DEL 11-M AL 14-M: LOS MECANISMOS DEL CAMBIO ELECTORAL 1. Ignacio Lago Peñas y José Ramón Montero

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1 1 DEL 11-M AL 14-M: LOS MECANISMOS DEL CAMBIO ELECTORAL 1 Ignacio Lago Peñas y José Ramón Montero En este artículo estudiamos las consecuencias de los atentados perpetrados el 11 de marzo de 2004 (11-M) sobre las elecciones generales que tuvieron lugar tres días después. Considerando el trágico balance de 191 muertos y a la vista de las innumerables repercusiones que se les han atribuido, parece obvio que se trata de una cuestión tan polémica como complicada. Tiene razón Santamaría cuando señala que resulta muy difícil admitir que un acontecimiento de esa naturaleza no tuviera efecto alguno sobre los resultados y muy fácil suponerle un impacto decisivo. Pero una cosa es considerarlo como un factor añadido al marco contextual y otra muy distinta convertirlo en la explicación de los resultados. 2 Si los gobiernos perdedores en las urnas suelen justificar sus derrotas acudiendo a motivos a veces pintorescos e incluso extravagantes, es lógico que cuando ocurre algún acontecimiento relevante de última hora (como fueron los atentados del 11-M) lo conviertan en la única razón explicativa de su derrota. De esta forma, los malos perdedores acaban transformándose en deslegitimadores de los resultados electorales, una estrategia mucho más grave e irresponsable para los supuestos de la vida democrática. En estos casos, los partidos suelen enrocarse en dos posiciones complementarias. De un lado, eliminan cualquier atisbo de responsabilidad a lo ocurrido durante su etapa al frente del gobierno; de otro, eliminan todo atisbo de 1 Queremos agradecer los comentarios de Belén Barreiro, Marta Fraile, Ferran Martínez, Ignacio Molina, Francesc Pallarès, Santiago Pérez-Nievas y Mariano Torcal. 2 Julián Santamaría, El azar y el contexto. Las elecciones generales de 2004, en Claves de Razón Práctica, 146, octubre de 2004, p. 39; subrayado en el original.

2 2 decisión razonable a los votantes a la hora de valorar con sus votos la gestión del gobierno. En lo que sigue pretendemos dejar fuera las disputas pro parte y abordar las consecuencias electorales del 11-M mediante análisis cuantitativos de algunos de sus mecanismos causales. Esto es, de los procesos a través de los cuales los actores políticos transformaron sus reacciones a los atentados en un comportamiento electoral determinado. Nuestro punto de partida es que en los días anteriores a los atentados el PP y el PSOE estaban empatados técnicamente en las encuestas preelectorales; es decir, sus diferencias en la intención o estimación de voto eran menores que los márgenes de error de las encuestas. Como puede comprobarse en la tabla 1, el PSOE había logrado reducir considerablemente la distancia que le separaba del PP algunas semanas antes de la campaña electoral. 3 En consecuencia, cualquier resultado era posible: ciertamente el PP podía haber ganado (en votos y sobre todo en escaños, dados los sesgos conservadores del sistema electoral), pero también cabía prever la victoria del PSOE. 4 [Tabla 1] Los atentados reforzaron la dinámica de la campaña al intensificar a la vez la tendencia creciente del PSOE y el declive del PP. Pero no lo hicieron por convertir a los votantes en criaturas irracionales, irreflexivas o irresponsables; ni tampoco porque éstos resultaran presas fáciles de manipulaciones, engaños o conspiraciones. En realidad, la explicación es mucho más sencilla. Nuestro argumento básico es que las ganancias socialistas de cerca de tres millones de votos con respecto a las elecciones de 2000 y las pérdidas de del PP en algo más de un millón doscientos mil votos dependieron 3 Al parecer esa distancia era de menos de un punto porcentual en la encuesta no publicada realizada por Sigma-Dos el día 12 de marzo; cf. Carlos Malo de Molina, La matriz de transferencia de voto, comunicación presentada en el XIII Seminario de Investigaciones Políticas y Sociológicas, AEDEMO, Madrid, noviembre de Sobre la campaña pueden verse los trabajos de Santamaría, El azar y el contexto, cit, pp ; Belén Barreiro, 14-M: elecciones a la sombra del terrorismo, en Claves de Razón Práctica, 141, abril 2004, pp ; y Mariano Torcal y Guillem Rico, The Spanish general election: in the shadow of Al-Qaeda, en Southern European Society and Politics, 9/3, pp

