UNIVERSIDAD DE COLIMA TESIS

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1 UNIVERSIDAD DE COLIMA POSGRADO INTERINSTITUCIONAL EN CIENCIAS PECUARIAS TASA DE GESTACIÓN EN VACAS ANÉSTRICAS Bos taurus / Bos indicus DESPUÉS DE LA INDUCCIÓN A LA OVULACIÓN USANDO GnRH MAS PROSTAGLANDINA F 2 α TESIS QUE PARA OBTENER EL GRADO DE: MAESTRA EN CIENCIAS PECUARIAS PRESENTA MVZ. Concepción del Carmen Ahuja Aguirre TUTOR DR. Felipe Montiel Palacios ASESORES DR. Rodolfo Canseco Sedano DR. Enrique Silva Peña TECOMÁN, COL. ABRIL DE 2003

2 AGRADECIMIENTOS Al Posgrado Interinstitucional en Ciencias Pecuarias de la Universidad de Colima, por darme la oportunidad de realizar mis estudios de Maestría. Al Fondo para el Desarrollo de Recursos Humanos (FIDERH) de El Banco de México, por la beca otorgada para Ilevar a cabo mis estudios de Maestría. Al Dr. Felipe Montiel Palacios, mi tutor, de manera muy especial. Al Dr. Rodolfo Canseco Sedano y Dr. Enrique Silva Peña, asesores. A Laboratorio Intervet México, S.A. de C.V., por proporcionar las hormonas utilizadas en el experimento. Al Dr. Antonio Hernández Beltrán y Dra. Patricia Cervantes Acosta. A los ganaderos que participaron en la realización de este proyecto.

3 CONTENIDO Página LISTA DE CUADROS... i RESUMEN... 1 ABSTRACT... 2 INTRODUCCIÓN REVISIÓN DE LA LITERATURA 1.1. Ciclicidad ováric a Crecimiento folicular Etapa basal Etapa tónica Dinámica folicular Anestro post-parto Profundidad del anestro Condición corporal Amamantamiento Inducción y sincronización del estro y de la ovulación Hormonas utilizadas para la inducción y sincronización del estro y de la ovulación Prostaglandinas Progesterona Progestágenos Hormona liberadora de gonadotropinas Gonadotropinas Estrógenos Inducción y sincronización del estro y de la ovulación usando GnRH + PGF2α Ovsynch CO-Synch Select Synch Detección de estros Inseminación artificial Inseminación artificial después del estro detectado Inseminación artificial a tiempo fijo HIPÓTESIS OBJETIVO GENERAL OBJETIVOS PARTICULARES MATERIAL Y MÉTODOS Localización Características y manejo de los animales experimentales Características del estudio Condición corporal Determinación de la actividad ovárica mediante palpación rectal y ultrasonografía Tratamientos... 50

4 Inducción y sincronización de la ovulación Destete temporal Detección de estros Inseminación artificial Diagnóstico de gestación Variables en estudio Análisis estadístico RESULTADOS Tasa de ovulación Estructuras ováricas Tasa de presentación de estros Tasa de gestación Tasa de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento DISCUSIÓN Tasa de ovulación y estructuras ováricas Tasa de presentación de estros Tasa de gestación Ovsynch CO-Synch Select Synch Tasa de gestación general Tasa de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento CONCLUSIONES... LITERATURA CITADA

5 Cuadro LISTA DE CUADROS Página 1 Tasa de ovulación a la primera inyección de GnRH en vacas anéstricas Bos taurus / 52 2 Bos indicus inducidas a ovular con los protocolos Ovsynch, CO-Synch, Select Synch y en vacas testigo. Tasa de ovulación del folículo dominante inicial o de otro diferente a éste en vacas 52 3 anéstricas Bos taurus / Bos indicus después de aplicar la primera GnRH, como parte de los protocolos Ovsynch, CO-Synch y Select Synch para inducción de la ovulación y en hembras testigo. Estructuras ováricas presentes a la evaluación ultrasonográfica al inicio del 54 4 tratamiento y el día de aplicación de la PGF2α en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus inducidas a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch, Select Synch y en vacas testigo. Número de vacas anéstricas Bos taurus /Bos indicus con folículos 10 o <10 mm el 54 5 día de aplicación de la segunda dosis de GnRH, así como número de hembras que quedaron gestantes de acuerdo al diámetro del folículo presente al momento de la inseminación artificial, después de la inducción a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch y en vacas testigo. Estructuras ováricas presentes a la evaluación ultrasonográfica en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus once días después de aplicar la PGF2α como parte del 54 protocolo Select Synch para inducción de la ovulación Tasa de presentación de estros en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus 55 inducidas al estro y a la ovulación con el protocolo Select Synch, y en vacas testigo sin tratamiento. Tasa de presentación de estros en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus con 55 condición corporal (CC) de 1.5, 2.0 y 2.5, inducidas al estro y a la ovulación con el protocolo Select Synch. Tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial en vacas anéstricas Bos 56 taurus / Bos indicus inducidas a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch, Select Synch y en vacas testigo. Tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial en vacas anéstricas Bos 56 taurus / Bos indicus al comparar los tratamientos inductores de la ovulación Ovsynch, CO-Synch y Select Synch. Número de vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus gestantes o no gestantes a 56 primer servicio de inseminación artificial, con condición corporal (CC) de 1.5, 2.0 y 2.5, después de los tratamientos inductores de la ovulación Ovsynch, CO-Synch y Select Synch. Tasa de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento en vacas anéstricas Bos 57 taurus / Bos indicus inducidas a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch, Select Synch y en vacas testigo. Tasa general de inducción a la ciclicidad en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus 57 después de la inducción a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch y Select Synch. Número de vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus inducidas o no a la ciclicidad, 58 con condición corporal (CC) de 1.5, 2.0 y 2.5, después de los tratamientos Ovsynch, CO-Synch y Select Synch para la inducción de la ovulación.

6 1 TASA DE GESTACIÓN EN VACAS ANÉSTRICAS Bos taurus / Bos indicus DESPUÉS DE LA INDUCCIÓN A LA OVULACIÓN USANDO GnRH MÁS PROSTAGLANDINA F2α Concepción del C. Ahuja Aguirre. Bajo la dirección del Dr. Felipe Montiel P., Dr. Rodolfo Canseco S. y Dr. Enrique Silva P. RESUMEN Con el objeto de determinar la efectividad del uso de GnRH más PGF2α para inducir la ovulación en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus en el trópico húmedo mexicano, se utilizaron 99 vacas lactantes con 60 a 120 días post-parto, pertenecientes a explotac iones comerciales del centro del estado de Veracruz. Todas las hembras fueron palpadas rectalmente (PR) y examinadas medíante ultrasonografia (US) cada 10 días desde 30 días antes, así como al iniciar los tratamientos, para conformar el anestro pero con presencia de folículos 10 mm de diámetro. La condición corporal (CC) se evaluó al iniciar los tratamientos. En 75 de las hembras la PR y US se realizaron además al aplicar las hormonas y cada tercer día durante los tratamientos. La inducción de la ovulación se realizó en 24 vac as con el protocolo Ovsynch (OS; día 0= 200 µg GnRH, día 7= 150 µg PGF2α, día 9= 200 µg GnRH e inseminación artificial a tiempo fijo [IATF] 16 a 20 h después), en 25 vacas con CO-Synch (CS; igual que OS pero al día 9 GnRH + IATF), en 25 vacas con Select Synch (SS; día 0= 200 µg GnRH, día 7= 150 µg PGF 2α e IA post-estro detectado), y 25 vacas fueron testigo sin tratamiento. La detección de estros fue continua durante el estudio. El diagnóstico de gestación se realizó por US 30 días post-ia. Los resultados se analizaron mediante Xi 2 y la prueba exacta de Fisher, disponibles en el SAS. En tasa de ovulación a la primera inyección de GnRH hubo diferencia estadística por efecto de los tratamientos (P<0.05), pero no entre tratamientos (P>0.05). En tasa de presentación de estros se encontró diferencia estadística por efecto del SS (P<0.05), y de la CC entre hembras que presentaron y no presentaron estro (P<0.05). Se obtuvo diferencia estadística en tasa de gestación por efecto de OS y CS (P<0.05) y al comparar los tratamientos (P<0.05), no habiendo diferencia entre OS y CS (P>0.05), pero sí entre OS y SS (P<0.05) y CS y SS (P<0.05). En tasa de inducción a la ciclicidad post-tratamiento hubo diferencia estadística por efecto de los tratamientos (P<0.05), pero no entre tratamientos (P>0.05). No se observó efecto de la CC sobre la tasa de ovulación, de gestación y de inducción a la ciclicidad post-tratamiento (P>0.05). Se concluye que el empleo de GnRH + PGF2α resultó efectivo para inducir a la ciclicidad post-tratamiento, pero no para inducir la presentación del estro ni para obtener aceptable tasa de gestación en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus en condiciones del trópico húmedo. Palabras clave: B os taurus / Bos indicus, GnRH, Inducción de la ovulación, PGF2α Trópico.

7 2 PREGNANCY RATE IN Bos taurus / Bos indicus ANESTROUS COWS AFTER INDUCTION TO OVULATION USING GnRH PLUS PROSTAGLANDIN F 2α. Conception del C. Ahuja Aguirre. Under the direction of Dr. Felipe Montiel P., Dr. Rodolfo Canseco S. and Dr. Enrique Silva P. ABSTRACT In order to determine the effectiveness of using GnRH + PGF2α, for induction of ovulation, in Bos taurus / Bos indicus anestrous cows in the mexican humid tropic, 99 lactating cows with 60 to 120 days postpartum were used, belonging to commercial farms of the center of Veracruz state. All cows were rectally palpated (RP) and ultrasonographically (US) scanned every 10 days from 30 days before, as well as the day of beginning of treatments, to confirm anestrus status but with the presence of follicles 10 mm in diameter. Body condition score (BCS) was evaluated at the beginning of treatments. In 75 out of the 99 cows the RP and US were also performed the days of hormonal injections and every other day during treatments. Induction to ovulation was achieved in 24 cows with the Ovsynch protocol (OS; day 0= 200 µg GnRH, day 7= 150 µg PGF2α, day 9= 200 trg GnRH + fixed time artificial insemination [FTAI] 16 to 20 h later), in 25 cows with CO-Synch (CS; the same as OS but at day 9 GnRH + FTAI), in 25 cows with Select Synch (SS; day 0= 200 µg GnRH, day 7= 150 µg PGF2α + Al post detected estrus), and 25 cows were control group with no treatment. Estrus detection was continuous during the study. Pregnancy diagnosis was made by US 30 days post-al. The results were analyzed through Xi 2 and the Fisher exact tests, both available in the SAS. In ovulation rate to first GnRH injection there was statistical difference for effect of treatments (P<0.05), but not among treatments (P>0.05). In estrus manifestation rate stati stical difference was found for effect of SS (P<0.05), and of BCS among cows showing and not showing estrus (P<0.05). Statistical difference was found in pregnancy rate for effect of OS and CS (P<0.05) and for treatment comparison (P<0.05), with no difference between OS and CS (P>0.05), but finding difference between OS and SS (P<0.05) and CS and SS (P<0.05). In cyclicity induction rate after treatment there was statistical difference for effect of treatments (P<0.05), but not among treatments (P>0.05). No effect of BCS was observed on ovulation, pregnancy and cyclicity induction rates (P>0.05). It is concluded that the use of GnRH + PGF2α was effective to induce cyclicity after treatment, but not for inducing estrus manifestation nor for obtaining acceptable pregnancy rate in Bos taurus / Bos indicus anestrous cows in humid tropic conditions. Key words: Bos taurus / Bos indicus, GnRH, Induction of ovulation, PGF2α Tropic.

8 3 INTRODUCCIÓN El ciclo estral del bovino es manipulado con distintas terapias hormonales que producen diversos grados de sincronización del estro (Roche, 1979; Macmillan y Peterson, 1993). La sincronización del estro puede ser un medio efectivo para aumentar la proporción de hembras que se gesten al inicio del empadre, dando como resultado temporadas de partos más cortas y producción mas uniforme de becerros (Dziuk y Bellows,1983). De acuerdo con Schafer et al. (1990), hembras que concibieron con estro sincronizado parieron más pronto en el período de partos y destetaron becerros en promedio 13 días mayores y 10 kg más pesados que becerros de hembras no sincronizadas. Los programas efectivos de sincronización de estro ofrecen las siguientes ventajas: 1) las vacas presentan estro a un tiempo determinado lo que facilita la inseminación artificial, la transferencia de embriones u otras técnicas de reproducción asistida; 2) el tiempo requerido para la detección del estro se reduce, disminuyendo de este modo los costos asociados con la realización de esta tarea; 3) las hembras ciclando pueden concebir más pronto durante el periodo de empadre; 4) la inseminación artificial se vuelve más practica (Kiracofe,1988). Los procedimientos que faciliten la sincronización del estro en hembras ciclando y la inducción de un estro ovulatorio en vacas en anestro post-parto, aumentarán las tasas reproductivas y promoverán el rápido progreso genético (Patterson et al., 2000). El desarrollo de métodos para el control del ciclo estral en la vaca se ha dado en cinco fases (Patterson et al., 2000). La base fisiológica para la sincronización del estro siguió al descubrimiento de que la progesterona inhibe la maduración folicular preovulatoria y la ovulación (Nellor y Cole, 1956; Hansel et al., 1961; Lammond, 1964). Entonces, se creyó que la regulación de los ciclos estrales estaba asociada con el control del cuerpo lúteo (CL), cuyo tempo de vida y actividad secretoria están regulados por mecanismos tróficos y líticos (Thimonier et al., 1975). En la fase I se trató de prolongar la fase lútea del ciclo estral o establecer una fase lútea artificial al administrar progesterona exógena. Más tarde, en la fase II se combinaron agentes progestacionales con estrógenos o gonadotropinas. La fase III involucró a la prostaglandina F2α (PGF2α ) y a sus análogos como agentes luteoliticos. La fase IV se caracterizó por tratamientos que combinaron agentes progestacionales con PGF2α. A través del tiempo, el monitoreo preciso de los folículos y de los CL's mediante la ultrasonografía transrectal amplió el entendimiento del ciclo estral bovino y particularmente del cambio que ocurre durante una oleada folicular. En este sentido, el crecimiento folicular en ganado se da en distintos patrones semejantes a oleadas, con nuevas oleadas foliculares ocurriendo aproximadamente cada 10 días (promedio de 6 a 15 días). Actualmente se da la fase V, y se sabe que ei control preciso del ciclo estral requiere de la manipulación tanto de las oleadas foliculares como de la duración del CL (Patterson et al., 2000). La administración de PGF 2α sola es comúnmente utilizada para sincronizar un estro ovulatorio en vacas ciclando. Sin embargo, no es efectiva en hembras anéstricas, y la variación en la etapa de la oleada folicular que se da entre animales al momento de la inyección de PGF2α contribuye directamente a la variación en la presentación del estro durante el período sincronizado (Macmillan y Henderson, 1984; Sirois y Fortune, 1988). En consecuencia, para la sincronización de las oleadas foliculares y del momento de la ovulación se desarrolló un protocolo conocido como GnRH-PG-GnRH, que incluye la utilización de hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH) y de PGF2α (PG). El protocolo GnRH-PG -GnRH para inseminación artificial a tiempo fijo, resulta en el desarrollo de un folículo preovulatorio que ovula en respuesta a una segunda oleada de LH inducida por una segunda aplicación de GnRH 48 h después de la inyección de

9 4 PGF 2α; a este protocolo se le ha Ilamado comercialmente Ovsynch (Pursley et al., 1995). El Ovsynch ha sido recientemente validado como un método confiable para sincronizar la ovulación para inseminación artificial a tiempo fijo en vacas lechera; lactantes (Pursley et al., 1995; Burke et al., 1996; Schmitt et al., 1996; Pursley et al., 1997, 1997a). Con el Ovsynch la ovulación ocurre de 24 a 32 h después de la segunda inyección de GnRH, resultando sincronizada en 87 a 100% de las vacas lecheras lactantes (Pursley et al., 1997). La tasa de gestación en vacas inseminadas a tiempo fijo siguiendo el Ovsynch varió del 32 al 45%, comparable a vacas control (Pursley et al., 1997a; 1998). Sin embargo, el protocolo Ovsynch no sincronizó efectivamente estros ni ovulación en novillonas lecheras (35% de tasa de gestación comparada con 74% en hembras control con PGF2α) (Pursley et al., 1997a). Recientemente, los protocolos para inseminación artificial a tiempo fijo fueron probados en vacas productoras de carne post-parto. Las tasas de gestación para estas vacas tratadas con Ovsynch fueron comparadas con aquéllas para vacas sincronizadas e inseminadas a tiempo fijo después del tratamiento con norgestomet. En ambos grupos de tratamiento, los becerros fueron separados de sus madres por 48 h empezando al momento del retiro del implante de norgestomet o al momento de la administración de PGF 2α (Ovsynch). La tasa de gestación seguida a la inseminación artificial a tiempo fijo después del Ovsynch fue mayor (54%) que para vacas tratadas con norgestomet (42%). Cabe notar que el día siguiente a la inseminación artificial a tiempo fijo, las vacas fueron expuestas a toros fértiles de la misma raza y no se hizo ningún intento para determinar la paternidad de la progenie. Además, no se conoció la incidencia de ciclos cortos en vacas que eran anéstricas antes del tratamiento y que tal vez retornaron a estro prematuramente y quedaron gestantes a servicio natural (Geary et al., 1998a). En últimos años se probaron dos variaciones del protocolo Ovsynch (CO-Synch,Geary et al., 1998, y Select Synch, Downing et al., 1998) en vacas productoras de carne post-parto. Estas variaciones actualmente usadas en este tipo de vacas no han tenido el mismo proceso de validación que tuvo el Ovsynch en vacas lecheras lactantes. Por lo tanto, se desconoce si la respuesta en vacas productoras de carne post-parto a estos protocolos (Ovsynch, CO-Synch y Select Synch) es la misma o diferente a la de vacas lecheras lactando, debido a diferencias potenciales en los patrones de oleadas foliculares. Algunas diferencias en las variables de respuesta específica incluyen: a) el relativamente largo período para la ovulación desde la segunda inyección de GnRH, b) el rango anticipado al predecir el momento de la ovulación y c) el grado de sincronía de ovulación que ocurre (Patterson et al., 2000). A este respecto, el protocolo CO-Synch (Geary et al., 1998a) es similar al Ovsynch en que el momento y la secuencia de inyecciones son los mismos, y que todas las vacas son inseminadas a tiempo fijo; sin embargo, el CO-Synch difiere del Ovsynch en que las vacas son inseminadas al administrar la segunda inyección de GnRH, mientras que con el Ovsynch se recomienda inseminar 16 h después de la segunda aplicación de GnRH. El protocolo Select Synch (Downing et al., 1998) difiere de los dos anteriores en que las vacas no reciben la segunda inyección de GnRH y no son inseminadas a tiempo fijo, sino 12 h después del estro detectado. Para vacas tratadas con Select Synch se recomienda comúnmente que la detección del estro empiece desde el día 4 después de la inyección de GnRH y continúe hasta el día 5 después de la PGF 2α (Kojima et al., 2000). El Select Synch, al igual que el Ovsynch, resultó ser menos efectivo que el protocolo de acetato de melengestrol (MGA)-PG para la sincronización del estro en novillonas de razas productoras de carne (Stevenson et al., 1999). Con fundamento en lo antes expuesto, el objetivo del presente estudio fue evaluar la efectividad de los tratamientos con GnRH más PGF 2α para la inducción del estro y de la ovulación en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus, en explotaciones comerciales del trópico

10 5 húmedo mexicano. 1. REVISIÓN DE LA LITERATURA 1.1. CICLICIDAD OVÁRICA Los cambios endocrinos que ocurren durante el ciclo estral bovino implican interacciones entre hormonas liberadas por el hipotálamo, hipófisis anterior, ovarios y úte ro. El ciclo estral se divide en dos fases: folicular (proestro y estro, terminando con la ovulación) y lútea (metaestro y diestro, terminando con la luteólisis), cada una con un período de desarrollo que precede al funcional (Roche et. Al., 1992). Durante la etapa lútea, la hormona luteinizante (LH), secretada en pulsos por la hipófisis en respuesta a la hormona liberadora de gonadotropinas; (GnRH), la cual a su vez es secretada en forma pulsátil por las neuronas hipotalámicas dentro del sistema portal hipofisiario, es secretada con una frecuencia pulsátil baja (6 a 8 pulsos/24 h), reflejando el efecto inhibitorio de los esteroides ováricos, particularmente la progesterona, sobre el eje hipotálamo-hipófisis. Al inicio de la regresión lútea, la frecuencia pulsátil de LH aumenta (20 a 30 pulsos/24 h), dando lugar a la maduración del folículo preovulatorio. La hormona folículoestimulante (FSH) es liberada inicialmente en forma de oleada asociada con la oleada de LH, y una vez más en una oleada menor aproximadamente 24 h después. El folículo preovulatorio produce un aumento en la secreción de inhibina y estrógenos, mismos que durante el proestro provocan la caída de las concentraciones plasmáticas de FSH. La inhibina es una hormona glicoproteica secretada por las células de la granulosa, que actúa sobre la hipófisis para inhibir la secreción de FSH. Los estrógenos actúan sobre el cerebro, que es preparado por la progesterona, para provocar comportamiento estral, y sobre la unidad hipotálamohipófisis (retroalimentación positiva de estrógenos) para estimular la liberación de la oleada preovulatoria de LH, misma que ocurre alrededor del inicio del estro y dura de 8 a 10 h, resultando en la ovulación 24 a 30 h después, llevando a la formación del cuerpo lúteo (CL), que secreta progesterona. Al día 3 (día 0 = estro) las concentraciones plasmáticas de progesterona son bajas (1 ng/ml), del día 7 al 18 aumentan (6 a 10 ng/ml) y después, durante la Iuteólisis, disminuyen en 24 a 36 h (Wright y Malmo, 1992). La prostaglandina F2α (PGF2α) secretada por el útero, provoca la regresión del CL o luteólisis en 24 a 36 h. La secreción uterina de PGF2α implica la interacción del estradiol secretado por el folículo ovárico, y de la progesterona y la oxitocina provenientes del CL (Knickerbocker et al., 1988; Flint et al., 1990). Los estrógenos estimulan la formación de receptores uterinos para el estradiol y la oxitocina. La oxitocina proveniente del ovario estimula la liberación de PGF2α, la que a su vez estimula una secreción adicional de oxitocina ovárica (Wright y Malmo, 1992) CRECIMIENTO FOLICULAR La foliculogénesis, definida como la formación del folículo de Graaf (maduro, preovulatorio) a partir de una base de folículos primordiales (sin crecimiento) (Spicer y Echternkamp, 1986), es un proceso que inicia desde etapas muy tempranas y que continúa durante casi toda la vida de la hembra (Seidel y Niswender, 1980). El número de folículos presentes en el ovario se establece durante el desarrollo embrionario; a las dos semanas de edad existen folículos en todas etapas de desarrollo, a excepción de folículos de Graaf (Seidel y Niswender, 1980; Driancourt, 1991; Hirshfield, 1991). Así, al nacimiento cada ovario bovino contiene unos

11 6 150,000 ovocitos primarios (Driancourt, 1991; Hirshfield, 1991), que empiezan a disminuir a partir del cuarto año de vida (133,000 folículos), declinando de forma subsecuente con la edad (3,000 folículos en vacas de 15 a 20 años) (Spicer y Echternkamp, 1986). Desde el punto de vista hormonal, el proceso del desarrollo folicular comprende dos etapas: la basal, llevada a cabo en ausencia de gonadotropinas, y la tónica, que depende del aporte de éstas (Driancourt, 1991). A este respecto, Mulheron et al. (1987) propusieron un efecto estimulante de las gonadotropinas sobre los folículos primordiales ) Etapa basal. Muchos folículos primordiales reinician su desarrollo poco después del nacimiento, al tiempo en que muchos otros degeneran. Aún no se conoce el mecanismo por el cual ciertos folículos son elegidos para dejar la reserva de folículos primordiales y convertirse en folículos primarios continuando su desarrollo. Al inicio del crecimiento folicular, reinicia la proliferación de células de la granulosa, cambiando de forma aplanada a cuboidal, aumentando de tamaño hasta alcanzar su máximo desarrollo en etapas tempranas de la foliculogénesis. A pesar de que esta etapa es independiente de la acción de las gonadotropinas, cuando se está formando la gónada es posible que éstas actúen sobre la multiplicación y organización de las células de la rete ovarii y consecuentemente sobre el número de folículos de mayor desarrollo. Las gonadotropinas intervienen en la formación antral, pues se ha visto que en hembras tratadas con estas hormonas el antro folicular aparece más temprano y está más desarrollado que el que correspondería de forma natural para su etapa de desarrollo (Mulheron et al., 1987). Sin embargo, el reinicio del crecimiento de los folículos primordiales y la adquisición de dependencia de la FSH por el folículo preantral son independientes de la acción de las gonadotropinas, lo cual probablemente se deba a la regulación paracrina y autocrina (Mondschein et al., 1989), que propician que en la etapa basal el folículo no necesite de gonadotropinas para desarrollarse ) Etapa tónica. Los folículos son dependientes de gonadotropinas, en particular de FSH al inicio, para luego establecerse una interacción de factores ováricohipofisiarios-hipotalámicos y factores paracrinos que controlan la selección y dominancia folicular (Driancourt et al., 1987; Fortune et al., 1991). Esta etapa consta de tres procesos: reclutamiento, selección y dominancia (Driancourt, 1991; Lucy et al., 1992). a) Reclutamiento. Es la estimulación del crecimiento de un conjunto de folículos (onda u oleada folicular), de entre los cuales surgirá el que ovulará. Para que un folículo pueda ser reclutado y continúe su desarrollo, debe haber llegado a la etapa dependiente de gonadotropinas, que se obtiene cuando mide de 4 a 5 mm de diámetro (Driancourt, 1991; Lucy et al., 19, 92). En el bovino, se reclutan de 5 a 6 folículos por oleada con niveles basales de gonadotropinas, especialmente FSH (Fortune, 1993). b) Selección. Inicia después del reclutamiento. Durante ésta, del grupo de folículos reclutados se selecciona uno de los más grandes que continuará creciendo para convertirse en el dominante (Fortune et al., 1991). Aunque no se conoce con claridad el mecanismo por el cual se selecciona al folículo dominante, sí se sabe que permanece activo hasta la mitad del cicla estral (Lucy et al., 1992). c) Dominancia. Es el mecanismo por el cual se produce el crecimiento selectivo del folículo dominante, que al mismo tiempo inhibe el reclutamiento de un nuevo grupo de folículos (subordinados), provocando su atresia (Fortune et al., 1991; Lucy et al., 1992; Fortune, 1993). El folículo seleccionado ejerce dominancia sobre los subordinados al interferir con su aporte de gonadotropinas, haciendo que disminuyan de tamaño y sufran atresia, evitando así su propia atresia y aumentando su probabilidad de ovular (Ginther et al., 1989; Fortune et al., 1991; Lucy et al., 1992; Fortune, 1993). El folículo dominante es más sensible a las gonadotropinas que los demás folículos, por lo que no sufre atresia a pesar de provocar con sus secreciones una reducción en la producción hipofisiaria de FSH (Fortune et al., 1991; Fortune, 1993). Con base en observaciones ultrasonográficas, y dado que no se observan nuevos

12 7 folículos >5 mm cuando el folículo dominante está presente, se pu ede definir a éste como aquel folículo ovárico grande (>10 mm) que es reclutado y seleccionado de una oleada de crecimiento folicular, y que además es activo, capaz de evitar el crecimiento de otros folículos (Lucy et al., 1992). Se han propuesto varias teorías y factores concernientes a la inhibición que ejerce el folículo dominante sobre los más pequeños (Ireland y Roche, 1982). Se cree que las proteínas encontradas en el líquido folicular del folículo dominante podrían ser las responsables de la inhibición del crecimiento de los folículos subordinados (Kastelic et al., 1990a). A este respecto, diversos autores han señalado que existen dos posibles mecanismos por los cuales se da la relación dominancia - atresia: uno indirecto (Sirois y Fortune, 1988; Beard et al., 1989; Ginther et al., 1989; Larson et al.,1991) y otro directo (Driancourt,1991). Mediante el mecanismo indirecto, el folículo dominante inhibe el crecimiento del resto produciendo substancias esteroidales (estradiol) y no esteroidales (inhibina y folistatina), que actúan sobre la hipófisis reduciendo la secreción de FSH hasta niveles insuficientes para los folículos pequeños, provocando su atresia (Sirois y Fortune, 1988; Beard et al., 1989; Ginther et al., 1989; Larson et al., 1991), pues se ha observado que las concentraciones plasmáticas de estradiol aumentan durante el diestro y están asociadas con la maduración del folículo dominante (Ireland y Roche, 1987). Los bajos niveles de FSH causados por la inhibina, aunados a los efectos de factores paracrinos como prostaglandinas y angiotensina (Xie et al., 1990; Murphy et al., 1991) y substancias con actividad similar a la renina y pro-renina (Schultze et al., 1989), actúan probablemente disminuyendo el flujo sanguíneo hacia los folículos menos desarrollados, provocando su atresia. También se considera que puedan intervenir factores locales o sistémicos desconocidos (Guilbault et al., 1993). Por otro lado, el mecanismo directo se da mediante la secreción de factores paracrinos que reducen la sensibilidad de los folículos pequeños a la FSH. Por ejemplo, el factor de crecimiento epidermal (EGF) actúa sobre los folículos pequeños reduciendo la capacidad de aromatización de las células de la granulosa, mientras que la activina y el EGF actúan sobre las células de la teca reduciendo la síntesis de andrógenos (Driancourt, 1991). Además, existen factores autocrinos tales como el factor de crecimiento similar a la insulina (IGF-1), que se encuentra en mayor concentración en los folículos grandes, estimulando su crecimiento (Mondschein et al., 1989; Echternkamp et al., 1990). En ausencia de regresión lútea, el folículo dominante involuciona y comienza una nueva onda folicular (Savio et al.,1990a; Fortune et al.,1991; Roche y Boland, 1991). El desarrollo de folículos ováricos es una secuencia dinámica de eventos organizados, llamados ondas u oleadas foliculares. En el ciclo estral bovino hay de dos a tres oleadas de desarrollo folicular (Sirois y Fortune, 1988). Durante el diestro, pueden coexistir en la misma vaca uno o más folículos en diversos estadios de desarrollo con el CL propio de este período, y dependiendo de la presencia o no del CL funcional los folículos sufrirán atresia o continuarán su desarrollo hasta llegar uno de ellos a ovular (Fortune et al., 1991). Para evaluar el crecimiento folicular en el ganado, se usa el número de folículos de tamaño de 3 a 5, 6 a 9 y >9 mm de diámetro (Badinga et al., 1994). El número de folículos antrales de cada tamaño en particular está relacionado con: 1) el índice de ingreso (o progresión) de los folículos preantrales hacia folículos antrales, 2) el índice de crecimiento de los folículos antrales hacia tallas mayores, y 3) el índice de atresia de folículos grandes hacia tallas menores (Spicer y Echternkamp, 1986). El incremento en el índice de crecimiento de folículos pequeños para convertirse en grandes coincide con el aumento en el índice de atresia de folículos grandes al progresar el estro hacia la ovulación (Merz et al., 1981).

13 8 Otra forma de evaluar el crecimiento folicular es mediante el incremento en el tamaño de uno o dos de los folículos mayores en cada ovario. Aunque el diámetro de los folículos grandes aumenta entre los días 1 y 20 del ciclo estral bovino (Merz et al., 1981), su crecimiento y reemplazo es más rápido después del día 13; la mayoría de los folículos grandes persisten en la superficie del ovario al menos 5 días entre los días 3 y 13 del ciclo. Después del día 13 muchos desaparecen y son reemplazados por nuevos, que antes fueron pequeños (Matton el al., 1981). Sin embargo, la posibilidad de que un folículo grande sea ovulado aumenta sólo hasta el día 18 del ciclo (Dufour et al.,1972; Matton et al., 1981). De acuerdo con estudios realizados mediante ultrasonografía, en vacas lecheras lactantes en el post-parto temprano hay crecimiento y regresión de folículos pequeños (<4 mm) y medianos (5 a 9 mm), lo cual está asociado con una frecuencia plasmática de LH de 8 a 12 pulsos/24 h, mientras que cuando se detecta un folículo dominante (>10 mm), ésta es de 20 a 28 pulsos/24 h. Por lo regular, este folículo ovula 3 a 5 días después sin presencia de signos de estro, o se vuelve quístico y persiste (Wright y Malmo, 1992). En sus primeros estudios, Spicer y Echternkamp (1986) determinaron que en la vaca no eran bien conocidos ni el momento preciso en que un folículo entraba en la fase de crecimiento ni el número de ciclos estrales completos antes de que un folículo se volviera atrésico. Sin embargo, Lussier et al. (1983) al utilizar el índice mitótico de las células de la granulosa bovina, indicaron que se requirieron dos ciclos estrales para que un folículo preantral alcanzara la talla de 8.5 mm DINÁMICA FOLICULAR El continuo crecimiento y regresión de los folículos antrales, que permiten el crecimiento del folículo preovulatorio, se conoce como dinámica folicular (Lucy et al., 1992). Un folículo emerge de una oleada folicular y persiste para producir grandes cantidades de estrógenos, mientras que los demás folículos se atresian (Ireland et al., 1979; Ireland y Roche, 1982). Por tanto, el folículo dominante inhibe o suprime el desarrollo de los demás folículos, tanto al nivel local como sistémico (Short et al., 1990). La atresia es el destino del folículo dominante que ha alcanzado la talla máxima durante la fase lútea, y de los folículos subordinados de un mismo grupo durante el inicio de cada oleada de crecimiento folicular. Si la regresión lútea ocurre durante la fase de crecimiento, o cuando el folículo dominante alcanza la talla máxima, éste ovula (Kastelic et al., 1990; Kastelic y Ginther, 1991). Cada oleada de crecimiento folicular es precedida por un incremento transitorio en la concentración de FSH circulante (Adams et al., 1992; Hamilton et al., 1995), por lo que la inhibición de dicho incremento retarda la aparición del inicio de la siguiente oleada (Turzillo y Fortune, 1990). Las oleadas de crecimiento folicular ocurren en hembras pre-púberes, hembras ciclando y hembras en el post-parto (Sirois y Fortune, 1988; Ginther et al., 1989; Murphy et al., 1990; Savio et al., 1990a; Hopper et al., 1993), y durante el ciclo estral bovino se presentan de una a tres oleadas (por lo general dos o tres), derivándose el folículo preovulatorio de la última (Lucy et al., 1992). Cada oleada consiste de un grupo de folículos reclutados de un pool de folículos astrales dependientes de gonadotropinas (Scaramuzzi et al., 1993). Durante cada oleada, un grupo de folículos (de 3 a 5) con 4 mm de diámetro surge y empieza a crecer por estimulación de la oleada de FSH (Sirois y Fortune, 1988; Ginther et al., 1989, 1989a, 1996; Knopf et al., 1989), pero sólo uno de ellos es seleccionado para continuar su crecimiento y convertirse en el mayor, logrando dominancia sobre los demás, y cuando alcanza 8.5 mm de diámetro, los demás folículos empiezan a sufrir regresión (Ginther et al, 1997, 1998, 1999; Kulick et al.,1999), mientras que el folículo dominante sigue

14 9 creciendo. Si este folículo no ovula, sufre atresia y permite el surgimiento de una nueva oleada folicular. Esta secuencia ocurre aproximadamente cada 10 días (Sirois y Fortune, 1988; Ginther et al.,1989,1989a; Knopf et al.,1989). Dado que durante cada oleada folicular varios folículos en crecimiento tienen la capacidad de convertirse en el dominante, es necesario el mecanismo por el cual se inhibe el crecimiento de todos los folículos menos del que será el dominante (Ginther et al., 2000). El intervalo desde la detección de la oleada folicular hasta que el folículo dominante alcanza su talla máxima es de 5 a 7 días, manteniendo este tamaño 3 a 6 días si la vaca está en la fase lútea del ciclo (Ginther et al., 1989; Knopf et al., 1989). Con base en el examen histológico y visual de ovarios recolectados en diferentes días del ciclo estral, Rajakoski (1960) fue el primero en sugerir que hay dos oleadas de crecimiento folicular durante el ciclo estral bovino. Otros autores (Choudary et al., 1968; Donaldson y Handsel, 1968; Dufour et al., 1972) sugirieron que el crecimiento, desarrollo y atresia folicular eran un proceso más o menos constante durante el ciclo estral, sin distintas oleadas de crecimiento. Sin embargo, estos estudios fueron realizados cuando aún no se tenía la capacidad para estudiar el crecimiento y regresión de folículos individuales. Tiempo después, Ireland y Roche (1983) propusieron tres oleadas de crecimiento folicular en un estudio basado en la presencia de un folículo dominante estrógeno-activo (la proporción de 17β- estradiol con progesterona en el fluido folicular es >1 para folículos sanos) en tres etapas del ciclo estral. Así, la existencia de dos o más oleadas de desarrollo folicular durante el ciclo estral bovino propuesta por Rajakoski en 1960, fue apoyada por Ireland et al. (1979), Gutiérrez et al. (1994) y Sirois y Fortune (1990), quienes encontraron que los folículos antrales grandes son más abundantes entre los días 4 a 9 y 13 a 18 del ciclo estral. Además, se demostró que la tasa de crecimiento folicular varía durante el ciclo estral y la presencia de folículos grandes inhibe el crecimiento de folículos medianos (Matton et al., 1981). Al estudiar las estructuras ováricas mediante ultrasonografía, Quirk et al. (1986) reportaron un alto grado de correlación (r=0.98) entre las mediciones realizadas con ultrasonido y las directas. Así, diversos estudios ultrasonográficos realizados sobre el crecimiento y desarrollo folicular (Pierson y Ginther, 1988; Savio et al., 1988, 1990; Sirois y Fortune, 1988; Ginther et al., 1989, 1989a; Knopf et al., 1989), ampliaron lo hallado con anterioridad con base en el examen post-mortem de ovarios (Spicer y Echternkamp, 1986) y en la secreción ovárica de estradiol (Ireland y Roche, 1987). A este respecto, Savio et al. (1988) y Sirois y Fortune (1988) reportaron dos, tres, o cuatro oleadas de crecimiento folicular durante el ciclo estral bovino, con la mayoría de las vacas exhibiendo tres oleadas. Ginther et al. (1989a) reportaron una mayor proporción de ciclos con dos oleadas en novillonas, y una regresión lútea más temprana en novillonas con dos oleadas (16.5 días), que con tres (19.2 días). En novillonas con dos oleadas, éstas comenzaron al día 0 (día de la ovulación) y al día 9. Para el primer folículo dominante (anovulatorio), la fase de crecimiento fue de 6 días, seguida de una fase estática de otros 6 días y finalmente una fase de regresión (Ginther et al., 1989; Kastelic et al., 1990). En novillonas con tres oleadas, los folículos dominantes de cada una llegaron a su talla máxima alrededor de los días 6, 16 y 21 del ciclo, respectivamente (Savio et al., 1988, 1990). En vacas, las oleadas de crecimiento folicular generalmente inician poco después del estro (día 2) en hembras con dos o tres oleadas por ciclo. En vacas con tres oleadas, la segunda y la tercera se detectan alrededor del día 9 y 16, respectivamente, mientras que en vacas con dos oleadas, la segunda inicia alrededor del día 12 (Ginther et al., 1989a; Knopf et al., 1989). En vacas con tres oleadas, la talla máxima de los folículos dominantes se alcanza alrededor de los días 8, 18 y 24, a diferencia de los días 6, 16 y 21 en novillonas, reflejando

15 10 menor tasa de crecimiento folicular en vacas (Savio et al., 1988, 1990). También, la longitud del ciclo estral está influida por la edad de la hembra y el número de oleadas foliculares. Los ciclos son más largos en vacas que en novillonas, y los de tres oleadas más largos que los de dos. Así, la longitud del ciclo para vacas con dos y tres oleadas fue de 22.2 y 24 días, mientras que para novillonas fue de 20.5 y 20.5 días, respectivamente (Savio et al., 1988,1990). Las ondas de crecimiento folicular y la atresia continúan hasta el día 70 de la gestación (Ginther et al., 1989a; Savio et al., 1990). Durante el post-parto, el tem prano reinicio del desarrollo folicular en el bovino se debe a una elevación de las concentraciones de FSH después dei parto (Schallenberger, 1985). La falta de ovulación del primer folículo dominante se atribuye a una insuficiente frecuencia pulsátil de LH, que resulta en una baja producción androgénica en el folículo (Fortune, 1986) e inadecuada retroalimentación positiva para inducir la oleada de LH. Los factores que afectan la frecuencia de pulsos de LH, tales como el amamantamiento, la presencia del becerro, el balance energético y la condición corporal, afectan el momento de la primera ovulación y el período de anestro post-parto (Montiel, 2001). El reinicio del crecimiento folicular en el post-parto temprano, con la formación del primer folículo dominante detectado morfológicamente por ultrasonografía, ocurre en promedio a los 10.2 días en vacas productoras de carne, existiendo baja incidencia de ovulación (11%) de este folículo (Murphy et al., 1991). Por otro lado, en vacas lecheras aparecen folículos dominantes a los 11 días post-parto, y en hembras bien alimentadas más del 70% de estos primeros folículos ovulan, mientras que el resto de las vacas ovulan al momento de la aparición del tercer folículo dominante, que es en promedio a los 27 días post-parto (Savio et al., 1990a). Sin embargo, se han reportado períodos de anestro post-parto de más de 60 días en vacas lecheras alimentadas en pastoreo (Macmillan y Clayton, 1980). En vacas productoras de carne lactantes, hay un recurrente crecimiento y regresión de folículos dominantes, con un promedio de 3.2 ± 0.2 folículos hasta la primera ovulación (Murphy et al., 1991), por lo que su prolongado periodo de anestro se debe a una falla en la ovulación de los folículos dominantes y no a un retardo en su desarrollo; es decir, la mayoría de los folículos dominantes no ovulan no por falta de desarrollo, sino por falta de liberación de LH (Rund et al., 1989). Savio et al. (1 990a) indicó que el período de desarrollo del primer folículo dominante en vacas anéstricas post-parto fue de 3 a 5 días. Se ha visto que la época del año también influye sobre el reinicio del crecimiento folicular post-parto. El intervalo promedio del parto a la formación del primer folículo dominante fue más corto en vacas en otoño (6.8 días) que en primavera (20 días) (Savio et al., 1990a). A este respecto, Badinga et al. (1994) demostraron un efecto estacional sobre la dinámica folicular en vacas Holstein lactantes, ya que mediante ultrasonografía encontraron que los folículos preovulatorios crecieron más rápido en junio (2.0 mm/d) que en abril (1.1 mm/d), agosto (1.0 mm/d) o noviembre (1.2 mm/d)., El efecto de la nutrición sobre la dinámica folicular fue evidenciado en novillonas de razas productoras de carne que tuvieron un bajo consumo de materia seca, en las cuales se redujo el diámetro y la persistencia de los folículos dominantes durante el ciclo estral (Murphy et al., 1991; Burns et al., 1994). La dinámica folicular se altera por un balance energético negativo y por la lactancia (Lucy et al., 1992). Beam y Butler (1994) encontraron que la primera oleada folicular post-parto en vacas Holstein ocurrió tardíamente cuando tuvieron balance energético negativo; sin embargo, los niveles de estradiol alcanzados fueron iguales a

