Joyería Egipcia. El descubrimiento de la tumba del faraón Tutankamon en 1922 por mérito del arqueólogo ingles Howard Carter, permite conocer al mundo un tesoro de joyas perteneciente a este joven rey del nuevo reino de Egipto. No obstante que las piezas descubiertas, no constituyeron el tesoro completo. Originalmente mucho mas suntuoso, pero profanado precedentemente. Aun así constituyeron y constituyen hoy, uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de todos los tiempos, y un punto clave para el estudio de la joyería egipcia. Se deduce la profanación del tesoro por las diversas excavaciones efectuadas en las tumbas faraónicas y de príncipes, y en muchos casos debemos conformarnos con aquello que ha sobrevivido a los saqueos precedentes, por tanto no solo la tumba de Tutankamon fue violada, no obstante la joyería de la que se dispone es suficiente para darnos una idea de las joyas producidas en el curso de los 3000 años en el que reinaron los faraones. Los egipcios conocieron desde tiempos muy antiguos el oro, el cual tuvo gran importancia cuando estaba trabajado y expresaba un mensaje significativo. Con esto se pretende decir que, en si mismo, el valor del oro siempre indiscutible- era menos apreciado que el producto terminado. Una joya perteneciente al faraón o alguno de sus funcionarios, que se recibiera como recompensa, se estimaba por el trabajo desarrollado y por su valor simbólico.
Una gran variedad de artesanos trabajaba en los talleres de orfebrería: fundidores de oro, engastadores, grabadores, lapidarios (talladores de piedra), los artífices del granulado y filigrana, etc. También por la joyería seguiremos más o menos las tres grandes fases en que esta subdividida la historia egipcia: Reinado Antiguo (2680 a.c. 2100 a.c. aprox.), Reino Medio (2040 a.c. 1633 a.c. aprox.) y Nuevo Reino (1560 a.c 1070 a.c. aprox.). La mayor característica de la joyería egipcia de todos los tiempos es el uso del color. Al oro venían unidas piedras preciosas y semipreciosas como la Cornalina (Rojo sangre), el Lapislázuli (Azul intenso con vetas de oro) y la Turquesa (Verde-azul). Faltando este material, que tenía que ser buscado fuera del reino, los egipcios, lo sustituían con imitaciones a base de pasta vítrea y cerámica. Piedras más comunes y de fácil acceso, eran el diaspro, la amatista, el ámbar, la calcedonia, la esteatita, etc. Una completa comprensión de la joyería egipcia, no puede prescindir de la comprensión del valor simbólico. Que resulta constantemente propuesto en varias piezas. Símbolos recurrentes eran animales como serpientes, escorpiones (alacranes), escarabajos, halcones, figuras como el ojo de Wedjet, la cruz Ankh, etc. Para ser protegidos del mal.
En vida, la nobleza egipcia portaba las siguientes joyas: cinturones, brazaletes, collares, pectorales y diademas. Los cinturones fueron de uso femeninos, estos eran llevados a la cadera, como se observa en algunas muestras de pintura Tebana o de las mismas princesas, con amuletos de oro y granos de Amatista. Los brazaletes que adornaban los tobillos. Los collares eran manufacturados en diversas formas que van de gargantillas compuestas de amuletos de oro, Collares de perros (muy similares a los brazaletes compuesto por alambres y granulado, detenidos por barras) y los Collares largos elaborados en filigrana que se alargaba descendiendo por el pecho y terminaban, en el lugar del broche con dos piezas semi circulares. Las diademas no aparecen muy a menudo, aquel de la princesa Nofret sobresale a inicio de la IV dinastía: que por su decoración y colorido; recuerda la cinta realmente portada por Nofret para sostener su peluca. Faltan, en este primer periodo y en el sucesivo, dos tipos de joyas: los aretes y los anillos. Incluso en el reino medio, el sello constituido por el escarabajo con una perforación por la cual se hacia pasar una cuerda y más tarde un alambre de oro para meterlo en el dedo, constituye el primer ejemplo de anillo sello. Los pectorales constituyen la forma del adorno más usada para el cuello siempre realizados en marquetería, cloisonné (técnica que emplea vidrio fundido), piezas de piedra y/o porcelana engarzadas.
El Dominio de los Hyksos (De un termino que significa príncipe de países extranjeros ) duró en Egipto de 1730 al 1560 a.c. ellos formaron la XV y la XVI dinastía y fueron echados por los faraones de la dinastía XVII; con la XVIII inicia la fase del nuevo reino. Durante cinco siglos, hasta la XX dinastía, Egipto se convierte en una potencia nacionalista y conquistadora, conoce la prosperidad y el bienestar y ve florecer un arte nuevo. En el curso de las 3 dinastías emergen las gigantes figuras de Amenophis IV (Akhenaton), Tutakamón y Ramses II. A este último seguirá la caída del nuevo imperio e iniciara la decadencia de Egipto. De los Hyksos los egipcios aprendieron a usar nuevos instrumentos técnicos; usaron además el caballo y el carro. Aumentó la cantidad de materia prima porque fueron abastecidos por los estados-países que les poseían y el contacto con la civilización del Egeo produce una nueva fastuosidad en las artes, incluida la joyería. Los tipos de joyas permanecían más o menos similares a las de los Hyksos, se había heredado la costumbre de portar los aretes, que se desarrollaron rápidamente, de formas simples a modelos más complejos: las damas enmarcaban el rostro con grandes discos de oro que llegaba a cubrir parte de los cachetes. Ornamentos para orejas muy elaborados, complementados por pendientes de notable espesor (son celebres aquellos de Tutankamon y de Seth II) parece que fueron portados por los príncipes antes de llegar a la mayoría de edad.
Las técnicas de la joyería fueron las mismas: repujado, cincelado, pero sobre todo cloisonné. Una joya en el tesoro de Tutankamón presenta tal vez el único ejemplo notable de esmalte utilizado en Egipto. Es notable el uso de la técnica de la cera perdida, con la cual produjeron objetos minúsculos y grandes esculturas. Al final de las dinastías nativas, cuando la dominación persa hace de Egipto una satrapía, la joyería fue influenciada y algunos collares y aretes, fueron caracterizados por bustos de oro o de animales como el íbice (cabra montés). Así, en el sucesivo periodo helenístico, las joyas fueron producidas según el estilo de la Koiné artística de este sector (se refiere a la corriente griego helenística).