como métodos, prácticas, formas, sistemas, etc. Los mismos funcionaban a modo de vectores conducentes de estos principios. La mixtura oportuna de estos dispositivos hizo posible comenzar el cambio institucional de esta fuerza policial. Los ajustes constantes y necesarios que la Intervención hizo a través de ellos, marcaron una tendencia en lo que respecta a las prácticas policiales. Los dispositivos nombrados son algunos de los componentes estructurales necesarios que completaron esta armadura sustancial fundante de la nueva institución policial. Cambiar títulos y realizar discursos desde lo formal sin que los mismos sean internalizados es insuficiente en sí mismo para lograr alguna modificación aceptable. Uno de los resultados significantes de la Intervención fue la 90

91 transformación efectiva que fue logrando el equipo de la Intervención a través de estos dispositivos. Los conceptos y prácticas instaladas en el modelo institucional anterior fueron desmantelados por medio de ellos. Creemos desde nuestra experiencia institucional que si se pretende algún resultado aceptable en tal sentido, se debería trabajar en esta dirección. Sin definiciones a modo de sentencias y con total desapego de los resultados concluyentes, estamos convencidos que abría que alejarse de cualquier metodología univoca y reduccionista. De lo contrario, en vez de promocionar el cambio, lo estaremos imputando y paralizando. La Intervención tuvo presente estos conceptos para comprender la problemática policial aeroportuaria. En consecuencia sabía que la internalización y sus cambios deberían comenzar en el equipo mismo de trabajo. Por tal motivo, insistimos en que los conceptos deben ser claros y perceptibles. Pacho O Donnell afirma: A partir de estas reflexiones, que es necesario llevar a análisis más profundos y extensos que el presente, queda claro que no nos será posible producir cambios reales en nuestras sociedades si se obvian la penetración cultural y la percepción del mundo impuesta por los poderes, sean estos nacionales, como en el pasado, o económico-financieros, multinacionales y globalizados como los actuales. De nada valdrá cambiar modos de producción, estructuras políticas e instituciones sociales, si quienes lo hacen no pueden deshacerse de la colonización cultural y psicológica, tan extendida que los abarca a ellos mismos, (O'Donnell & otros, 2012). 91

92 En la dimensión del instituido y el instituyente, es en donde debemos enfocar toda nuestra atención. En el esfuerzo que el equipo de la Intervención hizo y su despliegue, podemos encontrar la articulación necesaria que dio cause a esta tensión. La creación de lineamentos y estructuras de organización nuevas, a la vez generar cambios culturales de descolonización en el personal de planta y en los equipos de dirección del proceso de Intervención. Hemos explorando en esta investigación una variedad de temas que en primera instancia nos devuelven una obvia respuesta; los cambios institucionales necesariamente respondieron a un plan estratégico gubernamental en materia de seguridad pública. Si esto hubiera sido así, también sería una obviedad decir que los principales actores de este gobierno conocían este plan. Esto no fue realmente así. Hubo una inquietud desde los conceptos más tradicionales del pensamiento de izquierda, pero no existía un plan y menos un proyecto institucional de policía. Había una carencia de estrategia de caras a la problemática institución policial. Lo que si acaecía era una suerte de tratar de impedir corrupciones e impedir abusos policiales principalmente en lo referente a las protestas sociales. El grueso de la clase política de ese entonces no contaba con ningún plan al respecto. Había una ausencia de proyecto dentro de la gestión de seguridad pública. Sin embargo el Presidente Néstor Kirchner desde el comienzo de su gestión, como hemos mencionado con anterioridad, tuvo una mirada crítica de los temas policiales en relación con la conflictividad social del momento. En discursos, entrevistas y asambleas, hizo alusión a estos temas en particular. El presidente fue claro en tal sentido y repetía constantemente: No es posible concebir la posibilidad de gestión de la seguridad pública a través del consentimiento de la corrupción como parte funcional del sistema. Estas 92

93 reflexiones fueron públicas y frecuentes al comienzo de su gestión.según Saín, estas mismas palabras se las dijo el Presidente Kirchner a él, en forma personal. 26 En esos años se comenzaba a escuchar tímidamente primero y luego con más frecuencia, discursos que tenían su eje en la inclusión social. Sin ella y sin una reversión de los procesos de marginación heredados era muy difícil construir un clima de seguridad pública democrática. La impronta presidencial de inclusión social, de no corrupción y abuso policial estaba rompiendo con la gestión tradicional de los temas policiales. La primera etapa del gobierno se hallaba fuertemente atravesada por estos ejes. Si prestamos atención a esta tendencia uno ya podría suponer que indefectiblemente habría a futuro algún cambio en materia de seguridad pública. A nuestro criterio las primeras reformas las intenta realizar desde este gobierno, con pocos resultados, el entonces Ministro de Justicia de la Nación Gustavo Beliz. Este funcionario le quita a la Policía Federal el manejo financiero de la institución. Crea un dispositivo de administración financiera en manos de funcionarios civiles del Ministerio Justicia. Luego intenta avanzar también sobre la Secretaria de Inteligencia del Estado, (SIDE), costándole su cargo 27. El alejamiento de Beliz producto de sus controversias con el núcleo político más cercano al Presidente, es un ejemplo claro que nos indica que el apoyo presidencial es necesario pero no alcanza en sí mismo. Es imprescindible además tener consenso con los actores principales de caras a la factibilidad operativa de la institucionalización en curso. De lo contrario obtendremos dilataciones constantes y el posible fracaso.este toma una amplia variedad 26 Declaraciones hechas por Marcelo Saín en Seminario Internacional, Políticas y Policía en América del Sur, op.cit., p Al respecto, véase: Anexos, Material Periodístico, Kirchner echó a Beliz y a Quantín. 93

