PROGRAMA No. 0158 Script Ready / / AR Recorded / / SM Edited / / Checked / / Corrected / / Mastered / / LEVÍTICO Capítulo 8:6-14 Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro viaje por el libro de Levítico. En nuestro programa anterior, comenzamos nuestro estudio del capítulo 8 de este libro, y consideramos el primer aspecto dentro del tema de la consagración de los sacerdotes, o sea, el llamado a la congregación para presenciar el ritual. Continuando nuestro estudio en el capítulo 8 de Levítico, nos corresponde hoy el segundo aspecto, o sea, el lavamiento de Aarón y sus hijos. Y comenzaremos con el versículo 6 de este capítulo 8, que dice así: 6 Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua. (Lev. 8:6) Moisés trajo a Aarón y a sus hijos al lavacro para ser lavados. Podríamos decir que les dio un baño. Esto significa que debían ser santos, puros y limpios si es que iban a servir al Señor. Ya habían ido al altar para recibir el perdón, pero les faltaba ser lavados. Hoy en día hay tantas personas que dicen que están preparadas para el servicio sólo porque son salvos. Ahora, es verdad que, si verdaderamente han creído en Cristo, son salvos; y damos gracias al Señor por eso. Pero para poder participar en el servicio cristiano, uno necesita estar lavado. Para poder ser usado, uno tiene que estar limpio. Escuche usted las palabras de estos versículos de la Escritura. El Apóstol Pablo, escribiendo a Tito, en el capítulo 3 de su carta, versículo 5, menciona: Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. TTB 4167-4168 Página 1 de 7 Programa No. 0158
Luego, el escritor a los Hebreos, en el capítulo 10, versículo 22, dice: Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Nuevamente el Apóstol Pablo, en su carta a los Efesios, capítulo 5, versículo 26, nos dice: Para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra. También el Señor Jesús, en el evangelio según San Juan, capítulo 13, versículo 10, dice: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Y el Apóstol Juan, en su primera carta, capítulo 1, versículo 9, dice: Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. El Espíritu Santo nos renueva mientras seguimos el camino, pero tenemos que ser lavados por el Señor. Ahora, con qué nos lava? Cuál es el jabón que Él usa? Bueno, es la Palabra de Dios. Y solamente Su palabra es la que nos lava. El Señor Jesús dijo a Sus discípulos que debían ser lavados porque sus pies estaban sucios. Todos se habían bañado, es decir, todos habían sido salvados, excepto uno, Judas. Pero todavía les faltaba que sus pies fueran lavados para que pudieran tener una completa comunión con Él. Esto era para el servicio. Ahora, cómo recibimos aquel lavamiento? Es mediante la confesión a Dios y a la persona que hemos ofendido. Esto es necesario para que seamos perdonados y limpiados. Amigo oyente, quiere usted ser usado por Dios? Entonces, vaya y confiese sus pecados. O lo hacemos como Dios nos manda que lo hagamos, o de otra manera, no podemos servir. Él tiene Su método de hacer las cosas y nosotros tenemos que aprender a obedecer Sus deseos. Y pasamos ahora a considerar las vestiduras del sumo sacerdote. Leamos el versículo 7 de este capítulo 8 de Levítico: 7 Y puso sobre él la túnica, y le ciñó con el cinto; le vistió después el manto, y puso sobre él el efod, y lo ciñó con el cinto del efod, y lo ajustó con él. (Lev. 8:7) TTB 4167-4168 Página 2 de 7 Programa No. 0158
Las vestimentas del sumo sacerdote son un cuadro de nuestro Gran Sumo Sacerdote en toda Su gracia y gloria extraordinaria. El sumo sacerdote se ponía una vestimenta que constaba de ocho piezas, y cada una de estas piezas simbolizaba algo. Cuatro eran semejantes a las que llevaban todos los sacerdotes. Cuatro eran peculiares al sumo sacerdote, y lo distinguían de todos los demás sacerdotes. Estas eran vestiduras para gloria y belleza. Ahora, las cuatro piezas de la vestimenta del sumo sacerdote que eran comunes a los demás sacerdotes, eran la túnica, el efod o faja, el turbante o mitra, y los calzoncillos. Todas estas piezas eran de lino blanco con la excepción del turbante. El lino blanco simboliza la justicia. Y cada creyente está revestido con la justicia de Cristo mismo, nuestro Sumo Sacerdote. Es esencial para el servicio que el creyente esté vestido así, y es