ALEJANDRO GALARRETA 3

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4 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA ALEJANDRO GALARRETA ISBN: Depósito legal: lf Impresión: Corrección de textos: Dolores González Zuleida Bohórquez Héctor Salas Diseño de carátula: Pixel Graphic, C.A. Diseño y diagramación: Doris Vásquez Suárez Primera edición: mayo de 2007 Impresión: 1000 ejemplares Reservados todos los derechos Impreso en Venezuela - Printed in Venezuela 6

5 SUMARIO PRÓLOGO 13 NOTAS PARA EL LECTOR 17 CAPÍTULO 1 MEMORIAS DE UN HOSPITAL 23 ANTECEDENTES 23 HOSPITALES ANTIGUOS 25 HOSPITALES MODERNOS 40 CAPÍTULO 2 MEMORIAS DE UN SERVICIO 49 ACTIVIDADES ASISTENCIALES EN EL SERVICIO DE UROLOGÍA 50 ACTIVIDADES DOCENTES EN EL SERVICIO DE UROLOGÍA 101 ACTIVIDADES RECIENTES EN EL SERVICIO DE UROLOGÍA 114 MEMORIAS DE UN POSTGRADO 123 El POSTGRADO EN UROLOGÍA DE LA UCLA 124 EMBLEMA DEL POSTGRADO 129 CAPÍTULO 3 CRONOLOGÍA DE LOS URÓLOGOS EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA 135 ANTECEDENTES 135 URÓLOGOS DEL SERVICIO DE UROLOGÍA 139 URÓLOGOS EGRESADOS DEL SERVICIO DE UROLOGÍA 155 URÓLOGOS EN FORMACIÓN 162 REFERENCIAS 163 7

6 A la que ha dado valor a mi vida. Lola. 9

7 Hijo; creciste con la pura y cristalina savia de lo más tierno de mi amor. 11

8 Si tu historia no te cautiva, serás como la minúscula hoja que después de caída no sabrá que formó parte del cují. Dolores González. PRÓLOGO a lectura de esta magnífica recopilación histórica realizada L por Alejandro Galarreta, ha sido una agradable sorpresa, porque no se trata simplemente de una descripción cronológica de la urología y de sus hombres en Barquisimeto, sino por ser un ensayo que toca la colonización española y la fundación de los primeros hospitales que dieron origen al Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, mostrándose al Servicio de Urología con las vicisitudes en el tiempo, en una semblanza escrita con sencillez, elegancia y humor. 13

9 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Esta obra evoca la lucha de una América hispana por encontrar su propio destino, multiétnica y multicultural, mestiza de alma y de piel, buscando febrilmente un lugar en la historia que le será dado. Al juzgar su contenido, las prestaciones sociales en los primeros hospitales, se amparaban en la gestión llevada por el Estado, en la voluntad benéfica de la empresa privada, organizaciones religiosas, o en los hombres y mujeres que con su amor al prójimo hacían causa común. Recuerdo al viejo Hospital de los Andes en Mérida, en donde las religiosas coordinaban el trabajo médico asistencial en las salas de hospitalización, dando calor humano para el consuelo de sus pacientes. La Venezuela actual, enfrenta grandes retos: lo complejo de la medicina moderna, el incremento de la población y la demanda en los servicios médicos, las condiciones socioeconómicas y el impacto en los índices epidemiológicos, la dotación insuficiente de hospitales, la necesidad de formar recursos humanos para el sector salud, la reforma curricular en las escuelas de medicina; con ciertos problemas visibles que afligen directamente al sector salud, obligando al Estado a establecer políticas de seguridad social y leyes que actualmente están en discusión. Las instituciones no gubernamentales de turno, apenas están enteradas de los alcances y características del marco legal diseñado para tal fin, por lo cual, se han visto en el apuro de solicitar ideas para reglamentar y elaborar estatutos dentro del precepto constitucional que establece la gratuidad de los servicios médicos. Contrariamente, la medicina nacional y sus especialidades, han alcanzado el nivel de excelencia en América Latina. La urología en Venezuela es una especialidad modelo a nivel internacional,debido al atributo de sus urólogos y al prestigio de las instituciones que la representan. Ésto ha sido posible por la dedicación de los médicos al estudio, esfuerzo asistencial, ejercicio docente y a la investigación clínica que practican, aún sin la ayuda de los organismos oficiales, también, por desarrollar instituciones médicas privadas que cubren 14

10 el déficit de un Estado que cuenta con profesionales de la salud cuya dedicación al trabajo no ha sido reconocida enteramente por el país, sin embargo, cumpliendo sus labores miran con preocupación la innecesaria contratación de médicos extranjeros no explicada ni sostenida con firmeza. Por eso digo, que sólo mediante la concertación democrática progresan las naciones. Es apremiante para la medicina venezolana, encontrar un mecanismo que permita armonizar los programas destinados a la formación de médicos egresados de las universidades autónomas y homologarlos con los programas médicos del gobierno nacional, no hacerlo, generaría dificultades de convivencia institucional, anarquía y alteraciones en la calidad del acto médico. El Servicio de Urología en el Antonio María Pineda, es la historia del esfuerzo y dedicación de sus médicos por obtener un presupuesto adecuado, por disponer de recursos tecnológicos de vanguardia y por realizar una enseñanza dentro del binomio indivisible asistencia más docencia. Al igual que el impulso generacional vivido por el Servicio de Urología, bajo la conducción del Dr. Antonio Arturo Sosa, el cual le ha permitido convertirse en un centro nacional de referencia, además de ser la sede de uno de los Postgrados Universitarios con mayor futuro en el ámbito nacional. Naturalmente, ha sido una distinción haberme invitado a escribir este prólogo, un gesto cordial de Alejandro Galarreta, con quién me he relacionado desde finales de los años setenta, impresionándome su alta vocación urológica, la sencillez y la amabilidad en su trato, aquel que con una personalidad heredada de los incas, se asomó a tierras venezolanas donde encontró su hado profesional y humano, dándole cause a su creatividad musical y artística, para el beneplácito de su patria adoptiva: Venezuela. Hugo Dávila Barrios. Caracas, Venezuela,

11 "En lengua navajo no hay palabra con significado Occidental "historia". Nuestra historia no tiene tiempo ni fecha específica. Es un proceso indeterminado. Es contada una y otra vez". Navajos. NOT OTAS AS PAR ARA A EL LECTOR A juzgar por lo que sucede en el presente, la historia, como cualquier otra ciencia, presume de ser imparcial, aunque su débil prestigio le venga de ser contada o escrita por el hombre de mil maneras. Debo advertir que cuando ésta camina mesurada junto a la verdad, crea los argumentos que dependen única y exclusivamente de la investigación científica y de las pruebas irrefutables que se presenten y no de lo que hoy en día pueda considerarse correcto. Gracias a las costumbres heredadas de los grupos indígenas ve- 17

12 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA nezolanos, junto a la investigación antropológica, arqueológica y crónicas del pasado, se han podido dilucidar los hechos acaecidos y predecir sistemáticamente lo que podría acarrear el futuro. Así se explica, cómo a través de los acontecimientos fruto de la conquista, de la colonia y de la etapa republicana, se pudo enriquecer con creces la historia y los hábitos de la medicina centroccidental, razones para que un hospital como el Antonio María Pineda, sea un organismo vivo en el que sus médicos siguen con orgullo la tradición de sus antecesores. El Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, tiene sus antecedentes en los hospitales de Santiago, de San Lázaro y de La Caridad, siendo nosocomios que estaban situados en el Estado Lara y que en alguna época precedieron con orgullo a este moderno centro de salud. Estos fundamentos son determinantes para considerarlo como el sanatorio en el que sólo una persona que cotidianamente haya convivido con los insignes forjadores de su historia, estaría apta para contarla. Pero uno llega a preguntarse, si un sujeto en mis condiciones calificaría para reseñar la soberbia historia de su leal Servicio de Urología? Yo que la viví únicamente durante el incierto despertar de su segundo período sobre seguro mi conciencia me diría, que si lo hago unido a los colegas que me indujeron que la contara, aprenderíamos a querer mucho más a este Servicio y a conocer de dónde brotaron nuestros primeros y modestos conocimientos urológicos. Entonces, estaría buscando en años de historia y de proyectos asistenciales y docentes, indagando cuál fue la forma utilizada que cambió la suerte que corría el Servicio de Urología en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, escudriñando también en las primeras luces que con su leve resplandor alumbraron a la urología en el Hospital La Caridad hasta su total transparencia en la nuestra. Esta es una búsqueda que nos conducirá a rastrear a las personalidades más relevantes de su historia, sobre quienes aún quedan muchas incógnitas por conocer. Estos escritos reflejan la tradición de nuestro Servicio, colosal en 18

13 todas sus dimensiones, por lo que tendrán que percatarse los colegas con cierta inquietud hacia la historiografía, que el método usado para estudiar su pasado es el de la revisión histórica, una técnica que permite manipular los datos obtenidos de las fuentes directas y la interpretación de los mismos, con cierto subjetivismo. Lejos de pretender que mis artesanales apuntes se aproximen en lo más mínimo a un apócrifo libro de anales, mi deseo es dar a conocer, en este primer ensayo histórico, los hechos acaecidos sin tomar en cuenta el hilo que nos conduzca a las profundidades de una investigación histórica científica. Estoy consciente que tal vez de ese modo, se hubieran aclarado ciertas lagunas dejadas en el contexto social y político que vivió nuestro Servicio; sin embargo, se hacía necesario difundir en este volumen, el esfuerzo de un grupo de jóvenes urólogos quienes con su gran voluntad y deseo de superación, pudieron a lo largo de veinte años enrumbarlo hacia una especialidad urológica con mejor aplicación. Y esto es lo que intento con este ejemplar, al concebirlo con un ritmo más cercano a la crónica que a la frialdad del texto académico. Asimismo, no se debe olvidar, que una institución dedicada a la salud no está catalogada solamente por la calidad de sus recursos materiales, por sus insumos quirúrgicos de avanzada, por el sofisticado arsenal de instrumentos tecnológicos, por aquellos cómodos y lujosos ambientes para su disfrute o por los profundos conocimientos y destrezas desarrollados por sus galenos. Las instituciones y más aun un Servicio de Urología, no son nada más los equipos modernos de laparoscopia, ni los de percutánea, tampoco los futurísticos aparatos de la robótica, mucho menos los lujosos y cómodos ambientes atemperados para los médicos y sus pacientes. Un Servicio Urológico lo constituyen las personas que, con la solidez de sus valores humanos y con los deseos de querer hacer bien las cosas, forjan a estos organismos. Pues bien, no es el propósito, y temprano debo advertirlo, hacer de la fascinante historia del Servicio de Urología, un molde perfecto a punto de una obra de arte, sólo hay pretensión de que en su natural 19

14 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA y noble crónica, se descubran aquellos orígenes que se remontan mucho más allá de los años cincuenta, juzgando al mismo tiempo el verdadero núcleo generador de su descrédito que costó superar a finales de los ochenta. Esa buena reputación que con dificultad ha sido construida nuevamente, ahora vivirá para siempre en él, no sólo por manejar a su talento humano con honestidad, sino por estimular la convicción en cada uno de sentir que se le está tratando con equidad. Como todo trabajo intelectual, este ensayo histórico me ha permitido desarrollar su metodología en tres capítulos, en los que presento los siguientes aspectos: las circunstancias socio-económicas, la generación en sí misma, así como los acontecimientos acaecidos durante esos lapsos. El Capítulo Primero enrevesado en estos desatinados párrafos, se abre consciente de tener que investigar la vida de un añejo hospital. El Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, una institución con un pasado glorioso al que después de años de historia, el tiempo le ha revelado que no hay mayor victoria que la de mantenerse en pie. Se plasman los hechos más importantes acontecidos durante la construcción del primer hospicio, procurando describir los anales de cada reconstrucción arquitectónica de antaño, y analizando con cuidado los eventos que sucedieron para que se produjera la modernización de sus edificios en los antiguos hospitales que con honor le precedieron a lo largo de su historia. En el Capítulo Segundo, se llevó a cabo una descripción puntualizada de los hechos acaecidos en las memorias del Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, desde sus orígenes hasta la actualidad, elaborando un responsable análisis de las figuras que con sus obras se vieron involucradas en la parte más oculta de su historia, describiendo además, los resultados de aquellos planes y proyectos que se pusieron en marcha y que el tiempo estableció su cotidianidad en el Servicio. La relación de esos hechos se hizo con tal imparcialidad, que fue posible localizar cada 20

15 aspecto para poder detallar la información que se dividió en dos períodos de tres y dos décadas cada uno, para continuar, con un pequeño cuadro sinóptico de los médicos pasantes y con los testimonios de las actividades recientes del Servicio, labor que deja al desnudo sin querer a esa institución. Las memorias del Postgrado en Urología de la UCLA, se inician con un recuento de los acontecimientos académicos surgidos en el Servicio de Urología durante los últimos veinte años, los que se relatan en tres facetas que abarcan desde su principio hasta discurrir sobre una futura etapa de esta especialidad. Además, se estudia la evolución, paso a paso, casi minuto a minuto, de la Residencia Asistencial Programada en Urología, que concluye cuando se convierte en un Curso de Postgrado Universitario a cargo de la prestigiosa Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado; terminando en un enfoque del emblema creado especialmente para el Postgrado en Urología de la UCLA, institución enclavada en esta próspera ciudad crepuscular. Al Capítulo Tercero le corresponde los aspectos cronológicos de aquellos personajes que por razones obvias, hicieron de la urología en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, su historia personal. Se les impone a esas selectas personalidades un repaso concreto de sus ocupaciones profesionales tanto en lo público como en lo privado, haciendo énfasis en algún hecho trascendental de su vida personal. Se menciona también el dinamismo de los profesionales egresados del Servicio, describiendo su carrera basada en un currículo académico suscinto, así mismo, a los urólogos en formación quienes a pesar de su corto tiempo están acompañando aún con fe y entusiasmo al Servicio. Nadie podrá negar entonces, que el Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, es un cuento con final feliz de los que no se encuentran ya en tiempos modernos, que se debe entre otras cosas a la incorporación progresiva de un conjunto de jóvenes urólogos, de muy distintas escuelas de vanguardia, 21

16 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA que han sido capaces de actuar bajo una misma filosofía basada en valores humanos como la fraternidad y el compañerismo, encontrando exactamente el denominador común que hace que las instituciones funcionen y que un país crezca. Por último, haré una reflexión final, dirigida exclusivamente a las jóvenes generaciones en vanguardia y a las del futuro. No exagero si les digo que pasé dos años de mi vida con estos obcecados recuerdos girando en mi mente y que de pronto surgen de ella como una necesidad imperiosa de darlos a conocer por medio de estos nostálgicos apuntes, no para dejar únicamente reafirmada nuestra rancia dinastía urológica larense, sino para que sean utilizados por las generaciones venideras como un sencillo texto de referencia donde conseguirán analizar los cambios que pudieron ocurrir en un Servicio, en el que sólo se practica una enseñanza urológica de modesta calidad, sustentada en los valores humanos. Y si algo queda, no es el silencio, son nuestros egresados que testimonian el prolongado itinerario de cierta obsesión llamada urología. 22

17 Historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.... Cervantes, Quijote, I. IX. Esta es una historia que se repite como se repiten las estaciones y los actos fallidos. Gian Franco Pagliaro. CAPÍTULO 1 MEMORIAS DE UN HOSPIT OSPITAL AL Antecedentes os historiadores modernos sostienen que las Américas se L poblaron gracias a las tribus migratorias que se desplazaban en todas direcciones. Sostienen también, que los españoles agotados tras la búsqueda del áureo metal en las tierras de Buría, se establecen en la árida planicie que se confundía a lo lejos con el generoso Valle de Quíbor o Quíboc, cuyo declive de Oeste a Este es originado por la diferencia de 630 y 520 metros sobre el nivel del mar. Al Oeste, tierras de fructíferas cosechas para los xaguas, sedentaria población indígena de relativo desarrollo; al Este, Nicolás 23

18 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA de Federman relata en sus escritos, Historia Indiana, que para el año 1531, los caquetíos eran todavía asentados pobladores de los territorios conocidos como Variquecemeto y Vararida, quienes con gran esfuerzo implementaron canales de regadío para sus suelos, logrando con éxito un importante desarrollo comercial y agrícola para sus tierras; regadíos cuya fuente provenía de un río turbio que con sus aguas grisáceas serpenteaba hasta abrazar el Orinoco sobre el ancho y fértil Valle de Las Damas. Río denominado Barici, el conductor de aguas cenicientas, que le deja el nombre propio a la ciudad. En el momento de consolidar el Viejo Mundo su conquista en las Américas, según relata el médico sanitarista e historiador Ricardo Archila Medina, la España de esa época se encontraba adelantada y por muchos años a las otras potencias colonizadoras del mundo: la única razón, radicaba en la capacidad de edificar y organizar centros de salud para las poblaciones diseminadas dentro de sus esparcidas colonias. Los degredos que existían para entonces, consistían en improvisados ranchos levantados en suelos áridos, escarpados y baldíos, expuestos a la soledad e intemperie, dentro de los cuales como era su propósito, retenían a los enfermos para impedir su llegada a las ciudades, lo que era una lucha constante tratando de prevenir las epidemias agudas que se presentaban. El mismo autor, menciona que uno de los degredos más conocido por su capacidad en la región centroccidental, estaba ubicado a unas 20 leguas de la propia entrada a Barquisimeto, la cual tenían obligatoriamente que atravesar aquellos viajeros que deseaban trasladarse a la ciudad. El primer hospital fundado en América correspondió al de San Nicolás de Bari en 1502, en Santo Domingo, mucho antes que el Hotel-Dieu de Precieux Sang de Québec (1637), la enfermería en Manhattan (1663) o el hospital de Filadelfia (1742). España prontamente estableció normas sanitarias para sus territorios de ultramar, a través de las Leyes de Indias. Entre 1502 y 1509, los reyes católicos dictaron instrucciones precisas en el sentido de incluir en el proceso 24

19 de fundación de pueblos, no sólo a los edificios de la iglesia y el ayuntamiento, sino también los de hospitales tanto para cristianos como para indios. Las Leyes de Indias, en el Título IV del Libro I, recogen las sucesivas disposiciones reales acerca del funcionamiento y erección de estos establecimientos en los territorios del Nuevo Mundo conquistados por España. Hospitales antiguos: Hospital de Santiago ( ) Barquisimeto, como ciudad colonial, cobra especial relevancia años después de aferrarse con solidez en su crepuscular planicie, aceptando que el asentamiento hubiese sido entre los meses de mayo a septiembre de 1552, ya que el acta de su fundación no se encuentra. Sin embargo, consta en la Relación de Alcaldes de la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, que el primer hospicio del cual se tiene noticia, es el de Santiago de León, construido 73 años después de la llegada de Cristóbal Colón a las Américas. Éste era un centro público de carácter religioso, organizado en el interior de la Casa Episcopal y con mezcla típica de hospital y asilo, dedicado a cuidar a los enfermos menesterosos y viajeros que deambulaban frecuentemente por la región. Estaba subvencionado con el dinero de la Iglesia, atendido por curas y vigilado por los esclavos negros, como lo señala el único y versado amanuense del obispo Juan José Guzmán. Fue posteriormente cuando se fundó y se bautizó con el nombre de Hospital de Santiago por el clérigo Pedro del Castillo, fervoroso apelativo de aquella época que se destinaba a la mayoría de hospicios de su categoría. Hospital de San Lázaro ( ) Hubo, con toda seguridad, sobradas razones para que el Hospital de Santiago haya sepultado viva su situación en aquella época, puesto que el 2 de enero de 1579, le fue conferido el nombre de Hospital de San Lázaro conocido también con el nombre de Hospital 25

20 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Real de Barquisimeto. Permanece en pie hasta su destrucción por el terremoto de 1812, hechos primarios que fueron consignados en la Real Cédula del año 1575, según el relato de Humberto Arias Bello. Plano del Hospital Real de Barquisimeto. Cortesía del Dr. Segundo Ceballos. Para el año 1768, el hospital Real de Barquisimeto se mantenía con los censos de un capital de pesos, que producían anualmente 478 pesos, 5 reales y 9 maravedíes, además de recibir el noveno y medio de los diezmos de tres veredas: La del Río, la de Guararute y la del Valle, algo más de mil cien pesos en total, pero que se adeudaban. El hospital tenía cinco camas o catres, una de ellas muy vieja; tres colchones de coleta y uno de listados, rellenos con paja o 26

21 lana; cinco almohadas, una de angaripola y las demás de listado; tres fundas, dos de ruan florete; seis sábanas de igual material; ocho colchas de bayeta y dos cortinas de listado para cada cama. El cupo era para cinco enfermos y si había espacio, se podía dar posada a pobres forasteros, pero este cupo se reducía si la renta no alcanzaba. Es bueno recordar, que la medicina centroccidental venezolana de los años 1800, solamente la ejercían los barberos, curanderos, sangradores, practicantes y curiosos, siempre y cuando hubiesen mantenido activa una autorización previa, destacando entre ellos y en esa oportunidad, los señores Juan Azas y Douperon. El ejercicio de la medicina estaba bajo la licencia de las autoridades gubernamentales de turno. Se menciona en muchos escritos que el licenciado Antonio María Pineda Ayala, fue el primer médico español en llegar a la ciudad de Barquisimeto en el año 1832, y que al poco tiempo de radicar en esta ciudad, se convertiría en el padre del distinguido abogado Antonio María Pineda Sanabria, quien fuera presidente de la Facultad de Ciencias Políticas del Colegio Federal de Primera Categoría, y éste a su vez, sería en el futuro el padre del doctor Antonio María Pineda Bujanda. Hospital La Caridad ( ) Al despertar el siglo XIX, ya habían transcurrido los primeros 26 años del terremoto que produjo el derrumbe parcial de la arquitectura urbana en Barquisimeto. El 20 de noviembre de 1838, surge la idea de reformar una casona de bahareque, techo de teja y caña brava, como un anexo que detentará la distinción de un moderno centro de salud y que se encontrará dotado completamente para la buena atención de sus pobladores: el antiguo Hospital La Caridad. La Diputación Provincial del Estado contrariamente a lo pautado hace uso del dinero recaudado de múltiples eventos benéficos efectuados por la comunidad y concreta, poco a poco, su total amplia- 27

22 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Plano para la construcción del antiguo hospicio. Cortesía del Dr. Segundo Ceballos. ción, quedando el mantenimiento de ese centro de salud, a la buena voluntad económica que dispusiera dicha Diputación. Esta ampliación se realizó sobre tres lotes de terreno cuyas construcciones habían quedado destruidas por el terremoto del 26 de marzo de 1812; y que pertenecían al antiguo Hospital de San Lázaro, a la cárcel pública de Barquisimeto y a la casa de una distinguida familia de aquel entonces. El hospital comienza a funcionar con cuatro camas disponibles para ser ocupadas por los pobres, por los sin techo o por los viajeros de provincias cercanas que no contaban con alojamiento en la ciudad. Hospital La Caridad, nuevo hospital. Cortesía Dr. Segundo Ceballos. 28

23 Hospital La Caridad, en construcción Cortesía del Dr. Segundo Ceballos. Hospital La Caridad, bosquejo de fachada. Cortesía del Dr. Segundo Ceballos. Luego de cuarenta años de funcionamiento de este hospital, antaño llamado San Lázaro, el cual dejó huella en el espíritu de los doctores Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio, quienes con su amplia visión de futuro científico, promueven desde la Universidad Central de Venezuela el desarrollo de las actividades científicas y en consecuencia, la organización y construcción de otros hospitales en el interior del país, y al colaborar desde Caracas estimularon la reconstrucción de ese viejo y desmedrado Hospital La Caridad en Barquisimeto. Finalmente, el presidente del Estado, Don Fabricio Jacinto Lara, por decreto del 25 de marzo de 1877, autoriza el 29

24 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA remozamiento de ese estropeado nosocomio, con la condición de que una Sociedad de Beneficencia lo supervisara por completo. A poco tiempo después de haber concluido, con gran esfuerzo, la renovación de aquella magnífica obra, se hacía muy evidente que la ansiada reinauguración del Hospital La Caridad debería realizarse; ésta se llevó a cabo el 1º de diciembre de 1878, abriéndose con un acto solemne que le permitió al general Juan Tomás Pérez, presentar un discurso emotivo, con elegancia, y de carácter oficial; disertación que fue esgrimida ante una nutrida concurrencia y que posteriormente fue elogiada y publicada en uno de los boletines que editaba la misma Junta Benefactora, la cual consideraba que el resultado de aquella magnífica restauración se debía a su organización y a la excelente supervisión de la Sociedad de Beneficencia, que se había tomado la libertad de elegir como su presidente al honorable presbítero doctor Juan Pablo Wohnsiedler. Pasado el acto protocolar y sus consecuentes días festivos, los médicos José de Jesús Fréitez y Telésforo Oberto, siguieron facilitando sus valiosos conocimientos y continuaron laborando en ese nosocomio. Al mismo tiempo, coinciden también con esa idea de prestar asistencia en ese centro hospitalario, el licenciado Candelario Valera junto a la dama de origen dominicano Mercedes Galán de Sequera que tiempo atrás ejercía el oficio de enfermera. Esta dama trabajó hasta ser sustituida un año después por las hermanas Pérez: María Irene, María Cleofe, María Francisca, María Antonia y María Adelaida. Señoritas que fueron conocidas como las beaticas Pérez. Nadie se imaginaba que después de pasados dos años de ese remozamiento y de la tan celebrada y depuesta reinauguración hospitalaria, en el año 1880, el Dr. Antonio María Pineda Bujanda, quien era un hombre afortunado, de los que nacen para construir grandes destinos, tomara la libre determinación de regresar a su ciudad natal y lo hace después de haber concluido sus estudios y de haber obtenido su título de Doctorado en Medicina en París, el 13 de septiembre del mismo año. De inmediato, se incorpora al equipo de 30

25 médicos veteranos que rutinariamente atendían en el viejo hospital, impulsándolos a dejar las anticuadas costumbres de aquella medicina medieval a la que estaban acostumbrados y encargarse de su dirección durante 43 años. Doctor Antonio María Pineda Bujanda, en su juventud 31

26 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA 32

27 Posteriormente, en el año 1885, ese viejo Hospital La Caridad acoge en su seno a otra insigne figura que dejó honda huella en la medicina venezolana: el doctor Luis Razzetti, quien se alista a trabajar como su Director después de haber obtenido el título de Doctor en Medicina, el 4 de agosto de El doctor Luis Razzetti luego de haber recibido su título de médico, comienza desde esta nueva frontera a divulgar con sana inquietud, las modernas concepciones médicas que se traía de Europa, hasta que a mediados de 1888, deja las funciones de la dirección y al pueblo de Barquisimeto para radicarse definitivamente en la tranquila metrópoli caraqueña de ese entonces. Para la historia contemporánea uno de los acontecimientos más importantes de ese consolidado centro hospitalario, fue el espíritu de tolerancia implementado por los doctores Antonio María Pineda Bujanda y José Fréitez lo que hizo posible que algunos jóvenes cursaran estudios en el marco de la enseñanza médica escolarizada en el Hospital La Caridad. Los cinco alumnos que ganaron fama y que se graduaron en la primera promoción de médicos en el año 1890, fueron Hilarión Seijas, Ezequiel Hernández, Julio Irigoyen, Esteban Salas y Jesús María Torrealba. Todos con una participación activa en los sucesos que produjeron el desarrollo de este prestigioso centro de salud. Puede resultar sorprendente, que al empezar a crecer la medicina venezolana en los inicios del año 1900, el médico en la región centroccidental todavía se dedicaba solamente a ejercer una medicina integral y no la especializada como la conocemos ahora. Los primeros albores de la medicina no fueron para la urología un perío- 33

