PROGRAMA No. 0899 1 TIMOTEO Capítulos 1:1 y 2 Amigo oyente, hoy regresamos a esta primera epístola del Apóstol Pablo a Timoteo, y debemos decir que es una epístola maravillosa. Y en nuestro programa anterior, tuvimos una introducción a esta epístola. Y nuestro pensamiento en la introducción, era que aunque nosotros vamos a tratar aquí con aquello que es la función básica de la iglesia local, que tiene que ver con el barrer el lugar, y recoger los himnarios y la reunión de diáconos y cosas por el estilo, pero lo importante es que el carácter de esos hombres y el calibre de ellos será aquello que determinará si esa iglesia es verdaderamente una Iglesia del Señor Jesucristo. Y es importante que veamos esto. Pensando en esto, pues, permítanos dar un breve bosquejo de lo que tenemos en nuestras notas en cuanto a esta epístola. En el capítulo 1, tenemos la fe de la Iglesia. En el capítulo 2, tenemos la oración en público y el lugar de la mujer en las iglesias. Y, amigo oyente, eso va a despertar un poco de interés. Luego, en el capítulo 3, tenemos los ancianos y los diáconos de las iglesias. En el capítulo 4, tenemos la apostasía en las iglesias. Y en los capítulos 5 y 6, la obra de los obreros o ministros de las iglesias. Eso es lo que tenemos ante nosotros, y volvemos ahora al capítulo 1, donde encontramos la fe de la iglesia. En realidad, creemos que probablemente deberíamos llamar a esto la fe de las TTB 4865 Página 1 de 9 Programa No. 0899
iglesias. Ahora, en los primeros dos versículos, tenemos la introducción a esta epístola, y es algo bastante destacado. Es destacado porque es diferente a todo aquello que usted encuentra en las otras epístolas del Apóstol Pablo. Creemos que la mayoría de nosotros, para el momento en que llegamos desde Romanos hasta la Segunda Epístola a los Tesalonicenses, llegamos a la conclusión de que todas las epístolas tenían la misma introducción, pero eso no es cierto. Las epístolas pastorales son un poquito diferentes. Y como dice el Dr. Vincent: El saludo en su totalidad no tiene paralelos en Pablo. Es decir que, usted no va a encontrar esto en ninguna otra epístola. Y, en realidad, es diferente. Veamos pues, entonces, en qué forma esto es diferente. Veamos lo que nos dicen los primeros dos versículos de este capítulo 1, de la primera epístola a Timoteo: 1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, 2 a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. (1 Tim. 1:1-2) Estos dos versículos de las Escrituras son, en realidad, algo muy destacado. Y Pablo aquí nuevamente, escribiéndole a Timoteo, reafirma su apostolado. Y alguien nos va a decir: Bueno, él por cierto ha hecho eso anteriormente. Y, así es. Encontramos, por ejemplo, que en la epístola a los Gálatas, él dice que es un Apóstol por la voluntad de Dios. Y esperamos que usted note que esto aquí es un poquito diferente. Aquí se dice que es por mandato de Dios. Entonces, usted pregunta: cuál es la diferencia entre mandato y voluntad de Dios? Bueno, el Apóstol Pablo está escribiendo ahora a un joven predicador. Él es su amigo. Y en esta epístola, según creemos, él escribe de una forma mucho más personal, aun cuando lo que dice, tiene que ver con la iglesia local. Es muy personal porque está escrita a este joven ministro, a este joven misionero, como lo podríamos llamar, del Señor Jesucristo. TTB 4865 Página 2 de 9 Programa No. 0899
En realidad, la voluntad de Dios y el mandamiento de Dios son cosas sinónimas. Y aun así no son lo mismo. Permítanos explicarlo de la manera siguiente. La voluntad de Dios es un término mucho más amplio que el mandato. Todos los mandamientos que usted encuentra en la Biblia revelan la voluntad de Dios, pero no toda la voluntad de Dios se encuentra sólo en los mandamientos. Y eso no está limitado a los diez mandamientos. Esto es algo que alcanza mucho más allá de los diez mandamientos; por ejemplo se nos dice que es la voluntad de Dios que nosotros oremos, como usted bien recuerda. Eso lo vimos en la Primera epístola a los Tesalonicenses, que nosotros debemos orar sin cesar y que debemos dar gracias en todo, porque esa es la voluntad de Dios en cuanto a nosotros, así que hay muchas cosas, en realidad, que son la voluntad de Dios. Y la voluntad de Dios se expresa en los mandamientos. Pero no creemos que usted