territorios y existencias gobiatacamaaustral MAGDALENA CORREA

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1 territorios y existencias gobiatacamaaustral MAGDALENA CORREA

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6 Fundación Telefónica Chile, contribuyendo a la educación y la cultura

7 FUNDACIÓN TELEFÓNICA CHILE Presidente: Emilio Gilolmo L. Director Ejecutivo: Francisco Aylwin O. Director Proyectos: Cristian Bravo R. Directora Arte y Tecnología: Claudia Villaseca C. Coordinadora Arte y Extensión: Patricia Hasbún A. Diseñador Gráfico: Benito Morales M. Asistente Administrativo: Andrés Cancino V. Secretaria Ejecutiva: Cinthya Márquez A. EXPOSICIÓN Y CATÁLOGO Territorios y existencias Gobi-Atacama-Austral Sala de Arte Fundación Telefónica Chile Providencia Santiago de Chile 28 julio -16 noviembre 2008 Sala Chile, Museo Nacional de Bellas Artes Parque Forestal s/n - Santiago de Chile 1 agosto - 31 agosto 2008 Textos: Emilio Navarro M. - Menene Gras B. Dirección y Edición: Claudia Villaseca C. Coordinación: Patricia Hasbún A. Diseño y Diagramación: Benito Morales M. Arquitectura: Alicia Müller A. Fotografías páginas 52 a 57 : Benito Morales M. Prensa: Diego Toro R. Imprenta: Ograma Impresores Magdalena Correa agradece a Pablo Cabrera, Embajador de Chile en Roma; Fernando Reyes Matta, Embajador de Chile en China, Senador Adolfo Zaldívar, Historiador Gerardo Claps, Paula Allende Ríos, Alicia Larraín, Sarita Benavides, Miguel Aravena, Jorge Abello. Casa Asia Barcelona, Centro de Arte y Naturaleza Huesca, Museo Nacional de Bellas Artes Chile, Fundación Telefónica Chile, Galería Antonio de Barnola Barcelona, Galería Isabel Aninat Chile, CODELCO Chile, Coemin Chile, Minmetals China, Instituto de Promoción y Desarrollo Chile, CONAF y SENATUR. Editado por Fundación Telefónica Chile en Santiago de Chile, julio Se prohibe la venta o reproducción total o parcial de esta publicación para fines comerciales.

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9 ÍNDICE 8 Presentación Milan Ivelic 9 Presentación Emilio Gilolmo 11 Gobi-Atacama, Sala de Arte Fundación Telefónica Chile 12 Manifiestos de existencia 18 La desaparición travesías del desierto: Del gobi a atacama 44 Conversación con Magdalena Correa 52 Montaje Sala de Arte Fundación Telefónica 59 Catálogo 81 Austral, Sala Chile Museo Nacional de Bellas Artes 82 Mi atlas, entre 48º 20 y 51º 30 latitud sur 105 Catálogo 118 Fichas técnicas de obras en exposición 120 Magdalena Correa

10 Milan Ivelic, Director Museo Nacional de Bellas Artes [ 10 ] El Museo Nacional de Bellas Artes conjuntamente con Fundación Telefónica Chile presenta la obra fotográfica de Magdalena Correa, con el título genérico de Territorios y existencias. En la sala de Fundación Telefónica exhibe gobiatacama y en la sala Chile del museo austral. La australidad escogida por Magdalena corresponde a la Región de Aysén. Ella nos hace partícipe en una de sus fotografías de la devastación de extensas superficies de bosques quemados por la intervención humana. (Como hoy nos encontramos un desolado Chaitén, debido a la fuerza eruptiva de un volcán clandestino del cual poco y nada se sabía). En contraste, en las demás fotografías, la mirada de la artista recorre espacios intocados, en su largo itinerario desde Balmaceda hasta el ventisquero O Higgins, poniendo de manifiesto toda la belleza natural y magnificencia de la XI Región. En algunas fotografías está también la presencia del ser humano a través de las viviendas que ha construido, las que simbólicamente aluden a la armónica convivencia entre aquel y el paisaje. La puesta en escena fotográfica de su recorrido por Aysén es el resultado, a mi juicio, de su intención por resignificar tres constantes que perduran hasta hoy: La fuerza del paisaje que sobrevive a toda costa y costo; el drama larvado de su eventual destrucción; y el anhelo recóndito de sus escasos pobladores de hacerse uno con la naturaleza. (El deseo profundo de los habitantes de Chaitén es retornar a su territorio).

11 La vida en los márgenes Emilio Gilolmo López, Presidente Fundación Telefónica Chile Las fotografías y videos de Magdalena Correa son un notable testimonio de geografías apartadas y vidas precarias en las que la naturaleza, caprichosa e incontrolable, impone su fuerza incontrarrestable. Pero también son mucho más que eso, y tienen un profundo sentido político. De sus viajes no sólo surge la subjetividad de su registro, sino una visión respecto de cómo es la vida fuera de los márgenes de la modernidad. En China, en Mongolia y en Chile. En el Gobi, en Atacama o en la Patagonia. No es una mirada neutra o distante. Tampoco es el trabajo de una naturalista, conmovida por la belleza del paisaje o la naturaleza. Es ante todo una opinión sobre el esfuerzo de supervivencia en aquellos sitios donde el Estado se esfuerza, pero apenas llega, y donde la geografía y el clima no son un dato accesorio, sino una fuerza que condiciona porfiadamente la vida. Una fuerza que no se puede derrotar ni domesticar, y a cuyos vectores sólo es posible adaptarse. Hay indicios sugerentes. El primero es que, tal como la globalización ha ido asemejando inevitablemente las formas de vida, desde la arquitectura hasta la música popular, el aislamiento y el abandono parecieran compartir también una cierta estética. No sólo se parecen los paisajes, sino también la geografía humana. Las viviendas parecieran ser igualmente maltratadas por la inclemencia del clima y el paso del tiempo. Las tumbas podrían estar tanto en un lugar como en el otro, y el desafío aún asumido como un simple juego- de identificar a qué lugar corresponde cada imagen se vuelve muchas veces arduo. Qué mueve a esas personas y esas familias a continuar allí? Por qué continuar en esos poblados varados en la orilla de la historia? Por qué continuar bajo las precariedades de una vida nómada en plena sociedad de consumo? Magdalena Correa, como todo gran artista, no intenta construir respuestas, sino plantear buenas preguntas formuladas en la experiencia del viaje como forma de conocimiento. Esas preguntas son especialmente pertinentes para nosotros, como Fundación Telefónica, en cuanto extensión de la tercera mayor compañía de telecomunicaciones a nivel global. Esta muestra nos permite recordar que nuestro foco no debe estar únicamente en quienes ya están conectados y viven dentro de la sociedad de la información, sino también en aquellos que aún no han logrado sumarse. Es decir, no sólo en los integrados, sino también en quienes viven en los márgenes. Es un desafío que en esta ocasión emprendemos conjuntamente con el Museo Nacional de Bellas Artes, que recibe a Austral, una parte muy significativa de la obra de Magdalena Correa. Nos llena de orgullo que esta exposición tan relevante tome forma en el espacio con mayor tradición del arte chileno como es el Museo, y al mismo tiempo en esta sala, que a lo largo de los últimos 13 años ha buscado ser un nodo que conecte el arte de calidad con el público. [ 11 ]

