Tráfico y esclavitud de indígenas wayuu en unidades de producción agrícolas y pecuarias del Zulia ( )

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2 REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA UNIVERSIDAD DEL ZULIA FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN DIVISIÓN DE ESTUDIOS PARA GRADUADOS PROGRAMA HISTORIA DE VENEZUELA NIVEL MAESTRÍA Tráfico y esclavitud de indígenas wayuu en unidades de producción agrícolas y pecuarias del Zulia ( ) Trabajo de Grado para optar al título de Magíster Scientiarum en Historia de Venezuela. Tutora: Dra. Arlene Urdaneta Quintero Autor: Lcdo. José María González Mendoza C.I Maracaibo Estado Zulia Julio 2009

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4 González Mendoza, José María (2009). Tráfico y esclavitud de indígenas wayuu en unidades de producción agrícolas y pecuarias del Zulia ( ). Trabajo Especial de Grado para optar al título de Magíster Scientiarum en Historia de Venezuela. Universidad del Zulia, Facultad de Humanidades y Educación, División de Estudios para Graduados. RESUMEN Desde la segunda mitad del siglo XIX, indígenas wayuu fueron obligados a emigrar de su tierra ancestral y tratados como esclavos. A pesar de la Ley de Abolición de la esclavitud en Venezuela (1854), el sistema de explotación y sujeción del individuo continuaba funcionando, esta vez practicada por criollos (alijuna) en perjuicio de nativos de la península de la Guajira. Esta explotación, en algunos casos, se encontró con la resistencia ofrecida por los wayuu en defensa de su autonomía territorial y modos de vida. La singularidad propia de este colectivo social fue significativa en las modalidades de su incorporación y protagonismo en la construcción del Estado republicano. El resurgimiento de la esclavitud en los tiempos modernos, a pesar de las teorías de progreso humano, convirtió al hombre en una mercancía y determinó la explotación de su fuerza de trabajo. El presente estudio analiza la comercialización mercantil y legislaciones referidas al tráfico, venta y esclavitud indígena wayuu desde 1890 hasta 1930; las implicaciones socio-económicas y políticas que incidieron en el comportamiento colectivo y la participación laboral wayuu en las unidades de producción agrícolas y pecuarias del estado Zulia. Del mismo modo, se analizan las relaciones entre capital y explotación de la fuerza de trabajo wayuu como formas de la élite local y regional para la producción agro exportadora zuliana. * Palabras Clave: Tráfico, esclavitud, wayuu, alijuna, unidades de producción agropecuarias.

5 González Mendoza, José María (2009)."Alü'üjaa müsia epiuunajaa wayuu eere apünajaa jee arüleejaa cha Suuria ( )". A'yatawaa kapülainsü jüpala ouuntaa ojutumaajatü Magister Scientiarum jünain Jüchikimaajatü Wenesueela. Ekirajülee mulo'usukaa Suuria, jüpülajatükaa atüjaa wayuuwaa jee ekirajaa,jüpalajü nekirajaayaa na kettaainüpakaa PÜTCHI'IPA Jünainjee jüse eru upuna wanee jikii mekietselümüin polootuwain juya (XIX) kojuyashii wayuu ayutnakana julu ujee noumain jüpala piuunain. Mayaainje kasalajanain 1854jee, ayatsia eein kepiuunaseekaa, naya eeka atuma alijuna kepiuunasein wayuu wajiireje ewalii. Mataasü waneejetkai juulia yala ayalaain wayuu jee jashichin jaa u nuumain maka akain jükalu u ka i, jümaa jiain etnaajünüin aka wayuu jükalu u ka i wanaa jümaa jukumajaain mmakalüirua. Eerulaasü kepiuunsee mayaainjee jüchajaanüin wanee kojutuin wayuu atumaa, oikünüshii na wayuukana jüpüla na yataainjanain jümüin alijuna. A yatawaakaa tüü aküjasü jüchiki noikia wayuu jee müsia jünüiki karalouta laülaapialujutu joo opünaa alü ujaa, oikaa jee epiuunajaa wayuu jünainjee 1890 jünaimüin 1930; kasa alatakaa jünainjee na yataain wayuu cha eere napünajüin jee nepijain mürülü Suuria. Aashajaana achikirü jamüin jünnetse alijuna müsia jukua ipa nütsüin wayuu müsia na washinnuukana suuria jee julu u mma mulousukoo jüpüla eejatüin kasa oukünajatükaa yaa suuria julu umuin mmkalüirua wattamüin. Pütchi pejeewasü: alü üjaa, piuunaa, wayuu, alijuna, mma apünajiaa jee jipijia mürülü.

6 González Mendoza, José María (2009). Traffic and slavery of Wayuu Indians in units of agricultural and cattle production in the state of Zulia ( ). Trabajo Especial de Grado para optar al título de Magíster Scientiarum en Historia de Venezuela. Universidad del Zulia, Facultad de Humanidades y Educación, División de Estudios para Graduados ABSTRACT Since the second half of the XIX century, a group of Wayuu Indians was forced to emigrate from their ancestral land while being treated as slaves. In spite of the prohibition since 1854, the system of exploitation and oppression of the individual was still at work, this time practiced by creoles (Alijuna) against the natives of the Guajira Peninsula. This exploitation, in some cases, met with the resistance offered by the Wayuu people in the defense of their territorial autonomy and ways of life. The proper singularity of this social group was meaningful in terms of their ways of incorporation and protagonism in the construction of the republican state. The resurgence of slavery in modern times, despite the theories of human progress, made merchandise out of man, which determined the exploitation of his workforce. This study analyzes the mercantile aspects, as well as the legislation dealing with the traffic, sale, and slavery of Wayuu Indians since 1890 to 1930, the socio-economic and political implications which had an effect on the collective behavior, and the work participation of the Wayuu in units of agricultural and cattle production in the state of Zulia. We also examine the relationship between capital and exploitation of the Wayuu workforce as forms implemented by the local and regional élite for the agro-exporting production in Zulia. * Keywords: Traffic, slavery, Wayuu, Alijuna, cattle and farm production units.

7 Dedicatoria Al Creador, por brindarnos protección y sabiduría. A los pueblos originarios de Abya Yala, por su lucha permanente en la defensa de su autonomía territorial e identidad cultural y lingüística. A la memoria de mis padres. Al recuerdo permanente de mi hijo José Manuel. A mis hijas Joysmar Iraima, María José y Marielda Isabel y a mi esposa wayuu, por su compromiso solidario. A mis hermanas y hermanos, por sus incondicionales apoyos.

8 Veredicto del Jurado TABLA DE CONTENIDO Páginas II Resumen Pütchi ipa Abstract Dedicatoria III IV V VI Introducción 1 CAPITULO I 17 Los wayuu: territorialidad, resistencia y esclavitud Resistencia y primeras estrategias de dominación Estrategias de Dominación Identidad wayuu y el trabajo como sacrificio de vida Producción agropecuaria: explotación del hombre wayuu Explotación de la fuerza de trabajo wayuu: un negocio binacional El contrato personal como forma de esclavitud Esclavitud indígena en la Venezuela del siglo XX La mano de obra wayuu: denuncias sobre practicas abusivas 56 CAPITULO II 63 Legislación y práctica esclavista del indígena wayuu Contradicciones entre legislación y la práctica Un tráfico escandaloso : redes de comercialización La ilegalidad y sus encubridores El tráfico de indígenas: prohibiciones y concesiones Siglo XX: condiciones y modalidades en el tráfico indígena wayuu La iglesia y el Estado colombiano: Beneficios de la mediación Explotación de mano de obra wayuu durante el gomecismo 140 CAPITULO III 146 Impacto de la mano de obra indígena wayuu en la Economía del Zulia petrolero La esclavitud indígena: una realidad económica Los wayuu excelentes criadores y agricultores. Explotada su fuerza de trabajo Contrato y explotación de la mano de obra wayuu Relaciones esclavistas de producción 175

9 3.5.- Tráfico y petróleo en el Zulia Los wayuu: una máquina para el trabajo forzado Trabajo y explotación: deuda pendiente con los wayuu 203 Conclusiones 210 Anexos 214 Pütchi wayuunaikiru u (Glosarios en wayuunaiki) 215 Bibliografía 218 Mapas 229 Decretos 232

10 REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA UNIVERSIDAD DEL ZULIA FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN DIVISIÓN DE ESTUDIOS PARA GRADUADOS PROGRAMA HISTORIA DE VENEZUELA NIVEL MAESTRÍA Tráfico y esclavitud de indígenas wayuu en unidades de producción agrícolas y pecuarias del Zulia ( ) Trabajo de Grado para optar al título de Magíster Scientiarum en Historia de Venezuela. Tutora: Dra. Arlene Urdaneta Quintero Autor: Lcdo. José María González Mendoza C.I Maracaibo Estado Zulia Julio 2009

11 Violencias ejercidas en la costa Guajira en el territorio jurisdiccional del Gobierno de Paraguaipoa, al extremo de atentarse contra la libertad y vida de los indígenas, cometiéndose con las tribus que ejercen el comercio de ganado y otras especies, así marítimo como terrestre, los más crueles exacciones y atropellos, siendo conducidos los indios mediante pérfidas maquinaciones y halagos a bordo de los bueyes del tráfico. (AHZ, año 1892, tomo 11, legajo 3.- Informe de de jefatura civil del distrito Maracaibo dirigido al Secretario General de gobierno del Zulia). Introducción L os estudios realizados acerca de los indígenas venezolanos durante el siglo XIX por lo general, no registran en profundidad los hechos históricos protagonizados por las sociedades originarias en la construcción del Estado nacional y sus implicaciones en la reafirmación de la identidad cultural venezolana. Generalmente, son estudios relativos a algunas modalidades de la participación política y económica indígena, obviando el desarrollo histórico socio-cultural y lingüístico. Igualmente se relega la fuerza de trabajo indígena y sus aportes en la lucha colectiva por la tierra y su defensa. El presente estudio tiene como propósito analizar, comprender y explicar la trata 1, venta y explotación de la mano de obra indígena wayuu 2 en trabajos forzados y otras formas catalogadas como esclavitud 3 en la estructura agraria 1 El término trata de indígenas figura en la documentación de finales del siglo XIX. A modo de ejemplo se observa a través del expediente creado por virtud de la venta de un joven indígena de nombre Donato. Maracaibo, noviembre 3 de Archivo Histórico del Estado Zulia (en adelante identificado con las siglas AHZ.), año 1880, tomo (t) 4, legajo (l) 22, folio (f) X. 2 Wayuu: categoría léxical que significa gente, persona en su más amplia aceptación, es decir, todo lo relativo a la condición humana y a un modo de ser, pensar, saber y convivir; mientras que en la cosmovisión wayuu tiene otro significado, quiere decir: hijo de Mma (tierra), nuestra Madre fecunda y de Juya (lluvia), el Padre, dueño de las Aguas, Rayos y Truenos quien al unirse con Mma da origen a la vida. También, en idioma wayuunaiki (idioma del pueblo wayuu), significa gente, persona y categóriza a los nativos de la península de la Guajira, espacio geopolítico entre las Repúblicas de Colombia y Bolivariana de Venezuela. No obstante, en éste estudio se respetará la toponimia y la grafía registrada por las fuentes, que refieren las nomenclaturas: goajiros, goaxiros, wajiros, guajiros y aborígenes guajiros para referirse a los nacidos en la Guajira. Jorge Pocaterra Aapüshana (2005), p.61. Véase también a José Álvarez (1993). En: Antología de Textos Guajiros Interlineales. Quien señala que los wayuu de filiación lingüística arawak-maipurán, es la más extendida e importante familia lingüística de la América del Sur. p.2. 3 Esclavitud. Véase DRAE. f. Estado de esclavo. 2. Sujeción rigurosa y fuerte a las pasiones y afectos del alma. 3. Sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación. Esclavitud, estado social definido por la ley y las costumbres como la forma involuntaria de servidumbre humana más absoluta. Un esclavo se caracteriza porque su

12 del estado Zulia, entre los años 1890 y Se abordará la realidad sociopolítica, cultural y la dinámica económica 4 de la sociedad wayuu, pobladores de la península de la Guajira 5. Desde el punto de vista socio-político, se harán aportes sobre el proceso histórico wayuu dentro del contexto histórico local, regional, nacional y mundial. Esta temática ha sido tratada hasta el momento de manera parcial, para ello, en este trabajo se revisaran constituciones, leyes e instituciones republicanas para lograr precisar el alcance de la concepción de libertad, cómo impacto en comunidades étnicas singulares y contraponer el discurso con las prácticas esclavistas que se mantuvieron en el siglo XIX y principios del XX. Igualmente, se intentará incluir a la sociedad wayuu en la historia del Zulia y de Venezuela al estudiar los modos de vida y la manera en que utilizaron las leyes, instituciones y discurso republicano para lograr reivindicaciones sociales y para crear sus condiciones de vida. En este sentido se abordan los mecanismos de participación utilizados por los wayuu, para ejercer presión sobre autoridades e instancias del gobierno que incidieron en la larga duración trabajo o sus servicios se obtienen por la fuerza y su persona física es considerada como propiedad de su dueño, que dispone de él a su voluntad. El esclavo se definía legalmente como una mercancía que el dueño podía vender, comprar, regalar o cambiar por una deuda, sin que el esclavo pudiera ejercer ningún derecho u objeción personal o legal. La mayoría de las veces existen diferencias étnicas entre el tratante de esclavos y el esclavo, por cuanto la esclavitud suele estar basada en un fuerte prejuicio racial, según el cual la etnia a la que pertenece el tratante es considerada superior a la de los esclavos. Véase Alonso Sandoval (1987). Esclavitud Un tratado sobre la esclavitud. Alianza Editorial. Nota: La Convención Internacional sobre la Esclavitud, celebrada en Ginebra, Suiza y capital del cantón de Ginebra, en 1926, y en la que participaron los 38 países de la Sociedad de Naciones, aprobó la supresión y prohibición del comercio de esclavos y la abolición total de cualquier forma de esclavitud. En la sociedad wayuu, se le denomina piuunairua (esclavitud) y piuuna (esclavo) 4 Con relación a la actividad económica de los wayuu, el historiador zuliano Germán Cardozo Galué, en la obra Maracaibo y su región Histórica (Circuito Agro Exportador ), analiza el comercio de la Guajira y Maracaibo, además de la relación comercial establecida por los wayuu con otros países extranjeros, entre ellos, Inglaterra, Holanda, España y Francia. 1991: La península de la Guajira, territorio situado al norte del camino real que unía a las ciudades de españoles Riohacha y Maracaibo, tuvo históricamente una situación especial, muy parecida a algunos territorios mejicanos del Norte de Sonora, los Araucanos del sur de Chile o los Tehuelches del sur de Buenos Aires. Eran zonas No penetradas. Las fuentes españolas la bautizan con el nombre de territorio de indios bravos, neutro, inocente y vaco. Se da a lo largo de la historia la posibilidad de penetración. Como al pie de esa península existen dos provincias, la posibilidad de penetración puede provenir de cualquiera de las dos y así fue en la historia. En los siglos XVI y XVII se pretendió la conquista tanto militar como misionera sin ningún éxito. Véase a Juan María Echeverría Goenaga (1984). En: Los límites Colombo- Venezolano en la Guajira. p. 185.

13 y en reformas del Estado en relación al tema indígena. La capacidad de negociación política y económica a través de los líderes o jefes de e irukuu 6 (clan) wayuu con los centros de poder, particularmente con Maracaibo, ofrece novedosas reflexiones sobre el papel desempeñado por las sociedades indígenas en la construcción del Estado nacional venezolano, excluidas en la historiografía regional y nacional. El estudio del tráfico y esclavitud wayuu a partir de 1890 responde a los cambios introducidos por el gobierno zuliano a partir de cuando se aprueba una legislación que expresamente prohíbe esta práctica. La abundante documentación localizada en archivos nacionales y regionales, en especial en el Archivo Histórico del Estado Zulia (AHZ), donde se registran 6. E irukuu: literalmente traduce "carne de. El e irukuu forma parte de la organización social wayuu que se rige por un sistema de parentesco matrilineal, es decir, es la madre la que garantiza a través de su descendencia, la continuidad y multiplicación del apüshii (linaje). Los descendientes por la vía materna son considerados como apüshii (familias), éstos a la vez son asociados con la noción de e irukuu. Los e irukuu son considerados totémicos, ya que cada uno de los miembros de un apüshii (familia-linaje) cree provenir de un animal como antecesor común. La cultura wayuu tiene como atributo ancestral un carácter consanguíneo, constituyendo la identidad ancestral un elemento de gran importancia para la identificación de su contexto histórico, representado en el apego a la territorialidad, al modo de vida mítico y cosmogónico. La designación antropológica: clan y linaje, equivalen e irukuu y apüshii. Indica que los clanes wayuu se dividen en linajes, y que éstos representan grupos de familias más pequeños (González Mendoza (2002:12). Entre los e irukuu más representativos en los siglos XIX y XX, figuran: iipuwana (Hipoana)*, Uliana - Wuliana (Huliana), Uraliyuu (Hurariyú), Juusayuu (Jusayú), Ja yaliyuu (Jarariyú), Epiayuu (Epiayú), Püshaina (Pusaina), Aapüshana (Arpusiana), Epinayuu (Epinayú), Sapuwana (Zapoana), cada uno de ellos estaban asentados en diferentes áreas de la península de la Guajira, territorio considerado sagrado; la cultura oral justificaba su ubicación en función de su origen mítico y cosmogónico. *Aparece entre paréntesis la grafía de la época, citada por la historiadora Carmen Laura Paz (wayuu: iipuwana), (2000) ): La Sociedad Wayuu: Identidad y Resistencia (Siglo XVIII Mediados del Siglo XIX. Maracaibo. (Inédito). pp En la escritura wayuunaiki con sus respetivos tótem (t), algunos e irukuu wayuu: wuliana (tótem (t) de los felinos), ja yaliyuu (t. del perro), aapüshana (t. del zamuro), iipuwana (t. del caricare), sapuwana (t. de la cataneja ), juusayuu (t. del "rabipelao"), siijuwana (t. de la avispa ), paüsayuu (t. de la avispa "repelón"), würaliyuu (t. de la serpiente cascabel), jinnuu (t. del zorro), epiayuu (t. de la vaca) y los epinayuu (t. del burro). Véase a Luís Emiro Beltrán würaliyuu y José María González Mendoza (2006): Los e irukuu wayuu., en el programa radial Alatakaa sümuin wayuu, micros radiales intercultural bilingüe-wayuunaki-castellano), radio Fe y Alegría, 850 a.m. 7 En 1872, el general Venancio Pulgar, presidente del estado Zulia, estableció la posición del gobierno en cuanto al trabajo indígena. Argumentaba que la nación, el estado Zulia y los mismos indígenas se beneficiaban del trabajo agrícola. Sostenía que los indígenas sacados de la península de la Guajira se convertían en ciudadanos útiles del estado y de la república. Continuaba manifestando que la economía zuliana, necesitaba de brazos para la agricultura y la ganadería que sufrían notablemente por falta de mano de obra que no podía ser provista por inmigrantes, quienes huían de nuestras costas por su insalubridad. Véase también Peter S. Linder (1987), en Relaciones de producción en las haciendas del Sur del Lago Zuliano, p.207.

14 denuncias sobre las personas e instituciones involucradas en este delito, al igual que se ofrecen los distintos mecanismo utilizados por los wayuu para lograr la liberación de sus familiares. En cuanto a los cambios que experimentó la economía zuliana a finales del siglo XIX e inicios XX como producto del incremento de la actividad agrícola y pecuaria. Situación que produjo la creación y ampliación de unidades de producción agropecuarias con el propósito de garantizar productos agros alimenticios para atender a la creciente población que ingresaba a las áreas de exploración y explotación petrolera. Estas circunstancias acentuaron la necesidad de mano de obra para el campo, lo que profundizó las prácticas esclavistas. En este estudio se respetará la ortografía y la toponimia original que registran las fuentes documentales y mapas del momento histórico abordado con relación a los habitantes de la península de la Guajira. Las fuentes documentales que registran información y datos en relación al objeto del presente trabajo se obtienen con mucha dificultad, lo que representa una debilidad potencial para la consulta de los investigadores. Esta debilidad, se refleja en la escasez de la fuente, de datos estadísticos confiables, carencia de otros análisis referentes al tema abordado y de una estructura física y documental acorde al trabajo del investigador. Después de superar algunos obstáculos para desarrollar la investigación, se localizaron fondos documentales, entre ellos, los existentes en el Archivo Histórico del Estado Zulia (AHZ), mientras que en el plano nacional, se consultaron en el Archivo General de la Nación (AGN) y en el Archivo Central de la Cancillería (ACC), adscrito al Ministerio de Relaciones Exteriores. Es significativo resaltar que en variados repertorios documentales oficiales y particulares, se encuentran diversas formas ortográficas para referirse a los nativos de la Guajira, como ejemplo de ello, aparecen las categorías: goajiros, guaxiros, wajiros, guajiros y aborígenes guajiros. La misma fuente oficial e historiográfica designa ranchería a los caseríos y poblados, y parcialidades para referirse a la agrupación familiar (apüshii) 8, 8 Apüshii: nombre que designa el matrilinaje mínimo. Puede ser apüshii, el parentesco matrilineal. Los descendientes por la vía materna son considerados como apüshii (familias), éstos a la vez son asociados con la noción de e irukuu que literalmente se traduce en "carne

15 casta 9 o clan para denominar el e irukuu y tribu para mencionar a los wayuu. En este estudio se utilizará la categoría wayuu, que en wayuunaiki (idioma de la sociedad wayuu), significa gente, persona, para nominar a los nativos de la península de la Guajira y alijuna 10 para designar a los no indígenas (extranjeros o criollos ), igualmente se utilizaran términos escritos en wayuunaiki (idioma wayuu), con la ortografía oficial del Alfabeto de Lenguas Indígenas de Venezuela (ALIV). Al superar barreras para localizar materiales fundamentales que garantizaran un valor científico al estudio, se realizó la investigación documental para lograr la aproximación teórica del proceso histórico y el uso de la mano de obra indígena wayuu en la estructura agraria zuliana. De la misma forma, se realizaron entrevistas con diferentes personalidades de la sociedad wayuu, como fuente oral, que ofreció distintos testimonios acerca de la participación del trabajador indígena wayuu y su explotación en las unidades de producción agrícola y pecuaria, aspecto que constituye el eje principal del presente estudio. En ese sentido, utilizaremos las categorías: tráfico, venta, peonaje y esclavitud de indígenas wayuu, con el interés investigar el trabajo de, constituyendo la identidad ancestral un elemento de gran importancia para la identificación de su contexto histórico, representado en el apego a la territorialidad y de su modo de vida mítico y cosmogónico. Fundado sobre el principio de filiación, este grupo está teóricamente disperso. Sin embargo, está formado alrededor de nudo constituido por la familia extendida matrilocal que comprende las familias nucleares de las hermanas casadas, de sus madres y sus hijos, solteros si se trata de varones. El matrilinaje màximo es la mayor unidad política y jurídica de la sociedad wayuu. Su importancia es proporcional al número de riqueza de sus miembros, así como el prestigio de su alaüla (jefe). Alaüla significa en principio tío materno o anciano-viejo. El matrilinaje mínimo, cuyas funciones son a pequeña escala-, comparables a aquellos del matrilinaje máximo. Véase Michel Perrin (1993). En Camino de los indios muertos. p Casta. Según el DRAE: (Der. del gót. kastan; cf. ingl. cast). f. Ascendencia o linaje. Se usa también referido a los irracionales. 2. En la India, grupo social de una unidad étnica mayor que se diferencia por su rango, que impone la endogamia en el cual la pertenencia es un derecho de nacimiento. 3. En otras sociedades, grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc. 4. Especie o calidad de algo. 5. Zool. En una sociedad animal, conjunto de individuos especializados por su estructura o función. Se usa en especial referido a los insectos sociales, como la obrera en una colmena. V. perro de ~ 10. Alijuna: nombre dado por el pueblo wayuu a toda persona no indígena. Venezolano (criollo) y extranjeros de cualquier origen o nacionalidad. Esta categoría se utiliza después del contacto con los hispanos; en sus inicios y posterior evolución lingüística, proviene de Ai y Ali que tiene varias acepciones: Dolor, pasión, noche, yuca, etc. y juna: Deriva del verbo ajunaa: lanzar; con ambas palabras se construyó esta denominación al atribuirse por parte de los wayuu, la palabra aijunain y con el tiempo alijunain y alijuna que traducen: persona de dolorosa y recia pegada. (Pocaterra Aapüshana (2001) y Püshaina Juan Leoncio Pocaterra Wuliana (2000).

16 forzado y sus prácticas como continuidad de relaciones de tipo esclavistas, aún cuando existían en Venezuela disposiciones legales que prohibían su práctica y desarrollo. Desde 1854 se puso en vigencia La Ley de Liberación de Esclavos, cuyo artículo primero enuncia la abolición para siempre de la esclavitud en Venezuela 11. Sin embargo, el Estado no garantizó seguridad social para los descendientes de africanos en situación de manumisión, convirtiendo en letra muerta la legislación relativa a la abolición de la esclavitud. Para la historiadora zuliana Marisol Rodríguez Arrieta, el problema de la esclavitud y los efectos de su definitiva abolición sólo se puede entender en la medida que se abordan como parte de un proceso histórico en la mediana y larga duración. Las consecuencias de la prohibición del tráfico de esclavos y de las leyes de manumisión, se habían hecho sentir en la sociedad venezolana durante las primeras décadas del siglo XIX (2001: 129) Con el decreto del Congreso de la República del 24 de marzo de 1854, el gobierno declaró la total prohibición del comercio de esclavos y como acatamiento de la legislación el Estado venezolano asumía el pago de indemnización a los dueños de esclavos. Los registros históricos regionales y locales, localizados en el Archivo Histórico del estado Zulia (AHZ), indican que la esclavitud no sólo afectaba a los negros africanos, igualmente la población indígena wayuu para finales del siglo XIX, en calidad de jornaleros, peones y sirvientes se encontraba sometida a régimen de trabajo que poco difería de la esclavitud. Políticamente, la esclavitud en territorio venezolano, estaba prohibida, sin embargo, económicamente los antiguos esclavos continuaban subyugados. El Estado Federal ( ), que consideraba la justicia para todos por igual, no hizo nada por ellos, lo que permitió un comercio ilícito con 11 Ley de Liberación de los Esclavos, promulgada el 24 de marzo de 1854, derogando la Ley del 28 de abril de 1848, sobre manumisión y el Decreto del 15 de mayo de 1852 que destina el 10 por ciento al pago de lo que las rentas nacionales adeudan a las provinciales. En La Esclavitud en Venezuela, en proceso de su abolición y las personalidades de sus decisivos propulsores José Gregorio Monagas y Simón Planas, autor R.A. Rondón Márquez (1954). Obra que declara la abolición de la Esclavitud en Venezuela. p.p

17 indígenas. Frente a las acusaciones que se les imputaban a los traficantes de indígenas, aparece una comunicación del Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela, fechada en Caracas, el 20 de abril de 1869, dirigida al ciudadano Ministro del Interior y Justicia, con la denuncia que en el Zulia se importan y venden esclavos indígenas de la Guajira. El ejecutivo ha dispuesto se abra una investigación severa como corresponde en caso de tan grave naturaleza, para procurar descubrir y, si resulta cierto, castigar debidamente el odioso crimen de la esclavitud 12. La violación de ordenamientos jurídicos relativos a la protección de los derechos culturales, lingüísticos, económicos, religiosos y de organización socio-política de los indígenas, es una constante desde 1854 hasta nuestros días. Esta situación plantea varias interrogantes, entre ellas, Qué consecuencias socio-económicas y culturales generó en la sociedad wayuu la trata y la esclavitud?, Hasta qué punto la trata y el trabajo forzado en las unidades de producción agrícolas y pecuarias, fuera de la península de la Guajira desestabilizó a la sociedad wayuu?, Cuál fue el impacto de la medida de esclavitud wayuu en la economía del Zulia?. Ante estas interrogantes, se requiere precisar las formas y maneras cómo la clase política y económica, utilizaba estrategias para violar la legislación en materia de prohibición de la esclavitud en Venezuela. Las constituciones nacionales, La Ley de Abolición de la Esclavitud (1854), además de otras leyes, decretos, resoluciones, códigos e instrumentos jurídicos se convirtieron en declaraciones legislativas y gubernamentales de buenas intenciones, por cuanto la esclavitud continuaba funcionando a través de la renta-trabajo y la renta-especie y nuevas modalidades de endeudamiento y sujeción que prolongan el sistema de peonaje hasta las primeras décadas del siglo veinte venezolano (Brito Figueroa, 1986:25). Desde el año 1810 en el territorio de la Capitanía General de Venezuela, las autoridades provinciales 12 Expediente Contra la trata de indígenas goajiros en el Zulia, comunicación del Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, doctor J.P.Rojas Paúl, dirigida al Ministro del Interior y Justicia. Caracas, 20 de abril de 1869, en Fuero Indígena Venezolano, autor Fray Cesáreo de Armellada, 1977:

18 instrumentaron acciones con el objetivo de eliminar la institución esclavista de manera gradual. Para la segunda mitad del siglo XIX en el Zulia 13, el sistema de peonaje y servidumbre forzada domina la movilidad social de una minoría de indígenas wayuu. Estos eran trasladados desde la Península de la Guajira por vías terrestre y lacustre hasta las unidades de producciones agrícolas y pecuarias zulianas, conocidas como fincas, haciendas, hatos, materas, rosas, haticos y plantaciones ubicadas en los cantones Maracaibo, Altagracia, Gibraltar, Zulia y Perijá. Irene Álvarez de Barboza, considera que en estos cantones, los cultivos como la ganadería, van a tener la misma importancia, porque ambas actividades generaron una producción que tenía valor tanto para la exportación como para el consumo interno (1991: 44). Con el propósito de aportar nuevas interpretaciones en relación al proceso histórico indígena, se hace necesario entender que los Estados Unidos de Venezuela de la segunda mitad del siglo XIX permanecía en una especie de desequilibrio e inestabilidad política y social como consecuencia de las luchas por el poder, evidenciadas en la guerra federal, que culminó en 1863 al instaurarse el gobierno liderado por el general por Juan Crisóstomo Falcón. La presidencia de Falcón, fue depuesta por el militar y político José Tadeo Monagas ( ), quien apoyado por los curazoleños, encabezó la denominada Revolución de Abril (Urdaneta, 1992:58). Las continuas autoridades y movimientos políticos y económicos que accedían al poder, perturbaban el estamento legislativo y el funcionamiento de los organismos institucionales facultados para asuntos indígenas en el país. Desde el punto de vista político-militar, el Zulia no se involucra directamente en la guerra federal, sin embargo, se identificó como un Estado beligerante, pero si bien no fue teatro de enfrentamientos armados si estuvo vigilante para la defensa de sus Cantones y Parroquias y preparado para el 13 El territorio del estado Zulia es el comprendido entre los límites de la antigua provincia de Maracaibo, conforme a la Ley de División Territorial del 28 de abril de 1856, según el artículo 3 de la constitución del estado Zulia, vigente desde 1 de octubre de Véase Juan Bessón (1949). Historia del Zulia, tomo III, pp

19 auxilio y refuerzo militar a otras provincias como Coro y Trujillo (Parra Grazzina, 1994: 53). Con el triunfo de los líderes de la Revolución Azul, el general Venancio Pulgar, asume el 7 de diciembre de 1870 la presidencia del estado soberano del Zulia. Y una vez que asume el poder inicia una política de gobierno orientada a reorganizar la administración pública. Esto le garantizó hacerse de recursos para mantener el orden y beneficiarse en lo personal 14. Entre 1880 y 1892 se percibe el deterioro y la decadencia del sistema político venezolano, que no fue capaz de consolidar un proceso democrático, imponiéndose el caudillismo y la política personalista. El discurso político liberal y sus instituciones republicanas no habían logrado superar las contradicciones sociales heredadas de la colonia. La mayoría del pueblo no había recibido los beneficios socioeconómicos promovidos por las autoridades del momento. Los indígenas que subsistían en el territorio nacional se les consideraban bárbaros e incivilizados. El Estado venezolano no había logrado desarrollar una política de gobierno que alcanzara una adecuada integración de las sociedades originarias o grupos sociales a la sociedad mayoritaria venezolana, conservando sus identidades culturales y lingüísticas. El Zulia es una región con una significativa población originaria indígena dedicada a la caza, pesca, artesanía, agricultura y cría de ganado, ubicada en las áreas adyacentes al lago de Maracaibo y en la Península de la Guajira; tal como lo registra el etnólogo Miguel Acosta Saignes 15 al distinguir el área de la Guajira y del lago de Maracaibo, en la que aparecieron sólo grupos de 14 Sobre la actuación de Venancio Pulgar como presidente del Estado Soberano del Zulia en esté período, la historiadora zuliana Arlene Urdaneta Quintero (1992), presenta un detallado estudio en la obra El Zulia en el Septenio de Guzmán Blanco. pp Desde el punto de vista de la agrupación lingüística, el etnólogo Miguel Acosta Saignes distinguió 10 áreas que aquí se resumen: área de la costa caribe, desde Paria hasta Borburata, comprende tres subáreas: de los cumanagotos, los palenques y los caracas; área de los ciparicotos, que aparecen como una inclusión entre pueblos caquetíos; área de los arawakos occidentales, comprende los caquetíos (estados de Falcón, Lara y Yaracuy, y los llanos de Apure); área de los jirajaras, comprende a los jirajaras, ayamanes, axaguas y gayones; área de La Guajira y del lago de Maracaibo, en la que aparecieron sólo grupos de cazadoresrecolectores y pescadores en el siglo XVI; área de los caribes occidentales, comprende a los pemones, bobures y motilones; área de los Andes venezolanos, comprende a los timotocuicas; área de los recolectores, incluye a los actuales guaraúnos del delta del Orinoco y a los cazadores-recolectores y pescadores de Los Llanos hasta los estados de Portuguesa y Lara; área de los otomacos, incluye a los otomacos, guamos, taparitas y yaruros; área de Guayana, engloba todo el territorio al sur del Orinoco.

20 cazadores-recolectores y pescadores en el siglo XVI; mientras que para finales del siglo XVIII esta zona nor-occidental de Venezuela estaba ocupada por diecisiete naciones indias (Jahn, 1973:125), pertenecientes a las familias lingüísticas caribe, chibcha y arawak 16. La familia arawak que se radicó en la península de la Guajira desarrolló contactos con el hombre no indígena (alijuna), por cuanto desde el segundo cuarto del siglo XVII, Holanda, Francia, Inglaterra y con posterioridad Dinamarca, ocuparon permanentemente algunos territorios en Hispanoamérica que España tenía en relativo abandono, ya porque fueran terrenos inhóspitos o estériles, o por que sus belicosos habitantes no los dejaban poblar (Polo, 2005:27), como fue el caso de la Guajira, donde sus pobladores enfrentaron toda clase de penetración colonizadora. Sin embargo, lograron entablar relaciones de intercambio comercial con Holanda, Francia, Inglaterra y las Islas de Caribe, enfrentado a las autoridades monárquicas durante el siglo XVIII, quienes según Carmen Laura Paz, para contrarrestar las pretensiones de avance y conquista por parte de los españoles en la península de la Guajira, se valieron de las armas y otros elementos bélicos, muchos de ellos suministrados por ingleses y españoles 17. Desde la Guajira se desarrollaba un intenso comercio ilegal de importación y exportación hacia Curazao, controlado por los holandeses y Jamaiquino convertido en gran depósito de productos ingleses en busca de oportunidades de venta. Rumbo a Jamaica fueron llevadas las mulas criadas en la Guajira, las perlas y los esclavos indígenas wayuu capturados en la Península. Tal actividad requirió el envío de emisarios comerciales desde y hacia Riohacha (Polo, 2005:29). Acciones comerciales realizadas sin interrupciones desde fines del siglo XVII bajo las formas de comercio lícito e 16 En la distribución geográfica al norte del Zulia se ubica la cordillera de Los Andes, territorio de las sociedades originarias (indígenas) timotes y cuicas. Como vecinos más cercanos al oeste la sierra de Perijá, hábitat de las sociedades (originarias) indígenas barí (raíz lingüística chibcha), japreria (raíz lingüística caribe) y yukpa (raíz lingüística caribe), extendiéndose dicho territorio hasta los Montes de Oca. 17 Identidad y resistencia de los wayuu ante el Estado español y Republicano. Carmen Laura Paz Reverol y otros (2005). En Antropología, Cultural e Identidad. p Ediluz.

21 ilícito, según denominación dada por la administración colonial al comercio de contrabando (Socorro,1982:10). Entre 1890 y 1930 el sistema de trabajo forzado para los indígenas wayuu en el sur del Lago de Maracaibo y sierra de Perijá se mantuvo vigente. Para el historiador zuliano Rutilio Ortega González en la obra El Zulia en el siglo XIX (1991), el dominio del terrateniente abarcaba incluso a la persona física. Castigos corporales infligidos a los peones de las haciendas de Perijá y otras zonas agrícolas de la cuenca del Lago, castigos entre los que se contaba el uso del cepo (1991:37). De allí que puede observarse la existencia de formas de peonaje que escondía la explotación de la mano de obra mestiza e indígena wayuu, por cuanto ningún peón podía separarse de la hacienda o campo en que trabaja ni aún en los días feriados, sin permiso del dueño. Se le controla toda libertad de traslado (Cunil, 1987, II: 1194). que: Jesús Mújica Rojas en la obra La Cerámica Guajira (1996), expone El wayuu es sacado de su medio físico y espiritual, vendido como esclavo a los hacendados. La esclavitud además de explotar al máximo al ser humano, lleva implícita la degradación, la sumisión, la violación de los Derechos Humanos del individuo. De ser libre para ser una cosa. Los efectos psicológicos de los individuos son irreversibles. La tradición oral de los wayuu nos habla de los suicidios provocados por la situación de la esclavitud; los paisanos desesperados se ahogaban en el mar o en el Lago. Otros lo hacían sumergiendo sus cabezas en taparas llenas de agua (1996: ). Ante la carencia de estudios históricos sistemáticos sobre el tráfico, venta y la esclavitud de indígenas wayuu en la historiografía regional y nacional, se presenta esta propuesta de estudio para la reconstrucción sociohistórica de la problemática señalada y sus implicaciones en el modo de vida indígena wayuu. Se parte del fundamento teórico de Michel Gutelman, que analiza la noción de la estructura agraria como un conjunto de relaciones de fuerza, que tienen como objeto central la tierra, y como finalidad la captación de una parte del producto social (1974:21). Dentro de esta vía de relaciones, con rasgos capitalistas, aparecen relaciones de dependencia de la mano de obra

22 que impiden su libre circulación y su libre incorporación en el mercado de trabajo, así como relaciones de semi-esclavitud, que depende de la fuerza de trabajo indígena. En el abordaje de este tema, analizaremos los aportes historiográficos, antropológicos y etnológicos referidos al tráfico, venta y esclavitud wayuu y la afro venezolana en Venezuela a finales del siglo XIX y principios del XX. Cronológicamente encontramos estudios parciales referidos a la esclavitud indígena en Venezuela, entre los cuales destacan: Las Perlas del Caribe: Nueva Cádiz de Cubagua (1977), escrita por Enrique Otte, obra en la cual el autor analiza el problema de la esclavitud de indígenas desde la perspectiva económica. argumentando que el origen de Nueva Cádiz de Cubagua proviene de los intentos de colonización impulsados por Fernando el Católico, a partir de 1504; y alcanza su máximo apogeo económico y urbano entre 1530 y 1535, bajo el reinado de Carlos V. Otro título referido a la esclavitud indígena, es: El Régimen de la Encomienda en Venezuela (1979) de Eduardo Arcila Farías. En esta obra el autor aporta información general sobre la esclavitud indígena, al afirmar que fue una política vandálica que estuvo a punto de producir el total exterminio de la población indígena de las costas venezolanas. Un punto aparte merece el estudio La Esclavitud Indígena de Venezuela (Siglo XVI )(1986), de Morella A. Jiménez Grazzina. Dicho estudio constituye el primer aporte historiográfico sobre tráfico de indígenas en Venezuela y la legalización de la esclavitud por justa guerra. Además de las tres modalidades de esclavitud legal que se instituyeron en Venezuela, dejando por sentado que también las formas ilegales fueron ampliamente establecidas. Haciendo un balance historiográfico regional, se detecta que no existe ningún estudio detallado sobre la esclavitud indígena wayuu. Sólo referencias generales hechas por los historiadores zulianos, Irene Álvarez de Barboza en el trabajo de grado titulado Unidades de producción y mano de obra en la Hoy Región Zuliana, (1984); Marisol Rodríguez Arrieta en Manumisión y Abolición en la Provincia de Maracaibo, (2001);

23 Álida Chirinos Leal en La esclavitud en la Provincia de Maracaibo (1991); Arlene Urdaneta Quintero en El Zulia en el septenio de Guzmán Blanco (1992); Rutilio Ortega González en El Zulia en el siglo XIX (1991) y Carmen Laura Paz Reverol en La Sociedad Wayuu: Identidad y Resistencia. Siglo XVII mediados del siglo XIX (2000). Un trabajo que también merece ser incluido como estudio zuliano, por que fue realizado con fuentes documentales existentes en el Archivo Histórico del Zulia (AHZ), es el correspondiente al historiador norteamericano Peter S. Linder (1999). An Immoral Speculatión: Indian Forced Labor On The haciendas of Venezuela s sur del Lago zuliano, (1999). El autor considera que el estilo de servidumbre practicada entre los guajiros eran en cierta forma analógica al sistema de esclavitud muy común en África, previo al desarrollo del comercio de esclavos (Linder, 1999:194), igualmente, el estudio ofrece denuncias sobre la situación de los indígenas wayuu que llegaron al sur del Lago de Maracaibo y la explotación de su fuerza de trabajo como una especulación inmoral. Por su parte, la historiadora wayuu Carmen Laura Paz Reverol iipuana, en su investigación titulada La Sociedad wayuu: Identidad y Resistencia (Siglo XVIII mediados del Siglo XIX 18, al referirse a la problemática sobre el tráfico y esclavitud indígena, considera que el hombre wayuu fue utilizado como fuerza de trabajo, bajo la denominación de esclavitud o contrato, en unidades de producción, ganaderas o azucareras, a pesar de existir una legislación sobre su prohibición: El contrato personal era regulado por el Comandante de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica, quien debía evitar los abusos o la relaciones de esclavitud disfrazada (Paz,2000:281). Durante la segunda mitad del siglo XIX la economía agrícola zuliana se alimentaba del trabajo productivo del hombre wayuu, sin la remuneración adecuada por sus servicios. En la actividad de la agricultura fue requerida la mano de obra indígena de la Guajira, quienes habían adoptado el régimen de Reducción y Civilización se insertaban como trabajadores en estas labores, 18 Trabajo Especial de Grado para optar al título de Magíster Scientiarum en Historia de Venezuela en la División de Estudios para Graduado de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia. Maracaibo. (Inédito).2000: pp

24 pero igual propició otras formas de opresión en consonancia con el sistema de manumisión y esclavitud (Paz, 2000: ). De acuerdo al historiador norteamericano Peter S. Linder, en su estudio Relaciones de producción en las haciendas del sur del Lago Zuliano ( ), el comercio esclavista practicado con los indígenas wayuu, a fines de siglo XIX e inicios del XX constituyó un ciclo provocado por la falta de fuerza de trabajo, por cuanto los hacendados del sur del lago zuliano dependían de obreros agrícolas importados de otras localidades. En este caso la población indígena de la península de la Guajira trabajaba como esclavos agrícolas (1987:286). El antropólogo y etnólogo venezolano Alfredo Jahn 19, al hacer referencia directa sobre la venta de indígenas wayuu, que algunos hombres de Sinamaica, extraños a los estímulos del honor que engendra las buenas acciones, en alianza con la autoridad militar asaltan, con todas las circunstancias de un carnaje bárbaro, rancherías de indios pacíficos e indefensos para hacerlos prisioneros y convertirlos en esclavos que luego venden en el mercado público de Maracaibo al mejor postor (1973:153). Las crónicas de finales del siglo XIX dan cuenta que en la Guajira la mayoría de población nativa, estaba dedicada a la siembra de wuirü (auyama), maiki (maíz), ai (yuca), kepeshuuna (frijoles), meruuna (melones) y kalapaasü (patillas), en tierras de uso común para la subsistencia familiar; además de la chime e (cría) de mürülü (ganado), ama (caballos), püliiku (burros), anneerü (carneros) y kaliina (gallinas), asimismo a la producción manual de keesü (queso), süi (chinchorros) y chirinchi (aguardiente), la explotación y comercialización de ai (sal), ekimejaala (pesca) y al buceo y la captura de perlas en las costas de la península; actividades productivas que en su momento, garantizaba en menor escala, un cerrado intercambio económico y y 19 Alfredo Jahn (1973), en la obra Los aborígenes del occidente de Venezuela. Un informe (que reproduce en parte), enviado por Sebastián Faria, Gobernador del Territorio Federal de la Guajira de fecha 24 de junio de 1880 al Ministerio de Relaciones Interiores. p.153.

25 productivo licito e ilícito con las Antillas menores, Holanda, Francia, Inglaterra, Dinamarca, Estados Unidos, España, Colombia y Venezuela. En la península de la Guajira, paralelamente una minoría de nativos, en estado de pobreza, ante el avasallante crecimiento económico de algunos e irukuu wayuu, se convirtieron en a yataalii (obreros), achepchiia (sirvientes) y piuunairua (esclavos), en la misma Guajira, mientras que otros, fueron sometidos violentamente a un proceso de emigración hacia zonas de producción agrícolas y pecuarias del sur del Lago de Maracaibo y en las riberas de la sierra de Perijá del estado Zulia. Esta investigación, presenta en tres capítulos, una reflexión desde el punto de vista histórico, sustentada en la documentación revisada, principalmente en fuentes oficiales localizadas en archivos regionales y nacionales, que presentan una visión aproximada de la sociedad wayuu y su interacción con el resto de la sociedad venezolana y colombiana. De igual manera, se utilizará la observación directa de la sociedad wayuu, a través de la oralidad, tomando en cuenta que las sociedades indígenas son de tradición cultural ágrafa 20. El capítulo uno propone una aproximación en la larga duración acerca de la identidad socio-cultural, modos de vida y lingüística originaria wayuu. Su resistencia y defensa por su autonomía territorial, en el marco de su participación en la construcción del Estado republicano. En el capítulo dos, se analizarán los antecedentes, legislaciones y demás leyes que tiene que ver con la prohibición del tráfico, venta y esclavitud indígena wayuu desde inicios de la vida republicana en Venezuela. Además de las implicaciones socio-económicas y políticas que incidieron en el comportamiento colectivo y los factores que garantizaron la permanencia y autonomía ancestral wayuu. Incluyendo los esfuerzos del gobierno venezolano para impedir el comercio esclavista indígena en el Zulia. 20 Un rango típico y especial de la tradición oral wayuu es que en ella se incluyen cambios y novedades, sin problemas algunos. Así por ejemplo, desde finales del siglo XX, comenzó a utilizarse la escritura del wayuunaiki, como idioma de la sociedad wayuu, utilizando el Alfabeto de Lenguas Indígenas de Venezuela (ALIV).

26 El capítulo tres examina la participación laboral de los trabajadores wayuu en las unidades de producción agrícolas y pecuarias del sur del Lago de Maracaibo. Del mismo modo las relaciones entre capital y proceso productivo agropecuario zuliano y las estrategias de la élite local y regional para el control de la producción y comercialización de productos del campo zuliano con la efectiva participación de indígenas wayuu. Un punto importante a considerar es que, en este trabajo no se agotan todas las fuentes documentales, ni orales existentes; se analizaron los factores socio-culturales, políticos, económicos y lingüísticos, que incidieron en el surgimiento del tráfico, comercialización y trabajo forzado de indígenas wayuu con fines esclavistas en las unidades de producción agrícolas y pecuarias del estado Zulia, en el período comprendido entre 1890 y Esta investigación ha sido posible gracias al apoyo institucional del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CONDES) de la Universidad del Zulia (LUZ), a través de la línea de Investigación Formación del Estado Nacional en Venezuela y del programa de investigación: Localidades y regiones históricas en la construcción del Estado Nacional en Venezuela ; bajo la responsabilidad del historiador zuliano, doctor Germán Cardozo Galué, al cual expreso mi agradecimiento e igualmente mi reconocimiento a las oportunas asesorias científicas, orientaciones y paciencia a mi tutora doctora Arlene Urdaneta Quintero, así como también, los acertados consejos académicos de la Mg.Sc. Carmen Laura Paz iipuana, de las doctoras Nevi Ortín de Medina e ileana Parra Grazzina. De igual manera, al Lcdo. Hernando Viloria, por su valioso y decidido apoyo en la recolección y trascripción de los documentos que soportan el presente estudio. A mis hermanos wayuu abogada Edixa Elena Montiel Ja yaliyuu, Mg.Sc. Josè Ángel Fernández Wuliana y Lcdo. Luís Emiro Beltrán Wuraliyuu por sus recomendaciones académicas. A mis compañeros (as) del Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia, por su interés en el tema estudiado y sus oportunas sugerencias.

27 CAPITULO I Los wayuu: Territorialidad, resistencia y esclavitud

28 La oralidad wayuu da cuenta que las primeras manifestaciones de resistencia ante el alijuna. Se producen desde el mismo momento en que las embarcaciones de bandera europea llegaban a las costas guajiras. CAPITULO I Los wayuu: territorialidad, resistencia y esclavitud U na mayor compresión de la esclavitud de los wayuu 21 a fines del siglo XIX requiere considerar las singularidades del relacionamiento con los alijuna 22 europeos. Para ambas culturas enfrentadas, las acciones eran legítimas, para unos la defensa de su territorio como derecho sagrado, para otros el derecho de dominio del conquistador. En la larga duración este relacionamiento generó una apreciación del alijuna hacía el wayuu que legitimaba a su vez el derecho a esclavizarlo. En este escenario algunas prácticas bárbaras indígenas respaldaban estas acciones, como el tráfico y venta de algunos de sus miembros por parte de nativos, convertidos en comerciantes. Un mar abierto frente a las extensas costas de la Guajira y la posibilidad de realizar intercambios de productos y mercaderías con el alijuna criollos venezolanos o de otras nacionalidades favorecieron el relacionamiento preliminar de los wayuu con el alijuna en la península de la Guajira 23. Durante décadas la nación wayuu se resistió a cualquier forma de penetración en su territorio ancestral. Considerado sagrado y garante de su hábitat y modo de vida. Las singularidades de la resistencia wayuu y de las modalidades de su participación en los Estados monárquico y republicano sólo se explican al 22 Ver Introducción a este estudio. p En el orden orográfico, casi toda la península de la Guajira es del tipo calcárea, sus costas bajas y arenosas, sobre el mar Caribe o mar de las Antillas. Existen derivaciones montañosas por el sur, que se prolongan hacia el este en los Montes de Oca, una sierra fronteriza que constituye el límite septentrional de la cordillera de Perijá, y una ramificación de la cordillera Oriental. Al norte de la península de la Guajira se encuentra Punta Gallinas, al oeste el Cabo de la Vela, y al este el Golfo de Venezuela, al sur se extiende a la Sierra Nevada de Santa Marta.

29 considerar la dinámica de su proceso histórico desde inicio de la presencia europea en el territorio de la Guajira. Hermann González Oropeza y Manuel Alberto Donis Ríos (1989) en la obra Historia de las Fronteras de Venezuela, advierten que en el caso concreto de la Guajira, se plantea una situación que lleva consigo variables cargadas de peligrosidad. La Guajira se encuentra ubicada frente a un mar con cercanas posesiones de otras potencias europeas, y por tantos sus playas estaban abiertas a una acción foránea que va desde la amenaza de ocupación territorial, hasta la infiltración incontrolada de hombres, armas y mercaderías, fuera de las leyes y control del Estado español (1989: 21). El mar Caribe garantizaba la subsistencia de los wayuu en suelo peninsular y de acuerdo con los arqueólogos venezolanos Mario Sanoja e Iraida Vargas, en la obra Antiguas formaciones y modos de producción venezolanos, los Goajiros constituían hacía el siglo XVI una unidad de cazadores y pescadores muy expertos y belicosos, los cuales mediante los repetidos asaltos efectuados a los establecimientos europeos fundados para la explotación de perlas, comenzaron a acumular desde 1550, una riqueza relativamente grande de ganado vacuno (1974,204). En consecuencia, la comunidad wayuu derivó en una especie de sociedad pastoril que, a diferencia de lo que ocurrió en las sabanas del centro de Venezuela, se desarrolló de manera original, independiente del dominio económico del encomendero español, reteniendo muchos de sus caracteres nomádicos ancestrales (1974,204). La oralidad wayuu da cuenta que las primeras manifestaciones de resistencia a la penetración de aquellos extraños alijuna a la península de la Guajira 24 se producen desde el mismo momento en que las embarcaciones de 24 Península situada en el extremo noroeste de América del Sur, sobre el mar Caribe o mar de las Antillas. Se origina en los Montes de Oca, una sierra fronteriza entre los países de Colombia y Venezuela que constituye el límite septentrional de la cordillera de Perijá, una ramificación de la cordillera Oriental. Estas derivaciones montañosas penetran por el sur de la península y se prolongan hacia el este. Al norte de la península de la Guajira se encuentra Punta Gallinas, al oeste la bahía de Manaure y el Cabo de la Vela, y al este la ensenada de Calabozo en el Golfo de Venezuela. La región es relativamente llana, aunque cuenta con varios

30 bandera europea llegaban a las costas guajiras. Los wayuu ejerciendo soberanía y demostrando gran destreza en el uso del arco y la flecha para la caza, utilizaron éstas para defender su territorio ancestral y así impidieron la entrada a las costas de la península de la Guajira de expediciones de españoles; la confrontación generaba muertos y heridos en ambos bandos. Tras aniquilar a los invasores y herir con arcos y flechas a otros, obligaban la retirada de los intrusos, quienes regresaban a las embarcaciones y de inmediato abandonaban el territorio guajiro Resistencia y primeras estrategias de dominación. Durante un largo período, que abarca desde el siglo XVI hasta el XVIII, la resistencia de los nativos fue persistente ante la tenaz intención de ingreso a su territorio ancestral de los llamados conquistadores, interesados en los diversos atractivos económicos, políticos y geográficos que garantizaba la península de la Guajira. Algunos de tales atractivos se mantuvieron vigentes a lo largo del siglo XVI como la explotación de los bancos perlíferos (Guerra, 1993:53), como producto de la caída de los ostrales en Nueva Cádiz de Cubagua, isla situada en el mar Caribe frente a las costas del estado Sucre en Venezuela, donde a partir de 1501, se había iniciado la explotación de perlas, utilizando como buzos a esclavos aborígenes venezolanos y negros africanos que se sumergían hasta 12 metros de profundidad. La Isla de Nueva Cádiz de Cubagua, durante el año 1539, fue abandonada y, mientras que en 1541, desapareció como producto de un maremoto. Los wayuu originariamente cazadores, recolectores y pescadores marinos al convertirse en una sociedad pastoril, alrededor de los siglos XVII y XVIII, desarrollan igualmente una personalidad belicosa y violenta, integrada en base a sus propios valores y tradiciones culturales, cerrada a todo extranjero o alijuna. Para aquel entonces, la estructura política y social de los goajiros, existía sin la interferencia de los criollos (Sanoja y Vargas, 1974:256). No obstante, para garantizar su estabilidad y autonomía política y económica los accidentes orográficos de poca altitud como son las elevaciones de Macuira, Jalala y Cocinas. Véase a Weilder Guerra Cúrvelo en el poblamiento del Territorio. 1993, p.56.

