TEMA 6 ARTE ISLAMICO a) Orígenes y características del arte islámico. La ciudad islámica El término arte islámico engloba la producción artística de todos aquellos países en los que se profesa la religión musulmana. Esta religión nace en torno a una figura fundamental en la Historia de las religiones: Mahoma (571-632), quien durante su estancia en la Meca, cuando tenía aproximadamente 40 años, comienza a tener revelaciones del arcángel Gabriel. En el año 622 se produce la huida desde la Meca a la Medina (La hégira) momento que se ha tomado como punto de partida para la datación de la era islámica. Las revelaciones de Alá se recogen en el Corán, compendio de todos los preceptos musulmanes. A la muerte de Mahoma se inicia la difusión de esta religión, sobre todo gracias a la guerra santa como mecanismo, no sólo para someter otros pueblos y territorios, sino también para inculcarles estos preceptos. Esto les puso en contacto con diferentes pueblos de los que van a ir absorbiendo sus principales rasgos y características culturales. De esta manera, el arte musulmán es un reflejo de sus ideas religiosas y una síntesis de las manifestaciones artísticas romana, mesopotámica, persa, bizantina y bárbara. Este hecho enriquece sus manifestaciones culturales haciéndolas verdaderamente complejas y al mismo tiempo fascinantes, puesto que se parte de tradiciones artísticas anteriores para llegar a un arte genuinamente musulmán. Características del arte Islámico: Al igual que el judío, el arte islámico se fundamenta en la prohibición de representar la figura humana, lo cual constituyó un serio obstáculo para la pintura y la escultura y convirtió a la arquitectura en la más destacada de las artes (iconofobia u anaconismo). Se trata de una prohibición bastante posterior a Mahoma que no se formula en el Corán. Es posible que se deba a la creencia de que si se representaba un ser humano se les podía infundir aliento vital. Esa norma será infringida en muy pocas ocasiones. Aunque la escultura y la pintura no disfrutaron de un gran desarrollo, si lo tuvieron las artes suntuarias, ya que los musulmanes fueron verdaderos expertos del marfil, la cerámica o el cristal de roca como veremos más adelante. La arquitectura islámica es una síntesis de elementos bizantinos, cristianos y coptos. 1
Los edificios musulmanes raramente son de piedra, se prefiere la mampostería y el ladrillo y todos aquellos materiales pobres que más tarde serán revestidos con yeso. El soporte más utilizado es el pilar de ladrillo y la columna reaprovechada. También será frecuente encontrar columnas con capiteles imitando la procedencia clásica, aunque bastantes más toscos y simplificados. Las columnas y pilares son generalmente delgados pues las techumbres que soportan son ligeras. El capitel hispano-musulmán revela la vitalidad de la estética musulmana. Inicialmente aprovecharon capiteles romanos y visigodos que obtenían de restos, pero en el siglo X crean un modelo personal, el capitel corintio de avispero, debido a los orificios de trépano al estilizar las hojas de acanto. Los nazaríes desarrollarán el capitel de mocárabes y el de ataurique. El arco más repetido es el apuntado en las escuelas orientales y el de herradura en occidente. A partir del siglo X se generaliza el arco de herradura apuntado, polilobulado (3 y 5 lóbulos), mixtilíneo, entrecruzados y de mocárabes. Las cubiertas en las primeras mezquitas van a ser simples techumbres hechas de madera, pero el contacto con el mundo occidental hará que se adopten nuevos mecanismos de cubrición como la bóveda de cañón, esquifada, gallonada, calada Abundas también las de crucería con la peculiaridad de que los nervios no se cruzan en el centro sino que dejan un espacio cuadrado o de varias figuras poligonales. Es común el gusto musulmán de dedicar un mayor cuidado a la decoración interior, mientras que las fachadas exteriores ofrecen una sorprendente simplicidad. La decoración es uno de sus elementos más importantes, caracterizada por el gusto por la exuberancia y la variedad: Geométrica: formas que se extienden interminablemente, como la laceria, líneas entrecruzadas que forman figuras poligonales. También son importantes los paños de sebka que consiste en una retícula de rombos, de trazos lobulados o mixtilíneos. Vegetal: pequeñas hojas que recubren las superficies, como el ataurique, inspirado en la hoja de acanto pero más estilizado. Epigráfica: cúfica, de trazados alargados y angulosos, y nesjí, redondeados. Versos del Corán. 2