16 11 los de vacas con balance energético positivo. Los conocimientos actuales sobre dinámica folicular están siendo usados para desarrollar nuevas y mejores técnicas de sincronización de estros, que permitan compactar una nueva oleada folicular (Pursley et al., 1994), mejorar la fertilidad (Schmitt et al., 1994) y obtener mejores resultados en la superovulación (Anderson, 1978; Hasler et al., 1983; Monniaux et al., 1983; Bergfelt, et al., 1994). El entendimiento de la regulación endocrina y de los patrones de crecimiento folicular durante el anestro post-parto en vacas de doble propósito del trópico, permitirá desarrollar mejores métodos para reducir el intervalo parto - primer estro, y dado que en este tipo de ganado existe escasa información sobre la dinámica folicular, resulta necesario realizar más estudios empleando ultrasonografía (Montiel, 2001) 1.4. ANESTRO POST-PARTO El término anestro se refiere al estado de aciclicidad ovárica, reflejado por completa inactividad sexual sin manifestación del estro (Fallas et al., 1987 ; Wright y Malmo, 1992) ni ovulación, acompañado por concentraciones séricas de progesterona menores a 0.2 ng/ml (Arreguín et al., 1997). En el bovino, el anestro y la infertilidad en el período post -parto fueron reconocidos por primera vez como problema hace más de 60 años (Short et al.,1990). El anestro post-parto es el período después del parto durante el cual las vacas no presentan signos conductuales de estro. La condición de anestro está asociada con la presencia de ovarios estáticos, de forma que, aunque hay desarrollo folicular, ninguno de los folículos que inician su crecimiento alcanza la maduración necesaria para llegar a ovular. Como resultado, la ovulación no ocurre mientras el anestro esté presente (Sirois y Fortune,1988; Moro et al.,1994). En la vaca, después del parto se presenta un período normal de anestro, cuya duración es afectada por la nutrición, condición corporal, raza, edad, producción de leche, tipo de amamantamiento y ordeño, época del año en que ocurre el parto y salud en general, entre otros factores (Morrow et al., 1969; Callahan et al., 1971; Macmillan y Clayton, 1980; Grainger et al., 1982; Oyedipe et al., 1982; Martínez y Thibier, 1984; Peters, 1984; Erb et al., 1985; Hanzen, 1986; Roberts, 1986; Bluntzer et al., 1989; Galina y Arthur, 1989b; Galina et al., 1989; Macmillan y Asher, 1990; Etherington et al., 1991; Yavas y Walton, 2000), y que se considera anormal cuando se prolonga más allá del tiempo promedio aceptado (90 días) (Fallas et al., 1987). Los largos períodos de anestro post-parto (>150 días) son característicos en vacas de las regiones tropicales, siendo uno de los mayores problemas de infertilidad existentes debido a su alta incidencia y a las pérdidas económicas que de él se derivan, pues constituye la mayor limitante para lograr el intervalo entre partos ideal de 12 meses (Galina, 1978; Escobar et al., 1982a; Anta et al., 1989a; Vaccaro, 1990). En este sentido, el anestro post-parte es más pronunciado en ganado productor de carne que en el lechero (Galina y Arthur, 1989b; Galina et al., 1989). En la vaca post-parto, la fertilidad se reanuda después de que ocurre la involución uterina y de que se presenta la ovulación (Filley et al., 1999). En la involución uterina interviene la PGF2α, cuyo principal sitio de síntesis son las carúnculas uterinas, donde actúa localmente sobre el miometrio para causar contracciones (Guilbault et al, 1984). El tiempo que dura la involución uterina está negativamente correlacionado con la duración del aumento en la síntesis uterina de PGF2α, y por tanto, influye en la longitud del intervalo entre el parto y la reanudación de la actividad ovárica normal (Madej et al, 1984). Sin embargo, aunque poco después del parto inicia la involución uterina y se reanudan las oleadas de desarrollo folicular, los folículos dominantes de estas últimas no ovulan debido a una falla para lograr su maduración, causada por la ausencia de pulsos de LH apropiados, indispensables para la maduración folicular previa a la ovulación. Así, los folículos

17 12 dominantes anovulatorios del post-parto son más pequeños que los folículos ovulatorios de vacas cíclicas (Yavas y Walton, 2000). Diversos autores (Nett, 1987; Short et al., 1990, Yavas y Walton, 2000) han revisado los mecanismos básicos asociados con la aciclicidad ovárica en el período post-parto, e indican que los principales factores que limitan la aparición de la ciclicidad ovárica post-parto son: (1) una inadecuada frecuencia de la secreción pulsátil de LH necesaria para las etapas finales del desarrollo y maduración folicular (similar a la secreción durante el proestro), y (2) una inadecuada liberación de la oleada de LH (oleada preovulatoria) en respuesta a concentraciones crecientes de estradiol actuando sobre el eje hipotálamo-hipófisis (retroalimentación positiva de estrógenos) La inadecuada frecuencia de la secreción pulsátil de LH en el post-parto temprano (10 a 20 días) se debe principalmente a la depleción de las reservas de LH de la hipófisis anterior durante la gestación, y a que los pulsos de GnRH están también ausentes, durante este período debido al amamantamiento (Yavas y Walton, 2000), así como a una función reducida del eje hipotálamo-hipófisis (Short et al., 1990). Aunque de 2 a 5 semanas después del parto la GnRH es secretada a baja frecuencia (3 a 6 pulsos/24 h), resulta suficiente para reponer las reservas hipofisiarias de LH disminuidas durante la gestación (Wright y Malmo, 1992), por lo que la ausencia de pulsos de LH entre los días 15 y 30 post-parto, después de haberse dado la recarga de las reservas de LH, es debida a un aumento en la sensibilización del eje hipotálamo-hipófisis a los efectos inhibitorios del estradiol sobre la secreción de LH (retroalimentación negativa de estrógenos) (Short et al., 1990), lo que sucede mediante la continua sensibilización del generador hipotalámico de pulsos de GnRH al efecto de retroalimentación negativa del 170-B estradiol ovárico, resultando en ausencia de pulsos de GnRH. Este efecto de retroalimentación negativa del 17B-estradiol es modulado por el amamantamiento, que estimula la liberación de péptidos opioides endógenos desde el hipotálamo. A medida que el intervalo post-parto aumenta, disminuye la sensibilidad del generador de pulsos de GnRH al efecto de retroalimentación negativa del 17α-estradiol ovárico, siguiendo un incremento en la frecuencia plasmática de pulsos de GnRH y de LH (Yavas y Walton, 2000), resultando en el desarrollo de folículos ováricos que a su vez secretan estradiol e inhibina. El estradiol estimula la producción de receptores de estradiol en la hipófisis e hipotálamo, lo que es necesario para la retroalimentación positiva de estrógenos. Finalmente, un incremento adicional en la frecuencia de pulsos plasmáticos de LH (similar a la del proestro) estimula la maduración folicular y el incremento en la producción de estradiol, lo que induce una oleada plasmática de LH y la ovulación (Wright y Malmo, 1992), así como el reinicio de la ciclicidad (Yavas y Walton, 2000). La primera ovulación post-parto por lo general va seguida por un ciclo estral corto debido a la luteólisis prematura causada por la temprana liberación de PGF2α, del endometrio, lo cual posiblemente se intensifica por la liberación de oxitocina de la hipófisis posterior inducida por el amamantamiento (Yavas y Walton, 2000). Por otro lado, las concentraciones plasmáticas de FSH no son limitantes, porque se encuentran en niveles normales poco después del parto (Lamming et al., 1981; Short et al., 1990). Por otro lado, el anestro post-parto influye directamente sobre el intervalo entre partos. Éste es una de las principales causas que afectan la eficiencia reproductiva en la ganadería tropical, tanto de leche como de carne (Román-Ponce, 1992), siendo definida la eficiencia reproductiva como "la capacidad del ganado para reproducirse dentro de los rangos óptimos para su especie" (Orihuela, 1982). Un intervalo entre partos corto significa mayor producción de leche y de crías por vaca (González-Stagnaro, 1992). Es bien sabido que el ganado mantenido en pastoreo en las regiones tropicales tiene

18 13 prolongados períodos de anestro post-parto, pudiendo llegar hasta 440 días (Oyedipe et al., 1982) u 810 días (Pullan, 1979), y que puede incluir ausencia de signos de comportamiento estral a pesar de la ovulación, pudiendo llevar a muy largos intervalos parto - primer servicio, causando, a su vez, excesivamente largos intervalos entre partos (Galina y Arthur, 1989b), lo que origina que muchas vacas paran un becerro cada dos años o dos becerros en tres años (Entwistle, 1983), además de que las tasas de pariciones con frecuencia no sobrepasan el 45% (Mukasa-Mugerwa y Mattoni, 1987). En el trópico mexicano, el intervalo parto primer estro promedia 78 ± 34.6 días, y el intervalo parto - concepción 149 ± 46.1 días, por lo que el período interparto se prolonga a 447 ± 57.8 días, con un reducido número de partos (3.4 ± 1.1) en la vida productiva de la vaca (Anta et al., 1989a). En ganado Bos indicus, los intervalos entre partos frecuentemente exceden los ideales 365 días (Oyedipe et al.,1982; Mukasa-Mugerwa et al.,1989). En el trópico mexicano se han tenido intervalos entre partos en vacas cebú de 382 ± 3.7 días (Hinojosa et al., 1980), en vacas Brahman de 452 días, y en vacas Charolais x Brahman de 444 días (Eversbusch, 1978). En estudios realizados en otros países con condiciones similares a las del trópico mexicano, los intervalos entre partos obtenidos por Plasse et al. (1968) fueron de ± 54.2 y ± días en ganado Brahman en Florida, y los obtenidos por Lemka et al. (1973) fueron de 479 ± 99 y 418 ± 78 días en ganado Hariana y Deshi en la India. Además, las vacas primíparas presentan mayor intervalo entre partos que las multíparas (Escobar et al., 1982), habiendo resultado en vacas cebú un intervalo entre el primero y segundo partos de 469 días (Oliveira et al.,1976) y de 427 ± 4.8 días (Hinojosa et al.,1980), mientras que en los siguientes fue de 407 a 416 días (Oliveira et al,1976) y de 371 ± 4.9 días (Hinojosa et al., 1980). A este respecto, Rekwot et al. (2000) en Nigeria reportaron en vacas Bos indicus un intervalo promedio del parto al reinicio de la actividad ovárica de 65.1 días para hembras con tres a cinco partos, el cual fue significativamente menor al de para las de uno o dos partos. Por tanto, a los 60 a 80 días post-parto la proporción de vacas que reiniciaron la actividad ovárica fue mayor para las que tenían de tres a cinco partos, que para aquéllas con uno o dos partos, esto debido a que las primeras completaron la involución uterina antes que las últimas. En razas Bos taurus, en vacas productoras de carne lactantes el prolongado anestro post - parto representa fuertes pérdidas económicas para los productores (Yayas y Walton, 2000). En este tipo de anado el tervalo parto - primer estro es de 40 a 48 días, mientras que en ganado lechero es de 30 a 76 días (Wright y Malmo, 1992). En este último, aunque la época del parto puede afectar el desempeño reproductivo, si las condiciones ambientales son favorables, el reinicio de la actividad ovárica y la ovulación pueden esperarse alrededor de los días 30 a 40 post-parto en el 75% de las vacas, aunque cerca del 60% de los calores pueden ser silenciosos (Donkin, 1980; Staples et al., 1990), pudiendo detectarse la actividad folicular desde el día 9 postparto (Morales et al., 1983). Sin embargo, en ganado lechero el anestro post-parto se alarga más de 30 a 40 días en vacas con desbalance energético (Staples et al., 1990). En vacas lecheras, el prolongado anestro post-parto se debe principalmente a la combinación del largo intervalo para el primer estro, de la presentación de estro silencioso después del parto y de la mala detección del estro (Tjondronegoro et al., 1987). Durante el post-parto, el ganado lechero ovula más pronto que el ganado productor de carne, ocurriendo comúnmente las primeras ovulaciones a las 2 a 4 semanas post-parto (Morrow et al., 1969; Roberts, 1986; Macmillan y Asher, 1990), detectándose reanudación de la actividad del eje hipotálamo-hipófisis-ovarios alrededor del día 10, con evidencias de desarrollo y maduración folicular (Kesler et al., 1977). Sin embargo, la primera ovulación puede no estar acompañada por estro (Savio et al, 1990a; Short et al., 1990). Esta ausencia de estro probablemente sea reflejo de una falta de sensibilización cerebral, por parte de la

19 14 progesterona, a los efectos inductores de estro del estradiol (Melampy et al, 1957). Además, la primera ovulación a menudo resulta en un CL de vida corta, llevando a intervalos interestrales o interovulatorios cortos de aproximadamente 8 a 10 días (Oldham et al., 1978; Schams et al., 1978a; Rawlings et al., 1980; Manns et al., 1983; Garverick y Smith, 1986; Savio et al., 1990). Estos ciclos cortos son señalados como causantes de infertilidad, debido a que la regresión del CL ocurre antes que el reconocimiento materno de la gestación (Macmillan y Watson, 1971). Aunque no se sabe con certeza la razón por la cual se presentan ciclos estrales cortos, se cree que pueda ser reflejo de la necesidad de los folículos ováricos de tener una preparación por parte de la progesterona para una subsecuente función lútea normal (Savio et al., 1990). A este respecto, en diversos estudios realizados sobre el crecimiento folicular usando ultrasonografía (Ramírez-Godínez et al., 1981; Smith et al., 1987; lnskeep et al., 1988; Rajamahendran y Taylor, 1990; Savio et al., 1990), se observó que el pretratamiento con progesterona resulta en función lútea normal en ciclos presentados en el post-parto temprano en vacas productoras de carne, sugiriendo que la longitud normal de los ciclos que ocurren en este período refleja un efecto de preparación dado por la progesterona de la gestación, mientras que para los ciclos que comienzan en el post-parto tardío no hay tal preparación, ocasionando que éstos sean cortos (Savio et al., 1990). En este sentido, Savio et al. (1990) señalan que los ciclos ovulatorios que comienzan en el post -parto temprano (<10 días) son normales o largos (18 a 24, >24 días), los que inician después de los 20 días post-parto son cortos (9 a 13 días), y los intermedios, es decir, que empiezan entre los días 10 y 20 post-parto, pueden ser largos, normales o cortos. Se sabe que el estado nutricional (condición corporal) y el amamantamiento son los principales factores que afectan la duración del anestro post-parto (Short y Adams, 1988; Randel, 1990; Garmendía, 1995), y por tanto, intervienen en el reinicio de la actividad ovárica post-parto, aunque también influyen otros factores, como edad al primer parto, número de partos, raza, época del año en que ocurre el' parto, presencia o ausencia del toro, retardo en la involución uterina y presentación de distocias (Hopkins, 1980; Peters, 1984; Galina et al., 1989; Richards et al., 1989; Randel, 1990; Short et al., 1990; Willians, 1990). Sin embargo, para Wettemann (1994) cualquier elemento considerado como causante de anestro post parto, diferente a la alimentación y presencia del becerro, sólo modula los efectos ejercidos por estos dos factores. Arreguin et al. (1997), en un estudio realizado en el trópico húmedo mexicano, concluyeron que la baja condición corporal al parto y durante el post-parto, junto con el amamantamiento dos veces al día, aumentaron la duración del anestro post -parto en vacas Indubrasil, deprimiendo el desarrollo de los folículos más grandes entre los días 11 a 69 post-parto. A este respecto, en vacas productoras de carne lactantes la principal causa del prolongado anestro post -parto no es la falta de desarrollo de los folículos dominantes, sino más bien su falla para ovular (Murphy et al., 1990; Stagg et al., 1995; Yavas y Walton, 2000). Aunque no está claro el papel de las gonadotropinas y de otros reguladores endocrinos de la función folicular, como la hormona del crecimiento (GH) y el factor-i de crecimiento similar a la insulina (IGF-I) durante el período de anestro post-parto temprano, actualmente la ultrasonografía hace posible comparar cambios en el estatus de las oleadas foliculares con parámetros endocrinos y metabólicos con el fin de delinear la causa endocrina del prolongado anestro en este tipo de ganado (Stagg et al.,1998). Con relación a los efectos estacionales sobre la duración del anestro post-parto, se ha visto que éste es más corto en vacas que paren a fines de la primavera y principios del otoño que en las que paren de finales del otoño a principios de la primavera (Kruif, 1978; Peters y Riley, 1982; Peters, 1984; Short et al., 1990), reportándose diferencias de 10 a 35 días. En este sentido, Montgomery et al. (1985) en vacas Angus encontraron inter valos promedio parto -

20 15 primer estro menores en vacas que parieron de septiembre a octubre y que recibieron un alto y medio plano nutricional, que para aquéllas que parieron de julio a septiembre, con los mismos niveles de nutrición, demostrando así que la época del parto influye sobre el reinicio de los ciclos ováricos aún estando en un constante alto plano de nutrición. Se considera que estos efectos están relacionados con diferencias estacionales; en el fotoperíodo y no con diferencias estacionales nutricionales. En la vaca, es probable que el fotoperíodo afecte la ciclicidad ovárica mediante la modulación del grado de retroalimentación negativa de estrógenos, aunque la naturaleza y el momento en que esto sucede no han sido definidos (Wright y Malmo, 1992). Así mismo, Rekwot et al. (2000) reportaron en Nigeria un intervalo promedio del parto al reinicio de la actividad ovárica de 71.3 días para vacas que parieron en época de secas, el cual fue significativamente menor que el de 78.6 días para las que parieron en lluvias; así, a los 60 días post-parto la proporción de vacas que reiniciaron la actividad ovárica fue mayor para aquéllas que parieron en época de secas que para las de lluvias. Además, las vacas que parieron en época de secas completaron la involución uterina a los 24.4 días, lo cual fue significativamente menor a los 26.5 días para las que parieron en época de lluvias. A este respecto, en vacas Bos indicus en Brasil, el intervalo entre partos fue menor cuando los nacimientos ocurrieron en época de secas (417 días) que en época de lluvias (434 días) (Oliveira et al.,1976). Entwistle (1983), reportó variaciones anuales en las tasas de gestación que estuvieron moduladas.por las interrelaciones de las funciones hipotalámicas hipofisiarias-gonadales, influidas por la severidad y duración de la mala nutrición (Randel, 1990). Igualmente, Kassa -Mersha y Arnason (1986) reportaron variaciones anuales en las tasas de gestación del 56 al 96% en vacas Bos indicus. Tales efectos se cree que son debidos a variaciones en las precipitaciones pluviales y por tanto en las condiciones de los pastos (Tegegne et al., 1993). Además, se ha visto que las vacas lactantes pierden más peso y condición corporal durante época de secas, y que por lo general tienen menores tasas de gestación que las vacas no lactantes (McClure,1973; Entwistle,1983). El período de anestro post-parto puede reducirse 12 a 20 días mediante la introducción de toros a vacas que permanecen aisladas de ellos (Zalesky et al., 1984; Alberto et al., 1987; Scott y Montgomery, 1987; Gifford et al., 1989 ; Custer et al., 1990; Short et al., 1990), lo que se conoce como efecto toro. Aunque los mecanismos básicos involucrados en dicho efecto no han sido determinados, se señala que éste podría estar mediado por un aumento en las concentraciones plasmáticas de LH como resultado de la reducción en la retroalimentación negativa de estrógenos y del aumento en la secreción de LH por el eje hipotálamo-hipófisis (Martin et al., 1983, Wright y Malmo, 1992). Sin embargo, Short et al. (1990) no encontraron diferencia en patrones pulsátiles de LH de vacas expuestas o no a sementales. A este respecto, Rekwot et al. (2000) señalan que la introducción de toros vasectomizados a vacas Bos indicus después del parto acortó el periodo de anestro post-parto, resultando un intervalo promedio del parto al reinicio de la actividad ovárica de 71.7 días para vacas expuestas a toros, a diferencia de 77.8 días para vacas no expuestas. Así, a los 60 a 80 días post -parto la proporción de vacas que reiniciaron la actividad ovárica fue mayor para vacas expuestas a toros que para las que no lo fueron, indicando que la bioestimulación toro-vaca influye sobre la actividad reproductiva en la vaca, posiblemente mediante señales olfatorias (feromonas) Profundidad del anestro El concepto de "profundidad del anestro" puede usarse para describir el índice de respuesta de las hembras anéstricas a ciertas medidas practicadas para inducir la ovulación o ciclicidad ovárica. Las vacas en anestro profundo no responden a tales medidas, mientras que las vacas en anestro superficial si lo hacen; además, las primeras toman más tiempo para reanudar los ciclos ováricos que las segundas (Wright y Malmo, 1992). Este concepto puede ayudar a

21 16 entender las interacciones entre los factores que afectan la aciclicidad y la eficiencia de tratamientos y procedimientos usados, solos o combinados, para inducir y sincronizar la ciclicidad ovárica, pues se ha señalado que los factores que afectan la profundidad del anestro afectan también la respuesta a los tratamientos inductores de la ovulación, reducen la respuesta a la GnRH (Short y Adams, 1988) y al destete (Williams, 1990) e inhiben el efecto toro (Terqui, 1985). A este respecto, la capacidad de respuesta a la gonadotropina del suero de yegua preñada (PMSG)en vacas anéstricas se ve afectada por la época del año, el amamantamiento y el estado nutricional (Munro y Moore, 1985a; Munro, 1988; Macmillan y Asher, 1990; Macmillan y Peterson, 1991). Se ha señalado que los factores que contribuyen a la duración del anestro (estado nutricional, amamantamiento, época del año y presencia del toro), también contribuyen a su profundidad (McNatty et al., 1984; Wright y Malmo, 1992). Existe evidencia de que todos los factores que aumentan la profundidad del anestro suprimen la frecuencia de los pulsos plasmáticos de LH por efectos sobre el eje hipotálamo-hipófisis, alterando la secreción de LH estrógeno-independiente o dependiente. Así, la profundidad del anestro puede reflejarse en las variaciones en la frecuencia pulsátil plasmática de LH, o en el grado de dificultad necesaria para cambiar la frecuencia de pulsos de LH establecidos, de aquéllos asociados con aciclicidad ovárica a los asociados con ciclicidad ovárica (Wright y Malmo, 1992) CONDICIÓN CORPORAL Se sabe que en el bovino existe relación entre la reproducción y el estado nutricional (Plasse et al., 1968a; Moore y Campos da Rocha, 1983; Lozano et al.,1984; Galina y Arthur, 1989b; Gallegos- Sánchez et al., 1990; Román-Ponce, 1992; Arreguín et al., 1997; Galina, 1997), siendo la mala nutrición la mayor limitante en los sistemas de producción bovina de las regiones de clima tropical. El estado o balance nutricional del animal, apreciado con base en la condición corporal, refleja las reservas, el consumo y los requerimientos de nutrientes para el metabolismo básico, crecimiento, lactación y actividad (Wright et al., 1988), al igual que la grasa corporal indica la cantidad de energía almacenada (Edmonson et al., 1989). Para mantener la salud, la función reproductora y la capacidad productora, una hembra debe tener cantidades adecuadas de reservas corporales, particularmente si es una vaca que produce leche (Edmonson et al.,1989). La tasa de síntesis o degradación de proteína muscular puede variar en respuesta a cambios en el estado nutricional y endocrino que la vaca experimenta en el post-parto, y la pérdida de proteína muscular durante la lactancia se ha reportado en algunos (Chilliard y Robelin, 1983; Blum et al., 1985), pero no en todos (Butler-Hogg et al., 1985) los casos. Aunque no se conoce la máxima cantidad de grasa que una vaca puede perder sin afectar sus funciones vitales básicas, sí se presentan graves limitaciones cuando hay pérdida de reservas de proteínas (25% de la proteína corporal en una vaca lactante) (Botts et al., 1979). Así, la cantidad de proteína muscular perdida en la vaca puede ser, fuente importante de información sobre su estatus metabólico (Zurek et al., 1995). La evaluación de la condición corporal es una forma efectiva de medir subjetivamente, mediante la vista y el tacto, la cantidad de energía metabolizable almacenada como grasa subcutánea y músculo en un animal vivo (Wildman et al., 1982; Boisclar et al., 1987; Wagner et al, 1988; Edmonson et al., 1989; Houghton et al.,1990). En bovinos, la técnica de evaluación de la condición corporal, inicialmente adaptada para ganado productor de carne (Lowman et al., 1976), se utiliza también en ganado lechero, e implica la palpación de los huesos dorsales y los procesos lumbares, sintiendo su agudeza y recubrimiento de músculo y grasa, colocando a los animales en una escala de 1 (emaciado) a 5 puntos (obeso), con cuartos o medios puntos intermedios

22 17 (Wildman et al., 1982; Braun et al., 1986; Edmonson et al., 1989). Sin embargo, por cuestiones prácticas y en casos en los que no es posible palpar la piel y costillares del ganado, la evaluación se realiza de manera visual. A pesar de las diferencias existentes entre el ganado de las zonas templadas, para el cual fue ideada esta técnica, con el de las zonas tropicales, se utilizan las mismas escalas de clasificación en ambos con resultados comparables (Montiel, 2001). Diversos autores recomiendan la evaluación de la condición corporal por ser ésta el reflejo del estado nutricional del animal (Galina y Arthur, 1989a; Short et al., 1990; Arreguín et al., 1997), tanto en vacas de razas productoras de carne (Rae et al, 1996), como lecheras (Mulvany, 1981; Wildman et al,1982; Edmonson et al., 1989), en las cuales ha sido ampliamente recomendada como método de evaluación de su manejo nutricional (Gillund et al., 2001) Por un lado, cuando las vacas tienen bajas reservas corporales es mayor la probabilidad de que presenten enfermedades, desórdenes metabólicos, fallas reproductivas y reducción en la producción de leche; en el caso de las novillonas, éstas requieren una mayor edad al primer servicio (Edmonson et al., 1989). Por otro lado, las vacas con reservas excesivas de grasa al momento del parto están en mayor riesgo de tener menor producción de leche y aumento en problemas de salud y reproductivos, como distocias e hígado graso post-parto (síndrome de la vaca gorda); las novillonas con excesiva condición corporal presentan dificultad para quedar gestantes y desórdenes en el desarrollo de la glándula mamaria que resultan en una vida productiva pobre (Morrow,1975, Fronk et al., 1980; Boisclar et al, 1986; Gearhart et al., 1990). Sin embargo, el encontrar vacas con excesiva condición corporal es poco probable en vacas lecheras altas productoras (Domecq et al., 1997a), así como en vacas cebú y de doble propósito de las regiones tropicales, cuya alimentación se basa únicamente en pastoreo (Montiel, 2001). En los últimos años, diversos estudios han señalado los efectos de la condición corporal al parto y de los cambios en ésta a lo largo de la lactación sobre la salud y la fertilidad en vacas lecheras altas productoras (Gearhart et al., 1990; Ruegg et al., 1992; Waltner et al., 1993; Ruegg y Milton, 1995; Heuer et al., 1999). En estos y otros estudios (Ruegg y Milton, 1995; Markusfeld et al, 1997; Heuer et al., 1999) la proporción de vacas con condición corporal excesiva al parto fue menor al 10% Se ha reportado una relación inversa entre el balance de energía y el tiempo transcurrido hasta la reanudación de la actividad ovárica post-parto (Butler y Smith, 1989; Senatore et al., 1996; De Vries et al., 1999). A este respecto, la falta de ingestión de nutrientes resulta en pérdida de peso y condición corporal, disminución de la actividad lútea y cese de los ciclos estrales (Richards et al., 1989; Bishop y Wettemann, 1993). Dado que el estado nutricional durante el pre y post-parto influye en el subsecuente rendimiento reproductivo, si durante la gestación o la lactación: se presenta inadecuado consumo de nutrientes, especialmente proteína y energía, el resultado es baja condición corporal al parto y mayor duración del período interparto (Laflamme y Connor,1992), ya que el intervalo parto - primera ovulación es el que se ve más afectado (Roberts, 1986), disminuyendo así la posibilidad de tener un alto porcentaje de vacas ciclando durante el empadre (Whitman, 1975; Lawman, 1982; Dziuk y Bellows, 1983; Richards et al.,1986), pues se ha observado que la mala alimentación durante el post-parto aumenta la proporción de vacas que permanecen en anestro, lo que no sucede cuando las vacas paren en buena condición corporal (Robinson, 1990). Las vacas alimentadas solamente con pasto tienen mayor probabilidad de ser anéstricas (Roche et al.,1992; McDougall et al., 1995a), y la mala nutrición puede inducir tal condición, especialmente en razas Bos indicus (Jolly et al., 1995). En ganado productor de carne, durante el post -parto temprano existe supresión de la ciclicidad ovárica, que se agrava si la hembra tiene una pobre condición corporal (Williams, 1990). El déficit de energía durante el crecimiento y los períodos pre y post-parto inhibe la aparición del estro y reduce la fertilidad de las hembras que lo presentan (Williams, 1989), pues cuando existe balance energético negativo, el

23 18 crecimiento y la maduración folicular son inconsistentes, reflejándose en una pobre expresión del estro y en deficientes resultados en programas de sincronización (Stevenson et al., 1987). Después del parto, las vacas lecheras experimentan un lento aumento en el consumo de materia seca, un rápido incremento en la producción de leche y un aumento en la movilización de tejido adiposo (Garnsworthy, 1988; Buffer y Smith, 1989; Gearhart et al., 1990; Van Saun, 1991; Nebel y McGilliard, 1993). Así, durante la lactancia temprana, la mayoría de las vacas lecheras no son capaces de satisface sus requerimientos de energía para el crecimiento, mantenimiento y producción de leche, estando en un balance energético negativo previo al pico de producción (Waltner et al., 1993), y este balance energético negativo tiene un efecto negativo sobre la fertilidad (De Vries et al., 1999). Por lo tanto, en este período el nivel nutricional resulta de gran importancia, pues es entonces cuando la vaca pierde más peso dado que utiliza sus reservas corporales de grasa para la producción de leche, disminuyendo progresivamente su condición corporal y conduciendo a un retraso en el reinicio de la actividad ovárica post-parto (González-Stagnaro, 1991; Gallo et al., 1996), ya que la vaca da prioridad a la producción de leche y no al establecimiento y mantenimiento de los ciclos estrales (García-Winder,1990). Por tanto, las vacas con baja producción láctea pierden menos condición corporal que las altas productoras (Gallo et al., 1996). Se han encontrado relaciones positivas entre el intervalo del parto a la primera ovulación y la magnitud del balance energético negativo, y entre el intervalo del parto al balance de energía mínimo (nadir) (Butler et al., 1981; Butler y Smith,1989; Canfield y Butler,1990; Canfield et al., 1990; Zurek et al., 1995; Beam y Butter,1998). A este respecto, Senatore et al. (1996) en vacas lecheras al inicio de su primera lactancia encontraron un efecto negativo del déficit de energía sobre la ovulación. Con esto, es de esperarse un retraso en el intervalo parto - primera ovulación en vacas que experimentan déficit de energía total más prolongados al inicio de la lactancia o un balance energético negativo de mayor duración (De Vries et al.,1999). En diversos estudios realizados en vacas lecheras (Butler et al., 1981; Butler y Smith, 1989; Canfield y Butler, 1990; Senatore et al., 1996; Beam y Butler, 1998), un patrón general de balance energético durante la lactancia empezó con valores inferiores acero, disminuyó a un mínimo la primera a segunda semana de lactancia y a partir de entonces aumentó de forma fija hasta llegar a un máximo, después del cual empezó un ligero decremento. En promedio, el 80% de las vacas experimentan balance energético negativo al inicio de la lactancia, porque las demandas de energía para la producción de leche no son satisfechas por la dieta (Garnsworthy, 1988; Butler y Smith, 1989; Gearhart et al., 1990; Van Saun, 1991; Nebel y McGilliard, 1993). Cada vaca responde al balance energético negativo mediante diferentes combinaciones de consumo de alimento, movilización de tejido adiposo y disminución en la producción de leche (Garnsworthy, 1988; Butler y Smith, 1989; Nebel y McGilliard, 1993). Las vacas con condición corporal baja aumentan su consumo de materia seca más rápido y logran un balance energético positivo antes que las de condición alta (Garnsworthy y Topps, 1982). Garnsworthy (1988) sugiere que la relación entre la condición corporal al parto y la producción de leche varía, y que vacas con condición corporal alta al parto generalmente pierden más condición corporal durante la lactancia, lo que podría influir negativamente sobre la producción láctea. A este respecto, Frood y Croxton (1978) demostraron que vacas con condición corporal baja al parto (1.5 en escala de 1 a 5) no perdieron condición corporal durante el inicio de la lactancia, y que vacas con condición corporal moderada (3.0) perdieron condición hasta el segundo mes post-parto. Igualmente, diversos autores señalan que las vacas con condición corporal alta al parto pierden más condición que las de condición baja (Gamsworthy y Topps, 1982; Ducker et al., 1985; Garnsworthy,1988; Butler y Smith,1989; Ruegg et al., 1992). Así mismo, al inicio de la lactancia la evaluación de la condición corporal se emplea para

24 19 monitorear la cantidad y movilización de tejido adiposo, e indica si existe balance energético negativo (Garnsworthy,1988; Butler y Smith, 1989; Edmonson et al., 1989; Gearhart ef al., 1990; Nebel y McGilliard, 1993), pues se ha señalado que el desempeño reproductivo de las vacas, particularmente la probabilidad de concepción, puede estar asociado negativamente con la magnitud y severidad del balance energético negativo en este período (Butler y Smith, 1989; Nebel y McGilliard, 1993). Además, se ha sugerido que el prolongado balance energético negativo en vacas con condición corporal alta al parto contribuye a una reducción en la fertilidad (Villa- Godoy et al., 1990). Muchos investigadores han concluido que la nutrición pre-parto, reflejada en la condición corporal al parto, es un factor determinante de la duración del anestro post parto más importante que la nutrición en el post-parto en vacas productoras de carne (Dunn y Kaltenbach, 1980; Dziuk y Bellows, 1983; Richards et al., 1986; Selk et al., 1988), con correlaciones negativas entre la condición corporal al parto y la duración del anestro (Wright et al.,1987; Richards et al., 1991; Wright et al., 1992). Sin embargo, dado que el efecto de la condición corporal al parto puede estar modulado por cambios en el peso corporal antes del parto, vacas con similar condición corporal al parto pueden diferir en el subsecuente desempeño reproductivo debido a cambios en el peso corporal y/o en la condición corporal durante la gestación (Selk et al., 1988). También, se ha tratado de relacionar el intervalo entre el parto y la primera ovulación con el estatus metabólico (Zurek et al, 1995), para lo que algunos investigadores (Butler et al., 1981; Allrich et al., 1987) han observado una significativa relación positiva entre el balance energético promedio en las primeras semanas post -parto y el intervalo a la primera ovulación, mientras que, por el contrario, otros (Villa-Godoy et al., 1988; Spicer et al.,1990) no han encontrado relación entre el balance energético negativo promedio y la duración del anestro post-parto. En estudios realizados por Butler et al. (1981), Canfield et al. (1990) y Canfield y Butler (1991), la primera ovulación ocurrió a los 10, 14, y 14 días después del máximo balance energético negativo, respectivamente. A la ovulación, el balance energético era aún negativo, pero en todos los casos fue regresando hacia cero (Zurek et al., 1995). Con relación a esto, en un estudio realizado por Montgomery et al. (1985) en vacas Angus que recibieron un plano nutricional alto y medio 55 días antes y 40 días después del parto, las primeras pesaron en promedio 35 kg más al parto y a los 40 días, y tuvieron un intervalo parto - primer estro menor que vacas con plano nutricional medio, así como también, independientemente del plano nutricional, después del parto las vacas que parieron de julio a septiembre pesaron 11 kg más que las que parieron de septiembre a octubre, indicando que, aunque la época del parto influye sobre el reinicio de los ciclos ováricos aún en un alto plano nutricional, ésta interactúa con la nutrición y es más probable que sus efectos se expresen bajo condiciones de mala nutrición. En contraste, los efectos de la nutrición después del parto sobre la duración del anestro post parto son aparentemente inconsistentes, obteniendo ningún efecto (Wettemann et al., 1986; Wright et al., 1992) o efectos significativos (Rutter y Randel, 1984; Wright et al., 1987; Richards et al., 1991). Esta inconsistencia puede reflejar interacciones entre la nutrición pre y post-parto, el balance energético negativo, la condición corporal, la producción de leche y el amamantamiento, así como factores ambientales que influyen en su duración. Así como se desconoce la verdadera importancia de la nutrición post-parto y del amamantamiento como determinantes de la duración del anestro post-parto, tampoco está claro si un bajo plano nutricional en el post-parto acabaría con los efectos benéficos del amamantamiento restringido, con respecto a la reducción del anestro post-parto (Stagg et al.,1998). En comparación con hembras que paren con pobre condición corporal, las que llegan al parto con buena condición y la mantienen después del mismo tienen mejores índices reproductivos (Galina y Arthur,1989a), debido a que presentan mayor función hipofisiaria y por tanto mejor potencial

25 20 reproductivo, traducido en rápido retorno al estro post-parto (Rutter y Randel, 1984). Se ha señalado que una condición corporal al parto excesiva ( 4.0 puntos) o insuficiente (< 2.0 puntos) reduce los subsecuentes índices de fertilidad, al igual que tanto la pérdida como la ganancia de un punto en condición corporal después del parto reducen significativamente la fertilidad en vacas que tenían buena condición antes del parto (Gaines, 1989), afectando así el estado general de salud del animal (Ferguson,1991). De acuerdo con Wright et al. (1987), el anestro post-parto se prolongó 43 días por cada punto de condición corporal (equivalente a 53 kg de lípidos corporales) perdido al momento del parto. En ganado lechero, Otto et al. (1991) indican que 1 punto de cambio en la condición corporal equivale a una diferencia de 25 a 60 kg de peso vivo. Aunque la condición corporal de la vaca al momento del parto es particularmente importante para el pronto restablecimiento de la actividad ovárica (Haresign, 1984; Halness, 1984), desafortunadamente no todo el año hay disponibilidad de forraje de buena calidad, existiendo fluctuaciones en el consumo de nutrientes que dan como resultado prolongados períodos de nutrición de submantenimiento (Mclvor, 1981). Esto es particularmente crítico durante el período peri-parto, ya que en éste se requiere de forraje de buena calidad por al menos el último trimestre de gestación y por 8 a 12 semanas postparto. Este período mínimo de seis meses significa que en áreas donde el consumo de alimento depende de la disponibilidad de forraje, regulada ésta por la época de lluvias (como en la mayoría de las regiones tropicales), resulta difícil proveer al ganado con la energía y proteína necesarias para esta etapa crítica en su vida reproductiva (Galina y Arthur, 1989b). El estrés nutricional es particularmente severo en el último tercio de la gestación y en la lactancia durante la época de secas, resultando en rápida pérdida de peso y condición corporal (Jolly et al., 1996). Bajo estas condiciones, son comunes los prolongados períodos de anestro post-parto, y son uno de los principales factores limitantes en las tasas reproductivas en hatos de ganado cebú (Entwistle, 1983). Sin embargo, se ha encontrado que el destete temprano en vacas cebú reduce la pérdida de peso en el post-parto (Moore y Campos da Rocha, 1983). La complejidad de la relación entre el estado nutricional y la función reproductora ha sido señalada y revisada (Short y Adams, 1988; Randel, 1990). Se ha sugerido que la concentración de glucosa sanguínea es el factor que vincula el estado nutricional con la función reproductora a nivel del hipotálamo (Short y Adams, 1988). Cuando las vacas se encuentran en balance energético negativo (niveles sanguíneos de glucosa <30 mg/dl) la fertilidad se reduce (McClure, 1970), posiblemente debido a un ambiente hormonal anormal, en especial con respecto al nivel de progesterona, ya que vacas en estas condiciones tienden a presentar menores niveles sanguíneos de esta hormona (Villa-Godoy et al., 1988). Dado que las reservas corporales de grasa regulan la secreción de las hormonas hipotalámicas e hipofisiarias que controlan la función del ovario, y por tanto modulan el nivel sanguíneo de LH y la sensibilidad de la hipófisis a la GnRH (Roberson et al., 1992), un mecanismo importante por el cual el déficit de energía perjudica la actividad reproductiva es mediante la supresión de la liberación de GnRH y por tanto de la frecuencia pulsátil de LH necesaria para lograr el crecimiento folicular hasta la etapa preovulatoria (Schillo, 1992). Por otro lado, después del máximo balance energético negativo, las concentraciones plasmáticas promedio de LH y el número de picos episódicos de LH aumentan, ocurriendo la primera ovulación poco después (Canfield et al.,1990; Canfield y Butler, 1991). Un pobre estado nutricional está asociado con bajas concentraciones plasmáticas de LH y estradiol, retardo en el desarrollo folicular y retardo en la ocurrencia o decremento en la magnitud de la oleada plasmática de LH inducida por el estradiol. Las bajas concentraciones plasmáticas de LH reflejan un aumento en la sensibilidad del eje hipotálamo-hipófisis a los efectos inhibitorios del estradiol (retroalimentación negativa de estrógenos) (Wright et al., 1988) y una reducción ovárica esteroideindependiente en la secreción de LH por el eje hipotálamo-hipófisis (Imakawa et al., 1987). De acuerdo con Richards et al. (1989), en bovinos el anestro inducido mediante un bajo plano nutricional se caracteriza por decremento en la frecuencia pulsátil de LH. Por tanto, si las vacas

26 21 paren con pobre condición corporal, no se liberan las señales hormonales para estimular al ovario y reiniciar el ciclo estral, ampliándose el intervalo a la primera ovulación post-parto (Anta et al., 1989b; Moro et al.,1994). La deficiente nutrición de la vaca post-parto modifica los cambios neuroendocrinos normales, particularmente la frecuencia de la liberación episódica de, LH (Robinson, 1990), lo que ocasiona disminución de la actividad ovárica por supresión de la liberación pulsátil de LH de la hipófisis, que está controlada por la GnRH del hipotálamo. También se ha observado que ciertos compuestos metabólicos actúan sobre el eje hipotálamo-hipófisis-ovario cuando la condición corporal de la hembra disminuye (Randel, 1990; Short et al., 1990). Richards et al. (1991) reportaron que las concentraciones circulantes de LH e IGF-I disminuyeron durante la restricción de alimento en vacas vacías no lactantes, y sugirieron que estas respuestas podrían estar ligadas fisiológicamente, pues existe evidencia de que el IGF-l está involucrado en la modulación de las funciones cerebrales e hipofisiarias (Tannenbaum, 1983). En la mayoría de las vacas lactantes con buena condición corporal, el desarrollo del primer folículo dominante ocurre a las 2 ó 3 semanas post-parto (Savio et al., 1990a), lo que puede no suceder en condiciones de mala nutrición. Wiltbank et al. (1964) encontraron gran número de folículos pequeños palpables antes de la primera ovulación post-parto en vacas con mala nutrición. McDougall et al. (1995) demostraron que niveles moderados de mala nutrición pueden retrasar el reinicio de la ciclicidad post-parto, debido tal vez a que afectan los mecanismos responsables de la maduración final del folículo o de la ovulación, aunque no afectan el crecimiento de folículos hasta el tamaño preovulatorio. Sin embargo, en comparación con vacas bien alimentadas, en la mayoría de las vacas mal alimentadas el primer folículo dominante no ovula, y el intervalo parto - primera ovulación se prolonga (43 ± 5 días). Los patrones de desarrollo folicular post-parto en vacas mal alimentadas fueron similares al descrito para vacas alimentadas adecuadamente y que amamantan (Jolly et al.,1996),lo que ya había sido caracterizado anteriormente por el sucesivo crecimiento y regresión de 1 a 9 folículos dominantes en hembras con condiciones similares (Savio et al., 1990a; Roche et al., 1992). Además de influir sobre la longitud del anestro post-parto, la condición corporal influye también sobre la tasa de gestación. En un estudio realizado por Martínez y Castillo (1995) con vacas Bos indicus y Bos taurus / Bos indicus mantenidas en pastoreo, evaluando la condición corporal en escala de 1 a 9 (Wagner et al.,1988), se obtuvo tasa de gestación del 0, 3 y 11% para vacas con condición corporal de 1, 2 y 3, respectivamente, y del 85% para vacas con condición de 7, 8 y 9. Weaver (1992) indica que la condición corporal ideal al momento del parto es de 3 (escala de 1 a 5), variando de 2.5 a 3.5, mientras que Richards et al. (1986) indican que, en vacas productoras de carne multíparas, una condición corporal de 5 al parto parece ser el nivel crítico que afecta el subsecuente desempeño reproductivo, y que parece ser consistente entre varias razas productoras de carne y sus cruzas (Tinker et al., 1989). Basurto et al. (1998) obtuvieron una tasa de concepción a primer servicio significativamente mayor en vacas con condición corporal >2.5 que en aquéllas con condición corporal <2.5. En vacas Gyr, Moore y Campos da Rocha (1983) reportaron que el intervalo del parto a la concepción se redujo de 116 a 160 días en vacas con una dieta alta en energía. Por otro lado, diversos estudios indican que vacas con condición corporal alta al parto pueden requerir mayor número de servicios para quedar gestantes (Ducker et al., 1985; Villa-Godoy et al., 1990; Ruegg et al.,1992), mientras que, por el contrario, otros autores señalan que la condición corporal al parto parece no afectar el desempeño reproductivo, no teniendo relación con las tasas de concepción o con el número de servicios de inseminación por concepción (Bourchier, 1987; Jones y Garnsworthy, 1988; Butler y Smith, 1989; Ruegg et al., 1992; Nebel y McGilliard, 1993; Pedron et al., 1993; Ruegg y Milton, 1995). A este respecto, Garnsworthy (1988) concluyó que la condición

