Bloque 8. Pervivencias y transformaciones económicas en el siglo XIX: un desarrollo insuficiente.

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Transcripción:

Bloque 8. Pervivencias y transformaciones económicas en el siglo XIX: un desarrollo insuficiente. 1. Un lento crecimiento de la población: 1.1. Alta mortalidad. 1.2. Pervivencia de un régimen demográfico antiguo: 1.3. La excepción de Cataluña. 2. Una agricultura protegida y estancada: 2.1. Los efectos de las desamortizaciones 2.2. Los bajos rendimientos. 3. Una deficiente industrialización: 3.1. La industria textil catalana, la siderurgia y la minería. 4. Las dificultades de los transportes: 4.1. Los condicionamientos geográficos 4.2. La red de ferrocarriles. 5. El comercio: 5.1. Proteccionismo frente a librecambismo. 6. Las finanzas: 6.1. La peseta como unidad monetaria. 6.2. El desarrollo de la banca moderna. 6.3. Los problemas de la Hacienda. 6.4. Las inversiones extranjeras. 7. Los problemas de la industrialización de Andalucía: 7.1. El fracaso de las primeras iniciativas y un desarrollo desigual y mediatizado por las inversiones exteriores en minería, ferrocarriles y agricultura para la exportación. 7.2. Falta crónica de una burguesía emprendedora y de capitales financieros. 1. Un lento crecimiento de la población: 1.1. Alta mortalidad. Un crecimiento menor al de la mayoría de los países del continente y concentrado entre 1821-1860, La modernización demográfica del país se aplaza hasta el siglo XX. En 1930 se supera los 20 millones de habitantes, (cambio demográfico). Son tasas equiparables y superiores a las europeas, pero muy centradas en Madrid, Barcelona y Vizcaya con lo que el país no dejó de ser un territorio despoblado mientras la emigración a América se incrementa en el primer tercio del XX. Régimen demográfico antiguo: Altas tasas de natalidad, la segunda más alta por detrás de Rusia, y elevada mortalidad, apenas existía un aumento de la población. La esperanza de vida no llegaba a los 35 años por las siguientes causas: 1

Crisis de subsistencias: Las malas condiciones climáticas, unidas a una agricultura atrasada y a un deficiente sistema de transportes no permitían que la alimentación básica llegara a todas las poblaciones. Las epidemias, pese a que la peste bubónica había desaparecido prácticamente en el siglo XVIII, eran frecuentes el cólera, tifus o la fiebre amarilla. Enfermedades endémicas como la tuberculosis, la viruela, el sarampión, la escarlatina o la difteria, hicieron estragos entre una población mal alimentada. 1.2. Pervivencia de un régimen demográfico antiguo: Hasta el siglo XX no se iniciará en España la transición demográfica que experimentará la mayoría de Europa a partir de la Revolución industrial. Esto supuso: primero un incremento acerado de la población debido a la caída de la mortalidad, pero a una natalidad que se mantiene muy alta; y una segunda fase en la que esta última disminuye rápidamente y por la que se entra en un régimen demográfico moderno. En el siglo XIX la mayor parte de los españoles emigraban a América. Durante los años de las guerras de independencia americana este flujo se detuvo, pero una vez consolidados los nuevos Estados la emigración a América se reanudó con más intensidad que nunca. Los principales países receptores fueron Argentina, México, Brasil y Cuba. Es la emigración a países nuevos, en los que todo está por hacer y las oportunidades para hacer negocios es muy grande. 1.3. La excepción de Cataluña. Cataluña siempre ha sido una región bastante más poblada que la media de la península. En el siglo XVIII, coincidiendo con el declive de la economía castellana, se produjo un resurgimiento económico catalán. Este resurgimiento, principalmente comercial, impulsó la producción y explica la aglomeración barcelonesa. La fuerte industrialización de Cataluña produjo la llegada de inmigrantes, tanto regionales como del resto peninsular de forma constante. Desde mediados del siglo XIX Cataluña fue una excepción, el área de Barcelona recibió inmigrantes de las zonas agrarias, que elevaron sus tasas demográficas, pero la situación de exceso de mano de obra, que generaba pobreza, hizo retrasar el descenso de las tasas de mortalidad frente a otras zonas industriales. 