Alicia Gallotti. Juguetes eróticos

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2 Alicia Gallotti Juguetes eróticos

3 INTRODUCCIÓN Los adultos también juegan. Y es una buena noticia. Tras siglos y siglos de sexo sórdido, inconfesable, habitante de las catacumbas de la sociedad, el siglo XXI parece que empieza a cambiar esos valores. Existe una nueva visión de la sexualidad enfocada desde lo lúdico: es el resultado sin duda de una serie de fenómenos que transforman el carácter social desde hace algunas décadas. El principal es el impulso de la mujer, su participación activa, decidida y cada vez en mayor número en un reparto más equitativo del placer. La fase de los orgasmos atrasados, los temores profundos y eternos está en el buen camino de la superación. El secretismo sobre el sexo, que no debe confundirse con la discreción y la intimidad, pierde terreno. Y son cada vez más los hombres que observan los cambios desde lo positivo, desde lo bueno que les reporta: más satisfacción, relaciones más completas y divertidas. Y más abiertas también. A este proceso se asocia igualmente la fabricación de objetos que contribuyen a que el sexo más libre cuente asimismo con elementos que ayuden a que el juego se propague. La industria, las tiendas especializadas más modernas, ya sea en cadenas que abren sus puertas en las calles más concurridas o a tra-

4 vés de Internet, aportan su imaginación para reinventar juguetes eróticos, renovar su espíritu y contagiarlo de ese ludismo esencial que marca la tendencia social. Hemos tardado demasiados siglos en liberarnos del yugo de la moral hipócrita que reservaba el placer sólo para unos pocos. Ya es hora de que juguemos todos. Sensuales vibradores, ropa íntima audaz y sexy, preservativos con sabor, prácticas íntimas sados con juguetes light más divertidos y más seguros, nuevos materiales más cálidos, suaves y generosos con las múltiples sensaciones especiales que proporcionan. Son sólo una muestra de ese mundo nuevo que se abre. Una gran juguetería para adultos que se exhibe sin vergüenzas. Para entrar en ella hace falta información y atrevimiento. Este libro pretende aportar justamente la máxima información para que sirva de orientación dentro de la gran variedad de juguetes que existe y ayude a usarlos a fin de aprovechar todas sus posibilidades eróticas. Para que cada hombre y cada mujer descubran este novedoso territorio del placer sin culpas, divertido, lleno de colores, que olviden los pudores y las inhibiciones. Y que se atrevan. En la intimidad todo está permitido. Todo lo que proporcione placer y sea consentido. Y para que esta receta se cumpla los juguetes desempeñan un papel importante. Dan ese toque de frescura, de espontaneidad que colabora para ampliar y renovar los horizontes del gozo y para combatir el aburrimiento y la dejadez, enemigos de una vida sexual plena.

5 DILDOS O PENES REALISTAS El falo ha sido un símbolo de fortaleza y supervivencia. En todas las civilizaciones y desde el fondo de la historia se le ha rendido culto. En yacimientos arqueológicos de las más diversas culturas se han hallado pruebas de esa adoración: estatuillas, bastones, columnas, obeliscos... Desde los maoríes hasta los mayas, desde los celtas hasta los dogón. Piezas escultóricas dan fe del uso que se hacía de estos objetos en China, Japón e India. Alrededor del Mediterráneo, algunas civilizaciones expresaban en el tamaño su homenaje: hace algo más de cincuenta años se descubrieron en la isla de Córcega monumentos fálicos levantados hace cuatro mil años, de dos y tres metros de altura. Todas las culturas, pasadas y contemporáneas, han reservado una porción de sus creencias al falo como símbolo del sexo: por la fertilidad o por el placer. En la antigua Grecia se cultivaba esta segunda opción. De aquella época son las primeras pruebas: piezas cilíndricas de piedra, madera o cuero, tenían como inspiración un pene. Y su función era similar. Se los llamaba olisbos y su valor no era sólo simbólico, se los utilizaba como objetos para dar y recibir placer: suplantaban o complementaban al pene y facilitaban la penetra-