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13 gobiatacama Sala de Arte Fundación Telefónica Chile

14 manifiestos de existencia Emilio Navarro Menduiña

15 Estoy convencido que hay personas que tratan de llevar sus vidas en la dirección que desean y otras a las que la vida las lleva por el camino que ésta ha escogido. Pretenciosas las primeras, podrían llamarlas algunos, quizá con razón, por el mero hecho de querer dejar huella a su paso por el mundo, aunque creo que el calificativo más oportuno sería quizá víctimas, puesto que lo más probable es que se trate de una necesidad inevitable y natural que les viene dada desde el mismo momento de su nacimiento o de muy temprana edad. Muy diversas maneras hay de dejar huella, sin duda. Alto y admirable ideal, y no vamos a perder el tiempo aquí en tratar de enumerarlas pues podríamos llenar hojas y hojas de papel describiéndolas, pero si que nos centraremos en una de las que, como podremos comprobar más tarde, parece guiar los designios de la artista que nos ocupa. Pues bien, ese digno y honroso ideal de querer ser útil a los demás dirige los pensamientos y los movimientos de bastantes personas en este mundo además de la artista a la que se refiere este texto. Y digo alto, puesto que siento que para esas gentes está siempre por encima de las diferentes elecciones a las que día tras día a lo largo de sus vidas se enfrentarán. Quiero decir que cuando llegue el momento de elegir, por ejemplo, los estudios a realizar, o la profesión que habrán de ejercer, no importará mucho el resultado de esa elección porque cualquiera que sea la respuesta a la interrogante podrá servir como instrumento para llevar a cabo el objetivo que hasta cierto punto les obsesiona. De tal manera que podría llegar a decir, con el consiguiente margen de equivocación, claro está, que los estudios realizados, la profesión ejercida posiblemente se convierta en una mera excusa para llevar a cabo esa importante misión que, en un día de descubrimientos, supieron que tenían que llevar a cabo en este mundo terrenal. Desde pequeña me atrajeron los grupos humanos que vivían una Hubiese resultado mucho más sencillo, como en la mayoría de los hogares, realidad absolutamente distinta a mía. Soñaba con descubrirlas y aspirar a ejercer con un alto grado de bondad cualquiera de las profesiones hacerlas propias, que fuesen parte de mi historia. En cuanto pude, que pueden ejercerse en esta vida pero no fue así, no, y desde el momento en emprendí el viaje. (Magdalena Correa) el que tomaron esa decisión, sus vidas se complicaron. La vida se les complicó, sí, cuando su cabeza comenzó a ser guiada por la consecución de ese objetivo y empezó a no bastarles ganar un buen sueldo, ser reconocidos en su profesión, tener amigos y una entrañable familia. No, no les bastaba. [ 15 ] Todo hubiese sido más fácil hasta el día de hoy para Magdalena Correa y también lo sería a partir de ahora si ese fatídico día hubiese decidido que su meta era simplemente ser una buena fotógrafa, una buena artista, en lugar de querer ser todo eso y encima ser útil a los demás. Desde ese momento comenzó a sufrir los avatares consecuentes a su elección, a su decisión. Sin embargo, y gracias a su inevitable tendencia a complicarse la vida, su trabajo se diferencia del que realizan todos aquellos que no decidieron complicársela y nos permite, además de poder tener una experiencia visual y sensorial extremadamente gratificante frente a sus obras, reflexionar y pensar sobre como viven otras gentes del planeta, que en muchos casos ni sabíamos que existían. Nos permite constatar cuán cerrados tenemos los ojos ante la soledad y el abandono que sufren millares de seres humanos iguales a los que leemos este texto, y nos hace ser conscientes del tiempo que hace que dejamos en un rincón oscuro y olvidado de nosotros mismos, entre telarañas, a una cosa llamada solidaridad. Nos hace tomar conciencia de una de las muchísimas rectificaciones que hemos de emprender los humanos, de qué clase de mundo hemos construido y cuántas cosas hemos de cambiar. Es fácil para Magdalena Correa tomar imágenes de bellos paisajes en los que la imponente naturaleza está presente. De hecho la mayoría de las fotografías que se pueden contemplar en la exposición así lo testifican. Son de una gran belleza puesto que lo fotografiado ya la posee y ponen de manifiesto una excelente técnica, un buen oficio de fotógrafo, pero el objetivo de Magdalena no es ese. Se trata de una prueba superada hace tiempo, puesto que incluso podrían ser unas bonitas fotos de paisajes no estéticos también. Magdalena sabe hacer bellas fotos y las hace, pero más allá de esos atributos profesionales, lo que la artista pretende es darnos a conocer unos lugares en los que nacen, viven y mueren personas en unas condiciones extremas de precariedad. Esa es su contribución a la sociedad. Esa es su manera de sentirse útil. Es el hecho de poder decir a las personas con las que ha compartido un periodo de tiempo, a las gentes con las que ha recorrido esos territorios, que tras su viaje, su estancia, su convivencia con ellos, transmitirá la realidad que viven día a día (en este caso, mediante el arte) a otras gentes en el planeta. La finalidad está clara: que sepan, a partir del momento en el que están contemplando sus fotos, que aquellos existen a muchos miles de kilómetros de distancia y que necesitan la atención y el cuidado nuestro y de las Administraciones para mejorar su calidad de vida.