2. Una agricultura protegida y estancada: 1.1. Los efectos de las desamortizaciones. España era un país fundamentalmente agrario con una distribución de la propiedad de la tierra muy desigual. Ello tenía sus orígenes en la Edad Media y se consolidó a lo largo de la Edad Moderna. Eran grandes propietarios la Iglesia, los municipios o concejos y la nobleza, que disfrutaba de mayorazgos y de señoríos. Con la revolución liberal estas formas de propiedad van a cambiar y se va a implantar la propiedad privada de la tierra. Las medidas adoptadas por el Estado liberal fueron: las desamortizaciones, la supresión de los mayorazgos (o desvinculación de la tierra) y la abolición de los señoríos. La propiedad de la tierra, en la España del Antiguo Régimen, estaba, en gran medida, en manos de la nobleza y de la Iglesia: La nobleza, gracias a la institución del mayorazgo, había constituido un patrimonio de bienes rústicos y urbanos sustraídos al libre comercio; merced a aquella institución no podían enajenar sus propiedades ni tampoco dividirlas, sino que debían transmitirlas íntegras al primogénito. La Iglesia, por su parte, era propietaria de grandes extensiones de tierra como consecuencia de las numerosas donaciones de que era objeto desde hacía siglos. De esta forma, la tierra quedaba inmovilizada y convertida en tierra de manos muertas. 2

También los municipios eran propietarios de tierras que tenían su origen en concesiones reales durante la Reconquista. Solían consistir en bosques o terrenos áridos (montes y baldíos Como resultado, la cantidad de tierra a la que se podía acceder como propietario había ido disminuyendo y encareciéndose. Razones para desamortizar la tierra. El liberalismo político español ve la necesidad de una reforma de la propiedad de la tierra, siguiendo el modelo francés de la Revolución Francesa. Desamortizar consiste en que el Estado incauta bienes raíces pertenecientes a la Iglesia y a los municipios, y los vende en subasta. El apoyo del clero a la causa carlista y la necesidad estatal de recursos financieros impulsaron la obra desamortizadora, enmarcada dentro del amplio programa de reformas del proyecto progresista liberal. No pretenden los gobiernos liberales una reforma agraria total, ni se buscaba el bien de los campesinos, ni tan siquiera de mejorar la agricultura española, tan atrasada en aquellos momentos. La verdadera razón para la desamortización es la de sanear la Hacienda Pública. Así, por ejemplo, se refleja en la exposición de motivos del Real Decreto de 1836 de Mendizábal: amortizar lo más que se pueda el capital de la Deuda Pública. Otra razón es la de crear un sector de propietarios (los que van a comprar esas tierras desamortizadas) afines al régimen liberal. (Burguesía, Nobleza...) Un tercer objetivo es de tipo social, pero dudosamente admisible: el acceso de labradores y jornaleros modestos a la propiedad de las tierras. Pero lo que está presente es la propia implantación de las relaciones capitalistas en el campo, el amoldamiento a las necesidades de la burguesía: creación de una burguesía terrateniente. Fases de la Desamortización. Desde el reinado de Carlos III ya se planteaba la necesidad de llevar a cabo una desamortización. Este proceso se llevó a cabo en varias fases, que vienen a coincidir con períodos de gobierno progresista: Godoy, entre 1798 y 1808 José I, entre 1808 y 1813. Cortes de Cádiz (1813). Trienio liberal (1820-1823). Mendizábal (1836). El apoyo del clero a la causa carlista y la necesidad estatal de recursos financieros impulsaron la obra desamortizadora, enmarcada dentro del amplio programa de reformas del proyecto progresista. Fue la media más revolucionaria entre las adoptadas por el gobierno liberal. Declaró propiedad nacional los bienes raíces, rentas y derechos de las comunidades religiosas, disponiendo su salida a pública subasta. Su objetivo era conseguir dinero para financiar la guerra carlista. La desamortización se plasmó en dos disposiciones, la primera suprime las órdenes religiosas y la segunda, determina el sistema de venta de los bienes nacionalizados. En 1838 se aceleró el proceso, y sobre todo desde 1840, cuando la victoria cristina hizo irreversibles las ventas. Cómo se realizó? Las fincas fueron tasadas por peritos d Hacienda y subastadas después, alcanzando una puja media del 220% sobre el precio de salida. Dado el distinto tamaño de los lotes, eran en teoría asequibles para grupos sociales de bajos ingresos, pero en la práctica los propietarios y los inversores burgueses acapararon las compras, puesto que eran los únicos que tenían liquidez, sabían pujar y podían controlar fácilmente las subastas. Además, comprar era un excelente negocio: sólo se abonaba el 20% al contado, el resto se pagaba aplazado o entregando vales de deuda pública. 3