28 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA do de renovación impactante en Venezuela, como lo fue para otras especialidades médicas, sino una etapa de consolidación y desarrollo de los avances logrados en décadas pasadas. Los urólogos ilustrados fundamentalmente en Caracas, habían dejado de ser individuos de bajo nivel social y de formación empírica para convertirse en prestigiosos especialistas de gran renombre en el país. Este rápido desarrollo de la urología como especialidad, estaba básicamente sustentado en el adelanto tecnológico de los rayos X, en la endoscopia y en las pruebas de funcionalismo renal, en su mayoría avances importados desde Europa. En época del general Castro, el 9 de abril de 1909 se constituye por disposición del general Carlos Liscano, Presidente del Estado, una Junta de Cooperación entre el Gobierno y los particulares, para reconstruir por etapas, aquel vetusto caserón que albergaba a un centro de salud hecho sombras, el Hospital La Caridad, que emprendió su reforma a finales de Comenzaron colocando la primera piedra el 15 de abril de 1909, después de haber demolido arquitectónicamente parte de su antigua y deteriorada estructura, para luego levantar en ella una moderada ala este como un símbolo del modernismo de aquellos días. Ese hospital estaba ubicado entre las calles del Acueducto, actual carrera 15, Barranca que hoy conocemos como carrera 14 y Juárez y Obispo, que corresponden a las actuales calles 25 y 26. El doctor Antonio María Pineda Bujanda dentro de las gestiones de su dirección, toma por iniciativa propia aquellos recursos económicos destinados para el estado y los obtenidos por la comunidad en varios actos benéficos como: bazares, tómbolas, rifas e incluso limosnas solicitadas casa por casa con el único propósito de cubrir 34

29 aquellos gastos que ocasionó la construcción dirigida por el ingeniero alemán Jusot Rosemberg. En 1911, los nuevos pabellones del viejo Hospital de La Caridad, entran en funcionamiento. Aquella reconstrucción para el año 1912, se encontraba bastante adelantada y para concluir definitivamente la obra, el 19 de abril de 1918 se declara el día de la caridad, organizándose la celebración con fiestas austeras de carácter benéfico a fin de recolectar fondos y terminar su restauración nueve años más tarde. Esta remodelación fue proyectada por el arquitecto José de la Paz Morales. Después de casi una década de haber iniciado aquella tediosa renovación, el 8 de mayo de 1918, se inaugura finalmente el nuevo edificio del Hospital La Caridad bajo el gobierno del General David Gimón, Presidente del Estado Lara, manteniendo para esa época 75 cupos para hombres y 50 cupos para mujeres, de los cuales únicamente se destinarían 20 para la maternidad, y bajo la dirección del doctor Antonio María Pineda Bujanda, quien marcó un hito muy importante en la medicina centroccidental al cambiarle el rumbo a partir de 1888, año en que el hospicio tomaría la denominación de Hospital Pineda, sobrenombre popular que se hizo alegórico en la región larense. Después de una dura agonía, el doctor Pineda muere el 5 de octubre de 1941, a los 86 años de edad en la ciudad de Barquisimeto. 35

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31 Hospital Doctor Antonio María Pineda ( ) Según fuentes directas de quienes fueron protagonistas de su historia, el 27 de marzo de 1939, le fue asignado al Hospital La Caridad el nombre de Hospital doctor Antonio María Pineda, como homenaje y justo reconocimiento al ilustre médico larense, acto que se dispuso con autorización del Concejo Municipal del Distrito Iribarren. En ese centro de salud llamado el Viejo Hospital o el Hospital Pineda, en sus servicios quirúrgicos generales se practicaban con frecuencia procedimientos urológicos habituales, prevaleciendo los cateterismos, circuncisiones, emasculaciones, amputaciones de pene, tallas vesicales, tallas perineales para la extracción de cálculos, hidroceles, drenajes de colecciones renales purulentas, manejo médico de la uretritis y sus consecuentes estrecheses uretrales. Estos procedimientos destacaban debido a que en otros centros públicos o privados del país, la cirugía urológica moderna practicaba exitosamente técnicas de vanguardia que hacían sentir la verdadera falta de servicios urológicos públicos debidamente dotados y estructurados en esta región. 37

32 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA No obstante a la excelente ubicación del Hospital doctor Antonio María Pineda, en lo que es hoy el actual Museo de Barquisimeto, una zona inmejorable por su vista al río Turbio, este hospital había perdido toda posibilidad de ser ampliado y renovado como un centro de salud de avanzada, dada la calidad de materiales antiguos y deteriorados dentro de su estructura arquitectónica. Ya para el año 1944, durante el período presidencial del general Isaías Medina Angarita, se emite el decreto de construcción de una infraestructura docente asistencial en la zona norte de Barquisimeto, para una Escuela de Enfermeras y un Hospital General, con base en la propuesta hecha por la comunidad médica larense para construir un moderno hospital buscando siempre la solución definitiva al problema de salud, iniciando su construcción en

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34 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Hospitales modernos: Hospital General de Barquisimeto ( ) La intención de retardar el inicio de las actividades en ese moderno hospital provocó una tempestad de críticas en todo Barquisimeto y en los círculos políticos activos de la región, por lo que el Presidente de la República se vio obligado a anunciar con cautela, que daba un plazo perentorio para su funcionamiento y después de 8 años de acabada su construcción y concluida su mudanza del viejo hospital, se da inicio a las actividades asistenciales el 16 de noviembre de 1954, luego de un acto inaugural presidido por el teniente coronel(r) Carlos Morales, Gobernador del Estado Lara; el señor Aníbal Lisandro Alvarado, Secretario General de Gobierno; el doctor Epifanio Pérez Pérez, Director de Asistencia Social y otras personalidades del momento. En esos históricos instantes y con su personal instalado, el Hospital General de Barquisimeto recibe a uno de los personajes de las ciencias médicas con la más rancia trayectoria que se conocía: el doctor Pedro Salom Lizarraga, encomendado por el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, quien se presenta con absoluta convicción y una disposición de dotar al hospital de todos los recursos humanos y materiales más actualizados y modernos que se pudieran encontrar en esa época para dirigirlo al éxito en su prestación de salud. El beneficio de la duda, únicamente una prueba que se guardaba el pueblo larense con el fin de comprobar su total dedicación, y meses después cumple con su cometido. En conclusión, el nuevo Hospital Central de Barquisimeto inicia sus funciones con 62 médi- 40

35 cos, dos odontólogos, un farmaceuta, una fisioterapista, 79 enfermeras graduadas y 155 enfermeras auxiliares. 41

36 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA 42

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38 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Hospital Central Antonio María Pineda ( ) Con el transcurrir de los años, se plantea otra vez, la necesidad de establecer una nueva renovación hospitalaria, pero el personal del Hospital General de Barquisimeto, no ha querido después de entonces, desprenderse de los gratos recuerdos de los primeros años de abundancia, hasta que las gestiones directas de la Sociedad de Amigos de Barquisimeto surtieron efecto y el 10 de marzo de 1963, recibe la colectividad larense una de las más gratas sorpresas provocada por el Comisionado de Salud, doctor José Rafael Adames, quien con la más imparcial justicia le designa oficialmente al Hospital General de Barquisimeto el apelativo del ilustre galeno Antonio María Pineda Bujanda, epónimo del Hospital Central Antonio María Pineda. Hospital Central Universitario Antonio María Pineda ( ) Para los anales modernos de nuestra Escuela de Medicina, uno de los acontecimientos más importantes en el año 1966 fue la promulgación de una resolución poco tiempo después de iniciadas las actividades académicas. La misma hizo que durante la segunda mitad de esa centuria, el Hospital Central Antonio María Pineda alcanzara uno de sus momentos de máximo esplendor. La Escuela de Medicina en la ciudad de Barquisimeto, le otorga por último, el título de Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, nombre que se ha perpetuado hasta nuestros días. 44

39 Después de haberse asimilado el efecto producido por las bien merecidas congratulaciones, a mitad de los ochenta el doctor Pablo Pineda Vásquez, fue el impulsor directo que produjo el fin de las gestiones que hicieron que el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, se postulase para optar a una nueva clasificación y se le otorgase una de las más altas preseas que puede cobrar una entidad de salud como esa, al recibir la máxima clasificación que el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social confiere a una institución de esta categoría. El 17 de octubre de 1985, vio coronado su deseo al habérsele concedido el título de Hospital tipo IV. 45

40 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA El Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, siempre ha gozado de gran protagonismo en la prestación de salud en la región centroccidental; es el primer centro docente y fue el único por muchos años. El tiempo trascurrido hasta ahora, le ha colocado a ese moderno hospital cinco décadas de reestructuraciones administrativas y financieras, pero a pesar de las fuertes coyunturas político-económicas que intentaron influir modificando su infraestructura, curiosamente la entremezclada y abigarrada evolución de sus elementos arquitectónicos a lo largo de los años, se vio poco alterada. Después de entonces, sólo a la historia le quedará cincelar la expresión de su modernismo en su nueva era de construcción en suelo larense. 46

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42 "Un Servicio Urológico de hoy, poseerá dos claves en su organización: el asistencial destinado a la atención médica adecuada del paciente, y el docente dispuesto a la enseñanza y la investigación propia de la especialidad". Víctor A. Galarreta B. "Toda institución sólo puede tener futuro, si está repleta de pasado". Prof. Antonio Puigvert G. CAPÍTULO 2 MEMORIAS DE UN SER ERVICIO l iniciar el siglo XX, muchos de los hospitales en Venezuela habían dejado de ser lugares de caridad, donde los pacientes sólo iban a morir. La razón que me conduce a la siguiente conclusión, es sencilla y por demás justificada. Los profesores y los escasos alumnos que habían tenido el privilegio de ser aceptados en sus cátedras, los utilizaban para aprender las materias como la nosología y la terapéutica médica, asignaturas que estaban ayudando a robustecer las modernas especialidades quirúrgicas, dejando en esos días de ser exclusivas de la cirugía general. Como hoy sabemos, 49

43 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA las especializaciones en medicina surgen ante la exagerada extensión y profundización del conocimiento. Ya no es posible que una persona lo abarque todo, tiene que estar muy clara con el segmento de saberes que le corresponde. Si alguien me preguntara por qué comienzo a relatar la historia de la Urología en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda desde el año 1954, le contestaría que es una decisión subjetiva, pero para mí muy cierta: ese año se inauguró el Hospital General de Barquisimeto, y esa institución y su fundador, Dr. José Napoleón Saldivia, han señalado el inicio de su historia. Por eso, la reseño en dos grandes períodos divididos en cinco décadas, las que totalizan cincuenta años de existencia. Actividades asistenciales en el Servicio de Urología Período I Primera década El Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, comenzó a organizar sus actividades asistenciales desde finales de la primera mitad de la década de los cincuenta, aunque no se encuentre mención directa de su fundación; este sustento histórico lo considero más que suficiente para avalar el inicio de su creación. Si partimos de esto, la historia formal del Servicio de Urología empieza entonces, el 14 de noviembre de 1954, después de haber sido inaugurada la moderna sede del Hospital General de Barquisimeto, culminadas sus instalaciones y de haberse trasladado todo el personal de aquel antiguo hospital. El Servicio de Urología funcionó por primera vez en el área de los servicios de Cirugía General, ubicada en el segundo piso de aquel centro de salud hospitalario, no es necesario comprobarlo para saber que en esa época sólo le fueron 50

44 asignadas cuatro camas en sala de mujeres y cuatro camas en sala de hombres. Con las primeras fases de esta realidad, el Servicio de Urología estaría a punto de protagonizar una de las aventuras más colosales de su historia, la cual comienza con la generación que le motivó grandes inconformidades en su despliegue y de donde surge un primer personaje, el doctor José Napoleón Saldivia, médico urólogo que se trasladó desde los recintos del antiguo hospital, para ejercer las mismas funciones que estaba cumpliendo en esa institución, con la única y justificada salvedad de conducir el desarrollo de un moderno Servicio de Urología. El cenit urológico alcanzado en la vida del doctor José Napoleón Saldivia, concuerda con aquel momento histórico en que el Hospital General de Barquisimeto, era abastecido en su propia sede de los mejores recursos tanto en lo humano como en lo material, conseguidos a expensas de las autoridades hospitalarias como un símbolo que parecía más un milagro, cumpliendo de este modo la dotación total del Servicio. El doctor José Napoleón Saldivia decidió abandonar sus actividades asistenciales y retirarse definitivamente del hospital una década más tarde; así pues, que a él, le corresponde la figura como fundador del Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda de Barquisimeto. Corría el año 1957, y el doctor Ramón Horacio Machado, que no hacía mucho tiempo radicaba en Barquisimeto, sin perder tiempo y con carta bajo la manga, se entrevista con el doctor José Napoleón Saldivia, conociendo de antemano que seria aceptado sin dificultad en el Servicio presenta un documento de traslado firmado por el doctor Ernesto Santander, Jefe del Servicio de Urología del Hospital Vargas de San Cristóbal, y una carta dirigida a su amigo personal, en la que recomienda le sea asignado el cargo de urólogo temporal para que cumpla las funciones de su segundo adjunto. En esa misma época, el personal de enfermería del Servicio de Urología del Hospital General de Barquisimeto, quedó constituido por las señoras Cecilia Sosa de Silva y Emma Vásquez de Yajure, adscritas al Servicio de Urología como primera y como segunda enfermera respectivamente, 51

45 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA ambas graduadas en la Escuela Nacional de Enfermeras Lara, entre 1957 y No fueron maniobras de gestión sino disposiciones emanadas a otros niveles hospitalarios los que hicieron que al exiguo personal y a las camas insuficientes designadas para el internamiento de los pacientes urológicos, los mudasen pronto a la sala de Cirugía General del cuarto piso del hospital en 1960, traslado que se cumplió con la aceptación de la jefatura por el doctor José Napoleón Saldivia. En ese mismo año, se le incrementó el número de camas haciendo un total de 14 unidades, quedando de esta manera reconocida como La Sala de Hospitalización del Cuarto Piso de Cirugía General, donde el Servicio de Urología continuaría cumpliendo con su faena por muchos años. Sala que se encuentra, funcionando perfectamente 46 años y medio más tarde en ese mismo lugar. Por la fortuna de haber encontrado un material urológico antiguo y por la fe en los testimonios divulgados de aquella década, puedo atestiguar sin recelo a equivocarme, que los primeros estudios especiales de exploración, panendoscopías, cistoscopías y uretroscopías, se practicaban en un pabellón denominado séptico, ubicado en el área quirúrgica del segundo piso del hospital, y los estudios radiológicos electivos eran ejecutados en la planta baja del Servicio de Radiología, bajo la rígida supervisión de la jefatura dirigida por el doctor José Rafael Agüero. Para entonces, las cirugías practicadas con mayor frecuencia eran las prostatectomías según la técnica de Freyer y muy escasas con la técnica de Millin, seguidas de las cirugías renales para la extracción de cálculos y con pocas intervenciones de la vejiga. Se sabe también que para 1961, el doctor Rafael Ángel Saldivia había llegado recientemente a la ciudad de Barquisimeto con el propósito de ocupar el cargo como tercer adjunto del Servicio y poder aplicar sus conocimientos urológicos traídos desde la ciudad capital y por lo tanto, más frescos y actualizados, hecho que no admite ningún tipo de especulación. Menciona que durante los dos primeros 52

46 años de su estancia en el Servicio, escuchó hablar con frecuencia acerca de las bondades del legendario doctor Pineda, impulsor de la medicina moderna en Barquisimeto, hasta que el 10 de marzo de 1963, el Comisionado de Salud, doctor José Rafael Adames, le asigna oficialmente a este moderno Hospital General de Barquisimeto, el nombre del ilustre galeno Antonio María Pineda, epónimo del llamado Hospital Central. No había pasado mucho tiempo de aquel grandioso acontecimiento, cuando el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez es recibido en el Servicio de Urología como un residente tipo B, adscrito al Departamento de Cirugía para cumplir con ese cargo durante dos años. Segunda década Superados los desafíos de la década anterior, en 1964, la gerencia del Servicio aún permanecía en manos del doctor José Napoleón Saldivia, quien contaba con la imponente figura del doctor Ramón Horacio Machado como su segundo adjunto y con el magnánimo doctor Rafael Ángel Saldivia, el cual parecía cumplir con entusiasmo su cargo de tercer adjunto. El doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez, estaba sometido aún al ejercicio propio de las funciones a que le obligaba la Residencia tipo B, modalidad que para entonces, era controlada en el hospital directamente por el Departamento de Cirugía, reconocida por el Colegio de Médicos del Estado Lara y avalada por la Sociedad Venezolana de Urología. A mediados del año 1964, el doctor Ramón Horacio Machado planifica conjuntamente con el doctor Rafael Ángel Saldivia, ejecutar una de las nuevas técnicas radiológicas relacionadas con el retroperitoneo, el neumorretroperitoneo, método exploratorio descrito para entonces como el más preciso y como el complemento diagnóstico para detectar las patologías renales subyacentes, el cual, hoy en día, ha sido desplazado como tantos otros, por considerarse un procedimiento altamente traumático. Como podrán advertir, esta técnica se conceptuaba como una de 53

47 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA la menos invasivas conocida en esos días. A mitad del año 1965, el doctor Rafael Ángel Saldivia realiza por iniciativa propia otra técnica llamada biopsia prostática por punción perineal bajo anestesia local. Al poco tiempo de ocurrida tal demostración, el doctor José Napoleón Saldivia, hombre de 51 años, consciente de sus condiciones físicas, gestiona personalmente su salida del hospital quedando once años de abatir velas y desazón moral en el Servicio. En muchos sentidos, a partir de ese momento, el futuro del Servicio de Urología quedó en manos del doctor Ramón Horacio Machado, quien como su nuevo jefe trazaría su rumbo a seguir. El Dr. Rafael Ángel Saldivia pasó automáticamente a desempeñar el cargo de segundo adjunto y el Dr. Francisco del Pilar Bracho Áñez, que había terminado su residencia, fue promovido como el tercer adjunto del Servicio de Urología del Hospital Central Antonio María Pineda. En agosto de 1966, ocurrió un suceso trascendente en la dilatada trayectoria del hospital. Al estar convencidas las autoridades docente-hospitalarias de querer mejorar la calidad de la enseñanza, decidieron tomar a la universidad como el único camino que les permitiría hacer efectiva la docencia universitaria de pregrado, y al poco tiempo que la Escuela de Medicina en la ciudad de Barquisimeto puso en marcha sus actividades académicas, le otorgó por último al Hospital Central Antonio María Pineda el título de Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, cuyo nombre quedó instaurado hasta nuestros días, pasando directamente el hospital a depender del Centro Experimental de Estudios Superiores (CEDES). Mientras tanto, sin saber cómo, se le asignan cuatro camas adicionales al Servicio de Urología para el año 1973, haciendo un total de 18 unidades con las que permanece hasta ahora. Años más tarde, cercanos a la década de los noventa, tuvo lugar una breve conversación dentro de un grupo de cirujanos en el que se encontraba los doctores Rubén Sánchez Reyes, José Manuel Gozaine y Franklin Majano entre otros, al aproximarse a la reunión el doctor Ramón Santos Mo- 54

48 nasterio, un destacado cirujano y veterano docente de esa vida hospitalaria, se le preguntó acerca de aquel título universitario otorgado al hospital en su honor en 1966, declarando que esa hazaña le producía un mezclado y profundo sentimiento de inconformidad sobre todo al recordar el desenvolvimiento asistencial inadecuado que ostentaba el Servicio de Urología, al menos cuando él cursaba su primera pasantía en 1965, y su segunda como residente fijo en Al insistir en que nos contara sobre el comportamiento del Servicio de Urología años atrás, reaccionaba con cierta reticencia manifestando que ni siquiera había mostrado en su cotidianidad un verdadero apego al evaluar a sus pacientes urológicos, y nos describía entretelones cómo el marasmo crónico pudo hacer mella en su jefatura hasta contagiar directamente sin querer a sus propios integrantes, quienes tampoco hacían votos formales que anunciaran un cambio significativo en sus actitudes asistenciales. Podría dársele vuelta al argumento y sostener que el tiempo le jugó una trampa a los integrantes del Servicio de Urología durante la segunda década y que el esfuerzo generado en aplicar las técnicas del neumorretroperitoneo, biopsias prostáticas por punción perineal, las punciones renales percutáneas y las famosas dilataciones uretrales era lo único que los redimiría de ser juzgados por la historia, pero lograron su sentencia al dejar que se apagasen uno a uno los estudios especiales de exploración promovidos en sus primeros años. Tercera década A medida que el Servicio de Urología avanzaba en su tercera década, trataba de explicarse con sentido crítico el porqué de su deslucida trayectoria y cómo hacer para recuperar aquellos privilegios que le fueron arrebatados por el desgano y la desidia, mientras tanto, el ejercicio jerárquico, aún en manos del doctor Ramón Horacio Machado como jefe del Servicio, el doctor Rafael Ángel Saldivia como 55

49 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA su segundo adjunto, y el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez como el tercero de sus adjuntos. Luego, el 1º de mayo de 1974, el doctor Rafael Figuera Malavé, ingresó al Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, y lo hizo, al poco tiempo de haber logrado que su cargo de Médico Especialista I ganado por concurso, sea trasladado desde su antiguo hospital. Después de haber culminado las primeras ocupaciones que exigía su profesión, de haber trabajado un tiempo como urológo en el Hospital Central de Portuguesa Acarigua-Araure, se muda a Barquisimeto para ejecutar las funciones de cuarto adjunto. Sin embargo, transcurridos los ocho años de no encontrarse a sí mismo y estar cansado de experimentar grandes inconformidades por las cizañas y entremezcladas intrigas con el personal de ese Servicio, en donde los permisos gremiales solían tener un papel relevante y se extendían justificados a capricho, el doctor Rafael Figuera Malavé, solicitó a través de una carta dirigida al doctor Ramón Horacio Machado, jefe de Servicio, le concediera nuevamente el traslado de su cargo para ejercer sus actividades en el Hospital Luis Gómez López de Barquisimeto, y el 1º de enero de 1982, el Director del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, doctor Arión Martínez, cumplió el deseo expresado en su carta al agilizar los trámites de su traslado. El 2 de febrero de 1976, el doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, fue admitido como médico de los servicios de Cirugía General bajo criterios de una residencia adscrita al Departamento de Cirugía del Hospital, la que le permitiria seguir una larga rotación como residente asistencial en urología. Al terminar con su residencia en 1982, se incorporó como un adjunto más del Servicio de Urología. En ese mismo año, el 15 de enero de 1982, ingresó el doctor Othir José Carrera Durán, casi un año antes de ser nombrado adjunto el doctor Bolívar Cardoso y cubre la plaza de Residente Asistencial adscrito al Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda hasta

50 Al analizar las actividades quirúrgicas de aquel período, éstas tenían un componente médico significativo y se relacionaban con la venereología, por lo cual, la cirugía genital ocupaba un 40% del total de las cirugías urológicas. Además, resultaría interesante preguntarse, por qué al desempolvar los viejos y olvidados archivos del Servicio de Historias Médicas del Hospital, se encontró en los reportes un altísimo porcentaje de complicaciones quirúrgicas del tracto urinario superior y más aun del inferior. Pues bien, los datos encontrados parecen indicar, cada vez con mayor claridad, que las actividades realizadas en el Servicio durante la segunda y tercera década se caracterizaron por advertir vanos intentos a fin de mejorar los niveles de atención al paciente urológico, bajo el empleo timorato y espasmódico de algunos métodos especializados de exploración y con el uso de técnicas quirúrgicas audaces que a su vez, las van a convertir en dos décadas silentes de larga transición. Período II Pareciera que el encontrar infinitas dificultades en el Servicio durante su primer período, sirvieron para darle el último y definitivo impulso, marcando así, el despertar inevitable de un moderno Servicio de Urología. Ese empuje lo absorbe un reducido grupo de especialistas formados en los diferentes centros urológicos de vanguardia en el país que con su persistente labor en pro de consolidar la docencia urológica para las nuevas generaciones de urólogos, lograron con esfuerzo y constancia, la dotación de equipos tecnológicos necesarios para la correcta aplicación de esta especialidad, razón que deja en evidencia el progreso docente-asistencial de la urología en el primer centro asistencial de referencia de esta región. Cuarta década Durante seis años (entre ) el doctor Pablo Pineda Vásquez dirigió el Hospital Central Universitario Antonio María 57

51 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Pineda en Barquisimeto. De esa cercana época se guardan algunas imágenes borrosas pero conexas acerca de su gestión; el 17 de octubre de 1985, este centro de salud recibió el título de Hospital tipo IV, máxima clasificación que concedía el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social a este tipo de instituciones, título otorgado como uno de los resultados más importantes producto de la planificación y la tarea insistente llevada por el mismo doctor Pineda, y al parecer, bajo una alianza creada entre la Dirección del Hospital y el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Esta cuarta década, coloca al doctor Ramón Horacio Machado, de cara a la realidad histórica de este tradicional centro de salud y pone en el tapete el serio compromiso adquirido por su jefatura frente a la conducción y organización del Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, cuya responsabilidad también advierte a sus adjuntos, doctores Rafael Ángel Saldivia, Francisco del Pilar Bracho Áñez y Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, asimismo, al doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán, quien se integra a este grupo habiendo postulado por el cargo de residente y ganado por concurso el 3 de marzo de Fue entonces como, a partir de la mitad de los ochenta, se fue organizando un grupo de noveles urólogos decididos al cambio, quienes de manera progresiva originan entusiasmo y hacen sentir que habría una nueva transformación asistencial para el Servicio. No les suena a jactancia que a mediados de 1986, se libere una intensión concreta y de tal magnitud que comprometa una inspección general de las actividades básicas que se relacionaban con el Servicio? Pues bien, se hizo, y así pudieron evaluar, planificar y tratar de mejorar su desenvolvimiento. Para poner en práctica esta determinación, lo primero que se buscó fue la manera de no imponer acciones ni herir susceptibilidades de ninguna naturaleza; y segundo, se tuvo que reflexionar sobre los problemas críticos asistenciales más resaltantes que fatigaban al Servicio, tratando de aplicarles una veloz y acertada solución. 58