16 Ni reportera, ni fotógrafa del National Geographic [ 16 ] Difícil postura, sí, pero ya han podido comprobar ustedes que estamos ante uno de los componentes del grupo de personas que se complican la vida. Las fotografías que hace Magdalena son paisajes, sí, pero ella pretende trascender la imagen. No trata simplemente de que se produzca una experiencia estética ante sus fotos, que de alguna manera reconozcamos una realidad natural, (estaríamos simplemente ante un buen fotógrafo de paisaje o naturaleza, un mero documentalista), sino que ella sabe que en sus fotos la naturaleza no ha de poder, porque si puede más la magnitud, la sobrecogedora fuerza del paisaje, entonces no estará cumpliendo sus objetivos. Sabe que sus imágenes nos han de sugerir, evocar, nos han de hacer imaginar y hacer ver otra cosa que no está en la imagen. Tras su contemplación, hemos de haber podido extraer otras ideas, como por ejemplo imaginar las condiciones de vida de las personas que allí Siento la necesidad vital de vivir e investigar territorios geográficos y humanos que se encuentran en un estado de abandono y habitan. Es decir las fotos de la artista en cierto modo cuentan cosas, como hacen los reporteros, pero no utilizan una narración evidente como es el olvido absoluto. Desvelar mediante mi propia interpretación realidades existentes, absolutamente ajenas y desconocidas a nuestra sugerencia, nos van haciendo saber, pero no, repito, de una manera literal, caso de éstos, sino que sutilmente, y gracias al poder de la evocación, la cotidianeidad habitual que pasan desapercibidas o dormidas en como viven los habitantes de aquellos lugares. nuestra conciencia, consecuencia de nuestra ignorancia, utilizando como soportes la fotografía y el video. (Magdalena Correa) En el caso del proyecto que nos ocupa y que conforma la exposición, esta idea sigue siendo la misma. Todo se articula en torno a un concepto fundamental: la artista ha realizado un trabajo fotográfico en tres lugares del planeta que no han sido elegidos solamente teniendo en cuenta su situación geográfica. Realmente donde está situado el lugar no es lo más importante. Como hemos subrayado anteriormente, Magdalena Correa no busca sacar a relucir los valores naturales, ni el atractivo turístico de un determinado territorio. Tan sólo importa que sean lugares abandonados, dejados de la atención de las administraciones, del poder, sitios que sufren la indiferencia de quien gestiona los designios de las gentes que en ellos habitan. En definitiva los lugares que han sido fotografiados son éstos pero podrían ser otros cualesquiera. El sitio por sí mismo no es trascendental, como hemos dicho. Importa la forma de vida de sus gentes, importa que la artista considere que esos seres humanos están ahí y necesitan ser sacados a la palestra, importa que mediante esta manifestación de existencia realizada a través de su trabajo consiga llamar la atención sobre ellos y por consiguiente una posibilidad de mejorar la calidad de sus vidas. Así pues, aunque la idea es una, los manifiestos, la puesta en evidencia de esa idea son tres por el momento (ahora mismo y en el lugar que nos atañe) pero sin duda serán más en el futuro, puesto que la artista no dejará de trabajar para evidenciar la existencia de otros lugares en el mundo que son caldo de cultivo para el abandono y la indiferencia, territorios dejados de la mano de Dios. Tres son las comunidades existentes, necesitadas de ser reveladas, en este momento, según la artista, que se encuentran situadas en el Desierto del Gobi, (China y Mongolia), el Desierto de Atacama (norte de Chile) y la XI Región de Aysén, (sur de Chile). La exposición pretende dar a conocer el modus vivendi de las gentes de esos lugares. Magdalena planeó los viajes de manera que los tres lugares fuesen utilizados sin embargo para tan sólo dos proyectos, (aunque unidos por la idea común de reflejar la soledad y el abandono). Por un lado Gobi y Atacama y por otro lado Austral. Dos proyectos o dos vertientes de una misma idea, como queramos verlo: uno, confrontar la vida en los dos desiertos a los que nos referimos antes, Gobi y Atacama. Otro, reflejar lo visto en su viaje a la XI región de Aysén (Austral). Esa confrontación, esa contraposición en los dos desiertos mencionados es la que da sentido a la exposición que podemos contemplar en la Sala de Arte Fundación Telefónica en Santiago, dejando para la sala del Museo Nacional de Bellas Artes, en la misma ciudad, el referido al Sur de Chile. Tres formas de vida que, aunque diferentes, tienen en común ser la respuesta al extraordinario poderío que la naturaleza ejerce en aquellas lindes. Una fuerza, un poder impuesto ante el que caben diferentes reacciones.

17 En el desierto del Gobi, sus habitantes viven en una especie de no realidad que ellos imaginan. No viven la dura verdad que les ha tocado soportar, la ignoran, la ocultan en sus mentes, tratan de vivir como si no existiese, de manera que su comportamiento, sus acciones, lo que ellos construyen, tiende a aparentar otra cosa, a ocultar una realidad mucho más fea. En el desierto de Atacama, la población, sus construcciones, todo en una palabra, se revela constantemente contra las condiciones de vida que han de soportar y reclaman nuestra atención poniéndolas en evidencia. En la XI Región de Aysén (Austral), sus habitantes asumen, sin embargo, con complacencia la cruda realidad de su cotidianeidad. Gobi-Atacama, la exposición Dejar patente la atmósfera que rodeó a la artista en su viaje, la vida cotidiana de los habitantes de los dos desiertos, la ruta que realizó en el tren TransMongoliano y los testimonios de los habitantes del desierto chileno ha sido el intento de esta exposición que alberga la Sala de Arte Fundación Telefónica en Santiago. Así es. El paisaje desolador que acompañaba las mañanas y las tardes de la artista y su asistente en ambos desiertos resultó ser tan solo un escenario donde se desarrollaba una acción a la que Magdalena otorgaba realmente la importancia. Una acción cuyos protagonistas eran sus habitantes y su forma de vida. Es innegable la belleza y el sobrecogimiento que nos producen esos paisajes desolados de dunas y estepas, pero no son ellos los protagonistas de esta historia, repito. Por eso en Fundación Telefónica son simplemente una escena que acoge el registro de cómo son las gentes que allí habitan y como pasan sus días. Quedará patente, o eso al menos ha sido nuestra intención, cuando contemplemos las imágenes fotográficas que la artista tomó y que se pueden contemplar en las imponentes cajas de luz que se encuentran diseminadas por el espacio expositivo de la sala y un video que recoge desde el amanecer hasta el anochecer como pasan sus 24 horas las gentes de aquellos lugares. [ 17 ] Los habitantes de esos dos desiertos viven de dos maneras diferentes, construyen sus casas, sus objetos, sus vidas, de manera distinta y contrapuesta. Por un lado de esas cajas encontraremos las casas de Atacama que gritan a la gente que ocasionalmente pasa por delante de ellas, que están ahí. Vociferan el abandono al que se hayan sometidas. No lo ocultan, sino que incluso lo exageran o lo evidencian deliberadamente. En la otra cara de esas cajas podremos contemplar las construcciones llevadas a cabo por el hombre en el Gobi, donde la pobreza no impide que cuiden al máximo su presencia, sin embargo. Una estética de la miseria, podríamos decir. Bellos y armónicos colores, ornamentos arquitectónicos y florales, hacen bonitas incluso a las casas que han abandonado. La disposición en el territorio es ordenada tendiendo a formar poblados mientras que en Atacama la colocación es absolutamente caótica, sin orden ni concierto, sin haber pensado si quiera el lugar en el que se construye. Encontraremos diseminados en el Gobi bellos monasterios dedicados a la oración, en contraposición a decenas de cementerios y salitreras que improvisadamente el hombre ha situado en mitad de la nada en Atacama, constituyendo un grupo de imágenes desgarradoras donde el dolor y la miseria parecen formar pareja para siempre. Las cajas de luz van acompañadas en la sala de una video proyección que registra en imágenes alternativas los quehaceres diarios y los ratos de ocio que los habitantes de ambos desiertos llevan a cabo a lo largo de las veinticuatro horas de un día, desde el amanecer hasta el anochecer. Eso en lo relativo al modus vivendi, pero además nos encontraremos con otro video que compendia las imágenes tomadas por la artista a lo largo de su viaje en el tren Transmongoliano al que nos hemos referido anteriormente. Es quizá, su pieza más poética dentro de la exposición. Se aleja de esa visión más aséptica y objetiva de la realidad cotidiana de esas gentes de la que hace gala Magdalena en sus fotografías - cajas de luz y se deja llevar por ese romanticismo que parece atraparnos cuando subimos a un tren. A esa pátina de lentitud acompasada, que parece bañar nuestras acciones y nuestras actitudes dentro de él. Tiempo de apreciar las cosas más mínimas y elemen-