tenga toda la voluntad de Dios, aun en la suma total de los mandamientos que tenemos en las Escrituras. Recuerde que una de las razones para esto es que en las Escrituras tenemos lo suficiente para revelarnos que el hombre no es salvo por los mandamientos de Dios. Y queremos reiterar eso y enfatizarlo porque hay tantos hoy que dicen que la ley es esencial para nuestra salvación. Cuando lleguemos a estudiar el versículo 8, de este capítulo 1, de la primera epístola a Timoteo, vamos a ver esto en mucho mayor detalle. Pero no vamos a poder hacer eso hoy, de eso estamos seguros. Ahora, en el versículo 8, leemos: 8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; (1 Tim. 1:8) Bueno, cómo usa usted los mandamientos? Eso es algo bueno! Bueno, eso es cierto, y la ley, nos dice Pablo en su epístola a los Romanos, es santa y el mandamiento es santo y justo y bueno. Pero el mismo hecho de que la ley es buena, (y es absolutamente buena), y ésta demanda completa o absoluta bondad de parte del hombre, en quién no hay nada bueno, porque Pablo dice: Yo sé que en mí no mora cosa buena. Y es porque la ley es buena que el pecador no la puede obedecer. Eso es todo en cuanto a esto. Nos revela la voluntad de Dios; y TTB 4865 Página 3 de 9 Programa No. 0899
el mandamiento de Dios revela la voluntad de Dios. Así es que, para que el pecador pueda ser salvo, fue necesario encontrar un camino aparte del de la obediencia de la ley perfecta. Y la gloria del evangelio es que Dios encontró un camino por medio del cual Él pueda ser justo y justificador de aquel que cree en Jesucristo. Y se nos dice que tenemos a través de este hombre, (es decir, del Señor Jesucristo), que por medio de Él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en Él es justificado todo aquel que cree. Por qué? Porque era un servicio de muerte, era una ministración de muerte. La ley nos condenaba. La ley no fue dada para salvarnos. La ley fue dada para revelarnos que nosotros estamos tratando con un Dios santo y que usted y yo no somos santos. Por tanto, Dios tuvo que encontrar una forma para salvarnos, y esa forma, o camino, es el camino de la cruz. Y ese camino es el camino del Señor Jesucristo. Él dijo: Yo soy el camino, Él dice: Yo soy la verdad y la vida. La ley no es el camino a Dios. Cristo es el camino a Dios, y la vida. Y eso es lo importante. Cuando el Apóstol Pablo está diciendo a este joven predicador esto aquí, él no le da esa declaración tan amplia que dio a los Efesios, cuando dijo: Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios. Lo cual, por supuesto, era cierto; pero Pablo está diciendo ahora a Timoteo: Pablo, Apóstol de Jesucristo por mandato de Dios. Él me hizo un Apóstol. No es solamente porque es la voluntad de Dios hoy que soy un Apóstol, sino que hubo una ocasión cuando Él me mandó a ser un Apóstol. Creemos que Pablo se mostró un poco reticente en cuanto a llegar a ser Apóstol. Estamos seguros de que Pablo podía presentar excusas de la misma manera en que lo hizo Moisés. Él podía decir: Bueno, Señor, yo no estuve con los otros 11 apóstoles. Ellos estuvieron contigo por 3 años y yo nunca te conocí en los días de la carne. Hoy, yo te conozco como el Cristo glorificado. No soy digno de ser un Apóstol. Y él dice eso también. Y el Señor Jesucristo dice: Yo te mando a ser un Apóstol. Y esa es la razón por la cual este hombre podía entrar a una sinagoga, y ante una audiencia contradictoria en Atenas y un grupo corrupto de pecadores en TTB 4865 Página 4 de 9 Programa No. 0899
Corinto, y ponerse de pie ante ellos y declararles el evangelio. Sabe usted por qué, amigo oyente? Porque él era un soldado cumpliendo órdenes. Él era un Apóstol por mandamiento; no simplemente por una comisión, sino por un mandamiento. Nadie puso sus manos sobre él y le hizo un Apóstol sino el Señor Jesucristo mismo, y Él fue quien le dio la autoridad. Usted recuerda cuando estudiamos allá el libro de Jeremías que vimos la misma clase de autoridad. Este hombre Jeremías se está encogiendo todo el tiempo, retirándose todo el tiempo, el hombre con un corazón quebrantado. Y, sin embargo, él podía ponerse de pie y presentar ese mensaje tan fuerte de parte de Dios. Por qué? Porque él está bajo órdenes. Él es un soldado cumpliendo órdenes. Y Pablo está dejando esto bien claro para