31 wayuu aceptaron selectivamente el proceso de transculturación post-colonial tomando de la cultura hispánica y luego de los criollos (alijuna), aquellos elementos tecnológicos que les permitían explotar mejor los recursos naturales que ofrecía el desértico territorio de la península y que al mismo tiempo reforzaban las posibilidades de defender y mantener su integridad como grupo cultural independiente (Sanoja y Vargas,1974:256). Para la historiografía colombiana, a finales del siglo XVI los wayuu se hallaban habitando la península de la Guajira; conjuntamente con los macuira, anates, cocinas 25 o tiznados (utilizaban pintura facial), guanebucanes (orfebres), cuanaos y eneales. Al mismo tiempo, el territorio de la Guajira fue disputado entre las gobernaciones de las provincias de Santa Marta y Venezuela por las riquezas perlíferas, existentes en las costas marítimas y la potencialidad agrícola de sus tierras. El territorio colombiano en la península de la Guajira perteneció administrativamente a la provincia del Magdalena hasta 1871, año en el que se transformó en territorio nacional. En 1898, se creó la intendencia de la Guajira y, en 1911, la comisaría especial de la Guajira, con capital en Guaraguarí; mientras el espacio correspondiente al territorio venezolano en la Guajira administrativamente estaba vinculado con la provincia de Maracaibo. Los nativos de la Guajira firmemente se sublevaron a las tentativas del imperio Español, de controlar el territorio peninsular, practicando persistentes 25 Cocina o kusina: grupo social indígena habitante de la península de la Guajira. Identificados por Sanoja y Vargas, citando a Loukoka como indígenas de filiación lingüística arawak (p.204). Los cocina, sector marginal de la comunidad indígena, quienes no se dedicaban al comercio y subsistían gracias a las prácticas de ciertas acciones perjudiciales para los pobladores y para los mismos wayuu (Carmen Laura Paz, 2001, p. 400). En relación a los indígenas denominados cocinas, el historiador José de Oviedo y Baños, en la obra Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela (2004), refiere que la expedición española integrada por Cristóbal Guerra, prosiguiendo viaje por las costas abajo hacia el poniente, descubrieron unas playas, habitadas de más de dos mil indios, que armados de arcos y flechas, manifestaban, en su modo, el poco deseo, que tenían de admitir en sus tierras gente extraña. Considera el cronista que según el paraje, fueron sin duda alguna los cocinas, gente cruel, bárbara y traidora, que hasta el día de hoy se mantiene con su fiereza incontrastable ocupando la costa, que corre desde Maracaibo al Río de la Hacha. p.26, cap.ii. Por su parte, el antropólogo wayuu Weilder Guerra Cúrvelo (1993), en el ensayo El poblamiento del Territorio, considera que con excepción de los cocina, los gentilicios dados por las fuentes históricas hispanas a los nativos macuira, anates, cocinas, guanebucanes, cuanaos y guanebucanes y eneales, indígenas de la península de la Guajira desaparecen a lo largo del siglo XVII para denominarlos a todos ellos con el término de guajiros. pp

32 acciones de reproches contra el salvajismo de los colonizadores españoles, haciendo frente al proceso de fundación y desarrollo de asentamientos de origen hispanos en las costas marítimas e interior de la península de la Guajira entre 1499 y La primera capitulación dada por el Estado español a un particular que incorpora a la península de la Guajira, fue firmada el ocho de junio de 1501 con el navegante Alonso de Ojeda 27, nombrado también, gobernador de Coquivacoa 28, espacio geoestratégico, rico en bancos de perlas e importante ruta de intercambio comercial entre indígenas wayuu y alijuna. El proyecto encomendado al navegante Alonso de Ojeda, para promover la creación de la Gobernación del Coquivacoa se da en el marco de una política real que apunta a desconocer el poder político concedido al navegante Cristóbal Colón para el Gobierno de las Indias desde la isla Española (Guerra, 1993:54). La compañía comandada por el capitán Alonso de Ojeda, introduce el mürülü (ganado) 29 y paa a (vacuno), ama (caballar), aneerü (ovejuno) y püliikü (asnal); que llegaban a las riberas de la comarca Guajira. Una vez en territorio wayuu, proceden a fundar el dos de marzo de 1501 un fortín militar y el poblado denominado Santa Cruz de Cocinetas, la primera ciudad de origen 26 Weilder Guerra Cúrvelo (1993) El Poblamiento del territorio. En: Vivienda Guajira, p.54. En ese ensayo el autor identifica como Período de contacto inicial al lapso correspondiente a los años de 1499 hasta 1524, basado en el fundamento jurídico de los procesos de poblamiento en la Península de la Guajira a principios del siglo XVI que se afianzaba en las llamadas Capitulaciones. Jurídicamente los establecimientos poblacionales europeos, se sustentaban en contratos entre la corona española y particulares con la finalidad de descubrir y explotar determinado territorio en los que se estipulaban ciertos deberes y derechos por parte del particular. Contratos entre la Corona española y un particular para explorar y explotar riquezas en territorios del nuevo Continente americano. 27 Alonso de Ojeda, navegante y conquistador español, nacido en Cuenca entre 1466 y 1470, fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje. La primera expedición de Ojeda, tras formar sociedad con Juan de la Cosa y Amerigo Vespucci, zarpó del Puerto de Santa María el 18 de mayo de Siguieron la ruta del tercer viaje colombino: Trinidad, Margarita costa de las Perlas, Curaçao y península de Coquibacoa o Guajira. La expedición estaba de regreso en Cádiz un año después y resultó poco rentable. Para una segunda expedición a la misma zona, Ojeda firmó una nueva capitulación con los reyes el 8 de junio de 1501 y fue nombrado gobernador de Coquibacoa. Formó compañía con Juan de Vergara y García de Campos y fletaron cuatro carabelas.. 28 Coquivacoa: significa en lengua caribe tierra donde llueve mucho. 29 Nina S. de Friedemann y Jaime Arocha (1982): En la península de la Guajira, señalan que el ganado se convirtió en el soporte del sistema social y de valores de los wayuu. Vacas, toros, caballos, mulas, cabras, ovejas, se constituyeron en fuentes de riquezas como en la única base de seguridad económica para grupos familiares. El ganado enmarcó el prestigio de los e irukuu (clan) y delineó sus jerarquías. p. 308.

33 hispano en territorio de la península de la Guajira, que por hostilidad de los wayuu, logró una efímera vigencia hasta septiembre de El capitán Alonso de Ojeda, durante su permanencia en las costas de la Guajira, desarrolló actividades de pesquería de perlas reduciendo a los guajiros a esclavitud, luego dados en encomienda a los pobladores de Sinamaica y Río de la Hacha (Riohacha) 31, la violencia del descubridor conquistador originan las continuas rebeliones guajiras contra los españoles de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica y Riohacha (Quintero,1996:55). Esta dinámica de los naturales, entendida como una cualidad de resguardar mecanismos existenciales que se afirmaban en sus prácticas culturales originarias y en la evocación de sus antepasados, impulsó su apego al territorio ancestral. La integración compleja y dinámica de los indígenas wayuu a la red de comercio con ingleses, franceses, alemanes, holandeses, comerciantes lícitos, piratas o traficantes de mar, interesados en las perlas u otros metales preciosos, constituyó un factor de supervivencia y de reafirmación de la identidad; mientras que las fundaciones de poblados de origen hispano en la península de la Guajira, garantizaron una relativa presencia del Estado español. Los exploradores tenían dos opciones enfrentar a los nativos o establecer alianzas con los mismos, pues en la mayoría de los casos fue necesaria la ayuda del aborigen para avanzar en dichos espacios. Según las fuentes històricas la fundación efectiva de asentamientos hispanos fue obstaculizada por la resistencia indígena en defensa de sus territorios y 30 Carmen Paz Reverol (2001), La Sociedad wayuu: Identidad y Resistencia (Siglo XVIII Mediados del Siglo XIX, p Según las crónicas Riohacha se conoce con la toponimia Calancala, Ranchería, Seturma y Nuestra Señora de los Remedios del Río de la Hacha, mientras que para los wayuu es: Süchimma. Riohacha: ciudad y capital del departamento colombiano de La Guajira, situada en la margen occidental de la desembocadura del río Ranchería en el mar Caribe. Se extiende al este de la sierra Nevada de Santa Marta. Véase: Benjamín Ezpeleta Ariza (2000), en La Verdadera Historia de Riohacha, sostiene que. el topónimo Río de la Hacha perdió con los siglos su escritura original. Sufrió lo que en gramática se llama síncopa, metaplasmo que permite la eliminación de letras o sílabas en medio de vocablos. A Río de la Hacha suprimieronsé, por fuerza de la costumbre y por localismo, la preposición y el artículo determinado la, quedando en definitiva Riohacha (p.124). La evidencia histórica radica en que los fundadores designaron su caserío de las márgenes del río Ranchería con el estirado nombre de Nuestra Señora de los remedios de Río de la Hacha, con el correr del tiempo se le quitó lo religioso y sólo subsistió el referente a la corriente de agua. Más tarde el Río de la Hacha, de igual modo, se condensó en Riohacha (p.124). El autor afirma que el alemán Nicolás de Federmánn no fundó a Riohacha. Los auténticos pobladores: los pescadores de perlas de Cubagua, Margarita, Venezuela.

34 cultura. Incluso Maracaibo tuvo que ser fundada tres veces debido a esta causa, una en 1529, otra en 1569 por Alonso Pacheco y en 1574 por Pedro de Maldonado (Paz, 2000:37). Desde los inicios de la llamada conquista y colonización 32, los naturales de la península de la Guajira: wayuu, macuira, anates, cocinas, guanebucanes, cuanaos y eneales, se manifestaron en contra de la política expoliadora llevada a cabo por el imperio español en América. El no admitir establecimientos españoles en la península sobre todo en las últimas décadas del siglo XVII y principios del siglo XVIII -, es un aspecto que caracterizó la defensa del territorio, convirtiendo al poblador autóctono en un guerrero experimentado y victorioso, había demostrado el control de las costas marítimas y fronteras de su territorio ancestral defendidas con marcado éxito. Circunstancias que obligo al Estado español aplicar nuevas estrategias colonizadoras al comprender la fortaleza social de los nativos para defender y afianzar su autonomía y soberanía territorial, aspecto reforzado culturalmente por la continuidad de su patrimonio cosmogónico y lingüístico. Cultura que enfrentaba el: Interés de la Corona por colocar el territorio guajiro bajo su efectiva jurisdicción fundamentada en diversos atractivos económicos, políticos e ideológicos. Por un lado la obtención de tierras fértiles para la expansión de la actividad agropecuaria de los vecinos hispanos como la captura de mano de obra indígena con el fin de destinarlos a los oficios artesanales, las haciendas ganaderas o a simples servicios personales. Por otro lado se pretendía imponer a los indígenas tributación dado que poseían una numerosa ganadería, además buscaba recuperar el control de la explotación de las perlas, convertirlos al cristianismo y poner fin al contrabando (Guerra, 1993:66). 32 El entrecomillado es nuestro para manifestar el desacuerdo con la categoría. Durante la presencia del europeo en este continente se dio una invasión y no una conquista. Proponemos continuar debatiendo acerca de la llamada conquista y descubrimiento por parte del imperio español a partir de 1492 en territorio de Abya Yala. Con el término Abya Yala los indígenas Tule-kuna de Panamá y occidente de Colombia identificaban su territorio ancestral y significa Tierra en plena madurez, Tierra de sangre vital y se utiliza desde el mundo indígena para nombrar a todo el continente de América. Miguel Ángel López Hernández -Malohe (2004). Encuentros en los senderos de Abya Yala. Docutech, Quito, Ecuador. p.4.

35 El comportamiento conflictivo y violento de los wayuu en oposición a la presencia colonizadora en territorio Guajiro se acentuaron en el siglo XVIII por las medidas político-administrativas impuestas por la Corona española. Fueron persistentes los alzamientos armados en la península de la Guajira ante la necesidad de los wayuu de defender su cultura y su territorio (Paz, 2000:35). Asimismo, el sistema de fundaciones en territorio de la Guajira, parte del Imperio español, desde el siglo XVI como proyecto monárquico en todo momento fue objetado por los indígenas wayuu con continuos alzamientos que se sucedieron durante los años 1590, 1623, 1644, 1546, 1727 y 1761 que culminaron en 1769 con un alzamientos general de la nación guajira (Guerra, 1993:66), según las crónicas, los wayuu pobladores de los caseríos de Orino y de Rincón en mayo de 1569, iniciaron el ataque a las haciendas y poblados españoles situados en su territorio, cerca de 60 lugares y haciendas fueron destruidos y más de cien españoles murieron en los encuentros armados. En aquel momento, ya los wayuu utilizaban para su defensa elementos tecnológicos tales como las armas de fuego y los cuchillos de acero (Sanoja y Vargas, 1974:256). Los enfrenamiento entre los representantes del imperio español y los nativos de la península de la Guajira, terminó colocando en peligro la supervivencia de la ciudad de Riohacha, lo que origino la solicitud de refuerzos a Cartagena, Santa Marta, Valle de Upar y Maracaibo (Guerra, 1993:66); como estrategia para garantizar el registro administrativo y controlar el escenario político. En ese sentido, la Corona española a través del Virreinato de Nueva España 33 decide nombrar comandante pacificador de la región al ingeniero militar Antonio de Arévalo 34, con la misión de fundar pueblos en sitios estratégicos de la Guajira, además de aislar a los wayuu del contacto con 33 Virreinato de Nueva España, entidad político-administrativa establecida por los monarcas españoles durante el periodo colonial (inicios del siglo XVI-principios del siglo XIX) en los territorios del actual México (núcleo esencial del virreinato), y que tuvo asimismo jurisdicción sobre algunas zonas actuales del sur estadounidense, el resto de Centroamérica, las islas caribeñas, una porción del norte sudamericano (Venezuela) y sobre las islas Filipinas. 34 Antonio de Arévalo, designado por la Corona Española en 1772, para pacificar la península de la Guajira y fundó varios caseríos, la colonización del territorio fue lenta.

36 los comerciantes alijuna y detener el comercio ilegal practicado en suelo peninsular. Antonio de Arévalo desarrolló la empresa encargada de establecer diversos poblados en la región, tales como San José de Bahía Honda (1772), Santa Ana de Savana del Valle (1776), Pedraza y la Villa de San Bartolomé de Sinamaica (1774), poblaciones de facturación hispana en tierra wayuu. Con excepción de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica, la mayoría de las poblaciones españolas levantadas durante la campaña de Arévalo, desaparecieron en las últimas décadas del siglo XVIII (Guerra, 1993:67), ante la arremetida de los nativos de la península de la Guajira. Considera Guerra Cúrvelo que los ataques de los wayuu en defensa de su territorio se concentraron sobre la Villa de San Bartolomé de Sinamaica y continuaron hasta 1800, año en que se rumoraba que oficiales ingleses se encontraban asesorando a los indígenas en tácticas de guerra regular (1993:67). Para garantizar la protección y resguardo de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica, de sus pobladores alijuna y de las haciendas y hatos vecinos al poblado, el imperio Español decidió en 1792, traspasar la jurisdicción de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica que pertenecía a la gobernación de Riohacha, (provincia de Santa Marta), hacía la gobernación de Maracaibo (provincia de Venezuela). Las potencialidades climáticas y condicionamientos ambientales garantizaban la subsistencia de la comunidad wayuu, que aprovechaba las condiciones geográficas para desarrollar la agricultura, la cría de animales domésticos, complementada con la pesca fluvial y la caza terrestre, factores que garantizaban la permanencia y apego de los wayuu a su territorio ancestral y la defensa de las tierras bajas de la península de la Guajira. Las crónicas de la época indican que Nicolás de Federmánn, administrador colonial alemán 35, llegó en febrero de 1536 a las costas marítimas de la península de la Guajira, procedente de la península de 35 Nicolás de Federmánn, ciudadano de origen alemán que se asoció con la Casa Welser para representar sus intereses en los territorios gobernados por la corona española en Tierra Firme y en especial en la provincia de Venezuela, con la finalidad de explotar sus riquezas y desarrollar poblados.

37 Paraguaná, atravesando tierras de los pueblos de raíz lingüística caribe: caquetío, xagua, xidehara, ayaman, cuiba y gayón. Con la finalidad de explorar los ricos yacimientos perleros existentes frente a la ciudad de Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Cabo de la Vela 36. Esta compaña de explotación perlífera tenía como propósito, dar cumplimiento al contrato establecido con la empresa alemana. Al llegar a las costas guajiras, Federmann y sus tropas colonizadoras encontraron un espléndido paisaje, un firmamento azul intenso y un mar esmeraldino, diáfano y apacible. A pesar de ello, eran hostilizados por los belicosos indios cocina que, a diferencia de los encontrados por Federmann en Venezuela, se consideraban como los guajiros más bravíos, indómitos y antropófagos (Ezpeleta, 2001:61). Para aquel momento - según apunta Ezpeleta Ariza - antes de la llegada de Nicolás de Federmann a la Guajira estuvo en Santo Domingo buscando unos aparatos, en forma de rastrillo, con la finalidad de utilizarlos para sacar masivamente las perlas del fondo del mar en las costas marítimas wayuu. Empresa en la cual el alemán obtuvo un rotundo fracaso. Ante la crisis, Federmann buscó el concurso de los indígenas para bucear las perlas, desafortunadamente con resultados desalentadores para él. Las crónicas registran que al llegar la expedición de Nicolás de Federmann a la Guajira frente al Cabo de la Vela, los indígenas cocina ya sabían que quien comandaba la expedición española un forastero de cabellos y tez rojizos tenía una leyenda negra de crueldad y sevicia. Al conocer sus acciones, lo hostigaron y no accedieron a sus halagos y las dádivas; éste, al ver perdida su causa, utilizó el ardid de enviarles delegados en son de paz, a fin de convencerlos para pescar los moluscos perleros y 36 En 1526, Martín Fernández de Enciso pobló y fundó la ciudad de Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Cabo de la Vela, como capital del territorio. Martín Fernández de Enciso, geógrafo español. Nació en Sevilla. En 1509, estaba asentado en la isla de La Española cuando fue requerido por Alonso de Ojeda para realizar una expedición a Urabá (en la actual Colombia), a cambio de ser nombrado alcalde mayor. Llevó a cabo una expedición al Darién, en uno de cuyos barcos viajaba como polizón Vasco Núñez de Balboa, y fundó Santa María la Antigua del Darién.

38 fundar un poblado en la serranía de Macuira. En las dos ocasiones sus emisarios no salieron con vida: en la primera, los nativos los decapitaron y devolvieron a su jefe cabezas sangrantes; en la segunda, fueron asados en barbacoas y engullidos por los indios respondiéndole, así, al germano el intento de penetrar en sus inviolables territorios (Ezpeleta,2000:62). La estrategia colonizadora, que se intentó con mucha frecuencia para la explotación y consolidación de espacios económicos coloniales en la península de la Guajira, encontró en reiteradas ocasiones una fuerte negativa por parte de los nativos. Es así como las políticas de poblamiento contenidas en las expediciones, utilizaron la evangelización como mecanismo para lograr integrar la unificación de los saberes y haberes culturales ancestrales con elementos de la liturgia cristiana. Sin embargo, estos factores que ambicionaban la transformación del indígena wayuu a la religión católica, por medio de la violencia y la destrucción que caracterizó al período de conquista y colonización europea en la América indígena, no encontró respuesta en la población nativa de esta región Estrategias de dominación Los registros históricos dan cuenta que en el siglo XVIII el reinado ibérico y las administraciones republicanas durante el siglo XIX, pretendieron someter al territorio ancestral wayuu a su control mediante diversas estrategias de dominación, dirigidas fundamentalmente contra la población indígena y mestiza, la cuales incluyeron las esferas religiosas, militares, políticas y culturales (Polo, 2005:41) y lingüísticas; esta ilegítima práctica se detecta al ver como algunos misioneros capuchinos españoles aprendieron dominar el idioma wayuunaiki (idioma del pueblo wayuu) con la finalidad de lograr acercamiento lingüístico con los naturales y cumplir el objetivo de atraerlos al proyecto de conquista y penetración territorial colonial o republicano. De acuerdo al esquema colonial, al lado de la política de integración sociocultural, seguida por la corona española, también se intentó a través de los resguardos la dotación de tierras para la población indígena, política que buscaba el aumento y conservación de la mano de obra indígena, en virtud del

39 valor que esta adquiría en el proyecto económico mercantilista colonial, en la que se destacaba el renglón de extracción perlera dada las características especiales de la topografía submarina llana y de ostrales abundantes. En el siglo XVII al consolidarse la explotación y comercialización de las perlas en la península de la Guajira fue necesario importar negros (africanos) destinados al buceo submarino en las costas guajiras, dada su mayor capacidad de inmersión que duplicaba los siete metros de los nativos (Ezpeleta, 2001:2005). El comercio de las perlas guajiras apuntaba al Viejo Continente, desarrollándose centros artesanales y en las múltiples tiendas trabajaban centenares de hombres; unos agujereando las perlas y organizándolas; las mujeres ordenándolas y disponiéndolas en primorosas figuras y el resto del personal depositándolas en hermosos estuches con miras a distribuirse en el ámbito mundial (Ezpeleta, 2001:2006). Estos espacios mercantiles se convirtieron en verdaderos centros de explotación de la fuerza de trabajo nativa que cambio su actividad de cazador, recolector y criador para ser esclavizado por comerciantes perleros wayuu y alijuna. De manera que la práctica esclavista tiene sus orígenes a partir de la llegada del europeo a los territorios del continente americano, por cuanto fue política de la corona española ejercer un mayor tutelaje sobre los naturales de América, ante el fracaso de la encomienda, como recurso jurídicoadministrativo que en manos de los conquistadores y primeros colonos derivaron en una de las formas más violentas de la explotación humana (González, 1977:20-25); Gibson, 1980:63-64; citados por Velásquez, 1995:45). De ese acondicionamiento mercantilista europeo, se llega a la explotación de la fuerza de trabajo de los originarios de la Guajira Identidad wayuu y el trabajo como un sacrificio de vida El poblamiento de la península de la Guajira se remonta a los tiempos de los primeros cazadores, recolectores y pescadores arawak que la habitaron; así queda registrado en mitos y relatos que atesoran el imaginario de la tradición oral wayuu. Los estudios realizados por arqueólogos han encontrado material lítico perteneciente a algunos habitantes de miles de años antes de nuestra era, tales como raspadores, núcleos y lascas utilizadas, en un sitio precerámico

40 ubicado en la serranía de Cocinas. Algunos autores, como José Olivar, sostienen que los ancestros de los wayuu se encuentran en los grupos arawak que hacían cerámicas policromadas de la tradición hornoide. El argumento es que al penetrar los portadores de la tradición ranchoide se habrían dispersado hacia la Media y Alta Guajira 37. En jurisdicción de la península de la Guajira, se encuentran habitando entre el río Ranchería por el lado colombiano y la desembocadura del río Limón y Caño Paijana por la parte de Venezuela (Jahn: 1973:132). Hasta finales del siglo XIX los registros acerca de la población originaria de la península de la Guajira, fueron siempre imprecisos, con muchas lagunas en cuanto a cifras, datos poblacionales y económicos, por cuanto ninguna administración civil, militar o eclesiástica, había podido instalarse en forma permanente en la jurisdicción geográfica peninsular. La falta de una organización política en la península de la Guajira, originó el establecimiento ideal que impidió saber la población total de la Guajira en el siglo XIX, ya que los censos de población venezolana o colombiana no reportaban a la población wayuu 38. Como se ha señalado, los autóctonos pobladores de la península, se plantaron frente a la invasión alijuna, desafiando a quienes demostraran interés en ingresar a su territorio, fueran comerciantes, militares, misioneros o enviados oficiales de las circunscripciones vecinas (Echeverría, 1984:18). Los nativos de la Guajira, continuaron apegados a su territorio ancestral y ocupando los espacios territoriales que garantizaban condiciones naturales para los rebaños, agua y pastos para vivir y disfrutar en paz de acuerdo con su modo de vida originario. Hay evidencias que algunas prácticas sometieron a los wayuu a condiciones de trabajo ajeno a su ancestral modo de vida. Un personaje como Fray Bartolomé de Las Casas ( ), cronista y teólogo español, fue testigo cuando los conquistadores hispánicos forzaron a la juventud indígena 37 Meisel Roca, A. (2007), La Guajira y el mito de las regalías redentoras (Serie Documentos de Trabajo Sobre Economía Regional).Disponible: en banrep.gov.co/documentos/publicaciones/regional/documentos/2006/dtser-86.pdf. 38 Ibidem.

41 a labrar grandiosos sembradíos y trabajar en los yacimientos explotados por la colonia. Los aborígenes no estaban acostumbrados a vivir como esclavos y no alcanzaban subsistir en estas circunstancias, debido a su falta de inmunización contra las enfermedades europeas y a las duras faenas. Bartolomé de Las Casas, en su momento denunciaba ante la Corona española, la existencia de unos tres millones de esclavos indígenas en Nueva España y Centroamérica. Enterado de la producción de perlas en las costas de la guajira, a cargo de buzos indígenas wayuu, reveló las circunstancias en las que tenían que trabajar estos esclavos indígenas en sitios como Cubagua y el Cabo de la Vela 39. Al mismo tiempo, otros wayuu, como se ha dicho anteriormente, continuaban practicado comercio e intercambio con los ingleses, franceses, alemanes, holandeses. Intercambiaban alimentos, materias primas a cambio de mürülü (ganado), de katkousu (armas de fuego), awariante (aguardiente) y de otras manufacturas extranjeras a través de las costas del Mar Caribe. Esta actividad sumaba nuevas características a la base de una sociedad indígena pastoril, que se caracterizaba por una fuerte jerarquización social entre sus e irukuu 40, la entrada del mürülü (ganado) (vacuno, caballar, ovejuno y asnal) y estableció jerarquías entre los e irukuu wayuu en una sociedad inicialmente de economía igualitaria de olojoo (caza), y de ejimejaa (pesca) en las regiones de la costa caribeña, de apünajaa (horticultores) y de recolección; la dispersión de mayores recursos entre los mismos wayuu. Las diferencias sociales entre los indígenas aunado a sus leyes consuetudinarias, originaron acciones de superioridad, trayendo como consecuencia el achepchiia (sirvientes), piuunairua (esclavos); por su parte, 39 Citado por Weildler Guerra Cúrvelo, La ranchería de perlas del cabo de la Vela, , Huellas, Nº p El e irukuu (clan) forma parte de la organización social wayuu que se rige por un sistema de parentesco matrilineal, es la madre la que garantiza a través de su descendencia la continuidad y multiplicación del linaje. Los descendientes por la vía materna son considerados como apüshii (familias), éstos a la vez son asociados con la noción de e irukuu que literalmente se traduce en "carne de, constituyendo la identidad ancestral un elemento de gran importancia para la identificación de su contexto histórico, representado en el apego a la parcialidad, territorialidad y de su modo de vida mítico y cosmogónico.

42 algunos negros de descendencia africana simaruuna (cimarrones) lograron ingresar por vía marítima a la región y pasaron a convertirse en piuunairua (esclavos) de algunos líderes y jefes de e irukuu wayuu. Simaruuna (cimarrones) que llegaron a la Guajira, venían fugados probablemente de las haciendas ganaderas de Mompox, zona suroeste de Colombia, que se movían con trabajos de esclavos africanos. Algunos llegaron hasta la Guajira y se refugiaron entre los indios (Friedemann y Arocha, 1982: ). El trabajo forzado encierra fuertes abusos, que en muchos casos convierte al sirviente (achepchiia) en esclavo (piuuna), siempre perteneciente a las castas (e irukuu) más pobres, que han llegado a esta condición por revanchas guajiras o por venta que de ellos se hizo; deben ser trabajadores forzados del amo en los más duros menesteres (Hernández, 1944:4). Estos fueron obligados al trabajo agrario forzado, cuidando algunos cultivos y a la crianza de animales domésticos e incorporados a los e irukuu como ayaatalii (obreros), sin pago alguno por parte del patrono o patrona wayuu. De esta forma, se desarrolla un estado de sumisión y de reducción a la esclavitud o así mismo a trabajos forzados. La aparición de las contrariedades interfamiliares wayuu, surgen porque las culturas forman sistemas que no siempre son coherentes. A la existencia de fuerzas centrípetas de cohesión social y de control de los individuos con base en las normas colectivas se oponen a la existencia de fuerzas centrifugas que impulsen la disgregación del sistema (Bastida, 1977:54, citado por Guerra Cúrvelo,1995:2). Weildler Guerra Cúrvelo sostiene que los cambios que se dieron tanto en la organización sociopolítica como en sus formas de subsistencia a partir del contacto con los españoles y africanos durante el siglo XV crearon las condiciones históricas para el surgimiento de nuevas formas de conflictos (1995:3). De modo general los wayuu continuaron apegados a sus elementos culturales propios como la economía tradicional, el parentesco y los aspectos centrales de su organización social y manteniendo una feroz resistencia a dejarse asimilar o someterse a los hispanos, aunque al mismo tiempo tienen luchas entre sí (González y Donis, 1989:21).

43 La entrada del mürülü (ganado) a la península de la Guajira, producen cambios estructurales en el interior de los e irukuu como unidades sociales de los apüshii; es así como surge entre los wayuu el achepchiaa (servidumbre) y el piuuna (esclavo), acción que va a ser ocupada por nativos de menor status social cuyo prestigio se verán poco afectado si son descubiertos ( Guerra, 1995:3), también se daban casos que durante los conflictos intraétnicos, 41 los e irukuu triunfadores obtenían como indemnización o pagos por deuda de guerras algunos hombres o mujeres que se convertían en achepchiaa (servidumbre) o piuunairua (esclavos). Estos eran obligados al trabajo agrario forzado, cuidando algunos cultivos y a la crianza de animales domésticos, que luego de estar trabajando en esas actividades o en trabajos domésticos e incorporados a los e irukuu como a yaatalii (obreros), sin pago alguno por parte de patrones o patronas wayuu, con el correr del tiempo eran consideramos por los apüshii (familias) como piuunairua (esclavos). Las variadas relaciones que se establecen entre los parientes uterinos afincados en sus respectivas comarcas familiares, crean, como se ha planteado, el orden social wayuu con base en sus sistemas de parentesco y territorialidad. Es necesario recordar, que muchos de los conflictos wayuu se encuentran relacionados con la competencia por el control de áreas territoriales entre diferentes grupos familiares indígenas (Guerra, 1995:3). El origen de este relacionamiento se remonta a los nativos de la Guajira, que sucesivamente mantienen estrechas relaciones entre los e irukuu de cazadores-recolectores y horticultores en la península, antes de la adopción del pastoreo, han marcado las formas predominantes actuales de control y regulación social, en los cuales la walaajaa ajutuu (indemnización) y la venganza (al surgir inconvenientes insuperables), se alternan como dispositivos de resolución problemas. Los enfrentamientos inter - e irukuu desencadenaban 41 Weildler Guerra Cúrvelo (1995), Conflictos Sociales en el Departamento de la Guajira: Una perspectiva Socio-Histórica. En este ensayo el autor propone un modelo que permite definir el origen estructural de los conflictos intraétnicos en la sociedad wayuu, induciendo que surgen porque las culturas forman sistemas que no siempre son coherentes. Tres factores se hallan asociados a los conflictos Wayuu: 1º) el control de áreas territoriales y de recursos naturales presentes en ellas, 2) el hurto de ganado y 3) la existencia de procesos locales. p.2, 3 y 4.-

44 en guerras. Para su solución, se aplicaban los principios del derecho propio wayuu (consuetudinario) a través del pütchipu u (palabrero). Los apüsahii que han sufrido un daño corporal o material, llegan a un acuerdo con los que han sometido el agravio utilizando la palabra como instrumento de diálogo. El daño es subsanado a través de la walaajaa ajutuu, que según las circunstancias, la walaajaa ajutuu se compone de mürülü, katkousu, tü ümaa (joyas) y a veces, de dinero en efectivo. Por lo general, el agresor y víctima jamás discuten directamente la manera de arreglar un conflicto se hacen representar por un miembro de su apüshii, si se trata de un conflicto interno a su matrilinaje, generalmente su tío materno (a laülaa), o en su defecto, de un awalaa (hermano) o de un primo. Cuando el conflicto estalla, se presentaban enfrenamientos con resultados de heridos y pérdidas humanas. El uso de armas y de tecnología militar, por los wayuu fueron resultados del intercambio con los alijuna, resulta ilustrativo mencionar la confrontación bélica protagonizada entre los e irukuu juusayuu y jinnuu 42, en Wimpümüin (Alta Guajira) a inicios del siglo XX; de igual forma hay evidencias de otros desafíos, en los cuales el e irukuu vencido entregaba las a apülaa /irua, (armas), mürüt (animales), además de hombres y mujeres. En consecuencia, un núcleo en particular se convertía en el botín disputado, por lo tanto en propiedad de los triunfadores, que experimentaban ascenso económico y social, profundizándose la jerarquización y división social en el interior del pueblo wayuu. Hernán Darío Socorro Vásquez, señala en el estudio Hacía la construcción de la etnohistoria wayuu: cambios culturales y redefinición a comienzos de siglo XX, que esta jerarquización se produjo a partir de la relación diferencial que los clanes (e irukuu) tuvieron con los dos recursos principales: la tierra, como recurso disponible para alguna agricultura de subsistencia en ciertas regiones, y como base para el desarrollo de la ganadería y el comercio de contrabando, especialmente este último en la Alta 42 Este proceso de rivalidad entre los e rukuu (clanes) durante el siglo XIX, ha sido poco analizado por la historiografía regional y nacional. Sobre esta temática, el historiador colombiano Hernán Darío Socorro Vásquez, desarrolló un estudio que refiere a la trata y las guerras interclaniles, titulado Hacía la construcción de la etnohistoria Wayuu: Cambios culturales y redefinición a comienzos de siglo XX (Inédito).

45 Guajira, y el ganado (1982, 37). El mestizaje desarrollado en la península Guajira desde mediados del siglo XIX al ingresar, con autorización de Jefes de e irukuu, un grupo de comerciantes procedentes de Colombia, Venezuela, Aruba y Curazao, constituyó otro factor determinante en la conformación del proceso de jerarquización entre los e irukuu (clanes), que se consolidaban cuando algunos de ellos, alcanzaba su preeminencia sobre los demás; esto se revertía en una jerarquización al interior de los e irukuu La tradición oral indica que un incontable grupo de hombres y mujeres wayuu fueron recibidos como pago de guerras inter - e irukuu y sufrieron los efectos del cautiverio, la trata, venta y la esclavitud. Posteriormente, a través de diversos mecanismos, entre ellos, el trueque o la compra fueron intercambiados por bienes, entre los cuales se destacaban objetos diversos, awarianta (aguardiente), katkousu (armas de fuego), kuluu/irua (telas) e jiitpai (hilos) o eran remitidos a las unidades de producción agrícolas y pecuarias del sur del Lago de Maracaibo y sierra de Perijá, convertidos en achepchiia (sirvientes) y piuunairua (esclavos). Los resultados de las guerras inter-e irukuu, fueron mecanismos legalizados en el interno de sociedad wayuu, para la práctica del trabajo forzado con características muy parecidas al sistema de esclavita En este contexto maximizar la producción agropecuaria en la Guajira, no era una tarea fácil, por cuanto la zona registra un clima de temperaturas altas, además, de escasas lluvias. La Guajira desarrolló una actividad económica agrícola basada en cultivos como wuirü (auyama), maiki (maíz), ai (yuca), kepeshuuna (frijoles), meruuna (melones) y kalapaasü (patillas), siembras menores para el consumo interno entre los parientes uterinos de los apüshii (familias). Esto requería de una adecuada combinación de factores, como tierra, agua y de la fuerza de trabajo humana capaz de hacer funcionar de manera coherente la producción en unidades colectivas familiares que hacían uso de una tecnología rudimentaria.

46 1.4.- Producción agropecuaria: explotación del hombre wayuu A lo largo del tiempo, el hombre wayuu se ha desplazaba por todo su territorio ancestral - entre el río de la Hacha y el río Limón -, con gran conocimiento y dominio al considerarlo el espacio vital para la reproducción de sus estructuras y la continuidad de la vida de su pueblo (Avendaño, 1999:53). La tierra garantizaba el desarrollo de los cultivos aborígenes, la chime e (cría) y la olojoo (caza), además aprovechando racionalmente los recursos que le proporcionaba el suelo, desplegaban eficientes sistemas agrícolas en zonas ricas para la agricultura, la ganadería e incluso la industria extractiva de madera y dividivi, a saber en el sur de La Ranchería, las estribaciones de la Sierra Nevada, la parte norte del Valle de Upar, las sabanas sobre el Golfo de Venezuela, y la parte alta de la península (Socorro Vásquez, 1983: ). Con el propósito de profundizar en forma paralela la producción agropecuaria y ampliar el poblamiento indígena, se desarrolló un fuerte contacto con el resto de la población alijuna, profundizándose tras la liquidación de los imperios coloniales europeos durante el período monárquico y el surgimiento de la República. Desde el punto de vista político-administrativo la península de la Guajira desde el año 1830 hasta 1864 formó parte de la Provincia de Maracaibo. La constitución federal de 1864 dividió a Venezuela en veinte estados, y declaró Territorio Federal a la Guajira; posteriormente. en 1886, fue incorporada al estado Zulia (Jahn,1973:137). Con anterioridad la gobernación de Maracaibo para afianzar más los lazos territoriales en zona de los wayuu creó en el año 1846 el Territorio Guajiro, dependiente de la provincia de Maracaibo (Ojer, 1.205). Desde Maracaibo para ingresar a península de la Guajira por vía terrestre, se encontraba el poblado Guardias de Afuera 43, fuerte militar y 43 AHZ, año 1834, tomo 2, legajo 3, folio 16. La creación de las Guardias de Afuera como fortaleza militar y punto de control, a unos diez kilómetros de la Villa de San Bartolomé de

47 epicentro de contacto comercial entre criollos venezolanos y wayuu venezolanos/colombianos, que llegaban desde winpümüin (alta guajira o región oriental), wopumüin (baja guajira o región occidental), palaamüi, (región hacia el mar), uuchimüin (hacia la formación montañosa) y jalaala (guajira central), para comercializar con los pobladores de la provincia de Maracaibo. La oralidad wayuu asegura que las extensas llanuras guajiras y la permeabilidad de las fronteras, fueron agentes que facilitaban las correrías y acciones delictivas de algunos grupos organizados de nativos que enfrentaban invasores: militares, comerciantes y misioneros capuchinos. Las evidencias documentales demuestran que en la Venezuela de la segunda mitad del siglo XIX las Guardias de Afuera, como núcleo poblacional fronterizo entre la península de la Guajira y la provincia de Maracaibo se convirtió también en centro del comercio ilegal de la mercancía humana que comprende el modo de adquisición y reducción de indígenas wayuu. El etnógrafo Pablo Ojer, refiere que: Desde el fortificado de Guardias de Afuera algunos comerciantes criollos continúan con el tráfico clandestino de niños guajiros como mano de obra para faenas agrícolas. Para proveer el recurso humano se desencadenan fuertes razzias entre grupos tribales: como en las Guardias de afuera se permite de mucho tiempo atrás la trata de indios en la infancia, inconscientes, para venderlos más adelante a mayores precios (Ojer, 1983: ). Fueron escenarios adversos a la realidad indígena wayuu, que de alguna manera capitalizaba a algunos comerciantes de esta población indígena. Las crecientes necesidades de mano de obra en las unidades de producción agrícolas y pecuarias del Zulia incentivaron esta actividad condenada por las leyes venezolanas desde 1854 al ser abolida la esclavitud. El aumento de la demanda de productos agrícolas y pecuarios y la creciente población del Sinamaica. Las Guardias de Afuera cambio su topónimo a Santa Teresa, durante la primera presidencia de Antonio Guzmán Blanco y se convirtió en línea divisoria entre la península de la Guajira y la provincia de Maracaibo.

48 estado era resultado de la dinamizaciòn de la economía por el incremento de la producción y comercio La explotación de la fuerza de trabajo wayuu: un negocio binacional Con el avance de la agricultura y la ganadería surgieron componentes coercitivos para incrementar la producción en las unidades de producciones agrícolas y pecuarias del occidente venezolano. La escasez de población y mano de obra para el campo, llevaron a los agricultores y ganaderos venezolanos a confrontar desde el siglo XIX grandes dificultades para sujetar a los jornaleros a la hacienda. En el caso de Perijá y Colón la densidad demográfica en general es mínima, y en cuanto a la mano de obra agrícola, los hacendados sufren de la carencia de mano de obra (Vallarino, 1989:91). La falta de mano de obra para labrar la tierra, sembrar y criar ganado es un problema que data desde la colonia, época de escasez de fuerza de trabajo para la agricultura, la más importante fuente de ingresos y empleo (Pacheco, 2003:341). Para entender las actividades en las unidades de producción agrícola y pecuaria, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, se hace necesario esclarecer como el hombre como ser social se relaciona constantemente con la naturaleza para obtener recursos que ella le brinda y apropiarse de ellos. Con esta estrategia el hombre hace propio el proceso de producción de bienes y servicios necesarios para su existencia y disfrute (Álvarez, 1991:17). En ese interés del hombre por aprovechar los bienes de la naturaleza, utiliza para su beneficio las potencialidades que ofrecen los ríos y afluentes del lago como producto de consumo y medio de comunicación fluvial y lacustre que permite transportar los productos que le brinde la tierra y que sirven como instrumentos de intercambio comercial. Además de la utilización de los suelos para la explotación de las áreas agrícolas y pecuarias.

49 El Zulia como región de grandes potencialidades naturales, abundante flora, fauna, ríos, riachuelos y un lago que da vida y garantía al puerto de Maracaibo, que sirve para el tráfico comercial de productos agropecuario hacia puertos antillanos, norteamericanos y europeos (Cunill, 1987, II:1190); además existían numerosos puertos lacustre y fluviales para embarcaciones menores que zarpaban desde: San Rafael de El Mojan, Chiquinquirá, Concepción, Carmelo, Santa Rosa, Santa María, San José, San Antonio, Bobures, Gibraltar, La Ceiba, La Ceibita, Moporo, Tomoporo, Ceuta, Lagunillas, Cabimas, Santa Rita, Altagracia. En las rutas fluviales del Sistema Catatumbo- Zulia se reparten los pequeños puertos de Las Palmas y el sistema del Escalante, la Villa de San Carlos del Zulia y los pueblos de Santa Bárbara del Zulia (Cunill, 199, II: ). Puertos fluviales que constituyeron espacios trascendentales para la comunicación hacia la península de la Guajira por la vía del Lago de Maracaibo, proporcionando el tráfico fluvial para el comercio entre el resto de la población zuliana con los wayuu, además de la comercialización de la sal proveniente de las salinas de Sinamaica. La explotación de la sal pasa a ser un factor importante para la economía zuliana. Su producción según Pedro Cunill Grau, se convierte en uno de los principales productos marabinos de exportación hacia tierra altas andinas venezolanas y colombianas (Ibidem). Esta actividad comercial se realizaba a través de los acuerdos sellados entre wayuu y alijuna. A fines del siglo XIX insurgen nuevos elementos que inciden en las relaciones sociales de este colectivo social. A diferencia de la historiografía venezolana la colombiana aborda con mucha claridad los aspectos del espacio territorial, el establecimiento del orden jerárquico, la división social entre los e irukuu, hacia estos años además de hacer público la práctica del contrabando y del comercio ilegal con hombres y mujeres indígenas wayuu.

50 Los últimos años del siglo XIX y primeros del siglo XX fueron años de intensa redefinición territorial, jerarquización y diferenciación social entre los indígenas wayuu. Se manifiestan en fuertes luchas interétnicas, migraciones de la Alta a la media Guajira. La pérdida de la correlación existente entre el espectro de recursos culturales y la gama de recursos naturales existentes en la región condujo al quebrantamiento de las bases esenciales de la resistencia indígena. En el período comprendido entre 1880 y 1930 se produce una consolidación de la presencia de la iglesia católica a través de los internados indígenas, sé continuo con la trata de guajiros hacia las haciendas venezolanas (Guerra, 1993:71). Al considerar a la Guajira territorio indígena fronterizo se deben considerar los cambios apuntalados por la historiografía colombiana. Corresponde con aspectos revelados por las fuentes históricas que hacen presumir que este proceso incidió significativamente en los intereses de grupos socioeconómicos venezolanos interesados en ampliar la explotación de la caña de azúcar, ganado frutos agrícolas, maderas, asfalto y luego petróleo. Los Estados venezolano y colombiano habían delimitado el territorio de cada nación en función de los intereses propios de los Estado nacionales en construcción. Intereses que no respondían al modo de vida de la comunidad indígena que ocupaba y ocupa aún la península, espacio en el cual el hombre wayuu nunca imaginó el trazado de una línea artificial sobre su territorio ancestral, que incluía la separación de lugares míticos, zonas de cementerios, áreas de pesca, pastoreo, y vecindarios donde se hallaban personas unidas por lazos de parentesco y residencia común. (Guerra, 1990:70). Venezuela y Colombia aspiraban regular su presencia en este territorio para obtener los mayores beneficios. El gobierno de Colombia, al igual que el de Venezuela, desarrolló la explotación de las salinas en el territorio wayuu. En la Guajira colombiana la industria salinera generaba grandes ingresos al Estado colombiano utilizando a los indígenas guajiros como principal mano de obra como producto de esta dinámica se beneficiaban las salinas de Manaure, Chimare y Navío Quebrado. (Guerra, 1990:71). En el lado oriente del territorio venezolano, las sales de la

51 Guajira y del Zulia que abastecían a la Cordillera y Colombia se venderían a un precio más bajo, al emplear mano de obra más barata en La Guajira (Urdaneta,1992:109). La industria salinera en la península de la Guajira generaba grandes ingresos al fisco nacional de Colombia y de Venezuela, al mismo tiempo la explotación maderera cuando en el siglo XVIII la Revolución Industrial incrementó la demanda del palo de tinte de brasil y dividivi para las telas, los ingleses localizaron abundantes reservas al sur de la Guajira (Cardozo: 1991:128), del mismo modo la explotación pesquera y perlífera, además de la agricultura y de la ganadería; el contrabando se convirtió en el principal factor económico en todo el territorio de la región peninsular. Durante los siglos XVIII y XIX la actividad comercial desarrolló un importante movimiento económico en el territorio de la Guajira, dado que los wayuu mantenían relaciones comerciales con los holandeses, ingleses, alemanes y franceses, de la misma manera, con el mercado interno de Colombia y de Venezuela. La participación del wayuu en el contrabando de perlas, el palo de brasil, la sal y el ganado afianzó la capacidad de resistencia ancestral y autonomía política y territorial frente a las reiteradas acciones o intentos de los Estados colombianos o venezolanos por reducirlos. Es durante este período que se intensifica el contrabando en la Guajira, actividad que originó en 1865 enérgica protesta del gobierno colombiano ante el gobierno venezolano. El 13 de noviembre de 1865 el Cónsul de Colombia en Caracas se dirigió a la Cancillería venezolana para poner en su conocimiento que las autoridades venezolanas permitían el contrabando con la Guajira colombiana, con tan grave detrimento para la aduana de Riohacha que había dejado de producir su acostumbrado rendimiento a la hacienda pública (Ojer,1983:412). De esta forma, el Estado colombiano reconoce que los comerciantes holandeses de Curazao obtienen en Venezuela y no en puerto colombiano, las

52 licencias para el trato con los indios de las costas guajiras (Ojer, 1983:412). Al extremo que el abogado valenciano Julián Viso, en su carácter de Cónsul general de los Estados Unidos de Colombia, denuncia hasta donde ha llegado este comercio, el 3 de abril de 1869 en comunicación al canciller venezolano, J.P. Rojas Paúl, informa que ha recibido órdenes de su Gobierno, informado por oficio del Administrador Tesorero de la Aduana de Riohacha, para que protestara por el hecho que se cometía en costas colombianas, el abuso de someter a esclavitud a indígenas guajiros para luego venderlos, en tal calidad en el Zulia y Curazao (Ojer, 1983:414). Se advierte en esta denuncia la preocupación por el asunto fiscal pues contrabando con seres humanos no generaba los ingresos pertinentes a las arcas de la tesorería local. En ese sentido, el gobierno de Caracas, alzó la voz, fijando posición al notificar que tomará las medidas pertinentes para que ello no ocurra. Para que estos sucesos no continuaran ocurriendo en costas colombianas que no se especifican y en daño de indígenas goagiros (guajiroswayuu), sobre quienes no conocen autoridad en los Estados Unidos de Colombia, ni por lo mismo, derecho de intervenir a su favor (Ojer, 1983: 414). La respuesta del gobierno venezolano frente al planteamiento colombiano, con relación al tráfico y venta nativos de al Guajira, desencadenó un enfrentamiento entre la cancillería venezolana y la representación consular colombiana en Caracas. Pablo Ojer, en la obra El Golfo de Venezuela. Una síntesis histórica, revela que el Canciller venezolano, al responderle al Cónsul colombiano, no admite que la tesis de Fermín Toro ha obligado a Venezuela a ejercer su soberanía en territorio guajiro. Venezuela, de hecho viene legislando sobre el comercio de la Guajira, reducción y civilización de sus indígenas, ejerciendo otros actos de soberanía y protestando contra los derechos que se ha atribuido Colombia, sin tomar en cuenta que los derechos venezolanos fueron reconocidos por el Congreso granadino al aprobar el Tratado de Nuevamente responde Viso, aclarando que no había dicho que la declaración de Fermín Toro obligaba a la República, sino que daba mucha fuerza a los actos sucesivos de soberanía de Colombia en la Guajira (1983:414).

53 La polémica surgida a raíz de la denuncia de tráfico de indígenas wayuu para comercializarlos en la frontera Guajira, fue aclarada. Pero en las primeras décadas del siglo XX, el tema es puesto en discusión al denunciar la legación 44 de Colombia en Caracas al Canciller que continuaba la trata de indios guajiros la cual se efectuaba en Maracaibo por ciudadanos venezolanos. Solicitaba se abriera una investigación de los hechos y se castigara a los culpables. De nuevo la protesta colombiana por actos de esclavitud cometidos por comerciantes que desde puertos venezolanos navegan a las costas guajiras, lo que demuestra que el tradicional tráfico venezolano-guajiro se mantenía vivo (Ojer, 1983: 414). En Venezuela la coexistencia de relaciones de esclavitud y servidumbre, aún después de su prohibición en 1854, se mantenía en la práctica, el peonaje se convierte en una forma disimulada de esclavitud. Desde tiempos de la colonia hasta las primeras décadas del siglo XX, la sociedad wayuu mantuvo una constante presión sobre los límites meridionales de su territorio; presión que tenía mucho de acción defensiva contra la penetración de otras formas culturales (Vila, 1957:9). El físico y antropólogo francés Michel Perrin en su obra El Camino de los Indios Muertos, citado por la historiadora wayuu Carmen Laura Paz, señala que el territorio de la Guajira funcionó como eje y lugar de intercambios internacionales, la Guajira nunca ha sido sometida ni castrada por la administración. Es lo que le da originalidad y explica la autonomía de desarrollo que se proyectará luego en la república (2000:12). La realidad socio- política y económica fue afianzada por el intercambio comercial de los wayuu con los contrabandistas. Relación que se mantuvo, muy pesar de la oposición del gobierno venezolano, generando una fragilidad de las relaciones comerciales y humanas entre Venezuela y los guajiros y una falla desde el punto de vista geopolítico. No favorecía las decisiones sobre límites con Colombia en este espacio. Por el contrario Colombia había establecido una secular vinculación con los indígenas guajiros: sus cueros, 44 Cargo Diplomático que da un gobierno a un individuo para que lo represente en otro país.

54 dividivi, sales y maderas eran cambiados por mercancías, alimentos, bebidas alcohólicas y armas (Urdaneta, 1992: ). De manera temprana el wayuu se adaptó a este nuevo recurso que se convirtió en una importante y significativa referencia de estatus social, por tanto hizo uso de todas sus destrezas para que esta habilidad prosperara. Fray Pedro Simón en la obra Noticias históriales de Venezuela, citado el Guerra Cúrvelo apunta que hacia el siglo XVIII en tierras de indios guajiros, cocinas y heniales andan cimarrones más de cuatrocientas cabezas de ganado de yeguas y caballos (1993:61). La incorporación del ganado vacuno 45 en el seno de la sociedad wayuu: determinó profundas transformaciones sociales entre los grupos indígenas que al adoptarlo iniciaron la transición de formas prehispánicas de subsistencia como la caza, pesca, recolección de frutos y agricultura a formas mixtas de pastorelismo integral. La obtención del ganado por parte de los indígenas pudo provenir de diferentes medios ya fuese mediante el asalto y saqueo a los hatos ganaderos vecinos europeos, el rescate o trueque pacífico con aquellos, a través de la captura de animales cimarrones, o bien mediante el agasajo que les hacían para traerlos a la paz. Lo cierto que es que durante el siglo XVII los naturales se hicieron a una numerosa ganadería (Guerra Curvelo, 1993:61-62). De una sociedad semi-sedentaria se convirtió en pueblo de pastores y ganaderos con un gran sentido al terruño wayuu, donde tiene lugar la casimba (pozo artesanal) colectiva y el cementerio familiar 46. Este nuevo patrón de vida introduce un factor dinámico que pasó a regir todo el desarrollo social ulterior de los wayuu. Afectando con esto, sus formas autóctonas colectivistas como la yanama (trabajo colectivo), donde se expresa la solidaridad apüshii y la cooperación local. 45 A partir de 1567 los vecinos de Nuestras Señora de los Remedios comenzaron a sustituir la explotación perlera por hatos ganaderos en las provincias de La Ramada, Orino y Macuira en jurisdicción de la península de la Guajira. Ver: Weilder Guerra Cúrvelo en Vivienda Guajira, Poblamiento de territorio, 1993:61. Se observa que es partir de ese momento cuando comienza la llegada del ganado a la Guajira. 46 El cementerio familiar representa para la sociedad wayuu, un espacio de cohesión social. Donde el pueblo wayuu dentro de un macro componente ritual le rinde honores en tres actos velatorios-entierros a sus familiares por vía materna o e irukuu.

55 Creando en el seno de la sociedad wayuu nuevas tramas de interdependencia social, configurando el modelo de propiedad privada de Mma (tierra) y piuunairua (esclavos). La actividad pecuaria propició la propiedad individual de bienes, circunscrita originalmente a los productos de trabajo del individuo o apüshii (familia), que incentivaba la apropiación y acumulación del producto del trabajo desarrollado por la mano de obra wayuu, acentuando diferencias sociales. Para el wayuu los bovinos tiene el más grande valor. El ganado constituye junto con los caballos y las mulas dotados de gran prestigio - la fracción más importante de las prestaciones matrimoniales y sirve como pago de compensación de todo orden (Perraín,1992:15) El contrato personal como forma de esclavitud La exploración e ingresos a las costas de la península de la Guajira de alijuna (españoles, ingleses, franceses, holandeses, jamaiquinos, estadounidenses, colombianos y venezolanos), promovieron de forma considerable el comercio moderno de esclavos. Desde mediados del siglo XIX hasta la década de 1930, un alto número de aborígenes fueron transportados desde sus localidades hasta las unidades de producción agrícola y pecuaria del la sierra de Perijá y sur del Lago de Maracaibo. El rechazo a esta forma de trabajo fue permanente a pesar de los esfuerzos de los terratenientes de controlar trabajadores rurales, obreros guajiros se rehusaban a aceptar su parte pasivamente. Su resistencia tomaba muchas formas. Unos peleaban contra empleadores; otros resistían iniciando incendios, dañando equipos, hiriendo animales o trabajando con la calma de un caracol (Linder, 1999:213). La mercantilización interna de un sector de la población wayuu se practicaba con libertad, tal como lo revela el escritor colombiano Gabriel García Márquez, en la obra Vivir para contarla, donde refiere que su familia se traslado de la Guajira a la población bananera de Aracataca, llevando a su servicio dos indios guajiros Alirio y Apolinar y una india Meme-, comprados en su tierra por cien pesos cada uno cuando ya la esclavitud había sido abolida (García,2002:49).

56 Como lo señala García Márquez en este testimonio, se manifiesta la incuestionable sujeción de un sector de la colectividad wayuu por parte de una élite local. En las primeras décadas del siglo XX, el valor atribuido a la fuerza de trabajo se contraponía al espíritu del establecimiento social y de equidad, que tanto se pregonaba en ciudades y poblaciones que experimentaban república y modernidad. En el campo zuliano, la fuerza de trabajo indígena wayuu del mismo modo se utilizaba con fines mercantilistas por parte de propietarios y administradores de unidades de producción agrícola y pecuaria, en las cuales, se explotaba a la mano de obra indígena wayuu e impidiéndole su espontánea circulación y su realización libre de el mercado de trabajo, así como con relaciones de semi-esclavitud (Vallarino, 1989: 21). En los estudios acerca de la participación de la élite zuliana en el proceso agropecuario regional, se observa que como una mayoría representativa se vinculaba con el campo 47. La codicia de lucro y de ganancia que se intensificó en la segunda mitad del siglo XIX, tomó cuerpo en las zonas agrícolas del sur del Lago de Maracaibo, donde los trabajadores no poseían los medios de producción y se ven obligados vender su fuerza de trabajo a los dueños del capital (Barrios, 2004:90). La sumisión de indígenas wayuu en regiones distantes de sus lugares origen, fue factor de nuevas condiciones de vida y cambios en sus comportamientos. En las unidades de producción agrícola y pecuaria el wayuu la mayoría de los casos, era castigado a dormir en sitios de precarias condiciones y a recibir una alimentación deficitaria. Como ocurría en los primeros años de la segunda década del siglo XX en las unidades agrícolas del sur del Lago de Maracaibo, donde los peones que: no trabajaban no tenía derecho a ración, la cual consistía en un bolívar, 8 plátanos y 4 pescados. Si pasmaban la tarea laboral por ser ella muy grande, por enfermedad o por causa imprevista de fuerza mayor, les 47 Relación que se establecía a través de las unidades de producciones agrícolas y pecuarias, ubicadas en la sierra de Perijá y el sur del lago de Maracaibo. Véase la obra de Marisol Rodríguez Arrieta en Manumisión y abolición en la provincia de Maracaibo ( ).

57 entregaban la ración, pero les cargaban a cuenta dos bolívares. De allí que la mayoría de los trabajadores estaban endeudados con el dueño de la hacienda hasta por miles de bolívares. La mayor parte de los trabajadores, eran indios traídos de la Goajira (Güerere, 1996:65). Se consolidó con la fuerza del capital la explotación de la mano de obra dentro de las haciendas de alto grado de capitalización donde indios guajiros eran esclavizados, comprados y evidentemente su fuerza de trabajo no retribuida (Vallarino, 1989:88). La historiografía venezolana muestra cifras y datos acerca del comportamiento brutal de los dueños de hacienda que no tenían piedad con esos pobres seres humanos. Sí un peón repugnaba siquiera el trabajo, lo esperaba el instrumento de toro usado por los caporales para castigarlos. Estos además del instrumento, usaban un machete de la marca Colins, de 24 pulgadas en su vaina, y un revolver. La mayor parte de los dueños de haciendas, deliberaban y resolvían por su propia cuenta, siendo ellos la única autoridad en su hacienda, obteniendo el apoyo de las autoridades, las cuales igualmente obraban en forma arbitraria (Güerere, 1996:65-66). Acerca de cuantos wayuu llegaron al sur del lago de Maracaibo, durante el período comprendido entre , se hace imposible registrar dicha cantidad, ya que no existían cifras exactas de la población en la península de la Guajira, ni de su traslado. En la última década del siglo XIX se realizó en Venezuela el Tercer Censo Nacional de Población en , que indicaba como la ciudad de Maracaibo alcanzó 29 mil 180 habitantes, casi el 35% de toda la población del estado Zulia, excepción hecha de los guajiros, distanciándose extraordinariamente de todas las demás poblaciones (Perales, 1957:22-23, tomo I). Los visos de modernidad y progreso como productos del capitalismo liberal en la Venezuela que se encaminaba al siglo XX de ningún modo 48 Mientras tanto en Maracaibo en 1891 se funda un banco, llamado Banco de Maracaibo, también es instalado el alumbrado eléctrico y se había generalizado la navegación a vapor, que dio mayor tráfico a su puerto y aduana.