3 3 fundamentalmente de (1) la atribución de la responsabilidad al Gobierno de los atentados como consecuencia de su activo apoyo a la intervención en Irak; (2) la acusación al Gobierno de realizar una política de comunicación opaca e interesada sobre la posible autoría de los atentados; y (3), sobre ambos mecanismos, la valoración negativa de las prácticamente todos los ámbitos de su gestión gubernamental durante los últimos cuatro años. El voto se convirtió así en el instrumento decisivo con el que los ciudadanos controlan y en su caso castigan a los gobiernos. Sobre todo cuando estos gobiernos han desarrollado políticas que son mayoritariamente evaluadas de forma negativa por los ciudadanos, han desoído reiteradamente sus preferencias en temas relevantes y han tratado de eludir sistemáticamente sus responsabilidades. En última instancia, la derrota electoral del PP residió en el funcionamiento regular del proceso democrático a través de la rendición de cuentas de los gobiernos ante los ciudadanos. Es cierto que los juicios retrospectivos que hacen los votantes sobre la gestión política de los gobiernos son a veces confusos por las dificultades para determinar qué políticas sean las más acertadas o qué proporciones correspondan a los gobiernos en determinados resultados políticos o económicos. Pero los acontecimientos del 11-M ayudaron a muchos españoles a realizar esos juicios sobre la gestión del gobierno del PP. Y, como intentaremos comprobar en este artículo, lo hicieron de forma perfectamente razonable, y en base a criterios sencillamente democráticos. La incidencia de los atentados del 11-M: una estimación cuantitativa Para estimar la influencia de los atentados del 11-M en los resultados de las elecciones generales del 14-M hemos utilizado la encuesta postelectoral elaborada por Demoscopia. 5 Al igual que la realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas 5 Con una muestra representativa de españoles mayores de edad, la encuesta fue financiada por un consorcio de investigadores pertenecientes a la Ohio State University, Universidad Autónoma de Madrid, Universidad Autónoma de Barcelona, Universitat Pompeu Fabra, Universidad de Santiago de Compostela y el Instituto de Estudios Sociales de Andalucía-Consejo Superior de Investigaciones Científicas..

4 4 (CIS), esta encuesta presenta un problema importante: la infrarrepresentación de los votantes del PP es notable. Es sabido que una característica habitual de las encuestas postelectorales consiste precisamente en que el partido ganador aparece con más apoyos de los que tuvo en realidad: numerosos votantes de otros competidores se hacen pasar por seguidores del partido ganador para demostrar también ellos su respaldo a la opción más valorada y de paso agradar al entrevistador. Pero en este caso la infraestimación de los votantes populares es particularmente intensa. Si la relación entre los votantes del PSOE y del PP en las elecciones del 14-M fue de 1,13, en la encuesta de Demoscopia este cociente asciende a 1,93, y en la del CIS a 1,65. De este modo, el efecto de los atentados del 11-M sobre los resultados electorales se estima a la baja, puesto que la posición relativa del PSOE en las encuestas es mejor que la existente en la realidad. Por lo tanto, los resultados de los análisis que realizamos a continuación son más fiables para mostrar cómo ha influido el 11-M en las elecciones que para determinar cuánto ha contado. Pero, dado que el debate político se ha centrado en esta primera cuestión y que además conocemos bastante bien cuál ha sido la intensidad de esta influencia, la encuesta de Demoscopia vale perfectamente para responder a las preguntas que nos interesan. En la tabla 2 se presenta la relación entre la intensidad y motivaciones de la influencia del 11-M declaradas por los entrevistados y el voto a partidos en las pasadas elecciones generales. Un 6 por ciento de los votantes (o 124 entrevistados) reconoce que tomó la decisión de votar a su partido tras los atentados; la mayoría, más del 65 por ciento, votó finalmente al PSOE. 6 Al desagregar este dato, encontramos dos procesos complementarios. Por un lado, un 5 por ciento de los encuestados se movilizó como consecuencia directa de los atentados (en caso contrario se habría abstenido); de ellos, el 6 La pregunta que se formuló sólo a los que votaron fue Cuándo tomó la decisión de votar a su partido?.

5 5 65 por ciento acabó votando al PSOE. 7 Por otro, un similar 5 por ciento de los encuestados cambió su voto; de ellos, un 45 por ciento pasó también a engrosar el electorado socialista. El PP e IU apenas sumaron el 11 y 3 por ciento de los votos de los movilizados y el 6 y el 3 por ciento de los transferidos, respectivamente. 8 Cabe añadir que un 19 y un 16 por ciento de los individuos manifestaron que la política del gobierno del PP en Irak y la gestión del gobierno a la hora de informar de la autoría de los atentados, respectivamente, fueron las cuestiones que más influyeron en sus decisiones electorales. 9 De nuevo, y sobre todo si tenemos en cuenta que muchos se decantan por el "no contesta", el PSOE fue el gran beneficiado: cerca del 60 por ciento en ambos casos votó a los socialistas, pero sólo entre el 5 y el 9 por ciento lo hizo al PP o a IU. [Tabla 2] Pero en estas relaciones bivariables sólo observamos quiénes ganan votos, pero no quiénes los pierden. Para conocer la volatilidad o los cambios electorales que tuvieron lugar tras los atentados, en la tabla 3 se recogen las transferencias de voto entre los partidos antes y después del 11-M. Para ello nos fijamos sólo en el ya mencionado 5 por ciento de los entrevistados (o 122 individuos) que en la tabla 2 declaraba que cambió un partido por otro tras los atentados. El PSOE es el más beneficiado, puesto que perdió 9 votantes, pero ganó 55. Es decir, consiguió un 4 por ciento de sus votos después de los atentados terroristas como consecuencia de la volatilidad electoral. Por el contrario, las tres restantes fuerzas políticas seleccionadas en la tabla 3 (el PP, IU y el BNG en Galicia) cedieron votos después del 11-M. De acuerdo con sus resultados finales, el PP e IU perdieron más del 5 y 3 por ciento de sus votantes, respectivamente, mientras que el BNG cedió más del 70 por ciento. 7 La pregunta que se formuló a todos los individuos fue Qué influencia tuvo el atentado del 11 de marzo en Madrid en su decisión de votar? 8 La pregunta que se formuló a todos los individuos fue Y cómo influyó el atentado de Madrid en su voto? 9 La pregunta que se formuló a todos los individuos fue Cuál es el motivo que más influyó en su decisión?