necesario también que se ciña para la obediencia activa. La túnica y la faja, o sea el efod, que son mencionadas en este versículo, eran las vestiduras fundamentales, que se ponían todos los sacerdotes. Estas vestimentas se describen en detalle en Éxodo, capítulo 28. Leamos ahora, el versículo 8 de este capítulo 8 de Levítico: 8 Luego le puso encima el pectoral, y puso dentro del mismo los Urim y Tumim. (Lev. 8:8) Aquí el Urim y Tumim eran puestos sobre el pectoral. En Hebreo, la palabra Urim significa luz. Mientras que Tumim significa perfección, y por tanto, estas piezas tendrían algo que ver con luces y perfecciones. No se sabe exactamente cual sería su uso ni cómo funcionaban. Algunos creen que tenían algo que ver con la Ley, y que posiblemente la Ley fuese escrita sobre piedras con estos nombres. En el Salmo 19, versículo 7, hay una referencia a esto, dice: La ley de Jehová es perfecta (utilizando aquí la palabra Tumim: perfección), que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Luego, continuando con el versículo 8 de este mismo Salmo 19, dice: Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra (utilizando aquí la palabra Urim: luz que alumbra) los ojos. TTB 4167-4168 Página 3 de 7 Programa No. 0158
Creemos que el Urim y el Tumim tenían algo que ver con el saber lo que fuese la voluntad de Dios sobre cosas específicas; hay una aplicación espiritual para nosotros. Necesitamos la Palabra de Dios hoy en día, y necesitamos la mano guiadora de Dios para determinar cuál sea Su voluntad en nuestras vidas. Leamos ahora, el versículo 9 de este capítulo 8 de Levítico: 9 Después puso la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra, en frente, puso la lámina de oro, la diadema santa, como Jehová había mandado a Moisés. (Lev. 8:9) La mitra o turbante del sumo sacerdote la llevaba encima, y al frente la diadema de oro que se describe en Éxodo, capítulo 28. Recuerde usted que esta diadema tenía grabadas las palabras Santidad A Jehová. Estas vestiduras distinguían al sumo sacerdote de todos los demás sacerdotes, y en forma profética, manifestaban las glorias y las bellezas de Jesucristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote. Él murió acá para salvarnos; pero vive a la diestra de Dios para mantenernos salvos. El Apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, capítulo 5, versículo 10, dice: Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. O como dijo el Señor Jesucristo en Juan, capítulo 14, versículo 19: porque yo vivo, vosotros también viviréis. Ahora, los hijos de Aarón estaban a su lado vestidos de lino simple. Esto es un cuadro de nuestro Gran Sumo Sacerdote con todos Sus hijos que de todo el mundo se están juntando con Él, y que están vestidos de Su justicia. El escritor a los Hebreos, en el capítulo 2 de su carta, versículo 10, dice: Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. El hecho es que llegamos a Cristo como pecadores perdidos, y Él nos cubre con Su justicia. El sumo sacerdote llevaba seis piedras preciosas en cada hombro, y cada una de estas 12 piedras tenía el nombre de una tribu. El sumo sacerdote llevaba entonces a la nación de Israel en su hombro y sobre su corazón, en el pectoral. El hombro habla de la fuerza y el corazón nos habla de amor. Y pasamos ahora a considerar el siguiente aspecto, o sea, la consagración del sumo sacerdote. Leamos el versículo 10 de este capítulo 8 de Levítico: TTB 4167-4168 Página 4 de 7 Programa No. 0158
Y tomó Moisés el aceite de la unción y ungió el tabernáculo y todas las cosas que estaban en él, y las santificó. El escritor a los Hebreos, en el capítulo 9 de su carta, versículo 21, nos dice que el tabernáculo y todos los vasos del ministerio habían sido rociados con sangre. Y ahora vemos aquí en este versículo 10 de Levítico 8, que son ungidos con aceite. Ya habían sido redimidos y limpiados por la sangre. Ahora, necesitaban ser ungidos con el aceite, que es el Espíritu Santo. Así también ahora, el Espíritu Santo tiene libertad para mover y obrar en la adoración y en el servicio del tabernáculo. El Señor Jesucristo nos dice en Juan 4:24: Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Continuemos leyendo ahora los versículos 11 y 12 de Levítico capítulo 8: 11 Y roció de él sobre el altar siete veces, y ungió el altar y todos sus utensilios, y la fuente y su base, para santificarlos. 