18 tales de la vida. En definitiva vivir por unas horas a un ritmo distinto de la vida diaria, saboreando los momentos que en condiciones normales pasan delante de nosotros sin recibir nuestra atención. Aunque, en verdad, no es el viaje en el Transmongoliano el paradigma del romanticismo. No. Paradójicamente el video destila poesía cuando el recorrido, que la artista imaginaba en un principio idílico y placentero, resultó ser tremendamente incómodo, agotador e interminable. La experiencia fue durísima y las condiciones espantosas. El viaje duró 48 horas a lo largo de las cuales hubo a veces esperas de 8 horas en mitad de la nada. Es decir, nada más alejado de la comodidad. Incomodidad es la palabra que resume lo que, finalmente y para cerrar la exposición, se puede apreciar en los tres videos que muestran los testimonios de tres habitantes diferentes de las tierras Atacameñas. Tirana, Oro blanco y Crisis nos hablan, por boca de tres personas, de la impotencia, la soledad y el desconsuelo que sienten los habitantes de aquellas tierras en mayor o menor grado cada minuto de sus vidas y piden ser escuchados y ayudados de alguna manera. Pero a pesar de eso, aún hay un resquicio para la alegría: Un cuarto video, Cantata, es una magnífica muestra para constatar que al fin y al cabo el hombre es un animal capaz de acostumbrarse a cualquier situación, por penosa que sea y afrontarla con buen humor. Un pequeño lugar para la esperanza. Sólo la buena predisposición y las actitudes positivas permiten el cambio y la mejora real de cualquier situación. Esperemos que tras la contemplación de todo el compendio de imágenes que Magdalena Correa nos proporciona en esta muestra se nos haya contagiado esa actitud positiva y de buen humor frente a una realidad no demasiado halagüeña. Al menos habremos ampliado nuestro conocimiento de lugares y formas de vida desconocidos hasta ese momento, habremos disfrutado con la belleza de unas excelentes tomas fotográficas y de video y muy posiblemente habremos dedicado unos minutos de nuestro preciado tiempo a la reflexión sobre la forma de vida de otros seres humanos en el planeta. Magdalena debería recibir este hecho con satisfacción, pero seguramente su corazón y su cabeza, que dejaron hace tiempo un poco de lado a esa palabra, vuelcan ahora mismo su energía en la búsqueda y la investigación de otras gentes y otros lugares para nuestra suerte. [ 18 ] Emilio Navarro M. (La Coruña, España, 1960) Es en la actualidad Director del Centro de Arte Caja de Burgos, CAB. Galerista independiente desde 1987 hasta Posteriormente dirige de 1999 a 2001 la Feria Internacional de Arte Tránsito y a partir de entonces ha comisariado diversas exposiciones, participado como jurado y dado diversas conferencias de Arte Contemporáneo en España. Comisario de la sección Gobi- Atacama de la exposición Territorios y existencias. Gobi-Atacama-Austral de Magdalena Correa en la Sala de Arte Fundación Telefónica en Santiago de Chile.

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20 la desaparición travesías del desierto: del gobi a atacama Menene Gras Balaguer

