TEMA 9 FASCISMO Y NAZISMO

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TEMA 9 FASCISMO Y NAZISMO I Características generales del fascismo 1. Ideología Desde el punto de vista ideológico no encontramos un movimiento coherente y articulado, sino un conglomerado de ideas a veces contradictorias expuestas de manera anárquica por sus líderes. En 1924 Hitler escribe Mein Kampf (Mi lucha), obra en la que presenta una cierta organización de sus ideas, que son expuestas de una manera más sistemática que las del fascismo italiano. a) Un Estado totalitario Los regímenes fascistas consideran que el Estado es la expresión de la nación. El Estado debe ser todopoderoso y controlar todos los aspectos de la vida, y el individuo debe estar sometido y subordinado a sus directrices. Rechaza, en consecuencia, la igualdad de los ciudadanos y los derechos del individuo, que dejan de tener importancia frente a los de la comunidad. El Estado totalitario, al recibir todos los poderes, puede actuar libremente para eliminar a la oposición y a los disidentes y para encuadrar a los ciudadanos en organizaciones corporativas o profesionales, que fomentan el militarismo y la disciplina. b) Odio a la democracia y los movimientos obreros Lógicamente, la democracia es el peor de los males, entre otras cosas porque permite confrontar libremente las ideas. Por ello hay que acabar todo lo que huela a democracia: libertades individuales (reunión, expresión...), elecciones, pluripartidismo..., implantando un régimen dictatorial de partido único que controla todos los resortes del Estado. Van a ser unos enemigos declarados de comunistas y socialistas, los primeros actos de estos partidos son reventar huelgas y atacar a líderes obreros. Sin embargo, para captar el voto obrero hacen también alguna declaración anticapitalista y promesas como acabar con el paro, que cumplirán en parte desarrollando la industria de guerra. En lo económico son partidarios de la autarquía, de la no dependencia del exterior, para que cada país se baste por sí mismo. c) Culto al líder Al frente del Estado se encuentra un líder carismático que encarna al partido y a la nación. A ese líder, salvador de la patria humillada, se le rinde un culto casi religioso y la propaganda se encarga de que su fotografía esté por todos los rincones del país y presida los actos más importantes. Ese culto a la personalidad del líder va a ser obsesivo, incluso el saludo se hace con su nombre. Por primera vez se utilizan los medios de comunicación de masas para extender las ideas y la adoración del líder. La aparición ante sus seguidores del führer en Alemania o del duce en Italia será estudiada al detalle, desde la hora a la que se produce hasta la estética teatral que reviste su actuación. A los ciudadanos y militantes se les exigirá una fe ciega en su caudillo. [1]

d) Anti-igualitarismo Se predica la desigualdad entre los hombres, se subraya que siempre hay superiores e inferiores. En ese orden de cosas se contraponen el hombre a la mujer, cuyo papel se reduce a las tres K: kinder, küche, kirche (niños, cocina e iglesia), el militar al civil, y miembro del partido al que no lo es... Las élites o minorías elegidas serán los llamados a gobernar, mientras la única función de la masa es obedecer. El fascismo es racista y considera inferiores a los no blancos, pero en el caso alemán racismo y antisemitismo se convierten en la doctrina central del movimiento, al afirmar en la supremacía de la raza aria sobre todas las demás, a las que considera inferiores, en especial a la judía. e) Nacionalismo exacerbado Todos los aspectos de la vida están inspirados por un espíritu ultranacionalista que hunde sus raíces en el nacionalismo extremista del siglo XIX. La exaltación de la patria y su grandeza les lleva a desembocar en un fuerte imperialismo que reclama territorios considerados como propios: Alemania hablará de un espacio vital (lebensraum) en el que colocar sus excedentes de población, Italia intentará imitar la grandeza del Imperio Romano. f) Irracionalismo Se caracterizan por un ataque frontal a todo aquello que signifique cultura o intelectualidad. Frente al racionalismo exaltan el instinto y la fuerza. La justificación de la violencia, intolerancia frente a los contrarios y el dogmatismo en la exposición de sus principios serán una constante. Será frecuente la la censura, la quema de libros considerados como peligrosos. 