27 22 corporal al parto o al momento de la inseminación no estuvo relacionada con la tasa de concepción. Sin embargo, Domecq et al. (1997b) indican que la pérdida de condición corporal entre el parto y la inseminación puede influir negativamente sobre la tasa de concepción, como lo demuestran estudios realizados por Butler y Smith (1989), Ferguson y Otto (1989) y Ferguson (1992), en los cuales vacas que perdieron 0.5 a 1.0 punto de condición tuvieron una tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial del 53%, mientras que en vacas que perdieron más de 1.0 punto de condición entre el parto y el momento de la inseminación la tasa fue del 17%. Aunque Ruegg y Milton (1995) señalan que la ambigua relación existente entre el balance de energía, la condición corporal y el desempeño reproductivo necesita ser aclarada, Domecq et al. (1997b) indican que a medida que la vaca pasa por la lactancia, la magnitud y duración del balance energético negativo disminuye, y que si éste, monitoreado por cambios en la condición corporal, está asociado con la tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial, la asociación probablemente se daría al inicio de la lactancia, cuando el balance energético es más negativo, por lo que el uso de la condición corporal para monitorear cambios en el balance energético negativo durante el período seco y los primeros 30 días de lactancia puede ser importante para la tasa de concepción a primer servicio de inseminación. El reducir el intervalo entre el parto y la siguiente concepción es importante si se busca mejorar el desempeño reproductivo y productivo del bovino. La nutrición es esencial en lo que respecta al reinicio de la actividad ovárica post-parto (Robinson, 1990), por lo que es necesario estimar el estado nutricional de las vacas durante el pre y post-parto mediante la evaluación de la condición corporal, para establecer con mayor precisión las relaciones entre nutrición y eficiencia reproductiva (Butler y Elrod, 1995). Cuando se mejora la nutrición, especialmente en el pre-parto, los intervalos entre partos se reducen, disminuyendo el anestro post-parto. Cuando la condición corporal al parto es pobre, su efecto sobre el intervalo entre partos es mayor, menor cuando la condición corporal mejora marginal cuando la condición corporal es excelente (Selk et al., 1988). En el trópico, el intervalo parto - concepción es crítico, influyendo en éste principalmente la nutrición y el amamantamiento (González-Stagnaro e t al., 1988; González-Stagnaro, 1991) AMAMANTAMIENTO El prolongado anestro post-parto e s la mayor limitante para lograr una alta eficiencia reproductiva en vacas, teniendo al amamantamiento y a la nutrición como los factores principales que influyen en su duración (Stagg et al., 1998). Si el amamantamiento se practica continuamente durante la lactancia, bloquea la ovulación con el consecuente largo período de anestro post-parto, contribuyendo a una baja eficiencia reproductiva (Wettemann, 1994). El prolongado anestro post -parto es uno de los principales factores que afectan la reproducción en la ganadería tropical, y el disminuirlo es crucial para obtener la meta ideal de un parto cada 12 meses (Ramírez-Iglesia et al.,1992). El amamantamiento y la producción de leche durante el post-parto pueden afectar la actividad del hipotálamo, hipófisis y ovarios, inhibiendo el desarrollo folicular y aumentando el período de anestro. La cantidad de leche producida en el post-parto puede afectar el intervalo entre el parto y la ovulación. El amamantamiento interfiere con la liberación hipotalámica de GnRH,cuya cantidad resulta insuficiente para estimular a la hipófisis, provocando marcada supresión en la liberación pulsátil de LH, condición asociada con el anestro post-parto (Williams, 1990). Tal inhibición de la liberación episódica de LH se da probablemente mediante la secreción de un opioide péptido hipotalámico Β-endorfina, en respuesta al estímulo del amamantamiento (Malven et al., 1986; Gordon et al., 1987; Boland et al., 1990), a pesar de haber desarrollo folicular temprano, ocasionando que los folículos no lleguen a ovular (Boland

28 23 et al., 1990). Dado que el amamantamiento retarda la liberación de hormonas necesarias para reiniciar los ciclos estrales después del parto, las vacas que pierden su cría al nacimiento por lo general entran en celo más pronto que las que amamantan de forma normal (Wettemann,1994). Cuando el amamantamiento se realiza dos a tres veces al día aumenta la duración de la aciclicidad ovárica, disminuye las concentraciones plasmáticas de LH, aumenta la sensibilidad del eje hipotálamo-hipófisis a los efectos inhibitorios del estradiol sobre la secreción de LH. (Macmillan y Watson, 1971; Walters et al., 1982a; Acosta et al.,1983; Shively y Williams, 1989; Short et al., 1990; Williams, 1990) y se inhibe la secreción de GnRH en ausencia de estradiol (Zalesky et al., 1990). El destete total, parcial (menos episodios de amamantamiento) o temporal (por 48 a 72 h), asociado con tratamientos para sincronizar el estro, puede provocar un incremento de las concentraciones plasmáticas de LH y un apresurarrriento en la presentación de la ovulación y ciclicidad ovárica (Wright y Malmo, 1992). El reinicio de la conducta estral postparto parece estar determinado, al menos en parte, por la capacidad de la hipófisis para secretar cantidades adecuadas de LH (Jaeger et al.,1995). En ganado productor de carne (Bos taurus), el amamantamiento prolonga el anestro post parto por más de 90 días, siendo la principal causa de la baja eficiencia reproductiva (Wright et al., 1987). Esto mismo sucede en ganado de doble propósito (Bos taurus / Bos indicus) (Acosta et al., 1983). Sin embargo, en el primero se ha visto que el destete temporal por 48 h aumenta la tasa de concepción por inseminación artificial a tiempo fijo con distintos protocolos de sincronización del estro (Smith et al., 1979; Kiser et al., 1980; Yelich et al., 1995). Así mismo, el destete temprano o el amamantamiento una vez al día acortan el intervalo parto - primer estro en vacas primíparas con <85 días post-parto que paren con buena condición corporal, lo que no sucede en vacas con 85 días post-parto, en las cuales es similar (Bell et al., 1998). Durante el post-parto temprano, dos a seis días después de eliminar el estímulo del amamantamiento se observa un incremento en la frecuencia pulsátil de LH inhibida durante el estado anovulatorio post-parto (Walters et al., 1982a; Smith et al., 1983). En vacas de doble propósito, la restricción del amamantamiento a uno (Shively y Williams, 1989; Williams, 1990) o dos veces al día (Tegegne et al., 1992) reduce la duración del anestro comparado con el libre amamantamiento, como también lo señalan Del Vecchio et al. (1988) y Ruas et al. (1991). Sin embargo, se desconoce el efecto de la frecuencia del amamantamiento sobre la duración del anestro en vacas que en el post -parto mantienen la misma condición corporal con la que llegan al parto (Montiel, 2001). En vacas cebú, el amamantamiento restringido aumenta la tasa de gestación (Bastidas et al., 1984), y el destete tiene mayor efecto que la complementación alimenticia post-parto sobre el reinicio de la actividad ovárica (McSweeney et al., 1993b). En regiones tropicales con predominancia de ganado Bos indicus, usualmente se comparte la leche de la vaca con el becerro, y en estas hembras la bajada de la leche ocurre sólo en presencia de sus crías. Consecuentemente, los becerros a menudo se amamantan por ocho a nueve meses antes de ser destetados (Mukasa-Mugerwa et al., 1991). En vacas cebú mantenidas todo el día con sus crías, la aparición del primer celo post-parto fue a los 169 días, mientras que en vacas que amamantaron 2 h por la mañana y 2 h por la tarde fue a los 140 días, reduciéndose a 110 días cuando el amamantamiento fue de sólo 2 h por la mañana (Brito, 1974). Asimismo, Randel y Welker (1976) obtuvieron el primer celo postparto a los 69 días cuando separaron a la cría de la madre todo el día, permitiéndole amamantarse sólo durante media hora, en comparación con 116 días cuando la cría permaneció con la madre todo el tiempo. En vacas Gyr que amamantaron sólo un mes, el retorno al estro fue en promedio a los 40 días post-parto, 23 días antes que en vacas que amamantaron por períodos más largos (Moore y Campos da Rocha, 1983). Bluntzer et al. (1989) en vacas primíparas cruzadas de Bos indicus compararon el amamantamiento una vez al día con el amamantamiento libre, obteniendo en el primero menor período de anestro post-parto y mejor tasa de concepción y gestación a los 90 días. Según Bastidas et al. (1981), el amamantamiento dos veces al día aumenta la tasa de gestación en

29 24 33%, comparado con amamantamiento continuo. En ganado Bos indicus, el amamantamiento retarda la actividad ovárica post-parto (Moore,1984), por lo que el destete temprano reduce significativamente el intervalo entre partos (Azevedo et al., 1981). El destetar a los becerros durante la primera semana de nacidos reduce dramáticamente el período de anestro, comparado con vacas que amamantan de forma natural (Arora et al., 1971; Moore y Campos da Rocha, 1983; Wells et al., 1985). Sin embargo, hay resultados contradictorios concernientes al efecto que el amamantamiento tiene sobre la vaca post-parto después de la primera semana (Galina y Arthur, 1989b), pues mientras ciertos autores reportan que el destete temprano puede aumentar la tasa de concepción hasta en 50% (Salcedo et al., 1977; Pimentel et al., 1979), otros indican que no tiene efecto sobre la duración del anestro post-parto ni sobre la tasa de concepción (Maree et al., 1974; Alberio et al., 1984; Lishman y Harwin, 1985). También se ha reportado que en vacas Bos indicus y Bos taurus I Bos indicus el amamantamiento restringido es más benéfico en hembras primíparas que en multíparas (Arora et al., 1971; Montoni y Riggs,1978; Randel, 1981). Diversos estudios sobre amamantamiento controlado (una o dos veces al día) (Montoni y Riggs, 1978; Escobar et al., 1982; Moore y Campos da Rocha, 1983; Bastidas et al., 1984) han mostrado que en la vaca el efecto del amamantamiento esta más bien relacionado con su frecuencia que con los nutrientes drenados de la hembra, y que al controlar el estímulo del amamantamiento se espera un mejor desempeño reproductivo de la hembra sin afectar el crecimiento del becerro. También, en vacas cebú la época del año influyó sobre el efecto del amamantamiento restringido, aumentando 50 y 30% la tasa de concepción cuando se realizó en época de secas y lluvias, respectivamente (Fonseca et al., 1981). Otros autores mencionan que simplemente el reducir la edad tradicional de destete de los siete a los cuatro meses puede adelantar la fecha del siguiente parto en 39 días (Schottler y Williams, 1975). En razas Bos indicus, el destete tiene mayor efecto sobre la duración del anestro postparto que la suplementación alimenticia en vacas que amamantan (McSweeney et al., 1993a,b). El destete temprano (dos a tres meses de edad) reduce la pérdida de peso y condición corporal en la época de secas y aumenta las tasas de gestación en algunos hatos, aunque las respuestas varían marcadamente (Schlink et al., 1988, 1994; Sullivan et al., 1992). La respuesta tardía al destete se ha relacionado con el bajo peso o condición corporal de la vaca (Baker, 1968; Bishop et al., 1990; Mukasa-Mugerwa et al., 1991a). También se ha propuesto que los efectos inhibitorios del amamantamiento y de la mala nutrición interactúan, pues el aumento en la intensidad del amamantamiento se ha asociado con menores niveles de producción de leche en vacas subalimentadas (Loudon, 1987). La naturaleza de esta interacción puede depender de la relativa repartición de nutrientes entre la síntesis de leche y el crecimiento materno y almacenamiento, un proceso que también varía con el genotipo, y que puede afectar la duración del anestro post parto en vacas Bos indicus (Hunter y Magner, 1988). La repartición de nutrientes durante la lactancia está en parte regulada por las hormonas insulina, hormona del crecimiento (GH) y el factor-1 de crecimiento similar a la insulina (IGF-1), todos ellos sensibles a cambios en el estatus nutricional (Brockman y Laarveld, 1986; Gluckman et al., 1987; Bass et al., 1992). Se sabe que la influencia supresiva del amamantamiento es independiente de las vías neurosensitivas del pezón o de la ubre (Williams et al., 1984; Forrest, 1991; McVey y Williams, 1991; Cutshaw et al., 1992; Viker et al., 1993; Williams et al., 1993), y que el vínculo de la madre con la cría es el componente esencial del prolongado anestro post-parto inducido por el amamantamiento en vacas productoras de carne (Silveira et al., 1993; Lamb et al., 1997). Se ha demostrado que la olfación y la visión son igualmente efectivos para permitir la identificación del becerro por su madre (Griffith y Williams, 1996), y que el eliminar ambos sentidos atenúa los efectos negativos del amamantamiento sobre la secreción de LH (Stagg et al., 1998). Aunque el destete temporal

30 25 provoca un aumento en la frecuencia pulsátil de LH (Shively y Williams, 1987), diversos autores cuestionan su utilidad para inducir la ciclicidad ovárica en vacas post-parto a menos que se aplique al mismo tiempo un tratamiento a base de progestágenos (Troxel et al., 1980; Walters et al., 1982; Smith et al., 1983; Williams et al., 1987) INDUCCIÓN Y SINCRONIZACIÓN DEL ESTRO Y DE LA OVULACIÓN El objetivo económico común en los sistemas de producción bovina es que las vacas paran un becerro cada 365 días. Para que en un hato con alimentación basada en pastoreo se logre y se mantenga el intervalo entre partos de 12 meses, en el cual estén relativamente sincronizados el parto, la lactancia y el período seco, de forma que los dos primeros, con el consecuente pico de producción de leche al inicio de la lactancia, coincidan con el máximo crecimiento del pasto para la mayoría de las vacas, se requiere del pronto reinicio de la actividad ovárica, de una excelente detección de estros y de una alta tasa de concepción a primer servicio, teniendo las vacas que reanudar la ciclicidad y quedar gestantes dentro de 85 a 90 días post -parto (Wright y Malmo, 1992; Opsomer et al., 1996; McDougall et al., 1998), siendo deseable que los ciclos ováricos reinicien antes de este lapso (Wright y Malmo, 1992), porque si se utiliza inseminación artificial pueden requerirse varios celos para preñar a una vaca, además de que la fertilidad es mayor en vacas que han ciclado antes del estro en el que se les insemina, que en vacas que no lo han hecho (Macmillan y Clayton, 1980; King y Saballo, 1991). Por esto, para mantener los sistemas de producción basados en pastoreo es crítico desarrollar estrategias de manejo que permitan concentrar los períodos de concepción y de partos (Cordoba y Fricke, 2002). En los sistemas de producción lechera que manejan época de empadre, al inicio de ésta todas las hembras detectadas en estro son servidas, independientemente del número de días post parto que tengan, con el fin de tener el mayor número posible de vacas gestantes después del inicio del empadre. Sin embargo, la presencia de vacas acíclicas al inicio del empadre puede impactar negativamente en el desempeño reproductivo del hato, reduciendo la rentabilidad de la explotación (Xu et al., 2000). La prevalencia del anestro en vacas post-parto se ve afectada por el intervalo desde el parto hasta el inicio del empadre, edad, raza y nutrición (McDougall et al., 1995b; Rhodes et al., 1998). En hatos lecheros, dependiendo de la época, 15 a 27% de las vacas son anéstricas al inicio del empadre (McDougall et al., 1993; Xu y Burton, 1997). Por tanto, el desarrollo de tratamientos que logren inducir el estro y la ovulación de forma efectiva en vacas anéstricas puede tener un efecto importante en el desempeño reproductivo del hato (Xu et al., 2000). Cuando se emplea sincronización del estro al inicio del empadre, las vacas tienen tres oportunidades de ser servidas en un empadre de. 45 días, mientras que se requeriría un empadre de 63 días para tener tres oportunidades de ser servidas si no se emplea la sincronización (Odde,1990). La sincronización del ciclo estral en el bovino es una importante herramienta para el manejo reproductivo, que es ampliamente utilizada para llevar a cabo inseminación artificial, inseminación a tiempo fijo y transferencia de embriones (Thatcher et al.,1996). La sincronización del estro implica la manipulación del ciclo estral o la inducción del estro para lograr que un alto porcentaje de un grupo de hembras presente estro en un momento determinado, para inseminarlas después del estro detectado o a tiempo fijo (Odde, 1990). Los principales objetivos de la inducción y sincronización del estro y la ovulación incluyen: facilitar la inseminación artificial al reducirla a un período determinado, mejorando la eficiencia reproductiva (Nancarrow y Cox, 1976; Ryan et al.,1995), tanto en lo que respecta al control de enfermedades, como al mejoramiento genético (Macmillan et al., 1993; Cliff et al., 1995); maximizar el número de hembras inseminadas al inicio del empadre; reducir los períodos de detección de celos (Lehrer et al., 1992), aumentando la proporción de vacas en estro en un período determinado y permitiendo una detección de celos más precisa (Tjondronegoro et al., 1987), especialmente si hay becerros amamantándose y si

31 26 hay vacas en anestro (Odde, 1990), ya que en vacas lecheras altas productoras la detección del estro se dificulta porque sus interacciones conductuales involucran conductas de monta menos perceptibles e intermitentes (Lehrer et al., 1992) que en otro tipo de ganado; reducir el intervalo del parto a la concepción (Mauleon, 1974) y facilitar los programas de transferencia de embriones (Wright y Malmo, 1992). Además, en explotaciones basadas en la producción estacional de forraje, debe procurarse que el momento del parto permita coincidir a la lactancia con el período de óptimo crecimiento del pasto, lo que puede lograrse mediante la inducción y sincronización del celo. Lucy et al. (1986) sugieren que los métodos de sincronización del estro que optimicen la concepción a primer servicio y acorten el periodo de días abiertos, pueden ser útiles para reducir la duración de pos intervalos entre partos en un hato. En el ganado tropical, con respecto a la eficiencia de diferentes fármacos usados para controlar el ciclo estral, se han evidenciado dos factores principales que limitan la ampliación del uso de la sincronización del estro. El primero se refiere a la pobre expresión del estro después de la aplicación de fármacos específicos, en particular prostaglandinas (Galina et al.,1987), y el segundo está relacionado con las bajas tasas de fertilidad después de la inseminación artificial independientemente del tratamiento usado (Hardin et al., 1980). En la gran mayoría de las explotaciones de bovinos productores de carne, las' vacas no reciben inseminación artificial debido a que el manejo es extensivo, y los programas de inseminación artificial requieren un manejo más intensivo (Odde, 1990). Aunque los métodos para el control del ciclo estral varían según el manejo reproductivo del hato, deben considerarse los tratamientos que se han desarrollado en los últimos años con el fin de reducir alguna de las limitaciones originales (Macmillan y Peterson, 1993; Anderson y Day, 1994; Ryan et al., 1995). Los métodos originales usados para el control del ciclo estral implicaban la manipulación de la fase lútea (Mauleon, 1974; Roche, 1979; Odde, 1990) mediante la extensión del periodo de diestro con la aplicación de progestágenos, para permitir la ocurrencia espontánea de la luteólisis durante el periodo de tratamiento (Roche, 1979). Estos tratamientos, de al menos 14 días de duración, producían una sincronía aceptable pero con fertilidad reducida (Wishart, 1977a). Algunos incorporaban la aplicación de estradiol, permitiendo que los periodos de tratamiento se acortaran a 9 a 12 días (Mauleon, 1974; Roche, 1979), aunque la sincronía y la fertilidad tendían a ser variables porque el estradiol administrado tenía diversos efectos en diferentes etapas del ciclo (Lemon, 1975). Sin embargo, las hembras anéstricas no podían ser sincronizadas de forma confiable (Mauleon, 1974; Odde, 1990). A este respecto, en su mayoría el anestro es consecuencia de falta de ovulación de los folículos dominantes por las bajas concentraciones de LH que no estimulan la producción normal de estradiol en las células de la granulosa del folículo (Roche et al., 1992; Jolly et al., 1995). El estro no ocurre y no se produce una adecuada oleada ovulatoria de LH. El folículo pierde dominancia con nuevas oleadas emergiendo a intervalos de 8 a 10 días (Stagg et al., 1995). El inyectar estradiol o GnRH puede inducir una oleada de LH, pero la ovulación inducida puede no ir seguida de función lútea normal (Crowe et al., 1993; McDougall et al., 1995c), a menos que la oleada de LH inducida haya sido precedida por una fase lútea normal o por una producida artificialmente usando progesterona o progestágenos (Inskeep, 1995). En la actualidad, los procedimientos usados para inducir el estro en vacas anéstricas post-par to implican la reducción de la profundidad del anestro (mejoramiento del estado nutricional; destete - temprano, parcial o temporal; introducción del toro) y el uso de tratamientos hormonales. Generalmente, estos últimos comprenden el empleo de progestágenos y de hormonas que estimulan el desarrollo y la maduración folicular. Los progestágenos preparan al cerebro de forma que el subsecuente aumento en las concentraciones de

32 27 estradiol provoque comportamiento estral, asegurando la función lútea normal después de la ovulación (Pratt et al., 1982; Sheffel et al., 1982; Garverick y Smith, 1986; lnskeep et al., 1988). Las hormonas que estimulan directamente la maduración folicular son las gonadotropinas exógenas (FSH), o la LH endógena estimulada por GnRH exógena (Wright y Malmo, 1992). Dado que en los hatos bovinos es común encontrar tanto hembras cíclicas como acíclicas, se presenta variación en la respuesta al tratamiento con gonadotropinas y GnRH. Algunas vacas acíclicas se vuelven potencialmente cíclicas después del tratamiento con progestágenos, mientras que otras continúan siendo acíclicas. Las dosis de gonadotropinas o de GnRH aptas para vacas acíclicas pueden ser excesivas para vacas cíclicas resultando en múltiples ovulaciones. Tales dosis pueden inducir una oleada prematura de LH al actuar sobre el hipotálamo sensibilizado por el estradiol proveniente del folículo en maduración, pudiendo causar ovulación sin comportamiento estral (McVey y Williams, 1989). En hembras cíclicas, los procedimientos para sincronizar el estro y la ovulación se basan en la sincronización del final de la fase progestacional (fase lútea) y del inicio de la fase estrogénica o folicular (proestro), al producir un descenso sincronizado en las concentraciones plasmáticas de progesterona. La precisión que se da en la sincronización del estro depende de la variación en la duración del proestro, y ésta a su vez depende, en gran medida, de la etapa de desarrollo del folículo dominante al final del período de tratamiento (Kastelic et al., 1990; Macmillan y Peterson,1993; Sánchez et al., 1993), o de si la luteólisis ha sido inducida con prostaglandinas (Savio et al., 1990b; Adams, 1994). La variación en el período requerido para la maduración folicular yla ovulación puede ocasionar que el estro yla ovulación se alarguen de 5 a 6 días, dependiendo de la etapa de la oleada folicular al inicio del proestro. Las novillonas pueden entrar en estro antes (12 h en promedio) que las vacas (King et al., 1982; Rice, 1987; Odde, 1990), indicando probablemente la necesidad de un período más corto para la maduración folicular, aunque este efecto no fue visto en novillonas que recibieron un tratamiento de prostaglandinas (Savio et al., 1988, 1990). El final de la fase progestacional puede sincronizarse usando prostaglandinas o progestágenos. La PGF2a o sus análogos terminan la fase progestacional al causar regresión lútea después de 24 h (Macmillan et al., 1980). Los progestágenos permiten la ocurrencia natural de la regresión lútea, y la fase progestacional termina por el cese del tratamiento. Los progestágenos suprimen la frecuencia de pulsos plasmáticos de LH, de forma que no hay maduración folicular ni ovulación. Las concentraciones plasmáticas de progesterona presentes durante la fase lútea permiten la ocurrencia de las oleadas foliculares (Sirois y Fortune, 1990), y las concentraciones menores a éstas provocan que se alargue la vida del folículo dominante y se suprima el reclutamiento folicular,- resultando en el cese de las oleadas foliculares (Lucy et al, 1990; Sirois y Fortune, 1990), provocando que al retirar la progesterona o progestágenos se produzca buena sincronización del estro debido a la ovulación de los folículos envejecidos, pero con baja fertilidad tal vez debida al aumento en la presencia de embriones anormales provenientes de óvulos viejos (Wishart,1977b; Macmillan y Asher, 1990; Sirois y Fortune, 1990). La variación en la duración del proestro después de la administración de PGF2a puede reducirse inyectando estradiol, GnRH o gonadotropina coriónica humana (hcg) (Britt, 1975; Nancarrow y Radford, 1975; Thatcher et al., 1993; Schmitt et al., 1996). Nancarrow y Radford (1975) demostraron una reducción en el intervalo al estro de 20 ± 21 h a 20 ± 7 h y en el pico de secreción de LH al inyectar 0.5 mg de benzoato de estradiol 28 h después de una segunda inyección de PGF2a; sin embargo, no se obtuvieron tasas de gestación elevadas (Nancarrow y Cox, 1976). El intervalo entre las inyecciones de PGF2a y estradiol fue corto comparado con los intervalos de 44 y 48 h en estudios similares realizados por Welch et al. (1975) y Peters et al (1977), en los cuales se redujo la variación en la duración del proestro sin alterar la fertilidad de las inseminaciones siguientes a la detección del estro.

33 28 Para lograr un grado de sincronización del estro que resulte en óptima fertilidad con inseminación artificial a tiempo fijo, se requiere controlar la presentación de la luteólisis y sincronizar las oleadas de crecimiento folicular. Al administrar un análogo de la GnRH seguido a los 7 días por PGF2α se controlan de cierta forma las ondas foliculares y la función lútea, resultando en cierta mejoría en la sincronía del estro sobre la obtenida utilizando sólo PGF2α, (Thatcher of al., 1989), ya que el análogo de la GnRH gana cierto control sobre las ondas foliculares al inducir ovulación, luteinización o atresia de folículos (de acuerdo a su madurez), y la PGF2α controla la función lútea al inducir luteólisis. Sin embargo, el grado de sincronización es inadecuado para lograr una fertilidad óptima por inseminación artificial a tiempo fijo. Existe evidencia de que el uso de estrógenos al inicio del tratamiento con progestágenos (norgestomet) (Whittier et al., 1986) puede mejorar la sincronización del estro al sincronizar las ondas foliculares como resultado de la atresia folicular causada (Engelhardt et al., 1989). En vacas lecheras lactantes, la sincronización del estro se ha limitado principalmente al uso de PGF2α (Lauderdale of al., 1974; Dailey of al., 1986; Folman et al., 1990; Garcia-Winder y Gallegos-Sanchez, 1991; Kristula et al., 1992; Pankowski et al., 1995). La PGF2α generalmente causa la regresión del CL y la subsecuente expresión del estro seguido por ovulación dos a cinco días después de su administración (Folman et al., 1990; Ferguson y Galligan, 1993). Por lo tanto, el éxito de la inducción del estro con PGF2α depende de la presencia de un CL funcional, es decir, de la etapa del diestro del ciclo estral (Kristula et al., 1992). ' La progesterona, GnRH, estrógenos o una combinación de progesterona y estrógenos han sido usados para sincronizar la aparición de las oleadas foliculares en el bovino (Anderson y Day, 1994; Bo et al., 1994, 1995, 1995a; Twagiramungu et al., 1994; Day et al., 1997). Estudios previos indicaron que la administración de un GnRH-agonista alteró el desarrollo folicular (Macmillan et al.,1985a,b; Thatcher et al, 1989), resultando en sincronización y surgimiento de una nueva oleada folicular (Twagiramungu et al., 1994a). Además, la sincronía del estro también se mejora después del pretratamiento con GnRH seguido 6 a 7 días después por la luteólisis inducida por PGF2α, (Thatcher et al., 1989; Twagiramungu et al., 1992). la detección del estro puede eliminarse por la administración de una segunda inyección de GnRH junto con inseminación artificial a tiempo fijo en ganado productor de carne (Twagiramungu et al., 1992, 1992a) y lechero (Pursley ef al., 1995, 1997) sin alterar las tasas de gestación, comparadas con la inseminación artificial 12 h después del estro detectado. Varias combinaciones de GnRH + PGF2α, han sido usadas para sincronizar de manera efectiva el estro y/u ovulación en ganado productor de carne de razas Bos faurus con aceptables tasas de gestación (Twagiramungu et al., 1995; Geary et al., 1998; Thompson et al., 1999), sin embargo, no se sabe con certeza cuál es la respuesta que se obtendría en razas Bos indicus o Bos tawus / Bos indicus. Los avances obtenidos en el uso de hormonas para mejorar la reproducción se han enfocado en la sincronización del estro y de la ovulación. Los protocolos para sincronizar la ovulación eliminan la necesidad de detección de estros y permiten la inseminación a tiempo fijo de todas las vacas tratadas (Thatcher et al., 2001). Los programas más comunes de sincronización del estro usados actualmente incluyen GnRH y PGF2α, solos o en varias combinaciones. Recientes estudios (Pursley et al., 1995, 1997; Twagiramungu et al., 1995; Burke et al, 1996; Schmitt et al., 1996; Stevenson et al., 1996; Aréchiga et al., 1998; LeBlanc et al., 1998) han incorporado GnRH dentro de un protocolo de sincronización para inseminación artificial a tiempo fijo, que implica diferentes aplicaciones de GnRH combinadas con PGF2α (Jobst et al., 2000). En la actualidad se está buscando optimar tales programas para maximizar las tasas de gestación por hato (Thatcher et al., 2001).

34 29 La efectividad de cualquier sistema de sincronización del estro y/u ovulación está determinada por su habilidad para lograr un estro y/u ovulación altamente sincronizados, de forma que las hembras puedan ser inseminadas a tiempo fijo. Sin embargo, las máximas tasas de concepción con inseminación artificial a tiempo fijo se obtienen sólo si ésta y la ovulación están altamente sincronizadas (Lemaster et al., 2001). Los métodos para evaluar los sistemas de sincronización incluyen la respuesta a estro (porcentaje de hembras tratadas que muestran estro), tasa de concepción sincronizada (porcentaje de hembras inseminadas que conciben), tasa de gestación sincronizada (porcentaje de hembras que conciben del total de tratadas) y tasa de gestación en varias etapas del empadre (Odde, 1990) HORMONAS UTILIZADAS PARA INDUCIR Y SINCRONIZAR EL ESTRO Y LA OVULACIÓN Comúnmente, la sincronización del estro se logra mediante el uso de tratamientos que combinan la aplicación de PGF2α progestágenos y GnRH (Thatcher et al., 1996) Prostaglandinas Las prostaglandinas son ácidos grasos no saturados de 20 carbonos derivados de las reservas de ácido araquidónico contenido en los fosfolípidos de la, membranas celulares, originados en muchos tejidos y con gran variedad de funciones (Stabenfeldt et al., 1980; Edqvist ykindahl, 1981; Boothe, 1991; Filley et al., 1999). En la vaca, la PGF2α uterina es luteolítica (Edqvist y Kindahl, 1981), ejerciendo esta acción al acortar la vida media del CL por provocar su Iuteólisis, reduciendo así los niveles sanguíneos de progesterona y produciendo subsecuentemente un incremento en los niveles de estradiol y de LH, que son seguidos por la presentación del estro y la ovulación (Roche e Ireland,1984). Una vez que la PGF2α fue identificada como factor luteolítico uterino en el ciclo estral de la vaca, se desarrollaron análogos sintéticos que podían usarse para inducir luteólisis prematura durante el diestro (Knickerbocker et al., 1988), con el fin de utilizarlos de forma exógena para sincroniza la ovulación en el bovino (Seguin et al., 1983; Macmillan y Henderson, 1984; Roche e Ireland, 1984; Kiracofe et al., 1988; Elmore, 1989; Young, 1989; Wenzel, 1991; Stevenson y Pursley,.1994), siendo ésta una técnica ampliamente usada en particular en ganado productor de leche. Dichas substancias, por su acción luteolítica y por su efecto estimulador del miometrio, además de emplearse en programas de sincronización de estros y ovulación se utilizan también para la Inducción del aborto y del parto, y entre ellas se encuentran el dinoprost, cloprostenol, fenprostaleno y alfaprostol (Wright y Malmo, 1992). Dado que en un ciclo estral normal la regresión del CL depende de la secreción pulsátil de PGF2α, endógena alrededor del día 16 (Zarco et al., 1988; Thatcher et al., 1989), cuando se administra PGF2α, (natural o sintética) como agente luteolítico a un grupo de vacas entre los días 6 a 16 del ciclo estral, se produce la regresión del CL, observándose alto grado de sincronización de estros (Stevenson et al., 1984; Watts y Fuquay, 1985; Hernández et al., 1994) porque muchas vacas presentan celo simultáneamente (Hurnik et al., 1975). El celo se presenta a las 48 a 96 h (King et al., 1982; McCraken y Schramm, 1983; Zarco et al., 1985; Thatcher et al., 1989; Méndez, 1995), o dentro de las 144 h siguientes a la administración de PGF2α (Macmillan y Henderson, 1984; Armstrong et al., 1989; Folman et al., 1990; Rosenberg et al., 1990; Findlay et al, 1992; Hernández et al., 1994). Las hembras a las que se les sincroniza el estro con PGF2α por lo regular manifiestan celo los primeros cinco días siguientes a la aplicación de la hormona, con - porcentaje de respuesta en novillonas del 85 al 95% (Hernández et al., 1994) y en vacas del 40 al 60% (Plunkett et al, 1984; Ortiz y Zarco, 1986; Zarco, 1990; Siennig,1992; Méndez, 1995), o en más del 70% (Casagrande y Goes, 1977; López-Barbella et al., 1981; Oyedipe et al., 1986), pudiendo ser del

35 30 85 al 95% (Macmillan y Henderson, 1984; Armstrong et al., 1989; Folman et al., 1990; Rosenberg et al., 1990), aunque algunos autores (Hardin et al., 1980; Abeyratne et al., 1983; Landívar et al., 1985) mencionan que la tasa de detección de estros raramente excede el 40%. A este respecto, la aplicación de PGF2α no sincroniza de forma muy precisa el estro, ocasionando variación en el intervalo desde su administ ración hasta la presentación del celo, debido al grado de desarrollo folicular existente al momento de la regresión lútea, lo que depende de la etapa del diestro en la que se encuentra la hembra al momento del tratamiento (King et al., 1982; Stevenson et al., 1984; Watts y Fuquay, 1985; Zarco et al., 1985; Ferguson y Galligan, 1993), ya que en algunas vacas tarda más la maduración del folículo dominante que ovulará (Ferguson y Galligan, 1993). Si la aplicación de PGF 2α se hace durante el diestro, 90 a 95% de las vacas deberían presentar estro al día 7 después de la inyección, y 70 a 90% de los estos estros deberían ocurrir entre el día 3 y 5 después de la PGF2α (Ferguson y Galligan, 1993). Si la PGF2α se aplica en un grupo de vacas tornando en cuenta sólo la presencia del CL, es posible que las hembras tengan diferente población folicular en ese momento, lo que ocasiona la variación del intervalo entre la aplicación de la hormona y la presentación del estro (Macmillan y Henderson, 1984; Ortiz y Zarco, 1986). En varios estudios realizados en novillonas (King et al.,1982; Watts y Fuquay, 1985) en los que se evaluó el tiempo transcurrido entre la aplicación de PGF2α y la manifestación del estro cuando la hormona se administró en diferentes etapas del diestro, se observó que las novillonas inyectadas en la etapa temprana tuvieron un intervalo más corto (47.6 ± 1.4 h) que las inyectadas en la etapa tardía (59.7 ± 1.4 h) (King et al., 1982). En vacas, el estro se presenta más pronto cuando las hembras tienen folículos mayores de 15 mm de diámetro al momento del tratamiento, en comparación con aquéllas que tienen folículos medianos (10 mm) o pequeños (5 mm o menos) (Zarco et al., 1985). Cuando las vacas son tratadas los días 8 a 14 del ciclo el estro se presenta más tarde, entre los días 3 y 4 después del tratamiento (Jackson et al., 1979; Macmillan, 1983; Macmillan y Henderson, 1984; Kiracofe et al., 1985). Las variaciones entre el porcentaje de hembras que presentan celo y el intervalo entre la aplicación del tratamiento y el inicio del estro se deben tal-vez a factores tales como la precisión en la palpación rectal del CL (Plunkett et al., 1984; Ortiz y Zarco, 1986; Landsverk y Karlberg, 1988; Slennig, 1992), la sensibilidad del CL al efecto luteolítico de la PGF2«(Plunkett et al., 1984; Watts y Fuquay, 1985; Farías y Menéndez, 1986; Ortiz y Zarco, 1986; Stevenson et a.'., 1987), ya quealgunos CL's son refractarios a ésta (Mulheron el al., 1987; Schultze et al., 1989), la etapa del diestro y el estado de la población folicular al momento del tratamiento (Zarco et al., 1985), la baja eficiencia en la detección de estros (Belschner, 1986; Ortiz y Zarco, 1986; Zarco, 1990), y las condiciones de estrés en que viven las vacas en lactación, principalmente de razas lecheras (Moberg, 1985, 199 1; Wise et al., 1988). La fertilidad obtenida cuando se insemina después del estro sincronizado con PGF2α es similar a la lograda con estro natural (Findlay et al., 1992; Hernández et al., 1994), o puede aumentar hasta en un 10% (Macmillan y Day, 1982; Macmillan, 1983). Varios autores (Berardinelli y Adair, 1989; Garcia-Winder y Gallegos-Sanchez, 1991) han cuestionado la dosis necesaria de PGF2α para inducir luteólisis y sincronizar el estro adecuadamente, misma que se recomienda en 25 mg. Sin embargo, el reducir la dosis de PGF2α de 25 a 17.5 mg no afecta la respuesta a estro o la tasa de gestación en vacas lecheras (García-Winder y Gallegos-Sanchez, 1991). La eficacia de la dosis reducida de PGF2α para inducir luteólisis se ve afectada por la etapa del ciclo estral y tal vez por la etapa del CL funcional (Berardinelli y Adair, 1989). En México, 25 mg de PGF 2α son suficientes para producir luteólisis en ganado cebú (Moreno et al, 1986), y en Brasil Barnabe et al. (1976) indicaron que 5 mg depositados en el cérvix o dentro de la vulva dan resultados comparables.

36 Progesterona La progesterona es una horm ona esteroidal producida por el CL. Se presenta en la sangre en forma libre y ligada a proteínas, y tiene componentes de desaparición rápida (2 a 3 min), media (10 a 28 min) y lenta (54 min) (Imori, 1967; Watson, 1986). La progesterona prepara al cerebro para permitir que los estrógenos provoquen comportamiento estral, suprime la secreción de GnRH y es necesaria para mantener la gestación. Para obtener una función lútea normal subsecuente a la maduración folicular y a la ovulación en respuesta a la aplicación de gonadotropinas o GnRH, es necesario el pretratamiento con progesterona, pues éste se requiere para el adecuado desarrollo de los receptores de LH en los folículos preovulatorios (Hunter et al., 1986; Inskeep et al., 1988). Al ser usada para inducir ysincronizar el estro, las principales acciones de la progesterona son retardar cualquier maduración folicular que pudiera haber iniciado durante el período de tratamiento, y asegurar el comportamiento estral y la función lútea normal asociados con la maduración folicular y ovulación en los días siguientes al tratamiento (Odde, 1990). Las concentraciones sanguíneas de progesterona resultantes de diversos tratamientos se ven afectadas por la tasa de desaparición, dosis, método (le aplicación, madurez sexual y previa exposición de la hembra a estrógenos y progestágenos (Hunter et al., 1986; Inskeep et al., 1988). Cuando se utilizan dispositivos vaginales liberadores de progesterona, ésta se detecta en el plasma por 9 a >14 días, siendo estas concentraciones mayores durante un período más largo en novillonas prepúberes que en novillonas maduras ovariectomizadas, y aumentando los primeros 2 a 3 días después de la inserción del dispositivo cuando hay pretratamiento con estradiol y progesterona (Munro y Moore, 1986). Los dispositivos vaginales disponibles son el dispositivo interno de liberación de progesterona (PRID, Ceva, Australia) y el dispositivo de liberación interna controlada de droga (Eazibreed CIDR-B, CHI-1 Plastic Moulding Co., Hamilton, Nueva Zelanda), ambos desarrollados en Nueva Zelanda (Macmillan y Peterson, 1991), y que inducen patrones similares de progesterona plasmática, y mantienen durante 7 a 8 días concentraciones similares a las de la fase lútea (6 a 8 ng/ml), disminuyendo éstas a los 12 a 14 días a 2 a 4 ng/ml o menos (Roche e Ireland, 1981; Munro y Moore, 1986; Munro, 1987; Sirois y Fonune,1990; Macmillan y Peterson, 1991). McDougall et al. (1995a) señalan que algunas vacas anéstricas mostrarán estro y ovularán en los 4 días siguientes al tratamiento con progesterona vía vaginal por al menos 7 días, pudiendo mejorar las tasas de respuesta al inyectar gonadotropina coriónica equina (ecg) al final del tratamiento (Macmillan y Peterson, 1993). McDougall et al. (1992) demostraron que hubo mayor probabilidad de que las vacas anéstricas exhibieran comportamiento estral si recibían una dosis baja de benzoato de estradiol (0.6 mg) 24 a 48 h después de los 5 días de tratamiento con progesterona, obteniendo 85% de hembras ovulando. En consecuencia, se estableció un tratamiento rutinario para vacas anéstricas, con el cual cerca del 90% de las vacas tratadas con progesterona y después inyectadas con 1 mg de benzoato de estradiol pueden ser detectadas en estro e inseminadas en un período de 4 días (Macmillan et al., 1994). El tratamiento con progesterona por aproximadamente 7 días puede apresurar la aparición del estro post-parto (Drew, 1982; Beal et al., 1984; Odde, 1990). No está claro si el tratamiento con progesterona por sí mismo puede apresurar la aparición de la ciclicidad ovárica, pero sí puede hacerlo en vacas en anestro superficial. La separación del becerro al retirar el dispositivo puede mejorar la respuesta a estro (Odde, 1990) Progestágenos La sincronización con progestágenos se basa en el principio de que los progestágenos exógenos

37 32 pueden mantener una concentración sanguínea sublútea de progestágeno durante el período necesario para permitir la regresión del CL. En ausencia del CL, el retiro de la fuente del progestágeno resultará en un estro sincronizado (Macmillan y Peterson, 1993). Los progestágenos actúan simulando la presencia de un CL funcional, provocando una retroalimentación negativa sobre la secreción de gonadotropinas, llevando a presentación de estro 5 a 6 días después de suspender su administración, siendo el estro seguido por ciclos estrales normales (Porras y Galina, 1992). Los progestágenos sintéticos tienen una vida media mayor que la progesterona y pueden ser activos al administrarse por vía oral, como el acetato de melengestrol (MGA) (Wright y Malmo, 1992), subcutánea, como implantes, e intramuscular, como el norgestomet (Macmillan y Peterson, 1991). En el bovino, la respuesta a la inducción del estro con progestágenos puede modificarse por factores tales como duración de la administración del fármaco, etapa del ciclo estral en que se realiza el tratamiento, es tado fisiológico (ciclando y no ciclando), condición corporal, edad, raza y época del año (Porras y Galina, 1992). La aplicación de progestágenos (por 7 a 12 días) provoca buena sincronización del estro, facilitando el uso de la inseminación artificial, logrando en ganado lechero sincronización del 45 al 88% (Aragón, 1993). De acuerdo con Odde (1990), diversos estudios muestran que al utilizar norgestomet por 9 días, 77 a 100% de las vacas presenta celo 36 a 60 h después del retiro del implante, con tasa de concepción a primer servicio de 33 a 68%. Los factores asociados con estas reducidas tasas de concepción incluyen una baja proporción de vacas ciclando antes del tratamiento, disfunción lútea como reflejo de una inadecuada secreción de LH después del retiro del implante, pobre condición corporal y retardo en la ocurrencia del estro y ovulación (Mikeska y Williams, 1988). La administración de GnRH (250 µg) 30 h después del retiro del implante mejora la tasa de concepción si se insemina a las 48 h, pero la aplicación continua de dosis bajas suprime la presentación del estro (McVey y Williams, 1989). En su mayoría, los programas de sincronización de estros basados en progestágenos, aunque resultan en buena sincronización, se asocian con reducida tasa de concepción (Odde, 1990; Larson y Ball, 1992; Jochle,1993; Ryan et al., 1995a; Xu et al., 1996; Xu y Burton, 1999). Tal reducción ha sido atribuida al desarrollo de folículos dominantes persistentes que suprimen nuevas oleadas foliculares, y a pesar de que dichos folículos maduran al retiro del progestágeno y ovulan, los ovocitos ovulados son viejos, y si son fertilizados resultan en embriones de pobre calidad con poca capacidad de desarrollo (Wishart 1977b; Lucy et al., 1990; Sirois y Fortune, 1990; Savio et al., 1993; Stock y Fortune, 1993; Mihm et al., 1994; Ryan et al., 1995a;). Para evitar esto se recomienda mantener concentraciones plasmáticas aftas de progesterona (igual a la fase lútea) durante el tratamiento (Roche e Ireland, 1981, 1984). Esto sugiere que un programa de sincronización exitoso debe sincronizar tanto las oleadas foliculares como la presentación del estro y de la ovulación (Xu y Burton, 2000) Hormona Liberadora de Gonadotropinas (GnRH) La GnRH es un decapéptido sintetizado y almacenado en el hipotálamo, y transportado a la hipófisis mediante el sistema portal hipofisiario (Bosu, 1982). Aunque la GnRH desaparece rápidamente de la circulación (Redding et al., 1972), existen análogos más potentes (Deslorelin y Buserelin), con tasas de desaparición más lentas y mayor afinidad de unión a receptores hipofisiarios de GnRH (Swift y Crighton, 1979; Perrin el al., 1980; Loumaye et al., 1982). La GnR H provoca la liberación de una oleada de LH que induce la ovulación de folículos maduros (Wright y Malmo, 1992). Con la aplicación intravenosa de 2.5 µg de GnRH se obtienen pulsos plasmáticos de LH similares a los que ocurren de forma natural (Jagger et al., 1987). Dosis mayores (100 a 250 µg o hasta 0.5 a