58 llegaron a la península de la Guajira. Su población registraba hacia 1891 un total de 33 mil 864 habitantes. Incluyendo los wayuu no reducidos al régimen civil, que sumaban un total de 32 mil 959 (Perales, 1957:22, tomo I). Se presume que muchos se mantenían al margen del intercambio mercantil, sin obviar que una considerable mayoría participaba de una u otra manera del comercio como actividad importante para el estado como para los indígenas wayuu Esclavitud indígena en la Venezuela del siglo XX Es fácil observar que en la Venezuela de inicios del siglo XX se percibía una constante trasgresión a la jurisprudencia. Por cuanto un grupo importante de comerciantes y propietarios de unidades productivas agropecuarias se colocaban de espaldas a lo que la ley determinaba. La pérdida de condiciones reales de vivencia en territorio ancestral, trajo como consecuencia la migración forzosa de integrantes de la sociedad wayuu para laborar en las haciendas de la región. Su incorporación obligada a los espacios territoriales de régimen hacendario, también trajo la creación de comunidades de peones. Sin embargo, existe una polémica en la historiografía tradicional en cuanto a la sociedad rural venezolana, por cuanto se afirma que la carestía de mano de obra 49 fue heredada mucho antes de la era petrolera. Algunos historiadores señalan que la industria petrolera extrajo del sector agropecuario sus recursos humanos, causándole graves problemas. Otros insisten en que la agricultura ya era débil cuando comenzó a desarrollarse la industria; además sostienen que los campos petroleros no absorbieron mucha mano de obra del campo. Sin prestar la merecida atención a cambios locales o regionales. Otros académicos dicen que la industria también absorbió cantidades importantes de tierras para la agricultura (Linder, 1987: ). 49 La necesidad de la mano de obra en las unidades de producción del sur del Lago de Maracaibo creció significativamente con el surgimiento del petróleo en la Venezuela del siglo XX, durante los gobiernos del militar y político Cipriano Castro Ruiz ( ), quien ocupó la presidencia desde el 23 de octubre de 1899 hasta el 24 de noviembre de 1908, y el General Juan Vicente Gómez Chacón, que ejerció el poder presidencial hasta su muerte, el 17 de diciembre de 1935.

59 Esta apreciación del historiador Peter S. Linder -quien realizó estudios acerca de los indígenas wayuu en el sur del Lago- a través de documentación localizada en el Archivo Histórico del Zulia (AHZ), esclarece puntos importantes en relación al uso forzado de la mano de obra 50 wayuu en las unidades de producción agrícola y pecuaria. Afirma que el problema tenía otras dimensiones en el sur del Lago zuliano no había una escasez de braceros agrícolas como consecuencia del desarrollo petrolero sino una falta de población desde la colonia 51. Los estudios acerca de la Venezuela rural desde siglo XVI hasta el XIX permiten comprender que efectivamente, desde la llegada de los europeos a tierras venezolanas, se requería de la mano de obra para impulsar los proyectos mineros, perlíferos y agrícolas. El proyectado progreso de la estructura agraria en el estado Zulia, en la última década del siglo XIX e inicios del XX, se conforma con un referente de organización agraria capitalista, donde la mano de obra la integran los campesinos e indígenas wayuu. La afirmación de Linder se contrapone a lo que señala Pablo Perales Frigols, al asegurar que en las distintas haciendas productivas la mano de obra es casi exclusivamente guajira y su rendimiento es notablemente alto. Los obreros viven en la hacienda y perciben jornales mínimos de ocho (8) bolívares diarios y la comida (Perales,1957: 268, I). Es evidente que para el momento la diversidad de población era muy baja, lo cual indica que es imposible aceptar que en las unidades agropecuarias zulianas, la fuerza de trabajo indígena wayuu se encontraba satisfecha y no en estado de sujeción. Un estudio acerca de la Biografía del 50 El historiador y antropólogo Federico Brito Figueroa en su obra Historia Económica y Social de Venezuela. Una estructura para su estudio (1986), la estructura económica de Venezuela colonial coexistieron dos tipos fundamentales de mano de obra, regida una por la esclavitud y la otra por la servidumbre. En la agricultura de plantaciones, los esclavos constituyeron la fuerza productiva decisiva más o menos hasta la quinta década del siglo XVIII, cuando, a raíz de la expansión de la propiedad territorial agraria, se comenzó a observar el predominio de la mano de obra sometida a condiciones de servidumbre. En los hatos y fincas de los llanos, siempre dominaron las relaciones serviles de trabajo sobre las esclavistas (p.244). 51 Peter S. Linder.Relaciones de producción en las haciendas del Sur del Lago Zuliana, : algunas conclusiones preliminares. En Revisa Tierra Firme, año V, Vol. 5, julio septiembre p.291.

60 distrito Colón, estado Zulia, escrito por Alberto Jesús Güerere, deja ver que en la hacienda San Isidro, fundada por el agricultor José del Carmen Molina, quien la vendió al comerciante Ismael Nava Parra; se practicaban actos de explotación y de maltratos en contra de los trabajadores. Se conoce el caso de 14 peones que se fugaron de ella en una canoa, los cuales vencidos por el hambre llegaron a Laguneta. El dueño de la hacienda había ofrecido una propina de 25 pesos por cada peón que le apresaran. El Comisario policial de dicha aldea, por ganarse la propina, los apresó e incomunicó dando parte a Santa Bárbara. Amarrados como si fuesen un ensarte de huevos de iguana, los llevaron a la hacienda San Simón. Ese mismo día que llegaron como a las 4 de la tarde y sin darle ni agua, ni comida, los metieron en un cepo 52 de madera de gran porte que tenía diez huecos para los pies y dos troncos para la cabeza. Metieron diez en los huecos del pie y cuatro en los dos huecos de la cabeza, pendiéndolos en sentido inverso (Güerere 1996: 67). En consecuencia, en esas unidades productivas agrícolas como la hacienda San Carlos, fundada por el holandés Leopoldo Marthen 53, los caporales: desde las cuatro de la mañana, pasaban revista al peonaje, para distribuir el trabajo del día entre los corteros de caña o de leña, recolectores de cacao, tenderos, picadores, desgruyadores, macheteros, ordeñadores y aguajeros. Si el dueño de la hacienda consideraba que un peón debía ser castigado por cualquier falta, esa hora era la propicia. Le daban látigo y luego lo mandaban a trabajar (Güerere 1996: 66-68). 52 En las haciendas del sur del Lago de Maracaibo, se usaban tres clases de cepos: el de madera; el de campaña y el ballestero que es el más cruel, el cual consiste en amarra los dedos gordos de la mano de la víctima y hacer pasar éstas por delante de las rodillas, sujetándolas con un arma o un trozo de madera. Alberto Jesús Güerere en la obra Biografía del distrito Colón, Estado Zulia (1996). p Leopoldo Marthen, llegó a la hacienda San Miguel fundada por Manuel Govea, como concertado o mandadero y con el tiempo por su puntualidad y su hombría paso a ser pesetero, o sea un peón que ganaba un bolívar por día o por tarea, teniendo que trabajar por este mísero salario día y noche, según las necesidades del trabajo. El que no aceptaba era arrestado o enviado al cepo de la hacienda. Al tiempo lo nombraron caporal de la hacienda y fue enviado a Curazao, en solicitud de trabajadores, los cuales entonces escaseaban en el sur del Lago de Maracaibo. Ibíd., p. 59.

61 Las crónicas acerca de las acciones vividas por niños, niñas, jóvenes y adultos forzados a emigrar de la Guajira simboliza un mecanismo atroz en un ambiente que les fue cada vez más hostil y en el que estaban evidentemente en franca minoría. Esta dependencia de la fuerza de trabajo indígena wayuu, que se consolida e institucionaliza a gran escala en unidades agrícolas y pecuarias del Zulia, puede considerarse clave en la violación de los derechos humanos a finales del siglo XIX. Hecho observado por el gobernador del Territorio Guajira, al denunciar que con criminal engaño se están conduciendo indígenas guajiros de Sinamaica a Maracaibo, para allí venderlos con destino a los departamentos de ese Estado 54. Donde los propietarios o dueños de las haciendas en su interés por el control sobre el trabajador, movilizaba sus tentáculos del poder económico, aprovechando la inexistencia de políticas gubernamentales que controlaran eficientemente tales acciones. En el mismo informe se testificaba que era reconocida oficialmente la impotencia de la autoridad de Sinamaica, para hacer efectivas en todo sus territorios, aún aquellas garantías fundamentales de la vida y la libertad individual 55. La autoridad local, manifiesta inquietud por atender un gran deber para anular en la zona fronteriza de la Guajira el tráfico y la comercialización de la mano de obra nativa. En tal sentido, solicitaba una medida que extinguiera tan bárbara iniquidad y castigo para los que por comisión sean culpables. Escandalosa y desagradable conducta ejercida con individuos de la Guajira, lo que evidencia tales prácticas en la sociedad republicana. Situación reafirmada en comunicación refrendada por el gobernador del Territorio Federal Amazonas, Francisco Reverón Ponte, quien escribe desde San Fernando de Atabapo, el 28 de febrero de 1907: 54 AHZ, año 1881, tomo 2, legajo XV. Comunicación del Gobernador del Territorio Guajira, Sebastián Faria al presidente del estado Zulia, sobre el engaño y venta de indígenas wayuu. Santa Teresa, 25 de marzo de Ibidem.

62 En virtud de que son frecuentes las quejas que contra algunos patronos de indígenas se me han dado, respecto al mal tratamiento que a éstos se les inflige, empleando no pocas veces para ellos la crueldad de la flagelación, y no pudiendo el suscrito, sin faltar a esos deberes, ver con indiferencia semejante inconsiderada conducta, ajena a toda Ley y a todo derecho. Excito a usted en atención a lo anteriormente expuesto, a que procure corregir dentro de los límites de sus facultades, esos abusos que no pueden menos que atemorizar a los indígenas 56. La posibilidad de utilizar la fuerza de trabajo indígena wayuu, hizo que los propietarios de unidades de producción y haciendas agrícolas y ganaderas zulianas distribuyeran tareas básicamente por sexos. Los trabajos a realizar por los indígenas se imponían por su fortaleza y capacidad de carga. Por su parte, a las mujeres wayuu se les ocupaba como sirvientas, cocineras o concubinas, en función de sus cualidades o atractivos personales (Quintero, 1985:38). Analizando el comportamiento y la realidad socio productiva y de aprovechamiento de la mano de obra indígena en el sur del Lago de Maracaibo. La agudeza de la funcionalidad del componente político, económico y autoridad civil jugo un papel demostrativo del apoyo de estos sectores a la explotación agropecuaria en detrimento de la calidad de vida de otro sector laboral colombiano -venezolano indígena. El coronel del ejército venezolano Grisanto Garmendia Becerra como jefe civil del distrito Colón, zona de explotación agropecuaria en el Zulia, el quince de diciembre de 1911, remite una dramática denuncia al presidente de la República, general Juan Vicente Gómez Chacón 57. Con el siguiente planteamiento: 56 Memoria de Relaciones Interiores, año 1907, p.424, citado por Fray Cesáreo de Armellada en Fueron Indígena Venezolano. p Juan Vicente Gómez Chacón ( ), militar y político venezolano, presidente de la República ( ; ; ). Nació en la hacienda La Mulera, cerca de San Antonio de Táchira, el 24 de julio de A la muerte de su padre, Pedro Cornelio Gómez (1883), se dedicó al comercio y a la ganadería. En 1892 en calidad de comisario de Guerra y con el rango de coronel, actuó con Castro en defensa del gobierno de Raimundo Andueza Palacio, quien finalmente fue derrocado, en 1892, por la denominada revolución legalista. Se encargó del poder, en su calidad de vicepresidente, en noviembre de 1908, cuando el presidente Castro viajó enfermo a Europa. Desde el 19 de diciembre de ese año (cuando se consumó el golpe de Estado que le habría de otorgar poderes especiales al margen de los previstos por la Constitución de 1904) y hasta el día de su muerte, gobernado de forma dictatorial. El gobierno de Gómez se caracterizó por la erradicación del caudillismo (si bien él mismo encarnó muchos aspectos de ese comportamiento) y la implacable persecución de sus

63 Señor General Juan Vicente Gómez. Respetado General y amigo: Hónrame dirigirme a usted, por tercera ocasión, a objeto de llevar a su conocimiento varios datos relacionados con la Administración de este Distrito. Completamente desastroso y tirano es el mal tratamiento que tienen los peones-jornaleros en las distintas haciendas de este Distrito; así como también la casi ninguna manutención que le dan los propietarios a quienes les sirven, no como ciudadanos libres, sino como animales y esclavos 58. Razonando que un esclavo se define porque su trabajo o sus servicios se obtienen por la fuerza y su persona física es creída como una propiedad de un patrono, que dispone de él a su voluntad 59. Por lo tanto, se definía legalmente como una mercancía que el dueño podía vender, comprar o cambiar por una deuda, sin que el esclavo pudiera ejercer ningún derecho u objeción personal o legal. El informe del gobernador y jefe civil del distrito Colón, Grisanto Garmendia Becerra, presenta un cuadro patético de cuanto ocurría a los peones en las haciendas del territorio de su jurisdicción. Sobre vivía allí un régimen absolutamente esclavista, en donde los trabajadores tenían un precio y los sistemas de alimentación y de castigo eran semejantes a los de los tiempos más dolorosos del trabajo humano 60. La acusación del gobernante distrital, Grisanto Garmendia Becerra, originó que los dueños o propietarios de factorías papeloneras y unidades de producción agrícolas y pecuarias se unieran para desarrollar una campaña en su contra. Con versiones acusatorias y de atropellos. Los dueños o enemigos políticos, que ensayaron numerosas conspiraciones y llenaron las cárceles del país. Asimismo, reformó la Constitución en vigor en siete ocasiones (1909, 1914, 1922, 1925, 1928, 1929 y 1931). Juan Vicente Gómez no se preocupó por la educación del pueblo; inhabilitó los partidos de oposición y castigó duramente la delincuencia, aunque amasó una cuantiosa fortuna de más de 155 millones de bolívares. Murió el 17 de diciembre de 1935 en Maracay, estado Aragua. Véase: Juan Vicente Gómez. Diccionario multimedia de Historia de Venezuela (CD-Room), Caracas, Fundación Polar Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, Nº 32, año VI, Caracas, septiembre octubre de págs Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): Diccionario de la lengua española, XXI edición. Madrid, Editorial Espasa Cape, p Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, Nº 32, año VI, Caracas, septiembre octubre de pág. 183.

64 propietarios aspiraban controlar jurídica y políticamente la zona agraria del sur del Lago de Maracaibo. Treinta días después de la recriminación por parte del militar gobernador, comenzó en su contra una serie de enfrentamientos, persecución y acusaciones por parte de los dueños o propietarios de establecimientos papeloneros y unidades de producción agrícolas y pecuarias. Lista de productores agropecuarios del sur del Lago de Maracaibo enfrentados al gobernador Distrital de Colón Fuente: Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, Nº 32, año VI, Caracas, septiembre octubre de pág Cesar Antonio Montiel Luís Montiel Gustavo Montiel Luís Felipe Montiel Leopoldo Marthen Ricardo Segundo Troconis Manuel Felipe Pulgar Manuel Augusto Govea Albino de Jesús Medina Manuel Navas Socorro Troconis Núñez Gustavo Montiel La campaña para impedir un control frente a los atropellos cometidos con los trabajadores indígenas, fue líderizada por los ciudadanos: César Antonio Montiel, Luis Montiel R., Gustavo Montiel, Leopoldo Marthen, Manuel Felipe Pulgar, Ricardo Segundo Troconis, Manuel Augusto Govea, Albino de Jesús Medina, Manuel Navas Socorro y Troconis Núñez. Dentro de los enfrentamientos, persecución y acusaciones, estos enviaron una comunicación, al General F.A. Colmenares Pacheco, planteándole lo siguiente: Los hacendados del distrito Colón esperan de usted, se encargará gustosamente de hacer llegar hasta el Benemérito General Juan Vicente Gómez, sus respetuosos saludos y las francas cuanto sinceras manifestaciones de su amistad e inquebrantable partidismo. Hemos hablado a usted, de la situación creada por el señor Coronel Aramendia Becerra y aunque sabemos que va usted, bien penetrado de la ingente necesidad de reemplazarlo, venimos a relatarle en seguida

65 la historia de la extraña y anómala conducta del nombrado Coronel 61. Este grupo de productores del sur del Lago de Maracaibo, se unieron para enfrentar las denuncias y acusaciones formuladas en su contra por el representante gubernamental. Lo hacen responsable de las prácticas irregulares que se cometían en perjuicio de los indígenas. Ante el peligro de perder sus poderes políticos, económicos y gubernamentales, justificaban la sujeción y explotación indígena, afirmando que es difícil encontrar por acá un peón jornalero que no debe al dueño de la finca en que sirven una suma que nunca es menos de 25 pesos y muchas veces excede de 200, ganando solamente es miserable salario de un bolívar diario, esto en cuando dan cumplimiento a la enorme tarea que les marcan, porque si resulta lo contrario, bien sea porque el peón no tenga fuerzas, por la falta de buena alimentación o bien porque se enferme, pasman el día, como aquí se dice, le apuntan a su cuenta dos reales por la comida que le han dado y muchas veces una multa de 5 a 10 bolívares. Razones éstas por las cuales hay peón, la mayor parte, que tienen diez a más años trabajando a un hacendado y la cuenta en cincuenta o cien pesos. La ración de comida se compone de cuatro pescados, la mayor de las veces en completo estado de putrefacción y ocho plátanos y con esta alimentación tiene que dar cumplimiento a una tarea de ochenta a cien ventanas en monte malo 62. Como bien lo expresan los documentos, de esta forma quedaba demostrado el comportamiento de dueños de fincas agropecuarias en el sur del Lago de Maracaibo. Y aunque no se tienen más datos sobre este conflicto que permita aclarar los acontecimientos posteriores. Las observaciones y argumentos esgrimidos por los productores agrarios en contra del representante del gobierno, proyectaban de alguna manera, las condiciones existentes de cómo era el tratamiento a la población obrera campesina e indígena wayuu. 61 Ibíd., págs Ibíd., p.184.-

66 1.7.- La mano de obra wayuu: denuncias sobre prácticas abusivas La problemática generada por la falta de mano de obra fue una constante que afectaba la capacidad productiva de hacendados, ganaderos, artesanos e industriales de la Venezuela de inicios del siglo XX. Como bien lo apunta Perales Frigols citado por Carmen Vallarino de Bracho -, en referencia a la agricultura y cría, los distritos Sucre, Maracaibo, Colón, Bobures y Encontrados ocupan los primeros lugares. Existiendo excelentes plantaciones de caña de azúcar, cocos, plátanos, cacao, yuca, tabaco, algodón y café. Además en las unidades de producción agropecuarias se alcanzaban altas cifras de papelón, casabe, almidón, aceite, legumbres y frutas cuya producción era enviada al mercado de la ciudad de Maracaibo por vía fluvial y lacustre 63. Sin embargo, a finales del siglo XIX y comienzos del XX el desarrollo del capitalismo en la agricultura zuliana ha utilizado una vía de colonización, que difiere entre otras cosas -, de la vía americana, en la escasa participación del Estado en sus etapas iniciales. La ampliación de la escala de la producción, generada por el crecimiento de la demanda de los centros urbanos como Maracaibo. Va convirtiendo esta agricultura familiar- mercantil en una producción cada vez más basada en la explotación del trabajo ajeno (Vallarino,1989:20-21). Esta creciente utilización de la fuerza de trabajo en el campo, motivo al Gobernador y jefe civil del distrito Colón con apoyo del presidente del Zulia, general del ejército venezolano Vicencio Pérez Soto, organizar una brigada contra tales abusos. Aparentemente, el gobierno del Benemérito, había ordenado poner correctivos a las irregularidades cometidas en las unidades productivas agropecuarias zulianas, Se advertía el exagerado propósito de la élite agropecuaria zuliana por aumentar cifras de ganancias, a expensas de la fuerza de trabajo del hombre indígena. Los campesinos no indígenas que habían sido atraídos por las promesas del campo zuliano, fueron sometidos por el hacendado a una deuda en cada peón, para que éste se vea obligado a vivir esclavizado en un trabajo, 63 Pablo Perales Frigols. Geografía económica del Estado Zulia. Maracaibo, Imprenta del Zulia.1957, tomo I, p Véase además, Carmen Vallarino de Bracho en La Nueva frontera de cómo se sembró el petróleo. Editores EDILUZ y VADELL Hermanos, Universidad del Zulia. Maracaibo, junio 1989.

67 donde perdía por completo sus garantías ciudadanas. También, existió la bárbara y odiosa costumbres de que pelan al peón, metido de pies en un cepo, cuando comete alguna falta, no sin escaparse al cargo de la multa de veinte a cuarenta bolívares por falta de respeto 64. Éstas y muchas otras opiniones que se localizan de forma insistente en expedientes documentales oficiales, manifiestan la actitud de sectores de la sociedad venezolana en perjuicio de un pueblo socioculturalmente diferenciado. La identidad indígena wayuu se puso en franca desventaja frente al comportamiento de propietarios, comerciantes y transportistas que utilizan las vías lacustre o terrestre. Sin embargo, el gobernador de Colón, Coronel Grisanto Garmendia Becerra, estaba dispuesto hacer cumplir disposiciones legales, que prohibían el tráfico y esclavitud. Por ello, al asumir su cargo en común acuerdo y muy amistosamente convino con los hacendados, el aumento al salario a dos bolívares diarios, en que la manutención sea cuatro días de carne y dos de pescado en la semana; prohibiendo absolutamente el látigo y otros castigos; recolectando todos los cepos e incendiándolos. Por que como usted sabe respetado General Gómez, es este un instrumento de presidio que pugna horriblemente con nuestras ideas republicanas 65. Contrariamente a lo que señalaba, la medida propuesta por el recién designado Gobernador, no contó con el apoyo de los hacendados y agricultores de la región, quienes denunciaron las irregularidades del procedimiento. Como se ve, estas denuncias y acusaciones del gobernador y jefe civil, causaron una profunda reacción por parte de propietarios de unidades productivas agropecuarias, quienes se enriquecían como producto de inmigración forzada de la mano de obra indígena wayuu. La desobediencia fue manifestaba a través de acusaciones contra la autoridad, donde se intentaba involucrar a todas la población civil del precitado distrito. Con la intención de defender sus intereses, los productores agropecuarios y de papelón, se dirigieron al gobernador del estado Zulia en los siguientes términos: 64 Ibidem. p Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, Ob.cit. p.185.-

68 Con sorpresa vio la sociedad colonense los primeros pasos del Jefe civil distrital. El primer día de su gobierno amaneció trajeado indecentemente y expresándose en términos más indecentes aún. Su primer cuidado fue ver de que manera se procurara ingresos fáciles y cuantiosos. Pidió a los agricultores en mayor escala cierto número de brazos al mismo fin, buscando seguramente la transacción por dinero y no habiéndolo logrado empezó al cuarto día de su gobierno a hostilizar a los hacendados. Hasta poner una parranda para la cual invito a todo el peonaje, habiendo tenido la osadía de llamarse nuevo Bolívar Libertador, predicando la huelga general, protestando que debían aumentarse los salarios 66. De esta forma se muestra que ocasionalmente el poder económico se vinculaba con el poder político en defensa de los intereses capitalista. Como signo de oposición frente a la disposición oficial, los productores agropecuarios amenazaron suspender el suministro de algunos rubros agroalimentarios y general escasez, además de intentar un aumento en el precio del plátano: sólo aspiramos a que se nos mande un gobernador que reúna las dotes necesarias para el cargo, para lo cual bastará saber interpretar el luminoso programa de Diciembre. Los agricultores de Colón no hacen política ni pueden hacerla, pues su consigna es la de Gómez. Único y su única aspiración disfrutar de la bendita paz de que goza Venezuela en el seno de la legalidad, dispuestos siempre a sostenerla en todos los terrenos 67. La conducta asumida por el sector agrario, sin duda, respondía al enfrentamiento con la justicia y a la postura oficial del gobernador. Desde el mismo día que asumió como Gobernador del distrito Colón: 66 Ibidem. 67 Ibíd., p hizo seguir un juicio por los Tribunales de Justicia, al señor Manuel Nava Socorro, dueño de la hacienda de caña San Felipe, por haber metido en un cepo a dos peones guajiros y luego haberles dado multitud de planazos en las espaldas. El Tribunal Sumariador, probada la culpabilidad del ganadero Nava Socorro, decretó su detención; y los médicos que reconocieron a los agredidos, informaron que las contusiones que

69 presentaban en las espaldas, revestían un carácter algo serio 68. Como consecuencia de la denuncia, el reo y expediente, según disposición del Juzgado, pasaron a la orden del Juez de Primera instancia en lo criminal del estado Zulia 69. A modo de dato histórico, se registra al ganadero Manuel Nava Socorro 70, firmando la carta enviada por los ganaderos y agricultores al General F.A. Colmenares Pacheco, fechada en la ciudad de Maracaibo el diecisiete de enero de 1912, exigiendo cambio de Gobernador para el distrito Colón. En la práctica hubo otros fines, que explican en parte, el problema presentado en jurisdicción del sur del Lago de Maracaibo. Donde indígenas wayuu, al igual que algunos alijuna, fueron sometidos a trabajos forzados y sujeción. El tráfico organizado con espíritu de especulación, fue un de los factores más significativos de la acumulación de capital. Situación que llevó al Ejecutivo nacional instrumentar un edicto 71 para aplacar la insolente utilización de los trabajadores de la agricultura y la ganadería. En el año 1911 el presidente de la República, Juan Vicente Gómez, ordena prohibir pagos con fichas los salarios de los obreros agrícolas, los cuales debían ser pagados solo en efectivo 72. Contrario a la prohibición presidencial, en las zonas agrícolas y ganaderas del Zulia la práctica sin embargo continúo, pero bajo cuerda. Posteriormente, en 1917 el presidente del estado Zulia ordenó de nuevo que a todos los trabajadores se les debía pagar en efectivo. Cuando se les informó del decreto, los gobernadores de los distritos Colón y Sucre y otros 68 Ibíd., p Ibidem. 70 Manuel Nava Socorro, dueño de la hacienda San Felipe, en el sur del Lago de Maracaibo, condenado por el Tribunal Sumariador con sede en San Carlos del Zulia, responsable de castigar con cepo a dos trabajadores wayuu y posteriormente castigados severamente con planazos en las espaladas. Ibidem, Ob.cit. p Edicto. DRAE: (Del lat. edictum). m. Mandato, decreto publicado con autoridad del príncipe o del magistrado. 2. Escrito que se fija en los lugares públicos de las ciudades y poblados, y en el cual se da noticia de algo para que sea notorio a todos. 72 Memoria de la Presidencia de la República. Decretos y Comunicaciones del presidente de Venezuela, General Juan Vicente Gómez. Ediciones presidencia de la República, Caracas, 1911.

70 distritos, por supuesto, desconocieron cualquier conocimiento de estas prácticas dentro de sus jurisdicciones (Linder, 1999:200). También, la Gobernación del distrito Mara del estado Zulia, el 31 de marzo de 1915 promulgó un Decreto para prohibir la compraventa de seres humanos. Decreto prohibiendo la compra y venta de indios goajiros en la jurisdicción del distrito Mara y reglamentando de manera de contratarlos y expedirles pasaportes para otros Distritos. El decreto se hizo circular a los jefes civiles de los municipios de este Distrito para su publicación y cumplimiento 73. En correspondencia a la explotación y trafico de indígenas en el Zulia, el consulado de la República de Colombia en la ciudad de Maracaibo, con fecha el 28 de mayo de 1918 notifica al Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Colombia en la ciudad de Caracas, doctor Víctor M. Londoño, refiere. que se ha presentado en este consulado, el colombiano señor Isidoro Cohen, dando el denuncio de que hace cinco años poco más o menos, contrató con el señor Onésimo Rincón, de esta vecindad, a catorce indios guajiros para trabajar por el término de diez meses en las hacienda de dicho señor Rincón en Encontrados que en esa época recibieron los indios a cuenta de trabajo, la suma de treinta pesos cada uno y que, a pesar de haber trabajado, no los diez meses contratados, sino cinco años, el señor Rincón no les da libertad, pues alega, que aún no han acabado de pagarle 74. El incumplimiento de acuerdos verbales, en la mayoría de los casos, generaba la retención forzosa de la fuerza de trabajo indígena wayuu en unidades de producción agrícolas y pecuarias. Fueron contratos verbales que 73 AHZ, año 1915, tomo 6, legajo 2. Informe de relación de los trabajos de la Gobernación del distrito Mara, Decreto de prohibición la compra y venta de indios goajiros en la jurisdicción del distrito. San Rafael, 31 de marzo de 1915, V. García (Gobernador) y José Luís Sevillano (Secretario). 74 AHZ, año 1918, tomo 2, legajo X. Relaciones del Consulado de la República de Colombia al Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Colombia en Caracas, sobre la denuncia del señor Isidoro Cohen, quien denuncia que hace cinco años el ganadero Onésimo Rincón, contrato a catorce indios guajiros. Manuel M. Leal (cónsul).maracaibo, 28 de mayo de 1918.

71 amarraron al indígena poniéndolos al servicio y dominio del terrateniente que abarcaba incluso a la persona física (Ortega, 1991:36). Los wayuu se convirtieron en la mano de obra fundamental en la actividad económica del sur del Lago de Maracaibo, fueron traídos propiamente desde la península de la Guajira. Nuevas voces con las reiteradas denuncias y acusaciones acerca del problema de explotación de la mano de obra indígena. Se registran para la historia y quedan en archivos oficiales. Manuel María Leal, cónsul colombiano en la ciudad de Maracaibo en informe dirigido al Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Colombia en Caracas, presenta la acusación expresada por el indígena wayuu Isidoro Cohen en contra del propietario de la hacienda Palmitas, señor Onésimo Rincón. En esta otra denuncia, se lee lo siguiente: el trato que reciben esos infelices compatriotas en la hacienda las Palmitas es sumamente inhumano hasta el punto, de que un sobrino del señor Rincón, hirió con bala a una de los indios guajiros y que se juzga que a otro lo han matado, pues desde el día de la herida del indio, ha desaparecido. También manifiesta el citado Cohen, que en las haciendas del señor Rincón existen mas de quinientos indios Guajiros en su mayor parte colombianos 75. La dinámica comercial agropecuaria que se desarrollo en las unidades de producción del sur del Lago de Maracaibo, tenían como protagonistas a los indígenas procedentes de la Guajira. El indígena wayuu ocupó su lugar en el campo zuliano y se convirtió hasta finales de los años de 1930, prácticamente en la única mano de obra disponible. Su fuerza de trabajo fue explotada como producto de la sujeción por parte de la élite agraria zuliana en complicidad con autoridades y grupos de comerciantes. Según las fuentes documentales, más de veinticinco unidades de producción agrícola y pecuarias en la cuenca de Lago de Maracaibo. Se convirtieron en testigos del trabajo forzado del cuál fueron víctimas quienes 75 Ibidem.

72 llegaron de la Guajira por puertos lacustre en barcos de fuerza motriz, que consumían carbón de piedra y embarcaciones de vela. Las prácticas esclavizadoras de este período respondían a las contradicciones sociales heredadas del período colonial y modalidades venezolanas. La utilización de la mano de obra en condiciones de esclavitud se justificaba en el imaginario de la época ante la necesidad de atender las demandas de progreso. Es probable que esta práctica se utilizara en la mayoría de las unidades de producción agrícola y pecuaria del estado Zulia. XXX

73 Capitulo II Legislación y práctica esclavista contra el indígena wayuu Ningún esclavo podía solicitar su libertad.

74 El indígena Daniel Iipuana, fue contratado por Ismael Urdaneta, hace quince años, y a pesar de que su contrato está cumplido, no ha sido posible que le dé su libertad. (AHZ, año 1929, tomo 1, legajo 137, folio 3). Capitulo II Legislación y prácticas esclavistas contra el indígena wayuu E xiste la necesidad de un acercamiento historiográfico, más allá de la historiografía positivista 76 y contemporánea, que defina cabalmente el régimen de tráfico, venta y esclavitud de descendientes africanos e indígenas venezolanos en la construcción del discurso histórico nacional, con la finalidad de explicar la historia necesaria para la comprensión del proceso histórico indígena. Una ilustración histórica crítica acerca del comercio ilícito con personas y la esclavitud indígena requiere revisar repertorios documentales 77 y fuentes orales para su análisis e interpretación con visión de totalidad. Un primer documento lo representa la constitución venezolana de , base fundacional de la primera República con un régimen de gobierno que se proclama de justicia y de igualdad social, según las ideas liberales y modernas del momento. 76. La filosofía positivista tiene su reflejo en la historiografía. El término positivo hace referencia a lo real, es decir, lo fenoménico dado al sujeto. Lo real se opone a todo tipo de esencialismo, desechando la búsqueda de propiedades ocultas, características de los dos primeros estados. En Alemania Berthold Georg Niebuhr ( ) es uno de los más famosos historiadores positivistas. En Francia el positivismo encontró su representante en Jules Michelet ( ). Michelet elaboró una Historia que le acerca al concepto de historia total. En 1830 escribió Introducción a la historia universal y Auguste Comte (Isidore Marie Auguste François Xavier Comte), ( ). Se le considera creador del positivismo en Francia. 77 Las fuentes históricas localizadas (documentos oficiales, discursos, memorias, comunicaciones oficiales, constituciones, leyes, decretos, resoluciones, cartas particulares y hemerográficas) y la memoria histórica permiten la aproximación de una historia incluyente de este pueblo originario del continente latinoamericano. 78 Constitución Federal de los Estados de Venezuela (1811). Promulgada por el Congreso nacional constituyente con representantes de las provincias de Margarita, de Mérida, de Cumaná, de Barinas, de Barcelona, de Trujillo y de Caracas, reunidos en Congreso General. Palacio Federal de Caracas, a veintiuno de Diciembre del año mil ochocientos once. La Constitución de los Estados Unidos de Venezuela de 1811 fue también la primera de Hispanoamérica y se adelantó en tres meses a la Constitución española de Cádiz del19 de marzo de

75 Disposición constitucional con prohibición de la trata y la esclavitud de negros con origen africano, según establece el artículo 202. El Comercio inocuo de negros, prohibido por Decreto de la Junta Suprema de Caracas el 14 de agosto de 1810, queda solemne y constitucionalmente abolido en toda la Unión, sin que puedan de modo alguno introducirse esclavos de ninguna especie por vía de especulación mercantil. En referencia a la población autóctona indígena, la misma constitución en su articulo 200 señala que la parte de ciudadanos que hasta hoy se ha denominado indios no ha conseguido fruto apreciable de algunas leyes que la monarquía española dictó a favor, porque los encargados del Gobierno en estos países tenían olvidada su ejecución. La representación de la civilización y el progreso, bandera del positivismo que se instaura entre las élites académicas en el siglo XIX, facilitó el soporte ideológico para tratar de desaparecer todo elemento cultural indígena, que fue catalogado como atrasado y por lo tanto atentatorio al llamado progreso. En el fondo se requería, justificar la hegemonía política de criollos y mestizos venezolanos, y el modelo económico asentado en la explotación de la mano de obra indígena y de los espacios geográficos de propiedad colectiva originaria. El trabajo forzado de los indígenas para favorecer a los propietarios es una constante, contrariamente a lo expresado en el marco legal constitucional, que prohibía desde ahora que puedan aplicarse involuntariamente a prestar sus servicios a los Tenientes o Curas de sus parroquias, ni a otra persona alguna Constitución Federal para los Estados de Venezuela (1811). Promulgada por el Congreso nacional constituyente con representantes de las provincias de Margarita, de Mérida, de Cumaná, de Barinas, de Barcelona, de Trujillo y de Caracas, reunidos en Congreso General. Palacio Federal de Caracas, a veintiuno de Diciembre del año mil ochocientos once. La Constitución de 1811 fue también la primera de Hispanoamérica y se adelantó en tres meses a la Constitución española de Cádiz (19 de marzo de 1812). (primer año de la independencia venezolana).

76 Estas reformas políticas son una realidad tendencial, la unificación territorial para constituir la república ésta aún lejos de ser completada, en el espacio socio-político de la Venezuela de inicios del siglo XIX, aun estaba en pugna las provincias que apoyaban la independencia promovida por Caracas y las monarquías. En función de esta realidad, el colectivo aborigen que aún mantenía su modo de vida cultural y político permanece relegado en sus territorios y pueblos originarios, muy a pesar del nacimiento del Estado moderno en circunstancias administrativas muy variables. En lo jurídico, las reformas para liberar los esclavos y civilizar a los ciudadanos naturales, constituyó un camino trascendente en la formación del Estado moderno. Circunstancias difícil y lenta su aplicación como consecuencia de la resistencia que siempre opusieron, por un lado, los organismos y representantes del Estado y, por el otro, los actores sociales dominantes, entre ellos, políticos, caudillos, terratenientes, propietarios y comerciantes cada uno desde sus espacios de poder. Jurídicamente en el siglos XIX la población indígena venezolana fue tratada por sectores políticos, económicos y académicos como objetos, como menesterosos y menores de edad y, en parte hasta nuestros días fueron puestos bajo la tutela de la iglesia católica o de los Estados nacionales, que no reconocían su resistencia, aunque ellos en marcadas ocasiones demostraron como actores sociales históricos su rol protagónico. Es así como, el concepto colonial indio mantenía su significado, como herencia del el comienzo de la conquista española (König,1998:17); quedaba en evidencia que la legislación venezolana era imprecisa y extemporánea con contenidos que sólo permanecían sobre el papel. En consecuencia, en todo el territorio nacional se mantuvo por décadas la esclavitud de negros y de indígenas que hasta ese momento habían sido comercializados como esclavos y utilizada su fuerza de trabajo en la explotación forzada, generándose en el caso wayuu una esclavitud sui géneris. La lucha por la libertad de los esclavos es una constante desde el nacimiento de la primera república hasta la aprobación de una ley justa, en el marco de una política ilustrada y consecuente con los principios liberales y

77 bolivarianos. Cronológicamente el calendario político-jurídico lo demuestra: en 1810 la Junta Suprema de Gobierno mediante una resolución prohíbe la entrada al país de esclavos procedentes de África. La Constitución Federal de 1811, en su articulado prohíbe el comercio esclavista de africanos; en 1812 el general Sebastián Francisco de Miranda en su condición de diputadopresidente del Congreso Constituyente, promete la total liberación para los esclavos descendientes de africanos que se alistasen en las filas del ejército patriótico. Llama la atención, en relación a los indígenas que participaron en los movimientos independentistas y posteriormente convertidos en peones después de la guerra, existe un profundo silencio historiográfico. De igual modo, Simón Bolívar durante su discurso en el Congreso de Angostura 80 el quince de febrero de 1819, se pronuncia a favor de la democracia, mantiene su preferencia por el centralismo y se inclina por la libertad e igualitarismo y determina que: La esclavitud rompió sus grillos, y Venezuela se ha visto rodeada de nuevos hijos, de hijos agradecidos que han convertido los instrumentos de su cautiverio en armas de Libertad. Si, los que antes eran esclavos, ya son libres: lo que antes eran enemigos de una madrastra ya son defensores de una Patria (Rojas, 2005:78). El interés del Libertador Simón Bolívar por abolir en forma definitiva la esclavitud, no llegó a consolidarse, ya que distintas fuerzas de carácter político y económico obstaculizan tal proceso. Sin olvidar que en la mayoría de nuestros próceres estuvo presente el temor a la llamada "guerra de razas", tal como ocurrió en Haití y en otras islas antillanas 81. En este caso la esclavitud hacía alusión a la opresión que España había ejercido sobre los pueblos americanos, así mismo, el Congreso Constituyente reunido en Cúcuta 1821, presidido por el político y escritor colombiano José 80 Primera reunión del Congreso que acabaría por constituir la República de la Gran Colombia, que tuvo lugar en Angustura, ciudad venezolana (actual Ciudad Bolívar). El Congreso de Angostura, cuyas sesiones comenzaron el 15 de febrero de 1819 y duraron hasta el 17 de diciembre del mismo año. 81 Documento Numero 53 "Ley de 2 de octubre de 1830, reformando la de Manumisión de 1821" En: Materiales para el estudio de la cuestión agraria en Venezuela. p. 104.

78 Félix Restrepo discutió el proyecto Ley sobre Manumisión de Esclavos, que determinaba la libertad de los esclavos nacidos de madre esclavizada; esta misma ley, se le conoce como Ley de libertad de vientres. Mientras que, el Congreso Constituyente de Venezuela, realizado en Valencia 1830, ratificó la separación de Venezuela de la Gran Colombia y aprobó las disposiciones del Congreso Constituyente de Cúcuta sobre la Ley de Manumisión 82. Estatuto legal que elevó a veintiún años, la edad exigida para que el esclavo pudiera obtener su libertad, luego de la indemnización de sus amos; además de negar la libertad para escoger su residencia, el trabajo o estado civil. Los derechos de libertad del esclavizado, eran casi nulos, lo cual generó que la aplicación de la manumisión desde 1830 hasta 1854 sólo novecientos esclavos recibieron la libertad por ese capítulo (Troconis, 1988:24). Por su parte, la diputación de Maracaibo reglamentó a partir de 1833 una serie de resoluciones, decretos, ordenanzas y Códigos de Policía que complementaban las disposiones nacionales (Rodríguez, 2001:71). En este contexto el representante de la provincia de Caracas, Francisco Amós, en encendido discurso pronunciado en diciembre de 1852, al tocar el tema de la esclavitud en Venezuela increpó al resto de Diputados para que en su próxima reunión, sancionen una Ley con la cual quede totalmente extinguida la esclavitud en la República (Gómez, 1981:250). A este carácter se añade que, durante el año 1853 se presentaron actos coercitivos con levantamientos y manifestaciones por calles y avenidas de Caracas defendiendo la libertad de los esclavos en Venezuela, con el propósito de presionar al Congreso de la República sobre la Ley abolicionista Contradicciones entre la legislación y la práctica. 82 Ley de Manumisión aprobada por el Congreso Constituyente de Venezuela el 2 de octubre de 1830, un estatuto favorable para los hacendados que se le indemnizaba por librarse de una esclavo de avanzada edad, que eran en su mayoría los esclavizados negros traídos de África. Esta ley determinó los siguientes cambios: 1).- Los hijos de esclavos nacidos después de 1830 tienen que servir al dueño de su madre hasta los veintiún años de edad, es decir hasta el año 1851, 2). Se crea una subvención para fortalecer el fracasado programa de manumisión a fin de que se pueda pagar la liberación de por lo menos de veinte esclavos por año en toda la República. Véase también, Marisol Rodríguez Arrieta (2001) en: Manumisión y abolición en la provincia de Maracaibo ( ). Gobernación del estado Zulia, Acervo Histórico del Zulia, Biblioteca de Temas de Historia del Zulia. Maracaibo.

79 Las primeras naciones que aplicaron constitucionalmente la prohibición del comercio de esclavos fueron los antiguos dominios coloniales de España en Sudamérica: Estados Unidos Mexicanos en 1810, Chile en 1811 y Argentina en Chile había liberado a todos los esclavos en 1823; siguió México en 1829 y Perú en En el caso cubano, el gobierno español realizó una abolición progresiva desde 1880, culminada con la emancipación de la colonia en El Parlamento abolió la esclavitud en las indias occidentales británicas en 1834 e incluyó la concesión de indemnizaciones a los propietarios y el establecimiento de programas de formación. Francia también prohibió la esclavitud en todos sus territorios 83. Durante el siglo XIX e inicios del XX, el movimiento abolicionista permaneció activo y siguió siendo necesario en otras partes del mundo. La República Federativa do Brasil, fue la última nación de América del Sur, que abolió la esclavitud, lo hizo en La expansión de los imperios coloniales europeos en África y Asia a finales del siglo XIX extendió la abolición de esta práctica en los nuevos dominios. La esclavitud se prohibió en la India Británica en 1843, mientras tanto, el abuso cometido por Europa contra África había reducido la población empleada en la trata de esclavos hacia Corea abolió la esclavitud en 1894 y China en Aunque en forma lenta, desde 1810 hasta 1854 en Venezuela los distintos gobiernos y congresos nacionales plantearon acciones legislativas con ideas o políticas tendentes a controlar el tráfico, la trata y la esclavitud de personas. Durante las discusiones sobre este delicado tema en Venezuela, se presentaron serios enfrentamientos entre Senadores y Diputados de la República, estaba en pugna el derecho de propiedad de los dueños de los esclavos contra el derecho de igualdad y de libertad establecidos en la Constitución centro federal de 1830, que planteaba un gobierno republicano, popular y representativo (Sevilla, 1997:21). El discutible derecho de propiedad 83 En América la emancipación y el nacimiento de las nuevas repúblicas provocó la abolición de la esclavitud. En relación a la abolición y manumisión de la esclavitud en la Provincia de Maracaibo, la historiadora zuliana Marisol Rodríguez Arrieta profundiza en el tema en su obra Manumisión y abolición en la Provincia de Maracaibo ( ).

80 sobre una persona y los intereses de las élites políticas y económicas regionales y nacionales fueron trabas influyentes para limitar a los congresistas liberales, conservadores, federalistas y centralistas republicanos para legislar a favor de la liberación de los esclavos en Venezuela. El veintitrés de marzo de 1854, mediante normas establecidas de indemnización, se adoptó la ley de abolición de la esclavitud, al día siguiente, veinticuatro de marzo del mismo año, el Ejecutivo Nacional, dá el ejecútese del texto legislativo ya sancionado por el Senado y Cámara de Representantes, reunidos en Congreso. Ese veinticuatro de marzo de 1854 el presidente José Gregorio Monagas 84, fundador del partido liberal, firmó el ejecútese para poner en vigencia con 16 artículos la Ley de Liberación de los Esclavos, que en su primer artículo expresa: Queda abolida para siempre la esclavitud en Venezuela 85. La Ley derogaba el estatuto legal del veintiocho de abril de 1848 sobre manumisión, cesando la obligación legal de prestación de servicios de los manumisos, quedando en pleno goce de su libertad, de igual manera, queda sin efecto el decreto del quince de mayo de 1852 que destina el 10 por ciento de lo que las rentas nacionales adeudan a las provincias (Artículo 16). El proceso de manumisión y abolición de la esclavitud en el Zulia tuvo sus singularidades. La historiadora zuliana Marisol Rodríguez Arrieta considera que la abolición de la esclavitud negra en Venezuela había generado un nuevo problema, el de la esclavitud indígena wayuu (2005:186). La promulgación de la Ley, políticamente constituyó un paso avanzado de los liberales. Sin embargo, la prohibición de la esclavitud en el territorio venezolano, garantizó la eliminación definitiva de la práctica esclavista. Pese a las medidas abolicionistas y las cláusulas antiesclavistas, durante todo el 84 R.A. Rondón Márquez (1954), La esclavitud en Venezuela. José Gregorio Monagas, nacido en el hato de El Roble, estado Anzoátegui, 4 de mayo de 1795 y murió en Maracaibo, estado Zulia, 15 de julio de Participó en la creación del Partido Liberal, ejerciendo al mismo tiempo cargos militares en el oriente del país. En el año de 1851 sucedió a su hermano José Tadeo Monagas, como Presidente de la República. Durante este tiempo aprueba un decreto para abolir la esclavitud, con el fin de evitar que grupos radicales atrajeran adeptos negros. págs.74, 87 y Ibidem, pp

81 período de la segunda mitad del siglo XIX y principio del XX el occidente venezolano experimentó un crecimiento agrícola y pecuario, tiempo en el cual, los indígenas wayuu 86, forzados a un proceso de esclavización, es decir, mediante la compra como esclavos, bajo engaño según lo relata la fuente oral. El tráfico y comercialización de indígenas nativos de la península de la Guajira hacia el sur del Lago y sierra de Perijá, generó reiterados reclamos binacionales. Colombia emplazó en varias ocasiones al gobierno venezolano con denuncias contundentes sobre tráfico, venta y esclavitud en la frontera. El Ejecutivo Nacional por intermedio del Ministro del Interior y Justicia da respuesta al Consulado General de los Estados Unidos de Colombia, quien afirma: que por el Zulia se importan y venden esclavos indígenas de la Goajira. El ejecutivo ha dispuesto que por el Ministerio de usted se obre como corresponde en caso de tan grave naturaleza, para procurar descubrir y, si resulta cierto, castigar debidamente el odioso crimen de la esclavitud, que nuestros padres proscribieron luego de efectuada la transformación política de Venezuela, y que la constitución actual considera destructivo de la libertad, que la nación garantiza a los venezolanos 87. A quince años de haberse prohibido constitucionalmente la esclavitud en Venezuela, la abundante documentación existente en los anaqueles de los archivos nacionales y regionales, indican que el llamado comercio con tráfico, venta y esclavitud en varias regiones del país continuaba vigente. La intención política de los gobernantes venezolanos se veía frenada ante la utilización forzosa de hombres y mujeres wayuu y la constante comercialización para convertirlos en esclavos. Fue tal, el auge de esta práctica que para la fecha en que el: Congreso Nacional discutía la ley de abolición de la esclavitud, comenzaron las razzias desde la frontera: 87 Fray Cesáreo de Armellada (1977). Fuero Indígena Venezolano. Comunicación del Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela dirigida al Ministro del Interior y Justicia, sobre la denuncia de Colombia que por el Zulia se importan y venden esclavos indígenas de la Guajira. Caracas, el 20 de abril de p

82 partían casi siempre, de las Guardias de Afuera hacia el interior de la Guajira con el objeto de apoderarse de la fuerza de trabajo aborigen que encontraban. Comenzó un tráfico de niños cautivos muy semejante al que practicaron los hombres de Alonso de Ojeda cuando penetraron en el lago de Coquivacoa para iniciar la conquista. Llegan hasta fomentar rivalidades entre comunidades indígenas que las conducen a guerras ínter-claniles. Aprovechan estos conflictos para comprar prisioneros a los bandos enfrentados, preferiblemente los niños (Cardozo, 1990: 339). El veintitrés de noviembre de 1854, la Diputación Provincial de Maracaibo, legisló con la finalidad de reglamentar el servicio de servidumbre y peonaje en el occidente venezolano. La Ley de Trabajo aprobada en el año 1854, que derogaba la ordenanza de 1852 sobre jornaleros a su vez, intenta normalizar acciones para promover seguridad social en el marco de los contratos personales entre sirvientes domésticos, peones agrícolas o de crianza y los empleadores. La referida ley en su artículo primero ordenaba: Toda persona que se dedique al oficio de sirviente doméstico, de peón de agricultor o crianza deberá recurrir precisamente ante el Juez de paz de su respectiva parroquia, expresándole aquel propósito y manifestándole su nombre, edad, paria y vecindario (Besson, 1949,III: ). Esta Ley de Trabajo promulgada por el órgano legislativo provincial de Maracaibo, en sus once artículos, muestra la inexistencia de formas para delimitar las obligaciones del Estado y de los patronos, así como de mecanismos reglamentarios para garantizar esas obligaciones. Se puede observar en dicha legislación una dispersión legal que entrababa la acción unitaria en materia política de los derechos ciudadanos. La reglamentación laboral aprobada en 1854 refleja una herencia colonial, en el articulo 5to., cuando expresa que los contratos por servicio personal, pueden enajenarse, traspasarse o cederse a terceras personas, vecinos del lugar en que reside el obligado a prestarlo. Así mismo, en su contenido se observa el propósito del legislador de proteger las relaciones económico-sociales del empleador capitalista, que utiliza como fuerza de producción la práctica esclavista.

83 Con este tipo de instrumentos jurídicos se legitimaba en el Zulia, la explotación y sujeción de la fuerza de trabajo indígena, bajo la modalidad de servicio personal. Que en esencia autoriza, según artículo 5º, parágrafo único el traspaso, cesión o enajenación de los contratos, además no tendrá lugar cuando el sirviente pueda devolver a su Señor el dinero que le haya avanzado. El uso exagerado de la fuerza de trabajo indígena mediante el régimen de tributación en servicios personales produjo un deterioro de la población originaria, que junto con el contagio de enfermedades endémicas de origen europeo como el paludismo, tifus, viruela, sarampión y malaria frenaron el crecimiento poblacional. Los indígenas wayuu que fueron trasladados a otras zonas de la provincia de Maracaibo, hoy estado Zulia, en especial a lugares de difícil acceso, tuvieron mejores posibilidades de supervivencia que aquellos ubicados en zonas vecinas a los poblados hispanos. A partir del período republicano la situación no mejoró para los aborígenes venezolanos; la Ley de reducción y civilización y resguardo de indìgenas 88 garantizaba el marco legal necesario para continuar con la explotación indígena, a pesar que se les consideraba ciudadanos naturales. Integrantes de la sociedad wayuu, fueron utilizados como mano de obra semi servil, otros, asimilados como comerciantes que reproducían relaciones sociales capitalistas adecuadas al modo de vida ancestral. En 1854 quedan libres los últimos esclavos descendientes de africanos cuya cifra sólo alcanzaba la cantidad de 91 persona. De esta cifra total, 59 se encontraban en la ciudad de Maracaibo, 14 en la sierra de Perijá, 11 en Altagracia y 7 en el Zulia (Cunill, 1987:1.193). La sostenida demanda de mano de obra para impulsar la economía del sector rural zuliano y la necesidad de las autoridades locales y regionales de evitar a toda costa el descarado comercio de trata de indígenas desde la península de la Guajira, llevó al jefe civil y castrense del Zulia, general Venancio Pulgar, funcionario designado por el 88 La Ley de reducción, civilización y resguardos indígenas, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos de Venezuela, refrendada por el presidente de la República, Joaquín Crespo dándole el Ejecútese el 16 de junio de Esta Ley en su artículo 1º.- Dentro de los límites de la Nación sólo se reconocen como comunidades indígenas las que existen en los Territorios Amazonas, Alto Orinoco y La Goajira los cuales serán protegidos por el Ejecutivo Nacional, conforme a la Ley. Ver: Fray Cesáreo de Armella en Fuero Indígena Venezolano, Universidad Católica Andrés Bello. Caracas, 1977, p.197.

84 presidente Antonio Guzmán Blanco, a permitir que los terratenientes contraten peones para sus haciendas y hatos 89. El seis de agosto de 1872 el presidente del Zulia, Venancio Pulgar le dio el ejecútese a la primera Ley de Trabajo para el territorio Guajiro, dirigida especialmente a la población wayuu con el propósito de incorporarlos por vía de contratos a las unidades de producción agrícolas y pecuarias zulianas. Dicha disposición legal, expresa: Artículo 1º.- Se permite a todo ciudadano perteneciente a los gremios agrícolas y pecuarios, que contrate peones en el territorio Guajiro. Estos contratos deben ser notificados ante el gobernador del Distrito Capital con presencia de un intérprete, llevándose copia de éstos en un libro destinado al efecto 90. Estas fueron disposiciones gubernamentales que ponían al servicio del terrateniente zuliano la fuerza de trabajo indígena en condiciones, no ya de siervo, sino de esclavo, porque furtivamente se venden por papel a los chinos (así llamaban los maracaiberos a los guajiros-wayuu) en Maracaibo, en los Andes y en Curazao (Cardozo, 1990: 340). Las mismas leyes que regulan el precio de las mercancías en general, regulan también, naturalmente, el salario y el precio de la fuerza de trabajo del individuo. Es así como, los llamados contratos de mano de obra, garantizaban la protección de los compradores de la fuerza de trabajo. Mientras que los indígenas contratados eran utilizados y explotados en condiciones de subordinación. Fueron muchas las estrategias que utilizaron los tratantes de indígenas para lograr sus objetivos comerciales. En muchos casos, la negligencia gubernamental conspiró en contra de los nativos de la Guajira. Los testimonios escritos y depositados en archivos oficiales, dan cuenta de ello, tal 89 Arturo Cardozo (1990). Los guajiros. Una etnia inconquistable durante la colonia en revista Tierra Firme, volumen VIII, julio-septiembre p AHZ, año 1872, tomo 3, legajo 8, folio XXVII. Expediente de la Ley de Trabajo, promulgada en el Zulia el 06 de agosto de Fue la primera legislación dirigida al control de contratos con indígenas wayuu.

85 como se observa en comunicación de la secretaría general de gobierno del Zulia notificándole al Jefe militar de Encontrados, que en la: Piragua Cira condujeron al puerto de Encontrados a cinco indígenas guajiros, con el propósito de negociarlos en estos lugares. Con excepción del indígena Francisco Rincón por ser mayor de edad y tener un contrato autorizado por el jefe Civil de la Parroquia Santa Bárbara 91. De esta manera, a través de un contrato de servicio, con aprobación de la autoridad territorial, se legalizaba un comercio de explotación que violentaba los derechos individuales y la libertad. La misma autoridad, reconocía que el traslado de cinco indígenas wayuu, menores de edad, tenía como objetivo principal la venta, como si se tratase de una mercancía cualesquiera. En el mismo informe se lee, que al wayuu mayor de edad, ya tiene un contrato de servicio según los estipula la Ley de trabajo para el territorio Guajiro. Esta situación fue generalizada y contribuyó con el tráfico de nativos de la Guajira, por cuanto, para legitimar la explotación de los indígenas en sus fincas, los hacendados falsificaban contratos de empleo y cuentas, dándoles a sus esclavos deudas imaginarias muy elevadas, quizá el mismo precio de su compra. Todo el proceso dependía de la cooperación de las autoridades de la península de la Guajira y del sur del Lago de Maracaibo (Linder,1987:286). La siembra, el cultivo y la producción en gran escala de cacao, café, caña de azúcar, plátanos, añil, palma aceitera y palo de mora, además de las actividades agropecuarias en el sur del Lago de Maracaibo y sierra de Perijá, fueron factores que incidieron, de alguna forma, en algunos cambios acerca del comportamiento local o regional. Hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX en zonas productivas del sur del Lago, se desarrollaron diversos sistemas de relaciones sociales con el propósito de garantizar y mantener a los trabajadores del sector agropecuario 91 AHZ, año 1881, tomo 2, legajo 7, folio 190. Comunicación sobre el traslado de cinco indígenas wayuu, menores de edad, para venderlos como mercadería. Maracaibo, 2 de junio de 1881.