Quiénes fueron los más afectados? La desamortización de Mendizábal afectó a los bienes eclesiásticos, principalmente de las órdenes religiosas. Esto hay que encuadrarlo dentro del anticlericalismo liberal y también porque tenía menor coste político, es decir, no había grupos políticos afectados (ni nobleza, ni burguesía...). De hecho, supuso la ruptura de las relaciones diplomáticas con el Vaticano. Quiénes fueron los más beneficiados? Las ventas las acaparó gran parte de la burguesía de negocios madrileña, sobre todo una burguesía rentista agraria, antiguos arrendatarios y muchos funcionarios civiles o militares. Espartero (1840-1843). Ley Madoz (1855). Afectaba al clero secular y a los bienes municipales. El 1 de mayo de 1855, sacó a la luz su Ley de Desamortización General. Se llamaba general porque se ponían en venta todas las propiedades rústicas y urbanas pertenecientes a la Iglesia, que no habían sido vendidos en la etapa anterior, los bienes de propiedad municipal y de propios y comunes, es decir, la propiedad colectiva o comunal y, en general, todos los bienes que permanecieran amortizados. Cómo se realizó? Se trataba, por tanto, de completar y terminar el proceso de desamortización iniciado por Mendizábal. A diferencia de éste, la Ley Madoz se desarrolló a gran velocidad, mediante el pago de un 10% de entrada y el resto aplazado, y admitiéndose sólo el abono en efectivo. La venta de dichos bienes se destinaría a amortizar la deuda del Estado y a financiar obras públicas. Duplicó en volumen a la de Mendizábal. Quiénes fueron los más afectados? La venta de los bienes eclesiásticos suscitó la ruptura de relaciones con la Iglesia (violando el concordato firmado con la Iglesia en 1851), en tanto que la desamortización de los bienes municipales, de donde provenían los recursos de los ayuntamientos y de los campesinos más pobres, encontró una fuerte oposición no sólo de los moderados, sino también de algunos diputados progresistas. Consecuencias de la Desamortización. La desamortización, al desvincular las tierras de sus propietarios, rompió la organización jurídica existente, haciéndolas aptas para ser vendidas, enajenadas o repartidas. Con la introducción de la propiedad privada y la libertad de mercado en el sector se iniciaba una nueva etapa en la agricultura española; sin embargo, los resultados obtenidos fueron tan dispares como diversos habían sido los objetivos perseguidos por el proceso desamortizador. Estos resultados fueron los siguientes: A) Consecuencias económicas: Favoreció una considerable expansión de la superficie cultivada y de la producción agraria, si bien esta última fue causada más por la extensión de los cultivos a tierras yermas que por la mecanización y por el uso de abonos. Esta expansión estuvo acompañada frecuentemente de un efecto negativo: la deforestación. Los compradores que adquirieron pequeños lotes de monte para convertirlos en tierras de labor u obtener un beneficio inmediato con la venta de leña y madera, talaron los árboles de manera indiscriminada. Tan graves debieron ser estos daños, que en 1855 se insistió en la necesidad de evitarlos. Acrecentó la concentración de la tierra en pocas manos, porque las familias más poderosas conservaron intactos sus patrimonios: sus tierras fueron desvinculadas, pero no expropiadas. Se perfiló así el mapa de los grandes latifundios en Andalucía, La Mancha y Extremadura. Tampoco se obtuvieron los resultados financieros que se esperaban, porque los fondos, tanto en metálico como en bonos de la Deuda pública, tardaron en llegar y se desvalorizaron. B) Consecuencias sociales: No consiguió crear una amplia clase media agraria, aunque sí contribuyó a sustituir la estructura social señorial campesina, heredada del Antiguo Régimen, por una estructura capitalista. Los principales beneficiarios no fueron los antiguos trabajadores de la tierra; pero hubo pequeños y medianos compradores locales que constituyeron el núcleo de una clase modesta o media de propietarios rurales. Los 4