Mocárabes: decoración de prismas yuxtapuestos y dirigidos hacia abajo, que acababan en un estrechamiento prismático, cuya superficie inferior es cóncava y recuerdan a las estalactitas. La ciudad islámica presenta un aspecto compacto, con los patios interiores de las casas como único espacio abierto y carente de plazas. Sus calles son tortuosas, insignificantes y estrechas, e incluso a veces terminan en un callejón sin salida, lo que les da un aspecto de laberinto. Todas ellas siguen unas pautas fijas. El núcleo central es la medina, formada por la mezquita y las calles comerciales. En la medina puede ubicarse el palacio o Alcázar, residencia del gobernador. Pero lo más usual es, siempre que el suministro de agua lo permitía, que el palacio se situara en la parte más alta, tal y como ocurre en Granada. Alrededor de la Medina se extienden los barrios residenciales, y alrededor de estos, los barrios artesanales, los barrios artesanales, agrupados por oficios y fuera de las murallas de la ciudad, que recibe el nombre de arrabales. Junto a ellos, cerca del límite exterior de la ciudad, están las zonas destinadas a pobladores de otra religión. En las viviendas llama la atención la ausencia de elementos que permitan distinguir por el exterior el nivel de riqueza de sus moradores. Esto se debe a exigencia religiosas, pues, según el Corán, la vida de todo buen musulmán se debe desarrollar en el interior de las casas, de puertas adentro, sin manifestaciones exteriores. Las ciudades musulmanas gozaron también de otros edificios públicos, sobre todo en Al-Ándalus, que prestan belleza y embrujo a la población. Al lado de la gran mezquita del viernes se emplaza el mercado o zoco. Las tiendas se distribuyen según el prestigio de los artículos. Los géneros más caros, como joyas, telas bordadas y productos de lujo, se venden en la alcaicería: recinto cerrado dentro del mercado, cubierto y custodiado. La mezquita. Es el lugar de reunión y oración de la comunidad musulmana. Su estructura deriva de la casa de Mahoma en Medina y es fácil encontrar el recuerdo de las basílicas paleocristianas. El esquema de estos edificios no se estableció de una vez sino poco a poco, partiendo del modelo sirio. Sus partes fundamentales son: El patio (sahn), a cielo descubierto como los atrios cristianos, queriendo evocar la extensión del desierto, rodeado de arquería, con su centro ocupado por una fuente para las abluciones (sabil), que suele estar cubierta con un templete, donde el musulmán se debe purificar antes de entrar a 3
rezar. En uno de sus lados se sitúa la torre alminar o minarete, que puede tener diversas plantas, siendo las más frecuentes la cuadrada, octogonal o circular: desde lo alto el almuédano llama a la oración. La gran sala de oración dividida en naves con columnas o pilares (haram), que se orientan perpendicularmente hacia un muro llamado muro de la quibla, orientado al este en dirección a la Meca. El mihrab, nicho abierto generalmente en el eje central de la quibla, suele concentrar el mayor lujo decorativo, por ser el lugar santo de la mezquita, y donde a veces se guarda el Corán sagrado. Ante el mihrab se sitúa la macsura, un recinto habitualmente cercado y acotado con arquerías por estar destinado al califa o al imán. Junto a la macsura se sitúa el mimbar o púlpito escalonado y movible. En época abasida se añaden en palacios y mezquitas unas salas generalmente cubiertas con una bóveda, cerrada en tres de sus cuatros lados (iwan). 4