2. Las bases sociales Los grupos sociales que apoyarán estos movimientos serán muy heterogéneos y variarán según la etapa. En general encontramos a: Excombatientes, gentes desclasadas que una vez que ha terminado la guerra no se adaptan a la vida pacífica y van a ingresar en las organizaciones paramilitares fascistas. Jóvenes nacionalistas, frustrados por los resultados de la guerra y decepcionados con las democracias. Su carácter violento y belicoso será encauzado por estas organizaciones para actuar contra sus rivales políticas. Clases medias, empobrecidas por la crisis económica y temerosas de la expansión del comunismo. Parados, atraídos por la promesa de puestos de trabajo. Grandes empresarios y terratenientes, fundamentales para financiar estos movimientos, en los que ven un apoyo contra el peligro de revolución. Las propias instituciones del Estado liberal, la policía y el ejército, que toleran e incluso colaboran con la violencia de las organizaciones fascistas. [2]

II El fascismo italiano 1. La Italia de posguerra Italia se sentía frustrada tras la Iª Guerra Mundial. Aunque en el bando de los vencedores, considera que la paz es una victoria mutilada : sus pérdidas materiales y humanas no son recompensadas con una generosa entrega de territorios, solamente recibe el Trentino, al norte, Istria y el puerto de Trieste en el Adriático, y las islas del Dodecaneso en el Egeo, pero no toda la costa de Dalmacia que les habían prometido los aliados en el Tratado de Londres de 1915. Este sentimiento de indignación será capitalizado por el poeta Gabrielle D Annunzio, que ocupa la ciudad de Fiume, entregada a Yugoslavia, con el apoyo de miembros del ejército y de grupos de excombatientes, aunque el gobierno italiano les obligó a evacuarla. a) Situación económica Tras la Guerra Italia está arruinada. Muestra de lo arcaico de su estructura económica es que el 55% de la población activa se sigue dedicando a la agricultura. Las principales zonas industriales se localizan en el norte del país y las diferencias entre el norte y el sur (mezzogiorno) son enormes. En las ciudades, la desmovilización de las tropas y la reconversión de las industrias de guerra genera grandes masas de parados. A este panorama desastroso se une una tremenda inflación, que genera un aumento espectacular de los precios mientras los salarios siguen congelados. Las huelgas y la ocupación de fábricas por los obreros en las ciudades, o la ocupación de tierras en el campo, serán frecuentes. La revolución rusa ya se ha producido y esto anima a los obreros de toda Europa, que ven en ella un modelo a seguir. Los patronos sienten un gran temor a que estalle la revolución bolchevique y no dudarán en utilizar todos los medios a su alcance para evitarlo. Serán frecuentes los tiroteos entre patronos y revolucionarios. [3]

b) Situación política Desde 1919 se suceden en Italia gobiernos inestables y débiles, que semuestran impotentes contra la agitación social. La democracia se convierte en un sistema político desprestigiado, y son muchos los que piden un gobierno fuerte y orden en las calles. Los grandes partidos pasan por una etapa de crisis interna. El Partido Popular engloba a la derecha y a los católicos que participan en política. El Partido Socialista se va a dividir entre un ala derecha, de carácter reformista y partidaria de llegar a acuerdos con la burguesía progresista, y el ala izquierda del partido, que sigue siendo partidaria de las ideas de Marx y de la conquista del poder por los obreros. Este sector abandonará el partido en 1921, y, como en casi toda Europa, fundará el Partido Comunista. 