86 en los departamentos 92 Maracaibo, Colón, Encontrados, Catatumbo, Sucre, Miranda, Altagracia, Mara y Perijá. Hombres y mujeres wayuu forzosamente se incorporaron al proceso productivo del sector rural zuliano. Los wayuu que se encontraban en fincas, haciendas, conucos, hatos, materas, rosas, haticos y estancias del sur del Lago y sierra de Perijá; salieron de su tierra natal por la fuerza o bajo artimaña de los comerciantes. A su vez, Castilletes, Cojoro, Sinamaica, Puerto Guerrero, San Rafael de El Moján y Maracaibo por vía lacustre, surtían de la mercadería humana; una vez que llegaban a las unidades monoproductoras del sur del Lago de Maracaibo, los indígenas destinados para la agricultura tenían que ser legalmente contratados por sus empleadores. Los hacendados solían escribir contratos de empleo debidamente registrados. Estos contratos estipulaban que los desafortunados habían recibidos una suma de dinero como adelanto de parte de los terratenientes a cambio de la promesa de trabajo (Linder,1999: 198). Estas políticas del gobierno demostraban una sagaz política de aprovechamiento y sujeción indígena. El referido contrato de servicio personal se realizaba garantizando un abono al contratado de hecho, el fraudulento contrato daba un aire de legalidad a un proceso de esclavitud, ilegal e inconstitucional. Una vez que el contrato de empleo había sido debidamente registrado ante las autoridades territoriales, el indígena wayuu contratado se le consideraba un peón de las unidades agro productivas legalmente. Además de sujeto a todas las penalidades de las leyes venezolanas en materia laboral y de las leyes arbitrarias del empleador propietario agrario. La mayoría de las veces, cuando el subyugado contratado se rehusaba a trabajar, podía ser arrestado y encarcelado; en caso de fuga, podía ser perseguido y traído de vuelta a la fuerza, si era necesario (Linder,1999: 198). Durante la vigencia de esta ordenanza se registraron varios casos de persecución por fuga, tal como aparece en el Registro Oficial del año 1881 llevado por la Secretaría de la Gobernación (Sección Zulia): 92 Los departamentos Maracaibo, Colón, Encontrados, Catatumbo, Sucre, Miranda, Altagracia, Mara y Perijá, con la nueva división política administrativa del Zulia, comenzaron a ser llamados distritos, posteriormente municipios.

87 Hay informes en este Despacho de que han llegado a lagunilla prófugos de ese departamento cuatro indígenas de la Guajira, uno de estos menor de edad, los cuales dicen haber sido conducidos allí violentamente y vendidos al ciudadano José Ignacio Gutiérrez. Los referidos informes no tienen aún el carácter de certidumbre apetecido para inducir el procedimiento legal en la materia pero el Gobierno se propone hacer esclarecer los hechos y descubrir la verdad de los datos que se le han suministrado para dar a las resoluciones dictadas, en el propósito de extirpar la abominable trata de los indios, estricto y riguroso cumplimiento. Sírvase, pues, a la brevedad posible informar á este despacho de todo lo que usted pueda inquirir relativamente a la fuga de esos cuatro indios, al modo y forma en que fueron conducidos al departamento Sucre, la fecha en que esto ocurriera, el nombre de la embarcación á cuyo abordo fueron, el de la persona que los vendió al ciudadano Gutiérrez 93. Las exigencias por parte del Gobierno del Zulia para impedir el comercio, se hacían presentes. Para el mes de diciembre de 1881 se registra una exhortación de la Secretaria de Gobierno del Zulia dirigida al gobernador del departamento de Sucre, ordenándole practicar diligencias y de resultar de alguna manera convicción de haber habido trata de indígenas. El gobernador procederá sin ningún género de contemplación cumplir las disposiciones legales de la materia, remitiendo al Juez del Crimen las actuaciones que practique para la secuela regular del juicio correspondiente 94. En ese sentido, la documentación localizada sobre el tema, revela algunas medidas tomadas por las autoridades zulianas para controlar el tráfico de seres humanos. Entre esas, acciones se puede como el Gobierno político de la Sección (Zulia) que ha cifrado particular empeño en perseguir y castigar el inmoral tráfico y espera que todos sus funcionarios a la altura de los propósitos 93 AHZ, año 1881, tomo 2, legajo 14. Solicitud de información sobre fuga y tráfico de Indígenas wayuu a la Gobernador del Departamento Sucre. Registro Oficial de la Secretaría de la Gobernación- Sección Zulia. 94 Ibidem.

88 que le guían en ese punto, cooperaren con su actividad, energía y celo al mejor y más cumplido éxito de las medidas dictadas a ese respecto Un tráfico escandaloso : Cómplices y redes de comercialización Durante la segunda mitad del siglo XIX se acentúan los contactos regulares e irregulares de alijuna venezolanos con los indígenas de la península de la Guajira. Ante la liberación de esclavos de origen africano, se considero al hombre wayuu como el individuo apto para sustituirlo en el agro zuliano. Esta sustitución de un hombre de descendencia africana por otro de origen wayuu, intensificó la servidumbre y el peonaje forzado. Para ello, se utilizaron intermediarios que lograron con éxito manejar el ilícito comercio de nativo de la Guajira. Situación que generó problemas políticos, sociales y económicos para los gobiernos. De hecho, éste debía garantizar la seguridad jurídica para evitar el comercio ilícito. El ocho de enero de 1869, la secretaría de gobierno del estado Zulia, elevó ante la Asamblea nacional constituyente una denuncia sobre el escandaloso comercio que se venía practicando con los indígenas de la península de la Guajira, y la necesidad de dictar una medida que cortará de raíz los tantos males que se originan por el expresado comercio. En la misma fecha se exige a la Asamblea nacional a decretar lo más conveniente en este asunto; trazando así el camino que deba de guiarse en la referida materia 96. Las fuentes existentes en el Archivo Histórico del Zulia (AHZ), certifican explícitamente la presencia de redes, grupos o individuos venezolanos, dedicados a la compraventa de indígenas de la Guajira hacia otras regiones del Zulia. En consecuencia, la Asamblea constituyente del Zulia en su momento, tomó acciones de lucha contra el tráfico, venta y esclavitud. Es evidente, que esta práctica introducida a través del comercio con descendientes de africanos, llevó a los diputados zulianos, a pronunciarse en contra de estos abusos. 95 AHZ, año 1881, tomo 2, legajo 15. Registro Oficial de la Secretaría de la Gobernación- Sección Zulia, acerca de la fuga y tráfico de Indígenas wayuu. 96 AHZ, año 1869, tomo 2, legajo 3, folio 104. Pronunciamiento de la secretaria de gobierno del estado soberano del Zulia ante la Asamblea Nacional Constituyente, acerca del escandaloso comercio de la esclavitud con los indígenas de la península de la Guajira. Maracaibo, 08 de enero de 1869

89 La comercialización con individuos nativos de la Guajira, se empleó durante un largo período republicano, en muchos casos en complicidad y, a la vista de las autoridades territoriales y nacionales. En el Zulia, estos hechos, obligaron al organismo legislador zuliano, tomar acciones que llevara a la concreción de leyes, resoluciones y ordenanzas para frenar a los mercaderes. El 9 de enero de 1869, se legisló una resolución para prohibir: la trata de goajiros, imponiéndose a los contraventores las más severas penas por la autoridad de policía; y mientras la Asamblea constituyente expide una Resolución y Ley reglamentaria en el sentido de civilizar á los indígenas empleando los medios morales, se deja al recto criterio y buen juicio de la autoridad la conservación de este propósito con relación á los indígenas que existen hoy en todo el territorio del Estado; derogándose todas las disposiciones anteriores sobre el particular. Las penas que se impongan serán multas de veinticinco a cien pesos y prisión de tres días á tres meses 97. Disposiciones legales que no garantizaron efectivos resultados en jurisdicción del Zulia, por cuanto, los delitos continuaron por muchos años. Para intentar impedir las acciones delictivas, el gobierno implementó un sistema, que sólo penaba con multas de veinticinco a cien pesos y cárcel para infractores con penas de tres días a tres meses. La ambigüedad de la legislación colonial, la heredaron las repúblicas americanas: aún bien entrado el siglo XIX se venden como esclavos, los indios pertenecientes a varias tribus amazónicas, y algunos indios esclavos a parecen en los territorios andinos de la Nueva Granada (Frede, 1961:63). Los cambios socio-económicos ocurridos en Venezuela a finales del siglo XIX e inicios del XX, propiciaron un incremento del mercado interno y externo de productos agroalimentarios. No obstante, la agricultura y la ganadería experimentaba una serie de dificultades que limitaban su adecuado proceso productivo para garantizar abastecimiento local y de exportación. Uno de los problemas más álgidos confrontados por el sector, lo representaban el uso de una tecnología originaria, apoyada esencialmente en el trabajo humano. 97 AHZ, año 1869, tomo 2, legajo 3, folio 106. Expediente sobre decisión acordada por la Asamblea Constituyente con relación a la prohibición de trata de indígenas wayuu.

90 Factores que limitaban la producción agrícola ante la deficiencia de mano de obra calificada para el campo. Esta alta demanda propició el uso forzado de indígenas en propiedades agrarias zulianas. Al respecto, el historiador colombiano René De la Pedraja, denuncia que: Además de los abusos de los riohacheros, los indígenas guajiros tuvieron que soportar las agresiones de los venezolanos. Partiendo desde Sinamaica, los venezolanos empujaron hacia el norte hasta establecer Guardias de Afuera, un caserío entre Sinamaica y la actual Paraguaipoa. los venezolanos necesitaban de mano de obra, y empezaron a contratar guajiros desde las Guardias de Afuera para que vinieran a trabajar a Venezuela (1988: 25-26). Existen suficientes documentos oficiales y bibliográficos que señalan que detrás de las leyes republicanas de Colombia y Venezuela, se escondieron oscuros intereses mercantilistas, donde la fuerza de trabajo wayuu se consideraba mercancía, y el capitalista, latifundista, terrateniente o hacendado invertía en la compra de la mano de obra productiva. La inversión del capital se destinaba a la adquisición por vía ilícita de obreros importados desde la península de la Guajira hacía las zonas agrícolas. Los indígenas wayuu en apariencia, empleados como trabajadores contratados, de hecho, trabajaban en las unidades productivas zulianas bajo un sistema que no estaba alejado de ser una verdadera esclavitud. Su servidumbre tenía la sanción de oficiales locales y estatales. Ambos, oficiales y terratenientes, buscaban expansión económica y consideraban la mano de obra barata como un ingrediente esencial para esta anhelada expansión. Así mismo, alegaban que la mano de obra forzada era un beneficio para los indígenas, ya que los ponía en contacto con la cristiandad y la cultura nacional (Linder, 1999:192). El rápido crecimiento de la ciudad de Maracaibo después de 1850, tuvo un significativo impacto en la hacienda regional y nacional. Maracaibo no tenía, ni tiene aún, tierras productivas en sus cercanías, las tierras alrededor de la ciudad eran áridas y secas, la mayor cantidad de alimentos que se consumía en Maracaibo, tenía que venir de afuera, en particular de la región del sur del Lago de Maracaibo, desde los departamentos Colon, Sucre y Encontrados

91 (Perales,1957:119,t.I). La existencia de pequeños agricultores garantizaban las cosechaban de subsistencia familiar de maíz, plátanos y topochos; mientras que las grandes granjas y haciendas o unidades de producción agrícolas y pecuarias producían caña de azúcar, café, tabaco, cacao, cocos, arroz, naranjas, toronjas, lechosas, mangos, aguacates, piñas, nísperos, añil, algodón; además de la cría de ganado vacuno, porcino, caprino, ovino, caballar, asnal y mular, como productos de abastecimientos para el mercado zuliano y el exterior. Pablo Perales Frigols en la obra Geografía Económica del estado Zulia, plantea que las corrientes comerciales inter-regionales se reflejan en el comercio zuliano, cuya diversidad es notable. Reconociendo la existencia de varias corrientes que concurren en Maracaibo, ya sea proveniente del norte, de la Guajira, ya de Machiques, ya del sur, de Colón y de Sucre, utilizando preferentemente en ese caso la vía lacustre. Maracaibo pues, actúa de distribuidor de productos agropecuarios que se concentran en su mercado, procedentes de las comarcas del oeste y del sur. Del puerto de Santa Bárbara y de los pequeños embarcaderos de la costa sur hasta La Ceiba, salen embarcaciones cargadas con productos agropecuarios con destino al puerto de Maracaibo (1957, I: ). Producción ésta, soportada por la fuerza laboral indígena wayuu, obligada a permanecer en las unidades agroexportadoras. De acuerdo con los datos que aporta Rene De la Pedraja, se establecieron redes para el mercadeo de la mano de obra wayuu, amparados por las legislaciones venezolanas. Solo en el año de 1867 se contrataron 436 entre menores y adultos; para 1884 los contratos se estaban agotando, y los venezolanos se vieron precisados a organizar expediciones a la Guajira para capturar a nuevos contratados como parte de un tráfico escandaloso que se hace conduciendo de la Guajira a Curazao y probablemente a otras islas de las Antillas, habitantes de aquel territorio, para ser vendidos como esclavos (1988, 26).

92 La retención de hombres y mujeres en propiedades agrarias del Zulia en estado de esclavitud, adquiría cada vez nuevas dimensiones por la condición en que se encontraban los trabajadores o jornaleros, quienes luchaban por lograr el cese de los contratos, algunos abandonaban sus quehaceres. En estas circunstancias, existía una estricta aplicación por parte de propietarios agrarios de legislaciones que les eran favorables La reglamentación prohibitiva de comercializar con la fuerza de trabajo, constantemente fueron violentadas. Desde la Villa de San Bartolomé de Sinamaica, la prefectura civil del municipio, consignó ante el despacho del Ministro de Gobierno del estado Zulia, el siguiente oficio: Se ha recibido en esta jefatura la nota oficial de usted, de fecha 14 del cursante, marcada con el número 923, relativa a la compra de indígenas guajiros y con esta misma fecha se ha insertado lo dispuesto por ese Ministerio al General Jefe de la Línea, librando al mismo tiempo todas las órdenes correspondientes a los Jueces de Paz de los caseríos y comisarios de Policía con el fin de evitar tan ilícito comercio 98. Ante el incipiente desarrollo de la industria como factor de progreso, se hizo depender la mayoría de la actividad de los gobiernos locales, regionales y nacionales y a la población de las riquezas del campo y de la actividad ganadera. Se fomentó en los venezolanos, necesitados de mano de obra, contratar guajiros desde las Guardias de Afuera 99 para trabajar en los campos y ciudades 100, acentuándose la explotación del hombre wayuu; se pasa a nuevas formas de servicio personal, esclavitud y trata de indígenas (Rodríguez, 1998:26). 98 AHZ, año 1871, tomo 5, legajo 3, folio 145. Oficio de la prefectura civil del municipio Sinamaica al Ministro de Gobierno del estado Zulia. Sinamaica, noviembre 21 de AHZ, año 1834, tomo 2, legajo 3, folio 16. La creación de las Guardias de Afuera como fortaleza militar y epicentro de contacto comercial entre criollos venezolanos y wayuu venezolanos/colombianos, a unos diez kilómetros de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica. Se convirtió en línea divisoria entre la Península de la Guajira y la Provincia de Maracaibo.Las Guardias de Afuera cambio su topónimo a Santa Teresa, durante la primera presidencia de Antonio Guzmán Blanco. 100 Este tema es ampliamente desarrollado por René De la Pedraja en el ensayo La Guajira en el siglo XIX. Indígenas, contrabando y carbón en revista El Caribe Colombiano. 1988:1-38; ver también la obra El Zulia en el Septenio de Guzmán Blanco, de la historiadora zuliana Arlene Urdaneta Quintero (1992),p.127.

93 Eleuterio Paz, indígena wayuu denunció ante el Despacho del gobernador del Territorio Guajiro 101, que a principio del mes en curso una mujer que vive en la Villa de Sinamaica, llamada María Trinidad Machado llevó a Maracaibo con engaño, a una indígena guajira de nombre Arigua y allí, la vendió a uno de los departamentos agrícolas del Estado 102. Esta denuncia por sus singularidades tuvo gran repercusión, lo que ha permitido desmontar los mecanismos utilizados para esclavizar al wayuu a través de un comercio considerado ilícito. Este tráfico se convirtió en sinónimo de esclavitud y se desarrollaron disímiles acciones con el objeto de capturar en la geografía peninsular a hombres y mujeres wayuu para su traslado forzado hacia las unidades productivas zulianas. A la par de ello, se levantaron incontenibles voces de censuras. Las denuncias en contra de tales agresiones acusaba la cooperación y complicidad de autoridades locales y regionales, habitantes de la Villa de Sinamaica, y de empresarios del transporte fluvial, que prestaban servicios desde los puertos: Castilletes, Cojoro, Sinamaica, San Rafael de El Moján y Maracaibo. En oficio con fecha dieciséis de agosto de 1880, arriba identificado, continúa la denuncia del traslado bajo engaño de la joven Arigua Uliana, donde se acusa de responsable de su traslado a la ciudadana María Trinidad Machado, y a dos individuos, también denunciados como cómplices de la trata, identificados como Antonio Salas y José de la Rosa Lozano, responsables de traer desde una parcialidad de la Alta Guajira a la indígena Arigua 103, para convertirla en instrumento del comercio esclavista. 101 AHE, año 1880, tomo 4. Expediente llevado por el Gobernador del territorio Guajira, general Sebastián Faria, notificando al Presidente Provisional del Estado Zulia sobre la denuncia del indígena Eleuterio Paz contra María Trinidad Machado. La gobernación despacha desde el poblado y fortín miliar Santa Teresa, antigua Guardias de Afuera. 102 AHE, año 1880, tomo 4, Denuncia de Eleuterio Paz contra María Trinidad Machado, que llevó a Maracaibo a la sobrina del Jefe indígena Jullichipar y la vendió. Oficio firmado por el gobernador del Territorio Guajira, general Sebastián Faria, en el fortín miliar de Santa Teresa, el 16 de agosto de AHZ, año 1880, tomo 5, legajo 23, folio X. Expediente de denuncia del traslado de la indígena Arigua acusando de su rapto a la ciudadana María Trinidad Machado y otros. 16 de

94 De éste hecho tienen conocimiento una fracción considerable de vecinos de Sinamaica, principalmente Agustín Palmar, dueño y patrón de La Balandra en que fueron a Maracaibo, la Machado y la indígena Arigua, Manuel Delgado y Cruz Alvarado, dueño el primero y patrón el segundo de La Balandra, en que la misma Machado regresó de Maracaibo a Sinamaica sola, después de la venta de la mencionada Arigua, y Antonio Salas y José de la Rosa Lozano a quienes se consideran cómplices de la Machado, pues fue con ellos que vino de la Guajira la Arigua 104. En el texto, se advierte la gravedad del delito, a parte de la impaciencia de la autoridad ante sus secuelas posteriores en contra de los pobladores de las riberas del Río Limón, frontera con la península de la Guajira, ya que la indígena Arigua, era sobrina del jefe de una parcialidad wayuu, conocido como Jullichipar del e irukuu uliana. Alfredo Jahn, registra como caudillo wayuu a Juyichipar (Jullichipar), con residencia en el lugar conocido como Arpunápana, caserío con una población de 600 habitantes, de índole guerreros y dedicados a la cría de ganado vacuno, caballar, caprino y asnal, además de su dedicación a la agricultura 105. La vinculación familiar de Arigua por línea materna con el célebre Juyichipar, jefe del e irukuu Uliana, fue motivo preocupación y alarma para las autoridades civiles y militares venezolanas, además de generar zozobra entre los pobladores de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica y de sus alrededores. Dada, la peligrosidad de quien en diferentes épocas ha consumido a estas comarcas, al mismo se le sindica de estar implicado en el agosto de Véase Alfredo Jhan. en Los Aborígenes del Occidente de Venezuela (1973 :253). Esta fuente señala que Arigua, es sobrina del jefe de una parcialidad wayuu, reconocido como Jullichipar, del e irukuu Uliana (wuliana), indicando que es hija de una hermana de Jullichipar, por lo tanto, ella debe ser identificada con el e irukuu (clan) materno Uliana (wuliana), tal como se utiliza en la cultura ancestral wayuu, y así la identificaremos en este trabajo. 104 AHZ, año 1880, tomo 4, legajo 22, folio XVIII. Comunicación sobre la denuncia por la venta de la Indígena Arigua para uno de los departamentos agrícolas del Estado. 105 Alfredo Jahn (1973). Cuadro demostrativo de las parcialidades wayuu, su residencia, índole y habitantes en Los Aborígenes del Occidente de Venezuela. Jahn, registra como caudillo wayuu a Juyichipar (Jullichipar), con residencia en el lugar conocido como Arpunápana, caserío con una población de 600 habitantes, de índole guerreros y dedicados a la cría de ganado vacuno, caballar, caprino y asnal, además de su dedicación a la agricultura.: Según fuentes orales y de la lingüística actual, se puede asegurar que el término Juyichipar, es una deformación de la toponimia juechiipa a (predios) de jueechii, territorio ancestral del e irukku wuliana (uliana).

95 hurto de ganado vacuno y caballar de la propiedad del ex-presidente del estado Zulia, general Jorge Sutherland, ubicada en las riberas del río Limón al oeste de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica. En relación a esta situación el gobernador del Territorio Guajira, en oficio enviado a la autoridad gubernamental zuliana, señala: Este hecho criminal Ciudadano Presidente, es por desgracia de todo punto cierto, y habrá de ocasiones si Arigua no retorna a su hogar en breve tiempo, graves trastornos en el Territorio; perdidas de vidas y ganados en alta escala por ser Arigua sobrina carnal de Jullichipar, jefe Uriana que se ha hecho célebre y temible por el gran número de indios Guerreros bien montados y armados que le obedecen, por su arrojo y valor y por los robos de ganados que en diferentes épocas ha consumado á sangre y fuego en estas comarcas, entre los cuales se cuenta el del General Jorge Sutherland que pasó de cuatrocientas reses vacunas y el de Andrés Báez que también pasó de cuatrocientos y le ha dejado sumido en una miseria lastimosa 106. Se observa como en la Venezuela de finales del siglo XIX traficar con seres humanos en el Zulia era un realidad, además la autoridad jurisdiccional reconoce administrativamente la implicación de comerciantes zulianos con el rapto de la joven wayuu Arigua, sobrina del líder indígena wayuu Uliana. En la misma carta al gobernador zuliano, denunciaba un hecho demostrativo acerca de la conducta ejercida por el familiar materno de la indígena wayuu en manos de mercantes, al señalar que en la Guajira, el indígena Juyichipar para el año 1880, se encontraba prácticamente: Reducido a la vida honrada y pacífica, merced al buen tratamiento que desde hace algún tiempo sé venia observando aquí con él y su parcialidad; y que ahora por la desaparición de la sobrina á quien más que sujeta á la vida de esclava en las ergástulas del Departamento Colón creerá cruelmente asesinada por los españoles, ejecutará nuevas incursiones, que no 106 AHZ, año 1880, tomo 4, legajo. 22, folio XIX. Comunicación al Presidente del estado Zulia del Gobernador del Territorio Guajira, general Sebastián Faria acerca del rapto de la indígena wayuu Arigua Uliana (Wuliana) y sus consecuencias en la Villa de San Bartolomé de Sinamaica y zonas próximas.

96 dudo puedan extenderse hasta los suburbios de Sinamaica 107. Este conflicto pone al descubierto, las circunstancias en las cuales un grupo importante de nativos de la Guajira, fueron obligados a la emigración y la negación deliberada de trabajar libremente, estableciendo contactos permanentes con familiares dejados en su región ancestral. Desde la esfera oficial se observa como la denuncia del ciudadano Eleuterio Paz, despertó preocupación. En la comunicación al Presidente del estado Zulia enviada por el gobernador del Territorio Guajira, general Sebastián Faria, éste agrega: el crimen cometido con la indígena Arigua, y las funestas consecuencias que de no remediarlo oportunamente se derivarán, prometiéndome que usted se sirva dictar las providencias que fuere menester para que Arigua retorne lo más pronto á su hogar, y la delincuente María Trinidad Machado y sus cómplices de Sinamaica y Maracaibo sean castigados con todo el rigor legal 108. La acusación del ciudadano indígena wayuu Eleuterio Paz, fue tratada con mucho cuidado por la autoridad regional, más por temor que por el acto inhumano cometido en contra de la indígena Arigua Uliana, raptada y llevada con propósito mercantil a la ciudad-puerto de Maracaibo con la finalidad de trasladarla a los Departamentos 109 zulianos. A raíz de la denuncia, el gobernante de la Guajira solicitó apoyo a los gobernadores de Colón, San Rafael de El Mojan y Capital, quienes concertaron hacer las averiguaciones correspondientes hasta esclarecer completamente el hecho que se denuncia 110, sin embargo, el caso, creó reacciones entre los mandatarios 107 Ibidem. 108 Ibidem. 109 Zulia, Maracaibo, Colón, Miranda, Catatumbo, Miranda, Sucre, Altagracia, Mara y Perijá. División político territorial de los estados que desde el nacimiento de la República, identifica a las regiones subdivididas en Departamentos, que después fueran identificados políticamente como Distritos y posteriormente Municipios. 110 AHZ, año 1880, tomo 4, legajo 22, folio XXI. Comunicación del gobernador del Territorio Guajira a sus homólogos de los departamentos Colón, San Rafael de El Mojan y Capital solicitando esclarecer el caso de rapto y venta de la indígena wayuu Arigua.

97 notificados. El gobernador del departamento San Rafael, Rafael Travieso 111, al acusar recibo de la solicitud de su par del territorio Guajira, expresó: A la denuncio que hizo en aquella nación el Ciudadano Eleuterio Paz, del crimen cometido por María Trinidad Machado, que con engaño llevó a Maracaibo a la indígena goagira de nombre Arigua y la vendió para uno de los Departamentos agrícolas del Estado. Me dirigí a la Parroquia de Sinamaica con el fin de activar la averiguación del hecho, por tener la convicción que el Jefe Civil actual, no es bastante expedito en asuntos de tanta relevancia como el presente 112. De acuerdo con otras fuentes documentales localizadas en el Archivo Histórico del estado Zulia, se evidencia la relevancia de este hecho. Al extremo, que una vez liberada la citada Arigua Uliana, el secretario de gobierno del territorio Guajira, notificaba su regreso al suelo natal. Ciudadano Secretario General del Gobierno Provisional del Estado Zulia. Tengo á honra avisar á usted recibo de su nota fecha 28 del mes próximo pasado, número 253, participando el envío de la indígena Arigua: ésta se encuentra aquí desde anoche. El Ciudadano Gobernador del territorio se congratula con el Gobierno del Zulia por el satisfactorio resultado de este asunto; y estima en alto grado el celo, actividad é inteligencia con que al efecto se ha distinguido el Ciudadano Presidente de ese Estado 113. A pesar de las evidencias anteriores relacionadas con las acciones de gobierno, encontramos que la red comercial dedicada a al tráfico y venta con fines de esclavitud indígena, continuaba operando con sus modalidades. Un reflejo de la situación, lo representa el hecho que ocurrido en 1888, cuando: Estalló un escándalo sobre un caso de la corte en el estado Zulia. Según dos periódicos caraqueños, Manuel 111 Ibidem. 112 AHZ, año 1880, tomo 4, legajo 22, folio XXII. Oficio al Secretario del Gobierno del Estado notificando recibo de solicitud del gobernador del Territorio Guajira referida a la denuncia de Eleuterio Paz. 113 AHZ año 1880, tomo 4, legajo 22, folio XVIX. Documento número 174, fechado en Santa Teresa, Octubre 1º de 1880 enviada por la Secretaría de la Gobernación del territorio Guajira a la Secretaría General del Gobierno Provisional del estado Zulia.

98 S. Montero, representante de la señora Isabel S. de Lossada, había demandado a E.A. E Empaire de Maracaibo por la posesión de un indígena que reclamaba como su pertenencia. El Ministro de relaciones interiores informó al gobierno zuliano del escándalo y ordenó que el asunto fuera detenido y los involucrados castigados (Linder, 1999: 192). Asociado a estas circunstancias, la población wayuu apegada a sus principios de coexistencia ancestral, desarrollaba a fines del siglo XIX sus actividades de chime e (cría), de olojoo (caza) y de ejimejaa (pesca) en las regiones de las costas marítimas caribeñas y de cultivos como wuirü (auyama), maiki (maíz), ai (yuca), kepeshuuna (frijoles), meruuna (melones) y kalapaasü (patillas); además del canje provechoso de estos productos con alemanes, ingleses, holandeses, estadounidenses y europeos, como bien lo señalan Friedemann y Arocha. Pese a que el territorio de la Guajira secularmente ha sufrido tremenda escasez de agua, los pastos en ciertas épocas del año y en lugares particulares permitieron a los wayuu una trashumancia fructífera. Así pudieron sostener un comercio activo de ganado con barcos que todavía alrededor de 1890 llegaban de Curazao y Jamaica en busca de reses y caballos, cueros quesos, a cambio de mercancías de origen europeo y estadounidense. Para ese tiempo, se calculaba que la península, poseía unas cien mil reses vacunas, más de veinte mil mulas y caballos, treinta mil asnos y doscientos mil cabras y ovejas, sin contar gallinas y cerdos (Friedemann y Arocha, 1982: 311) Tal como lo muestra la denuncia, que se anexa al inventario documental acerca del tráfico en la demarcación guajira, cuando la matrona wayuu María Concepción Silva, madre del joven Donato Silva, súplica ante el gobernante del Territorio Guajira, Sebastián Faría, el regreso de su menor hijo. En ese sentido, la autoridad territorial informa inmediatamente de la situación al presidente provisional del Zulia. La indígena María Concepción Silva ha recurrido a esta Gobernación invocando los fueros de la humanidad y las garantías de la civilización a favor de un indiecito hijo

99 llamado Donato Silva, que contra la voluntad de ella y sin su conocimiento se ha llevado para Maracaibo el ciudadano José Calixto Ramírez. Dicho indiecito es una víctima más del espíritu de ilícitas y criminales especulaciones que en estas comarcas predominó durante algunos años hasta la extinción de la Comandancia de la Línea de Sinamaica 114. De acuerdo con los datos que se han presentado, los propietarios de unidades de producción agrícolas y pecuarias, se movilizaban muy bien en el Zulia, utilizando diferentes modalidades para evadir la justicia, tanto en lo civil como en lo criminal. La mayoría de las denuncias formuladas por familiares de los afectados, se quedaban sobre los escritorios de las autoridades locales y regionales. Como es bien sabido, los implicados en compraventa y explotación continuaban operando con deliberada libertad. Para ese momento, la población wayuu preservaba una autonomía territorial, económica y política en la Guajira. No obstante, mantenía una efectiva relación económica con el resto de la población criolla venezolana y colombiana, lo cual generó una serie de cambios socio-culturales, entre ellos, la transformación del apego al territorio ancestral. Además, se incrementaba la necesidad de subsistencia, para un mínimo sector de la población nativa, quienes tuvieron que abandonar el territorio ancestral. Algunas emigraciones fueron forzadas, como se ha venido exponiendo a lo largo de este estudio. Un contundente testimonio de autoridad, referida al tráfico indígena lo simboliza la comunicación enviada desde la Gobernación del territorio Guajira fechada el dieciocho de agosto de Donde se expone crudamente la denuncia de la ciudadana María Concepción Silva, madre del joven wayuu Donato Silva, que acusa al comerciante venezolano José Calixto Ramírez como autor material de privativa de libertad de su hijo para comercializar su venta. En relación a la denuncia, aparece otro texto oficial, enviado al presidente provisional del estado Zulia por el gobernante del territorio Guajiro, el cual expone: 114 AHZ, año 1880, tomo 4, legajo 22. Comunicación de la Gobernación del Territorio Goajiro al Presidente Provisional del Zulia en relación a la denuncia de la indígena María Concepción Silva contra José Calixto Ramírez sindicado de rapto de su hijo Donato Silva. Santa Teresa, junio 24 de

100 El ciudadano José Calixto Ramírez ha manifestado a los ciudadanos José del Carmen Carrera y Ramón Delgado Puche, que sabe en poder de quien está el indiecito Donato Silva, que por cinco morocotas y media, o por otro indio, lo entregará sin demora ni dificultades. Me apresuro a poner en conocimiento de usted esta cívica manifestación de Ramírez, la cual prueba plenamente la realidad de cuanto aseveré a usted en la nota fecha 24 de julio último, Nº 110, con motivo de la venta del expresado indiecito Donato 115. Ante la autoridad territorial en la población de Santa Teresa, el dieciocho de agosto de 1880, se hizo presente el acusado José Calixto Ramírez, quien confeso su intención de entregar al joven wayuu Donato Silva exigiendo como condición el pago de cinco morocotas y media. De acuerdo a las formalidades de ley, se levantó el expediente respectivo, firmaron la declaración, el indiciado y el funcionario público local. Cumplidos los trámites respectivos, el gobernante del territorio de la Guajira, dirige otro oficio al ciudadano presidente provisional del Zulia, donde le informa lo solicitado por Ramírez; agregando que se hace necesario aplicar medidas que impidan tan cruel actividad en el Zulia. En los últimos informes sobre el paradero de esa víctima de la maldad y la avaricia, se que lo mantienen oculto en esa ciudad, o en La Cañada o en el Jobo, la suegra del José Calixto Ramírez. Creo por tanto, ciudadano Presidente, que se ha llegado el caso de proceder eficazmente en este asunto, ya sea empleando medidas coercitivas en que están por las leyes de la humanidad y para evitar dichas, de redimir de las Cadenas de la esclavitud a un niño de cuya inocencia están abusando bárbaramente; cuya madre espera confiadamente que así, y que usted se sirva participarme los resultados de la presente nota 116. La problemática generada por la persistente práctica plagiaria en contra de indígenas wayuu en jurisdicción del Zulia, se convirtió prácticamente en un conflicto social. Calificada también, como problema social por el representante consular norteamericano en Maracaibo, Eugene Hermann Plumacher, quien muestra un testimonio de referencia visual en el texto publicado como sus 115 Ibidem Ibidem.

101 Memorias ( ). En el argumento ofrecido por Plumacher, se puede leer que: Durante el año 1881 le escribió al gobierno de los Estados Unidos de América, así como a los ministros británico y francés en la ciudad de Caracas. Sobre la venta de niños indios de la Guajira como esclavos, comprados por ciudadanos del Zulia y principalmente residentes en Maracaibo. Creo que debe hacerse público para que posiblemente influencias externas terminen con una condición que es una mancha para la civilización de este país, y una vergüenza para el gobierno de Venezuela que lo tolera. Me refiero al sistema de esclavitud indígena tal como se práctica en este estado de la Unión venezolana (p.174). Se observa en esta denuncia del funcionario estadounidense en jurisdicción zuliana, que la trata de indígenas wayuu abrió un extenso campo a los abusos. Por cuanto se comercializaba con niñas y niños menores de edad, comercio que, según debemos suponer, era en su forma y modalidad, semejante al tráfico para la esclavitud. De este modo se explica que la alteración de leyes, decretos y normas que garantizaban los derechos ciudadanos eran vulnerados por algunos comerciantes y propietarios de unidades de producción agropecuaria. En instancias de los archivos oficiales regionales y nacionales reposan voluminosos expedientes acerca de las denuncias de familiares e interesados sobre la comercialización de la mano de obra wayuu en el Zulia. En relación al sonado rapto del indígena Donato Silva, existe un extenso repertorio documental en el Archivo Histórico del Zulia, con informes de autoridades gubernamentales de Santa Teresa, San Rafael, Maracaibo y el Ministerio de lo Interior. Del mismo modo, José Calixto Ramírez, presunto responsable del rapto y venta, durante su comparecencia ante el despacho gubernamental regional, testificó que durante el lapso en que ocupo la gobernación del territorio de la Guajira el ciudadano Telésforo Silva, fue llamado al Despacho con idéntico objetivo, expresando en esa oportunidad, lo siguiente:

102 Que no ha tenido parte alguna en la compra ni venta de ese indiecito, que de allá, de Sinamaica, sabe que lo trajo María Concepción Semprún, quien lo obtuvo probablemente de Manuel Semprún; que sabe además que la madre del indio, Concha Silva, lo dio en garantía a Manuel Semprún en garantía de ciento cuarenta pesos que aquella recibió de este. Que María Concepción Semprún lo vendió en esa ciudad, no sabe a quien; y que esta señora está avecindada en Sinamaica, donde puede hacerse la averiguación 117. Se deduce que el gobierno mostraba buenas intenciones, pero las medidas para el control del tráfico y sujeción indígena, quizá no eran las más apropiadas. El comercio clandestino y la explotación de la fuerza de trabajo wayuu se desarrollaba en muchos casos con la participación de negociantes wayuu dedicados al tráfico, generalmente de otros e irukuu, cuyas acciones eran conocidas por autoridades, productores agropecuarios y comerciantes involucrados. En su oportunidad el comerciante José Calixto Ramírez, se defendía de la acusación formulada ante la gobernación del territorio Guajira, por la progenitora de Donato Silva, la indígena María Concepción Silva, recusándola por la venta de su hijo e implicando a dos personas más, tal como puede apreciarse en el expediente. Ciudadano Gobernador del departamento San Rafael. Remito a usted inclusa copia de la declaración rendida por el Ciudadano Calixto Ramírez ante el Ciudadano Gobernador del Departamento Capital, relativamente a la venta de un joven indígena de nombre Donato, que el ciudadano gobernador del territorio Goajiro viene reclamando desde el mes de agosto próximo pasado. Sírvase usted hacer comparecer a su despacho a María Concepción y Manuel Semprum, así como a Concha Silva, vecinos todos de Sinamaica, para que declaren lo que sepan del actual paradero del indio en cuya venta parecen haber Intervenido de un modo tan directo, según la declaración de Ramírez Ibidem. 118 Ibidem.

103 En este informe de la secretaría de Gobierno del Zulia, se acusa a tres vecinos de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica como integrantes de una red de implicados en el tráfico con fines esclavista. Tomando en cuenta lo anterior, las fuentes documentales no reflejan con exactitud acerca del número de indígenas involucrados en este comercio, por lo tanto aún es desconocida. A pesar de ser tolerado por los oficiales, este comercio continuaba ilegal. No existe un registro sistemático de estas involuntarias inmigraciones. Solo hay dispersos indicadores acerca del volumen de este tráfico (Linder, 1999:198). Las autoridades regionales, invocando leyes que prohibían expresamente esclavizar indígenas, demandaban inútilmente su fiel cumplimiento. En ese sentido, el gobierno del Zulia, reconoce oficialmente la problemática vigente en su jurisdicción, cuando el: Presidente del Estado tiene él más vivo interés en que durante su Administración quede para siempre extirpada la trata cruel e inmoral de indios, que la sórdida avaricia de pocos se empeña en proteger para oprobio de la civilización zuliana 119. A medida que avanzaba la producción agropecuaria, el campo venezolano, requería de la mano de obra como garantía para su desarrollo. Situación que provocó la explotación indígena en forma indiscriminada. Según el mismo informe dirigido al gobernador del departamento de San Rafael, se ordena la: Averiguación del hecho a que se refiere esta nota, no menos que en perseguir y remitir a la disposición de los tribunales del Estado a los que, hollando los derechos de la libertad individual garantizados por la Constitución y desconociendo los principios de la razón y de la humanidad, se emplearen en adelante en tan detestable tráfico dentro del territorio de su Departamento AHZ, año 1880, tomo 4, legajo 22, folio X. Expediente sobre la venta del indígena Donato Silva. Secretario de Gobierno del Estado Zulia al Gobernador del Departamento de San Rafael. Maracaibo, 03 de noviembre de Ibidem.

104 Como se ha señalado, aún se desconoce la cantidad de indígenas wayuu que emigraron forzosamente de la península de la Guajira y subordinados en zonas agrícolas y ganaderas del territorio zuliano, hasta el momento no hay registros de cifras puntuales. De hecho, las imputaciones expuestas por José Calixto Ramírez, hábilmente obliga a la gobernación del territorio Guajira, a tomar la siguiente posición....conforme a lo expuesto por José Calixto Ramírez ante la Gobernación del Departamento Maracaibo, que es María Concepción Semprún la responsable de la venta del indígena Donato, pues fue ella quien lo vendió en Maracaibo; como resulta también, según la nota fecha 12 de Noviembre último del Jefe Civil de la parroquia Sinamaica al Gobernador del Departamento San Rafael, que la expresada María Concepción Semprún es vecina del territorio Goajiro; y que por esta circunstancia la referida autoridad Departamental no ha dado cumplimiento a la orden, que respecto de aquella, recibió del Ciudadano Ministro del Interior del Estado Zulia 121. Este caso de tráfico y venta, enfrentó en su momento, a las autoridades de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica y de la gobernación del territorio Guajira. El impase entre las dos autoridades, tiene que ver con el domicilio permanente de los acusados de traficar con el menor indígena Donato Silva. En ese sentido, el jefe civil de la parroquia Sinamaica, Manuel Osorio, se dirigió al gobernador del departamento de San Rafael, para clarificar el domicilio principal de los tres presuntos traficantes, alegando que María Concepción Semprún y Manuel Semprún son vecinos del territorio Guajira, mientras que Concha Silva, es de la misma vecindad. Lo que pongo en su conocimiento para los fines que convenga 122. La polémica suscitada enfrenta a las autoridades de los dos departamentos, situación que obliga al gobernador Sebastián Faria defender su posición ante el mandatario regional. 121 AHZ, año 1880, tomo 6, legajo 20, folio XI. Expediente con respecto al domicilio de María Concepción Semprún. El gobernador Sebastián Faria, argumenta oficialmente ante el presidente del estado Zulia. 122 AHZ, año 1880, tomo 4, legajo 22, folio XIII. Aclaratoria del Jefe Civil de la Parroquia Sinamaica en relación al domicilio de los presuntos responsables de vender al indígena wayuu Donato. Sinamaica, 12 de noviembre de 1880.

105 Cumple a mi deber, ciudadano Presidente, discurrir sobre el error contenido en la no razonada aseveración que hace el Jefe Civil de Sinamaica respecto al vecindario ó domicilio de María Concepción Semprún. Esta, es de antigua y moderna pública notoriedad que siempre ha residido en la villa de Sinamaica, que sólo viene á Santa Teresa en calidad de transeúnte por pocos días, que jamás exceden de uno ó dos meses: que no se ocupa aquí en labor alguna, ni tiene hogar propio ó arrendado, ni propiedad de ningún género; únicos casos aplicables que constituyen el domicilio ó vecindad conforme á las prescripciones relativas del Código Civil 123. Despertaba interés que el gobernador del territorio Guajira, fuese acusado por el jefe civil de la parroquia Sinamaica de proteger a los presuntos implicados en el comercio con indígenas wayuu, por omitir en su informe a la población de Sinamaica como residencia fija de María Concepción Semprún, Manuel Semprún y María Concepción Concha Silva. El gobernador Sebastián Faría, argumentaba en su defensa. desde el mes de Noviembre último se halla la Semprún en Santa Teresa. Difícil ya que no imposible sería la averiguación de los delitos y castigo de sus comisores, si hubiera de aceptarse el domicilio de la manera que lo establece el Jefe Civil de Sinamaica en su nota mencionada. Según se deduce, pues bastaría que un individuo se ausentara de su domicilio un instante para enclavarlo en otro extraño por todos respectos, y que la justicia y la moral quedaran burladas y escarnecidas. Por las razones expuestas juzgo que me es lícito y obligatorio reiterar el reclamo que tengo establecido para el regreso del indígena Donato al seno de su familia; prometiéndome que usted se sirva dictar nuevas providencias á ese efecto 124. Este debate giró en torno a la anarquía gubernamental, ante la táctica puesta en práctica por los infractores de la ley: esclavistas y comerciantes. Los 123 AHZ, año 1880, tomo 4, legajo 22, folio XIV. Expediente del reclamo establecido para el regreso del indígena Donato Silva al seno de su familia. Gobernación del Territorio Guajira, Santa Teresa, 12 de noviembre de AHZ, Año 1880, tomo 4, legajo 22, folio XV. Expediente sobre la defensa del gobernador de la Guajira, Sebastián Faría en relación al domicilio de María Concepción Semprún.

106 propietarios o dueños de las unidades de producción agropecuaria, invertían capital en las redes de comerciantes dedicados al tráfico. Para aquellos que buscaban mano de obra agrícola, claro, los indígenas de la península de la Guajira representaban el más cercano y accesible recurso de trabajadores forzados que permitían el mantenimiento y expansión de la producción y no demostraron remordimiento comprarlos y usarlos (Linder, 1999: 206). El jefe de gobierno en el territorio Guajira, el 24 de junio de 1880 presentó un informe al Ministro de Relaciones Interiores de Venezuela, informando de acontecimientos ocurridos en la península de la Guajira, en correlación al tráfico de aborígenes wayuu: Algunos hombres de aquí y de Sinamaica, extraños a los estímulos del honor que engendra las buenas acciones, como a los principios de la religión que sirven de freno a los malos instintos, en alianza con la autoridad militar, asaltan, con todas las circunstancias de un carnaje bárbaro, rancherías de indios pacíficos e indefensos para hacer prisioneros y convertirlos en esclavos, que luego vendían en el mercado público de Maracaibo al mejor postor (Jahn, 1927: ). El proceso de comercialización productiva y la interacción entre wayuu venezolanos/colombianos y alijuna (criollos venezolanos), resaltaba la dejadez del Estado venezolano en la zona, era incuestionable su inhabilidad para instaurar controles y políticas de seguridad. A pesar que los indígenas habían ganado en derechos y estatus como consecuencias de legislaciones liberales, aún en aquel tiempo, un grupo de wayuu eran sometidos y obligados a marcharse a diferentes espacios geográficos de Venezuela. En documentación existente en el Archivo Histórico del estado Zulia, se puede constatar esta práctica. Tengo informes de que con criminal engaño se están conduciendo indígenas guajiros de Sinamaica a Maracaibo, para allí venderlos con destino a los departamentos agrícolas de ese Estado. Reconocida oficialmente la impotencia de la autoridad de Sinamaica para hacer efectivas en todo su territorio aún aquellas garantías fundamentales de la vida y la libertad individual,

107 juzgo que no debo ocurrir a esa autoridad denunciándole el hecho mencionado. Pero faltaría a un gran deber si dejara de ocurrir al Gobierno del Zulia denunciándole, como lo hago, tan bárbara iniquidad, en el propósito de obtener una medida que la extinga, y el castigo de los que por su comisión sean culpables 125. La autoridad gubernamental instalada en la Villa de San Bartolomé de Sinamaica y Santa Teresa 126, hacían muy poco para controlar y vigilar las embarcaciones que salían del puerto local, con destinos a los principales ancladeros fluviales zulianos. A partir de esa debilidad, en términos de capacidad de control, resultaba imposible frenar el tráfico humano, tal como lo señala la nota dirigida por el presidente del estado Zulia al administrador de la Aduana marítima regional. El ciudadano Gobernador del territorio Goajira dirigió al ciudadano Presidente del Estado con fecha 25 de Marzo última, la nota que acompaño copia autorizada, en la cual da parte de los manejos vergonzosos que vuelven a ponerse en juego para conducir de Sinamaica a esta ciudad con criminal engaño, indígenas guajiros que luego son vendidos con destino a los departamentos agrícolas del Estado 127. Se plantea en primer lugar, profundizar acerca del traslado de indígenas wayuu desde la península de la Guajira con fines comerciales para su explotación en las unidades de producción agropecuaria. Estos acontecimientos debilitaban el poder gubernamental, al reconocer que deben 125 AHE, año 1881, tomo 2, legajo 8, folio v. Expediente de Denuncia sobre tráfico de indígenas desde Sinamaica para venderlos en los departamentos agrícolas del Estado. Comunicación Nº 291, del gobernador del Territorio Guajira al Presidente del estado Zulia. Santa Teresa, marzo 25 de La Villa de San Bartolomé de Sinamaica, según Decreto Orgánico del Territorio Guajira del 25 de agosto de 1874 es la Capital, después paso a ser sede del poder local el caserío las Guardias de Afuera, que luego cambió su topónimo a Santa Teresa. De ese sitio se traslada la capital al caserío Paraguaipoa, llamada por los wayuu como Palawaipo u (frente al mar), según Decreto Presidencia Nº 228, firmado en el Palacio Federal de Caracas por el Presidente de los estados unidos de Venezuela, general Antonio Guzmán Blanco el 12 de noviembre de AHE, año 1881, tomo 2, legajo 8, folio v. Expediente de Denuncia sobre tráfico de indígenas desde Sinamaica para venderlos en los departamentos agrícolas del Estado. Comunicación Nº 291, del gobernador del Territorio Guajira al Presidente del estado Zulia.Santa Teresa, marzo 25 de 1881.

108 aplicarse medidas que conduzcan a la extinción de tan inocuo comercio y al castigo de los que a él se dedican. En medio de informes y denuncias, se plantea que: El Gobierno ha estado poniendo en práctica por medio de la policía del Estado las medidas de vigilancia indicadas por el Ciudadano General Faría sobre las embarcaciones que llegan de Sinamaica, las avenidas terrestres de San Rafael y sobre los indios recién venidos a esta ciudad. Pero como entre este puerto y la Goajira se hace también un comercio que no carece de actividad por la vía marítima, y por esa vía podrían conducirse indios con mayor facilidad acaso que por la terrestre y el interior del lago 128. La vinculación entre empresarios del transporte terrestre, vías navegables y el tráfico de indígenas, se convirtió en un problema político de Estado, por su trascendencia en prejuicio de los naturales de la península de la Guajira. Acción que legalizaba un acto lucrativo para la sujeción del hombre, aún cuando, la esclavitud en Venezuela estaba prohibida desde El gobierno del Zulia, mostraba interés en frenar los acontecimientos que ocurrían en puertos marítimos y fluviales de su jurisdicción. Por decisión del Ejecutivo regional, se dieron órdenes expresas al administrador de la Aduana marítima para: Diese instrucciones a los empleados de esa Administración, encargados de visitar los buques procedentes de la Goajira, para que al acto de ir a practicar la visita de fondeo, admitan a bordo de la embarcación un oficial de policía que pueda examinar si el buque es ó no portador de indígena y aplican las disposiciones del Gobierno. En el sentido propuesto para evitar la continuación de ese comercio justamente considerado como indigno de nuestra cristiana civilización 129. Sin embargo, esta reorganización política aduanera en la Guajira, no resolvió el problema del tráfico humano. Los implicados en el lucrativo negocio, 128 AHZ, año 1881, tomo 2, legajo 7, folio: v. Oficio sobre solicitud de requisar las embarcaciones en los puertos del Zulia para controlar el tráfico de wayuu. Secretaría General, sección de lo Interior del estado Zulia, al Ciudadano Administrador de la Aduana marítima. Maracaibo, 6 de mayo de Ibidem.

109 pusieron en práctica otra estrategia para burlas a las autoridades. Utilizaron los contratos de trabajo que legalizaba un sistema de esclavitud. Las autoridades locales, regionales y nacionales hicieron muy poco para evitar que los propietarios de unidades productivas agropecuarias, usaran mano de obra forzada. Estas unidades agrícolas y ganaderas en su mayoría establecidas en las márgenes del río Zulia, Encontrados y Escalante se convirtieron en patrimonio agrícola del Estado. Así lo reseñaba la revista mensual marabina El Zulia Ilustrado 130, los peones de labranza en el Distrito Colón son en su mayor parte de raza indígena. Otro incidente sobre las extracciones violentas de indígenas, aparece en el expediente llevado por la secretaria General, Sección de lo Interior fechado el siete de mayo de 1881, que acusaba expresamente como responsable de estos actos al ciudadano Andrés Atencio. Se instruye a la gobernación de la Guajira para la averiguación conducente a descubrir el paradero de los tres guajiros arrancados de la Guajira y vendidos por Atencio en esta ciudad; lo mismo que a comprobar la culpabilidad de este avariento especulador 131. La acusación del jefe del territorio Guajira, formulada ante la secretaría general de Gobierno del Zulia, conmina al Juzgado en lo Criminal a esclarecer la inhumana realidad existente en su jurisdicción. Ciudadano Juez del Crimen: Se recibió en este despacho una nota del ciudadano Gobernador del territorio Guajiro participando a este Gobierno que el indígena Sirimanaí de la tribu Jarariyú de Macuire fue violentamente embarcado en jurisdicción de Sinamaica en los días, 14 o 15 del pasado mes de abril por el Ciudadano Antonio Quintero vecino de la parroquia Bolívar de esta ciudad, y que negociado aquí, fue luego vendido en San Carlos de Zulia por un individuo de apellido Negrete al Agricultor Marcelino Pulgar El Zulia Ilustrado, revista mensual, tomo I, número 33, Maracaibo, 31 de julio de p AHE, año 1881, tomo 2, legajo 17, folio 173. Expediente llevado por Secretaria General, Sección de lo Interior que señala expresamente como autor de tres extracciones al ciudadano Andrés Atencio. Maracaibo, mayo 7 de Oficio dirigido al Gobernador del Territorio Guajira (firmado) José Andrade. 132 AHZ, Año 1881, tomo: 2, folio: v. Expediente sobre trata de indígenas. Caso: Sirimanaí Jarariyú (Ja yaliyuu), vendido en San Carlos de Zulia al agricultor Marcelino Pulgar.

110 La administración política local y regional, en diversas ocasiones, se veía obligada a ejercer todos los resortes de autoridad y de poder con el propósito de extirpar radicalmente las fábricas esclavistas que vienen siendo victimas los indígenas del territorio Guajira, y de hacer extensivo a esto las garantías literales de la ley 133. El lucrativo negocio aparece en documentos públicos, como lo registra la Secretaría General de Gobierno del Zulia, en oficio al gobernador de Sucre, fechado el 27 de octubre de Hay informes en este Despacho que han llegado a Lagunillas prófugos de ese departamento, cuatro indígenas de la Goagira, uno de estos menor de edad, los cuales dicen haber sido conducidos allí violentamente y vendidos al ciudadano José Ignacio Gutiérrez 134. En ese marco, la trata y comercialización de individuos constituye una constante, al extremo que el: Gobierno se propone hacer esclarecer los hechos y descubrir la verdad de los datos que se le han suministrado para dar a las resoluciones dictadas, en el propósito de extirpar la abominable trata de los indios, estricto y riguroso cumplimiento. Sírvase, a la brevedad posible informar a este despacho de todo relativamente a la fuga de esos cuatro indios, al modo y forma en que fueron conducidos al departamento Sucre, la fecha en que esto ocurriera, el nombre de la embarcación a cuyo bordo fueron, el de la persona que los vendió al ciudadano Gutiérrez y todas las demás circunstancias 135. De esta forma, una vez más, se expresaba el comportamiento de un grupo de ciudadanos venezolanos, que se dedicaban a la comercialización con seres humanos para el lucro agropecuario y el servicio domestico. Fueron actividades ilegales cometidas a lo largo y ancho de la geografía zuliana, tal 133 AHZ, año 1881, tomo: 2, folio 189. Solicitud a los Gobiernos locales y regionales para extirpar radicalmente las fábricas que vienen siendo victimas los indígenas del territorio Guajira. 134 AHZ, Año: 1881, tomo: 2, legajo: 14. Documentos y Publicación Frecuente. Sección Zulia, Secretaría de la Gobernación del estado Zulia. Maracaibo, 27 de octubre de Ibidem.

111 como quedaron registrados en archivos oficiales. El mismo documento citado anteriormente, revela de alguna manera el propósito del Gobierno político de la sección Zulia, acabar con el lucrativo tráfico indígena en la frontera Guajira, al expresar que existe un: particular empeño en perseguir y castigar el inmoral tráfico, y espera que todos sus funcionarios a la altura de los propósitos que le guían en ese punto, cooperarán con su actividad, energía y celo al mejor y más cumplido éxito de las medidas dictadas por Sebero Núñez, al respecto 136. Como principal característica de las acciones emprendidas por las autoridades para contrarrestar el ilegal negocio del tráfico, se instrumentaron decretos, resoluciones y normas que poca o nula efectividad alcanzaban. Por su parte, los propietarios de las unidades de producción agropecuarias, calificaban de prófugos a los indígenas sometidos y maltratados, que se negaran a continuar en las explotaciones agrícolas sin recibir un jornal coherente a las faenas cumplidas y optaban por abandonar las haciendas. Cuando se daba esta situación, los propietarios agrícolas, ávidos de un rápido enriquecimiento, organizaban cuadrillas armadas perseguirlos, capturarlos y obligarlos a ofrecer su fuerza de trabajo. Las autoridades legítimas, parecían actuar a favor de estos intereses y prestar poca atención al problema. En algunos casos los propios afectados, denunciaban haber sido conducidos allí violentamente y vendidos El tráfico de indígenas: prohibiciones y concesiones A medida que la economía del Zulia se dinamizaba, la necesidad de mano de obra en las áreas productivas se incrementa, lo cual explica el número de 136 Ibidem. 137 AHZ, año 1881, tomo: 2, legajo 14. Comunicación para solicitud de indígenas prófugos al gobernador de Sucre por parte de la Secretaría General de Gobierno del Zulia. Maracaibo, 27 de octubre de 1881.