6 ción vaginal o anal untándolos con aceite de oliva. Es curioso, pero aunque se le atribuye al falo un ancestral tono machista, no está documentado que en esa época fuera utilizado sólo por mujeres, y menos aún que se priorizara una sola preferencia sexual. Muchos siglos más tarde, tras el oscurantismo medieval, todo continuó igual. Durante el Renacimiento reaparecieron (aunque tampoco parece que hubiesen desaparecido antes) estos objetos fálicos del placer que, se cree, los italianos bautizaron como diletto (deleite), término que más tarde se deformó hasta la palabra «dildo» que conocemos en la actualidad. Sin embargo existe una versión inglesa que parece más satisfactoria como explicación del origen del término. Se llamaba dildo a una especie de palo de madera, de forma fálica, que se guardaba en un agujero al costado de las embarcaciones pequeñas de pescadores para preservar los remos. Y su forma era muy parecida a la de los juguetes modernos, que, según se cree, toman el nombre de la herramienta marinera, cuya denominación se asocia al pueblo de Dildo, en la isla de ese mismo nombre en Terranova, Canadá. Ya en el siglo XIX el descubrimiento del uso industrial del caucho cambió los hábitos. La goma, un material flexible y con mayores propiedades para conservar el calor, dio un giro a la fabricación: el llamado popularmente consolador amplió sus posibilidades de cara al futuro.

7 TOQUE DE REALIDAD Hoy el vértigo del avance tecnológico ha dejado ese abanico de posibilidades más abierto. Existen dildos de materiales duros y tan simbólicos como el cristal y el granito o tan sugerentes como la madera o el metal (aluminio o acero) que generan distintas sensaciones. Por ejemplo, los de titanio plateado o cromado en conjunción con un lubricante aseguran una fricción más suave, para quien lo prefiera. Aunque, sin embargo, desde finales de los años ochenta y progresivamente, se han impuesto por el empuje del mercado y las enormes posibilidades que brindan los elaborados con materiales elásticos, herederos de aquel primitivo caucho. La silicona, el jelly o el plástico, en sus distintas variedades de flexibilidad, han facilitado que los dildos tuvieran precios más asequibles, ya que estos materiales son más baratos que los tradicionales, y también, en la mayoría de los casos, son hipoalergénicos. Con la única excepción del látex. Los fabricados con este material o recubiertos por

8 Algunos dildos tienen una base que simula el escroto y los testículos, mientras que otros disponen de una ventosa para adherirlos a cualquier superficie. una capa superficial provocan reacciones alérgicas en algunas personas. Todos ellos, un poco más o un poco menos maleables, permiten reproducir con mayor realismo las formas, texturas y colores de los penes auténticos: desde la piel rugosa y elástica con su esponjosidad característica, hasta las detalladas curvas del glande o el relieve de las venas. Varían en tamaño, oscilando, por lo general, entre los 14 y los 20 centímetros de longitud y entre los 3 y 5 centímetros de grosor. Sin embargo la imaginación se dispara cuando se buscan variantes para provocar distintas sensaciones. Algunos modelos tienen una base que simula el escroto y los testículos, mientras que otros, más prácticos, tienen una ventosa que permite adherir el objeto a cualquier superficie y utilizarlo para una penetración sin manos. Del mismo modo que en los humanos, las formas del glande suelen ser distintas y, sobre todo, el tronco presenta, según los modelos, formas y grosores variables: la textura de algunos reproduce las venas marcadas de un pene en erección; otros tienen aros de silicona o

9 plástico que forman una especie de sierra a lo largo del dildo para provocar cambios en la estimulación, y también combinaciones de flexibilidad que permiten la suficiente rigidez para la penetración y la elasticidad necesaria para doblarlos hasta tocar el glande con los testículos artificiales. Entre los más sofisticados se hallan los que reproducen penes reales en forma y color, con un agregado que los hace aún más creíbles: disponen de una superficie flexible que asemeja el prepucio, que se puede bajar y subir. Además, las combinaciones de gel y silicona tienen la propiedad de absorber muy rápidamente la temperatura corporal tanto con el tacto como durante la penetración. TOQUE DE FANTASÍA De todos modos hay para todos los gustos. Porque no sólo se imponen los realísticos, también hay lugar para las fantasías: diseños cilíndricos pero con distintas apariencias; labrados y relieves con una estética abstracta que en nada se parece Si un dildo entra con dificultad en la vagina o el recto, no conviene forzar su uso. Tampoco es adecuado utilizarlo si se tiene alguna herida o llaga en la vagina o el recto. Los objetos pueden transmitir enfermedades a partir de la carga de fluidos que transportan. Cuando exista alguna duda es mejor utilizar preservativos para cubrir el dildo y cambiarlo tantas veces como sea necesario.