38 mg) producen liberación de una oleada de LH que puede causar la ovulación de folículos maduros (Kesler y Garverick, 1982; Ijaz et al., 1987), que en vacas anéstricas miden 10 mm de diámetro (Garverick et al., 1980), y la luteinización o atresia de folículos inmaduros (Macmillan et al., 1989; Thatcher et al., 1989). Sin embargo, la formación de un CL normal después de la ovulación inducida de folículos maduros requiere pretratamiento con progesterona (Garverick y Smith, 1986; Smith et al., 1987). La aplicación de bolos de GnRH puede causar ovulación si está presente un folículo grande (>10 mm) (Leslie, 1983). Los tratamientos con GnRH a dosis bajas, tanto pulsátiles (Riley et al,1981; Walters et al., 1982; Edwards et al., 1983; Peters et al., 1985; Vorstemans y Walton, 1985; Jagger et al., 1987), como continuos (Jagger et al., 1987; Roberts et al., 1989), pueden causar desarrollo folicular provocando oleadas plasmáticas de LH, pero no es común que se presente función lútea normal. Varios estudios (Jagger et al., 1987; Lamming y McLeod, 1988) indicaron que la hipófisis se volvió refractaria a la GnRH administrada en dosis bajas y continuas después de 24 a 48 h. Se ha observado que el tratamiento continuo con GnRH durante 28 días indujo un CL a corto plazo, pero no un subsecuente CL normal como se esperaba, aunque las concentraciones plasmáticas de LH permanecieron más elevadas durante 20 días en vacas tratadas que en vacas control (Dieleman y Bevers, 1987a; D'Occhio et al., 1989). El tratamiento continuo con dosis bajas de GnRH después del pretratamiento con progesterona, resultó en el desarrollo de un CL normal en la mayoría de las hembras, aunque no se establecieron ni la ocurrencia del estro ni la fertilidad (D'Occhio et al.,1989). Estos resultados, así como los de otros estudios realizados en vacas (Troxel y Kesler, 1984; Rutter et al., 1985; Smith et al.,1987), muestran que el pretratamiento con progesterona es esencial para la formación de un CL normal. La GnRH ha sido usada como agente terapéutico en el manejo reproductivo, siendo efectiva para el tratamiento de quistes foliculares ováricos, para dis parar la oleada de LH para estimular la ovulación de folículos maduros, y, por su acción lúteoprotectora, para reducir las pérdidas embrionarias durante la gestación (Britt, 1985; Wright y Malmo, 1992; Stevens et al., 1993). En los últimos 20 años ha sido usada como una inyección de sostén" el día de la inseminación para mejorar la tasa de gestación, particularmente en vacas lecheras repetidoras (Stevenson et al., 1990; Peters, 1996), con la finalidad de asegurar que la ovulación y la subsecuente luteinización ocurran en el momento apropiado con relación a la inseminación (Peters et al., 2000). También se ha empleado en vacas en la primera inseminación artificial (Mee et al., 1990) con el fin de reducir las altas tasas de mortalidad embrionaria (Peters, 1996), y en años recientes se ha usado entre los días 11 y 14 después del primer servicio de inseminación artificial, con el fin de mejorar la tasa de supervivencia embrionaria al suprimir el mecanismo luteolítico que se presenta si no ocurre el reconocimiento materno de la gestación (Peters, 1996) Sin embargo, en estudios realizados a lo largo de la última década, la incorporación de lo usos ya conocidos de la GnRH ha llevado a incluirla dentro de un nuevo programa de sincronización del estro y ovulación (Twagiramungu et al., 1992; Wolfenson et al., 1994; Pursley et al., 1995; Stevenson et al., 1996; Pursley et al.,1997, 1997a), mediante el cual la administración de GnRH 6 a 7 días antes de aplicar PGF2α aumentó el porcentaje de vacas sincronizadas y redujo el tiempo y variabilidad del estro en vacas productoras de carne (Thatcher et al., 1993) y novillonas (Twagiramungu et al., 1992). El éxito del tratamiento con GnRH en el post-parto temprano puede verse limitado debido a la inadecuada retroalimentación positiva de estrógenos en respuesta a los estrógenos provenientes de los folículos inducidos a madurar (Wright y Malmo, 1992) Gonadotropinas Las gonadotropinas con actividad folículo-estimulante (gonadotropina del suero de yegua preñada [PMSG] y FSH) se usan para la inducción del estro y superovulación. La gonadotropina coriónica humana (hcg), con actividad similar a la LH, se usa para inducir la ovulación de folículos maduros. Dado que éstas son proteínas extrañas, siempre existe la posibilidad de que tratamientos repetidos

39 34 induzcan la producción de anticuerpos contra las gonadotropinas exógenas. La función lútea normal subsecuente a la maduración folicular y ovulación inducidas por gonadotropinas requiere del pretratamiento con progestágenos (Pratt et al., 1982; Sheffel et al., 1982). La PMSG se deriva de la sangre de yeguas preñadas. Es una glicoproteína con actividad tanto de FSH como de LH en la vaca (Allen y Stewart, 1978), con componentes de vida media relativamente corta (40 a 50 h) y larga (118 a 123 h) (Schams et al., 1978; Bevers y Dieleman, 1987). Esta lenta tasa de desaparición permite el empleo de tratamientos menos frecuentes, pero puede contribuir a una respuesta ovárica excesiva. La acción de la PMSG implica una reducción en la atresia folicular y la selección de un mayor número de folículos dominantes (Monniaux y Gibson, 1984). La hcg es una glicoproteína secretada por la placenta de mujeres embarazadas y excretada en la orina, que está involucrada con el reconocimiento materno de la gestación y con el mantenimiento del CL. Las preparaciones de LH tienen efectos sobre los folículos ováricos similares a los descritos para las oleadas de LH provocadas por dosis elevadas de GnRH (Wright y Malmo, 1992) Estrógenos Los principales estrógenos naturales en la vaca son el estradiol y la estrona. Los estrógenos son hormonas esteroidales que tienen como fuentes principales a las células de la granulosa de los folículos maduros y a la placenta en la gestación avanzada. En la sangre se presentan libres y ligados a proteínas y su vida media es corta (<5 minutos) (Dieleman y Bevers, 1987). Los estrógenos sintéticos tienen una acción de mayor duración a la del estradiol. Los estrógenos son luteolíticos (Wiltbank et al., 1961; Lemon, 1975; Munro y Moore, 1985) y se aplican al inicio del tratamiento con progestágenos para inducir o sincronizar celos, ocurriendo la luteólisis generalmente 5 a 7 días después de su administración. Si los estrógenos se aplican en el diestro tardío pueden inducir quistes foliculares asociados con una oleada prematura de LH (Refsal et al., 1987). Existe evidencia de que los estrógenos causan atresia folicular (Engelhardt et al., 1989), y pueden ser un método de control de las ondas foliculares para mejorar la sincronicidad estral después de la luteólisis (Wright y Malmo,1992) INDUCCIÓN Y SINCRONIZACIÓN DEL ESTRO Y DE LA OVULACIÓN USANDO GnRH + PGF2α En últimas décadas se han logrado avances significativos en el entendimiento y manipulación de los procesos reproductivos en la vaca lechera (Jordan et al., 2002). Como consecuencia, en años rec ientes se desarrollaron nuevos métodos para sincronizar el estro y la ovulación (Macmillan y Thatcher, 1991; Pursley et al., 1997, 1997a; Nebel y Jobst, 1998) en un intento por abatir los efectos negativos que tiene la pobre detección de estros sobre la eficiencia reproductiva (Jordan et al., 2002). Hace más de 25 años se dio el desarrollo de protocolos para el manejo reproductivo de la hembra bovina que sincronizaban el momento del estro usando PGF2α, (Lauderdale et al., 1974; Hafs y Manns, 1975). La sincronización con PGF2α resultó exitosa cuando las vacas eran servidas a celo detectado, porque con la misma sincronización, las tasas de detección de estros aumentaron y el manejo de la inseminación artificial como método de rutina resultó más eficiente que la diaria detección del estro (Stevenson y Pursley, 1994). Sin embargo, la PGF2α no resultó ser efectiva en vacas anéstricas, provocando variación entre hembras en lo que respecta al

40 35 momento de la presentación del estro durante el período sincronizado, lo que depende directamente de la etapa de desarrollo folicular presente al momento de la aplicación de la PGF2α (Macmillan y Henderson, 1984; Sirois y Fortune, 1988; Twagirarnungu et al., 1992, 1995; Pursley et al., 1995). A pesar de sus buenos resultados, la sincronización del estro con PGF2α no controló el momento de la inseminación artificial, y la detección de estros siguió siendo necesaria (Pursley et al., 1997). Cuando se examinaron las tasas de gestación por inseminación artificial a tiempo fijo después de la sincronización del estro con PGF2α, en vacas lecheras lactantes, éstas resultaron substancialmente menores a aquéllas para inseminación artificial después del estro detectado (Lucy et al., 1986; Stevenson et al., 1987; Archibald et al., 1992). Las bajas tasas de gestación por inseminación artificial a tiempo fijo usando PGF2α, pueden explicarse parcialmente, al igual que lo que sucede si se aplica a hembras anéstricas, por la variación en el momento de la ovulación con respecto al momento de la inseminación (Pursley et al., 1997), debida en gran parte a la variación en la etapa de crecimiento del folículo preovulatorio al momento de la inyección de PGF2α (Momont y Seguin,1983; Macmillan y Henderson, 1984; Sirois y Fortune, 1988). Si la PGF2α se aplica cuando un folículo dominante está totalmente desarrollado y funcional (días 7 u 8 del ciclo), la variación en la presentación del estro es significativamente menor que cuando algunos folículos dominantes se encuentran en etapas tempranas de desarrollo (alrededor del día 10 del ciclo) (Momont y Seguin, 1983; Stevenson et al., 1984). Se sabe que en la mayoría de las vacas, durante cada ciclo estral se presentan dos o tres oleadas de desarrollo folicular (Lucy et al., 1992; Kastelic, 1994), y que el porcentaje de folículos que ovulan está relacionado con la madurez del folículo dominante en las distintas oleadas (Lucy et al., 1992; Silcox et al., 1993; Vasconcelos et al., 1997). Dado que gran parte de la variación en el intervalo para la presentación del estro después de aplicar PGF2α depende del estatus folicular al momento de su administración (Twagiramungu et al., 1992, 1995; Pursle y et al, 1995), se buscó desarrollar un método que permitiera sincronizar las oleadas foliculares y el momento de la ovulación (Pursley et al.,1995). En últimos años, diversos estudios sugirieron que la administración de análogos de la GnRH en etapas al azar del ciclo estral, una semana antes de la PGF2α, mejoró la tasa y precisión de la sincronización del estro subsecuente (Thatcher et al,1989; Twagiramungu et al., 1992), aumentó la talla del folículo ovulatorio y elevó la concentración plasmática de estrógenos durante el estro (Wolfenson et al., 1994). A este respecto, la forma en que la GnRH actúa ha sido revisada (Twagiramungu et al., 1995), teniendo como efecto el causar liberación de LH (Chenault et al., 1990), llevando a ovulación sincronizada del folículo dominante en 66 a 85% de las vacas lecheras (Pursley et al., 1995, 1997; Vasconcelos et al., 1997), o a luteinización del folículo dominante (Schwarz et al., 1984; Thatcher et al., 1989), y en consecuencia, al reinicio de una nueva oleada folicular en todas las hembras con la selección de un folículo dominante 1 a 3 días después de su administración (Wolfenson et al.,1994; Twagirarnungu et al., 1995). El tejido luteal que se forma entonces es capaz de sufrir luteólisis inducida por PGF2α 6 o 7 días después (Twagiramungu et al.,1995). El efecto de la GnRH sobre el CL presente al momento del tratamiento es ambiguo (Macmillan y Thatcher, 1991; Wolfenson et al.,1994; Twagiramungu et al., 1995), y la variabilidad en la respuesta puede estar relacionada con el destino de los folículos grandes y la subsecuente formación de un CL accesorio después de la luteinización (Stevenson et al.,1993; Wolfenson et al., 1994), aunque aparentemente no hay efecto detrimental de la GnRH sobre la capacidad de respuesta a la PGF2α del CL inducido o espontáneo (Wolfenson et al.,1994; Pursley et al., 1995; Twagirarnungu et al.,1995).

41 17 (Wildman et al., 1982; Braun et al., 1986; Edmonson et al., 1989). Sin embargo, por cuestiones prácticas y en casos en los que no es posible palpar la piel y costillares del ganado, la evaluación se realiza de manera visual. A pesar de las diferencias existentes entre el ganado de las zonas templadas, para el cual fue ideada esta técnica, con el de las zonas tropicales, se utilizan las mismas escalas de clasificación en ambos con resultados comparables (Montiel, 2001). Diversos autores recomiendan la evaluación de la condición corporal por ser ésta el reflejo del estado nutricional del animal (Galina y Arthur, 1989a; Short et al., 1990; Arreguín et al., 1997), tanto en vacas de razas productoras de carne (Rae et al, 1996), como lecheras (Mulvany, 1981; Wildman et al,1982; Edmonson et al., 1989), en las cuales ha sido ampliamente recomendada como método de evaluación de su manejo nutricional (Gillund et al., 2001) Por un lado, cuando las vacas tienen bajas reservas corporales es mayor la probabilidad de que presenten enfermedades, desórdenes metabólicos, fallas reproductivas y reducción en la producción de leche; en el caso de las novillonas, éstas requieren una mayor edad al primer servicio (Edmonson et al., 1989). Por otro lado, las vacas con reservas excesivas de grasa al momento del parto están en mayor riesgo de tener menor producción de leche y aumento en problemas de salud y reproductivos, como distocias e hígado graso post-parto (síndrome de la vaca gorda); las novillonas con excesiva condición corporal presentan dificultad para quedar gestantes y desórdenes en el desarrollo de la glándula mamaria que resultan en una vida productiva pobre (Morrow,1975, Fronk et al., 1980; Boisclar et al, 1986; Gearhart et al., 1990). Sin embargo, el encontrar vacas con excesiva condición corporal es poco probable en vacas lecheras altas productoras (Domecq et al., 1997a), así como en vacas cebú y de doble propósito de las regiones tropicales, cuya alimentación se basa únicamente en pastoreo (Montiel, 2001). En los últimos años, diversos estudios han señalado los efectos de la condición corporal al parto y de los cambios en ésta a lo largo de la lactación sobre la salud y la fertilidad en vacas lecheras altas productoras (Gearhart et al., 1990; Ruegg et al., 1992; Waltner et al., 1993; Ruegg y Milton, 1995; Heuer et al., 1999). En estos y otros estudios (Ruegg y Milton, 1995; Markusfeld et al, 1997; Heuer et al., 1999) la proporción de vacas con condición corporal excesiva al parto fue menor al 10% Se ha reportado una relación inversa entre el balance de energía y el tiempo transcurrido hasta la reanudación de la actividad ovárica post-parto (Butler y Smith, 1989; Senatore et al., 1996; De Vries et al., 1999). A este respecto, la falta de ingestión de nutrientes resulta en pérdida de peso y condición corporal, disminución de la actividad lútea y cese de los ciclos estrales (Richards et al., 1989; Bishop y Wettemann, 1993). Dado que el estado nutricional durante el pre y post-parto influye en el subsecuente rendimiento reproductivo, si durante la gestación o la lactación: se presenta inadecuado consumo de nutrientes, especialmente proteína y energía, el resultado es baja condición corporal al parto y mayor duración del período interparto (Laflamme y Connor,1992), ya que el intervalo parto - primera ovulación es el que se ve más afectado (Roberts, 1986), disminuyendo así la posibilidad de tener un alto porcentaje de vacas ciclando durante el empadre (Whitman, 1975; Lawman, 1982; Dziuk y Bellows, 1983; Richards et al.,1986), pues se ha observado que la mala alimentación durante el post-parto aumenta la proporción de vacas que permanecen en anestro, lo que no sucede cuando las vacas paren en buena condición corporal (Robinson, 1990). Las vacas alimentadas solamente con pasto tienen mayor probabilidad de ser anéstricas (Roche et al.,1992; McDougall et al., 1995a), y la mala nutrición puede inducir tal condición, especialmente en razas Bos indicus (Jolly et al., 1995). En ganado productor de carne, durante el post -parto temprano existe supresión de la ciclicidad ovárica, que se agrava si la hembra tiene una pobre condición corporal (Williams, 1990). El déficit de energía durante el crecimiento y los períodos pre y post-parto inhibe la aparición del estro y reduce la fertilidad de las hembras que lo presentan (Williams, 1989), pues cuando existe balance energético negativo, el

42 18 crecimiento y la maduración folicular son inconsistentes, reflejándose en una pobre expresión del estro y en deficientes resultados en programas de sincronización (Stevenson et al., 1987). Después del parto, las vacas lecheras experimentan un lento aumento en el consumo de materia seca, un rápido incremento en la producción de leche y un aumento en la movilización de tejido adiposo (Garnsworthy, 1988; Buffer y Smith, 1989; Gearhart et al., 1990; Van Saun, 1991; Nebel y McGilliard, 1993). Así, durante la lactancia temprana, la mayoría de las vacas lecheras no son capaces de satisface sus requerimientos de energía para el crecimiento, mantenimiento y producción de leche, estando en un balance energético negativo previo al pico de producción (Waltner et al., 1993), y este balance energético negativo tiene un efecto negativo sobre la fertilidad (De Vries et al., 1999). Por lo tanto, en este período el nivel nutricional resulta de gran importancia, pues es entonces cuando la vaca pierde más peso dado que utiliza sus reservas corporales de grasa para la producción de leche, disminuyendo progresivamente su condición corporal y conduciendo a un retraso en el reinicio de la actividad ovárica post-parto (González-Stagnaro, 1991; Gallo et al., 1996), ya que la vaca da prioridad a la producción de leche y no al establecimiento y mantenimiento de los ciclos estrales (García-Winder,1990). Por tanto, las vacas con baja producción láctea pierden menos condición corporal que las altas productoras (Gallo et al., 1996). Se han encontrado relaciones positivas entre el intervalo del parto a la primera ovulación y la magnitud del balance energético negativo, y entre el intervalo del parto al balance de energía mínimo (nadir) (Butler et al., 1981; Butler y Smith,1989; Canfield y Butler,1990; Canfield et al., 1990; Zurek et al., 1995; Beam y Butter,1998). A este respecto, Senatore et al. (1996) en vacas lecheras al inicio de su primera lactancia encontraron un efecto negativo del déficit de energía sobre la ovulación. Con esto, es de esperarse un retraso en el intervalo parto - primera ovulación en vacas que experimentan déficit de energía total más prolongados al inicio de la lactancia o un balance energético negativo de mayor duración (De Vries et al.,1999). En diversos estudios realizados en vacas lecheras (Butler et al., 1981; Butler y Smith, 1989; Canfield y Butler, 1990; Senatore et al., 1996; Beam y Butler, 1998), un patrón general de balance energético durante la lactancia empezó con valores inferiores acero, disminuyó a un mínimo la primera a segunda semana de lactancia y a partir de entonces aumentó de forma fija hasta llegar a un máximo, después del cual empezó un ligero decremento. En promedio, el 80% de las vacas experimentan balance energético negativo al inicio de la lactancia, porque las demandas de energía para la producción de leche no son satisfechas por la dieta (Garnsworthy, 1988; Butler y Smith, 1989; Gearhart et al., 1990; Van Saun, 1991; Nebel y McGilliard, 1993). Cada vaca responde al balance energético negativo mediante diferentes combinaciones de consumo de alimento, movilización de tejido adiposo y disminución en la producción de leche (Garnsworthy, 1988; Butler y Smith, 1989; Nebel y McGilliard, 1993). Las vacas con condición corporal baja aumentan su consumo de materia seca más rápido y logran un balance energético positivo antes que las de condición alta (Garnsworthy y Topps, 1982). Garnsworthy (1988) sugiere que la relación entre la condición corporal al parto y la producción de leche varía, y que vacas con condición corporal alta al parto generalmente pierden más condición corporal durante la lactancia, lo que podría influir negativamente sobre la producción láctea. A este respecto, Frood y Croxton (1978) demostraron que vacas con condición corporal baja al parto (1.5 en escala de 1 a 5) no perdieron condición corporal durante el inicio de la lactancia, y que vacas con condición corporal moderada (3.0) perdieron condición hasta el segundo mes post-parto. Igualmente, diversos autores señalan que las vacas con condición corporal alta al parto pierden más condición que las de condición baja (Gamsworthy y Topps, 1982; Ducker et al., 1985; Garnsworthy,1988; Butler y Smith,1989; Ruegg et al., 1992). Así mismo, al inicio de la lactancia la evaluación de la condición corporal se emplea para

43 19 monitorear la cantidad y movilización de tejido adiposo, e indica si existe balance energético negativo (Garnsworthy,1988; Butler y Smith, 1989; Edmonson et al., 1989; Gearhart ef al., 1990; Nebel y McGilliard, 1993), pues se ha señalado que el desempeño reproductivo de las vacas, particularmente la probabilidad de concepción, puede estar asociado negativamente con la magnitud y severidad del balance energético negativo en este período (Butler y Smith, 1989; Nebel y McGilliard, 1993). Además, se ha sugerido que el prolongado balance energético negativo en vacas con condición corporal alta al parto contribuye a una reducción en la fertilidad (Villa- Godoy et al., 1990). Muchos investigadores han concluido que la nutrición pre-parto, reflejada en la condición corporal al parto, es un factor determinante de la duración del anestro post parto más importante que la nutrición en el post-parto en vacas productoras de carne (Dunn y Kaltenbach, 1980; Dziuk y Bellows, 1983; Richards et al., 1986; Selk et al., 1988), con correlaciones negativas entre la condición corporal al parto y la duración del anestro (Wright et al.,1987; Richards et al., 1991; Wright et al., 1992). Sin embargo, dado que el efecto de la condición corporal al parto puede estar modulado por cambios en el peso corporal antes del parto, vacas con similar condición corporal al parto pueden diferir en el subsecuente desempeño reproductivo debido a cambios en el peso corporal y/o en la condición corporal durante la gestación (Selk et al., 1988). También, se ha tratado de relacionar el intervalo entre el parto y la primera ovulación con el estatus metabólico (Zurek et al, 1995), para lo que algunos investigadores (Butler et al., 1981; Allrich et al., 1987) han observado una significativa relación positiva entre el balance energético promedio en las primeras semanas post -parto y el intervalo a la primera ovulación, mientras que, por el contrario, otros (Villa-Godoy et al., 1988; Spicer et al.,1990) no han encontrado relación entre el balance energético negativo promedio y la duración del anestro post-parto. En estudios realizados por Butler et al. (1981), Canfield et al. (1990) y Canfield y Butler (1991), la primera ovulación ocurrió a los 10, 14, y 14 días después del máximo balance energético negativo, respectivamente. A la ovulación, el balance energético era aún negativo, pero en todos los casos fue regresando hacia cero (Zurek et al., 1995). Con relación a esto, en un estudio realizado por Montgomery et al. (1985) en vacas Angus que recibieron un plano nutricional alto y medio 55 días antes y 40 días después del parto, las primeras pesaron en promedio 35 kg más al parto y a los 40 días, y tuvieron un intervalo parto - primer estro menor que vacas con plano nutricional medio, así como también, independientemente del plano nutricional, después del parto las vacas que parieron de julio a septiembre pesaron 11 kg más que las que parieron de septiembre a octubre, indicando que, aunque la época del parto influye sobre el reinicio de los ciclos ováricos aún en un alto plano nutricional, ésta interactúa con la nutrición y es más probable que sus efectos se expresen bajo condiciones de mala nutrición. En contraste, los efectos de la nutrición después del parto sobre la duración del anestro post parto son aparentemente inconsistentes, obteniendo ningún efecto (Wettemann et al., 1986; Wright et al., 1992) o efectos significativos (Rutter y Randel, 1984; Wright et al., 1987; Richards et al., 1991). Esta inconsistencia puede reflejar interacciones entre la nutrición pre y post-parto, el balance energético negativo, la condición corporal, la producción de leche y el amamantamiento, así como factores ambientales que influyen en su duración. Así como se desconoce la verdadera importancia de la nutrición post-parto y del amamantamiento como determinantes de la duración del anestro post-parto, tampoco está claro si un bajo plano nutricional en el post-parto acabaría con los efectos benéficos del amamantamiento restringido, con respecto a la reducción del anestro post-parto (Stagg et al.,1998). En comparación con hembras que paren con pobre condición corporal, las que llegan al parto con buena condición y la mantienen después del mismo tienen mejores índices reproductivos (Galina y Arthur,1989a), debido a que presentan mayor función hipofisiaria y por tanto mejor potencial

44 20 reproductivo, traducido en rápido retorno al estro post-parto (Rutter y Randel, 1984). Se ha señalado que una condición corporal al parto excesiva 4.0 puntos) o insuficiente (< 2.0 puntos) reduce los subsecuentes índices de fertilidad, al igual que tanto la pérdida como la ganancia de un punto en condición corporal después del parto reducen significativamente la fertilidad en vacas que tenían buena condición antes del parto (Gaines, 1989), afectando así el estado general de salud del animal (Ferguson,1991). De acuerdo con Wright et al. (1987), el anestro post-parto se prolongó 43 días por cada punto de condición corporal (equivalente a 53 kg de lípidos corporales) perdido al momento del parto. En ganado lechero, Otto et al. (1991) indican que 1 punto de cambio en la condición corporal equivale a una diferencia de 25 a 60 kg de peso vivo. Aunque la condición corporal de la vaca al momento del parto es particularmente importante para el pronto restablecimiento de la actividad ovárica (Haresign, 1984; Halness, 1984), desafortunadamente no todo el año hay disponibilidad de forraje de buena calidad, existiendo fluctuaciones en el consumo de nutrientes que dan como resultado prolongados períodos de nutrición de submantenimiento (Mclvor, 1981). Esto es particularmente crítico durante el período peri-parto, ya que en éste se requiere de forraje de buena calidad por al menos el último trimestre de gestación y por 8 a 12 semanas postparto. Este período mínimo de seis meses significa que en áreas donde el consumo de alimento depende de la disponibilidad de forraje, regulada ésta por la época de lluvias (como en la mayoría de las regiones tropicales), resulta difícil proveer al ganado con la energía y proteína necesarias para esta etapa crítica en su vida reproductiva (Galina y Arthur, 1989b). El estrés nutricional es particularmente severo en el último tercio de la gestación y en la lactancia durante la época de secas, resultando en rápida pérdida de peso y condición corporal (Jolly et al., 1996). Bajo estas condiciones, son comunes los prolongados períodos de anestro post-parto, y son uno de los principales factores limitantes en las tasas reproductivas en hatos de ganado cebú (Entwistle, 1983). Sin embargo, se ha encontrado que el destete temprano en vacas cebú reduce la pérdida de peso en el post-parto (Moore y Campos da Rocha, 1983). La complejidad de la relación entre el estado nutricional y la función reproductora ha sido señalada y revisada (Short y Adams, 1988; Randel, 1990). Se ha sugerido que la concentración de glucosa sanguínea es el factor que vincula el estado nutricional con la función reproductora a nivel del hipotálamo (Short y Adams, 1988). Cuando las vacas se encuentran en balance energético negativo (niveles sanguíneos de glucosa <30 mg/dl) la fertilidad se reduce (McClure, 1970), posiblemente debido a un ambiente hormonal anormal, en especial con respecto al nivel de progesterona, ya que vacas en estas condiciones tienden a presentar menores niveles sanguíneos de esta hormona (Villa-Godoy et al., 1988). Dado que las reservas corporales de grasa regulan la secreción de las hormonas hipotalámicas e hipofisiarias que controlan la función del ovario, y por tanto modulan el nivel sanguíneo de LH y la sensibilidad de la hipófisis a la GnRH (Roberson et al., 1992), un mecanismo importante por el cual el déficit de energía perjudica la actividad reproductiva es mediante la supresión de la liberación de GnRH y por tanto de la frecuencia pulsátil de LH necesaria para lograr el crecimiento folicular hasta la etapa preovulatoria (Schillo, 1992). Por otro lado, después del máximo balance energético negativo, las concentraciones plasmáticas promedio de LH y el número de picos episódicos de LH aumentan, ocurriendo la primera ovulación poco después (Canfield et al.,1990; Canfield y Butler, 1991). Un pobre estado nutricional está asociado con bajas concentraciones plasmáticas de LH y estradiol, retardo en el desarrollo folicular y retardo en la ocurrencia o decremento en la magnitud de la oleada plasmática de LH inducida por el estradiol. Las bajas concentraciones plasmáticas de LH reflejan un aumento en la sensibilidad del eje hipotálamo-hipófisis a los efectos inhibitorios del estradiol (retroalimentación negativa de estrógenos) (Wright et al., 1988) y una reducción ovárica esteroideindependiente en la secreción de LH por el eje hipotálamo-hipófisis (Imakawa et al., 1987). De acuerdo con Richards et al. (1989), en bovinos el anestro inducido mediante un bajo plano nutricional se caracteriza por decremento en la frecuencia pulsátil de LH. Por tanto, si las vacas

45 21 paren con pobre condición corporal, no se liberan las señales hormonales para estimular al ovario y reiniciar el ciclo estral, ampliándose el intervalo a la primera ovulación post-parto (Anta et al., 1989b; Moro et al.,1994). La deficiente nutrición de la vaca post-parto modifica los cambios neuroendocrinos normales, particularmente la frecuencia de la liberación episódica de, LH (Robinson, 1990), lo que ocasiona disminución de la actividad ovárica por supresión de la liberación pulsátil de LH de la hipófisis, que está controlada por la GnRH del hipotálamo. También se ha observado que ciertos compuestos metabólicos actúan sobre el eje hipotálamo-hipófisis-ovario cuando la condición corporal de la hembra disminuye (Randel, 1990; Short et al., 1990). Richards et al. (1991) reportaron que las concentraciones circulantes de LH e IGF-I disminuyeron durante la restricción de alimento en vacas vacías no lactantes, y sugirieron que estas respuestas podrían estar ligadas fisiológicamente, pues existe evidencia de que el IGF-l está involucrado en la modulación de las funciones cerebrales e hipofisiarias (Tannenbaum, 1983). En la mayoría de las vacas lactantes con buena condición corporal, el desarrollo del primer folículo dominante ocurre a las 2 ó 3 semanas post-parto (Savio et al., 1990a), lo que puede no suceder en condiciones de mala nutrición. Wiltbank et al. (1964) encontraron gran número de folículos pequeños palpables antes de la primera ovulación post-parto en vacas con mala nutrición. McDougall et al. (1995) demostraron que niveles moderados de mala nutrición pueden retrasar el reinicio de la ciclicidad post-parto, debido tal vez a que afectan los mecanismos responsables de la maduración final del folículo o de la ovulación, aunque no afectan el crecimiento de folículos hasta el tamaño preovulatorio. Sin embargo, en comparación con vacas bien alimentadas, en la mayoría de las vacas mal alimentadas el primer folículo dominante no ovula, y el intervalo parto - primera ovulación se prolonga (43 ± 5 días). Los patrones de desarrollo folicular post-parto en vacas mal alimentadas fueron similares al descrito para vacas alimentadas adecuadamente y que amamantan (Jolly et al.,1996),lo que ya había sido caracterizado anteriormente por el sucesivo crecimiento y regresión de 1 a 9 folículos dominantes en hembras con condiciones similares (Savio et al., 1990a; Roche et al., 1992). Además de influir sobre la longitud del anestro post-parto, la condición corporal influye también sobre la tasa de gestación. En un estudio realizado por Martínez y Castillo (1995) con vacas Bos indicus y Bos taurus / Bos indicus mantenidas en pastoreo, evaluando la condición corporal en escala de 1 a 9 (Wagner et al.,1988), se obtuvo tasa de gestación del 0, 3 y 11% para vacas con condición corporal de 1, 2 y 3, respectivamente, y del 85% para vacas con condición de 7, 8 y 9. Weaver (1992) indica que la condición corporal ideal al momento del parto es de 3 (escala de 1 a 5), variando de 2.5 a 3.5, mientras que Richards et al. (1986) indican que, en vacas productoras de carne multíparas, una condición corporal de 5 al parto parece ser el nivel crítico que afecta el subsecuente desempeño reproductivo, y que parece ser consistente entre varias razas productoras de carne y sus cruzas (Tinker et al., 1989). Basurto et al. (1998) obtuvieron una tasa de concepción a primer servicio significativamente mayor en vacas con condición corporal >2.5 que en aquéllas con condición corporal <2.5. En vacas Gyr, Moore y Campos da Rocha (1983) reportaron que el intervalo del parto a la concepción se redujo de 116 a 160 días en vacas con una dieta alta en energía. Por otro lado, diversos estudios indican que vacas con condición corporal alta al parto pueden requerir mayor número de servicios para quedar gestantes (Ducker et al., 1985; Villa-Godoy et al., 1990; Ruegg et al.,1992), mientras que, por el contrario, otros autores señalan que la condición corporal al parto parece no afectar el desempeño reproductivo, no teniendo relación con las tasas de concepción o con el número de servicios de inseminación por concepción (Bourchier, 1987; Jones y Garnsworthy, 1988; Butler y Smith, 1989; Ruegg et al., 1992; Nebel y McGilliard, 1993; Pedron et al., 1993; Ruegg y Milton, 1995). A este respecto, Garnsworthy (1988) concluyó que la condición

46 22 corporal al parto o al momento de la inseminación no estuvo relacionada con la tasa de concepción. Sin embargo, Domecq et al. (1997b) indican que la pérdida de condición corporal entre el parto y la inseminación puede influir negativamente sobre la tasa de concepción, como lo demuestran estudios realizados por Butler y Smith (1989), Ferguson y Otto (1989) y Ferguson (1992), en los cuales vacas que perdieron 0.5 a 1.0 punto de condición tuvieron una tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial del 53%, mientras que en vacas que perdieron más de 1.0 punto de condición entre el parto y el momento de la inseminación la tasa fue del 17%. Aunque Ruegg y Milton (1995) señalan que la ambigua relación existente entre el balance de energía, la condición corporal y el desempeño reproductivo necesita ser aclarada, Domecq et al. (1997b) indican que a medida que la vaca pasa por la lactancia, la magnitud y duración del balance energético negativo disminuye, y que si éste, monitoreado por cambios en la condición corporal, está asociado con la tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial, la asociación probablemente se daría al inicio de la lactancia, cuando el balance energético es más negativo, por lo que el uso de la condición corporal para monitorear cambios en el balance energético negativo durante el período seco y los primeros 30 días de lactancia puede ser importante para la tasa de concepción a primer servicio de inseminación. El reducir el intervalo entre el parto y la siguiente concepción es importante si se busca mejorar el desempeño reproductivo y productivo del bovino. La nutrición es esencial en lo que respecta al reinicio de la actividad ovárica post-parto (Robinson, 1990), por lo que es necesario estimar el estado nutricional de las vacas durante el pre y post-parto mediante la evaluación de la condición corporal, para establecer con mayor precisión las relaciones entre nutrición y eficiencia reproductiva (Butler y Elrod, 1995). Cuando se mejora la nutrición, especialmente en el pre-parto, los intervalos entre partos se reducen, disminuyendo el anestro post-parto. Cuando la condición corporal al parto es pobre, su efecto sobre el intervalo entre partos es mayor, menor cuando la condición corporal mejora marginal cuando la condición corporal es excelente (Selk et al., 1988). En el trópico, el intervalo parto - concepción es crítico, influyendo en éste principalmente la nutrición y el amamantamiento (González-Stagnaro e t al., 1988; González-Stagnaro, 1991) AMAMANTAMIENTO El prolongado anestro post-parto e s la mayor limitante para lograr una alta eficiencia reproductiva en vacas, teniendo al amamantamiento y a la nutrición como los factores principales que influyen en su duración (Stagg et al., 1998). Si el amamantamiento se practica continuamente durante la lactancia, bloquea la ovulación con el consecuente largo período de anestro post-parto, contribuyendo a una baja eficiencia reproductiva (Wettemann, 1994). El prolongado anestro post -parto es uno de los principales factores que afectan la reproducción en la ganadería tropical, y el disminuirlo es crucial para obtener la meta ideal de un parto cada 12 meses (Ramírez-Iglesia et al.,1992). El amamantamiento y la producción de leche durante el post-parto pueden afectar la actividad del hipotálamo, hipófisis y ovarios, inhibiendo el desarrollo folicular y aumentando el período de anestro. La cantidad de leche producida en el post-parto puede afectar el intervalo entre el parto y la ovulación. El amamantamiento interfiere con la liberación hipotalámica de GnRH,cuya cantidad resulta insuficiente para estimular a la hipófisis, provocando marcada supresión en la liberación pulsátil de LH, condición asociada con el anestro post-parto (Williams, 1990). Tal inhibición de la liberación episódica de LH se da probablemente mediante la secreción de un opioide péptido hipotalámico β-endorfina, en respuesta al estímulo del amamantamiento (Malven et al., 1986; Gordon et al., 1987; Boland et al., 1990), a pesar de haber desarrollo folicular temprano, ocasionando que los folículos no lleguen a ovular (Boland

47 23 et al., 1990). Dado que el amamantamiento retarda la liberación de hormonas necesarias para reiniciar los ciclos estrales después del parto, las vacas que pierden su cría al nacimiento por lo general entran en celo más pronto que las que amamantan de forma normal (Wettemann,1994). Cuando el amamantamiento se realiza dos a tres veces al día aumenta la duración de la aciclicidad ovárica, disminuye las concentraciones plasmáticas de LH, aumenta la sensibilidad del eje hipotálamo-hipófisis a los efectos inhibitorios del estradiol sobre la secreción de LH. (Macmillan y Watson, 1971; Walters et al., 1982a; Acosta et al.,1983; Shively y Williams, 1989; Short et al., 1990; Williams, 1990) y se inhibe la secreción de GnRH en ausencia de estradiol (Zalesky et al., 1990). El destete total, parcial (menos episodios de amamantamiento) o temporal (por 48 a 72 h), asociado con tratamientos para sincronizar el estro, puede provocar un incremento de las concentraciones plasmáticas de LH y un apresurarrriento en la presentación de la ovulación y ciclicidad ovárica (Wright y Malmo, 1992). El reinicio de la conducta estral postparto parece estar determinado, al menos en parte, por la capacidad de la hipófisis para secretar cantidades adecuadas de LH (Jaeger et al.,1995). En ganado productor de carne (Bos taurus), el amamantamiento prolonga el anestro post parto por más de 90 días, siendo la principal causa de la baja eficiencia reproductiva (Wright et al., 1987). Esto mismo sucede en ganado de doble propósito (Bos taurus / Bos indicus) (Acosta et al., 1983). Sin embargo, en el primero se ha visto que el destete temporal por 48 h aumenta la tasa de concepción por inseminación artificial a tiempo fijo con distintos protocolos de sincronización del estro (Smith et al., 1979; Kiser et al., 1980; Yelich et al., 1995). Así mismo, el destete temprano o el amamantamiento una vez al día acortan el intervalo parto - primer estro en vacas primíparas con <85 días post-parto que paren con buena condición corporal, lo que no sucede en vacas con 85 días post-parto, en las cuales es similar (Bell et al., 1998). Durante el post-parto temprano, dos a seis días después de eliminar el estímulo del amamantamiento se observa un incremento en la frecuencia pulsátil de LH inhibida durante el estado anovulatorio post-parto (Walters et al., 1982a; Smith et al., 1983). En vacas de doble propósito, la restricción del amamantamiento a uno (Shively y Williams, 1989; Williams, 1990) o dos veces al día (Tegegne et al., 1992) reduce la duración del anestro comparado con el libre amamantamiento, como también lo señalan Del Vecchio et al. (1988) y Ruas et al. (1991). Sin embargo, se desconoce el efecto de la frecuencia del amamantamiento sobre la duración del anestro en vacas que en el post -parto mantienen la misma condición corporal con la que llegan al parto (Montiel, 2001). En vacas cebú, el amamantamiento restringido aumenta la tasa de gestación (Bastidas et al., 1984), y el destete tiene mayor efecto que la complementación alimenticia post-parto sobre el reinicio de la actividad ovárica (McSweeney et al., 1993b). En regiones tropicales con predominancia de ganado Bos indicus, usualmente se comparte la leche de la vaca con el becerro, y en estas hembras la bajada de la leche ocurre sólo en presencia de sus crías. Consecuentemente, los becerros a menudo se amamantan por ocho a nueve meses antes de ser destetados (Mukasa-Mugerwa et al., 1991). En vacas cebú mantenidas todo el día con sus crías, la aparición del primer celo post-parto fue a los 169 días, mientras que en vacas que amamantaron 2 h por la mañana y 2 h por la tarde fue a los 140 días, reduciéndose a 110 días cuando el amamantamiento fue de sólo 2 h por la mañana (Brito, 1974). Asimismo, Randel y Welker (1976) obtuvieron el primer celo postparto a los 69 días cuando separaron a la cría de la madre todo el día, permitiéndole amamantarse sólo durante media hora, en comparación con 116 días cuando la cría permaneció con la madre todo el tiempo. En vacas Gyr que amamantaron sólo un mes, el retorno al estro fue en promedio a los 40 días post-parto, 23 días antes que en vacas que amamantaron por períodos más largos (Moore y Campos da Rocha, 1983). Bluntzer et al. (1989) en vacas primíparas cruzadas de Bos indicus compararon el amamantamiento una vez al día con el amamantamiento libre, obteniendo en el primero menor período de anestro post-parto y mejor tasa de concepción y gestación a los 90 días. Según Bastidas et al. (1981), el amamantamiento dos veces al día aumenta la tasa de gestación en

48 24 33%, comparado con amamantamiento continuo. En ganado Bos indicus, el amamantamiento retarda la actividad ovárica post-parto (Moore,1984), por lo que el destete temprano reduce significativamente el intervalo entre partos (Azevedo et al., 1981). El destetar a los becerros durante la primera semana de nacidos reduce dramáticamente el período de anestro, comparado con vacas que amamantan de forma natural (Arora et al., 1971; Moore y Campos da Rocha, 1983; Wells et al., 1985). Sin embargo, hay resultados contradictorios concernientes al efecto que el amamantamiento tiene sobre la vaca post-parto después de la primera semana (Galina y Arthur, 1989b), pues mientras ciertos autores reportan que el destete temprano puede aumentar la tasa de concepción hasta en 50% (Salcedo et al., 1977; Pimentel et al., 1979), otros indican que no tiene efecto sobre la duración del anestro post-parto ni sobre la tasa de concepción (Maree et al., 1974; Alberio et al., 1984; Lishman y Harwin, 1985). También se ha reportado que en vacas Bos indicus y Bos taurus I Bos indicus el amamantamiento restringido es más benéfico en hembras primíparas que en multíparas (Arora et al., 1971; Montoni y Riggs,1978; Randel, 1981). Diversos estudios sobre amamantamiento controlado (una o dos veces al día) (Montoni y Riggs, 1978; Escobar et al., 1982; Moore y Campos da Rocha, 1983; Bastidas et al., 1984) han mostrado que en la vaca el efecto del amamantamiento esta más bien relacionado con su frecuencia que con los nutrientes drenados de la hembra, y que al controlar el estímulo del amamantamiento se espera un mejor desempeño reproductivo de la hembra sin afectar el crecimiento del becerro. También, en vacas cebú la época del año influyó sobre el efecto del amamantamiento restringido, aumentando 50 y 30% la tasa de concepción cuando se realizó en época de secas y lluvias, respectivamente (Fonseca et al., 1981). Otros autores mencionan que simplemente el reducir la edad tradicional de destete de los siete a los cuatro meses puede adelantar la fecha del siguiente parto en 39 días (Schottler y Williams, 1975). En razas Bos indicus, el destete tiene mayor efecto sobre la duración del anestro postparto que la suplementación alimenticia en vacas que amamantan (McSweeney et al., 1993a,b). El destete temprano (dos a tres meses de edad) reduce la pérdida de peso y condición corporal en la época de secas y aumenta las tasas de gestación en algunos hatos, aunque las respuestas varían marcadamente (Schlink et al., 1988, 1994; Sullivan et al., 1992). La respuesta tardía al destete se ha relacionado con el bajo peso o condición corporal de la vaca (Baker, 1968; Bishop et al., 1990; Mukasa-Mugerwa et al., 1991a). También se ha propuesto que los efectos inhibitorios del amamantamiento y de la mala nutrición interactúan, pues el aumento en la intensidad del amamantamiento se ha asociado con menores niveles de producción de leche en vacas subalimentadas (Loudon, 1987). La naturaleza de esta interacción puede depender de la relativa repartición de nutrientes entre la síntesis de leche y el crecimiento materno y almacenamiento, un proceso que también varía con el genotipo, y que puede afectar la duración del anestro post parto en vacas Bos indicus (Hunter y Magner, 1988). La repartición de nutrientes durante la lactancia está en parte regulada por las hormonas insulina, hormona del crecimiento (GH) y el factor-1 de crecimiento similar a la insulina (IGF-1), todos ellos sensibles a cambios en el estatus nutricional (Brockman y Laarveld, 1986; Gluckman et al., 1987; Bass et al., 1992). Se sabe que la influencia supresiva del amamantamiento es independiente de las vías neurosensitivas del pezón o de la ubre (Williams et al., 1984; Forrest, 1991; McVey y Williams, 1991; Cutshaw et al., 1992; Viker et al., 1993; Williams et al., 1993), y que el vínculo de la madre con la cría es el componente esencial del prolongado anestro post-parto inducido por el amamantamiento en vacas productoras de carne (Silveira et al., 1993; Lamb et al., 1997). Se ha demostrado que la olfación y la visión son igualmente efectivos para permitir la identificación del becerro por su madre (Griffith y Williams, 1996), y que el eliminar ambos sentidos atenúa los efectos negativos del amamantamiento sobre la secreción de LH (Stagg et al., 1998). Aunque el destete temporal