112 denuncias de tráfico y trata de indígenas. La prohibición de esta actividad favorecía el comportamiento ilegal los infractores, los cuales aumentaban cada vez más. Las crecientes denuncias y acusaciones acerca del tráfico y posterior comercio de indígenas wayuu en el estado Zulia, fue determinante para que la jefatura civil del distrito Maracaibo, tomará medidas al respecto. Con fecha catorce de diciembre de 1892, promulgó un decreto de protección al indígena el cual también, proponía acabar con el comercio con fines esclavista en la Guajira. Esta Jefatura en cuenta de las tropelías y actos de barbarie ejercidos en las personas de los indígenas Goajiros, muy particularmente por los traficantes que con las tribus aborígenes ejercen el comercio, habiendo llevado el criminal abuso al extremo de atentar contra sus vidas, y robarles no solo sus propiedades sino lo que es más atroz e inaudito, sus mujeres e hijos, con lo cual han mantenido el plagio e infame trata de indios, odiosa a nuestras instituciones y condenada por la civilización; en tal concepto y debiendo la autoridad, en la esfera de sus atribuciones legales, poner cese a tan escandalosos y punibles atentados 138. La actuación de la autoridad distrital marabina se refería a impedir el tráfico, además de corregir el sistema de explotación de la mano de obra, conservando las relaciones de producción anteriores a la libertad de trabajo y al régimen salarial, en un contexto marcado por la penuria de fuerza laboral disponible. Este novedoso instrumento legal, en su artículo primero, señala: Artículo 1º.- Se observará por los Jefes civiles de los municipios de este Distrito la más estricta vigilancia con los comerciantes que llegaren a tratar con los indígenas de su jurisdicción: llevando un registro de cada uno de los traficantes, los cuales no podrán introducirse en ese municipio de su jurisdicción con tal objeto sin estar provisto de pasaporte expedidos por esta Jefatura, debiendo regresarse por el mismo municipio con pasaporte de esa autoridad, la que también guiará 138 AHZ, año 1892, tomo 11, legajo 3. Decreto de la Jefatura Civil del Distrito Maracaibo para el control sobre la movilización, comercio y trata con indígenas. Se anexa el texto completo del Decreto.

113 circunstanciadamente los ganados y mercancías que conduzcan los comerciantes 139. Distingue esta disposición, siete artículos en los que se examinan los principales problemas que en materia de tráfico, venta y explotación humana suele plantearse, indicando las razones que abogan por cada una de las soluciones. Entre la gran variedad de textos jurídicos vigentes para controlar el existente comercio esclavista, luego del decreto de abolición de la esclavitud en Venezuela. La aprobación y vigencia en la geografía zuliana del referido decreto impregnado del derecho positivista, representa un avance del sector gubernamental con el propósito de controlar la explotación del obrero agrícola, un trabajador de la clase especial, tal como lo plantea Carlos Marx, en el ensayo Trabajo asalariado y capital (1977), donde también, considera que de obrero sin formación y atrapado por el productor agropecuario que incorpora su fuerza de trabajo. Frente al problema del traslado desde la Guajira hacía otras zonas del Zulia, el referido decreto en el artículo 5to. específica que los pasaportes de indígenas no podrán ser expedidos sino con destino a esta ciudad, imponiéndoseles la obligación de presentarse a esta Jefatura para los efectos de policía consiguientes Esta disposición intentaba evitar la libre movilización de indígenas wayuu y las prácticas esclavista en la región, tal como lo expresa la denuncia de la prefectura de Cristo de Aranza, al secretario de gobierno de la Sección Zulia. Celosos como es este Gobierno, en que no se siga el gran abuso de la venta clandestina de Indígenas, tiene esta Prefectura la necesidad de denunciarle lo siguiente: un Señor Francisco Boscán, vecino del municipio Cristo de Aranza parte sur, ha venido a este municipio trayendo al indígena Francisco Osorio (menor de edad), el cual se lo ha vendido al Señor Juan Gregorio Velásquez, sin formula de ningún contrato; y al parecer Boscán sustrajo al indígena de la casa de Maximiliano Rubio, que tampoco en su legitimo 139 Ibidem.

114 dueño y así, en tantas divergencias ninguno en acreedor al mencionado indígena 140. Se advierte la figura de una red de traficantes de hombres y mujeres para trasformarlos en individuos semiservil encadenados a la tierra. Donde el indígena pasa por diversas manos, todos cómplices de una práctica antigua pero socialmente aceptada hasta fines del siglo XIX, cuando se expresa su prohibición. Como testimonio de la complicidad gubernamental con las redes de traficantes, se observa que para la autoridad, los indígenas eran considerados objetos de compra venta, tal como lo testifica el prefecto del municipio Cristo de Aranza, ciudadano Sebero Núñez al revelar que el indígena wayuu Francisco Osorio (menor de edad), fue vendido por el comerciante Juan Gregorio Velásquez, sin formula de ningún contrato; y Francisco Boscán lo robó de la casa de Maximiliano Rubio, que tampoco es su legitimo dueño. Aparecen los términos: vendió y legítimo dueño. Es incuestionable que, la misma autoridad gubernamental conserva legados de raíz colonial, que debían estar superadas en el marco del régimen republicano. Este discurso oficial legalizaba la explotación y la esclavitud aborigen; obviando que hacía veintinueve años, la república instrumentó la Ley de Liberación de los Esclavos, cuyo primer artículo sentencia firmemente: Queda abolida para siempre la esclavitud en Venezuela 141. Aparentemente, sólo se hacía referencia al esclavo negro y sus descendientes. De igual forma, el mismo decreto de la jefatura civil del Distrito Maracaibo reglamentaba el reclutamiento de indígenas en el Zulia, además de prohibir el tráfico y comercio con wayuu; la disposición demuestra que tal práctica esta incluida en 140 AHZ, año 1885, tomo: 8, legajo: 17. Expediente de denuncia de la prefectura de Cristo de Aranza al secretario de gobierno de la Sección Zulia, sobre la venta del indígena Francisco Osorio. Santa María, Julio 20 de R.A.Rondón Márquez (1954), Ley de Liberación de los Esclavos, promulgada el 24 de marzo de 1854, derogando la Ley del 28 de abril de 1848, sobre manumisión y el Decreto del 15 de mayo de 1852 que destina el 10 por ciento al pago de lo que las rentas nacionales adeudan a las provinciales. En La Esclavitud en Venezuela, en proceso de su abolición y las personalidades de sus decisivos propulsores José Gregorio Monagas y Simón Planas. Documento Ley de 24 de marzo de 1854 o Ley que declara la abolición de la Esclavitud en Venezuela. p

115 la ley refrendada por el Presidente de la República, José Gregorio Monagas en Si bien es cierto, que el sector agrario zuliano requería mano de obra, esta situación creo un problema social en territorio venezolano, al conformarse grupos de mercaderes dedicados a la trata y venta de indígenas wayuu, quienes lograron ingresar a las costas y caseríos de la Guajira, donde se dedicaron a capturar nativos en forma violenta y bajo los efectos del engaño para llevarlos al sur de Lago de Maracaibo y Sierra de Perijà con fines esclavistas. En ese sentido, leyes, decretos y normas oficiales fueron ignorados en Venezuela, ante la débil intervención de los gobiernos Estadales. En el Zulia, por ejemplo, el Ejecutivo regional, tenía conocimiento acerca de: violencias ejercidas en la costa Guajira en el Territorio jurisdiccional del Gobierno de Paraguaipoa, al extremo de atentarse contra la libertad y vida de los indígenas, cometiéndose con las tribus que ejercen el comercio de ganado y otras especies, así marítimo como terrestre, los más crueles exacciones y atropellos, siendo conducidos los indios mediante pérfidas maquinaciones y halagos a bordo de los bueyes del tráfico 142. Del mismo modo que los derechos fundamentales fueron violados en la Venezuela del siglo XIX, el tráfico y venta de indígenas para su conversión en esclavos se convertía en lucrativo negocio para los venezolanos dedicados a la trata. En razón de esto, la acción oficial no contrarrestaba o frenaba la creciente marginalidad, atropello y violación de los derechos humanos de los nativos de la Guajira. El mismo gobierno zuliano, manifestaba su posición en relación al trato dado a los indígenas wayuu. una vez aislados e indefensos son sometidos de improviso arrojados, maltratados y contusos, sufren algunos e muchos casos la muerte, todo con el objeto de robarlos y lo que es más inaudito de despojarlos de sus mujeres é hijos para venir luego, los agentes de tales iniquidades, en son de apoderados o tutores a figurar en contratos de 142 AHZ, año 1892, tomo 11, legajo 3. Comunicación de la Presidencia del Estado Soberano del Zulia. Maracaibo, diciembre 15 de 1892.

116 servicio personal, haciéndose retribuir suma de bolívares por deudas imaginarias y simuladas de que hacen responsables a los infelices indígenas 143. La referida comunicación oficial, asignaba un reconocimiento a las violaciones practicadas en territorio zuliano, al considerar que tales prácticas convirtieron en sumisos para el plagio a un grupo importante de la población wayuu. aparte del plagio cometido con los menores y que efectúan á las veces clandestinamente y otras con el más cívico descanso según les fueren favorables las circunstancias todo ese cúmulo de atrocidades que en suma no es otra cosa que el informe tráfico de la trata condenado por la civilización y nuestras instituciones, haber venido cometiendo por personas que hacen el expresado comercio; y como ello es altamente inmoral, por criminal y bárbaro, haciendo aparecer a los Gobiernos y sociedades que tales delitos toleran y dejan en la impunidad, como ineptos o indolentes 144. Los mercaderes de indígenas perpetuaban sus operaciones ilegales, mientras que funcionarios regionales, reaccionaban tímidamente en contra de las acciones que se practicaban. Las comunicaciones ofíciales exponían, de alguna manera, el interés por exterminar el lucrativo negocio, al advertir que: sean notificadas las autoridades del territorio Goajiro, fortaleza de San Carlos y Jefe del Apostadero ó Capitán de este puerto, a fin de que de común acuerdo con las autoridades del Estado se dicten las medidas más precisas, enérgicas y terminantes, y con toda la amplitud necesaria a hacerlas capaces de extirpar de raíz ese cáncer del plagio que, con todo su criminal cortejo, devora a los indígenas Goajiros tan dóciles a los reclamos de la civilización, y marcha con estigma de barbarie esta sociedad. Por lo que es incumbencia de esta Jefatura, en uso de sus atribuciones legales ha formulado el proyecto de Resolución que en copia adjunta remito en consulta á ese Gobierno Ibidem. 144 Ibidem Ibidem.

117 Dentro de este tejido de dificultades y enmiendes inconclusas se abrían nuevas expectativa en torno a la forma de instaurar un control absoluto en contra del tráfico. En ese sentido, el seis de febrero de 1893, el Ministerio de Relaciones Interiores de los Estados Unidos de Venezuela, responde al Gobernador del Territorio Guajira con sede en Paraguaipoa, en correlación al Decreto contra la prohibición del comercio de indígenas wayuu de corta edad: El Ejecutivo Nacional aprueba el referido Decreto y desea que se aplique con mayor eficacia y energía a su estricto cumplimiento, debiendo esforzarse en haber a su alcance para aprehenderlas y remitirlas a esta capital, a cualquiera persona que se ocupen de tan inmoral especulación 146. Con este tipo de medidas encontramos estrategias y calificaciones para definir e identificar al pueblo originario. Oficialmente se planteaba en el discurso político la idea de reducir y civilizar a los indígenas. Allí el Ejecutivo Nacional queriendo presentar al país una visión altamente humana, se ocupaba de establecer disposiciones de acuerdo con la llamada civilización y libertad, que pregonaba el discurso ideológico liberal de finales del siglo XIX. Por lo tanto, se pregonaba que el Gobierno nacional: de ninguna manera acepta que se tome tan ilegitimo comercio como una manifestación de esa tendencia, por más que se pueda alegar que los indígenas de corta edad se hacen objeto ese tráfico para dejarlos después, en su mayoridad, en goce de sus derechos como ciudadanos de la República 147. En la práctica, la autoridad se manifestaba incompetente para liquidar las arbitrariedades cometidas contra los indígenas; es decir, el hecho, o acto de compraventa se desarrollaba libremente sin responsabilidad penal definida para los tratantes o castigo a los funcionarios públicos por omisión. 146 Fray Cesáreo de Armellada (1977), Fuero Indígena Venezolano. p. 217.Documentos de la Memoria de Relaciones Interiores, año 1993, p Ibidem.

118 Las acciones del Alto mando gubernamental se quedaban en discursos y registros en contra del abuso histórico de la esclavitud, abolida para siempre en nuestras leyes 148. Esta postura política se inclinaba a favor de los propietarios, en contra de los indígenas, tal como lo esboza la Ley de Tierras Baldías 149, la cual plantea como regla tercera en el artículo 3º, que dichas tierras serán administradas por el Ejecutivo Federal, para la: Protección que debe darse a la reducción y civilización de indígenas y a los pueblos de doctrina especificados en la Ley sobre la materia, de indígenas y sus Resguardos 150. Una amplia variedad de mecanismos se instalaron en la República para tratar el tema indígena, en ese sentido, la Constitución Nacional venezolana de 1893, garantizaba en el artículo 14: La inviolabilidad de la vida, quedando abolida la pena capital, cualquiera que sea la ley que la establezca; la libertad personal, y por ella: 1.º, queda abolido el reclutamiento forzoso para el servicio de las armas, 2.º, proscrita para siempre la esclavitud; 3.º, libres los esclavos que pisen el territorio de Venezuela; 4.º, todos con el derecho de hacer o ejecutar lo que no perjudique a otro, y 5.º, nadie está obligado a hacer lo que la ley no mande 151. Como ciudadanos 152 habitantes de un Estado moderno e individuos pertenecientes a una sociedad política en su sentido más específico, los 148 Ibidem. 149 Ley de Tierras Baldías promulgada por el presidente de la República, General Joaquín Crespo el 24 de agosto de 1894 en Fuero Indígena Venezolano. p Ibíd. p Constitución de los Estados Unidos de Venezuela (1893). Firmada por los miembros de la Asamblea Constituyente. Caracas, a 12 de junio de El término ciudadano se aproxima mucho al significado original de la palabra. En las ciudades-estado de la antigüedad clásica, el término ciudadano no designaba meramente al que residía en una ciudad, sino a un miembro libre del Estado con capacidad de gobierno, al igual que el vocablo latino civitas (del que procede la palabra 'ciudad') tampoco se refería tan sólo a un municipio local, sino al Estado en su conjunto. En la idea griega de ciudadanía, tal y como la expresó Aristóteles, los ciudadanos tenían el derecho a participar en las funciones legislativas y judiciales de su comunidad política. En el caso wayuu: una persona tiene ciudadanía doble, lo que significa que está oficialmente reconocido como ciudadano del Estado venezolano y colombiano, país que también reconoce los territorios ancestrales indígenas de la Península de la Guajira.

119 wayuu quedaban excluidos de toda actividad política directa, hecho que violentaba sus derechos ciudadanos, por cuanto, la legislación venezolana sólo reconocía como ciudadano al indígena civilizado. Se desconocía el aporte indígena en la lucha por la independencia de España. Este abandono del indígena se debió a las predominantes teorías antropológicas sobre razas y evolución social darwanistas y positivistas (Spencer) de finales del siglo XIX (König, 1998:22). En este sentido, la política indigenista republicana y oficial de finales del siglo XIX se identificaba por ser una estrategia indigenista definida. Por cuanto, existìan leyes sobre las comunidades y la propiedad corporativa de la tierra. De acuerdo con la creencia liberal, como la fuerza reguladora de la igualdad legal y la libertad del individuo, así como la iniciativa privada, sobre capacidades y responsabilidades del individuo y el consecuente rechazo del intervencionismo estatal, los indios quedaron abandonados a su propia suerte (König, 1998:21). Por otra parte, la estructura económica venezolana, que durante la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX dependía de importaciones y exportaciones (en menor escala) de productos agropecuarios, requería de mano de obra. La cual, salió forzosamente de la península de la Guajira a través del tráfico organizado con ánimo de especulación, constituyéndose en uno de los factores más significativos de la acumulación primitiva de capital en razón que la mercancía indígena wayuu, adquirida en suelo ancestral, para ser mercadeada con los propietarios de las unidades de producción agropecuarias zulianas e incorporada al proceso productivo en calidad de fuerza de trabajo explotada. Generando substanciosos beneficios económicas a los traficantes. Este crecimiento del comercio con indígenas en el territorio venezolano coexistía con el desarrollo de la agricultura, basada en la técnica de labranza, actividad que practicaban los wayuu con mucha precisión, lo que garantizaba la producción en el campo zuliano. Con el propósito de controlar el comercio ilegal, los gobiernos locales, regionales y nacionales impusieron leyes, decretos y ordenanzas en un intento por sancionar las acciones delictivas. Instaurándose el otorgamiento del documento, identificado como

120 pasaporte para los indígenas wayuu y de esta forma controlar su desplazamiento desde la Guajira hacía otros lugares del país. Este salvoconducto avalaba la ilegalidad de un negocio lucrativo desarrollado en prejuicio de los indígenas contratados y garantizaba la continuidad de un lucrativo comercio fronterizo, violándose el articulo 14 de la Carta magna de 1893, referido a los derechos y garantías de libre tránsito, por cuanto la Nación garantiza a los venezolanos, la efectividad de transitar libremente sin pasaporte. Con el cargo de servicio personal se utilizó la mano de obra wayuu, transgrediendo disposiciones constitucionales y legislativas. Esta actividad se venía realizando desde hacía varias décadas en la península de la Guajira, tal como se evidencia en comunicación oficial del Gobierno del estado Zulia, dirigida al Jefe civil del municipio Sinamaica, la cual destacaba que es interés del: Gobierno de la Sección extirpar, por completo el odioso trafico que se hace con los indígenas. Y le encomienda enérgicas medidas en aquel sentido. La mas estricta vigilancia a fin de impedir que pasen a este Distrito y a los demás de la sección, indígenas que no hayan sido legalmente contratados por ante usted, e imponiendo a sus conductores la obligación de presentar en este Despacho a los que traigan y sus respectivos contratos para registrarlos. Hay que evitar a todo trance el trasporte a esta ciudad, de menores, que de seguro se hace siempre clandestinamente, puesto que no pueden ser contratados; y en cuanto a los mayores de edad, la ley prohíbe que se contraten los que no sepan hablar castellano ó no tengan por lo menos conciencia plena de los compromisos que contraen, habiendo de evitarse además que sean engañados en los precios de los efectos que se le den como dinero, como sucede de ordinario 153. En el Zulia, era evidente la necesidad de utilizar la mano de obra indígena al no disponer de otra, en el sur del Lago de Maracaibo; luego ésta sería sustituida por inmigraciones de trabajadores antillanos y colombianos. Es lógico suponer que la subsistencia de los wayuu se veía alterada a 153 AHZ, año 1884, tomo 8, legajo: 26 A. Expediente sobre el delito de plagio en contra de los wayuu.

121 consecuencia del tráfico y comercialización practicada a través de los contratos de servicio personal rubricados o sellados por los indígenas con la huella del pulgar derecho por no saber firmar-, algunos de ellos, fueron sacados de sus rancherías, muchas veces abandonando al resto de sus apüshii (familias uterinas). Contratos que en la realidad certificaba una posesión referente un ser humano, tal como lo registra una comunicación de la presidencia del Zulia dirigida al Gobernador del Distrito Colón, donde se patentizan reclamos de particulares. A modo de ejemplo se puede citar el caso de reclamo que hace Eduardo Pulgar ante esa Gobernación de la indígena María Villalobos; pero sin expresar el carácter o autorización con el que el referido Pulgar hizo su reclamo, es decir, si fue como tutor de la indígena, caso de que fuese menor de edad o en virtud de algún contrato de servicio personal que con ella celebrara 154. Estas medidas reiteran la manera como se comportaban los involucrados, además de dejar constancia del tráfico de indígenas wayuu Siglo XX: condiciones y modalidades en el tráfico de indígenas wayuu En la Venezuela de principios del siglo XX el discurso político liberal y la legislación que auxiliaba a la economía agropecuaria se enfrentaban a la necesidad de sirvientes, peones y jornaleros para trabajar el campo venezolano. Se hacía necesario, ocupar los espacios de trabajo que anteriormente fueron ocupados por los herederos de africanos. Esta situación llegó a su punto álgido en momentos en que la vida política nacional se debatía entre liberales y conservadores. Debate que culminó en 1892 con el triunfo de la llamada revolución legalista impulsada por el general Joaquín Crespo, quien ocupó la presidencia de la República hasta el año 1898; mientras tanto en el Zulia 155, Jesús Muñoz Tébar, ejerció la presidencia del Estado durante el período de 1894 hasta 1898; lapso en el 154 AHE, año 1898, tomo 34, legajo 22. Comunicación de la Presidencia del Zulia dirigida al gobernador del distrito Colón. 155 Zulia: geografía que se extiende sobre la depresión del Lago de Maracaibo, entre la cordillera de Perijá y la de Mérida.

122 cual, continuaron las migraciones internas forzadas de la población wayuu, tal como se realizaron en el siglo XIX, especialmente por vías de comunicación lacustre, ya que esta facilitaba los movimientos poblacionales. Lo que permitió que un número importante de indios fuera trasladado de manera forzada hacia los establecimientos agrícolas criollos al este de Sinamaica, en virtud del comercio de esclavos indios, que ciertos clanes (e`irukuu) guajiros habían establecido con los criollos de Maracaibo, particularmente hacia mediados del siglo XIX (Cunil, 1987: 1207). Los testimonios oficiales, expresan la forma como se trataba desde las esferas gubernamentales el problema de la trata y venta de nativos de la Guajira. Para finales del siglo XIX en plena efervescencia política y de guerra civil en Venezuela, asume la presidencia de la República, Raimundo Andueza Palacio ( ), quien durante su ejercicio presidencial intentó, sin éxito, reformar la constitución nacional y ampliar su mandato gubernamental, que habría de concluir en Una revolución legalista, promovida por los generales Crespo y Andrade, impuso, tras siete meses de cruenta guerra civil, una nueva Carta magna, inspirada en la constitución de La sexta administración republicana en Venezuela, durante la presidencia de Cipriano Castro Ruiz 156, aprueba una nueva constitución de los Estados Unidos de Venezuela, para sumar tres normas constitucionales en doce años, sin embargo, ninguna de estas constituciones garantizaban derechos sociales, culturales o políticos para los indígenas venezolanos. En el plano de las relaciones sociales y raciales, las normas y principios referidos no obligaban a los funcionarios públicos que respetaran las normas, además de garantizar los derechos humanos de los indígenas wayuu, garantías que otorga la constitución, aunque no figuren expresamente en ella. Para la élite económica, política y parlamentaria de la última década del siglo XIX y de los primeros treinta años del XX los indígenas venezolanos eran Durante la presidencia del político liberal y militar con rango de general Cipriano Castro Ruiz (23 de octubre de 1899 al mes de abril de 1902), se aprobó la nueva constitución de los Estados Unidos de Venezuela. Caracas, 13 de abril de 1901.

123 considerados como salvajes 157, no reducidos e incivilizados, obviando un principio constitucional que explica que son venezolanos, todas las personas que hayan nacido o nacieren en el territorio de Venezuela, cualquiera que sea la nacionalidad de sus padres 158. La misma constitución en su artículo 13, reconoce que los Estados de la Federación Venezolana se obligan dejar al Gobierno de la Federación la administración de los territorios Amazonas y la Guajira y la de las islas que corresponden a la Nación hasta que sea conveniente elevarlos a otra categoría. Con la llegada de Joaquín Crespo a la magistratura nacional, es derogada la Constitución del dieciséis de abril de 1891 por una Asamblea Nacional Constituyente que promulga el veintiuno de junio de 1893, otra constitución, en cuyo artículo 13, expresa: los Territorios Delta y Goagira se reincorporarán a los Estados a que pertenecieron antes de ser erigidos en Territorios, es decir, nuevamente la región ancestral wayuu, pasa a formar parte del estado Zulia. Este cambio en el ordenamiento territorial zuliano, en la realidad no acarreó beneficios para los habitantes de la Guajira. El comercio ilegal de indígena continuaba vigente, tal como lo cerifican los registros diarios llevados Constitución de la Republica, articulo 34, en el párrafo único: No se computarán en la base de población los indígenas que viven en estado salvaje. Disposición refrendada en la Constitución Nacional del 27 de abril de 1904, en el Título III de la Nacionalidad. Así mismo las normas constitucionales de 1909, 1922, 1925, 1928, 1929 y 1931, mantienen la misma legislación al acoger que: No se computarán en la base de población los indígenas no reducidos. Cartas constitucionales donde el legislador alude a los indígenas, bajo influencias europeas y francesa tal como lo venían planteando las normas constitucionales vigentes desde la conformación de la República en el año Articulo 5, Constitución de los Estados Unidos de Venezuela de Sancionada unánimemente por las Legislaturas de los Estados Los Andes, Bolívar, Bermúdez, Carabobo, Falcón, Lara, Miranda, Zulia y Zamora. Esta Constitución, suscrita por todos los miembros de la Legislatura Nacional y con el «Cúmplase» del ciudadano Presidente de la República, Raimundo Andueza Palacio, promulgada en el Distrito Federal; y en los Estados y Territorios de la Unión. Dado en el Palacio de las sesiones del Cuerpo Legislativo Federal y con el sello del Congreso, en Caracas, a 9 de abril de Año 28 de la Ley y 33 de la Federación. El Presidente de la Cámara del Senado, Vicente Amengual.- El Presidente de la Cámara de Diputados, Marco Antonio Saluzzo.- El Secretario de la Cámara del Senado, Pedro Sederstromg.- El Secretario de la Cámara de Diputados, Luís A. Blanco Plaza. Palacio Federal en Caracas, a 16 de abril de Año 28 de la Ley y 33 de la Federación.- Ejecútese y cuídese de su ejecución.- El Presidente, Raimundo Andueza Palacio. Refrendado. El Ministro de Relaciones Interiores, José O. Aguilera.- El Ministro de Relaciones Exteriores, Manuel Fombona Palacio.- El Ministro de Hacienda, Vicente Coronado.- El Ministro de Fomento, José Tadeo Monagas.- El Ministro de Crédito Público, Nicolás Anzola.- El Ministro de Obras Públicas, Germán Jiménez.- El Ministro de Guerra y Marina, Luís R. Cáspers.- El Ministro de Instrucción Pública, Eduardo Blanco.

124 por la Jefatura civil del distrito Colón, donde se ordenaba al comisario mayor del caserío La Cordillera, ponga a disposición de esta jefatura, al ciudadano Cipriano Curiel, como indiciado en el delito de rapto de la menor indígena Ana Isolina Quintero, sacada por la fuerza de la Guajira 159. Ante estas circunstancias, un grupo de ciudadanos venezolanos, residentes en la capital zuliana, se dirigieron al Presidente Constitucional del Estado en los siguientes términos: Nosotros, Cristóbal Moronta y Pedro Rojas, mayores de edad y vecinos de este Distrito Maracaibo, a usted muy respetuosamente exponemos: El señor Alfonso Urdaneta, dueño de la hacienda denominada Buena Esperanza, situada en el municipio Encontrados del Distrito Colón, tiene a su servicio en dicho predio, a nuestros menores hijos José Ramón y Víctor Moronta, y Manuel y Carlos Rojas; y como el servicio que prestan es por tiempo indeterminado y se les da mal tratamiento y alimentación de mala calidad, se hacia urgente la separación de ellos de un servicio tan inconveniente y en efecto resolvieron apartarse del lugar y comunicarnos el hecho y los motivos que lo ocasionaban; pero no lograron reunirse a nosotros, porque la autoridad del Caserío El Guayabo, perteneciente a este Estado, los apresó en dicho lugar y los condujo de nuevo a la hacienda Buena Esperanza 160. Con características de oscuro negocio ilícito en pleno régimen republicano, donde el propietarios agrarios, se consideraban también, propietarios de los trabajadores y utilizando su poder económico y político, los explotaban cobrándoles altas sumas de dinero a quienes decidieran abandonara sus propiedades. El documento, refrendado por los venezolanos arribas citados, que exigen al Gobierno regional una actuación contundente contra del propietario de la hacienda Buena Esperanza. Inclusive, acusándole de: cobrar ciento treinta y cinco bolívares (Bs. 135,00), por el solo respeto de la captura; y como tal procedimiento por 159 AHE, año 1905, tomo II, legajo 25. Expediente contra Cipriano Curiel, indiciado en el delito de rapto de la menor indígena Ana Isolina Quintero. El Jefe Civil del Distrito Colón: Tomas Medina. San Carlos del Zulia, octubre 31 de AHE, año 1907, tomo II, legajo 5. Denuncias de Cristóbal Moronta y Pedro Rojas al Presidente Constitucional del Estado sobre atropellos contra indígenas por parte del hacendado Alfonso Urdaneta, propietario de la hacienda Buena Esperanza, en el sur del Lago de Maracaibo.

125 parte del mencionado Alfonso Urdaneta y de la misma autoridad del caserío es atentatorio, ocurrimos a usted en demanda de protección, y le suplicamos en consecuencia, que ordene al señor Alfonso Urdaneta ponga en esta ciudad a nuestros menores hijos y nos cobre únicamente lo que adeudan por los salarios anticipados aunque lo han sido a precios muy exagerados, y cualquier otro gasto que por la ley estemos obligados a cubrir, todo de conformidad con los artículos y del Código Civil. Es justicia que esperamos alcanzar en Maracaibo a los veintiún días del mes de enero de mil novecientos siete 161. Se puede observar que la explotación se desarrollaba en unidades productivas agropecuarias a las cuales llegaban hombres y mujeres por el lago de Maracaibo y ríos del sur del Lago (Escalante, Catatumbo y Zulia) en los vapores Los Andes, Progreso, América y Santa Bárbara, además de una gran cantidad de bongos y piraguas de regular tonelaje que navegaban desde los puertos de San Rafael de El Moján, Sinamaica, Caña Sawa, Cojoro, Castilletes, Puerto López y Maracaibo 162. Los reclamos de familiares eran constantes. El informe de trabajos diarios relacionados por la jefatura civil del distrito Capital en agosto de 1808, revela la siguiente nota: Al ciudadano Jefe civil del distrito Mara, suplicando le remita a esta jefatura a un indígena de nombre Miguel Fuenmayor, que se encuentra en su distrito para que de cumplimiento a una obligación que tiene contraída con el ciudadano Francisco Montiel El escandaloso comercio de explotación de indígenas wayuu en la frontera zuliana despertó interés especial a la política exterior colombiana. Por cuanto el Estado neogranadino es limítrofe con Venezuela por la península de la Guajira. Como consecuencia, de reiteradas denuncias de tráfico y venta de 161 Ibidem. 162 Para el año 1895 existían las Compañías Anónimas para navegar por los ríos Catatumbo, Escalante y Zulia. Navegaba por el río Catatumbo Bodegas Catatumbo, con el vapor Santander para navegar por los ríos Catatumbo y Zulia entre Puerto Villamizar, República de Colombia y Encontrados; y la Empresa Pineda y Cía., con servicios en Encontrados, Maracaibo y Puerto Villamizar, con el vapor Progreso y diez piraguas. Véase: Manolo Silva Machado en Recopilación Histórica del Distrito Colón, Imprenta SAIEZ. Maracaibo, 1998.p AHZ, año 1908, tomo 8, legajo 16. Expediente sobre relación de trabajos practicados por la jefatura civil del distrito Capital. Firmado por el Jefe civil José del Carmen Lozano A.

126 indígenas, la República de Colombia asumió posición por intermedio del Ministro de Relaciones Interiores de Colombia, José C. Borda, quien el veinticinco de mayo de 1912, se dirigió al embajador de Colombia en Caracas para notificarle la posición y preocupación de su gobierno. Posición que se concreta con la solicitud a Venezuela, para que intervenga oficialmente en relación al: Tráfico que se está haciendo en la Goagira con indios colombianos manifiéstale que él se hace por los buques venezolanos llamados Fortuna, Confidencia y Sira Amalia y que entre los compradores figuran, entre otros, Sócrates Pérez, Antonio Palmar, Marcos Ramírez, Melquíades Polanco, José Antonio Barrozo y Antonio Silva. Es indispensable que usted obtenga de ese Gobierno que dicte las medidas conducentes a poner fin á tan reprobable tráfico, y coadyuve en los esfuerzos que en el mismo sentido hacen las autoridades colombianas 164. En función de estos señalamientos por parte del Gobierno colombiano, culpando directamente a ciudadanos venezolanos de ser gestores del tráfico humano. Se observa el interés de buscar responsables y castigarlos por el delito cometido en contra de indígenas wayuu nacidos en territorio colombiano o venezolano. Desde esta perspectiva el Gobierno colombiano considera que: las personas que realizan tan inhumano tráfico no importa que esos buques y esas personas sean de esta ó aquella nacionalidad, que nunca pabellón alguno puede prestarse a cubrir actos de tal naturaleza si los mencionados delincuentes resultaren ser colombianos, venezolanos ó de cualquier otro país, el peso de la justicia deben sentirlo, en todo su rigor, de este lado de la frontera, como lo sentirán del lado de Colombia, cual justa satisfacción de los fueros de la humanidad y de la civilización AHZ, año 1912, tomo 5, legajo 16. Comunicación del Ministro de Relaciones Interiores de la República de Colombia, Dr. José C. Borda, a su embajador en Venezuela. Caracas, 25 de mayo de ibidem.

127 Los límites entre Venezuela y Colombia en la Guajira, fueron escenarios de múltiples acciones guerreras de los wayuu contra los alijuna; sin embargo, en la primera década del siglo XX la frontera servía de espacio para acusaciones, denuncias y reclamos de parte del gobierno colombiano sobre el tráfico con indígenas wayuu en la península de la Guajira. Los mecanismos que fueron utilizados por mercantes dedicados a la trata y venta quedaban al descubierto, pero sus responsables permanecían impunes a pesar de las acusaciones de ciudadanos civiles y funcionarios públicos de colombianos y venezolanos. Queda de manifiesto la realidad comprobada del tráfico y su tolerancia, hasta ahora, por parte de las autoridades del Estado Zulia. En consecuencia, me apresuro rogar a usted, que por el órgano regular sean dictadas las medidas necesarias para que cese y se prohíba en absoluto todo comercio de esa especie, para que se dé libertad a los desgraciados, víctimas del tráfico y se les conduzca a la frontera guajira, a fin de que vuelvan a sus hogares 166. Es importante subrayar que la línea limítrofe entre las dos Repúblicas, era y es asiento histórico de la sociedad wayuu. Colombia había anulado el sistema esclavista desde al año 1851, razón que justificaba el reclamo en contra de situaciones similares en la frontera Guajira. Por su parte, el historiador colombiano Hernán Darío Socorro Vásquez, fundamenta que el vacío dejado en las haciendas tradicionales del estado Zulia por la fuerza de trabajo vinculada a la naciente explotación petrolera, fue llenado por el masivo y forzoso traslado de indígenas wayuu hacia ellas (1982: 28). En relación al tráfico y venta de seres humanos en la península de la Guajira, el mismo Socorro Vásquez, plantea que es complejo el carecer de lo que lo que oficialmente se reconoció y denunció como trata, si se le considera desde el punto de vista de las migraciones que podemos caracterizar como laborales a partir de los procesos de transformación socio-económica que se vivieron en las regiones aledañas a la Guajira (1982:60). 166 Ibidem.

128 Por otra parte, señala Socorro Vásquez (1982), citando como fuente al Archivo Histórico Nacional de Colombia (AHCN) que: la cantidad de indios que se han embarcado para Maracaibo pasa de cuatro mil, sin exageración ninguna, de los cuales no han ido voluntariamente un millar; los demás han sido comprados o robados. Se han visto casos de emborracharlos para poderlos embarcare, pues de otra manera no lo hubieran conseguido. Los han llevado por tierras amarrados y para poder pasarlos por Paraguaipoa y Sinamaica, El Moján y Santa Rosa les han tapado la boca para que no pudieran gritar. El Gobierno de Venezuela mandó un Comisario y puso presos a algunos compradores; más esto no duro sino el tiempo que estuvo en Castilletes 167. Evidentemente que, la reclamación colombiana representaba un problema diplomático, generando una controversia entre dos países con vinculación comercial y de hermandad histórica. En esta oportunidad la reclamación era el hombre y no el límite fronterizo. La exigencia del Estado colombiano obligó al presidente del gobierno zuliano, decidir acerca del asunto en forma contundente y con fecha dieciséis de junio de 1912, exhortó al fiscal del Ministerio público ejecutar una investigación. Bajo los siguientes términos: Se ordena a usted hacer abrir la correspondiente averiguación sumaria sobre todos los atentatorios hechos sobre el particular que ha tenido conocimiento este Gobierno que se cometen con nuestros compatriotas de la Guajira; y aun con los indios de la misma región perteneciente a Colombia 168. Los documentos existentes en archivos históricos de Venezuela y Colombia demuestran con abundante claridad, posiciones políticas con declarativas como nuestros compatriotas de la Guajira, refiriéndose a los wayuu. El mismo expediente enviado al Ministerio público, lo subscribe, al dejar ver que: 167 AGNC, año 1912, tomo 679, folio 162, sección 1ra. Rep. Mingob. Véase también, Socorro Vásquez, que sobre este aspecto reviso un artículo de Alberto Rivera Las Migraciones laborales de indígenas guajiros en Venezuela y el libro La moderna esclavitud, los indocumentados en Venezuela (1983) de Alcides Gómez y Luz M. Díaz, Bogotá Ibidem.

129 Con los documentos adjuntos y los datos que usted tiene, hay suficiente fundamento para proceder sin pérdida de tiempo a hacer aprehender a los responsables en cualquier forma de esa vergonzosa trata, que no sólo deshonra a sus autores, cómplices y encubridores, sino al altivo, civilizado y patriota pueblo del Zulia en General. Ya han sido aprehendidos por auto judicial varios de los indiciados contra quienes se sigue el juicio correspondiente; y se prosigue en la averiguación de hechos denunciados 169. El concepto de civilización y de progreso como bandera del positivismo, establecido en Venezuela por las élites académicas y políticas de fines del siglo XIX, posibilitó un soporte ideológico a los políticos para tratar de desaparecer todo elemento cultural indígena, que fue catalogado como atrasado y por tanto atentatorio del progreso (Yrigoven, 2000:12). Obviamente, una estrategia para justificar la hegemonía política de la sociedad mestiza y el modelo económico asentado en la explotación de la fuerza de trabajo indígena. El trabajo forzado de los indígenas wayuu en unidades productivas agropecuarias, abonaba poder económico a la élite agroexportadora zuliana. El polémico reclamo colombiano, comprometió al Gobierno venezolano a tomar acciones contundentes en contra del delito de tráfico y aprovechamiento de la mano de obra wayuu. El Ejecutivo nacional por intermedio del Ministro de relaciones interiores de Venezuela, respondió al gobierno neogranadino, de la siguiente forma. Tengo el honor de llevar a conocimiento de usted que he recibido un telegrama urgente de mi Gobierno, en el cual me participa que han llegado noticias de haber continuado la trata de indios Guajiros, efectuada en Maracaibo por ciudadanos de esta República. La reprobación que merece al ilustrado Gobierno de usted, ese comercio inicuo, confío en que de que si resultaren ciertos las noticias se aplique a los responsables el castigo que señalan las leyes y se devuelva la libertad a las victimas del inhumano comercio AHZ, año 1913, tomo II, legajo 364. Comunicación de la Presidencia del estado Zulia al Ciudadano Ministro de Relaciones Interiores. 170 AHZ, año 1915, tomo 7, legajo 6. Comunicación de la Legación de la República de Colombia dirigida al Ministro de Relaciones Interiores de la República de Colombia. Caracas: 3º de

130 El Gobierno venezolano intentaba garantizar un control para evitar que menores de edad se convirtieran en presas fáciles del comercio ilícito. Por otro lado, en la documentación oficial se observaba que algunos ciudadanos venezolanos exhortaban la mediación del Estado venezolano en contra del tráfico, trabajo forzado y sumisión de indígenas wayuu. Los mecanismos constitucionales y otras formas legales que ofrecía el Estado, fueron utilizados por los wayuu para hacer valer sus derechos y demandar la libertad de sus familiares menores de edad. Al respecto el indígena wayuu Alejandro Montiel, con fecha del veinticinco de marzo de 1920, se presentó al Despacho del Secretario general de gobierno del Zulia para denunciar al militar venezolano Juan Bautista Reyes de complicidad en el atropello cometido con dos jóvenes wayuu, menores de edad. La denuncia ante el funcionario de la Secretaria de gobierno, sentencia rotundamente, que: Por orden del Coronel Juan Bautista Reyes, fue apresado el menor Felipe, de diez años de edad, más o menos, y Morcilla, (nombre indígena) de catorce años, en el lugar denominado La Goleta, residencia de dichos indígenas. Después de muchas gestiones hechas por mí a favor de la libertad de los referidos menores, el coronel Reyes se negó a libertarlos. Según informes, estos fueron enviados al Distrito Colón y se encuentran en la hacienda Santa Ana propiedad de los señores Leovigildo Nava y Juan Pulgar, pido la solicitud y devolución de los referidos menores, con quienes me liga parentesco de afinidad 171. La mayoría de las veces el propósito de las denuncias se quedaba en carpetas de las jefaturas civiles, ante un pueblo que reclamaba justicia al gobierno central. Conviene advertir que en los archivos documentales de los primeros veinticinco años del siglo XX no aparece registro del regreso al seno familiar de los menores de edad Felipe Montiel y de Morcilla. Denuncia en la octubre de a través de la Sección de Justicia, Caracas, 4 de Noviembre de 1915 en respuesta a la Legación en Caracas de la República de Colombia: 171 AHZ, año 1919, tomo 4, legajo 5. Denuncia del indígena wayuu Alejandro Montiel ante el Ciudadano Secretario General de Gobierno del estado Zulia. Maracaibo, 25 de marzo de 1920.

131 cual aparece como responsable el Jefe militar venezolano en Palawaipo u (frente al mar) o Paraguaipoa en complicidad con los tratantes de indígenas. Esta denuncia reviste, una importancia desde el punto de vista político administrativo, al aparecer como involucrado en el hecho delictivo un funcionario del gobierno central, quien para la fecha de la denuncia ocupaba el cargo de comandante Jefe del puesto militar venezolano en la población de Palawaipo u. Los testimonios orales de la Guajira señalan como excelente precisión que durante la segunda década del siglo XX los indígenas wayuu se opusieron duramente a la presencia del Jefe castrense de la Guajira, coronel Juan Bautista Reyes por su conducta déspota y la crueldad con que trataba a los nativos. Para el antropólogo y profesor universitario Nemesio Montiel Fernández Ja yaliyuu, este funcionario del ejército venezolano argumentaba cualquier cosa para castigar a los inocentes y a otros indígenas, para así venderlos a los compradores de indios. En muchos casos las autoridades actuaban como comerciantes (Montiel, 2001: ). Esta afirmación demostraba una vez más, como la autoridad estaba implicaba en el tráfico de personas con fines comerciales y posterior explotación de su fuerza de trabajo en el agro zuliano. Otra reveladora denuncia, esta vez formulada ante el vicepresidente del estado Zulia por la indígena wayuu María Rosario Leal, en la cual se indicaba que sus familiares Alcira Leal y Arturo Guliano, menores de edad, se encontraban en una hacienda propiedad del ganadero César Lizarzábal, situada en el municipio Bobures del estado Zulia. Yo, María del Rosario Leal, indígena guajira, domiciliada en el Municipio Bobures del Distrito Sucre y mayor de edad, asumiendo la representación de mis sobrinos Alcira Leal y Arturo Guliano, también indígenas y menores de edad, por encontrarse ausente en su domicilio en la Guajira su madre, ante usted respetuosamente represento. Encuéntrense dichos menores en mi domicilio, enviados de su residencia, la misma de su madre, por Hermenegildo Palmar y conducidos a ésta por Graciliano Palmar, encontrándose hace como dos meses en poder del señor

132 Cesar Lizarzábal sirviendo en su hacienda, en el Municipio Bobures, contra su voluntad y la de su madre 172. Los abusos cometidos por autoridades, mercaderes y propietarios de unidades de producción agropecuarias, generaba reacciones por parte del wayuu. Integrantes de una sociedad con un sistema político social donde la mujer es dominante. La cual, ejerce el poder del matriarcado, razón que justificaba el reclamo femenino de los descendientes de su e irukuu como garantía del derecho propio wayuu. Por lo tanto, los constantes reclamos y denuncias ante las autoridades territoriales y regionales provenían de madres, tías, abuelas y hermanas. Se reclamaba al gobierno central una política que enfrentara el tráfico, venta y explotación de ciudadanos venezolanos en manos de otros venezolanos con posición económica, política y cultura diferenciada. Las condiciones de vida y de trabajo de la mano de obra indígena wayuu en unidades agropecuarias zulianas, revelan una problemática existente en el sistema republicano y liberal del siglo XX. En la misma denuncia de la indígena wayuu María del Rosario Leal, se puede lee lo siguiente: Allí están sometidos a los trabajos más duros y por el temor de que se huyan, se les encadenan de noche como perros rabiosos y en el servicio, muy superior a sus fuerzas, se les castiga impiamente. En esta aflictiva situación, ocurro a ud. para que con su autoridad de Magistrado integro ampare a esos menores, suplicándole los haga traer a esta ciudad y los entregue provisionalmente a personas honradas mientras llega su madre, y los recoja 173. En contra del comercio de individuos de la Guajira con planes de explotación y esclavitud ocupaban significativos espacios de discusión en el plano político y económico venezolano por considerarse un problema de carácter sociopolítico y cultural. Los cambios políticos y económicos que 172 AHZ, año 1919, tomo 4, legajo 5. Expediente de denuncia que hizo por escrito ante el vicepresidente del estado Zulia, la indígena wayuu María Rosario Leal, denunciando que sus familiares se encuentran en la hacienda de César Lizarzàbal donde están sometidos. 173 Ibidem.

133 comenzaban a surgir en la Venezuela del siglo XX, trastocaron el panorama rural zuliano al surgir nuevos productos derivados del petróleo para la exportación. Producción que cada día requería de mano de obra especializada y de apoyo profesional, se fueron incorporando a la naciente industria petrolera un grueso sector del campesinado venezolano. Para Carmen Vallarino de Bracho la primera consecuencia del inicio de la explotación petrolera en el Estado Zulia fue el bien conocido auge demográfico basado en la emigración desde todo es país, y de Colombia y otros países (1989:56) La actividad petrolera y las nuevas demandas de mano de obra, durante los primeros años del mandato presidencial del general Juan Vicente Gómez Chacón ( ), algunos países con economías más prosperas que la venezolana, entre ellos, Estados Unidos de América (United States of América), mostraron interés en hacer grandes inversiones en Venezuela, en la mira de esos inversionistas estaban las grandes riquezas minerales existentes en el subsuelo venezolano. Este interés, adquirió importancia con el inicio de la perforación del pozo petrolero Zumaque 1, el doce de enero de 1914 en Mene Grande, estado Zulia y posteriormente con el reventón del primer pozo petrolero bautizado como R4 Los Barrosos Nº 2 en el Campo de la Rosa (Cabimas) el veintidós de diciembre de La aparición de otro elemento ajeno a la ganadería y agricultura que vendría a potenciar la economía nacional despertó nuevas expectativas en torno a la masa laboral campesina e indígena y la naciente industria petrolera. El fenómeno petrolero como industria trajo consigo un importante avance del trabajo asalariado y del comercio importador, que tuvo como consecuencia el desarrollo de un mercado interno establecido sobre el consumo de bienes importados (Ferrigni, 1993: 170). La dinámica comercial desarrollada en el Zulia, daba un giro al panorama nacional, según el historiador zuliano Reyber Parra Contreras: el movimiento de importación y exportación por el puerto de Maracaibo experimentó un crecimiento sostenido entre 1905 y En este período las exportaciones duplicaron el valor monetario de las

134 importaciones, lo cual convirtió a Maracaibo en principal puerto de exportación de Venezuela. De los rubros importados, el café ocupó el primer lugar en importancia comercial; también se movilizaba en menor medida, entre otros, cacao, cueros de res y maderas (2004:103). Las tácticas del Estado venezolano en las primeras décadas del siglo XX se orientaron hacía políticas en el ámbito petrolero, que trajo al régimen gomecista, poderío económico y seguridad internacional. Creando dificultades al sector agrario que seguía confrontando dificultades ante la carencia de mano de obra, ahora arrebatada por la explotación petrolera. Por otra parte, en territorio de la península de la Guajira se imponían gobernantes, leyes y se aplicaban impuestos por parte del gobierno regional y central; acciones que de alguna manera, limitaban la autonomía wayuu sobre su territorio. Los cambios en la economía zuliana no alteraron las antiguas prácticas sobre la explotación indígena. Con fecha siete de noviembre de 1914, se registra un mensaje del gobernador del distrito Páez, Carlos León Medina, dirigido al general del ejército venezolano Albino de Jesús Medina, su homólogo del distrito Colón: Estimado Amigo: Con mi amistoso saludo te escribo esta para anunciarte que con Pancho Montiel te remito siete chinos, cuatro hembras y tres varones, entre ellos uno que te indicará el mismo Pancho, que valiéndose de la miseria y del hambre de los indios, los engañan y lo seducen para luego venderlos para otros puntos y para Maracaibo. Tu veras lo mejor que hagas con ellos, si los repartes allí entre los hacendados o los tomas para tu servicio, eso sí pagándole a Pancho el pasaje de ellos, como hemos convenido Pancho y yo. Firmado: Carlos León Morales 174. La cooperación gubernamental expresada de esta forma, evidentemente que inclinaba la balanza a favor de los propietarios agrícolas y quebrantaba los derechos de los nativos de la Guajira. Ante débiles legislaciones para enfrentar 174 AHZ, año 1915, tomo 9, legajo 18. Comunicación del gobernador del distrito Páez, Carlos León Medina dirigida al general Albino de Jesús Medina, anunciándole el envío de siete wayuu con Pancho Montiel.

135 la compra venta indígena wayuu y la complicidad de funcionarios públicos de alta jerarquía, acrecentaba los casos de tráfico para la esclavitud. La práctica se mantenía pues prevalecían otros intereses, entre ellos el económico y el compadrazgo. Allí el interés económico estaba por encima del precepto constitucional. Con respecto a la exigencia colombiana, el dieciséis de enero de 1915 el gobernador del distrito Páez, Carlos León Medina, informaba a la secretaría general de Gobierno del Zulia, lo siguiente: Los indios a que se refiere la comunicación oficial del cónsul de Colombia en esa ciudad tuvo conocimiento el suscrito Gobernador de la llegada de ellos en número de catorce a la Laguna del Pájaro, donde se me informó habían sido vendidos otros por el indio que los transportaba llamado Pompón. Por medio de un intérprete nombrado al efecto supe por ellos mismos que iban para la sabana de Maracaibo en busca de trabajo. Entre los referidos indígenas había menores de 10 a 12 años los cuales no supieron contestar a las preguntas del intérprete. Pero dos de ellos de los más expertos, contestaron haber sido robados en las sabanas y que sus familias quedaban en La Guajira 175. Resulta necesario detenerse en la afirmación que hace el Gobernador distrital al certificar que dos indígenas wayuu menores de edad, declararon haber sido robados en la comarca peninsular, además de testificar que el: conductor Pompón me manifestó que los conducía hacia el Paraíso, hacienda propiedad de José del Carmen Salas, por cuenta y orden del señor Asunción Barroso. Ahora bien, al mismo Pompón le sorprendí la carta, que en copia marcado con el número 1 dirigida al Señor José F. Fernández, le hacía el señor Florentino Brugés de Castilletes 176. En consecuencia, el problema se agravaba cada día más por cuanto la trata y sujeción de individuos se profundizaba. Tal como se puede apreciar en declaraciones, denuncias y documentos oficiales. El propio gobernador del 175 AHZ, año 1915, tomo: 9, legajo 18. Expediente sobre respuesta del Gobernador del distrito Páez a la Secretaría General de Gobierno. Nota oficial número del 24 de diciembre de Sinamaica, 16 de enero de Ibidem.

136 distrito Páez, en la citada comunicación dirigida al despacho del Superior Magistrado del estado Zulia, reconoce: Que los indios trafican con frecuencia y por su propia cuenta, y sin necesidad de pasaporte hacia las sabanas de Maracaibo donde van y vienen. Las causas anotadas en la dicha carta hice comparecer ante mi al ciudadano José F. Fernández, quien a presencia de los indios me manifestó que los indios les decían haber venido engañados; siendo entonces que yo conocedor como soy y práctico de los habitantes de este pueblo, así como también de que los ciudadanos Asunción Barroso y Francisco Fuenmayor, se ocupan del ilícito negocio de vender indios 177. Este testimonio oficial muestra la complicidad de funcionarios del gobierno de la República. La actuación del funcionario encargado de hacer cumplir la constitución, leyes y normas legales de la República, quedaba en entredicho ante su conducta en contra de nativos de la Guajira. Es de observar en el mismo oficio del Gobernador del distrito Páez, que éste reconoce haber adjudicado a un grupo de indígenas wayuu. A personas de reconocida honradez y a los mayores enviados a algunos hacendados para proporcionarles trabajo por su propia y exclusiva cuenta; y así lo hice en la forma siguiente: dos hembras menores, una que reposa en poder del Coronel Luís Zabala Castillo en este municipio y otra en poder del Dr. Juan Francisco Castillo, dos que me hizo reclamo de ellos el mismo José F. Fernández, como pertenecientes a su raza, dos que entregue al ciudadano Francisco Montiel y siete que envié al General Albino de Jesús Medina a San Carlos de Zulia 178. El procedimiento de la autoridad gubernamental reflejaba la forma de administrar justicia en evidente trasgresión de las leyes de la república. Donde las victimas de las infracciones de leyes y normas legislativas por parte de los funcionarios resultaban ser, en la mayoría de los casos, pobladores de la península de la Guajira. Las imputaciones y los delatados quedaban en los libros de registro de novedades de los organismos oficiales de la región. Otro caso en que la denuncia se registraba sin obtener su correspondiente 177 Ibidem. 178 Ibidem.

137 respuesta, lo demuestra el informe de la autoridad civil y militar del distrito Páez, al reconocer que los comerciantes, acusados de traficar con indígenas de la Guajira: Asunción Barroso y Francisco Fuenmayor, estuvieron en Zulia, averiguando si los dichos indios habían sido vendidos y claro está que no les dieron resultados sus gestiones, cuando en vez de dirigirse como era natural, al Presidente del Estado, lo hicieron con el Cónsul colombiano, a quien según su comunicación le dijeron mentiras y falsedades de acuerdo con el autor de la carta dirigida a Fernández, señor Florentino Brujés del caserío de Castilletes 179. La tentativa de proyectar un juicio equilibrado sobre la problemática presentada con el envió de indígenas wayuu a otras zonas agropecuarias del Zulia, obligó al funcionario público y militar venezolano Carlos León Morales establecer que si los indios hubieran ido por su propio querer y no engañados mal podrían venir de Castilletes por esta vía cuando les era mas fácil la vía del mar, así como hubieran venido libremente y no en la forma sospechosa en que lo hicieron 180. En ese sentido, la memoria y cuenta presentada por el Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela al Congreso de la República en 1913, hace ver un informe acerca del tráfico y explotación de indígenas wayuu en la región zuliana. tiene conocimiento el Gobierno de que en jurisdicción de ese Estado se práctica la trata de Guajiros y se les sujeta a servidumbre conforme al antiguo sistema de encomiendas, con la tolerancia, si no la complicidad de empleados infieles. El ciudadano Presidente de la República atento a no consentir que tales actos de barbarie comprometan el buen nombre de la Nación, ni tolerar que en territorio Venezolano se viole impunemente una libertad garantizada por la Constitución ( ), le ordena a usted que proceda a hacer abrir sin tardanza ni atenuación alguna la averiguación del caso ante los tribunales competentes. Y devolver a su condición natural y legal de hombre libre á todo Guajiro víctima del infame comercio y residente en el Zulia. Si entre ellos hubiere 179 AHZ, año 1915, tomo 9, legajo 18, 180 Ibidem.

138 hombres, mujeres o niños de nacionalidad extranjera, los hará usted repatriar con la debida consideración por cuenta del Gobierno Nacional, a reserva de la reclamación correspondiente contra los respectivos culpables 181. Del mismo modo los gobiernos locales promulgaron nuevas leyes con el objeto de reducir la mercantilización de indígenas. En ese sentido, el Jefe civil del distrito Miranda, coronel del ejército venezolano Armando Crespo, considerando que el plagio en derecho penal, es el robo de personas, su compra y venta, que hacen perder la posesión de sus derechos de familia y las naciones de su origen; por lo tanto, decreta: Articulo 1º.- Todo el que retuviese indígenas en la jurisdicción de este Distrito, los presentará en el término de la distancia, ante esta Jefatura; con el fin inquirir la buena ó mala procedencia. Art. 2º.- Le dispone que en lo sucesivo todo conductor de indígenas debe traer un pasaporte para el libre tráfico, expedido por las autoridades del Distrito Páez ó del Distrito Mara y con el visto bueno del ciudadano Gobernador del Distrito Maracaibo 182. Para este funcionario público y militar la trata inmoral de indígenas guajiros se viene haciendo clandestinamente y privadamente con menoscabo y detrimento de sus habitantes, situación que propuso corregir con el referido Decreto, en cuyo tercer articulo se lee: Los contraventores á estas disposiciones, y de consiguiente sospechados de los hechos mencionados anteriormente serán sometidos a juicio sin contemporización alguna conforme a la ley. Art. 4º.- Los Jefes Civiles de los Municipios Altagracia y Faria, y todas las demás autoridades de policía de la dependencia de esta Jefatura, están en el imprescindible deber de averiguar é impedir estos hechos que pugnan abiertamente contra la moral y constituyen un hecho punible y delictuoso con tan infamante comercio AHZ, año 1913, tomo II, legajo 13. Memoria que presenta el Ministerio de Relaciones Interiores al Congreso Nacional en Tomo II. Caracas. 182 AHZ, año 1915, tomo 6, legajo 2. Decreto del Jefe civil del distrito Miranda, coronel Armando Crespo que ordena presentar en la Jefatura a los que tengan indígenas trabajando. 183 Ibidem.