efectos fueron más importantes en la consolidación de las clases medias urbanas, principales compradoras de fincas rústicas, que se enriquecieron y diversificaron así sus patrimonios. La roturación de la vieja propiedad municipal empobreció a los ayuntamientos, privándolos de su autonomía económica; asentó a campesinos empobrecidos sobre tierras no aptas para el cultivo en propiedad individual, al tiempo que les privó de los escasos beneficios secularmente obtenidos de las tierras de aprovechamiento común. Beneficiados: la nobleza terrateniente y la burguesía urbana. Perjudicados: la Iglesia, los municipios, los campesinos pobres y los proletarios agrícolas. C) Consecuencias políticas y culturales: Se creó una masa de adheridos a la causa liberal, por estar ligada a ella la suerte de sus fortunas; pero también esta causa se creó enemigos entre aquellos más afines a la Iglesia, provocando una escalada de tensiones entre la Iglesia y el Estado liberal, cuyas relaciones quedaron rotas durante un buen período de tiempo. Se perdió un inmenso patrimonio cultural. Muchos conventos fueron abandonados, otros demolidos, y sus obras de arte vendidas a anticuarios, saliendo de España al extranjero un incalculable número de ellas. 1.2. Los bajos rendimientos. Al iniciarse el siglo XIX, la agricultura presentaba todos los rasgos de un sector mínimamente evolucionado: se trataba de una agricultura de subsistencia basada en el cultivo de cereales, usaba unas técnicas agrícolas tradicionales fundamentadas en la rotación trienal, utilizaba el arado romano y desconocía el uso de los abonos. Además, el agricultor disponía de poco capital para mejorar su equipo y escasos medios auxiliares animales. La situación descrita se tornaba aún más difícil si tenemos en cuenta las trabas ejercidas por la ganadería trashumante sobre la agricultura, como la permanencia de antiguas leyes que prohibían roturar tierras de pastos o cercar fincas; también existían reglamentaciones que limitaban la comercialización de determinados productos o intervenían en su precio, en el área de venta o en el libre uso de la mano de obra. De ahí que la agricultura se hubiera convertido, desde las últimas décadas del siglo XVIII, en un problema económico y social cada vez más acuciante, necesitada de profundas y urgentes reformas que la sacaran de la situación de postración en la que se encontraba. En el atraso agrario tuvo una influencia muy destacada la estructura de la propiedad de la tierra. Los propietarios de los grandes latifundios de Extremadura, Castilla y Andalucía tenían una gran aversión al riesgo y muy escaso interés por el cultivo eficiente de sus tierras. De esta forma, en esas zonas la inmensa mayoría de la población vivía en unas condiciones cercanas a las de subsistencia. A los problemas generados por el latifundismo, hay que añadir los del minifundismo. En la Submeseta norte y en Galicia, la subdimensión de las explotaciones (minifundios), unido a la mala calidad de la tierra en el primer caso, impidió que llegaran a ser competitivas y obligó a emigrar a muchos campesinos. 2. Una deficiente industrialización: Sin duda, el fracaso del Revolución industrial española se basó en la escasa capacidad productiva de las manufacturas tradicionales; en la inexistencia de un mercado nacional con buenas comunicaciones y en la escasez de capitales españoles que, en una gran parte, se destinaron a comprar las tierras desamortizadas. Entre las principales causas del retraso: La geografía poco adecuada del país que dificultaba las comunicaciones, encarecía el transporte y hacía difícil el desarrollo de un mercado nacional articulado. La escasez de materias primas y fuentes de energía. 5

El lento crecimiento demográfico, unido al atraso de la agricultura, provocó falta de mano de obra industrial, la carencia de productos agrícolas y de un mercado interior incapaz de absorber la producción de la industria. La falta de capitales, ya que los capitalistas españoles en lugar de invertir en industria lo hacían en deuda pública o en la adquisición de tierras desamortizadas. El Estado desempeñó también un papel negativo, con la continua emisión de deuda pública, que atraía los capitales y con ello una política proteccionista que favoreció el inmovilismo y la falta de cambios tecnológicos en el campo y en las fábricas. Por último, la pérdida de las colonias americanas restó mercados privilegiados y materias primas a la industria española. 