b) Mezquitas orientales: De las construcciones omeyas de los siglos VII y VIII sobresale la gran Mezquita de Damasco, con columnas y tres naves paralelas a la quibla, con riquísima decoración de mosaicos con temas arquitectónicos, de influencia bizantina. También a este momento corresponden en Jerusalén la mezquita de al-aksa y cerca de ella la Cúpula de la roca, inspirada, en su planta octogonal, en el modelo del Santo Sepulcro e importante asimismo por la decoración de mosaicos. A este periodo omeya pertenece la magnífica mezquita de Kairuán (Túnez), que muestra estrechas relaciones con la mezquita cordobesa. En el periodo abasida, a partir del 750, el centro artístico se desplaza a Bagdad, capital del califato desde el 762, donde subsisten escasos restos de este periodo. Sobresale la gran mezquita de Samarra, con interesante alminar, como gran torre cónica con rampa en espiral. En Egipto, que se independiza en el 868 con los tulúnidas, se erige la gran mezquita de Ibn Tulun, fuertemente influenciada por la de Samarra. En Persia corresponden los monumentos samánidas, destacando el mausoleo de Ismail, en Bukhara, de planta central con gran cúpula, conforme al prototipo que ha de ser frecuente en la arquitectura funeraria islámica. 5
A partir del siglo XI se impone en la arquitectura islámica oriental el modelo formado por patio central al que comunican los diwanes o iwanes, es decir salas que se abren con grandes arcos. Paralelamente, en la arquitectura funeraria se difunde el tipo formado por un cuerpo cuadrado cubierto con una gran cúpula. La ocupación de Bagdad en el 1055 por los turcos selyúcidas representa la ruptura con el pasado, pues rápidamente se extienden hacia Asia Menor y Egipto. Se impone como modelo la gran Mezquita de Ispahan, del XI, de planta cruciforme con gran patio central y 4 iwanes, uno en cada frente, modelo que se repite ampliamente. También se crea el tipo de mezquita sin patio, formada por una gran sala central con cúpula, como en la mezquita azul de Tabriz del siglo XV. Esta preocupación por la cúpula se apreciará en la arquitectura otomana, triunfando las construcciones del gran arquitecto Sinán del siglo XVI, como la mezquita de Solimán el magnífico y la mezquita azul del sultán Ahmed I en Estambul, claramente influenciadas por Santa Sofía de Constantinopla. c) La mezquita y el palacio en el arte hispano-musulmán. La arquitectura islámica española ofrece gran importancia tanto como creadora de formas originales, como por el papel que desempeña en la difusión de las formas y técnicas orientales en la arquitectura cristiana occidental. En el arte Hispano-Musulmán distinguimos 3 grandes periodos: Arte Califal o Cordobés: siglo VIII y X. Periodo de mayor expansión musulmana en la Península. Los grandes emires y califas establecieron en Córdoba un gobierno estable y próspero. Momento de formación del arte hispano-musulmán. Arte de Taifas: XI y XIII: los conflictos internos musulmanes provocaron la división de Al-Ándalus en pequeños reinos, denominados reinos de taifas, que mantuvieron continuas luchas contra los reinos cristianos del Norte y propiciaron la entrada en la península de fuerzas almohades y almorávides procedentes del norte de África. Su presencia en la península supuso una mayor austeridad y un regreso a los principios coránicos. Durante este tiempo las manifestaciones artísticas se ciñeron a construcciones de marcado carácter defensivo. Arte Nazarí: XIV y XV: tras el avance cristiano tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), se redujo el territorio dominado por los musulmanes quedando limitado al reino de Granada, que se mantuvo durante los siglos 6