139 Este problema de alguna manera fue, un argumento reiterativo para las autoridades de la república de Colombia, tal como se observa en comunicación del representante consular en Maracaibo, Alfonso Sánchez al Presidente constitucional del estado Zulia, general José María García. Acuso recibo del oficio Nº 5005 en el cual se sirve comunicar a este Despacho la providencia adoptada por el Gobierno de este Estado, relativa a impedir el abominable comercio de indígenas. El Gobierno de mi hondamente preocupado por la extirpación de este mal y desando coadyuvar a las medidas dictadas por el Ejecutivo Nacional como por el gobierno de este Estado, vería con sumo agrado el que su seguro servidor, se sirviera dictar ordenes parecidas para Sinamaica y otros lugares de su jurisdicción en la frontera Goajira por donde según verbales que he recogido es muy fácil el acceso a las gentes entregadas a esta clase de comercio 184. Otra denuncia ante el despacho del secretario general de Gobierno por parte de un criador del distrito Páez culpaba directamente al Jefe del fuerte militar de Sinamaica, quien según la acusación este era cómplice del secuestro de un joven para la reventa. Con temple de campesino responsable e invocando justicia, el agricultor José Antonio Semprún, mayor de edad, soltero, vecino del municipio Sinamaica del distrito Páez, denunciaba que: El año próximo pasado, los ciudadanos Antonio Pedro Palmar y otro que conocí, llegaron a mi casa situada en el lugar denominado La Calle Ancha, jurisdicción del Municipio Sinamaica, y sin más requisito, cogieron al menor Guillermo Semprún, le amarraron los brazos y se lo llevaron a Sinamaica. Después me informaron que había sido apresado por orden del coronel Juan Bautista Reyes, para aquella época, Jefe de la Frontera Guajira, que había sido vendido al señor José del Carmen Salas, vecino de esta ciudad, y que éste lo negoció al señor Juan París por la suma de cuatrocientos bolívares, y que hoy se encuentra en Bobures, en la hacienda del mencionado París. El menor, tendrá trece años de edad, más o menos, 184 AHZ, año 1916, tomo 3, legajo 13. Expediente sobre solicitud del cónsul colombiano en Maracaibo al Presidente Zulia para impedir el comercio de indígenas.

140 ojos negros y vivos, habla español, es de color aceitunado 185. Esta imputación acerca de la forzosa retención del menor Guillermo Semprún, estaba acompañada de la solicitud de retorno alegando que el referido menor a quien he criado y quiero como hijo. Esta dramática denuncia, hace retroceder al siglo XVI época de la llegada forzada de los esclavos procedentes de África como mercancía al igual que su fuerza de trabajo. Mientras tanto, nativos de la Guajira, quedaban indefensos y a la disposición de sectores interesados mercadear seres humanos, por cuanto de hecho los gobernantes indígenas locales, como instrumentos del ejercicio de la autoridad del Estado se convirtieron en agentes transmisores del colonialismo interno y de la explotación del indígena por el indígena, reforzando así los mecanismos internos de la dependencia estructural nacional neocolonial de la dominación de clase que la burguesía venezolana ejercía (Quintero, 1980:31). Es así como la complicidad de un sector de la dirigencia indígena en función de gobierno no promovió una política que diera clara y contundente respuesta legal a la práctica esclavista, que se profundizó durante el período comprendido entre 1880 y 1930 cuando se produce una consolidación de la presencia de la iglesia católica a través de los internados indígenas, para ese momento se continúa la trata de guajiros hacía haciendas venezolanas (Guerra,1993:71) La iglesia y el Estado colombiano: beneficios de la mediación La presencia misionera católica en la península de la Guajira se inicia a comienzos del siglo XX, bajo el liderazgo del obispo Atanasio Soler y Royo quien inició una segunda etapa misional, dirigida principalmente a la población infantil de los wayuu. Que buscaba la conversión de estos al cristianismo y su efectiva integración a la civilización por medio del encerramiento de los niños 185 AHE, año 1919, tomo 4, legajo 5. Denuncia sobre el rapto del menor Guillermo Semprún, apresado por orden del coronel Juan Bautista Reyes, y vendido al señor José del Carmen Salas.

141 y niñas indígenas en internados donde estarían a salvo de sus familiares (Guerra, 1993:72). Esta nueva estrategia de la iglesia cristiana ambicionaba conquistar a los pobladores de la Guajira, con el propósito de superar los reiterados fracasos obtenidos desde mediados del siglo XVI cuando la iglesia católica había mostrado interés en desarrollar labores de evangelización en la península de la Guajira (Guerra, 1993:64). Es así como las misiones religiosas católicas y evangélicas amparadas con la legalidad del Estado, invadieron territorios de autonomía indígena creando espacios para impedir que los indígenas continuaran la educación, ya que esta fue considera por los misioneros capuchinos y franciscanos como un obstáculo para dominar al indígena. Una vez instalados en tierra wayuu los llamados internados educativos 186 que fueron identificados como orfelinatos, pues la iglesia católica consideraba a los wayuu como individuos huérfanos de Cristo. El primer internado educativo misional instalado en la Alta Guajira fue denominado por los wayuu con el nombre de iishuwolu u, que fue fundado como repuesta a una necesidad educativa wayuu en la comunidad de Nazareth en el año Inicialmente, el internado funcionaba como orfanato. Estaba a orillas de un arroyo. Era una casa de bahareque y enea. Estaba a orillas de la corriente de agua y cultivaban maiki (maíz), ai (yuca) y kepeshuuna (fríjoles). Enseñaban a los niños y niñas cultivar y evangelizarse. Según viejas crónicas, existían necesidades en aquella época; el hambre azotaba a la región y las versiones dicen que algunos niños eran vendidos a las embarcaciones que llegaban 187. La acción pobladora de comerciantes, misioneros capuchinos y militares alijuna tuvieron una marcada influencia sobre la población wayuu, que se integro a la vida urbana de las ciudades cercanas, como Riohacha, Sinamaica 186 En 1911 fue creado en el poblado de Patsua, llamado por los misioneros como Nazareth, el primer internado educativo misional instalado en la Alta Guajira fue denominado por los wayuu con el nombre de iishuwolu u, y en año 1915 se fundó el internado de San Antonio de Orino en la península de la Guajira. 187 Barreto, C. (2005, abril-mayo). Nazareth, firme como patsua. periódico Wayuunaiki, p.6).

142 y Maracaibo. Esta incorporación también trajo sus consecuencias negativas en la población originaria quien al integrarse a la vida urbana se convirtió en prestadores de servicios domésticos y en muchos casos explotados al ser subpagados. Sometidos a la explotación de la fuerza de trabajo indígena y la esclavización de la conciencia indígena, además de la colocación de hierro, tal como se hace con el ganado (Quintero, 1980:33). La influencia de la iglesia católica, en asuntos del Estado fue determinante al lograr que, el dieciséis de junio de 1915 el Congreso de los Estados Unidos de Venezuela, Decretara la Ley de Misiones, cuyo objetivo fundamental fue la de reducir y atraer a la vida ciudadana las tribus y parcialidades indígenas que aún existían en diferentes regiones de la República, y con el propósito, al mismo tiempo, de poblar regularmente esas regiones de la Unión 188. El referido decreto plantea crear en los territorios Federales y en los estados Bolívar, Apure, Zulia, Zamora y Monagas, tantas Misiones cuanta sean necesarias, a juicio del Ejecutivo Federal. Mientras que el reglamento de la Ley de misiones, aprobado el diez de agosto de 1915, en el artículo nueve sentencia: Al que Trabaje a jornal se le pagará religiosamente 189. La comercialización de indígenas comprende el modo de adquisición y reducción de un sector de la población nativa de la Guajira a mercancía humana para el traslado hasta las unidades de producción agropecuarias del sur del Lago de Maracaibo y otros territorios de la geografía zuliana. Ninguna de las medidas oficiales logró un control efectivo acerca de la comercialización humana, tal como lo reconoce el Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela con fecha siete de abril de 1925 en oficio al presidente del estado Zulia, general Isilio Febres Cordero. El Ministro Plenipotenciario de la República de Colombia, exige de nota que me dirigió sobre tráfico de indios guajiros en los puertos 188 Recopilación de Leyes y Decretos. Tomo 39, p. 729, Nº Ministerio de Relaciones Interiores. El Reglamento de la Ley de Misiones, recibió el ejecútese el 10 de agosto de 1915 en el Palacio Federal de Gobierno, en Caracas por el Presidente Provisional de la República, doctor Víctor Márquez Bustillos. 189 Ibidem.

143 de Encontrados y del Zulia y la cual, a mi voz, trascribí a ese Ministerio en oficio del 14 de octubre de Otro punto importante destaca la descrita comunicación del organismo ministerial venezolano, enviada al Ejecutivo zuliano, al registrar que: Sobre el asunto Trata de Indios, tengo el honor de transcribir a usted por contener más amplios detalles sobre el particular, para su conocimiento y a los fines que juzgue oportuno, la nota Nº 52, fecha 19 de septiembre próximo pasado, que ha enviado a esta Cancillería la legación de Colombia en Caracas: En el año de 1915 se dirigió el gobierno de Colombia, por conducto de esta legación al Ejecutivo Federal de los Estados Unidos de Venezuela en solicitud de que se dictaron las medidas pertinentes a fin de de hacer cesar al inhumano comercio de indios guajiros quienes eran arrancados de su suelo nativo para ser vendidos en la ciudad 191. El negocio productivo para algunos comerciantes wayuu y alijuna, se convirtió en la segunda mitad del siglo XIX y los primeros treinta años del XX en eminente mecanismo contradictorio al proceso sociopolítico y económico del pueblo indígena de la Guajira. Los que se ocupaban en la trata, llegaban en sus piraguas hasta Castilletes y Sinamaica, sitios en los cuales negociaban partidas de indígenas, frecuentemente, muchachos de diez a quince años, escogidos entre aquellos que, como botín de guerra y con facilidad, se desprende el Jefe de alguna de las mismas tribus que pueblan la península 192. Resulta indescriptible las estrategias y formas utilizadas por traficantes de indígenas quienes muchas veces burlando la autoridad y en otros casos en complicidad con ella, desarrollaban su próspero comercio inhumano. En 190 AHZ, año 1925, tomo 3, legajo 19. Expediente del Ministerio de Relaciones Interiores en relación a la denuncia colombiana y su notificación al Presidente del estado Zulia. Caracas, 7 de abril de Ibidem. 192 Ibidem.

144 informe del año 1925 la Legación colombiana con sede en la ciudad de Caracas, Venezuela, hace el siguiente pronunciamiento. Estos últimos años se han registrado pocos casos de venta de guajiros en Maracaibo, en cambio el inocuo tráfico continúa activamente. Se aprovechan los que transportan clandestinamente, los indígenas a los puertos de Encontrados y del Zulia, en donde, a manera de contrato para el trabajo, los venden a dueños de fincas agrícolas y pecuarias 193. Nuevamente aparece la figura del contrato para la explotación wayuu con fines esclavistas. Acerca del comercio y tráfico ilegal con indígenas wayuu el antropólogo Nemesio Montiel Fernández Ja yaliyuu en la columna semanal denominada kasachiki, publicada en el diario zuliano Panorama, apunta que: El diario El Nacional de Caracas, el 12 de febrero de 1967, decía que entre los años 1920 y 1930 la esclavitud causó graves estragos en la etnia cuando las familias rivales se convertían en aliados de los traficantes de esclavos para vender a sus propios hermanos de etnia (Montiel, 1907:1-4). Una nueva denuncia se sumaba a las otras, donde aparece el wayuu como integrante de redes de comercialización de sus propios hermanos de identidad cultural y lingüística. Estas acciones en las cuales participaban indígenas como aliados de los tratantes para la esclavitud en el Zulia, generaron cambios en el comportamiento sociocultural wayuu. Como legítimos pobladores de la región penínsular, los nativos enfrentaban cada vez más dificultades para subsistir practicando sus modos de vida y ahora sometidos a grandes presiones de los traficantes. Por su parte, el gobierno propugnaba la libertad de tránsito y la autonomía territorial wayuu, postulados que solo se reflejaban en la teoría, ya que los atropellos y secuestros de los nativos continuaban, sin una convincente intervención de autoridades regionales o nacionales. La marcha exitosa del 193 AHZ, año 1925, tomo 3, legajo 22. Expediente sobre el indígena Yaco, robado por el mestizo Jacinto Machado y vendido a Ramiro Palmar, remitido por la Comisaría de Castilletes al Presidente del estado Zulia, Isilio Febres Cordero.

145 negocio de la trata con fines esclavista llevó al comisario mayor de la ciudad - puerto Castilletes, en la península de la Guajira, ciudadano Neptalí Méndez, oficializar el veintiuno de noviembre de 1925 una exigencia al presidente del estado Zulia, ciudadano Isilio Febres Cordero. Le remito a usted al indígena Yaco Epiayu, robado en Colombia por el mestizo Jacinto Machado, quien se lo vendió al señor Ramiro Palmar en Venezuela, teniendo el suscrito conocimiento de este hecho lo reclamé y lo tengo en mi poder hace más de un mes y como su familia no lo han reclamado hasta hoy lo más prudente es remitírselo. He sabido que el mestizo Inspector de Castilletes, Francisco Iguarán, por que no se lo querido entregar, me ha acusado en esa con el cónsul colombiano 194. Esto influyó en la degradación del espíritu y la salud de los indígenas, haciéndolos todavía más vulnerables frente a las enfermedades. Las muertes causadas por infecciones no fueron tan generalizadas en la Guajira, donde la mayoría de los habitantes vivían como cazadores-recolectores, criadores y comerciantes. Las zonas aptas para las explotaciones agrícolas, como las serranías de la Macuira, sufrieron, en cambio una importante despoblación como causa de las oleadas de epidemias de los años 20. Sin lugar a dudas, el pueblo wayuu trataba de mantener su forma de vida ancestral o tradicional, al menos durante una parte del año. Con la introducción de elementos de la cultura occidental en la Guajira, los nativos experimentaron nuevas prácticas en sus formas de vida. Por un lado, el tráfico de individuos y el gran número de personas que vivían aún bajo formas de servidumbre similares a la esclavitud. Estos tipos de servidumbre incluían el peonaje, los abusos de menores y la entrega de mujeres en matrimonio de forma involuntaria. Otro gran conflicto que afectaba el normal funcionamiento entre autoridades fronterizas en la Guajira, se originaba por denuncias de trata y venta de indígenas wayuu. 194 AHZ, año 1925, tomo 4, legajo 24. Comunicación Nº 940 del Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela al presidente del Zulia, Vicencio Pérez Soto en relación al caso de Yaco Epiayu (Epieyuu).

146 En un informe presentado por el comisario venezolano de la ciudad puerto Castilletes, ciudadano Neptalí Méndez aparece denunciando al inspector de la policía colombiana en el mismo poblado. En la denuncia del representante venezolano se indicaba que como autoridad, retiene al joven wayuu que según consta en la comunicación fue vendido y recuperado por su jefatura civil, además de alimentarlo y dotarlo de vestimenta; y sin embargo, el funcionario colombiano intentaba recuperarlo por la fuerza para convertirlo en servidumbre familiar. Ese Inspector Francisco Iguarán se ha negado pagarme los gastos de alimentación y vestido que he hecho en él y he tenido informes que lo desea para ponerlo de sirviente en su familia indígena. Lo más prudente de este caso es reemitírselo para que usted tome su determinación. Es de ocasión informarle ciudadano Presidente que ese señor Francisco Iguarán, que tiene el Gobierno de Colombia de autoridad en ese caserío de Castilletes (colombiano), mantiene su puesto en acefalía, como es mestizo se la pasa en la goajira. Cuando viene es a emborracharse y cometer escándalos en el territorio de mi jurisdicción 195. A pesar de que puede parecer reiterativo, es bueno recordar que las acusaciones, denuncias y reclamos en relación al tráfico y comercialización de individuos en la Guajira es una constante en oficinas públicas, donde aparecen implicados ciudadanos colombianos y venezolanos. Testimonios como los presentados en el caso del indígena wayuu Yaco Epieyuu, refleja la situación de irregularidad en torno al violento sometimiento de seres humanos que tuvo como escenario la región Guajira. Numerosos fueron los mecanismos implementados por los tratantes para imponer su dominio a los nativos. El célebre contrato de trabajo fue uno de ellos, aplicado en forma ilegal, para justificar la sujeción y aprovechamiento de los autóctonos de la península. Esta situación anómala requería poner en práctica todo lo permitido por la jurisprudencia venezolana. Se demandaba el reconocimiento profundo del respeto a la individualidad indígena wayuu para evitar las emigraciones 195 Ibidem.

147 forzadas que venia ocurriendo desde la segunda mitad del siglo XIX. Evidencia como la exhibe la siguiente comunicación del Gobierno venezolano dirigida al presidente del Zulia, general Vicencio Pérez Soto, confirma el tráfico humano desarrollado en la Guajira. En oficio de fecha 4 del corriente, Nº 1264, dice a este Despacho la Cancillería Venezolana lo siguiente: Tengo honra enviar a usted para su conocimiento y fines respectivos, una copia del memorando Nº 112/2, de fecha 30 de Noviembre último, que dirige a este Ministerio la Legación de Colombia, relacionado con la trata de Guajiros en la frontera colombo venezolana 196. En la misma, comunicación del Ministerio de Relaciones al presidente del Zulia, general Vicencio Pérez Soto, se establece que: En relación con la trata de indios Guajiros. A mediados del mes de noviembre de 1925 fue transportado por la vía de Puerto Libre y vendido en Maracaibo por al Comerciante Ramiro Palmar, venezolano, el indígena Yaco de casta Epiayu 197. El argumento ofrecido por el gobierno colombiano acerca del atropello de un indígena perteneciente al e irukuu epieyuu servía para reforzar que el comercio y sometimiento indígena se desarrollaba con libertad favoreciendo a sectores vinculados con la trata y la explotación agropecuaria en el sur del lago de Maracaibo y sierra de Perijà. En la primera década del siglo XX los gobiernos de Colombia y Venezuela con la intensión de establecer control político-administrativo en la zona limítrofe 198 a la altura de Castilletes, establecieron en sus respectivos caseríos 196 AHZ, año 1925, tomo 54, legajo 24. Comunicación del Ministerio de Relaciones al presidente del Zulia, general Vicencio Pérez Soto sobre la trata de indios guajiros. 197 Ibidem. 198 En la península de la Guajira ante el creciente intercambio comercial de los wayuu con el resto de la población colombiana y venezolana, los gobiernos de ambos países comenzaron a impulsar a principios del siglo XX la noción de frontera política entre los dos estados nacionales y no la antigua noción hispánica de frontera cultural que consideraba a Riohacha (Colombia) y Maracaibo (Venezuela) como ciudades fronterizas con la Nación Wayuu. Ver más acerca de esta temática en Weildler Guerra Cúrvelo (1995). Conflictos sociales en el departamento de La Guajira: Una perspectiva Socio-histórica.

148 oficinas de gobierno como Inspectorías civiles de policía o comisarías generales. Los funcionarios eran designados por la presidencia de la República, o por las presidencias o gobernaciones de Estado o Departamentos. Con la instalación de Inspectorías de policía y comisarías generales en las poblaciones fronterizas los dos gobiernos firmaron acuerdos o convenios para garantizar el normal funcionamiento de las oficinas y la interacción de los funcionarios públicos. Sin embargo, en la frontera de la ciudad puerto de Castilletes se presentaban fricciones entre autoridades de ambos países. El veintiuno de noviembre de 1925 el comisario mayor de la ciudad puerto Castilletes, en territorio venezolano, ciudadano Neptalí Méndez le comunica al Presidente del Zulia, ciudadano Isilio Febres Cordero, que el Inspector del caserío de Castilletes, República de Colombia, ciudadano Francisco Iguarán, el día cuatro del mes próximo pasado se pasó al caserío de Miraflores, Venezuela, y borracho amenazó de revólver en mano al señor Arsenio Cruz, comisario mayor del caserío. Se elevó la queja a la autoridad superior de él y no ha hecho caso alguno. Toda autoridad que nuestro gobierno ponga en este puesto, será victima de calumnias como han sido los demás empleados desde hace años que es Inspector en Colombia ese Señor 199. La ciudad puerto de Castilletes, como espacio geográfico de leyenda histórica por formar parte de la demarcación limítrofe binacional colombo venezolana. Como núcleo poblacional de tierra frente al mar, marcó honda huella en el proceso comercial de la Guajira. Además, como terminal comercial y pesquero con las ciudades zulianas Paraguaipoa, Sinamaica, San Rafael de El Mojàn Maracaibo y puertos lacustre del sur del Lago de Maracaibo. Esta importante ciudad puerto fronteriza albergaba población wayuu, mestiza y alijuna y por su ubicación frente al mar Caribe y puerto estratégico fronterizo servía de tránsito para comerciantes venezolanos y de las islas del 199 AHZ, año 1925, tomo 4, legajo 24. Oficio del comisario mayor de Castilletes al Presidente del Zulia para al Inspector de Castilletes, República de Colombia, Francisco Iguarán por su inmoral comportamiento en el caserío de Miraflores, Venezuela.

149 Caribe que llegaban en buques y en pequeñas embarcaciones para intercambiar con los nativos. Durante el intercambio comercial los wayuu de origen cazadores, recolectores, pescadores, criadores y comerciantes de perlas y sal; ofrecían en venta perlas 200, sa wainrü (tortugas marinas), ichi (sal), jime (pescados), jüta mürülü (cueros), keesü (quesos), mürülü (ganado) y nütüjain wayuu (artesanía), asimismo ma aka ja anasia mürülü (shaakuma) (adornos para monturas de animales) como ama, püriikû, (caballos, burros), que facilitaban los nativos; mientras que los alijuna abastecían a los nativos con kuluula (telas), katkousu (armas de fuego), awarianta (aguardiente), wiisüki (whisky) y türiia/siiya jüpüla mürülü (monturas para animales). Por razón de este intercambio de productos en la ciudad puerto Castilletes, un sector de la población wayuu desarrolló diversas actividades económicas como la pesca de perlas, agricultura, la ganadería y el comercio; mientras que otro sector menos favorecido desde el punto de vista socioeconómico practicaba acciones laborales de explotación y atadura de subsistencia. Esta debilidad de un sector poblacional en la región fue herbaje fácil para el incremento de la comercialización con propósitos esclavistas. La autonomía política, económica y territorial wayuu fue factor para que la República de Colombia por medio del Congreso Nacional, promulgara el primero de mayo de 1926 una ley de la Nación que proyectara las buenas intenciones del Ejecutivo colombiano. Artículo 1º.- Las tribus indígenas que habitan las costas de la Guajira, Darién y Mosquitos, y las demás no civilizadas que existan en territorio de la República, serán tratadas como colombianos dignos de la consideración y especiales cuidados. La misma ley asignaba 100 mil pesos para la civilización de los indígenas, pero ya el solo hecho de haber clasificado a 200 En el siglo XVI, el territorio de la Guajira fue disputado entre las gobernaciones de Santa Marta y Venezuela por las riquezas perlíferas. El territorio de La Guajira parte colombiana perteneció administrativamente a Magdalena hasta 1871, año en el que se transformó en territorio nacional. En 1898, se creó la intendencia de La Guajira y, en 1911, la comisaría especial de La Guajira, con capital en Guaraguarí.

150 la Guajira con esas dos regiones no auguraba nada favorable. La Guajira presentó desde un principio problemas que exigían solución inmediata (De la Pedraja, 1988:14-15). Los wayuu siempre apegados a su autonomía desde la época de la llamada conquista hasta la era republicana, ahora en pleno siglo XX se topaban con su peor pesadilla frente al alijuna. La resistencia y autoproclamación territorial se veía vulnerada, mientras que la autoridad muy poco hacía para acabar con el comercio esclavista. Aludiendo nombres y apellidos de implicados, además de las embarcaciones utilizadas para el lucrativo negocio, el informe del Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela, señala: En el barco que zarpó del puerto de Castilletes, el 9 de abril de 1925, salieron en calidad de enganche 77 indígenas, entre quienes se encontraban el indígena Morales, de casta Uriana y su compañera Damiana, de casta Iguana, vendidos por un tío al venezolano Señor Gonzalo Negrón, para ser conducidos a Encontrados a fincas del mencionado Negrón. La autoridad fronteriza de Venezuela, a quien se dió el correspondiente denuncio por el Comisario colombiano, no hizo gestión alguna 201. La cifra indica la cantidad de setenta y siete wayuu desarraigados de su territorio ancestral, enseña el Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela, sumándose otra aterradora cifra en el informe del diez de diciembre de 1926, el cual revela que en sólo cinco meses de abril hasta agosto-, desde el puerto marítimo de Castilletes, península de la Guajira rumbo a Maracaibo en las embarcaciones Aura Raquel, Ana Isolina, de bandera venezolana, propiedad de los venezolanos Graciliano Palmar, Isidro Cruz; fueron trasladados un mil doscientos cincuenta y dos indígenas 202. Un mil doscientos cincuenta y dos individuos jóvenes y adultos que aumentaron las cifras en los registros de nativos, subordinados a toda clase de presiones, y la más grave degradación al ser humano en pleno siglo XX. 201 AHZ, año 1929, tomo 5, legajo 1.- Expediente llevado por el Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela sobre la salida de setenta y siete indígenas del puerto de Castilletes. 202 AHZ, año 1929, tomo 5, legajo 2. Expediente del Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela, sobre un mil doscientos cincuenta y dos indígenas llevados de la Guajira.

151 2.6.- Mano de obra wayuu y trasgresión legal en los últimos años del gomecismo En el marco del Estado liberal y sometido éste al apremio de dar soluciones convincente a la problemática de falta de mano de obra para la producción agraria zuliana, adopta en su legislación regional y nacional, medidas especiales supuestamente para garantizar a los trabajadores indígenas una protección eficaz en materia de contratación y condiciones de empleo, en la medida en que no estén protegidos totalmente por la legislación aplicable al resto de trabajadores en general. Sin embargo, la mano de obra wayuu continuaba sobreexplotada en unidades agropecuarias del Zulia, mientras el Estado colombiano desplegaba acusaciones referida a la trata y comercio con hijos de la Guajira; otro reclamo al gobierno zuliano figura en el archivo regional: Secretario General de Gobierno: Tengo el honor de llevar a conocimiento de usted, que el señor Jefe del Resguardo Colombiano en castilletes, en oficio número 11 de fecha 23 del corriente, ha manifestado a ese Consulado que por denuncios fidedignos tiene conocimientos de que en la goleta Aura Raquel han sido conducidos a esta ciudad, doce indígenas que fueron sustraídos de su territorio por individuos venezolanos quienes compraron a dichos sujetos 203. Hasta tal extremo llegó el fenómeno, que el cónsul colombiano denuncia la cantidad de doce indígenas wayuu que fueron robados de su territorio ancestral por comerciantes alijunas venezolanos, quienes compraron personas, como si estuvieran comprando objetos. Resultaba inadmisible la problemática social profundizada con la utilización del hombre para la esclavitud, bajo la mascara de la servidumbre que era jurídicamente un estado de negación de libertad. Esto implicaba una 203 AHZ, año 1926, Tomo 7, legajo 22. Comunicación del Cónsul colombiano en Maracaibo al secretario General de Gobierno del Zulia con denuncias de doce indígenas que fueron llevados por la fuerza desde la Guajira

152 dependencia personal con respecto a un propietario y que limitaba enormemente la libertad de acción en términos de residencia y de sustento, además de someter al individuo a unas obligaciones propias. Ante las contrataciones coercitivas, incluidas todas formas de servidumbre por deudas. La protección tutelar a través de legislaciones gubernamentales, durante muchos años, fueron violentadas por comerciantes y propietarios del sector agropecuario zuliano. Algunos tratantes de indígenas llegaron a la Guajira, en la misma forma como llegaron en marzo de 1926 a la ciudad puerto Castilletes: los señores Negrón, venezolanos, con gran cargamento de maíz y panelas, con el fin de hacer enganches de indígenas para llevarlos a trabajar a su hacienda, en Jurisdicción de Encontrados. Parece que eso enganches se hicieron en su mayoría en territorio venezolano, con la ayuda que a los empresarios prestaron indios mestizos, quienes llevan a los guajiros con el mayor sigilo provistos de pasaportes adquiridos incorrectamente 204. Con artimañas y chantajes los traficantes esclavistas llegaban a las costas marítimas de la Guajira y lograban sus propósitos, en muchos casos con apoyo de algunos comerciantes wayuu. Además, los testimonios orales indican que autoridades y transportistas marinos contribuían con la ilegal actividad. Avales otorgados por la autoridad servían de instrumentos legales para el éxodo forzado de indígenas wayuu. Se cometían abusos ilimitados del Poder Público, la solvencia fiscal y la seguridad internacional que fueron recios tentáculos de la Dictadura imperante desde 1908 hasta Pero ese régimen de omnipotencia y de duración excepcionales fue posible porque descansaba sobre sólida base, la que constituía el feudalismo agrario cuya consolidación se hizo en el lapso citado (Troconis, 1950: I, 137). La usanza arbitraria del poder, la barbarie, violación de derechos y garantías constitucionales, así como la conformación de grandes monopolios empresariales agrícolas y pecuarios. Monopolios que crecieron y se desarrollaron en toda la República, con énfasis en territorio zuliano. Fueron entre otras, secuelas nefastas para el avance económico, político y 204 Ibidem.

153 sociocultural de la nación venezolana durante la dictadura militar de Juan Vicente Gómez Chacón, cuya administración permitió que muchos de sus subalternos amasaran grandes riquezas inmobiliarias fundamentalmente agrarias. Estre los funcionarios del régimen gomecista que obtuvieron inmorales capitales, figuran dos personajes que fueron gobernantes en el Zulia, son ellos, los militares venezolano Vicencio Pérez Soto y José María García 205. En este contexto, la legislación que restringía la prolongación de los propietarios a un máximo moderado y que expropiaba el excedente de las tierras atesoradas y del mismo modo las tierras sin labranza, se orientaban al apoyo de los hacendados o latifundistas vinculados al gobierno de turno. En las unidades productoras agrícolas y pecuarias zulianas se demandaba fuerza de trabajo, como consecuencia del éxodo del campesinado hacia las ciudades y campos petroleros. Es oportuno señalar que durante la dictadura de Juan Vicente Gómez Chacón, el gobierno asume con mucha debilidad medidas para contrarrestar la red de negociantes con seres humanos en el sur del occidente del país. Aunque los wayuu siempre habían conservado su independencia y autonomía territorial, la facilidad de entrada a su territorio ancestral, otorgaba facilidades a traficantes y comerciantes para introducirse al interior de la península de la Guajira. Entre los años se acrecentó la demanda de mano de obra en las unidades de producción agrícolas y pecuarias del sur del Lago de Maracaibo y sierra de Perijá; cuyos capitalistas desempeñaban disímiles funciones al mismo tiempo, ya que eran: militares, comerciantes y funcionarios públicos. Esa trilogía de funciones permitía que sus 205 General Vicencio Pérez Soto, ocupo la Presidencia de Portuguesa, Apure, Bolívar y Zulia, fue propietario de las haciendas San Estebán, ubicada en Puerto Cabello; Ramo Verde, en Los Teques; La Estancia, en la Victoria y algunos fundos de menores dimensiones en el Zulia y Carabobo y mientras que el General José María García se desempeño como Presidente de Trujillo, Zulia y Carabobo, gobernador del Distrito Capital y Ministro de Hacienda, también fue dueño de las haciendas Santo Domingo y Coche, en limítrofes con la población del Valle. Sobre esta temática véase también: Luís Troconis Guerrero (1950). En: La cuestión Agraria en la Historia Nacional. Tomo I, Biblioteca de Autores y temas tachirenses. P. 138.

154 propiedades agrícolas, congregaran individuos de diferentes lugares de la nación, bien como capataz u obreros que se desempeñaban a las órdenes de los propietarios agrícolas. Estos propietarios de unidades de producciones agrícolas y pecuarias, en muchos casos también, ejercían control abiertamente sobre el tráfico de nativos y en complicidad con los dueños de embarcaciones que salían de los puertos: Castilletes, Cojoro, Paraguaipoa, Sinamaica, Puerto Guerrero, San Rafael de El Moján y Maracaibo. Resultaba, tan lucrativo para la red del tráfico y trata de indígenas wayuu, para la sujeción o la conversión de bracero barato que éste negocio llegó a tener agentes de envíos y embarcaciones de exclusivo uso. El informe del Ejecutivo nacional (Ministerio de Relaciones Interiores), advierte al Gobierno del Zulia, que: En la Goleta Aura Raquel, fueron embarcados para Maracaibo y Encontrados sesenta indígenas, entre estos se contó al guajiro Parajuana Curachón de la casta Epiayu, quien fue vendido por el indígena Guarajache, de casta Sijuana al venezolano Sr. Antonio J. Colmenares. La citada goleta Aura Raquel ha hecho viajes continuos entre Castilletes y Maracaibo. En el que realizó el 17 de Julio pasado llevó 105 indios. Igualmente, fueron embarcados el 7 de Agosto 150, y 60 el 16 del mismo mes. Los veleros Ana Isolina y Aura Raquel, venezolanos, de propiedad de Graciliano Palmar e Isidro Valbuena, el primero, el segundo de Francisco González, José del Carmen, Villalobos y Arcenio Cruz viajan dos veces por mes entre Castilletes y Maracaibo y en cada viaje conduce cada barco por término medio, 40 guajiros. Los comisionados para el despacho son los señores Negrón Hermanos 206. De acuerdo con los datos aportados por el Ministerio de Relaciones Interiores, en el segundo trimestre del año 1929, sólo en las embarcaciones Aura Raquel y Ana Isolina, fueron transportados desde la ciudad puerto de Castilletes hasta el puerto de Maracaibo. Y luego, rumbo al sur del Lago de 206 AHZ, año 1929, tomo 5, legajo 1. Expediente de Informe del Gobierno Nacional (Ministerio de Relaciones Interiores) al Gobierno del Zulia, sobre el transporte de guajiros desde Castilletes en 1929.

155 Maracaibo, la cantidad total de cuatrocientos quince (415) indígenas wayuu procedentes de la Guajira con el propósito de venderlos 207. El detallado informe, revela que los agentes para el envío por tierra vía desde las poblaciones de la Guajira, Cojoro, Paraguaipoa y Sinamaica son los señores Manuel Pirela y Pablo González. Al comisionado Pablo González, lo sindican en el informe de haber comprado por $ siete indígenas en Cachipén, jurisdicción del corregimiento de Carrizal, Colombia al ciudadano Fernando González, indígena de casta Epieyuu. Los indígenas que son conducidos por la vía de Sinamaica no llegan a Maracaibo sino que son despachados directamente en Paraguaipoa para Bobures y Encontrados, para los propietarios de unidades de producción agrícolas, señores Noné y Negrotes, respectivamente 208. Esta emigración forzada desde la Guajira hacia zonas de producción agrícola-pecuaria del Zulia, generaba un problema social binacional por ser la península de la Guajira, espacio geopolítico compartido por las republicas de Colombia y Venezuela. La comercialización de la clase trabajadora wayuu, se instituyó como objeto viable para ocupar la vacante de los descendientes de africanos. Los wayuu que llegaron forzados a las unidades de producción agrícolas y pecuarias del Zulia, lucharon y ofrecieron su fuerza de trabajo labrando la tierra para la agricultura y cumpliendo tareas de peones de ordeño, pastoreo, desmonte y elaboración de quesos. Enriqueciendo con su mano de obra al capitalista propietario, desmejorando con ello, su calidad de vida y protagonizando un alejamiento de su territorio ancestral. XXX 207 Ibidem. 208 Ibidem.

156 CAPITULO III Impacto de la mano de obra wayuu en la economía del Zulia petrolero

157 A los guajiros se les lleva amarrados desde su península natal hasta Santa Bárbara del Zulia para que sirviesen allí de peones en una hacienda tanto más valiosas cuanto que producían los quesos que iban para los campos petroleros. La acumulación de capital exigía mano de obra sin discriminar el método empleado para su obtención (Rangel, 1989:8-9). CAPITULO III Impacto de la mano de obra wayuu en la economía del Zulia petrolero E l impulso dado por el capitalismo a la agricultura y la ganadería del estado Zulia, fue un instrumento para la migración forzada de indígenas wayuu hacia las unidades productivas del sur del Lago de Maracaibo desde la segunda mitad del siglo XIX hasta mediados del XX. Durante éste período, se instituyó un progresivo tráfico, venta y esclavitud de aborígenes wayuu, nativos de la península de la Guajira, utilizados para sustituir la escasez de mano de obra en el sector agro productor y exportador zuliano. Se constituyen en la principal fuerza de trabajo motorizadora de la economía regional al inicio del Zulia industrial y petrolero. Su importancia se remonta al antiguo sistema mercantilista, vigente durante los siglos del XVI al XVIII donde millones de africanos, fueron arrancados violentamente de sus tierras y aldeas con destino a los territorios americanos e islas del Océano Indico para forzarlos a trabajar como esclavos en grandes plantaciones, y en las minas de oro y plata. En esta ocasión el capitalismo hace uso de situaciones concretas de relaciones entre traficantes, comerciantes y propietarios de unidades productivas para reactivar el tráfico y la trata con indígenas, originando el mayor desplazamiento forzado de nativos wayuu de su tierra ancestral.

158 Con respecto al problema de esclavitud indígena en la Guajira el historiador colombiano José Polo Acuña en la obra Etnicidad, conflicto social y cultura fronteriza en la Guajira ( ), describe que: A principios del siglo XVIII, la esclavitud indígena en la península fue una consecuencia de las salidas pacificadoras que organizaban los vecinos riohacheros con el objeto de recuperar el ganado que había sido hurtado por los indios, pero al mismo tiempo esclavizaban a los nativos que luego vendían clandestinamente en Riohacha, Santa Marta y Mompox (2005:133). Los wayuu se habían distinguido por una actitud antiestatal, que les avaló durante más de tres siglos su autonomía política-territorial, económica, identidad lingüística, visión del mundo y todo aquello innato como civilización propia. Históricamente los naturales de la Guajira, han mantenido una lucha por conservar su herencia ancestral y modo de vida, haciendo constante oposición a las tentativas de poblamiento hispánico en su territorio, sobre todo, lo relacionado a los trazados al imaginario bastión ideal de explotación perlíferas y el comercio ilegal, que marcaron una profunda y tenaz antipatía en la población originaria, como producto del carácter arbitrario del alijuna. En la Venezuela republicana comenzó a conformarse un mercado de compra-venta de mano de obra indígena, paralelo al auge del desplazamiento de la propiedad agrícola-pecuaria a nuevos propietarios. Igualmente, ante este fenómeno, se produce un incremento de esta mano de obra en jurisdicción del Zulia, acompañado por el incrementó de la producción y un movimiento de comercialización. A fines del siglo XIX y principios del XX, apoyados en las certezas que nos ofrecen los documentos localizados y la oralidad interna, se infiere que desde la península de la Guajira, se adelantó un proceso de comercialización, expresado en un sistema mercantilista de marcada explotación con fines esclavista.

159 Para ello, se utilizaron los puertos o ancladeros ubicados en las costas marítimas de la Guajira: puerto Estrella, Puerto López, Castilletes, Cojoro y Sawa, además de los ubicados en las riberas del río Limón, puerto Cuervito y puerto Mara; espacio de importancia geoestratégica en la península de la Guajira La esclavitud indígena: una necesidad económica Durante el siglo XIX la economía cafetalera ocupó en el país, el primer lugar de importancia a la cabeza del cacao, mientras que en el occidente venezolano, la producción para el mercado regional y de exportación de caña de azúcar, cacao, algodón, tabaco, añil, plátanos y la cría de ganado vacuno se desarrollaba en las unidades de producción agrícolas y pecuaria del sur del Lago de Maracaibo con la fuerza de trabajo indígena wayuu. En estas unidades productivas, los indígenas integraban la lista de obreros, registrados como peones, aunque algunos de ellos eran absorbidos por el servicio doméstico como servidumbre. Esta forma de incorporación de la fuerza de trabajo indígena wayuu, daba continuidad a la institución inhumana esclavista, ilegalidad ampliamente registrada en documentos oficiales que reposan en los archivos. Las acciones promulgadas por los gobiernos nacionales, regionales, distritales y locales se desarrollaban con marcada insuficiencia. Sobre todo, las relativas al control y fiscalización de los indígenas y el comportamiento del alíjuna en contra de éstos. Un elemento fundamental del fracaso estas medidas, lo ofrece la jefatura civil del distrito Colón al secretario general de Gobierno (seccional Zulia), al afirmar que esta autoridad vigila con acuciosidad la conducción de indígenas a este Distrito a fin de evitar el odioso tráfico que aun tiene lugar evitar 209. Estos antecedentes favorecen comprender la importancia de su participación para garantizar la productividad de la explotación agropecuaria, AHZ, Año 1884, tomo 8, legajo 26 A. Comunicación de la Jefatura Civil del distrito Colón al Secretario General de Gobierno de la sección Zulia reconociendo el odioso tráfico que aun tiene lugar. San Carlos del Zulia, 16 de noviembre de 1884.

160 en calidad de peones en las zonas agrícolas y ganaderas de la sierra de Perijá, Mara, Páez y sur del Lago de Maracaibo. Donde el capital económico, violentaba las leyes y normas establecidas, a medida que se dinamizaba la economía y se incrementaba la demanda de productos de las actividades de exploración y exportación. porque en aquel momento histórico el campo no tenía otras alternativas y la ciudad no alcanzaba adsorber los excedentes demográficos que se desprendían de la periferia rural. ( ) a los guajiros se les lleva amarrados desde su península natal hasta Santa Bárbara del Zulia para que sirviesen allí de peones en una hacienda tanto más valiosas cuanto que producían los quesos que iban para los campos petroleros. La acumulación de capital exigía mano de obra sin discriminar el método empleado para su obtención (Rangel, 1989:8-9). En el estado Zulia, la situación referida al tráfico con: los indígenas de La Guajira, que servían en las plantaciones del Distrito Colón, era más grave todavía: cazados por contratistas con alma y oficio de negreros, les embarcaban a la fuerza y apenas pisaban la tierras de la hacienda se les hacía el primer cargo de la cuenta individual: los trescientos o cuatrocientos bolívares pagados al brutal reclutador, que hacia el negocio en sociedad con el jefe civil de La Guajira (Troconis,1950: I,145). Para obtener por la fuerza la mano de obra wayuu en la península de la Guajira, se organizaron pequeñas expediciones de captura de nativos. Una vez que un indígena wayuu era capturado o se rendía, se convertía en parte del comercio esclavista, una práctica que se conservó hasta mediados del siglo XX. Los wayuu no podían imaginar la duración, escala, y nivel de violencia que desatarían los tratantes en su determinación por someterlos. Sometimiento que garantizaba la producción en el sur del Lago zuliano, eternizado con el avasallamiento de la masa campesina e indígena. Mientras se producía la expansión capitalista agro productora, se desarrollaba una

161 división interna del trabajo, donde el hombre indígena wayuu, se transformaba en instrumento para la productividad. Se fomentó la industria agropecuaria inyectándole recursos económicos para producir a mayor escala los rubros que garantizaban el intercambio regional e internacional a través de la exportación. Se desarrolla de esta manera un caudillaje monoproductor agrario zuliano, establecido por solicitud de los ejes urbanos Maracaibo, Valencia, Caracas, San Cristóbal -, convirtiendo a la agricultura familiar-mercantil en una producción cada vez más basada en la explotación del trabajo ajeno (Vallarino,1989:21). En un sistema republicano que había prohibido la esclavitud africana en 1854, los grupos de poder del sector agrario zuliano justificaban la mano de obra forzada indígena como una necesidad económica (Linder, 1999:2006). La insuficiencia de la mano de obra en el sur del Lago de Maracaibo, obligó reservar para el cultivo las mejores tierras y el riego contribuyó a aumentar la producción de los suelos más fértiles. La producción de caña de azúcar, se fue ampliando por la creación de las compañías o centrales azucareras 210, café y cacao fue disminuyendo y comenzó la producción de rubros agropecuarios y manufacturados que requerían mayores cuidados, como leche, queso, mantequilla, aceites, cultivos de maíz, fríjol, y frutas como patilla, melón, guayaba, tomate y lechosa, además de bananos y plátanos. Sin embargo, Venezuela continuó siendo esencialmente un país agrícola y pastoril, con la vida económica concentrada principalmente en montañas, valles y tierras bajas, donde desde el período colonial hispánico se concentraba la vida económica del país (Brito, 1986,II: ). Esta situación no varió durante los diferentes gobiernos venezolanos a pesar que el discurso laboral y democrático se ampliaba. Administraciones caracterizadas por inestabilidad política y precariedad económica. 210 La historiadora zuliana Marisol Rodríguez Arrieta (2008), en la obra Cuando llovió azúcar en Bobures La industria azucarera zuliana, génesis del empresariado venezolano ( ). Profundiza sobre este tema al analizar los cambios económicos, sociales y el impacto de la explotación de la caña de azúcar en el Zulia.

162 El final del siglo XIX transfiere a la república de Venezuela un régimen militarista a cargo del general del ejercito, Antonio Guzmán Blanco, autoproclamado el Ilustre Americano, quien ejerció el poder presidencial con una etapa más de autoritarismo, de peculado, de ineptitud administrativa, de dolo electoral (Troconis,1950,I:110). Escenario político que, retaba a liberales y conservadores, militares y civiles quienes, a la par de sus múltiples divergencias, se diferenciaban también en la manera de concebir el poder político. En el año 1888 se interrumpe el caudillismo gubernamental, con el ascenso a la presidencia de la República del civil Juan Pablo Rojas Paúl. Desde ese momento, comienza un ínterin de cambios y vaivenes políticos, que lleva al Consejo Federal, designar como presidente de la República al doctor Raimundo Andueza Palacio, quien es juramentado el veinte de marzo de 1890 para cumplir su mandato hasta junio de Andueza gozó de pocas simpatías durante su gobierno, ya que el Congreso le fue adverso y la opinión pública poco favorable. Rodeado de una camarilla de traidores y ambiciosos, intentó, sin éxito, reformar la Constitución y ampliar su mandato presidencial, que habría de concluir en Proyecto político que fue truncado por una rebelión formalista, liderada por los militares Joaquín Crespo Torres e Ignacio Andrade, que impuso, después de siete meses de feroz guerra civil, una nueva Constitución, inspirada en la carta magna de 1864, que establecía el sufragio universal, directo y secreto, y los mandatos presidenciales a cuatro años. Se impone un proyecto liberal y de modernización desde el poder central, el cual, se traslada al estado Zulia con el nombramiento del nuevo Jefe militar y civil, doctor Rafael López Baralt, quien: ( ) dejó a un lado su resistencia contra los gobiernos que amenazaban la autonomía del Zulia. En nombre de los derechos autonómicos del Zulia se opuso en 1890 a que esta región formara del estado Falcón; levantando la bandera de la autonomía enfrentó al Dr. Andueza Palacio en 1892 y acompaño a Ignacio Andrade en las elecciones de Ahora, en 1900, su carrera política

163 entraba en una nueva etapa, esta vez contraria a los intereses del Zulia (Parra, 2004:106). Este nuevo liderazgo político, representaba algunos intereses económicos establecidos en la región, por cuanto la actuación política municipal como regional y nacional ( ); estuvo orientada la mayoría de las veces a satisfacer apetencias personales de caudillos o de grupos (Bermúdez, 2001:204); desarrollándose un sistema de relaciones sociales y de producción que imponía extremos de riqueza y de pobreza. Estas tendencias se manifestaban en ciertas zonas de la Guajira, acentuando los problemas de discriminación, dominación y opresión contra algunos nativos, cuyas fuerza de trabajo se veía explotada en tierras alejadas de la península. La comercialización de la mano de obra indígena wayuu continuaba en completo accionar, tal como lo registra la relación de los trabajos diarios de la jefatura del municipio Valderrama. Por medio de oficio número 101, de fecha 29 de octubre de 1887 se notifica haber recibido en este despacho una nota del juez de Santa Cruz con el indígena goajiro Joaquín Parra el cual fue entregado a su respectivo dueño. Entrega que se hizo en oficio número Como se ha dicho, de conformidad con la Ley de abolición de la esclavitud, el régimen esclavista consideraba al hombre como un objeto. Esta Ley, tenía como fin prohibir la esclavitud en la república de Venezuela. Por lo tanto, resulta una ironía que treinta y tres años después, en plena vigencia del Estado republicano coexistiera una relación de trabajo entre dueños y amos, tal como lo registra el oficio número 101 de la jefatura del municipio Valderrama, en nota refrendada por el juez de Santa Cruz del Zulia, relacionado al indígena wayuu Joaquín Parra, que fue entregado a su respectivo dueño. Otro caso emblemático, lo denuncia la gobernación del territorio Guajira ante el Presidente del estado Zulia, cuando comunica que entre los indígenas guajiros que encabestrados y azotados se han conducido de Sinamaica a Maracaibo, y de allí al departamento Colón, en calidad de siervos a perpetuidad, figura uno 211 AHZ, Año tomo 8, legajo 17. Expediente de los trabajos diarios de la jefatura del municipio Valderrama notificando nota del juez de Santa Cruz con el indígena Joaquín Parra el cual fue entregado a su respectivo dueño.

164 de nombre Simanai, como de diez y ocho años de edad, y miembro de la tribu Jayariyu de la comunidad de Macuire 212. Resulta importante señalar que el Zulia como zona agropecuaria de mucha importancia para el occidente venezolano, sobre todo en el sur del Lago. Donde la agricultura estaba restringida desde la época colonial por falta de braceros para las haciendas, un problema común en toda Venezuela. La falta se hacía más grave en el sur del lago debido a varias enfermedades endémicas en la zona, como el paludismo, que frenaba el crecimiento de la población (Linder,1987:285). Algunos dueños de unidades de producción agropecuarias intentaron, en esta época, profundizar la esclavitud, esta vez con indígenas wayuu, valiéndose de sus prerrogativas y compadrazgos políticos para interpretar y establecer leyes en su favor. Contexto que trajo como consecuencia la incorporación de indígenas wayuu en condiciones de virtual esclavitud. Visto tradicionalmente como un sistema de relaciones productivas sumamente cruel y explotador (Linder,1987:284). El treinta de diciembre de 1884, la secretaría de Gobierno del estado Zulia, acordó exhortar al Jefe civil del municipio Valderrama sobre las acciones ilegales en contra de naturales de la Guajira. El comunicado oficial expresa: Tiene este gobierno informes fidedignos de que la indígena goajira María Elena se encuentra en el Municipio de su jurisdicción a cargo de la Sra. Dolores Aguirre, quien la emplea arbitrariamente en su propio servicio; y como es notorio que la citada indígena, fue separada del lado de su padre Bartolo clandestinamente y por engaño, se ordena a usted que en el término de la distancia ponga a disposición de este Despacho a la precitada indígena María Elena con todas las seguridades requeridas al efecto, y que dado el caso que la Sra. Dolores Aguirre, ofreciese resistencia a cumplir dichas disposiciones presentes, la remitirá 212 AHZ, Año tomo 2, legajo 3, f. 182, 182V, 183. Expediente llevado por la Gobernación del Territorio Guajira sobre el rapto del indígena Simanai Jayariyu (Ja yaliyuu). Santa Teresa, 9 de mayo de General Sebastián Faria, Gobernador.

165 también sin perdida de momento en la debida oportunidad 213. Las autoridades zulianas se manifestaban interesadas en evitar el trabajo forzado en que ocupaban, desde hacía décadas a los indígenas wayuu, pero debían enfrentar la necesidad de esta fuerza de trabajo para la producción agropecuaria requerida para atender la demanda de consumo regional. Los comerciantes zulianos responsables directamente en la evidente compra-venta hábilmente evadían leyes y por lo general los procedimientos gubernamentales. Los mecanismos para garantizar la mano de obra indígena eran variados. El aislamiento practicado con indígenas se desarrollaba libremente, tal como se observa en la denuncia de la autoridad regional, donde se informa que la indígena María Elena se encuentra en la propiedad de la ciudadana Dolores Aguirre, ahora con otro nombre dado por un supuesto padrino alijuna, y en consecuencia el jefe civil del municipio Valderrama, José Antonio Nava, advierte: que la indígena goaqjira que tiene la señora Dolores Aguirre se llama Pauselina Méndez, que fue traída de casa del ciudadano José María Méndez, quién la cristianó, y donde la criaron, de allí fue servicio del señor Pedro París, por cuatro meses, y de allí fue ha servir a casa de José Félix Urdaneta, donde estuvo un año en su servicio, después vino a servir casa del señor Juan Graciel donde estuvo ocho años en servicio 214. En un primer momento, se pude leer en la comunicación firmada por el jefe civil del municipio Valderrama, José Antonio Nava, la intención de justificar la condición de subordinación de la indígena wayuu por ser una persona sin formación escolar en la cultura no indígena, al calificarla como: 213 AHZ, Año 1884, tomo 8, legajo 26 A. Expediente sobre la requisición de la indígena guajira María Elena que se encuentra en el municipio Valderrama a cargo de la Sra. Dolores Aguirre, quien la emplea arbitrariamente. Maracaibo, diciembre 30 de AHZ: Año 1884, tomo 8, legajo 26B. Relación de la Jefatura civil del municipio Valderrama al Secretario General de Gobierno (Sección Zulia). Valderrama, 16 de enero de 1885.

166 demasiado ladina, y confiesa ser deudora a este dinero, y que la (china) confiesa no saber quienes son sus padres. Esta jefatura a creído conveniente instruir a ese superior Gobierno de lo arriba esperado para que en tal sentido dicte las medidas que crea convenientes al caso 215. El sometimiento y subyugación para explotar la fuerza de trabajo, no tenía límites, ya que algunos indios guajiros que trabajaban en las haciendas agropecuarias del Zulia, eran sometidos a un semi-régimen de esclavitud y eran castigados con el cepo por el dueño o por el capataz de la hacienda. Haciéndose de la vista gorda los funcionarios públicos (Matos, 1964:54-55). La Constitución y demás leyes de la república del momento histórico estudiado mantenía el principio de libertad individual, sin embargo, este precepto constitucional era vulnerado constantemente en la jurisdicción zuliana. En ocasiones, el Gobierno nacional por intermedio de las instancias regionales y locales intentaba hacer cumplir las leyes. Ordenando a los hacendados o propietarios de las unidades de producción agrícolas y pecuarias, la liberación de trabajadores indígenas wayuu en condiciones de contratados y vencido ya, el lapso de convenimiento laboral, en muchos casos verbal. Todo ello, para que se les concediera plena libertad de actuar. Los propietarios de unidades de producción agropecuarias zulianas en el sur del lago de Maracaibo, se negaban reconocer y acatar las decisiones oficiales, por lo tanto algunos individuos nativos de la Guajira, quedaban cautivos. Demostración despótica y de sujeción en contra de los indígenas wayuu, lo caracteriza la Memoria y Cuenta del Secretario General de Gobierno del Zulia presentada a la Asamblea Legislativa zuliana el veintinueve de septiembre de 1929, según lo denunciado por el corregidor de la ciudad puerto de Castilletes, Guajira colombiana. La denuncia formulada ante el Consulado colombiano en la ciudad de Maracaibo, reconoce que: Daniel Ipuana, que fue contratado en Castilletes por el hacendado Ismael Urdaneta, en su hacienda del sur del 215 Ibidem.

167 lago hace quince años, y a pesar de que su contrato está cumplido, no ha sido posible que le dé su libertad 216. Como podemos observar, esta forma de aprovechamiento discriminado de la fuerza de trabajo indígena, no eran permitidas legalmente. El uso de la mano de obra forzada, bajo el ilegal contrato de trabajo para indígenas wayuu como trabajadores del agro, que no se reduce a la cuestión de contratado y contratante. En ese sentido, el Jefe civil del municipio Santa María, ciudadano Sebero Nuñes, con fecha veinte de julio de 1885 denuncia ante el Secretario de gobierno de la Sección Zulia, que Francisco Boscán, vecino del municipio Cristo de Aranza parte sur, ha venido a este municipio trayendo al indígena goajiro Francisco Osorio (menor de edad), el cual se lo ha vendido al señor Juan Gregorio Velásquez, sin formula de ningún contrato; y al parecer que Boscán sustrajo al indígena de la casa de Maximiliano Rubio, que tampoco es su legitimo dueño 217. Estas prácticas de compra venta de individuos por parte de comerciantes y productores agrícolas en el Zulia, constituyó un problema social que degradaba a un sector de la población wayuu. Resulta absurdo que un representante del Gobierno reconozca que un comerciante dedicado a la trata haya vendido al indígena wayuu Francisco Osorio, testificando que se lo ha vendido al señor Juan Gregorio Velásquez, sin formula de ningún contrato. De esta forma se comercializaba con seres humanos con el pretexto de firmas de contratos de trabajo. En realidad estos contratos, representaban una ilegalidad por cuanto legislativamente no existían leyes, decretos o normas que ampararán estas acciones. A principios del siglo XX aún permanecían éstas prácticas, ampliadas por el crecimiento demográfico e inmigraciones producto de la actividad petrolera que incrementaba el consumo. Las haciendas y hatos ubicados principalmente 216 Ibidem. 217 AHZ, año: 1885, tomo 8, legajo 17, folio 17. Denuncia del Jefe civil del municipio Santa María al Secretario de gobierno de la Sección Zulia, que Francisco Boscán, ha vendido al indígena Francisco Osorio.

