UN TESORO DE CUENTO DE HADAS Charles Perrault RICARDITO EL COPETUDO Uso exclusivo VITANET, Biblioteca Virtual 2003
Ricardito el Copetudo Había una vez una reina que dio a luz un niño, tan feo que se dudaba si era humano o no. Un hada que estaba presente en su nacimiento, declaró que él le gustaría a todo el mundo porque sería muy inteligente. Agregó que, en virtud del don que ella le iba a dar, él podría dar tanta inteligencia, como la propia, a la persona que más amara. Esto consoló un poco a la pobre reina, y cuando el niño empezó a hablar, dijo mil preciosas palabras. En todo lo que hacía había algo muy gracioso y la gente pensaba que era encantador. Se me olvidaba decir que él vino al mundo con un pequeño mechón de
cabellos en su cabeza, lo que hizo que le llamaran Ricardito el Copetudo. Seis o siete años más tarde, la soberana de un reino vecino dio a luz dos niñas. La primera niña era más bella que el día y la reina estaba contentísima. Sin embargo, la misma hada que había estado en el nacimiento del pequeño Ricardito el Copetudo estaba presente, y con la intención de volverla a la realidad declaró: esta princesita será muy hermosa, pero inteligencia no tendrá en lo absoluto! Esta noticia molestó a la reina, pero momentos después su sorpresa fue mayor, porque la segunda niña que dio a luz era tan fea como hermosa era la primera. No se preocupe, Señora, dijo el hada. Vuestra hija será tan inteligente que su falta de hermosura pasará casi inadvertida. Así sea, contestó la reina. Pero no sería posible darle a mi hija mayor aunque sea un poquito de inteligencia No puedo hacer nada por ella en cuanto a inteligencia, dijo el hada, pero le daré poderes para que dé hermosura a quien ella desee. Mientras estas dos princesas crecían, sus cualidades se desarrollaban con ellas, y por todas partes del país, la gente comentaba la increíble
hermosura de la princesa mayor y la asombrosa inteligencia de la menor. También es verdad que sus defectos crecían y progresaban con sus edades. La princesa menor era visiblemente fea, y la mayor día a día más estúpida. Es más, era tan torpe que no podía arreglar ornamentos de porcelana en la chimenea sin quebrar alguno, tampoco podía beber un vaso de agua sin derramar la mitad. A pesar que el ser bella puede ser una gran ventaja para una jovencita, en las reuniones la niña menor casi siempre le llevaba ventaja a su hermana mayor. La gente siempre admiraba a la bella pero estaban más interesadas en lo que la inteligente princesa tenía que decir. Aun cuando la princesa mayor era muy estúpida, ella se daba cuenta de eso y por ello se sentía muy sola. De hecho, sin la menor vacilación, ella habría dado toda su hermosura a cambio de tener la mitad de la inteligencia de su hermana. La reina, a pesar que sabía que no era justo, no podía evitar el reprochar a su hija mayor por su estupidez, lo que hacía a la pobre princesa tan infeliz que a veces deseaba estar muerta. Un día, que corrió al bosque a llorar su mala suerte en soledad, vio a un hombre pequeño venir hacia
Ella. Era muy feo y sin ningún atractivo, pero vestía Magníficamente. Por supuesto, era el joven Príncipe Ricardito el Copetudo. El se había enamorado de la princesa por tos retratos de ella que se habían difundido por el mundo, y había dejado el reino de su padre para verla y hablar con ella. Contentísimo de verla sola, se acercó a ella con todo el debido respeto y cortesía imaginable. Después de haberla llenado de los cumplidos
convencionales, el notó que ella era extremadamente infeliz. No entiendo cómo una princesa tan encantadora como tu puede estar tan triste como pareces, dijo él. He visto en mi vida innumerables chicas preciosas, pero te puedo asegurar de todo corazón que en mis viajes, nunca vi una cuya belleza se compare a la tuya. Es muy bondadoso el que usted lo diga así, Señor contestó la princesa.