52 El Servicio consideró como área crítica a las emergencias urológicas que se observaban diariamente en el Servicio de Emergencia General y motivado a su rescate, preparó un estricto Plan de guardias a disponibilidad con la intención de atender aquellas patologías urológicas presentadas como emergencias durante las 24 horas y los 365 días del año. El cuidado de éstas, debería producirse por el único Residente en Urología con que contaba para entonces ese centro de salud. Ese plan debería poseer además, el visto bueno y el apoyo incondicional del jefe de Departamento de Cirugía, doctor Juan Daza Pereira. También se vio obligado a tomar esta decisión, debido a que los pacientes que acudían con patologías urológicas a la Emergencia General, eran frecuentemente atendidos por los médicos en formación o especialistas pertenecientes al Servicio de Cirugía General, condición que para entonces, estaba juzgada como fundamental para el cambio. Asimismo, evidenció la verdadera falta de materiales y medicamentos básicos de uso común para la solución de las emergencias urológicas y empezó acondicionando una mesa de noche de color azul para custodiar los instrumentos e insumos excedentes que podrían en algún momento servir a los pacientes que recurrían nuevamente a la Emergencia General. Esa pequeña mesa estaba adaptada con un candado de seguridad y co- 59

53 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA locada en la sala de curas ubicada en el cuarto piso de hospitalización. Este plan diseñado para las emergencias urológicas, para muchos, y más para sus adjuntos, sólo había desatado un desvarío de calenturas y una escasa colaboración de algunos de los residentes quirúrgicos del hospital. Sin embargo, se alcanzó hacerlo realidad. Después de haber concluido con esa elemental planificación, el Servicio hizo circular por todas las dependencias y las jefaturas de los Departamentos Médicos del Hospital, copia de la correspondencia enviada al doctor Juan Daza Pereira, jefe de Departamento de Cirugía, donde se le recordaba la importancia de esta controversial decisión. No sólo ideas y ganas de trabajar bastaron para enfrentar el arreglo de este afligido Servicio, pues desde hacía muchos años, cuando los médicos del hospital se referían al Servicio de Urología, siempre lo hacían con un término despectivo: el Servicio de los Urolocos, y los médicos anestesiólogos se acostumbraron, que las intervenciones quirúrgicas electivas repetidamente serían omitidas, utilizando como excusa no tener sangre preparada para aquellas operaciones con hemorragias profusas que se presentaban con frecuencia en pabellón. A pesar de estos sinsabores, se siguieron llevando a cabo acciones con los oídos tapados y con la frente bien alta y al darse cuenta que el área quirúrgica también era una zona crítica, hubo la necesidad de organizar con urgencia, unos bultos que contenían el material necesario y suficiente para concluir cualquier operación quirúrgica urológica reglada; estos materiales debían usarse y reponerse a medida que a las intervenciones quirúrgicas se les daba solución definitiva, tratando en lo posible de que el método implementado ayudase a disminuir el número de intervenciones que asiduamente se omitían. Así, el doctor Juan Daza Pereira, jefe de Departamento de Cirugía, recibió comunicación verbal para que a través de su oficina gestionase directamente ante la jefatura del Servicio de Anestesiología, el manejo ágil de las emergencias quirúrgicas que al Servicio de Uro- 60

54 logía se le presentasen, para lo cual, autorizó que el Residente de Urología pudiera solicitar directamente un pabellón quirúrgico solamente en aquellos casos que los pacientes requiriesen someterse a una intervención urológica de emergencia y exigió que la anestesia para esta clase de pacientes le fuese administrada sin reproche, sobre todo en las noches y los fines de semana. Para llegar a esta comprometedora decisión, se tuvo que consultar al jefe y a los adjuntos al Servicio, quienes por rutina se negaban a realizar las intervenciones de emergencia, manifestando que su exiguo horario de contratación no les permitía ejecutarlas. En consecuencia, es fácil imaginar, que el Servicio también encontraría en la sala de hospitalización enormes problemas en espera de alguna solución, por lo que establece largas y tediosas conversaciones con el personal médico del Hospital tratando de convencerle de que se estaban realizando hospitalizaciones de pacientes crónicos y terminales con diagnósticos inadecuados en las camas que por naturaleza no les correspondían. Aquellas reuniones informales fueron hechas con el objeto de educar al personal médico que laboraba en los diferentes servicios especializados del hospital, así como, también, para evitar que se produjeran órdenes de hospitalización erradas sobre este tipo de pacientes y para advertirle que sin concluir una interconsulta con los adjuntos al Servicio, esos internamientos no deberían ocurrir. El intercambio verbal fue planificado sobre todo para los especialistas de los Servicios de Cirugía General y Traumatología, que por costumbre recluían a sus pacientes en las camas del Servicio de Urología haciendo caso omiso a tales disposiciones. A primera vista parecía imposible creer, que al caminar por los pasillos del Hospital, ciertos adjuntos se dedicaban a opinar, que por razones obvias, se ha debido empezar por discutir aquellos problemas más prioritarios que agobiaban al Servicio, antes de haber tomado esas pedantes decisiones que ahora se les estaban participando. Por qué un juicio de esa naturaleza después de tantos años de un silencioso dejar hacer, dejar pasar? Anteriormente, tal vez estas 61

55 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA suposiciones simplistas emitidas por sus interesados detractores, le hubiesen evitado perder las pocas fuerzas que le quedaban al personal que allí trabajaba. Pero, de cuales problemas estarían hablando? Si cualquier cosa que se hacía, por mínima que fuere, resultaba profusamente destacada o criticada, sólo por el hecho de no haberse encontrado casi nada establecido en él, en comparación con los Servicios ya organizados de los diferentes estados del país o del extranjero donde existe una gerencia moderna, recursos humanos con espíritu de superación, materiales e insumos suficientes y actualizados, en los que verdaderamente cuesta que se destaque una obra por más importante que ésta sea. Asimismo, es importante que se aclare algo, no es que se haya puesto al olvido aquellos inconvenientes encontrados con el mobiliario envejecido. Lo que sucedió, simplemente, fue que el Servicio al percatarse de los pocos muebles y enseres deteriorados de uso común que todavía le quedaban, se vio obligado y buscó la manera más apropiada para conseguir materiales y proceder a su pronta restauración, conservación y mantenimiento. Empezó por acondicionar las camas y las mesas de noche destinadas para la hospitalización de sus pacientes, componentes que en principio fueron obtenidos con la ayuda y colaboración de aquellos familiares cuyos enfermos necesitaban hospitalizarse. Así como también, reconstruyendo y pintando muebles de metal y diferentes artefactos reciclables conseguidos en los húmedos y oscuros sótanos del hospital. En medio de tanta angustia por aquellos días infaustos, concluyen los primeros cambios y se van estableciendo progresivamente las funciones para que el residente de urología cumpla en el área de Consulta Externa, considerando que esa actividad no sólo iba a necesitar de la buena voluntad del personal de Historias Médicas sino también que el Residente no se limitase sólo a concretar su labor, sino que al mismo tiempo procediese a rescatar los materiales que se tendrían que utilizar en la consulta tales como: sondas blandas para dilataciones uretrales, catéteres ureterales para descompresiones 62

56 renales, dilatadores ureterales esterilizables, una serie completa de beniques los cuales deberían ser organizados completando su número de los juegos dañados encontrados en las áreas quirúrgicas del centro hospitalario y respetando un solo juego completo que se había encontrado en los almacenes de los pabellones del hospital. Además, se obligaría a rescatar un cistoscopio marca Acmi con un lente de 30º, una fuente de luz con su cable de fibra óptica y reparar, aunque fuese a medias, una mesa urológica con los dispositivos radiológicos deteriorados, antiguos y sin uso. Esta mesa debería cumplir parcialmente sus funciones hasta ser desincorporada del Servicio por obsoleta. A partir de entonces, el Servicio de un modo más reflexivo, empieza a darle a todos esos materiales incompletos que le costó rescatar anteriormente un uso más cuidadoso, inaugurándose con orgullo, los estudios urológicos endoscópicos que después de iniciados en la primera década permanecieron suspendidos completamente en 63

57 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. Los estudios del tracto urinario inferior que con frecuencia se suministraron nuevamente en el Servicio, comenzaron en la sala de curas ubicada en el cuarto piso de Hospitalización, actualmente activa, espacio que anteriormente no contaba con suficiente comodidad tratándose de una institución de esta categoría; por lo tanto, las gestiones se hicieron a través del doctor Pablo Pineda Vásquez, Director del Hospital, para conseguir un lugar con mayor capacidad y que fuera algo más apropiado para ese tipo de estudios. De manera tal que aprovechando el interés especial que despertó el Servicio de Urología en el Director del Hospital, se logró persuadir a la doctora Zobeida de Román, Médico Jefe de la Consulta de Personal del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, quien estaba ocupando el área que antiguamente le pertenecía al Servicio de Urología y que fue desperdiciada por no querer usarla, 64

58 para que traslade su consulta de salud gremial a una zona mucho más cómoda para ella y su personal, con lo cual, quedó definitivamente establecida el área de los estudios endoscópicos del Servicio de Urología de este centro hospitalario. Para llevar una relación diaria de los pacientes sometidos a esas exploraciones, se procedía a anotarlos en una agenda de color azul donde se reseñaba el nombre y el tipo de examen a practicar. A diferencia de lo que suele pensarse, los escrutinios son averiguaciones precisas y diligentes que se hacen de algo para formar juicio de ello, orientados generalmente a una actividad específica, de los que el Servicio empezó a tomar consejos para su crecimiento. Uno de tantos escrutinios realizados lo sorprendió en una situación económica precaria, pero en teoría, aún conservaba sin explotar el más preciado de sus tesoros, la urología. En esos tiempos la urología se convirtió en una disciplina que empezó a despertar insospechado interés en otros médicos del hospital, al punto de verse involucrados en los primeros cambios que efectuó el Servicio y que los hacían suyos, y aunque no pareciera, comenzaron a preocuparse hasta por la más mínima mejora en él, tratando de que los pequeños gastos, producto de las renovaciones, no se presentasen tan elevados y se pudiesen convertir en un problema más que el Servicio tendría que resolver. Para empezar con los ingresos económicos que determinarían la magnitud de las compras en el instrumental urológico, material quirúrgico y material docente anhelado, el Servicio se vio en la obligación de buscar la cooperación urgente de la jefatura del Servicio Social a cargo de la licenciada Carmen Lucía de Segura y de la since- 65

59 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA ra ayuda de las licenciadas Sonia Álvarez de Padrón y Minerva Álvarez Querales, quienes con su envidiable paciencia planificaron métodos alternativos para conseguir los dineros requeridos y ejecutar las obras planificadas para ello. El sábado 23 de agosto de 1986, el Servicio celebró con gran éxito el primer espectáculo de carácter musical en el cómodo auditorio Magdalena Seijas del Pedagógico de Barquisimeto, con la genial actuación del conocido cantante Simón Díaz, autor del tema Caballo Viejo, junto al Cuarteto Barquisimeto Tres, la Coral Antonio Carrillo, con su director el doctor Martín Díaz Peraza, la Rondalla Larense y el cantante local Benjamín Terán. Participaron en la organización del evento el doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán residente de urología, la licenciada Sonia Álvarez de Padrón, representante del Servicio Social y el doctor Antonio Arturo Sosa con su ayuda incondicional, quien por razones personales asistía eventualmente como urólogo colaborador al Servicio de Urología. Se solidarizaron también con el éxito de este evento los integrantes del Club Rotario de Barquisimeto y contribuyeron con la venta de las tarjetas muchos médicos entusiastas de la propia institución. 66

60 Las anécdotas constituyen el alma del folclore larense. La siguiente es una de las tantas relacionadas con dicho evento, y que nunca se olvidará en la mente de sus organizadores: En el preciso momento de ir al aeropuerto a recoger al Tío Simón, la camioneta Cherokee, cero kilómetros del doctor Antonio Arturo Sosa destinada para ello, sufrió un desperfecto mecánico, según él; pero, Dios en su inmensa grandeza, puso ante los ojos de la comitiva el distinguido coche del doctor Alejandro Galarreta; carrito de cuarta mano, Fiat azul y medio pintado, de cuatro puertas, no asegurado, tranca-palanca sin su candado, tapices rotos en su interior, techo esponjado y deshilachado. Al conjuro de esta insólita realidad los doctores marcharon orondos a dar sus caras a Tío Simón. Reconocer de inmediato a tan popular figura, fue tarea del doctor Antonio Arturo Sosa que haciendo gala de su altísima cortesía, invitó al jovial Tío, a subirse en este peculiar vehículo y en el instante de ponernos en marcha, el Tío, con un whisky a las rocas en la mano, se desgañita gritando con socarrón estilo... Es un secuestro!. En ese momento entró un gélido frío y logré entender por fin, lo de distinguido, debido a que toda la gente empezó a mirar al destartalado carro. Son urólogos?, nos preguntó con asombro. Cómo es posible que me trasladen así!, he venido a colaborar con ustedes, he dejado mi Mercedes blanco en Caracas, mi avioneta que me da nota en La Carlota y ni siquiera un trago de whisky he tomado, por aquellos carajitos que me tenían pisoteado; encima otro tripón, graznando con su canción, vestido de charro para que lo llevara a la televisión; y nosotros compungidos sin saber qué responder y mirando el Tío nuestras caras rojas de vergüenza nos contestó humorísticamente, caracha muchachos, a mis llanos los atravesaba en burro con mi cuatrico en la mano y sin locha para la mocha. 67

61 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Exactamente al mes de haber concluido el primer evento musical, el 23 de septiembre de 1986, se rinden cuentas al jefe del Departamento de Cirugía con un informe económico detallado a través de una carta firmada por los doctores Víctor Alejandro Galarreta Bazán y Antonio Arturo Sosa, y la licenciada Sonia Álvarez de Padrón, declarando once mil doscientos veintiséis bolívares (Bs ) de ingresos. La incesante y atormentadora búsqueda de recursos económicos puesta en marcha por el Servicio durante el año 1986, desencadenó reuniones departamentales periódicas, presididas por el doctor Juan Daza Pereira, jefe de Departamento de Cirugía, con miras a conseguir diversos insumos urológicos requeridos por el Servicio de Urología e instrumental necesario también para otros servicios quirúrgicos. Estas reuniones hechas con el objetivo de generar conciencia y lograr de una manera más efectiva, medios o mecanismos para conseguir estos materiales, produjeron a su vez, una visible y merecida preocupación en las autoridades responsables de estos asuntos. El presidente de FUNDAHOSPITAL, doctor Orlando García Gómez, quien consciente de la situación real hospitalaria, tomó la decisión acertada de trasladar esa inquietud a las instancias superiores y al poco tiempo de este hecho, se dictó instrucción oficial en relación al recaudo organizado de los fondos voluntarios en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. 68

62 Como consecuencia de ello, nace el 1º de septiembre del año 1986, la Oficina Recuperadora de Costos (ORC) con el nombramiento de la licenciada Silvia Corti como administradora permanente y quien planifica durante su gestión, una reunión involucrando a la licenciada Sonia Álvarez de Padrón como representante del Servicio Social y como representante del Servicio de Urología al doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán, los que se comprometieron en esa oportunidad a elaborar un diseño para la distribución adecuada de los aportes económicos que pronto se generarían en el hospital. Instruyen en primera instancia que del dinero total que debería ingresar por consultas, el 10% sería destinado al pago del personal contratado por la Oficina Recuperadora de Costos, el 30% para gastos de la Dirección y el 60% restante sería invertido en insumos para el Servicio de Urología. La licenciada Silvia Corti, en declaración a la prensa demostró que hubo una recaudación de dos millones trescientos ochenta y tres mil bolívares (Bs ) al año de la fundación de esa oficina. Al concluir algunas de las reuniones de carácter organizativo, otros servicios quirúrgicos del hospital se fueron plegando paralelamente al sistema. Dicho sistema quedó desintegrado definitivamente en el En noviembre de 1986, el Servicio de Urología realizó el segundo evento benéfico-deportivo: un evento boxístico que fue muy celebrado por los fanáticos del pugilismo en la ciudad de Barquisimeto. Destacó la brillante actuación de la estrella barquisimetana del boxeo amateur, Omar Catarí. Se recaudó la suma de cuatro mil quinientos bolívares (Bs ), fondos que fueron depositados por el Servicio de Urología a la ORC. Este acontecimiento se efectuó con la colaboración de la licenciada Sonia Álvarez de Padrón, integrante del Servicio Social del hospital. Esos fueron tiempos en que naturalmente se estableció una frontera entre la mermada conducción que llevaba el Servicio y la promisoria gerencia que tendrá que venirle con las generaciones del futuro. Son años catalizadores, años en que se da una especie de compactación de las experiencias logradas poco a poco por sus nuevos 69

63 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA integrantes. Y como un legítimo derecho, sólo le quedó una diaria y sostenida expectativa que se profundizaba, al saber que no contaba dentro de sus bienes, con una sala de reuniones para discutir los casos clínicos y sus problemas, ni en donde planificar ni atender las actividades inherentes a él. Ello condujo a principios del mes de febrero de 1987, a gestionar ante la Jefatura del Departamento de Cirugía, la autorización para poder utilizar una habitación para pacientes con baño propio ubicada en el cuarto piso del hospital, justo a la entrada izquierda de la sala de hospitalización. Esa reducida sala fue dotada de algunos enseres recuperados en los sótanos del hospital y otros adaptados para su uso particular, y con el tiempo, vendría a servir como Sala de Reuniones y como sede de la Jefatura para poder atender las actividades propias del Servicio por un largo período. Mientras el tiempo a esa modificada habitación la trasformaba a golpes en una solemne sala de reuniones, el doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, en el mes de julio de 1988, se empeñó en darle uso a los excedentes recaudados durante esos dos años y como adjunto de mayor jerarquía, resolvió comisionar al doctor Alexis Lamus, quien se encontraba en una pasantía como urólogo del Servicio, para la compra previamente acordada, de un resectoscopío marca Acmi con los accesorios disponibles que serían utilizados en cualquier intervención urológica endoscópica básica, por el valor de ciento siete mil bolívares (Bs ). Esta compra se hizo con el dinero obtenido por consultas, depositado en la ORC y con lo conseguido en aquellos dos eventos anteriormente mencionados. El 16 de septiembre de 1988, el doctor Lamus se dirigió a la prensa e hizo declaraciones a título personal, sobre las características de ese resectoscopío y las bondades que produciría ese aparato en el Servicio, tomando en cuenta que los pacientes serían los favorecidos al operarse endoscópicamente en un futuro corto. A los pocos días de contar el Servicio de Urología con este resectoscopío, empezaron las primeras resecciones transuretrales en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. Entusiasmados los médicos urólogos y su residente, no dejaron pasar dos 70

64 semanas después de esa compra para estudiar un tumor vesical y resecarlo, convirtiéndose esta operación en la primera resección endoscópica efectuada en el Servicio, acto que fue realizado por los doctores Néstor Alejandro Bolívar Cardoso y Víctor Alejandro Galarreta Bazán, y en la segunda participó el doctor Alexis Lamus con una RTU de próstata. Ese mismo año todo el Servicio de Urología fue trasladado por unos meses al quinto piso, ala noreste, mientras se realizaban arreglos de albañilería, friso y colocación de unas nuevas cerámicas de color rosado en las paredes del cuarto piso de hospitalización las que hoy, lentamente, se están desprendiendo. Está ampliamente comprobado que el mayor freno para el avance de cualquier institución, es su improcedente gerencia, tal vez por eso, durante todo el año 1988, se vio al doctor Rafael Ángel Saldivia con el rostro desencajado y la moral quebrada, y a su pesar, decidió redactar una carta para activar los trámites de su jubilación, bajo el efecto desmoralizador de tantos años de infructíferas labores en el Servicio. Fue en algún momento de ese controversial período que también el doctor Ramón Horacio Machado, resuelve abandonar progresivamente sus funciones y dejar que el Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda siga con el itinerario que su destino le tenía preparado, con lo cual termina, irreversiblemente, el ciclo hegemónico de una gerencia con un régimen feudal en el Servicio. Luego de que el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez heredara automáticamente la jefatura en el año 1988, de inmediato el doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, ascendió como el segundo adjunto quedando todavía dos cargos vacantes para Médicos Especialistas que meses más tarde saldrían a concurso. Van surgiendo en esta época los primeros retoños engendrados por los planes y modelos labrados años atrás por el Servicio. Un Servicio que nunca antes había intentado saber si le quedaba algo de fortaleza tanto como en este momento, deseoso de seguir superándose, aunque sea palmo a palmo tan sólo por el hecho de habérsele permitido practicar sus exploraciones y estudios 71

65 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA endoscópicos en la sala de consultas, que se incrementaron a tal punto de provocar la necesidad de mayores recursos económicos para recuperar los insumos que ya estaban consumidos. Un problema que sin querer fue creado por el Servicio y al cual pronto le hallarían solución. Ese incremento en los estudios endoscópicos fue el resultado de mejorar las valoraciones urológicas a los pacientes que acudían a la consulta externa del hospital. El 13 de febrero de 1989, el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez como el nuevo jefe de Servicio de Urología hizo entrega personal a la licenciada Silvia Corti administradora de la ORC, de una comunicación escrita donde se le recuerda dar inicio a la recaudación voluntaria de fondos en bienestar de los pacientes que serían sometidos a los estudios endoscópicos especiales de exploración, explicándole con claridad, que el destino de los trescientos (300) bolívares cobrados a los pacientes que asistirían rutinariamente a estos estudios, sería únicamente para cubrir los insumos a utilizar. No lejos de la fecha anterior, el Servicio ejecutaría la acción más audaz de su historia, que lanzaría a los cuatro vientos sus señas de resuelto y de rebelde, tras una hazaña de osadía apoyada por el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez, jefe de Servicio de Urología. El Servicio se apoderó de una mesa amplia para la jefatura y el 5 de abril de 1989, el mismo doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez recibió una comunicación por escrito del Departamento de Bienes Nacionales donde se le informaba que fue trasladada a la sala de reuniones una mesa de conferencias de la que no encontraban su origen para poder clasificarla y que según los rastros dejados por la misma, se suponía recuperada de los sótanos del hospital. Sin preguntar absolutamente nada, hace inmediatamente acuse de lo recibido, y con el tiempo a esa mesa se le dio un baño de pintura de color marfil oscuro, se le colocó únicamente un cristal importado con una tonalidad bronceada y comprado en una cristalería por el valor de cuatro mil bolívares (Bs ). Con esta sana picardía no sólo se ganó una excelente mesa de conferencias, sino que sirvió de empuje para terminar la dotación del mobiliario de la sala de re- 72

66 uniones, ordenando se fabricara un estante espacioso de madera con enchape de color crema en la carpintería del hospital y se completó con ocho sillas adquiridas en los almacenes comerciales de Barquisimeto, las cuales aún están en uso y permanecen casi en su estado original. Al ingresar oficialmente al Servicio el doctor Antonio Arturo Sosa, el 16 de junio de 1989, dejó a más de uno boquiabierto al develar el modo tan inusual con el que toma sus decisiones. Su compromiso con el Servicio comienza cuando pone su máximo interés en mejorar la recaudación de los fondos voluntarios de la ORC, establecida oficialmente en el hospital, además de robustecer los recursos materiales y los ambientes ya conseguidos. Todas estas acciones hacen resaltar su actividad como adjunto. En cualquier caso, esta vocación de servicio condujo a juntar los deseos de lograr la optimización en la prestación de salud urológica hospitalaria y aunando esfuerzos con el doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán, volvieron a planificar un evento musical sin precedentes en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. El 3 de noviembre de 1989, se concreta en las instalaciones del Círculo Militar de Barquisimeto, un espectáculo llamado Lara, Danza y Canción, nuevamente con el célebre cantante Simón Díaz, autor de temas de reconocida fama internacional, el cantante Rafael Montaño, acompañado por Renny Montaño y su conjunto, la cantante Fanny Ferrini, el doctor Martín Díaz Peraza dirigiendo la Coral Antonio Carrillo, y lo más representativo del folclore regional larense convirtiéndose en un desfile de estrellas nacionales, regionales y locales. En esa oportunidad, el espectáculo se llevó a cabo con el auspicio del Club de Leones Teodoro Méndez y con la colaboración 73

67 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA del personal del Servicio Social, licenciadas Sonia Álvarez de Padrón y Minerva Álvarez Querales. El valor de las entradas fue de doscientos bolívares (Bs. 200) cada una. Ya para el año 1990, el Servicio había visto pasar sus momentos de mayor decadencia, a tal punto de sentirse un ambiente más sereno y estar oficialmente respaldado por los cambios efectuados por convicción propia. Al iniciar las actividades ese año, la suerte que corría el Servicio continuaba bajo la responsabilidad del doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez; el doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso seguía como segundo adjunto, el doctor Antonio Arturo Sosa aparece como el tercero y el doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán pasa a ser el cuarto adjunto, hasta cumplir la suplencia de urólogo y ganar su cargo por concurso en el año Los rumores difundidos en el hospital durante la segunda mitad del año 1990, quedaron confirmados al conocerse por medio de la prensa, la triste situación económica que atravesaba el país. Los presupuestos concernientes a las carteras de Gobierno, se vieron ampliamente cercenados por una administración pública inadecuada y poco eficiente, y el Ministerio de Salud y Asistencia Social, quedó obligado a recortar los dineros que le correspondían a los hospitales de la República. Esa situación causó un efecto directo al producirse una disminución importante en el número de intervenciones quirúrgicas que se realizaban en el Servicio de Urología. El 8 de octubre de 1990, el jefe de Servicio doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez envió al jefe de Departamento de Cirugía, doctor Juan Daza Pereira, una carta compromiso haciéndole ver que había una franca disposición de los Servicios de Urología y Anestesiología en agilizar los casos quirúrgicos represados en la consulta externa del Servicio de Urología, para lo cual la jefatura de dicho Servicio quedaba comprometida en suministrar los aparatos y medicamentos 74

68 anestésicos necesarios para un acto quirúrgico urológico de cualquier naturaleza; reparar totalmente una máquina de anestesia dañada que oficialmente le asignaron y en dotar de insumos urológicos a los pacientes con patologías quirúrgicas a resolver, siempre y cuando se le facilitara un pabellón especial para colocar estos materiales. La carta donde explica con detalle la ambición de ese proyecto, obtuvo una respuesta favorable para ejecutar este novedoso plan. Quizá el Servicio nunca dejo de profesar que el volumen de sus intervenciones quirúrgicas se normalizaría, porque tenía la plena seguridad que le deberían asignar y con carácter de exclusividad, un pabellón llamado el número seis. Hacia finales de 1990, aquel pabellón considerado como el más deteriorado del área quirúrgica hospitalaria y despreciado por los Cirujanos Generales, fue solicitado ex profeso con la sana intención de adaptarlo para que cubriese las necesidades propias del Servicio y, para que no se pensara que esa exclusividad era un ventajismo sobre los otros servicios quirúrgicos del hospital, se estableció el compromiso de que al momento de activarse ese plan, en cada turno quirúrgico se tendría que regularizar el número de las intervenciones urológicas represadas en el Servicio. Esto llegó a despertar infundadas sospechas en el personal médico de los Servicios Quirúrgicos Generales, quienes suponían equivocadamente que la Dirección estaba protegiendo solapadamente al Servicio de Urología, lo cual trajo como consecuencia roces personales efímeros sin ninguna importancia. El 16 de enero de 1991 con carta en mano, firmada por los doctores Bracho como jefe de Servicio y Sosa como Adjunto, le hacen ver al doctor Rafael Torres, director del Hospital, que es necesario que aclare esos malos entendidos y que busque una alternativa para sacar al Servicio de ese paradójico problema. Iniciaba el año 1992 y el Servicio estaba a punto de culmplir con una de las más grandes quimeras de su historia. Al concluir las conversaciones entre los doctores Juan Daza Pereira, Cirujano General, y el doctor Carlos Alberto Moros Ghersi, Médico Internista, 75