10 Desde una perspectiva lúdica los juegos sexuales con los dildos van más allá de la penetración: se puede chuparlos o acariciar con ellos todas las zonas erógenas. a un pene humano, pero que cumplen la misma función. Y esa función a priori es la penetración. En ese juego de imaginación entran cilindros metálicos pulidos, delgados y pesados, para sentir una sensación opuesta a la de un pene real, y otros modelos donde se impone el color: desde el negro sugerente, que despierta fantasías muy particulares, hasta aquellos festivos de colores vivos y transparentes. A partir de esta perspectiva lúdica los juegos sexuales con los dildos van más allá de la penetración. Pueden ser chupados, en una escena de felación, o también se puede acariciar con ellos las distintas zonas erógenas del cuerpo en una lenta demostración sensual, para estimular al amante. En la libertad total que sólo puede experimentarse en momentos de máxima excitación e intimidad, donde está todo permitido, él también puede participar de ese juego para percibir las nuevas sensaciones de lamer un pene. Era rojo, firme, pero deliciosamente blando. Cuando ella pasaba sus dedos

11 por encima, podía sentir el relieve de aquellas venas simuladas, excitantes, y la forma inequívoca del glande brillante. Era su primera vez con un dildo de fantasía... y quería gozarlo. Él la besó, le sacó dulcemente de la mano el juguete y tomó el control. Le acercó lentamente el dildo a la cara y le rozó las mejillas con levedad. Ella sentía crecer el deseo que generaba aquel juego. Hasta que él se lo puso sobre los labios, que se juntaron alrededor de aquel falo con apariencia de juguete, de caramelo del deseo... Lo lamía con delicadeza, se lo metía en la boca y sentía como la suave silicona tomaba la temperatura, cada vez más alta, de su cuerpo. Él se lo quitó de la boca y recorrió su piel desde el cuello hasta el pecho para detenerse a jugar con sus pezones. Los ojos de ella permanecían cerrados y la boca entreabierta indicaba una agitación creciente. Mientras, el juguete rojo parecía tener vida propia y hacía aumentar el tamaño de cada pezón sólo con los roces. Con lentitud premeditada recorrió el contorno de sus pechos como si estuviera di-

12 bujando su silueta con un gran lápiz. Imaginaba que aquel dildo era de carne y estaba erecto por y para ella. Por un momento sintió un cosquilleo distinto cuando el falo se deslizó por la axila y por la sensible piel del interior de su antebrazo. Ese juego retardaba lo que su pasión le pedía: volver a sentir su textura sobre el abdomen y en el ombligo y que bajara y bajara, por las ingles y el monte de Venus, y se enredara en el vello púbico. Ya no podía detenerse y escuchaba sus propios gemidos como si fuesen un reclamo que la invitaba a más. Él le levantó una pierna y la apoyó sobre su hombro, luego abrió con una mano los labios inflamados y húmedos de su vulva y se dirigió al clítoris. Entre las piernas abiertas el dildo siguió la única ruta que su mente quería. Ella arqueó la espalda y el falo rojo empezó a frotar su botón de placer, mientras su excitación la llevaba a un camino sin regreso. Él lo movía de arriba abajo, de lado a lado y hacía círculos, para cambiar el estímulo. Ella respondía moviendo la cabeza, emitiendo sonidos y mordiéndose los labios. Instan-

13 tes después el dildo se perdió entre los pliegues brillantes de su sexo hacia el interior de su vagina. Mientras, sus caderas se despegaban rítmicamente, una y otra vez, de la cama, cada vez más rápido. USO ANAL Algunos dildos están diseñados específicamente para la penetración anal. Y existen distintos modelos dirigidos a la iniciación, con troncos uniformes y delgados. Generalmente son lisos y cilíndricos

14 La higiene es muy importante al utilizar dildos. Es conveniente no usar el mismo para penetrar el ano y la vagina; tampoco es recomendable que los dos miembros de la pareja usen el mismo juguete durante una relación, sin lavarlo previamente. También es necesario guardarlos limpios: la mayoría se higienizan con agua y gel con ph neutro, para eliminar fluidos y restos de lubricantes que para que su introducción sea fácil y sin trabas. Sin embargo, a medida que la experiencia resulta gozosa se multiplican las alternativas para encontrar nuevas sensaciones. Por ejemplo, los que tienen múltiples ondulaciones en el tronco que permiten una penetración de estímulos distintos: cada centímetro que se introduce otorga una nueva percepción, ya que se alternan las zonas delgadas con las gruesas que frotan más intensamente las terminaciones nerviosas. Esta forma permite además que el dildo no sea expulsado por el movimiento reflejo del esfínter, de manera que se lo puede dejar dentro del ano mientras se comparten las sensaciones con otros juegos sexuales simultáneos. Algo similar sucede con modelos de diseño no realístico, con forma de cono en punta y que van creciendo para abrir un poco más, a medida que se introducen, el esfínter anal. Parecidos a estos modelos son los llamados plug, que no son otra cosa que una especie de tapón anal, por lo general de corta longitud, que va creciendo en grosor desde la pun-