2.1. La industria textil catalana, la siderurgia y la minería. LA INDUSTRIA TEXTIL CATALANA: Esta industria fue la primera en mecanizarse. Su centro exclusivo estuvo en Cataluña. La primera máquina de vapor en esta industria se instaló en 1833. En general, a la altura de 1860 la hilatura estaba completamente mecanizada, pero el tejido lo estaba en un 45%. La mecanización permitió la reducción de los costes; además, la política proteccionista de los gobiernos permitió a la industria catalana sustituir en el mercado español a los tejidos ingleses. Entre 1830 y 1850 pasó a abastecerse del 20 al 75% de la demanda española. Durante los años sesenta se vivió una etapa de dificultades como consecuencia de la Guerra de Secesión estadounidense (1861-1865) al encarecer el algodón importado por los fabricantes. En los años setenta vino la recuperación, con un fuerte desarrollo a partir de los ochenta. A ello contribuyó la política proteccionista (en las Antillas desde 1882 y el arancel de 1891) al poner elevados aranceles a la penetración en Cuba y Puerto Rico de tejidos no fabricados en España. Después, la independencia de Cuba y Puerto Rico, será un duro golpe para esta industria. LA INDUSTRIA SIDERÚRGICA: La siderurgia se alimenta de hierro y de carbón. España contaba con yacimientos de ambos, pero en zonas geográficas separadas. Por tanto, su localización en un lugar obligaba al transporte del otro componente necesario para la industria. En general se admite que la siderurgia española iba atrasada y que ello fue perjudicial para el proceso industrializador global. Entre 1830 y 1860 la producción de hierro se concentró en Andalucía, en Marbella y Málaga, aprovechando sus minas de hierro. Sin embargo, al utilizar carbón vegetal sus costes eran muy elevados, con lo que no podían competir con Asturias, que toma el relevo entre 1860 y 1880 gracias a sus minas de carbón. A partir de 1880 se impone sobre las demás la siderurgia vasca. Su nacimiento se explica por la calidad de su mineral de hierro, libre de fósforo, del que hacía uso el nuevo convertidor Bessemer para la fabricación de acero. Otra razón fue el capital acumulado por empresarios vascos con la exportación de mineral de hierro (entre un 80 y un 90% de la producción salía del puerto de Bilbao rumbo a Gran Bretaña) que sirvió de base para la instalación de empresas. En 1902 se fundieron tres de ellas constituyendo una nueva empresa: Altos Hornos de Vizcaya. El desarrollo de la siderurgia vasca propicio el de otras ramas, como las navieras y las construcciones metálicas (fabricación de maquinaria textil, herramientas, material de transporte ), que también se extienden por Cataluña y Asturias. LA MINERÍA ESPAÑOLA: En España se desarrolló mucho el sector minero en el siglo XIX, convirtiéndose en uno de los sectores económicos más importantes como consecuencia de la demanda creciente, por las industrias europeas, de nuestros recursos minerales: plomo, cobre, mercurio, hierro A partir de 1868, como muestra de su peso en nuestra economía, la exportación de minerales representó una de las principales partidas del comercio exterior español. Las exportaciones siempre son buenas para un país, pero si son de materias primas significan que carecen de industria que las procese en origen. 6

En 1877 España era el primer país de Europa en la producción de minerales de plomo, hierro y cobre. Para el capital extranjero fue uno de los sectores preferidos de inversión. Finalmente, la Ley de Minas de 1868 facilitó la llegada de capitales extranjeros que se hicieron pronto con el control de la mayoría de las explotaciones importantes (Río Tinto Gulf Company, Franco-Belge des Mines de Somorrostro, etc.). Con el tiempo, sería el hierro vizcaíno el mineral más exportado. El carbón asturiano y leonés, de baja calidad, era insuficiente y sólo se vendió en el mercado interior. Las minas, desde el siglo XVI eran propiedad del Estado: Las más productivas eran explotadas por el Estado, se llamaban minas reservadas. Las otras, se cedían a particulares por un tiempo eran las no reservadas. Tras la nueva ley de 1868 se procede a la venta de las minas no reservadas a particulares, que se convertían en particulares a perpetuidad, a cambio de un canon anual. Algunas reservadas fueron también vendidas, como las de Riotinto (cobre); otras como Almadén (mercurio) continuaron siendo propiedad del Estado (la explotación se cedió a la compañía Rothschild). El carbón fue la fuente de energía básica de la Primera Revolución Industrial. Se concentraba en Asturias y León, pero era escaso, caro y de baja calidad. 