69 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA jefes de Departamento del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, ambos terminan firmando un convenio con el cual sorprenden al Servicio de Urología y lo comprometen claramente con la Coordinación Quirúrgica de los Trasplantes Renales, teniendo que salir como garante de las intervenciones quirúrgicas inherentes a ese tema. La visita protocolar que hizo el doctor Luis H. Rodríguez Díaz, como representante máximo de la Academia Nacional de Medicina y como miembro de la Comisión de Trasplantes del Hospital Universitario de Caracas, significó para todos los integrantes del Servicio de Urología, incluidos otros médicos del hospital, confianza, tranquilidad y un gran honor por la presencia de un destacado representante con extraordinaria investidura de la urología venezolana y por la cortesía demostrada por una personalidad de tal magnitud. Esa corta visita, despertó ese día sentimientos de júbilo en el hospital por habérsele verificado todos los recaudos cumplidos para participar en aquel novedoso programa de trasplantes renales. Concluye el doctor Luis H. Rodríguez Díaz al terminar con la inspección y dar su visto bueno al programa de trasplantes, que el Servicio estaba apto para tal fin. Al llevarse a cabo el primer trasplante renal en la ciudad de Barquisimeto, el 14 de febrero de 1992 se convierte en una de las fechas más memorables para el Servicio de Urología, ya que fue, un anhelo más y exitosamente cumplido en este centro tradicional hospitalario. Ese evento científico quedó plasmado en la memoria de los larenses por la tremenda publicidad que generó dicho acontecimiento y por las numerosas y agradecidas notas que fueron reseñadas por la prensa. Fue un trasplante de vivo a vivo y los dos equipos quirúrgicos quedaron conformados por el doctor Antonio Arturo Sosa como cirujano principal y los doctores Víctor Alejandro Galarreta Bazán, Franklin Majano y Luis Alberto Gutiérrez Briceño como los ayudantes en la extracción del órgano, su preparación y colocación en el paciente receptor. Ese día estuvo presente el doctor David Arana con su magistral supervisión, quien entregó valiosa información a la prensa tanto nacional como regional. 76

70 Los trasplantes renales se iniciaron en Barquisimeto, gracias al empuje de un pequeño grupo de urólogos que lograron culminar con éxito una titánica labor emprendida en la segunda mitad del año 77

71 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Comenzaron a reunirse en esa fecha, con el propósito de actualizar sus conocimientos referidos a los temas relacionados con el trasplante y seguir periódica y planificadamente desarrollando sus habilidades y destrezas en la extracción de órganos, constantemente apoyados por el doctor David Arana, quien se trasladaba voluntariamente desde la ciudad de Caracas, sin poner objeción a la hora ni a los días festivos inclusive, siempre que fuese requerido por el Servicio. Participaron en estas reuniones los doctores Nelson Plaza Quevedo, Antonio Arturo Sosa y Víctor Alejandro Galarreta Bazán, con la asistencia de los cirujanos doctores Franklin Majano y el fallecido José Manuel Gozaine; los nefrólogos, doctores Gustavo Maldonado, Alejandro Carvallo Pozos y Luis Rumbos. Colaboraron en el primer trasplante renal, muchos médicos, técnicos y auxiliares de otros servicios que de una u otra manera, lograron el triunfo al colocar a este centro asistencial como el núcleo de atención más importante para enfermos renales crónicos en la región centroccidental. No habían pasado ni los cuarenta días de aquel significativo acontecimiento, cuando el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez recibió una comunicación mediante un oficio, enviada por el doctor Juan Daza Pereira el 25 de marzo de 1992, en la cual le informa su decisión de aceptar la renuncia del doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardozo a partir del último día del mes de abril. Semanas después de lo acontecido, el Servicio se sumerge en una profunda reflexión analizando las metas alcanzadas desde 1986 y verifica con absoluta imparcialidad, una evolución lenta pero compacta, tanto en el aspecto asistencial como en el docente, hecho que se va a convertir en una de las más claras victorias logradas por él. Entusiasmado con este éxito, el Servicio propuso a la dirección del hospital, el 3 de abril de 1992, la remodelación y acondicionamiento de la terraza del cuarto piso colindante con el área de hospitalización del Servicio de Cirugía General, para ser utilizada como un espacio administrativo, docente y asistencial. El Servicio de Urología espera nuevamente un largo tiempo para esa justa respuesta. 78

72 Comenzaba a hacerse muy evidente que mientras el tiempo transcurría con más prisa, el Servicio tendría que llenarse de mucha paciencia para esperar con calma aquella determinación. Entretanto, el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez seguía ejecutando las disposiciones sugeridas para su jefatura, pero con lentitud y extremada incertidumbre. Las funciones acéfalas tras la renuncia del doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardozo fueron asumidas por el doctor Antonio Arturo Sosa como segundo adjunto al Servicio y el doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán asciende automáticamente a las funciones de tercer adjunto. Al verificar en esos meses, que los cirujanos dedicados al trasplante continuaban en una consolidación como grupo y que la demanda de los pacientes en vía de trasplante renal crecía día a día, el Servicio utilizó estos argumentos para justificar su necesidad al tener que pedir un ambiente especial para ese tipo de pacientes. En julio de 1992, le conceden una habitación con dos camas, sin baño incorporado para el uso exclusivo de los pacientes trasplantados. La habitación todavía le pertenece administrativamente al Servicio de Urología y está ubicada en el cuarto piso del área de hospitalización. Durante todo un año el Servicio de Urología acarició la esperanza: que algún día se le ubicaría en una nueva sede administrativa y docente. El 7 de mayo de 1993, la doctora Ángela Della Pía de Pérez, Directora del Hospital, envió una comunicación escrita al jefe del Departamento de Cirugía, para que eleve de inmediato ante la Comisión Restauradora del Hospital, la propuesta por escrito sobre el uso al que se destinaría la terraza del cuarto piso del Servicio de Cirugía General, proyecto aceptado por su gestión desde el momento que le fue presentado. Mencionó en la misiva, que la propuesta debería ser enviada antes del 10 de mayo de 1993 y acompañada con una copia firmada por los doctores Bracho, Sosa y Galarreta que había sido enviada a la Dirección del Hospital un año atrás. Dentro del proyecto técnico elaborado para el acondicionamiento de la terraza, la constructora Di-Yesi C.A, contemplaba el diseño estructural para un quirófano de intervenciones menores el cual 79

73 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA sirviera también para las exploraciones endoscópicas del tracto urinario superior. Los recursos económicos para su financiamiento correrían por cuenta del Fondo Intergubernamental para la Descentralización (FIDES). Se había considerado que inmediatamente después de haberse obtenido el visto bueno sobre la remodelación del inmueble, se intentaría conseguir paulatinamente los recursos económicos para dotar a ese pabellón de una mesa operatoria, una máquina con uniones completa para la toma de gases anestésicos, una lámpara cialítica, una unidad electroquirúrgica y los accesorios para la intubación de los pacientes. Estos gastos correrían por cuenta del Servicio de Urología. El diseño de aquel pabellón permitió al Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda observar la remodelación de su nueva sede terminada meses más tarde. Se veía una burla del destino la dilación de aquella bendita remodelación. Al mismo tiempo, parecía que de las autoridades hospitalarias ninguna se había percatado que las contrariedades administrativas arraigadas desde algún tiempo en la Coordinación de los Pabellones, tenían una gravedad tal, que se anunciaba el deterioro que haría pasar una de las pesadumbres quirúrgicas de más largo tiempo al hospital; por consiguiente, los jefes de los Servicios de Urología y de Cirugía Plástica doctores Francisco del Pilar Bracho Áñes y Rubén Sánchez Reyes, tuvieron que adelantarse al problema, obstáculo que irremediablemente iba a cambiar el normal desenvolvimiento de las intervenciones quirúrgicas en ese centro de salud. Por lo pronto, el 11 de mayo de 1993 enviaron una carta a la Dirección del Hospital solicitando un pabellón de uso común para solventar la crisis en puerta. El Servicio de Urología en conjunto con el Servicio de Cirugía Plástica, el 8 de noviembre de 1993, pudo conseguir un pabellón autorizado por la Dirección del Hospital para que lo administrara y en el cual se tendrían que compartir los turnos quirúrgicos por parte de ambos servicios, quedando ubicado ese pabellón en el segundo piso de la misma área quirúrgica del hospital. La crisis administrativa descrita en el párrafo anterior, enquistada 80

74 fuertemente en todo el hospital y pregonada por sí sola desde un tiempo atrás, se profundizó de forma repentina produciendo mayor retardo en las intervenciones quirúrgicas electivas de ese centro de atención hospitalaria, a punto de afectar los turnos quirúrgicos en los Servicios de la Emergencia General. Para proceder a mitigar únicamente este problema, el Servicio de Urología se vio obligado a precipitar la compra de algunos equipos quirúrgicos faltantes: un monitor cardíaco, un aspirador, una lámpara cialítica y al año siguiente, se adquirió un oxímetro de pulso, el único que existía para ese momento en el hospital. De los fondos recaudados en esa oportunidad, dotó al pabellón número ocho, conocido también como el Pabellón de Urología, de todos los implementos requeridos para una intervención quirúrgica electiva: bultos completos de ropa quirúrgica, sondas, drenajes, suturas, inyectadoras, compresas y gasas, asignándosele al Servicio de Anestesiología algunas drogas anestésicas que previamente había solicitado, además, tubos endotraqueales, estetoscopios, tensiómetro, laringoscopio y otros implementos. Una vez superados aquellos inconvenientes, como una respuesta normal al funcionamiento de los elementales planes que aún perduran, en 1993 el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez, discapacitado por tener al descubierto una enfermedad irreversible, hizo del doctor Antonio Arturo Sosa su lugarteniente hasta decidir alejarse gradualmente de la jefatura. Por azar del destino, en esa precisa fecha el doctor Nélson Eduardo de la Cruz Rodríguez Giménez, llega para reforzar al Servicio, presentando una solicitud al jefe encargado para que le concediese la suplencia del cargo vacante dejado por el doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, solicitud que fue aceptada por el doctor Sosa el 15 de junio de El doctor Rodríguez se mantuvo en esa suplencia hasta concursar por el cargo el año siguiente. Debo aclarar al lector, que hasta ahora los logros alcanzados por el Servicio, no fueron directamente obtenidos por los jefes o directores de turno, sino a través de unas claras estrategias cuyos orígenes partieron de dos adjuntos. 81

75 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Quinta década No sería nada difícil exagerar la ilusión despertada en la década anterior, así como tampoco elogiar el inicio de la quinta. Sólo diré que para esta época, el Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda se encontraba definitivamente consolidado y organizado bajo la jefatura del doctor Antonio Arturo Sosa, y como segundo adjunto el doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán. El doctor Nelson Eduardo Rodríguez Giménez, quien ingresó el 1º de febrero de 1994, con el cargo de Especialista I, ganado por concurso, asumiría después las funciones del tercer adjunto. Quedando todavía un cargo vacante de Especialista I. En esos tiempos, el Servicio de Urología que ya gozaba de una reputación muy en alto, en una de las reuniones departamentales, el 28 de abril de 1994 elaboró una exposición de motivos en presencia de la doctora Rosario Arenas de Serrano, directora del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, en la cual el Servicio le participaba a los presentes la preocupación sobre el futuro inmediato que iban a correr los sistemas de salud por falta de presupuesto en Venezuela. Sistemas que distan mucho de cumplir su cometido y que la crisis económica derivada de la quiebra bancaria venezolana, profundizaban aun más su deterioro. Por eso, el Servicio de Urología consecuente con sus pacientes, estaba promoviendo diferentes planes en el turno quirúrgico matutino, sin resultado efectivo. Sin embargo, su deseo permanente de un Plan Vespertino sencillo, vería reflejado con sorpresa el éxito total en las operaciones quirúrgicas que se realizarían en las tardes, haciéndoles notar que el Plan Vespertino presentado tipo A era eminentemente social y sin fines de lucro ya que estaba basado, entre otras cosas, en el estímulo económico del personal que laboraría en esas intervenciones quirúrgicas y en la solución inmediata al problema de salud del paciente urológico con escasos recursos y que además, sería un desahogo de la prestación de Salud Pública represada en la región. A partir de entonces, lo descrito pasaría a formar el patrón de los 82

76 proyectos asistenciales propuestos para la prosperidad del Servicio. Mientras tanto, se acumulaban con lentitud suficientes pruebas históricas que irían a demostrar que la gestión llevada por la doctora Rosario Arenas de Serrano, directora del Hospital, intentó reestructurar el sistema caótico reinante en la Coordinación Quirúrgica de ese nosocomio. Esta área estaba dirigida en ese tiempo por el doctor Daniel González, médico perteneciente a uno de los servicios de Cirugía General. En vista que la doctora no pudo alcanzar su cometido, obligada tomó el proyecto de las intervenciones quirúrgicas vespertinas firmado por los doctores Antonio Arturo Sosa, Víctor Alejandro Galarreta Bazán y Nelson Eduardo de la Cruz Rodríguez Giménez y lo trasladó de inmediato al Consejo Consultivo del Hospital para una minuciosa revisión. De ese proyecto que fue propuesto a la Dirección un mes atrás, de pronto el 17 de mayo de 1994, el Servicio recibió una respuesta en una carta enviada por la Dirección, autorizando el inicio oficial de las intervenciones quirúrgicas vespertinas en el Hospital Central Universitario Antonio Maria Pineda. Quedaron registradas las primeras operaciones quirúrgicas vespertinas en el hospital e iniciadas en esa década con el aporte voluntario de sesenta mil bolívares (Bs ) a cuenta de los familiares de los pacientes que se irían depositando en la Oficina Recaudadora de Fondos Voluntarios (ORFV) y que, progresivamente, se incrementaron hasta sumar la cantidad de doscientos cincuenta mil bolívares (Bs ) por intervención electiva realizada en las tardes. Cuadro: Plan recomendando por la Oficina Recuperadora de Fondos Voluntarios. 10 % Para manejo administrativo de la ORFV. 40% Para gastos del personal. Médico: Cirujano, Anestesiólogo y Ayudantes. Paramédico: Enfermera, Auxiliar y Camarera. 30% Para material médico quirúrgico. 20% Para reinversión en el servicio. 83

77 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA La llegada del mes de junio, sorprendió a todos los adjuntos y residentes operando cómodamente por las tardes; esto gracias a la presión constante que pudo ejercer el Servicio de Urología ante la doctora Rosario Arenas de Serrano, a quien no le quedó más camino que no fuera el de permitir que las intervenciones quirúrgicas vespertinas se realizaran desde un mes atrás. Asombrosamente, el caos quirúrgico continuaba hacia su inexorable final y para el 29 de junio de 1994, se agudizó de tal manera que la Directora no pudo ocultarlo más, y lo confiesa por escrito en una carta oficial dirigida a cada uno de los jefes de los servicios quirúrgicos de este centro de salud. Por su parte, el modesto Plan Vespertino orientado en buena medida a mitigar el arraigado problema quirúrgico matutino, había dado resultado. Ayudó con su fluidez a incrementar el escaso número de intervenciones quirúrgicas realizadas en los turnos de la mañana, compensando su volumen y concediéndole tranquilidad al Servicio por un tiempo determinado. Mientras en el Servicio las actividades se desarrollaban de una manera efectiva, se le hace la sugerencia al doctor Rafael Antonio Martínez Figuera, quien no tenía mucho tiempo de haber regresado a la ciudad de Barquisimeto, de concursar por el cargo de Médico Especialista I, como urólogo que era, e innegablemente bien preparado en la ciudad de Caracas. Al poco tiempo participa y gana en el concurso de oposición, empezando el 1º de octubre de 1995 a desempeñar las funciones de cuarto adjunto en el Servicio. Así pues, que con la incorporación de ese joven especialista, se completa la nueva generación de médicos urólogos en el Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. Es importante destacar que el propósito de este texto, no es hacer un bosquejo histórico de la Fundación Larense de Urología (FUNDALAURO). Sin embargo, resalta el hecho de ser una institución creada por el Servicio sin fines de lucro, con personalidad jurídica y patrimonio propio, fundada el 15 de noviembre de Esta 84

78 organización ha logrado ubicarse como el instrumento más importante en el sustento económico del Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. Según su acta constitutiva los doctores Antonio Arturo Sosa, Víctor Alejandro Galarreta Bazán, Nelson Eduardo de la Cruz Rodríguez Giménez, Ana Victoria Tang Sangronis, Abel Ovidio Briceño González, Rafael Antonio Martínez Figuera y Luis Alberto Gutiérrez Briceño, son los médicos urólogos fundadores de dicha institución. El primer Cuerpo Directivo de esta fundación quedó constituido por el Dr. Nelson Eduardo de la Cruz Rodríguez Giménez como Presidente, la Dra. Ana Victoria Tang Sangronis como Secretaria, el Dr. Antonio Arturo Sosa como Tesorero y como primer y segundo vocal el Dr. Víctor Alejandro Galarreta Bazán y el Dr. Rafael Antonio Martínez Figuera, respectivamente. Si bien es cierto que de las muchas actividades del Servicio, que se desarrollaban puntualmente no había quejas, no es menos cierto que dentro de las actividades asistenciales diseñadas para cubrir las patologías relacionadas con el tracto urinario inferior, algunas no estaban dando los resultados esperados, probablemente por el incremento de los pacientes con patologías quirúrgicas represados en consulta externa de urología. La doctora Ana Victoria Tang Sangronis, en su calidad de residente, sugiere con determinación, en una reunión de Servicio, llevar a cabo una jornada urológica que involucre la solución quirúrgica de los casos encontrados en el Estado Lara. Meses después de aquella brillante recomendación, esa idea adquiere un matiz diferente y el sábado 18 de noviembre de 1995, se celebró la Primera Jornada de Despistaje de Tumores Prostáticos en la ciudad de Barquisimeto, destacando en esa oportunidad el escaso número de pacientes curiosos que asistieron sólo a reír de las bromas relacionadas con el tacto rectal hechas a sus compañeros, quienes salían sorprendidos de los cubículos de la consulta. Estas Primeras Jornadas en Barquisimeto dieron pie para que otras instituciones relacionadas con la salud organizaran programas similares con los últimos avances en el tratamiento o detección precoz de patologías 85

79 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA quirúrgicas de diferentes tipos, entre las cuales se encontraban operaciones de cataratas, el uso del láser para la destrucción de piedras vesiculares, cirugía laparoscópica aplicada en las esterilizaciones quirúrgicas, tratamiento para la disfunción eréctil o aplicación de las últimas técnicas en el suelo pélvico en la mujer. Puedo aventurar sin temor a equivocarme que fueron las primeras actividades de extensión que realizó el Servicio de Urología preconizadas en estos momentos por la universidad y también es una obra que se ha convertido en lo que hoy conocemos, como las Primeras Pesquisas de los Cánceres Prostáticos en Venezuela. El avance del Servicio, en mi opinión, no sólo ha residido en el hecho de que un grupo de entusiastas urólogos, intentara reorganizarlo para que sus integrantes pudieran desarrollarse en armonía, sino en el legado amargo que vilmente dejaron como herencia nuestros antecesores y que sin menospreciarlo, hizo que de él, surjan ideas buscando la solución más viable para cada necesidad en el Servicio. En consecuencia, el doctor Nelson Eduardo Rodríguez Giménez al año de estar inmerso dentro de la realidad social hospitalaria, manifestó su deseo de organizar un espectáculo deportivo de toros coleados, en la ciudad de Barquisimeto, evento que según su propuesta, debería ser planificado por el Servicio de Urología en conjunto con el Servicio Social, a fin de recaudar fondos para comprar insumos quirúrgicos y reunir el dinero para otros aparatos urológicos en el futuro. El 19 de noviembre de 1995, ve cumplido su deseo y agradece públicamente la colaboración de otras instituciones y de la donación económica de sus hermanos para alquilar los toros. 86

80 Banda Show Colegio Lisandro Alvarado, tarde de los toros coleados Si recordamos aquella vieja promesa que sobre la terraza del cuarto piso hizo la Dirección de Hospital, también debemos recordar que a pesar de ella, todavía quedaban grandes lagunas en relación al consentimiento para su disfrute y en lo relativo a la respuesta tan esperada, se puede adelantar que fueron tres largos años de querellas, y que de pronto se hace borrón y cuenta nueva, al verse instaladas las paredes divisorias con una tabiquería estructural apropiada, colocadas las puertas de las oficinas, ubicados los paneles del cielo raso y activada una línea telefónica privada costeada por la Fundación Larense de Urología. El 29 de mayo de 1996, el Servicio de Urología decidió trasladar inmediatamente sus actividades administrativas y docentes a la nueva sede ubicada en la terraza Sur Este del cuar- 87

81 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA to piso de Cirugía General, además de comprar unos muebles tapizados en tela color rojo, diseñados para la Jefatura y Secretaría del Servicio. Con tantos logros era insólito suponer como creían algunos, que aquel pabellón equipado parcialmente y también tramitado ante la Dirección, no se le pondría a funcionar con los procedimientos quirúrgicos menores, ni llevar un inventario de estas operaciones y exploraciones en los voluminosos libros de color amarillo fosforescente y otros de color azul conseguidos gentilmente por el doctor Sosa. La habitación que por tantos años acompañó como sala de reuniones y jefatura al Servicio, quedó desocupada hasta decidir acondicionarla como área de descanso para los residentes de urología durante sus guardias. Circunstancialmente, el 2 de octubre de 1996, fue un día que hizo recapacitar nuevamente a todos los integrantes del Servicio de Urología, pues el jefe de Departamento de Cirugía le informó al doctor Antonio Arturo Sosa, a través de una comunicación escrita, 88

82 su decisión de aceptar la renuncia planteada por el doctor Rafael Martínez Figuera, a partir del 10 de octubre de 1996, dimisión que fue solicitada por motivos personales, y que por más esfuerzos que hicieron, no lograron descifrar el por qué de aquella inesperada decisión, puesto que el doctor cumplía con sus labores en el Servicio de manera impecable. Superada la tristeza de aquella súbita renuncia y de otras tantas situaciones que afectaban al Servicio, quedaba la tarea de cómo describir el rostro de cada urólogo cuando casi todas las mañanas se tenían que enfrentar a sus pacientes injustamente omitidos, y que angustiados éstos exigían ser intervenidos en ese turno quirúrgico matutino, ya que sabían de antemano que se les había solicitado y preparado como una intervención electiva el día anterior. Aunado a esa situación interna del Servicio, estaba la inconformidad sentida por los anestesiólogos, la que era atribuida directamente al pabellón 89

83 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA número ocho, alegando su insuficiente dotación, y manifestando su descontento se negaban a seguir asistiendo de manera constante a los pacientes urológicos en ese quirófano. Tenían razón? Entonces el Servicio se vio obligado a solventar este obstáculo y el 23 de enero de 1997, adquirió un monitor cardíaco, marca Hewlett Packard y una máquina de anestesia marca Ohio, equipos nuevos y considerados como esenciales por los anestesiólogos. Esa máquina moderna y el monitor quedaron instalados en el pabellón número ocho del segundo piso, mientras que la máquina de anestesia reconstruida que estaba aún funcionando perfectamente, fue trasladada al quirófano destinado para las cirugías menores y las exploraciones endoscópicas en la terraza del cuarto piso del hospital. En aquella época, las actividades asistenciales solían sumergirse a veces en los apuros laborales del momento, pero las administrativas y docentes se desarrollaban de una manera mucho más equilibrada. Entonces, para homologar las actividades asistenciales era preciso mejorar la atención en la consulta externa pero también, promocionar las actividades que organizaba y planificaba el Servicio en su nueva sede. El 1º de marzo de 1997, se efectuó la reinauguración de toda la terraza Sur Este del cuarto piso de Cirugía General. Ese acto sencillo pero formal, contó con la presencia del Ministro de Desarrollo Urbano (MINDUR), doctor Francisco González, del Director del Hospital, doctor Francisco Javier Rojas Pérez y por los amigos e integrantes del Servicio de Urología que se encontraban presentes en esa ceremonia. Se hablaba ya para ese entonces del costo tan elevado de aquella pequeña remodelación, estimada por el orden de los cinco millones de bolívares (Bs ). 90

84 El vívido recuerdo que dejó el doctor Rafael Martínez Figuera en su corta estancia en el Servicio, no fue un instante de fatalismo que se sintió como un producto puesto por una revelación, sino una sensación de superación que despertó en el doctor Antoun Banna Yanji, ganas de trabajar y de seguir apoyando con su fortaleza científica el surgimiento del Servicio. Y deseoso de cubrir la vacante dejada por el doctor Martínez, concursa por el cargo en el hospital. El 1º de marzo de 1997, se incorporó como Especialista I, ganado por concurso de oposición, para cumplir las funciones de cuarto adjunto en el Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. 91

85 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Si hay una cosa que defina al Servicio en su vocación por el trabajo, es el hacer un ejercicio fiel a ese propósito. Una vocación demostrada a lo largo de toda su vida, proponiendo soluciones y efectuando rescates, tal como cuando se dejó abandonada en medio del quirófano de la terraza del cuarto piso, a merced de cuatro meses de improductivos trabajos, la máquina de anestesia restaurada y que por una extraña disposición fue rescatada nuevamente para llevarla a funcionar. El Servicio siempre ha sabido ser ganador. El 27 de mayo de 1997, se solicitó con carácter urgente una cotización para empotrar en las paredes del pabellón en el cuarto piso, las tomas de oxígeno y de óxido nitroso necesarias para el funcionamiento de la máquina de anestesia. Una semana después de haber concluido dicha instalación, los anestesiólogos procedieron de manera rotativa y con la mayor normalidad, a administrar los gases anestésicos a los pacientes que fueron elegidos para ser operados en ese quirófano. Para que el trabajo se hiciera más cómodo en ese pabellón, el 22 de julio de 1997, se compró una video cámara, marca Storz, en la casa comercial Equisa de la ciudad de Caracas, completando los equipos para ese quirófano. Para ese entonces, el Servicio se sentía orgulloso de tener casi todas sus intervenciones quirúrgicas controladas, pero al poco tiempo el recrudecimiento de las carencias materiales para los trabajos normales del quirófano, colocaron al imperturbable doctor Humberto Arias Bello, jefe de Departamento de Cirugía, en la posición de sentir 92

