CAPITULO II BASE TEORICA Los tumores de laringe pueden ser de tipo benigno o maligno, si bien los tumores realmente benignos constituyen un 5% o menos del total de tumores laríngeos (13). Los tumores son menos frecuentes en niños que en los adultos. En ambos grupos, del tamaño y la localización de la masa tumoral dependen los síntomas que se producen en relación con disfunción respiratoria y fonatoria; asimismo su comportamiento biológico y criterio terapéutico (2,4,5,11). 1. TUMORES BENIGNOS: Ha sido costumbre incluir entre los tumores benignos de laringe no sólo lesiones benignas que realmente son neoplasias, sino también ciertas lesiones, las cuales no son neoplásicas, tienen localización y aspecto tumoral. Estas lesiones son llamadas tumores benignos de origen inflamatorio (1,2,5,7). Se pueden asentar en cualquier lugar de la laringe, pero el sitio más frecuente es la cuerda vocal. Igualmente pueden originarse en las otras estructuras tisulares del órgano vocal: epitelio, tejido conectivo, cartílago, glándulas, nervios o músculos. Son neoformaciones circunscritas, encapsuladas, con poca tendencia invasora o destructiva; no son infiltrantes y no dan metástasis ni recidivas; a menudo sólo el examen histológico proporciona el diagnóstico de su verdadera naturaleza. Siendo sus manifestaciones clínicas similares y poco aparente (1,3,7). Por sus características peculiares la laringe infantil siempre es más afectada que la del adulto, cuando es asiento de un proceso tumoral o inflamatorio (10,11). 1.1. ANATOMIA PATOLÓGICA: Podemos clasificar a estos tumores en dos grandes grupos: a) verdaderas neoformaciones provenientes de las distintas estructuras laríngeas, b) formaciones tumorales de origen inflamatorio constituidas por masas hipertróficas inespecíficas de etiología probada. Este grupo es el más frecuente; a el pertenecen el 87% de los tumores benignos, y de ellos, el 27% corresponde a los pólipos y nódulos fibrosos. Son en realidad alteraciones reactivas a varias noxas: mecánicas, térmicas, químicas o infecciosas, o a trastornos metabólicos (gota) y malformaciones (5,7,14). 1.1.1. Papilomatosis: Son los tumores benignos más frecuentes en la laringe; desde antiguo se conoce por sus cuadros drásticos y repetitivos. Clásicamente se ha calificado como una enfermedad benigna; sin embargo el conocimiento más profundo de su comportamiento y su relación con el Virus del Papiloma Humano la sitúan en la base de la oncogénesis.
De ahí, la importancia de su correcto tratamiento y seguimiento de los pacientes afectos (1,2,6,9,11). En cuanto a la epidemiología es el tumor benigno de la laringe más frecuente en la infancia, se evidencia un predominio del sexo masculino. Puede aparecer a cualquier edad, pero el máximo de incidencia está entre los dos y cuatro años. La localización más frecuente es la glotis (1,6,11,13). Macroscópicamente los papilomas se presentan bajo la forma de tumoraciones vegetantes o vellosidades de tamaño variable color blanquecino o rosado. A menudo son muy exofíticas, extensas y multiloculares (aspecto de coliflor) (1,6,10). Básicamente la clínica de la papilomatosis se resume en disfonía y diseña; el diagnóstico se realizará con los síntomas descritos, un estudio endoscópico de vías aéreas. Es aconsejable realizar en un sólo acto la exéresis de papilomas para anatomía patológica de confirmación, y la permeabilización del espacio aéreo mediante laringoscopia directa siendo este tratamiento el más indicado (1,5,6,15).