49 25 provoca un aumento en la frecuencia pulsátil de LH (Shively y Williams, 1987), diversos autores cuestionan su utilidad para inducir la ciclicidad ovárica en vacas post-parto a menos que se aplique al mismo tiempo un tratamiento a base de progestágenos (Troxel et al., 1980; Walters et al., 1982; Smith et al., 1983; Williams et al., 1987) INDUCCIÓN Y SINCRONIZACIÓN DEL ESTRO Y DE LA OVULACIÓN El objetivo económico común en los sistemas de producción bovina es que las vacas paran un becerro cada 365 días. Para que en un hato con alimentación basada en pastoreo se logre y se mantenga el intervalo entre partos de 12 meses, en el cual estén relativamente sincronizados el parto, la lactancia y el período seco, de forma que los dos primeros, con el consecuente pico de producción de leche al inicio de la lactancia, coincidan con el máximo crecimiento del pasto para la mayoría de las vacas, se requiere del pronto reinicio de la actividad ovárica, de una excelente detección de estros y de una alta tasa de concepción a primer servicio, teniendo las vacas que reanudar la ciclicidad y quedar gestantes dentro de 85 a 90 días post -parto (Wright y Malmo, 1992; Opsomer et al., 1996; McDougall et al., 1998), siendo deseable que los ciclos ováricos reinicien antes de este lapso (Wright y Malmo, 1992), porque si se utiliza inseminación artificial pueden requerirse varios celos para preñar a una vaca, además de que la fertilidad es mayor en vacas que han ciclado antes del estro en el que se les insemina, que en vacas que no lo han hecho (Macmillan y Clayton, 1980; King y Saballo, 1991). Por esto, para mantener los sistemas de producción basados en pastoreo es crítico desarrollar estrategias de manejo que permitan concentrar los períodos de concepción y de partos (Cordoba y Fricke, 2002). En los sistemas de producción lechera que manejan época de empadre, al inicio de ésta todas las hembras detectadas en estro son servidas, independientemente del número de días post parto que tengan, con el fin de tener el mayor número posible de vacas gestantes después del inicio del empadre. Sin embargo, la presencia de vacas acíclicas al inicio del empadre puede impactar negativamente en el desempeño reproductivo del hato, reduciendo la rentabilidad de la explotación (Xu et al., 2000). La prevalencia del anestro en vacas post-parto se ve afectada por el intervalo desde el parto hasta el inicio del empadre, edad, raza y nutrición (McDougall et al., 1995b; Rhodes et al., 1998). En hatos lecheros, dependiendo de la época, 15 a 27% de las vacas son anéstricas al inicio del empadre (McDougall et al., 1993; Xu y Burton, 1997). Por tanto, el desarrollo de tratamientos que logren inducir el estro y la ovulación de forma efectiva en vacas anéstricas puede tener un efecto importante en el desempeño reproductivo del hato (Xu et al., 2000). Cuando se emplea sincronización del estro al inicio del empadre, las vacas tienen tres oportunidades de ser servidas en un empadre de. 45 días, mientras que se requeriría un empadre de 63 días para tener tres oportunidades de ser servidas si no se emplea la sincronización (Odde,1990). La sincronización del ciclo estral en el bovino es una importante herramienta para el manejo reproductivo, que es ampliamente utilizada para llevar a cabo inseminación artificial, inseminación a tiempo fijo y transferencia de embriones (Thatcher et al.,1996). La sincronización del estro implica la manipulación del ciclo estral o la inducción del estro para lograr que un alto porcentaje de un grupo de hembras presente estro en un momento determinado, para inseminarlas después del estro detectado o a tiempo fijo (Odde, 1990). Los principales objetivos de la inducción y sincronización del estro y la ovulación incluyen: facilitar la inseminación artificial al reducirla a un período determinado, mejorando la eficiencia reproductiva (Nancarrow y Cox, 1976; Ryan et al.,1995), tanto en lo que respecta al control de enfermedades, como al mejoramiento genético (Macmillan et al., 1993; Cliff et al., 1995); maximizar el número de hembras inseminadas al inicio del empadre; reducir los períodos de detección de celos (Lehrer et al., 1992), aumentando la proporción de vacas en estro en un período determinado y permitiendo una detección de celos más precisa (Tjondronegoro et al., 1987), especialmente si hay becerros amamantándose y si

50 26 hay vacas en anestro (Odde, 1990), ya que en vacas lecheras altas productoras la detección del estro se dificulta porque sus interacciones conductuales involucran conductas de monta menos perceptibles e intermitentes (Lehrer et al., 1992) que en otro tipo de ganado; reducir el intervalo del parto a la concepción (Mauleon, 1974) y facilitar los programas de transferencia de embriones (Wright y Malmo, 1992). Además, en explotaciones basadas en la producción estacional de forraje, debe procurarse que el momento del parto permita coincidir a la lactancia con el período de óptimo crecimiento del pasto, lo que puede lograrse mediante la inducción y sincronización del celo. Lucy et al. (1986) sugieren que los métodos de sincronización del estro que optimicen la concepción a primer servicio y acorten el periodo de días abiertos, pueden ser útiles para reducir la duración de pos intervalos entre partos en un hato. En el ganado tropical, con respecto a la eficiencia de diferentes fármacos usados para controlar el ciclo estral, se han evidenciado dos factores principales que limitan la ampliación del uso de la sincronización del estro. El primero se refiere a la pobre expresión del estro después de la aplicación de fármacos específicos, en particular prostaglandinas (Galina et al.,1987), y el segundo está relacionado con las bajas tasas de fertilidad después de la inseminación artificial independientemente del tratamiento usado (Hardin et al., 1980). En la gran mayoría de las explotaciones de bovinos productores de carne, las' vacas no reciben inseminación artificial debido a que el manejo es extensivo, y los programas de inseminación artificial requieren un manejo más intensivo (Odde, 1990). Aunque los métodos para el control del ciclo estral varían según el manejo reproductivo del hato, deben considerarse los tratamientos que se han desarrollado en los últimos años con el fin de reducir alguna de las limitaciones originales (Macmillan y Peterson, 1993; Anderson y Day, 1994; Ryan et al., 1995). Los métodos originales usados para el control del ciclo estral implicaban la manipulación de la fase lútea (Mauleon, 1974; Roche, 1979; Odde, 1990) mediante la extensión del periodo de diestro con la aplicación de progestágenos, para permitir la ocurrencia espontánea de la luteólisis durante el periodo de tratamiento (Roche, 1979). Estos tratamientos, de al menos 14 días de duración, producían una sincronía aceptable pero con fertilidad reducida (Wishart, 1977a). Algunos incorporaban la aplicación de estradiol, permitiendo que los periodos de tratamiento se acortaran a 9 a 12 días (Mauleon, 1974; Roche, 1979), aunque la sincronía y la fertilidad tendían a ser variables porque el estradiol administrado tenía diversos efectos en diferentes etapas del ciclo (Lemon, 1975). Sin embargo, las hembras anéstricas no podían ser sincronizadas de forma confiable (Mauleon, 1974; Odde, 1990). A este respecto, en su mayoría el anestro es consecuencia de falta de ovulación de los folículos dominantes por las bajas concentraciones de LH que no estimulan la producción normal de estradiol en las células de la granulosa del folículo (Roche et al., 1992; Jolly et al., 1995). El estro no ocurre y no se produce una adecuada oleada ovulatoria de LH. El folículo pierde dominancia con nuevas oleadas emergiendo a intervalos de 8 a 10 días (Stagg et al., 1995). El inyectar estradiol o GnRH puede inducir una oleada de LH, pero la ovulación inducida puede no ir seguida de función lútea normal (Crowe et al., 1993; McDougall et al., 1995c), a menos que la oleada de LH inducida haya sido precedida por una fase lútea normal o por una producida artificialmente usando progesterona o progestágenos (Inskeep, 1995). En la actualidad, los procedimientos usados para inducir el estro en vacas anéstricas post-par to implican la reducción de la profundidad del anestro (mejoramiento del estado nutricional; destete - temprano, parcial o temporal; introducción del toro) y el uso de tratamientos hormonales. Generalmente, estos últimos comprenden el empleo de progestágenos y de hormonas que estimulan el desarrollo y la maduración folicular. Los progestágenos preparan al cerebro de forma que el subsecuente aumento en las concentraciones de

51 27 estradiol provoque comportamiento estral, asegurando la función lútea normal después de la ovulación (Pratt et al., 1982; Sheffel et al., 1982; Garverick y Smith, 1986; lnskeep et al., 1988). Las hormonas que estimulan directamente la maduración folicular son las gonadotropinas exógenas (FSH), o la LH endógena estimulada por GnRH exógena (Wright y Malmo, 1992). Dado que en los hatos bovinos es común encontrar tanto hembras cíclicas como acíclicas, se presenta variación en la respuesta al tratamiento con gonadotropinas y GnRH. Algunas vacas acíclicas se vuelven potencialmente cíclicas después del tratamiento con progestágenos, mientras que otras continúan siendo acíclicas. Las dosis de gonadotropinas o de GnRH aptas para vacas acíclicas pueden ser excesivas para vacas cíclicas resultando en múltiples ovulaciones. Tales dosis pueden inducir una oleada prematura de LH al actuar sobre el hipotálamo sensibilizado por el estradiol proveniente del folículo en maduración, pudiendo causar ovulación sin comportamiento estral (McVey y Williams, 1989). En hembras cíclicas, los procedimientos para sincronizar el estro y la ovulación se basan en la sincronización del final de la fase progestacional (fase lútea) y del inicio de la fase estrogénica o folicular (proestro), al producir un descenso sincronizado en las concentraciones plasmáticas de progesterona. La precisión que se da en la sincronización del estro depende de la variación en la duración del proestro, y ésta a su vez depende, en gran medida, de la etapa de desarrollo del folículo dominante al final del período de tratamiento (Kastelic et al., 1990; Macmillan y Peterson,1993; Sánchez et al., 1993), o de si la luteólisis ha sido inducida con prostaglandinas (Savio et al., 1990b; Adams, 1994). La variación en el período requerido para la maduración folicular yla ovulación puede ocasionar que el estro yla ovulación se alarguen de 5 a 6 días, dependiendo de la etapa de la oleada folicular al inicio del proestro. Las novillonas pueden entrar en estro antes (12 h en promedio) que las vacas (King et al., 1982; Rice, 1987; Odde, 1990), indicando probablemente la necesidad de un período más corto para la maduración folicular, aunque este efecto no fue visto en novillonas que recibieron un tratamiento de prostaglandinas (Savio et al., 1988, 1990). El final de la fase progestacional puede sincronizarse usando prostaglandinas o progestágenos. La PGF2a o sus análogos terminan la fase progestacional al causar regresión lútea después de 24 h (Macmillan et al., 1980). Los progestágenos permiten la ocurrencia natural de la regresión lútea, y la fase progestacional termina por el cese del tratamiento. Los progestágenos suprimen la frecuencia de pulsos plasmáticos de LH, de forma que no hay maduración folicular ni ovulación. Las concentraciones plasmáticas de progesterona presentes durante la fase lútea permiten la ocurrencia de las oleadas foliculares (Sirois y Fortune, 1990), y las concentraciones menores a éstas provocan que se alargue la vida del folículo dominante y se suprima el reclutamiento folicular,- resultando en el cese de las oleadas foliculares (Lucy et al, 1990; Sirois y Fortune, 1990), provocando que al retirar la progesterona o progestágenos se produzca buena sincronización del estro debido a la ovulación de los folículos envejecidos, pero con baja fertilidad tal vez debida al aumento en la presencia de embriones anormales provenientes de óvulos viejos (Wishart,1977b; Macmillan y Asher, 1990; Sirois y Fortune, 1990). La variación en la duración del proestro después de la administración de PGF2a puede reducirse inyectando estradiol, GnRH o gonadotropina coriónica humana (hcg) (Britt, 1975; Nancarrow y Radford, 1975; Thatcher et al., 1993; Schmitt et al., 1996). Nancarrow y Radford (1975) demostraron una reducción en el intervalo al estro de 20 ± 21 h a 20 ± 7 h y en el pico de secreción de LH al inyectar 0.5 mg de benzoato de estradiol 28 h después de una segunda inyección de PGF2a; sin embargo, no se obtuvieron tasas de gestación elevadas (Nancarrow y Cox, 1976). El intervalo entre las inyecciones de PGF2a y estradiol fue corto comparado con los intervalos de 44 y 48 h en estudios similares realizados por Welch et al. (1975) y Peters et al (1977), en los cuales se redujo la variación en la duración del proestro sin alterar la fertilidad de las inseminaciones siguientes a la detección del estro.

52 28 Para lograr un grado de sincronización del estro que resulte en óptima fertilidad con inseminación artificial a tiempo fijo, se requiere controlar la presentación de la luteólisis y sincronizar las oleadas de crecimiento folicular. Al administrar un análogo de la GnRH seguido a los 7 días por PGF2α se controlan de cierta forma las ondas foliculares y la función lútea, resultando en cierta mejoría en la sincronía del estro sobre la obtenida utilizando sólo PGF2α, (Thatcher of al., 1989), ya que el análogo de la GnRH gana cierto control sobre las ondas foliculares al inducir ovulación, luteinización o atresia de folículos (de acuerdo a su madurez), y la PGF2α controla la función lútea al inducir luteólisis. Sin embargo, el grado de sincronización es inadecuado para lograr una fertilidad óptima por inseminación artificial a tiempo fijo. Existe evidencia de que el uso de estrógenos al inicio del tratamiento con progestágenos (norgestomet) (Whittier et al., 1986) puede mejorar la sincronización del estro al sincronizar las ondas foliculares como resultado de la atresia folicular causada (Engelhardt et al., 1989). En vacas lecheras lactantes, la sincronización del estro se ha limitado principalmente al uso de PGF2α (Lauderdale of al., 1974; Dailey of al., 1986; Folman et al., 1990; Garcia-Winder y Gallegos-Sanchez, 1991; Kristula et al., 1992; Pankowski et al., 1995). La PGF2α generalmente causa la regresión del CL y la subsecuente expresión del estro seguido por ovulación dos a cinco días después de su administración (Folman et al., 1990; Ferguson y Galligan, 1993). Por lo tanto, el éxito de la inducción del estro con PGF2α depende de la presencia de un CL funcional, es decir, de la etapa del diestro del ciclo estral (Kristula et al., 1992). ' La progesterona, GnRH, estrógenos o una combinación de progesterona y estrógenos han sido usados para sincronizar la aparición de las oleadas foliculares en el bovino (Anderson y Day, 1994; Bo et al., 1994, 1995, 1995a; Twagiramungu et al., 1994; Day et al., 1997). Estudios previos indicaron que la administración de un GnRH-agonista alteró el desarrollo folicular (Macmillan et al.,1985a,b; Thatcher et al, 1989), resultando en sincronización y surgimiento de una nueva oleada folicular (Twagiramungu et al., 1994a). Además, la sincronía del estro también se mejora después del pretratamiento con GnRH seguido 6 a 7 días después por la luteólisis inducida por PGF2α, (Thatcher et al., 1989; Twagiramungu et al., 1992). la detección del estro puede eliminarse por la administración de una segunda inyección de GnRH junto con inseminación artificial a tiempo fijo en ganado productor de carne (Twagiramungu et al., 1992, 1992a) y lechero (Pursley ef al., 1995, 1997) sin alterar las tasas de gestación, comparadas con la inseminación artificial 12 h después del estro detectado. Varias combinaciones de GnRH + PGF2α, han sido usadas para sincronizar de manera efectiva el estro y/u ovulación en ganado productor de carne de razas Bos faurus con aceptables tasas de gestación (Twagiramungu et al., 1995; Geary et al., 1998; Thompson et al., 1999), sin embargo, no se sabe con certeza cuál es la respuesta que se obtendría en razas Bos indicus o Bos tawus / Bos indicus. Los avances obtenidos en el uso de hormonas para mejorar la reproducción se han enfocado en la sincronización del estro y de la ovulación. Los protocolos para sincronizar la ovulación eliminan la necesidad de detección de estros y permiten la inseminación a tiempo fijo de todas las vacas tratadas (Thatcher et al., 2001). Los programas más comunes de sincronización del estro usados actualmente incluyen GnRH y PGF2α, solos o en varias combinaciones. Recientes estudios (Pursley et al., 1995, 1997; Twagiramungu et al., 1995; Burke et al, 1996; Schmitt et al., 1996; Stevenson et al., 1996; Aréchiga et al., 1998; LeBlanc et al., 1998) han incorporado GnRH dentro de un protocolo de sincronización para inseminación artificial a tiempo fijo, que implica diferentes aplicaciones de GnRH combinadas con PGF2α (Jobst et al., 2000). En la actualidad se está buscando optimar tales programas para maximizar las tasas de gestación por hato (Thatcher et al., 2001).

53 29 La efectividad de cualquier sistema de sincronización del estro y/u ovulación está determinada por su habilidad para lograr un estro y/u ovulación altamente sincronizados, de forma que las hembras puedan ser inseminadas a tiempo fijo. Sin embargo, las máximas tasas de concepción con inseminación artificial a tiempo fijo se obtienen sólo si ésta y la ovulación están altamente sincronizadas (Lemaster et al., 2001). Los métodos para evaluar los sistemas de sincronización incluyen la respuesta a estro (porcentaje de hembras tratadas que muestran estro), tasa de concepción sincronizada (porcentaje de hembras inseminadas que conciben), tasa de gestación sincronizada (porcentaje de hembras que conciben del total de tratadas) y tasa de gestación en varias etapas del empadre (Odde, 1990) HORMONAS UTILIZADAS PARA INDUCIR Y SINCRONIZAR EL ESTRO Y LA OVULACIÓN Comúnmente, la sincronización del estro se logra mediante el uso de tratamientos que combinan la aplicación de PGF2α, progestágenos y GnRH (Thatcher et al., 1996) Prostaglandinas Las prostaglandinas son ácidos grasos no saturados de 20 carbonos derivados de las reservas de ácido araquidónico contenido en los fosfolípidos de la, membranas celulares, originados en muchos tejidos y con gran variedad de funciones (Stabenfeldt et al., 1980; Edqvist ykindahl, 1981; Boothe, 1991; Filley et al., 1999). En la vaca, la PGF2α uterina es luteolítica (Edqvist y Kindahl, 1981), ejerciendo esta acción al acortar la vida media del CL por provocar su Iuteólisis, reduciendo así los niveles sanguíneos de progesterona y produciendo subsecuentemente un incremento en los niveles de estradiol y de LH, que son seguidos por la presentación del estro y la ovulación (Roche e Ireland,1984). Una vez que la PGF2α fue identificada como factor luteolítico uterino en el ciclo estral de la vaca, se desarrollaron análogos sintéticos que podían usarse para inducir luteólisis prematura durante el diestro (Knickerbocker et al., 1988), con el fin de utilizarlos de forma exógena para sincroniza la ovulación en el bovino (Seguin et al., 1983; Macmillan y Henderson, 1984; Roche e Ireland, 1984; Kiracofe et al., 1988; Elmore, 1989; Young, 1989; Wenzel, 1991; Stevenson y Pursley,.1994), siendo ésta una técnica ampliamente usada en particular en ganado productor de leche. Dichas substancias, por su acción luteolítica y por su efecto estimulador del miometrio, además de emplearse en programas de sincronización de estros y ovulación se utilizan también para la Inducción del aborto y del parto, y entre ellas se encuentran el dinoprost, cloprostenol, fenprostaleno y alfaprostol (Wright y Malmo, 1992). Dado que en un ciclo estral normal la regresión del CL depende de la secreción pulsátil de PGF2α, endógena alrededor del día 16 (Zarco et al., 1988; Thatcher et al., 1989), cuando se administra PGF2α, (natural o sintética) como agente luteolítico a un grupo de vacas entre los días 6 a 16 del ciclo estral, se produce la regresión del CL, observándose alto grado de sincronización de estros (Stevenson et al., 1984; Watts y Fuquay, 1985; Hernández et al., 1994) porque muchas vacas presentan celo simultáneamente (Hurnik et al., 1975). El celo se presenta a las 48 a 96 h (King et al., 1982; McCraken y Schramm, 1983; Zarco et al., 1985; Thatcher et al., 1989; Méndez, 1995), o dentro de las 144 h siguientes a la administración de PGF2α (Macmillan y Henderson, 1984; Armstrong et al., 1989; Folman et al., 1990; Rosenberg et al., 1990; Findlay et al, 1992; Hernández et al., 1994). Las hembras a las que se les sincroniza el estro con PGF2α por lo regular manifiestan celo los primeros cinco días siguientes a la aplicación de la hormona, con - porcentaje de respuesta en novillonas del 85 al 95% (Hernández et al., 1994) y en vacas del 40 al 60% (Plunkett et al, 1984; Ortiz y Zarco, 1986; Zarco, 1990; Siennig,1992; Méndez, 1995), o en más del 70% (Casagrande y Goes, 1977; López-Barbella et al., 1981; Oyedipe et al., 1986), pudiendo ser del

54 30 85 al 95% (Macmillan y Henderson, 1984; Armstrong et al., 1989; Folman et al., 1990; Rosenberg et al., 1990), aunque algunos autores (Hardin et al., 1980; Abeyratne et al., 1983; Landívar et al., 1985) mencionan que la tasa de detección de estros raramente excede el 40%. A este respecto, la aplicación de PGF2α no sincroniza de forma muy precisa el estro, ocasionando variación en el intervalo desde su administ ración hasta la presentación del celo, debido al grado de desarrollo folicular existente al momento de la regresión lútea, lo que depende de la etapa del diestro en la que se encuentra la hembra al momento del tratamiento (King et al., 1982; Stevenson et al., 1984; Watts y Fuquay, 1985; Zarco et al., 1985; Ferguson y Galligan, 1993), ya que en algunas vacas tarda más la maduración del folículo dominante que ovulará (Ferguson y Galligan, 1993). Si la aplicación de PGF 2α se hace durante el diestro, 90 a 95% de las vacas deberían presentar estro al día 7 después de la inyección, y 70 a 90% de los estos estros deberían ocurrir entre el día 3 y 5 después de la PGF2α (Ferguson y Galligan, 1993). Si la PGF2α se aplica en un grupo de vacas tornando en cuenta sólo la presencia del CL, es posible que las hembras tengan diferente población folicular en ese momento, lo que ocasiona la variación del intervalo entre la aplicación de la hormona y la presentación del estro (Macmillan y Henderson, 1984; Ortiz y Zarco, 1986). En varios estudios realizados en novillonas (King et al.,1982; Watts y Fuquay, 1985) en los que se evaluó el tiempo transcurrido entre la aplicación de PGF2α y la manifestación del estro cuando la hormona se administró en diferentes etapas del diestro, se observó que las novillonas inyectadas en la etapa temprana tuvieron un intervalo más corto (47.6 ± 1.4 h) que las inyectadas en la etapa tardía (59.7 ± 1.4 h) (King et al., 1982). En vacas, el estro se presenta más pronto cuando las hembras tienen folículos mayores de 15 mm de diámetro al momento del tratamiento, en comparación con aquéllas que tienen folículos medianos (10 mm) o pequeños (5 mm o menos) (Zarco et al., 1985). Cuando las vacas son tratadas los días 8 a 14 del ciclo el estro se presenta más tarde, entre los días 3 y 4 después del tratamiento (Jackson et al., 1979; Macmillan, 1983; Macmillan y Henderson, 1984; Kiracofe et al., 1985). Las variaciones entre el porcentaje de hembras que presentan celo y el intervalo entre la aplicación del tratamiento y el inicio del estro se deben tal-vez a factores tales como la precisión en la palpación rectal del CL (Plunkett et al., 1984; Ortiz y Zarco, 1986; Landsverk y Karlberg, 1988; Slennig, 1992), la sensibilidad del CL al efecto luteolítico de la PGF2«(Plunkett et al., 1984; Watts y Fuquay, 1985; Farías y Menéndez, 1986; Ortiz y Zarco, 1986; Stevenson et a.'., 1987), ya quealgunos CL's son refractarios a ésta (Mulheron el al., 1987; Schultze et al., 1989), la etapa del diestro y el estado de la población folicular al momento del tratamiento (Zarco et al., 1985), la baja eficiencia en la detección de estros (Belschner, 1986; Ortiz y Zarco, 1986; Zarco, 1990), y las condiciones de estrés en que viven las vacas en lactación, principalmente de razas lecheras (Moberg, 1985, 199 1; Wise et al., 1988). La fertilidad obtenida cuando se insemina después del estro sincronizado con PGF2α es similar a la lograda con estro natural (Findlay et al., 1992; Hernández et al., 1994), o puede aumentar hasta en un 10% (Macmillan y Day, 1982; Macmillan, 1983). Varios autores (Berardinelli y Adair, 1989; Garcia-Winder y Gallegos-Sanchez, 1991) han cuestionado la dosis necesaria de PGF2α para inducir luteólisis y sincronizar el estro adecuadamente, misma que se recomienda en 25 mg. Sin embargo, el reducir la dosis de PGF2α de 25 a 17.5 mg no afecta la respuesta a estro o la tasa de gestación en vacas lecheras (García-Winder y Gallegos-Sanchez, 1991). La eficacia de la dosis reducida de PGF2α para inducir luteólisis se ve afectada por la etapa del ciclo estral y tal vez por la etapa del CL funcional (Berardinelli y Adair, 1989). En México, 25 mg de PGF 2α son suficientes para producir luteólisis en ganado cebú (Moreno et al, 1986), y en Brasil Barnabe et al. (1976) indicaron que 5 mg depositados en el cérvix o dentro de la vulva dan resultados comparables.

55 Progesterona La progesterona es una horm ona esteroidal producida por el CL. Se presenta en la sangre en forma libre y ligada a proteínas, y tiene componentes de desaparición rápida (2 a 3 min), media (10 a 28 min) y lenta (54 min) (Imori, 1967; Watson, 1986). La progesterona prepara al cerebro para permitir que los estrógenos provoquen comportamiento estral, suprime la secreción de GnRH y es necesaria para mantener la gestación. Para obtener una función lútea normal subsecuente a la maduración folicular y a la ovulación en respuesta a la aplicación de gonadotropinas o GnRH, es necesario el pretratamiento con progesterona, pues éste se requiere para el adecuado desarrollo de los receptores de LH en los folículos preovulatorios (Hunter et al., 1986; Inskeep et al., 1988). Al ser usada para inducir ysincronizar el estro, las principales acciones de la progesterona son retardar cualquier maduración folicular que pudiera haber iniciado durante el período de tratamiento, y asegurar el comportamiento estral y la función lútea normal asociados con la maduración folicular y ovulación en los días siguientes al tratamiento (Odde, 1990). Las concentraciones sanguíneas de progesterona resultantes de diversos tratamientos se ven afectadas por la tasa de desaparición, dosis, método (le aplicación, madurez sexual y previa exposición de la hembra a estrógenos y progestágenos (Hunter et al., 1986; Inskeep et al., 1988). Cuando se utilizan dispositivos vaginales liberadores de progesterona, ésta se detecta en el plasma por 9 a >14 días, siendo estas concentraciones mayores durante un período más largo en novillonas prepúberes que en novillonas maduras ovariectomizadas, y aumentando los primeros 2 a 3 días después de la inserción del dispositivo cuando hay pretratamiento con estradiol y progesterona (Munro y Moore, 1986). Los dispositivos vaginales disponibles son el dispositivo interno de liberación de progesterona (PRID, Ceva, Australia) y el dispositivo de liberación interna controlada de droga (Eazibreed CIDR-B, CHI-1 Plastic Moulding Co., Hamilton, Nueva Zelanda), ambos desarrollados en Nueva Zelanda (Macmillan y Peterson, 1991), y que inducen patrones similares de progesterona plasmática, y mantienen durante 7 a 8 días concentraciones similares a las de la fase lútea (6 a 8 ng/ml), disminuyendo éstas a los 12 a 14 días a 2 a 4 ng/ml o menos (Roche e Ireland, 1981; Munro y Moore, 1986; Munro, 1987; Sirois y Fonune,1990; Macmillan y Peterson, 1991). McDougall et al. (1995a) señalan que algunas vacas anéstricas mostrarán estro y ovularán en los 4 días siguientes al tratamiento con progesterona vía vaginal por al menos 7 días, pudiendo mejorar las tasas de respuesta al inyectar gonadotropina coriónica equina (ecg) al final del tratamiento (Macmillan y Peterson, 1993). McDougall et al. (1992) demostraron que hubo mayor probabilidad de que las vacas anéstricas exhibieran comportamiento estral si recibían una dosis baja de benzoato de estradiol (0.6 mg) 24 a 48 h después de los 5 días de tratamiento con progesterona, obteniendo 85% de hembras ovulando. En consecuencia, se estableció un tratamiento rutinario para vacas anéstricas, con el cual cerca del 90% de las vacas tratadas con progesterona y después inyectadas con 1 mg de benzoato de estradiol pueden ser detectadas en estro e inseminadas en un período de 4 días (Macmillan et al., 1994). El tratamiento con progesterona por aproximadamente 7 días puede apresurar la aparición del estro post-parto (Drew, 1982; Beal et al., 1984; Odde, 1990). No está claro si el tratamiento con progesterona por sí mismo puede apresurar la aparición de la ciclicidad ovárica, pero sí puede hacerlo en vacas en anestro superficial. La separación del becerro al retirar el dispositivo puede mejorar la respuesta a estro (Odde, 1990) Progestágenos La sincronización con progestágenos se basa en el principio de que los progestágenos exógenos

56 32 pueden mantener una concentración sanguínea sublútea de progestágeno durante el período necesario para permitir la regresión del CL. En ausencia del CL, el retiro de la fuente del progestágeno resultará en un estro sincronizado (Macmillan y Peterson, 1993). Los progestágenos actúan simulando la presencia de un CL funcional, provocando una retroalimentación negativa sobre la secreción de gonadotropinas, llevando a presentación de estro 5 a 6 días después de suspender su administración, siendo el estro seguido por ciclos estrales normales (Porras y Galina, 1992). Los progestágenos sintéticos tienen una vida media mayor que la progesterona y pueden ser activos al administrarse por vía oral, como el acetato de melengestrol (MGA) (Wright y Malmo, 1992), subcutánea, como implantes, e intramuscular, como el norgestomet (Macmillan y Peterson, 1991). En el bovino, la respuesta a la inducción del estro con progestágenos puede modificarse por factores tales como duración de la administración del fármaco, etapa del ciclo estral en que se realiza el tratamiento, es tado fisiológico (ciclando y no ciclando), condición corporal, edad, raza y época del año (Porras y Galina, 1992). La aplicación de progestágenos (por 7 a 12 días) provoca buena sincronización del estro, facilitando el uso de la inseminación artificial, logrando en ganado lechero sincronización del 45 al 88% (Aragón, 1993). De acuerdo con Odde (1990), diversos estudios muestran que al utilizar norgestomet por 9 días, 77 a 100% de las vacas presenta celo 36 a 60 h después del retiro del implante, con tasa de concepción a primer servicio de 33 a 68%. Los factores asociados con estas reducidas tasas de concepción incluyen una baja proporción de vacas ciclando antes del tratamiento, disfunción lútea como reflejo de una inadecuada secreción de LH después del retiro del implante, pobre condición corporal y retardo en la ocurrencia del estro y ovulación (Mikeska y Williams, 1988). La administración de GnRH (250 µg) 30 h después del retiro del implante mejora la tasa de concepción si se insemina a las 48 h, pero la aplicación continua de dosis bajas suprime la presentación del estro (McVey y Williams, 1989). En su mayoría, los programas de sincronización de estros basados en progestágenos, aunque resultan en buena sincronización, se asocian con reducida tasa de concepción (Odde, 1990; Larson y Ball, 1992; Jochle,1993; Ryan et al., 1995a; Xu et al., 1996; Xu y Burton, 1999). Tal reducción ha sido atribuida al desarrollo de folículos dominantes persistentes que suprimen nuevas oleadas foliculares, y a pesar de que dichos folículos maduran al retiro del progestágeno y ovulan, los ovocitos ovulados son viejos, y si son fertilizados resultan en embriones de pobre calidad con poca capacidad de desarrollo (Wishart 1977b; Lucy et al., 1990; Sirois y Fortune, 1990; Savio et al., 1993; Stock y Fortune, 1993; Mihm et al., 1994; Ryan et al., 1995a;). Para evitar esto se recomienda mantener concentraciones plasmáticas aftas de progesterona (igual a la fase lútea) durante el tratamiento (Roche e Ireland, 1981, 1984). Esto sugiere que un programa de sincronización exitoso debe sincronizar tanto las oleadas foliculares como la presentación del estro y de la ovulación (Xu y Burton, 2000) Hormona Liberadora de Gonadotropinas (GnRH) La GnRH es un decapéptido sintetizado y almacenado en el hipotálamo, y transportado a la hipófisis mediante el sistema portal hipofisiario (Bosu, 1982). Aunque la GnRH desaparece rápidamente de la circulación (Redding et al., 1972), existen análogos más potentes (Deslorelin y Buserelin), con tasas de desaparición más lentas y mayor afinidad de unión a receptores hipofisiarios de GnRH (Swift y Crighton, 1979; Perrin el al., 1980; Loumaye et al., 1982). La GnR H provoca la liberación de una oleada de LH que induce la ovulación de folículos maduros (Wright y Malmo, 1992). Con la aplicación intravenosa de 2.5 µg de GnRH se obtienen pulsos plasmáticos de LH similares a los que ocurren de forma natural (Jagger et al., 1987). Dosis mayores (100 a 250 µg o hasta 0.5 a

57 mg) producen liberación de una oleada de LH que puede causar la ovulación de folículos maduros (Kesler y Garverick, 1982; Ijaz et al., 1987), que en vacas anéstricas miden 10 mm de diámetro (Garverick et al., 1980), y la luteinización o atresia de folículos inmaduros (Macmillan et al., 1989; Thatcher et al., 1989). Sin embargo, la formación de un CL normal después de la ovulación inducida de folículos maduros requiere pretratamiento con progesterona (Garverick y Smith, 1986; Smith et al., 1987). La aplicación de bolos de GnRH puede causar ovulación si está presente un folículo grande (>10 mm) (Leslie, 1983). Los tratamientos con GnRH a dosis bajas, tanto pulsátiles (Riley et al,1981; Walters et al., 1982; Edwards et al., 1983; Peters et al., 1985; Vorstemans y Walton, 1985; Jagger et al., 1987), como continuos (Jagger et al., 1987; Roberts et al., 1989), pueden causar desarrollo folicular provocando oleadas plasmáticas de LH, pero no es común que se presente función lútea normal. Varios estudios (Jagger et al., 1987; Lamming y McLeod, 1988) indicaron que la hipófisis se volvió refractaria a la GnRH administrada en dosis bajas y continuas después de 24 a 48 h. Se ha observado que el tratamiento continuo con GnRH durante 28 días indujo un CL a corto plazo, pero no un subsecuente CL normal como se esperaba, aunque las concentraciones plasmáticas de LH permanecieron más elevadas durante 20 días en vacas tratadas que en vacas control (Dieleman y Bevers, 1987a; D'Occhio et al., 1989). El tratamiento continuo con dosis bajas de GnRH después del pretratamiento con progesterona, resultó en el desarrollo de un CL normal en la mayoría de las hembras, aunque no se establecieron ni la ocurrencia del estro ni la fertilidad (D'Occhio et al.,1989). Estos resultados, así como los de otros estudios realizados en vacas (Troxel y Kesler, 1984; Rutter et al., 1985; Smith et al.,1987), muestran que el pretratamiento con progesterona es esencial para la formación de un CL normal. La GnRH ha sido usada como agente terapéutico en el manejo reproductivo, siendo efectiva para el tratamiento de quistes foliculares ováricos, para dis parar la oleada de LH para estimular la ovulación de folículos maduros, y, por su acción lúteoprotectora, para reducir las pérdidas embrionarias durante la gestación (Britt, 1985; Wright y Malmo, 1992; Stevens et al., 1993). En los últimos 20 años ha sido usada como una inyección de sostén" el día de la inseminación para mejorar la tasa de gestación, particularmente en vacas lecheras repetidoras (Stevenson et al., 1990; Peters, 1996), con la finalidad de asegurar que la ovulación y la subsecuente luteinización ocurran en el momento apropiado con relación a la inseminación (Peters et al., 2000). También se ha empleado en vacas en la primera inseminación artificial (Mee et al., 1990) con el fin de reducir las altas tasas de mortalidad embrionaria (Peters, 1996), y en años recientes se ha usado entre los días 11 y 14 después del primer servicio de inseminación artificial, con el fin de mejorar la tasa de supervivencia embrionaria al suprimir el mecanismo luteolítico que se presenta si no ocurre el reconocimiento materno de la gestación (Peters, 1996) Sin embargo, en estudios realizados a lo largo de la última década, la incorporación de lo usos ya conocidos de la GnRH ha llevado a incluirla dentro de un nuevo programa de sincronización del estro y ovulación (Twagiramungu et al., 1992; Wolfenson et al., 1994; Pursley et al., 1995; Stevenson et al., 1996; Pursley et al.,1997, 1997a), mediante el cual la administración de GnRH 6 a 7 días antes de aplicar PGF2α aumentó el porcentaje de vacas sincronizadas y redujo el tiempo y variabilidad del estro en vacas productoras de carne (Thatcher et al., 1993) y novillonas (Twagiramungu et al., 1992). El éxito del tratamiento con GnRH en el post-parto temprano puede verse limitado debido a la inadecuada retroalimentación positiva de estrógenos en respuesta a los estrógenos provenientes de los folículos inducidos a madurar (Wright y Malmo, 1992) Gonadotropinas Las gonadotropinas con actividad folículo-estimulante (gonadotropina del suero de yegua preñada [PMSG] y FSH) se usan para la inducción del estro y superovulación. La gonadotropina coriónica humana (hcg), con actividad similar a la LH, se usa para inducir la ovulación de folículos maduros. Dado que éstas son proteínas extrañas, siempre existe la posibilidad de que tratamientos repetidos

58 34 induzcan la producción de anticuerpos contra las gonadotropinas exógenas. La función lútea normal subsecuente a la maduración folicular y ovulación inducidas por gonadotropinas requiere del pretratamiento con progestágenos (Pratt et al., 1982; Sheffel et al., 1982). La PMSG se deriva de la sangre de yeguas preñadas. Es una glicoproteína con actividad tanto de FSH como de LH en la vaca (Allen y Stewart, 1978), con componentes de vida media relativamente corta (40 a 50 h) y larga (118 a 123 h) (Schams et al., 1978; Bevers y Dieleman, 1987). Esta lenta tasa de desaparición permite el empleo de tratamientos menos frecuentes, pero puede contribuir a una respuesta ovárica excesiva. La acción de la PMSG implica una reducción en la atresia folicular y la selección de un mayor número de folículos dominantes (Monniaux y Gibson, 1984). La hcg es una glicoproteína secretada por la placenta de mujeres embarazadas y excretada en la orina, que está involucrada con el reconocimiento materno de la gestación y con el mantenimiento del CL. Las preparaciones de LH tienen efectos sobre los folículos ováricos similares a los descritos para las oleadas de LH provocadas por dosis elevadas de GnRH (Wright y Malmo, 1992) Estrógenos Los principales estrógenos naturales en la vaca son el estradiol y la estrona. Los estrógenos son hormonas esteroidales que tienen como fuentes principales a las células de la granulosa de los folículos maduros y a la placenta en la gestación avanzada. En la sangre se presentan libres y ligados a proteínas y su vida media es corta (<5 minutos) (Dieleman y Bevers, 1987). Los estrógenos sintéticos tienen una acción de mayor duración a la del estradiol. Los estrógenos son luteolíticos (Wiltbank et al., 1961; Lemon, 1975; Munro y Moore, 1985) y se aplican al inicio del tratamiento con progestágenos para inducir o sincronizar celos, ocurriendo la luteólisis generalmente 5 a 7 días después de su administración. Si los estrógenos se aplican en el diestro tardío pueden inducir quistes foliculares asociados con una oleada prematura de LH (Refsal et al., 1987). Existe evidencia de que los estrógenos causan atresia folicular (Engelhardt et al., 1989), y pueden ser un método de control de las ondas foliculares para mejorar la sincronicidad estral después de la luteólisis (Wright y Malmo,1992) INDUCCIÓN Y SINCRONIZACIÓN DEL ESTRO Y DE LA OVULACIÓN USANDO GnRH + PGF2α En últimas décadas se han logrado avances significativos en el entendimiento y manipulación de los procesos reproductivos en la vaca lechera (Jordan et al., 2002). Como consecuencia, en años rec ientes se desarrollaron nuevos métodos para sincronizar el estro y la ovulación (Macmillan y Thatcher, 1991; Pursley et al., 1997, 1997a; Nebel y Jobst, 1998) en un intento por abatir los efectos negativos que tiene la pobre detección de estros sobre la eficiencia reproductiva (Jordan et al., 2002). Hace más de 25 años se dio el desarrollo de protocolos para el manejo reproductivo de la hembra bovina que sincronizaban el momento del estro usando PGF2α, (Lauderdale et al., 1974; Hafs y Manns, 1975). La sincronización con PGF2α resultó exitosa cuando las vacas eran servidas a celo detectado, porque con la misma sincronización, las tasas de detección de estros aumentaron y el manejo de la inseminación artificial como método de rutina resultó más eficiente que la diaria detección del estro (Stevenson y Pursley, 1994). Sin embargo, la PGF2α no resultó ser efectiva en vacas anéstricas, provocando variación entre hembras en lo que respecta al

59 35 momento de la presentación del estro durante el período sincronizado, lo que depende directamente de la etapa de desarrollo folicular presente al momento de la aplicación de la PGF2α (Macmillan y Henderson, 1984; Sirois y Fortune, 1988; Twagirarnungu et al., 1992, 1995; Pursley et al., 1995). A pesar de sus buenos resultados, la sincronización del estro con PGF2α no controló el momento de la inseminación artificial, y la detección de estros siguió siendo necesaria (Pursley et al., 1997). Cuando se examinaron las tasas de gestación por inseminación artificial a tiempo fijo después de la sincronización del estro con PGF2α, en vacas lecheras lactantes, éstas resultaron substancialmente menores a aquéllas para inseminación artificial después del estro detectado (Lucy et al., 1986; Stevenson et al., 1987; Archibald et al., 1992). Las bajas tasas de gestación por inseminación artificial a tiempo fijo usando PGF2α, pueden explicarse parcialmente, al igual que lo que sucede si se aplica a hembras anéstricas, por la variación en el momento de la ovulación con respecto al momento de la inseminación (Pursley et al., 1997), debida en gran parte a la variación en la etapa de crecimiento del folículo preovulatorio al momento de la inyección de PGF2α (Momont y Seguin,1983; Macmillan y Henderson, 1984; Sirois y Fortune, 1988). Si la PGF2α se aplica cuando un folículo dominante está totalmente desarrollado y funcional (días 7 u 8 del ciclo), la variación en la presentación del estro es significativamente menor que cuando algunos folículos dominantes se encuentran en etapas tempranas de desarrollo (alrededor del día 10 del ciclo) (Momont y Seguin, 1983; Stevenson et al., 1984). Se sabe que en la mayoría de las vacas, durante cada ciclo estral se presentan dos o tres oleadas de desarrollo folicular (Lucy et al., 1992; Kastelic, 1994), y que el porcentaje de folículos que ovulan está relacionado con la madurez del folículo dominante en las distintas oleadas (Lucy et al., 1992; Silcox et al., 1993; Vasconcelos et al., 1997). Dado que gran parte de la variación en el intervalo para la presentación del estro después de aplicar PGF2α depende del estatus folicular al momento de su administración (Twagiramungu et al., 1992, 1995; Pursle y et al, 1995), se buscó desarrollar un método que permitiera sincronizar las oleadas foliculares y el momento de la ovulación (Pursley et al.,1995). En últimos años, diversos estudios sugirieron que la administración de análogos de la GnRH en etapas al azar del ciclo estral, una semana antes de la PGF2α, mejoró la tasa y precisión de la sincronización del estro subsecuente (Thatcher et al,1989; Twagiramungu et al., 1992), aumentó la talla del folículo ovulatorio y elevó la concentración plasmática de estrógenos durante el estro (Wolfenson et al., 1994). A este respecto, la forma en que la GnRH actúa ha sido revisada (Twagiramungu et al., 1995), teniendo como efecto el causar liberación de LH (Chenault et al., 1990), llevando a ovulación sincronizada del folículo dominante en 66 a 85% de las vacas lecheras (Pursley et al., 1995, 1997; Vasconcelos et al., 1997), o a luteinización del folículo dominante (Schwarz et al., 1984; Thatcher et al., 1989), y en consecuencia, al reinicio de una nueva oleada folicular en todas las hembras con la selección de un folículo dominante 1 a 3 días después de su administración (Wolfenson et al.,1994; Twagirarnungu et al., 1995). El tejido luteal que se forma entonces es capaz de sufrir luteólisis inducida por PGF2α 6 o 7 días después (Twagiramungu et al.,1995). El efecto de la GnRH sobre el CL presente al momento del tratamiento es ambiguo (Macmillan y Thatcher, 1991; Wolfenson et al.,1994; Twagiramungu et al., 1995), y la variabilidad en la respuesta puede estar relacionada con el destino de los folículos grandes y la subsecuente formación de un CL accesorio después de la luteinización (Stevenson et al.,1993; Wolfenson et al., 1994), aunque aparentemente no hay efecto detrimental de la GnRH sobre la capacidad de respuesta a la PGF2α del CL inducido o espontáneo (Wolfenson et al.,1994; Pursley et al., 1995; Twagirarnungu et al.,1995).