21 I El sujeto de la visión clásica, aún extraviado frente al vértigo de las cosas, acaba por encontrarse a sí mismo en la confrontación con ese vértigo; atravesando el mundo viajando el mundo descubre su propia verdad, esta verdad que al principio es tan solo potencial y latente en él y que traduce en realidad a través de la confrontación con el mundo ( ). No hay viaje sin que se crucen fronteras políticas, lingüísticas, sociales, psicológicas, también las invisibles que separan un barrio de otro en la misma ciudad, las existentes entre las personas y aquellas más tortuosas que en nuestros infiernos nos cierran el paso 1. El último proyecto de Magdalena Correa se centra en el imaginario del desierto e implica en primera instancia la localización del lugar o lugares donde transcurre su producción. La acción de reconocimiento y diagnóstico del territorio se inicia con el movimiento del viaje cuyo modelo suele ser el de las expediciones más comunes contando con la preparación que exige un desplazamiento del género. El proyecto Austral 2, que precede a éste, es desde la perspectiva actual un referente al que se da continuidad antes incluso de lo que se convertiría después en una lectura de dos territorios cuya geomorfología responde a la definición de lo que se entiende comúnmente por desierto, representado en el Gobi y en Atacama, en este orden. A la temporalidad de su existir por el sujeto que explora el territorio se une el lugar donde se sitúan, tratándose de dos regiones del mundo claramente diferenciadas que separa el Pacífico y separa su lengua y su cultura respectivas. El viaje a la Patagonia fue el inicio de una exploración entre el sujeto y el lugar como un espacio de origen y tránsito, donde aquél reproduce todo el ciclo vital en cada una de las experiencias asumidas. Un territorio cuya pertenencia le hacía confirmar una experiencia simbiótica de posesión y de relación con el lugar que se proponía abordar. Vencer la ignorancia y apropiarse del espacio físico en el que éste se representa, era imprescindible a la hora de abordar el cuerpo aparentemente infinito y sin límites de la región en la que centraría su trabajo. La exploración de este cuerpo consistió en aplicar la metodología más elemental de las ciencias experimentales, para lo cual adoptó las medidas que creía oportunas con el fin de iniciarse. Tras los resultados obtenidos en el terreno, la artista elaboró un archivo fotográfico y de imágenes de video que constituyeron el material expositivo de AUSTRAL, nombre de la carretera o pista que hace de columna vertical del territorio por unir el norte con el sur de un espacio que había permanecido incomunicado. El Km 0 se sitúa en Puerto Montt, y la carretera o pista se estructura en tres tramos, de manera que el primero llega hasta Chaitén; el segundo desde esta localidad hasta Coyhaique, y el tercero desde allí hasta Yugay, donde finaliza su recorrido, uniendo territorios que hasta hace muy poco tiempo habían sido inaccesibles, permaneciendo incomunicados y completamente aislados del resto del mundo. [ 21 ] El viaje a la Patagonia fue también una travesía al desierto que la artista se empeñó en conocer como si quisiera saldar una deuda contraída con los orígenes y con la identidad un viaje circular, no un viaje a la Muerte, pero sí, en cambio, al centro de gravedad del ser del sujeto accidentalmente separado. La lejanía desde su lugar de residencia habitual hasta cada uno de los dos desiertos que después se propuso visitar, no dejó de contribuir inicialmente a la confusa identificación de sus emplazamientos respectivos bajo los efectos de la ilusión. La artista recorrió la Patagonia durante casi dos meses, dedicándose a experimentar la marcha en el territorio con ánimo de abordar su apropiación transitoria y afectiva obtenida a través del contacto físico, habitando temporalmente el lugar o lugares de tránsito y experimentando las inclemencias de una naturaleza cambiante y extrema. Para este nuevo proyecto, formuló la intención de atravesar dos desiertos situados prácticamente en las antípodas, planteó una aproximación a las fuentes en términos casi idénticos, pero haciendo los preparativos con un sentido pragmático para transportar lo indispensable y las cámaras que quería utilizar para sus registros. Este viaje no era a un solo desierto sino a dos campos de pruebas, por así decir, caracterizados como desiertos, pese a las diferencias toponímicas de ambos lugares y la distancia entre ellos y su identidad histórica. En ningún momento, pensó en hacer el viaje a un desierto sin asociarlo al que había de hacer al siguiente. Cuando empezó a proyectar este trabajo, el continente asiático y el continente sudamericano se exponían ante ella sobre el mapa como prolongaciones de una misma masa terrestre, 1. Claudio Magris, en El Viaje Infinito (Ed. Anagrama, Barcelona, 2008), pese a la división que impone el inmenso lago oceánico del Pacífico. Nunca entendió el viaje como reúne cuarenta crónicas de viaje publicadas en el Corriere y donde una especie de vuelta al mundo, en la que habría dado cabida a una expedición ininterrumpida que trata de definir el viaje como experiencia formativa. En su caso, vida, viaje y escritura son indisociables. habría realizado en el transcurso de un tiempo único, ni de proeza mediante la que habría medido su resistencia contra las adversidades. Tras su experiencia en la Patagonia, sabía de antemano que 2. AUSTRAL es un referente ineludible en relación a este proyecto que la artista propone originalmente para unir el Gobi y Atacama en una sola cada uno de estos territorios exigía diferentes preparativos y el equipaje adecuado para hacer frente expedición que se produce en dos momentos separados por una tregua tanto a las circunstancias ordinarias que los caracterizan como a los imprevistos. Entre uno y otro de unos meses, a la espera de las condiciones oportunas para el viaje. La estación del año idónea para hacer el viaje es en verano para ir al Gobi, viaje, necesitaba además una tregua para reponer fuerzas y abordar otro tipo de experiencia, pese a y a partir de diciembre, a Atacama.

22 que la distancia en el tiempo fuera de apenas unos meses, porque en cada caso se debía hacer coincidir con la estación del año más idónea, teniendo en cuenta las extremas condiciones climáticas de ambos desiertos. Por qué el desierto? A menudo solemos identificar el desierto con el grado cero del espacio y del tiempo, el silencio infinito y denso, impenetrable; la figuración de conceptos abstractos que en ningún otro lugar podemos poner a prueba. El desierto es el equivalente simbólico del silencio, la Nada y la Muerte; identificado a menudo también con un mar o simplemente con la extensión sin principio ni fin de un dominio que rechaza los límites y que la vista nunca consigue abarcar de una sola vez. Es comparado con lo más próximo a un Todo indivisible que no se puede apreciar desde una sola perspectiva, con un sistema propio de supervivencia, sino que necesita ser explorado y reconocido a pesar de los obstáculos que se interponen entre el sujeto que hace su experiencia y el cuerpo que no le pertenece, identificado aquí con un espacio natural cuya autonomía desafía cualquier intento de simplificación. La poética del desierto sedujo a la artista tanto para emprender el proyecto de Austral como el de la travesía del Gobi y de Atacama, donde se puede percibir aún más claramente la fascinación que ha ejercido sobre ella el sistema relacional que se derivaba de la expedición en dos fases a dos confines del mundo que habían alimentado su imaginación desde hacía tiempo. La palabra desierto por sí sola despliega una sucesión de imágenes que invocan totalidad, plenitud, relación entre el uno y el todo, la inmensidad y el cese de la oposición entre el lugar y el no-lugar. La pertenencia del sujeto a la naturaleza 3 parece recuperable en sus parajes de lo idéntico y de lo indivisible, como si se tratara de paisajes sin nombrar aún y de los que el sujeto que lo atraviesa pudiera apropiarse a voluntad sin contraer deudas. La imagen del desierto responde también al imaginario de lo que suponemos por libertad, en términos absolutos. La artista plantea la necesidad de recuperar el vínculo con la Naturaleza sin excluir la duda acerca de su posibilidad, ni restringir las formas de expresión que convienen y se adaptan al sujeto escindido, que nunca logra la reunión de los fragmentos que antes conformaban su unidad y la unidad del mundo. [ 22 ] Los itinerarios de la artista se conciben sobre el mapa por separado, aunque se trate de un solo proyecto, que ella mantiene unido desde el inicio. La primera parte se desarrolla en el Gobi, aunque nunca antes había ido a China ni a Mongolia. Las etapas del viaje se fijan de antemano y se corrigen en el lugar de la experiencia real, donde el programa se cumple. El período de tiempo que precede a ambos desplazamientos es de preparación, para llegar a efectuar después lo planificado con intención de evitar los obstáculos que se pueden presentar. El desierto se escribe sobre el mapa y el papel antes de emprender el viaje de reconocimiento del terreno: al igual que sucedió antes de viajar a la Patagonia, la artista hace inventarios de todo lo que necesitará durante el viaje, pese a saber que nunca es suficiente y que afrontar ciertas circunstancias climáticas en la intemperie puede distorsionar los planes concebidos. El desierto patagónico tenía ciertas características sobre las que tenía información, pero aún así, en la realidad, la experiencia superó todas las expectativas: la escritura pretende prevenir lo imprevisible cuando se concibe como un instrumento para circunscribir, anotar, acotar una experiencia en un medio, en este caso, desconocido. La escritura apunta el itinerario concebido y un plan para estructurar los recorridos sobre un terreno donde las latitudes pierden visibilidad, fabricando los espejismos que se desvanecen tan pronto nos acercamos a ellos. La geografía tiene escaso peso en la poética mencionada, a no ser por los datos que aporta al usuario de desiertos simbólicos que trata de explicar y describir los espacios que se reúnen bajo este nombre o término. El diccionario de Manuel Seco define el desierto como una región muy árida y carente casi o totalmente de vegetación y de habitantes, y se cita el desierto del Sahara, con una extensión de 9 millones de Km 2, como el mayor del planeta. La regla, no obstante, no puede aplicarse por igual a todos los tipos de desiertos según las clasificaciones existentes. Estas suelen ser útiles para agrupar por afinidades diferentes lugares, permitiendo una mayor compresión de los fenómenos naturales que han dado pie a estas formaciones. Una de las clasificaciones genéricas más al alcance es la que distribuye los desiertos en cuatro categorías: desiertos subtropicales, que son los más cálidos; los desiertos costeros fríos, que 3. Sobre esta pertenencia, la interpretación deleuziana aporta datos útiles para emprender una reflexión sobre la relación entre el hombre y la desiertos invernales, cuyas diferencias de temperatura cambian radicalmente en invierno y verano; y pese a estar localizados en idénticas latitudes pueden presentar síntomas contradictorios; los fríos Naturaleza, como se apunta en Empirisme et Subjectivité (PUF, París, 1953). Lo dado en este caso, dice Gilles Deleuze es el flujo de lo sensible que identifica con una colección de impresiones y de imágenes, y los desiertos de las regiones polares. con un conjunto de percepciones. La cita trata de aproximar la distancia existente entre el hombre y la naturaleza. Deleuze se refiere a este fenómeno en los siguientes términos: Si la finalidad, es decir el acuerdo Sahra para desierto que se extiende entre Marruecos, el Sahara occidental, Argelia, Túnez, Libia, Entre los desiertos subtropicales, se cuentan el del Sahara nombre que procede del término árabe del sujeto con lo dado, con los poderes de lo dado, con la Naturaleza, se nos presenta bajo expresiones tan diferentes, es que cada una de estas Egipto, Mauritania, Mali, Nigeria, el Chad, Etiopía, Eritrea y Somalia; el de Arabia, que ocupa Arabia expresiones corresponde a un momento del sujeto, a una etapa y a una Saudita, Kuwait, Qatar, Los Emiratos Árabes, Omán y Yemen; el de Kalahari, en Botswana, Sudáfrica dimensión. Esta anotación periférica surge con motivo de la relación entre el hombre y la naturaleza que el viaje al desierto promueve. y Namibia; el desierto australiano; el de Gibson, una parte del sur del desierto oriental de Australia;