Ricardo el Copetudo continuó: La belleza trae tantas ventajas que es el regalo más importante de todos, y si a uno le ha sido dado, no veo la razón para llorar. Preferiría ser fea e inteligente como tu, dijo la princesa "antes que tener belleza y sin embargo ser estúpida como yo." No puedo creer que seas estúpida, dijo Ricardito. De hecho, a menudo la gente inteligente no cree tener inteligencia alguna. Pienso que es la naturaleza de ese don, que mientras más inteligente la persona es, menos piensa que lo es. Sobre eso no sé nada, dijo la princesa, pero sí se que soy extremadamente estúpida, y por eso soy tan desgraciada que podría morir. Si esa es la única razón de tu desgracia, yo puedo fácilmente poner fin a tu desdicha, declaró Ricardito. Pero cómo podrías tú hacer eso? preguntó la princesa. Tengo el poder para dar inteligencia a la persona a quien yo ame, contestó, y tu eres esa persona, no veo la razón por qué no puedes tener tanta inteligencia como sea posible tener, siempre y cuando te cases conmigo.
La princesa quedó completamente sorprendida y no pudo pensar que decir. Puedo comprender, continuó Ricardito el Copetudo, por qué mi propuesta te ha confundido, y no me sorprende. Así es que escucha, te daré todo un año para que lo pienses. La princesa tenía poca inteligencia, pero a la vez la deseaba tanto y, como el final del año estaba tan lejano, ella aceptó la propuesta del príncipe. Ella apenas le había prometido a Ricardito que se casaría con él, en el mismo día del año siguiente, y ya se sintió completamente diferente. De repente sintió que podía decir todo lo que ella quería, de una manera absolutamente natural, fina y sin mayores esfuerzos. Inmediatamente empezó a tener una conversación madura y entretenida con Ricardito el Copetudo, en la que ella relucía tan brillantemente que Ricardito se preguntó si le había dado más inteligencia de la que tenía preservada para él mismo! Cuando ella regresó al palacio, nadie supo que pensar de tan repentino y extraordinario cambio. Todo lo que hablaba tenía tanto sentido ahora como no lo tenía antes, y todo lo que decía era extremadamente sensato y muy gracioso. Toda la corte se deleitaba más de lo que se pueden
imaginar; sólo su hermana menor no estaba contenta con el cambio. Porque ya no tenía la ventaja de la inteligencia sobre su hermana mayor, ella simplemente se veía terriblemente fea. El rey pidió a sus consejeros ayuda para saber cómo proceder con este nuevo estado de cosas y organizó reuniones del consejo en sus diferentes departamentos, pero todo en vano. La noticia de esta transformación se había extendido por todo el país, todos los príncipes de los reinos vecinos hacían todo lo posible para ganarse el corazón de la hermosa e inteligente princesa, y casi todos ellos pidieron su mano en matrimonio. Por su parte, ella no encontró a ninguno de ellos lo suficientemente inteligente, y los escuchó a todos sin encontrar ningún atractivo en los esperanzados pretendientes. Sin embargo, un día vino un príncipe que era poderoso, rico, inteligente y guapo, y ella no pudo evitar el sentirse atraída hacia él. Cuando su padre se enteró, él le dijo que podía sentirse completamente libre para elegir a su esposo sin interferencia de él o sus ministros, y que ella sola tenía que decidir. Sin embargo, mientras más inteligente es uno, más difícil es tomar una decisión de tan importante naturaleza. Después de agradecer a su padre por permitirle la libertad de elegir, le pidió un tiempo para pensarlo bien. Sucedió que se fue a caminar por el mismo bosque en que había conocido a Ricardito el Copetudo. Para tomar una decisión, ella quería pensar con paz y tranquilidad. Mientras caminaba por el bosque, pensando profundamente, escuchó un ruido sordo debajo de sus pies, como si mucha gente fuera y viniera con mucha prisa.