2. Mussolini y el nacimiento del fascismo Benito Mussolini (1883-1945) va a ser el líder indiscutible y carismático del fascismo italiano. De orígenes modestos, su padre era un socialista convencido y los primeros pasos en política de Mussolini serán en ese partido. En 1900 dirige el periódico socialista Avanti, pero al llegar la Iª Guerra Mundial será expulsado del partido por defender la participación italiana en la contienda. Funda entonces un nuevo periódico, Il popolo d Italia. En 1919 canaliza el descontento de posguerra y funda los Fasci Italiani di combatimento, (Fascios Italianos de Combate), que en 1921 se convierte en el Partido Nacional Fascista. Integrado por excombatientes, nacionalistas, o antiguos anarquistas y socialistas partidarios de la intervención de Italia en la guerra, se identifican por la camisa negra y un saludo inspirado en el de la antigua Roma. Las bandas fascistas, con la complicidad del ejército y la policía, actuarán de forma violenta para reprimir huelgas y manifestaciones obreras. Parte de las clases medias, empresarios y terratenientes verán en ellos un instrumento de orden, capaz de evitar la revolución. Ante el anuncio de huelga general de agosto de 1922, Mussolini lanza un ultimatum al gobierno y a los huelguistas, el partido fascista se muestra como la garantía del orden público, algo que no puede garantizar el gobierno. En octubre de 1922 el Consejo Nacional Fascista, máximo órgano del partido, decide la Marcha sobre Roma de las escuadras fascistas para convencer al rey Víctor Manuel III de que entregue el poder a Mussolini. El rey, poco partidario del parlamentarismo y temeroso del avance de la izquierda, encarga a Mussolini formar gobierno el 29 de octubre. El fascismo ha llegado al poder. Marcha sobre Roma Discurso de Mussolini en Piazza Venezia (Roma) [4]

3. El fascismo en el poder a) Primera fase: eliminación de la oposición (1922-1926) Mussolini respeta aparentemente las instituciones y forma un gobierno de coalición, con pocos ministros fascistas, pero a la vez inicia la eliminación violenta de la oposición. La violencia fascista hace que los popolari abandonen el Gobierno. El hecho más escandaloso fue el secuestro y asesinato de Giacomo Matteotti (1924), político socialista que había criticado en el Parlamento la violencia el fraude electoral. En 1924 Mussolini se hace una ley electoral a su medida, con la que el partido que obtuviese el 25% de los votos recibiría automáticamente 2/3 de los escaños. Este hecho, que dio al Partido Fascista 404 escaños de los 553 que componían la cámara, hizo que los diputados de la oposición abandonaran la Cámara. b) La creación del Estado totalitario (1926-1936) Eliminada la oposición, son aprobadas las llamadas leyes fascistísimas, que suprimen las libertades de expresión y reunión, conceden poderes ilimitados a Mussolini, quien sólo será responsable ante el rey, crean un tribunal especial para delitos políticos y una nueva policía secreta, la OVRA (Organización para la Vigilancia y la Represión del Antifascismo). Se crea un régimen totalitario de partido único, el Partido Fascista, dirigido por Mussolini con la asistencia del Gran Consejo Fascista. En 1927, la Carta del lavoro sustituye los sindicatos corporaciones en las que se integraban a los trabajadores y patronos en cada ramo de la producción. Además del partido, cuyo número de afiliados va a crecer, sobre todo entre los funcionarios que ven peligrar su puesto de trabajo, la población se encontraba encuadrada en instituciones de corte fascista. Los niños entraban en grupos de balillas y las niñas en pequeñas italianas; los universitarios integraban los grupos Universitarios Fascistas, y los trabajadores la Opera Nazionale Dopolavoro, que gestionaba el ocio y el tiempo libre. Todos los aspectos de la vida estaban controlados por el fascismo y sus organizaciones. En esta etapa se inicia asimismo una política poblacionista, de fomento de la natalidad y freno a la emigración, con la que Italia pasa en 15 años pasa de 38 a 45 millones. Ante el aumento de la población se necesitan nuevos territorios, necesidad que será esgrimida por Mussolini para justificar su imperialismo. Contribuyó a consolidar el régimen la firma con la Santa Sede de los Pactos de Letrán (1929), con los que se firmaba definitivamente la paz entre la Iglesia y el Estado italiano. El papa, tras la toma de Roma por los partidarios de la unificación italiana en 1870, se recluyó en El Vaticano, negándose a aceptar la existencia del Reino de Italia y prohibiendo a los católicos participar en su vida política. Ahora reconocerá al Estado italiano, y a cambio éste declara al catolicismo religión oficial, y reconoce al Vaticano como un país independiente. [5]