86 temor por los resultados que podrían ocurrir en las operaciones realizadas en el nuevo pabellón. Entonces, el 25 de agosto de 1997, solicitó al Servicio a través de una carta firmada por él mismo, le fuera presentado por segunda vez el croquis original del proyecto del pabellón de Cirugía menor y Exploraciones Endoscópicas, para mostrarlo y discutirlo nuevamente ante la Dirección del Hospital. Esta circunstancia le hizo percibir al Servicio algo que solía considerar como un sentimiento de rebelión contra su propio destino, pero la necesidad de realizar una excelente labor se vio gratificada por la respuesta del doctor Francisco Javier Rojas Pérez, Director del Hospital, que fue tajante al responder favorablemente al desarrollo de este proyecto. Despejados los nubarrones de fracaso que se cernían sobre ese bregado quirófano, ahora no quedaba duda que cada rincón del Servicio que necesitara ser dotado de equipos o materiales urológicos, lo sería debido a la perseverancia de su personal y a la colaboración de las autoridades. Estaba demostrado que el Servicio podría buscar y dotarse de los mejores equipos tecnológicos para continuar con su idea de fortalecer la atención a los pacientes en la región centroccidental. Estudiando con detalle el monto del dinero ingresado a través de la Fundación Larense de Urología, el 29 de septiembre de 1997, el Servicio decidió comprar una máquina de urodinamia de cuatro canales, marca Life-Tech, y dejar en gestión, la adquisición de un ecosonógrafo. La máquina de urodinamia le permitió empezar de manera rápida a lidiar con las distintas pruebas diagnósticas que involucran a esta novedosa especialidad. Por su parte, el Presidente de la Fundación Larense de Urología solía afirmar en aquel entonces, que su agudeza imaginativa para las compras, le autorizaba por completo a obtener casi de inmediato y sin protocolo, aquellos equipos tecnológicos que requería el Servicio. En octubre de 1997, hace una demostración de tal afirmación, facilitando una transacción que en esos momentos se estaba gestando entre el Servicio de Urología y la Asociación Larense para el Enfermo Renal (ALPER), obligando a ésta y por franca donación un 93

87 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA ureterorrenoscopío, marca Wolf, y en una casa comercial de Caracas completó los accesorios básicos disponibles, cancelándolos con los recursos económicos que ingresaron por algunas jornadas realizadas y por otras partidas de diferentes procedencias, dando pie de esta forma a las primeras exploraciones endoscópicas del tracto urinario superior. Estas exploraciones permitirían al Servicio años después, introducirse en el vasto mundo de la litotripsia intracorpórea. Ese ureterorrenoscopío se encuentra aún en buenas condiciones y funcionando actualmente en el Servicio. Con la decepción que causa usualmente toda tramitación burocrática legal, y sin que haya surgido una fórmula efectiva para hacer los trámites pertinentes más expeditos, las instalaciones del pabellón situado en la Terraza Sureste del cuarto piso se estaban realizando lentamente desde hacía tiempo. Para regularizar esta situación, el 29 de octubre de 1997, se iniciaron los trámites que permitirían que la actividad cotidiana del quirófano fuese considerada como legal y después de terminadas las tediosas y aburridas tratativas, que por naturaleza se hacían ante el Consejo Directivo Hospitalario, el 7 de enero de 1998, ese Consejo Directivo aprobó dicha solicitud y el funcionamiento del pabellón pasa a ser oficial. Posteriormente el 14 de abril de 1998, el doctor Alexander Ybarra, residente que cursaba el primer año de la Residencia Asistencial Programada en Urología, recibió la comisión para entregar personalmente a la Dirección del Hospital las normativas que regirían el funcionamiento del pabellón en la terraza del cuarto piso. Auque no es necesario revelar cómo era la prédica del Servicio sobre el ahorro, ésta siempre estuvo presente desde el inicio de sus actividades. Al llegar el Servicio de Urología a la conclusión de que para economizar mayor cantidad de dinero en la adquisición de equipos tecnológicos de costos elevados, lo más conveniente sería comisionar a los dos especialistas que estaban listos para partir al Congreso de la Asociación Americana de Urología a celebrarse en la ciudad de San Diego, California, USA, para la compra de un moderno Lithotripter, marca Calculith, como complemento para las litotrípsias 94

88 endoureterales en Barquisimeto; además, de adquirir un nefroscopío, marca Storz con sus dilatadores y accesorios, para dar inicio a las Nefrolitotomías Percutáneas. Luego el l7 de junio de 1998, al arribar los dos adjuntos del Servicio a esta ciudad de Barquisimeto, traían consigo los equipos que se les habían encomendado personalmente y cancelados a un precio mucho más razonable que el presupuestado por las casas comerciales del ramo previamente consultadas. Cómo han cambiado los tiempos; recuerdo muy bien el movimiento comercial extremadamente complejo que vivió el país durante la segunda mitad de esta década, que la verdad es que no quisiera indagar nada más acerca de él. Pero quizás valga la pena comentar, sólo como una circunstancia histórica y muy deliberada, que la casa comercial que vendió el equipo de urodinamia no tenía empleados con entrenamiento apropiado para configurar la máquina, por lo tanto, el Servicio tuvo que insistir constantemente para la solución de su problema y la casa comercial obligada a garantizar para el 23 de marzo de 1998, un viaje con todos los gastos pagados a la ciudad de Houston, Texas, para el personal de dicho Servicio que se encargaría de la manipulación de ese artefacto. El personal entrenado a mediados de noviembre de 1998, se dispone entonces a darle movimiento por primera vez a la Unidad de Urodinamia y Continencia del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, hecho este, motivado por la creciente demanda de los pacientes que ameritaban ese tipo de exploraciones. Por lo tanto, los estudios urodinámicos que se requerían hasta ese momento en el área de la salud hospitalaria, tenían que ser solicitados a través de clínicas privadas pertenecientes a otros estados o a la capital de la República, con las consecuentes incomodidades para los pacientes. Fiel a los compromisos adquiridos, el Servicio había depositado toda su confianza en estos dos adjuntos y nuevamente les solicitó su colaboración para que en el viaje que iban a realizar a la ciudad de Miami, averiguasen las características y el funcionamiento de un ecosonógrafo. Al regresar de su viaje, el 3 de junio de 1999, traen consigo un ecosonógrafo, marca General Electric, modelo Logic Q 95

89 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA 100, con los accesorios mínimos destinados a esos menesteres. Esa compra se hizo con los fondos recolectados por la Fundación Larense de Urología (FUNDALAURO) y a un bajo costo. El único inconveniente que trajo el aparato en cuestión, fue su decomiso en la aduana de Barquisimeto por no haberse declarado a tiempo los impuestos que le correspondían. En esa oportunidad se utilizó a la Dirección del Hospital para liberar a la máquina de ese embarazoso problema. Nadie se imaginaba hasta ahora, que del inmenso interés despertado por las ventajas sobre el ahorro, unido a las peculiares circunstancias personales, surgiera otra de las prédicas del Servicio relacionada con la inversión planificada. A ésta se le considera una de las acciones más importantes para el desarrollo de cualquier institución asistencial especializada, por eso, se daba por sentado que para seguir adquiriendo los equipos tecnológicos y poder impulsar el desarrollo de esta especialidad, sería necesario ingeniarse una manera de transacción que fuera común para la obtención de los equipos tecnológicos. El 16 de agosto de 1999, logra obtener todavía con el método de compras anterior un Nefroscopío, marca Storz, con los accesorios básicos para usarlo en las exploraciones de rutina diaria y que posteriormente lo complementa con otras pinzas para la extracción de fragmentos litiásicos. En tiempos de crisis, la artimaña y la sutileza que por regla no deberían estar aliadas, se entremezclan ante la triste y estremecedora realidad. Fue en algún instante de ese despojado pero próspero período, que dos de los adjuntos fisgoneando por los interiores del abarrotado hospital, localizaron una habitación amplia por la que bregaron tenazmente con el Servicio de Neurocirugía para dividirla en dos y como resultado, se obtuvo un pequeño cuarto discretamente adecuado para manejar con cierta comodidad los estudios por eco. El 8 de octubre de 1999, a esa habitación especial, ubicada dentro de la consulta externa de urología, se le dotó con un aparato de aire acondicionado, puertas corredizas, camillas y accesorios para las punciones guiadas por eco; además, se le asignó un personal 96

90 entrenado para los estudios urológicos por imágenes de ese tipo. Mientras los estudios por eco conseguían un protagonismo de altura dentro de la rutina asistencial diaria, las posturas políticas disfrazadas fueron avanzando desde los comienzos históricos del hospital hasta su total y desenfrenado protagonismo en la actualidad. Después del 15 noviembre de 1999, se confirma lo dicho: las autoridades hospitalarias someten nuevamente al Servicio a una de las tantas inspecciones a que lo tenían acostumbrado. Fiscalizaciones al quirófano del cuarto piso fueron muchas veces realizadas; igualmente, evaluaciones a las diversas actividades quirúrgicas que se ejecutaban en él. Al mes siguiente, el 3 de diciembre de 1999, se concluyó la última inspección del área física de la terraza del cuarto piso, aduciendo, en esa oportunidad, que el control se produjo a causa de un nuevo proyecto en la reestructuración hospitalaria general; sin embargo, el veredicto para ese momento fue positivo y se siguieron utilizando las instalaciones de aquel espacio quirúrgico por un tiempo más. Dos meses después, se le completan las conexiones para los gases anestésicos y se solicita una enfermera auxiliar y una camarera para completar el personal en esa área hospitalaria. Al terminar este milenio, todos los proyectos que fueron ejecutados y promovidos como acertados para el Servicio, le justificaron eliminar de manera definitiva la angustia de ser reconocido como un paria del hospital y aparecer a inicios del actual, como el forjador de su propia honra. Sin embargo, entre los años 2000 y 2003, queda un lapso en el cual el reconocido y emprendedor grupo de urólogos y su Servicio no conseguían volver sobre otros asuntos que no fuera el de fortalecer sus propias habilidades y destrezas, ejercitándose febrilmente en las técnicas quirúrgicas modernas aplicadas en el campo de la urología. En el año 2000, desde el momento en que el Servicio de Urología 97

91 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA pudo obtener un Nefroscopío, marca Storz, empezó con la preparación de las primeras exploraciones del retroperitoneo y con el desarrollo de las litotrípsias percutáneas, insistiendo en que los urólogos deberían llegar a dominar con interés esas técnicas por convicción propia. La primera mitad del año 2003, sorprende al Servicio con la disposición del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, de aumentar las horas laborables para algunos médicos especialistas contratados del hospital; ilusionados y llenos de esperanzas aguardan que este mandato sea una señal de respeto para los galenos y para sus derechos laborales que por natura les correspondían, hasta que el 26 de enero de 2004, reciben la deplorable noticia de que las intervenciones quirúrgicas del pabellón del cuarto piso quedaron oficialmente suspendidas como irónica recompensa a su dedicación. Sin embargo, este lamentable percance de ninguna manera interferiría con el avance del Servicio iniciado tiempo atrás. Al verse inaugurada la nueva sede de la Unidad de Cirugía Ambulatoria Dr. Constantino Kiriakidis, el 15 de junio de 2004, el Departamento de Cirugía del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, patrocinó un programa para el desarrollo de las cirugías laparoscópicas en el hospital. Era un programa estricto y celoso con cada servicio comprometido en participar con un turno quirúrgico en un pabellón semanal, el que se destinaba únicamente a las especialidades interesadas en realizarlo. El Servicio de Urología se está beneficiando actualmente de este programa, al procurar que sus adjuntos y residentes intervengan desarrollando las habilidades y destrezas a que obliga este moderno método quirúrgico. Por eso, el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda es, y seguirá siendo, el primer centro asistencial de referencia en la región centroccidental: sus recursos humanos cuentan con una larga y distinguida trayectoria que se ha ido extendiendo desde sus orígenes. Después de esta aclaración, parece injusto que el Servicio de Urología haya tenido que recorrer casi cinco décadas para que se 98

92 produzca de manera repentina y por intermedio de un traslado, el incremento de un único cargo para Médico Especialista. El 1º de abril de 2004, se autorizó la remoción del puesto del doctor Abel Ovidio Briceño González del Servicio de Emergencia General para ser admitido como quinto adjunto del Servicio de Urología. Tres meses más tarde, el doctor Antonio Arturo Sosa, jefe del Servicio, recibió una carta fechada el 16 de julio de 2004, firmada por la doctora Linda Amaro Bell, Directora del Hospital, donde le informa que el doctor Luis Alberto Gutiérrez Briceño, es el urólogo designado como un colaborador del Servicio de carácter temporal para los días lunes y miércoles de cada semana. A partir de ese momento, el Servicio decidió custodiar en su haber las comunicaciones que mantuvo con la Dirección del Hospital hasta la actualidad. De los recursos humanos, los residentes rotatorios de cirugía general son parte del personal considerado como flotante y son probablemente, los mejores testigos de la vida y obra del Servicio, compartida con su personal por largo tiempo en el hospital. Son los residentes quienes rastrean con su obstinación de estudiantes, uno de los aspectos más enigmáticos cultivado por el servicio durante sus últimos veinte años: su sentimiento fraternal, valor necesario para vivir en plenitud. Sin él, la vida deja de tener sentido y pasa a ser una mera existencia. Sólo para hacernos una idea, el día 29 de julio de 2004, de manera solemne se constituyó la Fundación de Médicos Urólogos Egresados del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, y aparecen en acta trece (13) firmas de los médicos fundadores: Dr. Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, Dr. Othir José Carrera Durán, Dr. Víctor Alejandro Galarreta Bazán, Dr. Pablo Antonio Azuaje Artigas, Dr. Víctor José Marrufo Arcaya, Dr. Abel Ovidio Briceño González, Dr. Luis Alberto Gutiérrez Briceño, Dra. Ana Victoria Tang Sangronis, Dr. Alexander Jesús Ybarra Ramírez, Dr. Rubén Alberto Macías Liscano, Dr. José Martín Pineda Laguado, Dr. Carlos Eduardo Pirela Martínez y Dr. Heberto José Andrade Atencio. El primer Cuerpo Directivo de la Fundación de Médicos Urólogos 99

93 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Egresados del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda quedó constituido por el doctor Víctor A. Galarreta B., Presidente, la doctora Ana V. Tang S., Vice Presidenta, y el doctor Rubén A. Macías Liscano, Secretario. Antes de pasar a otro tema, es oportuno hacer referencia a un recuerdo que se mantiene en mi mente y mi deseo siempre ha sido compartirlo con ustedes. Una tarde crepuscular de agosto de 2004, en Barquisimeto, tuve la ocasión de entrevistar al doctor Rafael Ángel Saldivia, uno de los pioneros y protagonista de esta desconcertante historia. No fue nada fácil extraer de su memoria los momentos finales de su trajinar por aquel luctuoso Servicio y tampoco, quitar de su rostro la nostalgia que sentía cada vez que me mostraba la esencia más pura de su alma. Parecía imperturbable ante la necesidad de querer consolar a lo que él llamaba la nueva generación de urólogos. Convencido en la firmeza persuasiva de su sabiduría trataba de compararla, al calor de sus atormentadores recuerdos, advirtiendo que desde 1986, esta generación había contraído un pacto moral tal vez sin querer con la urología, y cuando por fin había encontrado de donde sacar su quebrada y menguada voz, revela que no hay mayor tesoro en el Servicio que el haber labrado en su propio seno el sendero sagrado de la docencia. Más que un urólogo, queda un personaje legendario, construido a partir de los caprichos de la naturaleza humana, arrasado por su memoria de lo que había hecho cuando aún le quedaba un atisbo de vigor en sus manos temblorosas. Ni una vez pidió cesara aquella conversación. Sólo quería revivir esos recuerdos después de tantos años. Quizás baste señalar, dijo; que además de cumplir esta generación con lo pactado, ejecuta sus faenas diarias sin prestarle mínima atención a los escuetos jornales y sigue en su camino, sacando fuerzas de donde no tiene, para entrenarse en los medios tecnológicos más adelantados y que, al fin y al cabo, si bien se mira, son las armas que ayudaron siempre a fortalecer las habilidades y destrezas en nuestra envidiada especialidad. La entrevista con el doctor Rafael Ángel Saldivia fue una experiencia tan válida, que aún a las jóvenes generaciones que trabajan 100

94 en el Servicio, debería haberles quedado un claro mensaje de tan peregrinas realidades, no es fácil la tarea para un adjunto después de tantos años, evocar las primeras decepciones que le suelen anunciar el fin de sus labores, son tormentos que sólo acabarán con la muerte. Esta situación claramente entendida y extrañamente aceptada, es el final de la historia. Actividades docentes en el Servicio de Urología Período I Cualquier persona que esté convencida en demostrar como es la instrucción urológica en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, debería empezar por los orígenes de su enseñanza. Pero, de qué período estaríamos hablando? Como analizaré a continuación, existen numerosos testimonios que advierten que podría tratarse de una época tardía; es más, podría declarar que la docencia como tal, sólo se remonta al inicio del segundo período. Primera década Tratar de ubicar al Hospital General de Barquisimeto en el contexto más cercano a esta década, es darse cuenta de inmediato que las modernas especialidades médicas empezaban a desarrollarse en él, a un ritmo natural. Entre 1954 y 1964, los estudiantes habían observado que la evolución docente se aceleraba más, cada vez que se incrementaban las actividades asistenciales en su nueva sede. Comprobaban también, que los médicos especialistas en este hospital, comulgaban con el hecho de ser tenaces en la organización de las actividades docentes de sus especialidades y así dotarlas de un alto nivel científico. Estos motivos fueron los que terminaron por sellar el reconocimiento legal de la institución hospitalaria dentro de la comunidad estudiantil larense. No se puede disimular, la profunda tristeza que produce el recordar a un Servicio que gozando de los recursos materiales más actualizados, no tuviese el deseo de aprovecharlos en toda su magni- 101

95 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA tud, pero mayor desconsuelo produce el no encontrar rastro escrito o gráfico donde apoyarse y señalar que hubo alguna inquietud docente en su primera década. Tan sólo existen breves recuerdos de habilidades y destrezas puestas en práctica frente a algunos cirujanos que con sus testimonios lo certifican. Sin embargo, hacia finales de esa década, en 1963, ingresó el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez como residente tipo B, adscrito al Servicio de Urología, el cual se graduó en 1965, situación que lo convierte en el primer urólogo egresado de este centro. Segunda y tercera décadas y Aunque encajadas entre dos realidades distintas, la segunda y la tercera década de este desatinado período caracterizado más bien por la extrema indiferencia docente que la asistencial, condenan al Servicio de Urología a continuar al mismo compás perfilado durante los primeros años de su vida institucional. La actitud indecisa en su organización asistencial no dejó que se consolidara la docencia tal cual la conocemos; tampoco los procedimientos administrativos ayudaron a sacar al Servicio del desgano crónico que normalmente sufría. Estas razones provocan dilación en su avance institucional y reafirman el por qué del cuestionamiento hacia sus integrantes. Por eso, si la gerencia dejó establecido algún perfil de enseñanza en el transcurso de estas dos décadas, no se ha encontrado aún seña de aquel portentoso tesoro. Tanta indecisión y falta de iniciativa hicieron que el Servicio pasase por la etapa más difícil de su historia. En 1976, ingresó como residente asistencial en urología, el doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, graduándose en En 1981, el doctor Othir José Carrera Durán, fue el último residente asistencial en ingresar al Servicio de Urología durante este período, graduándose en A este primer período innegablemente comprometedor con estas tres primeras décadas, lo he catalogado subjetivamente de transitorio, por cuanto fue el producto de un modelo tradicional de organización que se aplicaba en algunos servicios especializados de aquellas épocas, 102

96 una figura caracterizada por profesionales egocéntricos, con actitudes miopes a la enseñanza y que sólo se limitaban a demostrar lo elemental de sus destrezas y habilidades en su oficio. Sin embargo, a estos tres primeros residentes, Francisco del Pilar Bracho Áñez, Néstor Alejandro Bolívar Cardozo y Othir José Carrera Durán, quienes con su máximo esfuerzo lograron graduarse de urólogos, con orgullo les puedo decir, que pasan a la historia como los precursores de la lucha contra estos caducos modelos tradicionales de organización. Período II Cuarta década Al empezar esta década aún quedaba mucho por aprender, y mucho obcecado suelto, empeñado en apostar al fracaso de cualquier idea académica propuesta; pero, nadie pudo menoscabar la inquietud de querer organizar un sistema asistencial que impulsara al Servicio en su crecimiento junto a sus actividades docentes en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda de Barquisimeto. Este fue el objetivo más importante planteado en En ese año también, el doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán, obtuvo el cargo de residente ganado por concurso de oposición el 3 de marzo de 1986, lo cual le permitió optar por la futura Residencia Asistencial Programada en Urología. No fue únicamente un período de utopías, sino también el período de los planes diseñados para que calzasen con la realidad. El Servicio de Urología se veía así presente con su actitud opaca y desconcertante dentro de un Centro Hospitalario que por naturaleza siempre fue docente. Esta situación obligó de facto, a finales de mayo de 1986, a organizar las primeras reuniones científicas del Servicio dentro de la oficina de la Coordinación de Enfermería del Servicio de Cirugía General, una oficina que se podría catalogar de sobria y concedida con la mejor voluntad por la Coordinadora, señora Enma Vásquez de Yajure. El contenido docente de aquella prime- 103

97 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA ra reunión se tradujo en una presentación sencilla de tres casos clínicos de interés urológico. Al poco tiempo de iniciadas las reuniones, se pudo observar que las condiciones del lugar eran inapropiadas para tal fin y hubo que habilitar un espacio dentro de la terraza Sureste, colindante con la sala de hospitalización, la cual había sido diseñada originalmente, como un sitio de descanso para los pacientes internados en ese nosocomio. Recordemos que uno de los mayores obstáculos para el progreso de las ciencias pedagógicas, es no disponer de los recursos idóneos para la enseñanza, y es por eso que en el espacio escogido como el más amplio y apropiado, se colocó una pizarra de color verde, previamente atornillada a la pared lateral izquierda del baño de la misma; a modo de repisa unos improvisados cajones elaborados con muebles viejos ya desincorporados del hospital, y un rotafolio hecho de forma artesanal para comenzar las actividades docentes de la Residencia Asistencial en vías de programación. Aquella Residencia en Urología tenía la esperanza de alimentarse con el adecuado manejo de los pacientes urológicos en el hospital, así como con de un método pedagógico oportuno que tendría que implementarse el año en curso. El diseño curricular que empezó lentamente a elaborarse, se plasmó en un programa para que las autoridades docentes del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda autorizaran su desarrollo, y además, para que el Colegio de Médicos del Estado Lara le diese su visto bueno. Ese plan de estudios estructurado a finales de 1986, estaba configurado para que se pudieran cursar 12 asignaturas de carácter obligatorio, sin créditos y con la presentación de un trabajo científico libre y obligatorio. La elaboración del Programa de la Residencia en Urología se estructuró 104

98 cuidándose al máximo, al escoger los contenidos del programa para este tipo de postgrado, los cuales son los más comunes en el país y en muchas latitudes. Estos contenidos del programa convertidos para muchos todavía en un enigma, estaban dejando resaltantes ejemplos de enseñanza en casi todo el hospital. Mientras otros servicios asistenciales se nutrían expectantes de su lento desarrollo, las actividades de los residentes quirúrgicos sufrían severas colisiones con las actividades asistenciales necesarias para su formación en el Servicio, enfrentamientos causados por una inadecuada organización en sus pasantías. El 11 de noviembre de 1988, se envió una carta firmada por el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez, en la cual se le hace conocer al doctor Juan Daza Pereira, jefe de Departamento de Cirugía, que los residentes del Servicio de Cirugía General y los internos rotatorios deberían concluir sus actividades asistenciales y docentes a la hora que esté pautada por su Coordinador, y así, evitar que no saliesen perjudicados en sus evaluaciones al no poder cumplir con sus funciones en el Servicio. La carta fue entregada a la Jefatura de Departamento con copia a las autoridades docentes del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, acompañada de un pequeño programa: el primer programa docente asistencial diseñado por el Servicio de Urología para los residentes e internos rotatorios del hospital. Las actividades académicas se fueron fortaleciendo en muchos sentidos, aun más, después de haber encontrado la forma de llegar a una excelente relación con el Servicio de Nefrología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. El 4 de diciembre de 1989, el doctor Raúl Goyo Affigne, jefe de Servicio de Nefrología, envió una carta en respuesta a la redactada por el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez, donde le informa que su servicio aceptaba gustoso presentarse a las reuniones científicas con miras a discutir casos urológicos y de trasplantes comunes para ambos servicios. Desde esa fecha, quedaron instaladas las reuniones científicas en el Servicio de Urología con la asistencia de los servicios que compar- 105

99 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA tían intereses comunes en el hospital, todos los miércoles a partir de las 7.30 am. La tenacidad como también la impaciencia del Servicio, se vieron gratificadas por el incuestionable reconocimiento docente emergido en el seno de otros departamentos, y mientras las reuniones científicas conseguían hacerse rutinarias, el Servicio continuaba firme en su proyecto, reflexionando sobre la carga docente que tenía que transportar y para dominar a esa inquietud, se dedicaba a adquirir los materiales docentes que le permitirían divulgar los firmes conocimientos de esa férrea disciplina. Se compraron aparatos como retroproyectores para diapositivas, proyector de acetatos, pantalla para la proyección de imágenes, televisores con VHS, equipo de sonido, computadoras de última generación, línea telefónica privada con su respectivo sistema de telefax, máquinas de escribir y revistas actualizadas con textos clásicos para ese momento, colocándolos dentro de un mobiliario adecuado para su resguardo, y así, poder incrementar poco a poco el inventario de su biblioteca, convencidos de que algún día, la Residencia Asistencial Programada en Urología llegaría a consolidarse todavía más. El espíritu de tolerancia con que emerge la docencia programada en el Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, hizo posible que se propagara gradualmente la enseñanza planificada de la urología en todo el hospital. Los residentes egresados siempre tuvieron una activa participación en los sucesos que rodearon a la evolución docente-asistencial en el Servicio. Revelar el inicio de aquellas primeras experiencias docentes programadas, sin mencionar a los residentes, sería una actitud sospechada como felonía directa a la institución; el único interés en confesar estos relatos, es dar a conocer el apoyo incondicional que ofrecen todos los residentes egresados al éxito de este programa docente, a tal punto que la reciprocidad se hace cada día más habitual. El doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán, quien ejercía el cargo de residente en la Residencia Asistencial Programada en Urología, 106