XIV y XV. Fue un momento de relativa tranquilidad militar, lo que permitió el desarrollo de las manifestaciones artísticas. Periodo cordobés o califal (756-1031): Establecida la capital en Córdoba, esta ciudad se convierte en el principal centro de irradiación de la cultura islámica, convertida en la más poblada de occidente con 250.000 habitantes. A este periodo inicial corresponden como más representativos tres edificios, las mezquitas de Córdoba y de Bib-al-Mardom de Toledo y el palacio de Medina Azahara. En la génesis del arte cordobés es clara la fuerte influencia que ejercieron los edificios visigodos e hispano-romanos, pues en un principio se aprovecharon múltiples elementos arquitectónicos de los edificios subsistentes, así como sus técnicas constructivas. Es típico el uso del arco de herradura semicircular, directamente heredado de la arquitectura visigoda, del que se distingue por su mayor cerramiento, por la alternancia de dovelas (en rojo y blanco o decoradas y lisas), por la tendencia en el siglo X a acentuar la mayor anchura de la clave respecto a los arranques y por su encuadramiento por una moldura llamada alfiz. En las cubiertas, si bien se emplea la madera, lo más característico es la rica tipología de las bóvedas, entre las que sobresalen las de gallones, es decir la formada por cascos como los gajos de una naranja, y la de crucería, que ya corresponde al siglo X y de gran importancia por su influencia en la arquitectura cristiana. La mezquita de Córdoba es uno de los edificios fundamentales del arte islámico universal. El crecimiento demográfico y la necesidad de proveer de un oratorio cómodo, sin estrecheces, a los fieles que se congregaban los viernes y los días de fiesta explican las sucesivas ampliaciones del edificio. Erigido sobre el solar de una antigua iglesia visigoda (basílica de San Vicente), se inicia su construcción por Abderraman I en el 786 hasta el 788. Se organiza un templo de once naves, perpendiculares a la quibla, a diferencia de la disposición de la mezquita de Damasco, y para ganar altura y obtener mayor luminosidad se disponen una serie de soportes superpuestos. Columnas que soportan pilares enlazados con arcos de medio punto en la parte superior y de herradura en la parte media que se enjarjan, es decir, se embuten en los pilares, al mismo tiempo que la alternancia de dovelas, de ladrillo y piedra, dan flexibilidad al conjunto. Este sistema cuenta con el precedente del acueducto romano de los Milagros de Mérida. Los fustes y capiteles son reaprovechados de obras romanas anteriores, salvo la hilera de la nave central elaborada con restos visigodos. 7
Del año 833 al 848 Abderraman II la amplia hacia la cabecera, derribando la antigua quibla y en esta fase se introducen capiteles ya labrados por manos islámicas, mientras en las puertas se sigue el modelo creado en la puerta de San Esteban, con su organización en tres calles. En esta reforma de la mezquita, en las que se trabajó hasta el 848, intervinieron Nasr y Masrur, que más tarde trabajaron en la reforma de la Puerta de san Esteban, en tiempos del emir Mohamed. Al siglo X corresponden las reformas fundamentales de la mezquita. Abderraman III en el 946 amplia el sahn o patio y construye el alminar, que hoy está dentro de la gran torre campanario del siglo XVI y cuya influencia se registra en las torres cristianas. Del 961 al 966 Alhaquen II inicia la gran reforma de la Mezquita, encargando el proyecto a su chambelán Chafar. Se vuelve a ampliar hacia la cabecera, se hacen columnas con capiteles estrictamente musulmanes; aparecen los arcos lobulados, así como los entrecruzamientos y superposición de arcos de diverso tipo y ante el mihrab, es decir, en la macsura y en el lugar donde estuvo el mihrab desaparecido en la reforma, se disponen magníficas bóvedas de crucería. En el arco del mihrab y en la bóveda se disponen mosaicos bizantinos y artistas musulmanes elaboran otros a su imitación, al mismo tiempo que se prodiga una 8