168 en el sur del Lago, Perijà, al igual que otras instaladas en las inmediaciones del actual municipio de la Cañada eran los graneros que atendían la demanda cuando las importaciones ni la capacidad de consumo eran significativas. En estos años la mano de obra procedente de Colombia no tenía tanta relevancia en estas unidades de producción como lo sería en años posteriores al consolidarse la sociedad petrolera zuliana. Diferentes fueron las modalidades y artimañas manejadas por los comerciantes y agro productores para obtener la fuerza de trabajo indígena ante una grave escasez de mano de obra importando indígenas de la península, una región árida al norte de la ciudad de Maracaibo. En apariencia empleados como trabajadores contratados, indígenas guajiros, de hecho, trabajaban en la agricultura zuliana bajo un sistema que no estaba muy alejado de ser una verdadera esclavitud (Linder, 1999:192). Muchos grupos e individuos han migrado de forma involuntaria. Por tanto se elevaba la cifra de wayuu, esclavizados a menudo capturados por traficantes. Que fueron apresados, sacados de sus tierras y vendidos como esclavos. Con frecuencia, fueron llevados en embarcaciones lacustres al sur del Lago de Maracaibo para la explotación de su fuerza de trabajo. En algunos casos el Gobierno Nacional por intermedio del Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela, intentaban frenar la explotación indígena. En esta circunstancia aparece una orden del Gobierno central dirigida al presidente del estado Zulia, ordenando la liberación de indígenas wayuu que se encontraban en unidades de producción agropecuarias, propiedad de los ciudadanos: Antonio María Montiel, Leopoldo Montiel, Jorge Bello, Onesimo Rincón, Heriberto Bravo, Enrique Paris, Luís Pérez Valderrama y hacienda Banco, dispone que proceda a hacer que los guajiros empleados en esa fincas reciban el jornal que como hombres libres les corresponda AHZ, año 1913, tomo II, legajo 10. Comunicación de Ministerio de Relaciones Interiores al Gobernador del Zulia proceda a ordenar que liberen a los guajiros en las haciendas del Zulia.

169 Sin embargo, no existen registros oficiales en los archivos regionales donde el gobierno zuliano haya dado cumplimiento con la justa desición emanada del Ejecutivo Nacional. Esta ordenanza para dejar libres a los indígenas en condiciones de cautivos en unidades productivas agropecuarias, constituye otro elemento jurídico ante la insuficiencia de derechos laborales en Venezuela. El siguiente cuadro es demostrativo de la cantidad de unidades de producción agrícolas y pecuarias o haciendas en pleno funcionamiento entre los años en la región sur del Lago de Maracaibo estado Zulia. En su totalidad la mayoría de la fuerza de trabajo la ocupaban los indígenas wayuu provenientes de la península de la Guajira. Fuentes: - AHZ, año 1896, t 263, l 24; 1905, t II,l 25; 1907, t II,l 5; 1912, t 3, l.7; 1912, t 9,,l.17; 1913, t 2,l 5; 1918, t.2,l.x;1919, t 4,l 5; 1925, t 1,l1; 1926, t 4,l 35; 1929, t 17,l Boletín del Archivo Histórico de Miraflores, Nº 32, año VI, Caracas, sepoct.1964.p Alberto Jesús Güerere (1996): Biografía del Distrito Colón, págs. 59, 64, 69,70,72,73. Unidad productiva: Propietarios: San Isidro José del Carmen Molina Ismael Nava Parra San Simón Amenodoro Montiel San Carlos Leopoldo Marthen San Miguel Manuel Govea San Felipe Manuel Nava Socorro Palmitas Onésimo Rincón Buena Esperanza II Alfonso Urdaneta Santa Ana Leovigildo Nava - Juan Pulgar Buena Esperanza I Alfonso Urdaneta El Chao Onésimo Rincón Juan Vicente Gómez María Ricardo Troconis Providencia Gustavo Gutiérrez Berruga Leopoldo Montiel Carlos Montiel Bolívar Moisés Castro El Milagro José de la rosa Núñez Buena Esperanza Antonio Colmenares

170 III San Antonio La Glorieta Boquerón El Calvario Oron Negròn Eleazar Montiel- René Finol Enrique Finol Manuel Bravo Calixto Atencio Los wayuu excelentes criadores y agricultores: origen de la explotación de su fuerza de trabajo A lo largo de la historia nacional se afirma que en 1498 comenzó la invasión de la Corona española a territorio venezolano, llegando de Europa el ganado vacuno, caballar y asnal destinado a surtir a los inmigrantes españoles invasores de zonas de las costas venezolanas, entre ellas, la península de la Guajira. El físico y antropólogo francés Michel Perrin, basándose en hipótesis, considera que los wayuu (guajiros) atacaron pronto los rebaños españoles considerándolos como una caza más fácil que el venado caramerudo o la del venado matacán (Odocoileus viginianus y Manzama americana). Después, razzia y robo contribuyeron a la formación de rebaños semisalvajes de bovinos y de équidos, convertidos enseguida en un rebaño cada vez más controlado, sistemáticamente acumulado y extendiéndose progresivamente a nuevas células familiares 219. Desde la incorporación del mürülü (ganado) en la Guajira se intensificó la crianza y cuidado de los animales para la producción de alimentos, así como animales de compañía o de transporte y el uso de la lana, el cuero y huesos de los animales para labores artesanales o para actividades recreativas. Fue una condición que garantizó sostener un comercio activo de ganado con barcos que todavía alrededor de 1890 llegaban de Curazao, Aruba y Jamaica en busca de reses y caballos, cueros y quesos, a cambio de mercancías de origen europeo y estadounidense. Para el año 1890 se calculaba que en la península, poseía una cien mil reses vacunas, más de veinte mil mulas y 219 Michel Perrin (1987). Creaciones míticas y representaciones del mundo: el ganado en el pensamiento simbólico guajiro. Revista Antropología, Nº 67. Caracas, p. 4.

171 caballos, treinta mil asnos y doscientos mil cabras y ovejas, sin contar gallinas y cerdos (Friedemann y Arocha, 1982: ). Los nativos desarrollaron técnicas de pastoreo, aprovechando los suelos favorables para la crianza, obteniendo resultados positivos al desarrollar con mucho acierto la ganadería y la cría de animales domésticos. Aprovechando las potencialidades que le garantizaba el amplio espacio territorial peninsular. Sobre todo, cuando los áridos arenales se tornan en verdes campos al caer las lloviznas. Entonces el indio, guiando sus ganados a las partes más altas del territorio de la península, cultiva maíz, frijoles, ahuyamas y frutas (Hernández, 1946:46).También, su fuerza de trabajo fue ocupada en las unidades agrícolas y pecuarias, ribereñas a los ríos Limón, Socuy y Cachirí, trabajando en los cultivos de roo (arroz), plátanos, ai (yuca), caña de azúcar y cocotales, que abastecían a la ciudad de Maracaibo y otras zonas del Zulia y de Venezuela. Estas cualidades de productor agropecuario en el espacio geográfico de la Guajira, demostrada por los nativos en su territorio ancestral, fue uno de los factores considerados como influyentes para la utilización por vía de fuerza de la mano de obra indígena wayuu en unidades productivas agrarias. Durante el lapso correspondiente a los años se organizó una red mercantil muy poderosa dedicada al tráfico, venta y comercio de indígenas, conformada por comerciantes ambulantes y operadores de embarcaciones marítimas y fluviales, además de propietarios de las unidades de producción agrícolas y pecuarias zulianas; que operaba desde los puertos de las costas de la Guajira hasta el sur del Lago de Maracaibo. Como se ha explicado, con la mayor impunidad la red de traficantes logró trasladar un importante número de indígenas wayuu que fueron confinados en las unidades de producción agrícolas y pecuarias. Esporádicamente las autoridades regionales y distritales, intentaron controlar, sin ningún éxito, el comercio con seres humanos para el tráfico, venta y la explotación de su fuerza de trabajo. Se reglamentaron a través de diferentes

172 instrumentos jurídicos medidas de control y de represión para enfrentar los traficantes. Se ordena, al jefe civil del municipio Sinamaica: ( ) extirpar, por completo el odioso trafico que se hace con los indígenas guajiros, lo cual constituye el delito de plagio, se dirige a la jefatura y le encomienda enérgicas medidas en aquel sentido. La más estricta vigilancia a fin de impedir que pasen a este Distrito y a los demás de la sección, indígenas que no hayan sido legalmente contratados por ante usted e imponiendo a sus conductores la obligación de presentar en este Despacho a los guajiros que traigan y sus respectivos contratos para registrarlos 220. Estableciéndose una aparente alianza entre alijuna y wayuu, que permitió el ingresó a tierra wayuu por vía marítima y terrestre, abriéndose la puerta de entrada para el alíjuna procedentes de las islas de las Antillas, Aruba y Curazao; además de Colombia y de Venezuela, en especial de la isla de Margarita, de las costas falconianas y de otras zonas del estado Zulia para convivir desde mediados del siglo XIX con los nativos de la Guajira. Como producto de intercambios comerciales se establecieron vínculos entre wayuu y alijuna, superando la muralla histórica innegable establecida desde principios del siglo XVI 221. A consecuencia de la autonomía y autodefensa de la población wayuu, que impidieron en parte, durante mucho tiempo el control territorial y social por parte del Imperio español, en primera instancia, y luego del Estado republicano. Para el siglo XVIII los wayuu ya habían desarrollado estrategias para establecer relaciones económicas simultaneas con españoles, holandeses, franceses e ingleses, y realizar transacciones intensivas de recursos primos que les facilitó crear alianzas de soporte bélico principalmente con holandeses 220 AHZ, Año 1884, tomo 8, legajo 26c. Comunicación de la Sección Zulia al Jefe civil del municipio Sinamaica para enfrentar a los traficantes de indígenas. Maracaibo, noviembre Los alzamientos frecuentes de los pobladores indígenas macuiras, cocinas, eneales y guajiros constituyó un fuerte impedimento contra el dominio de la Corona española en la península de la Guajira durante los siglos XVI y XVII. La transición de una economía extractiva a una economía agropecuaria determinó transformaciones profundas desde el punto de vista social y económico en los nativos de la Guajira. Véase Weilder Guerra (1993). En: Vivienda Guajira, El poblamiento del territorio. Carbocol, Colombia. págs

173 e ingleses contra las acciones pacificadores del imperio español (Hernández, 1944:305). En estas relaciones económicas participaban los contrabandistas y tratantes que habían logrado instaurar ciertas formas de interacción con los wayuu. El comercio ilegal practicado entre alijuna y wayuu, logró incorporar al territorio penínsular a venezolanos alijuna que llegaron a la Guajira por vía terrestre, utilizando para ello, caballos y yeguas; mientras que otros lo hicieron por las costas marítimas, entrando por Puerto Espada, Puerto Estrella, Carrizal, Bahía Honda, Castilletes, Cojoro y Sawa (Paraguaipoa), pasaron hasta varias semanas en territorio indígena, algunos se establecieron en localidades del interior de la península. La ciudad puerto Castilletes 222 (Palaaluu), para la segunda mitad del siglo XIX se consolido como eje poblacional urbano, además de ser puerto comercial y de intercambio en la costa sur de la península. Se refleja la modernidad urbanística con las construcciones de escuela, iglesia, plaza principal y la terminal para pasajeros y carga terrestre y marítima. La importante población de Castilletes, que albergó Comisarías de Venezuela y de Colombia, en su momento cumplió una destacada función como núcleo nodal y del cual, en éste siglo XXI solamente existen escombros (Montiel, 2005:26). En la península de la Guajira, se constituyeron vínculos de interconexión que formaron unidades familiares a finales del siglo XVIII con la participación de inmigrantes consagrados al comercio legal e ilegal, quienes se unieron en matrimonio con bellas majayülü wayuu. Para el antropólogo wayuu Nemesio Montiel Fernández Ja yaliyuu, muchos alijuna lograron alianzas matrimoniales con e irukuu (clan) económicamente poderosos, que dieron origen al mestizaje y a los apellidos hispanos existentes en la península de la Guajira. Como 222 Castilletes: puerto donde llegaban veleros de Maracaibo, Paraguaná, Riohacha, Barranquilla, Aruba, Curazao e islas del Caribe. Estas naves traían diversidad de mercaderías tales como: géneros, víveres, medicinas, licores, cigarrillos, municiones, etc., al regreso llevaban ganado de diferentes especies, quesos, cueros, también movilizaban importantes cantidades de pasajeros, de esta manera el poblado se convirtió en un centro de acopio y de aprovisionamiento. Es la población más septentrional de la geografía zuliana, es la primera población de Venezuela. Castilletes (1990), Herman Pocaterra Uliana (wayuu, nacido en castilletes).material inédito.

174 ejemplo concreto, se señala que el apellido Fernández proviene de un comerciante coriano (nativo del estado Falcón), identificado como Juan Fernández, quien llegó a las costas guajiras, haciendo contacto con integrantes del e irukuu Ja yalíyuu, y posteriormente uniéndose en matrimonio con la majayülü Ma ayalajüinrü Ja yalíyuu. A partir de allí, todos sus descendientes adoptaron el apellido Fernández, que fue llegando a otros e irukuu y ouliwo u (linajes) por el mismo hecho que en esta sociedad el matrimonio es exógamo (Montiel, 2005:26) Represión y fuerza de trabajo En 1881 el presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, decreta una nueva división político-administrativa que se mantuvo hasta el catorce de abril de La organización política- administrativa sólo incorporaba a la Guajira con el único interés de obtener recursos económicos a través de impuestos gravados a toda persona que en jurisdicción del Territorio Guajira montare alambique ó tenería, abriere ó estableciere billar, gallera, bodega, pulpería, canastilla, fonda, cantina, casa hospedaje, de consignación o cualquier otro establecimiento ó industria mercantil, lo participe por escrito a la Gobernación ( ). Para expedirle la patente que le corresponda si fuere industria gravada con impuesto municipal, sin cuyo requisito no la podrá ejercer 224. Este escenario se mantuvo durante los últimos años del siglo XIX y principios del XX; donde la inclusión del colectivo wayuu era a través de otros mecanismos, la mayor relación se experimentó por el comercio. A pesar que el 223 Un decreto presidencial del general Antonio Guzmán Blanco, declaro en el año 1881 una nueva división político-administrativa en Venezuela. Se fusionó a los estados Falcón y Zulia en una sola entidad político administrativa conocida como estado Falcón-Zulia, cuya capital fue Capatarida (Falcón) que se mantuvo hasta el catorce de abril de 1890, cuando se declaró nulo el tratado de confederación entre los estados Falcón y Zulia; y el 3 de mayo del mismo año, el presidente de la República, doctor Raimundo Andueza Palacio firmó el decreto mediante el cuál se devolvía la autonomía al Zulia. De esta forma el Zulia recuperó su posición de estado Federal como parte de la República, que había perdido arbitrariamente por decreto presidencial Antonio Guzmán Blanco. Ver también a: Nevi Ortín de Medina (2004): La reapertura de la Universidad del zulia. Reconstrucción de un Proceso Histórico págs Reglamento de Policía del Territorio Goagira. Paraguaipoa, 24 de noviembre de Gobernador, Sebastián Faría, aprobado por el Ejecutivo Federal, refrendado por el Ministerio de Relaciones Interiores. Caracas, 31 de diciembre de p. 210.

175 Estado tenía la obligación por Ley respetar derechos y garantías inherentes a la persona humana, aún pesar que éstas, no estén expresamente consagradas en la constitución nacional. La Carta magna del dieciséis de abril de 1891, en su articulo 43, revela que: La Legislatura Nacional tiene las atribuciones siguientes: Establecer, con la denominación de Territorios, el régimen especial con que deban existir regiones despobladas de indígenas no reducidos o civilizados. Tales Territorios dependerán inmediatamente del Ejecutivo de la Unión. Constitucionalmente se declaraba reconocido el derecho de los indígenas de contar con territorios adscritos a las regiones Estadales, sin embargo, en la Guajira nunca se desarrolló un proceso de integración de comunidades en unidades político-territoriales. Los wayuu mantenían su autoafirmación territorial. A pesar de ello, el gobierno estadal, actúa frente al problema ocasionado por el tráfico, venta y esclavitud. Las costas marítimas de la Guajira se habían convertido en alarmante escenario del tráfico humano, motivando a la jefatura civil del distrito Maracaibo, implementar una resolución en contra del comercio esclavista. El catorce de diciembre de 1892, quedaba oficializada la disposición gubernamental, que: en cuenta de las tropelías y actos de barbarie ejercidos en las personas de los indígenas guajiros, muy particularmente por los traficantes que con las tribus aborígenes ejercen el comercio, habiendo llevado el criminal abuso al extremo de atentar contra sus vidas, y robarles no solo sus propiedades sino lo que es más atroz e inaudito, sus mujeres e hijos, con lo cual han mantenido el plagio e infame trata de indios, odiosa a nuestras instituciones y condenada por la civilización; en tal concepto y debiendo la autoridad, en la esfera de sus atribuciones legales, poner cese á tan escandalosos y punibles atentados 225. Las deficiencias estructurales de la justicia y su incapacidad de atender las demandas de la población Guajira, profundiza decepción en las acciones de la 225 AHZ, Año: 1884, tomo 8, legajo 26C. Resolución y Comunicación de la Sección Zulia al Jefe Civil del municipio Sinamaica para enfrentar a los traficantes de indígenas. Maracaibo,14 de noviembre 1884

176 autoridad regional. Leyes y resoluciones dictadas para aplacar el tráfico y venta no representaban seguridad jurídica, mientras que la ilegal actividad continuaba. Resolución dictada por la secretaría de gobierno (Sección Zulia), sentenciaba: 1º.- Se observará por los Jefes Civiles de los municipios de este Distrito la más estricta vigilancia con los comerciantes que llegaren a tratar con los indígenas de su jurisdicción: llevando un registro de cada uno de los traficantes, los cuales no podrán introducirse en ese municipio de su jurisdicción con tal objeto sin estar provisto de pasaporte expedidos por esta Jefatura, debiendo regresarse por el mismo municipio con pasaporte de esa autoridad, la que también guiará circunstanciadamente los ganados y mercancías que conduzcan los comerciantes 226. Considera el historiador norteamericano Peter S. Linder (1987), que los hacendados del sur del Lago de Maracaibo dependían de obreros agrícolas importados desde otras localidades. Una fuente de mano de obra bastante importante era la población indígena de la península de la Guajira; los guajiros trabajaban en la zona como esclavos agrícolas 227. La historia agraria venezolana, hasta hoy no se ha examinado con toda exactitud, al menos en relación al peonaje y sus diferentes formas de retribución, tomando en cuenta que las unidades agropecuarias y el peonaje se articulan como un problema productor de esclavitud. También, el derecho de propiedad de las unidades de producción agrícolas y pecuarias zulianas, se sustenta en la ocupación de terrenos baldíos. Tanto la Ley de Ejidos y Terrenos Baldíos, como otras reglamentaciones establecen requisitos para que la ocupación se transforme en auténtico derecho de propiedad; son muy pocas las tierras ocupadas que tiene titularidad y por lo tanto documentación que acredite como legítimos propietarios a sus ocupantes y explotadores. 226 Ibidem. 227 Peter S. Linder. Relaciones de producción en las haciendas del Sur del Lago Zuliano, : algunas conclusiones preliminares en Tierra Firme, revista de Historia y Ciencias Sociales. Caracas, julio-septiembre 1987, año V, Vol. 5, p. 286.

177 Mientras el marco filosófico del liberalismo proclamaba la igualdad de todos los seres humanos ante la ley, con los contratos de servicios los propietarios de unidades de producción agrícola y pecuaria transgredían sistemáticamente las disposiciones legales. En desventaja para los contratados como peones o jornaleros, en muchos casos, violando leyes y resoluciones que prohibían contratar jornaleros wayuu, que no sepan hablar castellano o no tengan por lo menos conciencia plena de los compromisos que contraen 228. En realidad, la explotación de la tierra, igualmente incorporaba a esa explotación la mano de obra indígena, sometida a los atropellos de los ilegítimos propietarios de las tierras. En importantes zonas del Zulia, donde abiertamente el capitalismo mercantil se hacía presente. En el sur del Lago especialmente, nos encontramos frente a haciendas altamente capitalizadas, con altos índices de acumulación de capital y procesos artesanales e industriales (papelón, azúcar, licores). Tanto en las unas como en las otras nos encontramos, sin embargo, frente a relaciones donde no hay aún subsunción real del trabajo al capital, donde alternan relaciones salariales y relaciones no-salariales (Vallarino, 1989:90). Son relaciones salariales desarrolladas en unidades productivas agrícolas y pecuarias, en las cuales a través de contratos de servicios personal, se impuso un sistema de sujeción de mano de obra que se complementaba con el endeude (Vallarino, 1989:90). Para ello, se manejaron diferentes vías, como por ejemplo el otorgamiento de pasaportes y contratos personales que garantizaban la salida del territorio peninsular. Carmen Laura Paz iipuana, considera que el contrato personal era regulado por el Comandante de Sinamaica, quien debía evitar los abusos o las relaciones de esclavitud disfrazada. Agregando que en la lista de contratos de trabajo personal celebrados entre hacendados e indígenas wayuu, aparece el 228 AHZ, Año 1884, tomo 8, legajo 27. Expediente de la Secretaría de Gobierno (Sección Zulia) contra los traficantes de indígenas guajiros.

178 contrato personal entre el señor Felipe Fortaléus y el indígena Antonio Hipuana, que establece: Felipe Fortaléus se compromete a dar al indígena Antonio Hipuana la suma de cuarenta y dos pesos en los artículos siguientes cuatro mochilas de maíz, cuatro damesanas de aguardiente, un fusil y una frazada, cuyos artículos ha confesado Hipuana haber recibido a sus satisfacción. Antonio Hipuana se compromete a servir personalmente a Felipe Fortaléus por el término de un año en los trabajos a que le dediquen con todo interés 229. Este tipo de contrato personal representó un instrumento que codificó la reducción y sujeción de indígenas. Las mujeres fueron reducidas para servir en los hogares de dueños de establecimientos comerciales y propietarios de unidades agropecuarias, mientras que los varones fueron empleados en labores agropecuarias, en este último proceso su tratamiento no se diferenciaba en absoluto del otorgado a los esclavos. Además de los problemas propios generados por las acciones practicadas por los tratantes y propietarios de unidades productivas agropecuarias zulianas, la situación en la Guajira se tornaba difícil para un sector de nativos. Quienes se convertían en piuunairua (esclavos) en su propio territorio ancestral. Otro ángulo de este tema, se puede apreciar en informe del gobierno de la Sección Zulia al notificar al comandante civil del municipio Sinamaica, lo siguiente: Hay que evitar a todo trance el trasporte a esta ciudad, de menores, que de seguro se hace siempre clandestinamente, puesto que no pueden ser contratados; y en cuanto a los mayores de edad, la ley prohíbe que se contraten los que no sepan hablar castellano o no tengan por lo menos conciencia plena de los compromisos que contraen, habiendo de evitarse 229 AHZ, Año 1857, tomo 9, legajo 24. Cuaderno en que se asientan los contratos celebrados con los indígenas guajiros y los particulares; por servicio personal. Véase también, Carmen Laura Paz (2000): La Sociedad Wayuu: Identidad y Resistencia (Siglo XVIII Mediados Del Siglo XIX. Maracaibo. Trabajo Especial de Grado para optar al título de Magíster Scientiarum en Historia de Venezuela, Universidad del Zulia, Facultad de Humanidades y Educación, División de Estudios para Graduados, Maracaibo. (Inédito). p.283)

179 además que sean engañados en los precios de los efectos que se le den como dinero, como sucede de ordinario 230. El mismo hecho que el Gobierno continuamente ordenaba a las autoridades regionales y locales desarrollar acciones con el propósito de esclarecer las injustas esclavizaciones de indígenas wayuu y el tratamiento inhumano de que eran objeto. Se evidenciaba que tales prácticas fueron ejecutadas en jurisdicción del Zulia. Donde los hacendados solían escribir contratos de empleo debidamente registrados para los indígenas que ellos compraban. Estos contratos estipulaban que los desafortunados indígenas habían recibido una gran suma como adelanto de parte de los terratenientes a cambio de la promesa de trabajo. Este adelanto, de hecho, representaba el precio de compra de los indígenas guajiros (Linder,1999:198). Se puede detectar en documentos oficiales, los reclamos y denuncias vinculados a los contratos de servicio, como el caso que relaciona al ciudadano Andrés Atencio, quien ante el Despacho del gobernador de Maracaibo, después de haber prestado juramento de decir verdad en el asunto de tres indios que fueron traídos por él con violencia y engaño del territorio Guajira y vendidos en los departamentos agrícolas zulianos, declaró: En los días próximos a la Semana Santa, me encontraba en la villa de Santa Teresa, ocupado en operaciones de comercio. Debiame por tal respecto doscientos ochenta bolívares (Bs. 280,00), el señor Milciades Chacín, los que se comprometió a pagarme con el servicio personal de dos indígenas, que me aseguró ser peones suyos, según contrato celebrado con aquellos; y efectivamente, hallándome yo en el puerto de Guerrero a punto de partir para el Departamento Sucre, el expresado Chacín puso a mi disposición dos indios, no sin que yo le objetara no ser uno de ellos aparente, por su avanzada edad, para los trabajos agrícolas AHZ, Año 1884, tomo 8, legajo 26C. Comunicación del Gobierno de la Sección Zulia al Jefe civil del municipio Sinamaica para enfrentar a los traficantes de indígenas. Maracaibo, noviembre AHZ, Año 1881, tomo 2, legajo 9, folios: v. Expediente de la gobernación de Maracaibo en caso que relaciona al ciudadano Andrés Atencio, en el asunto de tres indios que fueron traídos por él con violencia y engaño del territorio Guajira. Maracaibo, mayo de 1881.

180 A través de los contratos de trabajo, los comerciantes dedicados al negocio, cancelaban deudas con terceros por conceptos de créditos o prestamos personales. Las deudas se cancelaban entregando a indígenas para dedicarlos al peonaje, con aparentes contratos de servicios personales, en el cual el hacendado esta obligado a retener la mano de obra trabajando para sí, y para ello funciona tanto la traída de mano de obra guajira, como su posterior sistema de pago y endeude (Vallarino, 1989:91). Con respecto al trabajo rural y los contratos de servicio personal, la jefatura civil del distrito capital Maracaibo, a través de una resolución prohibió a las autoridades municipales: Autorizar contratos de servicio personal de ningún indígena, mientras los interesados no se presentaren a está Jefatura con lo que espontáneamente quisieren contratarse para el estudio y averiguación del asunto, y debidamente pasaportados; en cuyo documento se expresarán, además del nombre del indígena la parcialidad a que pertenezca, su padre o madre o tío, su edad y lugar de su nacimiento o residencia. 3º. Impedirán también en absoluto dichas autoridades la conducción de indígenas que sean mujeres y menores de ambos sexos; debiendo vigilar la autoridad local el tráfico voluntario de los indígenas, también pasaportados, ya solos o en partidas y familias, para ponerlos a cubierto de violencias y raptos 232. Para suplir la decadente población africana en unidades productivas agrícolas y pecuarias del sur del Lago, se necesitaba la mano de obra wayuu, así mismo, para ocupar las vacantes en el servicio personal, en los hogares de las familias más pudientes. Se dedicaban a realizar todas las operaciones de una casa (Rodríguez, 2001:143) Contratos y explotación de la mano de obra wayuu Los diferentes caseríos de la extendida Guajira, se vieron invadidos por traficantes que se apoderaban de animales, pieles, maderas preciosas, tejidos, 232 AHZ, Año 1893, tomo 11, legajo 3. Resolución de la jefatura civil del distrito Maracaibo, contra el plagio y trata de indígenas. Maracaibo, 14 de diciembre de 1892.

181 artesanía, alfarería y de nativos para raptarlos y transportarlos por los puertos de Cojoro y Castilletes, Sinamaica, Puerto Guerrero, Sawa (Paraguaipoa), y en muchos casos por atracaderos clandestinos en las costas marítimas extendidas desde Sinamaica hasta Puerto Estrella. Los traficantes de indígenas y los dueños de embarcaciones dedicadas al transporte de alimentos, animales, pieles y de personas desde la Guajira, continuaban contraviniendo leyes y resoluciones establecidas, como la prohibición de transportar indígenas de la Guajira sin el pasaporte personal de salida. A los comerciantes e indígenas que incumplan, serán penados con multa de doscientos bolívares o arresto proporcional, sin perjuicio de la responsabilidad criminal que pudiere sobrevenirles 233. Desde una mirada jerárquica y excluyente se procedía a la instrumentación de medidas que sólo se convirtieron en paliativos ante el avasallante comercio humano. En los arqueos de fuentes documentales localizados en el Archivo Histórico del Zulia de la época, aparece la figura del pasaporte. Este pasaporte consistía en un permiso oficial por escrito expedido por la autoridad civil de la ciudad puerto Castilletes o Paraguaipoa con los datos filiatorios de cada persona y autorizaba al poseedor a salir desde la Guajira para viajar libremente hasta otras zonas del Zulia. Este documento reglamentario se convirtió en instrumento ilegal para la comercialización de la mano de obra wayuu en el área rural. Donde la ganadería y la agricultura incorporaron a la región zuliana al sistema agro exportador, por su condición de: Productora por excelencia, que proporcionaba trigo, caña de azúcar, tabaco, cacao y café, amén de una variedad de legumbres y frutas provenientes de los huertos familiares para el consumo local y regional. De los poblados más lejanos, la producción se extraía hacía puertos del Lago para ser embarcada a Maracaibo. La subregión ribereña, por su parte, producía caña de azúcar, cacao, plátanos, ganado vacuno (carne y cueros), y algodón, así como sal y maderas. Esta 233 Ibidem.

182 producción se concentraba en Maracaibo con vistas a su exportación a mercados antillanos, europeos y norteamericanos (Ortega, 1991:24-25). Noción de productividad y mano de obra, representan dos componentes importantes que frenaron la productividad agropecuaria en el Zulia. No obstante en la Venezuela agrícola y rural, en los años comprendidos entre 1830 y 1914 (año de la iniciación de la actividad petrolera en forma comercial), el aspecto económico nos mostraba un marcado desnivel en el equilibrio de la mano de obra y actividad productiva (Gómez, 1981:244). Esta alteración entre productividad y mano de obra, produjo la escasez de obreros del sector agropecuario. La mano de obra venida de la península de la Guajira, sometida a altos niveles de explotación, se incorporaba como peones, lo hacían como productos de raptos. Su fuerza de trabajo no estaba compensada de acuerdo al carácter de la faena cumplida. Dentro de sus límites como peón, el trabajador wayuu marcó con mucha fuerza su figura como promotor elemental de la ganadería y el cultivo en las zonas dedicadas al agro: la institución más importante para controlar la mano de obra rural en toda América Latina era el peonaje por deudas. El peonaje era un sistema característico de áreas de bajo población, y representaba un esfuerzo para inmovilizar la clase trabajadora. Los dueños de propiedades agrícolas daban a sus trabajadores avances de dinero o en mercancía; los obreros tenían que comprometerse a pagar sus deudas con su servicio diario y personal en el campo. Visto tradicionalmente como sistema de relaciones productivas sumamente cruel y explotador (Linder, 1987: 284). Los arreglos eran muy variados, los tratantes de indígenas ingeniaban convenios con los propietarios de haciendas. Los wayuu eran obligados a trabajar en las haciendas del sur del Lago de Maracaibo, los negociantes llegaban a los puertos de las costas de la Guajira, trayendo en sus embarcaciones maíz, arroz, papelón y aguardiente con el propósito de efectuar canjes. En estas actividades de canjes y trueques, los tratantes entregaban raciones de maiki (maíz), roo (arroz), paneera (papelón) y awarianta (aguardiente) a cambio de tepichi o tepichichon (niñas y niños), jima alii

183 (jóvenes) y adultos wayuu, que luego comercializaban a través de ventas directas o a través de los contratos de servicios. Los contratos de trabajo fue una modalidad utilizada como instrumento para el peonaje de indígenas wayuu, que fueron transportados hasta las unidades productivas agrícolas y pecuarias del sur del Lago de Maracaibo, logrando incorporar un alto porcentaje de nativos de la Guajira, cuyas cifras resulta difícil de precisar 234. De acuerdo a lo expresado en expedientes localizados, la fuerza de trabajo indígena wayuu fue impunemente utilizada ante la escasa obediencia a las leyes nacionales y regionales, por cuanto, para legitimar la explotación de los indígenas en sus fincas, los hacendados falsificaban contratos de empleo y cuentas, dándoles a sus esclavos, deudas imaginarias muy elevadas 235. La clasificación de esclavitud en el tratamiento histórico-historiográfico acerca de la inmigración forzada indígenas wayuu se refleja como una constante. Reforzada por la ilegitimidad de las acciones cometidas por comerciantes y propietarios de haciendas agropecuarias. Como resultado de estas acciones de dominio, algunas mujeres wayuu fueron sometidas a servidumbre, aspecto que constituye evidencias de carácter opresivo. En este contexto, el gobernador del distrito Colón, general Vidal Viloria, con fecha diecinueve de enero de 1899, en oficio al secretario general de Gobierno, le informa: que el ciudadano Eduardo Pulgar, reclama a la indígena goajira María Villalobos, que el mencionado Pulgar, hace el reclamo aludiendo en virtud del contrato de Servicio Personal que la referida indígena le tiene otorgado Peter S. Linder. Relaciones de producción en las haciendas del Sur del Lago Zuliano, : algunas conclusiones preliminares en Tierra Firme, revista de Historia y Ciencias Sociales. Caracas, julio-septiembre 1987, año V, Vol. 5, p Ibíd. p AHZ, Año 1899, tomo 12, legajo 30. Comunicación del Gobernador del distrito Colón al Secretario de Gobierno del Zulia en relación al caso de reclamo de cumplimiento de Contrato de Servicio Personal:

184 Las controversias jurídicas suscitadas por reclamos de dueños de haciendas declarando incumplimientos de contrato de servicio personal o de contrato de trabajo, generando un peonaje o servidumbre por deudas 237 quedaba claro que existía una conexión entre propietarios de unidades agropecuarias y autoridades. Estos contratos violaban derechos de los contratados o contratadas, por cuanto generaba una sujeción por deuda ante el incumplimiento de un contrato. De conformidad con la operatividad de la mano de obra forzada por deuda, aparece un documento de la gobernación del distrito Maracaibo al ciudadano Gobernador del distrito Mara, exigiéndole ponga a disposición de esta Gobernación al indígena José Félix Mora, quien tiene un contrato de servicio personal con el señor Joaquín Arocha U Los contratos de trabajo garantizaban en forma forzada la producción de los principales rubros del campo, donde, según la socióloga zuliana Carmen Vallerino de Bracho: el hacendado está precisamente obligado a retener la mano de obra trabajando para sí, y para ello funciona tanto la traída de mano de obra guajira, como su posterior sistema de pago y endeude (Vallarino,1989:91). Entendiendo que los asalariados cambian su mercancía, la fuerza de trabajo, por la mercancía del capitalista: el dinero. Esta relación mercantil, era evadida en las unidades de producción agrícola y pecuaria del sur del lago zuliano. Por cuanto, el Código de Policía del estado Zulia (1895), daba potestad a las autoridades policiales para exigir al peón contratado el cumplimiento de sus compromisos de trabajo; mientras que a los propietarios de haciendas sólo se les exigía un trato justo y benévolo para sus peones. Pero en muchos casos, los hacendados utilizaban penas físicas para castigar 237 En relación a la categoría peonaje por deuda encontramos en la historiografía mexicana que, durante el porfiriato, la esclavitud por deudas estaba más extendida en el norte y sueste de México donde la población era escasa. Véase Moisés González Navarro, en Cosío Villegas (comp.), Historia. Porfiriato. Vida Social (1968), pp Para el historiador norteamericano Peter S. Linder, la institución más importante para controlar la mano de obra rural en toda América era el peonaje por deuda. Relaciones de producción en las haciendas del sur del lago Zuliano, : Algunas conclusiones preliminares. En revista Tierra Firme, año V, Vol.5, Caracas, Venezuela, julio-septiembre 1987.p AHZ, Año 1894, tomo 8. Comunicación de la Gobernación del distrito Maracaibo al Gobernador de Mara en relación al caso de reclamo del indígena José Félix Mora.

185 e inmovilizar a los obreros, además de la falsificación de cuentas para aumentar las deudas 239. Para el historiador venezolano Luís Brito el sistema de azotes estuvo vigente en muchas regiones del país hasta la tercera década del siglo XX. Además, el salario en especie, vales, fichas, el sistema de jornada por tareas, el virtual esclavizamiento por deudas, las multas y los azotes eran comunes, convirtiendo a los trabajadores, en perennes deudores" (Brito, 1986, II:392) Relaciones esclavistas de producción En las tierras del estado Zulia, se desarrolla una insuficiente estepa, con monte espinoso, y bosques xerófilos. Sin embargo, los suelos del sur del Lago se consideraban aptos para el proceso agrícola y ganadero, por sus ricos acuíferos subterráneos que admiten el cultivo de caña de azúcar, cacao, maíz, yuca, caraotas, plátanos, y bananos. En el estado Zulia la industria petrolera que garantizaba una mejor política salarial, restó mano de obra agrícola, que se desarrollaba a finales del siglo XIX con mucha fuerza en esta región de primera categoría (Casas,1989: 21). Los registros indican la evolución de la ganadería y la agricultura en el sur del Lago, donde se concentraba la producción de café, caña de azúcar, algodón, tabaco, y parte de la cría de ganado vacuno: el puerto de Maracaibo aseguraba la exportación y distribución de estos productos, principalmente hacia los Estados Unidos (Casas,1989: 23). Entre los años , las unidades de producción agrícolas y pecuarias zulianas, además de abastecer el mercado regional y nacional, garantizó una cifra considerable para la exportación, en especial de los rubros 239 AHZ, año 1895, tomo 8, legajo 12. Código de Policía del estado Zulia. Véase también, Peter S. Linder, Relaciones de producción en las haciendas del sur del lago Zuliano, : Algunas conclusiones preliminares. En revista Tierra Firme, año V, Vol.5, Caracas, Venezuela, julio-septiembre 1987.p Principales exportaciones agropecuarias desde las unidades de producción agropecuarias del sur del Lago de Maracaibo venezolanas, Ver Carmen Vallarino de Bracho (1989), La Nueva Frontera de cómo se sembró el petróleo. editorial Ediluz. Maracaibo, p. 41..

186 café, cacao, algodón, caña de azúcar, tabaco y ganado vacuno. El siguiente cuadro demostrativo ofrece cifras importantes de las principales exportaciones venezolanas, durante el periodo correspondiente entre los años Cuadro demostrativo de las principales exportaciones zulianas Rubros Años: Años: Volúmenes exportados (kilogramos) Café Cacao Algodón Caña de azúcar Tabaco Ganado vacuno Sin registro (cabezas) Cueros Fuente: Cuadro demostrativo de las principales exportaciones venezolanas, En: La Nueva Frontera de cómo se sembró el petróleo. Autora: Carmen Vallarino de Bracho (1989), editorial Ediluz. Maracaibo, p. 41. La productividad agraria y ganadera en el occidente venezolano, se caracterizó por su excelente calidad para exportar. Exportación que se realizaba por el puerto de Maracaibo, calificado como único centro nodal; por su estratégica ubicación en el área de contacto entre las comunicaciones marítimas y lacustre (Cardozo, 1992:22). La producción agropecuaria exportada desde el estado Zulia para el mercado internacional, registraba implícitamente el producto de la fuerza de trabajo y sudor del hombre indígena wayuu.

187 Muchos de ellos, traídos por la fuerza desde la península de la Guajira en embarcaciones que atracaban en los puertos lacustre de las principales poblaciones de las riberas del Lago, entre ellas: Santa Bárbara, San Carlos del Zulia, Encontrados, Santa Cruz del Zulia, Bobures y Gibraltar, donde los comerciantes traficantes los entregaban a contratistas o los vendían a los hacendados, a veces en el mismo muelle. El precio recibido dependía de la edad, el sexo y la condición física del indígena; un esclavo joven, sano y fuerte podía costar en el Sur del Lago entre Bs. 400,oo y Bs ,oo 241. La fuerza de trabajo wayuu benefició el monopolio de capital y la concentración de tierra. Como se puede advertir, los llamados contratos de servicio personal garantizaban una especie de propiedad del contratante sobre el contratado. Evidencia de lo anterior, lo releja la relación de los trabajos diarios de la jefatura civil del municipio Encontrados, la cual. el 16 de febrero de 1897, autoriza al hacendado: Olegario Alvarado, para que los Comisarios mayores de esa localidad le preste apoyo necesario para capturar los peones indígenas Enrique Govea, José de Jesús Sánchez y Pablo Antonio Paris. Igualmente, el mismo informe señala que el 05 de febrero de 1897, se libro boleta de citación para ( ) y otra para el ciudadano Carlos Atencio, para imponerle de su reclamo que por Servicio personal hace en su contra el ganadero Esteban Rodríguez 242. En muchos casos, los hacendados incrementaban la deuda de sus peones por medio de multas de Bs. 5,00 a Bs. 10,00 por la más mínima ( y a veces) inevitable violación al trabajo, tales como faltar al trabajo por enfermedad o fallar en la culminación de una área asignada. Infraccionas más serias, tales como falta al respeto para el hacendado a su capataz, podía ganar una multa de Bs. 20,00 a Bs. 40,00 sumados a la cuenta del trabajador. 241 Peter S. Linder. Relaciones de producción en las haciendas del Sur del Lago Zuliano, : algunas conclusiones preliminares en Tierra Firme, revista de Historia y Ciencias Sociales. Caracas, julio-septiembre 1987, año V, Vol. 5, p AHZ, año 1897, tomo 13, legajo 9. Informe de las relaciones de trabajos diarios de la Jefatura civil del municipio Encontrados. N. Fuenmayor (Jefe). Encontrados, 16 de febrero de 1897.

188 Esas prácticas permitieron a los hacendados del sur del Lago zuliano incrementar la injusta deuda de sus trabajadores indígenas y apoyar la estructura legal de coerción manteniendo el sistema intacto (Linder, 1999:200). Si bien es cierto, que los contratos de servicio personal ocupaban la mano de obra wayuu en los cultivos de campo, ganadería y servicio doméstico, además de oficios varios. En la documentación consultada se observa que los propietarios de unidades agropecuarias usaban el abuso físico rutinariamente para mantener el control sobre sus trabajadores. Supervisores de haciendas y capataces comúnmente llevaban un fuente hecho de verga de toro (pene de toro) que usaban con los trabajadores. Otros usaban una peinilla o la cacha de un revolver para instar al respeto por parte de los obreros. En algunas haciendas esto formaba parte de un ritual diario (Linder, 1999:204). De la misma manera, el tráfico y venta que se amparada con la figura de contratos, eran, acuerdos que daban potestad de capturar a los firmantes contratados. Así se puede ver, en oficio al Jefe civil de Valderrama de fecha veinticinco de febrero de 1896, enviado por la gobernación del distrito Colón. La referida comunicación, ordena: que en vista de hallarse en esa jurisdicción de su mando los ciudadanos Ricardo Viera y Carlos García, peones contratados del señor Ismael Nava, espera esta Gobernación, se sirvan capturarlos y remitirlos a este Despacho con la seguridad del caso con el señor Olegario Alvarado, que va comisionado para tal fin 243. Carlos Marx 244 certificaba que el beneficio de los capitalistas nacía de la fuerza de trabajo, tal como ocurrió con la mano de obra indígena wayuu sumisa a la faena forzada en los grandes caserones de la ciudad y en el 243 AHZ, Año 1896, tomo 263, legajo 24. Relación de trabajos diarios de la Gobernación del distrito Colón sobre la captura de peones contratados. San Carlos del Zulia, febrero 29 de Eleazar Montiel (Gobernador). 244 Karl Marx ( ), filósofo alemán, creador junto con Friedrich Engels del socialismo científico y uno de los pensadores más influyentes de la historia contemporánea. Marx nació en Tréveris el 5 de mayo de 1818 y estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena. Aunque su pensamiento político era radical, todavía no podía calificarse de comunista.

189 campo, donde los propietarios de unidades de producción agropecuarias, dependían de un gran número de obreros para mantener sus hogares y sus propiedades agrícolas y pecuarias. Los dueños del capital firmantes como contratantes, eran considerados por algunos funcionarios públicos como propietarios o dueños de las personas encargadas de prestarles servicios en sus respectivas unidades de producción agrícolas o pecuarias. El aprovechamiento y dominación en contra de los indígenas fue una constante en el sur del Lago de Maracaibo. Tal como ocurrió en la hacienda San Carlos del distrito Colón, fundada por el holandés Leopoldo Marthen, que: Creció bajo el signo del látigo y el cepo. ( ) Los obreros que no trabajaban no tenían derecho a ración, la cual consistía en un bolívar, 8 plátanos y 4 pescados. Si pasmaban la tarea por ser ella muy grande, por enfermedad o por causa imprevista o fuerza mayor, les entregaban la ración, pero les cargaban a cuenta dos bolívares. De allí que la mayoría de los trabajadores estaban endeudados con el dueño de la hacienda hasta de miles de bolívares. La mayoría de los trabajadores, eran indios traídos de la Goagira (Güerere, 1996:65). Mediante estos métodos, fue encadenaba un alto índice de población indígena al sector agrario zuliano, se legitimada la sujeción y explotación como táctica, usada por los traficantes de indígenas wayuu desde la península de la Guajira. Así quedó demostrado en la denuncia de la jefatura civil del distrito Maracaibo ante la secretaría de Gobierno del Zulia de fecha quine de diciembre de Los indios son conducidos mediante pérfidas maquinaciones y halagos a bordo de los bueyes del tráfico y una vez aislados e indefensos verse acometidos de improviso aherrojados, maltratados y contusos, sufren algunos en muchos casos la muerte, todo con el objeto de robarlos y lo que es más inaudito de despojarlos de sus mujeres e hijos para venir luego, los comisotes de tales iniquidades, en son de apoderados o tutores a figurar contratos de servicio personal, haciéndose retribuir sumas de bolívares por deudas imaginarias y simuladas de que hacen responsables a los infelices indígenas AHZ, Año 1897, tomo 11, legajo 3. Expediente de la Jefatura Civil del Distrito Maracaibo al Secretario General de Gobierno.

190 Este mismo episodio cargado de excesos en contra de los nativos de la Guajira, es una constantes según refiere el expediente de la Jefatura Civil del Distrito Maracaibo dirigida al Secretario General de Gobierno reafirmando en territorio jurisdiccional del Gobierno de Paraguaipoa, al extremo de atentarse contra la libertad y la vida de los indígenas, cometiéndose con las tribus que ejercen el comercio de ganado y otras especies, así marítimo como terrestre, los más crueles exacciones y atropellos 246. Desde el punto de historiográfico no es posible saber cuánto de verdad hay en estas narraciones oficiales, pues no se cuenta con pruebas concluyentes, pero lo cierto es que existen diferentes versiones que se escuchan en el contexto de la oralidad wayuu. Como consecuencia de la desaforada actividad especulativa producto del tráfico, venta y explotación de nativos de la Guajira. Práctica constante que también es ratificada en la misma denuncia de la jefatura civil del distrito Maracaibo, al plantear que: aparte del plagio cometido con los menores y que efectúan a las veces clandestinamente y otras con el más cívico descanso según les fueren favorables las circunstancias todo ese cúmulo de atrocidades que en suma no es otra cosa que el infame tráfico de la trata condenado por la civilización y nuestras instituciones, que se ha venido cometiendo por personas que hacen el expresado comercio; y como ello es altamente inmoral, por criminal y bárbaro, haciendo aparecer a los Gobiernos y sociedades que tales delitos toleran y dejan en la impunidad, como ineptos o indolentes 247. Con toda seguridad sabemos que para el Estado republicano y sus leyes todos los hombres tienen deberes y derechos. Derechos sociales, políticos y económicos que constantemente fueron violentados por el hombre alijuna en el marco de la sociabilidad humana en los territorios ancestrales indígenas. Con llamados contratos de servicios personales, una fracción de la población wayuu emigro forzosamente para convertirse en sujetos explotados en el sur 246 Ibidem. 247 Ibidem.

191 del Lago de Maracaibo; mientras que en la sierra de Perijá, no ha sido posible detectar más que la persistencia de una forma de relación no salarial, específicamente del trabajo de indígenas en condiciones semi-esclavas, guajiros en las haciendas tanto de Perijá como del sur del Lago (Vallarino, 1989:68). La intervención oficial en relación a la extirpación del tráfico y la esclavitud por deuda fue muy débil, en vez de eliminar el sistema de peonaje por deuda, el gobierno procuraba acabar con los abusos y excesos de los hacendados y establecerse como intermediario y árbitro en las relaciones sociales de producción (Linder, 1987:290). En las unidades de producción agrícolas y pecuarias zulianas, se ejecutaban mecanismos de comercialización y de represión para garantizar retención de la fuerza de trabajo indígena subordinada Tráfico y petróleo en el Zulia La historia contemporánea registra el 23 de octubre de 1899 fecha de inicio del gobierno del general Cipriano Castro que mandó hasta el veinticuatro de noviembre de Su compadre, también militar Juan Vicente Gómez, se encarga del poder, en una acto político que la historiografía venezolana ha venido ignorado como un golpe de estado contra un presidente en ejercicio; y el cabecilla de la acción se mantuvo en el gobierno hasta su muerte, el diecisiete de diciembre de Durante el mandato dictatorial gomecista, además de varios encargados, aparece Juan Bautista Pérez Juan Bautista Pérez ( ), abogado y político venezolano, presidente de la República, durante un corto período que corresponde del 30 de mayo de 1929 al 13 de junio de Nacido en Caracas, estudió derecho en la Universidad Central de Venezuela. Fue presidente de la Corte Federal y de Casación en El 30 de mayo de ese año accedió a la presidencia de la República a propuesta del presidente Juan Vicente Gómez, no aceptó ser reelegido para un segundo mandato, aunque en realidad fue el máximo dirigente del país. Pérez tuvo problemas con la jerarquía eclesiástica y expulsó del país al obispo de Valencia. Canceló la deuda externa en 1930, pero el Congreso le hizo responsable de la crisis económica del sector petrolero y de la penetración del comunismo en el país, pidiendo así su dimisión en El 13 de junio de ese año fue sustituido por el propio Gómez, a quien siempre había obedecido. Posteriormente desempeñó el cargo de embajador en España y Portugal. Murió en 1952 en Caracas.

192 A lo largo de la historia político-institucional venezolana, la economía cafetera dominó en primer término por delante de la exportación cacaotera. En la Venezuela republicana la producción cafetera se consolidó básicamente con mano de obra esclava de origen africano. A pesar que el número de esclavos descendientes de africanos después de la segunda mitad del siglo XIX, se convirtieron en peones libres y en su mayoría fueron adsorbidos por el servicio doméstico en las unidades de producción agrícolas y pecuarias y en las ciudades, donde ocupaban los oficios de servidumbre. Es así como las élites liberal y conservadora veían extinguirse la esclavitud negra, pero querían sacarle el máximo partido. Y uno de los partidos que podían sacar era todavía su utilización como amenaza revolucionaria. La decisión de 1854 la tomó el gobierno de Monagas ante el miedo de que la oposición utilizara este combustible para la agitación (Troconis, 1988:25). Para finales de siglo XIX la producción cafetalera no generaba beneficios para los agricultores-productores. Las ganancias eran obtenidas por los comerciantes e intermediarios exportadores que especulaban con la negociación cafetalera del país. Como se sabe, el Estado venezolano avaló y favoreció a los productores agrícolas durante la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX. Esta política de Estado respondía fortalecer aquellas actividades agrícolas que le generaran mayores divisas al fisco nacional a través de las exportaciones. Las exportaciones de café y cacao llegan a totalizar el ochenta por ciento (80%) del tráfico hacia el extranjero. Son su principal fuente de financiamiento. A lo largo del siglo XIX se piensa que el crecimiento nacional puede realizarse exclusivamente a través de exportaciones. Esta dependencia agrava aún más la débil economía nacional (Troconis, 1988:6). La política económica venezolana desde 1830 fue formulada y diseñada por intelectuales inspirados en la ideología liberal, quienes manejaban la teoría de hacer de Venezuela una nación controlada por el libre juego de la oferta y la demanda, para provocar un desarrollo capitalista de las fuerzas productivas y complementarlo con la consolidación de un régimen político republicano. Para

193 el año 1900, Venezuela tenía una deuda pública que sumaba 177 millones de bolívares, mientras el PTB alcanzó Bs. 510 millones, lo que significa que para ese año la deuda pública representó cerca del 40% del producto total de la economía venezolana (Troconis, 1988:6-7). Contexto difícil por cuanto los gobiernos no podían cancelar sus compromisos u obligaciones, por la situación generada por la inestabilidad del ingreso nacional que dependía en su mayoría de las exportaciones. Es así como hasta 1910 el peso que significa el servicio de la deuda es asfixiante porque la tendencia de los precios de nuestros productos exportables es hacia la baja como consecuencia de la larga depresión cafetalera y cacaotera de los últimos años del siglo XIX (Troconis, 1988:8). Esta situación de ser un país dependiente de la exportación de rubros como el café y el cacao, trajo como consecuencia un sistema económico apuntalado por el sector primario, que requería de mano de obra para su productividad. Los variados recursos agrarios venezolanos se expresaban en diversos sistemas productivos, desde la agricultura de subsistencia y semicomercial, desarrollada en tradicionales apain (conucos o huertas) y en pequeñas fincas donde se cultivan productos para el consumo doméstico (caraotas, frijoles, yuca y raíces tropicales), hasta plantaciones de diversos tipos, dedicadas al cultivo de café, cacao, caña de azúcar y otros productos comerciales. En las primeras décadas del siglo XX se multiplicaron los sistemas de cultivos de maíz, arroz, sorgo, ajonjolí, maní (cacahuete), girasol y algodón. Las explotaciones agrícolas y pecuarias se observan en las tierras bajas del suroeste de la cuenca del Lago de Maracaibo, Distritos Mara y Páez en riberas del Río Limón en la Sierra de Perijá, Bobures, Monay, Bajo Motatán, Carora, sur del estado de Falcón y en Los Llanos, donde se establecieron unidades agropecuarias de producción de carne y leche, ante el auge petrolero. Sin embargo, como lo apunta el historiador venezolano Ramón José Velásquez, en la introducción de la obra El Zulia...siempre el Zulia, el

194 aislamiento geográfico que padeció el Zulia hasta bien entrado el siglo XX y el hecho de ser el único camino que unía a la región andina con el resto del mundo, determinaron las bases de afirmación de su espíritu autonómico y progresista. El Zulia y los Andes formaban una unidad neoeconómica que, a finales del siglo XIX, pesaba por sus cuantiosas y crecientes contribuciones al Tesoro Nacional, a través del pago de los impuestos aduaneros de exportación y de importación (1989,11). En el Zulia a mediados del siglo XX, los rubros tropicales 249 como café, cacao, y el añil experimentaron descensos en sus precios. Situación que provocó una grave crisis en la tesorería nacional como consecuencia de la baja exportación de los productos referidos. Sin embargo, la actividad agropecuaria continuaba desarrollándose con normalidad. Como lo testifica, el historiador zuliano Juan Bessón el plantel ganadero del Estado estaba constituido en 1895 para el distrito Urdaneta por cabezas de ganado, en 142 hatos, un muy importante número de ganado caprino, caballar y porcino. En Perijá existían 120 hatos con 25 mil 793 reses. En el distrito Colón solo se señala la existencia de 247 reses 250. Durante los primeros años del siglo XX en el estado Zulia la exploración, explotación y comercialización petrolera no liquida, sino que fortalece algunos latifundios o propiedad territorial agraria en la misma situación que existe en las últimas décadas del siglos XIX (Brito, 1986,II:379). Igualmente, los asuntos económicos y políticos que ocurren en el plano nacional e internacional en las primeras tres décadas del siglo XX, se reflejan en la producción económica desarrollada en unidades de producción agrícolas y pecuarias. Esto se explica en los efectos producidos por la Primera Guerra Mundial 251, y su incidencia en la economía internacional, especialmente, sobre la producción y el 249 Los productos tropicales como café (género Coffea, de la familia Rubiáceas (Rubiaceae), cacao (de la familia de las esterculiáceas (sterculiaceae), y el añil (género Indigofera, de la familia Fabáceas (Fabaceae). 250 Un cuadro estadístico acerca de la actividad agropecuaria del Zulia lo registra Juan Besson, en la obra Historia del Zulia, Maracaibo, 1957, capitulo VI, tomo II. 251 Conflicto militar que comenzó el 28 de julio de 1914 como un enfrentamiento localizado en el Imperio Austro-Húngaro y Serbia; y finalmente pasó a ser una guerra mundial, en la que participaron 32 naciones, finalizando en 1918.