6 6 [Tabla 3] Estos datos son relevantes, pero resultan todavía insuficientes. La explicación del comportamiento electoral no es determinista: no cabe decir que dado x, luego y. O, en otras palabras, un votante que se declare católico practicante, por ejemplo, no tiene por qué votar necesariamente al PP. Debemos acudir, pues, a criterios probabilísticos (dados x, z y a, es probable que y), ya que los elementos que tiene en cuenta un votante son numerosos, y cada uno de ellos incide con una intensidad variable en su decisión electoral. Dicho de otro modo, la relación de cada uno de esos elementos con el voto no es mecánica, sino contingente. Esto significa que para conocer si los atentados del 11-M incidieron efectivamente en el comportamiento electoral de los españoles a través de los dos mecanismos que hemos presentado, y estimar además en qué medida lo hicieron, es necesario pasar de los análisis bivariables a los multivariables, ya que estos últimos permiten integrar todos los criterios de decisión que pudieron haber manejado los votantes en las elecciones del 14-M. El modelo de toma de decisiones de los votantes que planteamos en la tabla 4 controla simultáneamente todas las perspectivas del comportamiento electoral en España. En general, la utilidad u opinión que tienen los votantes suele ser una función de sus propias identidades sociales y de sus valoraciones políticas sobre cada partido, sobre sus líderes o sobre sus resultados en la gestión del gobierno. Un primer bloque de variables incluye así las relativas a las características sociodemográficas de los electores, como su género, edad, estado civil, nivel de estudios, situación laboral y religiosidad. En segundo lugar, el modelo contiene variables referidas a dos temas políticos básicos durante la legislatura: la decisión del Gobierno de apoyar la invasión de Irak y una evaluación general de la gestión gubernamental durante los últimos cuatro años. En tercer lugar, se recogen asimismo dos variables concernientes a la oferta de cada partido: los sentimientos hacia los líderes de cada partido y la autoubicación de los

7 7 votantes en el espacio ideológico de izquierda-derecha. Dada la conocida importancia que las percepciones sobre la marcha de la economía tienen sobre la decisión electoral, 10 en el modelo de voto hemos incorporado, en tercer lugar, la valoración de la situación económica española. Tampoco podían faltar, en cuarto lugar, las opiniones sobre los atentados del 11- M. Finalmente, se han incluido también dos variables políticas tan clásicas como el interés por la política o el grado de satisfacción con el funcionamiento de la democracia española para tratar de explicar la decisión de abstenerse o de votar a algún partido. 11 De acuerdo con los datos ya examinados, planteamos dos hipótesis. Queremos así comprobar si los individuos que (1) opinan que la gestión de la información del Gobierno sobre la autoría de los atentados fue interesada y/o (2) responsabilizan a la política exterior del Gobierno de los atentados tienen una probabilidad mayor que los demás de votar al PSOE (y menor de hacerlo por el PP, IU o abstenerse). La variable dependiente (es decir, la que queremos explicar) en los análisis estadísticos contenidos en la tabla 4 es el voto al PSOE, al PP, a IU y la abstención. Como se trata de una variable dependiente binaria, desarrollaremos tres modelos. Cada uno de ellos tratará de explicar sucesivamente la decisión de votar al PSOE (valor 1) frente al PP (valor 0), por una parte, al PSOE frente a IU (valor 0), por otra, y del PSOE frente a la abstención (valor 0), por último. Dada esta naturaleza dicotómica de la variable dependiente, el modelo de estimación que hemos seleccionado es logístico. 12 Un modelo de regresión logística permite predecir o explicar la probabilidad de que un individuo tenga un determinado comportamiento (votar a un partido, por ejemplo) en 10 Puede verse, por ejemplo, el libro de Marta Fraile Does the economy enter the ballot-box? A study of the Spanish voters decisions (Madrid: Instituto Juan March, 2001). 11 Pese a utilizar un modelo tan bien especificado, cabe subrayar que el número de casos que se pierde como consecuencia de que algunos individuos no responden a alguna de las cuestiones incluidas en la tabla 4 es notablemente bajo. En este sentido, la nueva muestra resultante de votantes es casi idéntica a la encuesta de la que se ha derivado. 12 Para una introducción sencilla a los fundamentos del análisis de regresión logística, puede verse el libro de Albert Jovell, Análisis de regresión logística (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 1995).