94 de formas. Va desde el ahilamiento institucional, la falta de presupuesto, las dilataciones legislativas y en su forma más dañina, la contrarreforma institucional 28. Con la llegada de Aníbal Fernández como Ministro de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos cambia esta impronta reformista encabezada por Beliz. Se produce un giro conservador muy importante en donde había que devolverle el poder a la policía. Con la ausencia de un plan en materia de seguridad pública, más el giro conservador del Ministro Aníbal Fernández y el caso de Southern Winds, la creación de la PSA fue más producto de la coyuntura que de medidas o soluciones de fondo. El gobierno estaba centrado en dar una solución al problema, pero la idea no era la creación institucional de una nueva policía y menos aun de un modelo policial nuevo que rompía con los tradicionales. Esta concepción iba de contramano con la impronta tradicional que el Ministro traccionaba respecto al tema. Es pertinente que volvamos a señalar que la iniciación y construcción de esta nueva policía se debe a una decisión exclusivamente presidencial. Esta decisión, si contempló la posibilidad de un cambio institucional, fue en principio, secundaria. Saín contaba con todo el apoyo del Presidente Kirchner para dar solución de forma al problema. El 22 de febrero, el Presidente, le indicó a Marcelo Saín, Interventor de la PSA, cuáles eran las prioridades del gobierno: Vos andá para adelante; cambia lo que tengas que cambiar; meté bisturí!, (Saín M. F., 2011). 28 Para más información véase: Seguridad, democracia y reforma del sistema policial en la Argentina, Saín M. 94

95 Aníbal Fernández desde lo protocolar no contradecía la decisión presidencial, pero no la apoyaba y esa actitud se hizo perceptible en la dilación de los pasos administrativos necesarios. Esto significó una contradicción constante entre el discurso presidencial y las practicas que deberían cristalizar el proceso instituyente. Persistían las conexiones e influencias subterráneas e inorgánicas propias de la ex PAN. Fue paradójico ya que esta sistematización de influencias e intereses personales justificaron el desvanecimiento de la PAN y la posterior creación e Intervención de la PSA. Si la decisión presidencial hubiera sido tomada unilateralmente por el Ministro, la Seguridad Aeroportuaria estaría en la órbita de la Policía Federal o en su defecto en la de Gendarmería Nacional 29. De hecho estaría en armonía con las medidas tomadas tradicionalmente en la Argentina respecto a estos temas. Sería una medida más dentro de una recurrente tendencia a sedimentar aun más la estructura rígida y conservadora de estos modelos policiales. La vocación del Ministro no progresó gracias a algunos logros significativos del equipo de la intervención. Los mismos fueron visibilizados por el Presidente consiguiendo en consecuencia, el oxigeno necesario que nos permitió seguir avanzando. Esta modalidad de trabajo fue habitual con lo cual la atención del Interventor y su equipo se atomizaba entre la gestión institucional propiamente dicha y la lucha hacia el interior del poder político. Sin desatender las directivas del Presidente, Saín y su equipo, en la medida que reducían el accionar delictivo, iban diseñando he instituyendo la nueva policía. En otras palabras, 29 La Policía Federal desde su impronta expansionista, siempre ambicionó hacerse cargo de la seguridad de los aeropuertos. En los hechos fue parte de las relaciones e influencias subterráneas que este trabajo menciona. Gendarmería Nacional se hizo cargo de la Seguridad Aeroportuaria en el periodo gubernamental del Presidente Alfonsín y culminó en los inicios del gobierno del Presidente Menem. 95

96 el avance y despliegue de la nueva policía estaba atado a los resultados concretos de la Intervención en materia delictiva. Estas circunstancias fueron el marco condicionante del equipo de trabajo. Trabajaban con una actitud de constante vigilia, tanto hacia el frente externo delictivo, como también hacia el frente interno político. Esta condición fue capitalizada por el entorno más conservador del gobierno para desgastar la gestión de Saín. [ ] Para las autoridades superiores del gobierno nacional, el origen y conformación de la PSA no estuvo orientado a poner en marcha una institución policial que sirviera como modelo en un eventual proceso de reforma y modernización policial a nivel federal- Los designios reformistas fueron colocados como un objetivo estratégico por la Intervención civil. De ese contexto de origen derivaron los idas y vueltas que caracterizaron el proceso institucional llevado a cabo por esa Intervención, (Saín M. F., 2011). A pesar de estas incidencias, pusieron férreo empeño en diseñar una nueva configuración policial. Desde lo estructural, organizacional y procedimental apuntaron a la construcción de un nuevo modelo policial. El equipo de trabajo empezaba a comprender la magnitud del desafío y la exposición que tendría con todo el espectro político. Realizaron todo un replanteo de la Seguridad Aeroportuaria vigente en perspectiva de conformar una nueva ley, la de Seguridad Aeroportuaria. Mientras parte del equipo se abocó a esta tarea, otro segmento significativo, se dedicó a poner en prácticas las nuevas medidas y seguir prestando a su vez el servicio de policía. 96