4. Política económica del fascismo a) La fase inicial: la liberalización de la economía (1922-1926) Al llegar al poder los fascistas, que deben pagar al gran capital los favores recibidos, suprimen los controles que tenía el Estado sobre la economía y que pervivían desde la guerra, se privatizan industrias y se dan incentivos para la inversión del capital extranjero. En esa línea, se produce una reducción del gasto público para equilibrar el presupuesto. b) El Estado dirigista (1926-1930) Desde 1926 se abandona la línea liberalizadora y el Estado empieza a intervenir y a controlar la economía. Mussolini se va a plantear algunos retos económicos como si fueran batallas, como la batalla del trigo, que tenía como objetivo que Italia se autoabasteciera de ese producto sin tener que recurrir a la importación, cumplido a costa de sacrificar otros cultivos que sí hubo que importar. Otra preocupación fue mantener la lira fuerte por motivos de prestigio, lo que dificultó las exportaciones italianas. Se lanzó también a una actividad constructiva febril: desecación de pantanos, construcción de autopistas, de edificios colosales en Roma... todo ello como escaparate y propaganda de los logros del régimen. c) La autarquía (años treinta) La crisis financiera de 1929 reduce las exportaciones, aumentando rápidamente el paro. El gobierno se ve obligado a devaluar la lira, iniciando también una política autárquica: Italia debía abastecerse de todos los productos de primera necesidad sin contar con el mercado exterior. La autarquía se acentuaría a partir de 1936, año en el que Italia invadió Etiopía y muchos países congelan sus relaciones, lo que favoreció su aproximación a Alemania. A finales de los años treinta la política económica italiana se va a orientar hacia una economía de guerra ante la probabilidad de que estalle una nueva guerra en Europa. Discurso de Mussolini durante la Batalla del trigo Construcción en Roma de la Via dei Fori Imperiali [6]

III El nazismo 1. Hitler y la formación del Partido Nazi La figura de Adolf Hitler (1889-1945) es clave para entender el nazismo. Nacido en Austria, en la Iª Guerra Mundial se alista como voluntario en el ejército alemán; no se le conoce ninguna acción heroica durante la contienda, pero más tarde exaltará esta etapa de su vida y copiará la disciplina militar en la organización del partido nazi y sus asociaciones. Tras la firma del armisticio se declara contrario al Tratado de Versalles y enemigo irreconciliable de los socialistas, que motivaron la Revolución Espartaquistas, y de los judíos, causantes, según él, de la decadencia del país. Pronto entra en contacto con el pequeño Partido Obrero Alemán, antisemita y pangermanista (partidario de unir todos los territorios de lengua alemana). En 1920 redacta los 25 puntos de su programa, donde está ya presente toda la ideología nazi. La fusión con otros partidos origina el NSDAP (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, Partido Obrero Nacional Socialista Alemán), abreviadamente partido nazi, del cual es líder (führer) desde 1921. El nuevo partido adoptará como símbolos la cruz gamada y el saludo fascista. En 1923, imitando la Marcha sobre Roma de Mussolini, intenta un golpe de Estado, el Putsch (golpe) de la cervecería, el intento fracasa y estará en prisión hasta 1924; allí escribe Mein Kampf. Al salir de la cárcel reorganiza el partido y crea las SS (Schutz Staffeln, o Escuadras de Protección), con la misión de velar por la seguridad del líder y del partido, y se alejará de las SA (Sturmabteilung o Secciones de Asalto), grupo creado con el mismo objetivo pero poco dócil a los deseos de Hitler. El disparo de salida para el ascenso al poder será la crisis de 1929, que deja una estela de miseria y paro (seis millones de parados en 1932). Hitler sabrá capitalizar los descontentos y aumentará de forma espectacular