fastuosa decoración con motivos epigráficos y vegetales, que tanto en la talla como en la forma acusan la fuerte influencia bizantina. En los últimos decenios del siglo Almanzor (987-990) amplia la mezquita en sentido lateral (la proximidad del Guadalquivir impedía alargar el frente como habían hecho sus predecesores), añadiendo ocho naves, dando lugar, en consecuencia, a una gran mezquita de 19 naves, prodigando motivos decorativos un tanto rutinarios, a imitación de lo hecho en la gran reforma de Alhaquen II. La mezquita toledana de Bib-al-Mardom (Cristo de la Luz), transformada en iglesia en el siglo XII, es de gran importancia por cuanto desde 1085 está en territorio cristiano. Es un pequeño edificio de planta cuadrada, cubiertas sus nueve tramos con bóvedas de crucería, a imitación de las cordobesas. La estructura del edificio se organiza sobre cuatro columnas, ofreciendo un plan central que la relaciona tanto con modelos cristianos como orientales. Por otra parte, el empleo del ladrillo en vez de la piedra, facilita la difusión de las formas islámicas cordobesas. El palacio de Medina Azahara (capital gubernamental) se construye a partir del 936 por Abderraman III en recuerdo de la favorita Zahara, conforme al concepto de palacio-ciudad, como luego ha de ser la Alhambra. En la actualidad, las excavaciones confirman la magnificencia que nos describen las referencias coetáneas. Sobresale el gran salón Rico y los restos de la Casa de al-yafar, que suponen la consagración del arte califal, gracias al uso del arco de herradura y el capitel de avispero e irrumpen motivos y técnicas persas, visibles en los paramentos de ataurique con el tema del árbol de la vida. Periodo Taifa: La destrucción de la unidad política del califato cordobés, a fines del primer tercio del siglo XI, determina la creación de unos reinos independientes que, sin contar con los medios económicos de Córdoba, intentan inspirarse y emular sus modelos arquitectónicos. Con materiales de escaso costo se consiguen efectos de extraordinaria riqueza pues es la aparente fastuosidad lo que se pretende. Es considerada la fase barroca del arte califal, del que deriva directamente. De entre los numerosos restos taifas, dada la pobreza de los materiales empleados, sobresalen la Aljafería de Zaragoza, ciudad en la que se estableció una de las dinastías más importantes. Subsisten complejas arquerías en los museos arqueológicos de Zaragoza y Madrid, además de abundantes restos de arcos, capiteles y motivos decorativos que, junto a lo conservado en el propio palacio nos evidencia la importancia del edificio. Arcos de los tipos más variados, lobulados, mixtilíneos, de herradura semicircular y apuntada y complejas organizaciones de 9
arcos entrecruzados, superpuestos y contrapuestos, formando los característicos arabescos, junto a motivos decorativos epigráficos, de laceria y vegetales son testimonio de la fastuosidad decorativa de este estilo. Destacan también los restos del llamado Cuarto de Granada en la Alcazaba Malagueña, así como restos de la Alcazaba de Almería y de Granada. Durante estos años se construyeron baños y conservamos el de El Bañuelo, junto al río Darro en Granada. Tiene una planta rectangular a la que se accede gracias a un patio provisto de una alberca que comunica con el vestuario. A continuación se pasa al tepidarium, frigidarium y caldarium, como también sucedía en las termas romanas. También destacan los restos de los baños de Baza y Palma de Mallorca. Los almorávides: son un pueblo bereber que dominaba el Magreb y que llega a la península ibérica aprovechando la debilidad de los reinos de Taifas. Su poderío militar logró constituir un extenso reino al incorporar las tierras del sur de la Península Ibérica (1075-1146). Desde el punto de vista religioso pretendieron una reforma basada en una interpretación más ortodoxa de la fe musulmana. Su arquitectura se caracteriza por: Utilización del ladrillo para realizar pilares que van a sustituir a las columnas. El ladrillo se revestía de yeso, al igual que en el periodo taifa. Se multiplican los arcos empleados: polilobulados y mixtilíneos. Frecuente encontrar bóvedas de nervios que se entrecruzan dibujando un polígono. Se incorpora el mocárabe al repertorio decorativo, nacido en oriente. Las mezquitas de