100 cumple con las actividades contempladas en ese primer Curso, el 18 de septiembre de 1989; luego, siguió ejerciendo durante un año su profesión bajo la modalidad de suplencias continuadas, a pesar del gran descrédito del Servicio en las dependencias de salud por sus deberes sumamente cuestionados en Barquisimeto. El vacío que dejó el doctor Galarreta en la Residencia Asistencial Programada, fue llenado el 5 de octubre del año 1989 por el doctor Pablo Antonio Azuaje Artigas, que ingresó con el cargo de residente, ganado por concurso, a esta nueva Residencia Asistencial Programada en Urología. La Residencia de Programada para esa fecha, se encontraba totalmente establecida y en pleno desarrollo de sus actividades docentes. El 31 de mayo de 1990, el doctor Víctor Antonio Marrufo Arcaya ingresó con el cargo de residente, ganado por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología. Después de unos meses que el doctor Víctor Marrufo estaba ejerciendo las funciones de residente en el Servicio de Urología, el destino le guarda un caso particular, subrayado como polémico. Este fue el período en que el doctor Juan Daza Pereira se mantenía más pertinaz que nunca, dirigiendo su jefatura, la costumbre de llegar muy temprano a su despacho, le llevaba a vociferar por cualquier tardanza de su personal y más cuando veía entrar alguna persona sin permiso en su oficina. Una mañana buscando receloso en sus archivos, verificó la flagrante sustracción del programa de la Residencia Asistencial Programada en Urología, presentado a ese Departamento años atrás por el Servicio. Confundido por el hecho y convencido de su meticulosidad, no le quedó más remedio que solicitar al Servicio de Urología la reposición de tan valiosa pérdida y el 27 de septiembre de 1990, se le envía por intermedio del doctor Víctor Marrufo, una copia del programa con una carta firmada por el doctor Francisco Del Pilar Bracho Áñez, donde se le hacía referencia, 107

101 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA a la necesidad de ser más cuidadoso, sobre todo con este tipo de documentos. El 1º de noviembre de 1991, el doctor Abel Ovidio Briceño González ingresó, con el cargo de residente, ganado por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología. El 4 de octubre de 1993, el doctor Pablo Antonio Azuaje Artigas residente de urología que acompañó al Servicio durante cuatro años, terminó la Residencia Programada y egresa como urólogo en la segunda promoción de este Curso. Quinta década En esta última década me parece justo seguir repasando la cronología de un grupo de médicos que están considerados como los más calificados del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, que pertenecen al personal flotante del Servicio y que sin ellos, la existencia de éste se apagaría. Se trata pues, de los jóvenes colegas que vienen entusiasmados a recibir instrucción en la especialidad de urología por un período determinado, y en quienes recae la herencia de un proyecto docente medianamente organizado que empezó con mucho sacrificio años atrás en el Servicio. Son los residentes del Servicio, individuos señalados para llevar al Postgrado Universitario en Urología de la UCLA a los niveles científicos más elevados de su historia, y que jamás permitirán que se repita el mustio ciclo de su pasado. Es importante señalar que en esta década solían presentarse, cada vez con mayor frecuencia, jóvenes especialistas en Cirugía General con títulos universitarios o asistenciales, merecedores de un cargo por concurso para la Residencia Asistencial Programada en Urología de este mítico hospital. Algunos médicos que con estas características lograron entrar al Servicio, son: el doctor Luis Alberto Gutiérrez Briceño, el cual ingresó el 16 de febrero de 1994, con el cargo de residente ganado por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología, y fue trasladado con el código 108

102 del cargo prestado por el Servicio de Nefrología. El doctor Víctor Antonio Marrufo Arcaya, residente de urología que acompañó al Servicio de Urología durante cuatro años, terminó la Residencia Programada y egresó como urólogo en la tercera promoción de este Curso, el 31 de mayo de La doctora Ana Victoria Tang Sangronis, también ingresó con el cargo de residente, ganado por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología, y fue trasladada con el código del cargo prestado por el Servicio de Cirugía General, el 1º de febrero de Gracias a un suceso calificado de oportuno, las actividades docentes de la Residencia Asistencial Programada en Urología en el año 1995, se vieron en la necesidad de ser replanteadas para su futuro. Al no querer enmendar a tiempo el Colegio de Médicos del Estado Lara su compromiso moral con estos Postgrados, el Servicio dio un golpe de timón a su proyecto docente, posponiendo el trabajo científico a presentar. La rebeldía mostrada por los residentes al intentar evadir el cumplimiento del trabajo científico del Postgrado, requisito indispensable para la aprobación del Curso, desencadenó acciones que terminaron comprometiendo a este colegio, del cual se esperaba que congelase la acreditación de los residentes hasta tanto presentasen su trabajo científico y fuese aprobado. Nunca se recibió respuesta a dicha solicitud. Esto trajo como consecuencia que el 12 de julio de 1995, el Servicio de Urología sometiera al programa docente de la Residencia Asistencial Programada en Urología, a una revisión justa de sus contenidos a cargo del Colegio de Médicos del Estado Lara, cuya responsabilidad recaía en ese momento en la doctora Alba Niño, docente de larga trayectoria en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado y Secretaria de Deontología y Gremialismo del Colegio de Médicos del Estado Lara, quien conversó amablemente con el Coordinador de la Residencia y le hizo entrega personal de un documento elaborado con las observaciones pertinentes. 109

103 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Aquellas turbulencias generadas en el postgrado, se fueron aplacando con el pasar de los años hasta volverse cada vez más fáciles de manejar. El 31 de octubre de 1995, el doctor Abel Ovidio Briceño González, residente de urología quien acompañó al Servicio de Urología durante cuatro años, terminó la Residencia Programada y egresó como urólogo en la cuarta promoción de este Curso, para seguir trabajando como cirujano general adscrito al Servicio de Emergencia General del Hospital. Así mismo, el 15 de marzo de 1998, el doctor Luis Alberto Gutiérrez Briceño, residente de urología que acompañó al Servicio de Urología durante cuatro años, finalizó la Residencia Programada y egresó como urólogo en la quinta promoción de este Curso. Inmediatamente, retornó al Servicio de Nefrología para continuar laborando con su cargo en el hospital. Al día siguiente, el doctor Alexander Jesús Ybarra Ramírez ingresó con el cargo de residente, ganado por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología. No había pasado un año, cuando el 29 de enero de 1999, la doctora Ana Victoria Tang Sangronis, residente de urología que acompañó al Servicio de Urología durante cuatro años, también concluyó la Residencia Programada y se graduó como la primera uróloga en la sexta promoción de este Curso. Ella continúa laborando con su cargo de cirujano general, en uno de los servicios de cirugía pertenecientes al Departamento de Cirugía del Hospital. El 16 de marzo de 1999, el doctor Rubén Alberto Macías Liscano, ingresó con el cargo de residente, ganado por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología. El 15 de marzo de 2002, el doctor Alexander Jesús Ybarra Ramírez, residente de urología, quien acompañó al Servicio de Urología durante cuatro años, finalizó la Residencia Programada y egresó como urólogo de la séptima promoción de este Curso. En consecuencia, quizá una de las razones del éxito de los primeros dieciséis (16) años de la Residencia Asistencial Programada en 110

104 Urología, reside en el hecho de que todos sus egresados ejercían su profesión con tal esmero, tanto en el sector público como en el privado, que su ejemplo despejó el estigma del cual había sido objeto la urología hospitalaria larense por tantos años. Es bueno recordar que hasta muy avanzado el año 1986, fue necesario que se agudizaran las actividades asistenciales y se asimilara culturalmente el valor de hacer bien las cosas, para que el Servicio de Urología remontara su vuelo. Ya para la época actual, sus actividades asistenciales habían doblado su número y su personal en formación ingresaba con mayor regularidad al Postgrado, por lo tanto, el Servicio consciente de su compromiso docente resolvió duplicar los cargos para sus residentes. Como ejemplo de ello, el 16 de marzo de 2002, los doctores Carlos Eduardo Pirela Martínez y José Martín Pineda Laguado ingresaron con los cargos de residentes, ganados por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología. Meses después de que estos dos residentes se adaptaron a las costumbres de la comunidad urológica hospitalaria, se ofrecieron a revisar la biblioteca interna del Servicio, descubriendo que los textos y revistas resultaban poco actualizados, teniendo los lectores que recurrir a otras salas de lectura y el esfuerzo para complementar los temas de su investigación se tornaba más pesado. Entonces, el Servicio de Urología se vio en el compromiso de fortalecer este campo y el 2 de septiembre de 2002, compró una colección de la urología clásica internacional, Campbell s Urology, compuesta de cuatro volúmenes y traída directamente de los Estados Unidos por el doctor Carlos Pirela, residente de urología. Además, el Servicio adquirió la recopi- 111

105 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA lación de las Clínicas Urológicas de Norteamérica y también, tomó la suscripción parcial de algunas revistas internacionales de urología. El enriquecer nuevamente el archivo interno de nuestra institución condujo a la actualización de aquel material bibliográfico obtenido años atrás por el Servicio, facilitó la revisión a los estudiantes de otros postgrados, actualizó y completó los conocimientos a los residentes y a los adjuntos del Servicio. El 15 de marzo de 2003, el doctor Rubén Alberto Macías Liscano, residente de urología, quien acompañó al Servicio de Urología durante cuatro años, finalizó la Residencia Programada y se graduó como urólogo de la octava promoción de este Curso. 112

106 El 16 de marzo de 2003, el doctor Heberto José Andrade Atencio ingresó con el cargo de residente, ganado por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología. A pesar de las condiciones del Servicio, siempre hubo médicos que mantenían la ilusión de ejercitar una buena urología en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, de progresar como todos los auténticos maestros, y de ser capaces de transmitir sus conocimientos y habilidades. Desgraciadamente, el solo hecho de contar con la buena voluntad de los facultativos ya no era suficiente para hacer buena urología en la década de los setenta, era imprescindible usar una tecnología que no existía en el Servicio. Naturalmente, aun bajo esas condiciones, el hospital como tantos en el país nunca se negó a recibir en su seno a los profesionales deseosos de seguir practicando o desarrollando sus habilidades en el terreno de la urología. Aquí nombro algunos, quienes a pesar del corto tiempo tuvieron la oportunidad de acompañar con decoro y con cierta esperanza al el Servicio. 113

107 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Cuadro: Pasantía de Médicos por el Servicio de Urología Juan Kiriakidis Prodromou Ramón Santos Monasterio Aldo Riccio Gaudino Eduardo Carvallo Pozo Alexis Lamus Isis Ramírez Antonio José Flores Prada César Martínez Alberto Rojas Elías Drika Gargour Ignacio Luis Gainza Peña Freddy Rincón José Rivero Residente en Urología Residente en Urología Especialista en Urología Especialista en Urología Especialista en Urología Residente en Urología Residente en Urología Especialista en Urología Residente en Urología Residente en Urología Residente en Urología Especialista en Urología Residente en Urología entre entre entre entre entre entre entre entre entre entre entre entre entre Actividades recientes en el Servicio de Urología Por lo pronto, no es hacia el pasado que nos corresponde dirigir la atención ahora, sino más bien, hacia el presente cuya dinámica seguirá enriqueciendo día a día al Servicio. Partiremos pues para ello del año 2005, donde el incremento de las horas laborables ya se había hecho una realidad. Sin embargo, este suceso esperado con absoluta paciencia, despertó gran confianza porque el Servicio al fin pudo ver que su deseo esperado durante varios años se cristalizaba. Es precisamente ese logro lo que caracteriza a ese año. Empezó el Servicio a fomentar con más ahínco el desarrollo de la Unidad de Urodinamia y Continencia, una de las subespecialidades urológicas de mayor investigación actualmente en el campo de la fisiología de la micción, facilitándole mejores insumos, un lugar más adecuado para la evaluación de sus pacientes y concediéndole un personal médico y paramédico para prepararlo con los conocimientos urodinámicos así como lograr el desarrollo de las habilidades y destrezas en el uso de la máquina. Todos 114

108 esos hechos, marcan el fortalecimiento de una futura subespecialidad en el Estado Lara. Así mismo, se está impulsando la Unidad de Oncología donde prevalecerán las líneas de investigación relacionadas con los cánceres prostáticos. El 16 de marzo de 2005, los doctores Samir Cumare y Joe Degregori ingresaron con los cargos de residentes, ganados por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología. No podría concebirse una ocasión más propicia, para dar a conocer a la ilustre colectividad urológica venezolana, el plan docente del Servicio pincelado por años. Durante los días 21, 22 y 23 de abril de 2005, se celebraron con gran éxito las Primeras Jornadas Científicas de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. El Comité Organizador estuvo conformado por el doctor Antonio Arturo Sosa, Jefe de Servicio; el doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán, Coordinador de la Residencia Asistencial Programada; y el doctor José Pineda, representante de los residentes del Postgrado de Urología. Asistieron al evento los galenos: Víctor Romano, profesor invitado de la República Argentina, y los profesores venezolanos Hugo Dávila Barrios, Francisco Fariñas, Elías Mora, Rodolfo Matheus, Paúl Escobar, Ariel Kaufman, Alfredo Lozada, Alessandro Colantuono, Miguel A. López, Alejandro García, Rómulo Aponte, Antonio León, Pablo Sánchez, Fernando Giordano, Leonardo Contreras, Alfonso Araujo, René Sotelo, Nicolo D Anna, David Graterón, Luis Benavides y Adelino Andrade. 115

109 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA El 15 de marzo de 2006, los doctores Carlos Eduardo Pirela Martínez y José Martín Pineda Laguado, residentes de urología quienes acompañaron al Servicio de Urología durante cuatro años, terminaron la Residencia Programada y egresaron como urólogos en la novena promoción de este Curso, promoción que lleva el nombre del doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán. 116

110 El 16 de marzo de 2006, los doctores Marcial Daza e Ibrahim Echeverría, ingresaron con los cargos de residentes, ganados por concurso de oposición, a la Residencia Asistencial Programada en Urología. La noche del viernes 9 de junio de 2006, el personal médico del Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, celebró la inequívoca prueba del tiempo y haber cumplido con su mayor acierto, cuando el Consejo Consultivo Nacional de Postgrado del CNU, aprobó el Proyecto del Programa de Postgrado en Urología presentado por la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, la cual pasó directamente a dirigir el Curso. La gran noticia comunicada a través del Consejo Nacional de Universidades llenó de alegría y júbilo a todos los integrantes del Servicio, en especial al doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán, quien dedicó esfuerzo y mucho tiempo para culminar con esta tarea. Esa noche se realizó 117

111 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA una reunión de confraternidad entre las autoridades universitarias, autoridades del Ministerio de Salud, autoridades del Colegio de Médicos del Estado Lara, Docentes y Residentes del Servicio de Urología para aplaudir el inicio del Postgrado Universitario de nuestra primera casa de estudios. El doctor Antonio Arturo Sosa, Jefe de Servicio, presentó un emotivo discurso relacionado con nuestro Postgrado. Luego del acto protocolar se hizo el lanzamiento de la página web del Postgrado en Urología, para ser utilizada como instrumento de enseñanza y como divulgadora de los trabajos científicos. 118

112 El 15 de julio de 2006, el Servicio de Urología completa un proyecto gestado por el TSU en Tecnología de la Informática y Comunicación, Francisco Reaño, y la Ing. en Informática, Reina Sánchez, asistentes de la biblioteca del Decanato de Medicina. El Servicio, convencido de querer brindar más comodidad en el uso del internet en las actividades docentes, instaló un dispositivo inalámbrico en la biblioteca Argimiro Bracamonte de la facultad de medicina, con la finalidad que el personal perteneciente al Postgrado de Urología resultara beneficiado, ubicando de esta manera a la biblioteca de medicina como la primera en contar con una zona wi-fi en la región centroccidental. Este aparato se instaló mientras se realizaban las XII Jornadas de Pesquisa de Cáncer Prostático en la ciudad de Barquisimeto. Bajo la asistencia masiva de urólogos en el XXI Congreso Venezolano de Urología, celebrado entre el 20 y 23 de julio de 2006 en Puerto Ordaz, al Postgrado de Urología de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado se le otorgó el Primer Premio por presentar el póster Diseño, elaboración y utilización de equipos alternativos en urología. El premio fue otorgado en honor a la constancia y sacrificio de un pujante Servicio. El 9 de noviembre de 2006, el Consejo de 119

113 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Desarrollo Científico Humanístico y Tecnológico de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado hizo entrega de un reconocimiento al Servicio de Urología por haber incentivado este tipo de trabajos de carácter extensivo hacia la comunidad, el cual es recibido por el doctor Víctor Alejandro Galarreta en presencia del Vice-Ministro de Ciencia y Tecnología, ingeniero Luis Marcano; además del Rector de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, doctor Francesco Leone; de la Vicerrectora Académica, Prof. Nelly Vásquez; del Director de Investigación CDCHT, Prof. Ricardo Corona; y de otras personalidades académicas de esa distinguida universidad. 120

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115 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Durante más de veinte años, la consulta externa del Servicio de Urología permaneció en una situación escasamente observada en otros hospitales e insólitamente entendida por muchos adjuntos. Era común ver que los pacientes que ameritaban cualquier tipo de atención urológica fueran referidos en busca de un urólogo por todo el hospital hasta verse aglomerados, a las horas pico, en los pasillos de las consultas urológicas; deambulaban con un papelito en la mano firmado por cualquier facultativo o persona interesada en el caso, sosteniendo que se le tenía que resolver el problema de la manera más inmediata posible, sin pensar que deberían seguir los canales regulares existentes en el hospital. El origen de ese hábito convertido en un problema ha quedado en el olvido, pero en su momento llegó a crear verdaderos conflictos personales entre los que enviaban los papelitos, urólogos, residentes y los mismos pacientes, a tal punto de tener enfrentamientos directos en la Dirección del Hospital. El 11 de octubre de 2006, demostrando su madurez, el Servicio gestionó el cubículo número siete perteneciente al Servicio de Emergencia General e impuso con honestidad su planteamiento. Ni siquiera valió la pena gastar tiempo en mencionarlo. Los residentes del Servicio empezaron escuchando a todo paciente que justificara una valoración relacionada con la zona lumbar, sacra, inguinal u otra entidad que estuviese o no vinculada con alguna patología urológica subyacente, creando de esta forma una consulta especial denominada Triaje Urológico. Fue en estos últimos años que la propuesta de la doctora Carmen Virginia Rodríguez, docente del Servicio de Obstetricia y Ginecología, encontraría una de las mayores audiencias en los medios académicos. Durante más de quince años, guardó la esperanza de que algún día, los alumnos de su postgrado integrasen las actividades docente-asistenciales del Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, hasta que el 8 de febrero de 2007, fecha de la última reunión entre la Coordinación del Postgrado en Urología, y la Coordinación del Postgrado en Obstetricia y Ginecología a cargo de la doctora Maura Ortega, ambas coor- 122

116 dinaciones de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, acordaron en presencia del Director del Curso de Postgrado en Urología, y de la invitada especial doctora Carmen Virginia Rodríguez, se inicie de inmediato las pasantías por el Servicio de Urología de todos los médicos que estén cursando el segundo año del Postgrado en Obstetricia y Ginecología. Esta pasantía teórico-práctica de carácter continuo, está programada para dos meses de duración y con la activación de este convenio la doctora Carmen Virginia Rodríguez, vio culminado su anhelo después de tantos años. El 14 de marzo de 2007, el doctor Heberto Andrade Atencio, residente de urología, quien acompañó al Servicio de Urología durante cuatro años, terminó la Residencia Programada y se graduó como urólogo de la décima promoción de este Curso. El 15 de marzo de 2007, los doctores Lázaro Rojas y Oscar Bazzano se sumaron como alumnos de la Residencia de Postgrado en Urología que dispone el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, cargos ganados por concurso de oposición, de esta manera, se convierten en los dos primeros residentes que seguirían tres años del Curso de Postgrado en Urología dictado por la UCLA. Y así, queda cerrado el círculo que comenzó con los antiguos residentes Bracho, Bolívar y Carrera, y que continuó con los primeros de la Residencia Asistencial Programada en Urología, hasta completarse con los del Postgrado en Urología de la UCLA, quienes por nutrirse y haber sido participes de las actividades docentes del Servicio, nos merecen profunda admiración y respeto. MEMORIAS DE UN POSTGR OSTGRADO El sistema de residencias y postgrados hospitalarios fue ideado en Viena por Teodoro Billroth a mediados del siglo XIX, bajo el diseño de un programa de entrenamiento para los postgrados hospitalarios con el reconocimiento y respaldo de la universidad. El cirujano norteamericano William Halstead, tuvo la oportunidad de estudiar en Viena y quedó profundamente impresionado con aquel método. 123

117 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA En 1889, William Halstead utiliza el sistema que aplicaba Teodoro Billroth en sus residentes y le hace ciertas reformas en su contenido para insertarlo en la escuela de medicina John Hopkins de los Estados Unidos, exigiendo en forma obligatoria la práctica de cirugía experimental, anatomía patológica, bioquímica y bacteriología. En el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, el entrenamiento más adecuado para los médicos jóvenes recién graduados comenzó con la preparación en los internados tipo A, que muy pronto se complementaron con el tipo B, para seguir con las residencias asistenciales no escolarizadas, que se transformaron todas en programadas, y hoy, son algunas universitarias. El Postgrado en Urología de la UCLA Este postgrado tiene su origen en el primitivo Servicio de Urología a mediados del año 1986, cuando al cumplirse los primeros 32 años del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, el Director Adjunto Docente, doctor Ramón Santos Monasterio, solicita una vez más al doctor Ramón Horacio Machado, jefe de Servicio de Urología, y al doctor Rafael Ángel Saldivia su segundo Adjunto, le facilitaran las normas que deberían regir las funciones de los residentes que asistían a esa institución, las que no fueron entregadas hasta ese momento. Si en aquella época, alguno en su estado más sereno se hubiese detenido a indagar por qué el Servicio de Urología mostraba un lóbrego y sombrío rumbo, con seguridad hubiera escuchado a cualquier adjunto, justificar con absoluta certeza su añejada apatía dejada por el incesante flujo del tiempo. Esta total indiferencia demostrada o no, ponía de manifiesto el desinterés hacia las actividades asistenciales que cada uno debía cumplir, no obstante, al percatarme de que en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda se fomentaba aún el sincero compromiso con la docencia, tanto por vocación como por tradición, me impuse la tarea, aún como residente de organizar este Postgrado. 124

118 Por tal motivo, asumí una función que por demás no ha debido corresponder a mi condición de residente, pero las circunstancias me obligaron y la necesidad por el cambio pudo más. En esta enorme tarea en la que poco a poco sentía estar más inmerso, hube de considerar cómo hacer para que los cursantes alcanzaran el desarrollo de las habilidades y destrezas prácticas necesarias para construir una parte de su instrucción urológica, lo que sería posible sólo si el ejercicio constante y la dedicación estaban presentes y si a todo esto se sumara el conocimiento teórico se completaría la formación del profesional competente, capaz de prestar asistencia de calidad a los ciudadanos a los que sirve. En el primer impulso de organizar este Postgrado, fue lógico pensar en construir con urgencia un inventario detallado de todos los recursos con los que contaba el Servicio y el resultado que arrojó fue: que de los recursos humanos requeridos únicamente disfrutaba de un cargo como jefe de servicio a tiempo parcial con dos horas de contratación; un cargo de adjunto a cuatro horas de contratación, dos cargos de adjuntos a tres horas de contratación y uno de residente a tiempo completo con ocho horas de contratación; el personal de enfermería y de camareras era el mismo que cuidaba del Servicio de Cirugía General y de Servicios aledaños. En relación a los ambientes físicos donde funcionaba el Servicio, había sólo uno de hospitalización y era de uso común para el Servicio de Cirugía General y otros Servicios, ubicado en el cuarto piso del hospital, con 18 camas presupuestadas tanto para hombres como para mujeres; tenía un ambiente en el área de consulta general con tres cubículos integrados para atender la consulta externa de urología; un ambiente quirúrgico con dos turnos de pabellón que funcionaban a medias; además, compartía un ambiente común para atender las emergencias generales y las emergencias del paciente urológico, que para ese entonces eran manejadas por los cirujanos generales en formación. No existían ambientes para las actividades docentes, administrativas y mucho menos para la investigación. 125

119 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Referente al material urológico, se encontró instrumental antiguo, defectuoso y dañado como un cistoscopio de exploración marca Acmi, sin uso y acompañado de un lente de 30 grados con escasa visibilidad y un cable de fibra óptica con su fuente de luz sin bombillos y oxidada, dos juegos incompletos de beniques, algunas sondas antiguas para dilataciones ureterales y uretrales, una mesa urológica deteriorada que fue parcialmente reparada sin conseguir que funcionaran sus elementos radiológicos incorporados y ningún material de enseñanza teórica para la urología de aquella época. Primera etapa Con este claro panorama, a mediados del año 1986, se dio inicio a la construcción de la primera etapa del Postgrado en Urología con plena conciencia de la realidad y sin contar con los recursos económicos del hospital por muchos años. Se empieza rescatando ambientes, restaurando y modificando materiales urológicos y en fin, dando libertad a la creatividad y a la inventiva de toda persona que deseara colaborar con el Servicio, sin olvidar sembrar en el personal médico y paramédico del hospital y fundamentalmente del Servicio, una doctrina sólida de fraternidad, compañerismo y respeto. Así mismo, en ese año se terminó la redacción del diseño curricular de una Residencia Asistencial Programada de Urología. Luego de haber concluido el diseño y discutido el contenido total del programa ante las autoridades respectivas, el cual incluía actividades asistenciales, docentes y algunas señas para la investiga- 126

120 ción que el residente debería seguir para culminar con éxito su entrenamiento en la especialidad de urología, fue sometido de inmediato al visto bueno del jefe de Departamento de Cirugía y a la aprobación por parte de la comisión técnica nombrada por la Dirección del Hospital y en el preciso momento de recibir comunicación verbal de la aprobación del programa se involucró al personal médico para su desarrollo. Solidarios, todos los integrantes del Servicio con esta autorización, participaron con un viernes sagrado semanal para exponer temas de carácter seminarial, tanto el jefe del Servicio como los Adjuntos y el Residente, y de forma paralela se fue trabajando en función de obtener recursos económicos para cubrir las necesidades materiales del Servicio. Es importante aclarar que este programa ha estado algunas veces supeditado a cambios en su contenido y ha sido adaptado siempre a la realidad bajo la consideración de las autoridades máximas del Hospital y del Colegio de Médicos del Estado Lara. El Doctor Antonio Arturo Sosa, se suma a la idea de seguir adquiriendo equipos actualizados para el desarrollo de los métodos y de las técnicas urológicas de vanguardia y que por méritos propios, es designado posteriormente, para tomar las riendas de la jefatura; él es el artífice del brillo que ostenta actualmente nuestro Servicio y al que considero como el más amplio colaborador con mis sueños de docente, y sobre todo, de quien estoy eternamente agradecido por consagrarme toda una vida de amigo. Segunda etapa Después de haberse consolidado la Residencia Asistencial Programada en Urología producto de la constancia de muchos años, alcanzar la modernización de las instalaciones del Servicio, obtener un considerable avance en su equipamiento tecnológico y el logro de un cambio cualitativo y conceptual en su gestión, el Postgrado en Urología de nuestro hospital nuevamente adquiere impulso para su pausado pero seguro caminar. Por tales razones, hemos consi- 127