1.1.2. Nódulos Vocales: Son pequeños tumores redondeados que aparecen en la unión del tercio anterior y medio de cada cuerda vocal. Se observan con mayor frecuencia en mujeres jóvenes o de edad media, pero puede ocurrir en niños mayores. Su causa habitual es el uso excesivo forzado y defectuoso de la voz. Macroscópicamente puede observarse dos tipos de nódulos vocales: el nódulo blando que tiene un aspecto edematoso, y el nódulo duro que tiene una consistencia más firme que corresponde a una lesión de más larga evolución. La frecuencia de estas lesiones aparece en los niños más frecuente en varones y raro en niñas, aunque predominen en mujeres adultas. El diagnóstico se plantea en pacientes con disfonía moderada y se corrobora al realizar el estudio laringoscópico. Con las restricciones del uso de la voz o con la terapéutica vocal para desarrollar una fonación adecuada, pueden desaparecer los nódulos blandos. Los nódulos duros, los blandos más grandes tendrán que ser extirpados por microcirugía laríngea. Tras su extirpación quirúrgica, es recomendable algunos días de reposo de la voz, luego instituir de nuevo la terapéutica vocal para prevenir la recidiva (2,4,6,7,11). 1.1.3. Pólipos vocales: Los pólipos benignos de las cuerdas vocales son más grandes, su localización no es precisa, son de superficie lisa, tiene forma de elevaciones ovoideas, crecen en el borde o en la superficie superior de la cuerda vocal. No se debe necesariamente al uso excesivo y defectuoso de la voz; en su forma difusa, llamada corditis poliposa suele ocurrir en fumadores, alcohólicos y quienes usan la voz en forma exagerada. Su síntoma
principal es la disfonía. Con la laringoscopia directa, estos pólipos se observan como tumoraciones ovoideas o fusiformes color grisáceo o rosado, edematosas. Su tratamiento consiste en la extirpación quirúrgica por microcirugía laríngea (5,6,7). 1.1.4. Fibromas: Se deben a la hiperplasia del tejido conectivo subepitelial. Macroscópicamente son de superficie lisa, color rosado, sésiles o pediculados. Raramente se les observa en forma pura ya que, por lo general, son mixtos (fibromixomas, fibroangiomas, fibrolipomas). Su localización preferentemente en la cuerda vocal y también la subglotis, la epiglotis o el repliegue aritenoepiglótico. (15). Los fibromas no son comunes y son confundidos frecuentemente con los pólipos 1.1.5. Mixomas: Muy raros, se trata de formaciones pequeñas, sésiles o pediculadas, ubicadas en las cuerdas vocales, de apariencia quística por su consistencia blanda. 1.1.6. Lipomas, Neurofibromas, Rabdomiomas, Condromas y Adenomas: Son excepcionales, los lipomas se implantan en el vestíbulo laríngeo, los neurofibromas se asientan en la cuerda vocal o en los repliegues aritenoepiglóticos, los rabdomiomas se localizan como una formación ulcerada en la cuerda vocal; los condromas se implantan en cualquiera de los cartílagos, su sitio de elección es la parte anterior del cricoides. Los adenomas se asientan en los ventrículos, subglotis y epiglotis.
1.1.7. Quistes: Los quistes de retención resultan de la obstrucción permanente del conducto excretor de alguna glándula mucosa, por lo que aparece donde éstas son más numerosas, como en la epiglotis, los repliegues aritenoepiglóticos, son más frecuentes en adultos. Si son pequeños, pueden cursar asintomáticos; cuando aumentan de tamaño producen sensación de globo en la garganta o una disfagia discreta. Ala laringoscopia directa estos quistes se observan como una protrusión hemisférica de color amarillento que hace eminencia en la superficie anterior de la epiglotis. Los quistes del ventrículo laríngeo, por su proximidad a la cuerda vocal, pueden producir disfonía. A veces con un simple drenaje del quiste por incisión a través de la banda ventricular se resuelve el problema.
1.1.8. Laringoceles: Es una bolsa llena de aire que tiene su origen en el ventrículo laríngeo y se manifiesta como un aumento de tamaño de superficie irregular a nivel de la banda ventricular. Puede ser demostrada dicha bolsa por tomografía, puede extenderse a través de la membrana tiroidea por encima del borde superior del ala del tiroides y exteriorizarse hacia el cuello, donde se palpará como una tumoración blanda, indolora, lisa la cual puede reducirse por presión externa. Los laringoceles pequeños no necesitan tratamiento, pero si crecen hasta producir alteraciones de la voz u obstrucción del espacio supraglótico, está indicada la excisión por vía externa.