Tlemecen, Argel y Fez constituyen algunas de sus aportaciones más características. En España son ejemplos representativos el Castillo de Monteagudo en Murcia (cuya disposición es un precedente del patio de los leones de la Alhambra), el mihrab de la mezquita de Almería y la cúpula de una de las casas del Patio de Banderas del Alcázar de Sevilla. Los almohades: llegaron a la Península en 1153 y eligen la ciudad de Sevilla para establecerse, de hecho es la ciudad con más restos almohades. No aporta grandes novedades a lo ya visto, aunque se produce una mayor sobriedad en el uso de la decoración como consecuencia lógica de su rigor y rigidez religiosa. Los almohades aportan un nuevo elemento decorativo: el paño de sebka (retícula de rombos de trazos mixtilíneos y lobulados). Se seguirá prefiriendo el ladrillo, arcos de herradura apuntado o polilobulado, y se generaliza la utilización del mocárabe, especialmente en las cubiertas. El alminar es un elemento que cobra 10
gran protagonismo, como lo demuestran los alminares de la Mezquita de la Kutubiya (Marraquesh) y la de Hassan en Rabat. En España destaca la Giralda, alminar que formaba parte de la Mezquita de Sevilla (queda buena parte del patio de los Naranjos), destruida para la construcción de la catedral. Está constituida por un núcleo cuadrado, al que se adosa una rampa, envuelta por otro cuerpo cuadrado y otro más pequeño que desapareció durante la reforma renacentista. Es de ladrillo y sus muros están minuciosamente decorados con paños de sebka. Los almohades construyeron un gran número de fortalezas y muros defensivos que se reforzaban con otra pared anterior más baja llamada barbacana. En estas murallas cada cierto espacio se colocaba una torre desde la que se divisaba la llegada del enemigo. Las torres podían estar un poco adelantadas con respecto a la propia muralla y eran denominadas albarranas. Se conservan ejemplos en Cáceres y Badajoz o la Torre del oro de Sevilla (ubicada en un lugar estratégico, servía para cerrar con cadenas la entrada de la ciudad a través del río). La torre era denominada así por estar revestida de azulejos que producían destellos dorados con el reflejo del sol. Tiene forma poligonal formando parte del recinto fortificado de la ciudad. El arte nazarí. La derrota almohade en las Navas de Tolosa (1212) evidenció el empuje incontestable de los reinos cristianos y resquebrajó el poder musulmán, dividiéndolo en nuevos reinos de taifas. A partir de 1238 el reino de los nazaríes de Granada fue el más rico y poderoso. En sus dominios surgieron algunas de las obras artísticas más sobresalientes del arte islámico, que constituyen a su vez las últimas muestras del arte hispano-musulmán. En la arquitectura nazarí la mezquita pierde gran importancia y se ve desplazada por el palacio. Se suelen organizar en torno a un patio en el que generalmente existe un estanque o alberca, ligado al concepto de jardín coránico, en el que se refleja el cielo y el edificio. Se escucha el rumor del agua que discurre por las canalizaciones y fuentes. Abunda la vegetación y especialmente las plantas aromáticas como el mirto, elementos estos que nos remiten al paraíso coránico. Se trata de crear un universo particular en el que se integra la naturaleza con la arquitectura y en el que se persigue el goce de los sentidos. 11
En los edificios nazaríes destaca la sobriedad de los exteriores y una profusa decoración ornamental en los interiores, que enmascara la pobreza de los materiales constructivos. Se emplean materiales pobres, la mampostería y el tapial; el arco de herradura es sustituido por un arco peraltado de silueta acampanada, las formas mixtilíneas revelan la función puramente ornamental de los arcos granadinos; las columnas presentan fustes cilíndricos; los capiteles corintios son sustituidos por modelos llenos de originalidad, con dos cuerpos, uno cilíndrico con decoración de cintas y otro sobrepuesto, de forma cúbica y frecuente incorporación de mocárabes; la