121 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA derado que la segunda etapa del Postgrado en Urología se originó en el año 1999, en el justo momento de haber emprendido la estructuración de un Proyecto del Programa de Postgrado en Urología a nivel universitario que con las mejores intensiones se culminó en el año Este Proyecto del Programa en Urología empezó a revisarse en las instancias del Comité Académico de Postgrado, Comisión de Postgrado, Consejo de Decanato, Consejo de Postgrado y Consejo Universitario, desde el año 2003, y en cada uno de estos niveles académicos de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, se le hicieron las indicaciones pertinentes a su contenido. En el año 2005, a paso firme, el programa siguió con los trámites que le corresponden y es remitido al Consejo Nacional de Universidades donde se realizaron sugerencias puntuales de índole administrativo. Fue devuelto al Consejo Nacional de Universidades a principios del año 2006, y el 16 de mayo del mismo año fue elevado un informe favorable por el Consejo Consultivo Nacional de Postgrado recomendando procedente el Postgrado Universitario en Urología del primer centro asistencial de Barquisimeto. Etapa futura Al concluir el siglo XX, el increíble progreso de las ciencias médicas del cual cotidianamente no nos percatamos, ha puesto a disposición de la sociedad los descubrimientos científicos más sorprendentes de la genética humana, del genoma humano y de las células madres que dejan perplejo a cualquier ser pensante que desee meditar sobre el hombre presente aún en la tierra, quien dispone en la actualidad las condiciones suficientes para modificar la vida, crear 128

122 y moldear a su propio semejante como si fuera el mismo Creador y bajo criterios que le dicta su conciencia. No es menos impresionante el mundo de los procedimientos tecnológicos que el hombre ha construido, donde ha introducido incluso el uso de la robótica en beneficio de la cirugía. Así mismo, hace uso de las novedosas metodologías exploratorias y las aplica en las especialidades quirúrgicas para el tratamiento de las afecciones médicas, respecto a las cuales la Urología como especialidad siempre ha estado a la vanguardia. Todos estos avances han hecho que los conocimientos científicos en el campo de la Urología sean cada vez más abundantes, específicos y profundos y que se tornen día a día más complejos para su enseñanza. Estas evidencias muestran a nuestra humilde especialidad sumida en el mismo futuro del mundo científico actual; será cada día menos invasiva, más clínica que quirúrgica, inclusive, en corto tiempo será totalmente clínica; por esto, el personal docente, consciente del destino que le aguarda, se encuentra reflexionando sobre los diseños curriculares que se tendrán que aplicar en el futuro cercano de nuestro Postgrado, aceptando tener que concebir planes de estudio más específicos que se ocupen de las subespecialidades con títulos de Maestría, para luego completarlos y otorgar títulos de Doctorado en Urología en el vasto mundo de la investigación científica. Emblema del Postgrado La historia emblemática del Postgrado en Urología de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado es breve. Nace en el preciso momento de tener la plena seguridad que por fin sería admitido aquel Programa del Postgrado en Urología de la UCLA tantas veces enmendado hasta por el Consejo Nacional de Universidades. Este hecho indujo a la producción de ideas espirituales producto de la emoción, y ellas orientaron a configurar un distintivo que certifique los conceptos filosóficos de las instituciones que lo representan. El 9 de junio de 2006, quedó concluido este diseño. 129

123 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Desde tiempos inmemoriales, los antiguos hombres para comenzar a organizarse en sociedades, tuvieron que desplegar pausadamente su creatividad diseñando distintivos, insignias, banderas, escudos, blasones y éstos con alegorías diferentes buscando distinguirse unas sociedades de otras, o para que no pierdan su identidad como grupo y para que también las generaciones los reconozcan a través de los años. Así mismo, desde el momento que los apellidos comenzaron por demarcar su personalidad se ubicaron como de alto linaje o como de origen humilde y surgen los escudos con elementos agrupados en gules, que es aquel rojo heráldico, que en pintura se expresa por un color rojo vivo y en el grabado por líneas verticales muy espesas. Se usan para resaltar a un grupo familiar, social, o procedencia. Entre los siglos XV y XVIII se denominó emblema (también empresa, jeroglífico o divisa) a una imagen enigmática provista de una frase o leyenda que ayudaba a descifrar un oculto sentido moral que se recogía en verso o prosa. Confeccionar un símbolo con sencillez y arte, y que aglutine a la vez los rasgos propios de su colectividad, fue un reto para los integrantes del Servicio de Urología y el mejor tributo que le pudieron rendir a su rancia dinastía urológica de larga trayectoria. El emblema del Postgrado en Urología de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, contiene unos símbolos que sintetizan los objetivos que nacen de su ascendencia: un campo elíptico, un ribete impreso y dos siluetas renales, terminan conformando los tres elementos propios de su emblema. Descripción Heráldica El diseño emblemático fue concebido con tal sutileza, que su esbelta y delicada orla lineal en alto relieve, roza la luz en un sello elíptico sostenido en un campo de suave color púrpura, en cuyo centro como elemento principal, descollantes, se proyectan las dos siluetas renales amalgamadas por ambos polos, que resaltan con un sobrio color amarillo oro difuminado entre sus cortezas, y se cobijan en un ribete entrelazadas en espiral de color azul celeste, 130

124 donde se lee: Postgrado en Urología UCLA El estudio de los símbolos por separado, nos ayudará a comprender el significado que se le quiere dar al emblema: El campo elíptico, simboliza a los tantos e infinitos conocimientos trasmitidos por el Servicio a través de los tiempos, cual estela que va dejando la trayectoria perpetua descrita por los innumerables cuerpos celestes que pueblan el firmamento. El ribete impreso Postgrado en Urología UCLA. 2006, simboliza la sabiduría y la enseñanza, que sólo se alcanza si el equilibrio democrático está vigente en la vida universitaria. Las siluetas renales juntas por ambos polos, simbolizan la unidad, la igualdad y la confraternidad, que son los frutos recolectados por el Servicio de Urología durante toda su vida hospitalaria. El color púrpura está ligado a la realeza, dignidad, reflexión, fe y noble estirpe urológica larense. Ribete impreso Siluetas renales El color azul celeste significa la justicia, lealtad, serenidad, calma, y es emblemático de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. El color amarillo oro es el símbolo de la alegría, amistad, optimismo, constancia, y es emblemático de la Sociedad Venezolana de Urología. Descripción del mensaje Ahora bien, si juntamos estos símbolos, podemos observar una imagen que impresiona por tener dos siluetas renales que lejos de mantenerse libres respetando su origen natural embriológico, se ven fusionadas por ambos polos, bajo el sensible y protector abrazo de un delicado ribete impreso que simboliza a la universidad. El signi- 131

125 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA ficado de este emblema, devela un mensaje de enseñanza para que se desarrolle en nosotros, un claro sentido crítico y que agudice la imaginación sobre nuestro postgrado. Esta analogía nos dice que la unidad es una simple propiedad de las personas al nacer, y de ninguna manera un conocimiento, la que debe compartir en la universidad un sitial con la sabiduría, para que juntas ocupen un baluarte donde fomentar el bienestar para el individuo. El diseño emblemático completo del Postgrado en Urología de la UCLA. Para decirlo de otro modo, la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado se ha comprometido a ser garante de la instrucción científico-humanística de aquellos médicos que deseen aprender la urología en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, en donde se cree aún que el saber científico es un privilegio, un argumento social profundamente ligado al avance técnico, que sólo toma cuerpo si la fortaleza de los valores humanos está presente. 132

126 "Dicen que la historia se repite, es triste que sus lecciones no se aprovechen". C. See. "Cada hombre es una historia que no se asemeja a otra". Alexis Carrel. CAPÍTULO 3 CRONOLOGÍA DE LOS URÓLOGOS EN EL ANTONIO MARÍA PINED INEDA Antecedentes P or supuesto que a los indígenas no solemos asociarlos a practicantes ni mucho menos a facultativos, pero al revisar los comentarios del doctor Ricardo Archila Medina, podemos entender que en 1531 las agrupaciones que conformaban los xaguas y caquetíos, así como también otros asentamientos indígenas en Barquisimeto, se encontraban disgregadas en tribus mucho más pequeñas, teniendo por costumbre algunas de ellas la práctica de la circuncisión en sus pobladores, hábito que les obligaba a realizarla en los niños a los 8 días de nacidos, tanto en varones como en 133

127 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA hembras, y que las costumbres en otras tribus les sugerían hacerlas entre los 10 ó 12 años de edad. El doctor José de Jesús Fréitez, se estableció en la provincia de Barquisimeto el 6 de febrero de 1854, luego de asistir a una invitación propuesta por el profesor Roux, quien la hizo por el interés despertado en sus estudios acerca del cárate. Al poco tiempo de estar cómodamente instalado en la ciudad, su frecuente dedicación al disfrute en reuniones sociales le otorga estar al tanto de la señorita Adelaida Pineda Bujanda, hermana del doctor Antonio María Pineda, con quien contrae nupcias en un matrimonio solemne administrado por un sacerdote barquisimetano. El doctor Fréitez prestaría sus servicios en el precario hospital, aquel construido de bahareque, techos de teja y caña brava, manteniéndose en él, hasta que le llegue la hora de las transformaciones. En esta provincia, fue el primero en aplicar la técnica de la talla media perineal en el varón. También fue el primero en describir la técnica para comprimir las heridas sangrantes del riñón y de su arteria, practicó con frecuencia drenajes en los abscesos renales complicados, realizó exéresis de tumores renales y de otros tipos, intervenciones quirúrgicas como las amputaciones complicadas de los miembros y sus desarticulaciones, colecistectomías, cataratas, y, fue uno de los primeros cirujanos en utilizar el fórceps en Barquisimeto. De los contados galenos en el hospital, el doctor José de Jesús Fréitez, un verdadero científico e investigador venezolano, considerado como el más ilustre de los médicos en Barquisimeto, y uno de los más enamorados de aquellas soluciones quirúrgicas del aparato urinario. Contribuiría con su obra una centuria después, al surgimiento de la especialidad más noble que pudo concebir la medicina, por lo cual, lo juzgo como el precursor de la urología en el Estado Lara. El doctor Antonio María Pineda Bujanda, nació en Barquisimeto, el 28 de septiembre de 1855, luego de haberse inscrito en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, viajó para concluir con éxito sus estudios en París y después de haber discutido su tesis, regresó graduado a su ciudad natal gra- 134

128 duado como médico en 1880, a su ciudad natal. La tesis de grado presentada con el nombre De la hemorragia en la operación de la talla perineal en el hombre, lo hace merecedor de su título de Doctor en Medicina el 13 de septiembre de 1880; para finales de noviembre de 1888, ya su tesis se encontraba publicada en el Boletín del Hospital La Caridad. A su regreso de París, se incorporó de inmediato al equipo de médicos veteranos que rutinariamente atendían en ese viejo hospital, impulsándolos a abandonar las anticuadas costumbres que normalmente regían a la medicina barquisimetana de aquella época y para encargarse de su dirección a mitad de 1888, la cual se extendería durante 43 años. En el Hospital La Caridad ejerce las novedosas especialidades de cirugía y obstetricia, dejando libre a su creatividad e inventiva para aprovecharlas en ingeniosos diseños de pinzas extractoras de cuerpos extraños en vejiga. El 31 de mayo de 1906, elabora la Sonda Ideal Pineda empleada en los pacientes con retención aguda de orina. Inventó una espátula para ser utilizada en la disección de fibromas de todo tipo la que caducó luego de ser usada durante largo tiempo, hizo igualmente otros inventos de uso rutinario. Modificó una mesa operatoria plegadiza que fue disfrutada en el quirófano del hospital. Realizó numerosas y variadas intervenciones quirúrgicas entre las que destacan, tallas perineales, tallas hipogástricas y descompresiones suprapúbicas; desarrolló también la técnica para suturar transversalmente el recto en la cura radical de hidrocele con resección de sacro, tiroidectomías, histerectomías, extirpación de la glándula parótida con resección de la arteria carótida externa, ligaduras de la femoral por aneurismas y tumores vecinos, pie Bot, labios leporinos, iridectomías, enucleaciones, cataratas, amputaciones, desarticulación de hombro. Efectúa la primera craneotomía en el 135

129 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA país, el 24 de mayo de El doctor Pineda, al introducir el primer equipo de rayos X en aquel viejo hospital, se convierte en el precursor de la radiología en el Estado Lara. El 22 de noviembre de 1903, recibe mención honorífica en el Primer Concurso Público Industrial del Estado Lara, por los instrumentos quirúrgicos diseñados por él. Es uno de los fundadores del Boletín del Hospital de La Caridad y el 3 de septiembre de 1888, sale a la luz pública el primer número donde aparecen sus primeras orientaciones, y a partir de entonces, muchos de sus artículos científicos se encontrarán publicados en las ilustradas ediciones que continuaron produciéndose. En este Boletín, publica algunos trabajos de interés urológico como: La uretrotomía interna, Casos clínicos (operaciones de la talla) y La determinación del sexo. Falleció el 5 de octubre de 1941, a los 86 años de edad en la ciudad de Barquisimeto. El doctor Daniel Camejo Acosta, nació el 23 de julio de 1877 en un pueblo llanero del Estado Portuguesa. Se traslada a Barquisimeto en el año Al estar ejerciendo su profesión en el Hospital La Caridad junto al doctor Lisandro Alvarado, relata en sus cuentos Notículas Truncas que un médico fatigado al retornar de su trabajo y deseoso de conseguir reposo, tiene que salir urgido de su hogar por una llamada intempestiva de un campesino: Retención de orina sabanero... Juan no pensó más que en librar a aquel infeliz de la horrenda tortura. Pidió el plato de peltre donde chirreaba el aceite caliente, bañó en aquel lubricante rústicamente esterilizado, una de las sondas, introdújola hábilmente por el meato, hízola resbalar a lo largo de la uretra anterior y mantúvola firme y fija contra el esfínter contraído de la uretra membranosa. Al estímulo de la punta roma y lisa, el anillo fue cediendo lentamente y de pronto, un avance brusco del catéter, un ay ay ay! de Gavilán y el chorro salpicando, espumoso, al fondo negro de la totuma

130 Con esta descripción urológica, vemos clararamente a esta generación de médicos del primer centro de salud de la región, anunciarnos con cierta firmeza la necesidad de una nueva organización para la medicina tradicional que proseguía su práctica en el hospital, de intercambiar juicios, comentar dudas o imponer procedimientos y ajustarlos a las novedosas especialidades que estaban por venir. Con este fin, a partir de 1945, las conductas urológicas llevadas en el Hospital Antonio María Pineda, no sólo estarían bajo la responsabilidad del doctor José Napoleón Saldivia, quien era el primer urólogo graduado en el extranjero que disfrutó Barquisimeto, sino, también se verían compartidas con los distinguidos cirujanos pertenecientes a los servicios de Cirugía General: doctor Pedro Salom Lizarraga, doctor Méndez Llamoza y doctor Carlos Savarce. Este último fue el primer Coordinador de la Comisión de Estudios de Postgrado de la Escuela de Medicina constituida el 24 de enero de 1978 y desempeñó el cargo de Adjunto Docente en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda en Todos estos cirujanos ostentaban credenciales de gran experiencia y destreza quirúrgica. Así mismo, el doctor Honorio Sigala, uno de los cirujanos brillantes y de comprobada habilidad quirúrgica, se trasladó desde la ciudad de Caracas para establecerse en la capital larense y ejercer libremente su profesión en ella. En 1927, ejecutó la primera cistoscopia en su actividad privada y en 1929, la llevó a cabo en el hospital. Se reporta que la primera prostatectomía la realizó en el Hospital La Caridad, seguida de la primera decapsulación renal en una paciente con trastornos renales y con anuria secundaria. Fue el encargado de la Dirección del Hospital La Caridad después que el doctor Antonio María Pineda dejara el cargo en Renunció a la Dirección en el año Fue Miembro Correspondiente Nacional de la Sociedad Venezolana de Urología. Fundó una clínica privada en 1927 para la hospitalización de sus propios pacientes. Urólogos del Servicio de Urología El doctor José Napoleón Saldivia ( ) nació en Barquisimeto, el 18 de abril de Inició sus estudios profesio- 137

131 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA nales en la Universidad de los Andes de la ciudad de Mérida. Se graduó el 6 de octubre de 1939, en la Universidad Central de Venezuela con el título de Doctor en Ciencias Médicas. Dedicó los seis primeros años de su vida profesional al ejercicio privado en las diferentes empresas petroleras que había para entonces en Venezuela. Cursó sus estudios de Postgrado en Urología en el estado de New York: Long Island City Hospital of New York entre los años , fecha en la que planificó su regreso para establecerse definitivamente en la ciudad de Barquisimeto. Empezó a practicar su especialidad Ad Honoren en el Hospital Antonio María Pineda, posteriormente fue promovido a la Jefatura de Servicio No 3 de Cirugía General en el Hospital General de Barquisimeto, donde ejecutaría ambas especialidades. En el año 1951, organizó con éxito el primer Congreso Venezolano de Cirugía, fundamentando su discurso en temas de actualidad y de alto valor en el campo urológico, entre ellos la Cistectomía Radical en el Cáncer de la Vejiga, Nuevo Modelo de Riñón Artificial, Extrofia Vesical, Tumores de Testículos y además, sesiones de películas con temas como: Cistectomías, Aplicación de Radium en Tumores Vesicales, Extrofia Vesical en el Niño, Técnica de Lowsley para Nefrectomías y la técnica de Nesbit para Ureterosigmoidostomías. Poco después de haber regresado de su Postgrado en Long Island, el doctor José Napoleón Saldivia promueve una relación amorosa con Margarita Sollberger, dama de ascendencia nórdica radicada en Maracibo con la que se casó en 1945, y con quien procrea tres hijos en Barquisimeto. Fue urólogo del Seguro Social Obligatorio (SSO), participó en congresos nacionales e internacionales y publicó múltiples trabajos de la especialidad sobre algunos temas específicos para fomentar la 138

132 urología que practicaba en la región. Fue miembro titular de la Sociedad de Cirugía, perteneció a la Sociedad Venezolana de Urología, participó como Miembro de la Sociedad Venezolana de Medicina Interna, dio impulso a la Sociedad Venezolana de Radiología como Miembro Asociado. Fue uno de los fundadores del Colegio de Médicos del Estado Lara, fundación que se llevó a cabo el 12 de julio del año Desempeñó su actividad como presidente del Colegio de Médicos del Estado Lara entre los años , recién instaurada la dictadura, período en que actuó con prudencia y sentido común. Tuvo parte activa en la vida del gremio médico, mostrando camaradería y solidaridad. Es así como se le recuerda y además por su alto sentido ético. Fallece en Barquisimeto el 24 de abril de 1977, a los 63 años de edad. El doctor Ramón Horacio Machado ( ), nació en Caracas el 31 de agosto de 1910, se graduó y obtuvo su título de médico en la Universidad Central de Venezuela el 28 de octubre de 1943, y a la vez, le fue otorgada la Medalla del Rectorado por la distinción en sus actividades estudiantiles, sus estudios de Postgrado en Urología los realizó en el Hospital Vargas de Caracas, entre los años Asistió al Hospital Universitario de Caracas bajo la jefatura del Profesor Alfredo Borjas, al ganar un cargo por concurso como médico urólogo en enero de 1953, se trasladó con certidumbre bajo las órdenes y jerarquía del doctor Ernesto Santander jefe de Servicio del Hospital Vargas de la ciudad de San Cristóbal, un urólogo venezolano notable quien lo mantuvo en ese cargo hasta diciembre de 139

133 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA 1956, fecha en la que por iniciativa del mismo doctor Santander, promueve su traslado al Servicio de Urología que dirigía en ese entonces el doctor José Napoleón Saldivia. Para definir su transferencia, el doctor Machado presenta una carta de recomendación con la que es aceptado en el Hospital Central de Barquisimeto y se le designa el cargo de segundo adjunto del Servicio de Urología, el 1º de enero de Al dejar el doctor José Napoleón Saldivia el cargo de la jefatura del Servicio de Urología vacante en el año 1965, esta plaza de sólo una hora de contratación, fue asumida por el doctor Ramón Horacio Machado, quien posteriormente hace gestiones para duplicar la carga horaria y la firma de su contrato. El doctor Machado en el año 1987, inició frecuentes viajes a Caracas para tramitar personalmente una hora más para completar sus horas laborables y solicitar su jubilación, el cargo pasó automáticamente a tres horas en 1988, con las que se retira del puesto y definitivamente del Servicio. El doctor Machado, fue profesor universitario de pregrado contratado para dictar la asignatura de Clínica Urológica y Quirúrgica en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado desde 1970 hasta 1988; fue Consejero Médico de la Fuerza Aérea Venezolana; Miembro Correspondiente Nacional de la Sociedad Venezolana de Urología y autor de muchos artículos científicos, algunos por publicar a nivel local. Se caracterizó por tener un comportamiento gentil pero fácilmente irascible, individuo de personalidad singular, extraña y digna de un personaje de leyendas. Fue amigo personal del expresidente Rafael Caldera y del doctor Luis Rodríguez Díaz con quienes compartía correspondencia en privado; practicante del deporte rudo en su juventud, gustaba del pugilismo a punto de tener contiendas de carácter amateur, fue ejecutante y galán del arte escénico, lujo que sólo pudo darse la ciudad de México al contar con sus actuaciones histriónicas en algunas películas mexicanas famosas de aquella época. Su esposa oriunda de México, a quien la amo ciegamente hasta el final de sus días. Falleció después de sufrir una larga agonía en una clínica céntrica de Barquisimeto, el 14 de mayo del

134 El doctor Rafael Ángel Saldivia, nació en Guarico el 7 de enero de 1925, graduado en la Universidad Central de Venezuela en 1954, efectuó su internado en el Hospital Periférico del Valle y cumplió con su actividad rural en la Medicatura del Temblador, Estado Monagas. En el año 1957, regresó al estado Lara para asistir a un Curso de Anestesiología durante 8 meses en el Hospital Central de Barquisimeto, de inmediato fue promovido en el mismo centro de salud como residente tipo A, modalidad para los médicos recién titulados que rotaban por los departamentos clínicos del hospital. Estos médicos residentes tipo A, fueron los que conocimos años después con el apelativo de médicos internos. Más tarde, fue ascendido como residente tipo B y ubicado en el Servicio de Urología en el año Marcha nuevamente a la capital para completar sus estudios en el Postgrado de Urología del Hospital Universitario de Caracas, entre los años , Curso abierto bajo la orientación de su fundador y Director, doctor Alfredo Borjas, egresando de aquel postgrado en Este Primer Curso fue dictado en la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela. Fijó su estancia permanente en el estado Lara, a pesar que la ciudad caraqueña le ofrecía todo el confort y la tranquilidad de esos momentos, y la absoluta seguridad de triunfo en su profesión. Ingresó al Servicio de Urología del Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto, para desempeñarse en el cargo de Especialista I y realizar las funciones de tercer adjunto. El doctor Rafael Ángel Saldivia ejerció sus obligaciones como urólogo en el hospital desde 1961 hasta gestionar su jubilación en el año Rafael Ángel Saldivia, es un especialista larense ampliamente reconocido y recordado por las primeras generaciones instructoras 141

135 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA de urólogos en Venezuela y admirado por las que fueron instruidas en el Postgrado de Urología en Barquisimeto, hombre con altísima vocación social, humilde con sus conocimiento urológicos adquiridos en su vida profesional, los que trasmite cotidianamente con sencillez y sin egoísmo, un asistente perseverante a los Congresos Nacionales de Urología cuya presencia despertaba reminiscencias de las grandes figuras que ubicaron a la urología venezolana en su verdadero pedestal, presentó una exposición científica sobre la temática en la Hipercalciuria, una labor actualizada para esos momentos y que fue digna de elogio por su generación. Este trabajo fue publicado en uno de los volúmenes de la Revista Venezolana de Cirugía. Es un urólogo respetado y querido por el personal del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, institución de la cual se ocupó durante los años Por estas y por muchas razones más, fue merecedor de un reconocimiento en las Primeras Jornadas Científicas de Urología 2005, jornadas organizadas por el Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, donde se le hace justicia a la tenaz convivencia que tuvo con la urología dentro de su vida personal. Recibió de las manos de los dos residentes más jóvenes del Postgrado, una placa en honor a la trayectoria urológica cultivada en Barquisimeto, actualmente se encuentra retirado de la profesión. El doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez, ( ) nació en la ciudad de Coro, Estado Falcón, el 12 de octubre de Impartió enseñanza básica dentro de su ciudad natal. Tras una breve experiencia como maestro primario, se ocupó durante unos años como docente de una escuela rural en dos pequeñas y polvorientas ciudades del Estado Falcón, a los pocos años se matricula para seguir estudios en la Universidad Central de Venezuela, graduándose como médico en el año Ingresó al Hospital Central Antonio María Pineda a modo de Residente Asis-tencial tipo A, posteriormente fue promovido como Residente tipo B 142

136 adscrito al Servicio de Urología entre los años , situación que termina por definirlo como el primer urólogo graduado en este centro. Ya para el año 1965, el doctor Francisco del Pilar Bracho Áñez, fue ascendido al cargo de Especialista I con funciones de cuarto adjunto del Servicio de Urología, las que cumple a cabalidad hasta el año 1988, año en que asume la dirección de la Jefatura del Servicio dejada vacante por el doctor Ramón Horacio Machado a finales de Se mantuvo como urólogo de planta en la consulta de venereología del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social hasta el año 1987, fecha en la que hace su petición para ser jubilado de esa consulta. La Jefatura del Servicio de Urología la ejerció hasta el 10 de agosto de 1993, solicitando ese día permiso por enfermedad. Fue un fanático y uno de los primeros representantes del deporte gallístico en el estado Lara; se destacaba por tener largas conversaciones sobre temas cotidianos que los repetía tanto, hasta hacerlos nuevamente novedosos y por sus mordaces cuentos anecdóticos sobre algunos personajes del ambiente hospitalario; asistía con cierta eventualidad a los congresos nacionales de urología. Falleció en el año El doctor Rafael Figuera Malavé, nació en la ciudad de Tucupita, Estado Delta Amacuro el 24 de octubre de 1931 se graduó en la Universidad Central de Venezuela en 1958, sus estudios de Postgrado en Urología los cumplió en el Hospital Clínico de Caracas entre los años , de ahí, se trasladó al Hospital Central de Portuguesa Acarigua- Araure para ejercer su especialidad en urología con el cargo de Médico Especialista I desde el 1º de enero de 1966 hasta el 15 de enero de Ingresó por transferencia de cargo como Médico Especialista I al Servicio de Urología del Hospital Central Antonio María Pineda, el 1º de mayo de 143