8 8 función de determinadas características agregadas (como la zona rural o urbana donde se vive) o individuales (como su edad, nivel de estudios, ideología, valoración del gobierno o sentimientos hacia los dirigentes partidistas); las variables que hemos seleccionado están medidas a nivel individual, y todas ellas proceden de la encuesta de Demoscopia ya citada. En términos generales, en una regresión logística hay que fijarse fundamentalmente en tres datos: el coeficiente de cada variable, su significatividad estadística y el denominado ajuste del modelo, o cuánto es capaz de explicar. Al igual que ocurre con las apuestas en los países anglosajones, el valor de un coeficiente indica la propensión de que se dé una opción (votar al PSOE, por ejemplo) en términos de la propensión a la otra opción (en nuestro caso, votar al PP, o a IU, o abstenerse). Si el coeficiente, también por ejemplo, de la variable de género (en la que el valor 1 corresponde a los hombres y el 0 a las mujeres) es 0,17, esto significa que el logaritmo de razón entre la probabilidad de votar al PSOE (el valor 1 de la variable dependiente) y la probabilidad de votar al PP (el valor 0 de la variable dependiente) es 0,17 veces mayor para un hombre en comparación con una mujer. El aumento del logaritmo de esta razón de probabilidades se traduce, pues, en un incremento de la probabilidad de que un español vote al PSOE frente al PP si es hombre respecto a si es mujer. Por supuesto, cuanto mayor es el coeficiente, más intensa es la influencia de una variable. A su vez, este impacto puede ser negativo o positivo. En segundo lugar, la significatividad estadística del coeficiente de una variable nos dice si es relevante o no para explicar los valores de la variable dependiente. Se trata de contrastar, de nuevo con el ejemplo anterior, si el voto al PSOE es independiente del género, es decir, de confirmar o rechazar que el hecho de que un individuo sea hombre o mujer no cuenta en la probabilidad de votar al PSOE. Cuando puede rechazarse esta hipótesis de no influencia, se acepta que una variable es estadísticamente significativa, y que por lo

9 9 tanto importa; si no se puede rechazar esta hipótesis nula, se acepta que una variable no es relevante. Finalmente, el ajuste de un modelo (expresado en el pseudo R 2 ) nos indica en qué medida la especificación de las variables explica o predice los valores de la variable dependiente. Cuando mayor sea ese pseudo R 2 (que oscila entre 0 y 1) o el porcentaje de casos correctamente predichos (que varía entre 0 y 100), mayor es la capacidad explicativa del modelo. [Tabla 4] En la tabla 4 presentamos, pues, los resultados de la estimación de los tres modelos. Los referidos a los efectos de los factores sociodemográficos, la oferta partidista y las percepciones económicas son muy similares a los contenidos en otros trabajos sobre elecciones anteriores, por lo que remitimos a los lectores interesados a ellos. 13 Y aunque tienen desde luego interés, no podemos detenernos ahora en ellos. Baste señalar que el signo de la mayoría de las variables es el esperado teóricamente, que muchas son estadísticamente significativas (es decir, importan) y que, en fin, permiten predecir correctamente el comportamiento electoral de casi todos los individuos de cada muestra. Por lo que hace en primer lugar a la explicación de la decisión de votar al PSOE en lugar de al PP, estar casado o convivir en pareja, la condición de trabajador por cuenta ajena y la de jubilado, la práctica religiosa frecuente, la edad, una valoración buena o muy buena de la decisión de invadir Irak, las evaluaciones positivas de la gestión del gobierno del PP, las valoraciones de los líderes de ambos partidos y la autoubicación ideológica de los votantes son estadísticamente significativas. A excepción de la edad y de los sentimientos positivos hacia José Luis Rodríguez Zapatero, todas estas variables influyen negativamente en la probabilidad de votar al PSOE o, por supuesto, lo hacen positivamente en la probabilidad de votar al PP. 13 Puede verse, por ejemplo, el libro de Ignacio Lago, El voto estratégico en las elecciones generales en España ( ): efectos y mecanismos causales en la explicación del comportamiento electoral (Madrid: Instituto Juan March, 2003), así como los artículos recogidos en el número 6, 2002, de la Revista Española de Ciencia Política, coordinado por Julián Santamaría y J. R. Montero, y dedicado monográficamente a las elecciones de marzo de 2000.

10 10 Cuando se trata de explicar el voto al PSOE frente a IU, sólo la práctica religiosa, una evaluación regular de la gestión del gobierno del PP, las valoraciones de los líderes de cada partido y las ubicaciones ideológicas de los votantes son estadísticamente significativas. Con la excepción de la práctica religiosa frecuente, las opiniones favorables sobre Gaspar Llamazares y la propia constante, las variables referidas influyen positivamente en la probabilidad de votar al PSOE. No debemos olvidar, además, que los votantes de IU suelen comportarse estratégicamente cuando las elecciones son competidas: muchos seguidores de IU recurren al voto útil y apoyan así al PSOE cuando el margen que separa a los socialistas del PP es reducido, como ocurrió en las elecciones del 14-M. 14 Finalmente, la probabilidad de votar al PSOE en lugar de abstenerse aumenta de un modo estadísticamente significativo cuando un individuo acude a la iglesia con cierta asiduidad, tiene mayor edad, valora favorablemente a Rodríguez Zapatero y considera que la situación económica es regular. Por el contrario, esta probabilidad se reduce cuando, además de la propia constante, una persona convive con su pareja, está jubilado, valora bien o muy bien la gestión del gobierno del PP y se posiciona más a la derecha. De este modo, la religiosidad, la edad, la situación laboral y el estado civil tienen efectos relevantes sobre la propensión de votar al PSOE frente al PP y frente a la abstención. El peso de los líderes políticos vuelve a ser destacado, pero en este caso en los tres modelos, como lo es asimismo la ideología declarada por los votantes. Las evaluaciones del gobierno arrojan altos valores y de signo negativo, como cabía esperar, para el voto al PSOE frente al PP, y algo menos frente a la abstención. La situación económica, en cambio, parece haber perdido en estas elecciones la importancia alcanzada en las anteriores. Pero los coeficientes que más nos interesan son obviamente los de las dos variables sobre el 11-M. Como puede comprobarse, ambos coeficientes son positivos y 14 Véase Lago, El voto estratégico en las elecciones generales en España, cit., cap. 9.