3. Las dificultades de los transportes: 3.1. Los condicionamientos geográficos. El sistema español de transportes presenta unas características que son, al mismo tiempo, rasgos de arcaísmo y de modernidad, herencia de la historia y logros de la evolución reciente de la sociedad. Entre ellas, destacan las siguientes: a) La acusada influencia del medio natural, que se ejerce fundamentalmente a través del relieve. Así, a la elevada altitud media de nuestras tierras, ha de añadirse una morfología que dificulta el trazado de las vías de comunicación y obliga a la construcción de estructuras que encarecen la ejecución y dificultan la realización (puentes, viaductos, túneles). b) El trazado radial que tiene como centro Madrid es muy perceptible en las redes de carreteras y en la red ferroviaria. c) Los desequilibrios territoriales entre regiones, que se manifiestan, tanto por la densidad de redes viarias e infraestructuras como en la calidad de las propias instalaciones y vías de comunicación. En este sentido, la tendencia es que las regiones con mayor grado de desarrollo tengan mejores comunicaciones, lo cual es, a su vez, un factor de desequilibrio. 3.2. La red de ferrocarriles. En España se pretendía seguir el ejemplo de países como Gran Bretaña, Bélgica, Francia o Alemania, que desde 1840 habían creado una red ferroviaria que estimulaba la economía en su conjunto, pues facilitaba los intercambios y potenciaba la industria siderometalúrgica. Además, existía la convicción de que, si se creaba un medio barato de transporte, la facilidad de los intercambios animaría a la creación de industrias. A España el tren llegó en fecha relativamente tardía (1848, línea de Barcelona a Mataró, seguido por las líneas Madrid Aranjuez en 1851 y Sama de Langreo Gijón en 1855), La verdadera fiebre constructora se desencadenó a partir de la ley General de Ferrocarriles de 1855, hasta la crisis financiera de 1866. La ley propiciaba la creación de compañías privadas que se encargarían de la construcción de los diferentes tramos de la red. Para ello, el gobierno estaba dispuesto a proporcionar todo tipo de recursos y facilidades, desde conceder subvenciones cuyos fondos los proporcionaría la aplicación de ley de desamortización general de Madoz de ese mismo año- hasta permitir la importación de materiales extranjeros. 7

De la ley de ferrocarriles se derivó un ritmo rápido de construcción, pero también algunas consecuencias negativas: Las principales concesiones se otorgaron a compañías extranjeras, que importaron el material ferroviario, con lo que, a diferencia de lo ocurrido en otros países, la construcción de la red española no estimuló apenas la industria siderúrgica nacional. El escaso capital privado español que no se había destinado a la adquisición de tierras desamortizadas se invirtió en ferrocarriles, pero no en industrias. Al final existía el medio de transporte, pero apenas había mercancías que transportar; las compañías ferroviarias no podían recuperar lo invertido en la construcción de las líneas por los escasos beneficios de su explotación; y, en consecuencia, quebraron y arrastraron en su caída a bancos y sociedades de crédito en la crisis financiera de 1866 4. El comercio: 4.1. Proteccionismo frente a librecambismo. Desde las Cortes de Cádiz se había ido imponiendo el liberalismo en lo tocante a la economía (librecambismo), proclamándose la libertad de industria, trabajo y comercio. Los gremios, que regulaban los oficios desde el medievo, fueron suprimidos en 1834 lo mismo que los derechos de paso que dificultaban la circulación de mercancías. Estas medidas liberalizadoras contribuyeron a la creación de un mercado nacional junto con otras como la creación de un nuevo sistema monetario basado en la peseta (1868), la difusión del ferrocarril, del telégrafo o del servicio de correos. España perdió la mayoría de sus colonias americanas por lo que pasó a convertirse en una potencia comercial de segunda fila lo que incrementó las demandas de la burguesía empresarial por una política arancelaria proteccionista frente al exterior. Siguió manteniendo estrechas relaciones comerciales con Cuba, Puerto Rico y Filipinas, los restos del Imperio colonial español, de las que importaba productos agrícolas como la caña de azúcar o el ron, y exportaba manufacturas como los textiles de algodón catalanes, en régimen de monopolio. 