cerámica de tipo alicatado recubre las partes bajas o zócalos de las estancias, siendo más tarde utilizado el azulejo; el empleo de la bóveda de mocárabes resulta de un intenso efecto decorativo. La decoración epigráfica suele ser tanto cúfica como nesjí. Inscripciones de carácter divulgativo aportando datos sobre el autor de algún elemento o el personaje que ha mandado construir la obra, o bien son textos poéticos que enfatizan la función de la arquitectura. La Alhambra y otros monumentos: La Alhambra es una ciudad palatina fortificada, emplazada en la cima de la colina Sabika, lugar elegido por el fundador de la dinastía nazarí tras la toma de Granada en 1237. Su nombre se debe al color rojizo de sus materiales (Qala al- Amra) y al sobrenombre por el que se conocía al primer sultán, Muhámmad I. Aparte de los elementos sensoriales mencionados anteriormente, la obra tiene un fuerte componente áulico ya que fue realizado por encargo del sultán y cumple la función de exaltar el poder y la fuerza de su dinastía. Forman el conjunto, aparte de la población que se situaba dentro del recinto: una parte militar integrada por la alcazaba, murallas y torres. la parte pública (mexuar), profundamente transformada después de la conquista. la parte oficial o Cuarto de Comares que corresponde al reinado de Yusuf I (1333-1354), concebido como palacio independiente, en el que destacan el gran salón del trono y el patio de los Arrayanes. la parte privada o harén del palacio, que es el cuarto de los Leones, corresponde al reinado de Mohamed V (1354-1391), también concebido como palacio independiente en el que sobresalen la Sala de los 12
Abencerrajes, de las dos Hermanas, sala de los Mocárabes y de los Reyes, el mirador de Lindaraja y la Torre de la Cautiva. Todo este rico complejo es fruto de la labor constructiva de varios reyes granadinos. La parte más antigua del recinto es la Alcazaba, obra de Muhammad I. Tiene planta rectangular irregular y consta de dos recintos: uno exterior a modo de barbacana y otro interior, más elevado, fortificado por altas torres entre las que destacan la del Homenaje y la de la Vela. El interior de la alcazaba funcionaba como patio de armas. Su heredero Muhámmad II añadió al sitio los jardines del Generalife, una huerta agropecuaria en la ladera del cerro continuo donde se cultivaban hortalizas para abastecer de comida el recinto y donde el agua, que discurre por fuentes y acequias, se convierte en un elemento primordial, aportando un entorno idílico, que algunos escritores árabes comparan con el jardín paradisíaco de Alá. En él se dispone un pabellón de recreo. Arquitectónicamente se reduce a dos patios de ingreso, de arquitectura sencilla, y a otros mayores y más decorados, en los que entre pabellones y muros quedan encerrados los jardines. Pero el verdadero esplendor de la Alhambra llega con los sultanes Yusuf I y su hijo Muhámmad V. Con ellos triunfa el concepto ambivalente del monumento nazarí: una fortaleza y a la vez una mansión para la alegría, tal como escribe en sus paredes el poeta Ibn al Yayyab. El palacio o cuarto de Comares se debió a Yusuf I (1334-1354) y son piezas magistrales el salón del Trono o de los Embajadores y el patio de los Arrayanes. El Patio de los Arrayanes es un espacio de planta rectangular con una gran alberca en el centro. En él se realizaban grandes recepciones y era el sitio en el que las 13