11 11 estadísticamente significativos en todas las regresiones, a excepción de la valoración de la gestión de la información sobre la autoría de los atentados en la explicación del voto al PSOE frente a IU. De este modo, la probabilidad de votar al PSOE frente al PP y frente a la abstención es mayor para los individuos que consideran que los atentados de Madrid fueron el resultado de la política del gobierno del PP en Irak y/o que valoran negativamente la gestión del gobierno del PP en la información sobre la autoría de los atentados. Pero la probabilidad de votar al PSOE frente a IU sólo es mayor en el primer caso. Y debe recordarse que esa probabilidad surge una vez hemos tenido en cuenta de forma simultánea a todas las demás variables relevantes. Mecanismos causales y consecuencias electorales Lo anterior quiere decir que las consecuencias electorales de los atentados del 11-M tuvieron lugar simultáneamente a través de dos mecanismos. Primero, mediante la atribución de la responsabilidad al Gobierno en los atentados como consecuencia de su activo apoyo a la intervención de Irak. Segundo, mediante la acusación al Gobierno de haber realizado tras los atentados una gestión informativa opaca e interesada. Ambos mecanismos se reforzaron sucesivamente. Si una proporción significativa de los españoles responsabilizaba al Gobierno de la masacre por su política sobre Irak, su gestión informativa terminó por catalizar el descontento que muchos más españoles habían ido madurando a lo largo de los cuatro años anteriores. Los presupuestos de ambos mecanismos podrían ser cuestionados con distintos argumentos. Así, cabría descartar que los ciudadanos responsabilizaran al Gobierno de lo ocurrido el 11-M en base a la evidencia empírica que muestra las escasas repercusiones electorales que los atentados de ETA han tenido sobre los Gobiernos de

12 12 UCD, PSOE o PP. 15 Si los españoles no han culpado a tantos gobiernos anteriores del terrorismo etarra, por qué habrían de hacerlo ahora al PP con el islamista? La respuesta refuerza una vez más el argumento de que, para los españoles, no todos los terrorismos son iguales. Hay dos diferencias notables entre el terrorismo de ETA y el islamista que se han pasado por alto. La primera consiste en que no cabe establecer causalidad alguna entre las decisiones de los Gobiernos españoles y las acciones de ETA, como se demuestra por el hecho de que todos los gobiernos democráticos españoles hayan tenido que enfrentarse a la misma amenaza. Pero muchos españoles han dado por sentada la relación entre la política exterior del Gobierno del PP y los atentados de Al Qaeda. La segunda diferencia radica en la circunstancia de que, salvo los años anteriores a la llegada del PP al Gobierno, en 1996, la actuación de los Gobiernos ante el terrorismo de ETA no ha sido cuestionada ni por los dirigentes partidistas ni por los ciudadanos. Pero es obvio que los españoles han disentido frontal y masivamente de las justificaciones aducidas por el gobierno del PP para apoyar la invasión de Irak, desde las armas de destrucción masiva hasta las vinculaciones terroristas de la dictadura iraquí. En otras palabras, mientras que el terrorismo de ETA podría caracterizarse como un valence issue (es decir, se trata de un tema en el que todo el mundo comparte la misma visión), la participación en la guerra de Irak se habría convertido en un position issue (esto es, se trata de un tema en el que la visión que se maneja depende de la ideología de cada uno). 16 Otra cosa muy distinta es que, por supuesto, los únicos y verdaderos culpables de las acciones terroristas son quienes las realizan. En la tabla 5 15 Puede verse, por ejemplo, el trabajo de Ignacio Sánchez-Cuenca y Belén Barreiro, Los efectos de la acción de Gobierno en el voto durante la etapa socialista (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 2000). 16 De acuerdo con las definiciones clásicas de Donald E. Stokes ( Spatial models of party competition, American Political Science Review 57, 1966, p. 372), los position issues se refieren a cuestiones que implican la defensa de las acciones del gobierno de entre el conjunto de alternativas sobre las que se define una distribución de las preferencias de los votantes. Los valence issues implican simplemente la conexión de los partidos con algunas condiciones que son positiva o negativamente valoradas por el electorado de forma generalizada.