97 La seguridad policial brindada hasta ese entonces se limitaba al mantenimiento del orden formal del espacio público. No había una estrategia de cómo manejar ese espacio público desde un plan previo como resultado de un estudio de investigación criminal. Menos aún se contaba con la digitalización de alguna información tendiente a configurar cual era la metodología delictiva de las organizaciones criminales que operaban en el aeropuerto. En las justificaciones de este panorama encontramos la deficiencia institucional y la protección de grupos delictivos de parte de un amplio espectro de agencia estatales. Por supuesto, los garantes principales de estas organizaciones delictivas eran algunos grupos de la ex PAN. La Seguridad Aeroportuaria como Seguridad Pública brindada por la PAN, fue un claro ejemplo de un discurso protocolar que funcionó como artilugio de distracción. Esta metodología articulaba tanto a favor de la comisión del delito común, como de las organizaciones delictivas más complejas. La seguridad institucional aeroportuaria, tenía una deficiencia importante en relación a la Seguridad Ciudadana. No se concebía a la misma como al garante necesario de una Seguridad Pública Democrática Este fue el relevamiento base que obtuvo la Intervención normalizadora-. Con esta trama comenzaron a delinear el marco estratégico institucional del nuevo modelo policial. Sus principales pilares fueron asentados en las siguientes directrices: Conducción civil. Mando civil de la institución a cargo de un Director Nacional especialista en la materia sin estado policial. Esta Dirección estaba a cargo del cuerpo de conducción y administración de la institución. El grueso del personal policial estaba desafectado de las actividades administrativas. 97

98 Seguridad Aeroportuaria preventiva y compleja La estructura policial estaba a cargo exclusivamente del desarrollo operativo preventivo y complejo en torno al delito. La función de la seguridad aeroportuaria preventiva, se orientaba a impedir el delito común. La seguridad aeroportuaria compleja estudiaba la forma en que operaban las organizaciones criminales para su posterior neutralización, (narcotráfico y terrorismo entre otras organizaciones delictivas). Estas dos áreas, la preventiva y la compleja eran especialidades distintas y separadas. Cada una tenía su mando estratégico, su estructura y su logística operacional. Tanto sus regímenes profesionales y de capacitación, como sus especialidades eran diferentes Descentralización policial La descentralización de la estructura policial fue también uno de los ejes principales del nuevo policiamiento. Los segmentos de la nueva institución en todo el país estaban formados por unidades regionales, operacionales y divisiones. En estos espacios se replicaban las especialidades de seguridad aeroportuaria preventiva y compleja. Había una delegación tanto de la estrategia como del mando operacional en estas unidades y divisiones. Con esta innovación se rompía con el tradicional mando policial estratégico operacional univoco y centralista. Cada segmento institucional planteaba su problemática y construía un plan táctico operacional a su medida. Desmilitarización policial La desmilitarización de la PSA fue otro eje fundamental. Comenzaron con el desarraigo de las prácticas castrenses heredadas desde la ex PAN. Iniciaron el desmantelamiento de toda dependencia doctrinaria y orgánica transmitida 98

99 por su anterior institución rectora, la Fuerza Aérea Argentina 30.Las practicas y metodologías instaladas en la ex PAN siguen vigentes hasta nuestros días. Pero su reproducción hacia el interior y exterior de la PSA están en franca decadencias. En tal sentido hay un permanente seguimiento y evaluación tendiente a su total superación institucional. Despolitización policial La densa politización que atravesaba la institución era otro tema a resolver. Su deconstrucción fue posible gracias al seguimiento sistemático del cumplimiento de las prácticas policiales. Las mismas estaban sujetas al nuevo ordenamiento legal y normativo democrático de la Intervención. La subordinación policial a las autoridades responsables de la seguridad pública era una labor cotidiana que requirió de constantes ajustes. El delito como vector principal La conjuración del delito como vector principal fue el concepto que orientó las tareas de dirección superior y de administración general. Este cambio hizo una ruptura con la tendencia de vigilancia aparente y protocolar de la ex PAN. El rol del nuevo modelo policial es proactivo en relación al delito. Par Saín y su equipo de trabajo el nuevo modelo policial debía diferenciarse sustancialmente de la incongruencia y defectos originarios de las agencias policiales tradicionales. Aplicaron este direccionamiento en todos los ejes institutivos. Es preciso que visualicemos dos ejes básicos y fundamentales para ver la concreción del cambio institucional. El primero de ellos es la estructura de conducción y administración.la misma estaba compuesta en su mayoría 30 Al respecto véase: capítulo 5, del presente trabajo. 99