5. Las finanzas: 5.1. La peseta como unidad monetaria. Durante el primer tercio del siglo XIX había en España una verdadera anarquía de pesos, medidas y monedas, esto entorpecía el comercio interior y hacía más difíciles los intercambios. Las leyes de 1848 y 1864 permitieron implantar un sistema monetario bimetálico basado en el oro y la plata y con el real como unidad monetaria, pero fracasó. En 1864 se pasó al escudo (dividido en 10 reales) como unidad monetaria basada ya en el sistema métrico decimal, pero tampoco cuajó. La reforma definitiva llegó en 1868(durante el sexenio) creó la peseta (dividida en 4 reales) que estaría en vigor hasta la llegada del euro. Se apoyó la nueva moneda más en la plata que el oro debido a la carestía de éste y su desaparición de la circulación. La peseta tardó en generalizarse, se estima que hasta finales de siglo no se extendió su uso a las transacciones usuales. 5.2. El desarrollo de la banca moderna. El primer banco español fue fundado en 1782, se llamó Banco Nacional de San Carlos (por Cabarrús), creado con la intención de administrar la deuda pública emitida, pero entró en bancarrota a principios del siglo XIX. Para sustituirlo se creó en 1829 el Banco de San Fernando que, además de encargarse de administrar la deuda, tenía como objetivo prestar dinero al Estado. En 1844 abren dos nuevos bancos, el de Isabel II en Madrid y el Banco de Barcelona, ambos fueron fusionados por el gobierno fundándose así el Nuevo Banco Español de San Fernando, pero llegó también a la suspensión de pagos y fue reflotado y rebautizado como Banco de España por 8

la Ley de Bancos de Emisión de 1856 durante el bienio progresista. Por esa época ya existían bancos en Bilbao, Santander y Málaga. Desde mediados de los cincuenta, hasta 1866 fue una etapa de expansión del sistema bancario, los bancos podían ser de emisión (emitían billetes de curso legal en las ciudades en las que estaban) o de crédito (para invertir en negocios y actividades productivas). Toda esta etapa acabó con la crisis financiera de 1866 motivada principalmente por la burbuja ferroviaria producida por la escasa rentabilidad de las vías férreas recientemente construidas. Ese mismo año el Banco de España recibe el monopolio exclusivo de la emisión de billetes válidos en todo el territorio nacional y en 1874 consta de 58 sucursales. Sólo había cuatro bancos privados al acabar el siglo, el resto había sido absorbido por el Banco de España. También aparecen las Cajas de Ahorros, pero no tuvieron tanto impacto como los bancos y su labor fue en muchos casos meramente asistencial. 5.3. Los problemas de la Hacienda. Los problemas de la Hacienda, una constante a lo largo del siglo, y reflejado en la vida política y en la vida cotidiana de los ciudadanos. La reforma definitiva llegó en 1845 con Ramón Santillán como primer gobernador del Banco de España y Alejandro Mon como ministro de Economía, por eso se la conoce como reforma Mon- Santillán. Se basó en los siguientes puntos: Se simplifica el sistema impositivo con la creación de dos tipos de impuestos: directos e indirectos (consumos). Se establece por primera vez los presupuestos generales del Estado. Esta reforma se mantuvo con pocos retoques hasta principios del siglo XX. 5.4. Las inversiones extranjeras. Los capitales que había en España en el siglo XIX son de origen extranjero. Predominaban las inversiones especulativas (ganar mucho a corto plazo) que las productivas (invertir en negocios sólidos y recibir beneficios a medio y largo plazo). Por eso el desarrollo industrial fue lento. Los grandes negocios y los grandes proyectos fueron obra de inversores extranjeros. La política gubernamental favorable al capital extranjero surtió efectos y llegaron tres grupos financieros franceses que invirtieron en el ferrocarril aprovechando las subvenciones estatales y la ausencia de aranceles para los productos ferroviarios. Así se construyó el ferrocarril español y las compañías ferroviarias que operaban en España tenían casi todas sus sedes más allá de los Pirineos. La crisis de 1866 hizo que estas se remodelaran, pero siguieron existiendo. El capital inglés sería predominante en el sector minero en el que España era especialmente atractiva por su gran riqueza en minerales: cobre, estaño, hierro, plomo, mercurio Este proceso se intensifica a partir de 1880 y sirve de palanca a la formación de grupos capitalistas vascos a la sombra del negocio de exportación del mineral de hierro para la industria británica, esos grupos capitalistas nacionales realizarán importantes inversiones industriales en contraste con el resto del país. El capital inglés se dirigirá también a lugares con productos agrarios muy peculiares como el brandy o el vino de Jerez. Ni la agricultura ni la industria fueron sectores atractivos para la inversión de capitales exteriores y eso explica en parte su escaso desarrollo. 