13 13 hemos recogido algunas opiniones sobre terrorismo de ETA que avalan tanto aquella diferenciación con el terrorismo islamista a los ojos de los ciudadanos cuanto esta caracterización como un valence issue. 17 En comparación con las proporciones masivas de rechazo a la decisión del Gobierno conservador de apoyar la guerra de Irak (como en seguida comprobaremos), sólo un 26 por ciento de los españoles desaprobaba en 1988 la actuación del Gobierno socialista en relación con el terrorismo. Aunque con algunas diferencias, las valoraciones negativas eran considerablemente bajas: 16 por ciento en 1988 para el Gobierno del PSOE y 34 por ciento en 2000 para el del PP. La consideración del terrorismo de ETA como un valence issue parece evidente cuando se constata que los ciudadanos insatisfechos con la política antiterrorista del Gobierno socialista se distribuían en 1988 mucho más aleatoriamente entre los partidos que, como asimismo veremos, cuando se trata de la invasión de Irak: un 17 por ciento votaría al PP, un 11 por ciento al PSOE y un 5 por ciento a IU. De modo similar, apenas un 35 por ciento de entrevistados en 2000 pensaba que un Gobierno socialista en lugar de uno del PP habría supuesto algún cambio (positivo o negativo) en la política antiterrorista. [Tabla 5] La situación es radicalmente distinta cuando abordamos el caso de Irak. Como puede comprobarse en la tabla 6, casi ocho de cada diez españoles valoraban negativamente la decisión del gobierno en relación a Irak, y al menos siete de cada diez coincidían en señalar que la actuación del Gobierno no ha respondido a la opinión de la mayoría de los españoles. Las evaluaciones de las decisiones del Gobierno sobre la invasión de Irak se dividían nítidamente entre los partidos de izquierda y el PP (aunque una tercera parte de los votantes del PP tenga una opinión negativa). Además, el Gobierno incumplió las demandas de los ciudadanos: nada menos que el 87 por ciento de los españoles así lo creía en Y tampoco ha resultado representativo. Desde la 17 Los datos relativos al terrorismo de ETA son sorprendentemente escasos; los que hemos utilizado proceden del Banco de Datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), y se refieren a las encuestas 1.729, realizada en febrero de 1988, y 2.382, realizada en febrero de 2000.

14 14 teoría analítica de la democracia, un gobierno es representativo cuando sus acciones constituyen la mejor manera de satisfacer los intereses de los ciudadanos, aun cuando ello pueda ir en contra de las preferencias de algunos ciudadanos o de la mayoría de ellos en el corto plazo. 18 En el mejor de los casos, la política exterior del Gobierno conservador en lo que atañe a Irak se basaba precisamente en la asimetría de información existente: en la medida que la gente no sabía que en Irak había armas de destrucción masiva, cuando se encontraran se demostraría que la invasión era la mejor estrategia para salvaguardar los intereses de los españoles. Pero después de la guerra, y constatada la ausencia de estas armas de destrucción masiva, los ciudadanos siguen rechazando la actuación del Gobierno: sólo un 5 por ciento de los españoles cree que la guerra ha valido la pena, y un aplastante 86 por ciento opina lo contrario. En otras palabras, el Gobierno no ha sido representativo. Y cuando no actúa representativamente la consecuencia última es el castigo electoral a través del control del gobierno por los ciudadanos: el 21 por ciento de los entrevistados declaraba tras las elecciones del 14-M que la invasión de Irak ha contado mucho o bastante en su voto, mientras que el 16 por ciento manifestaba que le ha influido en alguna medida. [Tabla 6] El círculo parece así cerrarse con el rechazo masivo a las decisiones políticas del Gobierno sobre Irak, la atribución indirecta de la culpa al Gobierno por unos atentados vinculados a esas decisiones y la existencia de muchos electores para quienes la gestión gubernamental de la guerra de Irak ha pesado en su decisión de voto. Pero todavía hay algo más. Y es que, con esta distribución de opiniones y valoraciones, y tras la inmensa conmoción sufrida por los atentados, las percepciones de los intentos del Gobierno para adjudicar la masacre a ETA no hicieron sino potenciar el distanciamiento e incluso el rechazo radical de muchos electores hacia el Gobierno. En realidad, la gestión 18 Puede verse el libro de Adam Przeworski, Susan C. Stokes y Bernard Manin, eds., Democracy, accountability and representation (Cambridge: Cambridge University Press, 1999).

15 15 informativa del Gobierno debió contribuir todavía con mayor fuerza a que muchos electores recordaran de forma traumática, y en los momentos inmediatamente anteriores a la jornada electoral, las evaluaciones que les habían merecido las distintas políticas del Gobierno a lo largo de la legislatura. De esta forma, la atribución de la culpa fue probablemente seguida por el cuestionamiento radical de la idoneidad del PP para seguir en el Gobierno. Las respuestas que tenían a mano suponían simplemente cambiar de partido si antes habían votado al PP, o movilizarse y votar si antes se habían abstenido, o hacerlo por un partido que rentabilizara sus preferencias si antes lo habían hecho por otros pequeños o marginales. Debe tenerse en cuenta que la generalizada insatisfacción existente con su gestión gubernamental impidió que el PP pudiera aparecer, pese a sus éxitos en materias de terrorismo etarra, como el destinatario natural de los votos de una ciudadanía conmocionada tras los atentados del 11-M. Sus efectos fueron en la dirección inversa. Como pudo comprobarse en la explicación del voto contenida en la tabla 4, la evaluación de la gestión del Gobierno conservador PP en los últimos cuatro años se convirtió en una variable fundamental para explicar el voto al PSOE frente al PP, frente a IU e incluso frente a la abstención. Y como puede ratificarse en la tabla 7, esa insatisfacción se proyectaba sobre todas las políticas públicas protagonizadas por el PP (con la excepción de la económica y de empleo 19 ), y en algunos casos además con una especial intensidad. Si la atribución de responsabilidades al Gobierno por los atentados del 11-M y su sesgada información posterior fue la condición necesaria para el castigo electoral infringido al PP, la extendida valoración negativa en prácticamente todos los ámbitos de su gestión gubernamental se convirtió en condición suficiente más que sobrada para que el PSOE recibiera antiguos votantes del PP o de IU, convenciera a antiguos abstencionistas para que dejaran de serlo o atrajera a jóvenes votantes. O, 19 Pese a esta excepción, debe recordarse que en la tabla 4 la política económica era sólo relevante para explicar el voto al PSOE frente a la abstención, y en medida reducida.