Después de escuchar cuidadosamente, escuchó, Tráeme esa olla. Dame ésa cacerola de cobre. Ponle más leña al fuego. Al mismo tiempo, la tierra se abrió ante ella y a sus pies vio una inmensa cocina, repleta con cocineros, ayudantes de cocina y toda clase de personas que preparaban un magnífico banquete. Un grupo de unos veinte o treinta cocineros salieron de la cocina y se dirigieron a una vereda llena de árboles, donde se acomodaron alrededor de una mesa larga, y comenzaron a trabajar al ritmo de una canción. La princesa, asombrada por el espectáculo, les preguntó para quien trabajaban. Señora, contestó uno del grupo, trabajamos para el príncipe Ricardito el Copetudo cuya boda se efectuará mañana. La princesa quedó más sorprendida aún, y de repente ella recordó que ese mismo día, un año atrás, había prometido casarse con Ricardito el Copetudo y casi se desmaya en el mismísimo sitio! No había recordado esta promesa porque, cuando ella la hizo, todavía era una tonta; pero después que el Príncipe Ricardito el Copetudo le dio inteligencia,
había olvidado por completo todas sus impetuosas promesas. No había dado treinta pasos más cuando el mismo Ricardito hizo una reverencia ante ella, elegante, magnífico y como un príncipe que estaba por casarse. Señora, dijo He cumplido con mi palabra, y no tengo duda de que has venido a cumplir con la tuya para hacerme el hombre más feliz del mundo, dándome tu mano en matrimonio. Confieso honestamente, contestó la princesa, que no he tomado una decisión en el asunto, y
dudo que alguna vez decida de la manera que tú deseas. Tú me sorprendes, dijo Ricardito, Te creo, contestó ella, y, realmente, si tuviera que tratar con un hombre irracional y estúpido, estaría muy avergonzada. El diría que la palabra de una princesa es una palabra de honor y que yo debería casarme con él porque así lo prometí. Pero dado que tú eres el hombre más inteligente del mundo, estoy segura que comprenderás. Tu recordaras que aún cuando yo era una tonta, no pude decidir casarme contigo en el acto. La inteligencia que entonces me diste me ha hecho que ahora sea más cuidadosa. Entonces, cómo es que esperas que tome una decisión ahora, cuando entonces no la pude hacer? Si es verdad que un hombre sin inteligencia tendría el derecho de reprocharte por romper tu promesa, por qué entonces no me permites hacer lo mismo? contestó Ricardito Es justo que la gente con inteligencia esté peor que aquellas que no la tienen? Cómo puedes estar de acuerdo con ésto, tú que la tienes, y que tanto deseabas tenerla? Pero vayamos al grano, por favor. Aparte de mi fealdad, hay algo más en mí que no te gusta? No te
gusta mi origen y casta, mi inteligencia, mi carácter o mis modales? De ninguna manera, contestó la princesa, me gusta todo de ti. Si es verdad, continuó Ricardito, tu puedes hacerme el hombre más guapo del mundo. Cómo podría hacer eso? preguntó la princesa. Se hará, contestó Ricardito, si me amas lo suficiente para desear que ello pase. Tengo entendido que en tu nacimiento la misma hada que me dio el poder para darle inteligencia a la persona que yo amara, también te dio a ti el poder de dar hermosura a la persona que amas. Si es así, dijo la princesa, deseo con todo mi corazón que tu te conviertas en el príncipe más hermoso de todo el mundo. Te doy tanto de este don como yo pueda. Tan pronto la princesa pronunció estas palabras Ricardito el Copetudo apareció ante sus ojos como el más hermoso el más fino y el más magnífico caballero que ella jamás había visto. Algunas personas afirmaban que el encanto del hada no tenía nada que ver con esto y que el verdadero amor era la única razón de este cambio. Decían que la princesa estaba maravillada con la perseverancia de su amor, con su discreción y con
todas las buenas cualidades de su alma y su mente, y por eso ella no vio más su cuerpo deforme, ni su feo rostro. Decían que su joroba no le parecía a ella otra cosa más que la manera alegre y cómoda de un hombre que encoge sus hombros; y que donde antes ella vio en su cojera algo embarazoso, ahora le parecía como si mas bien se apoyara de una manera encantadora. También decían que su mirada bizca ahora le parecía de lo más asombroso, que su torcidez le parecía a ella como signo de la intensidad del amor
que le entregaba, y que su nariz grande y roja le parecía como algo completamente masculino y heroico. Lo que sea,la verdad en el asunto fue que la princesa le prometió casarse en el acto. Pero él tenía que obtener el consentimiento de su padre, el rey. El rey sabía que su hija tenía mucho respeto por Ricardito el Copetudo y, habiendo escuchado de fuentes fidedignas que él era un príncipe muy inteligente y sensato, con mucho gusto lo aceptó como su yerno. La boda se efectuó al día siguiente, como Ricardito lo había predicho, y de acuerdo con las órdenes que él había dado ese pasado y largo año!