195 mercadeo, agravado durante la pos-guerra, por la Gran depresión mundial de Combinada con los factores económicos internos muy críticos, como, el agotamiento de las tierras aptas para el cultivo del café y la disminución de la mano de obra, por el descenso de las tasas vegetativas, para producir crisis de la economía cafetalera (López, 1996:45). En ese contexto económico donde el sector agroexportador se apoyaba de la fuerza de trabajo del campesino, y ante su negación de continuar aportando su esfuerzo en beneficio de la clase oligárquica agrícola y ganadera enquistada en el sur del Lago de Maracaibo. Estos continúan incorporando a las unidades de producciones agrícolas y pecuarias a los indígenas wayuu, que son traídos desde la Guajira. De esa salida forzada de la región ancestral, dan cuenta las autoridades, en informes oficiales. Estos hechos evidenciados en las notas oficiales, ratifican la situación presentada en el desarrollo del presente estudio. Se debe puntualizar que los propietarios de unidades de producción agropecuarias en toda la república reclutaban jornaleros y los obligaban a trabajar gratuitamente en sus plantaciones, como caso recurrente en Costa de Maya, estado Aragua, donde el hacendado Alfredo Jahn 252 empleaba azotes y cepo en sus haciendas (Brito, 1986:II,393). La ilegalidad practicada por los comerciantes de indígenas, tiene alcances de continuismo tal como lo muestra la comunicación del Gobierno regional, en reclamo dirigido al Jefe civil del distrito Colón, al expresar que en: ese Distrito y en la hacienda de José del Carmen Parra, se encuentra una indígena goajira de nombre Altagracia Machado, la que tiene un hijo llamado Hilario Machado y ambos fueron allá desde hace cinco años, contratados en la hacienda de Pedro Acevedo, en estado de esclavización Antropólogo e historiador venezolano, individuo de número de la Academia Nacional de la Historia. Miembro de la Sociedad de Antropología, Etnografía y Prehistoria de Berlín. Autor de la obra Los Aborígenes de Venezuela. Su Historia, Etnografía y Afinidades. Caracas, Litografía y tipografía del Comercio. 253 AHZ, Año: 1907, tomo 3, legajo 5. Comunicación del Jefe civil del distrito Capital, Ignacio Baralt al Jefe Civil del Distrito Colón, San Carlos del Zulia sobre la retención de la indígena

196 En función de lo expuesto hasta aquí, se puede entender que la ganadería y la agricultura, desarrollada en la geografía zuliana, incorpora en forma ilegal a los trabajadores. Los reclamos de los familiares de éstos, ante las autoridades locales, regionales y nacionales son una constante. Reclamos que producen la intervención del Presidente del estado Zulia, doctor José Encarnación Serrano, quien insta al Jefe civil del distrito Sucre, hacer venir a esta ciudad y a la disposición del Despacho a la mayor brevedad posible, al menor indígena Sócrates Finol, que se encuentra en la hacienda Santa Ana, propiedad del ciudadano Antonio María Pírela, en ese municipio cabecera 254. Esta situación define, en muchos casos, que a pesar de las intervenciones de las autoridades, el grave comercio sobre la trata y venta continuaba. Para el gobierno colombiano, se hace necesario impedir el abominable comercio de indígenas. ( ) la extirpación de este mal y deseando coadyuvar a las medidas dictadas tanto por el Ejecutivo Nacional como del Gobierno de ese Estado. ( ) se sirva dictar ordenes parecidas para Sinamaica y otros lugares de su jurisdicción en la frontera Goajira, por donde según datos verbales, es muy fácil el acceso a las gentes entregadas a esta clase de comercio 255. Se advierte que el vació dejado en las unidades de producción agrícolas y pecuarias del estado Zulia por la fuerza de trabajo vinculada a la naciente explotación petrolera, fue llenado por el masivo y forzoso traslado de indígenas wayuu hacia ellas (Socorro Vásquez, 1982:28). El éxodo forzado de indígenas, por puertos ubicados en las costas marítimas de la Guajira, tal como lo denuncia la publicación La Voz de Ríohacha, donde se indicaba que un embarque semanal de indígenas en cifras escandalosas, hacen desde la wayuu Altagracia Machado y hijo Hilario Machado, contratados en la hacienda de Pedro Acevedo, en estado de esclavización. Maracaibo, 8 de Junio de AHZ, Año 1907, tomo 2, legajo 5. Comunicación del Presidente del estado Zulia en relación a la solicitud de un menor indígena retenido en la hacienda Santa Ana, en el distrito Sucre. 255 AHZ, Año 1915, tomo 3, legajo 13. Comunicación del Consulado de la República de Colombia al Presidente del estado Zulia, acerca de una solicitud que se dicten medidas contra el comercio de indígenas. Maracaibo, 25 de noviembre de 1915.

197 ciudad puerto de Castilletes, los buques venezolanos: Confidencia, Carmen María y La Fortuna 256. Sobre el tratamiento que el ejecutivo nacional, le daba al problema del tráfico, venta y esclavitud indígena en la Guajira. En el archivo histórico nacional de Colombia (AHNC), se lee que el gobierno de Venezuela mandó un Comisario y puso presos a algunos compradores; más esto no duro sino el tiempo que estuvo en Castilletes el Comisario. El gobierno de Venezuela cobra cinco pesos oro por cada indio que venden (citado por Socorro Vásquez, 1982:29). Para la reducción y explotación se utilizaron distintas formas y modalidades avalada por el comercio esclavista. En la relación de los trabajos diarios de la jefatura civil del distrito Páez, se expone otra denuncia de traslado forzado en circular a los Jefes civiles de los distritos Maracaibo y Colón, indicando que en: la balandra Ana Elisa, su patrón Ismael Larreal conduce a esos lugares a la indígena goajira Luisa María Antonia Pausayu, sin voluntad de ésta 257. Esta permanente y continuada problemática social, refleja una realidad fronteriza en territorio indígena. Donde algunos habitantes cayeron en las garras de la explotación capitalista. La institución de la esclavitud había desaparecido desde el punto de vista teórico, en la práctica continuaba vigente, tal como lo reafirma el Ministerio de Relaciones Interiores de Venezuela al indicar que en las fincas de varios hacendados del estado Zulia, los indígenas no gozan de las amplias garantías. Por lo tanto, considera el gobierno nacional la necesidad de velar por la seguridad social y económica de los wayuu en las unidades de producción agrícolas y pecuarias, por cuantos medios sean necesarios, a fin de evitar por completo la trata de indígenas 256 AHZ, año 1915, tomo 10, legajo 24. Expediente del Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal del Primer Circuito, Nº 228 en relación al informe del Ministerio de Relaciones Exteriores al Secretario General de Gobierno del estado Zulia. Maracaibo, 30 de abril de AHZ, año 1908, tomo 8, legajo 16. Relación de los trabajos diarios de la jefatura civil del distrito Páez denunciando el traslado forzado de la indígena wayuu Luisa María Antonia Pausayu.

198 guajiros, además de obligar a los hacendados se les pague el jornal debido a los guajiros como hombres libres que son, pero obligados estaban en las fincas 258. El potencial pecuario zuliano se afianzaba con la fuerza de trabajo de indígenas de la Guajira. Las oficinas de los gobiernos locales y regionales registraban con mucha periodicidad denuncias y reclamos de padres, madres, hermanos, tíos y demás familiares de wayuu confinados en haciendas, casas de familias adineradas y trapiches del sur del Lago de Maracaibo. En el Archivo Histórico del Zulia (AHZ), aparece otro expediente más que registra el caso de los menores guajiros José Ramón Moronta, Víctor Moronta, Manuel Rojas y Carlos Rojas, que se encuentran en servicio en la hacienda denominada Buena Esperanza ; de la propiedad del señor Alfonso Urdaneta 259. Estas retenciones forzadas que generaban constantes reclamos, en muchos casos, los propietarios de unidades de producción agropecuarias, argumentaban que dichas detenciones se justificaban porque son por deudas pendientes por parte de los contratados o peones. Cuando eran entregados a las autoridades por solicitud de familiares, como el caso de los cuatro menores indígenas wayuu José Ramón Moronta, Víctor Moronta, Manuel Rojas y Carlos Rojas les revisaron las libretas y comprobantes de las cuentas con el propósito de verificar si los referidos menores tenían deudas pendientes con el expresado señor Urdaneta 260, con la finalidad de cobrarles a los familiares las deudas pendientes con el dueño de la unidad de producción, o impedir la libertad plena de los trabajadores. Para historiográfica colombiana, el tráfico con fines de esclavitud en la Guajira se consideró como el más grave problema padecido por la población wayuu en las haciendas azucareras o ganaderas del Zulia. Quizás esto explica 258 AHZ, año 1913, tomo 2, legajo 5. Comunicación del Ministerio de Relaciones Interiores hacer de denuncias de explotación de indígenas en haciendas zulianas. 259 AHZ, año 1907, tomo 2, legajo 7. Comunicación al Jefe Civil del Municipio Encontrados del Presidente del Estado, reclamando la entrega de cuatro menores indígenas wayuu a sus familiares. Maracaibo, 26 de enero de Ibidem.

199 la posición del historiador neogranadino Gregorio Hernández de Alba, quien considera que en las haciendas azucareras o ganaderas existía un: Clima palúdico, donde, es casi imposible obtener peones comunes o mestizos; es la contratación del indio guajiro, en general iletrado, donde le adelantaban, en esos tiempos, monedas de oro. El indio va a las haciendas donde vive recluido, se le junta esposas con el fin de que las fecunde dando origen a futuros peones forzados o esclavos, se les prohíbe transitar por los caminos sin salvoconducto para que no escape, sufre látigo, cepo, y queda de por vida concertado con el patrón, lugarteniente político o cacique de región. Como ejemplo de la expresado, el caso de un indio wayuu que le dieron 20 morocotas, pero arrepentido decide no ir. Entonces le obligan a que entregue en cambio dos niñitos, que roba de otras familias (1994,47). Hasta ahora, los documentos estudiados en archivos regionales y nacionales no se ha encontrado un solo hecho concreto de muertes de indígenas wayuu en unidades productivas agropecuarias zulianas por castigos u enfermedades. Sin embargo, existen versiones orales sobre estos hechos acontecidos durante los primeros treinta años del siglo XX. Se puede observar, que las autoridades practicaban la justicia de complacencia. En el mismo, sentido, el reclamo de propiedad por parte del wayuu, se resarcía con el regreso al afectado de sus pertenecías, quedando sin castigo el alijuna responsable del delito. Tal como lo registra la Jefatura civil del distrito Páez, al dictar la resolución que ordenaba al hacendado ciudadano Pedro Carrillo hacer entrega de las tres bestias o de su respectivo valor, al indígena Anaima, en virtud de haber este comprobado ser de su propiedad Los wayuu: una maquina para el trabajo forzado La problemática relacionada a la aplicación de la justicia, de acuerdo a los intereses económicos, políticos o religiosos afectaba claramente a los indígenas venezolanos. Peter Linder afirma que en la región del sur del Lago 261 AHZ., Año 1908, tomo 8, legajo 16. Relación de los Trabajos practicados por la Jefatura Civil del Distrito Páez en el mes de abril de Sinamaica, 30 de Abril del (Fdo), José del Carmen Lozano, Jefe Civil.

200 funcionaba un sistema de servidumbre que dependía de la habilidad del terrateniente de restringir los movimientos de sus trabajadores indígenas. Los terratenientes tenían que ser capaces de prevenir la fuga de sus trabajadores indígenas o forzarlos a regresar y terminar sus obligaciones. En el sur del Lago zuliano, oficiales del lago igualmente dedicaban un tiempo y esfuerzo considerable en la recaptura de los trabajadores fugitivos (2001, 1999). El trabajo forzado en las unidades productivas del sur del Lago de Maracaibo, es parte de esa historia por escribirse, donde los protagonistas se convirtieron en víctimas de las relaciones desiguales de una sociedad capitalista. Las autoridades repúblicas en el contexto regional, declaraban la intención de liquidar tales anomalías. Sin embargo, el propietario de hacienda subyugaba a los trabajadores. El escritor indígena wayuu del e`ìrukuu epieyuu, Antonio Joaquín López 262, manifestó que en tiempos de la tiranía venezolana, durante la presidencia del general Juan Vicente Gómez, denunció ante el gobernador de Maracaibo y a las autoridades colombianas, pero en esa oportunidad no fue escuchado (Hernández, 1944:47). Razonaba Antonio Joaquín López Epieyuu, en informe citado por Hernández de Alba, que: los esclavos existen en realidad, y que su misión no era la de llenar un papel con cuentos de hadas. ( ) en las dos zonas agropecuarias de los ríos Zulia y Escalante del Distrito Colón. ( ) en haciendas de Encontrados, existen guajiros indígenas que se hayan en perfecto estado de esclavitud, privados de todas las prerrogativas humanas, aun del derecho a la vida, pues ningún infeliz guajiro pude defenderse de las agresiones de los amos, mientras que éstos, inmoralizados, envalentonados y creyéndose dueños absolutos de aquellos los mantienen sometidos a la voluptuosidad de sus caprichos (1944:47) Esta cifra de ocho mil ciento setenta y tres indígenas wayuu mostrada en la lista de 108 haciendas ubicadas en las márgenes de los ríos Zulia y Escalante que según el informe de Antonio Joaquín López Epieyuu, 262 Antonio Joaquín López, indígena wayuu del e ìrukuu epieyuu, conocido con el nombre de Briscol, autor de las obras Los Dolores de una raza (1957), Imprenta La Columna, Maracaibo y del diccionario Guajiro-Español. Esta última obra reeditada por la Corporación para el Desarrollo de la Región Zulia (Corpozulia), Maracaibo, enero de 1981.

201 representan una cantidad elevada de indígenas en estado de esclavitud, privados de todas las prerrogativas humanas, aun del derecho a la vida (Hernández, 1944:47). En la misma denuncia aparece un diálogo del escritor Antonio Joaquín López Epieyuu, con un indígena wayuu repatriado de Venezuela: - Por qué anda usted de muletas?. Porque tengo rota la pierna derecha. Quién le causó a usted ese mal?. En el año 1920, algunos compañeros y compatriotas míos me invitaron a huirnos de la hacienda El Chao 263, de propiedad entonces del señor Onésimo Rincón; al alcanzarnos la comisión armada que él despacho en nuestra persecución, en la montaña y a un lado de la línea ferroviaria que parte del pueblo de Encontrados para el Táchira y Cúcuta, nos saludo con una descarga de tiros de Máuser, ocasionándonos tres muertos y dos heridos, gracias a mi habilidad en correr, pude encaramarme en las ramas de un corpulento árbol, ocultándome de la vista de mis perseguidores y salvar la vida, pero costándome otra lesión aún más dolorosa. Cuando a media noche trate de bajarme para el suelo, después de haberse retirado mis enemigos, se me resbalo un pie de la rama y caí de cogote al suelo, partiéndome la pierna. Al otro día me recogieron y me llevaron hasta Encontrados, en donde permanecí viviendo de limosna, hasta que un paisano mío me costeo el viaje hasta la Guajira (Hernández, 1944:47). La cruda narración de este wayuu que fue obligado a abandonar su territorio ancestral, constituye parte del proceso vivido por los nativos de la Guajira, quienes emigraron forzosamente. En su narrativa reconoce que huyo de la hacienda propiedad del ganadero zuliano Onésimo Rincón, porque tenía catorce años de trabajarle y jamás se le había pagado un jornal y le pegaban tres y cuatro veces al día y se les metía al cepo cuantas veces se le antojara a los capataces (Hernández, 1944:48). Los signos contradictorios de la Venezuela de principios del siglo XX, se reflejaba en la crónica documentada y firmada por dos wayuu, uno protagonista del tráfico, venta y explotación laboral; el otro decidido en hacer valer los 263 Hacienda El Chao. Esta unidad agropecuaria y productora de caña de azúcar, fue escenario de crueles castigos para el personal obrero. De propiedad del comerciante Onésimo Rincón paso luego a manos del General Juan Vicente Gómez hasta 1935.

202 derechos humanos de los wayuu. Esta narración ilustra el crudo diagnóstico existente en unidades productivas agropecuarias en el sur del Lago de Maracaibo, donde llegaban de la ciudad puerto Castilletes, grupos de indígenas, como fue el caso del joven wayuu Alberto y su padre, quien juró acompañarlo hasta el término del mundo. Con este juramento, según consta en la continuación del relato, el padre de Alberto testifica que fuimos vendidos en la frontera a un venezolano y exportados hasta la hacienda del señor Onésimo Rincón. Añadiendo que, entre grandes, pequeños, hembras y varones, fueron diez y ocho prisioneros, pero a Encontrados nada más llegaron diez y seis, porque en Castilletes amaneció uno ahorcado y otro se tiro al mar la noche que iban saliendo en el barco y se lo tragaron las olas (Hernández, 1944:48). En efecto, como toda sociedad originaria que ha tenido contacto con la otra cultura de occidente, la sociedad wayuu absorbió y reinterpretó los bienes materiales e inmateriales que llegaron a las costas de la península de la Guajira desde el primer contacto con el hombre alijuna. Es así como el alijuna formó parte del desarrollo económico de la Guajira. No obstante, con el intercambio de bienes y productos, también aparecieron otros elementos como el secuestro de personas, con el fin de lograr un negocio de compraventa y el robo como delito lesivo para la vida o la integridad física de las personas. Esquemas impuestos desde la otra cultura (cultura de occidente), tal como ocurrió con el tráfico de nativos del continente Africano donde impero el comercio esclavista por más de tres siglos. En la Guajira el ilegal tráfico humano se advierte en el diario de novedades de la jefatura de Policía de Maracaibo en oficio al ciudadano presidente del estado Zulia informando de la averiguación practicada contra el comerciante zuliano Trinidad Albornoz por trata de indígenas guajiros 264. En el mismo diario de novedades se reseña que el citado comerciante aparece incurso en el delito, por lo cual, se remite al juez para el correspondiente proceso judicial. De la misma manera, fue remitido a 264 AHZ, año1912, tomo 9, legajo 16. Comunicación de la Jefatura del Cuerpo de Policía al Ciudadano Presidente del Estado Zulia. Maracaibo, 12 de Septiembre de 1912.

203 la cárcel como sindicado de trata de indígenas guajiros con fines comerciales 265. De acuerdo con el contenido de la anterior desición, aparece en el libro de novedades del Cuerpo de Policía de Maracaibo arresto y pasado a la cárcel los ciudadanos Rodolfo González para hacer la averiguación de la venta de un menor indígena y David Bracho para hacer la averiguación de la venta de un Indígena adulto 266. Algunos representantes del gobierno zuliano, intentaron evitar la comercialización de seres humanos, efectuando diligencias administrativas contra la venta de indígenas, llegándose a la acción de detenerlos y pasarlos a la disposición del juez del crimen. En la lista aparecen José del Carmen Parra, Hilario González, Ángel María González, Rodolfo González, David Bracho, Cesar Parra, según el libro de novedades ocurridas durante los días 17 y 18 de noviembre de Como ha quedado registrado en los archivos, desde mediados del siglo XIX, la mayoría de indígenas wayuu niños, niñas, jóvenes y adultos - que cruzaron la frontera guajira rumbo al sur del Lago de Maracaibo lo hicieron obligados, arrancados o barridos de su propia comarca ancestral. Esta realidad geográfica fue motivo de persistentes reclamos por parte del gobierno de la República de Colombia al Estado venezolano en relación a la problemática generada por el tráfico y utilización de la fuerza de trabajo nativa. La Legación de Colombia en Venezuela, en reiteradas ocasiones dirigió reclamos por violación y atropellos de personas de la Guajira, apresadas y trasladadas al Zulia como peones agrícolas. 265 Ibidem. 266 AHZ, año 1912, tomo 9, legajo 15. Libro de arresto de la Jefatura del Cuerpo de policía de Maracaibo. (Fdo) Juan Faria. Maracaibo, 17 de Noviembre de AHZ, año 1912, tomo 9, legajo 17. Libro de registro de novedades llevado por la Cárcel Pública. (Fdo) El 2º Alcalde de la Cárcel Pública, Francisco Rincón. Maracaibo, noviembre 18 de 1912.

204 El diplomático neogranadino Víctor Manuel Londoño, jefe de la legación colombiana en la ciudad de Caracas, envía al Ministro de Relaciones Interiores de Venezuela, copia de un oficio del Cónsul de Colombia en la ciudad de Maracaibo, con el siguiente enfoque. Relativo a la trata y servidumbre de indios Guajiros en la región de Encontrados, Estado Zulia. Se encuentran en la hacienda del señor Onésimo Rincón, en Encontrados se hallan 14 indios guajiros de nacionalidad colombiana, por lo menos que reducidos a esclavitud 268. Estos reclamos demostraban interés político del Estado colombiano por sus connacionales nacidos en la Guajira. Amparado este interés por los dos aspectos jurídicos de determinación originaria de la nacionalidad: el llamado ius sanguinis (derecho de sangre) y el ius soli (derecho de suelo) 269. Esta solicitud a la primera autoridad del estado Zulia, demandando una activa y vigilante investigación relativa al odioso atentado contra los fueros humanos y contra las leyes positivas. Además de las legislaciones a favor de los indios 270. Se cruza con otras solicitudes de autoridades, familiares y comerciantes. Ante el jefe civil de distrito Colón, se detalla la siguiente nota: los indígenas Ramón Chiquinquirá reclamando sus dos menores Dionisia y Simón, que estaban en poder de José del Carmen Galas. De la declaración de esta última respuesta, que efectivamente llegaron a su casa dichos menores en calidad de huésped, conducidos por el señor Francisco Fidel Morales, quien dispuso de ellos, sin saber ahora cual es su paradero. Como el predicho Morales se encuentra en Castilletes, del Distrito Páez, suplico a usted 268 AHZ, año 1918, tomo 2. Comunicación Nº 149 de la Legación de Colombia en Venezuela dirigida al Ministro de Relaciones Interiores de Venezuela, sobre denuncia de trafico de indígenas. Firmada por el representante de la Legación Víctor M. Londoño. Caracas, 20 de Junio de DRAE. Nacionalidad. Condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación. 2. Estado propio de la persona nacida o naturalizada en una nación. 2. Esp. Comunidad autónoma a la que, en su Estatuto, se le reconoce una especial identidad histórica y cultural. 4. Esp. Denominación oficial de algunas comunidades autónomas españolas. 270 AHZ, año 1918, tomo 2. Comunicación Nº 149 de la Legación de Colombia en Venezuela dirigida al Ministro de Relaciones Interiores de Venezuela, sobre denuncia de trafico de indígenas. Firmada por el representante de la Legación Víctor M. Londoño. Caracas, 20 de Junio de 1918.

205 oficiar aquella autoridad con el fin de que solicite a los indígenas expresados remitiéndoles a este Despacho 271. En la difícil tarea de hacer práctico un control sobre traficante y victimario, la institución policial zuliana se hace eco de propuestas y reclamos, contra las acciones delictivas practicadas con humanos. En consecuencia, la Jefatura civil del distrito Sucre, dirige al despacho de la secretaria general de Gobierno del estado Zulia, un oficio planteado en los siguientes términos: que desde el 17 de junio de 1920, procedió hacer que los indígena Pedro Benito y Eulalia quienes trabajan en la Hacienda María, se trajesen a este Despacho para ser entregados al comisionado Sánchez. A éste ordene se presentará dos días después, pues ha de hacer comparecer al Despacho al General Rojas Fernández, dueño de la María para que entregara a los indios 272. De este modo se explica, que existe una complicidad develada entre autoridades y propietarios de unidades productivas agropecuarias, donde el patrono generaba la cultura de sometimiento capaz de aniquilar las singularidades humanas de las victimas. Con esta orientación, el jefe civil del distrito Sucre del estado Zulia, ciudadano Rodolfo J. Medina, considera que el comportamiento asumido por el comisionado del gobierno regional, ciudadano Rogelio Sánchez, es producto de una acción de complicidad a favor del militar venezolano Rojas Fernández, propietario de la hacienda María, ubicada en jurisdicción del distrito Sucre; comprometido en la retención de los indígenas wayuu Pedro, Benito y Eulalia. De acuerdo a la situación denunciada por el jefe civil de Sucre sobre el comportamiento del funcionario Sánchez, aclara que el informe presentado por éste, al secretario de gobierno, no expone todo lo sucedido: Así se explica también, que usted me haya creído por lo menos débil, quiera el ciudadano General Secretario de 271 AHZ, año 1919, tomo 2, legajo 13. Comunicación Nº 1517 del Jefe civil de distrito Maracaibo al Secretario General de Gobierno del Zulia. Maracaibo, 30 de Agosto de AHZ, año 1920, tomo 3, legajo 153. Comunicación Nº 397 del Jefe civil de distrito Sucre al Secretario General de Gobierno del Zulia. (Firmado) Rodolfo J. Medina. Bobures, 6 de junio de

206 Gobierno dar suficiente crédito a esta explicación que así me venía relevado de los cargos que me hace y aplicaría a Sánchez, el castigo que merece por haber procedido maliciosamente contra la autoridad que represento. En cumplimiento de su telegrama del tres de los corrientes, remito custodia dos por el agente de Policía Ángel Vitoria, a los indígenas Benito, Pedro y Eulalia, cuyos pasajes se servirá usted hacer pagar al interesado 273. Aparecen nuevos elementos antagónicos en el complejo escenario de compra venta y agresión patronal agraria, donde la explotación de la fuerza de trabajo es aparentemente resguardada por funcionarios de gobierno. En esta, caso los habitantes de la Guajira que conocen la agricultura, pero se abastecen, mayormente, cazando, pescando o recolectando antevienen en este triangulo de disputas epistolares de funcionarios de jerarquías locales y regionales. Nuevamente otro reclamo impactante, se registra en la investigación relacionada al indígena wayuu Manuel Montiel, y la venta de una hacienda con sus trabajadores. Manuel Montiel se encontraba cautivo en una unidad de producción agrícola y pecuaria del sur del Lago; y fue reclamado por su cuñado José Antonio Chacín 274. Al respecto el jefe civil del distrito Colón, en comunicación al secretario general de Gobierno del Zulia, justifica la sujeción de Manuel Montiel, señalando que: no encuentra responsabilidad en Contreras, quien tenía el indio, puesto que él le compró a Leopoldo Montiel la hacienda con todas sus pertenencias y cuentas de peones en la cual estaba la cuenta del expresado indígena 275. De nuevo, la figura de deuda por contrato surge como elemento legal para obligar la permanencia de la mano de obra wayuu en las unidades de producción agropecuaria. Donde fue muy común detectar este nuevo orden social y económico, donde los propietarios debieron recurrieron a un complejo aparato represivo, basado en violencia física, menosprecio por la cultura 273 AHZ, año 1920, tomo 3, legajo 153. Comunicación Nº 397 del Jefe civil de distrito Sucre al Secretario General de Gobierno del Zulia. (Firmado) Rodolfo J. Medina. Bobures, 6 de junio de Ibidem. 275 Ibidem.

207 originaria e incapacidad para entender el funcionamiento de sociedades diferentes; además, de la falsificación de abultadas cuentas con el propósito de retener a los supuestos deudores. Las evidencias anteriores, explican que en la geografía zuliana la élite financiera y política ejercía un importante control en instancias de desición gubernamental y en el dinámico sector agro productor y exportador a expensas de la fuerza de trabajo indígena. La actividad agrícola y pecuaria se sostenía con la mano de obra wayuu, que en: plena época republicana (finales del siglo XIX y comienzos y mediados del siglo XX), grupos de cucinas y guajiros eran reducidos a esclavitud por esclavistas criollos, habitantes de Sinamaica y de los Puertos de Altagracia. Los esclavistas criollos de Sinamaica, descendientes de los primitivos pobladores de la Villa de San Bartolomé de Sinamaica, construían cuartos especiales en sus casas, y con grillos en los pies, para evitar su fuga, a estos grupos reducidos, los encerraban en cepos o calabozos. El traslado de estos esclavos a las respectivas haciendas se hacia en embarcaciones rumbo a Santa Bárbara, y en carretas, burros o a pie para Perijá. Allí concertaban su venta con hacendados de Santa Bárbara del Zulia y Perijá, quienes a su vez pagaban a estos esclavistas por la compra de dicha mercancía 276. Surgen nombres y apellidos de mercaderes venezolanos vinculados al tráfico y comercialización de individuos, olvidando la naturaleza de los seres humanos. A lo largo de esta revisión documental y bibliográfica, resultó imposible detectar formas o modalidades de castigos para los implicados en tan repugnante comercio. La mayoría de los cautivos, sufrieron los embates de la opresión y el servilismo quedando incomunicados; mientras que por otro lado, algunos lograron comunicarse nuevamente con sus familiares en la península de la Guajira. Pese a que la fuga de trabajadores subordinados era duramente penalizada, muchos optaron por esta vía para obtener su libertad. 276 Roberto Quintero Valencia, Magello Quintero Valencia y Vianka Quintero (1996). Orígenes Históricos de Sinamaica. Ediciones Astro Data, S.A. Maracaibo, Universidad del Zulia. p.42.

208 Por otro lado, resulta interesante la cantidad de comunicaciones y la comparecencia ante las autoridades locales y regionales de familiares de indígenas sometidos por la fuerza en las unidades agropecuarias del sur del Lago de Maracaibo en demanda de libertad. Circunstancias que obligaba a las autoridades efectuar algunas indagaciones acerca del problema de los jornaleros o sirvientes. Esta vez, la comunicación al secretario general de Gobierno, señala: Hecha la debida averiguación de los indígenas, aparece que en la hacienda Providencia propiedad del ciudadano Gustavo Gutiérrez, solamente encontrase los guajiros José Antonio Morales, Julio Morales y Antonio Romero teniendo pendientes para hoy las siguientes cuentas: Bs ,29, Bs. 395,56 y Bs respectivamente 277. Gustavo Gutiérrez asegura que esos indígenas, cuando el compró la hacienda hace cinco años, ya eran peones de allá 278. Esta forma de deuda, retenía a los trabajadores durante largo tiempo, período en el cual la explotación de su fuerza de trabajo enriquecía el capital mercantil de los propietarios de las unidades productivas. No hay sistemas de trabajos estático en el tiempo y el empleo de guajiros no era le excepción. En los años 20 s los terratenientes habían comenzado a alterar las condiciones bajo las que los guajiros trabajaban (Linder, 1994:217). Habría que estar de acuerdo de entrada en la afirmación del indígena wayuu Alejandro Montiel, vecino del municipio Sinamaica, cuando en comunicación de su puño y letra escribe al secretario general de Gobierno del estado Zulia para demandar que: En el mes de marzo del año próximo pasado, por orden del Coronel Juan Bautista Reyes, fue apresado el menor Felipe, de diez años de edad, mas o menos, y Morcilla, (nombre indígena) de catorce, en el lugar denominado La Goleta, residencia de dichos indígenas. Después de 277 AHZ, año 1925, tomo 1, legajo 1. Informe de la Jefatura Civil del Municipio Encontrados al Secretario General de Gobierno de Zulia, en relación al problema de los jornaleros o sirvientes. Firmado J. Canelón Garmendiz. Encontrados 10 de julio de Ibidem.

209 muchas gestiones hechas por mí a favor de la libertad de los referidos menores, el coronel Reyes se negó a libertarlos. Según informes, estos fueron enviados al Distrito Colón y se encuentran en la hacienda Santa Ana propiedad de los señores Leovigildo Nava y Juan Pulgar, pido la solicitud y devolución de los referidos menores, con quienes me liga parentesco de afinidad 279. Juan Bautista Reyes, responsabilizado de atropellos y vejámenes, fue un militar venezolano, con rango de coronel del ejército y ocupaba para la fecha el cargo de comandante del fuerte militar de Paraguaipoa, distrito Páez del estado Zulia, por lo tanto, resulta absurdo su conducta y complicidad con el tráfico y comercialización humana. También en relación a la retención de indígenas, la jefatura civil del distrito Colón notifica al secretario general de Gobierno que: la indígena María Ortega, solicita a sus hermanos Saturnino Ortega y Pedro Bernal, mayores de edad como más o menos de treinta años de edad. Pedro se encuentra en el hospital y tiene hijos y Saturnino se encuentra bien de trato en la hacienda Berruga, solamente dice que la cuenta que llevo de Encontrados, dice no es exacta 280. De esta manera, llegaban en muchos momentos a ser elementos del trabajo forzado. Pese al valioso aporte y ayuda de los indígenas al agro zuliano. Estos siempre fueron negados por ser considerados simples peones de haciendas. Argumento esclarecido, según se observa en oficio Nº del 18 Junio 1928, firmado por el jefe civil del distrito Colón, ciudadano Leonte Olivo, informando al gobierno regional, la libertad del indígena guajiro Ramón Núñez, quien se encontraba en la hacienda El Milagro, propiedad del ciudadano José de la Rosa Núñez, donde trabajaba en forma de esclavitud AHZ, año 1919, tomo 4, legajo 5. Reclamo personal del ciudadano wayuu Alejandro Montiel al Ciudadano Secretario General de Gobierno. Maracaibo, 25 de marzo de AHZ, año 1920, tomo 4, legajo 24. Comunicación Nº de la Jefatura Civil del Distrito Colón al Ciudadano: Secretario General de Gobierno. (fdo) Tomás Medina. San Carlos del Zulia, 02 de diciembre de AHZ, año 1928, tomo 5, legajo 9. Oficio de la Secretaria General, Sección Política al Jefe Civil del Distrito Colón, San Carlos de Zulia. Maracaibo, 18 Junio 1928.

210 Considera la secretaria general de Gobierno, sección política, que el: sistema de hacer trabajar en las haciendas, sin la debida remuneración y sin la voluntad convencional previa a todo contrato verbal o escrito, a algunos indios guajiros que todavía se conservan como consecuencia de aquellos procedimientos de compras humanas, condenados como actos ilícitos é ilegales, es bueno que, al tener usted conocimiento de que existe en su jurisdicción otro caso igual al del indígena Núñez, proceda a libertarlo 282. Un texto que deja marcada claramente la importancia del e itkuu (linaje) en la sociedad wayuu representa el enérgico reclamo del ciudadano Luís Cotes Gómez, en representación de la matrona wayuu Cándida Ramírez. Reclamo que fue formulado ante el despacho del secretario general del gobierno zuliano, quien ordenó a su vez, al jefe civil del distrito Colon, San Carlos de Zulia: remitir a esta ciudad, a la orden de este Despacho a los indígenas colombianos de nombres: Ruimingo López y Masapanisa, quienes están en Santa Bárbara de Zulia trabajando en forma forzada en la finca del señor Pancho Murillo, quienes son hijos de la india guajira Cándida Ramírez 283. Una segunda constante sería la utilización de métodos coercitivos y violentos para la retención de la fuerza de trabajo. Arraigado en la Venezuela republicana de los primeros treinta años del siglo XX. Donde en el Zulia con la incorporación del capital primordial que generaba la naciente industria petrolera, cuya explotación cooperaba con el desarrollo de la agricultura y la ganadería. La industria petrolera requería de la producción alimentaría que salía del campo zuliano. El papel de los indígenas wayuu en el abastecimiento alimentario del Zulia, y para la exportación no se limitaba solo a prestar su fuerza de trabajo en 282 Ibidem. 283 AHZ, año 1928, tomo 5, legajo 9. Oficio numero de la Secretaria General de Gobierno donde se ordena al Jefe civil del distrito Colon, San Carlos de Zulia. Maracaibo, 29 de Noviembre de 1928

211 los campos de cultivos y las unidades de producción ganadera. Muchas veces participaba en la preparación de algunos alimentos, principalmente en la elaboración de keesü (quesos) y el cultivo de maiki (maíz),roo (arroz) ai (yuca), wuirü (auyama), kepeshuuna (frijoles), meruuna (melones), kalapaasü (patillas) y cría de mürülü (ganado), anneerü (carneros), ama (caballos), püliiku (burros) y kaliina (gallinas), conocimientos y sabidurías que trajeron los wayuu desde su territorio ancestral. A medida que avanzaba la economía zuliana como producto de la exportación de importantes rubros alimenticios, el valor de la fuerza de trabajo indígena wayuu se continuaba incrementando. Generalmente no tenía más remedio que someterse al contrato que voluntariamente pactó, y en el que se obliga a trabajar doce horas enteras por un producto de trabajo que solo cuesta seis (Marx, 1969:17); donde el trabajo forzado se convertía en la maquinaria soporte del capitalismo zuliano. Como propia actividad de subsistencia los nativos de la península de la Guajira, garantizaban su fuerza de trabajo en condiciones de oprimidos. Mientras que, la economía capitalista en su afán de lograr el mayor lucro factible desmejoraba la calidad de vida de hombres y mujeres inmigrantes de la Guajira. Fueron pocas las acciones emprendidas por las autoridades para erradicar el especulativo accionar desarrollado en la unidades productiva agropecuarias del sur del Lago de Maracaibo. En esos pronunciamientos en contra del tráfico para la compra venta, la secretaria general del estado Zulia (sección de policía y justicia) con fecha ocho de octubre de 1926 advierte al jefe civil del distrito Colón, que: es interés del gobierno que en el Estado quede terminado y desarraigado el inveterado tráfico de indígenas, tráfico que se ha continuado verificando de una u otra manera en estos años últimos para enmascarar la vergüenza y el delito que constituyen la venta y secuestro de seres humanos Ibidem.

212 La misma orden dirigida a la jefatura civil colonesa, avisa que en consecuencia, este Despacho le ratifica sus órdenes liberales en nota del veintiocho de agosto último y le ordena de orden del Superior Magistrado Regional, se sirva dictar sus medidas para que recobren su libertad y puedan reintegrarse a donde los negociaron, los siguientes indígenas reclamados por la autoridad fronteriza de Colombia: Ariario y Geraquí, de casta (e irukuu) Guoriyú (woliyuu), y la mujer Moncoi, de casta Sapuana, que están en la hacienda El Milagro, situada en esa jurisdicción y de la propiedad de Julio Núñez, y Joaquín Epieyú (epieyuu), menor de edad, quien se encuentra en la Hacienda Bolívar del ganadero Moisés Castro, situada en esa misma jurisdicción, para que puedan salir de dichas haciendas y viajar con entera libertad 285. La violencia contra los indígenas fue una constante utilizada como herencia de la esclavitud africana. Se utilizó la fuerza de trabajo indígena wayuu a través de variados instrumentos ilegales. Contratos de trabajo que en su mayoría fueron forjados con la complicidad de autoridades y tratantes; por otra parte, un reducido grupo de indígenas wayuu, también, se dedicaron a la comercialización de sus propios coterráneos, quienes en la mayoría de las veces, bajo engaño se convirtieron en mercadería humana. Antonio Chacín, nativo de la Guajira se convirtió en defensor a ultranza de sus hermanos cautivos en el sur del Lago de Maracaibo. Demostrando su carácter guerrero y estrategia de defensa ancestral, según reseña la crónica oficial: el guajiro Antonio Chacín, visitaba las unidades de producción agropecuarias, intentando sublevar a los trabajadores, ofreciéndoles que pronto serían todos puestos en libertad; y según dicen les ofrecía contratos para otro río. A este indio lo hizo salir de Garcitas el Jefe civil del distrito, acusándolo de estar perturbando a todo el peonaje Ibidem. 286 AHZ, año 1927, tomo 2, legajo 14. Comunicación personal de H. González Pacheco, denunciando ante Secretario de Gobierno del Zulia el intento de sublevación de trabajadores indígenas. San Carlos de Zulia, 4 de Marzo de 1927.

213 La dominación mercantilista agraria se imponía por tierras del sur del Lago de Maracaibo y sierra de Perijá en el noroeste venezolano. Con la llegada a la presidencia del estado Zulia, del militar general Vicencio Pérez Soto ( ), se intentó imponer un control sin precedentes sobre el reclutamiento y gerencia de trabajadores. A finales de los años 20, el estado surgió como árbitro entre productores y trabajadores. Sin embargo, el general Vicencio Pérez Soto no terminó con el uso de trabajadores indígenas a la fuerza, fue un presagio del creciente rol del estado nacional en las relaciones laborales (Linder, 218:1999) Tráfico y explotación: deuda pendiente con los wayuu El riohachero Manuel Barros, residenciado en el sector tierra negra en la ciudad de Maracaibo, denunció bajo juramento, que desde hace cuatro años, Jacinto Machado, venezolano quien vive en la población de Castilletes, región venezolana en la Guajira, dio en venta al señor Antonio Colmenares Pacheco, al guajiro colombiano Samuel Rincón. El señor Colmenares se llevó a Samuel Rincón para su hacienda Buena Esperanza, de la jurisdicción de Encontrados, en calidad de esclavo, y desde entonces este permanece allí, con el consabido pretexto de una deuda inextinguible 287. Consecuente con su concepción acerca del papel de defensor de sus connacionales Manuel Barros, acusa al mismo Jacinto Machado, que dio en venta al señor Oron Negrón, venezolano, propietario de la hacienda de San Antonio, ubicada en Encontrados, al indio guajiro colombiano Rogelio Rincón, también hace unos cuatro años. Estos cautivos están allí, como lo asevera el denunciante, contra su voluntad, y desean salirse, sin poder hacerlo AHZ, año 1929, tomo 17, legajo 22. Comunicación Número 128, del Consulado de Colombia al Presidente del Estado del Zulia. sobre la denuncia del señor Manuel Barros contra el comerciante Jacinto Machado. 288 Ibidem.

214 Por su parte, el ciudadano Mario Machado Epieyuu, conocedor de la realidad de los trabajadores indígenas wayuu en el sur del Lago de Maracaibo, afirma: los comerciantes de indígenas y engañadores eran Ramón Machado con Luís Fernández, los Kusina también eran vendidos por Wososopu en Yawajaliita en Oulejüneejüin, en Aaruaanapa a, en Jokoyoi tierra de kusina. Se vendían borrachos, se llevaban de la mano al cayuco y de allí al barco. Así sucedió con la venta del wayuu. Un wayuu que le decían torito fue vendido por Ramón Machado, junto a cuarenta más en el barco, el barco de antes era de vela y más allá del puente cuando abrieron las velas, él dijo: Qué van a hacer conmigo?. Los marineros le respondieron nosotros no tenemos la culpa de lo que te está sucediendo. Se fue para Encontrados y dijo: Por qué me hacen esto?, yo no se trabajar fue vendido a los Negrón y llevado en el vapor llamado Progreso 289. Esta conducta de sometimiento del ser humano para enriquecer el capital económico de las zonas sur, sureste y oeste que integraban las zonas más productivas de Venezuela, con un alto porcentaje en la producción de ganado vacuno y además suelos con alto potencial agrícola y acuíferos subterráneos para el cultivo de caña de azúcar, cacao, maíz, yuca, caraotas, bananos y plátanos. Situación que garantizaba la explotación agropecuaria y requería de mano de obra para el trabajo del campo. La política salarial establecida por el primer mandatario regional Vicencio Pérez Soto, quien con decretos y resoluciones: Comenzó a intervenir en la disciplina de las haciendas. Prohibió los marcos de madera, las cadenas, los encierros y multas a sus trabajadores para incrementar su deuda. Él ordenó que los indígenas wayuu que deberían ser castigados, los encerraran en la cárcel del municipio. Intentó también la contratación de comisiones armadas 289 Mario Machado Epieyuu, wayuu, nacido el winpümüin, alta Guajira, hace 85 años. Trabajo durante más de treinta años en las unidades de producciones agrícolas y pecuarias del sur del Lago de Maracaibo. Entrevista personal realizada en idioma wayuunaiki en el barrio Cujicitos, Maracaibo, agosto de 2006.

215 para la aprehensión de trabajadores escapados (Linder, 1999:218). Arriesgando su vida, en muchos casos, obreros indígenas en condiciones de peones conseguían huir de la atadura y explotación de su fuerza de trabajo. Cuando esto ocurría se desataba sobre ellos, una feroz persecución en los alrededores de los puertos ubicados en ríos Zulia, Escalante y Encontrados. La mayoría de los veces, las comisiones de búsquedas lograban capturarlos, y luego, se les aplicaban violentos castigos por instrucciones de propietarios y capataces. Vicencio Pérez Soto, intentó desde el poder político y administrativo regional, aplacar estas crueles mañas utilizadas en contra de quienes propugnaban su libertad. De tal forma, que ordena a los jefes civiles distritales, evitar los abusos de los cazadores de peones prófugos y eliminar la necesidad de hombres armados en las unidades de producción agrícolas y pecuarias (Linder, 1999:218). A pesar del interés demostrados por el mandatario regional, Vicencio Pérez Soto de impedir el tráfico y sometimiento indígena, según documentos del Archivo Histórico del Zulia (AHZ), integrantes de su tren gubernamental: Continuaron resistiéndose a la implementación de medidas de reforma y favorecieron los esfuerzos de los terratenientes de mantener a los trabajadores bajo su control. También el general Juan Vicente Gómez tenía extensos valores económicos en el área (Linder, 1999:218). En este contexto hasta el entorno presidencial aparece vinculado con la explotación del sector laboral indígena en unidades productiva agropecuarias zuliana. Es ese sentido, el abogado zuliano Manuel Matos Romero (1957), en la obra Derecho civil y penal guajiro, El pupchipu (pütchipu`u) o abogado guajiro, denunciaba que en las haciendas de Encontrados y San Carlos del Zulia, estaban sometidos a un régimen de esclavitud eran castigados en el cepo. Haciéndose de la vista gorda las autoridades civiles, pues, los primeros que tenían cientos de guajiros como peones, eran los capataces de la hacienda El Chao, en Encontrados. Esta unidad agropecuaria era propiedad del

216 presidente de la Republica, general Juan Vicente Gómez (p.98), hasta su muerte en diciembre de Mario Machado Epieyuu, ofrece su testimonio oral, reconstruyendo vivencias que recuerda a sus 85 años de edad, que los wayuu los vendían tres veces. En la Guajira se vendían por maiki (maíz) y paneera (panela), luego los embarcaban para la ciudad de Maracaibo, allí se vendían por nneerü (dinero en efectivo). Cuando llegaban al puerto de Maracaibo había otros compradores de indígenas que venían de Santa Bárbara del Zulia. Éstos se volvían a vender para llevarlos para Santa Bárbara en la hacienda Colón, vía Encontrados como a 10 kilómetros de Santa Bárbara. El wayuu era muy buscado porque era trabajador, nunca se quejaba y ganaba poco dinero, algunas veces sólo le daban comida. El achepchiaa muere como esclavo con sus patronos, no tenían a donde ir. Al morir el dictador Juan Vicente Gómez llevaron a la mayoría de wayuu que trabajaban de peones hasta el puerto de Castilletes para que se fueran a sus tierras 290. Este testimonio de un actor social que transitó por las zonas identificadas como espacios de explotación y sujeción de nativos de la Guajira, sirve de soporte a la larga lista de acusaciones que reposan en archivos históricos venezolanos (oficiales o privados) y del exterior en torno a la temática desarrollada en el presente estudio. La subordinación absoluta de un grupo importante de nativos de la península de la Guajira a finales del siglo XIX y a principios del XX, constituyó un hecho político social producto del enfoque capitalista, el cual fue monopolizada forzosamente la fuerza de trabajo wayuu en beneficio del sector agrícola-pecuario zuliano. En esta época de expansión económica, la población indígena de la Guajira, fue el instrumento utilizado como mano de obra para la producción agropecuaria. 290 Mario Machado Epieyuu, wayuu, nacido el winpümüin, alta Guajira, hace 85 años. Trabajo durante más de treinta años en las unidades de producciones agrícolas y pecuarias del sur del Lago de Maracaibo. Entrevista personal realizada en idioma wayuunaiki en el barrio Cujicito de la ciudad de Maracaibo, agosto de 2006.

217 Como producto de la carencia de una verdadera justicia social, los hechos sobre reclamaciones y denuncias de tráfico y comercialización de individuos, quedaron registrados en archivos históricos oficiales. En ese sentido, el tráfico y comercialización, dejo de ser un problema exclusivo para el Estado venezolano. De igual forma, el veintidós de octubre de 1929 se registra otro reclamo de la república de Colombia, sobre la problemática. Las acciones del consulado colombiano en la ciudad de Maracaibo, son dirigidas en esta oportunidad al ciudadano presidente del estado Zulia, manifestándole que el ciudadano: Silvestre Rincón, colombiano guajiro de la región de Nazareth, alta guajira, sufre la esclavitud en la hacienda Buena Esperanza, ubicada en el kilómetro 26 del ferrocarril de Encontrados, de propiedad del señor Manuel Colmenares Pacheco, desde hace 14 años. Noticia dada por el señor Antonio Leal, que es familia de Rincón. Ruego a usted, señor Presidente, disponer lo conveniente a fin de que Rincón sea emancipado 291. Similares argumentos fueron utilizados por el gobierno neogranadino en solicitud de indígenas de la Guajira, en estado sujeción en Venezuela. A pesar de la abolición de la esclavitud en Venezuela, el trabajo forzado para indígenas wayuu en el sur del Lago zuliano no terminó sino hasta el final del régimen presidencial del general Juan Vicente Gómez en diciembre de El sucesor de Gómez, el también militar con rango de general del ejército, Eleazar López Contreras decretó la libertad de indígenas y perdón de las deudas y envió un nuevo gobernador a Maracaibo para supervisar el cambio. El trabajo coactivo y dependiente de indios guajiros declinó marcadamente después de 1935, aunque quedaron vestigios hasta los años 1950 s (Linder, 1999:218). En este contexto la Guajira se convirtió en escenario de intercambios y de comercio ilegal donde el contrabando y la mercadería humana delineó 291 AHZ, año 1929, tomo 8, legajo 23. Denuncia sobre tráfico indígena en la Guajira. Comunicación del Consulado colombiano ante el Presidente del Estado Zulia. Maracaibo, 22 de octubre de 1929.

218 nuevas formas de explotación y sujeción de indígenas para el comercio esclavista. Los puertos marítimos instalados a lo largo y ancho de la península de la Guajira, sirvieron de centros para la emigración forzada de un sector de la población wayuu sacados contra su propia voluntad de su tierra ancestral como producto de una necesidad económica que revelaba las desigualdades y practicas sociales de una Venezuela dónde prevalecían relaciones tradicionales a pesar del discurso liberal y de propuestas modernas. XXX

219 Conclusiones

220 Conclusión A finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, en el marco del proceso de expansión del capitalismo en Venezuela, se estableció en el Zulia la modalidad del trabajador asalariado a través del contrato de trabajo, compra venta y rapto; todos ellos, instrumentos utilizados por las redes de comerciantes y tratantes de indígenas wayuu para forzar la migración de un sector de la población originaria de la península de la Guajira hacia unidades productivas agrícolas y pecuarias del Zulia con fines esclavistas. En este negocio aparecen involucrados hombres y mujeres nativos de la península de la Guajira, comerciantes colombianos y venezolanos, transportistas y propietarios de unidades agroproductivas del sur del Lago de Maracaibo y de la sierra de Perijá en el estado Zulia. Al estudiar detalladamente este proceso se visualiza la actuación de representantes de los gobiernos colombiano y venezolano y su vinculación con el ilegal comercio humano, practicado desde puertos marítimos de las costas Guajira. Indistintamente las distancias entre las disposiciones constitucionales y legislativas y las prácticas sociales en las diversas modalidades del lucrativo negocio de traficar con los wayuu, principal mano de obra para la producción rural de la región. Esta mercancía humana era necesaria para atender el aumento en la demanda de productos por el incremento de la población consecuencia de los flujos migratorios e inmigratorios promovidos por el negocio azucarero o petrolero. Fue el wayuu, como fuerza de trabajo esclava, el que permitió que este proceso económico se consolidara. En las modalidades del comercio y tráfico del wayuu se pueden evidenciar las distancias y proximidades entre la cultura e intereses de los indígenas y la sociedad alijuna. La península de la Guajira, territorio ancestral wayuu como espacio geográfico compartido por los indígenas macuira, anates, cocinas o tiznados, guanebucanes, cuanaos y eneales; desde el siglo XVIII se convirtió en escenario natural para un intercambio comercial y de trueque

221 entre los nativos y comerciantes europeos, alemanes, ingleses y holandeses, generándose un comercio activo donde algunos e irukuu lograron grandiosos beneficios económicos. Acrecentándose este poderío socio económico de algunos apüshii, con la llegada del mürülü (ganado) a la geografía Guajira, lo cual ocasionó cambios estructurales en el interior de los e irukuu como unidades sociales de los apüshii, surgiendo entre los wayuu el achepchiaa (servidumbre) y el piuuna (esclavo), faenas que van ha ser ocupadas por nativos de imperceptible status social; también se presentaron casos productos de los conflictos intraétnicos donde los e irukuu triunfadores obtenían como indemnización o pagos por deuda de guerras ha algunos hombres o mujeres que se convertían en achepchiaa (servidumbre) o piuunairua (esclavos), generándose en el seno de la sociedad wayuu la sobre explotación y una brecha social. Esta relativa marginalidad social y económica que perturbaba a un sector de la población wayuu sirvió de base para la posterior comercialización de hombres y mujeres nativos que, forzados emigraron de su ancestral territorio para convertirse en instrumentos de comercialización y del tráfico para la explotación de su fuerza de trabajo en zonas agrícolas y pecuarias zulianas a finales del siglo XIX y primeras tres décadas del XX. No obstante que la esclavitud en la cultura occidental fue argumentada y sancionada desde las épocas remotas por doctrinas filosóficas y religiosas en el Zulia con los cambios que experimentó la economía regional a principios del siglo XX a raíz del auge de la actividad agropecuaria, se profundizó el pensamiento y el hecho esclavista como consecuencia de la demanda generada por el aumento poblacional producto de la naciente industrial petrolera. La exploración, explotación, producción y comercialización petrolera en el estado Zulia, estableció una alta demanda de alimentos, servicios y de mano de obra. Esta prolifera demanda hizo que pequeños agricultores se incorporaran a las contratistas de la industria petrolera zuliana u otras actividades urbanas generadas por la producción petrolífera. Igualmente, con la

222 explotación y comercialización de la caña de azúcar, cacao y plátanos se producen grandes dificultades ante la ampliación de hatos, plantaciones y haciendas. Circunstancias que incrementó el rentable tráfico y venta de indígenas wayuu hacia las unidades y haciendas agrícolas y pecuarias del sur del Lago de Maracaibo y sierra de Perijá. En ese sentido consideramos pertinente enfatizar la importancia de esta investigación para la interpretación de la etnohistoria indígena en el país, estudiada históricamente desde una visión de totalidad e integralidad con la finalidad de ofrecer una aproximación a la realidad socio-política y cultural de la sociedad wayuu entendida como parte constitutiva del Estado nacional en Venezuela. Los resultados de esta investigación hacen evidente la necesidad de continuar con otros estudios históricos que contribuyan a ampliar la comprensión de esta sociedad ancestral. Se ha demostrado que en los repertorios documentales regionales y nacionales y otros del exterior reposa valiosa información, aún inédita, que ofrecen insumos interpretativos sobre el legado histórico de las sociedades originarias que hoy, desde su cosmovisión y sus modos de vida, tienen mucho que aportar a la sociedad venezolana y latinoamericana en su contexto. Evidencian, además, cómo se expresaron los pueblos originarios al confrontar sus luchas en la defensa de sus saberes, derechos propios e idiomas ancestrales. El reto para los nuevos investigadores e historiadores será el de profundizar los estudios históricos, antropológicos y otros del área de las ciencias humanas. XXX

223 Anexos

224 Pütchi wayuunaikiru u (Glosarios de palabras en *wayuunaiki)

225 Pütchi wayuunaikiru u (Glosarios de palabras en *wayuunaiki) Ama (caballos) Apain (conuco huerta) Aneerü (carnero-ovejuno) Awariante (aguardiente) Ai (yuca) Apüshii (nombre que designa el matrilinaje mínimo. Puede ser apüshii, el parentesco matrilineal. Los descendientes por la vía materna son considerados como apüshii (familias) Apünajaa (horticultores) Alatakaa sümuin wayuu (acontecer indígena) Alijuna (nombre dado por el pueblo wayuu a toda persona no indígena. Anneerü (carneros) A yataalii (obreros) Achepchiia (sirvientes ) Chirinchi (aguardiente de caña) Chime e (cría) Ejimejaa (pesca) Ekimejaala (pescado) E irukuu (carne de..) Erüülü (víveres) Ichii (sal) Ichii (dividivi) iishuwolu u (lugar-fruto - internado Nazareth) Jalaala (guajira central) Jüta mürülü (cueros) Jime (pescado) Jiitpai (hilos) Juya (lluvia) Jüta mürükü (cueros) Kalapaasü (patillas) kaliina (gallinas) Keesü (queso) Kepeshuuna (frijoles) Kuluulu (telas)

226 Katkousu (armas de fuego) Maiki (maíz) Majayülü (señorita) Mma (tierra) Meruuna (melones) Mürülü (ganado) Mürüt (animales) Nütüjain wayuu (artesanía wayuu) Olojoo (caza) Paa a (vacas) Palaaluu (Castilletes) Paneera (papelón) Palaamüi, (región hacia el mar), Pütchipu u (palabrero) Pütchi ipa (La palabra-resumen) Püliiku (burros) Piuunairua (esclavos) Püriia/siiya jüpüla mürülü (monturas para animales). Roo (arroz) Sa wainrü (tortugas marinas), Süi (chinchorro) Simaruuna (cimarrones) Uraichi (palo de brasil) Uuchimüin (hacia la formación montañosa) Wayuu (gente persona) Wayuunaiki (idioma del pueblo wayuu) Wuirü (auyama) Wopumüin (baja guajira o región occidental), Walaajaa ajutuu (indemnización) Winpümüin (alta guajira o región oriental), Wiisüki (whisky) Yanama (trabajo colectivo) Para la escritura del idioma del pueblo wayuu el wayuunaiki, utilizamos la ortografía del Alfabeto de Lenguas Indígenas de Venezuela (ALIV).

227 Bibliografía

228 BIBLIOGRAFIA FUENTES DOCUMENTALES: Archivo Histórico del Estado Zulia (AHZ). - Colección Acervo Histórico y Gacetas del Estado Zulia. - Tomos: años Archivo General de la Nación (AGN) - Años: Archivo Central de la Cancillería (ACC). Ministerio de Relaciones Exteriores. - Años: DOCUMENTALES IMPRESAS: Armellada, Cesáreo (Fray) (1977): Fuero Indígena Venezolano Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, Venezuela. Las Constituciones de Venezuela. Compilación y estudio preliminar de: Allan Randolph Carias. (1997): Academia de las Ciencias Políticas, Caracas, Venezuela. Urdaneta Quintero, Arlene (1988): Acuerdo, Leyes y Decretos de la Asamblea Legislativa del Estado Zulia ( ). Asamblea Legislativa del Estado Zulia. Maracaibo, Venezuela. Pineda, Alicia (1994): 100 años de periodismo en el Zulia. Universidad del Zulia, SERBILUZ, Maracaibo, Venezuela. Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Origen de la Esclavitud Indígena en Venezuela, autor Juan Friede. Tomo XLIV, enero-marzo de 1961, Nº Caracas, Venezuela. p FUENTES HEMER0GRAFICAS: Eco de la Juventud. Trata de indios. Remesa de indios. Imprenta Imperial, número 8, 20 de Febrero de 1858, Maracaibo, Venezuela. El Zulia Ilustrado, Revista mensual, tomo I, Imprenta Americana. Maracaibo, Periódico mensual Wayuunaiki. Nazareth, firme como patsua. Carmen Barrerto, (2005, abril-mayo). p.6).

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