16 16 dicho todavía de otra forma, los atentados terroristas y la gestión informativa posterior actuaron como un catalizador de los cambios electorales que habían venido desarrollándose a lo largo de las semanas de campaña electoral y que tenían su origen en las acciones del gobierno conservador durante los cuatro años de la última legislatura. 20 [Tabla 7] Del qué al cuánto: tres simulaciones contrafácticas Una vez demostrado que los atentados del 11-M contaron a través de estos dos mecanismos causales, la siguiente pregunta que debemos abordar consiste en determinar su importancia en los resultados electorales. Para formularla podemos acudir al ejercicio de las simulaciones contrafácticas. Qué habría pasado si no hubiesen tenido lugar los atentados? Como es sabido, los análisis contrafácticos hacen posible la revisión de hipótesis causales cuando los diseños de investigación no son experimentales o cuando, en otras palabras, no permiten reproducir la situación estudiada. En este sentido, los contrafácticos realizan inferencias sobre eventos que en realidad no se han producido. 21 De acuerdo con ello, en la tabla 8 hemos calculado los resultados electorales que se alcanzarían en distintos escenarios electorales, simulados de acuerdo con las estimaciones de las regresiones anteriores. En las comparaciones PSOE/PP, PSOE/IU y PSOE/abstención hemos calculado los porcentajes de modo que sumen el 100 por ciento en cada par. En la primera columna de la tabla 8 presentamos sin más los resultados que asigna la encuesta. 22 En la siguiente columna se recogen los resultados 20 Cf. Torcal y Rico, The Spanbish general election, p Cf. James D. Fearon, Counterfactuals and hypothesis testing in Political Science, en World Politics, 43, 1991, pp Para una aplicación empírica de referencia de los análisis contrafácticos en el estudio del comportamiento electoral, puede verse Michael R. Álvarez y Jonathan Nagler, A new approach for modelling strategic voting in multiparty elections, en British Journal of Political Science, 30, 2000, pp Debe recordarse que la infrarrepresentación de votantes del PP es considerable. La relación entre los votantes del PSOE y el PP es prácticamente de 2 a 1, muy lejana de la que hubo en realidad. Sin embargo, la relación entre los votantes del PSOE y los de IU (9 a 1) y entre los del PSOE y los abstencionistas (7 a

17 17 electorales que se derivan de la estimación de los tres modelos de regresión. Para ello hemos utilizado los coeficientes estadísticamente significativos (es decir, los que importan) estimados en la tabla 4 para calcular por separado la probabilidad de cada votante de votar al PSOE y al PP, de votar al PSOE y a IU, y de votar al PSOE y abstenerse. En cada caso hemos atribuido a cada individuo el comportamiento electoral en el que alcanza la probabilidad más alta, teniendo siempre como umbral el del 50 por ciento. Por ejemplo, si un entrevistado tiene una probabilidad de votar al PSOE del 46 por ciento y de votar al PP del 54 por ciento, le imputamos un voto al PP. De este modo, y tras los oportunos cálculos, resulta que el PSOE cuenta con el 64,9 por ciento de los votos y el PP con el 35,1 por ciento; el PSOE alcanza el 76,4 por ciento de los votos e IU el 23,6 por ciento; y, finalmente, el PSOE suma el 92,5 por ciento de los votos y la abstención el 7,5 por ciento. [Tabla 8] A continuación hemos realizado tres simulaciones. Qué habría ocurrido en cada par de comparaciones si (a) nadie hubiera pensado que los atentados del 11-M fuesen el resultado de la política del gobierno del PP? Y qué si (b) a nadie le hubiera influido la gestión del gobierno del PP a la hora de informar sobre la autoría de los atentados? Y qué si (c) los dos anteriores escenarios se dieran simultáneamente? Para conseguir estos resultados hemos utilizado de nuevo los coeficientes estimados en la tabla 4 para calcular la probabilidad de cada comportamiento electoral, pero fijando primero en el valor 0 la variable que cifraba la influencia de los atentados del 11-M en la política del gobierno del PP; luego hemos hecho lo mismo con la variable relativa a la gestión del gobierno sobre la autoría de los atentados; y, por último, hemos repetido la operación con ambas variables. Según puede comprobarse en la tabla 8, en la primera simulación el voto al PSOE cae 1,4 puntos porcentuales y el voto al PP sube, evidentemente, otro 3) es bastante parecida a los resultados del 14-M. De ahí que sean más fiables los datos de las simulaciones en estos dos últimos casos que en el primero.