100 por funcionarios y personal civil sin estado policial. Aquí debemos destacar la recuperación de la soberanía política de la institución policial. La segunda cuestión es la estructura operacional de la agencia policial, la cual estaba integrada por personal policial. Con este armado institucional se pretendió dar a la estructura de dirección y administración la competencia de apoyo que la orgánica policial necesitaba. La diferenciación entre una y otra estructura responde a la optimización de la función policial como eje principal. En la planificación de la doctrina institucional del nuevo modelo es en donde tenemos que observar la responsabilidad de la conducción civil. Así como visualizamos en que radica la responsabilidad de la conducción civil, también es necesario que ubiquemos en las actividades de policiamiento la responsabilidad de la estructura policial. El nuevo modelo policial contemplaba la creación de un órgano en donde se aglutinaba el mando operacional policial de la PSA. Se trata del Centro de Análisis, Comando y Control de la Seguridad Aeroportuaria (CEAC) 31. En este espacio, confluía toda la trama informativa del país en materia de Seguridad Aeroportuaria Preventiva y Compleja. Este no era una instancia de dirección institucional, sino de conducción operacional. La función principal de CEAC era interpretar la doctrina institucional de la Dirección Nacional de la PSA como responsable de la soberanía política. Esta interpretación tenía que traducirse en planes y estrategias policiales focalizadas. Esta medida colisionaba con el concepto tradicional de policiamiento general basado en una vigilancia protocolar sin un planeamiento determinado. 31 Mediante la Resolución PSA 6/05 del 21 de abril del 2005, se aprobó el sistema operacional de la PSA. Se lo denominó Centro de Análisis, Comando y Control de la Seguridad Aeroportuaria (CEAC). 100

101 En las acciones concretas es en donde la Intervención buscó la coherencia que una política de seguridad pública debe tener en relación a la seguridad ciudadana 32. Siguiendo este concepto, el equipo de trabajo cambió la modalidad policial organizativa y funcional de la PSA. Esta modificación la cristalizó desde sus bases configurativas esenciales. Creó un escalafón general conformado en su totalidad por oficiales. La medida institucional apuntaba a la valorización profesional de todos sus integrantes más allá de sus jerarquías. Todos los oficiales tenían las mismas oportunidades de asenso. La jerarquía de un superior inmediato en relación al subalterno no era perpetua necesariamente. Esta condición estaba sujeta a las capacidades profesionales del oficial en cuestión. Más allá de la jerarquía nominal, un oficial de menor rango podía desplazar a uno de mayor jerarquía en su mando si sus capacidades así lo indicaban. Con esta innovación hicieron un quiebre con los modelos policiales tradicionales en donde la diferenciación entre suboficiales y oficiales era infranqueable. En este modelo conservador el suboficial está eternamente a disposición de cualquier oficial más allá de su experiencia y profesionalismo. Es un modelo funcional a la oficialidad, propio de las estructuras castrenses. El nuevo modelo de organización policial fue marcando tendencia, pero a su vez era y es muy resistido por la mayoría de las agencias policiales y de seguridad. Esta resistencia la podemos apreciar, en principio, en un recorrido que comienza con la desconfianza a lo nuevo. Luego sigue y culmina con el rechazo a permitir la afectación de los intereses creados entre el comisariato 32 Al respecto véase: capítulo 3, del presente trabajo. 101

102 y un sector del poder político. Si estos estamentos fueran superados, nos encontraremos de todos modos con un problema aun peor: Una de las dificultades para quienes cuestionan el sistema y desean cambiarlo es que el sistema está dentro nuestro, somos el sistema, por lo que nadie podría asegurar que esto que yo estoy escribiendo hoy está fuera de los límites que el sistema necesita como crítica, y posiblemente le sea beneficioso pues ofrece la impostura de una libertad permitida. No lo hiere, sino que por el contrario lo favorece. Paulo Freire se refería a una invasión cultural que consiste en que los invadidos vean su realidad con la óptica de los invasores. Un individuo cree que sus ideas son resultado de su propia actividad pensante, y la verdad es que ha transferido su cerebro a los ídolos de la opinión pública, a la prensa, al gobierno, a algún líder político. O a sus maestros, (O'Donnell & otros, 2012) Con éstas reflexiones no pretendemos ser apocalípticos y menos aún concluyentes en sus resultados. Por el contrario, creemos que la instalación del nuevo modelo policial, no está todavía suficientemente internalizado, pero esta no es necesariamente una mala noticia. Su dinámica nos marca una nueva tendencia que dará batalla a las recurrentes resistencias de los modelos policiales tradicionales 33. Sabiendo cuales son las dificultades de un plan instituyente y visualizando que los retrocesos generalmente tienen que ver con un enemigo que está en constante cambio, esto en sí mismo es un gran avance. Por tal motivo más que un ejemplo instituyente estático, este trabajo podríamos considerarlo a modo de guía consultiva. Que nuestros 33 Al respecto, véase: Anexos, Material Periodístico, Saín: No fue una década ganada en Seguridad Publica. 102

103 fallos y aciertos sirvan para abordar un trabajo analítico superior con el propósito de alcanzar mejores resultados La institucionalización de una nueva formación policial. La creación del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria La ex PAN como dependencia de la Fuerza Aérea nunca contó con un instituto de formación profesional. Sus funciones no derivaban de una educación sistemática como respaldo académico. La tarea policial se estructuraba a partir de una mala copia de las prácticas policiales tradicionales y de las injerencias castrenses de su órgano rector, la Fuerza Aérea. Un ejemplo claro es el aprendizaje del concepto de autoridad, el cual era internalizado desde la politización mediática y coyuntural. Había una suerte de apropiación e interpretación libre de todas estas cuestiones. El personal de la PAN y especialmente los miembros que tenían poder decisorio, terminaban construyendo aberraciones practicas derivadas de un policiamiento conservador. Más allá de que no coincidamos en estas prácticas, tengamos en cuenta que había una negación en cuanto a sistematizarlas a través de un instituto de formación institucional que les diera alguna viabilidad. Las rutinas policiales formales podríamos afirmar que se construían, en gran medida, al azar. La función policial era protocolar y encubría consciente o inconscientemente las verdaderas actividades de grupos mafiosos mixtos. Estas asociaciones criminales estaban conformadas por agentes de 103