12 Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo. (Lev. 8:11-12) La acción de rociar el aceite simboliza la santificación. Con esto, todo estaba ya listo y preparado para ser usado, pues había sido apartado para el servicio de Dios. Pero Aarón no fue rociado, sino ungido con el aceite, es decir, que vaciaron el recipiente sobre su cabeza, cubriéndolo de aceite. Como dice el Salmo 133, versículo 2, donde leemos: Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras. El Espíritu Santo fue derramado de esta misma manera sobre Cristo en Su bautismo. La Biblia declara enfáticamente en Juan 3:34 que: Dios no da el Espíritu por medida. Debemos notar que el aceite fue derramado sobre Aarón antes que la sangre fuera aplicada a los sacerdotes. Nuestro Gran Sumo Sacerdote no necesitaba ninguna ofrenda por Sus propios pecados. En cambio, nosotros sí la necesitamos. El escritor a los Hebreos, en el capítulo 1 de su carta, versículo 9, dice: Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros. Y pasamos ahora al TTB 4167-4168 Página 5 de 7 Programa No. 0158
siguiente aspecto en consideración en este capítulo 8 de Levítico, esto es, las vestiduras de los sacerdotes. Leamos el versículo 13: 13 Después Moisés hizo acercarse los hijos de Aarón, y les vistió las túnicas, les ciñó con cintos, y les ajustó las tiaras, como Jehová lo había mandado a Moisés. (Lev. 8:13) Aquí se repite una vez más, el hecho de que todo esto se hizo de acuerdo con el mandamiento del Señor. También este pasaje nos recuerda que debemos estar siempre vestidos de la justicia de Cristo. Y pasamos entonces, a considerar el siguiente aspecto en este capítulo 8 de Levítico, esto es, el lavamiento de los sacerdotes y de Aarón por la sangre de las ofrendas. Leamos el versículo 14: 14 Luego hizo traer el becerro de la expiación, y Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro de la expiación. (Lev. 8:14) El becerro era una ofrenda de expiación por los pecados del sumo sacerdote, pero los cuatro hijos de Aarón también podrían reclamarlo como su ofrenda. Sus pecados eran transferidos a la víctima. Y ese era precisamente el significado de esta imposición de manos. Dios escribió indeleblemente en sus almas y grabó con fuego en sus corazones el hecho de que todavía eran pecadores, aunque estaban al servicio de Dios. Usted notará mientras avanzamos a través la Palabra de Dios, que los hombres de Dios siempre han estado conscientes del hecho de que son pecadores. El Salmo 40, versículo 12, dice: Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla Amigo oyente, cree que es usted ese tipo de pecador? Dios puede hacer algo por usted si ésta es su condición. Después de todo, si usted no enferma lo suficiente como para ir al medico, no irá a ver al médico; y si usted no está seguro si es o no un verdadero pecador, es probable que nunca vaya a Cristo. Pero si usted se da cuenta ahora que es pecador, es conveniente y es aconsejable, es más, es urgente que usted acuda ahora mismo a Cristo Jesús y le reciba como su TTB 4167-4168 Página 6 de 7 Programa No. 0158
Salvador personal. Es nuestra oración que Dios le guíe a dar este paso en este mismo instante y selle así su destino eterno! Y llegamos así al término de nuestro programa por el día de hoy. Dios mediante en nuestro próximo estudio, concluiremos este capítulo 8 de Levítico y confiamos que usted nos vuelva a sintonizar. Mientras tanto, le sugerimos estudie los siguientes versículos de este capítulo para que esté al tanto de lo que consideraremos en nuestro próximo programa. Le recordamos que tenemos a su orden las notas y bosquejos que hemos elaborado para ayudarle a una mayor comprensión de la Palabra de Dios. Este material se lo enviaremos sin costo alguno para usted. Al solicitar este material, escriba su nombre y dirección completos y en orden, sin que falte detalle alguno de sus datos personales, pues, esto nos facilitará el envío, sin contratiempos a su dirección, de las notas y bosquejos. Escríbanos de ser posible, hoy mismo a la dirección que mencionaremos en contados instantes. Será, pues, hasta nuestro próximo programa, amigo oyente, es nuestra oración que el Señor derrame sobre usted Sus ricas y abundantes bendiciones! TTB 4167-4168 Página 7 de 7 Programa No. 0158