DIMENSIÓN ESPIRITUAL Un saludo de alegría sacerdotal para todas ustedes queridas esposas de los ya Diáconos Permanentes y aquellas esposas de los candidatos que con su ayuda y la de sus hijos y familia, están DISCERNIENDO el querer de Dios en la vida de su esposo, de su papá. Este primer encuentro de muchos que estoy seguro organizarán FEBE es un llamado de la Iglesia, a través de una Asociación de Fieles Laicas, que han venido haciendo un caminar en comunión con sus esposos, para responder de una manera más coherente, sincera y solidaria a su SER de esposas de unos Ministros ya ordenados y de aquellos que se preparan para un servicio muy importante en la Iglesia, y es el de ser Diáconos que imiten todos los días al Señor
Jesús, Servidor del Padre, en su amor a la Palabra, la Caridad y la Liturgia, pero muy especialmente responder a la bellísima Doble sacramentalidad y de esta forma crecer como familia diaconal, siendo signos creíbles de la Buena Nueva, en la Verdad sobre Cristo, la Iglesia y el Hombre. Quiero en esta mañana detenerme brevemente en un aspecto importantísimo de la vida de la Esposa del Diácono Permanente. Y es LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DE LA ESPOSA DEL DIÁCONO PERMANENTE. Porqué es importante? Porque, la vida espiritual de una compañera que en el compromiso de ser Iglesia, ha apoyado y vienen apoyando a su esposo Diácono, debe ser motivo, testimonio y ejemplo para otras esposas de una comunidad o por qué no de la misma familia, para seguir a Jesús, y amando al Padre Celestial imiten los ejemplos de las santas mujeres que la sagrada Escritura nos presenta como modelo de vida y de cumplimiento a la Voluntad de Dios.
El HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA ( Lc 1,38 ), no es un formalismo de una mujer sencilla adolescente pero madura en la fe que por el ejemplo de sus Padres, Joaquín y Ana, la llevó a responder humildemente al querer de Dios y a su iniciativa Divina. El, SÍ de María, es el Sí de la donación total, de una Mujer que abrió su corazón a Dios, y se dejó conducir por su amor, convirtiéndose en campamento, en tienda donde el Amado se hizo carne y acampó entre nosotros. El Sí de la esposa del Diácono Permanente, es un Sí de entrega, comunión, solidaridad, y apertura del querer de Dios en su esposo, sus hijos y su familia. Así, como el diácono ha de ser un modelo y ejemplo a seguir porque debe reflejar a Cristo servidor en su Vida, e imitarlo en su entrega y
fidelidad al Padre, la esposa del diácono permanente como mujer cristiana, madre y esposa es servidora de la Iglesia. Las esposas de los diáconos no son las nuevas diaconisas, y su papel no es sólo dar el consentimiento para que el esposo pueda ser diácono firmando un documento, es mucho más, ya que en el matrimonio se comparte todo, se camina acompañado, se habla de todo y se toman decisiones conjuntas. Las esposas no pueden ni deben ser algo decorativo, pintoresco o un mal menor, sino aquellas que participan de la diaconía de sus esposos. El Sí, consciente dado a su esposo se convierte en compromiso de servicio. Marido y mujer avanzando juntos hacia el Señor. No están solos. No hay que olvidar que lo importante es el SER y no el HACER. El Sí de la esposa ha de ser un SÍ desde la Palabra Orada, Encarnada, Celebrada y Testimoniada. Un sí, que ha pesar de las diferentes situaciones de la vida familiar conyugal, económica, de estudio de los hijos de su formación, de sus crisis como adolescentes, de la enfermedad, del desempleo, del rechazo que puedan encontrar en diferentes comunidades, o espacios, no las puede llevar a claudicar, antes bien, a fortalecer su relación conyugal, a intensificar la oración, a confiar más y más en aquél que es Vida, y fortaleza en nuestras historias. La esposa del diácono permanente podrá afirmar como María: El poderoso ha hecho obras grandes en mi vida, en mi esposo, en mi hogar. Pero se necesita CREER EN DIOS, y CREERLE A DIOS.Y todos los días poder decir desde su oración personal o conyugal, HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA.
Qué grandeza la de la mujer y qué responsabilidad le ha dado Dios. SER ESPERANZA, VIDA Y PAZ, en un mundo convulsionado por la mentalidad belicosa del hombre contemporáneo. Ser anuncio gozoso de no buscar entre los muertos al que vive. Ustedes esposas reflejan el Rostro Maternal de Dios, y son responsables de que el Gozo de aquella mañana de la Resurrección, se multiplique cada día más, llevando a los otros la alegría de la presencia Resucitada de Cristo Servidor del Padre. No tengan miedo, ser puente de fe, amor, y solidaridad, para que aquellos que buscan a Jesús, lo encuentren en ustedes y en esta bendita familia diaconal que encarnada al dulce hogar de Nazaret. Déjense acompañar por María, ejemplo de la humildad, sencillez, oración fidelidad, lealtad, servicio, solidaridad, y apertura al amor del Padre. Sean como María Siervas del Señor, prudentes, imitadoras de la Virgen, en el silencio, en la capacidad de saber escuchar, en la atención a las necesidades del prójimo, en la fortaleza, repito en la virtud de la esperanza y en la actitud recia, y siempre afrontando las dificultades que el tiempo les presenta.
Sean mujeres, esposas, comprensivas, tolerantes, discretas, alegres, virtuosas, abiertas al diálogo, y modestas en el vestir. Ustedes Esposas están en la mira de unos y de otros, y no pueden ser, señaladas por su mal testimonio cristiano. Una esposa de un diácono permanente debe tener una sólida base cristiana, dispuesta a seguir creciendo en fe y en el conocimiento, capaces de ser coherentes entre su pensamiento y su obrar. Que la vean Integrada a la comunidad, no aislada, bajo la excusa de no quiero se metida. No, métase, intégrese, promueva, convoque, sea una Líder, sin opacar el servicio y misión del diácono. Sean conscientes de que la vocación y ministerio de su esposo enriquece su vocación matrimonial. Capaz de suplir la ausencia del esposo en el hogar y de ayudarlo a encontrar un equilibrio en la distribución de su tiempo entre familia, trabajo y ministerio.
Compartan con su esposo, la oración, especialmente la Liturgia de las Horas y trabajen en la medida de sus posibilidades y conocimientos, en las pastorales, tales como la matrimonial, la familiar, la catequística, la educativa, la carcelaria o la de salud. Inviten a los hijos a participar en actividades parroquiales, o diocesanas. Tengan un director espiritual, y especialmente, vivan los sacramentos, para que acercándose más y más al Padre de todos, encuentren en la gracia recibida de los sacramentos, la fortaleza y compromiso de continúen siendo caminantes hacia el encuentro con Cristo, y en el atardecer de sus vidas como diría San Juan de la Cruz, SEAN JUZGADOS EN EL AMOR. Queridas Esposas: Vivan la Eucaristía, aliméntense de ella, tengan presente a Cristo Pan Vivo bajado del Cielo. No permitan que sus esposos dejen de participan cada día delsacramento que nos da la Vida Eterna. Una familia sin Vida Sacramental, es una familia dividida por los resentimientos, envidias, agresividades y desamor. Sean EUCARISTIAS VIVAS, participando activamente en la celebración de la vida y en la contemplación eucarística. Las encomiendo en mi oración y no dejen de orar por mí. Gracias por su confianza y amor a la Iglesia, pero ante todo, gracias por ser FAMILIA DIACONAL.