104 inteligencia, miliares, personal de otras agencias estatales, empleados del rubro aeronáutico y particulares 34. La Intervención al observar el déficit institucional educativo y sus consecuencias, ya desde sus inicios, a partir del Decreto Presidencial N 145 del 2005, fue tallando conceptos fundamentales tendientes a encauzar la formación del personal. Estas prácticas fueron sistematizadas más allá de la carencia de una estructura académica formal. Para el universo político y académico esta forma de hacer docencia era poco seria, pero la urgencia y la gravedad institucional no podía esperar términos protocolares. Recordemos que el equipo de trabajo tuvo en simultáneo que depurar la ex PAN del personal corrupto, seguir dando el servicio policial e instituir un nuevo modelo. Mientras acontecía esto, había otro segmento que trabajaba contra reloj para plasmar el proyecto de ley que le daría el marco jurídico a estas cuestiones. La informalidad educacional se sostuvo durante un año hasta la sanción de la ley de Seguridad Aeroportuaria el 31 de mayo del En su artículo 57, la misma, preveía la creación del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria (ISSA) 35. En principio este instituto funcionó tímidamente debido a las demoras burocráticas y presupuestarias. En la medida en que estos inconvenientes fueron superados, el ISSA mejoró sistemáticamente su formación académica. El primer director del ISSA fue el Licenciado Néstor Legnani 36, politólogo, docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires. La función de este 34 Esta información se desprende de las distintas investigaciones que la Intervención realizó dentro del marco judicial y también de las publicaciones que el Dr. Saín ha hecho al respecto. 35 Al respecto véase: Anexos, Creación del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria, trascripción de los artículos 57, 58 y 59 de la ley de Seguridad Aeroportuaria. 36 Este docente fue profesor de Saín y es de presuponer que coincidían en los aspectos fundamentales de la Intervención. El autor de este trabajo tuvo las primeras reuniones con Legnani antes de su nombramiento como Director del ISSA. La mismas estaban fundamentadas, en un primer momento, en su interés en temas gremiales aeroportuarios. 104

105 instituto era traducir y sistematizar académicamente un conjunto de ideas fundamentales ya existentes en el equipo de trabajo de la Intervención. La responsabilidad del ISSA era la formación del personal policial y civil de la PSA como primera y principal instancia. Pero su competencia educativa también alcanzaba a funcionarios de la propia institución, empresas y organismos con alguna injerencia en materia aeroportuaria. El ISSA focalizó su esfuerzo en la formación policial. La capacitación del personal civil la proyectó para un momento institucional posterior. Esta decisión no fue al azar ni tampoco respondió a desprolijidades de gestión. Fue directamente proporcional a las demandas del servicio de policía, y a los avances y retrocesos en materia burocrática y presupuestaria. Las autoridades de la PSA sabían de la importancia de una formación integral en todas las áreas aeroportuarias. Para el ISSA la formación ideal de un candidato a oficial era de entre dos y tres años. Ahora bien, el requerimiento en materia de efectivos policiales era constante y hacía imposible en lo inmediato lograr ese ideal institucional. Dos cuestiones específicas creemos que justificaban esa demanda. La primera de ellas es el crecimiento de las estructuras edilicias de los aeropuertos y de las actividades operativas y comerciales que en ellos se desarrollan. Y la segunda es el continuo pedido de personal policial por parte de la justicia federal. El requerimiento exhaustivo de los oficiales de la PSA, marcaron en sí mismo la ponderación del nuevo modelo policial. Pero también condicionaron la formación del oficial de policía aeroportuario. La tensión entre una realidad social que exigía un mayor esfuerzo y la gestión de las autoridades de la PSA, determinó la toma de una medida que resuelva la coyuntura sin descuidar el ideal institucional de origen. En tal sentido la PSA por medio de la Disposición 235 del 9 de marzo del

106 delineo un marco normativo académico alternativo 37 Este consideró el núcleo institucional del nuevo modelo policial y a su vez permitió acotar los tiempos de formación policial. Esta medida articuló la incorporación del ideal académico progresivamente, alargando o acotando los tiempos educacionales. Los ejes que marcaron los lineamientos educativos se desprendieron de los principios doctrinales del equipo de trabajo de la Intervención. Los temas fundamentales fueron la ruptura con el policiamiento tradicional, la militarización de las tareas policiales, el respeto por los derechos humanos y el profesionalismo del personal. Hoy podríamos decir que este patrimonio ideológico estaba direccionado hacia la construcción de una policía democrática. Tomando las directrices ideológicas del equipo de trabajo como los ejes doctrinarios, el ISSA los configuró de tal modo que cumplieran con el rol educativo básico. En otras palabras tuvieron que internalizar en el alumnado la democratización de la función policial desde su comienzo. Para operativizar la formación en tal sentido, este instituto delimitó su tarea en tres dimensiones: La estructuración cultural, los contenidos académicos y la integración con la sociedad. La estructuración cultural En líneas generales el instituto de formación trabajó en la simbología, tenía que diferenciarse fuertemente de la construcción policial castrense anterior. Comenzó a internalizar el nuevo modelo policial en el alumnado desde la repetición de las formas de hablar, vestir y la valoración positiva de su aspecto corporal. Implementó desde sus prácticas el alejamiento del uso de 37 Al respecto véase: Anexos, Disposición