15 ta hasta la base. Se pueden utilizar como un dildo común para gozar con la penetración, dejarlo dentro y prolongar el placer, o también como un dilatador para luego facilitar la posterior penetración durante el coito anal. Estos objetos son utilizados tanto por hombres como por mujeres y en las combinaciones de relaciones que cada uno desee, según sus preferencias sexuales. DOBLE USO Los dildos dobles, que se asocian equivocadamente sólo a prácticas de sexo lésbico, tienen muchas aplicaciones. Una de ellas es justamente la de permitir no sólo el placer individual sino también el de parejas heterosexuales o del mismo sexo. También hay categorías entre estos modelos de doble uso. Los de 30 centímetros de longitud realizados en materiales cuya elasticidad es limitada se pueden utilizar en la penetración simultánea de las dos vaginas durante el sexo lésbico o de dos anos en una relación homosexual. Aunque pueden afectar a la composición del material. En el caso específico de los dildos de jelly, si se emplean cuando en la vagina hay algún tipo de micosis o bacteria es recomendable descartar su uso y comprar otro. Existen dildos no realísticos, con forma de cono en punta y que van creciendo para abrir un poco más, a medida que se introducen, el esfínter anal.

16 este uso está librado también a las múltiples combinaciones que despierte la imaginación. Los elaborados con materiales de mayor flexibilidad como el jelly, aunque tengan una parte interior más dura, se pueden utilizar para una doble penetración individual de vagina y ano. Existen dildos que ya están preparados para favorecer esta función: tienen forma de U y, además, uno de los troncos tiene menos grosor que el otro, para facilitar una penetración anal más relajada, sencilla e indolora con la ayuda de un lubricante

17 adecuado. Entre estos modelos destaca uno elaborado con silicona que tiene en su interior un mecanismo de vertebración. Es posible doblarlo hasta fijarlo en la posición que más se desee y en ángulos diferentes. Incluso hasta hacer tocar ambos glandes artificiales. No sólo es un tipo de pene diverso por su tamaño, que a veces supera los 30 centímetros, sino también porque se han fabricado algunos con un tronco único y otros que aparentan dos penes realísticos pegados por su base, que simula dos pares de testículos. Destaca uno elaborado con silicona que tiene en su interior un mecanismo de vertebración que permite fijarlo en posiciones y ángulos distintos. ARNESES Igual que en el caso de los dildos dobles, los arneses se suelen relacionar con prácticas lésbicas u homosexuales, aunque existen modelos para gustos y necesidades muy diversos. Algunos llevan soporte de correas que se ajustan a la cintura y las piernas y otros están sostenidos en una braga de tela elástica, cuero o látex que a veces se presenta en color piel para combinar con los penes realísticos de piel artificial.

18 La sujeción no es un tema menor a la hora de escoger, porque, según la disposición de las correas, quien tiene puesto el arnés puede ser penetrado anal y/o vaginalmente. Para gozar de esta libertad es necesario adquirir una sujeción de correaje doble que, en lugar de pasar por la entrepierna, suba desde las piernas por los glúteos y se una a la correa-cinturón que rodea la cintura. La variante opuesta son arneses rígidos, tipo braga, de anchas bandas de tela que se fijan estrechamente al abdomen y las piernas y que en su parte delantera permiten insertar prótesis de penes o de vaginas. En todos los casos, antes de comprarlos es necesario decidir para qué se va a utilizar y probar cuál es más cómodo. Ciertos modelos llevan el dildo incorporado y otros poseen el hueco con el aro metálico intercambiable, para comprar la prótesis por separado e insertarla, según la preferencia de modelos. También se suelen vender aparte las anillas metálicas de soporte de diferentes diámetros para insertar los dildos con grosores distintos, según el gusto.