Timoteo. Y creemos que cualquier hombre que vaya a hablar de Dios hoy, necesita hablar con esa autoridad o debería quedarse callado. Cuando un hombre se pone de pie y comienza a decir: Yo creo esto y si usted cree de esta forma, yo espero que quizá usted pueda ser salvo, si usted creyera en cierta manera en Jesucristo. Bueno, cuando alguien comienza a hablar de esa manera, entonces, en realidad, no tiene nada que decir de parte de Dios. Veamos ahora qué clase de Apóstol es Pablo en este versículo 1, leamos otra vez: 1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, (1 Tim. 1:1) Bueno, es Dios nuestro Salvador? Por cierto que lo es. De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito; Él es el Salvador. Y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, dice Pablo. Bueno, Dios proveyó el sacrificio y el Señor Jesucristo es aquel que lo ejecutó. Él fue quien vino a este mundo. TTB 4865 Página 5 de 9 Programa No. 0899
Tenemos luego aquí, esta declaración un poco extraña. Dice: nuestra esperanza. Eso es algo extraño porque no se usa muchas veces. Y para decir la verdad, usted va a encontrar que se usa sólo otra vez, y es en el libro de Colosenses. Y allí Pablo dice: Cristo en vosotros es la esperanza de gloria. El Señor Jesucristo murió para salvarle, amigo oyente. Él vive para mantenerle a usted salvo, y Él va a venir un día y lo llevará a usted para poder consumar esa salvación. Amigo oyente, de cualquier forma en que usted mire a Él, si lo mira de espaldas, Él es nuestra esperanza. Él es nuestra fe cuando miramos hacia atrás. Y cuando miramos a nuestro alrededor, es amor. Cuando miramos hacia adelante, es esperanza, amigo oyente. Y es la esperanza por todo el tiempo, y está anclada en la persona del Señor Jesucristo. Como usted puede apreciar, esta introducción es un poquito diferente. Luego, él dice: A Timoteo, verdadero hijo en la fe. Su nombre es Timoteo; el nombre Timoteo es formado por dos palabras que significa aquello que es muy estimado para Dios. Y creemos que es bueno que notemos eso. Este hombre era muy estimado para Dios; él también era muy estimado para el Apóstol Pablo y para la iglesia local en aquel Día. Qué cuadro más maravilloso el que tenemos aquí! Ahora, permítanos decirle unas palabras en cuanto a Timoteo. Timoteo se nos presentó y dijimos algo en cuanto a él cuando estábamos estudiando allá el libro de los Hechos. También, cuando estábamos observando lo que decía, por ejemplo, la epístola a los Efesios, y luego la epístola a los Filipenses. Su padre era griego. Podremos ver eso cuando leamos un poco más en esta carta. Su abuela Loida, y su madre Eunice, eran creyentes antes que él. Él vivió en Listra, y ese fue el lugar donde Pablo fue apedreado, y también creemos que fue levantado de entre los muertos, digamos de paso; no estamos seguros pero esto puede que haya tenido mucho que ver con la conversión del joven Timoteo. Quizá él era como cualquier otro joven, un poco escéptico, pero de seguro que eso lo pudo convencer a él, y él llegó a ser un seguidor de Pablo después de su conversión. Él era un hombre que tenía muy buena reputación. TTB 4865 Página 6 de 9 Programa No. 0899
En el capítulo 16 del libro de los Hechos de los Apóstoles, versículos 2 al 5, leemos: Y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. Hizo Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego. Y al pasar por las ciudades, les entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen. Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día. Y luego, al seguir al Apóstol Pablo, él llegó a ser uno en quien Pablo tenía toda su confianza. Pablo había encontrado en las iglesias a muchos que habían probado ser hermanos falsos y quienes le habían engañado. Y Pablo tenía aquellos en quienes él no podía confiar. Sin embargo, él podía confiar en Timoteo. Veamos lo que nos dice Pablo allá en su carta a los Filipenses, capítulo 2, versículos 19 al 24; dice Pablo: Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Pero ya conocéis los méritos de Él, que como hijo a Padre ha servido conmigo en el evangelio. Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos; y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros. Entonces, encontramos aquí que Timoteo era una persona muy estimada para Pablo, y Pablo menciona eso aquí: A Timoteo, verdadero hijo en la fe. Pablo le había llevado a él al Señor, y luego él dice en la segunda parte del versículo 2: 2b Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor. (1 Tim. 1:2 b ) Alguien puede decir: Bueno, eso es como cualquiera otra introducción que hemos tenido antes. No, amigo oyente, no lo es. Tenemos que hacer una diferencia con usted en cuanto a eso. Y la diferencia es esta: sí, ya hemos tenido la gracia antes y hemos tenido que se TTB 4865 Página 7 de 9 Programa No. 0899