el número de militantes del partido, que en 1932 suman ya 1.400.000. En las elecciones de 1930, el NSDAP pasa de 17 a 107 escaños, convirtiéndose en el segundo partido del Reichstag (parlamento), en las de 1932, 230 (37% de los votos, primer partido del país), aunque NO consigue la mayoría absoluta. Pese a perder dos millones de votos en las elecciones de noviembre de 1932, Hitler se niega a formar parte de un gobierno del que él no sea canciller. Ante la división e incapacidad de los restantes partidos para formar una coalición de gobierno, el 30 de enero de 1933, el Presidente de la República, Paul von Hindemburg, nombra canciller a Hitler. Pérdidas territoriales de Alemania Evolución del voto al NSDAP [7]

2. La ideología nazi La ideología del partido va a ser definida por Hitler en dos escritos: Los 25 puntos del Partido Obrero Alemán de 1920, y Mein Kampf, libro de memorias y reflexiones, y será difundida en discursos de elaborada escenografía. A diferencia de los partidos tradicionales no intentaba convencer con programas concretos, sino movilizar a las masas mediante ideas muy simples y machaconamente repetidas. Un factor importante de su triunfo es el saber tocar la fibra sensible y los instintos primarios de la multitud en las grandes concentraciones. a) Concepción biológica de la nación alemana Hitler subraya la superioridad de la raza blanca sobre todas las demás Dentro de la raza blanca era superior la raza aria alemana, el resto de los pueblos eran inferiores, sobre todo los judíos, y no debían gozar de los mismos derechos. En resumen, sólo pertenece a la nación alemana aquel que es puro de raza. Este racismo se basa en ideas que estuvieron de moda en el siglo XIX (Sobre la desigualdad de las razas humanas del francés Gobineau en la que se exaltaba la superioridad de la raza blanca), y que no fueron del todo abandonadas en el siglo XX; además tomó de Darwin la idea de que en la naturaleza sólo el más fuerte sobrevive. La idea de la pureza de la raza le llevaría a prohibir la mezcla de los alemanes con otros pueblos, sobre todo con judíos, ya que la raza se envilecería y se produciría la degeneración. b) Antisemitismo En la Historia alemana, y europea, ha existido una fuerte tradición de antisemitismo (recordar el Affaire Dreyffus), pero para Hitler el antisemitismo se convierte en una idea obsesiva. A los judíos, raza inferior, y hay que mantenerlos apartados de los ciudadanos: los judíos deben ser identificados y en las tiendas judías se pondrá el símbolo de la estrella de David como advertencia al buen ciudadano del peligro de contagio, se prohibirán los matrimonios mixtos El punto culminante en la obsesión antisemita es el plan de exterminio sistemático de la población hebrea en los campos de concentración durante la IIª Guerra Mundial. c) Revanchismo Los abusos del Tratado de Versalles pesan como una losa en el orgullo colectivo alemán, lo que generará un deseo revanchista frente a Francia por haber arrebatado Alsacia y Lorena y haber humillado a Alemania; este sentimiento era muy popular y con él Hitler hará vibrar a las masas. d) El pangermanismo y la expansión territorial: la Gran Alemania El pensamiento de Hitler es ultranacionalista, para él la nación alemana está llamada a grandes designios, pero su territorio es insuficiente para mantener a una población en continuo crecimiento. Es la teoría del espacio vital (lebensraum), y con ella reclamará el expansionismo territorial y la incorporación a Alemania de todos los territorios de lengua alemana y aquellos en los que los alemanes sean demográficamente mayoría: Austria, los Sudetes en Checoslovaquia... [8]