personalidades aguardaban a ser recibidos por el sultán. En el Patio, el agua de la alberca conseguía maravillar a los visitantes con un espectacular efecto de espejo, que reflejaba los arcos y la Torre de Comares, haciendo de la construcción un palacio flotante. La torre más importante que erigió Yusuf I fue la de Comares concebida como residencia del sultán, sede oficial del trono y salón de embajadores. Esta torre forma parte actualmente del conjunto monumental del Palacio de Comares surgido de la gran reforma llevada a cabo por su sucesor Muhammad V. La torre posee un aspecto exterior al modo militar, aspecto acentuado por las almenas que la rematan y su terraza para la guardia. Su interior, en cambio es palacial, zócalo de alicatados, paños de yeserías y techumbre de madera. En el artesón de carpintería que cubre el techo de la torre de Comares aparecen representados esquemáticamente los 7 cielos del Paraíso musulmán superpuestos, presididos por el trono de Alá. Muhammad V (1354-1391) es quien otorga al área de los palacios su configuración actual. Este monarca sigue la tradición oriental, la cual aconsejaba que cada monarca construyese su propia residencia. Por ello, remodela el Palacio de Comares, que queda construido en torno a dos patios, el llamado Cuarto Dorado que comunica con el mexuar y da paso al otro Patio, el de la Alberca o de los Arrayanes, que posee forma rectangular, con pórticos en los ejes menores, de arcos de medio punto, ligeramente apuntados, y decorados. Asociado a este palacio está el Baño Real. El cuarto de los Leones corresponde a Mohamed V y en el sobresalen la sala de los Abencerrajes, la sala de las Dos Hermanas, la sala de los Mocárabes, la sala de los Reyes y los jardines de El Partal. La tradición oriental aconsejaba que cada monarca se construyese su propia residencia, y, en cumplimiento de esta costumbre, ordena edificar el cuarto de los Leones, un patio crucero con una fuente de doce leones en el centro que expulsan chorros de agua por sus fauces. Fines simbólicos: el agua es plata fundida que representa los dones del sultán y los leones son sus guerreros leales, a quienes colma de favores. El palacio de los leones es de planta rectangular con una fuente en medio que le da nombre, por lo que sigue el esquema de patio de crucero, con la novedad de levantar dos templetes en los lados menores, y poseer en los cuatro lados del patio, pórticos o galerías a base de arquerías sobre columnas de mármol con capiteles de hojas de acanto o de mocárabes y arcos que actúan de pantallas visuales. Alrededor del patio se dispuso las siguientes estancias palaciegas: 14
- Sala de los Abencerrajes, al sur, con cúpula de mocárabes, que servía para realizar los banquetes y las fiestas durante el invierno. En el piso superior estaba situado el harén. La entrada a la sala presenta dos arcos separados por un corredor que comunica con el piso alto, a la izquierda, y con el vestíbulo de la entrada primitiva al palacio, a la derecha. El cuadrado central de la sala posee alcobas en sus laterales, con arcos decorados, cuyas columnas poseen capiteles azules, y techos con pinturas. Las paredes presentan cubiertas de yeserías y un zócalo de azulejos del siglo XVI, de estilo renacentista. - Sala de las Dos Hermanas, al norte, es una sala cuadrada que servía de mexuar, con una increíble cúpula estrellada de mocárabes. - Sala de los Mocárabes, al oeste, que era el vestíbulo del recinto palaciego. - Sala de los Reyes, el este, con alcobas y lugar donde realizar fiestas en verano. Sorprende la compartimentación espacial de la sala de los Reyes, particularmente la crujía que por medio de arcos atajos de mocárabes en pabellón queda dividida en siete tramos, alternando cuatro rectangulares en sombra con tres cuadrados abiertos al patio para iluminar las alcobas del fondo, que se cubren con las famosas pinturas. Algunos otros ejemplos de arte nazarí, lo constituyen algunas partes de la mezquita de Albaícin o el cuarto real de Santo Domingo, que era una torre del recinto defensivo, ambos en Granada, así como la Mezquita de Ronda en Málaga. El influjo artístico granadino se hizo presente en diferentes edificios del Norte de África, prolongando su innegable huella incluso hasta el siglo XVI. Tal es el caso de la mezquita de los Kairuaníes, en Fez, que sigue muy de cerca el granadino patio de los Leones. El arte nazarí no tiene la solidez estructural y funcional del califal ni del almohade, pero lo supera en delicadeza y fantasía ornamental y ejerció una definitiva influencia en el arte mudéjar hispano. 15