60 36 La alteración que causa la GnRH (día 11 a 13 del ciclo estral) sobre la dinámica folicular ovárica (Stevenson et al., 1993), puede producir gran uniformidad del estatus ovárico (producción de un folículo dominante) al momento de la luteólisis inducida por la PGF2α dando lugar a que exista el potencial para que haya una mayor precisión en la sincronización del estro (Twagiramungu et al., 1995). Para reducir la variación en los intervalos para la maduración folicular, estro o ambos, el desarrollo folicular debe sincronizarse con la regresión del CL mediante la aplicación de PGF 2α (Thatcher et al., 1989). Con el fin de sincronizar el desarrollo folicular (usando GnRH) y la regresión lútea (usando PGF2α), se desarrolló un protocolo conocido como GnRH-PG (Thatcher et al., 1989). Para esto, en diversos estudios se combinó la aplicación de GnRH con una inyección de PGF 2α 6 a 7 días después, lo que aumentó la tasa de sincronización de estros en ganado productor de came (Twagiramungu et al., 1992, 1992a) y ganado lechero (Thatcher et al., 1993), resultando en presentación de estro sincronizado en cerca del 80% de las vacas y novillonas tratadas, a diferencia del 50 al 60% en las hembras que no recibieron GnRH, sino sólo PGF 2α (Thatcher et al., 1989; Twagiramungu et al., 1992, 1992a), sugiriendo que no sólo el estro resultante fue mejor sincronizado, sino que el desarrollo folicular también se sincronizó. El inconveniente de este método es que aproximadamente del 5 al 15% de las vacas son detectadas en estro antes o en el día de la inyección de PGF2α reduciendo así la proporción de hembras detectadas en estro e inseminadas durante el período sincronizado (Kojima et al., 2000). Siguiendo el protocolo GnRH -PG, en años recientes Pursley et al. (1995) desarrollaron una variación de éste para sincronizar la ovulación, que es el protocolo GnRH-PG-GnRH, conocido comercialmente como Ovsynch. Éste es un método para inseminación artificial a tiempo fijo, cuya finalidad es provocar el desarrollo de un folículo preovulatorio que ovula en respuesta a una segunda oleada de LH inducida por la segunda aplicación de GnRH 48 h después de la inyección de PGF 2α inseminando a tiempo fijo 16 h después de la segunda inyección de GnRH (Pursley et al.,1995). El protocolo GnRH-PG-GnRH se desarrolló en vacas lecheras lactantes, para el cual una inyección de GnRH fue administrada en una etapa al azar del ciclo estral, provocando que emergiera una nueva oleada folicular y un folículo dominante. Siete días después, se aplicó una inyección de PGF 2α para causar la regresión del CL, y dos días después de la PGF2α,se aplicó una segunda inyección de GnRH que fue la que sincronizó la ovulación al inducir la oleada preovulatoria de LH (Pursley et al., 1995, 1997). Está segunda administración de GnRH se ha demostrado que más bien sincroniza la ovulación que el estro (Jobst et al., 2000). Las vacas fueron inseminadas a tiempo fijo entre 0 y 32 h después de la segunda inyección de GnRH, resultado en máxima concepción 16 h después de la GnRH (Pursley et al., 199 8), resultando sincronizada la ovulación en un período de 8 h, 24 a 32 h después de la segunda inyección de GnRH (Pursley et al., 1995). Esta sincronización en la ovulación fue posible debido a que los folículos preovulatorios estaban en una etapa similar en crecimiento y eran sensibles a la LH al momento de la segunda inyección de GnRH. Esta precisa sincronía de la ovulación resultó en similares tasas de gestación por inseminación artificial a tiempo fijo 20 a 24 h después de la segunda GnRH y por inseminación artificial posterior al estro detectado en vacas control (Pursley et al., 1997, 1997a). En vacas lecheras la administración de GnRH en etapas al azar del ciclo estral indujo ovulación de un folículo dominante en 17 de 20 vacas, pero en sólo 13 de 24 novillones (Pursley et al., 1995). Esta menor respuesta ovulatoria en novillones fue relacionada con la etapa de desarrollo de folículo dominante durante el ciclo estral (Silcox et al., 1993) y puede también relacionarse con el estatus no lactante de las novillonas (Lucy et al., 1992)

61 37 El protocolo Ovsynch también ha sido probado en vacas productoras de carne postparto, obteniendo tasa de gestación de 54% con inseminación artificial a tiempo fijo (Geary et al., 1998). En este mismo ganado, recientemente se probaron dos variaciones al protocolo Ovsynch: el CO-Synch y el Select Synch (Patterson et al., 2000) El CO-Synch (Geary et al., 1998a) es igual al Ovsynch, sólo difiere en el momento de la inseminación, ya que las vacas son inseminadas al tiempo en que se aplica la segunda inyección de GnRH, a diferencia del Ovsynch que es 16 h después. El Select Synch (Downing et al., 1998) difiere de ambos en que las vacas no reciben la segunda inyección de GnRH y no son inseminadas a tiempo fijo., sino 12 h después de esto detectando, recomendando empezar la detección de estros desde el día 4 después de la inyección de GnRH hasta el día 5 después de la aplicación de PGF2α (Kojima et al., 2000). Dado que en vacas productoras de carne post-parto los tres protocolos antes mencionados no han tenido el mismo proceso de validación que tuvo el Ovsynch en vacas lecheras lactantes, se desconoce si la respuesta es la misma o es distinta en ambos tipos de ganado, debido a potenciales diferencias en los patrones de desarrollo folicular. La respuesta a dichos tratamientos en vacas productoras de carne y vacas lecheras puede diferir en el tiempo transcurrido desde la aplicación de la última GnRh hasta la ovulación y en el grado de sincronía de la ovulación (Patterson et al., 2000). La aplicación de GnRH en etapas al azar del ciclo estral en vacas lactantes, o el día 3 al 5 del ciclo después de una inyección de PGF2α en novillonas, en la mayoría de los casos induce la formación de una nueva estructura lútea o de un CL secundario, al inducir la luteinización u ovulación del folículo dominante. Así, el provocar un nuevo desarrollo folicular podría producir un nuevo folículo dominante que contenga un ovocito con mayor fertilidad potencial (Mihm et al., 1994a), lo que llevaría a una mayor supervivencia embrionaria (Ahmad et al., 1995) Para poder desarrollar esquemas de sincronización del estro que logren mayor sincronía para inseminación artificial a tiempo fijo, es crítica la sincronización de la maduración folicular con la regresión lútea (Stevenson et al., 2000). En vacas lactantes se ha demostrado la mejor en la sincronía del estro asociada con una coordinación entre la maduración folicular y la regresión lútea con la administración de GnRH 6 o 7 días antes de la PGF2α (Select Synch) (Burke et al., 1996; Stevenson et al., 1999). Los programas reproductivos sistemáticos, como el protocolo Ovsynch, son una buena opción para optimizar el manejo reproductivo de los hatos lecheros, sin tener que esperar a que las vacas ciclen y sean identificadas en estro antes de la inseminación artificial. Un programa reproductivo sistemático induce el estro o permite la inseminación artificial a tiempo fijo sin necesidad de detectar estros. Sus principales beneficios incluyen la disminución de días a l a primera inseminación artificial, mejor manejo reproductivo del hato y eficientización de la tarea de detección de estros e inseminación artificial (Jobst et al., 2000). En una revisión realizada por Nebel y Jobst (1998) sobre el uso de la PGF2α GnRH y sus respectivos análogos en programas de sincronización del estro, determinaron que, aunque los programas reproductivos sistemáticos han sido usados en muchos hatos lecheros, faltan datos provenientes de hatos con vacas de otro tipo que implementen tales esquemas reproductivos en condiciones de campo. La implementación de un programa de inseminación artificial a tiempo fijo (Ovsynch) para asegurar que todas las vacas sean inseminadas dentro de un período determinado después del período de espera voluntario, podría mejorar dramáticamente las tasas de gestación a primer servicio. Para que tal programa reciba amplia aceptación, debe ser eficiente tanto en costo como en trabajo.

62 38 También debe sincronizar efectivamente la ovulación de forma que los ovocitos fértiles sean ovulados en un tiempo definido (Jordan et al., 2002). A pesar de que la combinación de GnRH + PGF2α como protocolo para la sincronización de la ovulación ha resultado exitosa en vacas lecheras lactantes y en vacas productoras de carne, ambas del genotipo Bos taurus, se desconoce cuál será su efecto en vacas cebuinas (Bos indicus) y en vacas de doble propósito (Bos taurus/bos indicus), en las cuales la investigación que se ha realizado no es suficiente, y por consiguiente la información que se tiene en este sentido es escasa Ovsynch Un programa reproductivo exitoso que permita, en las explotaciones lecheras, inseminar a todas las vacas a un tiempo fijo sin detección de estros, puede ayudar a disminuir la proporción de vacas no gestantes en etapas tardías de la lactancia (Pursley et al., 1997a; De la Sota et al., 1998). En este tipo de ganado, el progreso hacia el mejoramiento de la eficiencia reproductiva empezó al combinar la inseminación artificial a tiempo fijo en un protocolo para la sincronización de la. ovulación que puede ser iniciado en cualquier etapa al azar del ciclo estral (Pursley et al., 1995). Este protocolo, comúnmente llamado Ovsynch, sincroniza el desarrollo folicular, la regresión lútea y el momento de la ovulación, permitiendo la inseminación artificial a tiempo fijo después de la segunda inyección de GnRH y mejorando la tasa de servicio por inseminación artificial (Pursley et al.,1995,1997a; Stevenson et al., 1996). Debido a que la inseminación artificial a tiempo fijo puede realizarse en una fecha determinada, es posible calendarizar el primer servicio de inseminación para aplicarse a todas las vacas, en especial las manejadas en pastoreo, el día de inicio del empadre, logrando así una tasa de servicio por inseminación artificial del 100% (Cordoba y Fricke, 2001). Sin embargo, aunque el Ovsynch es un método efectivo para mejorar la eficiencia reproductiva en vacas lecheras manejadas en confinamiento (Burke et al., 1996; Pursley et al.,1997, 1997a; Britt y Gaska, 1998), no ha sido evaluado como una estrategia para concentrar el período de empadre en vacas lecheras manejadas en pastoreo. Dado que estas últimas a menudo producen menos leche que las primeras, es posible que la respuesta ovárica a los protocolos hormonal utilizados para la sincronización de la ovulación pueda diferir entre vacas manejadas en varios sistemas de producción (Cordoba y Fricke, 2001). El Ovsynch, que sincroniza la ovulación y la combina con inseminación artificial a tiempo fijo (Pursley et al., 1997), inicia con una inyección de 100 µg de GnRH en una etapa al azar del ciclo estral, seguida 7 días después por una inyección de 25 mg de PGF2α y de 36 a 48 h después de ésta por una segunda inyección de 100 µg de GnRH, inseminando todas las vacas a tiempo fijo aproximadamente 16 a 20 h después de la segunda GnRH, sin necesidad de detectar estros. La primera inyección de GnRH causa luteinización u ovulación del folículo dominante en aproximadamente el 85% de las vacas, la PGF2α causa regresión del CL o del folículo luteinizado, ambos inducidos por la GnRH, dando lugar a la formación de un nuevo folículo dominante que está disponible para ovular cuando se aplica la segunda inyección de GnRH (Thatcher et al., 1989; Pursley et al.,1995), ocurriendo la ovulación entre 24 y 34 h después de la segunda GnRH (Pursley et al.,1995, 1997; Vasconcelos et al., 1999), resultando sincronizada en 87 a 100% de las vacas (Pursley et al., 1997), lo que es comparable a la ovulación espontánea que ocurre 28 ± 5 h después de la primera vez que una vaca se deja montar (estro verdadero), en casos en los que se emplea la detección de estros (Walker et al.,1996). Sin embargo, el Ovsynch no es efectivo para la sincronización del estro ni de la ovulación en novillonas lecheras (Pursley et al., 1997a; Stevenson et al., 1999).

63 39 Recientemente se ha señalado que la etapa del ciclo estral en la cual se inicia el Ovsynch afecta la subsecuente tasa de gestación (Vasconcelos et al, 1999; Moreira et al., 2000). Si se inicia en la fase lútea tardía (días 13 a 17 del ciclo) puede llevar a regresión prematura del CL, presentándose el estro antes de la segunda inyección de GnRH (Moreira et al., 2000), pudiendo causar que las vacas ovulen antes de que se realice la inseminación artificial, reduciéndose las oportunidades para la concepción en el servicio sincronizado (Moreira et al., 2000a). Si el Ovsynch se comienza en el metaestro (días 1 a 4 del ciclo) puede llevar a falla en la sincronización de una nueva oleada folicular por la primera inyección de GnRH, lo que puede afectar al folículo ovulatorio y resultar en un CL que produce menos progesterona después de la ovulación inducida por la segunda inyección de GnRH (Moreira et al, 2000), comprometiendo las tasas de gestación (Moreira et al., 2000a). Cuando el Ovsynch se empieza en el proestro (días 18 a 21 del ciclo) puede resultar en falla de la PGF2α para causar regresión completa del CL (Moreira el al., 2000) y menores tasas de gestación después de la inseminación artificial a tiempo fijo (Moreira et al., 2000a). En general, estas observaciones sugieren que la etapa óptima del ciclo estral en la que debería iniciarse el Ovsynch corresponde a la fase lútea temprana (días 5 a 12 del ciclo) (Moreira et al., 2001), siendo ésta en la cual la tasa de concepción fue mayor en vacas lecheras (Vasconcelos et al., 1999). El Ovsynch ha resultado exitoso al probar ser un método confiable para sincronizar la ovulación e inseminar a tiempo fijo en vacas lecheras lactantes (Pursley et al., 1995, 1997, 1997a; Burke et al., 1996 ; Schmitt et al., 1996), produciendo tasa de gestación mayor o igual a la de vacas control después del estro detectado (Pursley et al., 1997, 1997a; 1998; Cartmill et al., 2001a). A este respecto, aunque en diversos estudios la tasa de concepción se redujo (Burke et al., 1996; Stevenson et al., 1996, 1999; Jemmeson, 2000), en general la tasa de gestación aumenta (Pursley et al.,1997,1997a; Cartmill et al., 2001). En vacas productoras de carne post-parto el Ovsynch ha producido tasas de gestación de 54% (Geary et al., 1998). Las tasas de concepción generalmente no difieren cuando, tanto vacas lecheras (Burke et al., 1996, Pursley et al., 1997a) como productoras de carne (Geary et al., 1998a), son inseminadas después del estro detectado versus a tiempo fijo con el Ovsynch. Por tanto, cuando se usan protocolos que dependen de la detección del estro, la principal limitante para maximizar las tasas de gestación en vacas lecheras lactantes es la tasa de inseminación artificial. Con el Ovsynch, por el contrario, a pesar de que el comportamiento estral a menudo se suprime por condiciones ambientales adversas (Thatcher, 1974; Fuquay, 1981; Imtiaz Hussain et al., 1992), todas las vacas son inseminadas, teniendo tasa de inseminación del 100%, siendo en este caso la tasa de concepción el factor limitante para obtener mayores tasas de gestación (Burke et al., 1996; Stevenson et al., 1996, 1999; Pursley et al., 1997a). La inseminación artificial a tiempo fijo, usada como parte del protocolo Ovsynch, ha aumentado la eficiencia del manejo reproductivo en vacas lecheras porque todas las vacas son inseminadas al final del período de espera voluntario sin necesidad de detectar estros, y las tasas de gestación son normales (Burke et al., 1996; Schmitt et al.,1996; Pursley et al.,1997; Risco et al.,1998) CO-Synch El protocolo CO-Synch (Geary et al., 1998a), al igual que el Ovsynch, maneja la inseminación artificial a tiempo fijo así como la aplicación de dos inyecciones de GnRH y una de PGF2α La secuencia de inyecciones es la misma que para el Ovsynch, y sólo difiere en. el momento de la IA, ya que las vacas son inseminadas al mismo tiempo en que se administra la segunda inyección de GnRH, a diferencia del Ovsynch que es 16 h después.

64 Select Synch El protocolo Select Synch (Downing et al., 1998), a diferencia del Ovsynch y CO-Synch, no maneja inseminación artificial a tiempo fijo y únicamente implica una inyección de GnRH y de PGF2α En el Select Synch, las vacas no reciben la segunda inyección de GnRH y son inseminadas 12 h después del estro detectado. En este protocolo se recomienda que la detección del estro empiece a partir del día 4 después de la inyección de GnRH y continúe hasta el día 5 después de la aplicación de PGF2α (Kojima et al., 2000). En algunos estudios realizados en vacas lecheras, las tasas de concepción con el Select Synch fueron superiores a la inseminación artificial a tiempo fijo después de la aplicación de PGF2α (Lucy et al., 1986; Stevenson et al., 1987, 1996, 1999), no siendo así en lo reportado por Pursley et al. (1997a) y Cartmill et al. (2001). La desventaja de este protocolo es que, dado que la inseminación artificial sólo se realiza después del estro detectado, la tasa de inseminación del 100%, que es la ventaja de los programas reproductivos sistemáticos con inseminación artificial a tiempo fijo, se pierde. El combinar en un solo protocolo la detección visual del estro con la inseminación artificial a tiempo fijo, podría lograr cierta ventaja sobre la tasa de concepción y de inseminación artificial (Jordan et al., 2002) DETECCIÓN DE ESTROS La eficiencia en la detección de estros es un factor que influye directamente sobre el desempeño reproductivo del ganado bovino, porque tiene la más alta correlación con el intervalo entre partos (Barr, 1974; Ferguson y Galligan, 1993; Stolla et al., 1998), y cuando esta actividad no se realiza de forma adecuada, se convierte en uno de los principales problemas que más afectan su productividad, siendo, en el caso de los hatos lecheros, responsable de su baja eficiencia reproductiva (Belschner, 1986; Zarco, 1990). Las vacas lecheras lactantes tienen un pobre desempeño reproductivo debido a balas tasas de fertilidad y de detección de estros (Vasconcelos et al, 1999), por. lo que mucha investigación se ha enfocado al desarrollo de tecnologías para sincronizar y detectar de manera eficiente el estro (Larson y Ball, 1992; Senger, 1994). A lo largo de los años se han utilizado varios métodos de detección del estro para saber el momento de la ovulación, como observación visual frecuente (DeSilva et al., 1981; Larsson, 1987), exposición a toros marcadores o a otras vacas (Nkuuhe y Manns,1985; Mattoni et al., 1988; Smith et al., 1993), o una combinación de observación visual frecuente con ciertas técnicas de ayuda para la detección del estro (Rajamahendran et al., 1989) En hatos lecheros, las tasas de detección de estros son menores al 50% (Radostits et al., 1994; Quaife, 1995), aún cuando la observación de estros siga a la luteólisis inducida por PGF2α para sincronizar el estro (LeBlanc ef al., 1998). Experimentos realizados observando continuamente al ganado lechero han mostrado que aproximadamente 50% de las vacas exhiben signos de estro durante la noche, así que el sistema tradicional de observación diurna en hatos lecheros es ineficiente para detectar estros, así como también han mostrado que una sola vaca recibirá menos montas de otra vaca si dos o tres están en estro al mismo tiempo (Williamson et al., 1972; Hurnik et al., 1975; Esslemont y Brya nt, 1976). Este tipo de variación en el comportamiento podría influir en la aparente duración del ciclo estral (Galina et al., 1982). En programas de sincronización de estros con PGF2α se ha visto que un porcentaje importante de vacas no es detectado en calor, aun cuando la PGF2α haya inducido luteólisis completa (Plunkett et al, 1984; Ortiz y Zarco, 1986), lo que probablemente se debe a una deficiencia en la detección de estros. Diversos estudios han encontrado una eficiencia en la detección de estros en hatos lecheros comerciales de aproximadamente 40 a 60% (Whittier et al.,

65 ; Zarco, 1990; Larson et al., 1991), lo que significa que se pierden entre 40 y 60% de los calores en cada ciclo, que no son detectados por mala técnica en la realización de esta tarea (Watts y Fuquay, 1985; Whitter et al., 1989; Zarco, 1990), ocasionando que sólo se insemine del 40 al 60% de las hembras, dejando sin servicio a un porcentaje considerable de éstas que se encuentran en la etapa fértil del ciclo, lo que resulta en bajas tasas de gestación (Zarco, 1990). Debido a esto, es probable que la baja tasa de detección de estros en vacas tratadas con PGF2α como método de sincronización se deba a que las hembras si presenten celo pero que éste no sea observado (Ortiz y Zarco, 1986; Zarco, 1990). Además, los niveles de progesterona indican que hasta 22% de las vacas no conciben porque son inseminadas en el momento equivocado (Appleyard y Cook, 1976). Bajo los sistemas actuales de producción lechera, la tasa de detección visual del estro en vacas altas productoras es de aproximadamente 5%, con 80 a 95% de precisión en el mejor de los casos (Nebel et al., 2000). Diversos estudios (Ferguson y Galligan, 1993; Pankowski, 1994; Stevenson y Pursley, 1994; Heuwieser et al., 1997) han concluido que la administración rutinaria de PGF2α para sincronizar el estro en vacas lecheras puede terminar con la pobre detección del estro y disminuir de manera significativa el promedio del intervalo entre partos del hato. En este sentido, la eficiencia en la detección de estros antes del empadre está altamente correlacionada con el intervalo entre partos (r=-0.64), ocurriendo lo contrario con la eficiencia en la detección de estros después del empadre (r=-0.11) (Ferguson y Galligan, 1993). Por lo tanto, parece razonable evaluar el efecto de la detección de estros después del empadre dentro de un programa reproductivo, así como examinar la efectividad del costo de los programas reproductivos que concentran la detección de estros exclusivamente al período pre-empadre (Heuwieser et al., 1997). Por otro lado, si la detección de signos de estro presenta dificultad en ganado lechero, es aún un problema mayor en el ganado productor de came, especialmente Bos indicas, donde los sistemas de manejo extensivos impiden la frecuente observación de los animales (Vaca et al., 1985), resultando en dificultad para detectar el estro en hembras en pastoreo (Hardin et al., 1980), además de los peculiares rasgos de comportamiento de estas razas (Gutiérrez et al., 1993). La detección del estro en ganado tropical es una tarea difícil, especialmente durante los primeros 60 días post-parto (Rao et al., 1981), y puede ser afectada por la raza, condición corporal, época del año y presencia del becerro. La detección del estro es uno de los factores que limitan la expansión del uso de la inseminación artificial en el trópico. Dado que la inseminación artificial continúa siendo una técnica importante, en especial para introducir genes lecheros para mejorar las razas locales, en su mayoría cebú, recientemente se ha dirigido considerable esfuerzo hacia el mejor entendimiento de los signos de comportamiento estral (Galina y Arthur, 1990a). De igual forma, la utilización de drogas para la sincronización del estro, tales como las prostaglandina s, ha eliminado la necesidad de la continua observación de los animales durante el ciclo estral. Sin embargo, la fertilidad obtenida después del estro inducido en ganado, particularmente de razas cebuinas en los tópicos, no ha sido muy buena (Hardin et al.,1980). Una de las causas de la pobre fertilidad puede ser el desconocimiento de los signos de estro en razas tropicales de ganado, provocando que no se insemine en el momento más apropiado. El comportamiento estral, el intervalo del estro a la ovulación y la dinámica folicular han sido caracterizados en diferentes razas cebuinas (Mukasa-Mugerwa, 1989; Galina y Arthur, 1990a; Rhodes et al., 1995; Figueiredo et al., 1997; Pinheiro et al., 1998). Se sabe que los parámetros reproductivos del ganado en el trópico muestran ciertas peculiaridades, tales como el rápido pico alcanzado en la curva preovulatoria de LH (Randel, 1976), el período de calor más corto (Baker, 1967; Plasse et al., 1970) y la pobre eficiencia reproductiva en general (Linares et al., 1974; Madalena e Hinojosa, 1976). Varios autores han descrito las aparentes

66 42 diferencias en el ciclo estral y en el comportamiento estral entre diferentes razas de ganado Bos taurus y Bos indicus (Plasse et al., 1970; Randel, 1984). La mayoría de los estudios han establecido que el Bos indicus tiene una longitud del ciclo similar al Bos taurus, pero que la duración del estro es significativamente más corta (Galina y Arthur, 1990b), siendo aproximadamente de 11 h (Pinheiro et al., 1998). Además, varios autores han reportado que en Bos indicus el comportamiento estral es más bien observado en las primeras horas de la mañana, entre las 4:00 y las 12:00 h (Purbey y Sane, 1978) o entre las 6:00 y las 8:00 h (Solano et al., 1982), aunque otros indican que sucede durante el día (Mattoni et al., 1988), y otros más que de 30 a 50% de los estros se presentan en la noche, lo que aunado a la corta duración del comportamiento estral hace difícil detectar el estro en hembras cebú (Pinheiro et al.,1998). En un estudio realizado por Humik y King (1987) en vacas productoras de carne postparto observadas continuamente hasta el día 100, se encontró una mayor duración de los signos de estro el día del estro, y un promedio de 4.4 h de la fase receptiva (permitir la monta), ocurriendo la monta preferentemente durante la primera hora. Además, el 93% del hato mostró comportamiento de monta o de dejarse montar durante el estro, resultando un intervalo del parto a la primera presentación de signos de estro de 52.3 ± 17.1 días. Por otro lado, en un estudio realizado por Orihuela et al. (1983) en vacas cebú bajo observación continua por 100 h después de la aplicación de PGF2α se detectó sólo el 65% de calores. Además, después de la inyección de PGF2α en los animales previamente observados en estro, sólo el 54% fue detectado en estro durante el día (Landivar et al., 1985). Una de las razones para estos pobres resultados podría ser que las vacas cebú promedio sólo una monta por hora en contraste con las razas europeas (Charolais) que montan en promedio 2.8 veces por hora cuando están en calor (Galina et al., 1982), además de la menor duración e intensidad de los signos de estro en el ganado cebú comparado con el ganado europeo (Plasse et al., 1970; Orihuela et al., 1983; Gutiérrez et al., 1993). Esto sugiere que los largos intervalos inter-estro y los cortos períodos de estro reportados en ganado cebú (Vaccaro, 1973) podrían deberse a falla humana para detectar signos de calor llevando a un registro impreciso de la aparición del calor y de la longitud del ciclo estral (Vaca et al., 1985; Mukasa-Mugerwa et al.,1991b). A este respecto, Randel (1984) atribuye los débiles signos de estro en ganado Bos indicus a un particular rasgo genético en las razas hindúes, mientras que Miller y Seidel (1985) sugieren que se esperan signos de estro más fuertes en Bos taurus que en Bos indicus debido a una selección inconsciente hacia este rasgo favorecida por el uso de la monta natural dirigida. Orihuela et al. (1988) han sugerido que el orden jerárquico en el hato juega un papel importante en la precisión de la detección del estro en ganado cebú, y que, por lo tanto, la vaca más dominante no permite ser montada por vacas de menor rango social. Además, el 85% del comportamiento de monta ocurre solamente entre vacas que están en estro y el 60% de las montas son realizadas por vacas de afta jerarquía dentro del hato (Orihuela et al, 1983, 1989). La jerarquía es definida como la prioridad de acceso a un estimulo o de retiro cuando existe una amenaza Stricklin y Mench, 1988), y puede estar altamente correlacionada con la edad y peso del animal (Reinhardt y Reinhardt,1981). También, se ha sugerido el comportamiento estral por imitación, ya que se ha demostrado que hembras anéstricas fueron aparentemente inducidas a mostrar comportamiento estral por un grupo de novillonas sujetas a sincronización del estro (Gutiérrez et al.,1993), lo que concuerda con reportes previos en los que novillonas ovariectomizadas fueron inducidas a exhibir signos de estro en un apropiado ambiente social (McGuire et al., 1990).

67 43 La época del año también afecta la detección del estro, ya que ésta depende de la tolerancia de la raza al estrés térmico. En general, ésta es más fácil durante los meses calurosos en razas Bos indicus (Kumar, 1978; Purbey y Sane, 1978; Zakari et al., 1981), mientras que en el caso de las razas Bos taurus, los meses fríos son los más apropiados para que las vacas interactúen cuando están en estro (Solano et al., 1982; Arthur y Rahim, 1984), y en el caso de cruzas Bos taurus x Bos indicus, éstas están mejor adaptadas al estrés térmico cuando la raza Bos taurus que interviene en la cruza es diferente a la Holstein (Verma et al.,1985). Sin embargo, otros autores reportan que no hay efectos significativos de la época del año sobre la detección del estro en ganado Bos indicus (Mali y Narawade, 1984). Feo (1982) en Brasil reportó una mayor incidencia de estro silencioso en ganado Bos indicus en los meses de abril a agosto. Además, el corto período de receptividad sexual, característico del cebú en el trópico, se ve aparentemente acentuado durante períodos del año cuando la temperatura ambiental es alta o la calidad del forraje baja (Zakari et al., 1981; Randel, 1984), así como que se detecta un mayor número de vacas en estro en la primavera y verano (31%) que en otoño e invierno (17%) (Galina et al., 1989). En vacas lecheras, el estrés térmico reduce tanto las tasas de detección de celos como las tasas de gestación a inseminación artificial posterior al estro detectado (Pancarci et al., 2002). En general, dentro de los factores que determinan la baja eficiencia en la detección de estros destacan el uso de inadecuados protocolos para la detección del estro (Nebel et al., 1997), el tiempo dedicado a la observación de calores (Ortiz y Zarco, 1986; Zarco, 1990; Rodney, 1993), el tipo de instalaciones (Whittier et al., 1989; Rodney, 1993), la jerarquía de las vacas (Rubio, 1988), las condiciones climáticas (Wise et al., 1988) y la intensidad en la manifestación del estro (Rodney, 1993; Nebel et al., 1997), que en ganado lechero puede verse afectada a medida que aumenta la producción de leche (Fonseca et al., 1983; Harrison et al, 1990; Nebel y McGilliard, 1993). Se ha observado que la eficiencia reproductiva se ve alterada en el ganado sujeto a estrés (Wise et al, 1988; Moberg, 1991). Entre los factores estresantes que más afectan están el estrés térmico, que altera la duración del ciclo estral, acorta el período de celo y disminuye su intensidad (Wise et al., 1988), así como las condiciones de manejo (Echternkamp, 1984; Rubio, 1988). Éstos tienen su mayor impacto poco antes de la ovulación, cuando el control neuroendocrino es más necesario para un proceso reproductivo exitoso (Moberg, 1985). Cuando los animales se estresan liberan cantidades elevadas de cortisol, el cual inhibe la secreción de LH (Katawe et al., 1993), el crecimiento folicular (Moberg, 1991), la secreción de estradiol (Wise et al., 1988; Katawe et al., 1993) y la expresión del estro. Algunos autores (Echtemkamp, 1984; Katawe et al., 1993) han demostrado que el cortisol en altas concentraciones inhibe la secreción de 17-0 estradiol y reduce el número de receptores de LH en cultivos de células de la granulosa (Katawe et al., 1993). En un estudio (Rubio, 1988), donde se buscó la relación del cortisol con la manifestación del estro inducido con PGF 2 α en novillonas, se encontró que aquéllas con niveles elevados de cortisol mostraban menor intensidad del estro en comparación con las que presentaron niveles bajos, en las cuales el estro se manifestó con mayor intensidad, lo cual fue medido can base en el número de montas recibidas. En vacas lecheras altas productoras se observaron concentraciones elevadas de cortisol propias de la lactación, ocasionadas por las condiciones de manejo (Wise el al, 1988), y se ha reportado que vacas mantenidas en cautiverio después de la inyección de PGF2α pueden no mostrar conducta estral (Vaca et al., 1985). Para que un programa de inseminación artificial resulte exitoso, debe incorporar eficiente y precisa detección del estro, apropiado manejo del semen e inseminación en el momento adecuado con relación a la ovulación. Sin embargo, la ineficiente detección del estro es considerada como la falla más costosa y común de dichos programas, que resulta en menor producción de leche y menor número de becerros nacidos durante la vida productiva de la vaca, excesivo número de días abiertos y aumento en el desecho por cuestiones reproductivas (Walker et al., 1996).

68 44 La eficiencia en la detección del estro es determinada por la tasa de inseminación artificial o de servicio (Senger, 1994), por lo que si sólo se detecta menos del 50% de los celos, es este mismo porcentaje de hembras el que se insemina. Actualmente, debido al aumento en el tamaño promedio de muchos hatos lecheros y en la producción de leche por vaca debido a la selección genética y al manejo especializado (Fricke et al., 1998), la falla en la detección eficiente y precisa del estro sigue siendo uno de los principales problemas, llevando a severas pérdidas económicas (Jobst et al., 2000). La falta de precisión en la detección de estros no sólo aumenta el intervalo a la primera inseminación artificial, sino que puede aumentar 40 a 50 días la duración promedio del intervalo entre el primer y segundo servicio de inseminación (Stevenson y Call, 1983). Dado que la detección del estro y los días al primer servic io de inseminación artificial, incluyendo el período de espera voluntario, son los principales factores que afectan la duración del intervalo entre partos, el aumento en las tasas de detección de estros aumentaría las tasas de gestación dentro de lo deseable, llevando así a menores intervalos entre partos. (Lucy et al., 1986). Una alternativa para superar el problema de la detección de estros, tanto en ganado lechero, como en el productor de carne y el de doble propósito, es desarrollar tratamientos hormonales que sincronicen la ovulación y permitan la inseminación artificial sin la necesidad de detectar estros (Barros et al., 2000) INSEMINACIÓN ARTIFICIAL La inseminación artificial se ha convertido en una de las tecnologías más importantes al ser adoptada por gran número de productores lecheros, resultando exitosa al reduce la transmisión de enfermedades, permitir la selección genética y aumentar la salud, longevidad y producción de las vacas (Dransfield et al, 1998). Sin embargo, la detección del estro es un factor importante que afecta el desempeño reproductivo en los programas de inseminación artificial (Everett y Bean, 1986). En la industria lechera se estima una considerable pérdida anual debido a la falla en la detección del estro, lo que ha reducido el impacto económico positivo de la inseminación artificial (Senger, 1994). Por lo tanto, la eficiente y precisa detección del estro y el momento de la resultante inseminación son uno de los principales retos para mejorar la eficiencia reproductiva y económica de los hatos lecheros (Trimberger y Davis, 1943; Trimberger, 1948; Foote, 1974, 1979; Nebel et al., 1994; Senger, 1994), principalmente de aquéllos pertenecientes a sistemas de producción estacional basados en pastoreo, y que requieren mantene r un patrón de partos concentrado y un intervalo entre partos de 365 días (Xú y Burton, 1996). Durante los últimos años se ha dado mucha atención al uso de la inseminación artificial en ganado tropical manejado en condiciones semi-intensivas. Sin embargo, la precisa detección del estro en estos animales sigue siendo una limitante para expandir el uso de esta técnica (Galina y Arthur, 1990a). Para vencer este obstáculo, se han desarrollado técnicas de sincronización del estro para mejorar la eficiencia en su detección (Medrano et al., 1996). Sin embargo, la tasa de fertilidad por inseminación artificial después de la sincronización es modesta, lo que es más evidente en ganado del trópico (Galina y Arthur, 1990a), siendo probablemente debido a la presentación de conducta estral por imitación en hembras anéstricas (McGuire el al., 1990; Gutiérrez el al., 1993), lo que obviamente puede afectar la precisa detección del inicio del estro (Medrano ef at,1996) y, por tanto, el resultado de la inseminación artificial. El trópico mexicano cuenta con hatos dedicados a la producción de sementales de raza pura, donde tradicionalmente se pretende implementar programas de inseminación artificial. En últimos años, la necesidad de introducir material genético de toros de alto valor en producción láctea, originarias de clima templado, para hembras de razas cebuinas, ha forzado a los ganaderos a aumentar el uso de la inseminación artificial en estos animales (Porras y Galina,

69 ). No obstante, la inseminación artificial como técnica reproductiva se ha usado poco en la ganadería de carne en América Latina (Plasse, 1992). Actualmente, se cuenta con una gran cantidad de conocimientos acerca de los rasgos característicos del ganado cebú (Galina et al., 1982; Peters y Riley, 1982a; Randel, 1984; Vaca et al., 1985), que explican los posibles factores que han obstaculizado la difusión de la inseminación artificial en la ganadería tropical. Sin embargo, varios autores coinciden en que una de los mayores limitantes es la detección de estros (Llewelyn et al., 1987; Mattoni et al., 1988; Galina y Arthur, 1990a), debido a que en la hembras Bos indicus el estro es significativamente más corto (Plasse et al., 1970; Alberro, 1983) y la manifestación es menos intensa (Galina et al., 1982; Orihuela et al., 1983). Además, las hembras en celo no permiten ser montadas repetidamente, sino que en promedio aceptan una monta por cada hora de celo (Galina et al., 1982). Adicionalmente, dicha actividad la realizan más bien sólo vacas en estro, y por lo general ocurre con mayor frecuencia durante la noche (Orihuela et al., 1983; Voh et al., 1987), revelando que éste es uno de los mayores problemas que contribuyen al fracaso en la detección del estro cuando se utilizan solamente dos observaciones diarias sin la ayuda de métodos complementarios (Baca et al., 1998) Inseminación artificial después del estro detectado El momento óptimo para la inseminación artificial con relación a la etapa del estro en el bovino ha sido investigado por más de 50 años (Trimberger y Davis, 1943; Trimberger, 1948), y desde entonces se demostró que las óptimas tasas de concepción se obtenían cuando las vacas eran inseminadas desde la mitad del estro hasta pocas horas después del final del estro verdadero, lo que llevó al establecimiento de la regla a.m.- p.m. para inseminación artificial después del estro detectado (Trimberger, 1948), misma que aún se usa actualmente. Según esta regla, una hembra observada en estro durante la mañana (a.m.) debe ser inseminada durante la tarde (p.m.), y aquélla observada en estro durante la tarde debe ser inseminada a la siguiente mañana (Trimberger, 1948). La regla a.m.-p.m. ha sido usada con éxito en ganado lechero (Graves et al., 1997), y hay evidencia de que la inseminación artificial posterior al estro detectado después de sincronizar con PGF2α da mejores resultados que la inseminación artificial a tiempo fijo (Rodríguez y Parra, 1979; Hardin et al.,1980). Se ha demostrado que la tasa de gestación por inseminación artificial una vez al día es similar a la realizada según la regla a.m.-p.m. (Foote, 1979; Nebel et al., 1994) Los eventos biológicos que afectan el momento de la inseminación artificial y la fertilización son la duración de la viabilidad de los gametos, el tiempo de transporte de los espermatozoides viables desde el sitio de la inseminación hasta la fertilización, y el momento de la ovulación en relación con la inseminación artificial (Dransfield et al, 1998). Mediante estudios de ultrasonografía realizados para detectar la ovulación, se determinó que el intervalo desde el primer evento de calor verdadero hasta la ovulación fue de 27.6 ± 5.4 h (Walker et al., 1996). El transporte de espermatozoides viables a los oviductos requiere mínimo de 6 h para obtener una población capaz de fertilizar, y el número de espermatozoides aumenta progresivamente sobre las 8 a 18 h (Thibault, 1973; Wilmut y Hunter, 1984; Hawk,1987). La vida funcional del espermatozoide bovino en el tracto reproductivo se ha estimado de 24 a 30 h (Trimberger y Davis, 1943, Trimberger,1948), y aunque el máximo tiempo que el óvulo puede conservar su capacidad para ser fertilizado es de 20 a 24 h, el período óptimo es transitorio y se estima en 6 a 10 h (Brackett et al.,1980). Aunque la ovulación ocurre al final del estro, se ha contemplado la importancia del momento del inicio del estro para la inseminación artificial en relación con la regla a.m.-p.m.(walker et al, 1996). En un estudio realizado en vacas Holstein de primer servicio, la inseminación artificial una vez al día resultó ser eficiente cuando se realizó a media mañana (Nebel et al., 1994),

70 46 no encontrando diferencias en la tasa de no retorno a estro entre la inseminación artificial a primer servicio realizada, ya fuera una vez al día, o siguiendo la regla a.m.-p.m. En otro estudio realizado con novillonas lecheras Holstein, Jersey y Guernsey (González et al., 1985), no se reportaron diferencias entre la inseminación artificial una vez al día entre las 8 y 9 de la mañana y la inseminación artificial según la regla a.m.-p.m. Diversos autores (Foote, 1979; Stevenson et al., 1983 a,b; Nebel et al., 1994) han reportado tasas de concepción más altas después de la inseminación artificial durante la mañana. Dado que la tasa de gestación es producto de las tasas de detección de estros y de concepción, con el fin de mejorar la detección de calores se han implementado esquemas de sincronización del estro que se enfocan en controlar la vida media del CL (Lucyt al., 1986; Chenault, 1992). En años recientes, se desarrolló un sistema que sincroniza tanto el desarrollo folicular como la regresión del CL (Thatcher et al., 1989; Macmillan y Thatcher, 1991), basado en la aplicación de una inyección de un agonista de la GnRH, seguida 7 días después por una inyección de PGF2,, (Badinga et a!., 1994; Wolfenson et al., 1994; Schmitt et al, 1996) e inseminación artificial después del estro detectado (Burke et al., 1996). En este caso, el agonista de la GnRH luteiniza o causa ovulación del folículo dominante, e inicia el reclutamiento y selección de uno nuevo 7 días después (Macmillan y Tatcher, 1991; Wolfenson et al., 1994), y la PGF2 α inicia la regresión del CL espontáneo, o de un CL potencial inducido por la GnRH, o ambos (Burke et al., 1996) Inseminación artificial a tiempo fijo Uno de los principales factores que limitan el uso de la sincronización del estro es la pobre expresión del celo después de la aplicación de fármacos específicos, particularmente prostaglandinas (Galina et al, 1987). Sin embargo, cuando se utiliza PGF2α para la sincronización del estro e inseminación artificial se obtienen mejores resultados con insem inación artificial posterior al estro detectado que con inseminación artificial a tiempo fijo (Rodríguez y Pana, 1979; Hardin et al., 1980), ya que cuando la inseminación artificial a tiempo fijo se compara con la posterior al estro detectado, se reduce significativamente la tasa de expresión del estro de 54 a 37%. Anteriormente, dado que la PGF2α había demostrado ser efectiva para controlar el ciclo estral Lauderdale et al., 1974), el desarrollo de sistemas para la sincronización del estro en vacas lecheras lactantes que incluyeran inseminación artificial a tiempo fijo a primer servicio había sido limitado y con poco éxito debido a que las tasas de concepción fueron menores a aquéllas obtenidas después de la inseminación artificial posterior al estro detectado (Lucy et al., 1986; Fetrow y Blanchard, 1987; Stevenson el al., 1987, 1996), resultando siempre máximas cuando la inseminación artificial se realizaba de esta última forma (Stevenson et al., 1999). Gran parte de la diferencia observada en las tasas de concepción después de uno o dos servicios de inseminación artificial a tiempo fijo cuando se sincroniza con PGF2α puede explicarse por la etapa de madurez del folículo dominante y, por consecuencia, por la variación en los intervalos a estro después de la regresión lútea inducida por PGF2α ya que se han observado diferencias en los intervalos a estro y en la fertilidad en novillonas lecheras cuando la PGF2α se adninistra en diferentes etapas del ciclo estral con inseminación artificial posterior al estro detectado o a tiempo fijo (King et al., 1982; Stevenson et al., 1984; Watts y Fuquay, 1985). Sin embargo, Pursley et al. (1997a) en vacas lecheras multíparas, obtuvieron tasa de gestación similar para la aplicación de PGF2α e insem inación artificial posterior al estro detectado (38.9%) y para la inseminación artificial a tiempo fijo (37.8%). En este sentido, existen pocas publicaciones sobre resultados de pr ogramas de inseminación artificial a tiempo fijo relacionados con la expresión y la detección del estro (LeBlanc et al., 1998). Debido a que los programas de sincronización basados en PGF2α no eliminan por

71 47 completo la necesidad de detección de estros, y dadas las limitaciones que conlleva su ineficiente detección en los programas de manejo reproductivo en el bovino, especialmente en el lechero, para un óptimo desempeño del hato resulta necesario reducir la dependencia de la detección de estros. Con este fin, en vacas lecheras lactantes se diseñó un sistema que combina la inseminación artificial a tiempo fijo con un pro de sincronización de la ovulación que puede iniciarse en una etapa al azar del ciclo estral (Pursley et al., 1995; Stolla et al, 1998). Considerando que la inseminación artificial a tiempo fijo requiere tanto del control de la fase lútea como de la sincronización del desarrollo folicular, dicho protocolo sincroniza el desarrollo folicular, la regresión del CL y el momento de la ovulación, permitiendo la efectiva inseminación artificial sin necesidad de detectar estros (Pursley et al., 1995, 1997, 1997a; Burke et al., 1996; Schmitt et al., 1996; Stolla et al., 1998). Este sistema utiliza el protocolo ya existente de GnRH-PG e inseminación artificial posterior al estro detectado (Badinga et al., 1994; Wolfenson et al., 1994; Burke et al., 1996; Schmitt et al., 1996), agregando una segunda inyección de GnRH 48 h después de la PGF2α e inseminando a tiempo fijo de 0 a 32 h después de la segunda GnRH (Jobst et al., 2000). La segunda aplicación de GnRH induce una oleada de LH, causando la ovulación del nuevo folículo dominante reclutado con una sincronía de 8 h, dentro de las 24 a 32 h siguientes a la segunda inyección de GnF H (Roche, 1975; Pursley et al., 1994; Silcox et al., 1995; Stolla et al., 1998), obteniendo tasas de gestación por inseminación artificial a tiempo fijo similares a las obtenidas por inseminación artificial según la regla a.m.-p.m. (Pursley et al., 1995, 1997, 1997a; Burke et al., 1996; Schmitt et al., 1996), tanto en vacas lecheras lactantes multíparas (Pursley et al., 1994), como en novillonas lecheras no lactantes (Schmitt et al., 11196). Esta precisa sincronía de la ovulación permite tener una prueba efectiva para determinar el momento óptimo para la inseminación artificial en relación con la ovulación (Pursley et al., 1998). HIPÓTESIS El empleo de GnRH más prostaglandina F2α para la inducción a la ovulación en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus, conduce a un mayor porcentaje de gestación mediante inseminación artificial, en comparación con hembras que no reciben tratamiento, bajo condiciones del trópico húmedo. OBJETIVO GENERAL Determinar si el empleo de GnRH más prostaglandina F2α como tratamiento para la inducción a la ovulación en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus conduce a un mayor porcentaje de gestación utilizando inseminación artificial, comparado con hembras no tratadas, bajo condiciones del trópico húmedo. OBJETIVOS PARTICULARES a) Determinar la respuesta a celo en las hembras Bos taurus / Bos indicus después del tratamiento de inducción y sincronización del estro y de la ovulación empleando GnRH más prostaglandina F2α en comparación con las hembras no tratadas. b) Comparar la tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial de las hembras Bos taurus / Bos indicus tratadas con GnRH más prostaglandina F2α contra las hembras de los grupos testigo. c) Determinar la efectividad de la inseminación artificial a tiempo fijo en combinación con el tratamiento de GnRH más prostaglandina F2α comparada con la inseminación artificial después del estro detectado en combinación con el mismo tratamiento, sobre las tasas de gestación a

72 48 primer servicio. d) Evaluar la tasa de gestación general en las hembras Bos taurus / Bos indicus con y sin tratamiento de GnRH más prostaglandina F2α e) Obtener la tasa de inducción a la ciclicidad después del tratamiento con GnRH más prostaglandina F2α 2. MATERIAL Y MÉTODOS 2.1. LOCALIZACIÓN El presente proyecto de investigación se realizó en siete explotaciones comerciales de bovinos de doble propósito (Bos taurus / Bos indicus), cuatro ubicadas en el municipio de Medellín de Bravo, dos en el municipio de Jamapa y una en el municipio de Veracruz, todos pertenecientes a la zona centro del estado de Veracruz. El primero se localiza a 19 03' latitud norte y 96 09' longitud oeste, a una altura de 10 msnm, con clima tropical sub-húmedo, temperatura anual promedio de 24.7 C y precipitación pluvial anal media de mm. El segundo se encuentra a 19 03' Iatitud norte, 96 14' longitud oeste, a 10 msnm, con precipitación pluvial media de 1677 mm y temperatura promedio de 25.5 C. El tercero se localiza a 19 12' latitud norte y 96 08' longitud oeste, a 10 msnm, con cama tropical sub-húmedo, precipitación pluvial anual de 1677 mm y temperatura anual promedio de 23.4 C (García, 1981) CARACTERISTÍCAS Y MANEJO DE LOS ANIMALES EXPERIMENTALES De las explotaciones participantes se seleccionaron 99 vacas de doble propósito, vacías, en anestro y lactantes, con 60 a 120 días post-parto y edad y peso promedio de 48 ± 7 meses y 410 ± 57.9 kg, respectivamente. Ad iniciar el estudio todas las hembras fueron palpadas vía rectal para conocer su estado ovárico, eligiendo a las que se encontraran en anestro pero que tuvieran folículos ováricos 10 mm de diámetro para conformar los grupos experimentales, identificándolas entonces según el grupo en que fueron incluidas. Los becerros de las vacas en estudio fueron mantenidos bajo un esquema de amamantamiento restringido, tradicional en la zona, consistente en tener el becerro al pie durante el ordeño para facilitar la bajada de la leche. Después del ordeño se le permite al becerro mamar la leche residual de la madre hasta finalizar la ordeña de todas las vacas, siendo entonces separados por un período de 4 h, después del cual se vuelven a reunir por media hora más, tiempo durante el cual el becerro puede amamantase libremente. Al término de ésta se le separa nuevamente de la madre y se vuelve a reunir con ella hasta el ordeño de la mañana siguiente. El destete de los becerros se realiza a los 7 meses de edad. Durante todo el estudio se continuó con el ordeño acostumbrado, que es manual y una vez al día. Todas las vacas fueron manejadas en pastoreo rotacional, con carga animal aproximada de 2 UA/ ha en praderas de pasto Estrella de África (Cynodon plecfostachyus), Estrella Santo Domingo (Cynodon nlemfuensis), Pangola (Digrtaria decumbens), Jaragua (Hyparrhenia rufa), Guinea (Panicum maximum) e Insurgente (Brachiaria brizantha), así como pastos nativos (Paspalum spp. y Axonopus spp.) CARACTERÍSTICAS DEL ESTUDIO El estudio se realizó de Marzo a Noviembre de 2002, en condiciones del trópico húmedo mexicano.