137 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Gestionó personalmente el 1º de enero de 1982, el traslado de su cargo como Medico Especialista I, hacia el Hospital Luis Gómez López en esta misma ciudad. En el Servicio de Urología del Hospital Central Antonio María Pineda, cumplió las funciones de Médico Adjunto desde el 1º de mayo de 1974, hasta ver efectuado su traslado. El 7 de noviembre de 1974 se inscribió en un curso para entrenamiento en cirugía endoscópica dictado por el Servicio de Urología del Hospital de Clínicas Don José de San Martín de la ciudad de Buenos Aires. El 5 de agosto de 1976, efectúa otro entrenamiento del mismo tópico en la Unidad de Urología y Nefrología del Hospital General S.S.A. en la ciudad de México; fue uno de los organizadores del Congreso Venezolano de Urología efectuado en Barquisimeto en la segunda mitad del mes de noviembre de Participó con gran tino en la política activa del país, destacando en sus relaciones públicas y en el deporte, se hizo notar como un asiduo golfista en la jurisdicción y bien preparado en esta disciplina; actualmente ejerce eventualmente su especialidad como urólogo en una clínica privada de la localidad. El doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, nació en la ciudad de Caracas el 27 de febrero de 1944; hizo sus estudios primarios en la Escuela Parroquial San Juan Bautista y los secundarios en el Colegio La Salle, ambas instituciones de la ciudad de Caracas; después de graduado en la Universidad Central de Venezuela en 1971, ingresó al Hospital Central Universitario Antonio María Pineda donde obtuvo la credencial de especialista en Cirugía General y de especialista en Urología el 30 de noviembre de Como médico urólogo dentro de la ciudad de Barquisimeto, continuó funciones como adjunto formalizando 144

138 sus actividades en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda. Asumió el deber como Médico Especialista I desde el año 1982; fue ascendido al cargo de Médico Especialista II a partir del 1º de septiembre de 1991 hasta el 30 de marzo En ese mismo año, presenta su renuncia a la actividad como médico urólogo del Servicio la cual es aceptada por el Departamento de Cirugía del Hospital. Actualmente ofrece su ejercicio profesional en una clínica privada de esta capital. En el Servicio de Urología el doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, cumplió las funciones de segundo Médico Adjunto, cubriendo la Jefatura del Servicio muchas veces como jefe encargado. Después de recibir su título de médico, el doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardoso, ejerció el cargo de Médico Residente en el Hospital San Antonio de Carora en el Estado Lara, entre los años 1972 y 1976 y el cargo de Médico Residente en los Servicios de Cirugía General y Urología del Hospital Central Antonio María Pineda por los años 1976 y Fue uno de los asesores de la tesis: Suspensión de cuello vesical con aguja transvaginal en mujeres con incontinencia urinaria por esfuerzo, presentada por el doctor Carlos Calderón para optar al grado de Especialista en Cirugía General. Actuó como Médico Gremialista del Colegio de Médicos del Estado Lara. Es Miembro Titular de la Sociedad Venezolana de Urología y es el segundo urólogo graduado en el Hospital Central Antonio María Pineda allá por los años 1976 y Realizó la primera resección transuretral y la primera prostatectomía radical en el Servicio de Urología; fue en sus tiempos un insospechado admirador de los instrumentos artesanales que diseñaba el doctor Galarreta y actualmente es el urólogo más recordado por sus compañeros de trabajo en el Hospital Central Universitario Antonio María Pinada. El doctor Antonio Arturo Sosa, nació en la ciudad Valencia del Estado Carabobo, el 9 de mayo de Comenzó sus primeras lecciones en el Colegio valenciano Agustín Codazzi y las segundas en el Colegio Don Bosco de esa misma ciudad. Al terminar sus 145

139 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA estudios básicos empezó a viajar con frecuencia a Barquisimeto hasta culminar su instrucción superior en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año 1975; recibió su título de médico con altos honores en esa casa de estudios y se postula al Hospital General Miguel Pérez Carreño de la ciudad de Caracas para graduarse como urólogo en el año Al regresar como especialista en urología y radicarse definitivamente en la ciudad de Barquisimeto, a finales de 1985, su deseo exacerbado de superación lo conduce a una relación exaltada de competencia técnico-científica. Y así, comienza con sus primeros actos a darle forma a la idealización de lo que sería su profesión. El 16 de diciembre de 1985, se incorporó como suplente al Centro de Salud Hospital Dr. Juan Daza Pereira, asumiendo el cargo de Médico Urólogo a tres (3) horas de contratación, y posteriormente se incrementan a seis (6) hasta terminar con la suplencia el 30 de junio de Ingresó al Hospital Central Universitario Antonio María Pineda el 16 de junio de 1989, con el cargo de Médico Especialista I, ganado por concurso; el 1º de noviembre del año 1992, es ascendido al cargo de Médico Especialista II manteniéndose en él hasta la actualidad. Es docente ordinario a tiempo convencional para dictar la asignatura de Clínica Quirúrgica II, adscrita al Departamento de Cirugía en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado desde el 1º de julio de En el Servicio de Urología, el doctor Antonio Arturo Sosa, desempeña desde el 11 de agosto de 1993, las funciones de Médico Jefe de Servicio, responsabilidad dejada vacante por el Dr. Francisco del Pilar Bracho Áñez, y ocupa a la vez el cargo de Director del Curso de Postgrado en Urología de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado; conduce también la Coordinación Quirúrgica del Programa de Trasplante Renal del Hospital Central Universitario Antonio 146

140 Maria Pineda desde el año 1991, y está organizando la Coordinación de la Unidad de Oncología donde prevalecerán las líneas de investigación relacionadas con el cáncer prostático. Después de recibir su título de médico, el doctor Antonio Arturo Sosa, empezó a ejercer como Médico Consultante en la oficina vial de Barquisimeto entre los años 1975 y 1979, como Médico Interno suplente en el Hospital Central de Valencia en el año 1976, como Médico Interno rotatorio en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda por los años 1976 y 1978, como Médico Residente en el Servicio de Cirugía Plástica durante el año 1978 y actualmente, ejerce su actividad privada como urólogo en una clínica de esta ciudad. Aunque la verdadera y merecida fama le viene al doctor Antonio Arturo Sosa por sus habilidades y destrezas quirúrgicas y otras endoscópicas ocultas en él, su práctica la adquirió poco a poco para el beneficio y desarrollo del Servicio. Él ejecutó el primer trasplante renal en la región centroccidental, activó y le dio impulso a las prostatectomías radicales en el Servicio, diseñó y colocó la primera malla artesanal para TVT en las uretrocistopéxias, hizo la primera ureteroscopía y la primera cirugía percutánea en el pabellón de exploraciones urológicas de la terraza del cuarto piso del hospital. En el año 2004; con tan sólo una hora invertida en tiempo quirúrgico, ejecutó la primera nefrectomía laparoscópica del Servicio. Es autor de muchos trabajos científicos presentados en congresos, algunos de ellos publicados en la Revista de la Sociedad Venezolana de Urología; conferencista de larga trayectoria y organizador de eventos sociales sobre todo a nivel local. Es Miembro Titular de la Sociedad Venezolana de Urología desde 1994, es Miembro de la Asociación Americana de Urología ( AUA) y Miembro de la Confederación Americana de Urología (CAU). Con esto, intentamos dar a conocer la dimensión de un urólogo valenciano y barquisimetano de corazón, en cuya obra se aprecia el auténtico afecto que le pudo conceder al Servicio de Urología y que por derecho propio le corresponde, por lo que a su tiempo, también, fue galardonado con el inmenso cariño de sus amigos. 147

141 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA El doctor Nelson Eduardo de la Cruz Rodríguez Giménez, nació en Barquisimeto, Estado Lara, el 3 de mayo de Cursó sus estudios primarios a partir de 1964 en el Colegio Javier y finalizó su bachillerato en el Colegio Santo Tomás de Villanueva en el año Se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, donde mostró gran interés por los estudios y se graduó en el año Su dinastía y parentesco médico le permitieron acceder por concurso al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, Hospital Pérez Carreño de la ciudad de Caracas, para obtener su título de urólogo en el año Al radicarse como especialista en urología en la ciudad de Barquisimeto, decidió postularse como urólogo al Hospital Central Universitario Antonio María Pineda y el 1º de febrero de 1994, ingresó con el cargo de Médico Especialista I ganado por concurso, y el 1º de enero del año 2006, es ascendido al cargo de Médico Especialista II, para mantener su compromiso hasta la actualidad. En el Servicio de Urología el doctor Nelson Eduardo de la Cruz Rodríguez Giménez, cumple la función de tercer Médico Adjunto del Servicio. Después de recibir su título de médico, el doctor Nelson Eduardo de la Cruz Rodríguez Giménez, ha ejercido como Médico Rural en Ospino, Estado Portuguesa allá por los años 1983 y 1984, como Médico Residente en el Hospital Miguel Oraa de Guanare, Estado Portuguesa entre los años 1984 y 1985, como Médico Residente en el Hospital Central de Acarigua, Estado Portuguesa en los años 1985 y Su actividad privada como Médico Urólogo la inició en la Unidad de Urología Barquisimeto, Estado Lara en los años 1990 y 1993; al abandonar esta Unidad por motivos personales se trasladó 148

142 a la Clínica Lara, en Cabudare, Estado Lara, durante los años 1993 y 1996; actualmente ejerce su actividad privada en la Clínica Acosta Ortiz de la capital del estado. Es asistente a numerosos congresos nacionales. El doctor Nelson Eduardo de la Cruz Rodríguez Giménez, es un hombre circunspecto, dedicado a la elegancia, se destaca incluso como un delicado gourmet y más aun cuando se trata de sabores exóticos y manjares exquisitos; es aficionado a la guitarra y un auténtico admirador de la música instrumental romántica, la que lo transporta a las desconocidas profundidades de sus raciocinios críticos, convirtiéndolo en un fantástico enamorado de la buena vida y en un verdadero pensador. El doctor Rafael Antonio Martínez Figuera, nació en la ciudad de Tucupita, Estado Delta Amacuro, el 14 de octubre de 1961, hizo sus estudios primarios en el Colegio Dr. José G. Hernández y los secundarios en el Ciclo Básico Aníbal Rojas Pérez, ambas instituciones de la ciudad de Tucupita; titulado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año 1987, ingresó a la Universidad Central de Venezuela en el año 1991, en donde se graduó como urólogo en el año En esa misma época realizó una pasantía de seis meses en el Hospital Oncológico Luis Razzetti de la ciudad de Caracas. Al trasladarse como médico urólogo a la ciudad de Barquisimeto, ingresó al Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, el 1º de octubre del año 1995, con el cargo de Médico Especialista I, ganado por concurso, función que ejerció hasta renunciar a su puesto el 10 de octubre de En el Servicio de Urología, el doctor Rafael Antonio Martínez Figuera, cumplía las funciones de tercer Médico Adjunto del Servicio. 149

143 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Después de haber recibido su título de médico, el doctor Rafael Antonio Martínez Figuera, ejerció como Médico Rural en la Medicatura de la Comunidad de Coposito, Estado Delta Amacuro entre los años 1988 y 1989; como Médico Residente de Cirugía en el Hospital Dr. Luis Razzetti de Tucupita, Estado Delta Amacuro entre los años 1989 y 1990; como Médico Residente de Obstetricia en el Hospital Dr. Luis Razzetti de Tucupita, Estado Delta Amacuro desde enero de 1990 hasta junio de 1990 y como Médico Residente de la Residencia Asistencial Programada de Cirugía del Hospital Dr. Luis Gómez López en Barquisimeto, allá por los meses de mayo a diciembre de El doctor Rafael Antonio Martínez Figuera, después de haber renunciado al cargo de Médico Especialista I del Servicio de Urología del Hospital Central Antonio María Pineda, se desempeñó hasta el año 1998, como Médico Adjunto ad honoren en el Servicio de Urología del Departamento de Cirugía y Oncología del Hospital Dr. Luis Gómez López, y desde esa fecha, con el cargo de Médico Urólogo fijo hasta la actualidad. El doctor Rafael Antonio Martínez Figuera, ejerce su actividad privada como Urólogo en la Policlínica Barquisimeto y en la Unidad de Litotripsia y Endourología de esa misma institución. Ha efectuado diversos Cursos, donde destaca su entrenamiento en Litotripsia y Endourología como desarrollo de una sub-especialización en Barquisimeto, es autor de trabajos científicos de interés endourológicos presentados en congresos. Es Miembro Titular de la Sociedad Venezolana de Urología, de la Asociación Americana de Urología ( AUA) y de la Confederación Americana de Urología (CAU). Es asistente asiduo a los congresos nacionales y sobre todo a los internacionales. El doctor Antoun Banna Yanji anji, nació en Alepo el 23 de febrero de Alepo ( Halab en árabe: con el significado de «leche fresca») es una ciudad y provincia del norte de Siria. Es la segunda ciudad después de Damasco. Es una de las más antiguas de la región, conocida en la Antigüedad como Khalpe, Beroea para los anti- 150

144 guos griegos, y Halep para los turcos. Se encuentra en una posición estratégica a mitad de camino en la ruta comercial que une la costa mediterránea y el Éufrates. Su provincia ocupa más de km² y cuenta con más de 3,7 millones de habitantes. El doctor Antoun Banna Yanji, de padres sirios, llegó a Venezuela a los dos años de edad. Pasó la infancia en Barquisimeto capital del Estado Lara. En 1966, inició sus estudios tanto primarios como secundarios en la Escuela M. Duin y en la Unidad Escolar Mario Briceño Iragorry de Barquisimeto; recibe el título de Médico Cirujano de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año 1987, luego de cursar tres años en el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, Hospital General del Este Dr. Domingo Luciani, se graduó como urólogo en el año Al trasladarse como médico urólogo a la ciudad de Barquisimeto, ingresó al Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, el 1º de marzo de 1997 con el cargo de Médico Especialista I, ganado por concurso; fue ascendido al cargo de Médico Especialista II, el 1º de enero del 2007 manteniéndose en él hasta la actualidad. En el Servicio de Urología el doctor Antoun Banna Yanji, cumple las funciones de cuarto Médico Adjunto. Después de recibir su título de médico, el doctor Antoun Banna, ha ejercido como Médico en la Residencia Asistencial Programada de Cirugía, Hospital Dr. Oropeza en Barquisimeto entre los años 1990 y Su actividad privada la ejerce en la Policlínica Concepción y en el Centro Clínico Santa Mónica; en el transcurso de su vida profesional ha recibido entrenamiento en los métodos de la Litotripsia Extra e Intracorpórea, curso que realizó durante tres meses en la Unidad de Tratamiento para la Litiasis (Unilit), en Caracas en el año 1995; Recibió en Caracas, un curso de entrenamiento durante un año en Oncología Urológica llevado a cabo en el Instituto Oncológico 151

145 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Luis Razetti en el año Obtuvo, adiestramiento intensivo en los Cursos Prácticos de Cirugía Endoscópica Urológica del Instituto Docente de Urología, Valencia Fue el primero en utilizar la técnica del TOT para la incontinencia urinaria femenina en este hospital. El doctor Antoun Banna Yanji, es Miembro Titular de la Sociedad Venezolana de Urología desde 1998, de la Confederación Americana de Urología (CAU) desde Asistente a numerosos congresos nacionales e internacionales. El doctor Antoun Banna Yanji, es pues, la conjunción del misterio que guardan dos grandes culturas y Jármano es el apelativo de afecto con el que lo reconocen sin excepción sus compañeros del Servicio. El doctor Abel Ovidio Briceño González, nació en la ciudad de Barquisimeto, Estado Lara, el 29 de septiembre de 1950, se gradúa de médico en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año Ingresó al Hospital Central Universitario Antonio María Pineda para obtener el título de Especialista en Cirugía General el 15 de marzo de 1990, ingresó a la Residencia Asistencial Programada del Servicio de Urología donde se graduó como urólogo en el año Después de haberse graduado como especialista en urología, continua las funciones de un Cirujano General en el Servicio de Emergencia del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda, que las ejerce con el cargo de Médico Especialista I, cargo creado por el jefe del Servicio de Emergencia General, doctor Ruy Medina Morales, para la cobertura de las actividades asistenciales de su propio Servicio. El cambio es promovido y aceptado su traslado para el Servicio de Urología el 1º de abril del año El doctor Abel Ovidio Briceño González, está cumpliendo funciones de quinto Médico Adjunto del Servicio. 152

146 Urólogos egresados esados del Servicio de Urología Residencia Asistencial Cohorte I Dr. Francisco del Pilar Bracho Áñes El doctor Francisco del Pilar Bracho Áñes, nació en Coro Estado Falcón, el 12 de octubre de 1922; graduado en la Universidad Central de Venezuela en el año Hizo su Residencia Asitencial en el Hospital Central Antonio María Pineda entre 1963 y 1965; fue Adjunto al Servicio de Urología del Hospital Central Antonio María Pineda entre los años 1965 y 1988 y pasó a ser Jefe del Servicio entre los años Falleció en el año Cohorte II Dr. Néstor Alejandro Bolívar Cardozo El doctor Néstor Alejandro Bolívar Cardozo nació en Caracas el 27 de febrero de 1944; graduado en la Universidad Central de Venezuela en el año Hizo su Residencia Asitencial en el Hospital Central Antonio María Pineda entre los años ; fue Adjunto al Servicio de Urología del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años y pasó a ser Jefe Encargado del Servicio entre los años Actualmente ejerce sus actividades profesionales solamente en privado. 153

147 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Cohorte III Dr. Othir José Carrera Durán El doctor Othir José Carrera Durán nació en Barquisimeto, Estado Lara, el 28 de agosto de 1938; graduado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año Hizo su Residencia Asistencial en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Falleció en el año Cohorte I Residencia Asistencial Programada Dr. Víctor Alejandro Galarreta Bazán El doctor Víctor Alejandro Galarreta Bazán nació en Lima Perú, el 29 de junio de 1947; graduado en la Universidad Nacional Federico Villarreal en Lima en el año Hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años ; es Adjunto al Servicio desde el año 1990 hasta la fecha. Actualmente ejerce sus actividades profesionales también en privado. 154

148 Cohorte II Dr. Pablo Antonio Azuaje Artigas El doctor Pablo Antonio Azuaje Artigas nació en Santa Ana de Trujillo, el 18 de noviembre de 1950; graduado en La Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año Hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente ejerce sus actividades profesionales solamente en privado. Cohorte III Dr. Víctor José Marrufo Arcaya El doctor Víctor José Marrufo Arcaya nació en Barquisimeto, Estado Lara, el 1 de Marzo de 1958; graduado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año Hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente ejerce sus actividades profesionales solamente en privado. 155

149 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Cohorte IV Dr. Abel Ovidio Briceño González El doctor Abel Ovidio Briceño González nació en Barquisimeto, Estado Lara, el 29 de septiembre de Graduado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año 1977, hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años ; es Adjunto al Servicio desde el año 2005 hasta la fecha. Actualmente ejerce sus actividades profesionales también en privado. Cohorte V Dr. Luis Alberto Gutiérrez Briceño El doctor Luis Alberto Gutiérrez Briceño nació en Barquisimeto, el 14 de febrero de Graduado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año 1982, hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente colabora con las actividades del servicio y ejerce sus actividades profesionales también en privado. 156

150 Cohorte VI Dra. Ana Victoria Tang Sangronis La doctora Ana Victoria Tang Sangronis nació en Maracaibo, Estado Zulia, el 22 de diciembre de Graduada en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año 1980, hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente ejerce sus actividades profesionales solamente en privado. Cohorte VII Dr. Alexander Jesús Ybarra Ramírez El doctor Alexander Jesús Ybarra Ramírez nació en Maracaibo, Estado Zulia, el 30 de enero de Graduado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en 1986 hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente ejerce sus actividades profesionales solamente en privado. 157

151 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Cohorte VIII Dr. Rubén Alberto Macías Liscano El doctor Rubén Alberto Macías Liscano nació en Barquisimeto Estado Lara, el 28 de febrero de 1963; graduado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año Hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente colabora con las actividades del Servicio y ejerce sus actividades profesionales también en privado. Cohorte IX Promoción Víctor A. Galarreta B. Dr. José Martín Pineda Laguado El doctor José Martín Pineda Laguado nació en Caracas el 7 de noviembre de 1966; graduado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año1996. Hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente colabora con las actividades del Servicio y ejerce sus actividades profesionales también en privado. 158

152 Dr. Carlos Eduardo Pirela Martínez El doctor Carlos Eduardo Pirela Martínez nació en Caracas el 17 de febrero de 1964; graduado en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado en el año Hizo su Residencia Asistencial Programada en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente colabora con las actividades del Servicio y ejerce sus actividades profesionales también en privado. Cohorte X Dr. Heberto José Andrade Atencio El doctor Heberto José Andrade Atencio nació en Cabimas Estado Zulia, el 25 de octubre de Graduado en la Universidad del Zulia en el año Hizo su Residencia Asistencial Programada de Urología en el Hospital Central Universitario Antonio María Pineda entre los años Actualmente colabora con las actividades del Servicio y ejerce sus actividades profesionales también en privado. 159

153 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA Urólogos en formación Residencia Asistencial Programada Dr. Samir Cumare Dr. Joe Degregori Los doctores Samir Cumare y Joe Degregori, son los residentes que están cursando actualmente el tercer año de la Residencia Asistencial Programada en Urología. Dr. Marcial Daza Dr. Ibrahim Echeverría Los doctores Marcial Daza e Ibrahim Echeverría, serán los últimos residentes en cursar la Residencia Asistencial Programada en Urología y se encuentran estudiando el segundo año de esta residencia. 160

154 Residencia Universitaria Dr. Lázaro Rojas Dr. Oscar Bazzano Los doctores Lázaro Rojas y Oscar Bazzano, son los residentes que están cursando el primer año del Postgrado en Urología de la UCLA, y pertenecerán a la primera cohorte de urólogos egresados de esta novedosa Residencia Universitaria. Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado. Rectorado, Pues bien, en esta pequeña crónica queda inscrita la soberbia historia de un Servicio, propuesta en honor a los colegas que aún persisten en la actividad docente de la urología y en especial, al 161

155 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA alcance de aquellos que por naturaleza son el producto de su seno y a quienes reconocemos como pioneros del Postgrado: Residencia Asistencial Programada en Urología, que al llegar a sus 20 años de vida creemos ha cumplido su rumbo trazado. Habrán comprendido ustedes, que el Servicio de Urología a través del tiempo se fue perfeccionando desde el punto de vista organizacional, administrativo, científico y humanista, lo que permitió dar un giro total al uso de las ciencias urológicas y a su sistema de salud represado por años en la región centroccidental; por eso, pretender encontrar ahora la esencia del Postgrado en Urología de nuestra primera casa de estudios con sólo recordar su evolución, es imposible, mientras no revivamos el cambio gradual que sufrió el Servicio en su parte docente asistencial. Sería como tratar de alejar al cuerpo de su alma. Esta simple analogía, coloca al Servicio como si no hubiese habido otro igual. Un Servicio carente y también creativo, jovial y al mismo tiempo maduro, pero sobre todo humano. 162

156 REFERENCIAS Archila M., Ricardo. Biografía Médica Venezolana, 2da. edición. Editorial Bellas Artes Caracas, Venezuela Archila M., Ricardo. Historia de la Medicina en Venezuela. Editorial Lux Archila M., Ricardo. Diccionario Biográfico de Médicos Venezolanos. Editorial Vargas S.A Arias B., Humberto. Del Hospital de Santiago al Hospital de Pineda. Barquisimeto: Jornadas Pineda págs. Arteta B., Federico. Un Texto Guía de Historia de la Medicina. Barquisimeto: Fundación Buría-Fundasalud-Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado págs. Arteta B., Federico. Historia de la Medicina en la Venezuela Colonial. Barquisimeto: Fundación Buría Borjas, Alfredo. Los cursos de Postgrado de Urología. Revista Venezolana de Urología. Caracas, 1961; (13): 239. Borjas, Alfredo. Nuevos Miembros. Revista Venezolana de Urología. Caracas, 1961; (13): Callejas V., Agustín. Argimiro Bracamonte Un valor civil y pedagógico. Barquisimeto: Editorial Rectorado UCLA Ceballos G., Rafael. Del Hospital de Caridad al Hospital Central de Barquisimeto ( ) Tesis de Grado para optar a la Maestría en Historia Estrada O., H. Historia de los cursos de postgrado de la UNAM, UNAM, México Galarreta B., Víctor. Sección Origen, página web: Postgrado en Urología UCLA Giménez L., Carlos. En el Espejo de la Prensa, 1ª edición. Barquisimeto. Fundación Buría Hernández R., José. XXX Años de Historia de la U.C.L.A. (

157 EL SERVICIO DE UROLOGÍA EN EL ANTONIO MARÍA PINEDA 1992) Barquisimeto: Editorial Rectorado UCLA Medina M., Ruy. Historia Cronológica del Hospital Central Universitario Doctor Antonio María Pineda. Trabajo de Ascenso para optar a la categoría de Profesor Titular del Decanato de Medicina de la U.C.L.A. Marzo Pifano N., Félix. Historia de un Gremio. Barquisimeto: Editorial Horizonte C.A Potenziani B., Julio. Historia de la Urología. Caracas: Editorial Moore de Venezuela C.A Quijano P., F. La historia de las residencias médicas en México. En Revista Médica, IMSS 1988; 26: Quijano P., F. y Fernández, Alonso. M.E. Apuntes sobre la historia de las especialidades en México. En Revista Médica, IMSS 1994; 32: Rojas, Reinaldo. Variquecemeto en la historia indiana de Nicolás Federman. Primera edición. Barquisimeto: Ediciones Fundalara Fundacultura CONAC págs. Silva A., Alberto. Pablo Acosta Ortiz Un mago del bisturí. Barquisimeto:Editorial MSAS Vélez B., Fermín. José María Benítez Biografía obra y documentos. Barquisimeto: editorial MSAS Veracochea L., Oscar. Discursos y Palabras. UCLA. Barquisimeto: Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. Escuela de Medicina Pablo Acosta Ortiz. Veracochea L., Oscar. Temas sobre historia de la Medicina. Barquisimeto: Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. Escuela de Medicina, Departamento de Medicina Preventiva y Social págs. Periódicos: Hospital General de Barquisimeto. El Impulso p. 2. Vivamente interesados los médicos en la creación de una escuela de 164

158 medicina en Barquisimeto. El Impulso El Hospital Central es la piedra angular de la Escuela de Medicina. El Impulso El Hospital Central fue elevado a tipo IV. El Impulso p. D-10. Recital Simón Díaz en el Pedagógico. El Informador mador p. C-3. Fundacultura colabora con el Hospital Antonio María Pineda. El Impulso p. B-4. Lara en Danza y Canción. El Informador mador p. C-3. Rafael Montaño y Simón Díaz esta noche en el Circulo Militar. El Impulso p. C-5. Realizado Trasplante de Riñón en el AMP. El Impulso p. Primera. Exitoso Trasplante Renal en Barquisimeto. El Informador mador p. A-6 Primer Trasplante de Riñón se Hizo en el Hospital AMP. El Impul- so p. Primera. El Hospital de San Lázaro. El Impulso p. A-2. Despistaje de Tumores de Próstata. El Impulso p. C

159

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