18 18 tanto; el voto al PSOE disminuye 1,6 puntos porcentuales y la abstención crece otros 1,6 puntos; el voto al PSOE y a IU no cambia. En la segunda simulación, el voto al PSOE cae 1,3 puntos porcentuales y al PP sube otro tanto; el voto al PSOE disminuye 0,9 puntos porcentuales y la abstención crece 0,9 puntos porcentuales; y el voto a IU aumenta 3,5 puntos porcentuales y al PSOE desciende otros 3,5 puntos porcentuales. Por último, en la tercera simulación el voto al PSOE cae 2,7 puntos porcentuales y al PP sube, evidentemente, otro tanto; el voto al PSOE disminuye 1,9 puntos porcentuales y la abstención crece 1,9 puntos; y el voto a IU aumenta 3,5 puntos porcentuales y al PSOE desciende 3,5 puntos porcentuales. En definitiva, los resultados de estas simulaciones demuestran que los atentados del 11-M tuvieron un efecto significativo a través de los dos mecanismos apuntados. Y sus efectos fueron particularmente importantes en lo que hace a la movilización de los abstencionistas y a las transferencias de votantes de IU al PSOE. Para los seguidores de IU, la valoración de la política exterior del gobierno del PP fue más relevante que la opinión sobre su gestión informativa tras los atentados. Los votantes del PP y, sobre todo, los abstencionistas respondieron en mayor medida a la gestión de la información sobre la autoría de los atentados. Si proyectamos estas estimaciones sobre los resultados reales del 14-M, el PSOE perdería 3,5 puntos porcentuales del 42,6 por ciento de los votos a candidaturas que obtuvo para sumar entonces el 39,1 por ciento: 1,5 puntos porcentuales de sus votos pasarían a IU, 1,2 puntos al PP (que pasaría a tener 38,9 por ciento) y 0,8 puntos a la abstención. Se tratan, pues, de proporciones en todo caso reducidas, que documentan las intuiciones de quienes pensaban que la incidencia del atentado era limitado y se producía en línea con las preferencias previas de los votantes. 23 La situación de los principales partidos competidores hubiera vuelto a ser, así, la del empate técnico, lo que 23 Por ejemplo, Santamaría, El azar y el contexto, p. 39.

19 19 supone la posibilidad de la victoria para cualquiera de ellos. Pero, evidentemente, la interpretación de estas conclusiones exige una prudencia elemental. Como ya advertía Heráclito, uno no puede zambullirse dos veces en las aguas de un mismo río: el supuesto de todo lo demás igual que se asume en las simulaciones nunca se satisface perfectamente. Además, las encuestas no dejan ser aproximaciones a la realidad con ciertas imprecisiones. Finalmente, la reconstrucción del comportamiento electoral el 14- M es imperfecta, sobre todo en lo que concierne a la abstención. Las conclusiones de este análisis empírico deben verse, pues, más como un intento de mostrar los mecanismos a través de los que el 11-M influyó en las elecciones generales que como una cuantificación precisa de ese efecto. Conclusiones: responsabilidad política y control democrático Las consecuencias electorales del 11-M han hecho correr ríos de tinta. Pero las explicaciones que se aducen con mayor frecuencia resultan, a nuestro juicio, marcadamente partidistas. En este trabajo hemos pretendido analizar esas consecuencias con mayor objetividad. Para ello hemos intentado determinar cuál ha sido el efecto causal de los atentados sobre el comportamiento electoral de los españoles el 14-M, y aclarar cómo se ha producido este efecto o, en otras palabras, cuáles han sido los mecanismos causales en juego. De acuerdo con los análisis estadísticos realizados a partir de la encuesta postelectoral de Demoscopia, cabría estimar que los atentados habrían supuesto alrededor de 3,5 puntos porcentuales de voto más para el PSOE. Aun con la prudencia elemental que merecen esos análisis, se trata de una proporción mucho más modesta que las (por lo demás, absolutamente imprecisas) magnitudes que reclaman voceros partidistas de distinto signo. Sea como fuere, es necesario recordar de nuevo que, si no se hubieran producido los atentados, tanto el PP como el PSOE hubieran podido finalmente hacerse con la victoria electoral: pocos días antes del 11-M, las encuestas

20 20 preelectorales indicaban un empate técnico entre ambos. Es cierto que la reacción de los españoles a los atentados deshizo esa situación de empate. Pero no se produjo en base a la intensa emoción de unos ciudadanos horrorizados por la tragedia, ni mucho menos por la supuesto manipulación en la jornada de reflexión de millones de votantes por unos pocos miles de manifestantes y un puñado de medios de comunicación. En realidad, los españoles decantaron su voto entre el 11-M o el 14-M a través de dos procesos complementarios. Situaron en un primerísimo plano, acaso el único, sus opiniones sobre la política exterior del Gobierno, en particular su decisión de apoyar la invasión de Irak; y a ellas añadieron sus percepciones sobre la gestión informativa del Gobierno hasta el mismo 14-M. La valoración negativa de la política exterior del Gobierno del PP fue particularmente importante para movilizar a los abstencionistas y para convertir en socialistas a algunos antiguos votantes de IU y en menor medida del PP. Por su lado, las opiniones acerca de la gestión de la información sobre la autoría de los atentados explicarían también el voto al PSOE de antiguos abstencionistas, pero no contaría para los votantes de IU. Además, estas reacciones no se produjeron en el aire. Como es lógico, estuvieron condicionadas por la evaluación de la gestión del gobierno a lo largo de sus cuatro años de mayoría absoluta. Sus resultados eran concluyentes. Todas las políticas públicas protagonizadas por el Gobierno, excepto la economía y el empleo, merecían una valoración negativa. Estos juicios retrospectivos se convirtieron así en una condición necesaria para que, tras la terrible conmoción de unos atentados de los que se responsabilizaba a la política exterior conservadora, el PSOE recibiera a antiguos votantes de IU o del PP, convenciera a antiguos abstencionistas para que dejaran de serlo o atrajera a jóvenes votantes. De este modo, la reacción de los españoles a los atentados ha supuesto un reforzamiento de los mecanismos de la democracia representativa. En las democracias,

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