73 CONDICIÓN CORPORAL Los días en que se realizó la palpación rectal también se evaluó la condición corporal, utilizando la escala del 1 al 5 descrita por Edmonson et al. (1989), en la cual 1 es un animal emaciado y 5 un animal obeso. Se incluyeron en el estudio hembras con condición corporal de 1.5 a DETERMINACIÓN DE LA ACTIVIDAD OVÁRICA MEDIANTE PALPACIÓN RECTAL Y ULTRASONOGRAFIA En todas las vacas que participaron en el experimento, para confirmar el estado anéstrico pero con presencia de folículos >10 mm de diámetro antes de iniciar los tratamientos, se determinó la actividad ovárica mediante palpación rectal y ultrasonografía cada 10 días desde 30 días antes, así como el día de inicio de los tratamientos. Además, en 75 de las vacas en estudio, la palpación rectal y la ultrasonografía se realizaron también los días de aplicación de las hormonas y cada tercer día durante la acción de los tratamientos, con el fin de determinar la dinámica folicular, así como para detectar la presencia de un cuerpo lúteo activo. Se utilizó un ultrasonido portátil Aloka SSD 501), con transductor de 5.0 MHz, el cual se insertó vía rectal y se colocó a lo largo de la superficie dorsal del cuerno del útero, realizando movimientos laterales para examinar los ovarios. El tracto reproductivo no fue manipulado directamente antes o durante el examen ultrasonográfico. Los folículos presentes fueren medidos para determinar su crecimiento diario, de acuerdo a la técnica previamente establecida (Sirois y Fortune, 1988; Ginther et al., 1989; Taylor et al., 1993). La existencia o no de actividad ovárica, así c amo la ovulación, se determinaron al encontrar por palpación rectal y ultrasonografía un cuerpo lúteo activo TRATAMIENTOS Inducción y sincronización de la ovulación A 24 vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus se les asignó el protocolo que emplea GnRH + PGF2 + GnRH para sincronizar la ovulación (Ovsynch, Pursley et al.,1995), consistente en inyectar vía i.m. 200 µg de GnRH (Gonadorelina, Fertagyl, Late. Intervet) al confirmarse la presencia de folículos ováricos 10 mm de diámetro, aplicando siete días después vía i.m. 150 µg de PGF2α(Cloprostenol, Prosolvin C, Lab. Intervet), y 48 h después una segunda inyección de 200µg de GnRH, recibiendo todas las hembras inseminación artificial a tiempo fijo de 16 a 20 h posteriores a la segunda inyección de GnRH. En 25 vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus se empleó el protocolo GnRH + PGF2«+ GnRH para sincronizar la ovulación (CO-Synch, Geary el al., 1998), que consistió en aplicar vía i.m. 200 liq de GnRH (Gonadorelina, Fertagyl, Lab. Intervet) al presentar folículos ováricos 10 mm de diámetro, seguida a los siete días por una inyección i.m. de 150 µg de PGF2,1(Cloprostenol, Prosolvin C, Lab. Intervet), y a las 48 h una segunda inyección de 200 µg de GnRH con inseminación artificial a todas las vacas. A 25 vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus se les aplicó el protocolo GnRH + PGF2,, para sincronizar el estro y la ovulación (Select Synch, Downing et al., 1998), según el cual se administró vía i.m. una inyección de 200 µg de GnRH (Gonadorelina, Fertagyl, Lab. Intervet) al detectar la presencia de folículos ováricos 10 mm de diámetro, y siete días después se aplicó vía i.m. una inyección de 150 µg de PGF2α (Cloprostenol, Prosolvin C, Lab. Intervet), inseminando a las vacas 12.h post-estro detectado.

74 50 Otras 25 vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus fungieron como testigo sin tratamiento para los tres protocolos descritos anteriormente DESTETE TEMPORAL Al momento de cada aplicación de GnRH, los becerros de las hembras en estudio fueron destetados por 48 h, regresando a su manejo normal después de dicho período DETECCIÓN DE ESTROS La observación de celos en las hembras pertenecientes al grupo Select Synch y al testigo se realizó de manera continua a lo largo de todo el experimento, utilizando personal capacitado y un toro marcador que permaneció todo el tiempo con las vacas. Se consideró a una hembra en estro cuando permitió al menos dos montas en los períodos de observación (Orihuela et al., 1989). La detección de estros continuó por 30 días después del servicio de inseminación artificial en todas las hembras en estudio INSEMINACIÓN ARTIFICIAL Las hembras de los grupos Ovsynch y CO-Synch fueron inseminadas a tiempo fijo de acuerdo con la metodología preestablecida, mientras que las hembras Select Synch y testigo que manifestaron signología estral fueron servidas mediante inseminación artificial de acuerdo al sistema a.m. - p.m. y p.m. - a.m. La inseminación artificial de todas las vacas la realizó el mismo técnico inseminador DIAGNÓSTICO DE GESTACIÓN Se realizó mediante ultrasonografía 30 días después de la inseminación artificial, y se confirmó por palpación rectal 15 días más tarde VARIABLES EN ESTUDIO Se evaluó el efecto de la inducción a la ovulación con los métodos Ovsynch, CO-Synch y Select Synch en las vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus con respecto a las hembras pertenecientes al grupo testigo, de acuerdo a los cambios obtenidos durante la fase experimental sobre: Comportamiento reproductivo: número de hembras que mostraron estro (%), proporción de hembras que quedaron gestantes a primer servicio de inseminación artificial (%) y número de hembras que fueron inducidas a la ciclicidad posterior al tratamiento (%) ANÁLISIS ESTADÍSTICO Se analizaron estadísticamente las variables nominales u ordinales (estro y no estro, gestantes y no gestantes, inducidas y no inducidas) a través de Xi 2 y la prueba exacta de Fisher, disponibles en el paquete estadístico SAS (Gody y Smith, 1991). MODELO ESTADÍSTICO Modelo lineal Yi=µ+MSi+E Y = Variable de respuesta µ = Media general de la variable de respuesta

75 51 MSi = Efecto del i-ésimo método de sincronización, j= 1, 2, 3, 4 E = Error experimental 3. RESULTADOS 3.1. TASA DE OVULACIÓN La tasa de ovulación se evaluó mediante ultrasonografía en 16, 10 y 24 vacas Ovsynch, CO-Synch y Select Synch, respectivamente, así como en todas las testigo, considerando únicamente la tasa de ovulación. posterior a la primera aplicación de GnRH para todos los tratamientos, ya que la tasa de ovulación sincronizada (posterior a la segunda GnRH) para Ovsynch y CO-Synch no se determinó por evitar manipular el tracto reproductivo de las hembras después de haber sido inseminadas. Se encontró diferencia estadística por efecto de los tratamientos en tasa de ovulación a la primera GnRH, con respecto al grupo testigo (NO.05). La tasa de ovulación para los tres tratamientos fue de 100% y de 0% para el testigo, no encontrando diferencia estadística entre Ovsynch, CO-Synch y Select Synch (P>0.05) (Cuadro 1), ni tampoco efecto de la condición corporal (P>0.05). En cuanto a la tasa de ovulación del folículo dominante del inicio del estudio, no se encontró diferencia estadística al comparar los tratamientos inductores (P>0.05), siendo de 93.8, 90 y 75% para Ovsynch, CO-Synch y Select Synch, respectivamente, resultando una tasa general del 84%. Sin embargo, si hubo diferencia por tratamientos en cuanto a la ovulación del folículo dominante inicial o de otro diferente a éste (NO.05) (Cuadro 2), pero no se encontró efecto de la condición corporal (P>0.05). Cuadro 1. T asa de ovulación a la primera inyección de GnRH en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus inducidas a ovular con los protocolos Ovsynch, CO-Synch, Select Synch y en vacas testigo. Tratamiento Tasa de ovulación (%) Ovsynch 16/16 (100)a CO-Synch (100)a Select Synch (1 00)a Testigo 0/25 (0)b Datos presentados como vacas quo ovularon / número de vacas(%) a,b Diferencia estadística (P<0.05) Cuadro 2. Tasa de ovu lación del folículo dominante inicial o de otro diferente a éste en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus después de aplicar la primera GnRH, como parte de los protocolos Ovsynch, COSynch y Select Synch para inducción de la ovulación y en hembras testigo. Tratamiento Tasa de ovulación dal folículo dominante (%) Tasa de ovulación de un folículo diferente al dominante (%) Ovsynch 15/ 16 (93.8)a 1/16 (6.2) c CO-Synch 9/10(90) a 1/10 (10) c Select Synch 18/24 (75) a 6/24 (25) c Testigo 0/25 (0) b 0/25 (0) b Datos presentados como vacas que ovularon / número de vacas (%) Diferente literal indica diferencia estadística (P<O.05)

76 ESTRUCTURAS OVÁRICAS La determinación de las estructuras ováricas presentes al momento de las distintas inyecciones hormonales correspondientes a los tratamientos, se hizo mediante ultrasonografía en las mismas vacas en las que se determinó la tasa de ovulación a la primera GnRH. Al aplicar la primera inyección de GnRH todas las hembras presentaron folículos 10 mm de diámetro (P>0.05). Siete días después, al aplicar la PGF2α la presencia de cuerpo tuteo se detectó en el 100% de hembras Ovsynch y CO-Synch, y en 95.8% de Select Synch, ya que una de éstas (4.2%) presentó cuerpo hemorrágico, mientras que de las testigo ninguna tuvo CL (0%), encontrándose diferencia estadística por efecto de los tratamientos con respecto al grupo testigo (P<0.05), pero no habiendo diferencia entre tratamientos (P>0.05), ni por efecto de la condición corporal (P>0.05), siendo en total 98% de vacas que presentaron cuerpo lúteo (Cuadro 3). En cuanto a la tasa de presen tación de un folículo dominante además del cuerpo lúteo el día de aplicación de la PGF2α se encontró diferencia estadística por efecto de los tratamientos con relación al grupo testigo (P<0.05), pues mientras para éste fue de 0%, para las hembras Select Synch, Ovsynch y COSynch fue de 75, 50 y 50%, respectivamente, no habiendo diferencia entre tratamientos (P>0.05), siendo en total 62% de vacas con folículo dominante además del cuerpo lúteo (Cuadro 3), ni tampoco hubo efecto de la condición corporal (P>0.05). En los tres tratamientos, la aplicación de la PGF2α causó la luteólisis en el 100% de las vacas que presentaron cuerpo lúteo (P>0.05). Al aplicar la segunda dosis de GnRH, se encontró diferencia estadística por efecto de los tratamientos con respecto a la presentación de folículos 10 o <10 mm (P<0.05), no habiendo diferencia entre Ovsynch y CO-Synch (P>0.05), pero sí entre éstos y el testigo (P<0.05). En este sentido, cinco hembras Ovsynch (31.2%) y siete CO-Synch (70%) presentaron folículos 10 mm de diámetro, mientras que 11 vacas Ovsynch (68.8%), tres CO- Synch (30%) y todas las testigo presentaron folículos <10 mm. Así, para las hembras Ovsynch y CO-Synch la tasa de presentación de folículos 10 mm el día de aplicación de la segunda dosis de GnRH fue de 46.2%, mientras que la de folículos <10 mm fue de 53.8% (Cuadro 4), no habiendo efecto de la condición corporal (P>0.05). De las hembras CO-Synch y Ovsynch que presentaron folículos 10 mm de diámetro al aplicar la segunda GnRH (junto con inseminación artificial para CO-Synch o al día siguiente para Ovsynch), dos quedaron gestantes en CO-Synch (20%) y una en Ovsynch (6.25%), mientras que de las hembras que presentaron folículos <10 mm, dos quedaron gestante,<, en Ovsynch (12.5%) y una en CO-Synch (10%), no habiendo diferencia estadística entre tratamientos (P>0.05) (Cuadro 4). No se encontró diferencia estadística por efecto de la condición corporal (P>0.05). Por otro lado, en el grupo Select Synch once días después de aplicar la PGF 2α se realizó una ultrasonografía a 20 hembras, encontrándose que seis de ellas presentaron nuevamente cuerpo lúteo (30%), mientras que el resto sólo presentó folículos 5 mm (70%) (Cuadro 5). Cuadro 3. Estructuras ováricas presentes a la evaluación ultrasonográfica al inicio del tratamiento y el día de aplicación de la PG 2α en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus inducidas a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch, Select Synch y en vacas testigo.

77 53 Tratamiento Inicio tratamiento:1 a GnRH Día de aplicación de PGF2α Folículos 10 mm Cuerpo Cuerpo lúteo hemorrágico Ovsynch (%) 16/16 (100) a 16/16 (100) b 0/16 (0) d 8/16 (50) e CO-Synch(%) 10/10 (100) a 10/10 (100) b 0/10 (0) d 5/10 (50) e Select Zinc (%) 24/24 (100) a 23/24 (95.8) b 1/24 (4.2) d 18/24 (75) e Testigo (%) 25/25 (100) a 0/25 (0) c 0/25 (0) d 0/25(0) f Datos presentados como vacas que presentaron tales estructuras / número de vacas (%) Diferente literal por columna indica diferencia estadística (P<0.05) Folículo dominante Cuadro 4. Número de vacas anéstricas Bos taurus/bos indicus con folículos 10 o <10 mm de diámetro al aplicar la segunda dosis de GnRH, así como número de hembras que quedaron gestantes de acuerdo al diámetro del folículo presente al momento de la inseminación artificial, después de la inducción a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch y en vacas testigo. Final tratamiento: 2 a GnRH Tratamiento Folículos 10mm Gestantes Folículos <10 mm Gestantes Ovsyncnch (%) 5/16 (31.2) a 1/16(6.25) c 11/16 (68.8) e 2/16 (12.5) c CO-Synch (%) 7/10(70) a 2/10 (20) c 3/10 (30) f 1/10 (10 ) c Testigo % 0/25 (0) b 0/25 0 d 25/25 (100) e 0/25 (0) d Datos presentados como vacas que presentaron tales estructuras / número de vacas (%) Diferente literal por columna indica diferencia estad ística (P<O.05) Cuadro 5. Estructuras ováricas presentes a la evaluación ultrasonográfica en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus once días después de aplicar la PGF2α como parte del protocolo Select Synch para inducción de la ovulación. mm Estructuras ováricas Vacas (%) Folículos ³ 5 mm 14/20(70) a Cuerpo lúteo 6/20 (30) b Total 20/20 (100) Datos presentados como vacas que presentaron tales estructuras / número de vacas (%) ab Diferencia estadística (P<O.05) 3.3. TASA DE PRESENTACIÓN DE ESTROS La tasa de presentación de estros solamente se evaluó en las hembras del grupo Select Synch y en hembras testigo. Se encontró diferencia estadística por efecto del tratamiento entre Select Synch y el grupo testigo (P<0.05). La tasa de presentación de estros fue mayor para Select Synch (20%) que para el testigo (0%) (Cuadro 6). Además, dentro del Select Synch la tasa de presentación de estro prematuro fue del 4% (1/25). En Select Synch se encontró diferencia estadística por efecto de la condición corporal entre vacas que presentaron y no presentaron estro (P<0.05). La tasa de presentación de estros fue mayor para vacas con condición corporal de 2.0 (16%), que con condición corporal de 1.5 (4%) y de 2.5 (0%) (Cuadro 7). Cuadro 6. Tasa de presentación de estros en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus inducidas al estro y a la ovulación con el protocolo Select Synch, y en vacas testigo sin tratamiento.

78 54 Tratamiento Hembras que presentaron estro % Hembras que no presentaron estro % Select Synch 5/25 (20) a 20/25 (80) c Testigo 0/25 (0) b 25/25 (100) d Datos presentados como vacas que presentaron o no estro I número de vacas (%) Literales distintas indican diferencia estadís tica (P<0.05) Cuadro 7. Tasa de presentación de estros en vacas anéstricas Bos Taurus / Bos indicus con condición corporal (CC) de 1.5, 2.0 y 2.5, inducidas al estro y a la ovulación con el protocolo Select Synch. Condición corporal Estro (%) No estro (%) Total de vacas por CC (%) 1.5 1/25(4) a 15/25 (60) c 16/25 (64) 2.0 4/25 (16) b 2/25 (8) d 6/25 (24) 2.5 0/25(0) a 3/25 (12) d 3/25 (12) Total (%) 5/25 (20) 20/25 (80) 25/25 (100) Datos presentados como vacas que presentaron o no estro / número de vacas (% ) a,d No hubo diferencia estadística (P>0.05) b,c Diferencia estadística (P<0.05) 3.4. TASA DE GESTACIÓN Se encontró diferencia estadística por efecto únicamente de los tratamientos Ovsynch y CO- Synch, con respecto al grupo testigo (P<0.05), no habiendo diferencia entre Select synch y testigo (P>0.05). La tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial obtenida fue de 20.8% para Ovsynch, 28% para CO-Synch y 0% tanto para Select Synch como para el grupo testigo (Cuadro 8). Se encontró difer encia estadística en tasa de gestación al comparar los tres tratamientos inductores de la ovulación (P<0.05). En este sentido, no hubo diferencia estadística entre Ovsynch y COSynch (P>0.05), pero sí entre Ovsynch y Select Synch (P<0.05) y CO-Synch y Select Synch (P<0.05) (Cuadro 9). La tasa de gestación general obtenida a primer servicio de inseminación artificial para los tres tratamientos inductores de la ovulación fue de 16.2 ± 14.5% (Cuadro 9). No se observó efecto de la condición corporal sobre el número de vacas gestantes o no gestantes en Ovsynch y CO-Synch, ni tampoco se encontró diferencia estadística por efecto de la condición corporal sobre la tasa de gestación general (P>0.05). En el Cuadro 10 se presenta el número de hembras gestantes o no gestantes, así como su condición corporal, para cada uno de los tratamientos inductores de la ovulación. Cuadro 8. Tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus inducidas a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch, Select Synch y en vacas testigo. Tratamiento Hembras gestantes (%) Hembras no gestantes (%) Ovsynch 5/24 (20.8) a 19/24 (79.2) c CO-Synch 7/25 (28) a 18/25(72) c Select Synch 0/25 (0 )b 25/25(100) 72 Testigo 0/25 (0) b 25/25(100) c Datos presentados como vacas gestantes/número de vacas (%) (100) a,b Diferente literal por columna y por fila indica diferencia estadística (P<0.05)

79 55 Cuadro 9. Tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus al comparar los tratamientos inductores de la ovulación Ovsynch, CO-Synch y Select Synch. Tratamiento Hembras gestantes (%) Ovsynch 5/24 (20.8) a CO-Synch 7/25 (28) a Select Synch 0/25 (0) b Tasa general de gestación (%) 12/74 (16.2 ± 14.5) Datos presentados como vacas gestantes / número de vacas (%) a,b Diferencia estadística (P<O.05) Cuadro 10. Número de vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus gestantes o no gestantes a primer servicio de inseminación artificial, con condición corporal (CC) de 1.5, 2.0 y 2.5, después de los tratamientos inductores de la ovulación Ovsynch, CO-Synch y Select Synch. Tratamiento CC 1.5 CC 2.0 CC 2.5 Total de vacas por tratamiento (%) Ovsynch Gestantes (%) 1/24 (4.2) a 4/24 (16.7) a 0/24(0 ) a 5/24 (20.8) a No gestantes (%) 7/24 (29.2) a 11/24 (45.8) a 1/24(4.2) 19/24 (79.2) b Total (%) 8/24 (33.3) 15/24 (62.5) 1/24(4.2) a 24/24 (100) CO-Synch Gestante s % 0/25 (0) a 3/25 (12) a 4/25(16) a 7/25 (28) a No gestantes % 4/25(16) a 9/25 (36) a 5/25(20) a 18/25 (72) b Total (%) 4/25 (16) 12/25 (48) 9/25 (36) 25/25 (100) Select Synch Gestantes (%) 0/25(0) a 0/25 (0) a 0/25(0) a 0/25(0) a No gestantes (%) 16/25 (64) b 6/25(24) b 3/25(12) b 25/25 (100) b Total (%) 16/25 (64) 6/ (24) (24)!> 3/25 (12) 25/25 (100) Total de hembras por CC Gestantes (%) 1/28(3.6) a 7/33 (21.2) a 4/13 (30.8) a 12/74 (16.2) a No gestantes (%) 27/28(96.4) b 26/33 (78.8) b 9/13(69.2) b 62/74 (83.8) b Total (%) 28/28(100) a 33/33(100 ) a 13/13(100) a 74/74 (100) Datos presentados como vacas gestantes / número de vacas (%) a,b Diferencia estadística (P<O.05) 3.5. TASA DE INDUCCIÓN A LA CICLICIDAD POSTERIOR AL TRATAMIENTO Se encontró diferencia estadística por efecto de los tratamientos, con respecto al grupo testigo (P<0.05). La tasa de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento fue de 62.5% para Ovsynch, 60% para CO-Synch, 44.0% para Select Synch y 0% para el grupo testigo. Sin embargo, no se encontró diferencia estadística entre los tres tratamientos inductores (P>0.05) (Cuadro 11). La tasa general de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento fue 55.5 ± 10.03% (Cuadro 12). No se observó efecto de la condición corporal sobre el número de hembras inducidas o no a la ciclicidad después de cada uno de los tres tratamientos inductores,. ni tampoco se encontró diferencia estadística por efecto de la condición corporal entre los tres tratamientos (P>0.05). En el Cuadro 13 se presenta el número de hembras inducidas o no a la ciclicidad, así como su condición corporal, para cada uno de los tratamientos inductores de la ovulación.

80 56 Cuadro 11. Tasa de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus inducidas a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch, Select Synch y en vacas testigo. Tratamiento Hembras inducidas (%) Hembras no inducidas (%) Ovsynch 15/24 (62.5) a 9/24(37.5) a CO-Synch 15/25 (60) a 10/25(40) a Select CO-Synch 11/25 (44) 15125(60)a 14/25(56) a Testigo 0/25(0) b 25/25(100) b Datos presentados como vacas inducidas 1 número de vacas (%) a,b Diferencia estadística (P<0.05) Cuadro 12. Tasa general de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento en vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus después de la inducción a la ovulación con los protocolos Ovsynch, CO-Synch y Select Synch. Tratamiento Hembras inducidas (%) Ovsynch 15/24 (62.5) a CO-Synch 15/25(60) a Select Synch 11/25(44) a Tasa general de inducción n (%) 41/74 (55.5 ± 10.03) Datos presentados como vacas inducidas /número de vacas (%) a No hubo diferencia estadística (P>0.05) Cuadro 13. Número de vacas anéstricas Bos taurus / Bos indicus inducidas o no a la ciclicidad posterior al tratamiento, con condición corporal (CC) de 1.5, 2.0 y 2.5, después de los tratamientos Ovsynch, CO Synch y Select Synch para la inducción de la ovulación. Tratamiento CC 1.5 CC 2.0 CC 2.5 Total de vacas por tratamiento (%) Ovsynch Inducidas (%) 5/24 (20.8) a 9/24 (37.5) a 1/24 (4.2) a 15/24 (62.5) a No inducidas (%) 3/24 (12.5) a 6/24 (25) a 0/24 (0) a 9/24 (37.5) a Total (%) 8/24 (33.3) 15/24 (62.5) 1/24 (4.2) 24/24 (100) CO-Synch Inducidas (%) 3/25 (12) a 8/25 (32) a 4/25 (16) a 15/25 (60) a No inducidas (%) 1/25 (4) a 4/25(16) a 5/25 (20) a 10/25 (40) a Total (%) 4/25 (16) 12/25 (48) 9/25 (36) 25/25 (100) Select Synch Inducidas (%) 6/25 (24) a 4/25 (16) a 1/25 (4) a 11/25 (44) a No inducidas (%) 10/25 (40) a 2/25 (8) a 2/25 (8) a 14/25 (56 a Total (%) 16/25 (64) 6/25 (24) 3/25 (12) 25/25 (100) Total de hembras por CC Inducidas (%) 14/28 (50) a 21/33 (43.6) a 6/13 (46.2) a 41/74 (54.4) a No inducidas (%) 14/28 (50) a 12/33 (36.4) a 7/13 (53.8) a 33/74 (44.6 a Total (%) 28/28 (100) 33/33 (100) 13/13 (100) 74/74 (100) Datos presentados como vacas inducidas / número de vacas (%) a no hubo diferencia estadística (P>0.05)

81 57 4. DISCUSIÓN 4.1. TASA DE OVULACIÓN Y ESTRUCTURAS OVÁRICAS En el presente estudio, la tasa de ovulación la primera inyección de GnRH para Ovsynch, CO- Synch y Select Synch fue del 100%, induciendo en todas las vacas la formación de un CL, resultado similar únicamente a la obtenida por Twagiramungu et al. (1994a), quienes en vacas productoras de carne cíclicas sincronizadas con 8 µg de buserelin al día 0 y 500 µg (le cloprostenol al día 6, encontraron que el buserelin indujo la ovulación en todas las que al momento del tratamiento no tenían cuerpo piteo activo. Por el contrario, los demás estudios realizados reportan menor tasa de ovulación a la primera, GnRH empleando diferentes protocolos con GnRH y PGF2α A este respecto, Thatcher et al. (1989) y Pursley et al. (1995) señalan que en vacas lecheras la primera inyección de GnRH causa luteinización u ovulación del folículo dominante en aproximadamente el 85% de las hembras; de igual forma, Vasconcelos et al (1999), también en vacas lecheras, reportaron 64% de ovulación a la primera GnRH, indicando que este resultado varió de acuerdo a la etapa del ciclo estral al momento del tratamiento. Por otro lado, en vacas productoras de carne, Thompson et al. (1999; reportaron 75% de inducción de CL después de aplicar GnRH empleando el Select Synch, mientras que Geary et al. (2001) en vacas anéstricas y lactantes sincronizadas con CO-Synch obtuvieron sólo el 31%. Con respecto a la inducción de la luteólisis después de la aplicación de PGF2α, en este estudio ésta se presentó en todos los tratamientos en el 100% de las vacas que tuvieron CL, comparable al 93% obtenido por Vasconcelos et al. (1999) en vacas lecheras sincronizadas con Ovsynch, no habiendo más datos reportados en la literatura sobre la inducción de la luteólisis después de aplicar prostaglandina en ganado sincronizado con los protocolos que combinan GnRH y PGF2α. En cuanto a la presencia de un folículo dominante preovulatorio además del CL el día de aplicación de la PGF2α, en este estudio se detectó en 75, 50 y 50% de vacas Select Synch, Ovsynch y CO-Synch, respectivamente, siendo en total el 62% de las hembras. A este respecto, Twagiramungu et al. (1994a) señalaron que en vacas productoras de carne cíclicas sincronizadas con Select Synch la selección del folículo preovulatorio ocurrió antes de la inyección de PGF2α. El resultado obtenido en el presente estudio es inferior al 83.3% señalado por Barros et al. (2000) en vacas Nelore cíclicas sincronizadas con Select Synch y Ovsynch TASA DE PRESENTACIÓN DE ESTROS En este estudio, la tasa de presentación de estros en Select Synch fue inferior a las reportadas en diversos estudios usando este mismo protocolo con dosis de GnRH de 100 µg. A este respecto, Lemaster et al. (2001) en vacas Bos taunis / Bos indicus post-parto y lactantes, reportaron porcentajes de estro del 45.2% entre los días 7 a 12 para Select Synch. Fernandes et al. (2001) al emplear el protocolo GnRH -PG (GnRH = 8 µg de acetato de buserelin, GnRH-agonista, i.m.) en vacas Nelore no lactantes cíclicas, y en lactantes cíclicas y anéstricas, obtuvieron detección de celos de 44.5 a 70.3%, que variaron acorde al número de vacas con cuerpo lúteo al inicio del tratamiento.

82 58 En cuanto a la respuesta a estro en vacas productoras de carne sincronizadas con Select Synch, Thundathil et al. (1999) obtuvieron en vacas cruzadas lactantes tasa de presentación de estro sincronizado de 84.4 y 34.6%, respectivamente, en dos estudios realizados. En otro experimento, llevado a cabo por Martinez et al. (2001) en vacas lactantes, las hembras detectadas en estro 36 o 48 h después de la PGF2α recibieron inseminación artificial 12 h después, mientras que el resto recibió 100 µg GnRH i.m. 72 h post PGF2α junto con inseminación artificial (CO-Synch), obteniendo una tasa general de detección de estros de 57.6%, y un intervalo promedio de la aplicación de la PGF2α al estro de 64.2 ± 15.9 h. Estos últimos resultados contrastan con los señalados por Kojima ot al. (2000) al emplear el Select Synch en vacas multíparas, pues encontraron que el momento del estro después de la PGF2α (0 h) fue de -30 a 114 h, con 18% de vacas presentándolo 30 h antes a 18 h después de la PGF2α, predominando el estro sincronizado entre 42 y 66 h post-pgf2α en 69% de las hembras, con la mayoría de vacas en estro a las 54 h. Además, Dejarnette et al (2001) reportaron que en vacas productoras de carne lactantes sincronizadas con Select Synch se detectó 7% en estro prematuro (días - 3 a 0: GnRH=dia -7, PG=día 0), una respuesta a estro del 61 vs. 73% para vacas con <60 y > 60 días post-parto, respectivamente, así como una tasa de detección de estros en vacas primíparas y multiparas del 76 y 78%, respectivamente. En este sentido, Dejarnette ot al. (2001b), en vacas cruzadas predominantemente Angus que recibieron el Select Synch con la PGF2α, al día 0 y la GnRH al día -7 o -6, no encontraron efecto del día de aplicación de la GnRH sobre la incidencia de estro prematuro (antes de la PGF2α,) (día -6 vs. día -7; 8 vs. 15%, respectivamente) ni sobre la respuesta a estro (día -6 vs. día -7; 92 vs. 93%, respectivamente). En otro experimento realizado por los mismos autores en vacas Angus con el mismo protocolo de sincronización, se detectó 7% de hembras en estro prematuro, y se obtuvo 78% de respuesta a estro. A este respecto, del 20% de estros detectado en el presente estudio, el 4% fue 48 h antes de la PGF2α (estro prematuro). Con respecto a los resultados obtenidos en vacas lecheras sincronizadas con Select Synch, Mialot et al. (1999) detectaron sólo 33.7% en estro, mientras que Stevenson et al. (1999) en dos experimentos realizados detectaron en el primero 82.3% en estro, con 64 ± 3.7 h desde la aplicación de la PGF2α hasta la aparición del celo, y 68.2% con 63 ± 3.5 h, respectivamente, en el segundo experimento, al igual que Cartmill et al. (2001a) detectaron 58.7% de estros durante el verano. Así mismo, De Rensis et al. (1999) al emplear el Select Synch con 12.6 µg de buserelin como dosis de GnRH, más PGF2 6 días después, entre los días 55 a 90 ó 91 a 135 pos- parto, obtuvieron una tasa de detección de estros del 69 y 52%, respectivamente, resultando al final la eficacia general del tratamiento mayor en vacas tratadas entre los días 55 y 90 (54%) que en vacas tratadas entre los días 91 y 135 (36%). Las respuesta a estro, además de haber sido estudiada en el protocolo Select Zinc, también lo ha sido en otros protocolos de sincronización de la ovulación con inseminación artificial a tiempo fijo basados en la combinación de GnRH y PGF2α. A este respecto, en vacas Holstein sincronizadas con Ovsynch, Stevenson et al. (1996) sólo detectaron 3.5% de vacas en estro, al igual que Stevenson et al. (1999) detectaron 7% de estros con 54 ± 13 h desde la aplicación de la PGF2α hasta la aparición del celo en un primer experimento, y 9.1% con 55 ± 4.4 h, respectivamente, en un segundo experimento. Así mismo, Mialot et al. (1999) en vacas Holstein sincronizadas con Ovsynch detectaron 46.9% de vacas en estro, 36.3% el día 10 y el resto antes del día 10. En un estudio realizado por DeJamette et al. (2001a), vacas Holstein lactantes de dos hatos con >80 días post-parto recibieron el Select Synch; las detectadas en estro prematuro ( <48h post- PGF2α,) recibieron inseminación artificial 8 a 12 h después, mientras que las demás recibieron 100 µg GnRH 48 h post-pgf2α, e inseminación artificial 16 a 18 h después (Ovsynch), o las no detectadas en estro entre 48 y 72 h post-pgf2α recibieron inseminación artificial a tiempo fijo 72 h. Post- PGF2α junto con 100 µg GnRH (Ovsynch modificado).

83 59 La tasa de detección de estros antes de 48 h post- PGF2α fue de 20%, del cual el 5% fue detectado en estro antes de la PGF2α (< día 0), encontrando además influencia del hato sobre el porcentaje de vacas en estro prematuro (hato A 25 vs. hato B 14%), indicando que, dada la presentación de estro prematuro antes de aplicar la PGF2α se necesita eficiente detección de estros en este período si se quieren lograr máximas tasas de gestación. Por otro lado, Lemaster et al. (2001)en vacas Bos Taurus / Bos indicus p ost-parto y lactantes, encontraron que entre los días 7 a 12 la tasa de presentación de estros para el CO- Synch fue del 17.6%, mientras que para el Hybrid-Synch (GnRH=día 0, PGF= días 7, GnRH + IA = día 10) fue de 33%. Con respecto a la respuesta a estro utilizando dosis de GnRH de 200 µg por inyección, similar a la empleada en el presente estudio, Gabor et al. (2002) en vacas Holstein Friesian lactantes detectaron 11.5% de estros los días 0 a 6, y 9.4% los días 7 y 8 al emplear el Ovsynch a los 68 ± 8.2 días post-parto, teniendo una tasa general de detección de estros de 20.9%. Este resultado es el único reportado en la literatura que resulta similar al obtenido en este estudio (20%) con Select Synch. La baja tasa de detección de estros (20%) observada en el presente estudio, pudo haberse debido principalmente al genotipo de las hembras (Bos taurus / Bos indicus), a inadecuada detección de estros, a la época del año en que se realizó el estudio y la condición corporal de las vacas (1.5 a 2.5, escala 1 a 5). En lo que refiere al genotipo de las hembras, se sabe que en el ganado tropical la detección de estros es una tarea difícil, ya que el sistema de manejo extensivo impide la frecuente observación de los animales (Vaca et al., 1985), dificultando la detección del estro en hembras en pastoreo (Hardin et al., 1980), aunque a los singulares rasgos de comportamiento de estas razas (Gutiérrez et al., 1993), haciendo que el desconocimiento de los signos de estro en el ganado tropical provoque que en ocasiones se insemine fuera de tiempo, ocasionando que las tasas de gestación obtenidas por inseminación artificial sean bajas, convirtiéndose así en un factor importante que limita el uso de esta técnica en la zona. Además, a pesar de la importancia que tiene la in seminación artificial para la introducción de genes lecheros en la razas cebuinas y de doble propósito predominantes en el trópico (Galina y Arthur, 1990a), los protocolos hormonales empleados para la sincronización del estro e inseminación artificial a tiempo fijo, que evitan la necesidad de detectar calores, no han producido buenas tasas de fertilidad, particularmente en razas cebuinas. Así mismo, con respecto a las características reproductivas de ganado en el trópico, la duración e intensidad del estro en ganado Bos indicus es significativamente menor que en Bos taurus (Orihuela et al., 1983; Galina y Arthur, 1990b; Gutiérrez et al., 1993), promediando sólo una monta por hora, a diferencia de las razas europeas con 2.8 montas por hora (Galina et al., 1982), además de que en el Bos indicus el comportamiento estral se observa más bien entre las 6:00 y las 8:00 h (Solano et al., (1982), o por la noche, lo que en conjunto hace difícil su detección (Pinherio et al., 1998). También se ha mencionado a la jerarquía en el ganado cebú como un factor importante que influye en la precisión de la detección del estro, haciendo que la vaca más dominante no permita ser montada por vacas de menor jerarquía (Orihuela et al., 1988). En este sentido, aunque en el presente estudio la detección de estros se realizó durante una hora dos veces al día, por la mañana y por la tarde, y permaneció todo el tiempo un toro marcador con las vacas, la tasa de detección fue únicamente del 20% En cuanto a la época del año, la detección del e stro depende de la tolerancia de la raza al estrés causado por las altas temperaturas, resultando más fácil durante la época de calor en razas Bos indicus (Kumar, 1978; Purbey y Sane, 1978; Zakari et al., 1981), mientras

84 60 que en razas Bos taurus es en los meses fríos (Solano et al., 1982; Arthur y Rahim, 1984), y en el caso de cruzas Bos taurus x Bos indicus, éstas están mejor adaptadas al estrés por calor cuando la raza Bos taurus que interviene en la cruza es diferente a la Holstein (Verma et al.,1985). En ganado lechero, se ha demostrado que la temperatura tiene una relación linear positiva con la intensidad del estro hasta los 25 C y declina después de los 30 C (Gwazdauskas et al., 1983). Además, durante el verano las vacas lactantes son susceptibles de sufrir estrés por altas temperaturas ambientales debido a la elevada producción interna de calor asociada con la lactación, y si éste se presenta, la producción de leche, consumo de alimento y actividad física disminuyen (Fuquay, 1981), al tiempo en que la capacidad reproductiva se ve comprometida (Moberg, 1975; Francos y Macer, 1983; Gwazdauskas, 1985). Sin embargo, los mecanismos fisiológicos que llevan a la infertilidad en el verano sólo están parcialmente entendidos (Wilson et al., 1998). En este sentido, se ha observado que el ganado sujeto a estrés sufre alteraciones en su eficiencia reproductiva (Wise et al.,1988; Moberg, 1991), ya que durante los períodos de estrés se liberan cantidades elevadas de cortisol, que inhibe la secreción de LH (katawe et al., 1993), el crecimiento folicular (Moberg, 1991), la secreción de estradiol (Wise et al,1988; Katawe et al., 1993) y la expresión del estro, teniendo su mayor impacto poco antes de la ovulación, cuando el control neuroendocrino es más necesario para un proceso reproductivo exitoso (Moberg, 1985). También, se ha señalado que el estrés causado por las aftas temperaturas ambientales es uno de los principales factores estresantes que altera la duración del ciclo estral, acorta el período de celo y disminuye su intensidad (Gangwar et al., 1965; Abilay et al., 1975; Wise et al., 1988), de forma que una menor proporción de vacas es detectada en estro bajo estas condiciones (Thatcher y Collier, 1986), por lo que algunas de las pérdidas reproductivas en ganado sujeto a estrés por calor están asociadas con disminución en la expresión del estro causada por anestro y ovulación silenciosa (Madan y Johnson,1973; Her et al.,1988; Younas et al., 1993). Estos efectos se han observado en el ganado tropical, y se ha visto que el corto período de receptividad sexual, característico del cebú en el trópico, se acentúa cuando aumenta la temperatura ambiental o baja la calidad del forraje (Zakari et al., 1981; Randel, 1984). Esto pudo haber sucedido en el presente estudio, ya que en los meses de marzo y abril la aplicación del tratamiento e inseminación artificial en ocasiones coincidieron con la presencia de fuertes vientos del norte, provocando descenso en la temperatura y estrés en los animales, mismo que también existió durante la época de calor (mazo-junio), cuando se presentaron altas temperaturas ambientales y una fuerte sequía, con la consecuente disminución en la disponibilidad de forraje y baja en la condición corporal general de los animales, ocasionándoles estrés y provocando probablemente que las vacas no mostraran signos de estro. Con referencia a la inhibición del crecimiento folicular ocasionada por el estrés por calor, Badinga et al. (1993) concluyeron que, cuando éste fue agudo redujo el tamaño del folículo dominante de la primera oleada al día 8 del ciclo estral, pero debió ser crónico para reducir el estradiol folicular, además de que esto se detectó sólo en otoño. De igual forma, Wolfenson et al. (1995) encontraron reducción en la dominancia folicular y en el estradiol en vacas sujetas a estrés por calor al aplicar una dosis luteolítica de PGF 2α el día 12 ó 14 del ciclo estral, ya que las concentraciones de estradiol fueron menores cuando el folículo dominante de la primera oleada estaba estableciendo dominancia. Wilson et al. (1998) indican que la disminución en el estradiol sérico observada en ganado sujeto a estrés por calor, pudo haberse relacionado con una reducción en la talla folicular, asociada con disminución en la esteroidogénesis en las células de la tec a, de la granulosa o ambas, tal vez por una reducción en la viabilidad de éstas o por cambios más específicos en las enzimas esteroidogénicas, haciendo que los folículos dominantes fueran menores, y los subordinados mayores, coincidiendo así con lo señalado por