mencionaba también la paz. Y hemos hablado de estas dos cosas, pero, amigo oyente, tenemos otra palabra aquí y esa palabra es misericordia. Ahora, cuál es la misericordia de Dios? Bien, misericordia es una palabra que fue usada en el Antiguo Testamento, y el equivalente es la palabra gracia, porque allí se mencionaba el propiciatorio. Era el sacrificio que hacía del trono de Dios, el cual es santo y justo, lo hace un propiciatorio; y cuando usted y yo nos acercamos a Dios, no queremos justicia. Lo que queremos es misericordia. Necesitamos la misericordia de Dios. Ahora, la misericordia es lo que Dios ha provisto para todas sus criaturas. Dios tiene toda la misericordia que usted necesita. Usted puede pedirla en cualquier momento; es como tener dinero en el banco. Pero, ese dinero no le da ningún beneficio a no ser que usted escriba un cheque. Y usted escribe un cheque de fe. Pero, amigo oyente, eso es lo que es la misericordia. Dios es rico en misericordia, según se nos dice. Ya hemos visto esto anteriormente. Él tiene mucha misericordia. Pero, cuando Dios le salva, Él le salva por Su gracia. Ahora, Dios está siendo misericordioso con usted. Dios es misericordioso con todos aquellos pecadores que están en el mundo hoy y que están blasfemando contra Él, y que le están repudiando y dándole la espalda. Él está haciendo misericordia para con ellos. Él está enviando la lluvia sobre ellos, de la misma manera en que la envía para los justos y los injustos. Él no tiene favoritos, aún con aquellos que son Suyos. Los pecadores prosperan hoy, se hacen ricos. Parecen progresar mucho más que cualquier otra clase de persona. Dios es misericordioso para con ellos. Pero, amigo oyente, usted tiene que ir por fe y escribir ese cheque de fe. Usted tiene que ir por fe y entonces Dios le salvará a usted por Su gracia. Usted puede apreciar estas tres palabras aquí. Amor y misericordia y gracia. Son como una pequeña trinidad, digamos. El amor es aquello que estaba en Dios antes de que él llegara a usar la misericordia o la gracia. Dios era amor. Esa es Su naturaleza, Su atributo. TTB 4865 Página 8 de 9 Programa No. 0899
La misericordia es aquello en Dios que proveyó para la necesidad del hombre pecador. Luego, la gracia es aquello en Él que actúa libremente para salvar, porque todas las demandas de santidad han quedado satisfechas. Así es que, Dios, porque es misericordioso, permite que usted se acerque a Él y por Su gracia Él le salva. Usted no tiene que traer nada para Él. En realidad, usted no le lleva nada porque cualquier cosa que pueda llevar es nada más que trapos de inmundicia, como Él mismo lo expresa. Muchas personas nos han criticado por haber hablado en cuanto a aquellos que hacen buenas obras. Amigo oyente, una persona que hace buenas obras es aquel que piensa que no necesita la misericordia de Dios. Esa persona piensa que sus propias buenas obras le salvarán. En cierta ocasión, un hombre dijo: Ya no necesito que nadie me diga que necesito a Cristo como mi Salvador y que yo necesito la misericordia y la gracia de Dios. Yo no necesito eso. Yo estoy dispuesto a presentarme ante Él tal cual soy. Sabe lo que hacía este hombre? Él era el presidente de varias organizaciones de beneficencia, de orfelinatos, y cosas por el estilo. Él era uno de esos que hacían todas esas cosas buenas, y se iba a presentar ante Dios basado en sus buenas obras. Amigo oyente, esa clase de salvación no le va a hacer ningún bien a usted cuando en realidad la necesite. La salvación que Dios provee para usted le permite a usted hacer el bien; la clase de bien que es aceptable ante Dios. La justicia del hombre es solamente trapos de inmundicia ante Sus ojos. Amigo oyente, esta es una maravillosa introducción la que tenemos aquí. TTB 4865 Página 9 de 9 Programa No. 0899