107 formas monosílabas y bisílabas, sí señor, no señor. Pretendía impulsar una comunicación fluida, clara y despojada de cualquier atisbo de temor hacia su profesor, instructor o autoridad superior. Puso especial interés en la formulación de preguntas abiertas por parte de los alumnos. Esto permitía respuestas más enriquecedoras mejorando la formación académica. Ponderó el orden y el respeto como técnica de aprendizaje y de optimación de las tareas. Desalentó la construcción del orden, el respeto y la disciplina como herramientas de dominación en sí mismas. El valor de autoridad lo diseñó desde el respeto reciproco entre el subalterno y el superior. El uniforme se utilizaba en ocasiones singulares permitiendo que cada alumno use su vestimenta habitual. No había una ostentación de los ornamentos jerárquicos del mismo. La jerarquía en el personal policial se utilizaba a los efectos de las responsabilidades operativas. No se avalaba la pleitesía como prerrogativa del grado jerárquico. Consideremos que las prácticas que impulsan lo contrario, son en general, propias de los modelos policiales conservadores. En lo referente al aspecto personal, no se cuestionaron los tatuajes y el cabello no era obligatorio llevarlo extremadamente corto. El alumno viene desde una sociedad real y palpable en donde el hecho de recibirse como oficial de la PSA no lo desacoplaba de ella. En el diseño de estas prácticas es en donde debemos profesionalizarnos para que el servicio de policía este en línea con nuestras necesidades Los contenidos académicos En las diferentes instancias del aprendizaje académico es en donde el ISSA focalizó el trabajo instituyente del nuevo modelo policial. Implementó un alejamiento del modelo generalista en donde el policía debía saber y hacer de todo. Se consideraron las capacidades específicas para cada puesto 107

108 laboral como la tendencia ideal. Con este concepto hizo docencia desde dos grandes divisiones, la seguridad preventiva y la compleja 38. Estas dos especializaciones fueron abordadas exhaustivamente en el curso preparatorio del ISSA. Eliminó el orden cerrado como metodología disciplinante. En su reemplazo fortaleció las técnicas de defensa personal y el mantenimiento del estado físico según la función específica de la práctica laboral policial. Desmilitarizó las órdenes mediante el cuestionamiento de la orden misma. Más allá de la autoridad institucional que imponga la orden, la misma debía ser legítima. No se justificaba ninguna acción que se respalde únicamente en la obediencia a la autoridad superior. En esta reflexión podemos asimilar el nuevo concepto en donde el subalterno no es un autómata, por lo tanto no puede despojarse de su responsabilidad invocando obediencia al superior. La orden debe efectuarse dentro del marco del derecho, garantizando especialmente la vigencia de los derechos humanos y del sistema democrático republicano. EL plantel docente era mixto. Estaba conformado por profesores externos con especialidades no operativas y oficiales instructores. Esta mixtura configuró un único equipo interdisciplinario que direccionaba una formación académica determinada. A nuestro entender la misma fue forjada en clave de Seguridad Ciudadana. Sin desatender las especialidades técnicas propias del policiamiento aeroportuario, este instituto educaba al estudiante el sentido y la justificación de la actividad policial. Sin duda, en esta temática lo más importante era la necesidad de la reducción del delito en sus diferentes formas. Pero en la 38 Al respecto véase: capítulo 6,del presente trabajo 108

109 acción de esta reducción se fundamentaban las formas y técnicas adecuadas que el instituto ponderaba para su logro. No se toleraba cualquier práctica para la reducción del delito. Lo que antes era un delito hoy quizás no lo sea, complejizando aún más el tema. Estos principios básicos fueron desarrollados académicamente desde la Seguridad Ciudadana como garantía de la Seguridad pública 39. Acá es en donde el ISSA hizo un esfuerzo adicional en explicar esa complejidad al alumnado. Confluyen en una misma dimensión la técnica policial, el modelo policial y la Seguridad Ciudadana. Así creemos posible pensar una correcta interpretación del Currículo del curso de oficiales de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. 40 Hay una interacción necesaria entre estos tres conceptos, pero el sentido democrático a la actividad policial se lo dará la Seguridad Ciudadana. Desde esta dimensión podemos justifica tanto el programa de formación académica como el policiamiento del nuevo modelo institucional. La integración con la sociedad En primer lugar el ISSA rompió con la formación tradicional de internado. Esta modalidad tendía a la enajenación espacial del alumnado. La sistematización artificial de este formato no aporta calidad académica e impulsaba un desacople entre la entidad policial y su razón de ser, la sociedad. Para poder asegurar la relación entre entidad policial e integración social, se creó la figura del tutor como herramienta integradora. Este cumplía la tarea de acompañar al estudiante desde sus inicios académicos hasta sus 39 Ibíd., p Al respecto véase: Anexos, Disposición 235, Curriculo del curso de oficiales de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. 109