23 los de Great Sandy, Great Victoria y Simpson además del Sturt Stony, de Australia; los dos desiertos de California, Mojave (Arizona, Colorado, Nevada, Utah) y Sonora (California, México); el de Chihuahua en México y sudoeste de EEUU y el desierto de Thar en India. La materia de la que están hechos no es siempre arena, contra la creencia más difundida, sino de arenilla y rocas, a pesar de que las dunas arenosas sean uno de los elementos más característicos. La variedad de desierto subtropical es la más diversificada y abundante, con sus terrenos ondulados o sus llanuras arenosas y en ocasiones abarcan grandes extensiones como las que ocupan respectivamente el Sahara o el desierto de Arabia. En la modalidad de desierto costero se encuentran el de Namibia que se reparte entre Angola, Namibia y Sudáfrica; y el desierto de Atacama, considerado el desierto más árido del mundo, donde una lluvia que se pueda medir, es decir a partir de 1mm, sólo ocurre una vez cada 5 ó 400 años. Sobre este desierto de salitre, arena y lava, que ha constituido el objeto de exploración de Magdalena Correa, se insistirá más adelante. Por el momento, sólo se trata de situarlo en la clasificación más al uso para contextualizarlo. Los fríos desiertos invernales comprenden la Gran Cuenca de Nevada, Oregon y Utah, la meseta de Colorado, en Arizona, Colorado, Nuevo México, Utah y Wyoming; la Patagonia argentina y chilena, Kara-Kum en Uzbequistán y Turkmenistán, el de Kyzy-Kum en Turkmenistán y Kazakhstan, el desierto iraní, el de Taklamakan en China y el desierto de Gobi que invade con sus estepas China y Mongolia. Por último, la modalidad de desierto polar, que es el más extenso: el del Ártico, compartido por los EEUU, Canadá, Groenlandia, Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia, con nieve, glaciares y tundra; y el desierto de la Antártica constituido sobre una plataforma helada. Esta clasificación sólo pretende ordenar por grupos lugares que se sitúan en diferentes partes del mundo, pero que presentan características comunes y que se pueden asociar para establecer ciertas relaciones que permiten completar la información obtenida a raíz de una exploración de uno o más especies de espacios, que con frecuencia desmienten la mayoría de tópicos derivados de la identificación de lo que se supone un desierto. La definición de desierto suele coincidir con la de un ecosistema en el que predomina la aridez del terreno a causa de la escasez de precipitaciones, aunque la vida no está ausente, y a menudo las dunas arenosas comparten el espacio con una vegetación resistente a la falta de humedad que crece entre las rocas. La uniformidad de los desiertos es desmentida por la existencia de una variedad como la que se ha mencionado y por una orografía que depende de las condiciones climáticas a menudo extrema según las horas del día. A pesar de su distribución en la superficie de los cinco continentes y de las distancias que hay entre ellos, constituyen la masa más extensa del planeta, ocupando una superficie total de 50 millones de Km 2, lo que equivale a un tercio de la superficie terrestre. Los desiertos pueden presentar diferentes modalidades de suelo y contener valiosos depósitos de minerales y sus formaciones pueden haberse visto influidas básicamente por los procesos eólicos o de erosión, pese a ser un terreno pródigo en la preservación de artefactos humanos y fósiles. Las clasificaciones de los desiertos en tipos suele atender al número de lluvias por año, a la cantidad pluviométrica anual, la temperatura, la humedad y otros factores. En 1953, Peveril Meigs dividió las regiones desérticas de la tierra en tres categorías, según la lluvia que reciben. Así, los terrenos extremadamente áridos son los que tienen doce meses consecutivos sin lluvia, los áridos, que tienen menos de 250 mm de lluvia anual y los semi-áridos tienen una media de precipitación anual entre 250 y 500 mm dando lugar en algunos casos, como en el Gobi, a las estepas. Los desiertos se someten a una clasificación por su localización geográfica y patrón climático: los desiertos en regiones de vientos alisios, como el Sahara, cuya temperatura asciende fácilmente a los 52º C. [ 23 ] Estos vientos se producen en dos franjas del globo divididas por la línea del Ecuador y se forman por el calentamiento del aire en la región ecuatorial; los desiertos de latitudes medias, entre los paralelos 30º y 50º N y también en la misma franja en el hemisferio sur, en zonas subtropicales de alta presión atmosférica; los desiertos que se constituyen gracias a las barreras de aire húmedo que forman las cordilleras montañosas; los desiertos ubicados a orillas del mar están muy influidos por las frías corrientes oceánicas paralelas a la costa; los desiertos de monzón, palabra árabe para estación climática, son aquellos que favorecen el sistema de vientos conocido por monzones que responden a las variaciones de temperatura entre continentes y océanos, como se desprende de los fenómenos asociados al desierto de Rajastán en India o de Thar en Pakistán; los desiertos polares que cubren un área de más de 90 millones de Km 2 no se caracterizan por las dunas de arena, sino por las dunas de nieve, la lluvia y la nieve pasan por un proceso de congelación y deshielo que generan una importante dependencia estacional; los paleodesiertos son los que conservan restos fósiles de hasta 500 millones años de antigüedad, a la vez que hay antiguos desiertos convertidos en selvas tropicales húmedas. A este ordenamiento, se suman los desiertos de Marte, considerado como el único de los planetas del sistema solar en el que se han identificado fenómenos eólicos, que son la causa de la circulación atmosférica y de la formación de mares de arena que pueden llegar a alcanzar una extensión de más de 5 millones de Km 2. Contra las convenciones que describen el desierto como un lugar sin norte ni sur, carente de vegetación y de vida orgánica, hay muchos habitados no sólo por una fauna y una flora resistentes a la dura intemperie, sino también por tribus nómadas o pueblos como los que transitan por el Gobi o los que ocupaban las oficinas

