MARÍA, MODELO DE DISCÍPULA Reconociendo a la Virgen María como primera Discípula de Jesús, busquemos profundizar nuestra relación con ella, descubriéndola como nuestra Madre y Maestra, imitando cada día sus virtudes y recurriendo a ella en todos nuestros afanes. (CONSTITUCIONES) INTRODUCCIÓN Uno de los elementos indispensables cuando estamos aprendiendo, es tener un modelo a imitar, un ejemplo vivo donde podamos ver reflejada la enseñanza en una vida, en una persona, para nosotros poder ver con claridad las actitudes que podemos o debemos tomar. El diccionario define la palabra modelo como: Elemento que sirve de punto de referencia para imitarlo o reproducirlo, alguien ejemplar que por su perfección se debe seguir e imitar. Jesús es el discípulo perfecto del Padre Discípulo es el que sigue a un maestro para vivir con él y como él. Nosotras reconocemos y aceptamos a Jesús como nuestro único Maestro y Señor, a quien escuchamos y seguimos.
Jesús, discípulo del Padre, inauguró un estilo de vida, el cual deseamos vivir. Como discípulo estuvo siempre a la escucha de los secretos de su Padre (Jn 5,30a; Is 50,4) y así, contemplándolo, imitándolo (Jn 5,19) y obedeciéndolo, lo complació en todo hasta llegar a la muerte y muerte de cruz (Jn 5,30b; Flp 2,8). Nosotras, impulsadas por el Espíritu Santo, deseamos vivir en esa constante escucha, contemplando, imitando y obedeciendo a Jesús para glorificar al Padre. Pero como mujeres buscamos un modelo a imitar y un modelo femenino lo tenemos en la Virgen María, nuestra Madre. María es la discípula perfecta. María encarnó al Verbo y desde ese momento fue Discípula del Verbo. María se hizo una con el Verbo. El Verbo la inundó, el Verbo la poseyó y desde ese momento ella entró en un diálogo profundo con Él. Siempre estuvo a la escucha atenta y en ese diálogo profundo se hicieron uno.
María se cristificó. María es la llena del Espíritu Santo, María es la hecha una con Él, la primera que se cristifica, la primera Discípula de Jesús. Así, María queda llena de la humildad del Verbo, de la pureza, de la obediencia, en fin, de la Santidad del Verbo. Pero para que María viviera esta experiencia primero se hizo la esclava: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38). María al hacerse la esclava del Señor engendra al Verbo y así se hace una con Él. Entra en ese diálogo profundo y al hacerlo, lo escucha, lo contempla, lo imita. Ella es la primera Discípula de Jesús. Esa misma dinámica deseamos seguir toda Discípula de Jesús. Hacerse la esclava de Jesús, entregarle su corazón, su vida, su amor, su voluntad, todo su ser. Escucharlo cada día, contemplarlo, obedecerlo, y en este proceso hacerse una con Él: cristificarse. La vida de la Discípula siempre será en función de su maestro, siempre girará en torno a Él. Así vivió María.
La Discípula será una con Él, un sólo corazón, una sola mente; buscará tener sus deseos, sus anhelos, sus pasiones, sus amores, su voluntad, sus sentimientos y así al irse configurando con Él, se hará una con Él y se irá convirtiendo en su esposa. Así, vivirá en una triple relación de esclava, discípula y esposa. Ésta es la esencia o el ser de la Discípula de Jesús, ser esclava, discípula y esposa de Jesús. María es por lo tanto el ejemplo femenino más perfecto de esta realidad que es el discipulado. Necesitamos descubrirla aún como modelo y ejemplo de nuestro seguimiento a Cristo. En muchas ocasiones admiramos y expresamos el deseo de imitar a muchos personajes de la Biblia. Admiramos su valor, su entrega, su disposición, su fe, etc. puede ser que pocas veces contemplemos a María, nuestra madre como un modelo real y verdadero del seguimiento de Cristo. Porque fijar en ella nuestra mirada y contemplando su vida, su ejemplo, su manera tan concreta de ser discípula, podamos nosotros también descubrir con su ejemplo la manera de seguir a Cristo y cristificarnos.
Nosotras, cada sábado que la Iglesia honra de manera especial a María, nuestra Madre, profundizamos en esta realidad de su vida, meditando en la Lectio Divina cada rasgo que la Escritura nos muestra de ella. por qué no hacerlo tú también? DAD GLORIA AL SEÑOR! AHORA Y POR SIEMPRE! Discípulas de Jesús