85 61 Badinga et al. (1993), de que en vacas sujetas a estrés por calor, en la primera oleada folicular el folículo dominante fue más pequeño y el subordinado más grande. En estudios realizados in vitro, el estrés por calor redujo la producción de androste nediona y estradiol dentro de las células de los folículos dominantes (Wolfenson et al,1997), mismas respuestas que pueden existir durante el estrés por calor in vivo (Wilson et al., 1998). Las alteraciones en el crecimiento y desarrollo folicular, particularmente en el número y tamaño de los folículos, sugieren un efecto del estrés por calor sobre la función folicular, en especial sobre los folículos pequeños, ya que disminuye su número (Wolfenson et al., 1995; Wilson et al., 1998), tal vez porque estos folículos son particularmente sensibles a cambios fisiológicos que se presentan durante el estrés por calor (Lussier et al., 1987). También, se ha observado que en vacas sujetas a estrés por calor la luteólisis se retrasa, y lo más probable es que no sea debido a una disminución en la capacidad uterina para sintetizar o secretar PGF2α, pues el estrés por calor aumenta las concentraciones de metabolitos de la PGF 2α inducidos por la oxitocina (Putney et al., 1989a). Más bien, dado que la destrucción de los folículos prolonga la vida del cuerpo lúteo (Fogwell et al., 1985; Hughes et al., 1987), se cree que la falla luteolítica en vacas sujetas a estrés por calor es causada por disminución en la síntesis de estradiol, ya que su inadecuada secreción evita la secuencia normal de eventos que conducen a la luteólisis (Silvia et al., 1991; Wilson et al., 1998), pues antes de ésta, el aumento en las concentraciones sanguíneas de estradiol proveniente del folículo preovulatorio regula a la alta la síntesis de receptores endometriales de oxitocina y activa las enzimas asociadas con la síntesis de PGF 2α (Silvia et al., 1991), y entonces la unión de la oxitocina y del estradiol a sus receptores uterinos inicia la liberación pulsátil de PGF 2α que lleva a la luteólisis. Sin embargo, en el presente estudio estos eventos no se observaron, sino que ocurrió lo contrario, ya que después de la aplicación de la PGF2α se presentó la luteólisis en todas las vacas (todas presentaron CL), y los folículos que se desarrollaron en consecuenc ia fueron pequeños (3 a 5 mm) pero en gran número, lo que probablemente causó que las concentraciones de estradiol fueran inferiores a las necesarias para que las hembras mostraran comportamiento estral. Dado que no se han realizado estudios ultrasonográficos sobre el desarrollo folicular durante condiciones controladas de estrés por calor que puedan ser replicados por otros investigadores, además de que el período preovulatorio no ha sido examinado en un ciclo estral normal sin la ayuda de agentes luteolíticos exógenos como la PGF2a, no ha sido posible observar las anormalidades inducidas por el estrés por calor sobre la función del cuerpo lúteo (Wilson et al., 1998). También, mientras algunos estudios en vacas muestran un efecto adverso del estrés por calor sobre el estradiol, otros reportan concentraciones iguales (Román- Ponce et al., 1981) o mayores (Rosanberg et al., 1982), aunque tales inconsistencias pueden deberse a diferencias en el estatus fisiológico del ganado o la severidad o naturaleza (crónica o aguda) del estrés por calor en el experimento (Wilson et al., 1998). Por otro lado, cuando el estrés por calor es agudo, la respuesta ovárica también aguda puede implicar la inducción de proteínas de choque por calor (Welch, 1992). Se ha sugerido que la proteína 70 de choque por calor está presente dentro del folículo de vacas en estrés por calor, y que es inhibitoria para la esteroidogénesis en el CL de la rata (Khanna et al., 1994, 1995). Sin embargo, aún debe probarse la hipótesis de que la inducción de proteínas de choque por calor dentro del folículo es inhibitoria para la esteroidogénesis en la vaca (Wilson et al., 1998). Como resultado de los efectos adversos que el estrés por calor causa sobre el desempeño reproductivo de las hembras, en especial sobre la manifestación del estro, se necesitan estrategias reproductivas adicionales para contrarrestarlos (Aréchiga et al., 1998), una de las cuales puede ser el uso de la inseminación artificial a tiempo fijo como parte de protocolos para sincronizar la ovulación de forma suficientemente precisa para lograr buenas

86 62 tasas de gestación (Pursley et al. 1995, 1997,1997a; Burke et al., 1996; Schmitt et al, 1996). El uso de la inseminación artificial a tiempo fijo ofrece ventajas para inducir la actividad reproductiva en el post-parto temprano ya que reduce la necesidad de detectar estros, pudiendo resultar particularmente efectiva durante las épocas en las que los animales sufren estrés por calor, debido a las dificultades que hay para la detección de estros cuando éste se presenta (Aréchiga et al., 1998). En el presente estudio, la escasa manifestación de estro en las hembras tratadas tal vez fue consecuencia del estrés por calor al que estuvieron sujetas durante el tratamiento, pues sólo se detectó 20% de hem bras en estro, y como consecuencia, fue sólo este porcentaje el que se inseminó, habiéndose impuesto los efectos adversos que tiene el calor sobre la manifestación del estro, sobre los beneficios que pudieron haberse obtenido con el programa de inducción ysincronización de la ovulación, por lo que no resultó efectiva la inseminación artificial post-estro detectado en ganado Bos taurus / Bos indicus mantenido en regiones tropicales, en especial en primavera y verano. Con relación a la condición corporal y su efecto sobre la manifestación del estro, en el presente estudio en el grupo Select Synch se encontró diferencia estadística por efecto de la condición corporal entre las hembras que presentaron y no presentaron estro, siendo la tasa de presentación de estros mayor para hembras con condición corporal de 2.0 (16%), que con condición corporal de 1.5 (4%) y de 2.5 (0%). A este respecto, Stevenson et al. (2000a) en un estudio realizado en vacas productoras de carne lactantes, observaron que cuando la condición corporal fue de < 4 comparada con > 4, las tasas de estro detectado aumentaron. De igual forma, Dejarnette et al. (2001) en vacas productoras de carne lactantes que recibieron el Select Synch, encontraron que cuando la condición corporal fue > 5.5 la detección de estros en vacas primíparas y multíparas fue del 76 y 78%, respectivamente. En este sentido, Scott et al. (1995) reportaron signos de estro más fuertes en vacas que recibieron en la dieta suplementación grasa comparado con vacas no suplementadas, ya que 71.4% mostraron calor verdadero contra 65.6% en el grupo control, así como también tuvieron ovarios más activos (75.4 vs. 69.5%, respectivamente) y requirieron menos PGF2α exógena para inducir el estro (43.7 vs. 55.7%). Para lograr el éxito en un programa de insemiriación artificial post-estro detectado, se debe contar con una eficiente y precisa detección del celo y, en consecuencia, con la inseminación en el momento adecuado con relación a la ovulación. Sin embargo, la ineficiente detección del estro es una falla muy común que ocasiona el fracaso de muchos programas de manejo reproductivo, resultando en menor producción de leche, menor número de becerros nacidos por vaca, excesivo número de días abiertos y aumento en el desecho de vacas repetidoras. Dado que la tasa de inseminación o servicio está determinada por la tasa de detección de estros (Senger, 1994), únicamente el porcentaje de hembras que sea detectado en estro será el porcentaje de hembras que se insemine. Por lo tanto, la deficiente detección de estros aumenta el intervalo a la primera inseminación artificial, y la duración del intervalo entre el primer y segundo servicio (Stevenson y Call,1983), llevando con esto a largos intervalos entre partos. Aunque la combinación de GnRH con PGF2α como parte de un protocolo de sincronización del estro y de la ovulación para inseminación artificial posa -estro detectado (Select Synch) ha aumentado la tasa de sincronización en ganado productor de carne (Twagiramungu et al.,1992,1992a) y ganado lechero (Thatcher et al., 1993), resultando en 80% de presentación de estro sincronizado, a diferencia del 50 al 60% si sólo se aplica PGF2α (Thatcher et al.,1989; Twagiramungu et al., 1992, 1992a), sincronizando tanto el estro resultante como el desarrollo folicular, tiene el inconveniente de que aproximadamente del 5 al 15% de las vacas son detectadas en estro antes o el día de inyección de la PGF2α, reduciendo así la proporción de hembras detectadas en estro e inseminadas durante el período sincronizado (Kojima et al., 2000). Además, en ganado tropical este protocolo podría resultar de poca utilidad dadas las

87 63 dificultades que se presentan en estos animales para la detección de estros, llevando a que las tasas de detección sean bajas, y como consecuencia también lo sean las de gestación TASA DE GESTACIÓN Ovsynch En este estudio, la tasa de gestación obtenida a primer servicio de inseminación artificial para Ovsynch fue inferior al 42.4% reportado por Williams et al. (2002) en vacas F1 Brahman x Hereford con buena condición corporal y 60 días post-parto, usando Ovsynch con dosis de 100 µg GnRH por inyección. Sin embargo, el resultado del presente estudio fue mayor al 14.9% obtenido por Fernandes et al. (2001) en vacas Nelore anéstricas lactantes empleando el protocolo GnRH- PG -GnRH (GnRH= 8 µg buserelin, i.m.), con la segunda GnRH al día 8, e inseminación artificial a las 20 a 24 h, aunque resultó inferior al obtenido en el mismo estudio pero con vacas cíclicas no lactantes del 47.7 y 44.9%, respectivamente, para la segunda GnRH al día 8 o 9. La tasa de gestación obtenida en el presente estudio, también resultó inferior a las reportadas por diversos autores para vacas productoras de carne con el Ovsynch con dosis de GnRH de 100 µg por inyección. A este respecto, mientras Thompson et al. (1999) en vacas en el postparto temprano, tanto cíclicas como anéstricas, obtuvieron una tasa general de gestación del 31%, Lamb et al. (2001) en vacas post-parto reportaron 44% de gestación, similar al 47.8% obtenido por Thundathil et al. (1999) en vacas lactantes. Por otro lado, en vacas Angus multíparas sincronizadas con Ovsynch, destetadas por 48 h al aplicar la PGF2α e inseminadas 24 h después de la segunda GnRH, Geary et al. (1998) obtuvieron una tasa general de gestación del 54%, siendo del 59% para vacas cíclicas, señalando que también en vacas anéstricas se obtienen buenos resultados, mientras que para Geary et al. (2001 a) las tasas fueron del 61 y 52% para vacas con y sin destete, respectivamente. Estos resultados son similares a los reportados por Thundathil et al. (1999) al emplear GnRH-PG -GnRH, con la segunda dosis de GnRH 100 h después de la PGF2α junto con inseminación artificial a vacas no detectadas en estro, obteniendo una tasa de concepción sincronizada por inseminación a tiempo fijo del 65%. En vacas lecheras, por un lado, el resultado del presente estudio fue superior a algunos reportes de diferentes autores. En este sentido, Ambrose et al. (1998) en vacas lecheras lactantes potencialmente subfértiles (condición corporal de 2.25) sincronizadas con Ovsynch, con dosis de GnRH de 100 µg por inyección, con inseminación artificial 16 h después de la segunda GnRH, obtuvieron una tasa de gestación del 12.5%, similar a la obtenida por De la Sota et al. (1998) de 13.9 ± 2.6% por inseminación artificial a tiempo fijo durante la época calurosa, al estudiar el efecto del estrés por calor sobre la tasa de gestación en vacas lecheras sincronizadas con Ovsynch, recibiendo 8 µg de buserelin i.m como dosis de GnRH por inyección e inseminación artificial a tiempo fijo, señalando que aunque la inseminación artificial a tiempo fijo mejora el desempeño reproductivo en grupos de hembras, no protege al embrión de la mortalidad inducida por la temperatura elevada. Cabe mencionar que en el presente estudio las hembras presentaron condición corporal de 1.5 a 2.5, y que durante la realización del mismo se presentaron elevadas temperaturas ambientales, aunque también hay que señalar que el ganado del trópico es más resistente a estas condiciones que el ganado lechero. Por otro lado, la tasa de gestación obtenida a primer servicio de inseminación artificial en el presente estudio, fue comparable a la tasa de concepción y gestación de 22.1% señalada por Stevenson et al. (1999) en vacas Holstein con el Ovsynch con inseminación artificial 16 a 18 h después de la segunda GnRH, pero aplicando ésta 33 h después de la PGF2α. Sin embargo,

88 64 fue inferior a la obtenida en el mismo estudio en un segundo experimento pero con la segunda GnRH 48 h después de la PGF2α, para el cual la tasa de concepción y gestación fue de 35.6%. De igual forma, resultó inferior a las señaladas por otros autores también en vacas lecheras, como Burke et al. (1996), quienes obtuvieron tasa de gestación del 29%, que se mantuvo en 30% de enero a abril, pero que disminuyó a 22% en mayo, mientras que Stevenson et al. (1996) señalan tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial del 35.3%. De acuerdo con Pursley et al. (1997), la tasa de gestación en vacas sincronizadas con Ovsynch fue del 37%, similar a la obtenida por inseminación artificial post-estro detectado al sincronizar únicamente con PGF2α y de igual manera, Pursley et al. (1997a) obtuvieron 37.8% para Ovsynch y 38.9% para el grupo control que sólo recibió PGF 2α, indicando que la tasa de gestación con el Ovsynch varía del 32 al 45% (Pursley et al., 1997a,1998), mientras que Geary et al. (1998a) señalaron que las tasas de concepción generalmente no difieren cuando las vacas son inseminadas después del estro detectado versus a tiempo fijo con el Ovsynch. En este sentido, Mialot et al. (1999) obtuvieron 36.1% en vacas Holstein, y Jemmeson (2000) tuvo tasa de concepción a primer servicio de 38.1% y tasa de gestación a los 30 días post-inseminación de 64.1%. Cartmill et al. (2001) obtuvieron tasa de gestación a primer servicio con el Ovsynch en vacas lecheras lactantes del 28%; igualmente, durante los meses calurosos del verano, Cartmill et al. (2001 a) obtuvieron tasa de concepción y gestación del 33%, siendo ambas de 33 y 35% para vacas cíclicas y anéstricas, respectivamente. Igualmente, Alnimer et al. (2002), en vacas Friesian primíparas y multíparas en invierno (10.9 C) y verano (20.2 C), que iniciaron el Ovsynch a los 51 ± 1 días post-parto y fueron mantenidas en confinamiento con libre acceso a un concentrado, obtuvieron tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial del 36.7%. Además, la tasa de gestación reportada por Vasconcelos et al. (2001) fue de 47.6%, mientras que Klindworth et al. (2001), en un estudio realizado durante dos años en vacas lecheras usando Ovsynch con inseminación artificial 24 h después de la segunda GnRH, reportaron tasas de concepción a primer servicio de inseminación del y 29.27% para el primer y segundo año, respectivamente, así como una tasa general de y 37.84% en vacas de primera lactancia, señalando un efecto positivo del Ovsynch en vacas anéstricas, ya que 9 de 11 vacas respondieron reanudando la actividad ovárica, y 2 quedaron gestantes después del primer servicio de inseminación artificial. DeJarnette et al. (2001 a), en vacas Holstein vacías y lactantes con >80 días postparto que recibieron el Ovsynch con inseminación artificial 16 a 18 h después de la segunda GnRH, o la segunda GnRH junto con inseminación artificial a tiempo fijo 72 h después de la PGF2α Ovsynch modificado), obtuvieron tasa de concepción de 30 y 32%, respectivamente, para Ovsynch y Ovsynch modificado. En este último la tasa de concepción fue mayor en vacas detectadas en estro (46%) que en las no detectadas en estro (25%). Fricke et al. (1998) en vacas Holstein primíparas y multíparas lactantes que recibieron el Ovsynch con dosis de GnRH de 100 o 50 µg por inyección, señalan una tasa general de concepción para hembras tratadas de 41.1% a los 28 días y de 34.4% a los 56 días post-inseminación, así como una tasa de concepción para vacas sincronizadas de 47.6% a los 28 días y 40.1% a los 56 días, habiendo obtenido resultados similares con dosis de 100 o 50 µg de GnRH. A este respecto, Cordoba y Fricke (2001) en vacas lecheras lactantes sincroni zadas con Ovsynch con dosis de GnRH de 50 µg obtuvieron una tasa de concepción sincronizada del 51.2%, y una tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial del 44%. Además, la tasa de concepción fue del 47.2% para vacas cíclicas y de 35.7% para anéstricas, mientras que Cordoba y Fricke (2002) obtuvieron tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial de 27.3% en vacas lecheras F1, Suizo Pardo/Holstein y viceversa, manejadas en pastoreo. Con respecto a las tasas de gestación reportadas usando 200 µ g de GnRH por inyección en el Ovsynch, Gabor et al. (2002) en vacas Holstein-Friesian lactantes

89 65 obtuvieron una tasa de gestación a los 60 a 65 días post-inseminación del 34.0%, con tasa de pariciones del 89.9%. También en ganado lechero, Tenhagen et al. (2001) emplearon el Ovsynch en vacas con 62 a 68 días post-parto, usando 0.02 mg de buserelin como dosis de GnRH, e inseminación artificial 16 a 20 h después de la segunda dosis de buserelin, y obtuvieron una tasa de concepción del 30.6%, teniendo las vacas primíparas mayor probabilidad de concebir que las multíparas (43.5 vs. 23.1%). De igual forma, Thatcher et al. (2002) indicaron que el uso de un implante con 750 µg de deslorelin insertado 48 h después folicular hasta 24 días después de la PGF2α como parte del Ovsynch, indujo la ovulación y el desarrollo de un cuerpo lúteo normal, y retardó el crecimiento folicular hasta 24 días después de la insercción del implante. En este caso, las tasas de gestación a los 27 días post-inseminación artificial obtenidas por el uso de implantes de deslorelin de 450 µ g y 750 µ g, y por el uso de 100 µg de GnRH dentro del Ovsynch fueron de 40, 27.5 y 39%, respectivamente, con pérdida embrionaria al día 41 de gestación del 5.0, 9.5 y 12.7%, respectivamente. En lo referente a la condición corporal, Moreira et al. (2000b) en vacas lecheras lactantes con 63 ± 3 días post-parto obtuvieron tasa de gestación a primer servicio al día 27 post-inseminación artificial con el Ovsynch del 18.1 ± 6.1% en vacas con condición corporal <2.5 (escala 1 a 5, baga) y del 33.8 ± 4.5% en vacas con condición corporal µ 2.5 (alta). Además, Klindworth et al. (2001) realizaron un estudio en dos años consecutivos en 7 hatos lecheros de Alemania que emplearon el Ovsynch, obteniendo una tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial de 39.77%, y observando g ran influencia de la condición corporal en el éxito del Ovsynch, pues vacas con condición corporal de 3.0 tuvieron una tasa de concepción a primer servicio significativamente mejor que vacas con condición corporal <3.0. De igual forma, la tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial fue menor para vacas con condición corporal >3.25 y <2.75 que con condición corporal de 3. Por otro lado, Ambrose et al. (1998) en un estudio realizado en vacas lecheras lactantes potencialmente subfértiles (c ondición corporal de 2.25), sincronizadas con Ovsynch, pero substituyendo la segunda GnRH en la mitad de las vacas por un implante subcutáneo de 700 µ g de deslorelin, recibiendo todas inseminación artificial 16 h después, obtuvieron una tasa de gestación del 62.5%, lo que podría indicar que la incorporación del implante de deslorelin al protocolo Ovsynch para inseminación artificial a tiempo fijo mejoró la tasa de gestación en vacas con pobre condición corporal, tal vez porque al aumentar la función del cuerpo lúteo y retardar el establecimiento del folículo dominante de la primera oleada se puede incrementar la tasa de supervivencia embrionaria. Al emplear diversos protocolos para sincronizar el estro y ovulación que dependen de la detección del estro, la principal limitante para maximizar las tasas de gestación es la tasa de inseminación. Sin embargo, con el Ovsynch la tasa de inseminación es del 100%, a pesar de que el comportamiento estral sea suprimido por condiciones ambientales adversas (Thatcher, 1974; Fuquay, 1981; lmtiaz Hussain et al., 1992), siendo entonces, en este caso, las tasas de concepción el factor limitante para obtener las mayores tasas de gestación (Burke et al., 1996; Stevenson et al.,1996,1999; Pursley et al., 1997a) CO-Synch En el presente estudio, la tasa de gestación obtenida a primer servicio de inseminación artificial para el CO-Synch fue similar a la tasa de concepción y gestación del 31.1% reportada por Lemaster et al. (2001) en vacas Bos taurus /Bos indicus post -parto y lactantes sincronizadas con CO-Synch con dosis de GnRH de 100 µg por inyección. Sin embargo, estos resultados son inferiores a los obtenidos en vacas productoras de

90 66 carne con dosis de GnRH de 100 µg por inyección. En este sentido, Geary et al. (2001) en vacas lactantes que recibieron el CO-Synch con y sin destete de 48h (día 7 a 9; día 0= primera GnRH) obtuvieron tasa de gestación de 46 y 49%, respectivamente, resultando la tasa general de gestación en 48%, mientras que Geary et al.(2001 a) en el mismo tipo vacas con el mismo protocolo y esquema de destete obtuvieron tasa de concepción de 63 y 54%, con y sin destete, respectivamente. Lamb et al. (2001) señalan tasa de gestación en vacas post-parto de 48% para el CO-Synch, con mayor tasa de gestación en vacas con folículos >12 mm que <12 mm al día 2. Además, en vacas ciclando con bajas concentraciones de progesterona la tasa de gestación fue de 43%, mientras que en vacas anéstricas fue de 39%. Así mismo, las vacas sincronizadas con mayor condición corporal al inicio del empadre tuvieron mejores tasas generales de gestación, mismas que fueron mayores para vacas que parieron >50 días antes del inicio del empadre que para las que parieron 50 días. De igual forma, Matinez et al. (2002) en vacas lactantes empleando el CO-Synch, pero aplicando la PGF2α al día 6, con la segunda GnRH e inseminación artificial 60 h después, o la PGF2α al día 7, con la segunda GnRH e inseminación artificial 48 h después (Co-Synch de 6 o 7 días), obtuvieron gestación del 53.3 y 52.0%, respectivamente. En otro experimento realizado con CO-Synch de 7 días, la tasa de gestación fue de 45.1%. En un experimento más, en vacas no lactantes que recibieron CO-Synch de 7 días se obtuvo una gestación del 44.8%, concluyendo que la aplicación de la PGF2α al día 6 o 7 dentro del protocolo Co- Synch resultó en similares tasas de gestación en vacas Select Synch En este estudio, la tasa de gestación obtenida a primer servicio de inseminación artificial para el Select Synch fue inferior a todas las reportadas utilizando Select Synch con dosis de GnRH de 100 µg. En vacas Bos taurus / Bos índicus post-parto lactantes, sincronizadas con Select Synch e HybridSynch (GnRH=día 0, PGF=día 7, GnRH + IA=día 10), que mostraron estro los días 7 a 10 y que recibieron inseminación artificial, Lemaster et al. (2001) obtuvieron tasa de concepción de 46.1% para Select Synch y de 57.6% para Hybrid-Synch, así como 24.6% en tasa de concepción por inseminación artificial a tiempo fijo en Hybrid-Synch, y una tasa de gestación de 20.8% para Select Synch y de 35.5% para Hybdd-Synch. En vacas cebú, Fernandes et al. (2001) al emplear el protocolo GnRH-PG (GnRH agonista = 8 µ g de buserelin, i.m.) con inseminación artificial 12 h post -estro detectado en vacas Nelore cíclicas y no lactantes, y en vacas cíclicas y anéstricas lactantes, obtuvieron una tasa de gestación del 20 al 42%, que varió de acuerdo al número de hembras con cuerpo lúteo al inicio del tratamiento. En cuanto a los resultados obtenidos en vacas productoras de cane, Thundathil et al. (1999) obtuvieron tasa de concepción sincronizada de 52.1% y de gestación sincronizada de 11.5% en vacas cruzadas lactantes sincronizadas con Select Synch. Sin embargo, Kojima et al. (2000) en vacas multíparas, obtuvieron tasa de ges tación por inseminación artificial postestro detectado 42 a 66 h después de la PGF2α de 40%, similar a lo reportado por Dejarnette et al. (2001) en vacas lactantes, quienes señalan tasa de gestación sincronizada del 47%, así como tasa general de gestación del 44%. No obstante, estos resultados son inferiores a los reportados por Dejarnette et al. (2001 b) en vacas cruzadas con predominancia de Angus que recibieron Select Synch con la PGF2α al día 0 y la GnRH al día -7 o -6, no encontrando efecto del día de aplicación de la GnRH sobre la tasa de concepción por inseminación artificial o tasa de gestación sincronizada (día -6 vs día -7; 77 vs 76%; 71 vs 70%, respectivamente). En otro experimento en vacas Angus con el mismo protocolo, se

91 67 obtuvo tasa de gestación sincronizada del 52%. Además, la tasa de concepción por inseminación artificial en vacas 60 días post-parto fue de 79%, mientras que en vacas con <60 días post-parto fue sólo de 39%, señalando los autores que la aplicación de la GnRH los días -6 y -7 dentro del Select Synch resultó en similar desempeño reproductivo sincronizado. En ganado lechero, Burke et al. (1996) en vacas sincronizadas con Select Synch inserrtinadas los días 1 a 6 después de la PGF2α obtuvieron tasa de gestación del 30.5%, que varió del 62% en enero al 12% en abril y mayo. De igual forma, Stevenson et al. (1999) en dos experimentos realizados en vacas Holstein obtuvieron 35.8% de concepción y 25.6% de gestación en el primero, vs y 26.8%, respectivamente, en el segundo, mientras que Mialot et al. (1999) obtuvieron 53.7% de gestación, y Cartmill el al (2001 a) 32% de concepción y 17.9% de gestación, con tasa de concepción del 32.2 y, 30.8% para vacas cíclicas y anéstricas, respectivamente, así como tasa de gestación del 18.7 y 12.9%, respectivamente, durante los meses calurosos en verano. Estos resultados son comparables a la tasa de concepción del 32% reportada por DeJarnette et al (2001 a) en vacas Holstein vacías y lactantes con >80 días post-parto que recibieron el Select Synch, de las cuales las detectadas en estro prematuro( 48h post-pgf2 α ) recibieron inseminación artificial 8 a 12 h después. Por otro lado, Gabor et al. (2002) en vacas Holstein-Friesian lactantes en las cuales se inició el Ovsynch a los 68 ± 8.2 días post-parto, con dosis de 200 µg de GnRH i.m., y 35 mg de PGF2α i.m., inseminando a las hembras que presentaran estro los días 0 a 6 (11.5%) y 7 a 8 (9.4%), obtuvieron tasas de gestación para inseminación artificial post-estro detectado de 31.6 y 38.7%, respectivamente. Aunque en vacas productoras de carne y lecheras se tengan reportadas aceptables tasas de gestación con el Select Synch, la desventaja de éste es que se pierde la tasa de inseminación del 100% observada en los programas reproductivos con inseminación artificial a tiempo fijo, ya que con el Select Synch la inseminación sólo se realiza después del estro detectado, por lo que sólo las vacas detectadas en calor serán las que reciban inseminación. Sin duda alguna esto contribuyó de forma importante al resultado obtenido en el presente estudio, pues sólo 20% (5/25) de las vacas tratadas con Select Synch fueron detectadas en celo e inseminadas, con la consecuente tasa de gestación obtenida (0%) Tasa de gestación general La tasa de gestación general obtenida a primer servicio de inseminación artificial en el presente estudio fue inferior a las reportadas por diversos autores. En este sentido, Lemaster et al. (2001) en vacas Bos taurus/ Bos indicus post-parto y lactantes sincronizadas con CO-Synch, Select Synch e Hybrid-Synch, señalaron que entre todos los tratamientos un mayor porcentaje de vacas cíclicas quedó gestante (34.5%) en comparación con vacas anéstricas (25.9%), indicando que el CO-Synch e Hybrid-Synch ressultaron en mayores tasas de gestación comparados con Select Synch en este tipo de vacas. Fernandes et al. (2001) al emplear el protocolo GnRH-PG-GnRH (GnRH-agonista = 8 µg buserelin), así como substituyendo la segunda GnRH por benzoato de estradiol (BE) en vacas Nelore cíclicas y no lactantes, y en vacas cíclicas y anéstricas lactantes, concluyeron que tanto el protocolo GnRH PH-GnRH como el GnRH-PG -BE fueron efectivos para sincronizar la ovulación en vacas cíclicas Nelore, logrando una tasa de gestación aproximadamente del 45% post-inseminación artificial a tiempo fijo, y que el protocolo GnRH-PG-BE es una

92 68 buena alternativa para el uso de GnRH-PG-GnRH para inseminación artificial a tiempo fijo en ganado de carne, debido al bajo costo del BE comparado con los GnRH-agonistas. En vacas productoras de carne, Geary et al. (2001 a) obtuvieron similar tasa de concepción para Ovsynch y CO-Synch, pero encontraron que fue mayor en vacas cíclicas (66%) que en anéstricas (53%) sin importar el protocolo usado, al igual que entre protocolos la tasa de concepción con destete (62%) fue mayor a sin destete (53%). Martinez et al. (2001) aplicaron a vacas lactantes el Select Synch, y las que fueron detectadas en estro 36 o 48 h post-pgf2α recibieron inseminación artificial 12 h después, mientras que el resto recibió 100 µ g GnRH i.m. 72 h post -PGF2α junto con inseminación artificial (CO-Synch). La tasa general de gestación fue de 57.6%, y la tasa de gestación por inseminación a tiempo fijo del 47.5%. En vacas lecheras, Burke et al. (1996) obtuvieron tasa general de gestación a los 120 días postparto similar para Ovsynch y Select Synch, pero hubo influencia de la época del año, ya que la tasa de gestación fue menor en vacas sincronizadas en abril (46 ± 6.7%) y mayo (41 ± 6.8%), que para las sincronizadas en enero (76 ± 7.4%), febrero (64 ± 7.1%) y marzo (61 ± 6.6%); además, la tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial fue de 47 ± 11.6% en vacas que recibieron el primer servicio en enero, 24 ± 10.9% en febrero, 41 ± 8.7% En marzo, 25 ± 10% en abril y 14 ± 11.8% en mayo. Por otro lado, Pursley et al. (1998) encontraron diferencias en tasa de gestación a primer servicio de inseminación artificial en vacas lecheras sincronizadas con GnRH-PG -GnRH e inseminadas a las 0, 8, 16, 24 y 32 h después de la segunda aplicación de GnRH, siendo de 37, 41, 45, 41 y 32%, respectivamente. Por otro lad o, al comparar la tasa de supervivencia embrionaria después del tratamiento con Ovsynch y Select Synch en vacas lecheras lactantes durante los meses cálidos del verano, Cantmill et al. (2001 a) encontraron que para Ovsynch fue de 49.3%, mientras que para Select Synch fue de 70.7%. De igual forma, en vacas cíclicas la supervivencia embrionaria fue del 63.2%, mientras que en vacas anéstricas fue del 20%. Dada esta menor supervivencia embrionaria después del Ovsynch durante la presencia de estrés por calor, no se obtuvo ganancia significativa en gestación comparada con el Select Synch e inseminación post-estro detectado. Por el contrario, durante períodos en los que no hay estrés por calor (invierno), el protocolo de inseminación artificial a tiempo fijo produce más gestaciones porque la supervivencia embrionaria no se ve comprometida. La baja tasa de gestación obtenida en el presente estudio, tanto general como por tratamientos, pudo ser resultado del genotipo Bos taurus/bos indicus de las hembras utilizadas, de la condición corporal (1.5 a 2.5 en escala de 1 a 5), de la época del año en que se realizó el estudio y de una inadecuada detección de estros, ésta en el caso del protocolo Select Synch. Aunque en el presente estudio no se observó efecto de la condición corporal sobre el número de vacas gestantes o no gestantes en los grupos Ovsynch y CO-Synch, ni tampoco se encontró diferencia estadística por efecto de la condición corporal sobre la tasa de gestación general, cabe hacer mención de que la condición corporal de las hembras en estudio fue baja (1.5 a 2.5) en comparación con la recomendada como ideal al momento del parto de 3 (escala de 1 a 5), variando de 2.5 a 3.5 (Weaver, 1992), pues se ha señalado que se obtienen mayores tasas de concepción a primer servicio en vacas con condición corporal >2.5 que en aquéllas con condición corporal <2.5 (Basurto et al., 1998), al igual que Stevenson et al. (2000a) en vacas productoras de carne lactantes observaron que cuando la condición corporal fue de 4 comparada con >4, las tasas de concepción aumentaron. En el caso del grupo Select Synch, la baja tasa de gestación obtenida (0%) en el presente estudio se vio influida de manera importante por la baja tasa de detección de estros (20%), mismaque está relacionada con el genotipo de las hembras y la época del año en que se realizó el estudio, como ya se mencionó anteriormente.

93 69 En cuanto a la condición corporal, diversos estudios (Schneider et al., 1988; Bruckental et al., 1989; Sklan et al, 1989, 1991; Armstrong et al., 1990; Ferguson et al., 1990; Garcia-Bojalil,1993; Carroll et al.,1994; Scott et al., 1995; Burke et al., 1996a; Son et al., 1996) han reportado una mejora de 15% en la tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial o en la tasa general de concepción o gestación, cuando las vacas lecheras lactantes reciben suplementación grasa en la dieta. Sin embargo, tres estudios reportaron una fuerte influencia negativa de la suplementación grasa sobre la tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial en vacas; en cada caso, una menor tasa de concepción se acom pañó por aumento en la producción de leche. En el primer caso, en vacas prímiparas la tasa de concepción a primer servicio de inseminación artificial fue de 33.3%, comparada con el control de 73.7% (Sklan et at,1994), en el segundo estudio disminuyó del 45% al 10% (Lucy et al., 1992a), y en el tercero (Carroll et al., 1994) disminuyó del 67 al 33%, resultando la significativa estimulación para la producción de leche por la suplementación con grasa antagonista a la fertilidad. Por otro lado, la alta producción de leche se ha relacionado con disminución en la fertilidad en vacas lecheras lactantes, pero su efecto es menor al que ejerce el estatus energético sotrre el desempeño reproductivo (Staples et al., 1998). Además de mejorar la tasa de concepción en vacas lecheras lactantes en diversos estudios, la suplementación grasa también ha estimulado el desarrollo de los folículos ováricos durante el post-parto temprano (Staples et al., 1998). De acuerdo con Lucy et al. (1991), el número de folículos medianos (6 a 9 mm) aumentó, y el número de folículos pequeños (3 a 5 mm) disminuyó antes del día 25 post-parto en vacas suplementadas con grasa, mientras que durante un estro sincronizado iniciando al día 25 post-parto, el número de folículos pequeños (3 a 5 mm) y grandes (>15 mm) aumentó. En este sentido, un mayor número de folículos pequeños puede reflejar una mayor cantidad de folículos disponibles para un subsecuente desarrollo (Staples et al., 1998). Estos mismos efectos se han observado en vacas de carne lactantes (Hightshoe et al.,1991; Ryan et al,1992) y vacas cruzadas de Brahman (Wehrman et al., 1991) Aunque los mecanismos por los cuales la suplementación grasa mejora el desempeño reproductivo no están totalmente claros, se han propuesto varias hipótesis: 1) mejora del balance energética negativo, llevando al temprano retorno a estro post-parto, y por tanto, mejora en la fertilidad; 2) aumento en la esteroidogénesis; 3) manipulación de la insulina estimulando el desarrollo folicular; y 4) estnnutación o inhibición de la producción y liberación de PGF2α, que influye sobre el CL (Staples et al., 1998). Con respecto a la época del año, en épocas en las que se presenta estrés por calor se han visto en el ganado diversos factores que disminuyen la tasa de concepción y de gestación, entre los que están la disminución en la secreción de estradiol (Wolfenson et al., 1995; Wilson et al., 1998), crecimiento folicular comprometido (Badinga et al., 1993; Wolfenson et al., 1995), disminución en la tasa de inseminación debido a disminución en la expresión o detección del estro o ambas (Thatcher, 1974; Fuquay, 1981; Imtiaz Hussain et al., 1992) y alteración en el desarrollo embrionario (Biggers et al., 1987). Estos factores pueden actuar individual o conjuntamente (Cartmill et al, 2001a). Cordoba y Fricke (2001) señalaron que las altas temperaturas ambientales después de la inseminación artificial a tiempo fijo y durante el período de servicios pudieron afectar la tasa general de gestación durante los meses cálidos en vacas lecheras manejadas en pastoreo. Además, el estrés por calor afecta el desempeño reproductivo de las hembras, tanto por afectar la calidad del ovocito durante el período periovulatorio, como por aumentar las pérdidas embrionarias tempranas (Hansen et al, 1992), lo que pudo haber sucedido en este estudio, pues las temperaturas fueron muy elevadas durante los meses de marzo a junio en los que se realizó el experimento. Con relación a esto, se sabe que el

94 70 estrés por calor reduce drásticamente las tasas de gestación en vacas lecheras, declinando en Florida del 40 al 50% en los meses fríos, a menos del 10% durante los meses calurosos (Badinga et al., 1985). Dado que el estrés por calor influye sobre la mortalidad embrionaria (Putney et al., 1989; Ealy et al., 1993), se ha sugerido que una posible estrategia para aumentar la función reproductiva durante estos periodos es suplementar a las vacas con antioxidantes. Esto se basa en la evidencia de que los efectos de las temperaturas elevadas (choque por calor) sobre el desarrollo de embriones cultivados involucran la producción de radicales libres. En particular, la exposición de embriones de ratón al choque por calor disminuyó las concentraciones intracelulares del antioxidante glutatión, y la inhibición de la síntesis de éste aumentó la sensibilidad al choque (Aréchiga et al., 1995). Además, el agregar antioxidantes al medio de cultivo disminuyó los efectos de las temperaturas elevadas sobre embriones bovinos y de ratón ( Ealy et al., 1992; Aréchiga et al., 1994, 1995). Sin embargo, Ealy et al. (1994) no obtuvieron aumento en la tasa de gestación en vacas sujetas a estrés por calor al inyectarles vitamina E al momento de la inseminación, tal vez porque ésta no fue administrada el tiempo suficiente como para proteger al embrión del estrés por calor. Por otro lado, Shaw et al. (1995) indicaron que el antioxidante β -caroteno aumentó el desarrollo de embriones bovinos superovulados hasta la etapa de blastocisto. Aréchiga et al. (1998) demostraron que vacas que recibieron suplementación con β -caroteno por 90 días en los meses cálidos tuvieran mayor tasa de gestación a los 120 días post-parto, por lo que el (β-caroteno mejoró la fertilidad en ganado sujeto a estrés por calor, además de que tuvo un beneficio inesperado al aumentar la producción de leche. Se ha visto que el estrés por calor altera el crecimiento y desarrollo folicular, particularmente disminuyendo el número de folículos pequeños (Wolfenson et al., 1995; Wilson et al., 1998), tal vez porque la población de estos folículos es particularmente sensible a los cambios fisiológicos que ocurren durante el estrés por calor. Dado que aproximadamente se requieren 40 días para que los folículos bovinos crezcan desde la etapa antral (0.13 a 8.56 mm) (Lussier et al., 1987), se podría explicar por qué los efectos del estrés por calor sobre la fertilidad se observan después del verano (Thatcher y Collier, 1986), y esto es porque al desarrollarse, los folículos pequeños que fueron dañados durante el verano pueden ovular un ovocito infértil o desarrollar un CL subfuncional a fines del verano o en otoño (Howell et al., 1994). Con base en lo anterior, la baja tasa de gestación obtenida en el presente estudio en los meses de marzo a junio pudo haber sido resultado de mortalidad embrionaria provocada por las altas temperaturas ambientales. Además, en los meses de verano y otoño (julio a noviembre) la baja tasa de gestación pudo haber sido debida a la ovulación de ovocitos infértiles dañados durante el periodo caluroso. A pesar de los efectos adversos del estrés por calor sobre la eficiencia reproductiva, Aréchiga et al. (1998) señalan que la inseminación artificial a tiempo fijo es una estrategia reproductiva útil para aumentar la función reproductiva en vacas lecheras-lactantes en regiones cálidas, ya que el implementar la inseminación artificial a tiempo fijo aumentan las tasas de gestación acumulada durante la época calurosa TASA DE INDUCCIÓN A LA CICLICIDAD POSTERIOR AL TRATAMIENTO Dado que los estudios referentes a la sincronización del estro y ovulación empleando GnRH y PGF2α han sido realizados en su mayoría en vacas cíclicas, no se encontraron datos sobre la tasa de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento en vacas anés tricas tratadas con GnRH + PGF2α, con los cuales comparar los resultados obtenidos en este estudio. Sin embargo, en éste los tres protocolos usados fueron efectivos para inducir la

95 71 ciclicidad después del tratamiento en vacas anéstricas Bos taurus/ Bos indicus, pues se obtuvo una aceptable tasa general de inducción (55.5 ± 10.03%), considerando el genotipo de las hembras, la época calurosa en que se realizó parte del experimento y la condición corporal de las hembras, que no fue la ideal recomendada en todos los programas de sincronización de estros. 5. CONCLUSIONES En el presente estudio, la primera aplicación de GnRH como parte de los protocolos Ovsyn ch, COSynch y Select Synch, indujo la ovulación y formación de CL en todas las hembras, lo que indica que resultó efectiva para lograr la maduración y ovulación del folículo dominante con el que se inició el tratamiento. Sin embargo, al no haberse determinado la tasa de ovulación sincronizada (a la segunda aplicación de GnRH), no se puede saber si estos tratamientos en realidad resultaron efectivos para inducir una ovulación lo suficientemente sincronizada como para realizar inseminación artificial a tiempo fijo. En cuanto a la baja tasa de presentación de estros obtenida para Select Synch, ésta fectó directamente la tasa de gestación. Así mismo, la condición corporal afectó la tasa de presentación del estro. Sin embargo, ésta fue inferior a las reportadas en ganado productor de carne, lechero y de doble propósito, por lo que se concluye que el Select Synch no fue efectivo para inducir el estro en vacas anéstricas Bos taurus/ Bos indicus en condiciones del trópico húmedo. La tasa de gestación a primer servicio de inseminación resultante para Ovsynch fue superior sólo a la reportada en un estudio con vacas cebú y en tres con vacas Holstein De igual forma, la tasa obtenida en CO-Synch sólo resultó similar a la reportada en un estudio en ganado Bos taurus/bos indrcus. En cuanto a la obtenida en Select Synch, en ningún reporte de la literatura se tiene un resultado similar, ya que en todos se han obtenido porcentajes de gestación, aunque sean bajos. La tasa general de gestación también fue baja, por lo que se concluye que los protocolos con GnRH y PGF2α no fueron efectivos para obtener aceptable tasa de gestación en vacas anéstricas Bos taurus/ Bos indicus en condiciones tropicales. En lo que se refiere a la tasa de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento, ésta fue similar para los tres tratamientos inductores, y no se vio afectada por la condición corporal en ninguno de ellos, resultando una tasa general de inducción a la ciclicidad posterior a los tratamientos de 55.5 ± 10.03%. Aunque no se tienen datos en la literatura sobre tasa de inducción a la ciclicidad posterior al tratamiento con GnRH y PGF2α, dado que la mayoría de los experimentos se han llevado a cabo en hembras ciclando, el resultado obtenido en este estudio se considera aceptable, por lo que se concluye que los tratamientos utilizados resultaron efectivos para inducir la ciclicidad post-tratamiento en vacas anéstricas Bos taurus/bos indicus en condiciones del trópico húmedo. Con los resultados anteriores, es claro que se necesita realizar más investigación sobre la respuesta que se obtendría en tasa de inducción a la ovulación y tasa de gestación con los tratamientos que combinan GnRH y PGF 2α en ganado Bos taurus/bos indicus en las regiones tropicales, ya que la mayoría de la investigación se ha realizado en ganado europeo. Serí a interesante saber si en realidad la aplicación de estos protocolos para la inducción del estro y de la ovulación resulta práctica en este tipo de ganado y bajo las condiciones ambientales en las que se realizó el estudio. De igual forma, habría que determinar qué resultados se obtienen al aplicarlos en vacas cíclicas del mismo genotipo, para averiguar de qué manera responden a estos tratamientos, y si la respuesta es, similar a la obtenida con los programas clásicos de sincronización de estros, como los basados en progestágenos.

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