110 primeros contactos con la sociedad. Había un monitoreo del oficial en sus primeros pasos en relación a su servicio de policía y la comunidad. La incorporación del estudiantado estuvo inspirada en el ingreso pluralista y en la igualdad de género. Las prerrogativas de sangre y las influencias de cualquier índole fueron desestimadas como condición en la incorporación de los futuros oficiales. Había una propensión a inscribir personal sin experiencia policial. Se entendía que el ciudadano común, sin influencias de ese tipo, estaba despojado de costumbres y prácticas policiales anteriores facilitando la conjugación de nuevos conceptos. La estructura administrativa de incorporación puso especial interés en los perfiles de los futuros oficiales desde la idea de integración con la sociedad. Este concepto y su aplicación, en cuanto a perfiles, no debemos confundirlo con discriminación, ya que no hubo a nuestro criterio una condición única y cerrada en tal sentido para ingresar al ISSA. La tarea de este instituto fue y es todo un desafío en materia de seguridad pública frente a la vigencia desgastante de los modelos policiales tradicionales. La inevitable carga valorativa que el postulante trae respecto de estas agencias policiales es potenciada por el espacio institucional en donde toma el curso. El ISSA, todavía hoy se encuentra como unidad alojada dentro de un perímetro de la Fuerza Aérea Argentina, en donde podemos apreciar a diario la instrucción militar que se le imparte a su personal. Esta sistematización simbólica militar es visible al alumnado candidato a oficial de la PSA. Esto es así debido al funcionamiento en esta base militar del Instituto de formación Ezeiza de la Fuerza Aérea Argentina, más conocido como IFE. 110

111 Si hacemos un breve análisis de este recorrido, recuperaremos seguramente los siguientes ejes distintivos que hacen al Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria: Ingreso pluralista. Igualdad de género. Externado estudiantil. Plantel docente externo. Integración social. Desmilitarización policial. Respeto por los DDHH. Especialización policial. Orden legitima. Mando civil institucional. Conceptos de Seguridad Pública desde la Seguridad Ciudadana. 111

112 Conclusiones En este trabajo investigativo pusimos el esfuerzo en la visibilidad y el desarrollo de los conceptos que hicieron posible la construcción de un nuevo modelo policial desde sus prácticas. El empeño del mismo lo focalizamos en la mudanza de las posibles dudas que este modelo institucional pudiera instalar desde su desconocimiento. También acentuamos un especial interés en desmitificar las prácticas policiales anteriores como las únicas posibles. Si tuvimos éxito en hacer observables las relaciones entre los conceptos y las prácticas tanto del viejo modelo institucional como del nuevo, en gran medida hemos cumplido con nuestras expectativas académicas. Creemos que estas ideas conceptuales deberían servir para diseñar herramientas tendientes a democratizar todo el policiamiento conservador vigente. Es nuestro deseo que por medio del presente trabajo aportemos discernimiento al campo de la seguridad ciudadana. No pretendemos que esta investigación sea concluyente, pero sí que desde ella se pueda construir una concientización mayor y más activa en relación a la importancia que el tema merece. Sostenemos que es central haber plasmado convenientemente la no existencia de una política pública de seguridad sin el respaldo de la seguridad ciudadana como garantía institucional. Una política pública de seguridad sin este soporte muy rara vez supera el umbral discursivo y está condicionada permanentemente por los vaivenes coyunturales de las políticas partidarias 41. Que capitalicemos este concepto es fundamental si 41 Ibíd., p

113 pretendemos producir políticas públicas de seguridad de caras a una sociedad en constante expansión democrática. Las justificaciones que fundamentan los cambios institucionales en las agencias policiales, son muchas y variadas. A los ejemplos que hemos tratado en el recorrido de esta investigación le sumaremos a continuación otro más que elocuente: Fue revocada por la Suprema Corte de Justicia una sentencia de Casación Penal el día 2 de diciembre del 2008 en donde se liberaban a un conjunto de jóvenes menores de 16 años. Los comentarios de la camarista Carmen Argibay fundamentaban tal decisión en la protección de dichos jóvenes. Es decir que los mismos estaban, aparentemente, más seguros privados de su libertad tras los muros, que libres en las calles. Siguiendo esta línea de pensamiento es casi lógico que pensemos que el peligro estaría determinado por la influencia en las calles de otros delincuentes sobre estos chicos. Sin embargo, la camarista afirmaba que la resolución tenía el objeto de proteger a estos jóvenes de la muerte, ya que en la calle se convertirían en blancos móviles del gatillo fácil 42. Este razonamiento lo hizo en obvia alusión a las prácticas policiales en general. Es indiscutible, para nosotros, que el nuevo modelo institucional rompe con el policiamiento tradicional y en especial con las prácticas castrenses. Pero esto en sí mismo no es suficiente para garantizar la vigencia de este modelo policial. Es necesario que el cambio institucional lo internalicemos y lo pongamos en práctica desde el trabajo cotidiano de todo el personal involucrado en sus diferentes estamentos laborales. Recordemos que la creación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria se debe más a la 42 Ver al respecto: Para Carmen Argibay, liberar menores detenidos puede convertirlos en blanco del gatillo fácil, diario Clarín, 3 de diciembre del

