Señores: Los que pisan el umbral de la vida se juntan hoi para dar una lección a los que se acercan a las puertas del sepulcro. La fiesta que presenciamos tiene mucho de patriotismo i algo de ironía: el niño quiere rescatar con el oro lo que el hombre no supo defender con el hierro. Los viejos deben temblar ante los niños, porque la jeneración que se levanta es siempre acusadora i juez de la jeneración que desciende. De aquí, de estos grupos alegres i bulliciosos, saldrá el pensador austero i taciturno; de aquí, el poeta que fulmine las estrofas de acero retemplado; de aquí, el historiador que marque la frente del culpable con un sello de indeleble ignominia. Niños, sed hombres, madrugad a la vida, porque ninguna jeneración recibió herencia más triste, porque ninguna tuvo deberes más sagrados que cumplir, errores más graves que remediar ni venganzas más justas que satisfacer. En la orjía de la época independiente, vuestros antepasados bebieron el vino jeneroso i dejaron las heces. Siendo superiores a vuestros padres, tendréis derecho para escribir el bochornoso epitafio de una jeneración que se va, manchada con la guerra civil de medio siglo, con la quiebra fraudulenta i con la mutilación del territorio nacional. Si en estos momentos fuera oportuno recordar vergüenzas i renovar dolores, no acusaríamos a unos ni disculparíamos a otros. Quién puede arrojar la primera piedra? La mano brutal de Chile despedazó nuestra carne i machacó nuestros huesos; pero los verdaderos vencedores, las armas del enemigo, fueron nuestra ignorancia i nuestro espíritu de servidumbre. Pájinas libres Manuel González Prada
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. No valéis vosotros mucho más que ellas? Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. Jesús de Nazareth
RODRIGO: Para sufrir el desdén que me trata de esta suerte, pido al Amor y a la Muerte que algún remedio me den. Al Amor, porque tan bien puede templar tu rigor con hacerme algún favor; a la Muerte, porque acabe mi vida; pero no sabe la Muerte, ni quiere Amor. Entre la vida y la muerte no sé qué medio tener, pues Amor no ha de querer que con tu favor acierte; y siendo fuerza quererte, quiere el Amor que te pida que seas tú mi homicida. Mata, ingrata, a quien te adora; serás mi muerte, señora, pues no quieres ser mi vida. Cuanto vive de amor nace, y se sustenta; de amor, cuanto muere. Es un rigor que nuestras vidas deshace. Si al amor no satisface mi pena, ni la hay tan fuerte con que la muerte me acierte, debo de ser inmortal, pues no me hacen bien ni mal ni la vida ni la muerte. El caballero de Olmedo Lope de Vega
Segismundo: Ay mísero de mí, y ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido. Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor; pues el delito mayor del hombre es haber nacido. Sólo quisiera saber para apurar mis desvelos (dejando a una parte, cielos, el delito de nacer), qué más os pude ofender para castigarme más. No nacieron los demás? Pues si los demás nacieron, qué privilegios tuvieron qué yo no gocé jamás? Nace el ave, y con las galas que le dan belleza suma, apenas es flor de pluma o ramillete con alas, cuando las etéreas alas corta con velocidad, negándose a la piedad del nido que deja en calma; y teniendo yo más alma, tengo menos libertad? Nace el bruto, y con la piel que dibujan manchas bellas, apenas signo es de estrellas (gracias al docto pincel), cuando, atrevida y cruel la humana necesidad le enseña a tener crueldad, monstruo de su laberinto; y yo, con mejor instinto, tengo menos libertad? Nace el pez, que no respira, aborto de ovas y lamas, y apenas, bajel de escamas, sobre las ondas se mira, cuando a todas partes gira, midiendo la inmensidad de tanta capacidad como le da el centro frío; y yo, con más albedrío, tengo menos libertad? Nace el arroyo, culebra que entre flores se desata, y apenas, sierpe de plata, entre las flores se quiebra, cuando músico celebra de las flores la piedad que le dan la majestad del campo abierto a su huida; y teniendo yo más vida tengo menos libertad? En llegando a esta pasión, un volcán, un Etna hecho, quisiera sacar del pecho pedazos del corazón. Qué ley, justicia o razón, negar a los hombres sabe privilegio tan suave, excepción tan principal, que Dios le ha dado a un cristal, a un pez, a un bruto y a un ave? La vida es sueño Pedro Calderón de la Barca
Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis: si con ansia sin igual solicitáis su desdén, por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia, y luego con gravedad decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. Queréis con presunción necia hallar a la que buscáis, para pretendida, Tais, y en la posesión, Lucrecia. Qué humor puede ser más raro que el que falta de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro? Con el favor y el desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien. Opinión ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata y si os admite, es liviana. Siempre tan necios andáis que con desigual nivel a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis. Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada? Mas entre el enfado y pena que vuestro gusto refiere, bien haya la que no os quiere y quejaos enhorabuena. Dan vuestras amantes penas a sus libertades alas, y después de hacerlas malas las queréis hallar muy buenas. Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada, la que cae de rogada o el que ruega de caído? O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga o el que paga por pecar? Pues para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis. Dejad de solicitar y después con más razón acusaréis la afición de la que os fuere a rogar. Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo. Hombres necios Sor Juana Inés de la Cruz
Electra: Me da vergüenza, mujeres, que os dé la impresión de que me excito demasiado con excesivas lamentaciones. Pero, pues la provocación violenta de que soy objeto me obliga a actuar así, comprendedme, pues, cómo!, cualquier mujer biennacida no actuaría así, al comprobar las desgracias paternas, las que compruebo yo de día y de noche que se acrecientan más que menguan? A mí, a quien, en primer lugar, el comportamiento de la madre que me engendró me resulta sumamente hostil. Luego en casa, en la mía propia, convivo con los asesinos de mi padre y a las órdenes de estos estoy y de estos depende que yo consiga algo al igual que ser privada de ello. Por último, qué días piensas que paso yo cada vez que veo a Egisto sentado en los tronos, los de mi padre, y cada vez que lo miro cuando usa la misma vestimenta que él y vierte libaciones junto al hogar donde lo mató? Y cada vez que veo el colmo de su desfachatez!, a nuestro mismo asesino en el lecho de mi padre en compañía de mi descarada madre, si es que procede llamarla madre a la que se acuesta con él? Pero ella es tan descarada que hasta convive con ese espíritu contaminador sin miedo a Furia alguna. Al contrario, como riéndose de sus crímenes nada más que da con el día aquel en que antaño mató con engaño a nuestro padre en él dispone coros y sacrifica ovejas como ofrendas mensuales a los dioses salvadores. Y yo, al comprobarlo, desgraciada de mí, lloro en casa, me consumo y gimo por el llamado maldito de él! festín de mi padre, sola a solas ( ). Y yo, mientras espero constantemente a Orestes que llegue para poner fin a esta situación, me consumo, desgraciada de mí ( ). Electra Sófocles
OLLANTA Ah Ollanta! Así eres correspondido! Tú que has sido el vencedor de tantas naciones; tú que tanto has servido. Ay, Cusi-Ccoyllur! Esposa mía! Ahora te he perdido para siempre! Ya no existes para mí! Ay princesa! Ay paloma!... Ah Cuzco!, hermoso pueblo! Desde hoy en adelante he de ser tu implacable enemigo: romperé tu pecho sin piedad; rasgaré en mil pedazos tu corazón; les daré de comer a los cóndores a ese Inca, a ese tirano. Alistaré mis antis a millares, les repartiré mis armas y me verás estallar como la tempestad sobre la cima de Sacsa-Huamán. El fuego se levantará allí y dormirás en la sangre! Tú, Inca, estarás a mis pies, y verás entonces si tengo pocos yuncas y si alcanzo tu cuello. Todavía me dirás: «no te doy a mi hija»? Serás tan arrojado para hablarme? Ya no he de ser tan insensato para pedírtela postrado a tus pies! Yo debo ser entonces el Inca, ya lo sabes todo; así ha de suceder muy pronto... Ollantay Anónimo
(María en su habitación de hotel en Copacabana, el día que conoció al suizo) María: "Todo me dice que estoy a punto de tomar una decisión equivocada, pero los errores son una manera de reaccionar. Qué es lo que el mundo quiere de mí? Que no corra riesgos? Que vuelva al lugar del que vengo, sin valor para decirle sí a la vida? Ya reaccioné equivocadamente cuando tenía once años y un niño me pidió un lápiz prestado; desde entonces, entendí que a veces no hay una segunda oportunid ad, que es mejor aceptar los regalos que el mundo nos ofrece. Claro que es arriesgado, pero será el riesgo mayor que un accidente del autobús que tardó cuarenta y ocho horas en traerme hasta aquí? Si tengo que ser fiel a alguien o a algo, en primer lugar tengo que ser fiel a mí misma. Si busco el amor verdadero, antes tengo que cansarme de los amores mediocres que encuentre. La poca experiencia de vida que tengo me ha enseñado que nadie es dueño de nada, todo es una ilusión, y eso incluye tanto los bienes materiales como los bienes espirituales. Aquel que ya perdió algo que daba por hecho (algo que ya me ha ocurrido tantas veces) al final aprende que nada le pertenece. Y si nada me pertenece, tampoco tengo que perder mi tiempo cuidando cosas que no son mías; mejor vivir como si hoy fuese el primer o el último día de mi vida. Once minutos Paulo Coelho