24 de las salitreras en Atacama. En la presentación del proyecto, no sólo se aportan visiones de los espacios inconmensurables de estas regiones de la tierra, sino también de la fauna y de sus habitantes. Los testimonios orales que se han recogido constituyen un documento de primera mano para oír las reivindicaciones que hacen sus habitantes del abandono que experimentan por parte de la autoridad competente. Los desiertos no son los paisajes idílicos en los que queremos creer a veces para identificar lugares donde la civilización no ha impuesto el pacto social, sino sitios en los que la intervención del hombre no ha conseguido ejercer el control de la naturaleza. Las expediciones que se han hecho y se hacen a los desiertos terrestres demuestran las dificultades que se han de superar para la travesía de estos sitios inhóspitos a menudo bajo temperaturas extremas de día y de noche, luchando contra los vientos adversos y en condiciones muy precarias. No deja de sorprender que la artista se empeñara en unir dos expediciones situadas en países tan distantes entre sí y en hemisferios o latitudes opuestos. El sentido de esta doble proyección residía para ella en el hecho de poder dar continuidad a una exploración que se iniciaba en un lugar de la tierra nunca antes visitado y a otro, del cual tenía información, por estar situado en su país de origen, y en el que había hecho algunas incursiones esporádicas. Por otra parte, lo que la impulsó a establecer vínculos entre un territorio y otro fueron las diferencias que intuía entre estos tipos de espacios y la fascinación que experimentaba por la idea misma de desierto a la que sumaba el hecho de que uno de ellos estuviera ubicado en China y el otro en Chile. Esto le proporcionó instrumentos para organizar un sistema de analogías y comparaciones mediante el cual trataría de integrar ambos sitios y los fenómenos que los caracterizan, identificando las constantes comprobadas en el transcurso de sus recorridos. [ 24 ] Peter Wild, profesor de la Universidad de Utah, abordó hace unos años la tipificación del desierto desde la literatura en The Desert as Literature: A Survey and a Sampling 4, observando la atracción ejercida por los desiertos en escritores, novelistas, poetas y artistas en los dos últimos siglos. Para él, autores como Pierre Loti, Albert Camus o el escritor norteamericano Edward Abbey, muestran el impacto que el viaje al desierto ha ejercido sobre su obra. No obstante, Wild se apresura a diferenciar la anterioridad con la que se producen los descubrimientos de los desiertos, remontándose a los pioneros que, como Marco Polo, atravesaron Asia Central y conocieron el Imperio Mongol, pese a insistir particularmente que en el mundo occidental la literatura del desierto ha tenido mayor influencia en Europa que en EEUU, donde el autor destaca el sentido pragmático y utilitario de las expediciones hasta la publicación del texto The Desert de John C. Van Dyke ( ), donde se podía apreciar la sensibilidad por la belleza de este espacio natural. Por el contrario, desde hace más de dos siglos, los viajeros franceses, suizos, noruegos, ingleses o alemanes en su mayoría, buscaban en el desierto lo exótico, la soledad, el silencio, el vacío y la Nada. La posibilidad del descubrimiento y la de ser testigo único de visiones que la imaginación o la fantasía habían asociado a la palabra desierto, un lugar árido de temperaturas insólitas, donde la naturaleza se manifiesta con toda su violencia o en toda su quietud. La sorpresa juega a favor del que investiga sus estados de ánimo y los compara con las variaciones que presenta la naturaleza extrema en un período de tiempo que no supera las veinticuatro horas. 4. Peter Wild, en el número 35 de primavera/verano de la publicación periódica Aridlands, Los desiertos en la Literatura, cuya continuidad se dio en el segundo volumen de esta publicación editado en 2001, coincidiendo con el número 49, de mayo/junio, dirigido por Katherine Waser. ARIDLANDS es una publicación especializada en la investigación multidisciplinar en este campo cuya sede se encuentra en el Colegio de Agricultura y Ciencias de la vida de la Universidad de Arizona. 5. Gustave Flaubert es uno de los claros exponentes de la literatura de viajes del siglo XIX, tal como se descubre en El Viaje a Oriente, publicado en Ediciones Cátedra (Anaya, Madrid, 1º ed., 1993) y en la correspondencia que escribe en el transcurso del mismo. El orientalismo de Flaubert responde a los prejuicios más extendidos en la época, pese a que él intenta librarse de los tópicos y generalidades que lo alimentan mediante una escritura subjetiva donde deja ver que sólo le interesa el conocimiento del otro y de sus paisajes, empleando una forma de narrar sólo comparable con el procedimiento de las técnicas pictóricas más descriptivas. 6. Pierre Loti es un clásico moderno que inicia una nueva forma de narrar en el género contemporáneo de la literatura de viajes. El Desierto es una obra de referencia que aporta una información claramente referida a la experiencia subjetiva del escritor narrador que hace el viaje. La noche y el día a menudo constituyen la representación de los opuestos en términos absolutos. Pierre Loti ( ) es uno de los primeros que se sitúa en la tradición de la literatura de viajes después de Nerval o de Flaubert, en cuyo Viaje a Oriente 5 se pueden encontrar descripciones muy afines a las que vemos en la obra de escritores posteriores, y que supuestamente propone una lectura moderna del desierto anteponiendo las vivencias del sujeto sensible en contacto con una Naturaleza que no se deja ordenar a los tópicos del orientalismo colonial. Le Désert 6 se publicó en 1984 y al cabo de algo más de un siglo sigue siendo un libro de referencia para la narrativa occidental sobre los desiertos. Loti hace descripciones sublimes del infinito vacío azotado por los vientos fríos o cálidos según la hora del día y el placer que experimentan al abandonar sus hábitos europeos para disfrazarse de jeques árabes, con el fin de hacer compatibles la adecuación al lugar por el que han de transitar y la resistencia a las inclemencias de una intemperie dura y agresiva. Cuando se viaja durante tres días por una llanura sin agua, siguiendo la huella vaga de hombres y animales que en el transcurso de las diferentes edades del hombre han atravesado las arenas secas del desierto, inevitablemente se pone a prueba cualquier idea preconcebida acerca del mundo y de la existencia. Loti hace referencia a los camellos y al monótono balanceo de sus cuerpos al caminar, el color cambiante de las dunas de arena, la desaparición de todo signo de vida ni pájaros, ni insectos, ni siquiera las moscas que