114 coyuntura que a un plan determinado. La experiencia histórica institucional nos indica que cuando hay algún impulso de reforma en el marco de una crisis, si no hay continuidad, luego hay contrarreformas. Parafraseando a Maquiavelo tenemos que tener presente que es muy difícil y con futuro incierto que tratemos de establecer una nueva institución (Maquiavelo, 2003).Que seamos pioneros en este tipo de emprendimientos conlleva a que convivamos con los enemigos que sacaban rédito de la vieja institución. Los pocos aliados de la reciente estructura son tibios defensores de la nueva institución debido a la desconfianza por lo nuevo. Esta desconfianza se comienza a disipar cuando los integrantes de la nueva institución comienzan a creer en ella a partir de la experiencia que le generan las nuevas prácticas. Especialmente en este proceso, en donde la confianza institucional se está construyendo, el enemigo encuentra la oportunidad de atacar. El caso que nos ocupa la institucionalización de un nuevo modelo policial, no escapa a esta reflexión. Por tal motivo, en lo que respecta al trabajo instituyente no podemos descansar y debemos entenderlo como una tarea ardua y de todos los días. La reflexión final y distintiva de este trabajo es que la Policía de Seguridad Aeroportuaria, como nuevo modelo policial, nos marca apenas el comienzo de un camino en clave de Seguridad Ciudadana. No festejemos por adelantado, hay demasiados antecedentes de reformas y contrarreformas. Apenas hemos ganado algunas batallas, el esfuerzo es grande y el enemigo es consciente de ello. 114

115 BIBLIOGRAFÍA Argumedo, A. (2009). Los silencios y las voces en America Latina. Buenos Aires: Colihue. Bauman, Z. (1993). Ética posmoderna. Buenos Aires: Siglo XXI. Bauman, Z. (2011). Miedo líquido. Buenos Aires: Paidós. Butler, J. (2001). Mecanismos Psíquicos de Poder. Madrid: Ediciones Cátedra (Grupo Anaya S.A.). Calveiro, P. (2006). Poder y Desaparicíon. Buenos Aires: Ediciones Colihue S. R. L. Castel, R. (2004). La Inseguridad Social, Que es estar protegido?l. Buenos Aires: Manantial. Del Corro, F. (2014). El concepto de Proyecto Nacional. GSM, Grupo San Martin, Politicas públicas con enfoque de derechos y desararrollo local, Díaz, E. (1996). La ciencia y el imaginario social. Buenos Aires: Biblos. Fernández, M. M. (1992). Policia, Profesion y Organizacion: Hacia un Modelo Integral de la Policia en España. Reis: Revista Española de Investigaciones Sociologicas, Foucault, M. (2012). Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo Veintiuno. Fuerza Aerea Argentina. (1981). Discursos del comandante en jefe de la Fuerza Aerea Argentina,brigadier general Omar Domingo R. Graffigna. Buenos Aires: Fuerza Aerea Argentina. Garibaldi, D. (2012). Destino de colmena. Buenos Aires: Editorial Biblos. 115

116 Maquiavelo, N. (2003). El Principe. Buenos Aires: Losada S.A. Masquelet, H. (2006). Cuadernos de Seguridad N 1. Buenos Aires: Copyright Masquelet, H. (2008). Cuadernos de Seguridad N 8. Buenos Aires: Copyright Muller, P. (Julio de 2000). "Elementos para una extrategia de investigacion sobre politicas públicas". Recuperado el 2 de mayo de 2014, de 6 Niklas, L. (2007). Teorí política en el Estado de Bienestar. Madrid: Alianza Editorial. O'Donnell, P., & otros, y. (2012). La Otra Historia. Buenos Aires: Paidós SAICF. Pablo Bulcourf, N. D. (octubre de 2008). Política comparada.com.ar. Recuperado el 24 de noviembre de 20 3, de Política comparada.com.ar:.politicacomparada.com.ar Pegoraro, J. S. (1997). Las relaciones sociedad-estado y el paradigma de la inseguridad. Publicado en Delito y Sociedad, Rangugni, V. (2010). El campo de la seguridad. Conceptos y definiciones. En C. Varela, La seguridad ciudadana (págs ). Buenos Aires: Imprenta Ya. Rangugni, V. (2010). Nuevo campo de la seguridad en la modernidad. En C. Varela, Cuadernos de seguridad.manuales y protocolos.la seguridad ciudadana (págs ). Buenos Aires: Imprenta Ya. 116

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118 Sain, M. F. (2010). La reforma policial en America Latina. Buenos Aires: Prometeo. Saín, M. F. (2002). Seguridad, democracia y reforma del sistema policial en la Argentina. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, S. A.. Tamayo Saéz, M. (1997). El análisis de las políticas públicas. En R. Bañon, & E. Carrillo, La nueva administración pública. Madrid: Alianza Universidad. Ugarte, M. (Julio de 1997). Argentina frente a un nuevo desafio: la seguridad pública. Recuperado el 2 de Octubre de 2013, de Varela, C. (2010). Nueva prevención en seguridad. En C. Varela, Comunidad y seguridad.cuadernos de seguridad.manuales y protocolos 3 (págs ). Buenos Aires: Imprenta Ya. Varela, C., & Besse, J. (2010). Prólogo. En C. Varela, & J. Besse, Sociedad, Estado y seguridad (págs ). Buenos Aires: Imprenta Ya. Vazquez, E. (2010). Que es la sociedad? En C. Varela, & J. Besse, Sociedad, Estado y segurida. Cuadernos de Seguridad. Manuales y protocolos 1 (págs ). Buenos Aires: Imprenta Ya. 118

119 Anexos 119

120 DISPOSICION

121 121

122 122

123 123

124 124

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