Portada de Mi lucha Congreso del Partido Nazi en Nuremberg (1937) 3. El nazismo en el poder: la creación del Estado totalitario En su primer gobierno, al igual que ha hecho Mussolini, Hitler va a dar cabida a políticos de todos los partidos. Sin embargo, es sólo una fachada, controla la policía y los grupos nazis se convierten en fuerzas parapoliciales que se lanzará a la eliminación sistemática de la oposición. El 1 de febrero disolvió el Reichstag y convocó elecciones para el 5 de marzo. La noche del 27 de febrero se produjo el incendio del Reichstag, del que se culpó a los comunistas, lanzándose una fuerte persecución contra ellos; en realidad, el incendio fue provocado por los nazis para tener una excusa oficial para reprimir con dureza a las fuerzas de izquierda. Así, calificando la situación de crítica, a Hitler no le fue difícil aprobar una Ley de protección de la nación y el Estado, que en la práctica suponía un fuerte aumento de su poder: el canciller tendría facultades para restringir las libertades personales en aras de la seguridad del Estado. En las elecciones rozaron casi la mayoría absoluta. El nuevo parlamento otorga al canciller plenos poderes para legislar sin consultarlo: Alemania se convierte en una dictadura de partido único, los restantes partidos políticos son disueltos. En 1934, tras el fallecimiento del presidente Hindenburg, Hitler asumirá los poderes del presidente de la República. La imposición de un Estado totalitario corre paralela a la eliminación de la oposición y a la restricción de los derechos individuales. El 30 de junio de 1934, la Noche de los cuchillos largos, en ella son asesinados los dirigentes de las SA, el único grupo nazi que le podía hacer frente. En adelante el führer se apoyaría exclusivamente en la Gestapo (contracción de Geheime Staatspolizei, Policía Secreta del Estado) y en las SS, dirigidas por Heinrich Himmler, garantes de la política del Tercer Reich. Las Leyes de Nuremberg (1935) eliminaron los derechos políticos y sociales de los judíos, excluyéndolos de la ciudadanía alemana y prohibiendo los matrimonios mixtos. Además, quedaban obligados a llevar un distintivo (brazalete amarillo con la Estrella de David). El antisemitismo se hace cada vez más violento, y en la noche del 10 de noviembre de 1938, la Noche de los cristales [9]

rotos (Kristallnacht), cientos de sinagogas y negocios judíos fueron incendiados y miles de judíos detenidos y conducidos a campos de exterminio. La represión se cebó también en todo tipo de oponentes o indiferentes al régimen, entre ellos intelectuales y artistas de vanguardia, considerados traidores o degenerados. Se realizaron quemas públicas de libros y exposiciones de arte degenerado. El Estado nazi aparecía totalmente articulado y vertebrado en torno a la figura del führer, al que se debía jurar obediencia ciega y lealtad incondicional. Se creó un Ministerio de Propaganda, dirigido por Joseph Goebbels, y la población fue encuadrada en organizaciones nazis. Cualquier aspecto de la vida, por trivial que fuese, era controlado por el partido, especialmente la educación, mediante la creación de organizaciones juveniles (las Juventudes Hitlerianas) y la Asociación de Profesores Nazis, a la que debían obligatoriamente afiliarse los docentes. Hitler con miembros de las Juventudes Hitlerianas Asalto a una librería durante la Kristallnacht 4. La economía Los sindicatos de izquierda fueron prohibidos, y los obreros obligados a integrarse en el Frente Alemán del Trabajo. Se implantó en las fábricas una rígida disciplina, los salarios fueron congelados y aumentó la jornada laboral. Sin embargo, el paro descendió drásticamente, gracias a la reimplantación del servicio militar obligatorio, las obras públicas y la fabricación de armamento. El plan de lucha contra la crisis deja paso a otro tendente a lograr el autoabastecimiento económico del país, ventaja básica en caso de que estalle una guerra que Hitler ve como inevitable. Para ello se potencia la producción nacional y se reduce al mínimo la importación de productos exteriores. Uno de los altos dirigentes del partido, el militar Hermann Göring, fue el encargado de la política de rearme, que antepondrá las necesidades de la industria armamentística a las de la población civil (en palabras del propio Göring, había que escoger entre la mantequilla y los cañones). El aumento de producción y empleo no puede ocultar la escasez de alimentos y de materias primas estratégicas (petróleo). La política económica era insostenible a largo plazo, y el crecimiento dependía del estallido de una guerra que diera salida al armamento acumulado y permitiera obtener recursos de otros países. [10]