25 están en todas partes. Compara los desiertos terrestres con los desiertos marinos, para observar que mientras los primeros suelen ser estériles y la Muerte los cubre, los segundos muestran una vitalidad extraordinaria con la flora y la fauna marina que habita en las profundidades de sus lechos. No obstante, a favor de los desiertos terrestres, comunica que a la vez se tiene la impresión de encontrarse en el mundo antes de la creación, en este lugar que imaginamos como el mundo antes del mundo. Todo lo que recibe del mundo exterior se transforma en una relación que integra su ser en el de la Naturaleza, lo que atribuye al hecho de percibir con toda la claridad de una iluminación pura, sin obstáculos, las formas de las cordilleras y de todos los elementos como si no hubieran sido tocadas, recogiendo la impresión de ser el primero que comprueba el carácter eterno de las cosas. El escritor se refiere al esplendor geológico del mundo antes de la creación, antes de que la mano del hombre lo transforme. Las palabras intentan traducir la intensidad de las sensaciones que se superponen y proyectan lo que ve. El autor se entrega a la soledad del paisaje para sentir más profundamente el paso de las horas, el atardecer con los camellos alrededor de las tiendas y la llegada de la noche donde el silencio es comparable a la muerte como un mar de tierra imperturbable. Loti hace alusión al terror que experimenta ante la profundidad de los abismos cósmicos que cree percibir como si se tratara de una experiencia religiosa. El gran desierto de Arabia es comparado con un océano llano, que sorprende a cada instante por los incesantes espejismos que se hacen visibles haciéndole, no obstante, decir que es la tierra en la que nada cambia el verdadero Oriente, inmutable en su polvo y en sus sueños. Allí, donde el desierto de Arabia despliega la estela infinita de su rojiza desolación. En la contemplación del cielo azul, la soledad profunda del gran desierto de Tih habitado por las tribus de beduinos salvajes imagina las caravanas de más de treinta mil peregrinos que van a la Meca todos los años. Nuestros dromedarios, excitados por la amplitud de este espacio abierto ante ellos, alzan sus cabezas y huelen el viento, cambiando el paso lánguido por algo que se parece más a una carrera. Se trata de identificar todos los síntomas que indican una posibilidad para definir el lugar que se convierte en territorio cuando se ocupa incluso transitoriamente. Los cambios de color del paisaje, la temperatura, la velocidad del viento, las marcas de la tierra, cualquier variación en la presunta estabilidad de la región, son objeto de observación incesante para el viajero que se propone registrar todo lo que ve. La mención del término desierto parece ejercer a menudo una enigmática fascinación que se suele sobreponer a cualquier clasificación de las diferentes modalidades toponímicas y geográficas sugeridas o contenidas en ésta, como las que se han citado, por cuanto su descripción se presta a una especie de intertextualidad, mediante la cual se generan alusiones referenciales que amplían incisivamente la capacidad significante. La pronunciación de esta palabra, con independencia de su localización sensible, evoca por sí misma un paisaje que se repite en varios lugares de la tierra ocupando grandes extensiones, al igual que si se tratara de océanos terrestres deshabitados; pero también alude a un estado de ánimo, una experiencia subjetiva del orden y a una percepción del vacío y de la Nada. El desierto siempre ha alimentado un imaginario ávido de aventura y libertad, que busca en los espacios representados por este término un refugio ante los obstáculos de la vida cotidiana. La naturaleza se presenta en estado puro, como en la selva, los bosques inexplorados, los océanos y mares abiertos, los glaciares blancos, aunque su experiencia en la realidad no sea tan idílica ni liberadora, por cuanto su imagen puede transformarse fácilmente en una abstracción que admite las formas de la plenitud o del vacío, de la vida y de la Muerte. Hay que estar preparado para afrontar las expresiones o manifestaciones de una naturaleza indomable, cuyo poder de seducción es una constante desde la literatura romántica que fomenta al viaje y al conocimiento de las ruinas del pasado hasta la narrativa actual, donde se registra la condición nómada de los sujetos que viven en el libro. Obviamente, cualquier generalización está destinada al fracaso, porque cada uno de nosotros somos la excepción para nosotros mismos y nuestra percepción se propone como única e irrepetible. Lo cierto es que más allá de la experiencia subjetiva, la descripción del desierto se obtiene a partir de una coincidencia de opiniones que hacen alusión a sensaciones e impresiones experimentadas a raíz del contacto sensible con lo real y la realidad, donde se pone de manifiesto la verdad del desierto, la cara y cruz de sus paisajes con independencia de las diferencias que cada uno exhibe tal como son percibidas por el sujeto. [ 25 ] The Desert de John C. Van Dyke 7, publicado originalmente en 1901, es considerado en EEUU como uno de los libros que compiten en la cumbre de la literatura de viajes del siglo XX. Se trata del desierto que ocupa partes de California, Nevada, Baja California, Arizona y Sonora. Otras geografías distantes de las que nos ocupan aquí, pero cuya característica común es lo desértico, sin que esto signifique siempre una llanura que sólo alteran dunas arenosas formadas por los vientos agresivos que pueden atravesar estas regiones. Pese a que según este autor lo que determina el aspecto del 7. John C. Van Dyke registró sus descubrimientos en el libro The Desert, que la Arizona Historical Society reeditó en 1976, considerado como un largo poema en prosa y a la vez como una de las obras más relevantes de la literatura publicada sobre los desiertos. Para este autor, la caracterización de sus paisajes se debe atribuir al agente agua, cuya escasez impide cubrir de vegetación. Para que el lector lo entienda, trata de hacerle imaginar qué sucedería si en el sur de Francia sólo lloviera dos veces al año y esto sucediera durante veinte años. Al final, dice, se parecería al Sahara y un río como el Rhone sería igual que el amarillento y fangoso Nilo.