6. Los problemas de la industrialización de Andalucía: 6.1. El fracaso de las primeras iniciativas y un desarrollo desigual y mediatizado por las inversiones exteriores en minería, ferrocarriles y agricultura para la exportación. Falta crónica de una burguesía emprendedora y de capitales financieros. En la década de 1820, la independencia de las colonias americanas provocó la ruina de las manufacturas dedicadas la exportación ubicadas en Andalucía. A pesar de ello, Andalucía inició el siglo XIX en una posición relativamente buena, en el conjunto nacional. En la primera mitad del siglo se produjo un impulso industrializador basado en el sector siderúrgico y minerometalúrico y en la dinámica industrial de ciudades como Sevilla, Cádiz y, sobre todo, Málaga. Se crearon 9

siderurgias, se explotaron minas y se desarrollaron industrias textiles mecanizadas, sobre todo en la provincia de Málaga (Industria Malagueña S.A. y La Aurora, en la ciudad de Antequera). Este impulso industrializador se extendió también por Sevilla, donde Pickman fundó la fábrica de loza de La Cartuja en 1841. La industria andaluza mantuvo, hasta avanzado el siglo XIX, una participación en el producto industrial nacional bastante pareja a su peso poblacional (17%-18%) y, en el conjunto de la economía andaluza, una aportación siempre algo por encima del 20% del valor añadido bruto regional. Pero este impulso decayó muy rápidamente y los niveles de renta regional se estabilizaron en torno al 90% de la media nacional. Muy pronto se distanció Cataluña y, algo más tarde, el País Vasco. Andalucía sufrió un continuo, aunque moderado, deterioro económico a lo largo del siglo. Diversas son las razones por las que se produjo ese estancamiento y atraso económico respecto al conjunto español. La principal fue la ausencia de un proceso de industrialización continuado; tampoco se incorporaron los avances tecnológicos de la primera revolución industrial (carbón, vapor, siderurgia, textil algodonera) ni de la segunda (electricidad, sector químico...), y hubo un mercado interno reducido y faltó un sector financiero industrial. La industria siderúrgica y de fundición fue uno de los primeros sectores en expansión y tuvo sus orígenes a finales de la década de 1820 en la provincia de Málaga. Hay que tener en cuenta también la creación de industrias agroalimentarias, como harineras, azucareras o las tradicionales industrias vitivinícolas y aceiteras. LAS EMPRESAS SIDERÚRGICAS El empresario Manuel Agustín Heredia inició la construcción en Marbella de los hornos de fundición de La Concepción, en funcionamiento como ferrería desde 1828 y alimentados por carbón vegetal. Estas instalaciones se complementaron con los altos hornos de La Constancia, que trabajaban con hulla. Las siderurgias de Heredia y los hornos del empresario malagueño Juan Giró vivieron una etapa de expansión durante las guerras carlistas, que frenaron la producción en el Norte de España. A ellos se sumaron los altos hornos de El Pedroso, la fundición de los hermanos Bonaplata (1840) y Los talleres metalúrgicos de Portilla y White (1857), en la provincia de Sevilla. A lo largo del siglo XIX se observa una progresiva pérdida de posición industrial de Andalucía en el contexto español. Los dos puntales del proceso de la primera revolución industrial, siderurgia y textil, que habían iniciado su andadura en la primera mitad del siglo, son incapaces de competir con la zona Norte (Asturias y País Vasco) por el coste energético (carbón), con los productos textiles catalanes por la debilidad empresarial, y por la escasa capacidad de compra del mercado andaluz. A ello hay que añadir que tampoco se logró crear una estructura comercial, una red de transportes y un sistema bancario sólidos que facilitaran la actividad económica. Por último, el sector minero, importantísimo en Andalucía, fue progresivamente concentrándose en manos de capitales y empresas extranjeros, que exportaban masivamente la producción e impedían la creación de una industria derivada de la transformación de minerales, especialmente metálicos. 10