19 Los modelos definitivamente femeninos tienen doble prótesis: una, generalmente más corta, orientada hacia el interior, para que penetre la vagina de la mujer que lleva el arnés, y otra hacia fuera, de mayor tamaño, para penetrar a su pareja, sea mujer u hombre. Si bien este tipo de arnés específico tiene como destino las relaciones lésbicas, es un objeto de deseo de parejas heterosexuales con cierto grado de desinhibición, en el que intercambian roles y llegan hasta la penetración anal del hombre. La ventaja es que a través de ese tipo de arnés la penetración es simultánea y se asegura el goce de ambos. Esta indumentaria sexual libera y aumenta las alternativas de los juegos. Tríos o sexo múltiple con penetraciones anales y vaginales son algunas de sus posibilidades. Sin olvidar el morbo y la excitación extra que despierta la expectación de su uso. En este sentido, quizá uno de los modelos más curiosos son los arneses simples con un correaje elástico adaptable, para fijarlo entre las piernas y las caderas El arnés con doble prótesis tiene una orientada hacia el interior, para penetrar la vagina de la mujer que lo lleva, y otra hacia fuera, para penetrar a su pareja, sea mujer u hombre.

20 con la prótesis de un pene realístico hueco. Externamente está recubierto de piel artificial que deja al descubierto el glande. Sin embargo, la piel es tan parecida a la real que su flexibilidad la hace retráctil como la verdadera. De este modo el hombre puede colocar el pene dentro de la prótesis, como si fuese un preservativo, pero sin depender, psicológicamente, de la calidad de la erección, asegurada por la rigidez de la prótesis. Y la mujer sentirá que es penetrada por el miembro de su amante, cubierto por un preservativo. Ya estaba acordado. No era la primera vez que le pedía a su chica invertir los roles. Él comenzó a desvestirse sensualmente. Primero la camisa, botón a botón... Luego se quitó los zapatos y los calcetines como si estuviera haciendo un strip tease. Y finalmente se desabrochó el vaquero, bajó la cremallera, lo dejó caer poco a poco y su cuerpo quedó cubierto sólo con el bóxer que contenía con dificultad su excitado pene. Ella, desnuda, le acariciaba las nalgas y sus dedos buscaban cada

21 vez más el canal de los glúteos para internarse en ellos, mientras lo besaba voluptuosamente en la boca y el cuello. También estaba excitada: los preparativos para el encuentro, la charla insinuante primero y directa después, habían elevado su temperatura. Sabía lo que iba a pasar y se sentía húmeda y preparada. Algunos minutos después de las caricias estimulantes, ella fue a buscar al cajón de su mesa de noche el objeto del deseo: un arnés de piel negra charolado con doble pene. Se calzó la braga y las correas y prácticamente no necesitó lubricante cuando se penetró a sí misma con el dildo interior de la prenda. Sus propios jugos permitieron que el falo de silicona se deslizara dentro de su cuerpo. Él la miraba, mientras terminaba de ajustar aquella delgada prótesis que parecía formada por una serie de bolas, una encima de otra. Estaba nervioso pero el deseo iba en aumento. Habían cambiado roles en otras ocasiones; su amante lo había penetrado con los dedos ya varias veces y le había hecho sentir las delicias de un masaje en la próstata. Pero hoy era una

22 das de algodón. No conviene usar ligaduras de metal o cuerdas de nailon porque pueden provocar heridas o rozaduras si se aprietan más de la cuenta o con los roces del movimiento. Disfrutar con las prácticas sadomasoquistas se considera una perversión sexual? Es extremadamente difícil trazar un límite entre lo que es «normal» y lo que se llama «perversión». Para las mentes más limitadas, todo aquello que se salga de las prácticas sexuales tradicionales puede ser considerado algo perverso. Sin embargo no es así; muchas personas gozan con un tipo de sexualidad que a otras les puede parecer rara porque en ellas es inusual. Todo aquello que ocurra en la intimidad entre dos adultos, si es consentido por ambos y les resulta placentero, es completamente legítimo.

23 Juguetes eróticos Alicia Gallotti No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal) Alicia Gallotti, 2007 Ilustraciones: José del Nido Ediciones Planeta Madrid, S. A., 2007 Ediciones Martínez Roca es un sello editorial de Ediciones Planeta Madrid, S. A. Paseo de Recoletos, 4, Madrid (España) Primera edición en libro electrónico (PDF): octubre de 2011 ISBN: (PDF) Conversión a libro electrónico: Newcomlab, S. L. L.